{"id":127670,"date":"2024-09-27T08:56:24","date_gmt":"2024-09-27T06:56:24","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127670"},"modified":"2024-08-16T13:48:31","modified_gmt":"2024-08-16T11:48:31","slug":"el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-07","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-senor-portal-y-los-suyos-1855-1926-07\/","title":{"rendered":"El Se\u00f1or Portal y los suyos (1855-1926) (07)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IV: La intervenci\u00f3n romana<\/h2>\n<h3><b>Un enigma: la impaciencia de Le\u00f3n XIII <\/b><\/h3>\n<p>De regreso a Cahors el 24 de agosto, el Se\u00f1or Profesor de teolog\u00eda moral volvi\u00f3 a los deberes que exig\u00eda su estado. Predicaba unos ejercicios en Libourne cuando se enter\u00f3 por Henri Lorin que el cardenal secretario de Estado, Mariano Rampolla Del Tindaro, le ped\u00eda que fuese a Roma lo antes posible. Su Eminencia exig\u00eda el secreto. Portal predic\u00f3 sus ejercicios hasta el final, confi\u00f3 su clase moral al Se\u00f1or M\u00e9out, inform\u00f3 a sus colegas que un asunto de familia le llamaba a Laroque, subi\u00f3 a Par\u00eds y celebr\u00f3, por la ma\u00f1ana del 8 de setiembre, en casa de Ferdinand Lev\u00e9, una conferencia con Lorin y Halifax, un Halifax inquieto que le confesaba su \u00abmiedo de que las cosas andan demasiado bien, miedo de que en vuestra casa se juzgan demasiado favorablemente las cosas\u00bb. Por la tarde misma, sali\u00f3 para Roma donde, en diez d\u00edas, fue recibido ocho veces por Rampolla y dos veces por el papa. \u00abYo andaba en un sue\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>No fue acogido como solicitante. Desde el mes de abril de 1894, Mons. Segna, entonces secretario de Asuntos eclesi\u00e1sticos extraordinarios, se hab\u00eda hecho con un ejemplar de Dalbus y hab\u00eda pedido a Gasparri un informe sobre las ordenaciones anglicanas. En junio, el muy leoniano Moniteur de Rome, \u00f3rgano oficioso del Vaticano, hab\u00eda publicado la carta de Salisbury luego la conclusi\u00f3n de Dalbus. Uno de los redactores, el abate Monteuuis, hab\u00eda encargado a Portal art\u00edculos originales:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Haced el movimiento m\u00e1s sensible todav\u00eda, y una vez que hay\u00e1is llegado a los l\u00edmites de vuestros esfuerzos, comenzar\u00e1 el Vaticano.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 un mes m\u00e1s tarde. Estas prisas son se\u00f1ales de la intervenci\u00f3n pontificia en los asuntos anglicanos, extra\u00f1aron e inquietaron a los observadores tan poco timoratos como Duchesne, que escribi\u00f3 a von H\u00fcgel en 1895:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Me parece, como a vos, que en este asunto hay un elemento perturbador, la impaciencia del Santo Padre. No ha sido conversando con el cardenal Rampolla sino con Le\u00f3n XIII mismo donde yo he advertido esta preocupaci\u00f3n pot ver resultados.<\/p>\n<p>La augusta impaciencia no habr\u00eda inquietado quiz\u00e1s a hombres como Duchesne y von H\u00fcgel si el papa se hubiera propuesto objetivos limitados, un acercamiento t\u00e1ctico con la jerarqu\u00eda anglicana, o bien el regreso al seno cat\u00f3lico de algunos miles de anglocat\u00f3licos extremistas.<\/p>\n<p>El primer objetivo, el acercamiento t\u00e1ctico, habr\u00eda estado en la l\u00ednea dela diplomacia vaticana. Se ha visto c\u00f3mo Le\u00f3n XIII, a la vista de una lucha decisiva entre las fuerzas del Bien y las, desencadenadas, del Mal, buscaba la alianza de los acatholici de buena voluntad. El Reino Unido figuraba en el programa, desde 1887 sobre todo, el a\u00f1o en que Rampolla accedi\u00f3 a la secretar\u00eda de Estado: la Santa Sede hab\u00eda adoptado una posici\u00f3n moderada en la cuesti\u00f3n de Irlanda; el gobierno brit\u00e1nico hab\u00eda respondido enviando a Roma a un encargado de misi\u00f3n; un nuncio hab\u00eda asistido a las fiestas jubilares de la reina, y se trataba de acreditar un legado permanente. A corto plazo, se trataba de destacar el prestigio internacional del Vaticano y de encontrar el apoyo de una gran potencia en esta cuesti\u00f3n romana en la que se expresaba con toda nitidez el combate entre la Iglesia y la Bestia. Buenas relaciones con el lord arzobispo de Canterbury, segundo personaje del reino, a la vez que con los muy reverendos y muy honorables lores obispos, sus colegas de la C\u00e1mara de los pares, habr\u00edan podido reforzar esta pol\u00edtica abri\u00e9ndola a una alianza t\u00e1ctica entre jerarqu\u00edas, sobre una acci\u00f3n com\u00fan en varios conflictos, como el de las escuelas confesionales, en las que se capitalizaba el duelo entre la ciudad de Dios y la ciudad del Diablo.