{"id":128376,"date":"2016-08-23T12:00:35","date_gmt":"2016-08-23T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128376"},"modified":"2016-08-06T07:29:28","modified_gmt":"2016-08-06T05:29:28","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-01","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-01\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 01"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo I: Primeros a\u00f1os<\/h2>\n<p><i>Los antepasados. La familia. El colegio. La crisis de la duda.<br \/>\n<\/i>1813-1829<\/p>\n<p>Federico Ozanam naci\u00f3 el 23 de abril de 1813, en Mil\u00e1n, en\u00adtonces ciudad francesa, de padres franceses, de vieja cepa, y cris\u00adtianos de antigua fe.<\/p>\n<p>Su padre, Juan Antonio Francisco Ozanam, nacido en Chala-mont, cerca de Tr\u00e9voux, era todo un car\u00e1cter. Se mostraba en esto digno hijo de Benito Ozanam, uno de los doce castellanos de Dombes y de Isabel Baudin, descendiente de la familia de La Condamine y de la antigua casa de Saillans, cuyo \u00faltimo v\u00e1stago pereci\u00f3, en 1792, a la cabeza de veinte mil hombres, en el movi\u00admiento monarquista del campamento de Jal\u00e8s.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de serios estudios cl\u00e1sicos en el colegio de los orato\u00adrianos de Lyon, a los veinte a\u00f1os de edad, en 1793, Juan Antonio se alist\u00f3 en el regimiento de los h\u00fasares llamados de Berchiny, en que se hizo notar, bajo el mando del general Bonaparte, en las batallas de Millesimos, Mondovi, Pav\u00eda, Lodi, Castiglione, Arco\u00adle y Rivoli, de las cuales volvi\u00f3 con cinco heridas y el diploma de capit\u00e1n, a la edad de veinticinco a\u00f1os. Se cita de \u00e9l una misi\u00f3n afortunada y h\u00e1bil de parlamentario ante el general Suvaroff ; la captura que hizo de un general napolitano, el pr\u00edncipe de la. Cat\u00adtolica, que llev\u00f3 prisionero a Bolonia, y la toma del estandarte de los hulanes de Kraskinski, que present\u00f3 a Bonaparte de quien lo\u00adgr\u00f3 atraer sobre \u00e9l una mirada de estimaci\u00f3n y de confianza y a quien permaneci\u00f3 fiel.<\/p>\n<p>Ese soldado era un hijo de una intr\u00e9pida abnegaci\u00f3n. En los d\u00edas del Terror, iba una vez con su regimiento desde Bourg, su guarnici\u00f3n en Viena, provincia del Delfinado, cuando, en la etapa de Meximieux, habi\u00e9ndose apart\u00e1do un poco para ir a abrazar a su madre en Chalamont, la encontr\u00f3 consternada y anegada en l\u00e1grimas. Acababan de denunciar a su marido, quien hab\u00eda sido aprehendido y encerrado en la c\u00e1rcel de Ambronay, cerca de Am\u00adb\u00e9rieu, para ser enviado desde all\u00ed probablemente al cadalso. Lle\u00advando con \u00e9l dos h\u00fasares bien armados, Juan Antonio sube a ca\u00adballo, corre a Bourg donde sab\u00eda que el Comit\u00e9 de vigilancia cele\u00adbraba una sesi\u00f3n, penetra por la fuerza en la sala, y, pistola en mano, ordena a la mesa directiva que firme una orden de libera\u00adci\u00f3n que se lleva. Luego, a todo escape huye a caballo para es\u00adcapar a la persecuci\u00f3n de los gendarmes que el comit\u00e9, recobr\u00e1n\u00addose de su sorpresa, hab\u00eda lanzado tras \u00e9l. S\u00f3lo tuvo tiempo de correr a consolar de paso a su madre, para volver inmediatamente a ingresar en el regimiento donde, por extra\u00f1o que parezca, na\u00addie hab\u00eda advertido su ausencia.<\/p>\n<p>Joven, rico, apuesto, amable, ingenioso, amigo de la sociedad y de una inalterable alegr\u00eda, ese oficial de porvenir abandon\u00f3 el servicio cuando se fund\u00f3 el Imperio, para casarse en Lyon con Ma\u00adr\u00eda Nantas, hija de un rico negociante, con quien vino a estable\u00adcer el mismo comercio en Par\u00eds. All\u00ed prosperaba, cuando una im\u00adprudencia demasiado caballerosa lo hizo comprometer su firma en favor de un pariente insolvente que lo arrastr\u00f3 en su ruina. No hab\u00eda m\u00e1s remedio que volver a tomar la espada. Ten\u00eda en Par\u00eds antiguos compa\u00f1eros de armas que hablaron de \u00e9l al ven\u00adcedor de Arcola que se hab\u00eda convertido en emperador de los franceses: se ofreci\u00f3 un diploma de capit\u00e1n en la guardia im\u00adperial al antiguo y brillante oficial de los h\u00fasares. Juan Antonio, que no era partidario del imperio, dio las gracias; pero rehus\u00f3, prefiriendo a ese alto favor y a esa brillante perspectiva el honor de la fidelidad a sus convicciones.