{"id":12414,"date":"2009-10-22T20:58:00","date_gmt":"2009-10-22T19:58:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/22\/vicente-de-paul-conferencia-144-conferencia-del-12-de-diciembre-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:17","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:17","slug":"vicente-de-paul-conferencia-144-conferencia-del-12-de-diciembre-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-144-conferencia-del-12-de-diciembre-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 144: Conferencia Del [12 De Diciembre De 1659]"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA CASTIDAD<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 4)<\/p>\n<p><em>Motivos para practicar especialmente esta virtud. Naturaleza de la castidad. Medios para practicarla.<\/em><\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, el viernes pasado no hice m\u00e1s que terminar lo que hab\u00eda dejado de decir en la charla anterior sobre la pobreza, y aunque le\u00ed todo el cap\u00edtulo cuarto, que trata de la castidad, no pude hablar de \u00e9l por falta de tiempo. Vamos a hablar de \u00e9l esta tarde; y para que las ideas est\u00e9n m\u00e1s frescas en vuestro \u00e1nimo, volver\u00e9 a leerlo otra vez.<\/p>\n<p><em>El Salvador del mundo ha demostrado muy bien hasta qu\u00e9 extremo llegaba su amor a la castidad y c\u00f3mo deseaba inculcarla en el coraz\u00f3n de los hombres, ya que quiso pasar Por encima del orden que hab\u00eda establecido en la naturaleza, para nacer, por obra del Esp\u00edritu Santo, de una Virgen inmaculada. Y sinti\u00f3 tan grande horror del vicio contrario que, aunque permiti\u00f3 que le imputasen falsamente los cr\u00edmenes m\u00e1s enormes, para verse lleno de oprobios por el deseo que de ellos ten\u00eda, sin embargo no se lee que nadie, ni siquiera sus mayores enemigos, le censurase nunca ni lanzase siquiera la sospecha de este vicio; por tanto, es muy conveniente que la congregaci\u00f3n tenga un deseo singular\u00edsimo y ardent\u00edsimo de esta virtud y que en todo tiempo y lugar haga profesi\u00f3n especial de practicarla con toda perfecci\u00f3n. Y es preciso que tengamos en ello tanto m\u00e1s inter\u00e9s, cuanto que nuestras ocupaciones en la Misi\u00f3n nos obligan m\u00e1s estrechamente a tratar casi continuamente con los seglares de uno y de otro sexo. Por eso cada uno pondr\u00e1 por su parte todo el cuidado, diligencia y precauci\u00f3n posible para conservar enteramente esta castidad, tanto en lo que se refiere al cuerpo, como en lo que ata\u00f1e al alma.<\/em><\/p>\n<p><em>Pues bien, para que, con la ayuda de Dios, se pueda hacer todo esto, habr\u00e1 que guardar muy cuidadosamente los sentidos, tanto interiores como exteriores; no se hablar\u00e1 nunca con las mujeres a solas, fuera de su debido tiempo y lugar; habr\u00e1 que abstenerse por completo de hablarles y de escribirles con t\u00e9rminos demasiado afectuosos, aunque sea sobre materias de devoci\u00f3n; no habr\u00e1 que acercarse demasiado a ellas al confesarlas, ni al hablarles fuera de la confesi\u00f3n; y cuidar mucho de no presumir de nuestra castidad.<\/em><\/p>\n<p><em>Y como la intemperancia es como la madre y la nodriza de la impureza, todos ser\u00e1n moderados en la comida y, en cuanto sea posible, usar\u00e1n de los alimentos comunes y aguar\u00e1n mucho el vino.