<\/p>\n<p>Otro objetivo limitado, y claramente incompatible con el primero: desplumar a las aves anglicanas, trabajar por el regreso en corporaci\u00f3n de los anglocat\u00f3licos m\u00e1s pr\u00f3ximos a Roma, lanzarles llamadas parecidas a las que el papa dirig\u00eda a los cristianos orientales, prometerles el respeto a su jerarqu\u00eda, a su disciplina, a su liturgia. En el momento en que recib\u00eda a Portal, Le\u00f3n XIII preparaba la carta apost\u00f3lica De disciplina orientalium, m\u00e1s com\u00fan por sus primeras palabras: \u00abOrientalium dignitas\u00bb. El papa declaraba su voluntad de renunciar a toda pol\u00edtica de latinizaci\u00f3n y de mantener las tradiciones locales. Las palabras que saludaban la dignidad de las Iglesias orientales habr\u00edan podido servir para celebrar la de la Alta Iglesia anglicana. Este paso habr\u00eda procedido de la misma visi\u00f3n dram\u00e1tica de la historia: frente a la Bestia, reclutar fuerzas de refresco. Pero a aliados numerosos combatiendo en ej\u00e9rcitos diferentes, preferir una peque\u00f1a cohorte homog\u00e9nea que reconociera una autoridad \u00fanica y participara de la misma fe. Newman hab\u00eda sido el primer cardenal de Le\u00f3n XIII. Su recuerdo segu\u00eda vivo y no faltaba gente bien situada para sugerir al papa que Lord Halifax podr\u00eda muy bien desempe\u00f1ar el papel que John Henry hab\u00eda tenido a partir de 1845.<\/p>\n<p>Alianza t\u00e1ctica con la totalidad de la jerarqu\u00eda anglicana, o buen regreso de un peque\u00f1o grupo ultra-ritualista: estos dos objetivos razonablemente limitados, humanamente prudentes, habr\u00edan justificado sin duda a los ojos del abate Duchesne cierta prisa pontificia. Ni la conversi\u00f3n de Lord Halifax y de una parte de sus militantes ni la constituci\u00f3n en Inglaterra de una especie de c\u00e1rtel de defensa de las escuelas confesionales, por ejemplo, no pod\u00edan aparecer como objetivos ut\u00f3picos. Pero esto no es lo que quer\u00eda Le\u00f3n XIII, no era para esto para lo que hab\u00eda mandado llamar a Portal. En ning\u00fan documento privado o p\u00fablico, se content\u00f3 con proponer a los anglicanos una colaboraci\u00f3n en las obras caritativas, sociales, escolares. De entrada, habl\u00f3 de unidad en la fe, de uni\u00f3n org\u00e1nica bajo la autoridad de la Santa Sede. Se salt\u00f3 la etapa de la alianza t\u00e1ctica, de la mano tendida a los individuos de buena voluntad; se inscribi\u00f3 inmediatamente en la l\u00ednea ideal definida en junio de 1894 por la carta Praeclara gratulationis, en la que advert\u00eda a las \u00abcongregaciones\u00bb protestantes que era bueno aliarse en la acci\u00f3n caritativa, pero que no podr\u00eda haber caridad perfecta y eficaz sin la unidad de creencia, \u00absi concordes mentes non effecerit fides\u00bb[si la fe no uniera las mentes].<\/p>\n<p>Una vez establecido el plan en toda su amplitud, Le\u00f3n XIII no limit\u00f3 su ambici\u00f3n a los anglicanos m\u00e1s cercanos a Roma. En las dos conversaciones que tuvo con Portal, no expres\u00f3 nunca la voluntad de dejar fuera a algunos miles de almas. Era el regreso de la Iglesia de Inglaterra entera lo que \u00e9l quer\u00eda, y fue en este sentido como manifest\u00f3 su intenci\u00f3n de entrar en contacto con los arzobispos de Canterbury y de York. El 19 de setiembre, Rampolla firm\u00f3 una carta destinada al Se\u00f1or Portal, sacerdote de la Misi\u00f3n, quedando bien claro que \u00e9ste podr\u00eda ense\u00f1\u00e1rsela a los dos primados. Todav\u00eda aquello no era sino un mensaje oficioso, indirecto y (provisionalmente) secreto. En los textos oficiales y p\u00fablicos, Le\u00f3n XIII ensanch\u00f3 m\u00e1s su objetivo y habl\u00f3 de traer a la unidad a todo lo que el Reino Unido contaba de cristianos, sin distinguir los anglicanos de los disidentes. En abril de 1895, la carta Ad Anglos propuso a los Ingleses \u00abque buscan el reino de Cristo en la unidad de la fe\u00bb un fin global: \u00abLa unidad cristiana en Inglaterra\u00bb.<\/p>\n<p>Discursos oficiosos y discursos oficiales ni eran contradictorios, se completaban. \u00bfQu\u00e9 quer\u00eda Le\u00f3n XIII? En primer lugar, en un primer momento, entablar el di\u00e1logo con la Iglesia establecida. El mensaje oficioso del 19 de setiembre no mencionaba m\u00e1s que a la \u00abcomuni\u00f3n anglicana\u00bb, con exclusi\u00f3n de toda otra congregatio brit\u00e1nica. Era a los \u00abmiembros \u00bb de esta comuni\u00f3n, y a ellos solos, a quienes Rampolla propon\u00eda un intercambio amistoso de ideas y un estudio m\u00e1s cuidado y m\u00e1s profundo de las antiguas creencias y pr\u00e1cticas del culto [&#8230;] para preparar el camino a esta uni\u00f3n deseada.<\/p>\n<p>El secretario de Estado no hablaba del asunto de las ordenaciones; pero en sus conversaciones con Portal, el papa admiti\u00f3 que habr\u00eda que comenzar por ah\u00ed y reunir a este fin una conferencia mixta; discuti\u00f3 del lugar donde podr\u00eda celebrarse, pidi\u00f3 al lazarista que le propusiera nombres, entr\u00f3 en los detalles. Una vez establecido el di\u00e1logo sobre este punto preciso, se tratar\u00eda de ampliarlo, de abordar los otros puntos de divergencia, de negociar, de convencer, de reunir finalmente ala Iglesia de Inglaterra que desempe\u00f1ar\u00eda entonces un papel de vanguardia, de motor de un regreso general de la Gran Breta\u00f1a a la unidad romana. Quedar\u00edan \u00fanicamente los malos protestantes, aquellos cuyos \u00abnaturalismo\u00bb y \u00abmaterialismo hab\u00eda denunciado Praeclara.