{"id":125783,"date":"2013-12-06T01:50:40","date_gmt":"2013-12-06T00:50:40","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125783"},"modified":"2013-12-06T01:50:40","modified_gmt":"2013-12-06T00:50:40","slug":"reencuentro-con-la-providencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/reencuentro-con-la-providencia\/","title":{"rendered":"Reencuentro con la providencia"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/providencia.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-126259\" alt=\"providencia\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/12\/providencia-300x222.jpg?resize=300%2C222\" width=\"300\" height=\"222\" \/><\/a>Durante su vida, san Vicente hablaba de la providencia con gran convencimiento. Ve\u00eda la mano de Dios, obrando en todas partes. Su\u00adplicaba a la providencia que animara a los que andaban a tientas en la oscuridad, que fortaleciera a los que sufr\u00edan, que frenara a los apresu\u00adrados, que iluminara a los dedicados a planificar el futuro.<\/p>\n<p>Este cap\u00edtulo consta de cuatro partes: 1) Un an\u00e1lisis de la provi\u00addencia, seg\u00fan las palabras y escritos de san Vicente; 2) Una descrip\u00adci\u00f3n de los principales cambios de pensamiento ocurridos entre los si\u00adglos XVII y XX; 3) Un reencuentro con la providencia, hoy; 4) Una par\u00e1bola.<\/p>\n<h2>La providencia en san Vicente<\/h2>\n<p>Leyendo a san Vicente, resulta evidente la importancia del papel que le asigna a la providencia:<\/p>\n<p>\u00abNo podemos asegurar mejor nuestra felicidad eterna que vivien\u00addo y muriendo en el servicio de los pobres, en los brazos de la pro\u00advidencia y en una renuncia actual a nosotros mismos, para seguir a Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>San Vicente no presenta un an\u00e1lisis filos\u00f3fico o teol\u00f3gico de la providencia. Pero los documentos que poseemos, y en especial sus cartas, escritas para ocasiones concretas y para responder a individuos de personalidades completamente diferentes, dan una visi\u00f3n bastante clara de c\u00f3mo la entend\u00eda \u00e9l. Para san Vicente, la providencia adquie\u00adre diferentes matices, seg\u00fan las distintas circunstancias.<\/p>\n<h2>El plan de Dios obra el bien<\/h2>\n<p>Algunas de las frases m\u00e1s sorprendentes de san Vicente sobre la providencia se las debemos a santa Luisa de Marillac. En sus luchas interiores, en particular, a causa de la educaci\u00f3n de su hijo Miguel, le descubri\u00f3 sus penas a san Vicente. \u00c9ste la animaba a que hiciera todo lo posible por estar en paz, y que dejara todo lo dem\u00e1s en las manos de Dios.<\/p>\n<p>En 1629 le escribe: \u00abLe deseo buenas noches y que no llore por la felicidad de Miguel&#8230;, Dios, hija m\u00eda, tiene grandes tesoros ocultos en su santa providencia; \u00a1y c\u00f3mo honran maravillosamente a nuestro Se\u00f1or los que la siguen y no se adelantan a ella!\u00bb (I, 131).<\/p>\n<p>En un asunto delicado que ata\u00f1\u00eda al obispo de Beauvais, le dice a santa Luisa en 1629: \u00abSiga el orden de la providencia. \u00a1Qu\u00e9 bueno es dejarse conducir por ella\u00bb (I, 326).<\/p>\n<p>Estaba convencido de que al tener que ausentarse por alg\u00fan asun\u00adto, Dios mismo en su providencia dirig\u00eda espiritualmente a santa Luisa y la convenc\u00eda de que as\u00ed ser\u00eda siempre (cf. I, 96).<\/p>\n<p>La necesidad de seguir la providencia aparece continuamente en las cartas de san Vicente a distintos cohermanos durante las largas ne\u00adgociaciones en Roma. En 1640 le dice al P. Luis Lebreton, que encon\u00adtraba problemas para conseguir una casa para la Congregaci\u00f3n: \u00abS\u00e9 que no es posible a\u00f1adir nada a sus esfuerzos y que nada hay que decir en contra de usted, de su celo y de su prudencia. Nuestro Se\u00f1or le ha dado estas virtudes en abundancia y lleva adelante este asunto seg\u00fan el orden de su eterna providencia. Est\u00e9 seguro, padre, de que alg\u00fan d\u00eda ver\u00e1 que todo ha sido mejor as\u00ed; a m\u00ed me parece que lo veo ya con mayor claridad que la del sol que me ilumina. \u00a1Qu\u00e9 bueno es dejarse guiar por su providencia!\u00bb (II, 113-114).<\/p>\n<p>San Vicente estaba totalmente convencido de que para los que aman a Dios e intentan hacer su voluntad, \u00abtodas las cosas contribuyen para bien\u00bb (Rm 8, 28). \u00abEn nombre de Dios, no (nos extra\u00f1emos) de nada. Dios hace siempre las cosas para lo mejor\u00bb, le dice a santa Luisa en 1647 (III, 191). A Aquiles le Vazeus le dice: \u00abManteng\u00e1mo\u00adnos en total dependencia de Dios y en la confianza de que, al obrar as\u00ed, todo lo que los hombres digan o hagan en contra nuestra, se tro\u00adcar\u00e1 en bien\u00bb (IV, 370). Algo antes de su muerte, le escribe a Ren\u00e9 Al\u00adm\u00e9ras: \u00ab\u00a1Bendito sea Dios por todas sus disposiciones sobre nosotros! Ciertamente, me hubiera costado mucho soportarlas si las hubiera visto fuera del benepl\u00e1cito divino, que lo ordena todo para nuestro mayor bien\u00bb (VIII, 385).<\/p>\n<p>\u00abNuestro Se\u00f1or no permite todo esto sin raz\u00f3n; esta raz\u00f3n nos es desconocida por ahora, pero alg\u00fan d\u00eda la comprenderemos\u00bb, le escribe a Juan Barreau, en 1658 (VII, 249). Y en el mismo a\u00f1o, le dice a Ed\u00admundo Jolly, el superior de la casa de Roma: \u00abSu providencia es la \u00fanica que tiene que llevar a cabo esta clase de asuntos&#8230; ha sido siem\u00adpre norma en la Compa\u00f1\u00eda esperar y no adelantarse a las \u00f3rdenes del superior\u00bb (VII, 329).<\/p>\n<p>San Vicente apela al plan oculto de Dios en muchas y variadas circunstancias para explicar el \u00e9xito sorprendente de las obras que \u00e9l hab\u00eda comenzado (cf. XI, 326); para consolar a la Compa\u00f1\u00eda al hablar de las enfermedades o muerte de los misioneros (cf. XI, 344ss.), para buscarle sentido a la p\u00e9rdida de la granja de Orsigny (cf. XI, 363ss.), para animar a los que hab\u00edan perdido a sus seres queridos (cf. VI, 413), para dar explicaciones sobre los Misioneros e Hijas de la Caridad que dejaban la Compa\u00f1\u00eda (cf. IX, 437), para animar a la Compa\u00f1\u00eda a acep\u00adtar con valor las calumnias y persecuciones (RC II, 13).<\/p>\n<p>Estaba tan seguro de la importancia que ten\u00eda para las Hijas de la Caridad el seguimiento de la providencia, que incluso se imaginaba que se llamaban Hijas de la providencia: \u00abHijas m\u00edas, ten\u00e9is que tener tan gran devoci\u00f3n, tan gran confianza y tan gran amor a esta divina providencia que, si ella misma no os hubiese dado este hermoso nom\u00adbre de Hijas de la Caridad,&#8230; deber\u00edais llevar el de \u00abHijas de la Provi\u00addencia\u00bb, ya que ha sido ella la que os ha hecho nacer\u00bb (IX, 86).