{"id":123913,"date":"2016-09-30T12:00:42","date_gmt":"2016-09-30T10:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=30562"},"modified":"2016-08-06T07:52:19","modified_gmt":"2016-08-06T05:52:19","slug":"san-vicente-de-paul-henri-lavedan-09","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-09\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (09)"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Lo que Vicente deseaba del pobre<\/strong><\/h3>\n<p>Al propagar as\u00ed en el mayor \u00e1mbito y a precio de di\u00adficultades y grandes peligros el m\u00e9todo del santo, sus dis\u00adc\u00edpulos ten\u00edan conciencia de cumplir su m\u00e1s caro anhelo: efectuar el trabajo de instruir, que a sus ojos era la \u00fani\u00adca llave capaz de abrir todas las puertas; instrucci\u00f3n com\u00adpleta, religiosa, intelectual y moral.<\/p>\n<p>El socorro y cuidado de los pobres \u2014aunque era ne\u00adcesario comenzar por aqu\u00ed\u2014 no era sin embargo la \u00faltima finalidad. Lo principal estaba a\u00fan por hacerse.<\/p>\n<p>Era menester ense\u00f1arles que si hab\u00edan de permane\u00adcer siempre pobres, hab\u00edan de serlo con dignidad. Despu\u00e9s de hacerles ver sin temor sus derechos, era necesario in\u00adculcarles sus deberes, dignificarlos ante s\u00ed mismos, quitar\u00adles la idea de su ruina irreparable y fatal, persuadirlos que para ser respetados y estimados corno el que m\u00e1s, bas\u00adtaba ser respetable, en fin <em>educarlos, <\/em>yendo a la inteligen\u00adcia a trav\u00e9s del coraz\u00f3n. Aunque mediana o aletargada, la inteligencia de estas gentes era capaz de destellos admira\u00adbles, \u00a1y cu\u00e1ntos corazones que parec\u00edan endurecidos de\u00adfinitivamente por las contrariedades, se enternec\u00edan con m\u00e1s facilidad que los de los dichosos y ced\u00edan al primer empuje!<\/p>\n<p>Juzgando que la mendicidad nutre la pereza y esti\u00admula los vicios, siendo as\u00ed el mayor obst\u00e1culo para la sal\u00advaci\u00f3n de los pobres, la proscribi\u00f3 bajo pena de interrum\u00adpir la donaci\u00f3n de limosnas y prohibi\u00f3 a <em>sus <\/em>fieles el re\u00adpartirlas.<\/p>\n<p>La bondad no desarmaba su rigor. Conoc\u00eda admira\u00adblemente su clientela, el car\u00e1cter de la misma y el modo de tratarla. Ninguno la analiz\u00f3 tan bien como \u00e9l. Tanto sab\u00eda reconocer, cuando era conveniente, sus virtudes, co\u00admo poner en claro sus defectos, artima\u00f1as y bajezas. Las miserias f\u00edsicas de los pobres no le imped\u00edan ver las feal\u00addades morales. Las lamentaba, pero sin apiadarse mucho exteriormente, sobre todo delante de ellos. No se procu\u00adraba el placer vano de crear seres aparte y modelos en su g\u00e9nero, embelleci\u00e9ndolos en su estima Antes sin ilusi\u00f3n desestima los ten\u00eda por lo que eran: por infortunados. Siempre accesible a la caridad, sin retroceder ante las olas, entraba en ellas hasta el cuello no consintiendo jam\u00e1s en que lo sumergiesen. Pero esta aparente indiferencia de sentimientos que hubiera podido creerse frialdad, \u00a1cu\u00e1n so\u00adl\u00edcitas atenciones ocultaba! Todo lo llevado a cabo desde su tiempo hasta nuestros d\u00edas en el orden de la filantro\u00adp\u00eda Para mejorar la suerte de la humanidad doliente es creaci\u00f3n suya. El fue el primero en concebir las grandes ideas fundamentales, no s\u00f3lo de las obras que le son peculiares, sino tambi\u00e9n de aquellas que prescindiendo de directivas religiosas han sido efectuadas por laicos en es\u00adtos dos \u00faltimos siglos. No han hecho m\u00e1s que copiarlo sin poder superar el modelo. Cuando preocupado por los erran\u00adtes que quebrantados por el hambre y la fatiga ve\u00eda dor\u00admir a la intemperie, quiso asegurarles, al menos por unas horas, una apariencia de hogar, y decidi\u00f3 que \u00abse abrir\u00eda un asilo en el que se dar\u00eda cena y cama y al d\u00eda siguiente (los sueldos al despedirlos\u00bb, ese d\u00eda fund\u00f3 los Hospicios nocturnos. Hoy disponen \u00e9stos de c\u00f3modos dormitorios, de lechos, calefacci\u00f3n, lavatorios, gas y electricidad. Bien es\u00adt\u00e1. Pero en gran parte se deben a Vicente quien vislum\u00adbr\u00f3 estos resultados en su mente de visionario.<\/p>\n<p>El hijo de labradores, el antiguo pastor de Pouy, su\u00adpo aprovecharse de las lecciones de su infancia. Habiendo observado que las obras urbanas son de vida precaria sin el apoyo de las rurales, propuso a las cofrad\u00edas de la campa\u00f1a la adquisici\u00f3n en gran escala de vacas y ovejas cuya venta dar\u00eda buenas sumas sin mayores dispendios pues pod\u00edan apacentarse en los prados comunes, como en\u00adtonces se acostumbraba. Con su larga experiencia en la cr\u00eda de ganado espec\u00edfica: \u00abLas ovejas ser\u00e1n marcadas cada cinco a\u00f1os con la marca de la asociaci\u00f3n\u00bb. Para pro\u00adcurarse otra fuente de ingresos auspici\u00f3 la creaci\u00f3n de \u00abtalleres\u00bb donde los muchachos y los hombres capaces eli\u00adgiesen y aprendiesen un oficio seg\u00fan sus aptitudes a fin de poder m\u00e1s tarde ganarse la vida. Tambi\u00e9n en esto Vi\u00adcente se adelant\u00f3 a nuestro tiempo en la idea moralizado\u00adra y pr\u00e1ctica de \u00abla hospitalidad por el trabajo\u00bb.