{"id":127062,"date":"2024-08-03T08:30:54","date_gmt":"2024-08-03T06:30:54","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127062"},"modified":"2023-08-19T22:53:51","modified_gmt":"2023-08-19T20:53:51","slug":"ante-la-infancia-abandonada-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/ante-la-infancia-abandonada-ii\/","title":{"rendered":"Ante la infancia abandonada (II)"},"content":{"rendered":"<h3><i>Madre tambi\u00e9n<\/i><\/h3>\n<p>La preparaci\u00f3n providencial comenzaba en la infancia y juventud de Luisa, se prosigui\u00f3 en su vida de esposa cris\u00adtiana. Casada el cinco de febrero de 1613, conoci\u00f3 la alegr\u00eda de la maternidad el 18 de octubre al dar a luz un hijo, Miguel Antonio, al que trata de formar y educar para Dios, pero a quien Dios le har\u00e1 seguir un camino que acarrea al coraz\u00f3n de su madre, que lo ama tiernamente \u2014con demasiada ter\u00adnura tal vez\u2014 m\u00e1s espinas que rosas. Su director insistir\u00e1 sin cesar en \u00abestas ternuras maternales que encuentra exce\u00adsivas\u00bb de las que ella a\u00fan no ha prescindido. \u00c9l le escribir\u00e1:<i><\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>\u00abUsted tiene m\u00e1s ternura casi que todas las madres que co\u00ad<\/i><i>nozco&#8230; jam\u00e1s he visto una madre tan enormemente madre <\/i><i>como usted. Usted no es tan mujer en otras cosas. En el nombre de Dios, dejad a vuestro hijo a los cuidados de su Padre celeste <\/i><i>que lo ama m\u00e1s que usted; o por lo menos deje de preocuparse<\/i>.<\/p>\n<p>Luisa comprendi\u00f3 la lecci\u00f3n. El amor que la naturaleza hab\u00eda engendrado en su coraz\u00f3n de madre, en medio de te\u00admores y penas, de angustias y de consuelos por su hijo Mi\u00adguel durar\u00e1 tanto como su vida; pero ser\u00e1 en adelante un amor que, elev\u00e1ndose y sobrepasando la naturaleza, se de\u00adrramar\u00e1 sobre todos los pobres de Jesucristo, para socorrer\u00adlos tanto en su alma como en su cuerpo.<\/p>\n<h3><i>Maternidad espiritual<\/i><\/h3>\n<p>En 1663, Luisa conoci\u00f3 otro tipo de maternidad, total\u00admente espiritual&#8230; En su casa de Saint-Nicol\u00e1s-du-Char\u00addonnet donde se hab\u00edan reunido algunas j\u00f3venes de pueblo, alumbraba con dolor, ley com\u00fan a todo nacimiento, natural u sobrenatural, esta nueva asociaci\u00f3n que se dedicar\u00eda al servicio de los pobres. \u00abCu\u00e1nto debi\u00f3 experimentar&#8230; el amor del sacrificio, la ternura maternal que no ten\u00eda nada de terrena sino que se alimentaba en el propio coraz\u00f3n de Cristo, en el seno de Dios que es la caridad misma\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber pedido a la se\u00f1orita Le Gras que in\u00adfundiera el esp\u00edritu y la vida de las \u00absiervas de los pobres\u00bb, a estas buenas campesinas y les ense\u00f1ara a superar la beneficencia del siglo por la caridad de Cristo, san Vicente, cinco arios m\u00e1s tarde, confiaba a su coraz\u00f3n maternal los ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p>Gracias a su cooperaci\u00f3n, una nueva obra, cuyos bene\u00adficios no se han agotado en tres siglos, iba a surgir en la ciu\u00addad de Par\u00eds, a donde todas las miserias del siglo vendr\u00edan para encontrar su contrapeso en la caridad de Vicente y de Luisa. Propiamente hablando, ellos no innovaron nada en esto; tomaron una obra embrionaria y con su sentido de la organizaci\u00f3n la transformaron en la obra nacional de la salvaci\u00f3n de la infancia.