{"id":123694,"date":"2016-09-06T12:00:35","date_gmt":"2016-09-06T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123694"},"modified":"2016-08-06T07:36:17","modified_gmt":"2016-08-06T05:36:17","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-15","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-15\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 15"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo XV: La Sorbona. Germania el profesor<\/h2>\n<p><i>Despertar cat\u00f3lico.\u2014Primeras lecciones.\u2014Teutonismo y cristianismo.\u2014El his\u00adtoriador: derechos y obligaciones.\u2014La lecci\u00f3n.\u2014El cortejo.\u2014Frutos de luz.<\/i><\/p>\n<p>1842<\/p>\n<p>De regreso a Par\u00eds como profesor, despu\u00e9s de una ausencia casi ininterumpida de seis a\u00f1os, Ozanam se complac\u00eda en observar, en sus cartas, que el partido cat\u00f3lico, como dec\u00edan entonces, no ha\u00adb\u00eda dejado de ganar terreno. Lo primero que hizo fue ir a ver a Lallier que iniciaba entonces su carrera en la magistratura, en el tribunal de Sens. Le hab\u00eda escrito de Lyon: \u00abLe he reservado el primer instante libre, para darle las gracias. No era posible decir\u00adme cosas m\u00e1s amistosas y m\u00e1s cristianas. He pedido a Dios esa fe y ese valor de los que usted me revelaba el secreto. Nuestros ami\u00adgos de aqu\u00ed, Chaurand, Arthaud y otros, en torno de los cuales&#8217; florece una joven generaci\u00f3n de angelitos, se unen a m\u00ed. Son pe\u00adque\u00f1as familias cat\u00f3licas que se est\u00e1n formando y prometen conser\u00advar las tradiciones de fe y de virtud\u00bb.<\/p>\n<p>Era el principio del per\u00edodo de seis meses que hab\u00eda separado su noviazgo de la \u00e9poca fijada para su matrimonio. El solitario se hab\u00eda hospedado en ca\u00bbsa del se\u00f1or y la se\u00f1ora Bailly, para todo ese primer a\u00f1o de su ense\u00f1anza en la Sorbona. Lo trataban como un hijo. Nombra a algunos de sus antiguos amigos, Cazal\u00e9s, Saint\u00adCh\u00e9ron, Montalembert, que lo acogieron como una fuerza: \u00abTodo ese mundo est\u00e1 armado para el combate \u2014escribe\u2014. Se produce un movimiento que, bajo diferentes formas, empieza a influir en los destinos del siglo. Ese movimiento que, seg\u00fan las circunstancias, nos ha valido la publicaci\u00f3n de <i>El Corresponsal, La Revista Eu\u00adropea, El Porvenir, La Universidad Cat\u00f3lica, los Anales de la Fi\u00adlosof\u00eda cristiana, El Universo, <\/i>las conferencias de Nuestra Se\u00f1o\u00adra, los Benedictinos de Solesme, los dominicos del Padre Lacordaire, y hasta la&#8217; peque\u00f1a sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. Pero qui\u00e9n sabe si los humildes esfuerzos de los peque\u00f1os y de los m\u00e1s oscu\u00adros no han contribuido a abrir el paso a las cosas grandes y a los qrandes hombres\u00bb.<\/p>\n<p>Prosigue. En la prensa, menciona \u00abnuevos escritores, como Veui\u00adllot, arrebatados al enemigo y reclutados para la buena causa\u00bb. \u00bfNo ha o\u00eddo a Buloz dirigir un llamado para su <i>Revue des Deux Mon\u00addes <\/i>a la pluma de los que llama \u00abgente honrada\u00bb? En la c\u00e1tedra sagrada, saluda al se\u00f1or Bautain, al Padre de Ravignan, al se\u00f1or Coeur, al Padre Marsellin, al se\u00f1or cura Desgenettes, junto con la multitud de sus convertidos de Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias. En cambio, en el bando opuesto, observa que, desde que el triun\u00advirato Cousin, Guizot, Villemain ha bajado \u00abde su tribuna de la Sorbona\u00bb, no se ha escuchado una sola voz de ese lado, ni han considerado que sus fuerzas unidas ser\u00edan lo bastante fuertes y au\u00addaces para formular una doctrina original. En cuanto a la litera\u00adtura heterodoxa, ha tenido que resignarse a dividir su tiempo en\u00adtre una cr\u00edtica est\u00e9ril y una desverg\u00fcenza imp\u00fadica. \u00abEn tal situa\u00adci\u00f3n \u2014concluye el joven profesor\u2014 el terreno ser\u00eda nuestro si tuvi\u00e9ramos suficientes hombres unidos para arrebatar la posici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>En el extranjero, admira el progreso de la Propaganda cat\u00f3li\u00adca en Inglaterra y en Am\u00e9rica, la resistencia religiosa de la Irlan\u00adda de O&#8217;Connell, las Provincias Renanas en el asunt\u00f3 de los matrimonios mixtos. Y en la prensa, <i>El Cat\u00f3lico de Madrid, la Re\u00advista de Dubl\u00edn, el Diario de las Ciencias religiosas de Roma, el Catholic Mis\u00e9ellany de Charleston, el Correo de Franconia. \u00ab\u00a1<\/i>Nos dan la mano!\u00bb<\/p>\n<p>En fin y por encima de todo lo dem\u00e1s, relata los actos de la San\u00adta Sede: las alocuciones pontificias contra los gobiernos que persiguen a la Iglesia en Prusia y en Rusia, las bulas en favor de la supresi\u00f3n de la trata de negros, el aliento a las nuevas fundaciones congr\u00e9gacionistas, a la reforma en el arte religioso; los recientes nombramientos de obispos independientes como los de monse\u00f1or Affre, Monse\u00f1or Gousset, Monse\u00f1or de Bonald, etc. \u00abAhora bi\u00e9n \u2014concluye\u2014 todo eso es la transici\u00f3n que se est\u00e1 realizando hacia un per\u00edodo cuyas vicisitudes nadie puede prever, pero cuyo advenimiento es imposible negar\u00bb. Ozanam iba a Paris, para poner manos a la, obra.