<\/p>\n<p>N\u00f3tese que no s\u00f3lo se trataba de consignar en el papel el genio invertido de tales empresas, ni siquiera de ponerlas en marcha sin m\u00e1s ni m\u00e1s. Tambi\u00e9n era necesario para obtener el pleno \u00e9xito, hacerlas aceptar por los esp\u00edritus, presentarlas de posible ejecuci\u00f3n, crear a su alrededor un ambiente favorable y un entusiasmo capaz de llevarlas ade\u00adlante. Eran estas innovaciones audaces para la \u00e9poca, que a\u00fan propuestas por un hombre de esp\u00edritu y experiencia como Vicente, corr\u00edan el peligro de ser acogidas con in\u00addiferencias y fracasar. Sin embargo fue inmediatamente comprendido con s\u00f3lo hablar. Sin embargo sus pr\u00e9dicas jam\u00e1s cayeron en desierto y eran aclamadas con entusias\u00admo. Las multitudes acud\u00edan a \u00e9l y \u00e9l las hac\u00eda prisione\u00adras. La gloria era el tormento de su modestia, pero su obra se acrecentaba resplandeciente. Se necesitar\u00edan mu\u00adchas p\u00e1ginas para enumerar sus fundaciones. En algunos sitios, muchas de ellas s\u00f3lo se revelaron m\u00e1s tarde, como en Bourg, Tr\u00e9voux, Ch\u00e1loux, M\u00e1con, donde 1846 los ar\u00adchivos dieron a conocer el proceso verbal de una asam\u00adblea reunida con motivo de \u00abun sacerdote del se\u00f1or gene\u00adral de las galeras, piadoso y devoto, autor de nuevos me\u00addios por los cuales provee de alivio y alimentos a los po\u00adbres, tanto en Tr\u00e9voux como en las dem\u00e1s poblaciones cir\u00adcunvencinas, cuya obra hab\u00eda de aprovecharse para el bien com\u00fan\u00bb. A todo esto, apenas si se menciona el nombre del fundador en memorias y procesos verbales de la \u00e9po\u00adca, a pesar de ser c\u00e9lebre y venerado y de haber estado presente, seg\u00fan nos consta por otros conductos, en muchas de aquellas sesiones y asambleas. Es que su mayor placer consist\u00eda en pasar inadvertido.<\/p>\n<p>Las m\u00e1s numerosas fueron las cofrad\u00edas femeninas, sea porque fuera m\u00e1s f\u00e1cil reunir sus individuos dada la natural inclinaci\u00f3n de la mujer por las obras de caridad, sea porque sus cuidados tienen mayor aceptaci\u00f3n y son mejor aceptados por los beneficiados. Las cofrad\u00edas mascu\u00adlinas, de escaso n\u00famero en un principio, crecieron poste\u00adriormente y, caso maravilloso, subsistieron hasta la Revo\u00adluci\u00f3n, despu\u00e9s de la cual dieron origen a las asociaciones llamadas de San Vicente de Pa\u00fal, inspiradas en el esp\u00ed\u00adritu del santo.<\/p>\n<p>Este hombre extraordinario tan perseverante como h\u00e1\u00adbil en realizar proyectos hab\u00eda emprendido por entonces el apostolado de la campa\u00f1a. Instruir sus habitantes po\u00adbres y santificarlos, no s\u00f3lo los pobres en el sentido com\u00fan de la palabra, sino todos los dem\u00e1s pobres que aunque provistos de todo lo necesario, carec\u00edan en lo moral de lo m\u00e1s indispensable, los despojados de pensamientos religio\u00adso, de esperanza, de bondad, de amor al pr\u00f3jimo\u2026 los en\u00addurecidos y pobres de coraz\u00f3n, tal era uno de sus fines principales. Estos pobres interesaban al pescador de pe\u00adcadores, pues se promet\u00eda, despu\u00e9s de haberlos converti\u00addo, encontrar en ellos nuevos disc\u00edpulos para lanzar a su vez en los surcos el grano del Evangelio y hacerlo crecer. De igual modo que \u00e9l hab\u00eda creado las Misiones, estas de\u00adb\u00edan crear misioneros. Exacerbados o envilecidos por a\u00f1os de lucha y de masacres, presa del odio o de la inercia bestial, los pobres propiamente dichos cuyo n\u00famero se ha\u00adb\u00eda multiplicado en proporci\u00f3n aterradora y las dem\u00e1s clases campesinas menos envilecidas formaban una inmensa y lastimosa humanidad privada de todo socorro, mate\u00adrial y espiritual<sub>&gt;<\/sub> los segundos de tanto valor como los pri\u00admeros, porque \u00abno s\u00f3lo de pan vive el hombre, sino de toda palabra\u2026\u00bb y esta palabra era lo que Vicente ofre\u00adc\u00eda como alimento con el pan de cada d\u00eda a los que ten\u00edan hambre de todo.<\/p>\n<p>Antes de llegar a realizar perfectamente, con la exac\u00adtitud prevista, la Congregaci\u00f3n de sacerdotes de la Misi\u00f3n, necesit\u00f3 cuatro a\u00f1os. Pero su paciencia era inagotable; se dir\u00eda que presintiendo su obra de duraci\u00f3n eterna, se fi\u00adguraba poseer la eternidad. Estaba seguro de poseer el tiempo necesario.<\/p>\n<h3><strong>El gran horror de los hospitales<\/strong><\/h3>\n<p>Tan atento a los asuntos lejanos como a los que ab\u00adsorb\u00edan actualmente su atenci\u00f3n del momento, se hallaba presente en todo a la vez. Ya fuera por medio de cartas, ya por intermedio de sus enviados, hablaba donde esta\u00adba ausente y presid\u00eda las reuniones aunque su sill\u00f3n de paja estuviese vac\u00edo. En todo instante y ocasi\u00f3n se mani\u00adfestaba su presencia en medio de los que la present\u00edan. En toda hora estaba presente donde se le reclamaba, aun de noche, en la cual, corno una sombra amiga y tran\u00adquilizadora, se deten\u00eda junto a los lechos respondiendo al llamado de los que le reclamaban. Su pac\u00edfica silueta ha\u00adbitaba los muros, y los cortinados, penetraba en los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, s\u00fabitamente, descend\u00eda al fondo de los h\u00fa\u00admedos s\u00f3tanos, sub\u00eda a los graneros ruinosos, recorr\u00eda las callejuelas sombr\u00edas iluminadas de repente con su presen\u00adcia y por fin se dirig\u00eda al hospital donde su mano se le\u00advantaba para bendecir y detener las blasfemias.