{"id":12399,"date":"2009-10-07T20:57:49","date_gmt":"2009-10-07T19:57:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/07\/vicente-de-paul-conferencia-129-conferencia-del-23-de-mayo-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:18","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:18","slug":"vicente-de-paul-conferencia-129-conferencia-del-23-de-mayo-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-129-conferencia-del-23-de-mayo-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 129: Conferencia Del 23 De Mayo De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA UNIFORMIDAD<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 11).<\/p>\n<p><em>Naturaleza de la uniformidad. Motivos para practicar esta virtud; medios de practicarla: guardar las reglas.<\/em><\/p>\n<p>Mis queridos hermanos, el und\u00e9cimo art\u00edculo del cap\u00edtulo de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em> Para honrar la vida com\u00fan que quiso llevar nuestro se\u00f1or Jesucristo, a fin de conformarse con los dem\u00e1s y ganarlos as\u00ed mejor para Dios su Padre, todos, en la medida de lo posible, guardar\u00e1n la uniformidad en todas las cosas, mir\u00e1ndola como una virtud que mantiene el buen orden y la santa uni\u00f3n; por ello huir\u00e1n igualmente de la singularidad, ra\u00edz de la envidia y de la divisi\u00f3n, no s\u00f3lo en lo que se refiere al g\u00e9nero de vida, el vestido, la cama y otras cosas por el estilo, sino tambi\u00e9n en lo que ata\u00f1e a la manera de dirigir, de ense\u00f1ar, de predicar, de gobernar, as\u00ed como a las pr\u00e1cticas espirituales. Pues bien, para poder conservar siempre entre nosotros esta uniformidad, s\u00f3lo se necesita un medio, esto es, una observancia muy exacta de nuestras reglas o constituciones.<\/em><\/p>\n<p>Ya veis, hermanos m\u00edos, como el fondo de este art\u00edculo se refiere a la uniformidad; todo lo dem\u00e1s gira en torno a esta idea. Pues bien, al hablar de esta virtud o estado de uniformidad, reduciremos todo lo que indica la regla poco m\u00e1s o menos a nuestro peque\u00f1o m\u00e9todo, y diremos primero en qu\u00e9 consiste (creo que habr\u00e1 que comenzar por ah\u00ed), para exponer a continuaci\u00f3n las razones que tenemos para entregarnos a Dios a fin de ser un\u00e1nimes y no tener m\u00e1s que un solo coraz\u00f3n y una sola alma; hablaremos de un medio para ello.<\/p>\n<p>He estado pensando en si deber\u00eda explicar la regla palabra por palabra o si ser\u00eda mejor seguir esta divisi\u00f3n que os he hecho, y me ha parecido que la materia requer\u00eda que la trat\u00e1ramos de esta \u00faltima manera.<\/p>\n<p>La misma palabra indica lo que quiere decir uniformidad; es tan evidente y tan claro que nadie duda de ello, sobre todo los que tienen estudios.<\/p>\n<p>La uniformidad es un estado o una virtud, o las dos cosas a la vez. La uniformidad, considerada en un individuo, es una virtud que le hace obrar en conformidad con su condici\u00f3n; y considerada en su comunidad, es un estado que, uniendo a todos los individuos, forma de los diversos miembros un solo cuerpo vivo con sus operaciones propias.<\/p>\n<p>Por consiguiente, los misioneros son un\u00e1nimes si no tienen m\u00e1s que un solo esp\u00edritu que los anime; y son uniformes si no tienen m\u00e1s que un alma que tiene las mismas facultades en cada uno de ellos.