<\/p>\n<h2>Confiar en el plan de Dios con paz y paciencia<\/h2>\n<p>Este tema aparece con mucha frecuencia en las cartas de san Vi\u00adcente al impetuoso Bernardo Codoing, el superior de la casa de Roma, que a menudo despert\u00f3 la ira del fundador por actuar con demasiada precipitaci\u00f3n o demasiada brusquedad. En una carta del 7 de diciem\u00adbre de 1641, despu\u00e9s de reprender a Codoing y de pedirle que actuara con gran deliberaci\u00f3n, san Vicente a\u00f1ade: \u00abal repasar por encima todas las cosas principales que han pasado en esta Compa\u00f1\u00eda, me parece, y esto es muy elocuente, que si se hubieran hecho antes de lo que se hi\u00adcieron, no habr\u00edan estado tan bien hechas. Lo puedo decir esto de todas, sin exceptuar ninguna. Por eso, siento una devoci\u00f3n especial en ir siguiendo paso a paso a la adorable providencia de Dios. Y el \u00fanico consuelo que tengo es que me parece que ha sido s\u00f3lo nuestro Se\u00f1or el que ha hecho y hace continuamente las cosas de esta peque\u00f1a Compa\u00ad\u00f1\u00eda\u00bb (II, 176).<\/p>\n<p>El 16 de marzo de 1644, Vicente reprende a Codoing por entro\u00admeterse en asuntos que no le pertenec\u00edan: \u00abEn nombre de Dios, padre, aleje de sus preocupaciones, las cosas ajenas y demasiado lejanas y que no le conciernen, y ponga todo su cuidado en la disciplina dom\u00e9s\u00adtica. Lo dem\u00e1s ya ir\u00e1 llegando a su debido tiempo. La gracia tiene sus ocasiones. Pong\u00e1monos en manos de la providencia de Dios y no nos empe\u00f1emos en ir por delante de ella. Si Dios quiere darme alg\u00fan con\u00adsuelo en nuestra vocaci\u00f3n, es \u00e9ste precisamente: que creo que al pare\u00adcer hemos procurado seguir en todas las cosas a la providencia y que no hemos querido poner el pie m\u00e1s que donde ella nos lo ha se\u00f1alado\u00bb (II, 381). Y tres meses m\u00e1s tarde a\u00f1ade: \u00ab\u00bfQu\u00e9 vamos a hacer?, me dir\u00e1 usted. Haremos lo que nuestro Se\u00f1or quiere, o sea, mantenernos siem\u00adpre pendientes de su providencia, ya que \u00e9l lo quiere as\u00ed para nuestro mayor bien\u00bb (II, 395).<\/p>\n<p>Resume todo este asunto con el P. Codoing, el 6 de Agosto de 1644: \u00abYa le he dicho otras veces, padre, que las cosas de Dios se rea\u00adlizan por s\u00ed mismas y que la verdadera sabidur\u00eda consiste en seguir a la providencia paso a paso. Est\u00e9 seguro de la verdad de esta m\u00e1xima, que parece parad\u00f3jica: en las cosas de Dios, el que anda con prisas, retro\u00adcede\u00bb (II, 398).<\/p>\n<p>En los escritos de san Vicente, existe una clara tensi\u00f3n entre acti\u00advidad y pasividad. Su actitud depende en gran manera de las circuns\u00ad tancias. Por ejemplo, al intentar moderar el celo indiscreto de Felipe le Vacher, san Vicente reclama pasividad: \u00abEl bien que Dios quiere se re\u00adaliza casi por s\u00ed mismo, sin que se piense en ello; as\u00ed es como naci\u00f3 nuestra Congregaci\u00f3n, como empezaron los ejercicios de las Misiones y de los ordenandos, como se fund\u00f3 la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Ca\u00adridad&#8230; \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1nto deseo, padre, que modere usted sus ardo\u00adres y que pese maduramente las cosas con el peso del santuario antes de decidirlas! Sea usted m\u00e1s bien paciente que agente; as\u00ed es como Dios har\u00e1 por medio de usted solo lo que todos los hombres juntos no podr\u00edan hacer sin \u00e9l\u00bb (IV, 499). Con frecuencia, le recuerda este tema a santa Luisa, tambi\u00e9n: \u00abTodo llega a su hora para el que sabe esperar; esto es verdad de ordinario, pero sobre todo, en las cosas de Dios m\u00e1s que en las otras\u00bb (I, 278)<sup>5<\/sup>.<\/p>\n<p>De todo esto, se desprende con claridad que san Vicente aborre\u00adc\u00eda la precipitaci\u00f3n, les dice a otros que \u00absu esp\u00edritu (de Dios) no es violento ni tempestuoso\u00bb (II, 190), sus obras tienen sus momentos (cf. II, 381), se realizan por s\u00ed mismas (II, 393, 398; Abelly, Vida del ve\u00adnerable siervo de Dios Vicente de Pa\u00fal, p. 311, CEME, Salamanca, 1994), se completan poco a poco (cf. II, 190). \u00abEn nombre de Dios, padre \u2014le dice a Godoing\u2014 si la necesidad nos apremia, obremos len\u00adtamente, como dice un sabio proverbio\u00bb (II, 232).<\/p>\n<p>Pero como sugiere la cita anterior, esta misma verdad tiene otra vertiente en los escritos de san Vicente, como vamos a ver ahora.<\/p>\n<h2>Los cooperadores de Dios deben apresurarse aunque sea despacio<\/h2>\n<p>San Vicente toma la posici\u00f3n contraria en el mismo tema de la pa\u00adsividad\u2014actividad con Esteban Blatiron, el superior de Roma, en 1655. El \u00e9nfasis cambia sutilmente cuando san Vicente manifiesta que desea algo m\u00e1s de acci\u00f3n: \u00abNo deje usted, padre, de urgir nuestro asunto, con la confianza de que es \u00e9sa la voluntad de Dios&#8230; El \u00e9xito de semejan\u00adtes empresas se debe muchas veces a la paciencia y a la vigilancia que se practica en ellas&#8230; Las obras de Dios tienen su momento: es enton\u00adces cuando su providencia las lleva a cabo, y no antes ni despu\u00e9s&#8230; Aguardemos con paciencia y actuemos y, por as\u00ed decir, apresur\u00e1ndo\u00adnos lentamente, en la soluci\u00f3n de uno de los mayores asuntos que ten\u00addr\u00e1 nunca la Congregaci\u00f3n\u00bb (V, 374).<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n entre actividad y pasividad, en el mismo san Vicente, se manifiesta en otra carta a Esteban Blatiron, del 12 de noviembre de 1655. En ella, san Vicente comenta favorablemente una pr\u00e1ctica que Blatiron ha comenzado, concretamente el pedir, por intercesi\u00f3n de san Jos\u00e9, el crecimiento de la Compa\u00f1\u00eda. Y \u00e9l a\u00f1ade reflexivamente: \u00abYo he estado m\u00e1s de veinte a\u00f1os sin atreverme a ped\u00edrselo a Dios, cre\u00adyendo que, como la Congregaci\u00f3n era obra suya, hab\u00eda que dejar a su sola providencia el cuidado de su conservaci\u00f3n y de su crecimiento; pero, a fuerza de pensar en la recomendaci\u00f3n que se nos hace en el Evangelio de pedirle que env\u00ede operarios a su mies, me he convencido de la importancia y de la utilidad de estos actos de devoci\u00f3n\u00bb (V, 439).