<\/p>\n<p>La sociedad de San Vicente de Pa\u00fal y su presidente, el se\u00f1or Bailly, lo invitaban con urgencia para que ocupara, en la oficina del consejo general, el puesto detentado entonces por Le\u00f3n Cor\u00addunet, magistrado del Consejo de Estado, y un joven de veinti\u00fan a\u00f1os que se llamaba Adolfo Baudon. Desde que Lallier se encon\u00adtraba en Sens, Luis de Baudicour lo sustitu\u00eda como secretario general. En 1840, se hab\u00eda establecido claramente el deslinde entre el consejo particular que encabezaba las conferencias de la ciudad de Par\u00eds y el consejo general que cuidaba de los intereses generales de la sociedad. En la \u00e9poca en que estamos en esta historia o sea 1842-1843, noventa y dos conferencias florec\u00edan en 48 ciuda\u00addes y 38 di\u00f3cesis diferentes, bajo la bendici\u00f3n de la Santa Sede <i>y <\/i>la paternal protecci\u00f3n de los obispos. \u00abSe queda uno sorprendido \u2014escrib\u00eda entonces Ozanam a su hermano\u2014 al ver semejantes obras de caridad suscitar tantos sacrificios en esta sociedad francesa atormentada desde hace ciento cincuenta a\u00f1os por tantas doc\u00adtrinas perversas, perturbada por tantos esc\u00e1ndalos y desacreditada en el extranjero. Aqu\u00ed mismo, en Par\u00eds, en medio de la desconside\u00adraci\u00f3n de todo, s\u00f3lo hay una cosa que conserve dignidad, respeto y verdadera popularidad: es la religi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La Sorbona esperaba tambi\u00e9n al joven maestro. Su ense\u00f1anza deb\u00eda tratar dos temas diferentes de literatura extranjera. Uno italiano, y especialmente el <i>Purgatorio <\/i>de Dante, que era como un legado del se\u00f1or Fauriel, autor de una vida de este poeta. El otro, alem\u00e1n, versaba sobre los or\u00edgenes de las letras en Germania ; y se coordinaba con el plan general del profesor sobre los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n cristiana en las naciones extranjeras. Har\u00eda resal\u00adtar la divinidad del catolicimo por la grandeza de su obra civili\u00adzadora en esta tierra b\u00e1rbara. Y ser\u00eda el primer cimiento de la am\u00adplia catedral cuya construcci\u00f3n, formada de diversas partes_ que armonizaban entre s\u00ed, deb\u00eda elevarse m\u00e1s cada a\u00f1o.<\/p>\n<p>El primer s\u00e1bado de enero de 1841, Ozanam inici\u00f3 ese curso. Aquel d\u00eda la Sorbona o Facultad de Letras, vio entrar y ocupar la c\u00e1tedra de Fauriel a un joven&#8217; profesor, palidecido por sus lar\u00adgos y recientes desvelos; m\u00e1s p\u00e1lido a\u00fan cuando, habiendo alzado los ojos sobre la asamblea, vio que todo el anfiteatro, desde la pri\u00admera hasta la \u00faltima grada, esperaba su palabra. Por fortuna, en esa muchedumbre, hab\u00eda reconocido muchas caras familiares, m\u00e1s bien amigos que jueces.<\/p>\n<p>Con voz incierta, pronunci\u00f3 lentamente estas palabras: \u00abEn el momento de presentarme por primera vez en una c\u00e1tedra de la. Sor-bona, en medio de tantas antiguas glorias remozadas por recientes ilustraciones. . . \u00bf c\u00f3mo no se mezclar\u00eda a mi gratitud mucha timi\u00addez? . . . Pero en el fondo de todos mis temores, encuentro esperan\u00adzas. Las encuentro en m\u00ed mismo hasta en esta edad que me espan\u00adta, pero que por otra parte me acerca a la mayor\u00eda de mis oyentes. Acaso hay una alegr\u00eda permitida en subir a esta c\u00e1tedra acompa\u00ad\u00f1ado de los recuerdos y de las amistades que anta\u00f1o recog\u00ed en estos bancos\u00bb.<\/p>\n<p>La amistad respondi\u00f3 con aplausos que lo alentaron un instante. No por eso dej\u00f3 de ser laboriosa y dolorosa la primera media hora de su clase. El sentimiento de la gravedad de esa prueba decisiva para todo su porvenir paralizaba sus facultades. Se pinta a s\u00ed mismo, en sus cartas, arrastr\u00e1ndose y enred\u00e1ndose en sus apuntes: no estaba acostumbrado a esas cortapisas. Por mucho que lo aplaudieran, no lograban animarlo. El mismo se irritaba al sentir que su palabra incolora, incorrecta no expresaba su pensamiento. Ya no era Ozanam. Sin embargo, lleg\u00f3 un momento en que, es\u00adcap\u00e1ndose por fin de la maleza de una espinosa erudici\u00f3n, el ora\u00addor se encontr\u00f3 ,ante la gran haza\u00f1a que, seg\u00fan \u00e9l, marcaba el principio de la civilizaci\u00f3n alemana: las cruzadas. Expres\u00f3 esa idea con una bella imagen: \u00abDicen que en Jerusal\u00e9n, en medio de las solemnidades de la Semana Santa, hay un momento en que el obis\u00adpo griego peneti&#8217;a en la tumba de Cristo y enciende en ella una llama bendita. Entonces acuden muchedumbres de peregrinos de\u00adseosos de encender all\u00ed las luminarias que llevar\u00e1n cada uno a sus hogares. Lo mismo ocurre con la antorcha sagrada de las ciencias y de las artes que se encendi\u00f3 all\u00ed y que no tardar\u00eda en iluminar a toda Europa\u00bb.