{"id":128374,"date":"2016-08-25T12:00:35","date_gmt":"2016-08-25T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=128374"},"modified":"2016-08-06T07:30:17","modified_gmt":"2016-08-06T05:30:17","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-03","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-03\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 03"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo II: Par\u00eda, la acci\u00f3n cat\u00f3lica<\/h2>\n<p><i>El aislamiento. El hu\u00e9sped de Amp\u00e8re. <\/i><i>Chateaubriand, Ballanche, Mont\u00adalembert. La juventud cat\u00f3lica. <\/i><i>La esperanza. Un santo sabio; un santo sacerdote.<\/i><\/p>\n<p>1831-1833<\/p>\n<p>Ozanam ten\u00eda cieciocho a\u00f1os de edad cuando su padre crey\u00f3 que hab\u00eda llegado la hora de que iniciara sus estudios de derecho envi\u00e1ndolo a la Facultad de Par\u00eds. No exist\u00eda facultad en la ciu\u00addad de Lyon en aquella \u00e9poca. Era a fines de 1831. Los terrores que la estancia en la capital hab\u00eda inspirado a las familias, a ra\u00edz de la Revoluci\u00f3n de julio, empezaban a disiparse. Adem\u00e1s, Fe\u00adderico hab\u00eda dado tales , pruebas de la solidez de sus principios y de su virtud, que todo hac\u00eda prever que saldr\u00eda victorioso de ese trance temible, pero necesario.<\/p>\n<p>Federico obedeci\u00f3 sin trabajo. Par\u00eds era para \u00e9l la gran ciudad de estudios, especialmente la de sus estudios hist\u00f3ricos, para los cuales encontrar\u00eda all\u00ed maestros, libros y tambi\u00e9n compa\u00f1eros que asociar\u00eda a su hermosa. empresa. As\u00ed pues, emprendi\u00f3 el viaje.<\/p>\n<p>La separaci\u00f3n no s\u00e9 hizo sin profunda pena, como no tardar\u00e1 en recordarlo. Era la primera vez que se alejaba de ese querido hogar, cuya dulzura celebraba poco antes, en unos versos de a\u00f1o nuevo, que debi\u00f3 recordar y repetir entonces:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>\u00a1Adi\u00f3s, a\u00f1os que os v\u00e1is en infinita fuga,<br \/>\ndichosos a\u00f1os j\u00f3venes, primeros de la vida,<br \/>\nque todo os llevar\u00e9is, s\u00ed, todo, hasta las penas,<br \/>\npero nunca el recuerdo que el coraz\u00f3n conserva!<\/i><\/p>\n<p>Rogaba a Dios por sus padres. Rogaba tambi\u00e9n, en esos versos, por la felicidad y sobre todo el honor de la carrera que iba a iniciar:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><i>\u00a1Y dad a vuestro hijo el valor y la luz,<br \/>\nconcededle que triunfe en su noble carrera<br \/>\ny que gane ese premio y que pueda a mi vez<br \/>\npagar un poco as\u00ed de tanto amor la d\u00e1diva!<\/i><\/p>\n<p>Los \u00faltimos d\u00edas de octubre o los primeros de noviembre de 1831, encontramos a Ozanam a m\u00e1s de cien leguas de Lyon; y all\u00ed, aho\u00adgado, perdido, como lo confiesa melanc\u00f3licamente a su madre. Al salir, \u00abse hab\u00eda esforzado por parecer alegre; pero \u2014escribe el 7 de noviembre\u2014 mi alegr\u00eda pasajera ha naufragado por com\u00adpleto\u00bb. En la actualidad vive en una soledad sin consuelo, en la amargura de los recuerdos que se truecan en a\u00f1oranzas. Lo ace\u00adcha tambi\u00e9n el miedo a lo desconocido y a s\u00ed mismo, pobre mucha\u00adcho arrojado sin apoyo, sin afectos, a esa capital del ego\u00edsmo, en me\u00addio del torbellino de las pasiones y de los errores humanos. Se espanta, se alarma y sufre, pues no tiene a nadie a quien amar. Es la hora cr\u00edtica: \u00bfa qui\u00e9n confiarse? \u00ab\u00bf Qui\u00e9n se preocupa por m\u00ed? Los j\u00f3venes que conozco viven demasiado lejos de mi casa para que pueda verlos con frecuencia. No tengo m\u00e1s que a usted, madre&#8230; y a Dios, para desahogar mi alma; pero estos dos valen por muchos\u00bb.<\/p>\n<p>A unos pasos de su casa abr\u00edase la Iglesia de Santa Genoveva; pero acababa de ser incautada por decreto real: \u00abEs ahora el Pan\u00adte\u00f3n, templo pagano en medio de una ciudad de cristianos. Es una tumba; pero \u00bf qu\u00e9 es una tumba sin cruz, una sepultura sin la es\u00adperanza que la consuela?.. . \u00bb A la vuelta, muy cerca, en Saint Etienne-du-Mont (San Esteban del Monte) , su parroquia, se em\u00adbelesa con la pompa religiosa de las ceremonias, con la magnificen\u00adcia del canto y del \u00f3rgano. Dice su entusiasmo y escribe: \u00abJam\u00e1s he experimentado nada que se le parezca\u00bb.<\/p>\n<p>A menudo el \u00e9xito de una campa\u00f1a depende de la primera ba\u00adtalla. El joven conoci\u00f3 el peligro desde el primer d\u00eda. Hab\u00eda ca\u00eddo en una trampa.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Ozanam hab\u00eda rogado a un viejo amigo de la fa\u00admilia, que viv\u00eda en Par\u00eds, que le buscara a su hijo una casa de hu\u00e9s\u00adpedes tranquila, en medio de una sociedad amable y segura. El amigo se equivoc\u00f3. El joven hu\u00e9sped no tard\u00f3 en advertirlo: los hu\u00e9spedes no eran gente buena. El 7 de diciembre, envi\u00f3 a su ma\u00addre una carta en que le presenta un informe muy poco halagador. En la mesa, se\u00f1oras y muchachas atrevidas, gritonas, casquivanas y tambi\u00e9n vulgares y groseras. Los j\u00f3venes son a\u00fan peores : conver\u00adsaciones sobre el tema de los espect\u00e1culos y esc\u00e1ndalos parisienses. \u00abCharlas como de cuartel\u00bb, dice la carta. Despu\u00e9s de la cena, ale\u00adgres reuniones en torno de mesas de juego, gritos y risotadas que oye desde su habitaci\u00f3n. \u00abMe invitaron los hu\u00e9spedes \u2014dice\u2014 a que participara en esas diversiones; como usted se imaginar\u00e1, me ne\u00adgu\u00e9. Y luego, esa gente no es ni cristiana ni turca. Soy el \u00fanico aqu\u00ed que observa la vigilia, lo cual me vale mil burlas. Es muy desagra\u00addable encontrarse en semejante sociedad\u00bb. Siente uno en sus car\u00adtas que todo ofende y hiere a Ozanam, que sufren all\u00ed su delicadeza, su dignidad, su pudor, su religi\u00f3n. El joven pregunta a su padre y a su madre lo que piensan y lo que ser\u00eda preciso hacer.