{"id":127035,"date":"2024-01-23T08:32:11","date_gmt":"2024-01-23T07:32:11","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127035"},"modified":"2023-08-19T22:29:11","modified_gmt":"2023-08-19T20:29:11","slug":"afianzar-la-compania","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/afianzar-la-compania\/","title":{"rendered":"Afianzar la Compa\u00f1\u00eda"},"content":{"rendered":"<h2><i>Los votos<\/i><\/h2>\n<p>Durante el verano de 1640, mientras Luisa organizaba las comunidades de Angers y de los ni\u00f1os abandonados y se preocupaba de los galeotes, no olvidaba avanzar en las es\u00adtructuras de la Compa\u00f1\u00eda. Estaba convencida de que las Hijas de la Caridad formaban bastante m\u00e1s que una simple cofrad\u00eda; como ella, pensaba Vicente de Pa\u00fal, el superior, y hab\u00eda que mentalizar tambi\u00e9n a las Hermanas.<\/p>\n<p>Luisa nos cuenta c\u00f3mo a la vuelta de Angers, en julio de 1640, Vicente de Pa\u00fal vol\u00advi\u00f3 a reunir a las Hijas de la Caridad para darles las conferencias que hab\u00eda interrumpi\u00addo hac\u00eda tiempo. Los dias 5 y 19 de julio, midiendo bien las palabras, les dijo que, al vi\u00advir en comunidad, ten\u00edan una entidad parecida a las religiosas y que tambi\u00e9n ellas esta\u00adban en estado de perfecci\u00f3n, les anunci\u00f3 que no s\u00f3lo ten\u00edan Reglamentos sino que ten\u00addr\u00edan tambi\u00e9n Reglas comunes; les repiti\u00f3 que estaban obligadas a hacer lo que el Hijo de Dios hizo en la tierra, como era someter la voluntad por la obediencia y \u00abtrabajar por el pr\u00f3jimo, visitando y curando a los enfermos e instruyendo a los ignorantes para su salvaci\u00f3n\u00bb. Les recalc\u00f3 que eran las primeras mujeres en hacerlo, despu\u00e9s de aquellas que hab\u00edan seguido a Jes\u00fas; hasta no fundarse las Hijas de la Caridad, no se hab\u00eda instituido en la Iglesia ninguna fundaci\u00f3n para este fin. Luisa que lo escribi\u00f3, lo asumi\u00f3 como men\u00adtalidad tambi\u00e9n suya. Con la llegada de Margarita Naseau hac\u00eda 1630, las Hijas de la Ca\u00adridad fueron esas primeras mujeres. Ni Luisa ni las Hijas de la Caridad se escandaliza\u00adron cuando escucharon c\u00f3mo Dios, al fundar la Compa\u00f1\u00eda tuvo un plan igual que cuan\u00addo fund\u00f3 a los capuchinos y a los jesuitas o a cualquier otra congregaci\u00f3n femenina de religiosas.<\/p>\n<p>Llama la atenci\u00f3n que ya el 5 de julio de 1640, San Vicente de Pa\u00fal p\u00fablicamente de\u00adclarase delante de las Hermanas que pensaba introducir los votos en la Compa\u00f1\u00eda. Luisa estaba totalmente de acuerdo, pues al copiarlo, recalca como de paso, pero con toda cla\u00adridad, lo que San Vicente dijo tambi\u00e9n de paso: \u00abaunque por ahora no tengan votos\u00bb. A ella no se le escap\u00f3 este matiz; m\u00e1s, le tuvo que agradar; iba de acuerdo con su sicolo\u00adg\u00eda y su espiritualidad de anonadarse ante Dios y honrarlo con la virtud de la religi\u00f3n. Anteriormente, ya hab\u00eda hecho varios votos y, aunque fueron para aplacar a Dios, supo- que se rebajaba como pecadora y ensalzaba a Dios todopoderoso en un acto de adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quince d\u00edas m\u00e1s tarde, los dos santos prepararon una especie de encerrona a las Hijas de la Caridad. El superior las provoc\u00f3 para que fueran ellas quienes pidieran los votos, y Santa