<\/em><\/p>\n<p><em>Adem\u00e1s, todos estar\u00e1n convencidos de que no basta con que los misioneros se distingan por esta virtud, sino que adem\u00e1s hay que hacer todo lo posible para que nadie en el mundo pueda sospechar lo m\u00e1s m\u00ednimo de ninguno de nosotros del vicio contrario, ya que la sola sospecha, aunque infundada, perjudicar\u00eda a la congregaci\u00f3n y a sus santas ocupaciones m\u00e1s que todos los dem\u00e1s cr\u00edmenes que se nos pudieran falsamente imputar, sobre todo porque entonces se recoger\u00eda muy poco o ning\u00fan fruto de nuestras misiones. Por consiguiente, no nos contentaremos solamente con emplear los medios ordinarios para prevenir o para reparar este mal, sino que utilizaremos incluso, si fuera necesario, los extraordinarios, como ser\u00eda, por ejemplo, abstenerse a veces de realizar acciones que fuesen por otra parte l\u00edcitas, e incluso buenas y santas; entendiendo esto cuando, a juicio del superior o del director, esas cosas pudieran dar lugar a temer esa sospecha.<\/em><\/p>\n<p><em>Y puesto que la ociosidad es la madrastra enemiga de las virtudes, principalmente de la castidad, todos huir\u00e1n tanto de este vicio que en toda ocasi\u00f3n se les encontrar\u00e1 \u00fatilmente ocupados.<\/em><\/p>\n<p>Bien; cubr\u00e1monos. Hemos de hablar de la virtud de la castidad. Vamos a dividir esta charla en tres puntos, como de ordinario: en el primero hablaremos, a\u00f1adiendo poca cosa, de los motivos que nos insin\u00faa la regla y que nos obligan a poner especial inter\u00e9s en la pr\u00e1ctica de la virtud de la castidad; en el segundo punto, indicaremos en qu\u00e9 consiste estas virtud de la castidad y en qu\u00e9 hemos de practicarla especialmente; en el tercer punto, se\u00f1alaremos los medios para ello.<\/p>\n<p>En cuanto a los motivos, \u00a1Oh Salvador! \u00bfqui\u00e9n no los conoce? \u00bfhay un ni\u00f1o, por muy peque\u00f1o que sea, que no haya o\u00eddo de sus padres que es pecado, y pecado muy grave, cometer acciones impuras? \u00a1Oh Salvador! T\u00fa sabes los motivos que nos obligan a practicar esta virtud, no s\u00f3lo en cuanto a las acciones exteriores, sino tambi\u00e9n en cuanto a la pureza interior; imprime vivamente en nuestra alma esos motivos, para que practiquemos con toda fidelidad esta virtud. La pr\u00e1ctica de la castidad, como sab\u00e9is, est\u00e1 mandada por Dios, mientras que est\u00e1 prohibido el vicio contrario a esta virtud: \u00abNo ser\u00e1s lujurioso de cuerpo ni de consentimiento\u00bb. No hay por qu\u00e9 detenerse en una cosa qu\u00e9 habla por s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Nuestra regla indica como primer motivo la gran distancia que nuestro Se\u00f1or quiso que hubiese entre \u00e9l y todo lo que es contrario a la castidad, hasta el punto de que, al tener que hacerse hombre, no quiso que fuera por la v\u00eda ordinaria, sino de una forma extraordinaria, por medio del Esp\u00edritu Santo. Su madre sigui\u00f3 siendo virgen y fue siempre casta, y fue el Esp\u00edritu Santo el que obr\u00f3 esta gran maravilla.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, Se\u00f1or! Hemos de decir que tiene que haber algo grande en esta virtud, ya que el santo de los santos rompi\u00f3 el orden de la naturaleza para ser concebido y nacer de una forma que demuestra lo mucho que apreciaba la castidad.<\/p>\n<p>Un segundo motivo, no menos importante, mencionado igualmente en nuestra regla, es que nuestro Se\u00f1or, tanto durante los treinta a\u00f1os que vivi\u00f3 familiarmente con su padre y su madre, trabajando en su taller (lo que dio motivo para que se dijera: <em>Nonne hic est faber et fabri filius?