<\/p>\n<p>Finalmente, si alguien siente la tentaci\u00f3n de considerar las ense\u00ad\u00f1anzas de san Vicente sobre la providencia como excesivamente pasi\u00advas, ese tal debe recordar las palabras del fundador a Edmundo Jolly: \u00abes usted uno de los hombres que honran m\u00e1s en el mundo la provi\u00addencia de Dios con la preparaci\u00f3n de los remedios contra los males ve\u00adnideros. Se lo agradezco muy humildemente y pido a nuestro Se\u00f1or que le siga aumentando sus luces para derramarlas sobre la Compa\u00f1\u00eda\u00bb (VII, 267).<\/p>\n<h2>Seguir la providencia y hacer en todo la voluntad de Dios<\/h2>\n<p>Una de las principales influencias que se pueden notar en el pen\u00adsamiento de san Vicente es la de Benito de Canfield con su <i>Regla de <\/i><i>Perfecci\u00f3n, <\/i>en la que el hacer la voluntad de Dios en todas las cosas se considera el elemento central de toda la vida espiritual&#8217;. En muchas de las citas anteriores, el lector ya ha notado la importancia que tiene para san Vicente el hacer la voluntad de Dios. En una de las \u00e9pocas en que Luisa de Marillac se sent\u00eda angustiada por el futuro de su hijo Miguel, le escribe sobre otro problema relativo a un ni\u00f1o, y luego a\u00f1ade: \u00abEn fin, Dios proveer\u00e1 y cuidar\u00e1 tambi\u00e9n de su hijo, el de usted, sin que tenga que preocuparse por lo que le pueda pasar. Ofrezca al hijo y a la madre a nuestro Se\u00f1or. \u00c9l atender\u00e1 debidamente a usted y a su hijo. D\u00e9jele hacer solamente en usted su voluntad y conf\u00ede en \u00e9l, en todas sus tareas. \u00c9stas bastan para que quede usted totalmente consagrada a Dios. \u00a1Qu\u00e9 poco se necesita para ser santa: hacer en todo la voluntad de Dios!\u00bb (II, 34).<\/p>\n<p>La estrecha relaci\u00f3n entre hacer la voluntad de Dios y seguir la providencia son dos temas que se superponen en las cartas de san Vi\u00adcente. Por ejemplo, escribe a Renato Alm\u00e9ras, el 10 de mayo de 1647: \u00ab\u00a1Ay, padre! \u00a1Que felicidad no querer m\u00e1s que lo que Dios quiere, no hacer m\u00e1s que lo que la providencia nos va se\u00f1alando en cada ocasi\u00f3n, y no tener nada m\u00e1s que lo que nos d\u00e9 su providencia!\u00bb (III, 170).<\/p>\n<p>La clar\u00edsima influencia de la doctrina de Canfield sobre san Vi\u00adcente se evidencia en la conferencia del 7 de Marzo de 1659, en la que describe el proceso de discernir y hacer la voluntad de Dios (cf. XI, 445-457).<\/p>\n<p>Debemos \u00abquerer lo que quiere la divina providencia\u00bb (VI, 440) es la manera en la que lo dice san Vicente, combinando los dos temas. A los misioneros les dice: \u00abla perfecci\u00f3n consiste en unir nues\u00adtra voluntad con la de Dios, hasta tal punto que la suya y la nuestra no sean, propiamente hablando, m\u00e1s que un mismo querer y no que\u00adrer\u00bb (XI, 212).<\/p>\n<h2>Las dos bases de las ense\u00f1anzas de san Vicente sobre la providencia<\/h2>\n<h3><i>1. Confianza en Dios<\/i><\/h3>\n<p>La confianza en la providencia consiste en la capacidad de aban\u00addonarse en las manos de Dios, Padre amoroso.<\/p>\n<p>\u00abD\u00e9monos a Dios\u00bb, repet\u00eda san Vicente a los Misioneros y a las Hijas de la Caridad<sup>9<\/sup>. Confiaba totalmente en Dios, como su Padre, en cuyas manos pon\u00eda sus obras y su vida. El diario escrito por Juan Gicquel nana lo que Vicente dijo a los padres Alm\u00e9ras, Berthe y Gicquel, el 7 de junio de 1660, s\u00f3lo cuatro meses antes de su muerte: \u00abConsumirse por Dios, no tener ni bienes ni fuerzas m\u00e1s que para gastarlos por Dios, es lo que hizo nuestro Se\u00f1or, que se consumi\u00f3 por amor a su Padre\u00bb (X, 222).<\/p>\n<p>San Vicente deseaba que el amor a Dios lo abarcara todo. As\u00ed le escribe a Pedro Escart: \u00abLo que tengo que decirle por ahora, junto con mis deseos infinitos de que busquemos por encima de todo despojar\u00adnos del afecto a todo cuanto no es Dios, y que no nos aficionemos a las cosas m\u00e1s que por Dios y seg\u00fan Dios, y que procuremos establecer pri\u00admeramente su reino en nosotros, y luego en los dem\u00e1s. Es lo que tam\u00adbi\u00e9n le ruego que pida a Dios para m\u00ed\u00bb (II, 89).<\/p>\n<p>San Vicente est\u00e1 absolutamente convencido de que Dios nos ama tanto como un padre, y por eso ejerce de continuo su providencia en nuestras vidas. A este prop\u00f3sito, le escribe a Aquiles Le Vazeux: \u00ab\u00c9l (Dios) sabe lo que nos conviene y nos lo dar\u00e1 cuando sea la hora si, como hijos llenos de confianza con un padre tan bueno, nos ponemos en sus manos\u00bb (VI, 298).<\/p>\n<p>Muchas de las conferencias y escritos de san Vicente hablan de la providencia de Dios (impl\u00edcitamente, y a veces, expl\u00edcitamente, de la del Padre), otras muchas habla de la providencia de Cristo para con sus seguidores.<\/p>\n<p>A las Hijas de la Caridad les dice que: \u00abtener confianza en la pro\u00advidencia quiere decir que debemos esperar de Dios que se cuidar\u00e1 de todos cuantos lo sirvan, lo mismo que un esposo se cuida de su espo\u00adsa, y un padre mira por su hijo. As\u00ed es como se cuida Dios de nosotros, y mucho m\u00e1s. No tenemos que hacer otra cosa m\u00e1s que confiarnos a su direcci\u00f3n, como dice la Regla, que hace un ni\u00f1o en manos de su no\u00addriza. Si ella pone al ni\u00f1o en su brazo derecho, a \u00e9ste le parece bien; si lo pone en el izquierdo, se queda contento; con tal que le d\u00e9 de mamar, se quedar\u00e1 satisfecho. As\u00ed pues, hemos de tener tambi\u00e9n nosotros esa confianza en la providencia divina, ya que ella se preocupa de todo lo referente a nosotros, del mismo modo que lo hace una nodriza con el ni\u00f1o\u00bb (IX, 1050).<\/p>\n<p>Hablando de la providencia que Jes\u00fas tiene para con sus seguido\u00adres, san Vicente dice a Juan Mart\u00edn en 1647: \u00abEn fin, padre, roguemos a nuestro Se\u00f1or que todo se haga a gusto de su providencia y que nues\u00adtras voluntades est\u00e9n tan sujetas a \u00e9l, que entre \u00e9l y nosotros no for\u00admemos m\u00e1s que una sola voluntad, gozando de su \u00fanico amor en el tiempo y en la eternidad\u00bb (III, 177). En esta cita, se nota una vez m\u00e1s la gran influencia de Canfield en san Vicente.<\/p>\n<h3>2. <i>Indiferencia<\/i><\/h3>\n<p>San Vicente habla extensamente de este tema en su conferencia a los Misioneros, del 16 de mayo de 1659, (cf. XI, 524ss.). Tambi\u00e9n aqu\u00ed, se nota claramente la influencia de Canfield.