Luisa de Marillac lo escribe para que quede constancia escrita para todas las Hijas de la Caridad que lleguen en el futuro:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 consolado me sent\u00ed [habla San Vicente], mis queridas Hermanas, uno de estos d\u00edas! Es preciso que os haga part\u00edcipes. O\u00eda yo leer la f\u00f3rmula de los votos de los religiosos hospitalarios de Italia, que era en estos t\u00e9rminos: \u00abYo N. hago vo\u00adto y prometo a Dios guardar toda mi vida la pobreza, la castidad y la obediencia y servir a nuestros se\u00f1ores los pobres\u00bb. Ved, hijas m\u00edas, es una cosa muy agradable a nuestro buen Dios honrar as\u00ed a sus miembros, los queridos pobres\u00bb.<\/p>\n<p>El tono de exclamaci\u00f3n y el sentimiento participativo que emple\u00f3 el h\u00e1bil superior, as\u00ed como llevar dispuesta la f\u00f3rmula, nos inducen a creer que todo estaba preparado. No obs\u00adtante, a las Hijas de la Caridad y a la se\u00f1orita Le Gras les ten\u00eda que haber sonado a here\u00adj\u00eda contra los pobres, ya que en el siglo XVII, los votos en una instituci\u00f3n femenina re\u00adconocida por la Iglesia se consideraban p\u00fablicos, y los votos p\u00fablicos implicaban ser re\u00adligiosas y ser religiosas impon\u00eda la clausura y la clausura imped\u00eda servir a los pobres en cualquier lugar y a cualquier hora. Es decir, votos, religiosas, clausura eran la muerte de la Compa\u00f1\u00eda, su destrucci\u00f3n. Pero nadie se escandaliz\u00f3. La respuesta a esta dificultad ya la conoc\u00eda Luisa. Seguramente, Vicente de Pa\u00fal la hab\u00eda preparado a su lado, pues a la respuesta de algunas Hermanas \u00absi en la Compa\u00f1\u00eda no podr\u00eda haber Hermanas admitidas a semejante acto\u00bb, respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abS\u00ed, por cierto, pero con esta diferencia: que los votos de estos buenos religio\u00adsos, al ser solemnes, no pueden ser dispensados ni por el Papa; pero los que voso\u00adtras podr\u00edais hacer, los podr\u00eda dispensar el obispo\u00bb.<\/p>\n<p>Soluci\u00f3n hipot\u00e9tica pero audaz, a pesar de todo. La habilidad exige paciencia y deli\u00adcadeza. A la pregunta, acaso de Luisa, \u00ab\u00bfser\u00eda bueno que las Hermanas los hiciesen en particular seg\u00fan su devoci\u00f3n?\u00bb, San Vicente \u00abrespondi\u00f3 que hab\u00eda que guardarse de eso, pero que si alguna ten\u00eda ese deseo, deber\u00eda hablar con sus superiores y despu\u00e9s quedarse tranquila, ya se lo permitieran o se lo negaran\u00bb. El 25 de marzo de 1642, Luisa, Sor B\u00e1r\u00adbara Angiboust y otras tres Hermanas, seguramente Juana Lepeintre, Enriqueta Gesseau\u00adme e Isabel Gouteux, m\u00e1s conocida como Mme. Turgis, hicieron los votos privados y per\u00adpetuos por primera vez en la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, lleg\u00f3 el silencio al exterior. Tanto Vicente de Pa\u00fal como Luisa de Marillac tomaron precauciones para no causar alboroto en la sociedad ni suspicacia en la jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica. Hasta finales de 1648, Luisa no escribi\u00f3 en sus cartas la palabra <i>voto. <\/i>Cuan\u00addo se lo exig\u00eda la necesidad pon\u00eda sencillamente una V o una W, o los llamaba <i>marcas, <\/i><i>aquello <\/i>que. Ten\u00eda miedo de que, a causa de los votos, las creyeran religiosas y las obli\u00adgaran a encerrarse en la clausura.