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Ozanam apenas hab\u00eda tenido tiempo de recibir esa carta cuando la Providencia, que es tambi\u00e9n una madre, anticip\u00e1n\u00addose, le hab\u00eda dado la magn\u00edfica respuesta siguiente:<\/p>\n<p>El 12, Federico enviaba a su padre el relato de una visita que hab\u00eda hecho a un ilustre compatriota, el Sr. Amp\u00e8re. En tiempos recientes, en Lyon, en casa del Sr. Perisse, editor de sus modestos ensayos y primo de Amp\u00e8re, hab\u00eda sido presentado al gran f\u00edsico, quien lleno de benevolencia y cordialidad, le hab\u00eda pedido que fue\u00adra a visitarlo cuando viniera a estudiar en Par\u00eds. El estudiante tuvo buen cuidado de no olvidarlo. La acogida fue de lo m\u00e1s paternal. Naturalmente, las preguntas versaron sobre Par\u00eds, su instalaci\u00f3n en esa ciudad, el medio en que viv\u00eda. Federico, al principio vacilante, pronto conquistado por esos avances, le particip\u00f3 sus preocupacio\u00adnes, no sin sonrojarse. Amp\u00e8re lo miraba en silencio, conmovido de ese temeroso candor. Luego, sin decir nada todav\u00eda, dirigi\u00e9n\u00addose con \u00e9l a un cuarto vecino, lo abri\u00f3. Era una habitaci\u00f3n muy agradable, que daba al jard\u00edn: \u00ab\u00a1Vea usted ! Es el cuarto de mi hijo que se encuentra ahora en Alemania, donde permanecer\u00e1 al\u00adg\u00fan tiempo. \u00bf Qu\u00e9 le parece?\u00bb Luego, sencillamente : \u00ab\u00e8 Le conven\u00addr\u00eda?\u00bb Y como, confuso y perplejo, Ozanam no parec\u00eda com\u00adprender: \u00abVenga usted a tomar posesi\u00f3n de el \u2014prosigui\u00f3\u2014. Le ofrezco a usted el cuarto con comida, en las mismas condiciones y al mismo precio que en la casa de hu\u00e9spedes. Sus gustos y sus senti\u00admientos son an\u00e1logos a los m\u00edos; me agradar\u00e1 mucho tener la opor\u00adtunidad de platicar con usted. Conocer\u00e1 a mi hijo, que se ha ocu\u00adpado mucho de literatura alemana ; su biblioteca estar\u00e1 a su disposici\u00f3n. Usted observa la vigilia ; nosotros tambi\u00e9n. Mi hermana, mi hija y mi hijo comen con nosotros. Ser\u00e1 una agradable sociedad. \u00bfQue le parece?\u00bb<\/p>\n<p>El joven no sab\u00eda qu\u00e9 contestar, pues a\u00fan dudaba que el ofreci\u00admiento pudiese dirigirse a \u00e9l. Expres\u00f3 t\u00edmidamente a qu\u00e9 punto se sent\u00eda honrado y dichoso. Y a\u00f1adi\u00f3 discretamente que, no atre\u00advi\u00e9ndose a aceptar por iniciativa propia, se acog\u00eda a sus padres, a quienes iba a escribir.<\/p>\n<p>En la carta siguiente, del 7 de diciembre, el asunto est\u00e1 arregla\u00addo. Federico entera a su padre de que hace dos d\u00edas es hu\u00e9sped del gran Amp\u00e8re, calle de los Fosses-Saint-Victor 19, entre la Es\u00adcuela Polit\u00e9cnica y el Jard\u00edn del Rey. Describe su instalaci\u00f3n y adjunta el plano de su habitaci\u00f3n, as\u00ed como el horario del d\u00eda de ese interior familiar donde en lo sucesivo ser\u00e1 aceptado como un hijo.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s Mar\u00eda Amp\u00e8re ten\u00eda a la saz\u00f3n cincuenta y seis a\u00f1os. Miembro del Instituto desde 1814, profesor de an\u00e1lisis matem\u00e1tico en la Escuela polit\u00e9cnica, de f\u00edsica en el Colegio de Francia, etc., etc., m\u00e1s tarde inspector general de la Universidad, el sabio hab\u00eda realizado ya, por aquel entonces, aquellos descubrimientos genia\u00adles d\u00e9 los que escrib\u00eda Arago: \u00abSe dir\u00e1 las leyes de Amp\u00e8re como se dice ahora las leyes de Kepler\u00bb. Las Sociedades reales de Lon\u00addres, de Edimburgo, de Cambridge, las Academias de Berl\u00edn, de Estocolmo, de Bruselas, de Ginebra lo hab\u00edan afiliado a sus aso\u00adciaciones: era el m\u00e1s grande nombre cient\u00edfico de su pa\u00eds y de su siglo: \u00abTiene la ciencia intuitiva, instintiva. \u2014escribe Ozanam\u2014. Los descubrimientos que le han llevado a tan elevado lugar se le ocurrieron, seg\u00fan dicen, de repente, como en un rel\u00e1mpago\u00bb.<\/p>\n<p>Mas lo que su joven amigo ama y admira en \u00e9l, m\u00e1s que su genio, es su bondad. Grandes dolores dom\u00e9sticos hab\u00edan ablandado su co\u00adraz\u00f3n exaltando su fe. Viv\u00eda entre su buena hermana y su querida hija Albina, consumida de pena. Juan Jacobo, su hijo, su orgullo, su esperanza, estaba recorriendo el mundo para instruirse. Federico iba a llenar un vac\u00edo en ese hogar austero. \u00abEl se\u00f1or Amp\u00e8re tiene toda clase de atenciones conmigo \u2014escrib\u00eda a su madre\u2014. Los con\u00adsejos de cortes\u00eda que usted me ha dado quedan por desgracia para\u00adlizados por sus agasajos. Por m\u00e1s que resisto, en la mesa tengo que servirme entre los primeros, pues si no lo hago, se enojan. Su con\u00adversaci\u00f3n es a veces divertida, siempre instructiva. Ya he aprendido muchas cosas desde que vivo con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Amp\u00e8re le abri\u00f3 ampliamente las fuentes de instrucci\u00f3n de que dispon\u00eda; le facilit\u00f3 todas sus entradas al Instituto, del que era uno de los pr\u00edncipes, en la biblioteca Mazarina, donde quiso presentarlo y recomendarlo \u00e9l mismo. \u00abLa benevolencia de este gran hombre \u2014escribir\u00e1 Ozanam al recordar aquellos d\u00edas\u2014 se dirig\u00eda a todos, pero principalmente a los j\u00f3venes. Conozco a algunos para quienes tuvo atenciones y solicitudes que se parecen a las de un padre. En verdad, quienes no han conocido sino la inteligencia de este hombre, no han conocido de \u00e9l sino la mitad menos perfecta. Si pens\u00f3 mucho, am\u00f3 m\u00e1s a\u00fan\u00bb.