{"id":12397,"date":"2009-10-05T20:57:47","date_gmt":"2009-10-05T19:57:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/05\/vicente-de-paul-conferencia-127-conferencia-del-2-de-mayo-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-127-conferencia-del-2-de-mayo-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-127-conferencia-del-2-de-mayo-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 127: Conferencia Del 2 De Mayo De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA MORTIFICACION<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 8 y 9)<\/p>\n<p><em>El padre Vicente exhorta a la compa\u00f1\u00eda a la pr\u00e1ctica del renunciamiento. Invita especialmente a los misioneros a renunciar al afecto desordenado a los parientes. Diversos medios para trabajar en esta completa renuncia de s\u00ed mismo.<\/em><\/p>\n<p>Hemos llegado, hermanos m\u00edos, al octavo cap\u00edtulo de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas, que es el siguiente:<\/p>\n<p>Puesto que Jesucristo ha dicho: \u00abEl que quiera venir en pos de m\u00ed, renuncie a s\u00ed mismo y lleve su cruz cada d\u00eda\u00bb, y san Pablo a\u00f1adi\u00f3 con este mismo esp\u00edritu: \u00abSi viv\u00eds seg\u00fan la carne, morir\u00e9is; pero si, por medio del esp\u00edritu, mortific\u00e1is los movimientos de la carne, vivir\u00e9is\u00bb, todos trabajar\u00e1n cuanto puedan en esto, o sea, en la mortificaci\u00f3n continua de su propia voluntad y de su propio juicio y de todos sus sentidos.<\/p>\n<p>Si el art\u00edculo noveno no dice lo mismo, al menos se le parece mucho; dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em>Igualmente todos renunciar\u00e1n al afecto inmoderado a sus parientes, seg\u00fan el consejo de Jesucristo, que excluye del n\u00famero de sus disc\u00edpulos a todos aquellos que no odian a su padre, a su madre, a sus hermanos y hermanas, y que promete el ciento por uno en este mundo y la vida eterna en el otro a quienes los hayan dejado por seguir el consejo del evangelio; haci\u00e9ndonos ver de esta forma el gran obst\u00e1culo que elapego a la carne y a la sangre supone para la perfecci\u00f3n cristiana. Sin embargo, no hay que dejarlos de amar, pero con un amor espiritual y seg\u00fan el esp\u00edritu de Jesucristo.<\/em><\/p>\n<p>Este es, hermanos m\u00edos, el tema de la conferencia de esta tarde, que habla por s\u00ed mismo. Esta regla es tan evidente e inteligible que me parece que probar\u00eda vuestra paciencia hablando de una cosa tan clara y que ser\u00eda oscurecer su sentido empe\u00f1arme en a\u00f1adirle nuevas ideas.<\/p>\n<p>Se trata de un consejo que les da nuestro Se\u00f1or a quienes desean seguirle, a quienes se presentan a \u00e9l para eso. \u00ab\u00bfQuer\u00e9is venir en pos de m\u00ed? Muy bien. \u00bfQuer\u00e9is conformar vuestra vida a la m\u00eda? Perfectamente. Pero \u00bfsab\u00e9is que hay que comenzar por renunciar a vosotros mismos y seguir llevando vuestra cruz?\u00bb. Pues bien, esto no se les concede a todos, sino a unos pocos; de ah\u00ed que muchos millares de personas, que le segu\u00edan para escucharle, lo abandonaron y se retiraron, por no haber sido encontrados dignos de ser sus disc\u00edpulos, ya que no lo segu\u00edan dispuestos de la manera con que nuestro Se\u00f1or dec\u00eda que hab\u00eda que estarlo. No estaban en la disposici\u00f3n de vencerse a s\u00ed mismos. \u00abYo lo quiero, les dec\u00eda, seguidme; pero hay que hacer dos cosas: la primera, renunciar a vosotros mismos, esto es, dejar al viejo Ad\u00e1n; y la segunda, llevar vuestra cruz, y esto todos los d\u00edas. Y sobre este fundamento, mirad a ver si sois capaces de seguirme y de permanecer en mi escuela\u00bb.<\/p>\n<p>Por tanto, hay que renunciar a s\u00ed mismo; se trata de una necesidad para el que quiera ser disc\u00edpulo de este divino maestro. Hemos de ver de cu\u00e1ntas maneras renuncia uno a s\u00ed mismo; lo que voy a decir, lo sacar\u00e9 en parte de la misma regla, que se\u00f1ala cuatro, y en parte de san Basilio, cuya lectura es muy interesante en este caso.