<\/p>\n<p>La imaginaci\u00f3n m\u00e1s ardiente no podr\u00e1 formarse una idea exacta del conjunto de dolores y de horrores que se encerraba en un hospital. La peste hac\u00eda estragos en Pa\u00adr\u00eds de manera incesante. Durante todo el siglo XVI mos\u00adtr\u00f3 el flagelo predilecci\u00f3n constante por la capital y se vio diezmada por aquella \u00abcalamidad desencadenada por la ira de Dios, enemiga mortal de los hombres y de las bes\u00adtias, de las plantas y de los \u00e1rboles\u00bb, como observa con trazos de fuego el gran Ambrosio Par\u00e9. Con la denomi\u00adnaci\u00f3n de peste se designaban entonces todas las enferme\u00addades. Montaigne contagiado de coqueluche, describe en sus \u00abEnsayos\u00bb el p\u00e1nico de su familia: \u00abApenas alguien comienza a sentir un dedo dolorido, se lo atribuye a todas las enfermedades, a la peste\u00bb. Tanto las fiebres benignas como perniciosas, todo mal contagioso o que se cre\u00eda tal, andaba en todas las bocas con el terrible nombre. Si al\u00adguien se encontraba indispuesto, estaba apestado[\/note].<\/p>\n<p>La ausencia total de limpieza propagaba las infec\u00adciones con la rapidez del rayo. Por todas partes pululaban los muladares, estercoleros, animales muertos, basuras mal\u00adolientes, inmundicias acumuladas. No exist\u00edan cloacas y s\u00f3lo pocos desag\u00fces obstru\u00eddos y f\u00e9tidos. Los cementerios, situados casi siempre junto a las iglesias, eran de escasa extensi\u00f3n y pronto estaban repletos. En aquellos tiempos de muertes violentas y misteriosas, los cad\u00e1veres eran se\u00adpultados a prisa y en cualquier lugar durante la noche, en los jardines, a lo largo de las caminos y tan a flor de tierra que cuando el azad\u00f3n horadaba el suelo para plan\u00adtar o edificar, arrancaba las osamentas y hasta girones de cad\u00e1veres todav\u00eda en putrefacci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 aires los del Pa\u00adr\u00eds de entonces! \u00abAire contaminado y descompuesto que corrompe nuestros esp\u00edritus y nuestros humores, engen\u00addrando peste mort\u00edfera\u00bb, escribe Abraham de la Framboi\u00adsi\u00e9re, m\u00e9dico de Enrique IV y de Luis XIII. Y resume su receta en tres palabras categ\u00f3ricas : <em>cito, longe, tarde, <\/em>advirtiendo, cuando asomaba la maldita, que el mejor re\u00admedio era \u00abpartir pronto, huir lejos, volver tarde\u00bb. Las autoridades recomendaban medidas profil\u00e1cticas que nun\u00adca se cumpl\u00edan por carecer la poblaci\u00f3n de los medios in\u00addispensables. Para ello hubiera sido necesaria una estre\u00adcha colaboraci\u00f3n entre la Facultad de Medicina y la Po\u00adlic\u00eda, concretada en una organizaci\u00f3n de salubridad p\u00fablica. En su lugar, los servicios de limpieza p\u00fablica estaban en\u00adcomendados a empresarios avaros o a los mismos vecinos, quienes los cumpl\u00edan peor a\u00fan que los mismos concesiona\u00adrios. Adem\u00e1s los m\u00e9dicos de entonces carec\u00edan, con raras excepciones, del valor y honradez profesional que admi\u00adramos en los de hoy d\u00eda. La tremenda palabra \u00abpeste\u00bb conmov\u00eda al pueblo y ejerc\u00eda sobre \u00e9l un influjo nefasto. Los enfermos se consideraban m\u00e1s como enemigos que como seres peligrosos. Se les atend\u00eda temblando. Los enfer\u00admeros les administraban las medicinas volviendo la cabe\u00adza y reteniendo la respiraci\u00f3n. Es interesante leer en los tratados de la \u00e9poca las precauciones que se recomiendan a los que se atreven a aproximarse a los enfermos.<\/p>\n<p>Interiormente deb\u00edan llevar \u00abuna camisa empapada en esencias, aceites, y espolvoreada con siete polvos distin\u00adtos; exteriormente una t\u00fanica talar de tafilete que el aire contaminado atraviesa con dificultad\u00bb. Adem\u00e1s, un dien\u00adte de ajo en la boca, una esponja en la nariz y gafas que cubran bien los ojos. J\u00fazguese cu\u00e1n apropiado fuera este terror\u00edfico aparato\u2022 para levantar el f\u00edsico y la moral de las infortunadas v\u00edctimas que ve\u00edan a los encargados de devolverles la salud tan aterrorizados o m\u00e1s que los mis\u00admos pacientes. El interior de los hospitales distaba mu\u00adcho de ofrecer el aspecto confortable de los grabados de Abraham Bosse con sus lechos de cuatro columnas y aris\u00adtocr\u00e1ticos doseles, en los cuales, sobre almohadas mullidas <em>y <\/em>entre s\u00e1banas de fino lienzo que el buril presenta de blancura deslumbrante, los enfermos sonr\u00eden a elegantes visitas.