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, muchas Hijas de la Caridad hicieron los votos, sin que constituyeran una par\u00adte esencial en la naturaleza de la Compa\u00f1\u00eda. Luisa los consideraba como los votos que po\u00add\u00eda hacer una mujer piadosa en su casa. Si hubieran conocido la existencia de los votos muchas personas enteradas de la igualdad que gozaban todas las Hijas de la Caridad se habr\u00edan extra\u00f1ado que hubiera desigualdad con relaci\u00f3n a los votos: No era obligatorio hacer los votos, aunque las Hermanas tend\u00edan a hacerlos como una meta de su espiritua\u00adlidad que las llenaba de alegr\u00eda y de ilusi\u00f3n; ninguna Hermana pod\u00eda hacer los votos sin la autorizaci\u00f3n del superior, Vicente de Pa\u00fal; s\u00f3lo, se permit\u00eda hacer los votos a las Her\u00admanas que llevaban algunos a\u00f1os en la Compa\u00f1\u00eda, viviendo como verdaderas Hijas de la Caridad y dando se\u00f1ales de perseverancia; Vicente de Pa\u00fal dud\u00f3 y tard\u00f3 algunos a\u00f1os en decidirse si las Hijas de la Caridad har\u00edan los votos perpetuos o anuales, pero, eso s\u00ed, siem\u00adpre votos privados.<\/p>\n<p>En vida de Luisa de Marillac, hubo por lo tanto, Hijas de la Caridad sin votos, Hijas de la Caridad que hab\u00edan hecho votos perpetuos y otras que los hab\u00edan hecho anuales. Y todas se consideraban aut\u00e9nticas Hijas de la Caridad.<\/p>\n<h2><i>Portail, Director General<\/i><\/h2>\n<p>Entre 1640 y 1642, mientras las Hijas de la Caridad viv\u00edan el impacto de los votos y de la expansi\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda, Vicente de Pa\u00fal se sent\u00eda impotente para continuar aquel ritmo vertiginoso. Estaba cargado con multitud de trabajos caritativos y sociales. La po\u00adbreza se estacionaba en todas las regiones de Francia, los pobres sal\u00edan de cualquier calle y de las casas m\u00e1s insospechadas. El entramado que hab\u00eda creado para remediarlo lo ocu\u00adpaba todos los d\u00edas: Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (padres pa\u00fales), misiones populares, ejercicios a ordenandos, conferencias de los martes a los sacerdotes, supervisor de las Caridades y Director de la Caridad del Gran Hospital, calamidades de la guerra que llegaban hasta Par\u00eds, director de se\u00f1oras, etc. Era demasiado atender, adem\u00e1s, a la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, de una vitalidad asombrosa y con una estructu\u00adra can\u00f3nica que chocaba con la mentalidad de la Iglesia. Desde finales de 1633, Vicente contemplaba ilusionado la direcci\u00f3n acertada con que Luisa conduc\u00eda la Compa\u00f1\u00eda y a las j\u00f3venes. Confiaba plenamente en su colaboradora y poco a poco se desentend\u00eda del go\u00adbierno inmediato de las Hijas de la Caridad. Al firmar el contrato con el Gran Hospital de Angers la mand\u00f3 que firmara ella como directora. \u00c9l segu\u00eda siendo el Superior General que expon\u00eda las ideas de lo que deb\u00eda ser la Compa\u00f1\u00eda y solucionaba los problemas ca\u00adn\u00f3nicos.