<\/p>\n<p>Era agitando tan vastos proyectos como Le\u00f3n XIII manifestaba esta \u00abimpaciencia por ver resultados\u00bb lo que choc\u00f3 al abate Duchesne. Se ha de confesar que hab\u00eda en ello de qu\u00e9 conturbar a las mentes m\u00e1s intr\u00e9pidas. Tener ochenta y cinco a\u00f1os y sentir impaciencia por ver a Inglaterra volver al redil romano! \u00bfC\u00f3mo explicar esta urgencia en un hombre que era tambi\u00e9n un hombre de Estado, un diplom\u00e1tico, un pol\u00edtico cuyo realismo subrayaba la prensa del momento de buen grado? Para Duchesne el caso era claro: era la edad, precisamente, la que lo explicaba todo.<\/p>\n<p>Yo tuve la audacia de exhortar al Padre supremo a la paciencia, repitiendo que Dios le pide el esfuerzo preparatorio y no el \u00e9xito inmediato. Pero por m\u00e1s uno sea un Santo Padre, se tienen ochenta y seis a\u00f1os y a nadie le gusta que le remitan a futuros demasiado lejanos.<\/p>\n<p>En el mismo orden de cosas, se podr\u00eda adelantar el temperamento de Le\u00f3n XIII, su imaginaci\u00f3n, u facultad de inflamarse por un plan de envergadura, de trazar sus grandes l\u00edneas con entusiasmo, de vivir su belleza antes de examinar sus dificultades. Portal no encontr\u00f3 a un viejo diplom\u00e1tico tranquilo, sino a un pastor rejuvenecido por la visi\u00f3n de una cristiandad restaurada. \u00abEl Santo Padre se animaba y sus grandes ojos vivos, los ojos de un profeta, de un vidente, parec\u00edan sondear el porvenir\u00bb. Muy pronto la emoci\u00f3n fue tal que Portal se arroj\u00f3 a los pies del papa que, silencioso, pos\u00f3 por unos momentos la mano sobre la cabeza del lazarista. Ninguno de los dos pod\u00eda decir m\u00e1s.<\/p>\n<p>Ser\u00eda posible mencionar tambi\u00e9n, de Le\u00f3n XIII, alguna falta de informaciones, as\u00ed como la influencia de Portal, que no exhortaba al Padre supremo a la paciencia. Su entusiasmo fue tanto m\u00e1s comunicativo cuanto que se apoyaba en un viaje reciente, en testimonios, cosas vistas, toda una serie de conversaciones que exhib\u00edan retrospectivamente un car\u00e1cter de estudio preparatorio. Habr\u00eda que tener en cuenta asimismo de la conciencia muy aguda que el papa ten\u00eda de su prestigio personal y de sus dotes de persuasi\u00f3n. Cuando pas\u00f3 revista alas ciudades donde se podr\u00eda tener la conferencia mixta sobre las ordenaciones, su elecci\u00f3n recay\u00f3 en Roma, porque finalmente, cuando los diputados anglicanos vieran mi caridad, mi enorme deseo de uni\u00f3n, me parece que les impresionar\u00eda. Y adem\u00e1s, est\u00e1 la gracia de Dios, porque a fin de cuentas, aunque indigno, yo soy el Vicario de Jesucristo.<\/p>\n<p>Bueno. Pero la edad podr\u00eda justificar tanto la pasividad como la actividad. En cuanto a la imaginaci\u00f3n de Le\u00f3n XIII, no eclipsaba a la prudencia del diplom\u00e1tico. Durante la primera visita de Portal, mientras acariciaba la idea de enviar inmediatamente una carta personal a los arzobispos anglicanos, el papa manifest\u00f3 inquietudes por las reacciones de Crispi, Primer ministro italiano. Dos consideraciones le retuvieron: no quer\u00eda enviar nada sin asegurarse en primer lugar de que el mensaje ser\u00eda bien recibido; sobre todo, quer\u00eda completar su documentaci\u00f3n. Lo que lleva a rectificar la imagen de un pont\u00edfice mal informado. No solamente no le ocult\u00f3 Portal las dificultades, sino que entre las dos audiencias que concedi\u00f3 al lazarista Le\u00f3n XIII solicit\u00f3 pareceres contradictorios. El superior del seminario escoc\u00e9s le afirm\u00f3 que ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil reunir a los presbiterianos; un responsable de la Propaganda le present\u00f3 un reportaje sobre las intrigas anglicanas en Armenia; un Ingl\u00e9s le afirm\u00f3 que la Iglesia establecida no volver\u00eda nunca porque se cre\u00eda ya cat\u00f3lica&#8230; De entrada, tuvo el papa en mano informaciones que le demostraban que a corto plazo su proyecto era irrealizable; humanamente irrealizable.<\/p>\n<h3><b>Le\u00f3n XIII, la oraci\u00f3n y el milagro<\/b><\/h3>\n<p>Pero Le\u00f3n XIII no quer\u00eda triunfar por procedimientos humanos, no menos que Rampolla quien concluye una de sus conversaciones con Portal con un atestado de impotencia: \u00abEn esas obras, los hombres nada pueden\u00bb.El papa y su ministro pon\u00edan todas sus esperanzas en un recurso ignorado por las canciller\u00edas: la oraci\u00f3n, \u00abnuestra arma eficaz, nuestro gran apoyo, nuestra riqueza, nuestro puerto de refugio, nuestro lugar de seguridad\u00bb.<\/p>\n<p>La diplomacia, las negociaciones, los mensajes secretos o p\u00fablicos, las comisiones de estudios, las conferencias, las discusiones t\u00e9cnicas, los reportajes hist\u00f3ricos, can\u00f3nicos, teol\u00f3gicos, todo este traj\u00edn no ser\u00eda en vano porque servir\u00eda de punto de apoyo, de instrumento, de pretexto a la acci\u00f3n todopoderosa del Esp\u00edritu Santo y de la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda. Le\u00f3n XIII, el papa de la uni\u00f3n de las Iglesias, fue primero el papa del rosario, de la novena de Pentecost\u00e9s, de las oraciones despu\u00e9s de la misa en las que se conjuraba en\u00e9rgicamente a san Miguel que expulsara a Sat\u00e1n y al turba demon\u00edaca. Quer\u00eda reducir el cisma y las herej\u00edas con oraciones indulgenciadas, con r\u00e1fagas de oraciones, con una s\u00faplica orquestada, con el clamor de los pueblos que lleguen a pedir a la Madre de Cristo que tenga a buen implorar al divino Esp\u00edritu para que difunda la abundancia de sus dones sobre los hermanos separados.