<\/p>\n<p>Desde aquel momento, liber\u00e1ndose de la esclavitud de sus apun\u00adtes y haciendo fuerzas de flaqueza, Ozanam se sinti\u00f3 due\u00f1o de su palabra y de s\u00ed mismo. Sostenido por la simp\u00e1tica emoci\u00f3n de su auditorio, llev\u00f3 a feliz t\u00e9rmino una lecci\u00f3n que a menudo inte\u00adrrump\u00edan los aplausos. Todo sigui\u00f3 as\u00ed hasta que al fin, \u00abagobiado de cansancio, perturbado en todo su sistema nervioso hasta la risa y las l\u00e1grimas, se encontr\u00f3 en los brazos de sus numerosos amigos, cofrades y colegas que le aseguraban que, a pesar de todo, hab\u00eda tenido \u00e9xito\u00bb. Era la historia de su primer fogonazo en la batalla. Ese, \u00e9xito final, Ozanam lo atribu\u00eda exclusivamente a la coali\u00adci\u00f3n amistosa y auxiliadora, de la que escrib\u00eda: \u00ab\u00a1No os imagin\u00e1is todo lo que vuestra caridad hizo en mi favor!\u00bb Varios profesores y agregados de la Sorbona quisieron tambi\u00e9n alentarlo, con su pre\u00adsencia. La curiosidad atrajo en masa a los disc\u00edpulos de la escuela normal. \u00abSea lo que fuere \u2014escribe\u2014 no hay ning\u00fan motivo para cantar victoria\u00bb, y pone una sordina al clamor de los peri\u00f3dicos. En fin escribe al se\u00f1or Soulacroix: \u00abNo es una ilusi\u00f3n de modestia: anduve muy cerca del fracaso. Me sent\u00ed avergonzado de las cosas indigestas y torpes que me o\u00eda decir a m\u00ed mismo. Se requer\u00eda toda la buena voluntad de un p\u00fablico especial para perdonarme[\/note]. . S\u00f3lo al fin logr\u00e9 animarme un poco. Las simpat\u00edas de la asamblea respondieron a mis esfuerzos y la sesi\u00f3n termin\u00f3 de modo deco\u00adroso. Debo mi \u00e9xito a la amistad\u00bb.<\/p>\n<p>Mas semejante auditorio no se encuentra dos veces, y Ozanam conserv\u00f3 sus aprehensiones hasta que la experiencia del primer tri\u00admestre determin\u00f3 su fallo. El p\u00fablico sigui\u00f3 si\u00e9ndole fiel y \u00abel an\u00adfiteatro permaneci\u00f3 atestado, aun en los ingratos d\u00edas del Carnaval en que los estudiantes van a otra parte\u00bb. El se\u00f1or Le Clerc, el se\u00f1or Mignet, el se\u00f1or Cousin fueron m\u00e1s ben\u00e9volos a\u00fan con el joven maestro. El ministro lo felicit\u00f3: \u00ab\u00a1Sabe usted que el se\u00f1or Ville\u00admain no escatima sus elogios!\u00bb Al poco tiempo, enviaron oficial\u00admente una delegaci\u00f3n de la Escuela normal a su curso. <i>Le Nou\u00adveau Correspondant <\/i>(El Nuevo Corresponsal) le pidi\u00f3 que permi\u00adtiera tomar su curso en taquigraf\u00eda. Al mismo tiempo, <i>El Universo <\/i>le reconoce triunfos que ofenden su modestia. <i>El Journal des D\u00e9bats <\/i>lo anuncia \u00aben t\u00e9rminos tan elogiosos que m\u00e1s bien lo perjudican\u00bb. En el extranjero, la <i>Gaceta <\/i>de Augsburgo se hace eco de sus clases sobre&#8217; Germania. El novio quiere atribuir ese inesperado favor a ciertas oraciones que se hacen en Lyon por aquellos mismos d\u00edas: \u00abSus piadosos recuerdos ante Dios siguen ahuyentando. de m\u00ed el demonio del miedo, que, como el del Evangelio, es un demonio mudo\u00bb. En fin, la popularidad se empe\u00f1a a pesar de todo en asediar su c\u00e1tedra, seg\u00fan su propia expresi\u00f3n: \u00abLa sala est\u00e1 siem\u00adpre llena de gente empe\u00f1ada en interesarse en ese caos de la historia germ\u00e1nica en que yo mismo me pierdo\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, gran novedad en la Sorbona, un joven profesor cris\u00adtiano, a la edad de veintisiete a\u00f1os, inicia su carrera como maestro, y maestro autorizado. Los cat\u00f3licos aplaud\u00edan. Los esc\u00e9pticos, in\u00adteresados por esa elocuencia novedosa, asist\u00edan a sus cursos: \u00abAte\u00adnas lo escucha \u2014escribir\u00e1 el Padre Lacordaire\u2014 como hubiera escuchado a Gregorio o Basilio si, en vez de regresar a la soledad de su patria, hubiesen abierto, al pie del Are\u00f3pago en que hab\u00eda predicado San Pablo, ese tesoro de buen gusto y de saber que ha\u00adb\u00eda de ilustrar sus nombres\u00bb.<\/p>\n<p>Interrumpido por su matrimonio y el viaje de bodas que sigui\u00f3, el curso de Ozanam se reanud\u00f3, el segundo a\u00f1o, en condiciones no menos alentadoras. \u00a1Fecha memorable! El joven profesor regresa\u00adba ese a\u00f1o a Par\u00eds para figurar oficialmente en el sepelio de ese mismo Jouffroy contra cuyos errores, siendo estudiante, en 1831, hab\u00eda protestado diez a\u00f1os antes. El sabio acababa de expirar de\u00adcepcionado de su filosof\u00eda y apaciguado de coraz\u00f3n con ese cristia\u00adnismo que recibi\u00f3 su postrer y demasiado tard\u00edo homenaje.