{"id":126479,"date":"2019-08-26T08:28:35","date_gmt":"2019-08-26T06:28:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=126479"},"modified":"2019-06-08T13:40:02","modified_gmt":"2019-06-08T11:40:02","slug":"el-laicado-vicenciano-a-la-luz-del-vaticano-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/el-laicado-vicenciano-a-la-luz-del-vaticano-ii\/","title":{"rendered":"El Laicado Vicenciano a la luz del Vaticano II"},"content":{"rendered":"<p>De entrada, confieso mi rubor y mi atrevimiento. Porque soy consciente de que puedo caer en la sempiterna tentaci\u00f3n del t\u00edpico cl\u00e9rigo que, desde las alambradas del dogmatismo, se permite adoctrinar a los \u00abpobrecitos\u00bb laicos, como si ellos no fueran mayores de edad y protagonis\u00adtas de su compromiso vital. Sin embargo, l\u00edbreme Dios y el sen\u00adtido com\u00fan de caer en semejan\u00adte tentaci\u00f3n. Tampoco pretendo hacer un estudio sobre la teolog\u00eda del laicado en los documentos del Concilio Vaticano II o en docu\u00admentos magisteriales posterio\u00adres. Ni es el momento ni soy yo el m\u00e1s experto e indicado. Mi intenci\u00f3n es mucho m\u00e1s modesta: una sencilla reflexi\u00f3n para colaborar al impulso y a la revitalizaci\u00f3n del laicado vicenciano y, m\u00e1s concretamente, de la AIC, en un momento necesario y oportuno. Y enmarcar esta reflexi\u00f3n en el acontecimiento eclesial m\u00e1s importante del siglo anterior y del presente: el Concilio Vaticano II, del cual esta\u00admos conmemorando su 50 aniversario.<\/p>\n<h2><b>Una anotaci\u00f3n previa<\/b><\/h2>\n<p>En el t\u00edtulo de esta conferencia hay dos palabras que tienen todo el protagonismo: laicado y vicenciano. Esto quiere decir que la confe\u00adrencia va a estar basculando constantemente en torno a estos dos vo\u00adcablos. Por una parte, vamos a reflexionar sobre el laicado y su ser y su misi\u00f3n. Pero, a la vez, no vamos a perder de vista que estamos hablan\u00addo de un laicado espec\u00edfico que llamamos \u00abvicenciano\u00bb. Un laicado que tiene muchas caracter\u00edsticas comunes con todos los laicados, pero que tambi\u00e9n tiene sus propias peculiaridades y su misi\u00f3n propia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, dentro de ese \u00ablaicado vicenciano\u00bb nos centramos en el que funda, estructura y organiza el mismo Vicente de Pa\u00fal, ayudado por Luisa de Marillac. Me refiero, por supuesto, a la primera Institu\u00adci\u00f3n vicenciana tanto en la cronolog\u00eda como en su importancia y significatividad. Me refiero a las antiguas Cofrad\u00edas de la Caridad, que, preci\u00adsamente a partir del Concilio Vaticano II, se rebautizaron con el nombre actual de \u00abAsociaci\u00f3n Internacional de Caridades de San Vicente de Pa\u00fal\u00bb (AIC).<\/p>\n<p>Por eso, es bueno no perder de vista que nos movemos entre estas dos columnas del edificio laical: laico y v\u00edcenciano.<\/p>\n<h2><b>Punto de partida universal<\/b><\/h2>\n<p>Hace m\u00e1s de sesenta a\u00f1os, el Papa P\u00edo XII lanz\u00f3 una especie de grito program\u00e1tico: \u00ab\u00a1Los laicos son tambi\u00e9n Iglesia!\u00bb. En realidad, na\u00addie hab\u00eda dicho lo contrario, pero alguna duda existir\u00eda cuando los Pa\u00adpas esperaron casi veinte siglos para confirmarlo oficialmente. Se podr\u00eda decir que este balbuceo papal fue la primera semilla sembrada en el campo de la conciencia eclesial respecto del laicado.<\/p>\n<p>Sin embargo, unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el Concilio Vaticano II se en\u00adcarg\u00f3 de multiplicar esa peque\u00f1a semilla y de dar un giro de 180 gra\u00addos a la doctrina oficial sobre el laicado. Lo m\u00e1s sorprendente fue que la mentalidad de la mayor\u00eda de los Padres Conciliares no hac\u00eda presa\u00adgiar ni esperar un cambio de tal magnitud. Por eso, pienso que el gran protagonista de este cambio fue, sin duda, el Esp\u00edritu empe\u00f1ado en devolver a los laicos la parte que les corresponde en la vida y en la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero no se trata de una acci\u00f3n fulminante y directa del Esp\u00edritu ni de un cambio improvisado. El Concilio Vaticano II, en este campo como en otros, recogi\u00f3 el trabajo de pensadores y te\u00f3logos que -paradojas del destino- fueron vetados y prohibidos por la autoridad competente unos a\u00f1os antes del Vaticano II. En este tema del laicado es necesario citar a un te\u00f3logo dominico y a un laico, ambos franceses: Ives Marie Congar y Jacques Maritain.