<\/p>\n<h3><i>A pie de obra para socorrer a los ni\u00f1os abandonados<\/i><\/h3>\n<p>Desde el comienzo, Luisa previ\u00f3 grandes dificultades, angustiosas perplejidades y sobre todo enormes gastos. A pesar de ello acept\u00f3 hacer un ensayo. Iniciado en su casa, este ensayo era de los m\u00e1s modestos: dos o tres ni\u00f1os sola\u00admente para los que una nodriza \u00abbastar\u00e1 para el tiempo que usted se\u00f1ale, y m\u00e1s\u00bb. Pero Vicente estaba siempre all\u00ed para animarla a \u00abhacer una experiencia m\u00e1s amplia\u00bb. Las damas actuaban tambi\u00e9n&#8230; al azar y en orden disperso. Esto hab\u00eda que corregirlo. Luisa intervino para establecer un m\u00e9todo ordenado; las damas estaban de acuerdo en cuan\u00adto al principio, pero luego disent\u00edan sobre el camino a seguir.<\/p>\n<p>La causa del desorden proven\u00eda sobre todo de los es\u00adfuerzos de la se\u00f1orita Hardy, una de ellas, que quer\u00eda que la compa\u00f1\u00eda de las damas se encargase de la \u00abCuna\u00bb pero sin cambiar de local y siguiendo el orden que all\u00ed estaba establecido. Tenaz en sus ideas, presionaba a Vicente de Pa\u00fal para que reuniese a las damas que la secundaban y hab\u00edan prometido su colaboraci\u00f3n. No compartiendo esta opini\u00f3n, lo conf\u00eda todo a su colaboradora pidi\u00e9ndole consejo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>\u00abOpino, dice, que ser\u00eda preferible abandonar los fondos de <\/i><i>esta casa establecida antes que someterse a dar tantas cuentas e a franquear tantas dificultades, y hacer una fundaci\u00f3n nueva <\/i>y <i>dejar a \u00e9sta como est\u00e1, por lo menos por alg\u00fan tiempo. \u00bfQu\u00e9 <b>le <\/b>parece?\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n de una obra nueva, m\u00e1s libre, m\u00e1s cristiana, pero ciertamente m\u00e1s costosa tambi\u00e9n, le parec\u00eda mejor tambi\u00e9n a Luisa. Pero el buen sacerdote se ve\u00eda en la nece\u00adsidad o de contristar a la se\u00f1orita Hardy o siguiendo el pa\u00adrecer de ella actuar contra su propia idea. Despu\u00e9s de pen\u00adsarlo, se decidi\u00f3 por lo primero con la esperanza de que \u00e9sta estuviera conforme con la prueba que Luisa propon\u00eda \u00abde una nodriza y alguna cabra\u00bb.<\/p>\n<p>Las damas, habiendo palpado en persona la miseria de Ios pobres ni\u00f1os inocentes de la \u00abCuna\u00bb, quer\u00edan favorecer a toda costa la proposici\u00f3n de Luisa. Apoyaron la idea y de\u00adcidieron tornar doce ni\u00f1os, con la intenci\u00f3n de aumentar este n\u00famero seg\u00fan los recursos. Echaron a suerte para ver qui\u00e9nes eran estos primeros \u00abpara honrar a la providencia divina, no sabiendo sus designios con respecto a estas peque\u00f1as criaturas\u00bb.<\/p>\n<h3><i>Un local independiente de \u00abLa Cuna\u00bb<\/i><\/h3>\n<p>Para hospedarlos, alquilaron una peque\u00f1a casa en la puerta de San V\u00edctor en la calle de Boulangers. Las hijas de la caridad se convertir\u00edan, en el mes de febrero de 1638, en las madres adoptivas de los ni\u00f1os abandonados de la capital.<\/p>\n<p>La compa\u00f1\u00eda de las damas de la caridad hab\u00eda indicado la necesidad de que \u00abaquella casa dependiera de la superiora de las hijas de la caridad\u00bb y que ella fuese all\u00ed \u00aba pasar siete u ocho d\u00edas\u00bb con el fin de poner la obra en pie. Vicente de Pa\u00fal, secundando la idea, escribe a Luisa en el momento del traslado:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>\u00abHe ah\u00ed la tarea que os incumbe con respecto al cambio <\/i><i>de los peque\u00f1os ni\u00f1os abandonados y al orden que habr\u00e1 de establecerse en la nueva fundaci\u00f3n\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>De ahora en adelante, Luisa velar\u00e1 por el conjunto y por los detalles de este servicio con la m\u00e1s ingeniosa y cons\u00adtante solicitud.