{"id":123691,"date":"2016-08-31T12:00:35","date_gmt":"2016-08-31T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123691"},"modified":"2016-08-06T07:32:59","modified_gmt":"2016-08-06T05:32:59","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-09","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-09\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 09"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IX: Lyon y Par\u00eds. Doctorado en Derecho<\/h2>\n<p><i>\u00abDos cancilleres de Inglaterra\u00bb.\u2014La organizaci\u00f3n de las conferencias.\u2014El doc\u00adtorado en Derecho.\u2014Perplejidad.\u2014Adioses a Par\u00eds.\u2014Muerte del se\u00f1or Am\u00adp\u00e9re.<\/i><\/p>\n<p>1835-1836<\/p>\n<p>El per\u00edodo que va de los primeros meses de las vacaciones de 1835 a las de 1836, al que llegamos ahora, comprende el \u00faltimo a\u00f1o de los estudios jur\u00eddicos de Ozanam, coronados por el doctorado en derecho. Ese a\u00f1o se divide entre Lyon y Par\u00eds; Lyon donde sus va\u00adcaciones en familia vieron nacer un gran trabajo: <i>Dos cancille\u00adres de Inglaterra; <\/i>Par\u00eds en que su celo se dedica, junto con Lallier, a formular los estatutos de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. Luego, al llegar el verano, asistimos a los adioses del joven doctor en Par\u00eds, y de all\u00ed a su salida para Lyon donde iniciar\u00e1 una carre\u00adra que teme, durante un tiempo que todav\u00eda no puede medir.<\/p>\n<p>En la actualidad, a mediados de agosto de 1835, acabamos de ver a Ozanam a punto de ir a Lyon para reunirse con su madre que lo espera para curarse. Este viaje, que se hac\u00eda entonces en dos d\u00edas y una noche, se se\u00f1al\u00f3 por un incidente y se realiz\u00f3 en una compa\u00f1\u00eda que proporcion\u00f3 a su car\u00e1cter una oportunidad de afir\u00admarse viril y cristianamente.<\/p>\n<p>En la misma diligencia que \u00e9l, hab\u00edan subido un alem\u00e1n, su mu\u00adjer y sus hijos, con destino a Macon, y por lo tanto destinados fa\u00adtalmente a ser sus compa\u00f1eros de viaje casi hasta el final. En cier\u00adta parada, habi\u00e9ndose asomado una hermosa joven al umbral&#8217; de una casa, el alem\u00e1n, interpelando al joven sentado frente a \u00e9l, lo provoc\u00f3 diciendo groser\u00edas chapurreadas en mal franc\u00e9s. En tres palabras en\u00e9rgicas, Federico, crey\u00e9ndose insultado, le impuso si\u00adlencio. Al llegar la noche el hombre volvi\u00f3 a tratar el mismo tema, esta vez en alem\u00e1n, mof\u00e1ndose impunemente con su gente de la casta necedad del joven franc\u00e9s. Ozanam parec\u00eda dormitar en su rinc\u00f3n; pero lo hab\u00eda comprendido todo. Prepar\u00f3 su r\u00e9plica y es\u00adper\u00f3 que amaneciera; cuando clare\u00f3, mirando al hombre de hito en hito, le dispar\u00f3 dos o tres frases escogidas que significaban en buen alem\u00e1n que en Francia un hombre que se respeta no dice semejantes cosas en diligencia y que un padre de familia deber\u00eda avergonzarse de hablar as\u00ed delante de su mujer y de sus hijos.<\/p>\n<p>Estupefacci\u00f3n, confusi\u00f3n del padre; luego miramientos, demos\u00adtraciones de estimaci\u00f3n. No fue todo. En M\u00e1con, donde todo el mundo se apeaba, el alem\u00e1n suplic\u00f3 al estudiante que aceptara un refresco. Era la ma\u00f1ana de la Asunci\u00f3n, Ozanam le dio las gra\u00adcias: iba en ayunas a la iglesia vecina para comulgar en la misa por la fiesta de su madre. Otra especie de asombro se produjo cuan\u00addo un peque\u00f1o limpiabotas italiano se acerc\u00f3 y Ozanam se puso a conversar con el ni\u00f1o extranjero en el idioma de su pa\u00eds. Ese joven hidalgo franc\u00e9s hablaba, pues, tres idiomas.<\/p>\n<p>Hay doce leguas de M\u00e1con a Lyon. Por falta de diligencia, ese d\u00eda, haciendo el camino en parte a pie, en parte en un carricoche que encontr\u00f3 en su camino, Federico no lleg\u00f3 a su casa, en la calle Pisay, sino a las ocho de la noche: \u00abToda la familia reunida para el santo de mi madre se aflig\u00eda de mi retraso. Padre, madre, her\u00admanos, primos, primas, todos estaban all\u00ed: ya se imaginar\u00e1 usted la alegr\u00eda del primer abrazo\u00bb.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Ozanam, bastante aliviada de su padecimiento, conservaba a\u00fan huellas inquietantes; extremada sensibilidad, au\u00admento de actividad febril en las buenas obras: en resumen, una virtud y una bondad angelicales en lucha constante con un orga\u00adnismo enfermizo y nervioso. \u00abTengo muchas preocupaciones en reserva para el invierno pr\u00f3ximo \u2014escribe Federico a Lallier\u2014. Querido amigo, si tiene usted dos lugares que darme en sus ora\u00adciones, d\u00e9le uno a mi madre y otro a m\u00ed. Si s\u00f3lo tiene uno, que sea para mi madre. Rezar por ella es rezar por m\u00ed. A su conserva\u00adci\u00f3n en este mundo est\u00e1 ligada quiz\u00e1s mi salvaci\u00f3n en el otro\u00bb.