{"id":125376,"date":"2013-11-17T05:11:09","date_gmt":"2013-11-17T04:11:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=125376"},"modified":"2016-07-26T17:41:07","modified_gmt":"2016-07-26T15:41:07","slug":"lumen-fidei-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/","title":{"rendered":"Lumen Fidei (Cap\u00edtulo 2)"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Lumen-fidei.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-125373\" alt=\"Lumen-fidei\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2013\/11\/Lumen-fidei-300x300.jpg?resize=300%2C300\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Resumen:<\/strong><\/em><\/p>\n<p><strong>El segundo cap\u00edtulo<\/strong> (23-36): Si no cre\u00e9is, no comprender\u00e9is (Is 07, 09). El Papa demuestra la estrecha relaci\u00f3n entre fe y verdad, la verdad fiable de Dios, su presencia fiel en la historia. \u00abLa fe, sin verdad, no salva &#8211; escribe el Papa \u2013 Se queda en una bella f\u00e1bula, la proyecci\u00f3n de nuestros deseos de felicidad.\u00bb Y hoy, debido a la \u00abcrisis de verdad en que nos encontramos\u00bb, es m\u00e1s necesario que nunca subrayar esta conexi\u00f3n, porque la cultura contempor\u00e1nea tiende a aceptar solo la verdad tecnol\u00f3gica, lo que el hombre puede construir y medir con la ciencia y lo que es \u00abverdad porque funciona\u00bb, o las verdades del individuo, v\u00e1lidas solo para uno mismo y no al servicio del bien com\u00fan. Hoy se mira con recelo la \u00abverdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto\u00bb, porque se la asocia err\u00f3neamente a las verdades exigidas por los reg\u00edmenes totalitarios del siglo XX. Esto, sin embargo, implica el \u00abgran olvido en nuestro mundo contempor\u00e1neo\u00bb, que &#8211; en beneficio del relativismo y temiendo el fanatismo &#8211; olvida la pregunta sobre la verdad, sobre el origen de todo, la pregunta sobre Dios. La LF subraya el v\u00ednculo entre fe y amor, entendido no como \u00abun sentimiento que va y viene\u00bb, sino como el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da nuevos ojos para ver la realidad. Si, pues, la fe est\u00e1 ligada a la verdad y al amor, entonces \u00abamor y verdad no se pueden separar\u00bb, porque s\u00f3lo el verdadero amor resiste la prueba del tiempo y se convierte en fuente de conocimiento. Y puesto que el conocimiento de la fe nace del amor fiel de Dios, \u00abverdad y fidelidad van juntos\u00bb. La verdad que nos abre la fe es una verdad centrada en el encuentro con el Cristo encarnado, que, viniendo entre nosotros, nos ha tocado y nos ha dado su gracia, transformando nuestros corazones.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed el Papa abre una amplia reflexi\u00f3n sobre el \u00abdi\u00e1logo entre fe y raz\u00f3n\u00bb, sobre la verdad en el mundo de hoy, donde a menudo viene reducida a la \u00abautenticidad subjetiva\u00bb, porque la verdad com\u00fan da miedo, se identifica con la imposici\u00f3n intransigente de los totalitarismo. En cambio, si la verdad es la del amor de Dios, entonces no se impone con la violencia, no aplasta al individuo. Por esta raz\u00f3n, la fe no es intransigente, el creyente no es arrogante. Por el contrario, la verdad vuelve humildes y conduce a la convivencia y el respeto del otro. De ello se desprende que la fe lleva al di\u00e1logo en todos los \u00e1mbitos: en el campo de la ciencia, ya que despierta el sentido cr\u00edtico y ampl\u00eda los horizontes de la raz\u00f3n, invit\u00e1ndonos a mirar con asombro la Creaci\u00f3n; en el encuentro interreligioso, en el que el cristianismo ofrece su contribuci\u00f3n; en el di\u00e1logo con los no creyentes que no dejan de buscar, que \u00abintentan vivir como si Dios existiese\u00bb, porque \u00abDios es luminoso, y se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sincero coraz\u00f3n\u00bb. \u00abQui\u00e9n se pone en camino para practicar el bien &#8211; afirma el Papa &#8211; se acerca a Dios\u00bb. Por \u00faltimo, la LF habla de la teolog\u00eda y afirma que es imposible sin la fe, porque Dios no es un mero \u00abobjeto\u00bb, sino que es Sujeto que se hace conocer. La teolog\u00eda es participaci\u00f3n del conocimiento que Dios tiene de s\u00ed mismo; se desprende que debe ponerse al servicio de la fe de los cristianos y que el Magisterio de la Iglesia no es un l\u00edmite a la libertad teol\u00f3gica, sino un elemento constitutivo porque garantiza el contacto con la fuente original, con la Palabra de Cristo.