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 entiende usted por facultades? Yo entiendo el entendimiento, la voluntad y la memoria, que son las facultades o potencias del alma, y que tienen que ser semejantes en cada uno de nosotros; de forma que, propiamente hablando, tener uniformidad es tener un mismo juicio y una misma voluntad en las cosas de nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pues bien, en esta relaci\u00f3n o semejanza que tenemos mediante esta uni\u00f3n, hay que distinguir entre las actitudes naturales del cuerpo y las acciones morales; pues en las actitudes del cuerpo es dif\u00edcil que haya unanimidad: nunca hay dos rostros iguales, ni tampoco son iguales el caminar, el hablar y los gestos de dos personas, pues siempre se encontrar\u00e1 alguna peque\u00f1a diferencia entre ellas. Es la naturaleza la que pone estas diferencias y el poder de Dios se demuestra en estas diversidades o distinciones de un hombre con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero, en cuanto a las acciones morales s\u00ed que tiene que haber unanimidad, ya que las virtudes que las producen radican en el alma y todos nosotros no somos m\u00e1s que una sola alma y, por consiguiente, hemos de tener un mismo juicio, una misma voluntad y unas mismas operaciones.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfc\u00f3mo es posible esto? Vemos que somos distintos en las opiniones y en la manera de juzgar; uno ve las cosas de forma diferente que el otro; uno tiene doctrina, y otro no; uno tiene un esp\u00edritu penetrante y yo lo tengo vulgar. \u00bfC\u00f3mo es posible, en medio de esta diferencia de luces, no tener diversas opiniones? Es verdad que, a prop\u00f3sito de las ciencias es casi imposible que todos se parezcan; pero respecto al fin de nuestra vocaci\u00f3n, que es tender a la perfecci\u00f3n, trabajar por la instrucci\u00f3n de los pueblos y el progreso de los eclesi\u00e1sticos, hemos de convenir en el mismo juicio, tenemos que juzgar de la misma manera y hacernos semejantes en la pr\u00e1ctica y, seg\u00fan se\u00f1ala la regla, tener todos un mismo esp\u00edritu para apreciar nuestros ejercicios, y un mismo coraz\u00f3n, en la medida de lo posible, para amarlos; por consiguiente, acomodar nuestro juicio a las reglas, nuestra voluntad a las reglas y seguir los medios que conducen a ello.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s los extremos nos ayuden a conocer mejor este estado del que estamos hablando. Un extremo de la unanimidad es la divisi\u00f3n y la separaci\u00f3n; uno tira de un lado y otro de otro; cada uno hace como le parece. El otro extremo consiste en dejarse llevar por el abandono, por el humor y las acciones desordenadas del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Nuestra virtud est\u00e1 en el medio: consiste en la uni\u00f3n de nuestro juicio y en la conformidad de nuestra voluntad para llegar a nuestra perfecci\u00f3n y servir a los pobres; y esto por medio de los medios comunes que las reglas nos indican. Por tanto, esta virtud nos hace evitar igualmente que nos separemos de esa unidad y que nos unamos a los que se separan o se alejan de ella. Nos hace que seamos un\u00e1nimes en todos los ejercicios de la comunidad. Dios sabe los bienes que conseguiremos, si la usamos debidamente. Nos hace tener un mismo querer y un mismo no-querer entre nosotros y una santa condescendencia con las opiniones de los dem\u00e1s, con tal que no sean contrarias a la virtud; en fin, no puede tolerar la pol\u00e9mica ni las disputas sino que nos adhiere al esp\u00edritu de las reglas, que tiende a unirnos a Dios y entre nosotros mismos, y nos incita a unirnos con los pueblos y ganarlos para Dios.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les son los motivos que tenemos para conservar y aumentar esta uniformidad?<\/p>\n<p>Encontramos muchos en la sagrada escritura. El primero es de san Pablo, en la carta a los romanos, cap\u00edtulo 15, donde nos recomienda <em>ut un\u00e1nimes uno ore honorificetis Deum et Patrem domini nostri Christi<\/em>: para que con un mismo coraz\u00f3n y una misma boca honr\u00e9is a Dios Padre. Seg\u00fan esto, es preciso que seamos siempre uniformes y un\u00e1nimes para alabar y servir a Dios, que nuestros corazones no sean m\u00e1s que uno y que todos convengan en la misma forma de honrarle y darle gusto. Se trata aqu\u00ed del servicio de Dios; es menester que todos se ajusten a ello.