<\/p>\n<p>El libro de Ives Marie Congar, \u00abJalones para una teolog\u00eda del lai\u00adcado\u00bb, del a\u00f1o 1953, sigue conservando su audacia y su frescura a\u00fan hoy. La reflexi\u00f3n de Maritain, como intelectual cat\u00f3lico, influy\u00f3 en muchos intelectuales de su tiempo y le convirtieron en el m\u00e1s grande maestro del laicado de los tiempos modernos. Es proverbial su afirma\u00adci\u00f3n de que la \u00ablaicidad es una nota esencial de la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>Para situar mejor este punto de partida que es el Concilio Vati\u00adcano II, ser\u00e1 bueno recordar, aunque sea muy sucintamente, los docu\u00admentos donde el Concilio habla, subraya, profundiza e impulsa la con\u00adciencia, el ser y el quehacer de los laicos. Son cuatro documentos:<\/p>\n<ul>\n<li>La Constituci\u00f3n sobre la Iglesia (\u00abLumen Gentium\u00bb) en su cap\u00ed\u00adtulo 4\u00ba, n\u00fameros 30-38, describe el ser y la misi\u00f3n del laico en la Iglesia. En el cap\u00edtulo 2\u00ba habla del Pueblo de Dios; y en el cap\u00edtulo 5\u00ba habla de la vocaci\u00f3n de todos a la santidad.<\/li>\n<li>La Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo actual (\u00abGaudium et Spes\u00bb) nos habla del di\u00e1logo de la Iglesia con el mundo. Y, l\u00f3gicamente, abre a los laicos inmensos espacios de acci\u00f3n en todos los campos de la vida.<\/li>\n<li>El Decreto sobre el Apostolado de los Laicos (\u00abApostolicam Actuositatem\u00bb) est\u00e1 absolutamente dedicado a los laicos.<\/li>\n<li>El Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia (\u00abAd Gen\u00adtes\u00bb) insiste en el compromiso ineludible que tienen los laicos en la evangelizaci\u00f3n tanto en la proclamaci\u00f3n del mensaje como, sobre to\u00addo, en la promoci\u00f3n humana.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Para ser honestos, hay que admitir que algunos textos del Con\u00adcilio sobre los laicos adolecen de ambig\u00fcedad y todav\u00eda conservan muchas reminiscencias del pensamiento y de la teolog\u00eda preconciliar.<\/p>\n<p>Tal vez, nos har\u00edamos una idea m\u00e1s exacta del cambio espectacu\u00adlar que inaugur\u00f3 el Concilio Vaticano II respecto del laicado, si repas\u00e1\u00adramos el panorama desolador que hab\u00eda antes del Concilio. Basten, como bot\u00f3n de muestra, dos frases: una del obispo de Rouen: \u00abLos se\u00adglares no tienen la misi\u00f3n de ocuparse de los asuntos de la Iglesia; lo mejor que pueden hacer es rezar\u00bb. Otra, la cuenta el cardenal Gasquet a prop\u00f3sito de la conversaci\u00f3n de un misionero con un catec\u00fameno; el misionero dice que la misi\u00f3n del laico en la Iglesia es doble: \u00abPonerse de rodillas delante del altar y sentarse delante del p\u00falpito\u00bb; el cardenal Gasquet a\u00f1ade: \u00abSe le olvidaba una tercera: echar mano de la cartera\u00bb.<\/p>\n<h2><b>Tres convicciones fundamentales<\/b><\/h2>\n<p>El Concilio Vaticano II subray\u00f3 con fuerza tres convicciones b\u00e1si\u00adcas y elementales sin las cuales no podemos dar un paso adelante. Es m\u00e1s, sin estas convicciones todo el edificio te\u00f3rico y pr\u00e1ctico del laica\u00addo -y, naturalmente, del laicado vicenciano- quedar\u00eda en el aire o en los paisajes de las buenas intenciones.<\/p>\n<h3><b><i>a) Toma de conciencia de la \u00abvocaci\u00f3n laical\u00bb<\/i><\/b><\/h3>\n<p>El S\u00ednodo Episcopal de 1987 fue dedicado a \u00abLa vocaci\u00f3n y mi\u00adsi\u00f3n de los laicos en la Iglesia y en el mundo a los 20 a\u00f1os del Concilio Vaticano II\u00bb. Este S\u00ednodo profundiz\u00f3 y actualiz\u00f3 lo dicho en el Concilio sobre los laicos.