<\/p>\n<p>Desde 1640, Vicente ven\u00eda encargando a algunos padres pa\u00fales ciertos trabajos con <i>las <\/i>Hijas de la Caridad, especialmente las Visitas Can\u00f3nicas. De forma m\u00e1s frecuente, se las encomend\u00f3 a los padres Lamberto y Portail. Asimismo, a \u00e9ste, lo llevaba consigo a las reuniones, conferencias y, m\u00e1s tarde, a los consejos de las Hermanas, sustituy\u00e9ndolo en sus ausencias. Y as\u00ed, sin que exista ning\u00fan documento oficial de nombramiento, Portail qued\u00f3 como sustituto o delegado de Vicente de Pa\u00fal ante las Hijas de la Caridad. Es de\u00adcir, fue el primer Director General de la Compa\u00f1\u00eda. Sin que nadie se diese cuenta, naci\u00f3 una figura que enriquece las estructuras de la Compa\u00f1\u00eda y le da una marca peculiar.<\/p>\n<p>El padre Portail era inteligente y amable; cualidades que le hac\u00edan un excelente diplo\u00adm\u00e1tico. Hab\u00eda estudiado en la Sorbona y, disc\u00edpulo espiritual de San Vicente antes de ser su primer compa\u00f1ero en la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, estaba bien preparado para ayudar a las Hijas de la Caridad. Hasta morir, el 14 de febrero de 1660, fue el primer Asistente del superior Vicente, y un fiel colaborador. Siempre que lo nombra San Vicente, lo hace con cari\u00f1o y en t\u00e9rminos elogiosos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda nacido el 22 de noviembre de 1590. Era, por lo tanto, un a\u00f1o mayor que Luisa. Era hombre espiritual, demasiado espiritual acaso, hasta terminar su vida como anacore\u00adta en el huerto de San L\u00e1zaro. Luisa tambi\u00e9n era espiritual, pero pisaba tierra. Todo fa\u00advorec\u00eda para que se entendieran, pero al principio, hacia 1642, no fue as\u00ed. Antonio Portail no era Vicente de Pa\u00fal, ni la se\u00f1orita Le Gras lo conoc\u00eda como conoc\u00eda a su director. Un d\u00eda de 1642, Luisa se enter\u00f3 de que el P. Portail, al pasar por las comunidades, encontra\u00adba Hermanas demasiado cansadas y absorbidas por el trabajo, y el buen padre espiritual les aconsejaba que hicieran los Ejercicios Espirituales. Otras veces, escuchaba a algunas Hermanas el malestar y la angustia que sent\u00edan en su comunidad, y comprensivo director les insinuaba que pidieran un destino.<\/p>\n<p>En tiempos normales, todo esto hubiera sido considerado acertado y Luisa se lo hubie\u00adra agradecido, pero en los comienzos de la Compa\u00f1\u00eda, las Hermanas escaseaban y las obras de los pobres aumentaban. De muchos lugares, ped\u00edan Hijas de la Caridad y tan pronto co\u00admo una Hermana quedaba liberada, se aceptaba la nueva obra. Para Luisa, los pobres no pod\u00edan esperar. Tanto le atormentaba su pobreza que no ten\u00eda ninguna Hermana de repuesto, todas estaban ocupadas. Venirle una compa\u00f1era pidi\u00e9ndole hacer los Ejercicios o cambio de comunidad, significaba romperle el armaz\u00f3n o abandonar a los pobres. Los destinos \u00fani\u00adcamente eran eficaces a su tiempo y los Ejercicios hab\u00eda que hacerlos por turno.<\/p>\n<p>Cuando Luisa se enter\u00f3, se quej\u00f3 al superior Vicente \u00abde que el se\u00f1or [Portail] habla a muchas Hermanas de hacer los Ejercicios al mismo tiempo y a casi todas de los v [otos], y las Hermanas que tienen el esp\u00edritu d\u00e9bil e impaciente no tienen reposo hasta no hacer\u00adlos y posponen para despu\u00e9s hacer el bien. Y a m\u00ed me parece que, como disposici\u00f3n para unos buenos Ejercicios, \u2014despu\u00e9s de haberse disipado un poco, como suele ocurrir a me\u00adnudo\u2014 deber\u00edan dedicarse antes a obrar mejor, y no propon\u00e9rselos m\u00e1s que un poco an\u00adtes de poder hacerlos\u00bb (c.76).