<\/p>\n<p>El mismo san Pablo, en la carta a los filipenses, cap\u00edtulo 2: <em>Implete gaudium meum ut idem sapiatis, eamdem caritatem habentes, un\u00e1nimes idipsum sentientes<\/em>: colmad mi gozo, dec\u00eda el ap\u00f3stol, no teniendo m\u00e1s que un mismo coraz\u00f3n y los mismos sentimientos para conservar la caridad. Y les recomienda a los fieles que no ten\u00edan m\u00e1s que un coraz\u00f3n y un alma en la pr\u00e1ctica de la religi\u00f3n: <em>Credentium erat cor unum et anima una<\/em>. Tened la misma fe y los mismos ejercicios. Idem sentientes (4), nos dice: haced todo lo que pod\u00e1is por tener los mismos afectos, por juzgar lo mismo de las cosas, por estar de acuerdo, por no disputar jam\u00e1s; cuando uno exponga su parecer, que los otros lo suscriban y apoyen, juzg\u00e1ndolo mejor que el suyo propio. La virtud as\u00ed lo quiere y si obr\u00e1is de esta forma, hermanos m\u00edos, se ver\u00e1 que la ten\u00e9is.<\/p>\n<p>Otro pasaje dice: <em>Un\u00e1nimes collaborantes<\/em>; trabajad todos un\u00e1nimemente. No debemos estar unidos s\u00f3lo en cuanto a los sentimientos interiores, sino adem\u00e1s en las obras exteriores, ocup\u00e1ndonos todos en ellas seg\u00fan nuestras obligaciones; y como todos los cristianos tienen que concurrir en todo lo referente al cristianismo, tambi\u00e9n nosotros hemos de cooperar en todos los trabajos de la Misi\u00f3n conform\u00e1ndonos en el orden y en la manera.<\/p>\n<p>En la naturaleza es maravilloso c\u00f3mo cada especie de las cosas creadas se asemeja en s\u00ed misma y en sus productos; por ejemplo, todas las cepas de una vi\u00f1a hacen ver en general que hay all\u00ed una vi\u00f1a; cada una de las cepas en particular da testimonio de ello, siendo lo mismo que las dem\u00e1s en su forma, su corteza, sus sarmientos y sus hojas; todas dan fruto al mismo tiempo; y no s\u00f3lo esto, sino que producen el mismo fruto y contribuyen todas juntas a hacer el vino que el due\u00f1o busca en ellas; todas son un\u00e1nimes. Esto es lo que tiene que hacer nuestra compa\u00f1\u00eda en los planes de Dios.<\/p>\n<p>Fijaos en las especies de los p\u00e1jaros y considerad a los individuos de cada especie; ver\u00e9is que lo que hace uno, lo hace el otro; por ejemplo, los pichones de un palomar: todos se parecen, todos tienen la misma manera de andar, las mismas aficiones; lo que uno hace, lo hace el otro; todos tienen las mismas propiedades. Fijaos tambi\u00e9n en las abejas de una colmena; son una peque\u00f1a comunidad; tienen la misma figura, la misma acci\u00f3n y el mismo fin.<\/p>\n<p>Pues bien, todas estas especies de animales son uniformes por su instinto; y como las acciones morales van m\u00e1s all\u00e1 de este instinto y se forman por la raz\u00f3n, tienen que tender por ello m\u00e1s perfectamente a la uniformidad, la cual, por estar as\u00ed querido y ordenado por Dios, tiene que obligarnos a hacer por la raz\u00f3n lo que los animales hacen por instinto. Es preciso que lo que la naturaleza les da a los animales, la gracia lo haga en nosotros. S\u00ed, hermanos m\u00edos, hemos de entregarnos a Dios para tener entre nosotros una santa uni\u00f3n que nos d\u00e9 un mismo esp\u00edritu, un mismo querer y no-querer y una misma manera de obrar. Hemos de pedirle a Dios que nos haga a todos, lo mismo que a los primeros cristianos, un solo coraz\u00f3n y una sola alma. Conc\u00e9denos, Se\u00f1or, la gracia de que no tengamos dos corazones ni dos almas, sino un s\u00f3lo coraz\u00f3n y una sola alma, que informen y uniformen a toda la comunidad; qu\u00edtanos nuestros corazones particulares y nuestras almas particulares, que se apartan de la unidad; qu\u00edtanos nuestro obrar particular, cuando no est\u00e9 en conformidad con el obrar com\u00fan; que no tengamos todos m\u00e1s que un mismo coraz\u00f3n, que sea el principio de nuestra vida, y una misma alma, que nos anime en la caridad, en virtud de