<\/p>\n<p>La ciudad de Lyon, que en las vacaciones anteriores Ozanam hab\u00eda encontrado sangrando todav\u00eda de las heridas de la insurrec\u00adci\u00f3n de 1834, no presentaba mejor aspecto cuando regres\u00f3 de Par\u00eds en agosto de 1835. La amenaza del c\u00f3lera cern\u00edase sobre todas las cabezas. \u00abAvanzando hacia nuestras puertas \u2014escribe el 23 de septiembre\u2014 la plaga ha subido por el R\u00f3dano hasta quince leguas de nuestra ciudad, empujando a su paso muchedumbres de fugiti\u00advos cuyos relatos ven\u00edan a aumentar el terror de nuestra poblaci\u00f3n impresionable y ardiente. En tanto que unos brutos se preparaban a responder a la invasi\u00f3n del mal con motines y violencias, una po\u00adblaci\u00f3n religiosa acud\u00eda a Nuestra Se\u00f1ora de Fourvi\u00e9re y se arro\u00addillaba al aire libre en el atrio de la Iglesia para cantar c\u00e1nticos de dolor\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1ade ahora: \u00abEn fin, Dios ha glorificado por segunda vez a su Santa Madre y consolado a nuestra pobre ciudad; una segunda vez, la mano que amenazaba golpear se abri\u00f3 para bendecir. El nom\u00adbre de Nuestra Se\u00f1ora de Fourvi\u00e9re ya no provoca una sonrisa en los labios del imp\u00edo que no puede dejar de pensar que tal vez debe su vida a su protecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Todo el tiempo de las vacaciones se resinti\u00f3 de ese estado de co\u00adsas. \u00abEl temor al c\u00f3lera ha helado los esp\u00edritus \u2014escribe a Par\u00eds\u2014. Vive uno aislado y salvaje: ni cenas de amigos, ni paseos de cam\u00adpo\u00bb. Ozanam se consol\u00f3 primero con un viaje que era tambi\u00e9n una peregrinaci\u00f3n a grandes y santos lugares; luego, el resto del tiem\u00adpo, con un trabajo de estudio y de composici\u00f3n del que iba a salir su primer escrito de historia y literatura religiosas: tales fueron sus vacaciones de 1835.<\/p>\n<p>El \u00fanico acontecimiento notable fue, pues, una excursi\u00f3n en el Delfinado, en que visit\u00f3 los lugares m\u00e1s bellos con su hermano sa\u00adcerdote, \u00absu \u00e1ngel de la guardia\u00bb, como lo llama. Culmin\u00f3 en la ascensi\u00f3n de la Cartuja y la estancia de dos d\u00edas y una noche en el gran monasterio. Paso por alto las entusiastas descripciones que hace de \u00abesas alturas sin medida y esos abismos sin fondo\u00bb, huellas y vestigios de las gigantescas convulsiones en que su esp\u00edritu en\u00adcuentra un s\u00edmbolo mayor a\u00fan que el espect\u00e1culo mismo: \u00abEspan\u00adtoso desorden y magn\u00edfico levantamiento para alcanzar el cielo; esfuerzos impotentes, pero siempre renovados: \u00bf No es la imagen del alma humana y de la vida?\u00bb<\/p>\n<p>\u00bf Qu\u00e9 ha visto, pues, en ese desierto? \u00abUna naturaleza que no podr\u00eda describir y hombres que no, podr\u00eda imitar. \u00bf Qu\u00e9 le ense\u00f1\u00f3 \u00e9l monasterid? Sesenta y ocho monjes colocados por encima de los pensamientos y de los deseos como por encima de las moradas de los mortales. . . Un nido solitario en que almas santas, al amparo de las alas de la religi\u00f3n, crecen en el silencio para volar al cielo\u00bb.<\/p>\n<p>All\u00ed, en fin, por encima de las cosas y los hombres, logra escu\u00adchar la voz de la oraci\u00f3n redentora. \u00abAsist\u00ed a los maitines cantados a las once de la noche en su solitaria capilla. O\u00ed ese concierto de sesenta voces inocentes, y pens\u00e9 en todos los cr\u00edmenes que se co\u00admeten en esa hora en nuestras grandes ciudades. Me pregunt\u00e9 si verdaderamente habr\u00eda bastante expiaci\u00f3n para borrar tanta impureza; y record\u00e9 a los justos en presencia de los cuales Dios hu\u00adbiera concedido la salvaci\u00f3n a Sodoma. Regres\u00e9, pues, con el coraz\u00f3n lleno de esperanza, y con un recuerdo que perdurar\u00e1 y podr\u00e1 tal vez servirme de aliento en los d\u00edas aciagos. Acaso brote de todo esto alguna inspiraci\u00f3n virtuosa que un d\u00eda me volver\u00e1 mejor\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esos quince d\u00edas de viaje, Ozanam ya no abandon\u00f3 a su madre a\u00fan doliente. Como \u00e9l mismo lo refiere, a su lado, ante sus ojos, escribi\u00f3 el gran ensayo moral, hist\u00f3rico y cr\u00edtico intitulado: <i>Dos Cancilleres de Inglaterra, <\/i>que mand\u00f3 publicar sucesivamente en art\u00edculos separados en la <i>Revista Europea <\/i>mientras consegu\u00eda m\u00e1s amplia difusi\u00f3n bajo otra forma que ser\u00eda la revelaci\u00f3n del obrero mediante su primera obra grande. A este respecto, merece toda nuestra atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, a ra\u00edz de su licencia y en v\u00edsperas de su doctorado en derecho, las letras se adue\u00f1aban de \u00e9l por completo; pero no las letras por s\u00ed mismas, sino las letras dedicadas a demostrar la tras\u00adcendencia moral del cristianismo en la conciencia humana. Si ese hermoso trabajo de historia no es todav\u00eda m\u00e1s que el ensayo de un elocuente erudito, es ya la obra de un poderoso