<\/p>\n<p>Seguramente, Vicente se sonri\u00f3 sin darle importancia, pues le contest\u00f3 en el mismo papel: \u00abHablar\u00e9 con el se\u00f1or Portail sobre el punto que dijimos ayer y sobre esos Ejerci\u00adcios, y hablaremos a la vuelta, con la ayuda de Dios, de todo esto y usted me indicar\u00e1 to\u00addas las cosas que tenga que decirle\u00bb (II, c.627). Luisa, nerviosa, no debi\u00f3 esperar a que le hablase o no se content\u00f3 con ello, pues le escribi\u00f3 al P. Portail \u00abque podr\u00eda haber algunas circunstancias en que se encontrara impedida o en la imposibilidad de obedecerle\u00bb. Por\u00adtail se asombr\u00f3 de la frase y Luisa se apresur\u00f3 a explic\u00e1rsela: Jam\u00e1s hab\u00eda pensado en des\u00adobedecerle, ya que preferir\u00eda siempre el parecer de \u00e9l a todas las razones de ella, pero \u2014escribe\u2014 \u00abalgunas veces, cuando las Hermanas me dicen que su caridad les ha dicho que pidan hacer los Ejercicios o cambiar de lugar \u2014aunque esta manera de avisarme sea un poco extraordinaria\u2014 sucede que es imposible por no haber persona capaz para ocu\u00adpar su puesto con dignidad y no solamente esto, sino que no hay ninguna\u00bb (c.729).<\/p>\n<p>Se cruzaron varias cartas y Luisa se extra\u00f1\u00f3 que Portail le dijera que hab\u00eda un mal in\u00adcurable ocasionado por la tardanza en acudir en ayuda de las Hermanas en particular. Por\u00adtail se apresur\u00f3 a explicarle la frase: \u00abEl mal que dije incurable no era otro que aquel que las Hermanas tienen por falta de ayuda mutua, y no usted, se\u00f1orita, pues yo le aseguro que pondr\u00eda la mano en el fuego por afirmar que no hay siquiera un pecado venial en la con\u00adducta de usted, ya que es conforme a la santa voluntad de Dios, seg\u00fan los sentimientos que usted ha testimoniado de palabra, por escrito y con obras&#8230; Si he faltado al respeto y a la discreci\u00f3n expres\u00e1ndole mis pensamientos, le pido perd\u00f3n, aunque me parece que lo he he\u00adcho seg\u00fan Dios y para su mayor gloria\u00bb. Y Portail da por terminado el asunto, porque \u00abha\u00adbr\u00eda peligro de que, al final, se podr\u00eda alterar la caridad mutua y rec\u00edproca\u00bb (D 638).<\/p>\n<p>De aqu\u00ed en adelante, Luisa conoci\u00f3 mejor al P. Portail y lo estim\u00f3; se dio cuenta de que era un hombre de Dios, entregado sin reserva a la Compa\u00f1\u00eda, y lo alab\u00f3. Las relacio\u00adnes que siguieron fueron las de dos santos unidos por la amistad y la confianza. Se escri\u00adbieron muchas cartas en las que rezuma un olvido total de aquella peque\u00f1a peripecia que ellos consideraron \u00abuna cruz que Dios se permiti\u00f3 enviarles para probarlos y purificarlos m\u00e1s y m\u00e1s\u00bb. La se\u00f1orita Le Gras le pedir\u00e1 frecuentemente que asista a las Hijas de la Ca\u00adridad y a \u00e9stas que acudan al P. Portail.<\/p>\n<h2><i>En la parroquia de San Lorenzo<\/i><\/h2>\n<p>Desde Par\u00eds, Luisa, menuda y agigantada, supervisaba las obras, dirig\u00eda la Compa\u00f1\u00eda, formaba a las j\u00f3venes reci\u00e9n venidas y hasta hac\u00eda algunas visitas a las Caridades de los pueblos. La casa de La Chapelle se hizo insuficiente para organizar obras tan distintas y de tanta envergadura. La distancia a San L\u00e1zaro, donde viv\u00eda San Vicente, no era mayor inconveniente: apenas un kil\u00f3metro. Pero era casa peque\u00f1a y lejos de la parroquia para que pudieran frecuentarla unas mujeres piadosas; adem\u00e1s, era casa alquilada: no pod\u00edan ni agrandarla ni acomodarla a las nuevas necesidades.