esa fuerza unitiva y divina que edifica la comuni\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>Otra raz\u00f3n que tenemos para practicar la uniformidad es que el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso llevar una vida com\u00fan para conformarse a los hombres, y as\u00ed atraerlos mejor a su Padre, y se hizo todo para todos, mucho mejor que san Pablo, para ganarlos a todos. No solamente tom\u00f3 nuestras formas naturales de hombre, sino en cierto modo las morales: un entendimiento como nosotros, una manera de percibir las cosas f\u00edsicas semejante a la nuestra, una voluntad que lo llevaba, como a nosotros, a lo que el entendimiento le presentaba como bueno y hermoso; juzgaba de las cosas naturales como nosotros juzgamos; y as\u00ed se ve en las comparaciones que pon\u00eda: el grano de trigo que tiene que pudrirse para germinar, la semilla que produce el ciento por uno echada en tierra buena, el comerciante que deja la casa y se va, el le\u00f1o verde y el le\u00f1o seco y otras muchas cosas familiares que dijo, demostrando que ten\u00eda para esas cosas los mismos pensamientos que nosotros. Ten\u00eda tambi\u00e9n la misma forma de obrar, caminaba como nosotros, trabajaba como nosotros. En una palabra, para mejor acercarse a nosotros, se hizo semejante a nosotros; y como la semejanza engendra el amor, quiso parecer y obrar como nosotros, para hacerse amar; quiso injertarse en nuestra naturaleza para unirnos a \u00e9l; se hizo hombre para hacernos ver, por su forma de vivir, c\u00f3mo hemos de vivir nosotros. Era la imagen del Padre; pero, como si esto no le bastase, quiso unir a esta imagen adorable su uniformidad con los hombres, para ganarlos a todos, como dice la regla.<\/p>\n<p>Basta esta raz\u00f3n para convencernos, pero hay tantas otras en esta materia que os indicar\u00e9 adem\u00e1s una que nos toca muy de cerca: que la uniformidad engendra la uni\u00f3n en la compa\u00f1\u00eda, que es el cemento que nos une, la belleza que nos hace amables y podamos arrastrar a los dem\u00e1s. Y ese amor rec\u00edproco es el que hace que procuremos tener las mismas maneras de entender, las mismas cosas que querer y los mismos proyectos que perseguir.<\/p>\n<p>Por el contrario, si quit\u00e1is de entre nosotros esa uniformidad que produce la semejanza, quit\u00e1is de all\u00ed el amor; no ser\u00edamos ya m\u00e1s que un cuerpo desfigurado y una desolaci\u00f3n total. Donde hay esp\u00edritus que se singularizan, all\u00ed hay almas divididas. Esos que quieren predicar coeli coelorum, que desean distinguirse, hacerse notar, \u00bfqu\u00e9 es lo que hacen? Engendran la envidia en los dem\u00e1s, al ver esa singularidad que no s\u00f3lo es una falta de uniformidad, sino que produce la desuni\u00f3n.<\/p>\n<p>Los que se singularizan en el vestir, o en el comer, o en las dem\u00e1s necesidades comunes, resultan molestos a los que siguen la comunidad. \u00a1Miserable de m\u00ed, que tengo que ser una carga para toda la casa, al no ser uniforme con los dem\u00e1s! Tengo una habitaci\u00f3n especial y una cama especial; me he tenido que servir de una infamia para ir y venir (as\u00ed llamaba a la peque\u00f1a carroza que utilizaba, queriendo indicar que era una infamia, para \u00e9l y para toda la compa\u00f1\u00eda, que un hombre de su condici\u00f3n fuese en carroza) y he ca\u00eddo en otras miserias; predico la uniformidad y no la sigo. Salvador de mi alma, suple estos defectos con una gracia poderosa que me haga servir a la compa\u00f1\u00eda con algunas pr\u00e1cticas de virtud, sobre todo con la de la humildad.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, seamos todos uniformes en la comida, en el vestir y en el dormir; y adem\u00e1s, uniformes en la manera de dirigir, de ense\u00f1ar, de predicar y de gobernar, as\u00ed como tambi\u00e9n en lo que se refiere a las pr\u00e1cticas espirituales; son los t\u00e9rminos mismos de la regla.