<\/p>\n<p>Y fruto de dicho S\u00ednodo fue la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abChristifideles laici\u00bb de Juan Pablo II, donde se pone en marcha el laicado \u00abmilitante\u00bb y se clausura el viejo estereotipo de un laicado inoperante y meramente receptivo, consumidor de servicios religiosos y acomplejado en sus res\u00adponsabilidades.<\/p>\n<p>Urge, pues, una toma de conciencia verdadera, realista y pr\u00e1cti\u00adca de que, evidentemente, los laicos son Iglesia, de que hay que des\u00adcender de los papeles a la vida, de que no podemos estar citando constantemente documentos excelentes y actuando con clich\u00e9s de otros tiempos y otras teolog\u00edas. Aunque mucho me temo que no ter\u00adminamos de creernos lo que proclaman los documentos oficiales y lo que nosotros mismos decimos.<\/p>\n<h3><b><i>b) Ni \u00abagregados\u00bb ni de \u00absegunda categor\u00eda\u00bb<\/i><\/b><\/h3>\n<p>Subsisten todav\u00eda dos maneras err\u00f3neas de contemplar y de vi\u00advir la \u00abvocaci\u00f3n\u00bb cristiana del laico. La primera ser\u00eda aqu\u00e9lla en que los laicos, a pesar de ser-tambi\u00e9n-Iglesia, est\u00e1n en ella como \u00abagregados\u00bb. El laico se sabe miembro de la Iglesia, pero se encuentra en ella como un visitante, como un invitado. Lo sagrado tiende a reducirse a lo in\u00adtraeclesial, a lo espiritual. Todo aquello que es realizado extra muros de la Iglesia tiende a considerarse como profano o, al menos, como no eclesial. Se \u00abest\u00e1\u00bb en la Iglesia y se siguen sus instrucciones, porque de ellas depende \u00abnuestra\u00bb salvaci\u00f3n eterna&#8230; Se es cat\u00f3lico y se intenta ser \u00abbuena persona\u00bb. Pero poco m\u00e1s. El Concilio Vaticano II ya denun\u00adci\u00f3 este nivel de pertenencia como \u00abuno de los m\u00e1s graves errores de nuestra \u00e9poca\u00bb.<\/p>\n<p>La segunda es aqu\u00e9lla en que, a\u00fan entregado \u00abde alma y cuerpo\u00bb a la Iglesia, el laico se percibe a s\u00ed mismo como cristiano de \u00absegunda categor\u00eda\u00bb. Piensa que vocaci\u00f3n, en sentido estricto, \u00fanicamente la tienen los presb\u00edteros y los consagrados. Y est\u00e1 convencido de que \u00e9l es un \u00abcristiano residual\u00bb. Hace referencia no tanto al \u00abestar\u00bb como al \u00abser\u00bb del cristiano. Se es eclesial, bautizado, pero de menos categor\u00eda. Porque lo eclesial tiende a confundirse con lo clerical. Esta posici\u00f3n no suele ser hoy tan frecuente como la anterior. Pero existe el peligro de que la recuperemos con algunas variables. A\u00fan la viven personas de la tercera edad y comienza a surgir entre los j\u00f3venes.<\/p>\n<h3><b><i>c) Convicci\u00f3n profunda de \u00ablaicos activos\u00bb<\/i><\/b><\/h3>\n<p>Ciertamente, las anteriores lagunas s\u00f3lo pueden ser rellenadas desde aquello que ya subrayaba el Concilio Vaticano II: \u00abLos laicos est\u00e1n llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Igle\u00adsia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a trav\u00e9s de ellos\u00bb. Y es que, como indicaba Pablo VI en su ex\u00adhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abEvangelii Nuntiandi\u00bb, \u00absu tarea primera e inme\u00addiata no es la instituci\u00f3n y el desarrollo de la comunidad eclesial -esa es la funci\u00f3n espec\u00edfica de los Pastores- sino el poner en pr\u00e1ctica todas las posibilidades cristianas y evang\u00e9licas, escondidas pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su acti\u00advidad evangelizadora es el mundo vasto y complejo de la pol\u00edtica, de lo social, de la econom\u00eda, y tambi\u00e9n de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicaci\u00f3n de ma\u00adsas, as\u00ed como otras realidades abiertas a la evangelizaci\u00f3n&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>De lo cual se deduce que el puesto de los laicos debe ser reco\u00adnocido y promovido incansablemente, que la Iglesia entera debe pro\u00adpiciar la vitalidad y la actuaci\u00f3n de los laicos sin clericalismos directos o soterrados, sin forcejeos de poder en un sentido o en otro, que el reconocimiento de la misi\u00f3n de los laicos obedece a razones de identi\u00addad eclesial, no a concesiones de la jerarqu\u00eda, a motivos estrat\u00e9gicos o a disminuci\u00f3n de los cl\u00e9rigos.