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s y por encima de la bondad de Amp\u00e8re, Ozanam reconoc\u00eda y adoraba la bondad suprema de la cual escrib\u00eda piadosamente : \u00abDios ha sido muy generoso, pues me ha mitigado el destierro me\u00addiante la sociedad en que estoy colocado. Dios todo lo hace bien. Ha visto cu\u00e1nto tendr\u00eda yo que sufrir de nostalgia. Ha visto que, d\u00e9bil como soy, tendr\u00eda necesidad de grandes consuelos para sostenerme hasta el final. Me los ha dado\u00bb.<\/p>\n<p>Consolado, pero no curado, el joven sensible se pregunta y se res\u00adponde en sus cartas: \u00ab\u00bfQu\u00e9 vida de estudiante m\u00e1s feliz que la m\u00eda?&#8230; Pues no : se produce en m\u00ed un gran malestar en una sole\u00addad inmensa. Separado de aquellos a quienes amaba, siento en m\u00ed algo <i>infantil <\/i>que necesita vivir en el hogar dom\u00e9stico, al amparo del padre y de la madre, algo de una indecible delicadeza que se marchita en el aire de la capital\u00bb.<\/p>\n<p>Ese algo infantil, que es el amable reflejo de un alma que ha per\u00admanecido casta y tierna, Ozanam, gracias a Dios, no lo perder\u00e1 nunca. Ora escribe a su padre: \u00ab\u00bf Me pregunta usted lo que me hace falta? Usted, mi buen padre, y toda mi familia: esto es lo que me hace falta y que ardo en deseos de volver a ver. \u00a1Qu\u00e9 gusto cuando podamos abrazarnos dentro de ocho meses!\u00bb Ora con su madre, re\u00adcuerda esas fiestas hogare\u00f1as, en las que por desgracia ya no parti\u00adcipa : la de San Nicol\u00e1s, la v\u00edspera de Navidad, el d\u00eda de A\u00f1o Nuevo, la fiesta de los Reyes, todas esas alegr\u00edas de la Iglesia y del hogar a las que el joven cristiano une el nombre de Dios. \u00abHe aqu\u00ed que se acerca Navidad. Rezar\u00e9 por usted; y usted rezar\u00e1 por m\u00ed, mi buena madre. Dios nos oir\u00e1 a ambos : nos dar\u00e1 fuerza y valor; nos vendr\u00e1 su reino. Y cualquiera que sea el porvenir, caminaremos todos con paso firme hacia los destinos que nos esperan\u00bb.<\/p>\n<p>En cambio, ese gran Par\u00eds es para \u00e9l un cad\u00e1ver al que se le ha atado vivo: \u00abSu frialdad me hiela, su corrupci\u00f3n me mata. Par\u00eds es Babilonia en que lloro cautivo recordando Si\u00f3n. Y Si\u00f3n es mi ciudad natal, con los seres que all\u00ed he dejado, con su amenidad provinciana y la caridad de sus habitantes, con sus altares en pie y sus creencias respetadas\u00bb.<\/p>\n<p>El pensamiento de su madre era para \u00e9l algo m\u00e1s que una dul\u00adzura y una a\u00f1oranza : era una luz y una guarda. Algunos meses antes de su muerte, escrib\u00eda de ella en unas p\u00e1ginas testamentarias: \u00abMi madre nos gobernaba por la confianza, por el honor, por el sentimiento del deber. \u00bf Acaso me hubiera atrevido a leer la p\u00e1gina que ella me prohib\u00eda en un libro, aunque me lo dejaba, bajo mi palabra de honor? Durante mi estancia en Par\u00eds, no me perdi\u00f3 de vista ; supo todo lo que hac\u00eda ; pero yo no lo sospech\u00e9 jam\u00e1s. Me cre\u00eda libre, y por lo mismo me sent\u00eda m\u00e1s ligado. As\u00ed se inspiran sentimientos generosos, se dan alas al alma, se la acostumbra a inclinarse al bien por un impulso del que se enorgullece, en vez de encadenarla por lazos de una vigilancia que la irrita y de una hu\u00admillante servidumbre que se esfuerza en sacudir\u00bb.<\/p>\n<p>Ese pensamiento de su madre, presente a toda hora, proporcion\u00f3 al joven su respuesta al se\u00f1or de Chateaubriand, en una visita me\u00admorable. El Padre Lacordaire la ha contado en los t\u00e9rminos si\u00adguientes, que yo completo.<\/p>\n<p>Lo que el gran Amp\u00e8re era en el mundo de las ciencias, lo era Chateaubriand en el de las letras. Ozanam llevaba en su coraz\u00f3n ardiente y a la vez t\u00edmido, un gran deseo de escucharlo, una viva aprehensi\u00f3n de presentarse ante \u00e9l. Una carta de recomendaci\u00f3n de un can\u00f3nigo de Lyon, el Padre Bonnevie, le dio valor suficiente para presentarse en la modesta casa del hombre a quien Carlos X, en Praga, llamaba \u00abuna potencia de este mundo\u00bb. Era el 1 o. de enero de 1832, a las doce del d\u00eda. Chateaubriand acababa de o\u00edr misa. Recibi\u00f3 al estudiante con suma bondad. Luego, despu\u00e9s de algu\u00adnas preguntas sobre sus proyectos, sus estudios, sus gustos, le pre\u00adgunt\u00f3 si se propon\u00eda ir al teatro. \u00abOzanam \u2014refiere el padre La\u00adcordaire\u2014 vacilaba entre la verdad y el temor de parecer pueril a su ilustre interlocutor. Call\u00f3 alg\u00fan tiempo. Chateaubriand segu\u00eda mir\u00e1ndolo, como si diera gran importancia a su respuesta. Por fin, triunf\u00f3 la verdad. Confes\u00f3 que su madre le hab\u00eda hecho prometer que jam\u00e1s pondr\u00eda los pies en un teatro. Entonces el autor del <i>Ge\u00adnio del Cristianismo, <\/i>inclin\u00e1ndose hacia Ozanam para abrazarlo, le dijo afectuosamente: `Le ruego que siga el consejo de su ma\u00addre. Nada ganar\u00eda con ir al teatro, y podr\u00eda perder mucho&#8217;.