<\/p>\n<p>El 4 de febrero, Luisa estaba en Angers y all\u00ed recibi\u00f3 una carta de Vicente de Pa\u00fal en la que le propon\u00eda llevar la Casa central al pueblo cercano de La Villette, donde el p\u00e1rro\u00adco les ced\u00eda una casa cerca de la parroquia. La idea no se realiz\u00f3. Las Damas de la Cari\u00addad, que consideraban a las Hijas de la Caridad como algo suyo, recordaron que la se\u00f1o\u00adra Goussault hab\u00eda dejado una suma de dinero para comprar casa a las Hijas de la Cari\u00addad, e implicaron a la se\u00f1ora de Lamoignon y a la duquesa de Aiguillon. En octubre, Lui\u00adsa se encontr\u00f3 con dos propuestas: o bien comprar la casa de La Chapelle, donde ya vi\u00adv\u00edan, o bien buscar otra casa, igualmente, en La Chapelle. Sin saber por qu\u00e9, siempre en\u00adcontraba algunas dificultades que imped\u00edan el cambio. Busc\u00f3 de nuevo en La Villette, m\u00e1s lejos de San L\u00e1zaro que La Chapelle, y tambi\u00e9n en el arrabal de Saint-Martin, cerca de Vicente de Pa\u00fal, pero no logr\u00f3 nada.<\/p>\n<p>En febrero de 1641, vistas las dificultades, Vicente urgi\u00f3 a Luisa a que buscase una vi\u00advienda apropiada cerca de San L\u00e1zaro, aunque fuese alquilada. Y Luisa la alquil\u00f3 en la pa\u00adrroquia de San Lorenzo. A las pocas semanas de instalarse en el nuevo barrio, busc\u00f3 a los po\u00adbres y los encontr\u00f3 por todas partes. En una mirada r\u00e1pida, descubri\u00f3 que la necesidad m\u00e1s urgente era ense\u00f1ar a las ni\u00f1as pobres a leer y a escribir, cuentas y el catecismo. Sab\u00eda el ofi\u00adcio de ense\u00f1ar. Diez a\u00f1os antes, hab\u00eda ejercido de maestra por los pueblos, cuando visitaba las Caridades, y de nuevo se le presentaron las razones ineludibles para instalar una escuela. Pidi\u00f3 la autorizaci\u00f3n al Chantre de N\u00f3tre-Dame, la catedral, y el 29 de mayo de 1641, cre\u00f3 su escuela en el t\u00e9rmino de la parroquia de San Lorenzo, en el arrabal de Saint-Denis (c.48).<\/p>\n<p>La casa alquilada la content\u00f3 pero no la satisfizo del todo: necesitaban casa propia. Por fin, encontraron dos casitas que le agradaron, situadas enfrente de San L\u00e1zaro. El 6 de sep\u00adtiembre, firmaron ante notario un contrato por el que el se\u00f1or Maretz y su esposa vend\u00edan a los padres pa\u00fales dos casitas colindantes, con patio, cochera, huerto y pozo. El precio fue de 12.000 libras, pero viejas y destartaladas como estaban, hubo que gastar otras 5.000 libras en reparaciones. Mientras duraron los arreglos, una parte de la comunidad continu\u00f3 en La Chapelle, ya que el alquiler estaba pagado hasta el primero de enero de 1642.<\/p>\n<p>Las compraron los PP. Pa\u00fales porque las Hijas de la Caridad no ten\u00edan personalidad jur\u00eddica para com\u00adprar. El 1 de enero de 1653, cuando la Compa\u00f1\u00eda estaba aprobada, Vicente se la vendi\u00f3 sac\u00e1ndola a p\u00fablica li\u00adcitaci\u00f3n seg\u00fan las leyes. Luisa puj\u00f3 hasta 17.650 libras [12.000 de su valor m\u00e1s 5.000 de arreglos] (SV. X, n\u00b0 219; Arch. Nat. S. 6608).