<\/p>\n<p>Sin embargo, hemos de hacer alguna distinci\u00f3n y exceptuar alguna cosa en esta uniformidad general, ya que no todos pueden seguir el ritmo ordinario; por ejemplo, los enfermos y las personas delicadas de salud no pueden acomodarse a los usos ordinarios; necesitan una habitaci\u00f3n caldeada, personas que les atiendan y otro alimentos adecuados a sus necesidades. \u00bfSer\u00e1 esto una singularidad? No, porque todos son tratados de la misma forma cuando se ponen enfermos, y se guarda mejor la uniformidad teniendo con los enfermos las posibles atenciones que obrando de otra manera, ya que en la necesidad de su estado no desdicen de los dem\u00e1s tomando lo que se les da y dej\u00e1ndose cuidar, sino que se conforman con la intenci\u00f3n de la regla y de la comunidad.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n otras cosas que parecen estar en contra de la uniformidad, pero en realidad no lo est\u00e1n, como la diferencia en los h\u00e1bitos: los eclesi\u00e1sticos lo llevan largo y los hermanos corto; pero es que es eso lo que conviene a la condici\u00f3n de cada uno; y entre los mismos hermanos es distinto, ya que unos visten de negro y otros de gris; y esto por disposici\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda, a la que Dios le ha inspirado esta diversidad. \u00bfPor qu\u00e9? Porque los que est\u00e1n en casa dedicados a las cosas comunes, pueden c\u00f3modamente vestir de negro; pero los dem\u00e1s que se ocupan fuera de casa conviene que vistan de gris. Al principio se vio que as\u00ed conven\u00eda y luego se sigui\u00f3 as\u00ed; sin embargo, no creo que vaya en contra de la uniformidad esta diferencia de color, sino que, por el contrario, existe uniformidad al ser \u00e9sta la norma de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Y no s\u00f3lo los hermanos deben obrar de este modo, sino tambi\u00e9n los sacerdotes en ciertas ocasiones que son de la gloria de Dios y que obligan a cambiar de h\u00e1bito y vestirse como los seglares. \u00bfNo hemos visto a uno de nosotros, vestido de color, con la espada al cinto, para ir a Inglaterra? Lo hubieran procesado si lo hubieran reconocido como sacerdote, como han hecho con otros. Por tanto, hay ocasiones en que los sacerdotes, los religiosos y hasta los capuchinos se han disfrazado de mercaderes o de soldados, llevando espada y pelo largo. \u00bfAcaso va esto contra la uniformidad en su estado o en su orden? Ni mucho menos, ya que se hace por obediencia y por un bien, e incluso conduce a la uniformidad.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hermanos m\u00edos, tened todos la disposici\u00f3n de cambiar de h\u00e1bito siempre que sea conveniente; y que los que sintieron alg\u00fan disgusto por llevar el h\u00e1bito gris, sientan ahora un poco de verg\u00fcenza por haberle metido prisas al hermano sastre para que los vistiera de otro modo. Hace poco que le pas\u00f3 esto a uno que le pidi\u00f3 un h\u00e1bito negro, le meti\u00f3 prisas y lo obtuvo sin permiso del superior. La verdad es que, cuando le amonestaron por su falta, demostr\u00f3 que estaba arrepentido. Os exhorto, hermanos m\u00edos, con todo inter\u00e9s a que llev\u00e9is el negro, cuando lo permita el superior, y el gris siempre que os lo mande; que los que visten de gris se den cuenta de la falta que cometer\u00edan si lo cambiasen sin permiso. Que nunca se impaciente nadie por estar vestido de ese modo ni pida que ]e cambien el vestido por motivos de color. Le proh\u00edbo al sastre que le d\u00e9 un h\u00e1bito negro a los que no lo tienen, a no ser que se lo diga el encargado. \u00a1Pues qu\u00e9, hermanos m\u00edos! \u00bfvais a ser menos hermanos por estar vestidos de gris? El h\u00e1bito \u00bfhace al monje, o los colores, las cualidades de la persona? \u00bfQu\u00e9 es lo que os ha hecho coadjutores de la Misi\u00f3n? La gracia de Dios que os ha llamado a ella, la dicha que ten\u00e9is de servir en ella a Dios por la pr\u00e1ctica de las virtudes cristianas, la caridad que ten\u00e9is con el pr\u00f3jimo: \u00e9se es el h\u00e1bito del misionero. Vivimos juntos para cumplir la ley de Dios y no para llevar este color o aquel otro. Por tanto, vivid contentos en el estado y con el h\u00e1bito que ten\u00e9is.