<\/p>\n<p>Como no quer\u00eda deber nada sino a su trabajo, se traslad\u00f3 a Mi\u00adl\u00e1n, llev\u00f3 all\u00ed a su joven familia, y, a la par que daba clases, em\u00adprendi\u00f3 y termin\u00f3 el estudio de la medicina, por la cual sent\u00eda vocaci\u00f3n. Relataba c\u00f3mo iba pobremente a pie cada trimestre de Mil\u00e1n a Par\u00eds para sus ex\u00e1menes. Le bastaron dos a\u00f1os para pasarlos todos con distinci\u00f3n y merecer el diploma de doctor, que no tard\u00f3, por lo dem\u00e1s, en justificar de sobra mediante un trabajo en italiano que lo puso en relaci\u00f3n cient\u00edfica con los maestros de entonces, el conde Moscati, Locatelli, Scarpa, que sintieron por \u00e9l particular estimaci\u00f3n<span id='easy-footnote-1-128376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-01\/#easy-footnote-bottom-1-128376' title='En 1809, se encuentra el nombre de Antonio Ozanam figurando en calidad de hombre de ciencia, con el t\u00edtulo de Conservador de la biblioteca Ambrosiana. En\u00adtre sus obras se citan: lo. &lt;i&gt;La \u00faltima campa\u00f1a del ej\u00e9rcito franco italiano bajo las \u00f3rdenes del pr\u00edncipe Eugenio de Beauharnais en 1813 y 1814 &lt;\/i&gt;(Par\u00eds, editorial D&amp;#8217;entu, 1817, sin nombre de autor). 2o. &lt;i&gt;Historia m\u00e9dica general de las enfermedades epi\u00add\u00e9micas en Europa, desde el siglo &lt;\/i&gt;XIV &lt;i&gt;hasta nuestros d\u00edas.\u00a0 &lt;\/i&gt;Obra en cinco tomos, 1823. Y numerosas Memorias presentadas a la Academia real de Ciencias de Lyon, de 1823 a 1832.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Lo encontramos ejerciendo valiente y generosamente su arte en 1813, con el t\u00edtulo de m\u00e9dico del hospital militar de Mil\u00e1n, espantosamente asolado por una epidemia de tifo. Habiendo su\u00adcumbido los dos primeros m\u00e9dicos a esa plaga, Ozanam, su colega, permaneci\u00f3 solo en el puesto del peligro para substituirlos en la cabecera de los enfermos que se suced\u00edan \u00e0 centenares. Era d\u00eda de \u2022 batalla. El Mayor permaneci\u00f3 sobre la brecha hasta que el terrible enemigo se bati\u00f3 en retirada. Napole\u00f3n, soberano de Lom\u00adbard\u00eda, le envi\u00f3 la condecoraci\u00f3n de la Corona de Hierro.<\/p>\n<p>El Cielo le concedi\u00f3 una recompensa m\u00e1s alta. Ese mismo a\u00f1o de 1813 naci\u00f3 su hijo <i>Antonio Federico, <\/i>el quinto v\u00e1stago de una familia que hab\u00eda de contar catorce.<\/p>\n<p>Un d\u00eda veremos a ese hijo escribir lo siguiente : \u00abAl pasar por las revoluciones, por los campamentos, por las adversidades, mi padre hab\u00eda conservado una ardiente fe, un noble car\u00e1cter, un gran sentimiento de la justicia, una incansable caridad para los pobres. Amaba las ciencias, las artes, el trabajo. Nos inspiraba el gusto de lo grande y de lo bello\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es, en unas cuantas frases, la herencia intelectual, moral y religiosa que Ozanam hab\u00eda recibido de su padre. Es un grand\u00ed\u00adsimo adelanto en el camino de la virtud encontrar en \u00e9l la huella de aquellos de la misma sangre y del mismo nombre que han pa\u00adsado por \u00e9l antes de nosotros, como exploradores o promotores.<\/p>\n<p>No es menor la herencia de ejemplos y recuerdos que le trans\u00admiti\u00f3 su madre.<\/p>\n<p>Nacida el 18 de julio de 1781, Mar\u00eda Nantas ten\u00eda recuerdos de infancia que la llevaban a los horrores del sitio de Lyon, en 1793, durante el cual ella y sus herm\u00e0nas hab\u00edan vivido refugia\u00addas en s\u00f3tanos. Hab\u00eda visto a su padre, un notable de la ciudad, negociante en seda, administrador del H\u00f4tel-Dieu, nombrado al\u00adf\u00e9rez de su barrio, dedicar sus d\u00edas y sus noches a la defensa de la muralla fortificada. Cuando tomaron la ciudad, hab\u00eda visto a su hermano Juan Bautista, que contaba apenas dieciocho a\u00f1os de edad, ametrallado en Brotteaux, con la flor de la juventud lionesa. Su padre y su madre s\u00f3lo huyendo escaparon al cadalso. Encon\u00adtraron un refugio para ellos y sus hijos en Suiza, en el cant\u00f3n de Vaud, en Echallens, entre los dos hermosos lagos de Ginebra y de Neufchatel, a donde los acompa\u00f1\u00f3 un t\u00edo viejo, que hab\u00eda sido prior de la cartuja de Premol. Mar\u00eda recordaba que all\u00ed, en una pobre iglesia compartida por cat\u00f3licos y protestantes, hab\u00eda he\u00adcho su inolvidable primera comuni\u00f3n. Habiendo regresado a Lyon con la paz y la seguridad, la familia no recuper\u00f3 sus bienes, pero s\u00ed su rango en la ciudad; y el se\u00f1or Nantas fue de los que, en 1798, acogieron al general Bonaparte que desde all\u00ed iba a tomar, en Tol\u00f3n, el mando de la expedici\u00f3n de Egipto.