<\/p>\n<h3><i>Las damas tienen la administraci\u00f3n<\/i><\/h3>\n<p>Para la organizaci\u00f3n de la nueva fundaci\u00f3n su primera preocupaci\u00f3n ser\u00e1 redactar una memoria que comunica a Vicente de Pa\u00fal. Este la examinar\u00e1 \u00aben dos asambleas con los oficiales del hospital\u00bb y la condensar\u00e1 en seguida en forma de reglamento. Las damas se reservar\u00e1n solamente el dere\u00adcho de subvencionar la conservaci\u00f3n de la fundaci\u00f3n y de ocuparse de la administraci\u00f3n temporal. De Luisa deber\u00e1 depender: la direcci\u00f3n de las hermanas, de las nodrizas y de los ni\u00f1os abandonados que aumentar\u00e1n.<\/p>\n<p>Definir la direcci\u00f3n precisa de la se\u00f1orita Le Gras en el gobierno de la obra era muy necesario porque desde el prin\u00adcipio tuvo dificultades con la encargada de la casa, sor PeIletier. Mujer de una gran independencia de esp\u00edritu, hubiera hecho mejor con no haber entrado nunca en comunidad, en la que adem\u00e1s permanecer\u00e1 poco tiempo.<\/p>\n<p>Instalada en 1636, en el hospital, en que Vicente de Pa\u00fal sent\u00eda la \u00abnecesidad de una persona de consideraci\u00f3n&#8230; tanto por las coyunturas que all\u00ed surg\u00edan para los ni\u00f1os, como para recibir a las damas\u00bb ella hab\u00eda tenido ya experiencia con los ni\u00f1os abandonados, que se llevaba al hospital antes de enviarlos a la \u00abCuna\u00bb. \u00bfPor esta experiencia fue por lo que fue nombrada directora en la calle Boulangers o fue quiz\u00e1 por la generosa ayuda prestada a la obra por uno de sus parientes? Los documentos no nos aclaran nada sobre esto.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere, una vez instalada en la nueva mansi\u00f3n, <b>sor <\/b>Pelletier no quiso atenerse ni al reglamento ni a la vida de comunidad. Adem\u00e1s, tener que dar cuenta a la se\u00f1orita Le Gras \u00abcada ocho o cada quince d\u00edas a lo m\u00e1s\u00bb de lo que ocurr\u00eda en la casa no le gustaba nada. Por el contrario se entrega a maniobras ante las autoridades eclesi\u00e1sticas y ju\u00addiciales bien sea contra san Vicente, bien contra las damas de la caridad, a fin de atribuirse a ella sola la administra\u00adci\u00f3n y los recursos de la obra. Luisa que cuenta sus gestiones a Vicente de Pa\u00fal, confiesa que conf\u00eda \u00aben que Dios sabr\u00e1 sacar motivos de su gloria de este enojoso trance\u00bb.<\/p>\n<h3><i>Despu\u00e9s, las hermanas<\/i><\/h3>\n<p>Lleg\u00f3 un d\u00eda, en efecto, en que Vicente tuvo la alegr\u00eda de enviar \u00ablos papeles\u00bb relativos a la fundaci\u00f3n a la superiora, as\u00ed corno las llaves de la casa. Todo se arregl\u00f3 cordialmente a juzgar por el hecho de que Luisa confiaba, en el mes de septiembre de 1638, la responsabilidad de la casa madre a sor Pelletier por el tiempo de su ausencia de Par\u00eds.<\/p>\n<p>A fin de dar el primer impulso a la obra, asegurarse del buen orden y regular los gastos, Luisa hab\u00eda pasado las pri\u00admeras jornadas en medio de sus hijas en la peque\u00f1a casa de la calle Boulangers. Sin duda es, durante esta estancia, cuando ella traz\u00f3 el presupuesto de gastos que contiene minuciosos detalles sobre la obra naciente: el alquiler de la casa asciende a 300 libras; el sueldo de las nodrizas, en n\u00famero de cuatro, es fijado en ocho escudos; les son asignadas tres sueldos de pan, mientras que a la directora y a las tres hijas de la ca\u00adridad les son asignadas solamente dos sueldos&#8230; El es\u00adp\u00edritu de orden y de previsi\u00f3n de Luisa se manifiesta en los detalles que hemos dado, ese mismo esp\u00edritu que se mani\u00adfestar\u00e1 tantas veces en lo que sigue.