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, \u00bfqu\u00e9 es lo que quiere decir renunciar a s\u00ed mismo? La regla nos dice que es renunciar a su juicio, a su voluntad, a sus sentidos y a sus parientes. \u00a1Qu\u00e9 vida, padres, esa de renunciar a s\u00ed mismo por amor de Dios, acomodar su juicio al del pr\u00f3jimo, someterse por virtud a los superiores, atenerse todos al juicio que Dios tiene de las cosas! Esto es lo que hac\u00eda nuestro Se\u00f1or. Por juicio se entiende la ciencia, la inteligencia, el entendimiento. Pues bien, el Hijo de Dios quer\u00eda que se supiese que \u00e9l no ten\u00eda juicio propio, que su juicio era el del Padre por medio de estas palabras: <em>Mea doctrina non est mea, sed ejus qui misit me<\/em>, mi conocimiento y mi entendimiento no son m\u00edos, sino de mi Padre; yo me fijo en el juicio que \u00e9l hace de las cosas y juzgo de la misma forma. \u00a1Hermanos m\u00edos! \u00a1Hermanos m\u00edos! \u00a1qu\u00e9 ventaja para un cristiano someter sus luces y su raz\u00f3n por amor de Dios! \u00a1Qu\u00e9 maravilla! Esa fue la pr\u00e1ctica de nuestro Se\u00f1or: renunciar a su propio juicio. \u00bfQui\u00e9n renuncia mejor a s\u00ed mismo que el que somete su juicio? Se plantea una cuesti\u00f3n, y cada uno expone su parecer. Pues bien, para renunciar a s\u00ed mismo en esta ocasi\u00f3n, no hay que negarse a decir lo que uno piensa, sino que hay que someter sus razones, y el que tiene el juicio sumiso prefiere seguir el juicio de los dem\u00e1s antes que el suyo. Nuestro Se\u00f1or, que era la misma sabidur\u00eda, no hace uso de su juicio, sino que se somete a su Padre. Y nosotros, para ser verdaderos misioneros y disc\u00edpulos suyos, hemos de someter el juicio a Dios, a nuestras reglas, a la santa obediencia y a todos los hombres, por medio de la condescendencia; en eso est\u00e1 la virtud. Como os dec\u00eda hace poco, san Vicente Ferrer opinaba que el medio para santificarse era acomodarse al juicio de otro, renunciando al nuestro. As\u00ed pues, ajustemos nuestro juicio, lo mismo que nuestro Se\u00f1or, al juicio de Dios, tal como lo conocemos en las sagradas escrituras. No hagamos ning\u00fan uso del nuestro, a no ser en los asuntos en que ni nuestras reglas ni los superiores digan alguna cosa. Entonces, in nomine Domini, podremos formar nuestro razonamiento seg\u00fan el sentido m\u00e1s conforme con el esp\u00edritu del evangelio.<\/p>\n<p>Renunciar a su voluntad: <em>Quae placita sunt el, facio semper<\/em>; yo hago siempre la voluntad de Dios. Esto es lo que dec\u00eda y hac\u00eda la misma sabidur\u00eda, nuestro Se\u00f1or, su Hijo. Si quisiera su divina bondad concedernos la gracia de hacer siempre la voluntad de Dios, de las reglas y de la obediencia, entonces ser\u00edamos dignos de estar en su escuela; pero mientras que sigamos nuestra propia voluntad, Se\u00f1or m\u00edo, no estaremos en la debida disposici\u00f3n para seguirte, ni tendremos ning\u00fan m\u00e9rito para soportar nuestras fatigas, ni participaci\u00f3n contigo, mientras que suceder\u00e1 lo contrario si realmente renunciamos a nuestra propia voluntad por amor de Dios.<\/p>\n<p>La tercera cosa que hemos de mortificar son nuestros sentidos exteriores e interiores; hemos de vigilarlos continuamente y procurar sujetarlos a Dios. \u00a1Miserable de m\u00ed! \u00bfc\u00f3mo me atrevo a hablar as\u00ed, estando tan alejado de esta pr\u00e1ctica y disipado continuamente en mi vista y mi o\u00eddo, y tan sensual en mi gusto? Conc\u00e9deme la gracia, Dios m\u00edo, de perdonarme el pasado y de mortificarme en el futuro. La curiosidad por ver es frecuente y peligrosa; y me siento tentado por esta pasi\u00f3n. La curiosidad por o\u00edr, \u00a1cu\u00e1nta fuerza tiene tambi\u00e9n en el esp\u00edritu! Si algunos se dejan llevar por estos deseos desarreglados de la vista y del o\u00eddo, tienen que rezarle mucho a nuestro se\u00f1or Jesucristo, para que les conceda la gracia de renunciar a ello. La curiosidad perdi\u00f3 a nuestro primer padre, y \u00e9l efectivamente se habr\u00eda perdido si no se hubiera encontrado a s\u00ed mismo por la penitencia, como se dice en la Sabidur\u00eda. La curiosidad en el tacto puede tener tambi\u00e9n malas consecuencias. Pues bien, habr\u00e1 que velar mucho sobre nosotros mismos, para no soltar nunca la brida a estas pasiones, ni dar contento a nuestro sentido.