{"id":127033,"date":"2024-06-05T08:30:09","date_gmt":"2024-06-05T06:30:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=127033"},"modified":"2023-08-19T22:22:31","modified_gmt":"2023-08-19T20:22:31","slug":"la-experiencia-de-dos-empresas-permanentes-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-experiencia-de-dos-empresas-permanentes-ii\/","title":{"rendered":"La experiencia de dos empresas permanentes (II)"},"content":{"rendered":"<h2><i>Los galeotes<\/i><\/h2>\n<p>Luisa estaba todav\u00eda en Angers, cuando recibi\u00f3 una carta de Vicente de Pa\u00fal en la que le dec\u00eda: \u00abLa esperamos con el cari\u00f1o que sabe nuestro Se\u00f1or. Llegar\u00e1 a tiempo para la cuesti\u00f3n de los condenados a Galeras\u00bb (II, c. 453).<\/p>\n<p>Luisa ya conoc\u00eda a los condenados a galeras. Los hab\u00eda tratado y los hab\u00eda atendido en 1632, cuando viv\u00eda en el barrio de San V\u00edctor. Un a\u00f1o antes hab\u00eda fundado la Caridad de San Nicol\u00e1s de Chardonnet y ella era su presidenta cuando los presos fueron trasladados a la Torre de la Tournelle, cerca de su casa. San Vicente era Capell\u00e1n General de los for\u00adzados y a sus misioneros, los padres pa\u00fales, les hab\u00eda impuesto la asistencia espiritual a los condenados. Tambi\u00e9n, se los hab\u00eda encomendado a Luisa: \u00abLa caridad hacia esos po\u00adbres forzados es de un m\u00e9rito incomparable delante de Dios; ha hecho bien en asistirlos y har\u00e1 bien en continuar de la manera que pueda hasta que tenga la dicha de verla, que se\u00adr\u00e1 dentro de dos o tres d\u00edas\u00bb (I, c.123).<\/p>\n<p>Los forzados. Pero \u00bfqui\u00e9nes eran los forzados? Eran los condenados a remar encade\u00adnados al banco de las galeras. La pena era tan dura que, para los juristas de entonces, si la condena era perpetua, se consideraba la m\u00e1s dura despu\u00e9s de la pena de muerte. Pe\u00adro la condena temporal era un enga\u00f1o y una desesperaci\u00f3n. Muchos no sab\u00edan cuando sal\u00addr\u00edan. Era frecuente que la condena se alargase por culpa de los carceleros que abusaban o de los controladores negligentes, al no anotar el d\u00eda de entrada en prisi\u00f3n. Los cr\u00edmenes que arrastraban a las galeras deb\u00edan ser, por derecho franc\u00e9s, graves, y el delincuente, un criminal peligroso para la sociedad. Esto era la teor\u00eda: cuando las galeras del rey necesi\u00adtaban remeros, las autoridades pol\u00edticas influ\u00edan en los jueces para que condenaran a cual\u00adquier delincuente, vagabundos, desertores, prisioneros de guerra y contrabandistas, espe\u00adcialmente de la sal.<\/p>\n<p>Con la condena a galeras, los pobres tocaron el fondo de la miseria humana. Pr\u00e1ctica\u00admente, ning\u00fan gentilhombre pod\u00eda ser condenado a remar encadenado y muy pocos bur\u00adgueses y administrativos. En la casi totalidad, pertenec\u00edan a las capas bajas de la socie\u00addad, y en gran n\u00famero, campesinos: hombres j\u00f3venes capaces de poder remar. Cuando llegaban al puerto de Marsella o de Toulon, la vida, aunque dura, no era un infierno. All\u00ed, excepto el tiempo no largo de navegaci\u00f3n, los forzados respiraban aire, ve\u00edan gente, ca\u00adsas, cielo y gozaban de una libertad relativa: pod\u00edan tratar con la gente. El infierno era la prisi\u00f3n de Par\u00eds, donde se pudr\u00edan vivos a la espera de formar la cadena que los llevar\u00eda hasta los bancos de las galeras.