<\/p>\n<p>Los sonrientes cuadros de la escuela holandesa en na\u00adda se asemejan a las salas de un hospital, de ambiente tan repugnante, que quien se atrev\u00eda a penetrar en ellas lo bac\u00eda con el ansia imperiosa de retroceder o escapar \u00bfD\u00f3n\u00adde los barre\u00f1os de cobre, de bordes abombados, deposita\u00addos en el suelo, en cuyo interior reposan frascos de cris\u00adtal como de vinos que se refrescan? \u00bfD\u00f3nde las finas ma\u00adderas lustradas, los lienzos con blancura de manteles de altar, los pisos deslumbrantes donde se refleja el ondear de las vestes de seda? La realidad era muy diversa: ca\u00admastros dislocados y vacilantes, harapos inmundos impreg\u00adnados de babas y esputos, de gratitud y polvo, endurecidos como velas de nav\u00edos; recipientes semiquebrados, va\u00adsos de esta\u00f1o o de plomo que jam\u00e1s se aseaban, maderas hirvientes de chinches, (\u00a1las hab\u00eda en el Louvre y hasta en el lecho real!) \u00a1restos inmundos lo cubr\u00edan todo y se extend\u00edan sobre el pavimento que desaparec\u00eda bajo una ca\u00adpa lodosa o seca seg\u00fan el tiempo y donde los pies, cuando no chapoteaban entre las heces o chocaban con vasijas de agua sucia y deyecciones, hac\u00edan lo posible para caminar de puntillas. Por \u00faltimo, en la penumbra de cortinas he\u00adchas girones por el tiempo y la polilla, yac\u00edan los pobres\u2026 pobres en el extremo de la miseria, que ostentaban sus llagas, sus deformidades y dejaban traslucir a trav\u00e9s de rostros deshumanizados la angustia del alma ansiosa por continuar habitando los escombros del cuerpo o por liber\u00adtarse definitivamente de ellos.<\/p>\n<p>No se crea que exageramos por puro placer. Seg\u00fan un informe oficial acerca del Hospital de Par\u00eds consta que afiebrados, heridos, mujeres encintas, parturientas, sar\u00adnosos, variolosos, estaban confundidos junto a la sala de cad\u00e1veres y disecciones. Llegaban los enfermos a este ho\u00adrrible ambiente, sufr\u00edan, gem\u00edan agonizaban, mor\u00edan y eran diseccionados sin cambiar de sitio, en comunidad. Los le\u00adchos con capacidad para dos personas recib\u00edan seis, apre\u00adtujadas unas contra otras y obligadas, para dar lugar, a permanecer siempre de costado. Aquello era el suplicio del insomnio Imposible imaginar el tormento de estos m\u00e1rti\u00adres, casi encimados, sin distinci\u00f3n de edad ni de condi\u00adci\u00f3n, presa de terribles enfermedades que se contagiaban mutuamente al entremezclarse sus alientos pest\u00edferos, sus sudores, sus l\u00e1grimas y todas las miserias de sus cuerpos que absorbidas por los harapos, quedaban sobre las v\u00edcti\u00admas por tiempo indefinido.<\/p>\n<p>Nada digamos de la desesperaci\u00f3n, de la c\u00f3lera, de los odios que se apoderaban de aquellos seres que en el pa\u00adroxismo del furor llegaban a ara\u00f1arse, a morderse, a golpearse. No era raro encontrar m\u00e1s de un estrangulado. La temperatura de aquellos lechos sobrecalentados era superior a lo imaginable. Los jergones eran removidos s\u00f3lo de tarde en tarde y eso en medio de los mismos enfermos sobre los cuales ca\u00edan las suciedades. Al ser transportados a los patios para ventilarlos, sembraban a su paso la infec\u00adci\u00f3n a trav\u00e9s de escaleras y corredores. A\u00fan m\u00e1s: cuando alg\u00fan enfermo hab\u00eda de ser operado no s\u00f3lo se hac\u00edan en su presencia los espantables preparativos; la misma opera\u00adci\u00f3n se practicaba ante sus ojos. Basta recordar lo rudi\u00admentario de la cirug\u00eda de entonces para comprender el es\u00adpanto de los que eran obligados a presenciar el intolerable espect\u00e1culo. Tambi\u00e9n exist\u00edan los <em>piojeros, <\/em>nombre signi\u00adficativo que se aplicaba a los guardarropas de hombres y mujeres, donde se guardaban los harapos de enfermos de sarna y dem\u00e1s contaminados, con los vestidos limpios y sa\u00adnos de otros pacientes. Tambi\u00e9n\u2026 \u00bfA qu\u00e9 proseguir? De\u00adteng\u00e1monos ante los \u00faltimos horrores que sobrepasan en mucho a los que, con perd\u00f3n del lector, hemos descrito con aparente complacencia. Pero era \u00fatil y a\u00fan necesario que as\u00ed fuese, \u2014la compasi\u00f3n s\u00f3lo se excita a menudo an\u00adte lo repelente\u2014 para conmover los \u00e1nimos y el coraz\u00f3n con el estremecimiento de las cosas vistas y palpadas, las cuales, enumeradas en dos palabras sin nada penoso, arro\u00adja r\u00edan un velo sobre tales horrores dejando el coraz\u00f3n in\u00adsensible y la mente en la ignorancia o tal vez en la incre\u00addulidad. Al mostrar la cruda verdad o m\u00e1s bien s\u00f3lo una parte, hemos ahorrado fatiga al lector\u2026 y lo hemos en\u00adga\u00f1ado porque el cuadro siniestro figura en un informe oficial\u00a0 redactado rigurosamente y del cual s\u00f3lo hemos esco\u00adgido algunos rasgos. Data de 1788 y fue redactado por el cirujano Tenon e impreso por orden del rey. Si pues en esa fecha por poco que hubiese progresado la medicina y la cirug\u00eda exist\u00edan tales horrores, podemos deducir por comparaci\u00f3n de lo que suced\u00eda a fines del siglo XVIII, que pasaba por refinado, con el estado de los hospitales de Par\u00eds a principios del siglo XVII, c\u00f3mo se encontrar\u00edan \u00e9stos cincuenta a\u00f1os antes. \u00bfAcaso en peores condiciones que las enunciadas? El pensamiento rehuye toda suposi\u00adci\u00f3n y se niega a cualquier c\u00e1lculo. Pues bien, en este \u00fal\u00adtimo ambiente penetr\u00f3 Vicente, entraba todos los d\u00edas, a toda hora, como era en realidad y sin esperanza de cam\u00adbio. Pero para \u00e9l estaban de m\u00e1s las precauciones como las vestiduras de tafilete, las gafas, las m\u00e1scaras, y los guan\u00adtes. Tampoco los enfermos lo hubieran permitido. Desea\u00adban verlo, contemplar sus mejillas, sus ojos profundos y maliciosos, su nariz amplia, su boca, su frente sudorosa, su semblante bondadoso y las manos m\u00e1s envejecidas que su due\u00f1o. En aquellas mazmorras del dolor el capell\u00e1n se sent\u00eda por su parte tan dichoso como aquellos a los que asist\u00eda. Expresaba a las personas inclinadas a compadecer\u00adlo o a admirarlo, que experimentaba un gozo especial en el cuidado de los infortunados de la ciudad y diferente del que le procuraban los de la campa\u00f1a que eran para \u00e9l una distracci\u00f3n recreativa. Corno lo dec\u00eda lo pensaba, lo cual no imped\u00eda que alguna madrugada le asaltasen a\u00f1o\u00adranzas de sus queridos campesinos y partiera hacia ellos con el mismo entusiasmo.