<\/p>\n<p>Las dos casitas estuvieron en obras continuamente. A los ocho meses, el 7 de junio de 1642, v\u00edspera de Pentecost\u00e9s, se rompi\u00f3 una viga, hundi\u00e9ndose toda una sala. Vicente de Pa\u00fal se lo contaba a las Hermanas entre emocionado y asombrado:<\/p>\n<p>\u00abEs maravilloso que se haya roto una viga en un lugar como \u00e9ste y que no haya ca\u00eddo nadie debajo de ella. La se\u00f1orita Le Gras estaba all\u00ed; una Hermana la oy\u00f3 crujir [una viga] y le dijo que no estaba all\u00ed muy segura. No hizo caso. Se lo repiti\u00f3 otra Hermana mayor. Tuvo consideraci\u00f3n a su edad y se retir\u00f3. Apenas se hab\u00eda re\u00adtirado a la habitaci\u00f3n de al lado \u2014fijaos, Hermanas, no hay m\u00e1s que tres pasos\u2014 cuando la viga se rompi\u00f3 y cay\u00f3 el piso.<\/p>\n<p>Ved si acaso no se hizo esto con una intervenci\u00f3n especial de Dios. Aquella misma tarde yo ten\u00eda que estar aqu\u00ed; ten\u00edamos que reunirnos para algunos asuntos importantes. En medio del ruido que hay en una reuni\u00f3n, nadie se hubiera dado cuenta de que esta viga cruj\u00eda&#8230; y todos nos hubi\u00e9semos visto aplastados en aquel sitio; y Dios hizo que surgiese otro asunto que me detuvo y que impidi\u00f3 acudir all\u00e1 a todas las Damas\u00bb (Conf. 13 febrero 1646).<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n fue tremenda \u00bfQu\u00e9 hubiera supuesto si mueren Vicente de Pa\u00fal, Luisa de Marillac y algunas de las Damas de la nobleza? Sin duda, ser\u00eda una fecha recordada en la historia de Francia. Es f\u00e1cil suponer que tanto Vicente como Luisa pensaron que la Con\u00adgregaci\u00f3n y la Compa\u00f1\u00eda se salvaron por un asunto que hoy no conocemos. Si no hubie\u00adran desaparecido por una muerte anticipada de los fundadores, f\u00e1cil que las hubiera su\u00adprimido el gobierno de Luis XIII-Richelieu. Los fundadores comunicaron esta gracia de Dios a los pa\u00fales y a las Hijas de la Caridad para que diesen gracias a Dios. Durante bas\u00adtantes a\u00f1os se estuvo recordando esta gracia.<\/p>\n<p>Santa Luisa pens\u00f3 de inmediato en el designio divino. A solas, se pregunt\u00f3 qu\u00e9 le que\u00adr\u00eda decir Dios con aquella gracia m\u00e1s que accidente. Qued\u00f3 serenamente at\u00f3nita por no sentir el complejo de culpabilidad: no lo consider\u00f3 como un castigo por sus pecados, si\u00adno como un aviso de Dios a su director para algo de suma importancia de acuerdo con la magnitud de la gracia. Luisa sinti\u00f3 que lo m\u00e1s importante era establecer firmemente la Compa\u00f1\u00eda, y para ello \u00abestablecer una uni\u00f3n estrecha en la forma de vida que Dios quie\u00adre que lleve esta Compa\u00f1\u00eda, conforme a su Congregaci\u00f3n [instituto], al ser los intereses comunes\u00bb. Igualmente, avisaba a las Hijas de la Caridad para que vivieran unidas en co\u00admunidad (E 53).<\/p>\n<p>Durante unos a\u00f1os, Luisa fue poco a poco acomodando la casa: salas, recibidores, con\u00adtraventanas, chimenea, hasta convertirla en la Casa Madre de las Hijas de la Caridad, el centro donde se formaban las Hijas de la Caridad y desde donde Luisa dirig\u00eda la Com\u00adpa\u00f1\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los votos Durante el verano de 1640, mientras Luisa organizaba las comunidades de Angers y de los ni\u00f1os abandonados y se preocupaba de los galeotes, no olvidaba avanzar en las es\u00adtructuras de la Compa\u00f1\u00eda. 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