<\/p>\n<h2><i>La Tournelle<\/i><\/h2>\n<p>Los condenados a galeras de Par\u00eds o del norte de Francia eran encerrados en la Con\u00adciergerie de Par\u00eds, mientras esperaban ser enviados a los puertos militares. Vicente de Pa\u00fal los visit\u00f3 en 1618. Era capell\u00e1n de la casa y de las tierras de Felipe de Gondi, gene\u00adral de las galeras, y aunque los galeotes, mientras esperaban en Par\u00eds, depend\u00edan del Pro\u00adcurador General, los Gondi eran influyentes. Animado, Vicente de Pa\u00fal rog\u00f3 al Procura\u00addor General, \u00abcon l\u00e1grimas en los ojos, que mejorara la suerte\u00bb de aquellos desgraciados. Logr\u00f3 que fueran trasladados a una casa alquilada en la parroquia de San Roque, en el arrabal de Saint-Honor\u00e9. Como una gracia de piedad religiosa se les permit\u00eda salir a ho\u00adras fijas a respirar aire en vez de \u00abpudrirse vivos en los calabozos\u00bb. Lo hab\u00eda logrado la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento bajo compromiso de pagar a cuatro guardias, nece\u00adsarios para mantener el orden e impedir fugas. Al a\u00f1o siguiente, 1619, Vicente de Pa\u00fal fue nombrado Capell\u00e1n General de las galeras del rey, sin ninguna autoridad sobre los for\u00adzados de Par\u00eds o de otras c\u00e1rceles que depend\u00edan espiritualmente de los p\u00e1rrocos de don\u00adde se ubicaba la prisi\u00f3n (X, n\u00b0 26).<\/p>\n<p>La casa era alquilada, sal\u00eda cara y no pod\u00edan hacerse arreglos. En 1632, San Vicente obtuvo del rey autorizaci\u00f3n para alojar a los galeotes en la Torre de la Tournelle, entre la Puerta de Saint-Bernard y el r\u00edo Sena, a unos minutos del Colegio de Bons-Enfants de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de la Parroquia de San Nicol\u00e1s de Chardonnet, donde viv\u00eda la se\u00f1orita Le Gras. En esa torre, si no mor\u00edan, pasaban de seis a ocho meses, antes de sa\u00adlir encadenados hacia el puerto de embarque: Marsella.<\/p>\n<p>Aunque m\u00e1s amplia, aquella vivienda tambi\u00e9n era una morada de maldici\u00f3n: un pe\u00adque\u00f1o patio empedrado, rodeado de gruesos muros; al fondo, un edificio s\u00f3lido con la en\u00adtrada entre dos torres. En ese edificio, o mejor, en esta mazmorra encadenaban a los pre\u00adsos. Un galeote protestante que logr\u00f3 sobrevivir lo describe por dentro:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">\u00abEs un gran calabozo, o por decir mejor, una especie de cueva llena de grue\u00adsas vigas de madera de roble, colocadas unas de otras a la distancia de alrededor tres pies (un metro). Estas vigas tienen un espesor de casi dos pies y medio (80 cms.) y est\u00e1n colocadas y sujetas de tal manera al suelo que a primera vista se las tomar\u00eda por bancos, pero tienen un uso mucho m\u00e1s inc\u00f3modo. A estas vigas, est\u00e1n clavadas gruesas cadenas de hierro de pie y medio (medio metro) y, al final de la cadena, hay un collar del mismo metal. Cuando los desdichados galeotes llegan a este calabozo se los obliga a ponerse a medio acostar para que la cabeza se apoye en la viga. Entonces, se les coloca el collar al cuello, se cierra y se remacha a mar\u00adtillazos sobre un yunque. Como las cadenas con collar distan unas de otras dos pies (60 cms.) y como las vigas, por lo general, miden 40 pies (13 mts.) de largo, se en\u00adcadena a veinte hombres&#8230; [Esta posici\u00f3n] nos impide levantarnos y