apologista, que justifica la acci\u00f3n superior de la religi\u00f3n por el contraste de dos retratos que se iluminan uno a otro para hacer resaltar en tal for\u00adma la evidencia de una tesis. Es un punto de la tesis seg\u00fan la cual el cristianismo es el centro desde el que todo irradia en el arte, la historia, las letras, la ciencia, impregnadas de lo divino. De esto da testimonio en la siguiente p\u00e1gina de la introducci\u00f3n, una de las m\u00e1s bellas que hayan salido de su pluma:<\/p>\n<p>\u00abNosotros que nacimos en el seno de la Iglesia \u2014escribe\u2014 y a quienes aliment\u00f3 con sus ense\u00f1anzas, tenemos siempre y en todas partes presente su recuerdo. Queremos a la humanidad con amor filial; pero en ella queremos sobre todo a la Iglesia, por quien todo lo que la humanidad encierra de puro, se engrandece y se depura m\u00e1s a\u00fan. Nos complacemos en penetrar en las regiones de la cien\u00adcia; pero llegamos siempre a alguna de esas verdades religiosas que nos hab\u00edan mostrado ya cuando \u00e9ramos ni\u00f1os. Detenemos la mi\u00adrada sobre los monumentos levantados por la mano de los hombres, a trav\u00e9s de los siglos; pero siempre encontramos en sus cimientos alguna medalla en que se ve acu\u00f1ada la efigie divina. No podemos respirar el aire del mundo sin que en \u00e9l se mezcle algo del perfume de nuestros templos. En medio de la algazara de los sistemas que chocan unos con otros y de las voluntades que se combaten, nues\u00adtros o\u00eddos conservan como una remota resonancia de los cantos sa\u00adgrados. Y cuando nos sentamos al pie de la estatua de los gran\u00addes hombres, nuestros pensamientos, tomando un camino para ellos familiar, nos llevan, sin saberlo, nosotros, a los altares de nuestros santos\u00bb.<\/p>\n<p>En estas disposiciones de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n estaba Ozanam cuando, seg\u00fan cuenta, en el curso de algunos estudios hist\u00f3ricos, llegado al umbral del siglo XVII, se encontr\u00f3 cara a cara con uno de los m\u00e1s poderosos genios que hayan engendrado los tiempos mo\u00addernos: Bacon de Berulam, canciller de Inglaterra, bajo Isabel y Jacobo I. Mas este esp\u00edritu de primer orden s\u00f3lo ofrece un car\u00e1cter degradado hasta la abyecci\u00f3n, esclavo de su propia fortuna, que lo precipita en abismos de ignominia que sonrojan a la historia. Oza\u00adnam retrocede y penetrando en la Edad Media en que su esp\u00edritu ha elegido su morada, encuentra en ella otro canciller de Inglaterra bajo Enrique II, Tom\u00e1s Becket, arzobispo de Canterbury. Este es un hombre de corte, transformado por la religi\u00f3n y la gracia del episcopado en un hombre de Dios, fiel hasta el hero\u00edsmo y sublime hasta el martirio. En esos dos personajes, Ozanam ha visto la re\u00adpresentaci\u00f3n del principio racionalista y del principio cristiano: aqu\u00ed, la raz\u00f3n elevada a su poder m\u00e1s alto de intuici\u00f3n; all\u00e1, la fe sufriendo su prueba m\u00e1s dura por obra de la persecuci\u00f3n. Se dijo entonces: \u00abMediremos al uno con el otro, al grande hombre y al santo, para saber en cu\u00e1l de los dos se eleva m\u00e1s alto y se corona de mayor gloria la naturaleza humana. Habremos experimentado, as\u00ed cu\u00e1l de los dos principias, la filosof\u00eda y la religi\u00f3n, es m\u00e1s fe\u00adcundo en virtud y en grandeza\u00bb. Tal es el trofeo que se propone elevar a la gloria del Evangelio ese joven recluta de apenas veinti\u00add\u00f3s a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>Las dificultades que hab\u00eda presentado y las investigaciones eru\u00additas que hab\u00eda exigido ese estudio paralelo al historiador concienzudo representaron para Ozanam una labor tan ardua que al re\u00adcordarla m\u00e1s tarde, todav\u00eda se queja en sus cartas. Nos habla tam\u00adbi\u00e9n de la ternura que le serv\u00eda de descanso para sus fatigas: \u00abHubo d\u00edas enteros de oscuridad \u2014escribe\u2014 en que, no pudiendo escri\u00adbir una sola l\u00ednea, pas\u00e9 largas horas con mi madre y mi hermano menor, ocupado en ni\u00f1er\u00edas y en olvidar as\u00ed mi dif\u00edcil oficio de escritor\u00bb.<\/p>\n<p>Encontraba otro refugio cerca de otra madre, la Virgen popular de Fourvi\u00e9re en que el gran m\u00e1rtir de Inglaterra ten\u00eda tambi\u00e9n su culto: \u00abFui dos veces a Fourvi\u00e9re y me arrodill\u00e9 ante el altar de Santo Tom\u00e1s de Canterbury; y le ped\u00ed, con el escaso fervor de que soy capaz, que me asistiera en un trabajo emprendido para gloria suya\u00bb. En efecto, el santo proscrito, en la \u00e9poca de sus desgracias, hab\u00eda vivido en Lyon, de la que escribi\u00f3 en una carta: \u00abHe o\u00eddo decir que a orillas del Sa6ne, los hombres son m\u00e1s libres que en otras partes. Ir\u00e9 all\u00ed a pie con uno de mis familiares. Quiz\u00e1s al ver nuestra aflicci\u00f3n, se compadecer\u00e1n de nosotros y nos dar\u00e1n lo ne\u00adcesario para vivir, hasta que nos visite el Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, este bello estudio termina con las&#8217; siguientes l\u00edneas: \u00abY ahora ten\u00e9is ante vosotros dos grandes figuras. El racionalismo for\u00adm\u00f3 a una, el catolicismo a la otra. A vosotros corresponde ver a cu\u00e1l de las dos quer\u00e9is entregar vuestra alma\u00bb. Todo termina en la siguiente oraci\u00f3n, estrofa a la inmortalidad del h\u00e9roe inmolado en aras del derecho cristiano: \u00abDesde hace seiscientos a\u00f1os, cien millones de cat\u00f3licos cultivan con respeto y amor el recuerdo de ese obispo de otra \u00e9poca. Y cuando, en las s\u00faplicas solemnes, repe\u00adtimos la larga letan\u00eda de nuestros santos, entonces \u00a1oh Tom\u00e1s de Canterbury! os invocamos tambi\u00e9n y os saludamos con el nombre m\u00e1s bello que exista en lenguaje humano: \u00a1os saludamos como M\u00e1rtir!\u00bb<\/p>\n<p>Cuando, en la primavera del siguiente a\u00f1o, el se\u00f1or de Coux, antiguo redactor de la <i>Revista Europea, <\/i>present\u00f3 en volumen ese primer libro de su joven colaborador, se abstuvo al principio de elogiar demasiado a una persona tan allegada a \u00e9l: \u00abPero \u2014a\u00f1a\u00adde\u2014 tenemos derecho de decir que se encontrar\u00e1n aqu\u00ed concien\u00adzudos estudios, una instrucci\u00f3n sacada de las fuentes y un profundo sentimiento de la verdad cristana. Es bastante, creemos, para ase\u00adgurar todas las simpat\u00edas del p\u00fablico selecto a quien nos dirigimos, al joven escritor que quiere dedicarse a la grave y laboriosa tarea de defensor de la religi\u00f3n, y que empe\u00f1a en el servicio de la causa cat\u00f3lica todo cuanto tiene de alma y de talento\u00bb.<\/p>\n<p>Eran m\u00e1s elogios de los que deseaba Ozanam. Cuando, termi\u00adnada su obra, la contempl\u00f3, le pareci\u00f3 peque\u00f1a, en comparaci\u00f3n con una obra de caridad que, cerca de \u00e9l, realizaba por aquel en\u00adtonces Pablo de, la Perri\u00e9re; y se dijo a si mismo, confuso, que una buena acci\u00f3n vale m\u00e1s que un buen libro. Escribi\u00f3 entonces: \u00abMientras yo me arrastraba a lo largo de esas pobres p\u00e1ginas, de la Perri\u00e9re terminaba una iglesia en el arrabal en que vive y la ha mandado bendecir. Procur\u00f3 en tal forma el beneficio de la ins\u00adtrucci\u00f3n religiosa y del santo sacrificio a setecientas almas que lo colman ahora de bendiciones. \u00a1Cu\u00e1nto m\u00e1s valen los actos que las palabras y qu\u00e9 verg\u00fcenza tengo de mi papel de escritorzuelo que adem\u00e1s desempe\u00f1o tan mal! Pero al fin y al cabo espero que este trabajo no ser\u00e1 completamente est\u00e9ril. No en vano habr\u00e9 con\u00adtemplado de tan cerca a un santo tan grande, y habr\u00e9, bajado, en cierto modo, hasta sus entra\u00f1as. Espero que el recuerdo que haya tra\u00eddo no me resultar\u00e1 in\u00fatil en los combates de la vida\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de cuatro meses y medio de largas, pero laboriosas va\u00adcaciones, Ozanam anunci\u00f3 su regreso a Par\u00eds en estas l\u00edneas diri\u00adgidas a de La Noue, el 23 de noviembre de 1835: \u00abSalgo dentro de ocho d\u00edas. Este a\u00f1o ser\u00e1 el \u00faltimo de mi estancia. Y mi tiempo quedar\u00e1 todo \u00e9l ocupado por las pruebas que tendr\u00e9 que pasar para recibir los grados de doctor en derecho y de doctor en le\u00adtras. . . No viviremos, sin embargo, ajenos uno a otro. Cuento para ello con el genio de la amistad. Adi\u00f3s, querido poeta ; acu\u00e9rdese usted de m\u00ed en sus pensamientos, en sus sue\u00f1os y en sus oraciones\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que lo llevaba a Par\u00eds era sin duda el trabajo y la redacci\u00f3n de su tesis de doctorado jur\u00eddico; pero era sobre todo su obra por excelencia: la obra de caridad que declaraba superior a la misma ciencia en carta reciente.<\/p>\n<p>Para trabajar mejor en su tesis, hab\u00eda deseado vivir ese \u00faltimo a\u00f1o de 1835-1836, al lado de Lallier, secretario general de la So\u00adciedad de San Vicente de Pa\u00fal, como hab\u00eda vivido el a\u00f1o anterior con Le Taillandier; quien por aquel entonces hab\u00eda regresado ya a Ru\u00e1n. As\u00ed se lo escribi\u00f3 el 16 de noviembre: \u00abMe propongo toda\u00adv\u00eda ir a Lyon del 25 de este mes al 3 del mes entrante. Cuando est\u00e9 en Par\u00eds, tendr\u00e9 que comprar muebles. Usted debe de estar en la misma situaci\u00f3n. \u00bfNo podr\u00edamos alquilar un peque\u00f1o apartamento juntos? Esp\u00e9reme para hacerlo, si puede. La soledad ser\u00eda fatal para mi sosiego: mi imaginaci\u00f3n me devora. Cuando estoy solo, siempre me parece que alg\u00fan demonio est\u00e1 a mi vera. Con amigos cristianos siento inmediatamente el cumplimiento de la pro\u00admesa de Aquel que se comprometi\u00f3 a estar en cualquier lugar en que se reunieran en su nombre. Vivir\u00edamos como dos hermanos. Yo le suplicar\u00eda que mortificara mi indomable amor propio; jun\u00adtos, tratar\u00edamos de ser mejores. Combinar\u00edamos nuestras obras de caridad; madurar\u00edamos nuestros proyectos de trabajo; nos dar\u00eda\u00admos \u00e1nimo en nuestros momentos de depresi\u00f3n. Nos consolar\u00edamos en nuestras tristezas\u00bb.