<\/p>\n<p>Madurada en esa ruda escuela, la de la mujer fuerte, la joven se\u00f1ora Ozanam, despu\u00e9s de los desastres de su marido, no hab\u00eda cejado un solo instante ante la faz austera de los agobios dom\u00e9s\u00adticos, ni del trabajo manual que le impon\u00eda el fardo de la crecien\u00adte familia y el ejemplo del hombre valiente que, en ese milan\u00e9s remoto, hac\u00eda frente a todas las labores para iniciar, a los treinta y seis a\u00f1os de edad, una nueva carrera. En 1815, despu\u00e9s de la entrada de los austriacos en Mil\u00e1n, el orgulloso franc\u00e9s, no que\u00adriendo vivir ni educar a sus hijos bajo una domina\u00e8i\u00f3n extranjera, volvi\u00f3 con su familia a Lyon. Mas all\u00ed tambi\u00e9n, la lucha por la existencia fue dura para el m\u00e9dico improvisado e ignorado; m\u00e1s dura a\u00fan para la madre de catorce hijos, de los cuales once mu\u00adrieron j\u00f3venes o en temprana edad, ante sus ojos.<\/p>\n<p>No los llor\u00f3 como los que no tienen esperanza. A cada separa\u00adci\u00f3n, sus ojos. arrasados en l\u00e1grimas se alzaban al ciclo. Federico lo recordar\u00e1 m\u00e1s tarde y escribir\u00e1: \u00ab\u00a1Cu\u00e1ntas veces vi llorar entonces a mi padre y a mi madre, pues, de catorce hijos, el cielo s\u00f3lo les dej\u00f3 tres! Pero \u00a1. cu\u00e1ntas veces tambi\u00e9n esos tres supervi\u00advientes, en sus penas, en sus peligros, contaron con los hermanos y hermanas que ten\u00edan entre los \u00e1ngeles! \u00a1 Ah! tambi\u00e9n \u00e9stos son de la familia; nos recuerdan su existencia, ya sea por medio de iluminaciones o de auxilios inesperados. \u00a1 Dichosas las casas que tienen as\u00ed la mitad de sus miembros en las alturas del cielo para formar una cadena y extender la mano a quienes viven en la tierra!\u00bb<\/p>\n<p>Mencionemos sin tardanza, al lado de la se\u00f1ora de Ozanam, a una admirable sirvienta, Guigui (Mar\u00eda Cruziat) , que entr\u00f3 casi ni\u00f1a al servicio de los abuelos, de una probidad a toda prueba, de una econom\u00eda fabulosa; buen caletre y coraz\u00f3n de una gene\u00adrosa abnegaci\u00f3n, que, en aquellos a\u00f1os dif\u00edciles, insist\u00eda en a\u00f1adir su \u00f3bolo a los modestos ingresos de sus queridos amos.<\/p>\n<p>Llegaron, en fin, mejores d\u00edas. El doctor se hab\u00eda dado ya a co\u00adnocer por sus Memorias y sus publicaciones m\u00e9dicas, cuando, habi\u00e9ndose abierto un concurso para el puesto muy codiciado de m\u00e9dico del H\u00f4tel-Dieu, gan\u00f3 en \u00e9l el primer lugar. La Academia Real de Ciencias de Lyon coron\u00f3 sus trabajos y despu\u00e9s le abri\u00f3 sus puertas. Vemos que, despu\u00e9s de 1830, env\u00eda art\u00edculos a la Revue des Deux-Mondes, en tanto que el cuerpo m\u00e9dico por en\u00adtero se honraba con su nombre.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, no era la primera vez que ese nombre de Ozanam se pronunciaba en la alta regi\u00f3n de las sociedades sabias de esa ciudad. Lyon colocaba precisamente entre sus ilustraciones cient\u00ed\u00adficas del siglo XVII a un tal Jacques Ozanam que, llegado a la ciudad a los veinte a\u00f1os de edad, all\u00e1 por los a\u00f1os de 1650, hab\u00eda ense\u00f1ado las matem\u00e1ticas con un brillo tal, que 10 a\u00f1os despu\u00e9s, un hombre como d&#8217;Aguesseau lo llam\u00f3 a Par\u00eds para que partici\u00adpara en los trabajos de la Academia de Ciencias y ocupara una c\u00e1tedra de matem\u00e1ticas superiores en la Universidad. Vol\u00f3 muy alto y muy lejos en su ense\u00f1anza y en sus libros. Fontenelle pro\u00adnunci\u00f3 el Elogio del \u00abc\u00e9lebre matem\u00e1tico\u00bb. Sobre todo, ese t\u00edo bisabuelo de Federico fue eminentemente un sabio cristiano : \u00abQuie\u00adro \u2014hab\u00eda escrito\u2014 que mi f\u00edsica sea una f\u00edsica cristiana y que conduzca a Dios\u00bb. M\u00e1s cristiano a\u00fan en su vida que en sus libros, bueno, sencillo, desinteresado, caritativo, padre d\u00e9 doce hijos tan religiosos como \u00e9l, inviolablemente apegado a su fe, respond\u00eda ingeniosamente a los jansenistas y m\u00e1s tarde a los enciclopedistas que lo rodeaban: \u00abCorresponde a los doctores de la Sorbona discutir, al Papa juzgar y a los matem\u00e1ticos ir al Para\u00edso por la perpen\u00addicular\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, si hay que creer ciertas tradiciones y ciertos documentos familiares, habr\u00eda que colocar m\u00e1s lejos a\u00fan esa herencia de fe. En ellos cuentan que, a principios del siglo VII, el Arzobispo de Viena, San Didier, huyendo de la persecuci\u00f3n de la reina Brune\u00adhaut, encontr\u00f3 asilo en casa de un rico jud\u00edo de Dombes, Samuel Hosannam, en el burgo de Boulignieux, del cual era Se\u00f1or. Di\u00addier aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para predicarle el Evangelio. Lo hizo tan bien que tuvo la suerte de convertirlo, junto con su numerosa familia. Poco despu\u00e9s el Obispo fue martirizado, no lejos de all\u00ed. Pero el sello del bautismo permaneci\u00f3 indeleble en la frente de la larga estirpe de su ne\u00f3fito, su antepasado en la fe.