<\/p>\n<h2><b>Dos claves eclesiol\u00f3gicas<\/b><\/h2>\n<p>El Concilio Vaticano II fue un Concilio fundamentalmente ecle\u00adsiol\u00f3gico, es decir, respondi\u00f3 a aquella famosa frase que pronunci\u00f3 el Papa Juan XXIII cuando lanz\u00f3 la idea de convocarlo: \u00abHay que abrir las puertas y ventanas de la Iglesia para que entre aire fresco\u00bb. En todos sus Documentos, Decretos y Constituciones late una visi\u00f3n nueva y renovada de la Iglesia. Y, evidentemente, da un paso decisivo: pasa de una jerarcolog\u00eda (eclesiolog\u00eda de tipo \u00abmon\u00e1rquico\u00bb) a una verdadera eclesiolog\u00eda. Donde m\u00e1s se ve este paso es en todo lo referente al lai\u00adcado.<\/p>\n<p>Por eso, hay dos claves eclesiol\u00f3gicas que el Concilio Vaticano II subray\u00f3 con fuerza y que sostienen su eclesiolog\u00eda y sus consecuen\u00adcias para una teolog\u00eda y una praxis del laicado. Hay que advertir que estas dos clave son inseparables:<\/p>\n<h3><b><i>La Iglesia es comuni\u00f3n<\/i><\/b><\/h3>\n<p>Es decir, comunidad, fraternidad de unos hombres y mujeres que han recibido el mismo bautismo y viven animados por el mismo Esp\u00edri\u00adtu. Durante much\u00edsimo tiempo, la Iglesia se asemej\u00f3 a una \u00abpir\u00e1mide\u00bb. En la c\u00faspide estaba el Papa; bajo \u00e9l, el cuerpo de los obispos; m\u00e1s abajo, el clero presbiteral, los religiosos y las religiosas; por \u00faltimo los laicos y, por fin, las laicas. Todo funcionaba como si la acci\u00f3n del Esp\u00edri\u00adtu actuara en cascada. No todos ser\u00edan de la misma dignidad. Unos pastores y un reba\u00f1o. Una jerarqu\u00eda y un pueblo fiel, de laicos.<\/p>\n<p>El Concilio Vaticano II transforma esa pir\u00e1mide en una circunfe\u00adrencia, signo de comuni\u00f3n y de igual dignidad dada por el bautismo. San Agust\u00edn lo expresaba muy bien cuando dec\u00eda a sus feligreses: \u00abCon voso\u00adtros soy cristiano, para vosotros soy obispo\u00bb. Adem\u00e1s, el Concilio, para expresar todo el significado trascendental de esta Iglesia de comuni\u00f3n, llam\u00f3 a la Iglesia \u00abPueblo de Dios\u00bb, una expresi\u00f3n totalmente nueva. Pensad todo lo que significa la palabra \u00abpueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Y esta Iglesia-comuni\u00f3n nos lleva a la \u00abcorresponsabilidad\u00bb, a la \u00abcolaboraci\u00f3n\u00bb, a la \u00abparticipaci\u00f3n\u00bb, a la \u00abigualdad del Esp\u00edritu\u00bb, al con\u00advencimiento de que todos los miembros son necesarios.<\/p>\n<h3><b><i>La Iglesia es misi\u00f3n<\/i><\/b><\/h3>\n<p>O, lo que es lo mismo, que la Iglesia no es para s\u00ed misma, est\u00e1 llamada a abrirse a la misi\u00f3n, es urgida a ser fermento liberador y transformador de la vida en medio del mundo. Est\u00e1 al servicio del Reino de Dios. Pablo VI recoge perfectamente esta segunda clave eclesiol\u00f3gica en su exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abEvangelii Nun\u00adtiandi\u00bb: \u00abEvangelizar constituye la dicha y la vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda. Ella existe pa\u00adra evangelizar\u00bb. Albert Schweizer dec\u00eda que \u00abuna comunidad que no act\u00faa en forma misionera, no es una comunidad dirigida por el Esp\u00edritu\u00bb.<\/p>\n<p>Y aqu\u00ed es donde tenemos que sub\u00adrayar las consecuencias laicales de que \u00abla Iglesia es misi\u00f3n\u00bb: que la evangeliza\u00adci\u00f3n, la misi\u00f3n, es tarea de todo el Pue\u00adblo de Dios, no s\u00f3lo de unos cuantos or\u00addenados o consagrados; que la misi\u00f3n de la Iglesia ha de estar en medio de la sociedad y as\u00ed debe ser una Iglesia \u00absecular\u00bb, y, por tanto, aqu\u00ed est\u00e1 la actividad social, cultural, laboral, pol\u00edtica, familiar&#8230; de los segla\u00adres; que el car\u00e1cter secular es propio de los seglares y la construcci\u00f3n del Reino de Dios en el \u00absiglo\u00bb es muy propio de ellos; que una evangeli\u00adzaci\u00f3n sin los laicos no ser\u00eda evangelizaci\u00f3n, sino propaganda clerical.