<\/p>\n<p>Desde que hab\u00edan aprendido a conocerse mejor, Ozanam y La\u00adllier hab\u00edan congeniado cada vez mejor. Muchas cosas los acer\u00adcaban uno a otro. El padre de Lallier era m\u00e9dico en joigny. Uno de sus t\u00edos era presidente del tribunal en la misma ciudad; otro t\u00edo sacerdote, profesor en el mismo lugar, luego superior del colegio real de Orl\u00e9ans, despu\u00e9s can\u00f3nigo y vicario general de Sens, hab\u00eda conquistado fama de humanista en la universidad as\u00ed como de administrador episcopable en el clero. Francisco, su sobrino, era, como Ozanam, un cristiano cabal. Dos amigos suyos, Lamache <i>y <\/i>de la Perri\u00e9re, han dado de \u00e9l el siguiente testimonio: \u00abOzanam era la iniciativa ardiente, la ciencia precoz, la franqueza conquis\u00adtadora y comedida, la seducci\u00f3n de los grandes pensamientos y de los sentimientos elevados. Era con mucho entre nosotros <i>primus in-ter pares. <\/i>Lallier era s\u00fa ayudante: fuerte inteligencia, profunda bondad, gran sentido com\u00fan, m\u00e1s raz\u00f3n que imaginaci\u00f3n, m\u00e1s so\u00adlidez que brillo; reservado, casi fr\u00edo, pero ardiente coraz\u00f3n y, en la intimidad, rebosante de ternura; severo como un magistrado, con una llaneza sencilla y afectuosa que le vali\u00f3 entre nosotros el nom\u00adbre de el T\u00edo Lallier\u00bb<span id='easy-footnote-1-123691' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-09\/#easy-footnote-bottom-1-123691' title='V. sobre el se\u00f1or Presidente Francisco Lallier: &lt;i&gt;La Semana Religiosa &lt;\/i&gt;de Sens y de Auxerre, t. XXIV, a\u00f1o de 1887. Rese\u00f1a biogr\u00e1fica en siete art\u00edculos, p. 39 a p. 153. E informe del se\u00f1or Julliot a la Asamblea general de San Vicente de Pa\u00fal de Sens, domingo de Ramos de 1887'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Ozanam lleg\u00f3 a no poder prescindir de \u00e9l, queriendo en todo ser aprobado por \u00e9l, amado por \u00e9l. La misma carta lo confiesa humildemente: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 ego\u00edsta soy! Usted sabe cu\u00e1ntas veces en Par\u00eds, platicando con usted, mendigaba, por decirlo as\u00ed, elogios, provo\u00adcando esas pruebas de amistad con que me ha colmado usted. Una noche, por ejemplo, me dijo que rezaba nominativamente por m\u00ed. Y desde aquel d\u00eda no han salido de mi coraz\u00f3n esas palabras. . .\u00bb<\/p>\n<p>\u00abCombinaremos juntos nuestras obras de caridad\u00bb, acababa de escribir Ozanam. Era una hora solemne para la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. Las cuatro conferencias de Par\u00eds, Saint-Etienne\u00addu-Mont, San Sulpicio, Saint-Philippe-du-Roule, Nuestra Se\u00f1ora de Buena Nueva eran otras tantas tierras en plena producci\u00f3n. Adem\u00e1s la obra rebasaba Par\u00eds. Ya vimos al se\u00f1or L\u00e9once Curnier fundarla en Nimes. El joven pintor Janmot la hab\u00eda llevado a Ro\u00adma, donde se le uni\u00f3 Claudius Lavergne. El propio Ozanam hab\u00eda arrojado la primera semilla en ese suelo lion\u00e9s donde pronto la veremos brotar en medio de las espinas y dar bellos frutos. Ya se pod\u00eda presentir el universal florecimiento en las principales ciuda\u00addes de Francia donde lo importaban, al regresar, los j\u00f3venes estu\u00addiantes cristianos, miembros de las Conferencias de Par\u00eds. Hab\u00eda llegado la hora de ligarlas a todas entre s\u00ed en lo que Ozanam lla\u00admaba una confederaci\u00f3n fraternal, que tuviera su&#8217; reglamento, su ley, al mismo tiempo que conservara su hogar central y familiar en Par\u00eds, de donde hab\u00eda salido.<\/p>\n<p>Ese reglamento era obra piadosa y juiciosa del se\u00f1or Bailly y de Lallier que le hab\u00edan consagrado su tiempo durante las vacaciones de 1835. El se\u00f1or Bailly lo comunic\u00f3 a los cofrades en la primera Asamblea general, celebrada el 21 de febrero de 1836. Tuvo buen cuidado de recordar que ese reglamento,, formado, no con teor\u00edas preconcebidas sino con experiencias adquiridas, se hab\u00eda concer\u00adtado entre los miembros de las conferencias, antes de su divisi\u00f3n en secciones. Las consideraciones preliminares, escritas por \u00e9l, pe\u00adnetradas del esp\u00edritu de humildad, de uni\u00f3n, de caridad que debe animar a los cofrades entre s\u00ed, lo mismo que del sentimiento de sus deberes hacia las autoridades eclesi\u00e1sticas, est\u00e1n tomadas todas ellas de las palabras y de los escritos de San Vicente de Pa\u00fal. El verdadero legislador de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal es el propio San Vicente.