<\/p>\n<p>\u00abEstas palabras \u2014a\u00f1ade el Padre Lacordaire\u2014 cayeron como un rayo en el pensamiento de Ozanam; y cuando algunos de sus compa\u00f1eros menos escrupulosos que \u00e9l, lo invitaban a que los acompa\u00f1ara al teatro, se negaba con esta frase decisiva: `El se\u00f1or de Chateaubriand me dijo que no conven\u00eda asistir a esos espect\u00e1cu\u00adlos&#8217;. Fue, por primera vez, al teatro, en 1840, a la edad de veinti\u00adsiete a\u00f1os, para o\u00edr <i>Polyeucte. <\/i>Su impresi\u00f3n fue fr\u00eda: hab\u00eda expe- rimentado, con todos aquellos que tienen un gusto certero y una viva imaginaci\u00f3n, que nada puede compararse con la representa\u00adci\u00f3n que el esp\u00edritu se da a s\u00ed mismo, en una lectura silenciosa y solitaria, de los grandes maestros\u00bb.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que recib\u00eda esas solemnes advertencias, Oza\u00adnam recib\u00eda otras del espect\u00e1culo del mundo, \u00abque \u2014escribe\u2014empieza a aparecerle, con la fealdad de sus vicios, el tumulto de sus pasiones, las blasfemias de su impiedad. Nosotros, ni\u00f1os educa\u00addos por padres virtuosos, viv\u00edamos llenos de candor y confianza; el alma abierta a toda palabra de honor y a toda apariencia de verdad. Y henos aqu\u00ed condenados al arte penoso de aprender la desconfianza y la sospecha\u00bb.<\/p>\n<p>Encontraba refugio en estas dos cosas que nombra : \u00abLa ciencia y el catolicismo, \u00e9stos son aqu\u00ed mis \u00fanicos consuelos; y de seguro, esta parte es bella\u00bb. Le a\u00f1adiremos la amistad.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os de la llegada de Ozanam a Par\u00eds, 1831-1832, eran los de una amplia efervescencia de todos los elementos de la vida in\u00adtelectual, religiosa, pol\u00edtica, social, literaria. Todos cre\u00edan since\u00adramente que se encontraban en una de esas encrucijadas de la historia en que la humanidad cambia de rumbo, para llegar a nue\u00advos cielos y nuevas tierras. Dos filosof\u00edas se afrontaban: la filoso\u00adf\u00eda y la escuela racionalista, con sus ramificaciones y aplicaciones en todos los ramos de los conocimientos humanos; la filosof\u00eda y la escuela tradicional, llamada as\u00ed porque en ella la raz\u00f3n pide a la tradici\u00f3n el punto de partida de sus deducciones. A su cabeza o en sus filas, cita a Chateaubriand, a Lamennais, al Bar\u00f3n de Ecks\u00adtein, a Bonald; y para Alemania, a Schlegel, Stolberg, Goerres, etc. De ese lado ve alborear la esperanza de la restauraci\u00f3n cat\u00f3lica, <i>y <\/i>la saluda.<\/p>\n<p>\u00abEs singular c\u00f3mo todo el mundo aqu\u00ed es instru\u00eddo\u00bb, escribe in\u00adgenuamente el joven familiar de la casa de Amp\u00e8re. All\u00ed encontra\u00adba a menudo al se\u00f1or Ballanche, otro lion\u00e9s, sobre cuyas ideas ha\u00adc\u00eda sus reservas, pero en quien amaba al sabio, al justo, en suma al cristiano cat\u00f3lico. Y es que, recientemente, en su valiente obra de la <i>Visi\u00f3n de Hebal, <\/i>escrita a ra\u00edz del sacr\u00edlego saqueo de Saint-Germain-l&#8217;Auxerrois, en presencia del sansimonismo que profeti\u00adzaba el fin del viejo dogma y celebraba ya sus funerales, no hab\u00eda dudado en hacer esta rotunda profesi\u00f3n de su fe romana : \u00abTodo est\u00e1 en el cristianismo, y el cristianismo lo ha dicho todo. . . La Ciudad eterna sabe que la espera un nuevo reino, y el Pontificado romano dir\u00e1 de qu\u00e9 tradiciones es depositario\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam se aficion\u00f3 a \u00e9l como a un amable maestro. Se lee en una carta de aquella \u00e9poca : \u00abEl se\u00f1or Ballanche me recibi\u00f3 muy bien. En el curso de nuestra charla me dijo: `Toda religi\u00f3n con\u00adtiene necesariamente una teolog\u00eda, una fisiolog\u00eda y una cosmogo\u00adn\u00eda&#8217;. \u00bf No es lo que dec\u00edamos un d\u00eda, t\u00fa y yo? \u00bf Y no es un modo de escuchar al ap\u00f3stol San Pablo cuando declara que toda ciencia est\u00e1 contenida en la ciencia de Jes\u00fas crucificado?\u00bb<\/p>\n<p>Lamennais era otra realeza intelectual, aunque muy discutida por aquel entonces. Ozanam lo vio poco. Sus cartas hablan dos ve\u00adces de \u00e9l; pero sin decir gran cosa. El 7 de diciembre escribe : Vi al se\u00f1or de Lamennais, la v\u00edspera de su salida a Roma. Charl\u00e9 mucho con \u00e9l\u00bb. Sobre qu\u00e9 tema, no lo dice. Ese c\u00e9lebre viaje a Roma, el 31 de diciembre de 1831, es aquel del que volver\u00e1 Lamennais con el alma de un rebelde. Ozanam no conserv\u00f3 un recuerdo simp\u00e1tico de esa entrevista, la \u00fanica que tuvo con \u00e9l. S\u00f3lo pronunciar\u00e1 su nombre para lamentar su destino.<\/p>\n<p>Entre tanto, el estudiante hab\u00eda emprendido ese ardiente tra\u00adbajo del que escrib\u00eda diez a\u00f1os despu\u00e9s a su joven hermano Carlos:<\/p>\n<p>\u00abPronto cumplir\u00e1s dieciocho a\u00f1os. Es la edad en que tuve que dejarlo todo \u2014\u00a1pues entonces lo ten\u00edamos todo!\u2014 y llegar aqu\u00ed, donde no ten\u00eda, como los tienes t\u00fa, un hermano, numerosos pa\u00adrientes y amigos. En vez de esto, una habitaci\u00f3n casi siempre de\u00adsierta, libros que no ten\u00edan para m\u00ed recuerdos, figuras extra\u00f1as. A menudo, desde la hora de las comidas hasta media noche, la luz de la l\u00e1mpara y los rescoldos de la chimenea eran mis \u00fanicos com\u00adpa\u00f1eros. Y entonces, al dirigir mi pensamiento hacia los que ya no ve\u00eda, me preguntaba si, al regresar un d\u00eda a Lyon, volver\u00eda a en\u00adcontrarlos.\u00bb<\/p>\n<p>El joven estudiante de leyes se hab\u00eda puesto a estudiar concien\u00adzudamente Derecho, teniendo buen cuidado, como nos lo dice, de redactar la lecci\u00f3n que acababa de o\u00edr al volver de clases. Asi\u00admismo, lo vemos asistir puntualmente a las conferencias que cele\u00adbraban entre s\u00ed los j\u00f3venes juristas, desempe\u00f1ando a veces el papel principal, ora en la defensa, ora en el ministerio p\u00fablico, en alega- tos y requisitorias en que empezaba a revelarse su talento oratorio. De una de ellas el joven e improvisado fiscal del Rey escribe: \u00abAun\u00adque recib\u00ed cumplidos, me pareci\u00f3 que estuve d\u00e9bil: no me sent\u00eda lo bastante due\u00f1o de mi tema\u00bb.