estar de pie y nos obliga a estar siempre sentados con el cuello y la cabeza inclinados, lo que cau\u00adsa que los nervios de los muslos y de las piernas se entumezcan\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1adir que el calabozo nunca se calentaba y que el r\u00edo Sena golpeaba los muros de la c\u00e1rcel y que la paja que serv\u00eda de cama s\u00f3lo se cambiaba dos veces al mes, si se cambia\u00adba. Frecuentemente, la paja se pudr\u00eda y anidaba gusanos; todo amasado en un aire co\u00adrrompido. No es extra\u00f1o que el forzado al entrar y ver esta cueva, se estremeciera: \u00abEl es\u00adpect\u00e1culo horroroso que se present\u00f3 a nuestros ojos nos hizo temblar, tanto m\u00e1s cuanto que se nos iba a juntar a los actores que lo representaban\u00bb.<\/p>\n<p>Por comida, pan y agua. Algunos afortunados pod\u00edan comprar v\u00edveres con dinero pro\u00adpio; quien no lo ten\u00eda, tampoco pod\u00eda congraciarse con los carceleros. Con grandes es\u00adfuerzos y varios juicios, Vicente de Pa\u00fal logr\u00f3 recuperar para estos desdichados una renta anual de 6.000 libras (II, c.447). No era mucho, pero ayudaba a mejorar la situaci\u00f3n. San Vicente nunca se desentendi\u00f3 de los presos ni solt\u00f3 la carga, pero la apoy\u00f3 un tanto en los hombros de Luisa. No consta que Luisa frecuentase la mazmorra; desde La Chapelle, sin embargo, y luego desde San Lorenzo, introdujo la prisi\u00f3n en su alma. \u00a1Cu\u00e1nta fatiga le cos\u00adtaba enviar Hermanas a los galeotes y dirigirlas y organizarlas y redactar las memorias!<\/p>\n<p>Un d\u00eda, le escribi\u00f3 el director: \u00abEl padre Dehorgny me dijo hace dos o tres d\u00edas que no es\u00adt\u00e1n contentas con Sor Juana, los condenados a galeras; ha sido el p\u00e1rroco de San Nicol\u00e1s el que se lo ha dicho. Si es as\u00ed, conviene que la quite usted lo antes que pueda. No s\u00e9 si ese cargo ser\u00e1 superior a las fuerzas de Sor B\u00e1rbara Angiboust\u00bb. Sor B\u00e1rbara era una de las mejores Hijas de la Caridad y all\u00e1 la envi\u00f3 Luisa con otra Hermana \u00a1Qu\u00e9 hubiera hecho Vicente de Pa\u00fal sin Luisa de Marillac! El Superior lo reconoc\u00eda: \u00abLe agradezco mu\u00adcho la memoria que me envi\u00f3 usted ayer por la tarde a prop\u00f3sito de la dama encargada de los condenados a galeras\u00bb.<\/p>\n<p>Las Damas del Gran Hospital, creyentes piadosas, se comprometieron a visitar a los forzados y a prestarles ayuda espiritual y material. Era un consuelo para los presos y se\u00adguridad para las Hermanas, pero las visitas no eran frecuentes. Hab\u00eda inconvenientes le\u00adgales por parte del reglamento y sociales por el ambiente asqueroso y repugnante, inso\u00adportable para aquellas se\u00f1oras. Sin embargo, las Hijas de la Caridad estaban all\u00ed diaria\u00admente, encargadas de la comida y de la ropa.<\/p>\n<p>La presencia femenina de aquellas cari\u00f1osas Hermanas en medio de las brutalidades fue un alivio de ternura para los condenados. No les faltaron consuelo, \u00e1nimo y ayuda es\u00adpiritual, ansiada a la hora de la muerte. Se lo exig\u00eda el reglamento que para ellas comen\u00adz\u00f3 a escribir la se\u00f1orita Le Gras y complet\u00f3 el se\u00f1or Vicente. Los presos y sus familiares confiaban en las Hijas de la Caridad cuando hab\u00eda dificultades o ten\u00edan que acudir a per\u00adsonajes de la justicia o necesitaban papeles e influencias.