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo segundo: Si no cre\u00e9is, no comprender\u00e9is (cf. <i>Is<\/i> 7,9)<\/b><\/h2>\n<h3><b><i>Fe y verdad<\/i><\/b><\/h3>\n<p>23. Si no cre\u00e9is, no comprender\u00e9is (cf. <i>Is<\/i> 7,9). La versi\u00f3n griega de la Biblia hebrea, la traducci\u00f3n de los Setenta realizada en Alejandr\u00eda de Egipto, traduce as\u00ed las palabras del profeta Isa\u00edas al rey Acaz. De este modo, la cuesti\u00f3n del conocimiento de la verdad se colocaba en el centro de la fe. Pero en el texto hebreo leemos de modo diferente. Aqu\u00ed, el profeta dice al rey: \u00abSi no cre\u00e9is, no subsistir\u00e9is\u00bb. Se trata de un juego de palabras con dos formas del verbo <i>\u2019am\u00e1n<\/i>: \u00abcre\u00e9is\u00bb (<i>ta\u2019aminu<\/i>), y \u00absubsistir\u00e9is\u00bb (<i>te\u2019amenu<\/i>). Amedrentado por la fuerza de sus enemigos, el rey busca la seguridad de una alianza con el gran imperio de Asiria. El profeta le invita entonces a fiarse \u00fanicamente de la verdadera roca que no vacila, del Dios de Israel. Puesto que Dios es fiable, es razonable tener fe en \u00e9l, cimentar la propia seguridad sobre su Palabra. Es este el Dios al que Isa\u00edas llamar\u00e1 m\u00e1s adelante dos veces \u00abel Dios del Am\u00e9n\u00bb (<i>Is<\/i> 65,16), fundamento indestructible de fidelidad a la alianza. Se podr\u00eda pensar que la versi\u00f3n griega de la Biblia, al traducir \u00absubsistir\u00bb por \u00abcomprender\u00bb, ha hecho un cambio profundo del sentido del texto, pasando de la noci\u00f3n b\u00edblica de confianza en Dios a la griega de comprensi\u00f3n. Sin embargo, esta traducci\u00f3n, que aceptaba ciertamente el di\u00e1logo con la cultura helenista, no es ajena a la din\u00e1mica profunda del texto hebreo. En efecto, la subsistencia que Isa\u00edas promete al rey pasa por la comprensi\u00f3n de la acci\u00f3n de Dios y de la unidad que \u00e9l confiere a la vida del hombre y a la historia del pueblo. El profeta invita a comprender las v\u00edas del Se\u00f1or, descubriendo en la fidelidad de Dios el plan de sabidur\u00eda que gobierna los siglos. San Agust\u00edn ha hecho una s\u00edntesis de \u00abcomprender\u00bb y \u00absubsistir\u00bb en sus <i>Confesiones,<\/i> cuando habla de fiarse de la verdad para mantenerse en pie: \u00abMe estabilizar\u00e9 y consolidar\u00e9 en ti [\u2026], en tu verdad\u00bb<span id='easy-footnote-1-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-1-125376' title='&lt;i&gt;Confessiones&lt;\/i&gt; XI, 30, 40: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 32, 825: \u00ab&lt;i&gt;et stabo atque solidabor in te, in forma mea, veritate tua\u2026&lt;\/i&gt;\u00ab.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Por el contexto sabemos que san Agust\u00edn quiere mostrar c\u00f3mo esta verdad fidedigna de Dios, seg\u00fan aparece en la Biblia, es su presencia fiel a lo largo de la historia, su capacidad de mantener unidos los tiempos, recogiendo la dispersi\u00f3n de los d\u00edas del hombre<span id='easy-footnote-2-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-2-125376' title='Cf. &lt;i&gt;ib\u00edd.&lt;\/i&gt;, 825-826.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>24. Le\u00eddo a esta luz, el texto de Isa\u00edas lleva a una conclusi\u00f3n: el hombre tiene necesidad de conocimiento, tiene necesidad de verdad, porque sin ella no puede subsistir, no va adelante. La fe, sin verdad, no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella f\u00e1bula, proyecci\u00f3n de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface \u00fanicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusi\u00f3n. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de \u00e1nimo o de la situaci\u00f3n de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida. Si la fe fuese eso, el rey Acaz tendr\u00eda raz\u00f3n en no jugarse su vida y la integridad de su reino por una emoci\u00f3n. En cambio, gracias a su uni\u00f3n intr\u00ednseca con la verdad, la fe es capaz de ofrecer una luz nueva, superior a los c\u00e1lculos del rey, porque ve m\u00e1s all\u00e1, porque comprende la actuaci\u00f3n de Dios, que es fiel a su alianza y a sus promesas.<\/p>\n<p>25. Recuperar la conexi\u00f3n de la fe con la verdad es hoy aun m\u00e1s necesario, precisamente por la crisis de verdad en que nos encontramos. En la cultura contempor\u00e1nea se tiende a menudo a aceptar como verdad s\u00f3lo la verdad tecnol\u00f3gica: es verdad aquello que el hombre consigue construir y medir con su ciencia; es verdad porque funciona y as\u00ed hace m\u00e1s c\u00f3moda y f\u00e1cil la vida. Hoy parece que \u00e9sta es la \u00fanica verdad cierta, la \u00fanica que se puede compartir con otros, la \u00fanica sobre la que es posible debatir y comprometerse juntos. Por otra parte, estar\u00edan despu\u00e9s las verdades del individuo, que consisten en la autenticidad con lo que cada uno siente dentro de s\u00ed, v\u00e1lidas s\u00f3lo para uno mismo, y que no se pueden proponer a los dem\u00e1s con la pretensi\u00f3n de contribuir al bien com\u00fan. La verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto, es vista con sospecha. \u00bfNo ha sido esa verdad \u2014se preguntan\u2014 la que han pretendido los grandes totalitarismos del siglo pasado, una verdad que impon\u00eda su propia concepci\u00f3n global para aplastar la historia concreta del individuo? As\u00ed, queda s\u00f3lo un relativismo en el que la cuesti\u00f3n de la verdad completa, que es en el fondo la cuesti\u00f3n de Dios, ya no interesa. En esta perspectiva, es l\u00f3gico que se pretenda deshacer la conexi\u00f3n de la religi\u00f3n con la verdad, porque este nexo estar\u00eda en la ra\u00edz del fanatismo, que intenta arrollar a quien no comparte las propias creencias. A este respecto, podemos hablar de un gran olvido en nuestro mundo contempor\u00e1neo. En efecto, la pregunta por la verdad es una cuesti\u00f3n de memoria, de memoria profunda, pues se dirige a algo que nos precede y, de este modo, puede conseguir unirnos m\u00e1s all\u00e1 de nuestro \u00abyo\u00bb peque\u00f1o y limitado. Es la pregunta sobre el origen de todo, a cuya luz se puede ver la meta y, con eso, tambi\u00e9n el sentido del camino com\u00fan.