<\/p>\n<h2><b>Pasos urgentes que debe dar el laico<\/b><\/h2>\n<p>Al hilo de todo lo dicho hasta ahora y como una deducci\u00f3n l\u00f3gi\u00adca de la doctrina conciliar sobre el laicado, me atrevo a proponer una serie de pasos, de tr\u00e1nsitos, de recorrido que debe llevar a cabo hoy y aqu\u00ed el laico cristiano, tanto personal como colectivamente.<\/p>\n<p>Y digo que debe llevar a cabo hoy porque todav\u00eda no lo ha hecho del todo, y muchos laicos y Asociaciones laicales ni siquiera han co\u00admenzado a dar esos pasos que subyacen en el esp\u00edritu del Concilio Vaticano II. Evidentemente, no puede haber un relanzamiento serio del laicado sin dar estos pasos.<\/p>\n<p>No har\u00eda falta decir que tambi\u00e9n el laicado vicenciano tiene que dar urgentemente estos pasos. Porque aquella intuici\u00f3n revolucionaria y prof\u00e9tica de Vicente de Pa\u00fal en 1617, en Chatillon-les-Dombes, puede caer en la rutina, en la mediocridad o en el olvido con el paso de los si\u00adglos por nuestra pereza y nuestra falta de audacia. Alguien ha dicho que es muy f\u00e1cil ser revolucionario en tiempo de la revoluci\u00f3n, pero que lo dif\u00edcil y necesario es ser revolucionario una vez pasada la revoluci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b><i>1. Pasar de la \u00abburbuja piadosa o devocional\u00bb al compromiso <\/i><\/b><b><i>militante<\/i><\/b><\/h3>\n<p>La tentaci\u00f3n constante es dormirnos en la comodidad piadosa. Siempre habr\u00e1 buenas excusas para ello. Pero si el laicado se queda en lo simple devocional, est\u00e1 traicionando totalmente la letra y el esp\u00edritu de Concilio. Y, por supuesto, nunca ser\u00e1 sal y luz de esta sociedad. Consciente o inconscientemente, estar\u00e1 enquistado en la prehistoria.<\/p>\n<h3><b><i>2. Pasar de la sacrist\u00eda a los are\u00f3pagos actuales<\/i><\/b><\/h3>\n<p>Muchos laicos -y muchas Asociaciones laicales- creen que se han puesto en l\u00ednea con el Concilio Vaticano II porque, al menos, ya est\u00e1n en la sacrist\u00eda, es decir, porque ya hacen algunas tareas de ayuda y colaboraci\u00f3n cultual. Pero se olvidan de que el Concilio Vaticano II -e infinidad de Documentos pontificios y episcopales posteriores- se\u00f1a\u00adlan un lugar ineludible al laico cristiano: los actuales are\u00f3pagos para la misi\u00f3n o la evangelizaci\u00f3n, es decir, las plazas p\u00fablicas donde se juega el presente y el futuro de la persona (la pol\u00edtica, la cultura, los medios de comunicaci\u00f3n, la educaci\u00f3n&#8230;).<\/p>\n<h3><b><i>3. Pasar de lo eclesi\u00e1stico a lo eclesial<\/i><\/b><\/h3>\n<p>Uno de los peligros que ha tenido y contin\u00faa teniendo el laicado cristiano es la dependencia casi absoluta del eclesi\u00e1stico o del cl\u00e9rigo de turno. Cuando una Asociaci\u00f3n laical, por ejemplo, no sabe caminar sin las apoyaturas eclesi\u00e1sticas o clericales, algo muy grave est\u00e1 ocu\u00adrriendo en su seno. Todos conocemos c\u00f3mo ha ido languideciendo alg\u00fan grupo de la AIC al faltarle la apoyatura de la Hija de la Caridad o del sacerdote de la Misi\u00f3n. Esta dependencia de lo eclesi\u00e1stico es un \u00edndice de la falta de madurez del laicado. Es, en definitiva, una nega\u00adci\u00f3n de la Iglesia-comuni\u00f3n y de la Iglesia-misi\u00f3n que puso de relieve el Concilio Vaticano II.<\/p>\n<h3><b><i>4. Pasar de la mera suplencia a la misi\u00f3n compartida<\/i><\/b><\/h3>\n<p>En muchos ambientes clericales y congregacionales se suele en\u00adsalzar mucho a los laicos porque solucionan tareas, trabajos y faenas a las que no llegan los cl\u00e9rigos por ser mayores de edad, por escasez o por falta de vocaciones. Este es un planteamiento demag\u00f3gico y equi\u00advocado. Es una \u00abmanipulaci\u00f3n descarada\u00bb que se hace a los laicos de buena fe y de buena voluntad. El laico cristiano no es una fuerza de suplencia ni tiene vocaci\u00f3n de \u00abchico o chica de los recados\u00bb. Hay que posibilitarle su entrada, con todo el derecho que le da el bautismo, en la misi\u00f3n de la Iglesia. Misi\u00f3n que comparte con el cl\u00e9rigo en t\u00e9rminos totalmente alejados de superioridad o inferioridad. Llevar a cabo la misi\u00f3n compartida es un signo de que la comunidad eclesial vive de verdad como Pueblo de Dios.