<\/p>\n<p>Ciertamente, padres y hermanos m\u00edos, hemos de pensar que nuestra paz y nuestra gloria consisten en la virtud, y nuestra virtud en la semejanza con Jesucristo y en la uniformidad entre nosotros; esto es lo que destierra la envidia, la discordia y todo lo que divide los corazones; esto es lo que nos hace uniformes en la predicaci\u00f3n, en el catecismo, en las confesiones, en la ense\u00f1anza, en la direcci\u00f3n y en el trato con Dios y con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Hag\u00e1monos un\u00e1nimes: seremos un para\u00edso. No s\u00e9 que haya en la tierra m\u00e1s para\u00edso que el que existe entre los que se acomodan unos a otros para ser todos iguales; no s\u00e9 que haya nada en el mundo que pueda colmar nuestra dicha m\u00e1s que la uniformidad entre nosotros, que nos hace semejantes a nuestro Se\u00f1or y nos une con Dios. \u00a1Qu\u00e9 consuelo si tenemos esta gracia! Es ya una bienaventuranza incipiente. Pero si no, viviremos en un infierno, donde no hay m\u00e1s que odio y divisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Si quiere la misericordia de Dios concedernos la gracia de que nos amemos mutuamente, no andaremos buscando elevarnos y superar a los dem\u00e1s, ya que esto destruye la amistad, introduce la envidia y engendra la aversi\u00f3n. Si hasta ahora hemos pretendido sobresalir, hermanos m\u00edos, \u00a1que no nos suceda m\u00e1s! Si puedo llegar muy arriba en mis ideas y en mis discursos, me quedar\u00e9 en la mitad; si puedo realizar una acci\u00f3n en un grado extraordinario, donde se palpe mi ciencia y mi destreza por encima de lo normal, \u00a1abajo todo eso! Nuestro Se\u00f1or no obr\u00f3 de esa manera; a pesar de su omnipotencia, se acomod\u00f3 al alcance de los d\u00e9biles. Si tengo dos planes, uno hermoso y sutil, y el otro m\u00e1s bajo y menos aparente, seguir\u00e9 este y renunciar\u00e9 al primero. Ajust\u00e9monos a la median\u00eda; que parezca que el sabio sabe sobriamente y que el fuerte que trabaja, trabaje humildemente; pues todo lo que se dice y se hace ante el pobre pueblo con esp\u00edritu elevado es vano e in\u00fatil: pasa por encima de sus cabezas, el viento se lo lleva por encima de las casas. Lo que produc\u00eda la t\u00fanica ensangrentada de C\u00e9sar junto con los gritos de quienes la llevaban, es lo que producen los predicadores que tratan de materias nuevas, curiosas y extra\u00f1as, con sus tonos de voz graves o quejumbrosos; \u00bfqu\u00e9 hacen?, conmueven un poco los sentimientos de la naturaleza, pero no dan vida a los muertos, ni la luz del evangelio al pueblo ignorante. Confieso que hay alguno entre nosotros que grita y que truena, y parece como si con su lenguaje hinchado quisiera suscitar la admiraci\u00f3n de su auditorio, en vez de inclinarlo amablemente al conocimiento de Dios y de sus obligaciones; se dice que hace todo lo que puede por corregirse; si as\u00ed es, puede estar seguro de que Dios le bendecir\u00e1.<\/p>\n<p>Procuremos, padres, hacer nuestras exhortaciones lo menos doctamente que sea posible y con poca elocuencia, para acomodarnos a los dem\u00e1s que predican, pero que tienen menos ciencia o talento. Conozco a un buen p\u00e1rroco de cerca de La Rochelle que, al o\u00edr que en Toulouse los padres de la doctrina cristiana predicaban sencillamente para hacerse entender, sinti\u00f3 grandes deseos de escucharlos, dado que hasta entonces no hab\u00eda o\u00eddo predicar m\u00e1s que en tonos fastuosos y esto le disgustaba, al ver que era in\u00fatil para el pueblo. Pidi\u00f3 permiso a su