<\/p>\n<p>Un curso libre de Econom\u00eda pol\u00edtica y social, impartido por el se\u00f1or de Coux, ten\u00eda para Ozanam toda clase de atractivos; el se\u00f1or Coux era uno de los tres j\u00f3venes maestros que, en mayo de 1831, hab\u00edan abierto espont\u00e1neamente la escuela libre, cuyo proceso fa\u00admoso todav\u00eda armaba revuelo. Su ense\u00f1anza discrepaba de los eco\u00adnomistas fil\u00f3sofos, Adam Smith, Juan Bautista Say, Sismondi, a quienes acusaba, precisamente, de s\u00f3lo ocuparse de la riqueza y de los medios de producirla, desinteres\u00e1ndose del hombre mismo, ol\u00advidando que las virtudes morales, tambi\u00e9n ellas, son valores y no atrevi\u00e9ndose a tocar la grave cuesti\u00f3n de la repartici\u00f3n de la for\u00adtuna p\u00fablica, por temor de tropezar con la Iglesia y el Evangelio. Respecto a ese curso y a ese maestro, Ozanam escribe, en marzo de 1832: \u00abEl se\u00f1or de Coux inici\u00f3 su curso de Econom\u00eda pol\u00edtica, lleno de profundidad y de inter\u00e9s. Te invito a inscribirte en \u00e9l. Sus cla\u00adses est\u00e1n atestadas, porque en ellas hay verdad y vida, un gran conocimiento de la Llaga que roe a la sociedad y del \u00fanico remedio que puede curarla\u00bb.<\/p>\n<p>Traduce del alem\u00e1n un op\u00fasculo de Bergmann sobre la religi\u00f3n ciel T\u00edbet, otro de Mone sobre la mitolog\u00eda de los lapones. Lee a Vico, <i>Filosof\u00eda de la historia; <\/i>vuelve a estudiar hebreo, con el pro\u00adp\u00f3sito de entrar, tambi\u00e9n \u00e9l, por esa puerta del orientalismo, en las profundidades d\u00e9 la historia sagrada, como dice a sus amigos : \u00abJam\u00e1s una historia de las religiones estuvo m\u00e1s relacionada con las necesidades sociales. Ser\u00e1 nuestra obra. He aqu\u00ed que madu\u00adra en nuestros j\u00f3venes pensamientos. Vendr\u00e1 a su hora : <i>Tempus erit\u00bb.<\/i><\/p>\n<p>Estos j\u00f3venes, cuyo concurso le hab\u00eda anunciado y prometido el se\u00f1or Noirot, empezaban a surgir ante \u00e9l. No hac\u00eda un mes que estaba en Par\u00eds, cuando, el 20 de noviembre, escrib\u00eda a un antiguo compa\u00f1ero: \u00abEspero llegar a fundar la reuni\u00f3n de que te hab\u00eda hablado. Tengo datos para hacerlo\u00bb.<\/p>\n<p>Seis semanas despu\u00e9s, el 29 de diciembre, insiste en ese punto : \u00abNo ignoras&#8217; cu\u00e1nto deseaba rodearme de j\u00f3venes que sintieran y pensaran como yo. Ahora bien, s\u00e9 que existen, que hay muchos; pero est\u00e1n dispersos como el oro en el esti\u00e9rcol; y es dif\u00edcil la tarea de quien quiere reunir defensores en torno de una bandera. Sin embargo, espero, en pr\u00f3xima carta, darte esperanzas m\u00e1s positivas\u00bb.<\/p>\n<p>En fin<sub>;<\/sub> el 10 de febrero de 1832, puede escribir complacido: \u00abNuestras filas son m\u00e1s numerosas de lo que cre\u00edamos. He encon\u00adtrado aqu\u00ed j\u00f3venes de fuertes pensamientos, ricos en sentimientos generosos, que dedican sus reflexiones e investigaciones a esa alta misi\u00f3n que es tambi\u00e9n la nuestra\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00e9poca de la Restauraci\u00f3n hab\u00eda tenido sus grupos memora\u00adbles y activos de j\u00f3venes. No podemos olvidar la c\u00e9lebre <i>Congre\u00adgaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, <\/i>que, nacida desde 1801, hab\u00eda crecido bajo el Imperio, para convertirse despu\u00e9s en una poten\u00adcia tan simp\u00e1tica y servicial para los amigos de la Iglesia como odiosa para sus enemigos. Al lado de ella florec\u00eda en el Barrio Latino, la <i>Sociedad de los Buenos Estudios, <\/i>dirigida por un gran hombre de bien, profesor de filosof\u00eda, el se\u00f1or Bailly de Surcy. Se reun\u00eda cerca de la Escuela de Derecho, en la plaza de la Estra\u00adpade, donde viv\u00eda \u00e9l mismo y donde recib\u00eda en su casa a algunos j\u00f3venes selectos, a t\u00edtulo de hu\u00e9spedes. All\u00ed, todos los estudiantes encontraban biblioteca, peri\u00f3dicos, sala de lectura y de conferen\u00adcias, junto con los buenos consejos y la sabia direcci\u00f3n de un padre. Esas dos asociaciones hab\u00edan tenido sus d\u00edas de saludable acci\u00f3n mo\u00adral y religiosa sobre la juventud de las escuelas. La Revoluci\u00f3n de Julio vino a darles un golpe mortal, ya sea porque dispers\u00f3 a sus miembros o porque dividi\u00f3 los esp\u00edritus; pero escuchemos a Ozanam :<\/p>\n<p>\u00abDe la Sociedad de los Buenos Estudios \u2014recordaba despu\u00e9s\u2014no quedaban ya m\u00e1s que fragmentos, cuando un amigo me pro\u00adpuso que me presentara en ella, prometi\u00e9ndome abrirme sus puer\u00adtas. La reuni\u00f3n literaria, refugiada entonces en el estrecho recinto de las oficinas del peri\u00f3dico del se\u00f1or Bailly, la <i>Tribuna cat\u00f3lica; <\/i>calle del Petit-Bourbon-Saint-Sulpice, 71, contaba apenas quince miembros que hab\u00edan permanecido fieles a la estudiosa cita. Ade\u00adm\u00e1s, las costumbres poco cient\u00edficas del medio casi no dejaban lugar para investigaciones serias; y las elevadas cuestiones del por\u00advenir y del pasado apenas se debat\u00edan en las t\u00edmidas charlas\u00bb. Sin embargo, de esa cuna \u2014o de esa tumba\u2014 podr\u00e1 decir Ozanam en marzo de 1833: \u00abGracias al celo de algunos de sus antiguos miem\u00adbros esta Sociedad ha crecido en la actualidad de un modo ad\u00admirable\u00bb.