<\/p>\n<p>La regla dice tambi\u00e9n una cosa que parece dura, pero ante la que hemos de bajar la cabeza; el Hijo de Dios ha dicho claramente que, para renunciar a nosotros mismos, hemos de odiar a nuestros padres; esto ha de entenderse, en el caso de que ellos nos quieran impedir seguir tras de \u00e9l; pues cuando nos llevan a \u00e9l, o nos dejan seguirle, no pretende que los odiemos, sino s\u00f3lo cuando nos apartan de \u00e9l; entonces, qui non odit patrem suum et matrem et uxorem et filios et fratres et sorores, adhuc autem et animan suam, non potest meus esse disc\u00edpulus; el que no odia a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia alma, no puede ser su disc\u00edpulo. No se trata propiamente de odiarlos, sino s\u00f3lo de portarse como si se les odiase, esto es, abandonarlos, desobedecerles, etc\u00e9tera, cuando traten de impedirnos que obedezcamos a Dios y sigamos a nuestro se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>Creo, padres, que nuestro Se\u00f1or lo entendi\u00f3 de esa manera: que hay que abandonar a los padres que se oponen a la felicidad de sus hijos, que quieren entregarse a Dios; en ese caso hay que renunciar al afecto de los padres.\u00a0 Pero, padre, nuestro Se\u00f1or no lo hizo, ya que vivi\u00f3 siempre con san Jos\u00e9 y la sant\u00edsima Virgen, y trat\u00f3 con sus parientes. S\u00ed, pero sus padres ten\u00edan siempre su entendimiento y sus deseos sujetos a ese divino ni\u00f1o y sus acciones y afectos se conformaban con la divina voluntad gracias a la sabidur\u00eda adorable y a la providencia eterna del Padre, que lo hab\u00eda hecho el director y la gu\u00eda de san Jos\u00e9 y de la sant\u00edsima virgen. Y nuestros parientes, por el contrario, muchas veces est\u00e1n lejos de esta sumisi\u00f3n a los designios de Dios y se empe\u00f1an en impedirnos -que lo sigamos; y entonces tenemos que odiarlos y abandonarlos. Pero no son as\u00ed.\u00a0 Mejor entonces; hemos de amarlos en nuestro Se\u00f1or, no ya sintiendo afecto hacia ellos por ser buenos, sino porque se despegan de nosotros, para que seamos mejores siguiendo a nuestro com\u00fan Salvador, que es el \u00fanico perfecto.<\/p>\n<p>Dicen los c\u00e1nones que los padres o las madres que se encuentren en un caso de extrema necesidad tienen derecho a reclamar a sus hijos, en cualquier lugar o condici\u00f3n en que se hallen, para ser socorridos por ellos en medio de sus sufrimientos, cuando se trata de una necesidad natural, y que los hijos pueden incluso salirse de su congregaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber pedido permiso a los superiores, tanto si lo obtienen, como si no lo obtienen. Esto se entiende, como he dicho, en caso de verdadera necesidad, y no de una necesidad supuesta. Por tanto, pueden salir y acudir a su lado, y volver luego al sitio o estado de donde hab\u00edan salido, tal como muchos lo han hecho; podr\u00eda poner muchos ejemplos. Pero muchas veces los padres fingen que tienen necesidad de vosotros; no se sienten a gusto; les gustar\u00eda estar mejor; no es la necesidad presente la que les apremia, sino el temor del futuro, por no tener confianza en Dios; o, si son pobres por su condici\u00f3n, les gustar\u00eda vivir sin trabajar. Si as\u00ed es, hay que contentarse con rezar a Dios por ellos y contribuir, de la forma que se pueda, a su consuelo y alivio, para que amen y sirvan a Dios. Y hemos de arreglar todo esto de forma que no nos dejemos llevar por la pasi\u00f3n de ir a verlos, ya que, con el pretexto de atender a su salvaci\u00f3n, pondr\u00edamos la nuestra en peligro, abandonar\u00edamos las ocupaciones en que Dios nos ha puesto y, en vez de renunciar a los parientes, ir\u00edamos a buscarlos, dejar\u00edamos a nuestro Se\u00f1or por ellos y entonces caer\u00edamos en el reproche que \u00e9l nos dirige: \u00abEl que ama a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed\u00bb. Fijaos, a los que quieren ser sus disc\u00edpulos les dice llanamente que tienen que apartarse del afecto a sus padres. \u00bfNo le dijo tambi\u00e9n a Abrah\u00e1n: \u00abSal de tu tierra y de tu parentela\u00bb? Y as\u00ed lo hizo inmediatamente este hombre santo.