<\/p>\n<h3><i>Alerta: el local es requisado<\/i><\/h3>\n<p>Desde la marcha de Luisa se presentaron dificultades de uno u otro g\u00e9nero. Esta vez fue por parte de la casa, de la que la autoridad militar requisaba ciertas piezas para aloja\u00admiento de soldados. Madre cuidadosa por salvaguardar la pureza de sus hijos y de evitar cualquier esc\u00e1ndalo, escribe u Vicente de Pa\u00fal para que recurra a la se\u00f1ora del canciller \u00abhasta que vuestra caridad obtenga sobre esto una prohibi\u00adci\u00f3n de la reina\u00bb. La esposa del canciller no pudo hacer liada sin embargo y el santo tuvo que dirigirse a la duquesa de Aiguillon; mientras espera una respuesta favorable, \u00e9l cree que es esencial que su colaboradora regrese \u00aba pasar algunos d\u00edas en la casa de los ni\u00f1os abandonados\u00bb.<\/p>\n<p>Fue un consuelo para Luisa encontrarse de nuevo entre los peque\u00f1os inocentes a quienes estaba muy fuertemente li\u00adgada. Lo que le entristec\u00eda era no poder adoptar un n\u00famero mayor. A pesar de las simpat\u00edas que la obra suscitaba s\u00f3lo progresaba lentamente. La carga de la empresa parec\u00eda a veces superior a las fuerzas de las damas; no hab\u00eda m\u00e1s que mil doscientas o mil cuatrocientas libras al a\u00f1o de renta asegurada, los ni\u00f1os eran siempre doce, las damas reemplaza- han fielmente \u00ablas plazas vac\u00edas\u00bb y la mortalidad de los ni\u00f1os era a\u00fan muy grande. Luisa se aflig\u00eda y Vicente compar\u00adt\u00eda sus inquietudes.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>\u00abPuede haber algo de lo que usted dice, le escribe \u00e9l&#8230; ha\u00adbr\u00eda que pensar seriamente lo que es necesario hacer\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>Se propone una asamblea de damas en la que el santo quiere ver su colaboraci\u00f3n presente. A pesar de las difi\u00adcultades de la obra comprenden los dos que hab\u00eda llegado el momento de dar un paso adelante. La asamblea general de las damas a principios del a\u00f1o 1640 deb\u00eda realizar al fin el de\u00adseo de los dos santos.<\/p>\n<h3><i>1640: Extensi\u00f3n de la obra: se admitir\u00e1 a todos los ni\u00f1os abandonados<\/i><\/h3>\n<p>El mismo Vicente se encarg\u00f3 de comunicar la buena nue\u00adva a Luisa que se hallaba fuera de Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><i>\u00ab\u00a1Oh! qu\u00e9 necesaria es la presencia de usted aqu\u00ed&#8230; La <\/i><i>asamblea general de las damas del hospital se hizo el jueves <\/i><i>pasado. La se\u00f1ora princesa y la se\u00f1ora duquesa de Aiguillon <\/i><i>la honraron con su presencia. Nunca hab\u00eda visto a la compa\u00f1\u00eda tan grande y tan modesta a la vez. Se ha tomado como <\/i>reso\u00adluci\u00f3n aceptar a todos los ni\u00f1os abandonados. <i>Puede estar <\/i><i>segura, se\u00f1orita, de que all\u00ed no fue usted olvidada\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>Fue preciso, sin embargo, esperar hasta el treinta de mar\u00adzo de 1640, para realizar el comienzo de la ejecuci\u00f3n de esta enorme empresa. Tampoco la peque\u00f1a casa de la calle Boulangers puede acoger a estos pobres ni\u00f1os cuyo n\u00famero au\u00admentaba continuamente. Luisa aloja a una parte en la casa madre de las hijas de la caridad en La Chapelle, cerca de Par\u00eds; hace traer a los ni\u00f1os que la directora de \u00abla Cuna\u00bb.