<\/p>\n<p>\u00abReanud\u00e9 mi curso \u2014escribe Ozanam a su suegro\u2014 el 27 de enero de 1842. Y aunque el tema tratado en parte el a\u00f1o pasado sea ahora m\u00e1s restringido, m\u00e1s especial, menos atractivo, el audi\u00adtorio se mantiene. Sigue siendo abundante y bien dispuesto\u00bb.<\/p>\n<p>El tema m\u00e1s restringido de literatura alemana que, sucediendo al cuadro general presentado el a\u00f1o anterior, llena el a\u00f1o acad\u00e9\u00admico de 1842-43, fue, despu\u00e9s de los <i>Nibelungos, <\/i>la poes\u00eda l\u00edrica de los Minnesinger. Ozanam, lleno de adrniraci\u00f3n por el poema de los <i>Nibelungos, <\/i>llamaba a esta epopeya la Iliada de las naciones germ\u00e1nicas; y compar\u00e1ndola con las brillantes novelas de caballe\u00adr\u00eda, descubr\u00eda en ella, junto con la rehabilitaci\u00f3n de la mujer, las primeras huellas de la idea cristiana.<\/p>\n<p>Se lee en su primera lecci\u00f3n publicada en sus <i>Op\u00fasculos varios: <\/i>\u00abEl papel principal, en los <i>Nibelungos, <\/i>corresponde a una mujer, Crimilda. Ella es la primera que entra en el teatro, del que no desaparece nunca, cuando menos en el pensamiento, y sale \u00fanica\u00admente al final. Es una naturaleza verdaderamente heroica, cuyo desarrollo llena toda la f\u00e1bula; creciendo con terrible verdad, desde la inocencia de los primeros a\u00f1os hasta la atrocidad de una agon\u00eda sangrienta. Es el pudor de la virgen, la ternura de la esposa, el resentimiento de la viuda, pero siempre el amor. Si esta mujer, tier\u00adna como Andr\u00f3maca, fiel como Pen\u00e9lope, opaca todas las figuras de las antiguas epopeyas, si hace palidecer hasta a los m\u00e1s temibles actores, los Aquiles y los Ulises de la epopeya alemana; si se elige al sexo m\u00e1s d\u00e9bil para realizar el tipo del heroismo \u00bfno es esto una cosa completamente nueva, s\u00f3lo posible en la \u00e9poca de la caba\u00adller\u00eda? Entonces la hija de Eva, levantada de su larga humillaci\u00f3n, fue rehabilitada en las leyes, glorificada en las artes. Un mismo culto uni\u00f3 bajo cielos diferentes, los minnesinger y nuestros trova\u00addores; y la imagen de dos mujeres, Crimilda y Beatriz corona los dos grandes poemas de la barbarie y del cristianismo\u00bb.<\/p>\n<p>El profesor se propon\u00eda terminar con la poes\u00eda dram\u00e1tica y di\u00add\u00e1ctica. Luego, llegar\u00eda a los prosistas, a los cronistas, a los nove\u00adlistas y fil\u00f3sofos de la misma \u00e9poca, en suma, toda la historia li\u00adteraria de entonces iba a exponerse en esas clases. Y ya el se\u00f1or Soulacroix mostraba a Ozanam su deseo de que se publicara un libro de erudici\u00f3n y a la vez de vulgarizaci\u00f3n con el material de su curso, obra muy digna de hacer honor al nombre de su&#8217; autor y de crearle t\u00edtulos acad\u00e9micos para sus promociones futuras[\/note]. .<\/p>\n<p>Ozanam ten\u00eda otro prop\u00f3sito cuando hab\u00eda asumido el sagrado deber de ense\u00f1ar y de escribir. El inter\u00e9s religioso figuraba en pri\u00admer lugar. En efecto, ese terreno de las antig\u00fcedades germ\u00e1nicas era, por aquel entonces, el punto en que converg\u00edan el esp\u00edritu ca\u00adt\u00f3lico y el esp\u00edritu filos\u00f3fico que libraban entre s\u00ed ardientes bata\u00adllas de ideas.<\/p>\n<p>Frente al catolicismo surg\u00eda entonces en Alemania una escuela retr\u00f3grada que, deseosa de s\u00f3lo deber a la antigua Germania pa\u00adgana y b\u00e1rbara su genio espec\u00edfico y su car\u00e1cter \u00e9tnico, acusaba al cristianismo de haberlo obligado a desviarse de su primera fuente y de haber detenido el curso de sus grandes destinos. Seg\u00fan ella, todo era puro, gigantesco, heroico, sobrehumano en esa \u00e9poca in\u00adcomprendida en que la orgullosa naci\u00f3n, virgen como sus selvas, no hab\u00eda entrado todav\u00eda en contacto con los vicios de la civiliza\u00adci\u00f3n latina, enervada por un nuevo culto y una nueva fe. Esa his\u00adtoria deformada era preciso enderezarla. Era preciso restituir a la barbarie elogiada con exceso de los antepasados la brutal realidad de su fisonom\u00eda: la corrupci\u00f3n de sus costumbres, la dureza de sus leyes, la ferocidad de sus guerras, la crueldad y la infamia de su culto y de sus dioses. Era preciso, en cambio, vengar de la ingrati\u00adtud y de la calumnia del esp\u00edritu teut\u00f3n ese cristianismo libertador que hizo brotar la luz en esas tinieblas, el orden en ese caos du\u00adrante largos siglos de honor y de civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abEn cuanto a m\u00ed, el grave inter\u00e9s superior de mi tema \u2014escribe de Oullins, el 17 de agosto de 1842\u2014 consiste en el hecho de que Alemania debe su genio y toda su civilizaci\u00f3n a la educaci\u00f3n cristiana que le fue dada; que su grandeza se mide en proporci\u00f3n a su uni\u00f3n con la cristiandad; que para ella, como para todos, no hubo, ni habr\u00e1 verdaderos destinos sino en el seno de la unidad romana, depositaria de todas las tradiciones temporales de la humanidad, como de los eternos designios de la Providencia.