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 obediencia! Pero, \u00a1oh bondad de Dios!, con ello has querido mostrarnos que nuestro pa\u00eds y nuestros parientes son un obst\u00e1culo para nuestra perfecci\u00f3n; y es esto mismo lo que tambi\u00e9n nos ense\u00f1\u00f3 nuestro Se\u00f1or cuando dijo a uno de sus disc\u00edpulos, que le ped\u00eda permiso para ir a enterrar a su padre: \u00abDejad que los muertos sepulten a los muertos\u00bb (13), y a otro, que deseaba vender sus bienes para d\u00e1rselos a los pobres, no le permiti\u00f3 que se separase de \u00e9l. \u00abSeguidme\u00bb, les dijo a los dos. Por eso hemos de pensar que hay muchos inconvenientes en volver a nuestro pa\u00eds, una vez que hemos salido de \u00e9l por el servicio de nuestro Se\u00f1or; la experiencia se encarga con frecuencia de demostr\u00e1rnoslo, tanto dentro como fuera de nuestra congregaci\u00f3n. Ya hemos perdido a varios, desde el principio, por la indulgencia que tuvimos al dejarles ir a su casa; pues, una vez all\u00ed, la presencia de los objetos que antes hab\u00edan querido les hizo volver de nuevo a sus primeros sentimientos, recordaron aquellos cari\u00f1os de su juventud y ciertos afectos desordenados, contrarios a la piedad y al temor de Dios; o por lo menos, se enredaron en los intereses de sus familias, en sus sentimientos de adversidad o de prosperidad, en sus quejas in\u00fatiles o en sus vanas alegr\u00edas, y cayeron en ellos como una mosca que se enreda en los hilos de una ara\u00f1a, sin poder librarse de ellos.<\/p>\n<p>Yo mismo puedo ponerme como testigo de esta verdad. Cuando todav\u00eda estaba en casa del se\u00f1or general de las galeras, antes de que se fundase nuestra congregaci\u00f3n, sucedi\u00f3 que, estando las galeras en Burdeos, me enviaron all\u00e1 a tener una misi\u00f3n con los pobres condenados; as\u00ed lo hice por medio de religiosos de diversas \u00f3rdenes de aquella ciudad, dos en cada galera. Pues bien, antes de salir de Par\u00eds para aquel viaje, avis\u00e9 a dos amigos m\u00edos de las \u00f3rdenes que hab\u00eda recibido y les dije: \u00abAmigos m\u00edos, me voy a trabajar cerca del lugar donde nac\u00ed; no s\u00e9 si ser\u00eda oportuno que me diera una vuelta por mi casa\u00bb. As\u00ed me lo aconsejaron los dos: \u00abVaya, padre, su presencia ser\u00e1 un consuelo para los suyos; podr\u00e1 hablarles de Dios, etc\u00e9tera\u00bb. La raz\u00f3n que ten\u00eda para dudar de ello es que hab\u00eda visto a varios buenos eclesi\u00e1sticos que durante alg\u00fan tiempo hab\u00edan estado haciendo cosas maravillosas fuera de su pa\u00eds y que, despu\u00e9s de haber ido a ver a sus padres, volvieron muy cambiados y ya no sab\u00edan hacer nada \u00fatil a la gente; se entregaban por entero a sus asuntos familiares; todos sus pensamientos se dirig\u00edan all\u00e1, en vez de dedicarse a sus obras habituales, prescindiendo de la sangre y de la naturaleza. Tengo miedo, me dec\u00eda, de apegarme de esta misma forma a mis parientes. En efecto, despu\u00e9s de pasar ocho o diez d\u00edas con ellos para hablarles del camino de su salvaci\u00f3n y apartarles del deseo de poseer bienes, hasta decirles que no esperasen nada de m\u00ed, pues aunque tuviese cofres de oro y de plata no les dar\u00eda nada, ya que un eclesi\u00e1stico que posee alguna cosa, se la debe a Dios y a ]os pobres, el d\u00eda de mi partida sent\u00ed tanto dolor al dejar a mis pobres parientes que no hice