<\/p>\n<h3><b><i>Amor y conocimiento de la verdad<\/i><\/b><\/h3>\n<p>26. En esta situaci\u00f3n, \u00bfpuede la fe cristiana ofrecer un servicio al bien com\u00fan indicando el modo justo de entender la verdad? Para responder, es necesario reflexionar sobre el tipo de conocimiento propio de la fe. Puede ayudarnos una expresi\u00f3n de san Pablo, cuando afirma: \u00abCon el coraz\u00f3n se cree\u00bb (<i>Rm<\/i> 10,10). En la Biblia el coraz\u00f3n es el centro del hombre, donde se entrelazan todas sus dimensiones: el cuerpo y el esp\u00edritu, la interioridad de la persona y su apertura al mundo y a los otros, el entendimiento, la voluntad, la afectividad. Pues bien, si el coraz\u00f3n es capaz de mantener unidas estas dimensiones es porque en \u00e9l es donde nos abrimos a la verdad y al amor, y dejamos que nos toquen y nos transformen en lo m\u00e1s hondo. La fe transforma toda la persona, precisamente porque la fe se abre al amor. Esta interacci\u00f3n de la fe con el amor nos permite comprender el tipo de conocimiento propio de la fe, su fuerza de convicci\u00f3n, su capacidad de iluminar nuestros pasos. La fe conoce por estar vinculada al amor, en cuanto el mismo amor trae una luz. La comprensi\u00f3n de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad.<\/p>\n<p>27. Es conocida la manera en que el fil\u00f3sofo Ludwig Wittgenstein explica la conexi\u00f3n entre fe y certeza. Seg\u00fan \u00e9l, creer ser\u00eda algo parecido a una experiencia de enamoramiento, entendida como algo subjetivo, que no se puede proponer como verdad v\u00e1lida para todos<span id='easy-footnote-3-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-3-125376' title='Cf. &lt;i&gt;Vermischte Bemerkungen \/ Culture and Value,&lt;\/i&gt; G. H. von Wright, ed., Oxford 1991, 32-33, 61-64.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>. En efecto, el hombre moderno cree que la cuesti\u00f3n del amor tiene poco que ver con la verdad. El amor se concibe hoy como una experiencia que pertenece al mundo de los sentimientos volubles y no a la verdad.<\/p>\n<p>Pero esta descripci\u00f3n del amor \u00bfes verdaderamente adecuada? En realidad, el amor no se puede reducir a un sentimiento que va y viene. Tiene que ver ciertamente con nuestra afectividad, pero para abrirla a la persona amada e iniciar un camino, que consiste en salir del aislamiento del propio yo para encaminarse hacia la otra persona, para construir una relaci\u00f3n duradera; el amor tiende a la uni\u00f3n con la persona amada. Y as\u00ed se puede ver en qu\u00e9 sentido el amor tiene necesidad de verdad. S\u00f3lo en cuanto est\u00e1 fundado en la verdad, el amor puede perdurar en el tiempo, superar la fugacidad del instante y permanecer firme para dar consistencia a un camino en com\u00fan. Si el amor no tiene que ver con la verdad, est\u00e1 sujeto al vaiv\u00e9n de los sentimientos y no supera la prueba del tiempo. El amor verdadero, en cambio, unifica todos los elementos de la persona y se convierte en una luz nueva hacia una vida grande y plena. Sin verdad, el amor no puede ofrecer un v\u00ednculo s\u00f3lido, no consigue llevar al \u00abyo\u00bb m\u00e1s all\u00e1 de su aislamiento, ni librarlo de la fugacidad del instante para edificar la vida y dar fruto.<\/p>\n<p>Si el amor necesita la verdad, tambi\u00e9n la verdad tiene necesidad del amor. Amor y verdad no se pueden separar. Sin amor, la verdad se vuelve fr\u00eda, impersonal, opresiva para la vida concreta de la persona. La verdad que buscamos, la que da sentido a nuestros pasos, nos ilumina cuando el amor nos toca. Quien ama comprende que el amor es experiencia de verdad, que \u00e9l mismo abre nuestros ojos para ver toda la realidad de modo nuevo, en uni\u00f3n con la persona amada. En este sentido, san Gregorio Magno ha escrito que \u00ab<i>amor ipse notitia est<\/i>\u00ab, el amor mismo es un conocimiento, lleva consigo una l\u00f3gica nueva<span id='easy-footnote-4-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-4-125376' title='&lt;i&gt;Homiliae in Evangelia,&lt;\/i&gt; II, 27, 4: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 76, 1207.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>. Se trata de un modo relacional de ver el mundo, que se convierte en conocimiento compartido, visi\u00f3n en la visi\u00f3n de otro o visi\u00f3n com\u00fan de todas las cosas. Guillermo de Saint Thierry, en la Edad Media, sigue esta tradici\u00f3n cuando comenta el vers\u00edculo del Cantar de los Cantares en el que el amado dice a la amada: \u00abPalomas son tus ojos\u00bb (Ct 1,15)<span id='easy-footnote-5-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-5-125376' title='Cf. &lt;i&gt;Expositio super Cantica Canticorum,&lt;\/i&gt; XVIII, 88: &lt;i&gt;CCL&lt;\/i&gt;, &lt;i&gt;Continuatio Mediaevalis&lt;\/i&gt; 87, 67.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>. Estos dos ojos, explica Guillermo, son la raz\u00f3n creyente y el amor, que se hacen uno solo para llegar a contemplar a Dios, cuando el entendimiento se hace \u00abentendimiento de un amor iluminado\u00bb<span id='easy-footnote-6-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-6-125376' title='&lt;i&gt;Ib\u00edd.