<\/p>\n<p>El 14 de abril de 1895, la carta Ad Anglos insist\u00eda en la \u00abconfianza que se debe tener en la oraci\u00f3n\u00bb, ped\u00eda que \u00ablas oraciones especiales por la unidad de la fe [&#8230;] se reciten m\u00e1s a menudo con mayor devoci\u00f3n\u00bb, y recomendaba muy particularmente el piadoso ejercicio del santo rosario de Mar\u00eda\u00bb. El 5 de mayo del mismo a\u00f1o, la enc\u00edclica Provida Matris institu\u00eda una novena situada entre la Ascensi\u00f3n y Pentecost\u00e9s; se trataba de rogar al Esp\u00edritu Santos \u00abpor todos los pueblos cristianos por una sola de en el pensamiento, una misma piedad en la acci\u00f3n\u00bb. El 5 de setiembre, la enc\u00edclica Adjutricem populi christiani invocaba la intercesi\u00f3n de la Virgen a favor de la reuni\u00f3n:<\/p>\n<p>Es la esperanza confiada de las almas piadosas que, en un pr\u00f3ximo futuro, Mar\u00eda ser\u00e1 el feliz lazo cuya dulce energ\u00eda reunir\u00e1 a los que aman a Jesucristo bajo el cetro paternal de su Vicario en la tierra, el pont\u00edfice romano.<\/p>\n<p>\u00abEn un pr\u00f3ximo futuro&#8230;\u00bb Las prisas de Le\u00f3n XIII, su impaciencia por ver resultados, su huida hacia delante, sus iniciativas multiplicadas cuando se daba cuenta, cada d\u00eda m\u00e1s, de que los recursos humanos eran impotentes, todo ello expresaba su fe en el car\u00e1cter invencible de la oraci\u00f3n. En Ad Anglos, este papa bien informado enumera con complacencia los obst\u00e1culos que prohib\u00edan a los sabios creer en la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfPero es esa una raz\u00f3n para abandonar toda esperanza de reconciliaci\u00f3n y de paz? De ninguna manera plega a Dios. En efecto, no debemos juzgar los acaecimientos coloc\u00e1ndonos solamente bajo el punto de vista humano, sino que debemos m\u00e1s bien considerar el poder y la misericordia de Dios.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca en que Nos \u00e9ramos nuncio de B\u00e9lgica, conocimos a un Ingl\u00e9s, Ignace Spencer, que era a su vez un disc\u00edpulo muy piadoso de san Pablo de la Cruz. Nos expuso el proyecto que hab\u00eda comenzado a realizar, \u00e9l, Ingl\u00e9s, de extender una Sociedad de fieles piadosos con el fin de rogar seg\u00fan conviene por la salvaci\u00f3n de este pueblo. Apenas resulta necesario decir que Nos entramos cordialmente en este proyecto inspirado por la fe y por la caridad, y cu\u00e1nto favorecimos esta obra, convencidos de que la naci\u00f3n inglesa lograra con ello importantes ventajas.<\/p>\n<p>Traducimos: la corriente de conversiones iniciada por el movimiento de Oxford se vio reforzada. El futuro Le\u00f3n XIII conoci\u00f3 a Ignace Spencer en 1844; al a\u00f1o siguiente, Newman se convert\u00eda. Coincidencia impresionante. Este precedente explica el buen recibimiento reservado a Portal, quien record\u00f3 a Ignace Spencer al papa como hab\u00eda recordado a Doussot a Lord Halifax.<\/p>\n<p>Otro rasgo tradicional: la negativa a autorizar a los cat\u00f3licos y cism\u00e1ticos a orar juntos por la reuni\u00f3n de los cristianos. En setiembre de 1894, Halifax hab\u00eda enviado a Portal, en Roma, los estatutos de la A.P.U.C.; se ha visto c\u00f3mo hab\u00eda sido condenada esta sociedad por el Santo Oficio en 1865. Se trataba a hora de aprovecharse de las buenas disposiciones del papa para lograr levantar la condena y permitir a los cat\u00f3licos rezar con los anglicanos \u00abpor la unidad de la Iglesia y que haya un pastor y un reba\u00f1o\u00bb. En este punto, Portal fracas\u00f3 por completo; Le\u00f3n XIII le prest\u00f3 o\u00eddos sordos, y la oraci\u00f3n com\u00fan qued\u00f3 \u00abinfecta de herej\u00eda\u00bb. El rescripto de 1865 continu\u00f3 encuadrando la pol\u00edtica unionista de la Santa Sede.<\/p>\n<p>En cambio, toda una novedad la voluntad del papa de no limitarse a la oraci\u00f3n. Novenas y rosarios deb\u00edan alimentar y hacer fecundos un di\u00e1logo, una negociaci\u00f3n, un acercamiento concreta a los anglicanos. Su regreso ser\u00eda un milagro, por supuesto, un puro milagro, la obra de la misericordia divina. Pero pertenecer\u00eda a conferencias, a intercambios amistosos, a estudios renovados en com\u00fan, a la utilizaci\u00f3n de un discurso ben\u00e9volo de servir de instrumentos al milagro. Al poner en manos de Portal el mensaje oficioso en el que propon\u00eda a los \u00abmiembros m\u00e1s notables de la Iglesia anglicana\u00bb un \u00abintercambio amistoso de ideas\u00bb, Rampolla abri\u00f3 las perspectivas m\u00e1s prometedoras. Se trataba de tantear el terreno para \u00abatestiguar las buenas disposiciones del Santo Padre\u00bb. \u00absi los anglicanos, ante este paso indirecto, dan pruebas de buena voluntad, se dar\u00e1 un paso directo\u00bb: Le\u00f3n XIII en persona escribir\u00eda a los arzobispos para proponerles conferencias preliminares [en las que] entrar\u00edan en contacto los diputados de ambas partes, medir\u00edan las dificultades que son grandes y las concesiones posibles\u00bb.