<\/p>\n<p>\u00abTodo esto parece sencillo, natural y de una verdad trivial de este lado del Rhin. Mas del otro lado, el orgullo nacional se complace en la quimera de una civilizaci\u00f3n aut\u00f3ctona que el cristianismo vino a destruir; de una literatura que, sin el contacto latino, se hubiera desarrollado con un esplendor sin precedente; de un porvenir, en fin, que puede ser todav\u00eda magn\u00edfico, si la raza de\u00adgenerada vuelve a templarse en un teutonismo sin mezcla. El tipo germ\u00e1nico ya no es Carlomagno, sino Arminio\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam tiene en su contra, lo sabe, a todas las escuelas filos\u00f3\u00adficas, hist\u00f3ricas, literarias alemanas, desde Hegel hasta Goethe y desde Goethe hasta Strauss. Est\u00e1 en lucha ahora con el orientalista Lassaen, con el historiador Gervinus, irreconciliables con esa mansedumbre cristiana que les ech\u00f3 a perder a sus grandes b\u00e1rbaros. B\u00e1rbaros, seguir\u00edan si\u00e9ndolo, como lo demostrar\u00e1 Ozanam, si por la fe cristiana no hubiesen entrado en posesi\u00f3n de la herencia re\u00adligiosa, cient\u00edfica, pol\u00edtica de los pueblos modernos. Y a\u00f1ade que, al repudiarla, s\u00f3lo pueden caer de nuevo en su at\u00e1vica barbarie.<\/p>\n<p>\u00abConsiderada en tal forma, la historia literaria era un verdadero drama cuya acci\u00f3n ten\u00eda como tema principal la alternativa de la vida o de la muerte para las sociedades. Esta ense\u00f1anza no es, sin embargo, m\u00e1s que una escaramuza inicial. Ozanam reserva sus principales argumentos para el libro que, m\u00e1s tarde, reproducir\u00e1 sus lecciones, pero fortalecidas, desarrolladas, armadas de punta en blanco: <i>Los Germanos antes del Cristianismo. <\/i>Presenta el plano y el marco provisional a Lallier, a\u00f1adiendo sin embargo: \u00abPero, amigo m\u00edo, no es peque\u00f1a cosa escribir un libro en los tiempos ac\u00adtuales, sobre todo para m\u00ed a quien me cuesta tanto trabajo y tanto tiempo escribir. No dudo, pues, en encomendar el trabajo que ini\u00adcio a sus buenas y fraternales oraciones\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde a\u00fan, este primer cuadro tendr\u00e1 su contraparte en otro que mostrar\u00e1 la acci\u00f3n civilizadora del Evangelio en la primera de las tribus germ\u00e1nicas que obedecer\u00e1 a su ley: ser\u00e1. <i>El Cristianismo entre los Francos. <\/i>Y el contraste de ese doble espect\u00e1culo pondr\u00e1 de relieve la demostraci\u00f3n total y experimental del progreso de las sociedades por la civilizaci\u00f3n cristiana y s\u00f3lo por ella.<\/p>\n<p>Mas los francos de entonces son los franceses de hoy. A nosotros, pues, sus herederos, a nuestro patriotismo corresponde rechazar las inicuas reivindicaciones de un teutonismo no menos ingrato que so\u00adberbio: \u00abSi la tesis favorita de la escuela teut\u00f3nica consiste en ne\u00adgar lo que Alemania debi\u00f3 a la civilizaci\u00f3n latina y en abjurar el honor de esa educaci\u00f3n de nuestros padres, a nosotros franceses nos incumbe, como primog\u00e9nitos de la familia, conservar esos t\u00edtulos\u00bb.<\/p>\n<p>El profesor y el publicista no se conformar\u00e1n con esto. A esos dos cuadros preliminares de la historia de la literatura alemana en la Edad Media, <i>Los Germanos antes del Cristianismo, y El Cristia\u00adnismo entre los Francos, <\/i>que Ozanam llama su <i>Germania, <\/i>una pa\u00adgana, otra cristiana, sucede un tercero. Se propuso un d\u00eda represen\u00adtar y desarrollar a trav\u00e9s de la Edad Media la grandiosa concep\u00adci\u00f3n y la instituci\u00f3n pol\u00edtica de Carlomagno. Le dar\u00eda el marco de seis siglos de la vida de la cristiandad y la obra llevar\u00eda el t\u00edtulo de: <i>El Santo Imperio Romano.<\/i><\/p>\n<p>Al se\u00f1or Soulacroix, Ozanam escribe, pues, el 27 de enero de 1842: \u00abLos se\u00f1ores Mignet y Amp\u00e9re a quienes consult\u00e9 respecto al objeto de mis estudios y lecciones ulteriores sobre las letras en la Edad Media, me aconsejaron que vincule las lecciones de ese curso con un tema particular y por decirlo as\u00ed con un episodio que yo tratar\u00eda a fondo, siendo m\u00e1s limitado, pero que sin embargo ofrecer\u00eda un inter\u00e9s general. Me p\u00e1reci\u00f3 encontrar ese tema \u00e9n un cuadro sint\u00e9tico del <i>Santo Imperio Romano <\/i>con el que se relacio\u00adnar\u00edan algunas de mis lecciones del a\u00f1o pasado, acaso las mejores que he dado hasta ahora. Se ver\u00eda en ellas el Imperio, la monar\u00adqu\u00eda universal de los tiempos cristianos, idea concebida por el ge\u00adnio de Carlomagno, imperfectamente realizada por sus sucesores, desarrollada por el derecho p\u00fablico, viva en la filosof\u00eda, en la poe\u00ads\u00eda de los siglos XII, XIII y XIV. Se la ver\u00eda despu\u00e9s entrando en lucha con el papado y sucumbiendo en tal combate para no dejar, tras ella, sino un Imperio de Alemania reducido a su vez en nues\u00adtros d\u00edas a las proporciones del Imperio de Austria.