m\u00e1s que llorar durante todo el camino, derramando l\u00e1grimas casi sin cesar. Tras estas l\u00e1grimas me entr\u00f3 el deseo de ayudarles a que mejorasen de situaci\u00f3n, de darles a \u00e9ste esto y aquello al otro. De este modo, mi esp\u00edritu enternecido les repart\u00eda lo que ten\u00eda y lo que no ten\u00eda; lo digo para confusi\u00f3n m\u00eda y porque quiz\u00e1s Dios permiti\u00f3 esto para darme a conocer mejor la importancia del consejo evang\u00e9lico del que estamos hablando. Estuve tres meses con esta pasi\u00f3n importuna de mejorar la suerte de mis hermanos y hermanas; era un peso continuo en mi pobre esp\u00edritu. En medio de todo esto, cuando me ve\u00eda un poco m\u00e1s libre, le ped\u00eda a Dios que me librase de esta tentaci\u00f3n; se lo ped\u00ed tanto, que finalmente tuvo compasi\u00f3n de m\u00ed; me quit\u00f3 estos cari\u00f1os por mis parientes; y aunque andaban pidiendo limosna, y todav\u00eda andan lo mismo, me ha concedido la gracia de confiarlos a su providencia y de tenerlos por m\u00e1s felices que si hubieran estado en buen acomodo.<\/p>\n<p>Le digo todo esto a la compa\u00f1\u00eda, porque hay algo grande en esta regla, hecha seg\u00fan el evangelio, que excluye del n\u00famero de los disc\u00edpulos de Jesucristo a todos los que no odian a su padre y a su madre, a sus hermanos y hermanas. Y que, seg\u00fan esto nos exhorta a renunciar al afecto inmoderado a nuestros parientes. Pidamos a Dios por ellos y, si podemos servirles caritativamente, hag\u00e1moslo, pero manteng\u00e1monos firmes en contra de la naturaleza que, al inclinarse siempre hacia ese lado, nos apartar\u00e1, si puede, de la escuela de Jesucristo. Seamos firmes en esto.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, cuatro maneras de renunciar a s\u00ed mismo: 1.\u00b0 a su juicio; 2.\u00b0 a su voluntad; 3.\u00b0 a sus sentidos y 4.\u00b0 a sus parientes. Es lo que esta regla nos recomienda, y la gracia que hemos de pedir a Dios.<\/p>\n<p>San Basilio habla de todo esto y dice que esta renuncia nos hace tambi\u00e9n que olvidemos la vida pasada; si no, pensaremos en la juventud que hemos tenido, en las cosas que quisimos con cari\u00f1o, o en los disgustos que hemos recibido. En definitiva, hay que renunciar al recuerdo de todo esto, ya que nada suscita tanto el apetito de las cosas prohibidas como el pensamiento de sus falsas dulzuras. Por tanto, hemos de olvidarnos de todos estos malos pasos para renunciar debidamente a todos estos peligrosos incentivos de la pobre juventud.<\/p>\n<p>La quinta manera de renunciar a nosotros mismos, dice este santo, es renunciar a las pompas; dice expresamente: \u00abAl demonio y a sus pompas\u00bb. Pero! padre, somos unos pobres sacerdotes que ya hemos renunciado a esto, que no tenemos m\u00e1s que unos pobres h\u00e1bitos, unos muebles austeros y nada que huela a pompa. Podemos tener un esp\u00edritu pomposo, padres. S\u00ed. Afanarse en hacer unos sermones elegantes, en procurar que hablen de nosotros, en publicar el bien que hacemos, en hincharse de orgullo, todo eso es tener un esp\u00edritu pomposo; y para combatirlo, m\u00e1s vale hacer menos bien una cosa, que complacerse en haberla hecho bien. Hay que renunciar a la vanidad y a los aplausos; hay que entregarse a Dios, hermanos m\u00edos, para alejarse de la propia estima y de las alabanzas del mundo, que constituyen la pompa del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Hace poco me hablaba un predicador y me dec\u00eda: \u00abPadre, cuando un predicador busca el honor y la fama popular, se pone en manos de la tiran\u00eda del p\u00fablico; y creyendo distinguirse por sus hermosos discursos, se convierte en esclavo de la reputaci\u00f3n\u00bb. A eso podemos a\u00f1adir que el que viste los pensamientos ricos con un estilo pomposo se opone al esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or, que dijo: \u00abBienaventurados los pobres de esp\u00edritu\u00bb (16), En esto la sabidur\u00eda eterna nos ense\u00f1a que los obreros