<\/p>\n<h3><strong>El horror m\u00e1ximo de las prisiones<\/strong><\/h3>\n<p>Sin embargo no hab\u00eda llegado en los hospitales de Pa\u00adr\u00eds a tocar el fondo del sufrimiento humano. Alentado por el resonante t\u00edtulo de General de las Galeras que os\u00adtentaba el se\u00f1or de Gondi, decidi\u00f3 acercarse a los crimi\u00adnales sujetos a la autoridad, de quien era tambi\u00e9n su ami\u00adgo. Con frecuencia se reprobaba no haber entrado en con\u00adtacto con esta clase de miserables. Se hizo pues conducir a la Alcaid\u00eda y a los Tribunales, en cuyas mazmorras eran custodiados antes de ser enviados a los puertos mar\u00edtimos. Permiti\u00e9ronle la entrada casi arrepentidos y como aver\u00adgonzados de lo que all\u00ed ver\u00eda, presintiendo el dolor que experimentar\u00eda en la visita. La primera de \u00e9stas dejar\u00eda en Vicente un recuerdo imborrable.<\/p>\n<p>Exist\u00edan dos clases de prisiones ; unas subterr\u00e1neas, oscuras, de paredes verdosas por la humedad y el moho, im\u00adpregnados de salitre, de b\u00f3vedas bajas como las de una cripta o una tumba ; otras a la luz del d\u00eda, que al pene\u00adtrar escasamente permit\u00eda ver el terrible espesor de los muros rocosos, las inmundas estalactitas que de ellos pen\u00add\u00edan y todo el arsenal de puertas acorazadas, de cerrojos, goznes, rejas, barrotes, tan gruesos como los de una jaula de leones, a trav\u00e9s de los cuales penetraba el viento, la nieve, las r\u00e1fagas de lluvia invernal, pues las ventanas ca\u00adrec\u00edan de vidrios. Los presos eran amontonados en estas pri\u00adsiones, ro\u00eddos por los par\u00e1sitos y cargados de cadenas ama\u00ad, radas a las paredes que les sujetaban los tobillos y el cuello por medio de anillos de hierro, como si se tratara de perros rabiosos. El peso y estrechez de las argollas era por s\u00ed s\u00f3lo una tortura. Los presos, semidesnudos, cubr\u00edan un uno<sup>,<\/sup> pocos andrajos su cuerpo llagado. Los hab\u00eda de toda edad, j\u00f3venes, viejos y adolescentes avejentados. Al\u00adgunos llevaban larga cabellera gris apelmazada de sucie\u00addad que les cubr\u00eda las espaldas, y barba blanca que se ex\u00adtend\u00eda hasta el vientre, barbas y cabellos lujuriantes de mi\u00adseria como debieron ser los de Job y como s\u00f3lo se ve\u00eda en las catacumbas del crimen sobre las frentes y mentones de los cautivos olvidados. Pero a pesar del fracaso de sus vi\u00addas y de la deshonra de los par\u00e1sitos, manten\u00edan un as\u00adpecto venerable. Sus compa\u00f1eros los ayudaban y respe\u00adtaban como a sus abuelos. Las mazmorras de la antigua Francia tambi\u00e9n tuvieron sus patriarcas.<\/p>\n<p>La mayor parte eran hombres en la flor de la ju\u00adventud, de brutal virilidad, procedentes de la hez del pue\u00adblo, de cabeza salvaje, frente deprimida, mand\u00edbulas fe\u00adroces, m\u00fasculos de atleta, capaces de desmenuzar sus hie\u00adrros con s\u00f3lo quererlo; y as\u00ed deb\u00edan ser, pues estaban destinados al trabajo sobrehumano de las galeras. Estos des\u00addichados no se comportaban todos de igual manera : qui\u00e9\u00adnes yac\u00edan doblegados por el peso de las cadenas, qui\u00e9nes las sacud\u00edan como osos salvajes; unos se dejaban morir de hambre mientras otros mordisqueaban la paja de sus ya\u00adcijas y hasta hubiesen devorado a sus semejantes ; los de\u00adm\u00e1s cantaban, aullaban, vociferaban echando espumara\u00adjos de rabia o profiriendo carcajadas espantosas.<\/p>\n<p>Ninguno lloraba. Todos blasfemaban. Algunos toca\u00addos de locura se estrellaban la cabeza contra un sillar y se mutilaban para hacerse inservibles. As\u00ed viv\u00edan semanas, meses y hasta a\u00f1os, sin que nadie se ocupara de ellos, en compa\u00f1\u00eda de las hordas de ratas que les ro\u00edan los pies, de los murci\u00e9lagos que descendiendo por la noche de las b\u00f3\u00advedas revoloteaban alrededor de sus mejillas o se posaban sobre ellos, y de las ara\u00f1as venenosas del tama\u00f1o de una casta\u00f1a\u2026 En fin, aquello era el mismo infierno.<\/p>\n<p>La primera vez que Vicente se present\u00f3 ante ellos, no comprendieron sus prop\u00f3sitos. \u00bfDe d\u00f3nde ven\u00eda aquel hom\u00adbre de negras vestiduras, sin espada, sin llave, sin garro\u00adte? \u00bfUn sacerdote? \u00bfC\u00f3mo reconocer su car\u00e1cter por el h\u00e1bito? La mayor parte jam\u00e1s hab\u00edan visto un ministro de Dios y otros no lo ve\u00edan desde tanto tiempo que ya ni re\u00adcordaban su vestimenta. El pasado y el futuro no exist\u00eda para ellos; viv\u00edan s\u00f3lo en el presente, oscuro e inacabable. \u00bfQu\u00e9 pretend\u00eda, pues, aquel \u00abnuevo\u00bb. \u00ab\u00bfNo ser\u00eda tal vez \u2014sospechaba m\u00e1s de uno con el rostro deformado por el odio\u2014 alg\u00fan carcelero superior m\u00e1s feroz que los ordina\u00adrios? \u00bfQu\u00e9 ir\u00e1 a hacer con nosotros?