<\/p>\n<p>\u00abSemejante trabajo, que no ser\u00eda la historia pormenorizada de los hechos, sino m\u00e1s bien la historia filos\u00f3fica de la instituci\u00f3n, semejante trabajo que no se ha realizado todav\u00eda, arrojar\u00eda una gran luz sobre los asuntos generales de la vieja Europa. En \u00e9l se encontrar\u00edan las causas de la ca\u00edda de Italia y de la grandeza de Francia. En \u00e9l habr\u00eda lugar para los m\u00e1s c\u00e9lebres personajes de aquella \u00e9poca: Gregorio VII, Inocencio III, Federico Barbarroja, Rodolfo de Ausburgo. Figurar\u00edan los doctores, los juristas y los poe\u00adtas como testigos, y volver\u00edan a aparecer ah\u00ed todos mis estudios coordinados, readaptados y reelaborados\u00bb.<\/p>\n<p>Mas ese trabajo, para honra del papado y de la Iglesia \u00bflograr\u00eda conciliarle, por su misma \u00edndole, las simpat\u00edas de la escuela hist\u00f3\u00adrica y del poder pol\u00edtico del d\u00eda? Hubiese sido desconocer el esp\u00edri\u00adtu p\u00fablico de entonces creer tal cosa. La misma carta dec\u00eda: \u00abAl parecer, desde hace unos meses, ha aumentado la mala voluntad hacia los principios conservadores, de los cuales, sin embargo, el gobierno lamenta la decadencia. Acaban de enviar a predicar el sansimonismo en el colegio de Francia; un refugiado italiano va a substituir al se\u00f1or Bautain en Estrasburgo; han otorgado la cruz de honor al autor de un libro tan antifranc\u00e9s como anticat\u00f3lico. Por otra parte,\u00a0se autorizan cursos p\u00fablicos para los obreros, im\u00adpartidos por hombres notoriamente hostiles a las ideas cristianas y que se afanan en revivir contra la Iglesia prejuicios moribundos y odios apagados\u00bb.<\/p>\n<p>Frente a esa hostilidad amenazadora, el irreductible cristiano cat\u00f3lico que es Ozanam no disimular\u00e1 nada de su fe, no sacrificar\u00e1 nada de su pundonorosa conciencia de historiador. As\u00ed lo escribe; y su suegro bien lo sabe: \u00abTodo esto me inquieta a menudo, mi buen padre; pero no me desalienta. S\u00e9 que en nuestras conviccio\u00adnes hay una fuerza mayor que la mala voluntad de nuestros ene\u00admigos. De nada servir\u00eda disimularlo; no conquistar\u00eda con ello la confianza de los superiores que me conocen; perder\u00eda la de la ju\u00adventud que me quiere. No es inoportuno, en los tiempos en que vivimos, conservar algo de dignidad y de independencia.<\/p>\n<p>\u00abEste trabajo, que han aprobado muchos de los que me han o\u00eddo hablar de \u00e9l, necesita que yo madure un poco m\u00e1s su prop\u00f3\u00adsito. Luego me ocupar\u00e9 de su ejecuci\u00f3n; e inmediatamente despu\u00e9s de Pascuas, reunir\u00e9 los materiales necesarios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 las fuerzas y los a\u00f1os para realizarlo no l\u00e9 fueron con\u00adcedidos? \u00bf Qui\u00e9n, fuera de \u00e9l, estaba mejor preparado y mejor do\u00adtado para llevarlo a cabo? \u00bf Se imagina uno lo que hubiera sido para la religi\u00f3n y las letras una historia filos\u00f3fica del Santo Imperio Romano, firmada por esa mano de maestro?<\/p>\n<p>Mas, en todo cuanto escribe o ense\u00f1a, el historiador cat\u00f3lico reinvindica su derecho y reconoce su deber. Derechos y deberes son el tema de las cartas que es preciso releer. El primero es hablar conforme a sus propias convicciones religiosas. \u00abAquellos \u2014dice\u2014que no quieren poner una creencia religiosa en un trabajo cient\u00ed\u00adfico, encontrar\u00e1n acaso que, en mis obras, concedo una parte de\u00admasiado grande al cristianismo; en cuanto a m\u00ed, no conozco hom\u00adbre de coraz\u00f3n que quiera entregarse al duro oficio de escribir sin que lo domine alguna convicci\u00f3n. No aspiro a esa triste indepen\u00addencia cuya caracter1tica ser\u00eda no creer en nada y no amar nada. Sin duda, no conviene prodigar las profesiones de fe; p\u00e9ro \u00bf qui\u00e9n tendr\u00eda el valor de tocar los puntos m\u00e1s misteriosos de la historia, de remontarse al origen de los pueblos, de ofrecerse el espect\u00e1culo de sus religiones, sin tomar partido sobre las cuestiones eternas que tratan? \u00bf Y qui\u00e9n puede tomar semejante partido, sobre todo en un siglo de duda y de controversia, sin que su pensamiento quede impregnado de \u00e9l y su palabra conmovida?\u00bb<\/p>\n<p>Entonces, estableciendo claramente las condiciones de entera sinceridad que, en el creyente, se unen al respeto, a la fe y a su confianza en ella, Ozanam escribe con mano firme: \u00abNo se pue\u00adde pedir al escritor m\u00e1s que dos cosas: primero, que su convicci\u00f3n sea libre e inteligente, y el cristianismo no acepta otra; segundo, que el deseo de justificar una creencia no conduzca a desnatura\u00adlizar los hechos para sacar de ellos pruebas a la fuerza. Pero nada semejante se exige a la pluma de los escritores cristianos. Tranqui\u00adlos respecto a las supremas cuestiones de Dios, del alma, de la eter\u00adnidad, que perturban. tantas inteligencias, deben entrar en la cien\u00adcia con libertad y respeto. Saben que no est\u00e1 