<\/p>\n<h2><b>Pedagog\u00eda del Concilio Vaticano II: relanzamiento desde las ra\u00edces<\/b><b><\/b><\/h2>\n<p>Cuando el Concilio Vaticano II habl\u00f3 de la renovaci\u00f3n, de la puesta al d\u00eda, del relanzamiento de las Congregaciones, \u00d3rdenes reli\u00adgiosas o grupos eclesiales, nos dej\u00f3 un principio infalible que, a la vez, es un manual b\u00e1sico de pedagog\u00eda. Nos indic\u00f3 que hay que afirmarse en las ra\u00edces para encarnarse m\u00e1s profundamente en el mundo de hoy. Es decir, volver a la inspiraci\u00f3n originaria del Fundador y encar\u00adnar esa inspiraci\u00f3n en la sociedad que nos toca vivir.<\/p>\n<p>Por eso, no est\u00e1 de sobra que un laicado vicenciano o, concreta\u00admente, una Asociaci\u00f3n como la AIC retorne, de vez en cuando, a sus ra\u00edces para revitalizarse en una direcci\u00f3n correcta. Pero no se trata de una vuelta a las ra\u00edces como mera y simple documentaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino como inspiraci\u00f3n din\u00e1mica, prof\u00e9tica y creativa.<\/p>\n<p>Y esta pedagog\u00eda del Concilio Vaticano II tiene que estar en la base del relanzamiento del laicado vicenciano, del laicado de la AIC, en pleno siglo XXI, a trav\u00e9s del \u00abcompromiso vicenciano\u00bb, con la recu\u00adperaci\u00f3n de una espiritualidad espec\u00edfica y con una serie de urgencias netamente vicencianas.<\/p>\n<h3><b><i>1) El compromiso espec\u00edficamente vicenciano<\/i><\/b><\/h3>\n<p>La palabra que define la praxis y la misi\u00f3n de los laicos es el vo\u00adcablo \u00abcompromiso\u00bb. Esto vale para todos los laicos, para todos los bautizados. Sin embargo, es conveniente especificar el car\u00e1cter y la naturaleza de dicho compromiso al referirlo al laicado vicenciano. No se trata de un compromiso gen\u00e9rico, no tiene nada que ver con un caj\u00f3n de sastre donde todo cabe, no se puede identificar con una se\u00adrie de tareas intraeclesiales.<\/p>\n<p>Pienso que cualquiera que est\u00e9 m\u00ednimamente en contacto con el carisma vicenciano, debe tener muy claro que el \u00abcompromiso vi\u00adcenciano\u00bb se refiere, \u00fanica y exclusivamente, a todo lo que tenga que ver con los pobres y marginados, a todo lo que afecte al amplio y te\u00adrrible mundo de la pobreza y de la miseria, a todo lo que incida en la falta de dignidad humana en las varias y diversas dimensiones. Ser\u00eda demasiado prolijo el traer a colaci\u00f3n todo el cat\u00e1logo de frases de Vi\u00adcente de Pa\u00fal en este sentido, desde aqu\u00e9lla que tanto citamos \u00ablos pobres que no saben ni qu\u00e9 hacer ni a donde ir, que se multiplican y sufren cada d\u00eda, constituyen mi peso y mi dolor\u00bb; pasando por aqu\u00e9lla otra de que \u00abnuestra herencia son los pobres\u00bb; hasta alguna tan inter\u00adpelante como \u00abtendr\u00edamos que vendernos a nosotros mismos para sacar a los pobres de su miseria\u00bb.<\/p>\n<p>En definitiva, hablar de \u00abcompromiso vicenciano\u00bb es hablar de tres dimensiones conjuntas como son: el servicio a los pobres, la pr\u00e1ctica de la solidaridad y la lucha por la justicia. Y las tres vertebra\u00addas por el \u00abamor afectivo y efectivo\u00bb.<\/p>\n<h3><b><i>2) La recuperaci\u00f3n de una espiritualidad espec\u00edfica<\/i><\/b><\/h3>\n<p>En la Iglesia conviven diversas y distintas espiritualidades, como conviven distintos carismas. Es como un arco\u00edris con muchos y varia\u00addos colores. De esa variedad de colores proviene la belleza del arco\u00edris. O sea, que la variedad de espiritualidades enriquecen y embelle\u00adcen a la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>Esto quiere decir que cada grupo, en la Iglesia, debe vivir su pro\u00adpia y espec\u00edfica espiritualidad. Como afirmaba San Bernardo de Clara- val, \u00aben materia de espiritualidad cada uno tiene que beber de su pro\u00adpio pozo\u00bb. Y el pozo del laicado vicenciano es la espiritualidad vicen\u00adciana, no otra, aunque se haya puesto muy de moda.