&lt;\/i&gt;, XIX, 90: &lt;i&gt;CCL,&lt;\/i&gt; &lt;i&gt;Continuatio Mediaevalis&lt;\/i&gt; 87, 69.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>28. Una expresi\u00f3n eminente de este descubrimiento del amor como fuente de conocimiento, que forma parte de la experiencia originaria de todo hombre, se encuentra en la concepci\u00f3n b\u00edblica de la fe. Saboreando el amor con el que Dios lo ha elegido y lo ha engendrado como pueblo, Israel llega a comprender la unidad del designio divino, desde su origen hasta su cumplimiento. El conocimiento de la fe, por nacer del amor de Dios que establece la alianza, ilumina un camino en la historia. Por eso, en la Biblia, verdad y fidelidad van unidas, y el Dios verdadero es el Dios fiel, aquel que mantiene sus promesas y permite comprender su designio a lo largo del tiempo. Mediante la experiencia de los profetas, en el sufrimiento del exilio y en la esperanza de un regreso definitivo a la ciudad santa, Israel ha intuido que esta verdad de Dios se extend\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de la propia historia, para abarcar toda la historia del mundo, ya desde la creaci\u00f3n. El conocimiento de la fe ilumina no s\u00f3lo el camino particular de un pueblo, sino el decurso completo del mundo creado, desde su origen hasta su consumaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b> <i>La fe como escucha y visi\u00f3n<\/i><\/b><\/h3>\n<p>29. Precisamente porque el conocimiento de la fe est\u00e1 ligado a la alianza de un Dios fiel, que establece una relaci\u00f3n de amor con el hombre y le dirige la Palabra, es presentado por la Biblia como escucha, y es asociado al sentido del o\u00eddo. San Pablo utiliza una f\u00f3rmula que se ha hecho cl\u00e1sica: <i>fides ex auditu,<\/i> \u00abla fe nace del mensaje que se escucha\u00bb (<i>Rm<\/i> 10,17). El conocimiento asociado a la palabra es siempre personal: reconoce la voz, la acoge en libertad y la sigue en obediencia. Por eso san Pablo habla de la \u00abobediencia de la fe\u00bb (cf. <i>Rm<\/i> 1,5; 16,26)<span id='easy-footnote-7-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-7-125376' title='\u00abCuando Dios revela, hay que prestarle la &lt;i&gt;obediencia de la fe&lt;\/i&gt; (cf. &lt;i&gt;Rm&lt;\/i&gt; 16,26; comp. con &lt;i&gt;Rm&lt;\/i&gt; 1,5; &lt;i&gt;2 Co&lt;\/i&gt; 10,5-6), por la que el hombre se conf\u00eda libre y totalmente a Dios, prestando \u00aba Dios revelador el homenaje del entendimiento y de la voluntad\u00bb, y asintiendo voluntariamente a la revelaci\u00f3n hecha por \u00e9l. Para profesar esta fe es necesaria la gracia de Dios, que previene y ayuda, y los auxilios internos del Esp\u00edritu Santo, el cual mueve el coraz\u00f3n y lo convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da \u00aba todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad\u00bb. Y para que la inteligencia de la revelaci\u00f3n sea m\u00e1s profunda, el mismo Esp\u00edritu Santo perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones\u00bb (Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. &lt;i&gt; Dei Verbum&lt;\/i&gt;, sobre la divina revelaci\u00f3n, 5).'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>. La fe es, adem\u00e1s, un conocimiento vinculado al transcurrir del tiempo, necesario para que la palabra se pronuncie: es un conocimiento que se aprende s\u00f3lo en un camino de seguimiento. La escucha ayuda a representar bien el nexo entre conocimiento y amor.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al conocimiento de la verdad, la escucha se ha contrapuesto a veces a la visi\u00f3n, que ser\u00eda m\u00e1s propia de la cultura griega. La luz, si por una parte posibilita la contemplaci\u00f3n de la totalidad, a la que el hombre siempre ha aspirado, por otra parece quitar espacio a la libertad, porque desciende del cielo y llega directamente a los ojos, sin esperar a que el ojo responda. Adem\u00e1s, ser\u00eda como una invitaci\u00f3n a una contemplaci\u00f3n ext\u00e1tica, separada del tiempo concreto en que el hombre goza y padece. Seg\u00fan esta perspectiva, el acercamiento b\u00edblico al conocimiento estar\u00eda opuesto al griego, que buscando una comprensi\u00f3n completa de la realidad, ha vinculado el conocimiento a la visi\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta supuesta oposici\u00f3n no se corresponde con el dato b\u00edblico. El Antiguo Testamento ha combinado ambos tipos de conocimiento, puesto que a la escucha de la Palabra de Dios se une el deseo de ver su rostro. De este modo, se pudo entrar en di\u00e1logo con la cultura helen\u00edstica, di\u00e1logo que pertenece al coraz\u00f3n de la Escritura. El o\u00eddo posibilita la llamada personal y la obediencia, y tambi\u00e9n, que la verdad se revele en el tiempo; la vista aporta la visi\u00f3n completa de todo el recorrido y nos permite situarnos en el gran proyecto de Dios; sin esa visi\u00f3n, tendr\u00edamos solamente fragmentos aislados de un todo desconocido.