<\/p>\n<p>La indiferencia, para san Vicente, consiste en el desapego de todo lo que pueda apartarnos de Dios (cf. XI, 521). La indiferencia nos li\u00adbera para que podamos unirnos a El (cf. XI, 524ss.), disponiendonos a querer s\u00f3lo lo que \u00e9l quiere (cf RC II, 10). La indiferencia y la con\u00adfianza en la providencia van necesariamente unidas. \u00abNuestro Se\u00f1or es una continua comuni\u00f3n para los que est\u00e1n unidos a su querer y a su no querer\u00bb, dice san Vicente a Luisa de Marillac (I, 278). Este aviso lo re\u00adpite una y otra vez: \u00abHay que aceptar la providencia de Dios sobre sus hijas, ofrec\u00e9rselas a \u00e9l y quedar en paz. El Hijo de Dios tambi\u00e9n vio a su compa\u00f1\u00eda dispersa y casi continuamente disipada. Tiene que unir su voluntad a la de \u00c9l\u00bb (V, 401).<\/p>\n<p>A un sacerdote de la Misi\u00f3n le escribe: \u00ab\u00bfY qu\u00e9 vamos a hacer no\u00adsotros, sino querer lo que quiere la divina providencia y no querer lo que ella no quiere?\u00bb (VI, 440). Siguiendo con el mismo tema, escribe con lirismo a las Hijas de la Caridad: \u00abcumplir la voluntad de Dios es empezar el para\u00edso en la tierra. Ense\u00f1adme una persona, ense\u00f1adme una Hermana que cumpla durante toda su vida, la voluntad de Dios; empieza a hacer ya en la tierra lo que hacen los bienaventurados en el cielo; empieza su para\u00edso ya en este mundo, ya que no tiene m\u00e1s vo\u00adluntad que la de Dios\u00bb (IX, 579).<\/p>\n<h2>Cambios de perspectiva entre el siglo XVII y el XX<\/h2>\n<p>La problem\u00e1tica que describ\u00ed en el cap\u00edtulo anterior, sobre la Cruz, se aplica tambi\u00e9n a este tema de la providencia, por eso no creo conveniente repetirla aqu\u00ed. La teolog\u00eda de la cruz y la teolog\u00eda de la providencia est\u00e1n \u00edntimamente relacionadas. Este hecho es evidente en los escritos de san Vicente y de santa Luisa, donde los dos temas apa\u00adrecen con frecuencia, en el mismo contexto\u00bb.<\/p>\n<p>Recordando lo que hemos dicho sobre la cruz, ahora mencionar\u00e9 s\u00f3lo dos factores m\u00e1s, que influyen en el modo de ver la providencia; es decir, dos cambios de perspectivas que ocurrieron entre la \u00e9poca de san Vicente y la nuestra.<\/p>\n<h3><i>1. De una \u00e9poca de causalidad directa a otra de causas secundarias e <\/i><i>independencia personal<\/i><\/h3>\n<p>Este cambio empez\u00f3 a ocurrir ya en tiempo de san Vicente. Y hoy, es parte del aire que respiramos. En una \u00e9poca de experimentos cien\u00adt\u00edficos, nos centramos m\u00e1s en datos emp\u00edricos; y tanto la salud como la enfermedad las atribuimos m\u00e1s a causas perceptibles, que a Dios, directamente. Incluso, cuando se desconoce la causa de una enfermedad, la buscamos seguros de que al final la encontraremos.<\/p>\n<p>En este contexto, atribuir el bien y el mal a la providencia de Dios, puede con frecuencia sonar extra\u00f1o, o incluso, a hueco. Pero a\u00fan, cuando nos enfrentamos con problemas serios, exhortar a la gente a abandonarse en la providencia puede resultar imprudente, pues la pro\u00advidencia, por su parte, puede estar urgi\u00e9ndonos a buscar los remedios para nuestros males.<\/p>\n<p>Naturalmente, este cambio de \u00e9nfasis no es totalmente nuevo. De hecho, la teolog\u00eda moral cat\u00f3lica ha dado siempre mucha importancia al papel de las causas segundas, lo mismo que siempre ha subrayado la importancia de la responsabilidad humana. La teolog\u00eda sistem\u00e1tica ca\u00adt\u00f3lica, poniendo el acento en las mediaciones, ha resaltado a\u00fan m\u00e1s, las causas segundas\u00bb.<\/p>\n<p>Partiendo de la Gaudium et Spes (cf. n.\u00b0s 4, 9, 12, 14, 15, 22) la teolog\u00eda cat\u00f3lica ha exaltado la autonom\u00eda de la persona. Hoy somos, ciertamente, m\u00e1s lentos que en tiempo de san Vicente, en atribuir los hechos a Dios, directamente, dado que dependen claramente del que\u00adhacer humano.<\/p>\n<p>Somos conscientes, adem\u00e1s, que este modo de pensar permite a \u00abDios ser Dios\u00bb, por as\u00ed decir. Le reconoce su absoluta autonom\u00eda, total y absoluta diferencia. Reconoce, tambi\u00e9n, que su causalidad divina no disminuye la libertad humana, sino que es su fundamento; de hecho, la dependencia de Dios y la verdadera autonom\u00eda humana aumentan y no disminuyen en proporci\u00f3n directa de una a otra<sup>14<\/sup>. El poder de Dios no esclaviza a las personas; les da poder<sup>15<\/sup>.<\/p>\n<p>Desde esta misma perspectiva, la persona se ve como en proceso de desarrollo, como incompleta, pero abierta a lo absoluto. El cambio se acepta no s\u00f3lo como inevitable, sino tambi\u00e9n como deseable. El cambio r\u00e1pido se ha hecho, adem\u00e1s, parte de la vida, y su proporci\u00f3n crece expont\u00e1neamente. En esta era de los ordenadores, estamos seguros de que podemos \u00abhacer que las cosas sucedan\u00bb, y de que podremos encontrar, al fin, la soluci\u00f3n a casi todos los problemas que surjan.<\/p>\n<h3><em>2. Un cambio de un modo est\u00e1tico a otro hist\u00f3rico de ver el mundo<\/em><\/h3>\n<p>Los distintos modos que tenemos de entender el mundo, la perso\u00adna y Dios est\u00e1n \u00edntimamente entrelazados e influyen tambi\u00e9n en nues\u00adtro modo de entender la providencia.<\/p>\n<p>Los distintos modos de ver estas realidades son caracter\u00edsticos de \u00e9pocas distintas; aunque a veces existen simult\u00e1neamente dentro de una misma \u00e9poca. Expondr\u00e9 aqu\u00ed, tres de estos distintos modos.<\/p>\n<p>En un entendimiento <i>est\u00e1tico, <\/i>como el que rein\u00f3 en los siglos quince y diecis\u00e9is, e incluso, en tiempos de san Vicente, la visi\u00f3n que existe de la persona es una visi\u00f3n hist\u00f3rica. La sociedad da leyes y re\u00adglas, que se aceptan como la voluntad divina. Predominan las leyes y reglas externas. Los campos de la pol\u00edtica, la econom\u00eda y lo social se gobiernan por leyes establecidas. Dentro de este contexto, el \u00e9nfasis se pone en la visi\u00f3n de Dios, como el Absoluto, el Todopoderoso, el Om\u00adnipresente, el Omnisciente. Al hablar de la providencia, nos imagina\u00admos a Dios gobernando y dirigi\u00e9ndolo todo. La fe en la providencia se concreta en el abandono y la absoluta confianza en los planes de Dios, que nunca fallan. Como resulta evidente, esta pespectiva ha enriqueci\u00addo las vidas de muchos santos, incluso la de san Vicente y la de santa Luisa de Marillac; pero existe un peligro, al entender as\u00ed la providen\u00adcia de Dios puede llevar a algunos al escapismo, o falta de compromi\u00adso personal.