<\/p>\n<p>A ese patrimonio de servicios y m\u00e9ritos, el doctor Ozanam a\u00f1a\u00add\u00eda la aportaci\u00f3n cristian\u00edsima de su gran caridad para los des\u00adgraciados. Lyon todav\u00eda lo recuerda : \u00abA la instrucci\u00f3n m\u00e1s s\u00f3\u00adlida \u2014declara un lion\u00e9s\u2014 el m\u00e9dico un\u00eda la m\u00e1s admirable abne\u00adgaci\u00f3n. Visitaba gratuitamente cuando menos a una tercera par\u00adte de su clientela. Su profesi\u00f3n era un verdadero ministerio de beneficencia. A los pobres que visitaba no s\u00f3lo les daba la limos\u00adna de sus servicios, sino tambi\u00e9n de su coraz\u00f3n, esforz\u00e1ndose por consolarlos de sus males. Ten\u00eda para ellos algo m\u00e1s que compa\u00adsi\u00f3n, una verdadera religi\u00f3n, considerando en ellos la persona de su Dios. Se le ha visto aun arrodillarse al pie de la cama de un desgraciado, e invocar con \u00e9l la asistencia del M\u00e9dico Divino\u00bb. Le estaba reservado, como lo diremos m\u00e1s tarde, morir en el ejer\u00adcicio de un ministerio tan cristianamente comprendido.<\/p>\n<p>En tales condiciones del m\u00e1s honorable desprendimiento, el ejer\u00adcicio de la medicina no enriquece a quien la practica. Sin embargo, le procur\u00f3 una situaci\u00f3n de mediana holgura que su hijo habr\u00e1 de declarar m\u00e1s sana, m\u00e1s libre, m\u00e1s conforme y favorable a la vida de dignidad y de virtud, de la cual dice : \u00ab\u00a1 Doy gracias a Dios de haberme hecho nacer en una de esas posiciones medias, en los linderos de la pobreza y de la holgura, que acostumbran a las pri\u00advaciones, sin dejar ignorar totalmente los placeres permitidos; en que no puede uno adormecerse en las satisfacciones de todos sus deseos, pero en que no est\u00e1 uno constantemente distra\u00eddo por los apremios de la necesidad\u00bb.<\/p>\n<p>Luego esta humilde reflexi\u00f3n sobre s\u00ed mismo, y esta acci\u00f3n de gracias : \u00abi Dios sabe, con la debilidad natural de mi car\u00e1cter, qu\u00e9 peligros hubieran tenido para m\u00ed la molicie de las clases ricas o la abyecci\u00f3n de las clases menesterosas!\u00bb<\/p>\n<p>Federico hab\u00eda nacido enclenque. A los seis a\u00f1os de edad, por poco muere de una fiebre tifoidea : \u00abMis buenos padres \u2014recuerda\u2014 no se apartaron de mi cabecera durante quince d\u00edas y quince noches. Todo el mundo crey\u00f3 que hab\u00eda salido del trance por un milagro\u00bb. Ese milagro, lo atribu\u00edan a San Francisco Re-gis, Ap\u00f3stol del Vivarais, a quien dirig\u00edan ardientes oraciones en esas veladas y cuyo monumento veneraban en la iglesia de San Policarpio, en Lyon.<\/p>\n<p>En una carta a un compa\u00f1ero de colegio, el se\u00f1or Materne, del 5 de abril de 1830, Ozanam traza de s\u00ed mismo ni\u00f1o el siguiente retrato, poco halagador : \u00abNunca fui m\u00e1s malvado que a la edad de ocho a\u00f1os. Me hab\u00eda vuelto terco, irascible, desobediente. Si me castigaban, me rebelaba contra el castigo. Escrib\u00eda cartas a mi madre para quejarme; era perezoso, en sumo grado. No hay travesuras que no se me hayan ocurrido. Y sin embargo un buen\u00ed\u00adsimo padre, una buen\u00edsima madre y una dulc\u00edsima hermana eran los encargados de mi educaci\u00f3n\u00bb. Sim\u00e9tricamente a ese retrato, casi en contraste con \u00e9l, tenemos \u00e9ste, de la mano de su hermano mayor, el Padre Alfonso Ozanam que fue su bi\u00f3grafo:<\/p>\n<p>\u00abFederico era un ni\u00f1o irritable, es cierto, de voluntad tenaz, de suma sensibilidad e impresionabilidad; pero tierno con los pe\u00adque\u00f1os, compasivo para todo sufrimiento, de una pureza angelical que se espantaba de una sombra, impecablemente sincero, intra\u00adtable para todo mal, entusiasta para todo bien\u00bb. Y cita varios rasgos de ello.