<\/p>\n<p>El reglament\u00f3 propiamente dicho, redactado por Lallier, secre\u00adtario general, lleva en el <i>Manual <\/i>de la sociedad la fecha de diciem\u00adbre de 1835, exactamente la del regreso de Ozanam a Par\u00eds, donde volvi\u00f3 a ocupar su lugar cerca de su amigo. Su mano no se ve cla\u00adramente en ninguna parte; pero \u00bf pod\u00eda su esp\u00edritu permanecer ajeno a esas reglas? Se inicia con las siguientes l\u00edneas: \u00abHe aqu\u00ed, por fin, el comienzo de organizaci\u00f3n escrita que anhel\u00e1bamos, etc. . .\u00bb Termina con \u00e9stas: \u00ab\u00a1Animo, pues! Reunidos o separados, de cerca o de lejos, am\u00e9monos; quer\u00e1monos y sirvamos a los pobres. Queramos a esta peque\u00f1a Sociedad que nos ha permitido conocernos mutuamente, que nos ha puesto en el camino de una vida m\u00e1s caritativa y m\u00e1s cristiana. Amemos nuestros usos, amemos nuestras reglas: si las observamos fielmente, creamos que nos guardar\u00e1n y que guardar\u00e1n nuestra obra. &#8216;Se hace tanto mal \u2014dec\u00eda un santo sacerdote\u2014: hagamos un poco de bien&#8217;. \u00a1Oh! \u00a1cu\u00e1nto nos felicita\u00adremos de no haber dejado pasar in\u00fatiles los d\u00edas de nuestra juven\u00adtud! La juventud es un campo que es preciso cosechar; miremos en torno nuestro, recojamos, recojamos con cuidado las espigas que se hallan a nuestros pies. Esa gavilla ser\u00e1 para nosotros una pro\u00advisi\u00f3n que durar\u00e1 la vida entera, pues la habr\u00e1 bendecido el Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Las cartas impresas de Ozanam, para el a\u00f1o de 1836, son muy raras: s\u00f3lo hay tres. El mismo se disculpa por el doble trabajo de ese \u00faltimo a\u00f1o decisivo, y declara que est\u00e1 tan agobiado que casi desespera de poder realizar la tarea que se impuso. \u00abEl tiempo se me va y me traiciona. Ya no me queda para satisfacer a la vez los deberes del estudio y de la amistad\u00bb.<\/p>\n<p>De ese a\u00f1o escribir\u00e1 m\u00e1s tarde \u00e9l mismo a su hermano menor: \u00abEmpieza, pues, a conocer, mi pobre amigo, las asperezas del ofi\u00adcio de joven. Anta\u00f1o era la guerra, hoy son los ex\u00e1menes. A buen seguro, hay per\u00edodos de trabajo que bien valen por una campa\u00f1a. En 1836-1837, trabaj\u00e9 durante cinco meses regularmente diez ho\u00adras diarias, sin contar los cursos, y catorce y quince horas el \u00faltimo mes. Se requiere mucha prudencia para que no se quebrante la salud; pero poco a poco se acostumbra el organismo\u00bb. Esa pru\u00addencia \u00bf acaso la tuvo jam\u00e1s Ozanam para s\u00ed mismo?<\/p>\n<p>El 30 de abril de 1836, Ozanam sostuvo honorablemente sus dos tesis de doctorado en derecho cuyos temas eran: para el derecho romano, <i>De Interdictis; <\/i>para el derecho franc\u00e9s, <i>De, la Prescrip\u00adci\u00f3n, con el fin de adquirir. <\/i>Raros eran entonces los estudiantes en derecho que llevaban sus estudios hasta el doctorado, que en aque\u00adlla \u00e9poca no les confer\u00eda otra prerrogativa que la capacidad de la ense\u00f1anza superior en una facultad. Ozanam hab\u00eda de aprovechar dicha ventaja un d\u00eda.<\/p>\n<p>Poco se alegr\u00f3 de ese \u00e9xito. Lo que de costumbre, para otros, es como poner el pie en el estribo, fue para \u00e9l una soga alrededor del cuello. Doctor en derecho, pertenec\u00eda en lo sucesivo y definiti\u00advamente a la barra, al Palacio de justicia, a la carrera que recha\u00adzaba. Por ella, tendr\u00eda que renunciar sin esperanza a la profesi\u00f3n literaria, al apostolado de las letras; a esas Bellas Letras que hab\u00edan sido la novia de su infancia y de su juventud, a las que hab\u00eda dado tantas prendas de su amor y que le hab\u00edan proporcionado tan no\u00adbles y santas alegr\u00edas: \u00a1escribir para Dios, hablar para Dios! A mi entender, el per\u00edodo que sigui\u00f3 inmediatamente al doctorado en derecho es una de las horas m\u00e1s dolorosas en la vida de Ozanam.<\/p>\n<p>Su regreso a Lyon lo aterroriza: \u00abVoy, pues, a dejar Par\u00eds; pero \u00bf qu\u00e9 har\u00e9 en Lyon? Querr\u00e1n que litigue. \u00bf Voy a limitarme a la estrecha &#8216;esfera del foro? Ser\u00eda duro para m\u00ed. Querido amigo \u00bf esta aversi\u00f3n que siento por&#8217; la abogac\u00eda ser\u00e1 orgullo? \u00bfY este amor por los altos estudios, ser\u00e1 vocaci\u00f3n? \u00bf Ser\u00e1 inspiraci\u00f3n venida de arri\u00adba o tentaci\u00f3n de abajo? \u00bfTodo lo que he escrito y hecho desde hace cinco a\u00f1os, ser\u00e1 raz\u00f3n, ser\u00e1 locura?\u00bb<\/p>\n<p>Lo pregunta humildemente a Dios, como un hijo: \u00ab\u00a1Oh mi que\u00adrido amigo, rece usted para que Dios responda a todas estas pre\u00adguntas que diariamente le dirijo! Me parece que estoy resignado a hacer su voluntad, por humilde que sea el papel y dolorosa la mi\u00adsi\u00f3n que me depare. Mas \u00a1que esta voluntad me sea conocida! .\u00a1Que ya no viva, como desde hace cinco a\u00f1os, dividido contra mi mismo, es decir d\u00e9bil, impotente, in\u00fatil.