<\/p>\n<p>30. La conexi\u00f3n entre el ver y el escuchar, como \u00f3rganos de conocimiento de la fe, aparece con toda claridad en el Evangelio de san Juan. Para el cuarto Evangelio, creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver. La escucha de la fe tiene las mismas caracter\u00edsticas que el conocimiento propio del amor: es una escucha personal, que distingue la voz y reconoce la del Buen Pastor (cf. <i>Jn<\/i> 10,3-5); una escucha que requiere seguimiento, como en el caso de los primeros disc\u00edpulos, que \u00aboyeron sus palabras y siguieron a Jes\u00fas\u00bb (<i>Jn<\/i> 1,37). Por otra parte, la fe est\u00e1 unida tambi\u00e9n a la visi\u00f3n. A veces, la visi\u00f3n de los signos de Jes\u00fas precede a la fe, como en el caso de aquellos jud\u00edos que, tras la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro, \u00abal ver lo que hab\u00eda hecho Jes\u00fas, creyeron en \u00e9l\u00bb (<i>Jn<\/i> 11,45). Otras veces, la fe lleva a una visi\u00f3n m\u00e1s profunda: \u00abSi crees, ver\u00e1s la gloria de Dios\u00bb (<i>Jn<\/i> 11,40). Al final, creer y ver est\u00e1n entrelazados: \u00abEl que cree en m\u00ed [\u2026] cree en el que me ha enviado. Y el que me ve a m\u00ed, ve al que me ha enviado\u00bb (<i>Jn<\/i> 12,44-45). Gracias a la uni\u00f3n con la escucha, el ver tambi\u00e9n forma parte del seguimiento de Jes\u00fas, y la fe se presenta como un camino de la mirada, en el que los ojos se acostumbran a ver en profundidad. As\u00ed, en la ma\u00f1ana de Pascua, se pasa de Juan que, todav\u00eda en la oscuridad, ante el sepulcro vac\u00edo, \u00abvio y crey\u00f3\u00bb (<i>Jn<\/i> 20,8), a Mar\u00eda Magdalena que ve, ahora s\u00ed, a Jes\u00fas (cf. <i>Jn<\/i> 20,14) y quiere retenerlo, pero se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesi\u00f3n de la misma Magdalena ante los disc\u00edpulos: \u00abHe visto al Se\u00f1or\u00bb (<i>Jn<\/i> 20,18).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se llega a esta s\u00edntesis entre el o\u00edr y el ver? Lo hace posible la persona concreta de Jes\u00fas, que se puede ver y o\u00edr. \u00c9l es la Palabra hecha carne, cuya gloria hemos contemplado (cf. <i>Jn<\/i> 1,14). La luz de la fe es la de un Rostro en el que se ve al Padre. En efecto, en el cuarto Evangelio, la verdad que percibe la fe es la manifestaci\u00f3n del Padre en el Hijo, en su carne y en sus obras terrenas, verdad que se puede definir como la \u00abvida luminosa\u00bb de Jes\u00fas<span id='easy-footnote-8-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-8-125376' title='Cf. H. Schlier, &lt;i&gt;Meditationen \u00fcber den Johanneischen Begriff der Wahrheit,&lt;\/i&gt; en &lt;i&gt;Besinnung auf das Neue Testament. Exegetische Aufs\u00e4tze und Vortr\u00e4ge 2,&lt;\/i&gt; Freiburg, Basel, Wien 1959, 272.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>. Esto significa que el conocimiento de la fe no invita a mirar una verdad puramente interior. La verdad que la fe nos desvela est\u00e1 centrada en el encuentro con Cristo, en la contemplaci\u00f3n de su vida, en la percepci\u00f3n de su presencia. En este sentido, santo Tom\u00e1s de Aquino habla de la <i>oculata fides<\/i> de los Ap\u00f3stoles \u2014la fe que ve\u2014 ante la visi\u00f3n corp\u00f3rea del Resucitado<span id='easy-footnote-9-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-9-125376' title='Cf. &lt;i&gt;S. Th.&lt;\/i&gt; III, q. 55, a. 2, ad 1.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>. Vieron a Jes\u00fas resucitado con sus propios ojos y creyeron, es decir, pudieron penetrar en la profundidad de aquello que ve\u00edan para confesar al Hijo de Dios, sentado a la derecha del Padre.<\/p>\n<p>31. Solamente as\u00ed, mediante la encarnaci\u00f3n, compartiendo nuestra humanidad, el conocimiento propio del amor pod\u00eda llegar a plenitud. En efecto, la luz del amor se enciende cuando somos tocados en el coraz\u00f3n, acogiendo la presencia interior del amado, que nos permite reconocer su misterio. Entendemos entonces por qu\u00e9, para san Juan, junto al ver y escuchar, la fe es tambi\u00e9n un tocar, como afirma en su primera Carta: \u00abLo que hemos o\u00eddo, lo que hemos visto con nuestros propios ojos [\u2026] y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida\u00bb (1 <i>Jn<\/i> 1,1). Con su encarnaci\u00f3n, con su venida entre nosotros, Jes\u00fas nos ha tocado y, a trav\u00e9s de los sacramentos, tambi\u00e9n hoy nos toca; de este modo, transformando nuestro coraz\u00f3n, nos ha permitido y nos sigue permitiendo reconocerlo y confesarlo como Hijo de Dios. Con la fe, nosotros podemos tocarlo, y recibir la fuerza de su gracia. San Agust\u00edn, comentando el pasaje de la hemorro\u00edsa que toca a Jes\u00fas para curarse (cf. <i>Lc<\/i> 8,45-46), afirma: \u00abTocar con el coraz\u00f3n, esto es creer\u00bb<span id='easy-footnote-10-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-10-125376' title='&lt;i&gt;Sermo&lt;\/i&gt; 229\/L, 2: &lt;i&gt;PLS&lt;\/i&gt; 2, 576: \u00ab&lt;i&gt;Tangere autem corde, hoc est credere&lt;\/i&gt;\u00ab.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>. Tambi\u00e9n la multitud se agolpa en torno a \u00e9l, pero no lo roza con el toque personal de la fe, que reconoce su misterio, el misterio del Hijo que manifiesta al Padre. Cuando estamos configurados con Jes\u00fas, recibimos ojos adecuados para verlo.