<\/p>\n<h3><b>Vaughan contra Le\u00f3n XIII, o las ilusiones mantenidas<\/b><\/h3>\n<p>Lastrado por el retrato de Le\u00f3n XIII que Su Santidad hab\u00eda dedicado a la intenci\u00f3n de Lord Halifax, Portal lleg\u00f3 a Inglaterra sin tomarse una hora de descanso. El 28 de setiembre, a las 10 de la ma\u00f1ana, pilotado por su amigo, se present\u00f3 en casa del arzobispo de Canterbury que se tomaba unos d\u00edas de incognito en una casa de campo. Fue recibido todo lo mal que imaginarse pueda, porque hac\u00eda dos semanas el cardenal Vaughan hab\u00eda pasado a la contraofensiva y lanzaba los m\u00e1s violento anatemas contra la Iglesia de Inglaterra, sus pompas y sus obras. \u00bfQu\u00e9 cr\u00e9dito pod\u00eda conceder Canterbury a una carta secreta escrita a un sacerdote franc\u00e9s por un cardenal italiano, mientras el primado romano del Reino Unido se mostraba p\u00fablicamente en contra? Lord Halifax y Portal se aferraron a la tarea, turn\u00e1ndose sin descanso para razonar. El Dr Benson acab\u00f3 por mostrar tales se\u00f1ales de cansancio que un can\u00f3nigo envi\u00f3 a paseo a los dos invasores. La tranquila campi\u00f1a del Somerset reson\u00f3 con los acentos cantarines de Portal que lanzaba sus brazos hacia el pobre can\u00f3nigo repitiendo: \u00abAhora os toca a vos!\u00bb De regreso a casa de Benson, le insistieron tanto que prometi\u00f3 responder. Entretanto Vaughan solt\u00f3 tonantes andanadas y Canterbury retir\u00f3 al punto su promesa. Halifax, desencadenado, volvi\u00f3 a la carga, y le record\u00f3 que \u00abDante asigna el \u00faltimo lugar en su infierno a quien, viendo pasar una gran ocasi\u00f3n, no quiere aprovecharla\u00bb. El arzobispo de York, a su vez, apremi\u00f3 cuanto pudo a su colega, y el Dr Benson tom\u00f3 la pluma. Pero de apaciguarse, el fuego del Se\u00f1or de Westminster fue in crescendo. El 24 de octubre, Benson mand\u00f3 a Lord Halifax una carta en la que llamaba \u00aba todas las ramas de la Iglesia de Cristo\u00bb a \u00abmantenerse codo con codo\u00bb contra las potencias del mal\u00bb. Se neg\u00f3 en cambio a planear la organizaci\u00f3n de una conferencia o alg\u00fan contacto al menos mientras que Vaughan no aplacara sus furores. En el Vaticano, la carta de 24 de octubre no pareci\u00f3 justificar un \u00abpaso directo\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, cuando todo hubo terminado, Portal se persuadi\u00f3 de que se hab\u00eda perdido una gran ocasi\u00f3n. Es posible, pero tal vez no la que pensaba el lazarista. Al paso que ellos impidieron a Roma y Canterbury entrar en relaci\u00f3n, los esc\u00e1ndalos de oto\u00f1o de 1894 contribuyeron a enmascarar el antagonismo de las tesis leonianas sobre la uni\u00f3n de las Iglesias y de las tesis anglicanas sobre la reuni\u00f3n de la Iglesia; mantuvieron con muchos la ilusi\u00f3n de que en el Vaticano y en una parte de la jerarqu\u00eda anglicana se quer\u00eda en el fondo lo mismo. En un bonito efecto de contrastes, Le\u00f3n XIII apareci\u00f3 tanto m\u00e1s pac\u00edfico, abierto, liberal, cuanto m\u00e1s engre\u00edda, encorsetada de intransigencia, se levantaba frente a \u00e9l la figura del Se\u00f1or de Westminster. Muchos compartieron la opini\u00f3n del abate Duchesne, que denunci\u00f3 \u00abla oposici\u00f3n insensata\u00bb y \u00abel extrav\u00edo profundo\u00bb de los cat\u00f3licos ingleses: \u00abYo no sospechaba que el judeo-cristianismo se hubiera refugiado en Inglaterra\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo pronto, la contraofensiva de Vaughan produjo el efecto de enfriar singularmente el debate. Con un sentido muy seguro de la pol\u00e9mica, el cardenal hab\u00eda pues concentrado sus ataques en las ordenaciones anglicanas, asegurando que Roma jam\u00e1s reconocer\u00eda su validez. Hab\u00eda conseguido envenenar de tal manera la cuesti\u00f3n y ech\u00e1rsela como un reto a la opini\u00f3n brit\u00e1nica que en adelante taponaba por completo el horizonte. Imposible tomar contacto, imposible, como se lo escribi\u00f3 Canterbury a Lord Halifax, \u00abdar ning\u00fan paso sea el que fuere mientras no se reconozca la validez de nuestras \u00f3rdenes inglesas\u00bb. Por aquel entonces, Portal subestim\u00f3 el peligro, como se sent\u00eda apoyado por el Vaticano. El mes de octubre, se enter\u00f3 de que el abate Duchesne hab\u00eda recibido el encargo de redactar un informe sobre las ordenaciones y se hab\u00eda procurado enseguida la colaboraci\u00f3n de Puller y del obispo de Salisbury, de manera que el equipo Dalbus se hab\u00eda recompuesto, pero esta vez por orden de la Santa Sede, con la participaci\u00f3n de un obispo anglicano y de uno de los primeros sabios cat\u00f3licos de Europa. A primeros de noviembre, hubo otra buena noticia: por telegrama, Rampolla autoriz\u00f3 a Portal a publicar el mensaje en que invitaba a los responsables anglicanos a un \u00abintercambio amistoso de ideas\u00bb. Este documento ocup\u00f3 las primeras p\u00e1ginas de L&#8217;Univers, de La V\u00e9rit\u00e9, del Monde; en Inglaterra, el Guardian le encabez\u00f3 con una carta en la que Fernand Dalbus se dio el gusto de llamar a Westminster a guardar compostura. Por fin, el 16 de noviembre, la secretar\u00eda de Estado sac\u00f3 a la luz en Le Monde una correspondencia que, por primera vez, revelaba el papel desempe\u00f1ado por Portal en Inglaterra y en Roma a finales del verano. Era un testimonio de satisfacci\u00f3n, que no escatimaba los ep\u00edtetos lisonjeros. Fue entonces cuando el lazarista sali\u00f3 de la sombra y se convirti\u00f3, para el mayor estupor de sus colegas, \u00aben el que se ocupa de los anglicanos\u00bb.