<\/p>\n<p>Federico no tard\u00f3 en entrar en contacto con los pobres, los de su padre y los de su madre. La se\u00f1ora Ozanam dirigi\u00f3 casi toda su vida una asociaci\u00f3n de obreras, <i>La Veladora, <\/i>formada para ir por turno a velar en la cabecera de enfermos menesterosos. Ha\u00adcia el fin de su vida, los dos esposos ya viejos se comprometieron entre s\u00ed a no subir arriba del cuarto piso en sus duras ascensio\u00adnes de caridad. Mas poco despu\u00e9s, ocurri\u00f3 que uno y otro se sor\u00adprendieron en flagrante delito de contravenci\u00f3n en el umbral de una pobre buhardilla, bajo los techos. Un d\u00eda, hab\u00eda de costarle la vida al valiente doctor. Durante veinte a\u00f1os, Federico tuvo esos ejemplos ante los ojos.<\/p>\n<p>Su educaci\u00f3n cristiana fue principalmente la obra de su exce\u00adlente e inteligente madre. Dir\u00e1 de ella, ante Dios: \u00abEn su regazo aprend\u00ed a terneros, Se\u00f1or, y en su mirada, a amaros\u00bb. Preparada por las pruebas a todos los sacrificios, estaba a la altura de todos sus deberes de familia y de sociedad, rodeada del prestigio de su suave autoridad, que hac\u00eda de ella \u00abla mejor obedecida como la m\u00e1s adorada de las madres\u00bb, y por el de una inteligencia distin\u00adguida y cultivada que la elevaba por encima del com\u00fan de las mu\u00adjeres de su rango. Hablaba y escrib\u00eda bien, dibujaba agradable\u00admente, era aficionada a las letras y a la poes\u00eda y hac\u00eda en ellas sus ensayos en peque\u00f1as piezas de circunstancia, bonitamente es\u00adcritas y recitadas a\u00fan mejor. No hab\u00eda buena fiesta de familia sin una alegre canci\u00f3n de esa amable madre.<\/p>\n<p>Federico quiere que, en la obra de su educaci\u00f3n, al lado de su madre se conceda un lugar a su joven hermana Elisa, la primo\u00adg\u00e9nita de la familia, de quien dieciocho a\u00f1os despu\u00e9s escrib\u00eda con\u00admovido a un amigo: \u00abTen\u00eda una hermana, muy querida, que me instru\u00eda junto con mi madre; y sus lecciones eran tan dulces, tan bien presentadas, tan adecuadas a mi inteligencia infantil que en ellas encontraba yo un verdadero placer\u00bb. \u2014\u00bbHe aqu\u00ed como se ha dicho \u2014explica\u2014 que siendo ni\u00f1o era yo muy suave y muy d\u00f3cil; y se atribu\u00eda esto a la debilidad de mi temperamento; pero la in\u00adfluencia de mi hermana es otra causa mejor. Ten\u00eda yo siete a\u00f1os de edad cuando mi hermana, mi buena hermana, muri\u00f3. Ten\u00eda ella diecinueve. \u00a1 Qu\u00e9 pena fue para m\u00ed!\u00bb<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde a\u00fan, casi al final de su brev\u00edsima carrera, en una de sus clases en la Sorbona, un d\u00eda Ozanam evocar\u00e1 el recuerdo trans\u00adfigurado de esa madre y de esa hermana; y con una voz debilitada ya por el sufrimiento dir\u00e1 melanc\u00f3licamente: \u00abSe\u00f1ores, por am\u00adplio que sea este mundo, resulta demasiado peque\u00f1o para nosotros. Es demasiado peque\u00f1o para nuestros deseos y nuestras esperanzas, sobre todo si pronto no nos dar\u00e1 m\u00e1s que seis pies de tierra. Es demasiado reducido para nuestros recuerdos tambi\u00e9n, sobre todo si tuvimos una madre que am\u00f3 a los pobres, que nos am\u00f3, que se desvivi\u00f3 con su ternura para hacer de nosotros hombres de bien; si tuvimos una hermana que abandon\u00f3 la tierra antes de haber conocido otro amor que el amor de Dios. Entonces \u00bfno debemos colocar a esas personas amadas en un mundo mejor que \u00e9ste? \u00bfNo debemos creer que nos asisten, cuando una feliz inspiraci\u00f3n viene a visitarnos? \u00bfY si tratamos de recordar esas queridas im\u00e1genes, acaso no realzamos con nuevas bellezas esas facciones encantadoras y amadas, para no ver en ellas nada que no sea perfecto e inmortal, a\u00f1adiendo en tal forma nosotros mismos un nuevo ca\u00adp\u00edtulo a la historia de los santos?\u00bb<\/p>\n<p>A los nueve a\u00f1os de edad, Federico, preparado por su padre, estaba lo bastante instru\u00eddo para ingresar en quinto a\u00f1o en el colegio real de Lyon que dirig\u00eda entonces un sacerdote: \u00abAll\u00ed \u2014refiere \u00e9l mismo\u2014 poco a poco fui mejorando. La emulaci\u00f3n triunf\u00f3 de mi pereza. Quer\u00eda mucho a mis maestros: estudi\u00e9 &#8216;con ardor. Obtuve \u00e9xitos que me alentaron y confieso que me inspiraron cierto orgullo. Pero hab\u00eda cambiado mucho desde mi ingreso al colegio. Sin embargo, me enferm\u00e9; y tuve entonces que ir a pasar\u00a0un mes en el campo. Trabaj\u00e9 un poco menos,en el sexto a\u00f1o; pero en el siguiente recobr\u00e9 mi \u00e1nimo: fue el a\u00f1o de mi primera comuni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam lo saluda con esta exclamaci\u00f3n: \u00ab\u00a1 Oh d\u00eda dichoso! \u00a1 Que mi lengua se ponga r\u00edgida en mi paladar, si alg\u00fan d\u00eda te olvido! Observaron mi cambio. Me hab\u00eda vuelto modesto, d\u00f3cil; pero segu\u00eda siendo orgulloso e irritable\u00bb.