<\/p>\n<p>Si los miembros de una Asociaci\u00f3n vicenciana, como es la AIC, no recuperan la verdadera espiritualidad vicenciana -que el mismo Esp\u00edritu del Se\u00f1or dio a Vicente de Pa\u00fal para llevar a cabo su misi\u00f3n y para infundirla a sus colaboradores y colaboradoras- estar\u00e1n siendo infieles a su ser y a su quehacer, y estar\u00e1n muy alejados de la peda\u00adgog\u00eda que indic\u00f3 el Vaticano II. Y todos sabemos que los miembros de un grupo o Asociaci\u00f3n, con el paso de los a\u00f1os, tienen, al menos, dos tentaciones en este campo: la primera es la b\u00fasqueda de espirituali\u00addades de moda o de espiritualidades tranquilizantes; la segunda, te\u00adner una espiritualidad para una temporada y otra distinta para otra temporada, como el que tiene una ropa para el invierno, otra para la primavera y otra para el verano.<\/p>\n<p>Recordemos que la espiritualidad espec\u00edficamente vicenciana -y, por tanto, del laicado vicenciano- es una \u00abespiritualidad de encarna\u00adci\u00f3n\u00bb, una \u00abespiritualidad ken\u00f3tica\u00bb, una \u00abespiritualidad samaritana\u00bb, una \u00abespiritualidad del principio-misericordia\u00bb, una \u00abespiritualidad del misterio pascual\u00bb. Esta es la espiritualidad que el laico vicenciano tiene que recuperar en fidelidad y coherencia a su origen y a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b><i>3) Urgencias netamente vicencianas<\/i><\/b><\/h3>\n<p>Ciertamente, la lista de urgencias que podemos poner delante del laico vicenciano ser\u00eda kilom\u00e9trica. Voy a se\u00f1alar solamente algu\u00adnas, teniendo en cuenta las que m\u00e1s podemos deducir de la letra y el esp\u00edritu del Concilio Vaticano II. O sea, urgencias propias de la misi\u00f3n vicenciana y subrayadas por el Vaticano II. <i>La caridad \u00abreestructuradora de la realidad social\u00bb<\/i><\/p>\n<p>Es obligado arrancar del Decreto conciliar \u00abApostolicam Actuosi\u00adtatem\u00bb, el Decreto del Vaticano II especialmente dedicado al Apostola\u00addo seglar. Despu\u00e9s de urgir al laico cristiano a \u00abordenar todo el univer\u00adso hacia Cristo\u00bb (n<sup>2<\/sup> 2), a \u00abrestaurar todo el orden temporal\u00bb (n\u00ba 5) y a \u00abperfeccionarlo sin cesar\u00bb (n<sup>2<\/sup> 7), el Concilio le exige una caridad de ti\u00adpo \u00abreestructurador\u00bb. El siguiente p\u00e1rrafo es taxativo: \u00abCumplir antes que nada las exigencias de la justicia, para no dar como ayuda de cari\u00addad lo que ya se debe por raz\u00f3n de justicia; suprimir las causas, y no s\u00f3lo los efectos, de los males, y organizar los auxilios de tal forma que quienes los reciben se vayan liberando progresivamente de la depen\u00addencia externa y se vayan bastando por s\u00ed mismos\u00bb.<\/p>\n<h4><i>La \u00abpresencia\u00bb en la vida p\u00fablica<\/i><\/h4>\n<p>La Constituci\u00f3n conciliar \u00abGaudium et Spes\u00bb est\u00e1 vertebrada por un principio: la Iglesia -por tanto, los cristianos- tiene que estar meti\u00adda en el mundo, en el \u00abseculum\u00bb. Sin embargo, todav\u00eda hay infinidad de laicos cristianos muy remisos a sacar su voz y su presencia en la plaza p\u00fablica. Prefieren lo \u00abintraeclesial\u00bb. La tercera ponencia del Congreso de \u00abEvangelizaci\u00f3n y hombre de hoy\u00bb, en septiembre de 1985, llam\u00f3 la atenci\u00f3n sobre el hecho de que el mayor movimiento seglar en Espa\u00f1a no es el del compromiso temporal, sino el de los catequis\u00adtas (200.000). La ponencia, en su primera redacci\u00f3n, calificaba el hecho como \u00abs\u00edntoma enfermizo\u00bb. M\u00e1s tarde, por el cedazo de la cen\u00adsura, lo suaviz\u00f3 con la expresi\u00f3n de \u00abs\u00edntoma de una desproporci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie pone en duda que el Concilio Vaticano II pide a los laicos cristianos que su presencia sea m\u00e1s efectiva y no simplemente testi\u00admonial, que su fe sea realmente \u00abconfesante\u00bb por el compromiso so\u00adciopol\u00edtico, que participen en la vida asociativa, que asuman p\u00fablica mente la responsabilidad en los diversos campos de la sociedad, haciendo hincapi\u00e9 en el compromiso a favor de la justicia, que ejerzan la \u00abcaridad pol\u00edtica\u00bb. Es f\u00e1cil deducir las exigencias y consecuencias que esto conlleva para unos laicos cuyos \u00abamos y maestros\u00bb son los pobres.