<\/p>\n<p>Por este reglamento, conocemos las mejoras que llegaron a los presos: todos los s\u00e1\u00adbados les cambiaban la ropa, al pan y al agua lograron a\u00f1adir carne todos los d\u00edas y cam\u00adbiar frecuentemente la paja que serv\u00eda de colch\u00f3n. Cuando formaban la cadena, camino de la galera, les entregaban ropa limpia y comida para el camino.<\/p>\n<p>Luisa no sirvi\u00f3 a los presos personalmente, pero carg\u00f3 con los mismos problemas que las Hermanas y soport\u00f3 id\u00e9nticas zozobras y a\u00fan mayores. La vida y el trabajo de las Hi\u00adjas de la Caridad en la c\u00e1rcel no eran ni agradables ni f\u00e1ciles, m\u00e1s bien parec\u00edan un reloj de sinsabores, y sabiendo que las Hermanas, cuando ten\u00edan dificultades o malos momen\u00adtos, acud\u00edan a Luisa; nos la imaginamos sufriendo con ellas las mismas preocupaciones de cada d\u00eda. La Tournelle no ten\u00eda cocina. Las Hijas de la caridad cocinaban en su casa, cercana a la prisi\u00f3n. Todos los d\u00edas, hacia las 10 de la ma\u00f1ana, ayudadas por los carcele\u00adros, llevaban las grandes marmitas para la comida y la cena. No era raro que en invierno la comida llegara algo fr\u00eda y originara quejas e insultos de los presos. Las Hermanas en\u00adtraban en aquel antro peligroso y horrible a distribuir la comida a veces con miedo, entre groser\u00edas, mofas y palabrotas. Luisa de Marillac, pacientemente, les repet\u00eda que no les re\u00adplicaran ni los trataran con rudeza; los condenados necesitaban compasi\u00f3n. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, las Hijas de la Caridad recordaban a Sor B\u00e1rbara Angiboust, cuando le tiraron la comida al suelo y ella sonriendo recogi\u00f3 la carne, la limpi\u00f3 y se la ofreci\u00f3 de nuevo; y co\u00admentaron c\u00f3mo se enfrent\u00f3 a los guardianes para que no azotaran a los presos. No es ex\u00adtra\u00f1o que alguna Hermana endureciera su car\u00e1cter, como la pobre Sor Magdalena que fue destinada a los galeotes cuando llevaba en la Compa\u00f1\u00eda tan s\u00f3lo unos pocos meses.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal conoc\u00eda a delincuentes condenados y tem\u00eda por la prudencia, la mo\u00addestia y la castidad de sus hijas. Tambi\u00e9n, sent\u00eda miedo Luisa de Marillac y pidi\u00f3 a Vi\u00adcente, como superior de las cofrad\u00edas de Caridad, que mientras las Hermanas daban las comidas, estuviera presente una Dama. Su categor\u00eda social y su presencia impondr\u00edan res\u00adpeto; ser\u00eda, adem\u00e1s, una oportunidad deseada para evangelizarlos. Como defensa para las j\u00f3venes o como servicio a los forzados, Luisa lo puso en el Reglamento para las Herma\u00adnas dedicadas a los galeotes.<\/p>\n<p>Si ya de por s\u00ed, servir a unos desesperados en aquella mazmorra era agobiante y desa\u00adlentador, el poco dinero del que dispon\u00edan las Hermanas les destrozaba las ilusiones. El pre\u00adsupuesto oficial era insignificante y lo administraban los funcionarios a las \u00f3rdenes del se\u00ad\u00f1or Accar. Ellas, como recursos fijos, \u00fanicamente dispon\u00edan cada a\u00f1o de las 6.000 libras que hab\u00eda dejado el se\u00f1or Cornuel, y no eran suficientes. El balance se compensaba con las aportaciones de las Damas de la Caridad, con las colectas en las Iglesias y con donaciones de personas caritativas. Hubo ocasiones en las que todas estas aportaciones no eran sufi\u00adcientes y las Hijas