<\/p>\n<p>Hab\u00eda crecido transform\u00e1ndose. El hombre predestinado a for\u00admar el lazo de uni\u00f3n entre la juventud del pasado y la del por\u00advenir, el se\u00f1or Bailly, tuvo la idea de organizar conferencias de literatura, de historia y de filosof\u00eda, en torno de las cuales pudiera reunir a los estudiantes cristianos. Mas como \u00e9stos eran por aquel entonces demasiado pocos, se propon\u00eda reforzar sus filas, a medi\u00adda que los discerniera en la mescolanza de los otros j\u00f3venes, a quie\u00adnes, sin embargo, dentro de ciertos l\u00edmites, no excluir\u00eda.<\/p>\n<p>Empez\u00f3 sus trabajos el lo. de diciembre de 1832. Una de las vicepresidencias fue ocupada todo el a\u00f1o por Ozanam, quien no tardar\u00e1 en escribir al respecto: \u00abLas ,candidaturas se est\u00e1n multi\u00adplicando. Hemos reclutado a algunos j\u00f3venes de un talento supe\u00adrior, entre los cuales algunos exploradores de varios Estados euro\u00adpeos, algunos teorizantes de arte, algunos iniciados en los proble\u00admas de la econom\u00eda pol\u00edtica. La mayor parte de ellos se dedica al estudio de la historia, unos cuantos a la filosof\u00eda. Hasta tenemos dos o tres de esas almas elegidas a quienes Dios ha dado alas y que un d\u00eda ser\u00e1n poetas, si la muerte o las tempestades de la vida no vienen a romp\u00e9rselas en el camino\u00bb. Ya lo veremos poner manos a la obra.<\/p>\n<p>El sal\u00f3n del joven conde Carlos de Montalembert era, cada do\u00admingo, punto de reuni\u00f3n de una \u00e9lite. Ballanche le present\u00f3 a Federico Ozanam. Grande era all\u00ed la diversidad de las edades y de los esp\u00edritus. Las cartas de Ozanam nos muestran sabios como el bar\u00f3n de Eckstein, fil\u00f3sofos como Ballanche, poetas como Al\u00adfredo de Vigny, el polaco Mickiewicz, y aun Sainte-Beuve quien, destinado a atravesar todos los mundos, exploraba entonces por mera curiosidad el mundo cat\u00f3lico; adversarios intelectuales, corno Lherminier, so\u00f1adores conmovidos por la miseria del pueblo co\u00admo Consid\u00e9rant. F\u00e9lix de M\u00e9rode hab\u00eda estado all\u00ed. V\u00edctor Hugo no tardar\u00eda en ir. \u00abEl domingo pasado \u2014escribe tambi\u00e9n Oza\u00adnam\u2014 charl\u00e9 con Lherminier. Luego se estableci\u00f3 una conversa\u00adci\u00f3n muy interesante entre \u00e9l y el se\u00f1or de Montalembert: nos que\u00addamos hasta las doce para escucharlos. All\u00ed estaba V\u00edctor Con\u00adsid\u00e9rant; se habl\u00f3 mucho de la miseria actual del pueblo, y se hi\u00adcieron siniestros presagios para el porvenir\u00bb. Trat\u00e1base de la cues\u00adti\u00f3n central que todo lo atra\u00eda : el problema social.<\/p>\n<p>Montalembert estaba entonces en todo el esplendor de su joven gloria. \u00abHac\u00eda los honores de su sal\u00f3n con una gracia distingui\u00adda\u00bb de la que se percat\u00f3 muy bien Ozanam. \u00abMontalembert \u2014es\u00adcribe\u2014 tiene una cara angelical y una conversaci\u00f3n muy instruc\u00adtiva. Cuenta muy bien y conoce muchas cosas. Se charla de lite\u00adratura, de historia, de los intereses de la clase pobre, del progreso de la civilizaci\u00f3n\u00bb. No se exclu\u00eda, por orden, sino los puntos de doctrina (los que sosten\u00eda el peri\u00f3dico <i>El Porvenir), <\/i>sobre los cuales Roma pidi\u00f3 el silencio. Se impon\u00eda, sobre este punto, la m\u00e1s juiciosa discreci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abAdem\u00e1s, se respira, en esas reuniones, un delicioso aroma de catolicismo y de fraternidad. Se anima uno, se calienta el cora\u00adz\u00f3n; y se lleva de all\u00ed una suave satisfacci\u00f3n, un placer puro, un aima due\u00f1a de s\u00ed misma, resoluciones y valor para el futuro&#8230; Regresa uno, lleno de alegr\u00eda, en grupos de cuatro o cinco. Me propongo ir de cuando en cuando a esas reuniones\u00bb.<\/p>\n<p>Toda esta p\u00e1gina termina en un grito de valor y de combate : \u00abEl porvenir se encuentra ante vosotros, j\u00f3venes; reserv\u00e9monos, pues; y pong\u00e1monos firmes contra los enemigos y las tormentas. Pensemos que la condici\u00f3n del progreso es el sufrimiento. Y que la amistad mitigue las tristezas que no podemos evitar\u00bb.<\/p>\n<p>A esas tristezas de la vida se un\u00edan, para Ozanam, las que se originaban en el espect\u00e1culo o las amenazas de los tiempos. El joven ten\u00eda desde entonces el presentimiento de las cat\u00e1strofes re\u00adservadas al final de su siglo. Las l\u00edneas siguientes son asombro\u00adsas de clarividencia y de precisi\u00f3n a este respecto : \u00abSi se requiere valor para vivir en la \u00e9poca actual, se necesitar\u00e1 m\u00e1s a\u00fan para vivir en la que se acerca. Todos los esp\u00edritus elevados anuncian que hemos llegado a un per\u00edodo de cat\u00e1strofes y desgarramientos universales. Los gobiernos y los pueblos se muestran hostiles unos a otros. Aqu\u00ed, el partido republicano adquiere creciente fuerza, y no oculta ya sus prop\u00f3sitos de violencia. Hay un odio de exter\u00adminaci\u00f3n declarada entre los partidos. Creo, pues, que es inmi\u00adnente una guerra civil; y toda Europa envuelta en las redes de la francmasoner\u00eda, ser\u00e1 teatro del conflicto\u00bb.