<\/p>\n<h3><b><i> Di\u00e1logo entre fe y raz\u00f3n<\/i><\/b><\/h3>\n<p>32. La fe cristiana, en cuanto anuncia la verdad del amor total de Dios y abre a la fuerza de este amor, llega al centro m\u00e1s profundo de la experiencia del hombre, que viene a la luz gracias al amor, y est\u00e1 llamado a amar para permanecer en la luz. Con el deseo de iluminar toda la realidad a partir del amor de Dios manifestado en Jes\u00fas, e intentando amar con ese mismo amor, los primeros cristianos encontraron en el mundo griego, en su af\u00e1n de verdad, un referente adecuado para el di\u00e1logo. El encuentro del mensaje evang\u00e9lico con el pensamiento filos\u00f3fico de la antig\u00fcedad fue un momento decisivo para que el Evangelio llegase a todos los pueblos, y favoreci\u00f3 una fecunda interacci\u00f3n entre la fe y la raz\u00f3n, que se ha ido desarrollando a lo largo de los siglos hasta nuestros d\u00edas. El beato Juan Pablo II, en su Carta enc\u00edclica <i> Fides et ratio<\/i>, ha mostrado c\u00f3mo la fe y la raz\u00f3n se refuerzan mutuamente<span id='easy-footnote-11-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-11-125376' title='Cf. Carta enc. &lt;i&gt; Fides et ratio&lt;\/i&gt; (14 septiembre 1998): ASS (1999), 61-62.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>. Cuando encontramos la luz plena del amor de Jes\u00fas, nos damos cuenta de que en cualquier amor nuestro hay ya un tenue reflejo de aquella luz y percibimos cu\u00e1l es su meta \u00faltima. Y, al mismo tiempo, el hecho de que en nuestros amores haya una luz nos ayuda a ver el camino del amor hasta la donaci\u00f3n plena y total del Hijo de Dios por nosotros. En este movimiento circular, la luz de la fe ilumina todas nuestras relaciones humanas, que pueden ser vividas en uni\u00f3n con el amor y la ternura de Cristo.<\/p>\n<p>33. En la vida de san Agust\u00edn encontramos un ejemplo significativo de este camino en el que la b\u00fasqueda de la raz\u00f3n, con su deseo de verdad y claridad, se ha integrado en el horizonte de la fe, del que ha recibido una nueva inteligencia. Por una parte, san Agust\u00edn acepta la filosof\u00eda griega de la luz con su insistencia en la visi\u00f3n. Su encuentro con el neoplatonismo le hab\u00eda permitido conocer el paradigma de la luz, que desciende de lo alto para iluminar las cosas, y constituye as\u00ed un s\u00edmbolo de Dios. De este modo, san Agust\u00edn comprendi\u00f3 la trascendencia divina, y descubri\u00f3 que todas las cosas tienen en s\u00ed una transparencia que pueden reflejar la bondad de Dios, el Bien. As\u00ed se desprendi\u00f3 del manique\u00edsmo en que estaba instalado y que le llevaba a pensar que el mal y el bien luchan continuamente entre s\u00ed, confundi\u00e9ndose y mezcl\u00e1ndose sin contornos claros. Comprender que Dios es luz dio a su existencia una nueva orientaci\u00f3n, le permiti\u00f3 reconocer el mal que hab\u00eda cometido y volverse al bien.<\/p>\n<p>Por otra parte, en la experiencia concreta de san Agust\u00edn, tal como \u00e9l mismo cuenta en sus <i>Confesiones,<\/i> el momento decisivo de su camino de fe no fue una visi\u00f3n de Dios m\u00e1s all\u00e1 de este mundo, sino m\u00e1s bien una escucha, cuando en el jard\u00edn oy\u00f3 una voz que le dec\u00eda: \u00abToma y lee\u00bb; tom\u00f3 el volumen de las Cartas de san Pablo y se detuvo en el cap\u00edtulo decimotercero de la Carta a los Romanos<span id='easy-footnote-12-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-12-125376' title='Cf. &lt;i&gt;Confessiones&lt;\/i&gt;, VIII, 12, 29: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 32, 762.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>. Hac\u00eda acto de presencia as\u00ed el Dios personal de la Biblia, capaz de comunicarse con el hombre, de bajar a vivir con \u00e9l y de acompa\u00f1arlo en el camino de la historia, manifest\u00e1ndose en el tiempo de la escucha y la respuesta.<\/p>\n<p>De todas formas, este encuentro con el Dios de la Palabra no hizo que san Agust\u00edn prescindiese de la luz y la visi\u00f3n. Integr\u00f3 ambas perspectivas, guiado siempre por la revelaci\u00f3n del amor de Dios en Jes\u00fas. Y as\u00ed, elabor\u00f3 una filosof\u00eda de la luz que integra la reciprocidad propia de la palabra y da espacio a la libertad de la mirada frente a la luz. Igual que la palabra requiere una respuesta libre, as\u00ed la luz tiene como respuesta una imagen que la refleja. San Agust\u00edn, asociando escucha y visi\u00f3n, puede hablar entonces de la \u00abpalabra que resplandece dentro del hombre\u00bb<span id='easy-footnote-13-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-13-125376' title='&lt;i&gt;De Trinitate,&lt;\/i&gt; XV, 11, 20: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 42, 1071: \u00ab&lt;i&gt;Verbum quod intus lucet&lt;\/i&gt;\u00ab.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>. De este modo, la luz se convierte, por as\u00ed decirlo, en la luz de una palabra, porque es la luz de un Rostro personal, una luz que, alumbr\u00e1ndonos, nos llama y quiere reflejarse en nuestro rostro para resplandecer desde dentro de nosotros mismos. Por otra parte, el deseo de la visi\u00f3n global, y no s\u00f3lo de los fragmentos de la historia, sigue presente y se cumplir\u00e1 al final, cuando el hombre, como dice el Santo de Hipona, ver\u00e1 y amar\u00e1<span id='easy-footnote-14-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-14-125376' title='Cf. &lt;i&gt;De civitate Dei,&lt;\/i&gt; XXII, 30, 5: &lt;i&gt;PL&lt;\/i&gt; 41, 804.