\u00bb. Los que no yac\u00edan postrados lo escudri\u00f1aban con mirada fren\u00e9tica. \u00abO ser\u00e1 &#8211; se preguntaban- \u00a0alg\u00fan visitante de la corte, curioso de contemplar nuestras miserias y deseoso de complacerse en ellas?\u00bb.<\/p>\n<p>No eran de extra\u00f1ar sus suposiciones, pues los pre\u00adsos recib\u00edan algunas veces, aunque de tarde en tarde, vi\u00adsitas de gente calificada que despu\u00e9s de muchos tr\u00e1mites obten\u00edan el permiso. Damas encopetadas y caballeros roza\u00adgantes, en parejas, ricamente ataviados, entraban acompa\u00f1ados de un lacayo, ansiosos de presenciar el espect\u00e1culo. Este no duraba mucho tiempo. Los condenados, a quienes irritaba el lujo como un desaf\u00edo, los recib\u00edan mal. Cuando no los asediaban audazmente con lamentos y quejas, los insultaban en su jerga burl\u00e1ndose \u00abdel bigote de s\u00e1tiro\u00bb del caballero, de su barba \u00abcola de zorra\u00bb, sin molestar a las damas que veladas re\u00edan o se ruborizaban.<\/p>\n<p>Con Vicente no suced\u00eda lo mismo. Lejos de excitar bur\u00adlas u ofensas, impon\u00eda la admiraci\u00f3n seguida del respeto. Sus vestidos eran humildes, sus zapatos bastos y polvorien\u00adtos no eran de \u00abmo\u00f1o\u00bb o de \u00abpuente levadizo\u00bb. Hubiera podido pasar por un pobre de tantos. Antes de hablar son\u00adre\u00eda y tend\u00eda las manos en adem\u00e1n amistoso. Nunca se les hab\u00eda obsequiado con una sonrisa ni con un gesto amable. Pero cuando de sus labios sal\u00eda una voz que les llamaba \u00abamigos m\u00edos, hijos m\u00edos\u00bb, cuando sus manos se acercaban a las de ellos sin temor ni repugnancia para es\u00adtrecharlas, curar sus llagas y arrancar los par\u00e1sitos hun\u00addidos en sus carnes\u2026 antes que felices se sintieron estu\u00adpefactos. Algunos confusos y desconfiados a la vez, se sustra\u00edan a las atenciones de las manos maravillosas, hasta que vencidos repentinamente se abandonaban en un momen\u00adto de flaqueza inefable. Cre\u00edan so\u00f1ar; pero no; era una palpable realidad y all\u00ed ten\u00edan para probarlo \u2014adem\u00e1s de la presencia del sacerdote y de sus palabras consola\u00addoras\u2014 los cestos desbordantes de pan y de alimentos que \u00e9l mismo les tra\u00eda y distribu\u00eda. Y lo m\u00e1s admirable \u2014ob\u00adservaban\u2014 era que all\u00ed quedaba largo rato, sin prisa por marcharse aun cuando los cestos estuvieran ya vac\u00edos, mos\u00adtr\u00e1ndose muy a gusto entre ellos, interrog\u00e1ndoles, pregun\u00adtando sus nombres, inform\u00e1ndose de su tierra natal, de sus padres, de su antiguo estado, de su salud\u2026 en fin, charlando con ellos \u00abcomo si dispusiera para ello de todo su tiempo\u00bb. Se sentaba sobre los jergones, sobre el banco de piedra y aun sobre la paja en putrefacci\u00f3n para sos\u00adtener y levantar sus cadenas aliger\u00e1ndolos de ellas algunos instantes. Los exhortaba a la obediencia, al valor, al per\u00add\u00f3n, a la bondad, mostr\u00e1ndoles el crucifijo con la imagen de Aquel que hab\u00eda sufrido los m\u00e1s grandes tormentos y soportado mayores suplicios que todos los prisioneros y ga\u00adleotes del mundo. Y El era la misma inocencia! Les de\u00adc\u00eda que si hab\u00eda sido flagelado y crucificado, como lo po\u00add\u00edan ver, y traspasado por gruesos clavos era para salvar a todos los hombres y rescatarlos, en especial a los culpa\u00adbles como ellos. Por lo cual estaban por El salvados y pa\u00adra siempre! <em>\u00ab\u00a1Lo est\u00e1is!\u00bb, <\/em>les aseguraba. Aquellos desgra\u00adciados, que jam\u00e1s en su vida hab\u00edan o\u00eddo cosa semejante se conmov\u00edan tanto al escuchar las palabras del santo que quer\u00edan ver de cerca la cruz y tocarla. Vicente la pon\u00eda en sus manos. Ellos la pasaban el uno al otro, algunos solamente curiosos, otros impenetrables, la mayor\u00eda indife\u00adrentes. No faltaba quien la arrebatase con gesto de ra\u00adpi\u00f1a y ojos ardientes de codicia. \u2014\u00bb\u00bfEs de oro?\u00bb, pre\u00adguntaban se\u00f1alando al Cristo de metal, de cuerpo relu\u00adciente. \u00abNo, es de cobre, replicaba Vicente, pero vale y lo aprecio m\u00e1s que todo el oro de los galeones\u00bb. Y cuando alg\u00fan hura\u00f1o rehusaba la cruz profiriendo amenazas, el santo lejos de preocuparse pensaba: \u00abYa la aceptar\u00e1 m\u00e1s tarde\u00bb.<\/p>\n<p>Le bast\u00f3 una hora en la primera visita para conquis\u00adtar a estos rebeldes y ablandar sus corazones petrificados. Cuando los dejaba, prometi\u00e9ndoles volver, ve\u00eda brillar en sus pupilas de bestias cobrizas un destello de sol: ale\u00adgr\u00eda que no era solamente una expresi\u00f3n de gratitud in\u00admediata, sino tambi\u00e9n de confianza y de esperanza. Mien\u00adtras los escasos visitantes que se aventuraban hasta all\u00ed jam\u00e1s volv\u00edan, sab\u00edan que \u00e9l regresar\u00eda y sin hacerse es\u00adperar. Ya no se sent\u00edan solos y abandonados. Ahora ten\u00edan un amigo. \u00a1Si hubieran podido comprender la amistad del que acababan de ganar!