<\/p>\n<p>A los trece a\u00f1os, en la cuaresma de 1826, las conferencias sus\u00adtentadas en el colegio por un c\u00e9lebre misionero parecen haber im\u00adpresionado profundamente a esa joven conciencia. Sus apuntes sobre la misi\u00f3n llevan en la \u00faltima p\u00e1gina la siguiente frase que es para \u00e9l su culminaci\u00f3n: \u00abJ\u00f3venes, al prepararon aqu\u00ed a ser toda la vida <i>buenos cristianos, <\/i>estar\u00e9is dispuestos para ser un d\u00eda <i>buenos ciudadanos, <\/i>y para desempe\u00f1ar con honor la carrera en que ha\u00adbr\u00e9is de servir a Dios y a vuestro pa\u00eds\u00bb. As\u00ed le apareci\u00f3 el deber integral. Ese misionero de Lyon no era otro que el futuro carde\u00adnal Donnet, arzobispo de Burdeos.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o colegial sorprend\u00eda a sus maestros. Ard\u00eda en \u00e9l el fuego sagrado de lo bello y de lo bueno. De \u00e9l brotaban a raudales chispas de poes\u00eda y . de elocuencia, inesperadas en tan temprana edad. Eran, desde los trece a\u00f1os, composiciones, ya fueran francesas o con mayor frecuencia latinas, en prosa o en verso de todo metro que los profesores se ense\u00f1aban entre s\u00ed o mostraban a sus disc\u00ed\u00adpulos como peque\u00f1as maravillas. Los temas eran episodios de <sub>.<\/sub>.la historia nacional o sagrada. A veces actualidades, como el em\u00adbarque de los filhelenos franceses para los combates de la inde\u00adpendencia de Grecia. Casi siempre eran los misterios de la vida de Jes\u00fas y las alabanzas a la Virgen Mar\u00eda. A veces tambi\u00e9n es\u00adcenas hogare\u00f1as pintadas a lo vivo y encantadoras de ingenuidad y de gracia. Antes de haber cumplido los quince a\u00f1os, Federico pod\u00eda formar ya un peque\u00f1o volumen de sus obras de poes\u00eda que ofreci\u00f3 para el d\u00eda de a\u00f1o nuevo a. su padre y a su madre, con una doble dedicatoria, latina para su padre, francesa para su ma\u00addre, sin que pueda yo decir en cu\u00e1l de esas dos lenguas habla con una ternura m\u00e1s fina y respetuosa<span id='easy-footnote-2-128376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-01\/#easy-footnote-bottom-2-128376' title='M\u00e1s tarde, una parte de estas &lt;i&gt;Juvenilia &lt;\/i&gt;se public\u00f3 en una Rese\u00f1a biogr\u00e1fica escrita en 1854 por uno de sus maestros de Lyon sobre su alumno m\u00e1s brillante. Era el se\u00f1or Legeay, a la saz\u00f3n profesor honorario de la Facultad de Grenoble. Las hab\u00eda reunido y conservado como prendas del brillante porvenir de ese ni\u00f1o. Ahora s\u00f3lo pod\u00eda ir a depositarias sobre su tumba. Ese nuevo ejemplo de una fuerte cultura latina en la base de la formaci\u00f3n del escritor franc\u00e9s \u00bfno parecer\u00e1 un anacronismo a las generaciones actuales?'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Sin embargo, en esa vida serena de estudios y de piedad, al lle\u00adgar a la edad de quince a\u00f1os, Ozanam vio el cielo de su fe cu\u00adbrirse de nubarrones y su coraz\u00f3n se debati\u00f3 en el espanto de la duda. Hasta entonces, hab\u00eda cre\u00eddo como un ni\u00f1o, pero com\u00f3 un ni\u00f1o reflexivo, y pagaba hoy con la duda el despertar precoz y la inquieta actividad de su vida intelectual. El mismo har\u00e1 una .con\u00adfidencia saludable de esto a la juventud de las escuelas cuando, al dedicarle sus primeras lecciones de la Sorbona, sobre <i>La Civi\u00adlizaci\u00f3n cristiana en el siglo V<\/i>, hablar\u00e1 en la siguiente forma\u00a0 en el prefacio de su libro, escrito el viernes santo de 1851, dos a\u00f1os antes de su muerte :<\/p>\n<p>\u00abEn medio de un siglo de escepticismo, Dios me ha concedido la gracia de nacer en la fe. Siendo ni\u00f1o, me puso en las rodillas de un padre cristiano, y de una santa madre. Me dio como pri\u00admera institutriz una hermana inteligente, piadosa como los \u00e1nge\u00adles con quienes fue a unirse. M\u00e1s tarde, los ruidos de un mundo que no cre\u00eda llegaron hasta m\u00ed. Conoc\u00ed todo el horror de esas du\u00addas que roen el coraz\u00f3n durante el d\u00eda y que encuentra uno por la noche en una cabecera empapada de l\u00e1grimas. La incertidum\u00adbre de mi eterno destina no me dejaba punto de descanso. Me apegaba desesperadamente a los dogmas sagrados; y me parec\u00eda que se me romp\u00edan en la\u00a0 mano. Fue entonces cuando me salv\u00f3 la ense\u00f1anza de un sacerdote fil\u00f3sofo. Puso en mis pensamientos orden y luz; cre\u00ed en lo sucesivo con una fe m\u00e1s segura; y conmovido por tan raro beneficio, promet\u00ed a Dios dedicar mi vida al servicio de la verdad que me proporcionaba la paz\u00bb.