<\/p>\n<p>Es un modo <i>personalista <\/i>de entender la realidad, que ha surgido con fuerza a partir del siglo XVIII con la reclamaci\u00f3n de \u00ablos derechos humanos\u00bb, que empezaban a reconocerse, comenzando por la autono\u00adm\u00eda y la libertad de la persona. La responsabilidad y creatividad hu\u00admanas se acent\u00faan.<\/p>\n<p>En \u00e9tica, el \u00e9nfasis se pone en la interiorizaci\u00f3n y la conciencia. En teolog\u00eda, sobresalen la historia y el desarrollo. La Iglesia es considerada cuerpo de Cristo. Y al hablar de Dios, se acent\u00faa su amor per\u00adsonal de Padre. Al tratar de la providencia, se ve a Dios como gu\u00eda de la historia personal de cada uno de nosotros. Dios nos ama, nos acom\u00adpa\u00f1a y nos conduce. Esta perspectiva tiene muchas ventajas, particu\u00adlarmente, a nivel de la convicci\u00f3n del amor de Dios, y la necesidad de la conversi\u00f3n personal; pero existe tambi\u00e9n, el peligro de que esta ma\u00adnera de ver a Dios y a su providencia puedan hacernos caer en un \u00abintimismo\u00bb.<\/p>\n<p>En una comprensi\u00f3n hist\u00f3rico-social de la realidad, el acento recae sobre la inter-relaci\u00f3n de las personas dentro de un contexto so\u00adciol\u00f3gico y el crecimiento de la familia humana. En la \u00e9tica, se forta\u00adlece la responsabilidad social. Se subraya la trasformaci\u00f3n de la socie\u00addad y de la realidad sociopol\u00edtica. Tambi\u00e9n, el pecado se considera dentro de un contexto social<sup>18<\/sup>. Existe una llamada a cambiar las ex\u00adtructuras injustas. La teolog\u00eda se centra en un Dios Trinitario. La Igle\u00adsia es considerada pueblo de Dios, en \u00e9xodo permanente. Cuando se habla de la providencia, se habla de un Dios libertador del pueblo, que lo salva de todo lazo de opresi\u00f3n. Esta perspectiva tiene la ventaja de tender hacia una resoluci\u00f3n concreta y fundamental de los problemas sociales que mantienen a los pobres en su pobreza; para algunos, con\u00adlleva el peligro de caer en el activismo, que pierde de vista los cami\u00adnos de Dios.<\/p>\n<h2>Con la providencia, hoy<\/h2>\n<p>Existe hoy un creciente inter\u00e9s en el estudio de la providencia, con la intenci\u00f3n de articular una teolog\u00eda que, reconociendo distintos niveles de causalidad, explique lo racional y lo irracional de la exis\u00adtencia humana, y pueda encontrar sentido donde s\u00f3lo experimentamos caos, desorden, violencia y apat\u00eda. La teolog\u00eda de la providencia es en sus ra\u00edces una teolog\u00eda del \u00absentido\u00bb. Intenta salvar la distancia entre los polos opuestos de la experiencia humana: entre orden y caos, salud y enfermedad, vida y muerte, gracia y pecado, compromiso e inhibi\u00adci\u00f3n, plan y desorden, paz y violencia. Los servidores de la providen\u00adcia son los hombres y mujeres que, con sus vidas, dan testimonio de coherencia y pueden hablar de forma convincente. La docilidad a la providencia es una actitud de confianza reverente ante el misterio de Dios, revelado en Cristo, en quien se unen la vida, la muerte, y la re\u00adsurrecci\u00f3n.<\/p>\n<h3><i>1. Confianza en la providencia significa enraizamiento en un Dios per\u00adsonal y amoroso<\/i><\/h3>\n<p>La fe en la Providencia, a trav\u00e9s de la historia, se muestra no tanto en las f\u00f3rmulas de los credos, cuanto en las palabras confiadas de las oraciones diarias. Es inseparable de la confianza en un Dios personal y amoroso.<\/p>\n<p>La mente humana se sorprende ante el misterio. Con todo, lo en\u00adcontramos en el origen de nuestras alegr\u00edas y penas m\u00e1s profundas. El nacimiento, la muerte, lo bello, la tragedia, todo est\u00e1 rodeado de mis\u00adterio. Y luchamos, sin cesar, para reconciliar opuestos y sondear los misterios de la vida y de la muerte.<\/p>\n<p>Ya en el siglo V antes de Cristo, los griegos y, en particular, los estoicos usaban la palabra providencia para referirse a un orden racio\u00adnal de las cosas, donde una raz\u00f3n divina impregnaba todo. Este t\u00e9rmi\u00adno aparece bastante tarde en el Antiguo Testamento, en los libros de Job y de la Sabidur\u00eda, en los que se une a otra tendencia anterior que no se fijaba tanto en un concepto filos\u00f3fico de armon\u00eda c\u00f3smica, como en un Dios que act\u00faa en la Historia. Esta creencia fundamental del Antiguo Testamento considera a Dios como aliado de su pueblo. Y que act\u00faa creando, haciendo alianzas, persiguiendo, perdonando, liberando. \u00c9l est\u00e1 con su pueblo tanto en las conquistas como en la cautividad. Con ellos va al exilio y con ellos retorna. \u00ab\u00bfAcaso olvida una madre a su ni\u00f1o de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aun\u00adque \u00e9sas lleguen a olvidar, yo no te olvido. M\u00edralo: en las palmas de mis manos, te tengo tatuada\u00bb, Is 49, 15-16.<\/p>\n<p>Este Dios providente de los escritos hebreos es el Dios de Jesu\u00adcristo. Es el Padre al que ama Jes\u00fas, y el que cautiva toda su atenci\u00f3n. La muerte y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas son la m\u00e1s excelsa proclamaci\u00f3n de la providencia.<\/p>\n<p>En el centro de la fe del Nuevo Testamento, se encuentra la cre\u00adencia en un Dios personal, que se revela en Jes\u00fas, su Hijo encarnado. Jes\u00fas mismo se debate con los misterios de la vida, el crecimiento, el \u00e9xito, el abandono de sus seguidores, el dolor, la muerte. Encuentra la soluci\u00f3n a este debate no en una filosof\u00eda claramente delineada que \u00e9l esquematiza para la posteridad, sino en abandonarse en las manos de su Padre. Conf\u00eda en que su Padre lo ama profundamente, que puede sacar alegr\u00eda de la tristeza, y vida de la muerte.<\/p>\n<p>Reflexionando sobre la experiencia de Jes\u00fas, el Nuevo Testamen\u00adto nos manda fijarnos continuamente en el amor personal que Dios nos tiene. En un pasaje, muy querido por san Vicente, Jes\u00fas exalta la pro\u00advidencia de Dios para con sus hijos (cf. XI, 438): Fijaos en los lirios del campo, c\u00f3mo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salom\u00f3n en toda su gloria se visti\u00f3 como uno de ellos. Pues si a la hierba que hoy est\u00e1 en el campo y ma\u00f1ana se echa al horno, Dios as\u00ed la viste \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s a vosotros, hombres de poca fe! (cf. Mt 6, 26. 28. 29).<\/p>\n<p>Los escritos de Lucas iluminan de modo especial la providencia de Dios&#8217;. El Esp\u00edritu del Padre y de Jes\u00fas aparece en Lucas activo desde el principio, guiando la historia. Unge a Jes\u00fas con el poder de lo alto y lo conduce en su ministerio, lo mismo que a sus disc\u00edpulos.