<\/p>\n<h3><b>Halifax y Portal en el Vaticano: primero ganar tiempo<\/b><\/h3>\n<p>Todo eso le daba \u00e1nimos, pero sin inspirarle impaciencia, A finales de 1894, s\u00f3lo le urg\u00eda una cosa: que Halifax fuera a Roma a frenar el movimiento. \u00abtengo miedo que nos demos demasiada prisa y que metamos la pata\u00bb. En este punto, Halifax estaba de acuerdo y no pensaba m\u00e1s que \u00abpreparar de una manera distante la obra de la uni\u00f3n\u00bb. En cambio, se guard\u00f3 muy bien de adoptar la l\u00ednea dura que le aconsejaba Portal y mantuvo a Vaughan al corriente de todos sus proyectos, porque no llegaba a deshacerse de una especie de simpat\u00eda hacia este gran lanzador de anatemas que le libraba delos diplom\u00e1ticos; le prefer\u00eda a Benson y excusaba sus salidas de tono m\u00e1s devastadoras con una indulgencia que no se acab\u00f3 nunca. Lo peor de todo, Vaughan era \u00abmuy impulsivo y nada inteligente\u00bb, lo que, para la pluma de Halifax, no era en realidad un reproche. De esta forma fue como el Se\u00f1or de Westminster, que s\u00f3lo pensaba en dirigir su contraataque al Vaticano, conoci\u00f3 de antemano todos los detalles del plan de nuevo impulso meditado por Portal, un plan en dos actos. Acto primero: Halifax organiz\u00f3 una campa\u00f1a de reuniones; en el curso de la m\u00e1s importante, en Bristol, el 14 de febrero de 1895, pronunci\u00f3 un largo discurso sobre la reuni\u00f3n de la Iglesia; este fragmento de elocuencia parlamentaria (Halifax, habituado a la C\u00e1mara alta, es un hombre de tribuna) levant\u00f3 una ola de reacciones que permitieron fotografiar el estado del unionismo anglicano como consecuencia de las primeras iniciativas de Le\u00f3n XIII. Muchos obispos respondieron, con Canterbury a la cabeza; de entre sus testimonios, se pueden destacar tres temas: llamada al papa para que se decida a favor de las ordenaciones de la Iglesia de Inglaterra; conformidad con las conferencias mixtas, planeadas como un medio de informar al Vaticano de la realidad anglicana; deseo de trabajar por la reuni\u00f3n de la Iglesia, con la condici\u00f3n de que se trate de toda la Iglesia, de todos los cristianos, y que la uni\u00f3n no signifique ni absorci\u00f3n mi regreso al redil romano.<\/p>\n<p>Acto segundo: el viaje a Roma. Lord Halifax deb\u00eda darse prisa, ya que extra\u00f1os rumores comenzaban a agitar la Ciudad. La Italia negra, papal, esperaba cada ma\u00f1ana leer en los peri\u00f3dicos el relato de la sumisi\u00f3n a la Santa Sede del arzobispo de Canterbury; los anglicanos que llegaban para abjurar uno por uno comenzaban a hacer sonre\u00edr, los pobres retrasados! A Portal le preocupaban estas divagaciones que s\u00f3lo pod\u00edan perjudicar a la causa y encrespar el contraataque del Se\u00f1or de Westminster: Vaughan estaba en Roma desde el 19 de enero, escoltado por uno de sus mejores consejeros, dom Francis Aidan Gasquet, historiador y futuro cardenal. Portal no dudaba de que los dos se dedicaban a convencer a Le\u00f3n XIII de la inutilidad de los sue\u00f1os unionistas; pero Halifax, a quien daba miedo la idea de un viaje ad limina, no parec\u00eda tener muchas prisas en partir, y el lazarista debi\u00f3 llamar a Duchesne en auxilio. El abate acudi\u00f3 con un corto serm\u00f3n alarmista. Venga, ya no hab\u00eda que esperar m\u00e1s; Halifax lleg\u00f3 el 12 de marzo, acompa\u00f1ado de su amigo Birkbeck, el especialista en las cuestiones ortodoxas de la E.C.U.<\/p>\n<p>No pas\u00f3 desapercibido, Las ordenaciones anglicanas se convirtieron en el tema de moda, y en las antec\u00e1maras no se trat\u00f3 de otra cosa que de negociaciones y de acuerdos : algunos aseguraron que, para acelerar el regreso de los extraviados, Le\u00f3n XIII hab\u00eda renunciado al dogma de la Inmaculada Concepci\u00f3n&#8230; Halifax no ocult\u00f3 a Rampolla que todo aquel ruido hac\u00eda dif\u00edcil su posici\u00f3n.<\/p>\n<p>Ya en la C\u00e1mara de los comunes se dijo que yo hab\u00eda ido a Roma con sombrero en mano. Estas formas de ataques [&#8230;] son peligrosas, sobre todo en Inglaterra, donde el orgullo nacional no aguanta queun individuo parezca rebajar al pueblo o a la Iglesia de este pa\u00eds..