<\/p>\n<p>La carta confidencial de enero de 1830 a su camarada Materne, casi a ra\u00edz de esa crisis, nos coloca mejor a\u00fan en lb hondo de esa lucha interior que lo estremece todav\u00eda : \u00abEs preciso, querido ami\u00adgo \u2014escribe\u2014 que describa con cierto detenimiento un per\u00edod\u00f3 penoso de mi vida que empez\u00f3 cuando cursaba yo Ret\u00f3rica y que termin\u00f3 el a\u00f1o pasado. A fuerza de o\u00edr hablar de incr\u00e9dulos y de incredulidad, me pregunt\u00e9 por qu\u00e9 cre\u00eda. Dudaba y sin em\u00adbargo quer\u00eda creer. Rechazaba la duda. Le\u00eda todos los libros en que se demostraba la religi\u00f3n, y ninguno me satisfac\u00eda plenamente. Durante uno o dos meses, cre\u00eda bas\u00e1ndome en la autoridad de determinado razonamiento : luego sobreven\u00eda en mi esp\u00edritu al\u00adguna objeci\u00f3n, y segu\u00eda dudando. \u00a1 Oh, c\u00f3mo sufr\u00eda! pues yo que\u00adr\u00eda ser religioso&#8230; Mi fe no era s\u00f3lida ; y sin embargo pref \u00e7ria creer sin raz\u00f3n en vez de entregarme a la duda que &#8216; me atormen. taba demasiado. Ingres\u00e9 en la \u00e7lase de filosof\u00eda. La tesis de la certidumbre me desesper\u00f3; Por un instante me pareci\u00f3 que iba a dudar hasta de mi existencia\u00bb.<\/p>\n<p>He ah\u00ed al hombre empe\u00f1ado todo \u00e9l en esa lucha, con el es\u00adp\u00edritu, el coraz\u00f3n y la voluntad. El esp\u00edritu sufre la duda, el co\u00adraz\u00f3n protesta, la voluntad resiste. Es el gran sufrimiento hu\u00admano; pero es tambi\u00e9n la gran prueba divina que provoca el testimonio del amor. Ozanam lo refiere en t\u00e9rminos a\u00fan m\u00e1s en\u00e9r\u00adgicos en una carta posterior en que dice: \u00abConmovido alg\u00fan tiempo por la duda, abrazaba con todas mis fuerzas la columna del templo, aunque hubiera de aplastarme en su ca\u00edda\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Dios ha visto su llanto, ayudar\u00e1 a su hijo: el esp\u00edritu ser\u00e1 iluminado, la fe, amada y querida a pesar de todo, triunfar\u00e1, la tentaci\u00f3n habr\u00e1 de ceder, pues esta crisis no es m\u00e1s que eso. El m\u00e1rtir en su hoguera se declara fiel a Dios contra viento y ma\u00adrea: y Dios le ser\u00e1 fiel.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, Ozanam se dirigir\u00e1 a Dios. Uno de sus contempo\u00adr\u00e1neos refiere \u00abque en lo m\u00e1s fuerte de la prueba que se hab\u00eda convertido para \u00e9l en una pena f\u00edsica, el joven estudiante pidi\u00f3 auxilio de su sufrimiento a la misericordia del Dios de luz y de paz. Al entrar a una iglesia, se arroj\u00f3 de rodillas ante el Sant\u00edsimo Sacramento, y all\u00ed, humillado, llorando, prometi\u00f3 al Se\u00f1or, si se dignaba hacer que la verdad brillara a sus ojos, consagrar su vida entera a defenderlo\u00bb. Se levant\u00f3 aliviado; y como Pablo en el camino de Damasco, fue a buscar el Anan\u00edas que hab\u00eda de ilu\u00adminarlo y preparar al ap\u00f3stol.<\/p>\n<p>\u00abEl sacerdote fil\u00f3sofo, cuya ense\u00f1anza lo salv\u00f3, como se expresa \u00e9l, era el c\u00e9lebre Padre Noirot que, durante veinte a\u00f1os, ense\u00f1\u00f3 filosof\u00eda en el colegio de Lyon, donde dej\u00f3 su fuerte impronta en toda la joven y brillante generaci\u00f3n de esa \u00e9poca. Su m\u00e9todo \u2014que no se puede juzgar de primera mano, puesto que no escribi\u00f3 nada\u2014 era menos, seg\u00fan parece, el m\u00e9todo socr\u00e1tico que el m\u00e9todo cartesiano del que exageraba m\u00e1s bien la duda met\u00f3dica para pre\u00adparar en la conciencia la reflexi\u00f3n del pensamiento sobre s\u00ed mismo. Sea lo que fuere, sus reconstrucciones eran espl\u00e9ndidas, y el cris\u00adtianismo que era su coronamiento aparec\u00eda, en la escuela de ese pensador, deslumbrante de verdad y de belleza. \u00abLa influencia que ese verdadero maestro ejerci\u00f3 sobre el joven Ozanam \u2014es\u00adcribe J. J. Amp\u00e8re\u2014 decidi\u00f3 toda la direcci\u00f3n de su pensamiento\u00bb.