evang\u00e9licos tienen que evitar la magnificencia en las acciones y en las palabras, y seguir una manera de obrar y de hablar humilde, f\u00e1cil y sencilla. Es el demonio el que nos pone bajo esa tiran\u00eda de querer tener \u00e9xito y el que, al vernos inclinados a proceder lisa y llanamente, nos dice: \u00abF\u00edjate que vulgar; eso es demasiado basto e indigno de la majestad cristiana\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 astucia la del demonio! Tened cuidado, hermanos m\u00edos, renunciad a estas vanidades; os lo pido por las entra\u00f1as de nuestro Se\u00f1or, renunciad a esos artificios mundanos y diab\u00f3licos; tened ante los ojos la conducta de nuestro Se\u00f1or, tan humilde y tan contraria a todo eso.<\/p>\n<p>El pod\u00eda dar un gran esplendor a sus obras y una virtud soberana a sus palabras, pero no lo hizo. Les dec\u00eda a sus ap\u00f3stoles: \u00abHar\u00e9is lo que yo hago, y m\u00e1s todav\u00eda\u00bb. Se\u00f1or, \u00bfpor qu\u00e9 quer\u00e9is que haciendo lo que t\u00fa has hecho, hagan todav\u00eda m\u00e1s?. Porque nuestro Se\u00f1or quiere dejarse superar en las acciones p\u00fablicas, para distinguirse \u00e9l en las humildes y secretas; \u00e9l quiere los frutos del evangelio y no los aplausos del mundo; \u00a0por eso ha hecho m\u00e1s por medio de sus servidores que por s\u00ed mismo. Quiso que san Pedro convirtiese una vez a tres mil (18), otra vez a cinco mil personas (19), y que toda la tierra se viera iluminada por sus ap\u00f3stoles. En cuanto a \u00e9l, a pesar de ser la luz del mundo (20), no predic\u00f3 m\u00e1s que en Jerusal\u00e9n y en sus alrededores, y predic\u00f3 all\u00ed sabiendo que en otras partes tendr\u00eda mucho m\u00e1s \u00e9xito. S\u00ed, el se dirigi\u00f3 a los jud\u00edos como a los m\u00e1s capaces de despreciarle y de contradecirle. Por consiguiente, fue muy poco lo que hizo, mientras que sus pobres disc\u00edpulos, ignorantes y vulgares, animados de su virtud, hicieron mucho m\u00e1s que \u00e9l. \u00bfPor qu\u00e9? Porque quiso ser humilde en esto.<\/p>\n<p>Padres, \u00bfsomos as\u00ed nosotros? Que cedamos siempre la ventaja a los dem\u00e1s y que escojamos lo peor y lo m\u00e1s humillante para nosotros! Esto ser\u00eda, sin duda, lo m\u00e1s agradable y lo m\u00e1s honroso para nuestro Se\u00f1or: y esto es lo \u00fanico que deber\u00edamos pretender. D\u00e9mosle esta parte. Tengo que llevar a cabo una acci\u00f3n en p\u00fablico; podr\u00eda seguir adelante con ella; pero no lo har\u00e9; recortar\u00e9 esto o aquello que podr\u00eda darle alg\u00fan brillo, y a m\u00ed cierta fama. De las dos ideas que se me ocurren, har\u00e9 exteriormente la menos importante, para humillarme, y me quedar\u00e9 con la m\u00e1s hermosa, para sacrific\u00e1rsela a Dios en el secreto de mi coraz\u00f3n. Nuestro Se\u00f1or no busca ni se complace mas que en la humildad y en la sencillez de las palabras y acciones; ser\u00e1 in\u00fatil buscarlo en otro lugar. Si quer\u00e9is encontrarlo, hermanos m\u00edos, renunciad a la afici\u00f3n a brillar, a la pompa del esp\u00edritu, lo mismo que a la del cuerpo, y a todas las vanidades y afectos de la vida.<\/p>\n<p>San Basilio habla de una sexta manera de renunciar a nosotros mismos: renunciar a la pasi\u00f3n de vivir bien, de conservarse bien, de hacer todo lo posible y lo imposible por la conservaci\u00f3n del individuo. En efecto, esta preocupaci\u00f3n por vivir, este miedo a sufrir y esta debilidad de algunos que ponen todo su esp\u00edritu, capaz de cosas buenas, en el cuidado de su pobre vida, son un obst\u00e1culo para el servicio de Dios. Esos no tienen libertad para seguir a Jesucristo. Somos sus disc\u00edpulos, pero \u00e9l nos encuentra encadenados como esclavos. \u00bfA qu\u00e9? A un poco de salud, a un remedio imaginario, a una enfermer\u00eda en la que no falte nada, a una casa que nos guste, a un paseo que nos distraiga, a un descanso muy parecido a la pereza.