<\/p>\n<ul>\n<li>El Esp\u00edritu Santo vendr\u00e1 sobre ti y el poder del Alt\u00edsimo te cubrir\u00e1 con su sombra (Lc 1, 35).<\/li>\n<li>Habiendo sido bautizado Jes\u00fas&#8230; El Esp\u00edritu Santo baj\u00f3 sobre \u00e9l (Lc 3, 22).<\/li>\n<li>Jes\u00fas lleno del E. Santo&#8230; fue llevado al desierto (Lc 4, 1).<\/li>\n<li>Jes\u00fas regres\u00f3 a Galilea con el poder el Esp\u00edritu Santo. (Lc 4, 14).<\/li>\n<li>El Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed (Lc 4, 18).<\/li>\n<li>Vuestro Padre celestial dar\u00e1 el Esp\u00edritu Santo a los que se lo pidan (Lc 11, 13).<\/li>\n<li>El Esp\u00edritu Santo os ense\u00f1ar\u00e1 en aquel mismo momento, lo que conviene decir (Lc 12, 12).<\/li>\n<\/ul>\n<p>La oraci\u00f3n confiada es una de las se\u00f1ales cruciales de la fe en un Dios personal. El mismo hecho de orar es una afirmaci\u00f3n de que cre\u00ademos en un Dios vivo, que se relaciona con nosotros, que nos escucha, que se preocupa por nuestro caminar, que escucha en especial el cla\u00admor de los pobres, y que responde. Por esta raz\u00f3n, el Evangelio de Lucas insiste con tanta frecuencia sobre la oraci\u00f3n confiada y constan\u00adte (cf. Lc 11, 1-13; 18, 1-8).<\/p>\n<h3><i>2. Esperanza en el poder y sabidur\u00eda de Dios<\/i><\/h3>\n<p>La confianza en la providencia implica confianza en una sabidu\u00adr\u00eda desconocida, que gu\u00eda la historia y que puede hacer compatible los opuestos.<\/p>\n<p>A veces, echamos una ojeada panor\u00e1mica al gran cuadro del mundo en el que la tragedia produce buenos resultados. Inundaciones catastr\u00f3ficas fertilizan la tierra para el futuro. Incendios gigantescos que hacen estragos en los bosques y producen enormes da\u00f1os y, al mismo tiempo, los limpia para un exuberante crecimiento posterior. El dolor y el sufrimiento, con frecuencia, hacen madurar la persona y le ayudan a ser compasiva con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En un sorprendente mito griego, dejan al ni\u00f1o Demofonte al cui\u00addado de la divina madre Demetria, que lo acaricia, lo alimenta, le da confianza, y lo unge con ambros\u00eda. Por la noche, lo pone en el fuego para hacerlo inmortal. Cuando su madre descubre esto, llora asustada. Y Demetria le responde: \u00abDesconoces cuando los hados te son favora\u00adbles o desfavorables\u00bb. Demetria nos da una lecci\u00f3n de pedagog\u00eda. Nos demuestra que la maternidad abarca no s\u00f3lo cuidar de lo humano sino tambi\u00e9n de lo divino. Poner el ni\u00f1o al fuego es una manera de destruir todo lo que se opone a la inmortalidad.<\/p>\n<p>El \u00abPlan Oculto\u00bb de Dios es un tema al que san Pablo retorna con\u00adtinuamente. Este plan se nos revela en Cristo, que une la vida y la muerte; pero su consumaci\u00f3n se alcanzar\u00e1 al final de los tiempos, cuando todas las cosas sean sometidas a Cristo (Ef 1, 9), y por medio de \u00e9l al Padre (1Cor 15, 28). \u00ab\u00c9l nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, lo que hab\u00eda decidido realizar en Cristo, llevando la his\u00adtoria a su plenitud, al constituir a Cristo cabeza de todas las cosas\u00bb (Ef 1, 9-10). Las cartas paulinas nos hablan del \u00abmisterio de Cristo en vo\u00adsotros, vuestra esperanza y vuestra gloria\u00bb (Col 1, 27), del \u00abmisterio de Dios \u2014es decir, Cristo\u2014 en quien se encierran todos los tesoros de la sa\u00adbidur\u00eda y de la ciencia\u00bb (Col 2, 2-3).<\/p>\n<p>Pero, como nos lo dicen los mismos textos, la sabidur\u00eda de Dios sigue siendo un misterio, \u00abuna piedra de esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos y ne\u00adcedad para los gentiles\u00bb (1Cor 1, 23). El misterio de la cruz y resu\u00adrrecci\u00f3n de Jes\u00fas, centro de toda esperanza cristiana y s\u00edmbolo de la providencia de Dios, no da explicaci\u00f3n de c\u00f3mo compaginar lo que es opuesto. M\u00e1s bien, nos pide que digamos con Jes\u00fas: \u00abPadre, en tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb (Le 23, 46). La cruz proclama que el poder de Dios triunfa sobre la flaqueza humana, arrancando vida de la muerte, y que la sabidur\u00eda de Dios sobrepasa los l\u00edmites de la raz\u00f3n hu\u00admana, haciendo brillar la luz en la oscuridad.<\/p>\n<h3><i>3. Prudencia, paciencia y perseverancia<\/i><\/h3>\n<p>Nos sorprende la frecuencia con que san Vicente menciona tiem\u00adpo oportuno. Est\u00e1 absolutamente convencido de que la gracia tiene sus momentos. Algunas obras de la literatura cl\u00e1sica del tiempo de san Vi\u00adcente dan testimonio de esta misma verdad, aunque con un lenguaje m\u00e1s mundano: \u00abHay una providencia especial en la muerte de un go\u00adrri\u00f3n. Si fuese ahora, no vendr\u00eda despu\u00e9s; si no viniese despu\u00e9s, ser\u00eda ahora; si no fuese ahora, con todo, vendr\u00eda. Estar preparados lo es todo\u00bb, dice Hamlet. En otro contexto m\u00e1s violento, Bruto dice en <i>Julio C\u00e9sar: <\/i>\u00abExiste una marea en los asuntos de los hombres que, to\u00admada en marea alta, los conduce a la fortuna. Perdida, el resto del viaje de sus vidas queda sujeto a escollos y miserias. Estamos flotando ahora en pleamar y debemos tomar la corriente cuando pase o fracasaremos en nuestra empresa\u00bb (IV. iii. 217-23).<\/p>\n<p>La docilidad a la providencia, tomada como un buen sentido de oportunidad, implica una espera paciente, no en sentido pasivo, sino como una capacidad activa para conocer el momento adecuado para obrar. Desde esta perspectiva, es sin\u00f3nimo de prudencia, paciencia y perseverancia. A veces, el momento adecuado llega pronto; otras veces, tarda. Unas veces, llega inesperadamente, sin preparaci\u00f3n; otras, se descubre con un esfuerzo considerable.<\/p>\n<p>Frecuentemente, s\u00f3lo los que perseveran ven el fruto de su pa\u00adciente espera. Un buen ejemplo de esto fue el \u00e9xito de las lentas y pe\u00adnosas negociaciones sobre los votos de la Congregaci\u00f3n, que san Vi\u00adcente llev\u00f3 a buen t\u00e9rmino Se tard\u00f3 dos d\u00e9cadas en completar el proceso. De estos a\u00f1os, son las frases m\u00e1s elocuentes de san Vicente sobre la necesidad de seguir la providencia. Pero \u00e9l tambi\u00e9n recordaba a sus representantes en estas negociaciones, que adem\u00e1s, se honra a la providencia usando bien los medios que Dios pone a nuestra disposi\u00adci\u00f3n para alcanzar sus metas.