<\/em>, como despu\u00e9s de haberlos dejado para predicar su evangelio, con tanto \u00e9xito que todo el mundo le segu\u00eda, hombres y mujeres, aunque trataba con los unos y con las otras, a pesar de que sus enemigos le calumniaban y le dirig\u00edan mil reproches y mil acusaciones, llam\u00e1ndole impostor, borracho, endemoniado, etc\u00e9tera, nunca jam\u00e1s permiti\u00f3 que le acusaran de algo en contra de la castidad.<\/p>\n<p>Es \u00e9ste un motivo muy poderoso. \u00a1Oh Salvador, nos dirigimos a ti para obtener esta virtud tan preciosa! La naturaleza no llega hasta ese extremo; por el contrario, suscita mil y mil tentaciones, im\u00e1genes y fantas\u00edas contrarias a esta virtud. \u00a1Se\u00f1or, conc\u00e9denos la gracia de que ni la compa\u00f1\u00eda en general, ni ninguno de sus miembros en particular, caiga jam\u00e1s en el vicio contrario, ni de cerca ni de lejos!<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or da un paso m\u00e1s y dice que el que no deja a su mujer no es digno de \u00e9l: \u00a1tan grande es su afecto a esta virtud! Por eso, los ap\u00f3stoles y disc\u00edpulos que ten\u00edan esposa, la dejaron para seguirle, y las mujeres dejaron a sus maridos; muchos de los primeros cristianos hicieron lo mismo y no trataban con sus mujeres en el uso del matrimonio. Pero, poco despu\u00e9s, el demonio, enemigo de esta virtud, hizo de manera que los hombres no guardaran por mucho tiempo esta resoluci\u00f3n y que el trato \u00edntimo de unos con otros, junto con la gran fragilidad de la naturaleza humana, les hiciera caer a algunos en acciones contrarias a esta virtud. Muchos se retiraron a los desiertos de Libia y de Egipto, empujados por el recelo de no poder vivir en una castidad tan perfecta en medio del mundo; y de esta forma los desiertos se poblaron de personas que practicaban fielmente esta virtud. Desde aquellos tiempos empezaron a surgir monasterios para permitir separarse de los pecados y de los placeres del mundo y vivir en castidad. Hermanos m\u00edos, elev\u00e9monos todos a Dios en estos momentos para pedirle y obtener de \u00e9l que esta pobre y peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda no se vea contaminada en su cuerpo ni en sus miembros. \u00bfQu\u00e9 quiero decir con esto? Quiero decir: ni la compa\u00f1\u00eda en general ni ninguno de los que pertenecen a ella. Vamos por todo el mundo predicando la castidad e inculc\u00e1ndosela al pueblo. \u00a1Qu\u00e9 importancia tiene que nosotros tengamos una gran castidad!<\/p>\n<p>Pero \u00bfen qu\u00e9 consiste esta virtud? Los ni\u00f1os oyen ya hablar a sus padres de la malicia del pecado contrario a esta virtud. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan hermosa! Hay dos o tres especies de castidad: la castidad conyugal, que modera los afectos del placer carnal; y la que arranca del coraz\u00f3n todos esos afectos. Esta \u00faltima es una virtud muy excelsa, ya que lleva a quienes la practican a vivir con toda pureza. La castidad conyugal no nos interesa, ya que consiste en la moderaci\u00f3n de los placeres de la carne y nosotros no debemos tener ninguno. Por tanto, es de la otra de la que tenemos que hablar. Esa virtud pide de nosotros que arranquemos del coraz\u00f3n todos los afectos hacia las acciones de impureza, las malas inclinaciones y todo lo dem\u00e1s; no voy a hablar m\u00e1s de ello, ni en concreto de sus actos particulares. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan singular y c\u00f3mo procura el demonio hacer que la perdamos! Dios quiere a veces probar las almas santas, permitiendo que el demonio las tiente con malos pensamientos con malas imaginaciones, con representaciones groseras, incluso en las cosas santas. Yo he conocido a un alma religiosa que no sent\u00eda tentaciones de impureza y carnales m\u00e1s que a la hora de comulgar; fuera de entonces, nunca se vio tentada, pero jam\u00e1s comulgaba sin esas tentaciones. Ved hasta d\u00f3nde llega la malicia del demonio, que se sirve de las cosas m\u00e1s santas para tentarnos de impureza. Por tanto, esta virtud consiste en arrancar de nuestros corazones, no s\u00f3lo de nuestra fantas\u00eda y de nuestro esp\u00edritu, sino de nuestro coraz\u00f3n, las afecciones a la impureza. \u00a1Oh, Se\u00f1or, ay\u00fadanos a arrancar del coraz\u00f3n estos afectos malditos de impureza, y de la memoria el recuerdo de las personas que se han conocido con demasiada familiaridad, con las que quiz\u00e1s se ha cometido antiguamente alguna mala acci\u00f3n! \u00a1Dios m\u00edo, arranca de nuestros corazones ese recuerdo!<\/p>\n<p>Hay pureza de cuerpo y pureza de esp\u00edritu. El que tiene pureza de cuerpo no por eso tiene castidad; es la pureza de esp\u00edritu la que constituye esta virtud y le da la perfecci\u00f3n, e incluso la esencia; ella es la que echa del pensamiento, del esp\u00edritu, de la memoria, de la fantas\u00eda, todos los malos pensamientos. En esto consiste, por tanto, todo nuestro ejercicio: arrancar del coraz\u00f3n, etc\u00e9tera, si queremos tener la castidad que pide de nosotros la regla, acord\u00e1ndonos de que nuestro Se\u00f1or, cuando vino al mundo, hizo tanto caso de ella que quiso cambiar la naturaleza de las cosas y nacer de una virgen. Por causa de esta virtud dijo tambi\u00e9n que las v\u00edrgenes acompa\u00f1ar\u00edan por todas partes al Cordero cantando c\u00e1nticos nuevos. \u00a1Cu\u00e1nto debe apreciar esta virtud la compa\u00f1\u00eda en general y cada uno de nosotros en particular, haciendo todo lo posible por tenerla y perfeccionarse en ella cada d\u00eda m\u00e1s!<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 es lo que nos ayudar\u00e1 en ello? La guarda de los sentidos. Es lo que dice la regla. La guarda de la vista. \u00a1Qu\u00e9 peligrosa es la vista! \u00a1Dejar que los ojos vayan de ac\u00e1 para all\u00e1, mirando toda clase de objetos! \u00a1Qu\u00e9 malo es esto! David, aquel hombre tan santo, por haber visto a una mujer cay\u00f3 en el pecado contrario a la castidad y todav\u00eda hizo algo peor, pues a aquel pecado a\u00f1adi\u00f3 uno nuevo, esto es, el homicidio; ya conoc\u00e9is la historia (8).<\/p>\n<p>El o\u00eddo, la guarda del o\u00eddo. Los que hab\u00e9is confesado por las aldeas e incluso por la ciudad, ya sab\u00e9is que muchas personas aprenden lo que es la impureza viendo y oyendo a esos saltimbanquis, a esos comediantes que representan acciones deshonestas y tienen malas conversaciones. \u00a1Qu\u00e9 peligroso es todo esto!<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hay que guardar los sentidos: la vista, s\u00ed, la vista, el o\u00eddo y los dem\u00e1s sentidos exteriores, el tacto; hacerse due\u00f1o de los sentidos tanto como uno pueda. La vista, el o\u00eddo, el tacto.<\/p>\n<p>Otro medio es no encontrarse nunca solo, en un lugar o en un tiempo indebido, con una persona del otro sexo (lo dice la regla), ya que en ese tiempo y lugar es donde el demonio despierta la concupiscencia. Somos hombres como los dem\u00e1s; por ello \u00a1cuidado! No tengo m\u00e1s remedio que deciros la gran falta que cometen los que hablan en el locutorio peque\u00f1o con una mujer o una joven a solas. \u00a1Cu\u00e1nto me disgusta saber que alguno lo hace as\u00ed, ocupando el rinc\u00f3n m\u00e1s oscuro, con la otra persona enfrente d\u00e1ndole la luz, y as\u00ed durante dos o tres horas! Estas son ocasiones muy peligrosas.