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>. Y esto, no porque sea capaz de tener toda la luz, que ser\u00e1 siempre inabarcable, sino porque entrar\u00e1 por completo en la luz.<\/p>\n<p>34. La luz del amor, propia de la fe, puede iluminar los interrogantes de nuestro tiempo en cuanto a la verdad. A menudo la verdad queda hoy reducida a la autenticidad subjetiva del individuo, v\u00e1lida s\u00f3lo para la vida de cada uno. Una verdad com\u00fan nos da miedo, porque la identificamos con la imposici\u00f3n intransigente de los totalitarismos. Sin embargo, si es la verdad del amor, si es la verdad que se desvela en el encuentro personal con el Otro y con los otros, entonces se libera de su clausura en el \u00e1mbito privado para formar parte del bien com\u00fan. La verdad de un amor no se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Naciendo del amor puede llegar al coraz\u00f3n, al centro personal de cada hombre. Se ve claro as\u00ed que la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro. El creyente no es arrogante; al contrario, la verdad le hace humilde, sabiendo que, m\u00e1s que poseerla \u00e9l, es ella la que le abraza y le posee. En lugar de hacernos intolerantes, la seguridad de la fe nos pone en camino y hace posible el testimonio y el di\u00e1logo con todos.<\/p>\n<p>Por otra parte, la luz de la fe, unida a la verdad del amor, no es ajena al mundo material, porque el amor se vive siempre en cuerpo y alma; la luz de la fe es una luz encarnada, que procede de la vida luminosa de Jes\u00fas. Ilumina incluso la materia, conf\u00eda en su ordenamiento, sabe que en ella se abre un camino de armon\u00eda y de comprensi\u00f3n cada vez m\u00e1s amplio. La mirada de la ciencia se beneficia as\u00ed de la fe: \u00e9sta invita al cient\u00edfico a estar abierto a la realidad, en toda su riqueza inagotable. La fe despierta el sentido cr\u00edtico, en cuanto que no permite que la investigaci\u00f3n se conforme con sus f\u00f3rmulas y la ayuda a darse cuenta de que la naturaleza no se reduce a ellas. Invitando a maravillarse ante el misterio de la creaci\u00f3n, la fe ensancha los horizontes de la raz\u00f3n para iluminar mejor el mundo que se presenta a los estudios de la ciencia.<\/p>\n<h3><b><i>Fe y b\u00fasqueda de Dios<\/i><\/b><\/h3>\n<p>35. La luz de la fe en Jes\u00fas ilumina tambi\u00e9n el camino de todos los que buscan a Dios, y constituye la aportaci\u00f3n propia del cristianismo al di\u00e1logo con los seguidores de las diversas religiones. La Carta a los Hebreos nos habla del testimonio de los justos que, antes de la alianza con Abrah\u00e1n, ya buscaban a Dios con fe. De Henoc se dice que \u00abse le acredit\u00f3 que hab\u00eda complacido a Dios\u00bb (<i>Hb<\/i> 11,5), algo imposible sin la fe, porque \u00abel que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan\u00bb (<i>Hb<\/i> 11,6). Podemos entender as\u00ed que el camino del hombre religioso pasa por la confesi\u00f3n de un Dios que se preocupa de \u00e9l y que no es inaccesible. \u00bfQu\u00e9 mejor recompensa podr\u00eda dar Dios a los que lo buscan, que dejarse encontrar? Y antes incluso de Henoc, tenemos la figura de Abel, cuya fe es tambi\u00e9n alabada y, gracias a la cual el Se\u00f1or se complace en sus dones, en la ofrenda de las primicias de sus reba\u00f1os (cf. <i>Hb<\/i> 11,4). El hombre religioso intenta reconocer los signos de Dios en las experiencias cotidianas de su vida, en el ciclo de las estaciones, en la fecundidad de la tierra y en todo el movimiento del cosmos. Dios es luminoso, y se deja encontrar por aquellos que lo buscan con sincero coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Imagen de esta b\u00fasqueda son los Magos, guiados por la estrella hasta Bel\u00e9n (cf. <i>Mt<\/i> 2,1-12). Para ellos, la luz de Dios se ha hecho camino, como estrella que gu\u00eda por una senda de descubrimientos. La estrella habla as\u00ed de la paciencia de Dios con nuestros ojos, que deben habituarse a su esplendor. El hombre religioso est\u00e1 en camino y ha de estar dispuesto a dejarse guiar, a salir de s\u00ed, para encontrar al Dios que sorprende siempre. Este respeto de Dios por los ojos de los hombres nos muestra que, cuando el hombre se acerca a \u00e9l, la luz humana no se disuelve en la inmensidad luminosa de Dios, como una estrella que desaparece al alba, sino que se hace m\u00e1s brillante cuanto m\u00e1s pr\u00f3xima est\u00e1 del fuego originario, como espejo que refleja su esplendor. La confesi\u00f3n cristiana de Jes\u00fas como \u00fanico salvador, sostiene que toda la luz de Dios se ha concentrado en \u00e9l, en su \u00abvida luminosa\u00bb, en la que se desvela el origen y la consumaci\u00f3n de la historia<span id='easy-footnote-15-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-15-125376' title='Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Decl. &lt;i&gt; Dominus Iesus&lt;\/i&gt; (6 agosto 2000), 15: &lt;i&gt;AAS&lt;\/i&gt; 92 (2000), 756.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>. No hay ninguna experiencia humana, ning\u00fan itinerario del hombre hacia Dios, que no pueda ser integrado, iluminado y purificado por esta luz. Cuanto m\u00e1s se sumerge el cristiano en la aureola de la luz de Cristo, tanto m\u00e1s es capaz de entender y acompa\u00f1ar el camino de los hombres hacia Dios.