permitido disimular ninguna verdad, por peque\u00f1a, profana y molesta que parezca. Ten\u00addr\u00e1n escr\u00fapulos en no disimular mancha alguna para tener el de\u00adrecho de no ocultar ninguna gloria. Si sus investigaciones los llevan a justificar un dogma revelado, lo reconocen y se alegran de ello, por amor a la verdad. Y si no les es dado apartar los obst\u00e1culos y llevar la ciencia hasta el punto en que encuentre la fe, saben que otros avanzar\u00e1n m\u00e1s que ellos. Y tienen paciencia al pensar que el camino es largo, pero que al final est\u00e1 Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El trabajo sobre los or\u00edgenes de la civilizaci\u00f3n en Europa, em\u00adpezado con <i>La Germanio, <\/i>prosigui\u00f3 sin interrupci\u00f3n con estudios semejantes sobre lo que Ozanam llama <i>Italia en los tiempos b\u00e1r\u00adbaros. <\/i>Fue el tema de su curso del a\u00f1o de 1843 y de los siguientes, que se convirtieron m\u00e1s tarde en la Introducci\u00f3n de su libro sobre <i>La civilizaci\u00f3n cristiana en el siglo V, <\/i>del que volveremos a hablar.<\/p>\n<p>B\u00e1stenos decir ahora la impresi\u00f3n que el profesor recibi\u00f3 para su alma, puesto que \u00e9sta es la que nos ocupa principalmente en este libro. Y veamos c\u00f3mo habla de esto, desde entonces, a su joven her\u00admano en la siguiente carta del 23 de junio de 1843:<\/p>\n<p>\u00abMi querido Carlos, poco me falta p\u00e1ra terminar el primer a\u00f1o de la historia literaria de Italia desde la era cristiana hasta la \u00e9poca de Carlomagno. Este trabajo ha sido para m\u00ed, como para mis oyen\u00adtes, un estudio m\u00e1s profundo y m\u00e1s vivo del papado por quien se efectu\u00f3 ese paso dif\u00edcil de la antig\u00fcedad a los tiempos modernos. Pues bien, mi querido Carlos, he comprobado todo lo que gana _ uno en observar al cristianismo de cerca. He visto que sus bene\u00adficios, que yo no ignoraba, son mayores a\u00fan de lo que cre\u00eda. M\u00e1s que nunca siento cu\u00e1nto deber\u00eda uno amar a la Iglesia que tanto hizo para conservarnos, prepararnos, hacer posible todo lo que te\u00adnemos de saber, inteligencia, libertad y civilizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras escrib\u00eda la gran obra, Ozanam publicaba fragmentos aislados en <i>El Corresponsal, <\/i>mediante una revisi\u00f3n o mejor dicho una nueva redacci\u00f3n que le costaba gran trabajo, pues buscaba en ella solidez y perfecci\u00f3n de fondo y de forma. Respecto a uno de esos art\u00edculos, escrib\u00eda el 9 de marzo de 1843: \u00abAcabo de terminar seis semanas que cuentan entre las m\u00e1s laboriosas de mi vida, en que me he negado toda distracci\u00f3n y he pasado parte de mis no\u00adches trabajando. Bien sabe usted, que la composici\u00f3n me resulta dif\u00edcil; y m\u00e1s que nunca no puedo dejar que mi pluma se herrum\u00adbre: se convierte en algo as\u00ed como una vieja espada que ya no pue\u00adde uno desenvainar\u00bb. Mas dice que recibe su recompensa gracias a las inefables alegr\u00edas de las que escribe: \u00abHay que conocer tam\u00adbi\u00e9n el placer de un esfuerzo victorioso, el deleite infinito de la ver\u00addad descubierta o de la belleza reproducida; esa dicha desintere\u00adsada, ese estremecimiento del esp\u00edritu en la cercan\u00eda de la luz que lo visita y que viene de m\u00e1s alto, le da un presentimiento de la divinidad\u00bb.<\/p>\n<p>En efecto, Ozanam siempre ped\u00eda su auxilio al Esp\u00edritu de luz, ya sea antes de impartir su clase o de entregarse al estudio. Era sucesivamente la preparaci\u00f3n y la consagraci\u00f3n: \u00abEl d\u00eda y la noche que preced\u00edan a su curso \u2014refieren sus amigos \u00edntimos\u2014 estaban dedicados a seleccionar y clasificar sus apuntes en el orden de su empleo; despu\u00e9s, se colocaba frente a su tema, abarc\u00e1ndolo en su conjunto, para destacar la idea maestra que adquir\u00eda entonces todo su relieve. S\u00f3lo a una hora avanzada de la noche, una voz in\u00adquieta pod\u00eda arrancarlo a esa meditaci\u00f3n solitaria, profunda. Muy temprano, reanudaba la cadena apenas interrumpida de su pen\u00adsamiento; y, cuando llegaba la hora, se pon\u00eda en camino como para cumplir una sagrada misi\u00f3n\u00bb. Sus amigos refieren que ja\u00adm\u00e1s lo vieron ir a su curso sin haber rezado de rodillas e invocado el socorro del Esp\u00edritu Santo para no proferir una sola palabra que pudiese herir la verdad.<\/p>\n<p>Se lo imagina uno cruzando con pasos r\u00e1pidos los jardines del Luxemburgo, cabizbajo, leyendo a veces algunos papeles, pero sin que la aplicaci\u00f3n le impidiese ver las marcas de simpat\u00eda de que era objeto y corresponderlas. Llegaba a la Sorbona, luego se pre\u00adsentaba en su c\u00e1tedra, p\u00e1lido, desencajado, nervioso, mirando va\u00adgamente por encima de las cabezas de sus oyentes, como si temiera encontrar sus ojos.