<\/p>\n<p>Le ruego, pues, a la compa\u00f1\u00eda que tenga cuidado en esto. Cuando haya que hablar con una mujer que est\u00e9 en el locutorio peque\u00f1o, si no se la conoce y hay poco que decirle, conviene invitarla a salir, hablarle de pie, descubierto y abreviar la conversaci\u00f3n. Muchos, por raz\u00f3n de su cargo, tendr\u00e1n que hablar con mujeres, pero les ruego que lo hagan as\u00ed, sin sentarse a su lado, a no ser que sean personas de condici\u00f3n y que haya que estar largo tiempo con ellas por requerirlo as\u00ed el asunto. \u00a1Ay! \u00a1Cu\u00e1ntas veces he faltado yo en esto! \u00a1Y todav\u00eda sigo faltando demasiado! Pero Dios sabe la pena que siento cuando me veo obligado a hablar de esa manera. Sea lo que sea, la regla nos dice que no hablemos nunca a solas con una mujer Por tanto, exhorto a esa persona de la compa\u00f1\u00eda (hay uno que as\u00ed lo hace, y s\u00f3lo s\u00e9 de uno que est\u00e9 sujeto a esta falta) a que se esfuerce en cumplir lo mandado; o mejor, si le parece bien, que se abstenga por completo, en penitencia, de esas conversaciones con el otro sexo. Dios me ha concedido algunas veces la gracia de pedirles que salgan de este locutorio al corredor y una vez all\u00ed hablo con ellas y abrevio la conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro gran peligro para la castidad es comer mucho, sobre todo manjares delicados, y buscar la manera de aprovisionarse de ellos. \u00a1Qu\u00e9 malo es esto, especialmente beber vino, en cantidad, y totalmente puro! No tengo m\u00e1s remedio que hablar en contra de esto, por los inconvenientes que han surgido en la compa\u00f1\u00eda por culpa de algunos que se han excedido en esto. Ya se ha acabado todo esto, gracias a Dios, pero hemos de entregarnos a su divina majestad para no beber vino o, al menos, para aguarlo abundantemente.<\/p>\n<p>\u00bfQuer\u00e9is que os diga lo que hace el se\u00f1or obispo de Cahors, ese santo var\u00f3n, gran siervo de Dios, para no beber vino?\u00a0 Porque bebe solamente agua. No come, sino que por la tarde, despu\u00e9s de las visitas, sermones u otras ocupaciones de su cargo pastoral y episcopal, come un poco de pan, verduras y fruta, con un poco de agua; y nada m\u00e1s; y lo hace as\u00ed desde hace unos treinta a\u00f1os, teniendo ahora unos sesenta. Eso es lo que hace y lo que me ha hecho el honor de decirme. Aunque antes beb\u00eda vino como los dem\u00e1s, empez\u00f3 a mezclarlo con agua a la mitad, luego con dos tercios, luego echando un poco de vino en el agua; as\u00ed continu\u00f3 disminuyendo cada vez m\u00e1s la cantidad de vino, de forma que su bebida era s\u00f3lo agua un poco coloreada; as\u00ed se hizo insensible al gusto del vino y, al beber tan poco que casi no val\u00eda la pena de echar en el agua, se decidi\u00f3 a prescindir de \u00e9l por completo y as\u00ed lo ha observado con toda fidelidad desde entonces.