<\/p>\n<h3><i>4. Participamos activamente en la providencia de Dios<\/i><\/h3>\n<p>Santo Tom\u00e1s de Aquino indic\u00f3 ya hace mucho tiempo, que la pro\u00advidencia act\u00faa en nosotros no s\u00f3lo como <i>objetos, <\/i>sino que act\u00faa <i>en y por <\/i>nosotros, como sujetos activos. \u00abLa criatura racional est\u00e1 bajo la divina Providencia de un modo especial, en tanto en cuanto participa de la Providencia, siendo providente para s\u00ed y para los dem\u00e1s\u00bb<sup>.<\/sup> Dios no s\u00f3lo act\u00faa sobre los seres humanos libres, sino que tambi\u00e9n act\u00faa <i>en y por <\/i>ellos. Su libertad no reduce la nuestra sino que la origina y acrecienta. Su providencia, pues, obra por los fen\u00f3menos naturales de la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, por la historia; pero tam\u00adbi\u00e9n, por nosotros personalmente. No es Dios, \u00fanicamente, el respon\u00adsable del mundo, nosotros lo somos tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Cada persona tiene, pues, responsabilidad con respecto a s\u00ed misma, a las dem\u00e1s personas, a los grupos sociales, a la pol\u00edtica y a los recursos naturales que nos rodean. \u00abLa lucha por la justicia y la parti\u00adcipaci\u00f3n en la transformaci\u00f3n del mundo\u00bb son hoy responsabilidades de la Iglesia y de todos sus miembros.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme sugerirles cuatro precisiones de esta responsabilidad:<\/p>\n<p>a) Todos participamos de ella. A todos se nos pide trabajar por un orden social m\u00e1s justo. Esto exige visi\u00f3n (providencia=pre\u00adver), y acci\u00f3n. La persona verdaderamente providente puede tener un papel prof\u00e9tico en la comunidad humana, indicando los caminos de la justicia, antes incluso de que la sociedad est\u00e9 preparada para seguirlos, y haciendo llamadas a la conversi\u00f3n a estos caminos. Esbozar el futuro y planificarlo sabiamente son parte de la providencia.<\/p>\n<p>b) La responsabilidad de cada persona es limitada. Unos pueden hacer m\u00e1s que otros. Para delimitar la responsabilidad personal de cada uno (y evitar ser ahogado por el sentido de culpabili\u00addad o por la enormidad de los problemas del mundo), ser\u00e1 bueno elegir un campo concreto donde podamos, con toda sin\u00adceridad, centrar nuestras energ\u00edas, y dejar otras parcelas a los dem\u00e1s. La responsabilidad no es exclusivamente nuestra.<\/p>\n<p>c) La responsabilidad individual encaja bien, adem\u00e1s, con el con\u00adtexto general de los deberes individuales (tales como el cuida\u00addo de la propia familia, el trabajo propio, etc.) dentro del cual debe ser sopesada.<\/p>\n<p>d) No importa lo activo que uno sea, siempre habr\u00e1 que dejar mucho en las manos de Dios. A veces, no podremos hacer nada. Seguir\u00e1n existiendo la enfermedad y la muerte. Habr\u00e1 momentos de impotencia ante la violencia de unos, o ante el abuso de la libertad por parte de otros.<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca en que la Iglesia hace una opci\u00f3n preferencial por los pobres, debemos formulamos este interrogante: \u00bfc\u00f3mo se demostrar\u00e1 la providencia de Dios para con ellos? Se demostrar\u00e1, concretamente, cuando socorramos las necesidades de los pobres. La providencia de Dios por los pobres, en medio de sus necesidades, resultar\u00e1 realmente evidente y tangible cuando el pueblo de Dios act\u00fae solidariamente con los pobres.<\/p>\n<p>San Vicente estaba convencid\u00edsimo de que su confianza en la pro\u00advidencia de Dios no lo dispensaba de su obligaci\u00f3n de actuar. \u00c9l era, de hecho, muy activo, incluso cuando afirmaba que Dios lo hac\u00eda todo. La teolog\u00eda contempor\u00e1nea afirma que, frecuentemente, la acci\u00f3n de Dios coincide con nuestro obrar, como aparece con toda claridad en la vida y obras de san Vicente.<\/p>\n<p>San Vicente era consciente, tambi\u00e9n, de la necesidad de ser pru\u00addentes y de tener un gran sentido de la oportunidad. Algunos tienden a obrar con precipitaci\u00f3n, arrancando el fruto del \u00e1rbol antes de que est\u00e9 maduro. Otros tienden a esperar demasiado, dejando el fruto en el \u00e1rbol hasta que se cae y se pudre. La gracia tiene sus momentos, dec\u00eda san Vicente. Es importante distinguir el momento adecuado, cuando \u00e9ste llega.<\/p>\n<p>Nuestra propia providencia no le roba nada a la providencia de Dios. M\u00e1s bien, es su manifestaci\u00f3n. Incluso, cuando somos muy acti\u00advos, podemos a\u00fan, dar gracias a Dios por los dones que obra en noso\u00adtros. \u00abPorque ha hecho en m\u00ed cosas grandes el Poderoso, su nombre es santo\u00bb (Lc 1, 49). Por tanto, la providencia, hoy, puede aparecer como preocupaci\u00f3n activa por:<\/p>\n<ul>\n<li>Nosotros mismos &#8211; La propia salud y la formaci\u00f3n continua. Los dem\u00e1s &#8211; Atenci\u00f3n a las necesidades de los pobres.<\/li>\n<li>Los grupos sociales &#8211; Acci\u00f3n pol\u00edtico-social.<\/li>\n<li>Los pobres &#8211; Acci\u00f3n por la justicia y la caridad.<\/li>\n<li>La naturaleza &#8211; Cuidado del medio-ambiente.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>Una par\u00e1bola<\/h2>\n<p>Esta par\u00e1bola, que he recopilado de varias historias antiguas, se la dedico a todos los que luchan por creer en la providencia.<\/p>\n<p>Hace mucho tiempo y en un pa\u00eds lejano, viv\u00eda un joven llamado Peregrino. Lleno de salud desde su nacimiento, saltaba ya en las entra\u00f1as de su madre.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, cuando los a\u00f1os del juego y la diversi\u00f3n llegaron a su fin, \u00e9l se puso a buscarle sentido a la vida.<\/p>\n<p>Por entonces, en una aldea remota de los montes, viv\u00eda un hombre renombrado por su santidad. Peregrino viaj\u00f3 hasta el diminuto ha\u00adbit\u00e1culo del santo, y lo encontr\u00f3 en profunda oraci\u00f3n. \u00ab\u00bfQu\u00e9 debo hacer\u00bb, pregunt\u00f3 Peregrino, \u00abpara vivir la vida a tope?<\/p>\n<p>El santo le regal\u00f3 una Biblia y una estera, y lo condujo a los mon\u00adtes hasta que llegaron a una diminuta cueva a la orilla del r\u00edo. \u00abQu\u00e9date aqu\u00ed, hasta que regrese\u00bb, le dijo el santo, \u00aby Dios se cui\u00addar\u00e1 de todo\u00bb. Luego se fue.<\/p>\n<p>Los d\u00edas de oto\u00f1o le resultaron largos y aburridos al principio. Sen\u00adtado a la orilla del r\u00edo, Peregrino le\u00eda la Biblia y meditaba sus pa\u00adlabras. Com\u00eda pescado abundante del r\u00edo y beb\u00eda el agua cristalina del arroyo. Durante el fr\u00edo invierno, permanec\u00eda casi siempre en la cueva, leyendo y rezando al lado del fuego. Por primavera, se tras\u00adlad\u00f3 a una roca al lado del r\u00edo desde donde contemplaba c\u00f3mo bro\u00adtaban los \u00e1rboles y reventaban los capullos. All\u00ed dorm\u00eda en verano, pues el murmullo del agua ablandaba la dureza de la roca.