prelado para ir a ver aquella santa novedad, que parec\u00eda estar en conformidad con el uso de los primeros obreros de la iglesia. \u00abLa gente, dec\u00eda, no entiende lo que le predican; no es capaz de comprender esos puntos doctrinales, esos pensamientos sutiles y esa ret\u00f3rica florida con que siembran muchos sus sermones; pero entiende perfectamente los ejemplos claros y las ense\u00f1anzas morales bien explicadas, seg\u00fan el alcance y las necesidades del pueblo\u00bb. Aquel buen hombre ve\u00eda muy bien los abusos y buscaba el remedio. Yo lo conoc\u00ed, y tambi\u00e9n el padre Portail, que puede acordarse de lo que os digo. Muri\u00f3 como un santo. Con permiso de su obispo, se fue a conocer a aquellos hombres evang\u00e9licos, que predicaban con tanta sencillez y familiaridad que hasta los m\u00e1s incultos pod\u00edan comprender y acordarse de sus instrucciones. Esto es lo que debe hacer tambi\u00e9n la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s todav\u00eda: no s\u00f3lo hemos de predicar familiarmente, sino que hemos de ser predicadores medianos, para que todos seamos uniformes; pues todos pueden acercarse a la median\u00eda, pero a las alturas pocos pueden llegar. El esp\u00edritu elevado puede rebajarse hasta un tono mediano, y el esp\u00edritu bajo es capaz de elevarse hasta el mismo grado; y esto alejar\u00e1 de nosotros la envidia, la emulaci\u00f3n y las murmuraciones, consiguiendo la uni\u00f3n y la uniformidad de nuestras personas y de nuestros ejercicios.<\/p>\n<p>Manteng\u00e1monos en este esp\u00edritu, si queremos tener en nosotros la imagen de la adorable Trinidad, si queremos tener una santa uni\u00f3n con el Padre, con el Hijo y con el Esp\u00edritu Santo. \u00bfQu\u00e9 es lo que forma esa unidad y esa intimidad en Dios sino la igualdad y la distinci\u00f3n de las tres personas? \u00bfY qu\u00e9 es lo que constituye su amor, m\u00e1s que esa semejanza? Si el amor no existiese entre ellos, \u00bfhabr\u00eda en ellos algo amable?, dice el bienaventurado obispo de Ginebra. Por tanto, en la sant\u00edsima Trinidad se da la uniformidad; lo que el Padre quiere, lo quiere el Hijo; lo que hace el Esp\u00edritu Santo, lo hacen e] Padre y el Hijo; todos obran lo mismo; no tienen m\u00e1s que un mismo poder y una misma operaci\u00f3n. All\u00ed est\u00e1 el origen de nuestra perfecci\u00f3n y el modelo de nuestra vida. Hag\u00e1monos uniformes; seamos todos como si no fu\u00e9ramos m\u00e1s que uno y tengamos la santa uni\u00f3n en medio de la pluralidad. Si ya la tenemos un poco, pero no bastante, pid\u00e1mosle a Dios lo que nos falta y veamos en qu\u00e9 diferimos unos de otros para procurar parecernos todos y conseguir la igualdad; pues la semejanza y la igualdad engendran el amor, y el amor tiende a la unidad. Por tanto, procuremos tener todos las mismas aficiones y los mismos gustos por las cosas que se hacen o no se hacen entre nosotros.<\/p>\n<p>El medio para conseguir esta uni\u00f3n de corazones y esta uniformidad de acciones es que guardemos las reglas. Ah\u00ed est\u00e1 todo, hermanos m\u00edos. Todo se dirige a que nos hagamos uniformes en esa observancia que, bien guardada, nos har\u00e1 hacer a todos la misma cosa, de la misma manera y para los mismos fines. All\u00ed se nos indica todo lo que hemos de hacer; y para ver c\u00f3mo tiene que ser y c\u00f3mo tiene que obrar cada uno, no hay m\u00e1s que poner los ojos en ese espejo. Un d\u00eda me dec\u00eda una persona: \u00abF\u00edjese en los cartujos; son como bueyes: caminan todos al mismo paso; el que ve a uno, los ve a todos\u00bb. Es verdad, padres; todos ellos son gentes de oraci\u00f3n, gentes de peso, personas s\u00f3lidas en la virtud y firmes en sus constituciones. Seamos semejantes a ellos, hermanos m\u00edos, en nuestras oraciones, pr\u00e1cticas espirituales, forma de celebrar y ayudar la santa misa, pr\u00e1ctica del recogimiento y de la conversaci\u00f3n, forma de hacer las misiones, de ense\u00f1ar la ciencia de la salvaci\u00f3n, de exhortar a la virtud, de dirigir a los ejercitantes, de formar a los ordenandos; en una palabra, seamos uniformes en todas nuestras obligaciones generales y personales, seg\u00fan nuestro reglamento.