<\/p>\n<p>Otro medio para guardar la castidad consiste en huir de la ociosidad, que de suyo es un gran mal. \u00a1Con cu\u00e1nto cuidado hemos de evitarla! Sobre todo las personas que, por su manera de ser, se han hecho in\u00fatiles para el trabajo y tambi\u00e9n las que est\u00e1n trabajando; pues, creedme, cuando el demonio encuentra a una persona ociosa, le gusta atormentarla y tentarla con el vicio contrario a la castidad. Procurad, hermanos m\u00edos, estar siempre ocupados y entonces, si el diablo os tienta, la ocupaci\u00f3n lograr\u00e1 disminuir no poco las fuerzas de la tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro medio, que ata\u00f1e sobre todo a los confesores, es que no se acerquen demasiado a las penitentes ya que, como veis y sab\u00e9is mucho mejor que yo, todas las cosas env\u00edan sus reflejos. Lo mismo que esta l\u00e1mpara encendida env\u00eda sus rayos y su resplandor, tambi\u00e9n de la cabeza, del rostro, de los vestidos de las penitentes salen ciertos reflejos que, mezcl\u00e1ndose con los que salen de los confesores, dan fuego a la tentaci\u00f3n y, si no se pone cuidado, hacen verdaderos estragos. Exhorto, pues, a la compa\u00f1\u00eda a que no se acerque a las penitentes, sino m\u00e1s bien que las mantengan separadas. Si algunos, por tener el o\u00eddo algo duro, obran de otra forma, \u00a1Oh Salvador! que sepan que no deber\u00eda hacerse as\u00ed. Ruego a los confesores que pongan cuidado en ello y que arreglen debidamente estas cosas.<\/p>\n<p>Lo que tambi\u00e9n puede hacernos mucho da\u00f1o es que, al explicar el sexto mandamiento: \u00abNo ser\u00e1s lujurioso en el cuerpo ni en el consentimiento\u00bb, preguntemos demasiadas cosas. Hay que preguntar al penitente solamente lo necesario. Los confesores han de saber lo que se necesita preguntar a los penitentes sobre este mandamiento; aqu\u00ed no tenemos tiempo para decirlo; ser\u00e1 conveniente que uno de estos d\u00edas se re\u00fanan los confesores para tratar de ello. Entretanto entregu\u00e9monos a Dios para no preguntar en la confesi\u00f3n m\u00e1s que lo necesario sobre este mandamiento pues, si nos pasamos de la regla, el diablo no dejar\u00e1 de ponernos grandes tentaciones contra esta virtud y las im\u00e1genes de lo que hayamos preguntado o nos hayan dicho volver\u00e1n muchas veces a nuestro recuerdo, despertando la concupiscencia y haciendo verdaderos estragos.<\/p>\n<p>Otro medio para conservar la castidad es huir del trato con las religiosas, incluso con las m\u00e1s reformadas. Antes de la fundaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda, el se\u00f1or obispo de Ginebra, a quien tuvimos el honor de conocer y de tratar, nos oblig\u00f3 a cuidar de las religiosas de la Visitaci\u00f3n; no tuvimos m\u00e1s remedio que hacerlo; hab\u00edamos dado palabra de ello. \u00bfQu\u00e9 le \u00edbamos a hacer? Pero sabed, hermanos m\u00edos, que esas conversaciones son un filtro diab\u00f3lico, pues somos hombres, y hombres como los dem\u00e1s. Se compromete uno a ello so capa de devoci\u00f3n; siempre se empieza por ah\u00ed, \u00a1y sabe Dios d\u00f3nde se va a parar! Esto va contra la finalidad de nuestro Instituto, que se dedica a los pobres aldeanos.. Y no se puede servir a dos se\u00f1ores. Por tanto, recomiendo a la compa\u00f1\u00eda que no acepte nunca un cargo que le obligue a dirigir, guiar y tratar con las religiosas, o a conversar con ellas. Os dir\u00e9, a este prop\u00f3sito, que al comienzo de la compa\u00f1\u00eda se tuvo una misi\u00f3n en una aldea o en un barrio donde hab\u00eda religiosas. Ellas pidieron que se les diese algunas pl\u00e1ticas y que se las escuchase en confesi\u00f3n general, lo mismo que se hac\u00eda con los dem\u00e1s. As\u00ed se hizo. Estaba all\u00ed el buen padre de la Salle. Aquellas buenas religiosas le escribieron luego varias veces despu\u00e9s de venirse. Apenas \u00e9l se dio cuenta de que hab\u00eda cierto apego en ello, como era un hombre de sentido com\u00fan, les respondi\u00f3 que deber\u00edan contentarse con lo que les hab\u00eda escrito y dicho en aquella ocasi\u00f3n, y que no ten\u00eda nada m\u00e1s que decirles ni escribirles. As\u00ed hemos de hacer todos, huyendo de esto como de una trampa de Satan\u00e1s.