<\/p>\n<h3><i>Alojamiento hogare\u00f1o<\/i><\/h3>\n<p>El fin que persegu\u00eda era instalar, cada vez que los recur\u00adsos lo permit\u00edan, a tantos ni\u00f1os como fuera posible con una nodriza en el campo. Es verdad que hab\u00eda establecido no\u00addrizas sedentarias en la casa de la hermanas pero s\u00f3lo como medida provisional, para asegurar la lactancia inmediata de los abandonados. Debido a su peque\u00f1o n\u00famero, era preciso recurrir a veces a la lactancia artificial. Luisa prefer\u00eda esta medida a confiarlos a una mujer que no ofrec\u00eda todas las garant\u00edas requeridas.<\/p>\n<h3><i>En Par\u00eds primero<\/i><\/h3>\n<p>La penuria de nodrizas de provincias hac\u00eda que la insta\u00adlaci\u00f3n de los ni\u00f1os resultase muy dif\u00edcil. Ya, en el a\u00f1o 1638, no habiendo podido encontrarlas, Luisa se hab\u00eda visto obli\u00adgada a aceptar a la que le ofrec\u00edan del hospital. Muchas veces en los a\u00f1os siguientes se ver\u00e1 forzada a tomar a otras de la capital incluso, porque la penuria se hac\u00eda sentir cada vez m\u00e1s a medida que el n\u00famero de ni\u00f1os aumentaba. Sus preferencias, sin embargo, eran para las nodrizas del campo.<\/p>\n<h3><i>En provincias despu\u00e9s<\/i><\/h3>\n<p>El 30 de marzo de 1640, colocaba en el campo los cuatro primeros de su gran familia de ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p>Los caminos eran malos; el viaje deb\u00eda hacerse por barco de pasajeros sirgado por caballos o en coches malos; los fr\u00edos del invierno o los trabajos de las cosechas imped\u00edan a menudo reunir a las mujeres del campo; se les pagaba poco. Pero Luisa no iba a dejarse vencer por los obst\u00e1culos que reten\u00edan a las nodrizas en provincia.<\/p>\n<p>Cu\u00e1ntas circunstancias va a tener en cuenta en la elecci\u00f3n que de ellas hace. Despu\u00e9s de la elecci\u00f3n toma muchas pre\u00adcauciones con respecto a las nodrizas ya sea sobre la rela\u00adci\u00f3n de la calidad de su leche, ya sea sobre la de su mora\u00adlidad. Su caridad previsora mira por el porvenir de sus hijos adoptivos, a ese porvenir que depender\u00e1 de los cuidados que reciban en casa de las nodrizas; es all\u00ed donde se desarrollar\u00e1n sus cuerpos, su esp\u00edritu y sus costumbres.<\/p>\n<p>No le parec\u00eda suficiente arrancar al ni\u00f1o de la muerte o incluso velar por su desarrollo f\u00edsico; era preciso adem\u00e1s darles una buena educaci\u00f3n intelectual y moral, conver\u00adtirlo en un ciudadano \u00fatil a s\u00ed mismo y a la sociedad. Insist\u00eda sobre la obligaci\u00f3n de velar por la moral de los ni\u00f1os. Para ello ejercer\u00e1 en persona una vigilancia atenta sobre las no\u00addrizas que se presentan.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Madre tambi\u00e9n La preparaci\u00f3n providencial comenzaba en la infancia y juventud de Luisa, se prosigui\u00f3 en su vida de esposa cris\u00adtiana. 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Este voto de\u2026","rel":"","context":"En \u00abLuisa de Marillac\u00bb","block_context":{"text":"Luisa de Marillac","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/luisa-de-marillac\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/n-1.jpg?fit=823%2C564&ssl=1&resize=700%2C400 2x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/127062","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=127062"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/127062\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":405376,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/127062\/revisions\/405376"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/404918"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=127062"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=127062"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=127062"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}