\u00bb<\/p>\n<p>Otras veces, se acusa. Es doctor, ciertamente; pero \u00bf es tan doc\u00adto como hubiera podido y debido serlo? Ser\u00e1 abogado, jurista, ju\u00adrisconsulto; pero \u00bf lo ser\u00e1 en el lugar en que hubiera debido colo\u00adcarse? \u00ab\u00a1Ah! \u2014confiesa en esa hora\u2014 si hubiese consagrado al estudio exclusivo del derecho las facultades que Dios me ha dado y los cinco a\u00f1os de estancia en Par\u00eds que me han concedido mis padres, hubiera podido adquirir en la barra un lugar que ahora ya no espero alcanzar. Todas estas reflexiones me agitan y me ator\u00admentan; y la necesidad en que voy a encontrarme de tomar una posici\u00f3n definitiva, me agobia. Tengo miedo de causar muchas pe\u00adnas a mis queridos padres; \u00a1y sin embargo usted sabe que merecen ser amados!\u00bb<\/p>\n<p>En cuanto a pactar con las letras haciendo de ellas, no su pro\u00adfesi\u00f3n, sino su recreo, no se puede pensar en ello: \u00abNo \u2014protesta\u2014, mi naturaleza, esp\u00edritu y coraz\u00f3n, se niega a esa divisi\u00f3n. La pasi\u00f3n que las letras han encendido en m\u00ed exige toda mi vida y se adue\u00f1a de toda mi alma. Y as\u00ed, estoy colocado en la alternativa de renunciar a una u otra carrera, no pudiendo seguirlas ambas. Pero \u00bf c\u00f3\u00admo resolverme a decir un eterno adi\u00f3s a las letras, esas amigas tan severas que me hacen pagar\u00edan caro su familiaridad?\u00bb<\/p>\n<p>Luego, si ten\u00eda miedo de Lyon, a\u00f1oraba a Par\u00eds. En vez de salir de viaje inmediatamente despu\u00e9s de su doctorado en derecho per\u00admaneci\u00f3 all\u00ed hasta las vacaciones. Era el primer lugar para el trabajo de la preparaci\u00f3n del doctorado en letras, \u00fanica soluci\u00f3n posible en ese cruel callej\u00f3n sin salida. Estaba atado, adem\u00e1s, por toda clase de lazos de religi\u00f3n, de amistad y de caridad. As\u00ed lo hab\u00eda escrito anteriormente: \u00abSin duda, aspiro a encontrarme de nuevo con mis padres. Me parece que me necesitan; siento que los necesito yo. Y sin embargo ser\u00e1 duro, ser\u00e1 cruel para m\u00ed dejar el lugar de mi destierro, decir adi\u00f3s a quienes me lo han hecho tan grato y renunciar a esas reuniones fraternales que nada podr\u00e1 sustituir\u00bb.<\/p>\n<p>Eran las reuniones de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, sus fiestas, sus peregrinaciones, como \u00e9sta de Nanterre a la que convo\u00adc\u00f3 de nuevo, el 11 de junio, a uno de ellos, Gustavo de La Noue, que viv\u00eda en Auteuil: \u00abIr\u00e9 a verlo dentro de unos d\u00edas. Mientras, el domingo pr\u00f3ximo, a una legua y media de su casa, una tropa compuesta toda ella de sus amigos, se reunir\u00e1 para ir en cortejo a la procesi\u00f3n de Nanterre. Venga usted a unirse con ellos, mi que\u00adrido de La Noue. Venga a pasar con nosotros unos ratos de fe y de\u201e amor. Venga a arrojar las flores y el incienso de sus pensamientos al paso del Dios salvador\u00bb.<\/p>\n<p>Lallier les har\u00eda falta: \u00abUsted sabe \u2014le escribe\u2014 que ser\u00e1 muy duro para m\u00ed privarme de usted, este a\u00f1o. Recorramos a menudo la distancia en pensamiento: escrib\u00e1monos, aconsej\u00e9monos, pres\u00adt\u00e9monos mutuo sost\u00e9n. Creo que debe usted necesitarlo, puesto que es usted hombre; pero yo lo necesito m\u00e1s a\u00fana Adi\u00f3s, mi querido La\u00adllier. Ojal\u00e1 vuelva a verlo pronto\u00bb.<\/p>\n<p>Viv\u00eda tambi\u00e9n en esta ciudad uno de sus maestros m\u00e1s queridos y venerados que lo ten\u00eda encadenado. El m\u00e1s grande y el m\u00e1s tierno desapareci\u00f3 por aquel entonces. La v\u00edspera del d\u00eda en que dirigi\u00f3 a de La Noue esa graciosa y religiosa nota, el 10 de junio, expiraba, en Marsella, el hombre a quien Ozanam llamaba su segundo pa\u00addre, el ilustre Andr\u00e9s Mar\u00eda Amp\u00e9re, a la edad de sesenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>El consuelo de Ozanam hab\u00eda sido prestar hasta el fin a ese gran hombre la asistencia de su pluma, como lo demuestra esta afec\u00adtuosa carta del 10 de septiembre de 1835: \u00abMi querido y excelente amigo \u2014le escrib\u00eda Amp\u00e9re\u2014 d\u00f3nde encontrar\u00e9 palabras para ex\u00adpresar toda mi gratitud por su art\u00edculo al que concedo un valor inestimable? Esta gratitud durar\u00e1 tanto como mi vida\u00bb.<\/p>\n<p>La muerte del gran cristiano hab\u00eda sido valiosa ante Dios. A quienes se informaban de su salud, respond\u00eda: \u00ab\u00a1Mi salud! \u00a1mi salud! No se trata de eso. En esta hora, s\u00f3lo hay que pensar en las verdades eternas\u00bb. Ozanam deposit\u00f3 sobre la tumba de este pa\u00adternal amigo un homenaje que lo era ante todo para la religi\u00f3n que lo hab\u00eda hecho tan bueno y al mismo tiempo tan grande. \u00abEra hermoso ver de cerca lo que el cristianismo hab\u00eda podido hacer en el interior de su gran alma: esa admirable sencillez, pudor del ge\u00adnio que lo sab\u00eda todo y se ignoraba a s\u00ed mismo: esa caridad tan amena y tan comunicativa; esa benevolencia que daba a todos, pero sobre todo a los j\u00f3venes. . .