<\/p>\n<p>Otro medio es tambi\u00e9n no escribir nunca con mucho cari\u00f1o; esto enciende el fuego, engendra el afecto y compromete a los dem\u00e1s a que respondan tambi\u00e9n con cari\u00f1o, cada vez m\u00e1s, pues a nadie le gusta dejarse vencer por el otro. Por amor de Dios hermanos m\u00edos, recomiendo que os absteng\u00e1is de todo trato personal o epistolar con las mujeres. Tengo aqu\u00ed una o dos de esas cartas, \u00a1y qu\u00e9 cartas! \u00bfLas leer\u00e9? M\u00e1s vale que no lo haga. Aquel a quien van dirigidas, y que es de esta casa, no ha recibido ning\u00fan mal. Pero \u00a1qu\u00e9 cerca ha estado de recibirlo!<\/p>\n<p>Otro medio es el no tener devotas. Pero nuestro Se\u00f1or bien que las ten\u00eda (10), hablaba con ellas y las visitaba; tambi\u00e9n las tuvieron los ap\u00f3stoles y otros muchos santos. \u00a1Pero qu\u00e9 peligroso es esto! Hay que temer por la compa\u00f1\u00eda cuando vengan esas devotas alabando a aquel confesor a quien han abierto su coraz\u00f3n y su conciencia. \u00a1Mala cuesti\u00f3n es esa! \u00a1Desgraciada la compa\u00f1\u00eda que tenga que sufrir a semejantes personas! \u00a1Son un grave peligro! S\u00e9 de un lugar donde las mujeres son tan afectuosas con su confesor que m\u00e1s vale no hablar.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer pues en esas ocasiones? 1.\u00b0 Guardar bien los sentidos; 2.\u00b0 no hablar nunca con esas devotas m\u00e1s que en la confesi\u00f3n, ni siquiera de pie en la iglesia, y jam\u00e1s, repito, jam\u00e1s en sus casas ni en la nuestra. Recomendadles que os digan en la confesi\u00f3n todo lo que tengan que deciros, y nunca fuera de ella. \u00a1Quiera Dios concedernos la gracia de ser firmes en esto, sin hablar nunca con ellas de pie en la iglesia, ni a la puerta, ni en sus casas! Esos son los medios para conservar la castidad en la compa\u00f1\u00eda. \u00a1Cu\u00e1nto podemos esperar de ella, aqu\u00ed y en otras partes, en Francia y en el extranjero, si usa de estas precauciones! Si no, Dios pondr\u00e1 su rostro complacido en otras personas que le rendir\u00e1n mayor servicio y le dar\u00e1n m\u00e1s gloria en las misiones.<\/p>\n<p>Bien, hermanos m\u00edos, \u00bfqu\u00e9 vamos a hacer para guardar esta regla? Los medios que acabamos de proponer servir\u00e1n de muy poco si no est\u00e1n animados del esp\u00edritu de Dios. Por tanto, hay que ped\u00edrselo a nuestro Se\u00f1or, con mucha insistencia, en todas nuestras oraciones, y tener un deseo especial de entregarse a su divina majestad para conservarnos y perfeccionarnos en esta virtud, apart\u00e1ndonos por completo de los vicios contrarios. Si as\u00ed lo hacemos y trabajamos en la adquisici\u00f3n, la conservaci\u00f3n y el desarrollo de esta virtud, se extender\u00e1 por todas partes. La compa\u00f1\u00eda se har\u00e1 cada vez m\u00e1s agradable a Dios, que la mirar\u00e1 siempre con ojos de complacencia y le comunicar\u00e1 nuevas y abundantes gracias. \u00a1Quiera su divina majestad que as\u00ed sea!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA CASTIDAD (Reglas comunes, cap. 4) Motivos para practicar especialmente esta virtud. Naturaleza de la castidad. Medios para practicarla. 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