<\/p>\n<p>Vicente sali\u00f3 de las c\u00e1rceles completamente conmovi\u00addo. No crey\u00f3 que los horrores de los hospitales pudieran ser igualados en ninguna parte, pero ahora se convenc\u00eda que las prisiones los superaban en mucho. Inmediatamen\u00adte corri\u00f3 a casa del se\u00f1or de Gondi, vibrante todav\u00eda de emoci\u00f3n y entre sollozos de dolor le cont\u00f3 lo que hab\u00eda visto. A pesar de su repugnancia por las frases solemnes le describi\u00f3 con exceso de detalles y en los t\u00e9rminos m\u00e1s vivos el horrible cuadro que perdurar\u00eda para siempre ante sus ojos, enardeci\u00e9ndose hasta conjurar al general como si le dirigiese el reproche de la historia:<\/p>\n<p>\u00abAh, se\u00f1or, dedicad vuestra atenci\u00f3n a estos pobres que os pertenecen. Como sois su se\u00f1or en la tierra, as\u00ed tambi\u00e9n dar\u00e9is cuenta de ellos ante Dios. No niego que han merecido el castigo que sobrellevan, pero es asunto de vuestro honor y caridad atenderlos y no permitir que carezcan de todo auxilio y consuelo. \u00a1Apiadaos de ellos!\u00bb.<\/p>\n<p>Esta exhortaci\u00f3n hall\u00f3 eco en el se\u00f1or de Gondi.<\/p>\n<p>El abominable estado de aquella multitud de reos, de la cual, como Vicente le recordara, era \u00e9l se\u00f1or absoluto, le era ya conocido y cuando lo pensaba al acaso experi\u00admentaba l\u00e1stima y verg\u00fcenza porque amaba la justicia y era de buen coraz\u00f3n. Inmediatamente autoriz\u00f3 al cape\u00adll\u00e1n a tomar las medidas que estimase m\u00e1s eficaces para mejorar la suerte de los desventurados; al proceder as\u00ed no se contentaba con satisfacer las demandas del abogado o aliviar su clientela: cumpl\u00eda con una exigencia de su con\u00adciencia.<\/p>\n<p>Impedido por su elevada posici\u00f3n para descender has\u00adta aquellos criminales y para testimoniarles una compasi\u00f3n que muchos interpretar\u00edan como debilidad, experimentaba un gran alivio al saberlos en manos de Vicente, mejores que las suyas. No acostumbraba el santo al enfrentar un deber absoluto y urgente calcular las consecuencias del mismo, no por temer que las dificultades del compromiso fuesen capaces de detenerle, sino porque seg\u00fan su parecer deber\u00eda preocuparse y perder tiempo in\u00fatilmente, ya que casi siempre las cosas resultaban opuestas a sus probables predicciones.<\/p>\n<p>Por eso, al defender ante el general la causa de los galeotes prefiri\u00f3 no considerar la aventura que aceptaba. Como siempre, sigui\u00f3 sin mezquindades los impulsos de su bondad.<\/p>\n<p>Intentando subvenir a una necesidad moment\u00e1nea, s\u00f3\u00adlo m\u00e1s tarde entrevi\u00f3 la profundidad del nuevo horizonte A penas en posesi\u00f3n de los poderes concedidos por el se\u00ad\u00f1or de Gondi, traz\u00f3 su plan de acci\u00f3n. Desde el momento en que se hab\u00eda declarado protector de los galeotes y se le permit\u00eda ejercer el cargo de intendente de los mismos, sus visitas por frecuentes que fueran eran poca cosa. Estaba resuelto a proscribir las inmundas mazmorras, nido de horrores y n\u00e1useas; sus prisioneros estar\u00edan en adelante y en cuanto fuese posible <em>como <\/em>en <em>su propia casa. <\/em>Con este fin acondicion\u00f3 en el barrio Saint-Honor\u00e9 una casa amplia y salubre. Cuando los hubo instalado all\u00ed en las condicio\u00adnes deseadas, acometi\u00f3 la tarea de mitigarles el r\u00e9gimen, y sobre todo de instruirlos, reeducarlos y transformarlos. En lugar de hacerles aceptar, aun cristianamente, la plenitud de su cat\u00e1strofe, prefiri\u00f3 atenuarla y reducirla al m\u00ednimum. \u00ab\u00a1Basta ya de condenados en el otro mundo y de malditos en \u00e9ste!\u00bb. En una palabra: su objetivo con\u00adsist\u00eda en probar a estos parias que habiendo sido salvados por el Galileo, ellos a su vez, cooperando con el arrepen\u00adtimiento y la docilidad, pod\u00edan convertirse, aun bajo el peso de las cadenas, en hombres sin cr\u00edmenes a los ojos de Dios y a los de Vicente su representante\u2026 hombres que pasa\u00adr\u00edan al reino sin tempestades con las manos libres y as\u00adcender\u00edan recompensados en la barca de Pedro que nave\u00adga por propio \u00edmpetu sin las fatigas del continuo remar. Tentativa insensata, dec\u00edan a su alrededor, la de preten\u00adder regenerar ladrones y asesinos ca\u00eddos en lo m\u00e1s profun\u00addo del vicio y la degradaci\u00f3n. Sin embargo Vicente lo consign\u00f3. El efecto de su virtud aplicada a los gangrena\u00addos sobrepas\u00f3 sus esperanzas. Estos monstruos insensibles que hab\u00edan vertido mucha sangre pero nunca una l\u00e1grima, se conmov\u00edan temblorosos a la sola vista del capell\u00e1n, y al escucharlo prorrump\u00edan en tantos llantos como hab\u00edan causado.<\/p>\n<p>Muchos se convirtieron. El caso se comentaba en Pa\u00adr\u00eds y en la corte atribuy\u00e9ndolo a milagro. Como la moda lo invade todo, aun el ejercicio del bien, se introdujo la de visitar las c\u00e1rceles a fin de comprobar los buenos re\u00adsultados \u00abde un tal se\u00f1or Vicente\u00bb. Lo cual suced\u00eda no sin molestia del antiguo pastor, quien advert\u00eda con cierta malicia que hasta la virtud tiene sus carneros de Panurgo.