\u00a0 Pero me ha dicho el m\u00e9dico que no me esfuerce tanto, que vaya a tomar el aire, que cambie de clima. \u00a1Qu\u00e9 miseria! \u00bfAcaso dejan los grandes su residencia ordinaria, por sentirse a veces indispuestos: un obispo, su di\u00f3cesis; un gobernador, su plaza; un ciudadano, su ciudad; un comerciante, su comercio? \u00bfLo hacen los mismos reyes? Muy pocas veces. Si se ponen enfermos, se quedan en donde se encuentran. El difunto rey estuvo enfermo cuatro o cinco meses en San Germ\u00e1n, y se qued\u00f3 all\u00ed sin moverse, hasta que muri\u00f3 con una muerte muy hermosa y cristiana. El apego a la vida busca enseguida pretextos. Inmisit in faciem ejus spiraculum vitae. Es una participaci\u00f3n de Dios, se dir\u00e1; hay que conservarla. S\u00ed, pero es el amor propio el que desea mantenerse; por eso nuestro Se\u00f1or dijo: \u00abEl que salve su vida la perder\u00e1\u00bb, y en otro lugar a\u00f1ade que no es posible hacer un acto de amor mayor que el de dar la vida por un amigo. \u00bfY no es Dios nuestro amigo? \u00bfNo lo es el pr\u00f3jimo? \u00bfNo ser\u00edamos indignos de gozar del ser que Dios nos da, si nos neg\u00e1semos a darlo por unos motivos tan dignos? Ciertamente, sabiendo que hemos recibido nuestra vida de su mano generosa, cometer\u00edamos una injusticia si no la gast\u00e1semos seg\u00fan sus designios.<\/p>\n<p>Otra manera de renunciar a nosotros mismos consiste en <em>spoliare veterem hominem et induere novum<\/em>, esto es, en despojarse del hombre viejo para revestirse del nuevo. Por eso decimos todos los d\u00edas al revestirnos para la santa misa: <em>Exue me, Domine, veterem hominem et indue me novum,<\/em> etc. Padres, obramos as\u00ed cuando procuramos despojarnos de nuestras pasiones y de nuestras imperfecciones, exue me, Domine, cuando el que est\u00e1 manchado se purifica. Yo era orgulloso: me aparto de esa situaci\u00f3n haciendo actos de humildad; y as\u00ed me despojo de mis viejos h\u00e1bitos. Al remediar mis pasadas negligencias y combatir mi actual desidia, \u00bfqu\u00e9 es lo que hago? Purgarme de esa vieja levadura que corrompe toda la masa, y dar vida a mis acciones por medio de la vigilancia y de la intenci\u00f3n que pongo en ello. De modo que trabajar as\u00ed toda la vida, no s\u00f3lo por corregirse de los vicios y malas inclinaciones, sino tambi\u00e9n por poner las costumbres y las actitudes al nivel de las del hombre nuevo, nuestro se\u00f1or Jesucristo, es ir despoj\u00e1ndose continuamente del viejo Ad\u00e1n y revisti\u00e9ndose del nuevo. En fin, exue me, Domine, veterem haminem et indue me novum.<\/p>\n<p>San Pablo dice que por el bautismo nos revestimos de Jesucristo: \u00abLos que hab\u00e9is sido bautizados en Jesucristo os hab\u00e9is revestido de Jesucristo\u00bb: <em>quicumque in Christo baptizati estis, Christum induistis<\/em>. \u00bfQu\u00e9 hacemos cuando nos situamos en la mortificaci\u00f3n, en la paciencia, en la humildad, etc\u00e9tera. Situamos en nosotros a Jesucristo; y los que se esfuerzan en todas las virtudes cristianas pueden decir, como san Pablo: Vivo ego, non jam ego, vivit vero in me Christus: no soy yo el que vivo, sino que es Jesucristo el que vive en m\u00ed. Yo viv\u00eda, vivo ego; pero ya no vivo, vivit vero in me Christus.<\/p>\n<p>Quiera Dios concedernos la gracia de hacernos semejantes a un buen vi\u00f1ador que lleva una hoz en su mochila para cortar todo lo que encuentra de nocivo en su vi\u00f1a. Y como est\u00e1 siempre llena de maleza, m\u00e1s de lo que \u00e9l quisiera, tiene siempre preparada la hoz en la mano para cortar todo lo superfluo apenas lo vea, para que la fuerza de la savia de la cepa llegue bien a los sarmientos, que han de dar su debido fruto. Con la hoz de la mortificaci\u00f3n hemos de cortar continuamente todas las malas hierbas de nuestra naturaleza envenenada, que nunca deja de producir malas hierbas corrompidas, para que no impidan que Jesucristo, esa buena cepa de la que nosotros somos los sarmientos, nos haga fructificar en abundancia en la pr\u00e1ctica de las virtudes.