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 decir de lo que la Iglesia opina sobre este tema? \u00bfNo guarda la uniformidad en todas sus pr\u00e1cticas? Lo que se hace en Roma, \u00bfno se hace tambi\u00e9n en Francia, en Alemania, en Polonia, en las Indias y en otras partes? \u00bfNo tiene el mismo sacrificio, los mismos sacramentos, las mismas ceremonias y el mismo lenguaje en todas partes? Y aunque al comienzo algunos criticaron que se celebrase en un lenguaje ininteligible, sin embargo, para conservarse en el mismo esp\u00edritu, despu\u00e9s de haberlo pesado todo y medido esta dificultad con los inconvenientes que se seguir\u00edan si cada pa\u00eds tuviese en su propia lengua la santa misa, quiso que todos fuesen un\u00e1nimes y uniformes en todas esas cosas. Quiso que todas las naciones se acomodasen a los usos que hab\u00eda establecido, a pesar de las quejas que se levantaron. \u00bfY por qu\u00e9? Porque, aparte del hecho de que Dios se ve honrado por esta pr\u00e1ctica universal, con esta uniformidad se evitan notables abusos. Si hubierais visto, no digo ya la fealdad, sino la diversidad de las ceremonias de la misa hace cuarenta a\u00f1os, os hubiera dado verg\u00fcenza; creo que no hab\u00eda en el mundo nada tan feo como las diversas formas con que se celebraba; unos empezaban la misa por el Pater noster, otros tomaban en el brazo la casulla y dec\u00edan el Introito, para pon\u00e9rsela luego. Estaba una vez en Saint-Germain-en-Laye y me fij\u00e9 en siete u ocho sacerdotes, que dec\u00edan cada uno la misa a su manera; uno hac\u00eda unas ceremonias, y otros otras; era una variedad digna de l\u00e1stima. Bien, \u00a1bendito sea Dios! que ha querido poner remedio poco a poco a este gran desorden! Es cierto que todav\u00eda no se ha quitado del todo y que todav\u00eda se advierte mucha diferencia en la celebraci\u00f3n de los sagrados misterios. \u00a1Cu\u00e1ntos sacerdotes quedan todav\u00eda que no se instruyen o no quieren seguir esa uniformidad que se\u00f1alan las r\u00fabricas!<\/p>\n<p>\u00a1oh Salvador!, t\u00fa apreciaste tanto la uniformidad que no s\u00f3lo te hiciste hombre para guardarla con los dem\u00e1s hombres, conform\u00e1ndote por completo a su manera de obrar, sino que incluso recomendaste a los cristianos, hablando a tus disc\u00edpulos, que no fuesen m\u00e1s que uno entre ellos, lo mismo que t\u00fa no eras m\u00e1s que uno con vuestro Padre; seg\u00fan esta recomendaci\u00f3n, quisiste acomodarte a los deseos e inclinaciones de cada uno y a todo cuanto quisieron de ti los buenos y los malos en tu vida y en tu muerte. Danos, amabil\u00edsimo Jes\u00fas, esa virtud de que procuremos tener todos el mismo entendimiento, la misma voluntad y la misma acci\u00f3n, guardando la uniformidad en el catecismo, en las predicaciones y en todas las pr\u00e1cticas de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Esperemos, hermanos m\u00edos, que al obrar de este modo gozaremos de la gloria inmortal de que gozan el Padre, el Hijo y el Esp\u00edritu Santo, ya que estaremos unidos con el mismo v\u00ednculo de amor que a ellos les une. Que no haya, pues, en la compa\u00f1\u00eda dos voluntades, sino una sola voluntad; dos corazones, sino un solo coraz\u00f3n; diversidad de sentimientos, sino uniformidad en todo. \u00bfQu\u00e9 queda entonces sino paz, uni\u00f3n y cielo?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA UNIFORMIDAD (Reglas comunes, cap. 2, art. 11). Naturaleza de la uniformidad. Motivos para practicar esta virtud; medios de practicarla: guardar las reglas. 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