<\/p>\n<p>H\u00e1bil para servirse de lo que pudiera favorecer sus em\u00adpresas, no dud\u00f3 en sacar provecho de aquellos rumores para difundir su idea en todos los ambientes y convertirla en una obra simp\u00e1tica y popular. Lo que ayer fuera un pensamiento digno de ser tenido en cuenta como de paso, se convert\u00eda hoy en una obra estable y Vicente, sublime impulsivo a pesar de su mente reflexiva, se sent\u00eda anegado por los ensue\u00f1os de su coraz\u00f3n. Las se\u00f1oras de Gondi y de Maignelais, las damas de la alta sociedad, los que le co\u00adnoc\u00edan y los que no le conoc\u00edan acud\u00edan presurosos hac\u00eda \u00e9l deseosos de ayudarle por todos los medios. Le ofrec\u00edan dinero sin que lo pidiera. El obispo de Par\u00eds aprob\u00f3 la obra y la recomend\u00f3 a sus diocesanos. La buena marcha del movimiento lo alegraba, pero su regulaci\u00f3n le exig\u00eda grandes sacrificios. El se\u00f1or de Gondi, tan entusiasmado como Vicente por esta cruzada de humanidad, la apoy\u00f3 como si se tratare de su propia honra. La obra de los ga\u00adleotes era para \u00e9l, su general, corno una cuesti\u00f3n de fa\u00admilia y deseaba extenderla a las prisiones de las provin\u00adcias. El asunto estaba a punto para recibir su coronaci\u00f3n: la consagraci\u00f3n del rey. La cual fue acordada por Luis XIII quien otorg\u00f3 a su fundador por real orden del 8 de febrero de 1619, escrita de su pu\u00f1o y letra, <em>el cargo de <\/em><em>Real capell\u00e1n con renta de <\/em>600 <em>libras anuales e id\u00e9nticos <\/em><em>honores y derechos que los dem\u00e1s oficiales de la marina <\/em><em>de Levante, siendo voluntad de Su Majestad que <\/em>el <em>dicho <\/em><em>de Paul por la dicha calidad de Real sea era adelante con\u00adsiderado superior a los dem\u00e1s capellanes de las dichas ga\u00ad<\/em><em>leras.<\/em><\/p>\n<p>Este importante acontecimiento convirti\u00f3 al modesto sacerdote en un personaje casi oficial y pon\u00eda bajo su ju\u00adrisdicci\u00f3n a los forzados de las c\u00e1rceles de Par\u00eds y de toda Francia. Pareci\u00f3le entonces que el primer deber de su nuevo cargo era visitar sin tardanza los presos de las di\u00adversas c\u00e1rceles. Tambi\u00e9n \u00e9sto era una <em>misi\u00f3n <\/em>de las mu\u00adchas que le esperaban en el futuro. \u00abMisionero en todo y para siempre\u00bb, tal era su divisa. Dif\u00edcil imaginar las fa\u00adtigas y dificultades de tan largo camino: todas las c\u00e1r\u00adceles del reino\u2026\u00a1Tremenda gira! Pero Vicente despu\u00e9s de hacer los preparativos la emprendi\u00f3 como si fuera un viaje de placer. El rey le hab\u00eda encomendado seres hu\u00admanos, indignos de vivir seg\u00fan la opini\u00f3n general, a no ser corno <em>chusma <\/em>sometidas al garrote y al l\u00e1tigo. Puesto que \u00e9ste es un pueblo innumerable y reprobado, corre a posesionarse de \u00e9l con hambre y sed de llevarle el pan y el vino de su advenimiento. No pudiendo quebrantar las cadenas que cautivaban los cuerpos, desatar\u00eda las del al\u00adma y los libertar\u00eda.<\/p>\n<p>Y parti\u00f3.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que Vicente deseaba del pobre Al propagar as\u00ed en el mayor \u00e1mbito y a precio de di\u00adficultades y grandes peligros el m\u00e9todo del santo, sus dis\u00adc\u00edpulos ten\u00edan conciencia de cumplir su m\u00e1s caro anhelo: &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-09\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":398801,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[119,117],"class_list":["post-123913","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-gondi","tag-pouy"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (09) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-henri-lavedan-09\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente de Pa\u00fal (Henri Lavedan) (09) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Lo que Vicente deseaba del pobre Al propagar as\u00ed en el mayor \u00e1mbito y a precio de di\u00adficultades y grandes peligros el m\u00e9todo del santo, sus dis\u00adc\u00edpulos ten\u00edan conciencia de cumplir su m\u00e1s caro anhelo: ... 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Puedo asegurarle que nuestras hermanas han estado muy agitadas; ciertamente, si han cometido algunas faltillas, la Providencia de Dios las ha puesto\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Vicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Vicente de Pa\u00fal","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-vicente-de-paul.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-vicente-de-paul.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-vicente-de-paul.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-vicente-de-paul.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-vicente-de-paul.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":126680,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/al-servicio-de-los-pobres-i\/","url_meta":{"origin":123913,"position":4},"title":"Al servicio de los pobres (I)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"01\/02\/2024","format":false,"excerpt":"\"Favoreced, hermanos m\u00edos, tanto como pod\u00e1is, a esta cofrad\u00eda que se consagra al servicio de los desdichados. 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