<\/p>\n<p>Experto en humores halifaxianos, Portal corri\u00f3 al rescate. A \u00faltimos de marzo, dej\u00f3 su clase de moral al Se\u00f1or M\u00e9out (ya era una costumbre) y fue a establecerse en la casa de los lazaristas romanos, v\u00eda de la Croce. Las iglesias, las ruinas, los monumentos de la Villa vieron pasar a un extra\u00f1o tr\u00edo, Portal, Halifax y Vaughan, un Vaughan atento, quien se revel\u00f3 como \u00abel mejor y m\u00e1s interesante de los cicerones\u00bb. Hubo escaramuzas con dom Gasquet, concili\u00e1bulos con von H\u00fcgel, y los oficios de Semana santa, por donde Halifax pase\u00f3 su larga silueta austera y decorativa; hubo, entre los dos amigos entregados uno a otro, \u00abdeliciosas charlas\u00bb en el Pincio y en S. Pietro en Montorio, refugios favoritos de Portal. Hubo sobre todo la audiencia privada del 21 de marzo en la que Halifax sugiri\u00f3 al papa que no hiciese nada antes de 1897, cuando los obispos de la comuni\u00f3n anglicana, reunidos en Lambeth, celebrar\u00edan el 13 centenario de la llegada de san Agust\u00edn a Canterbury. Dos a\u00f1os de respiro es cuanto pidi\u00f3. \u00abEs preciso que no se impacienten en Roma. Se necesita tiempo para trabajar las mentes\u00bb. En la segunda audiencia, el 17 de abril, Le\u00f3n XIII bendijo a Halifax y a Portal varias veces, y les dijo \u00abque tuviesen valor, que no se inquietaran por las dificultades, que perseveraran en la tarea\u00bb. Los dos amigos se fueron de Roma sin estar muy seguros de que se les conced\u00eda el plazo que necesitaban para \u00abdomesticar \u00bb la opini\u00f3n, como ellos dec\u00edan. Su inseguridad dur\u00f3 bien poco. Todav\u00eda se hallaban en el camino de regreso cuando se enteraron de la publicaci\u00f3n de una enc\u00edclica dirigida \u00aba los Ingleses que buscan el reino de Cristo en la unidad de la fe\u00bb. Por segunda vez, los hab\u00eda sorprendido y sobrepasado la impaciencia pontificia.<\/p>\n<h3><b>La carta \u00abAd Anglos<\/b>\u00ab<\/h3>\n<p>Portal, en Cahors, y Halifax, en Londres, conocieron el documento con la misma perplejidad. No s\u00f3lo no habla el papa en \u00e9l de la cuesti\u00f3n que agitaba las mentes, la validez de las ordenaciones anglicanas, sino que en ninguna parte menciona a la Iglesia de Inglaterra. La Primera parte de la carta Ad Anglos es un testimonio \u00abde vivo afecto\u00bb, un elogio detallado de las virtudes y de las obras de la \u00abilustre naci\u00f3n inglesa\u00bb, y una exhortaci\u00f3n a rogar para que \u00abuna medida m\u00e1s abundante de la gracia de Dios\u00bb se difundo sobre un reino tan bien dispuesto ya. Si nos atenemos a esto, parece que la condena de la A.P.U.C. pertenezca ya un pasado cumplido, y que el paso efectuado por Portal en Roma en setiembre de 1894 acabe por fin de dar sus frutos. Para realizar la unidad contra la \u00abinvasi\u00f3n de los errores modernos\u00bb, Le\u00f3n XIII recurre a la oraci\u00f3n de los buenos protestantes; el peligro es tal, la amenaza tan acuciante, que concede valor a la oraci\u00f3n her\u00e9tica y la cree capaz de tocar la misericordia divina. El otro es reconocido, hasta el punto que se ha llegado a preguntar si Ad Anglos no marcaba una ruptura en el discurso pontificio. De hecho, \u00e9ste es intransigente: se trata de unirse contra los errores denunciados de una vez para siempre en el Syllabus, de alinear a los acatholici en un frente de batalla planeado por magisterio romano, de llevarlos suavemente, enrol\u00e1ndolos para el buen combate, a reconocer \u00abla verdad en toda su plenitud\u00bb. Le\u00f3n XIII los llama en ayuda, porque cree que eso los ayudar\u00e1 a hacerse cat\u00f3licos. Y si \u00e9l valora su oraci\u00f3n, no le concede el mismo valor que a la de los cat\u00f3licos, no se dirige indistintamente a todos los cristianos de Inglaterra, no los confunde en una misma llamada, no los invita a mezclar sus s\u00faplicas; establece una distinci\u00f3n, una jerarqu\u00eda entre la oraci\u00f3n romana y la oraci\u00f3n protestante.<\/p>\n<p>Ad Anglos es un documento curioso, compuesto. Despu\u00e9s de pedir a los acatholici que se dirijan al \u00abSoberano Padre celestial\u00bb, Le\u00f3n XIII comienza una segunda carta, una carta a los cat\u00f3licos ingleses, de tal forma diferente en tono y objeto que Lord Halifax crey\u00f3 \u2013equivocadamente- que deb\u00eda publicarse por separado, y que el cardenal Vaughan se hab\u00eda encargado de unirla a la primera. El papa invita a sus fieles a enrolarse en una cruzada de oraci\u00f3n muy cl\u00e1sica, parecida a la que \u00e9l mismo hab\u00eda aprobado cincuenta y un a\u00f1os antes, cuando se hab\u00eda encontrado con Ignace Spencer en Bruselas. En resumidas cuentas, la novedad de Ad Anglos reside esencialmente en la forma: un tono sereno, acentos generosos, apreciaciones caritativas, nada de recriminaciones ni de anatemas, una evocaci\u00f3n muy neutral de los acontecimiento s del siglo XVI y, sobre todo, ninguna llamada directa a la sumisi\u00f3n o incluso al regreso.