<\/p>\n<p>Uno es buen vi\u00f1ador cuando trabaja continuamente en su vi\u00f1a; tambi\u00e9n nosotros seremos siempre buenos disc\u00edpulos de Jesucristo, si mortificamos sin cesar nuestros sentidos, si procuramos reprimir nuestras pasiones, someter nuestro juicio, regular nuestra voluntad, seg\u00fan las formas que hemos dicho. Entonces tendremos el consuelo de decir: \u00abMe estoy despojando del viejo Ad\u00e1n y hago lo posible por revestirme del nuevo\u00bb. \u00a1Animo, hermanos m\u00edos! Dios, que es el due\u00f1o de esta vi\u00f1a, tras quitar de nuestras almas todo lo que es in\u00fatil y malo, nos har\u00e1 que permanezcamos en nuestro Se\u00f1or, como sarmientos que dan fruto para que den a\u00fan m\u00e1s. Al comienzo tendremos alguna dificultad, pero \u00e9l nos dar\u00e1 la gracia de conseguir primero una cosa y luego otra, superar hoy un movimiento de c\u00f3lera y ma\u00f1ana una repugnancia a la obediencia. \u00a1Animo! \u00a1Tras la fatiga viene el contento! Cuanto m\u00e1s dificultad encuentran los fieles en renunciar a s\u00ed mismos, m\u00e1s gozo tendr\u00e1n luego de haberse mortificado. Y la recompensa ser\u00e1 tan grande como ha sido el trabajo.<\/p>\n<p>Por consiguiente, es la mortificaci\u00f3n la que quita en nosotros lo que le disgusta a Dios; ella es la que hace que llevemos la cruz detr\u00e1s de nuestro Se\u00f1or y que la llevemos cada d\u00eda, como \u00e9l lo ordena, si nos mortificamos todos los d\u00edas. La se\u00f1al para conocer si uno sigue a nuestro Se\u00f1or es ver si se mortifica continuamente. Esforc\u00e9monos en ello, hermanos m\u00edos, de modo que no pase un s\u00f3lo d\u00eda sin haber hecho al menos tres o cuatro actos de mortificaci\u00f3n. Entonces ser\u00e1 verdad que seguimos a nuestro Se\u00f1or. Entonces seremos dignos de ser disc\u00edpulos suyos. Entonces caminaremos por el camino estrecho que conduce a la vida (29) Entonces \u00e9l reinar\u00e1 en nosotros durante esta vida mortal, y nosotros con \u00e9l en la eterna.<\/p>\n<p>Se\u00f1or m\u00edo, \u00bfqu\u00e9 otra cosa hiciste t\u00fa durante toda tu vida, m\u00e1s que combatir continuamente contra el mundo, la carne y el diablo? \u00bfCumpl\u00edas alguna vez tu voluntad, segu\u00edas alguna vez tu juicio, escuchabas alguna vez a la sensualidad? Nunca en ti s\u00f3lo hab\u00eda una continua mortificaci\u00f3n y una renuncia absoluta en todas las cosas. Fijaos, hermanos m\u00edos, en su pobreza, fijaos hasta donde lleg\u00f3, que ni siquiera ten\u00eda una piedra donde reposar su cabeza; fijaos en su alimento y en su frugalidad, comiendo pan seco. Por lo que se refiere al honor, fijaos c\u00f3mo lo combati\u00f3 y conformad con \u00e9l vuestra vida y vuestras pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>Padres, tengamos siempre este ejemplo ante nuestros ojos y no perdamos nunca de vista la mortificaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or, ya que estamos obligados a mortificarnos, para poder seguirle. Formemos nuestros afectos sobre los suyos, para que sus pasos sean la regla de los nuestros en el camino de la perfecci\u00f3n. Los santos son santos por haber seguido sus huellas, por haber renunciado a ellos mismos y haberse mortificado en todo. Por eso, padres, hay motivos para esperar de la divina bondad que nos d\u00e9 el esp\u00edritu de mortificaci\u00f3n, que quitar\u00e1 de nosotros todo lo que le disgusta y que pondr\u00e1 luego en nuestra alma todas las virtudes que nos har\u00e1n agradables a sus ojos, pero nosotros, hermanos m\u00edos, hemos de esforzarnos en ello con ardor y fidelidad, con amor y paciencia. En ese caso, podemos estar seguros de que Dios nos conceder\u00e1 la gracia de llevar constantemente nuestra cruz, de seguir de cerca a Jesucristo y de vivir su vida en el tiempo y en la eternidad. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA MORTIFICACION (Reglas comunes, cap. 2, art. 8 y 9) El padre Vicente exhorta a la compa\u00f1\u00eda a la pr\u00e1ctica del renunciamiento. 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