<\/p>\n<p>A estas previsiones se a\u00f1ad\u00edan, para entristecerlo, las calamida\u00addes de aquel f\u00fanebre a\u00f1o de 1832. La guerra civil ensangrentaba su ciudad de Lyon; todos los d\u00edas hab\u00eda motines en Par\u00eds, en tanto que el c\u00f3lera sembraba la muerte y el terror. Hubo un momento en que se contaron hasta 1,300 muertos diarios. La epidemia. de\u00advor\u00f3 casi enteramente un lado de la calle de los Foss\u00e9s-Saint-Victor, en tanto que el otro lado, el de la casa del se\u00f1or Amp\u00e8re, perma\u00adnec\u00eda, al parecer, a salvo. Ozanam lo escribe a su madre, tradu\u00adciendo un salmo del oficio de las Completas: \u00abMil caer\u00e1n a vues\u00adtra izquierda y diez mil a vuestra derecha. Mas la muerte no se acercar\u00e1 a vosotros, porque hab\u00e9is dicho: Senior, sois mi esperan\u00adza; y hab\u00e9is elegido al Alt\u00edsimo para refugio vuestro\u00bb. Ya no tenemos esta carta, admirable de fe y de valor, que, seg\u00fan nos dicen, la se\u00f1ora Ozanam le\u00eda a todas sus amigas con l\u00e1grimas de indecible ternura.<\/p>\n<p>Su familia lo llamaba con insistencia. El joven suplic\u00f3 que lo dejaran permanecer en Par\u00eds a pesar de todo. Daba corno argu\u00admento sus estudios, y la preparaci\u00f3n urgente de sus ex\u00e1menes, que ya se aproximaban. Pero estaba secretamente detenido en la ciu\u00addad por los cuidados y consuelos que su valiente caridad llevaba a sus compa\u00f1eros enfermos. Uno de ellos, que fue m\u00e1s tarde el Padre Duchesne, cura de Nuestra Se\u00f1ora del Campo, gustaba de referir las frecuentes y amables visitas que le hizo en aquellos d\u00edas siniestros. Era un letrado. Habiendo entrado en convalecencia, le rog\u00f3 a Ozanam que le procurara alguna lectura reconfortante, adecuada a las circunstancias. Al d\u00eda siguiente, le llev\u00f3 la descrip\u00adci\u00f3n de las tres grandes pestes cl\u00e1sicas en la literatura: la de Ate\u00adnas, por Tuc\u00eddides, la que pinta Lucrecio y la de Mil\u00e1n en <i>Los Novios <\/i>de Manzoni; pero \u00e9sta consolada, transformada en un es\u00adpect\u00e1culo sublime por la abnegaci\u00f3n cristiana y por la heroica caridad del cardenal Borromeo. Es lo que quer\u00eda demostrar.<\/p>\n<p>Hay una tristeza ficticia, que entonces estaba de moda y que el joven hombre de acci\u00f3n repudia en\u00e9rgicamente: es la melan\u00adcolla morbosa de un romanticismo so\u00f1ador: \u00ab\u00bf Sigues bajo el peso de tu melancol\u00eda? \u2014pregunta a Falconnet\u2014. Amigo m\u00edo, cu\u00edda\u00adte de los ensue\u00f1os y de la literatura. Pongamos nuestros estudios fuera del campo de la hueca teor\u00eda y de la especulaci\u00f3n y traduz\u00adcamos nuestras creencias en actos de nuestra vida entera\u00bb. Dos de sus compa\u00f1eros lioneses, Fortoul y Huchard, se arrojaron en el campo de la Joven Francia de larga melena. Ozanam los com\u00adpadece: \u00abNi Chateaubriad, ni Lamartine son lo bastante avan\u00adzados para ellos. S\u00f3lo existe V\u00edctor Hugo: <i>Nuestra Se\u00f1ora de Pa\u00adr\u00eds, Plick y Plock, Atar Gull, Marion Delorme, \u00a1 he <\/i>ah\u00ed toda su literatura !\u00bb<\/p>\n<p>No es que \u00e9l mismo deje de sufrir una inconstancia de humor que achaca a \u00abuna salud quebrantada\u00bb. Sin embargo, por \u00falti\u00admo, vence la raz\u00f3n y se establece la calma. \u00abA menudo me re\u00adprendo, ri\u00f1o conmigo mismo; pero termino haciendo las paces con mi yo, aunque sea un pobre diablo. Al redoblar mis esfuerzos, me\u00adrecer\u00e9 la victoria.. . En suma, amigo m\u00edo, m\u00e1s seriedad para ti, para mi m\u00e1s energ\u00eda; para ambos, las lecciones de nuestros padres, los ejemplos de nuestras madres y la benevolencia del Cielo. En tal forma, acaso un d\u00eda nos ser\u00e1 concedido sembrar bajo nuestros pasos algunos servicios y que nos saluden hombres de bien en la asamblea de los sabios\u00bb.<\/p>\n<p>Esa firmeza de convicciones y resoluciones, ese valor para la ac\u00adci\u00f3n, y toda esa seguridad de sus primeros pasos en la carrera, que Ozanam acaba de atribuir a las lecciones y a los ejemplos de su padre y de su madre, se deb\u00edan tambi\u00e9n en gran parte, en Par\u00eds, al ejemplo diario del santo laico de quien era hu\u00e9sped, y a la direcci\u00f3n de un humilde sacerdote, cuyo nombre tenemos que pronunciar.<\/p>\n<p>El m\u00e1s grande de los dos, el se\u00f1or Andr\u00e9s Mar\u00eda Amp\u00e8re, no s\u00f3lo era un segundo padre para Ozanam sino un religioso modelo de todos los instantes. El se\u00f1or Amp\u00e8re, como lo escribi\u00f3 el joven a su madre, terminaba en ese momento su gran obra sint\u00e9tica de la <i>Clasificaci\u00f3n de las ciencias <\/i>o <i>Filosof\u00eda de las ciencias. <\/i>Habien\u00addo reconocido las bellas facultades del joven estudiante que la Providencia le hab\u00eda enviado, le otorg\u00f3 el honor de trabajar en esa obra bajo su dictado, como lo demuestran las p\u00e1ginas que a\u00fan se conservan, y que est\u00e1n escritas a medias por uno y otro. Sus char\u00adlas diarias sobre las leyes generales del universo exaltaban el alma del sabio con espont\u00e1neos arrebatos de admiraci\u00f3n y de adoraci\u00f3n hacia su Hacedor. Ozanam recordaba momentos de entusiasmo en que Amp\u00e8re, poniendo entre ambas manos su cabeza cargada de tanta ciencia y honor, exclamaba transportado : \u00abi Cu\u00e1n gran\u00adde es Dios, Ozanam, cu\u00e1n grande es Dios !\u00bb<\/p>\n<p>Ese Dios del Universo, Amp\u00e8re iba a adorarlo en sus templos. Ozanam ha contado que un d\u00eda en que se sent\u00eda triste, angustiado, abatido, entr\u00f3 a la iglesia de Saint-Etienne-du-Mont para descar\u00adgar su coraz\u00f3n. La iglesia estaba casi desierta y silenciosa. Al\u00adgunas mujeres, a trechos, rezaban arrodilladas cerca del arca de Santa Genoveva. En un apartado rinc\u00f3n, un hombre inm\u00f3vil pa\u00adrec\u00eda profundamente sumido en su oraci\u00f3n. Ozanam lo divisa, se acerca y reconoce a Amp\u00e8re humillado ante la presencia divina. Habi\u00e9ndolo contemplado unos instantes, se retir\u00f3 muy conmovido, y \u00e9l mismo se sinti\u00f3 m\u00e1s cerca de Dios que nunca.