<\/p>\n<p>A pesar de tanto irenismo, Halifax tuvo cierto miedo de que una carta a los Ingleses que recomendaba el ejercicio del rosario acompa\u00f1ado de una oraci\u00f3n indulgenciada fuera recibida por la mayor parte de la opini\u00f3n como una provocaci\u00f3n. Sus temores fueron vanos, el estilo lo venci\u00f3 todo, y Halifax verific\u00f3 una de sus m\u00e1ximas favoritas: \u00abPara la mayor parte de nuestra gente, es el modo de decir el que importa m\u00e1s que lo que se dice\u00bb. Todos los peri\u00f3dicos, todas las revistas que hablaron de la carta reconocieron la novedad del tono y siguieron el ejemplo de Le\u00f3n XIII; hasta las publicaciones de la Low Church m\u00e1s militantes renunciaron al vocabulario injurioso o simplemente pol\u00e9mico. No s\u00f3lo Ad Anglos no suscit\u00f3 ning\u00fan movimiento de antipapismo, sino que muchos art\u00edculos y comentarios expresan una decepci\u00f3n; y si hay decepci\u00f3n es que hab\u00eda espera, una espera unida a la personalidad de Le\u00f3n XIII: se esperaba de \u00e9l mejor que la ruptura de un silencio secular, se esperaba que Roma reconociera la validez de las ordenaciones anglicanas o mejor, como dec\u00edan los peri\u00f3dicos, el \u00abvalor de nuestras \u00f3rdenes inglesas\u00bb.<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n menos favorable lleg\u00f3 del cardenal Vaughan, quien public\u00f3 en el Times un editorial an\u00f3nimo (siguiendo la costumbre de la prensa brit\u00e1nica): ci\u00f1\u00e9ndose a proponer oraciones, Le\u00f3n XIII hab\u00eda significado que la uni\u00f3n no era m\u00e1s que un sue\u00f1o. Durante un mes, Halifax se pregunt\u00f3 si el cardenal era \u00absolamente est\u00fapido\u00bb y se movi\u00f3 hacia tesis portalianas: \u00abEs preciso pasar sobre todos estos cat\u00f3licos ingleses\u00bb. Luego los dos gentilhombres comieron juntos en casa del duque de Norfolk, se acomodaron, y las cosas volvieron a su curso habitual. \u00abNuestro cardenal no muestra m\u00e1s inteligencia, pero me gusta\u00bb. Por fin, sin ofrecer otra cosa que oraciones, Ad Anglos cre\u00f3 un clima m\u00e1s propicio, aunque no fuese m\u00e1s que atraer la atenci\u00f3n. La cuesti\u00f3n de la union ocupa todas las mentes. Y como la indiferencia es lo que m\u00e1s hemos de temer, ya es mucho\u00bb. Persuadido Portal de que Ad Anglos preparaba Ad Anglicanos, Halifax se lanz\u00f3 inmediatamente a una nueva campa\u00f1a para arponear su ballena blanca que dicho de otra manera ser\u00eda lograr que la comuni\u00f3n anglicana responda al obispo de Roma. \u00abSon las 2 de la ma\u00f1ana y no he tenido un momento de reposo durante toda la semana. Escribo. Veo a gente, hago discursos de la ma\u00f1ana a la noche\u00bb. Se encontr\u00f3 con la misma dificultad que en 1894 o si: el arzobispo de Canterbury no hab\u00eda querido responder a una carta secreta de Rampolla a Dalbus; ahora, no quer\u00eda responder a una carta abierta de Le\u00f3n XIII al mundo entero.<\/p>\n<h3><b>Apelaci\u00f3n a Le\u00f3n XIV<\/b><\/h3>\n<p>El Dr MacLagan, arzobispo de York, se mostr\u00f3 menos formalista y supo crear el suceso cuando abri\u00f3, en la catedral de Norwich, el 8 de noviembre de 1895, el congreso anual de la Iglesia de Inglaterra. Por primera vez desde la Reforma, un primado anglicano sugiri\u00f3 solemnemente que una llamada del papa no deb\u00eda quedar sin respuesta. Despu\u00e9s de resumir su concepto de la unidad en una f\u00f3rmula que se hizo c\u00e9lebre (\u00abCuando suene la hora de la reconciliaci\u00f3n entre Roma e Inglaterra, no seremos nosotros quienes iremos a ella ni ella a nosotros, sino que seremos ella y nosotros quienes iremos a Dios\u00bb), MacLagan sio algunos consejos a quienes quer\u00edan hacer algo, aqu\u00ed y ahora. Lo m\u00e1s importante, dijo, es estar persuadidos de que tambi\u00e9n nosotros podr\u00edamos muy bien no estar completamente sin defecto [&#8230;]. Despu\u00e9s de todo, los que tuvieron la iniciativa de la Reforma y la hicieron triunfar no eran infalibles, y, en medio de las luchas y de los tormentos del siglo XVI, es posible que alguna vez hayan cometido errores y rechazado tal vez con excesivo apresuramiento a una parte del precioso cargamento de la barca.<\/p>\n<p>Las b\u00f3vedas de la catedral segu\u00edan en pie, y York apel\u00f3 sino a Le\u00f3n XIII al menos a Le\u00f3n XIV:<\/p>\n<p>Un papa eminente del siglo pasado declar\u00f3 que sus predecesores en el trono pontificio eran responsables de la p\u00e9rdida de Inglaterra. Nosotros podemos esperar con raz\u00f3n que llegar\u00e1 el d\u00eda en que otro papa tenga la gloria y el honor de reconciliar a estas dos grandes ramas de la Iglesia cat\u00f3lica!<\/p>\n<p>No se pelearon a la salida. Dos d\u00edas despu\u00e9s, tras un discurso de Lord Halifax, el de\u00e1n de Norwich se despach\u00f3 bien contra esos \u00ablaicos que se met\u00edan en lo que no les importaba\u00bb, y por un momento se crey\u00f3 en una sesi\u00f3n nocturna del Parlamento. Pero en general Halifax tuvo la sensaci\u00f3n de haber progresado. Ahora hab\u00eda que presentar la prueba de que el lenguaje nuevo de Ad Anglos era compartido por un n\u00famero creciente de cat\u00f3licos, si no de Inglaterra, al menos del continente. En eso trabajaba Portal hac\u00eda unas semanas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: La intervenci\u00f3n romana Un enigma: la impaciencia de Le\u00f3n XIII De regreso a Cahors el 24 de agosto, el Se\u00f1or Profesor de teolog\u00eda moral volvi\u00f3 a los deberes que exig\u00eda su estado. 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