<\/p>\n<p>Esto no lo dice todo. El maestro sinti\u00f3 una afectuosa admira\u00adci\u00f3n por ese joven, el m\u00e1s joven de los ciento treinta oyentes de su curso de filosof\u00eda : \u00abEra una alma elegida \u2014atestiguaba ese venerable catedr\u00e1tico al final de su vida\u2014. La naturaleza lo hab\u00eda dotado maravillosamente, tanto la inteligencia como el coraz\u00f3n. Afectuoso, simp\u00e1tico, ardiente, abnegado, modesto, a la vez ani\u00admado y serio, sin odio para nadie, exceptuada la mentira, _nunca hubo alumno m\u00e1s popular que \u00e9l entre sus compa\u00f1eros. Forma\u00adban, seg\u00fan la expresi\u00f3n de uno de ellos, un cortejo de afecto y casi de respeto\u00bb. Luego, lo representa trabajando con ahinco en sus estudios, a veces hasta ya bien entrada la noche. As\u00ed, a pesar de su juventud, se coloc\u00f3 desde el principio a la cabeza d\u00e9 su clase y se mantuvo ah\u00ed hasta el final.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Cousin no vacilaba en dar al Padre Noirot el t\u00edtulo de \u00abprimer profesor de filosof\u00eda de Francia\u00bb, y dec\u00eda : \u00abLos otros pro\u00adfesores tienen alumnos; el Padre Noirot forma disc\u00edpulos\u00bb. Oza\u00adnam fue su disc\u00edpulo favorito. Fuera de sus clases, el maestro so\u00adl\u00eda tomarlo de compa\u00f1ero en sus paseos por los senderos solitarios y abruptos que circundan \u2014o circundaban por aquel entonces\u2014a Lyon por todas partes, y \u00abque hacen tan grata esa ciudad para los esp\u00edritus embargados de un poco de melancol\u00eda meditativa\u00bb. Generalmente se dirig\u00edan al sur de la ciudad,, a los <i>Etroits, <\/i>a <i>La Quarantaine. <\/i>All\u00ed se agitaban entre el maestro y el disc\u00edpulo aque\u00adllas cuestiones de la armon\u00eda de la ciencia y de la fe. en la c\u00faspide de las cuales Noirot elevaba la antorcha de la Revelaci\u00f3n. All\u00ed tambi\u00e9n se formaban en la inteligencia apaciguada del joven, aquellas amplias s\u00edntesis hist\u00f3ricas del cristianismo del que so\u00f1aba ya con hacer resplandecer la prueba experimental. Sus convic\u00adciones, debilitadas por un poco de peque\u00f1a filosof\u00eda, se afianza\u00adban con la grande.<\/p>\n<p>El mismo da fe de ello en una carta posterior dirigida a dos de sus amigos: \u00abDesde hace alg\u00fan tiempo \u2014escribe\u2014 sent\u00eda en m\u00ed mismo la necesidad de algo s\u00f3lido a que pudiera asirme y arrai\u00adgarme, para resistir al torrente de la duda. Y he aqu\u00ed que hoy, amigos m\u00edos, mi alma est\u00e1 llena de alegr\u00eda y consuelo. De acuer\u00addo con mi fe, mi raz\u00f3n ha vuelto a encontrar en la actualidad ese catolicismo que me fue ense\u00f1ado por la boca de una excelente madre y que fue tan grato a mi infancia : \u00a1 el catolicismo con to\u00addas sus grandezas, con todas sus delicias!\u00bb<\/p>\n<p>Esa fe, salida de la prueba m\u00e1s fuerte y afortunada, hab\u00eda sa\u00adlido a la par m\u00e1s compasiva para el error ajeno: \u00ab\u00a1 Cu\u00e1ntas veces \u2014refiere su hermano mayor\u2014 nuestro excelente hermano nos con\u00adfes\u00f3 las terribles angustias de que fue presa en aquella \u00e9poca! \u00a1 Ah! \u2014a\u00f1ad\u00eda entonces\u2014 me acusan a veces de un exceso de indulgencia y mansedumbre hacia aquellos que tienen la desgracia de no creer. \u00a1 Cuando, como yo, se ha pasado por los tormentos de la duda, ser\u00eda una crueldad y una ingratitud mostrarse severo con aquellos a quienes Dios no ha concedido a\u00fan ese don ines\u00adtimable de la fe !\u00bb As\u00ed lo hab\u00eda formado y preparado Dios para convertirse un d\u00eda en el gu\u00eda autorizado e ilustrado de la juventud de su siglo. Esa crisis hab\u00eda sido para \u00e9l a la vez una lecci\u00f3n, una prueba y un aprendizaje.<\/p>\n<p>Tal fue esa infancia y esa adolescencia. A los diecis\u00e9is a\u00f1os de edad, Federico Ozanam sal\u00eda del colegio, cargado con todas las primeras coronas. Ahora va a abrirse la juventud, esa juventud tan santa, tan laboriosa, tan llena de obras viriles y tan poco pa\u00adrecida a la de los dem\u00e1s, que se ha podido escribir de ella : \u00abOza\u00adnam no tuvo juventud !\u00bb<\/p>\n<p>A los diecis\u00e9is a\u00f1os, ese joven era ya un hombre. Lo que vamos a ver son los primeros a\u00f1os de un hombre en una acci\u00f3n defen\u00adsiva del cristianismo muy superior en todo al n\u00famero de los a\u00f1os. Todo se apresura en esa rara existencia, como si el cielo, que ha\u00adb\u00eda de hacerla tan breve, se apresurara a hacerla tan llena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I: Primeros a\u00f1os Los antepasados. La familia. El colegio. 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