de la Caridad ten\u00edan que mendigar materialmente los recursos y sonro\u00adjarse ante las deudas en las casas de comestibles. Ellas y la se\u00f1orita Le Gras, pues a ella acud\u00edan las Hermanas como a su superiora. Luisa se quejaba ante Vicente de Pa\u00fal que, a veces, s\u00f3lo pod\u00eda compartir sus penas y la verg\u00fcenza de no poder pagar. Si aumentaba el n\u00famero de forzados porque hab\u00eda llegado otra cuerda, las Hermanas no encontraban m\u00e1s soluci\u00f3n que repartir entre todos lo poco que ten\u00edan, a pesar de las quejas de los antiguos que ve\u00edan disminuida su raci\u00f3n. Luisa nunca lo aprob\u00f3. Lo consider\u00f3 un camino f\u00e1cil pa\u00adra que los administradores de la Toumelle se desentendieran del problema (SL. c.84).<\/p>\n<p>Es sorprendente, pero Luisa habl\u00f3 relativamente poco de los galeotes; tampoco Vicente de Pa\u00fal, su Capell\u00e1n General, que tantas veces conmovi\u00f3 a las Damas para que ayudaran a los ni\u00f1os abandonados, parece que les diera alguna conferencia sobre los galeotes. La sociedad no era sensible a estos desgraciados. Los consideraba delincuentes peligrosos pa\u00adra la sociedad y su miseria como una parte justa del castigo que merec\u00edan sus cr\u00edmenes.<\/p>\n<p>Si al sentimiento pesimista y negro de la sociedad, se a\u00f1aden los peligros, se com\u00adprende que las Hijas de la Caridad vieran el destino a los galeotes como \u00abuno de los m\u00e1s dif\u00edciles y peligrosos\u00bb. En el reglamento que escribi\u00f3 Luisa, personalmente las anima con motivaciones sobrenaturales. No encontr\u00f3 ninguna raz\u00f3n humana: \u00abEs uno de los emple\u00ados m\u00e1s meritorios y agradables a Dios&#8230; y hay que convertirlos para que se confiesen y mueran en gracia de Dios&#8230; aunque se los expulse de la sociedad, no se los puede echar de la sociedad cristiana&#8230; por eso las llamadas por Dios a este santo servicio deben ani\u00admarse y tener confianza grande en nuestro Se\u00f1or Jesucristo, en vista de que asistiendo a esta pobre gente, le ofrecen a \u00c9l un servicio que le agrada tanto o m\u00e1s que si le fuera he\u00adcho a su misma persona, y que en consecuencia, \u00c9l no dejar\u00e1 de darles en recompensa, para superar todas las dificultades que podr\u00e1n encontrar en este empleo, adem\u00e1s de la ri\u00adca corona que les reserva en el cielo\u00bb (Art. 1). En ning\u00fan otro reglamento, describi\u00f3 un ambiente de tanta heroicidad.<\/p>\n<p>Todo este entramado vicenciano en la c\u00e1rcel de los galeotes, adem\u00e1s de ser una em\u00adpresa humanitaria y sobrenatural, podemos considerarla como un intento de convencer a la sociedad de que los galeotes eran hombres e hijos de Dios que viv\u00edan a su lado. La Com\u00adpa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento ayud\u00f3 generosamente con dinero a la obra. Ellos paga\u00adron a los sacerdotes de la parroquia de San Nicol\u00e1s de Chardonnet y ayudaron a San Vi\u00adcente a mejorarles la vivienda. Como una moda de tono religioso, hubo limosnas y hasta visitas a los presos, rompi\u00e9ndoles el paisaje crucificado de la prisi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los galeotes Luisa estaba todav\u00eda en Angers, cuando recibi\u00f3 una carta de Vicente de Pa\u00fal en la que le dec\u00eda: \u00abLa esperamos con el cari\u00f1o que sabe nuestro Se\u00f1or. 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