<\/p>\n<h4><i>Sin compromiso con la justicia no hay santidad<\/i><\/h4>\n<p>No quisiera olvidarme de lo que dijeron los obispos en el mensa\u00adje final del S\u00ednodo sobre los laicos, en 1987. Es una resonancia del Concilio Vaticano II: \u00abEl Esp\u00edritu nos lleva a descubrir m\u00e1s claramente que hoy la santidad no es posible sin un compromiso con la justicia, sin una solidaridad con los pobres y oprimidos. El modelo de santidad de los fieles laicos tiene que incorporar la dimensi\u00f3n social en la trans\u00adformaci\u00f3n del mundo seg\u00fan el plan de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas resonancias espec\u00edficamente vicencianas contiene este breve y conciso texto! Quiero suponer que no habr\u00e1 constituido ningu\u00adna sorpresa para el laico vicenc\u00edano. Y, por supuesto, a partir de este imperativo de santidad, ya no hay lugar para coartadas maniqueas.<\/p>\n<p><i>Nuestro ser y nuestro actuar se juega en el mundo de los pobres <\/i>Hay un documento de febrero de 1994 que nos recuerda algo fundamental y plenamente vicenciano: el \u00abjuicio de los pobres\u00bb. El documento se titula \u00abLa Igle\u00adsia y los pobres\u00bb, y fue traba\u00adjado, elaborado y redactado por la Comisi\u00f3n Episcopal de Pastoral Social. Todo el do\u00adcumento, adem\u00e1s de reso\u00adnancia conciliar, tiene un sa\u00adbor inequ\u00edvocamente vicen\u00adciano y, l\u00f3gicamente, consti\u00adtuye para el laico vicenciano un examen de conciencia serio y un revulsivo vital.<\/p>\n<p>El siguiente p\u00e1rrafo es absolutamente fundamental para discer\u00adnir el compromiso de una Asociaci\u00f3n que quiere respirar el carisma vicenciano: \u00abLa Iglesia sabe que ese encuentro con los pobres tiene para ella un valor de justificaci\u00f3n o de condena, seg\u00fan nos hayamos comprometido o inhibido ante los pobres. Los pobres son sa\u00adcramento de Cristo. M\u00e1s a\u00fan: ese juicio y esa justificaci\u00f3n no sola\u00admente debemos pasarlos alg\u00fan d\u00eda ante Dios, sino tambi\u00e9n ahora mis\u00admo ante los hombres. S\u00f3lo una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberaci\u00f3n, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimo\u00adnio coherente y convincente del mensaje evang\u00e9lico. Bien puede afir\u00admarse que el ser y el actuar de la Iglesia se juegan en el mundo de la pobreza y del dolor, de la marginaci\u00f3n y de la opresi\u00f3n, de la debili\u00addad y del sufrimiento\u00bb.<\/p>\n<h2><b>Para concluir<\/b><\/h2>\n<p>Se ha dicho que todav\u00eda un buen n\u00famero de laicos, hombres y mujeres, constituyen, dentro de la comunidad eclesial, la \u00abmayor\u00eda silenciosa\u00bb. Sin embargo, tambi\u00e9n es cierto que cada vez hay m\u00e1s lai\u00adcos y laicas, grupos y Asociaciones laicales, que viven su fe adulta y est\u00e1n convencidos de su vocaci\u00f3n y de su misi\u00f3n en la comunidad eclesial y en la sociedad civil. Y, por supuesto, el Concilio Vaticano II ha marcado en este tema del laicado -como en otros temas funda\u00admentales- un antes y un despu\u00e9s. Es el primer Concilio que se ha ocu\u00adpado de los laicos directa y expl\u00edcitamente.<\/p>\n<p>Vaya, desde aqu\u00ed, mi felicitaci\u00f3n, mi gratitud y mi homenaje al Concilio Vaticano II, en su cincuenta aniversario, y vaya tambi\u00e9n des\u00adde aqu\u00ed mi sue\u00f1o y mi esperanza en que el laicado vicenciano, concre\u00adtamente la AIC, siga siendo, en su modestia y humildad, signo del amor y de la ternura del buen Dios para los que habitan las periferias de la vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De entrada, confieso mi rubor y mi atrevimiento. 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