<\/p>\n<p>Con el paso del segundo a\u00f1o, una paz profunda brot\u00f3 en el cora\u00adz\u00f3n de Peregrino, pero \u00e9l se sorprend\u00eda de lo que el santo tardaba en regresar.<\/p>\n<p>Pasaron diez a\u00f1os, con sus estaciones, de luz y oscuridad, calor y fr\u00edo, florecer y marchitar. El cuerpo de Peregrino se hizo fuerte y duro; su esp\u00edritu est\u00e1 tranquilo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, el santo regres\u00f3. Peregrino as\u00f3 un pez grande, que comie\u00adron a la orilla del r\u00edo, bebiendo de sus caudalosas aguas. Peregrino observ\u00f3 que el santo parec\u00eda mucho m\u00e1s viejo. \u00ab\u00bfCree realmente que hay vida despu\u00e9s de la muerte?\u00bb, le pregunt\u00f3. \u00abLa pregunta previa\u00bb, replic\u00f3 el santo es: \u00ab\u00bfhay vida antes de la muerte?\u00bb. Aque\u00adlla noche el santo lo condujo de regreso a la aldea y lo puso al fren\u00adte de una familia de siete ni\u00f1os hu\u00e9rfanos. \u00abCu\u00eddalos hasta mi re\u00adgreso\u00bb, le dijo el santo, y se march\u00f3.<\/p>\n<p>Los hu\u00e9rfanos ten\u00edan unas edades entre los siete y los doce a\u00f1os, as\u00ed que Peregrino se propuso ser un padre y una madre para ellos. Al principio, cometi\u00f3 muchos disparates, pues no entend\u00eda nada de paternidad y casi nada sobre ser madre; con todo, poco a poco, los ni\u00f1os empezaron a quererlo, y \u00e9l a ellos. Les preparaba la comida, les ense\u00f1\u00f3 a leer y a escribir, y les aconsejaba en las alegr\u00edas y en las penas que causan el hacerse mayores.<\/p>\n<p>Con el paso del tiempo, los ni\u00f1os se hicieron mayores. Peregrino se sent\u00eda muy feliz. Su fama creci\u00f3 en la aldea, y la gente comen\u00adz\u00f3 a considerarlo santo.<\/p>\n<p>Pronto, muchos del este y del oeste vinieron a hablar con Peregri\u00adno y a consultarle sobre sus vidas. Su amabilidad y sabidur\u00eda se hi\u00adcieron famosas en el pa\u00eds. Su familia de hu\u00e9rfanos se hab\u00edan hecho mayores para aquel entonces, y hab\u00edan aprendido a defenderse por s\u00ed mismos, as\u00ed que Peregrino dedicaba m\u00e1s y m\u00e1s tiempo a los que lo buscaban. Aunque estuviese cansado, se sent\u00eda satisfecho en su interior. Los chicos le suplicaban que descansara m\u00e1s, que leyese y que cultivase la tierra, como lo hab\u00eda hecho antes; pero el instin\u00adto de cargar con el peso de los dem\u00e1s lo com\u00eda.<\/p>\n<p>Una noche lleg\u00f3 una mujer joven a pedir su consejo. Era el cum\u00adplea\u00f1os de Peregrino, as\u00ed que sus hu\u00e9rfanos le prepararon una fies\u00adta con pescado del r\u00edo asado y buen vino de las cepas cultivadas en las monta\u00f1as. Todos bebieron y comieron a placer. La multitud que visit\u00f3 a Peregrino aquel d\u00eda era muy numerosa, por eso, s\u00f3lo pudo hablar con la joven despu\u00e9s de la fiesta. Una nueva pasi\u00f3n se des\u00adpert\u00f3 en su interior aquella noche, dominado por el vino y la pa\u00adsi\u00f3n, durmi\u00f3 con ella.<\/p>\n<p>Cuando Peregrino se despert\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente, ya lo sab\u00edan su familia y toda la aldea. Lleno de verg\u00fcenza, se escap\u00f3 a su cueva, en las monta\u00f1as. Y all\u00ed llor\u00f3.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda empez\u00f3 otra vida para Peregrino. Se entreg\u00f3 a la peni\u00adtencia, a leer la Biblia y a meditar sus palabras. Tomaba una \u00fanica comida por la noche y dorm\u00eda en el duro suelo de la cueva. Culti\u00advaba una peque\u00f1a finca a lo largo del r\u00edo, y dos veces al a\u00f1o man\u00addaba las cosechas a los pobres de la aldea, con un mensaje para sus hu\u00e9rfanos, que los amaba.<\/p>\n<p>Llevaba Peregrino siete a\u00f1os viviendo as\u00ed, cuando el santo regres\u00f3 a visitarlo de nuevo. Estaba muy envejecido para entonces. Senta\u00addos al fuego aquella noche, comiendo pescado del arroyo, Peregri\u00adno le pregunt\u00f3 al santo: \u00ab\u00bfhas terminado tu trabajo aqu\u00ed en la tie\u00adrra?\u00bb \u00abLo he terminado a medias\u00bb, respondi\u00f3 el santo. \u00abHe proclamado la justicia a los pobres y la libertad a los oprimidos. Los necesitados han escuchado entusiasmados; pero no creo que los ricos hayan o\u00eddo mis palabras\u00bb.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, el santo condujo de nuevo a Peregrino a la aldea. Aquel a\u00f1o, una terrible sequ\u00eda hab\u00eda tra\u00eddo el hambre al pa\u00eds. \u00abProvee a la gente de alimento\u00bb, dijo el santo, \u00aby qu\u00e9date aqu\u00ed hasta mi regreso\u00bb. Al principio, Peregrino qued\u00f3 perplejo, pero re\u00adcord\u00f3 que el agua flu\u00eda abundante en el r\u00edo cerca de su cueva en las monta\u00f1as, as\u00ed que condujo all\u00e1 a la mitad de los hombres y muje\u00adres de la aldea para plantar y cosechar. Dorm\u00edan en el duro suelo, se levantaban temprano, cada d\u00eda, para alabar a Dios por sus beneficios, y trabajar hasta la noche, cuando asaban y com\u00edan pescado del r\u00edo.<\/p>\n<p>La aldea yac\u00eda a cinco millas del r\u00edo, monte abajo. La otra mitad de los hombres y mujeres trabajaban all\u00e1 abajo a las \u00f3rdenes del m\u00e1s viejo de los hu\u00e9rfanos de Peregrino. Cavaron canales por la la\u00addera hasta que, un a\u00f1o m\u00e1s tarde, el agua corri\u00f3 monte abajo y lleg\u00f3 a los campos de la aldea. Aquel d\u00eda, Peregrino presidi\u00f3 el pueblo en oraci\u00f3n, gozoso por los dones que Dios les hab\u00eda dado. Desde entonces, las cosechas brotaron regularmente en los cam\u00adpos, y los pobres comieron y se saciaron. Y la fama de santidad de Peregrino se hizo mayor que nunca lo hab\u00eda sido antes.<\/p>\n<p>Por la noche, cuando las aguas corr\u00edan monte abajo, el santo vino a visitar a Peregrino por \u00faltima vez. Muri\u00f3 en su casa aquella noche. \u00c9stas fueron sus \u00faltimas palabras: \u00abconf\u00eda totalmente en Dios, y el sol brillar\u00e1 sobre ti, incluso de noche\u00bb.<\/p>\n<p>Peregrino reconoci\u00f3 que Dios es providente y que el santo lo hab\u00eda dirigido bien.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante su vida, san Vicente hablaba de la providencia con gran convencimiento. Ve\u00eda la mano de Dios, obrando en todas partes. 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