\u00bb Y Ozariam lo llamaba por \u00faltima vez su segundo padre.<\/p>\n<p>Lo llor\u00f3 mucho tiempo, asociado \u00edntimamente al dolor de su hi\u00adjo, como se lo recordaba un ario despu\u00e9s: \u00abSe\u00f1or y amigo, recuerdo un d\u00eda en que vino usted a visitarme en mi peque\u00f1o cuarto. Ambos ten\u00edamos l\u00e1grimas en los ojos. Yo le dec\u00eda a usted que ten\u00eda prisa de regresar con mi familia para aprovechar todas las horas que Dios concediera a mis ancianos padres. El ejemplo de su desgra\u00adcia me inclinaba a pensar con terror en la posibilidad de una des\u00adgracia semejante\u00bb.<\/p>\n<p>En Lyon, cerca de ellos, volvemos a encontrar a Federico a fi\u00adnes de julio de 1836. Lyon recobraba, por espacio de cuatro a\u00f1os, la posesi\u00f3n de su hijo. Durante esa estancia, a menudo volver\u00e1 la mirada hacia ese dulce \u00abdestierro de Par\u00eds\u00bb, que le hab\u00eda dado, dec\u00eda, los cinco a\u00f1os m\u00e1s hermosos y felices de su vida. Unos dos a\u00f1os despu\u00e9s, trazaba el siguiente cuadro recapitulativo y encanta\u00addor en una carta a Lallier del 17 de mayo de 1838: \u00abNo se ima\u00adgina usted, querido amigo, qu\u00e9 indecible encanto tienen para m\u00ed todas esas humildes escenas de nuestra vida de estudiantes, cuando las recuerdo en la penumbra del pasado que las idealiza. Las reu\u00adniones vespertinas en las conferencias del se\u00f1or Gerbet, que ten\u00edan un poco el prestigio del misterio y en las cuales nos conocimos por primera vez. &#8216;Esas luchas hist\u00f3ricas, filos\u00f3ficas de la conferencia a las que llev\u00e1bamos un entusiasmo de tan buena ley, en que pon\u00eda\u00admos de tan buena gana en com\u00fan todos los \u00e9xitos. Las peque\u00f1as asambleas de caridad de la calle del Petit-Bourbon-Saint-Sulpice, la primera de las cuales se celebr\u00f3 en mayo a pesar de lo que diga Lamache, y yo insisto en ello. ,Y aquella famosa velada en que asis\u00adtimos a los adioses de la Academia de San Jacinto y regresamos, sin descansar, a redactar la petici\u00f3n a Monse\u00f1or de Duelen. Y esa visita improvisada en que fuimos a casa del arzobispo temblando y sostuvimos un asalto tan rudo del que salimos muy conmovidos. Y los principios de Lacordaire en Estanislao; y sus triunfos en Nuestra Se\u00f1ora, que eran un poco los nuestros. Y la redacci\u00f3n de la <i>Revista Europea <\/i>en la sala del se\u00f1or Bailly. Y las vicisitudes de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal: esa famosa sesi\u00f3n del \u00faltimo d\u00eda de di\u00adciembre de 1834 en que se discuti\u00f3 la divisi\u00f3n, en que Le Taillan\u00addier lloraba, en que La Perri\u00e9re y yo nos tratamos con tanta aspe\u00adreza, y en que todo termin\u00f3 con un abraz\u00f3 m\u00e1s amistoso que nunca, dese\u00e1ndonos un a\u00f1o feliz al d\u00eda siguiente. Y junto con esto, las ce\u00adnas de navidad, las procesiones de Corpus; las rosas silvestres que florec\u00edan tan bellas en el camino de Nanterre; las reliquias de San Vicente de Pa\u00fal llevadas a cuestas a Clichy. Y -tambi\u00e9n, el inter\u00adcambio de tantos servicios; nuestro coraz\u00f3n tantas veces desaho\u00adgado entre hermanos: los consejos, los ejemplos; el llanto secreto derramado al pie .de los altares cuando rez\u00e1bamos juntos; en fin, hasta los paseos en torno de las lilas del Luxemburgo, o en la plaza de Saint-Etienne-du-Mont, cuando el claro de luna dibujaba tan bien los tres grandes edificios.<\/p>\n<p>\u00abTodo esto, querido amigo m\u00edo, se convierte para m\u00ed en el fondo del cuadro de mis pensamientos; todo esto arroja una luz suave y un poco triste sobre mi actual existencia. Del mismo modo, la historia, al alejarse,, se convierte en poes\u00ed\u00e1. Tambi\u00e9n yo tengo mi Edad de oro, mis tiempos heroicos y legendarios. Mas lo que es y sigue siendo verdadero, lo que ha arrojado ra\u00edces m\u00e1s profundas, no s\u00f3lo en mi imaginaci\u00f3n, sino en mi coraz\u00f3n, son los afectos for\u00admados durante este per\u00edodo de mi vida. . . Adquiero diariamente mayor seguridad de ello, cuando llega alguna carta de vosotros, alguna noticia de Lamache, de Le Taillandier, de Pessonneaux o de otros amigos. Esto me permite olvidar las inquietudes del tiem\u00adpo actual<sub>:<\/sub> Y si no fuera rid\u00edculo emplear esta expresi\u00f3n a los veinti\u00adcinco a\u00f1os de edad, dir\u00eda que me rejuvenece\u00bb.<\/p>\n<p>Asimismo y acaso mejor, escrib\u00eda a Le Taillandier desde el 21 de agosto de 1837: \u00ab\u00a1Amigo m\u00edo, ojal\u00e1 cada uno de nosotros al envejecer en a\u00f1os, envejezca tambi\u00e9n en amistad, en piedad, en celo para el bien! Ojal\u00e1 nuestra vida entera transcurra bajo el pa\u00adtrocinio de aquellos a quienes dedicamos nuestra juventud: Vi\u00adcente de Paul, la Virgen Mar\u00eda y jesucristo Nuestro Salvador. Adi\u00f3s, lo querr\u00e9 siempre con cari\u00f1o\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IX: Lyon y Par\u00eds. 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