<\/p>\n<p>No reproducir\u00e9 aqu\u00ed el retrato que Lacordaire traz\u00f3 del orador, como un hombre que conoci\u00f3 \u00e9l mismo el trabajo y los triunfos de la palabra p\u00fablica[\/note]. El se\u00f1or Amp\u00e9re ha dicho menos solemnemente: \u00abQuienes no han o\u00eddo profesar a Ozanam, no conocen lo m\u00e1s personal de su talento. Preparaciones laboriosas, acuciosas investigaciones en los textos, ciencia acumulada con grandes esfuer\u00adzos; y luego improvisaci\u00f3n brillante, palabra arrebatadora y pin\u00adtoresca: tal era su ense\u00f1anza. Preparaba sus lecciones como un benedictino y las pronunciaba como un orador: doble trabajo en que se consumi\u00f3 una constituci\u00f3n ardiente y que acab\u00f3 con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Este era el peligro. Su suegro, el se\u00f1or Soulacroix, le hac\u00eda alar\u00admadas reflexiones respecto al cansancio excesivo que le causaba su modo de trabajar y de ense\u00f1ar. Su decano, el se\u00f1or V\u00edctor Le Clerc, le dec\u00eda por su lado: \u00ab\u00a1Cuidado, se\u00f1or Ozanam, modere usted esa elocuencia que lo arrebata! Sea usted un orador, pero m\u00e1s tranquilo. Esa palabra v\u00edvida, emocionada, apasionada, ese entusiasmo del que ya no es usted amo y que lo domina, alarma a sus amigos. Piense usted en el porvenir. Queremos que no supri\u00adma nada de ese porvenir que le es debido; lo queremos por usted y por nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Mas el cansancio del profesor no cesaba con el fin de la lecci\u00f3n. Otra tarea lo esperaba a la puerta; no por ser de lo m\u00e1s grata de\u00adjaba de aumentar su agotamiento. Esa misma juventud que Oza\u00adnam acababa de tener suspendida a sus labios, siguiendo sus pasos, lo acompa\u00f1aba al salir de la sala, form\u00e1ndole un cortejo de honor \u00edntimo, familiar. Eran propiamente los disc\u00edpulos que se esforza\u00adban por acercarse a \u00e9l a fin de recoger la palabra particular y per\u00adsonal de sus labios: la que nunca se olvida ; y que, sigui\u00e9ndole as\u00ed hasta su casa, por las avenidas del jard\u00edn del Luxemburgo, para prolongar la clase con una charla, lo obligaban a dar una clase de cinco cuartos de hora.<\/p>\n<p>Otros, y \u00e9stos eran la mayor\u00eda, meditaban en silencio lo que acababan de o\u00edr. Era la verdad; disipaba sus dudas y se inclinaban ante ella. Un d\u00eda, Ozanam encontr\u00f3 la nota siguiente, dirigida a \u00e9l, en la porter\u00eda de la Sorbona: \u00abSe\u00f1or, acabo de o\u00edr su clase. Es imposible negarse a creer lo que se expresa tan bien y con tanto coraz\u00f3n. Si esto puede ser para usted una satisfacci\u00f3n \u00bf qu\u00e9 digo? una dicha, puede usted saborearla en toda su plenitud. Antes de conocerlo a usted, yo no cre\u00eda. Lo que no pudieron hacer buen n\u00famero de sermones, lo hizo usted en una sola vez; ha hecho usted de m\u00ed un cristiano. Reciba, se\u00f1or, la expresi\u00f3n de mi alegr\u00eda y de mi gratitud\u00bb.<\/p>\n<p>La mayor alegr\u00eda correspondi\u00f3 al maestro: de ello da fe su her\u00admano con quien la comparti\u00f3 inmediatamente.<\/p>\n<p>Ese acento de convicci\u00f3n que formaba creyentes, impresiona has\u00adta a los m\u00e1s irreverentes y los m\u00e1s esc\u00e9pticos: \u00abTiene el fuego sa\u00adgrado \u2014escrib\u00eda Sarcey\u2014. Hay en este hombre una convicci\u00f3n interior tan grande, que, sin arte aparente, convence, conmueve. Tiene una imaginaci\u00f3n tierna y so\u00f1adora, y encuentra admirables expresiones llenas de melancol\u00eda y casi po\u00e9ticas. Al escucharlo, sien\u00adte uno los ojos arrasados en l\u00e1grimas\u00bb. Y Sarcey lo compara y lo opone al se\u00f1or Jules Simon \u00abque es orador hasta la m\u00e9dula, pero a quien le falta un poco de esa convicci\u00f3n interior sin la cual no es uno m\u00e1s que un admirable histri\u00f3n\u00bb. La convicci\u00f3n interior de Ozanam se llama fe.<\/p>\n<p>Es cosa bien nueva en la Sorbona, eso de un curso de catolicismo por la historia, valga la expresi\u00f3n, profesado oficialmente y acogido con aplausos en una c\u00e1tedra laica del Estado. Sin duda el reciente triunvirato de los se\u00f1ores Guizot, Cousin y Villemain acababa de arrojar incomparable brillo sobre la ense\u00f1anza superior de las le\u00adtras. Mas si deb\u00eda en parte su \u00e9xito a la elocuencia de esos maestros \u00bf no deb\u00eda su mayor popularidad a la pol\u00edtica del momento, con que esa bella palabra se afanaba en halagar las pasiones y atisar los ardores? El joven profesor cat\u00f3lico, en cambio, caminaba a la defensa de austeras doctrinas, contra la prevenci\u00f3n popular, para una victoria que s\u00f3lo deber\u00e1 algo a la verdad, pero servida por una fuerza de convicci\u00f3n que s\u00f3lo puede equipararse con su cari\u00f1osa dedicaci\u00f3n a esos j\u00f3venes, sus disc\u00edpulos, para los cuales funda una escuela de verdad y a la vez de caridad.<\/p>\n<p>Esa acci\u00f3n es lo que vamos a considerar ahora en el buen maestro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XV: La Sorbona. 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