<\/p>\n<p>Fue en gran parte por el se\u00f1or Amp\u00e8re por lo que Ozanam quiso permanecer en Par\u00eds durante el c\u00f3lera, para substituir al hijo ausen\u00adte del anciano. Ocurr\u00eda, seg\u00fan dijimos, que en la misma calle, en\u00adfrente, los vecinos ca\u00edan y mor\u00edan fulminados en unos instantes. Temiendo que la muerte lo sorprendiera en la misma forma, el se\u00f1or Amp\u00e8re, cuya habitaci\u00f3n se encontraba precisamente encima de la del estudiante, le repet\u00eda siempre, por la noche, al separarse : \u00abOzanam, si el c\u00f3lera me ataca esta noche, golpear\u00e9 con un palo en el piso. No suba usted a socorrerme; pero corra sin tardanza a buscar a mi confesor, el padre X &#8230; , calle de S\u00e8vres, luego vaya usted a buscar a mi m\u00e9dico\u00bb.<\/p>\n<p>Esos edificantes ejemplos de cristianismo son los que la grati\u00adtud de Ozanam recordar\u00e1 del modo siguiente sobre la tumba de ese segundo padre : \u00abEsa cabeza venerable que lo juzgaba todo, y aun la ciencia, desde el punto de vista divino, se inclinaba sin reserva ante los misterios y bajo el nivel de la ense\u00f1anza sagrada. Se arrodillaba ante los mismos altares que Descartes y Pascal, al lado de la pobre viuda y del ni\u00f1o peque\u00f1o, menos humildes que \u00e9l.. . Si deja un gran vac\u00edo en la sociedad de las inteligencias de \u00e9lite \u00a1 qu\u00e9 gran luto no dejar\u00e1 en el coraz\u00f3n de quienes pudieron acercarse a \u00e9l \u00edntimamente y gozar de la familiaridad de su reli\u00adgi\u00f3n y de sus virtudes !\u00bb<\/p>\n<p>El otro nombre que es menester pronunciar, en primer lugar, entre los gu\u00edas de la juventud de Ozanam durante los cinco a\u00f1os de su vida en Par\u00eds, no es el d\u00e9 un hombre ilustre. Todav\u00eda no he nombrado y saludado al director y al verdadero padre espiritual de esa alma : un sacerdote.<\/p>\n<p>Este sacerdote, el padre Marduel, hab\u00eda sido vicario de Saint\u00ad-Nizier, en Lyon; luego lo hab\u00edan llamado a Par\u00eds para asistir a su t\u00edo, cura de San Roque. Era por aquel entonces un anciano de edad avanzada, modestamente retirado en un apartamento de la calle Massillon, cerca de Nuestra Se\u00f1ora, donde supo muy bien descubrirlo su abundante clientela de penitentes de toda clase, obispos, sacerdotes, padres de Francia, grandes se\u00f1ores, m\u00e9dicos ; adem\u00e1s, estudiantes, obreros, pobres, recibidos con la misma bon\u00addad, tratados con la misma indulgente paciencia. Se sent\u00eda uno a gusto con \u00e9l. Era sencillo, era sabio, instruido, sagaz; era piadoso, rezaba siempre con el rosario, pues sus ojos ya no le permit\u00edan leer su breviario. Habiendo llegado a la mayor pobreza, despojado de todo, no teniendo m\u00e1s que el mendrugo de pan que le aseguraba la f\u00e1brica de San Roque, lo compart\u00eda con otros m\u00e1s desgraciados que \u00e9l, en tanto que su vieja criada iba a pedir para \u00e9l, de limos\u00adna, las cosas m\u00e1s necesarias a la vida.<\/p>\n<p>Su santidad y su uni\u00f3n continua con Dios le hab\u00edan valido luces sobrenaturales para el conocimiento y la direcci\u00f3n de las almas, en las cuales dir\u00edase que le\u00eda. Disipaba sus sombras y sus ilusiones para dejar en ellas la luz, la paz y la alegr\u00eda del coraz\u00f3n. Era el padre que conven\u00eda a Ozanam, cuya delicadeza de conciencia era a veces una fuente de penas interiores que revelan sus cartas.<\/p>\n<p>Al salir de Lyon, sus padres encargaron a Federico con el Pa\u00addre Marduel. Tambi\u00e9n fue recomendado con \u00e9l por el Padre Oza\u00adnam, quien anta\u00f1o lo hab\u00eda tomado de director. \u00abNo es de sor\u00adprender \u2014recuerda \u00e9ste\u2014 que el joven estudiante haya progresa\u00addo mucho en esa piadosa y suave escuela. Su justa confianza y deferencia hacia los consejos de esa inteligente sabidur\u00eda, las luces divinas que de ella recib\u00eda, el fuego sagrado que en ella encend\u00eda, lo hicieron triunfar, con la gracia de Dios, en el combate interior de la verdad y la virtud. Bajo su conducta, se vio a ese amado hermano en medio de sus numerosos trabajos, dedicar diariamen- te un tiempo bastante considerable a la meditaci\u00f3n y a la oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Ya no pod\u00eda prescindir de los` poderosos auxilios que ese sacer\u00addote le procuraba en el uso frecuente de los sacramentos. En mayo de 1833, habi\u00e9ndose ausentado el Padre Marduel para una breve estancia de un mes en Lyon, Federico se queja con su madre de esa larga ausencia que lo deja moralmente en el desamparo y la perplejidad. \u00abEs el \u00fanico consejero intimo que tengo aqu\u00ed, el \u00fani\u00adco cuya sabidur\u00eda y bondad puedan substituir a la vez a mi padre y a &#8216;mi madre. Debe de haber regresado hoy y me propongo verlo ma\u00f1ana; pues, como tengo pocas ganas de formar nuevas relacio\u00adnes, he permanecido todo este tiempo abandonado a mi humor ,y a los caprichos de mi imaginaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Luego, llega a esta conclusi\u00f3n que constituye un homenaje a la eficacia de la confesi\u00f3n: \u00abEn verdad, si hay entre los protestantes algunos j\u00f3venes de buena fe, ilustrados y religiosos, los compadezco por carecer de un recurso que tanto necesita mi juventud; y sin el cual me echar\u00eda a perder por completo o me consumir\u00eda de melancol\u00eda\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II: Par\u00eda, la acci\u00f3n cat\u00f3lica El aislamiento. El hu\u00e9sped de Amp\u00e8re. Chateaubriand, Ballanche, Mont\u00adalembert. La juventud cat\u00f3lica. La esperanza. 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