<\/p>\n<p>Al configurarse como v\u00eda, la fe concierne tambi\u00e9n a la vida de los hombres que, aunque no crean, desean creer y no dejan de buscar. En la medida en que se abren al amor con coraz\u00f3n sincero y se ponen en marcha con aquella luz que consiguen alcanzar, viven ya, sin saberlo, en la senda hacia la fe. Intentan vivir como si Dios existiese, a veces porque reconocen su importancia para encontrar orientaci\u00f3n segura en la vida com\u00fan, y otras veces porque experimentan el deseo de luz en la oscuridad, pero tambi\u00e9n, intuyendo, a la vista de la grandeza y la belleza de la vida, que \u00e9sta ser\u00eda todav\u00eda mayor con la presencia de Dios. Dice san Ireneo de Lyon que Abrah\u00e1n, antes de o\u00edr la voz de Dios, ya lo buscaba \u00abardientemente en su coraz\u00f3n\u00bb, y que \u00abrecorr\u00eda todo el mundo, pregunt\u00e1ndose d\u00f3nde estaba Dios\u00bb, hasta que \u00abDios tuvo piedad de aquel que, por su cuenta, lo buscaba en el silencio\u00bb<span id='easy-footnote-16-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-16-125376' title='&lt;i&gt;Demonstratio apostolicae praedicationis,&lt;\/i&gt; 24: &lt;i&gt;SC&lt;\/i&gt; 406, 117.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span>. Quien se pone en camino para practicar el bien se acerca a Dios, y ya es sostenido por \u00e9l, porque es propio de la din\u00e1mica de la luz divina iluminar nuestros ojos cuando caminamos hacia la plenitud del amor.<\/p>\n<h3><b><i>Fe y teolog\u00eda<\/i><\/b><\/h3>\n<p>36. Al tratarse de una luz, la fe nos invita a adentrarnos en ella, a explorar cada vez m\u00e1s los horizontes que ilumina, para conocer mejor lo que amamos. De este deseo nace la teolog\u00eda cristiana. Por tanto, la teolog\u00eda es imposible sin la fe y forma parte del movimiento mismo de la fe, que busca la inteligencia m\u00e1s profunda de la autorrevelaci\u00f3n de Dios, cuyo culmen es el misterio de Cristo. La primera consecuencia de esto es que la teolog\u00eda no consiste s\u00f3lo en un esfuerzo de la raz\u00f3n por escrutar y conocer, como en las ciencias experimentales. Dios no se puede reducir a un objeto. \u00c9l es Sujeto que se deja conocer y se manifiesta en la relaci\u00f3n de persona a persona. La fe recta orienta la raz\u00f3n a abrirse a la luz que viene de Dios, para que, guiada por el amor a la verdad, pueda conocer a Dios m\u00e1s profundamente. Los grandes doctores y te\u00f3logos medievales han indicado que la teolog\u00eda, como ciencia de la fe, es una participaci\u00f3n en el conocimiento que Dios tiene de s\u00ed mismo. La teolog\u00eda, por tanto, no es solamente palabra sobre Dios, sino ante todo acogida y b\u00fasqueda de una inteligencia m\u00e1s profunda de esa palabra que Dios nos dirige, palabra que Dios pronuncia sobre s\u00ed mismo, porque es un di\u00e1logo eterno de comuni\u00f3n, y admite al hombre dentro de este di\u00e1logo<span id='easy-footnote-17-125376' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-fidei-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-17-125376' title='Cf. Buenaventura, &lt;i&gt;Breviloquium, Prol.&lt;\/i&gt;: Opera Omnia, V, Quaracchi 1891, p. 201; &lt;i&gt;In I Sent., proem.,&lt;\/i&gt; q. 1, resp.: Opera Omnia, I, Quaracchi 1891, p. 7; Tom\u00e1s de Aquino, &lt;i&gt;S. Th.&lt;\/i&gt; I, q. 1.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>. As\u00ed pues, la humildad que se deja \u00abtocar\u00bb por Dios forma parte de la teolog\u00eda, reconoce sus l\u00edmites ante el misterio y se lanza a explorar, con la disciplina propia de la raz\u00f3n, las insondables riquezas de este misterio.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la teolog\u00eda participa en la forma eclesial de la fe; su luz es la luz del sujeto creyente que es la Iglesia. Esto requiere, por una parte, que la teolog\u00eda est\u00e9 al servicio de la fe de los cristianos, se ocupe humildemente de custodiar y profundizar la fe de todos, especialmente la de los sencillos. Por otra parte, la teolog\u00eda, puesto que vive de la fe, no puede considerar el Magisterio del Papa y de los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l como algo extr\u00ednseco, un l\u00edmite a su libertad, sino al contrario, como un momento interno, constitutivo, en cuanto el Magisterio asegura el contacto con la fuente originaria, y ofrece, por tanto, la certeza de beber en la Palabra de Dios en su integridad.<\/p>\n<h2>Descarga la Enc\u00edclica \u00abLumen Fidei\u00bb en formato PDF aqu\u00ed:<\/h2>\n<table width=\"256\" border=\"0\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>\n<div>Formato P<em>DF:<\/em><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td>\n<div><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=267\" target=\"_blank\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" alt=\"PDF\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/pdf.png?resize=256%2C256\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/div>\n<\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Cap\u00edtulo segundo: Si no cre\u00e9is, no comprender\u00e9is (cf. Is 7,9) Fe y verdad 23. Si no cre\u00e9is, no comprender\u00e9is (cf. Is 7,9). 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