{"id":123690,"date":"2016-08-30T12:00:35","date_gmt":"2016-08-30T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123690"},"modified":"2016-08-06T07:32:31","modified_gmt":"2016-08-06T05:32:31","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-08","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-08\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 08"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo VIII: Joven alma de ap\u00f3stol<\/h2>\n<p><i>Divisi\u00f3n de la conferencia.\u2014Vicente de Pa\u00fal, el ante pasado.\u2014Los fines y el esp\u00edritu de la obra.\u2014\u00bbSacrificarse hasta el martirio\u00bb.\u2014P humilde ap\u00f3stol. Doble estudio: Licenciado en Letras y Doctor en Derecho.<\/i><\/p>\n<p>1835<\/p>\n<p>A fines de noviembre de 1834, encontramos a Ozanam \u00abinstalado en un precioso departamento que s\u00f3lo tiene un defecto: estar si\u00adtuado en el sexto piso. Por lo dem\u00e1s, buen aire y vista sobre los jardines\u00bb. No vive solo; tiene de compa\u00f1ero \u00aba un joven muy ama\u00adble, que posee instrucci\u00f3n y sobre todo mucho sentido pr\u00e1ctico\u00bb. Era Augusto Le Taillandier, su cofundador de la Conferencia de La Caridad. \u00abLo \u00fanico que censuro en \u00e9l es que no sea lion\u00e9s; y que, aunque vivimos juntos, tengamos, por desgracia, la perspec\u00adtiva de separarnos dentro de un a\u00f1o, y para siempre. En verdad, somos grandes y poderosos se\u00f1ores\u00bb.<\/p>\n<p>De esa convivencia de feliz memoria, Ozanam pudo escribir dos a\u00f1os despu\u00e9s a ese buen compa\u00f1ero: \u00ab\u00a1Ay! querido amigo, hace s\u00f3lo dos a\u00f1os viv\u00edamos juntos como dos hermanos y nuestras vidas se confund\u00edan en una sola. \u00a1Cu\u00e1n grato es para m\u00ed el recuerdo de aquel tiempo!\u00bb<\/p>\n<p>Para esos dos amigos y hermanos en San Vicente de Pa\u00fal, el a\u00f1o acad\u00e9mico de 1834-1835, que pasaron juntos, se se\u00f1al\u00f3 por un r\u00e1\u00adpido desarrollo de la obra en Par\u00eds. La dejamos con veinte o veinti\u00adcinco miembros, a fines de su primer a\u00f1o, en 1833. En 1834, en que estamos ahora, el perfume de caridad que exhalaba hab\u00eda empezado a difundirse e irradiar hacia afuera. Uno de los admi\u00adnistradores de la Oficina de Beneficencia del XIIo. distrito, el se\u00f1or Vollot, pidi\u00f3 el concurso de los cofrades para la visita de los indigentes asistidos. Se lo dieron generosamente. El l de febrero de 1834, la sociedad tom\u00f3 posesi\u00f3n de ese servicio que sigui\u00f3 pres\u00adtando en los a\u00f1os siguientes.<\/p>\n<p>En esos mismos d\u00edas, el 4 de febrero, se empez\u00f3 a a\u00f1adir a la oraci\u00f3n de cada sesi\u00f3n la invocaci\u00f3n del patr\u00f3n: \u00abSan Vicente de Pa\u00fal, ruega por nosotros\u00bb. Al mismo tiempo, se adoptaba, como fiesta principal de la sociedad, la del propio santo, que se celebra el 19 de julio. Ozanam hab\u00eda pedido que la Conferencia se coloca\u00adra asimismo bajo el patronato de la Sant\u00edsima Virgen. Se a\u00f1adi\u00f3 el <i>Ave Mar\u00eda <\/i>a las oraciones corrientes de las reuniones y se de\u00adcidi\u00f3 celebrar con particular devoci\u00f3n la fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 12 de abril, los miembros de la conferencia se reunieron en la capilla de los Lazaristas, calle de S\u00e9vres, para venerar las reliquias de San Vicente de Pa\u00fal que acababan de reintegrar a esa capilla, despu\u00e9s de una estancia de cuatro a\u00f1os en el colegio de Roye, en Picard\u00eda, donde hab\u00edan permanecido ocultas desde la Revoluci\u00f3n de julio.<\/p>\n<p>Cada vez m\u00e1s, el culto de ese \u00abpadre de la patria\u00bb, como lo ha\u00adb\u00eda apodado su siglo, hab\u00eda ido aumentando en esos j\u00f3venes cora\u00adzones. Un d\u00eda de esa\u00bb misma \u00e9poca, una \u00e9lite de los cofrades enca\u00adbezados por Ozanam, resolvi\u00f3 ir a celebrar su fiesta en la modesta parroquia suburbana de Clichy, de la cual Monsieur Vincent (San Vicente de Pa\u00fal) hab\u00eda sido cura hasta 1612. Estos j\u00f3venes disc\u00ed\u00adpulos de su caridad no eran s\u00f3lo sus feligreses de coraz\u00f3n, sino que se consideraban como sus herederos, sus hijos; y a ese t\u00edtulo solici\u00adtaron el honor de llevar sobre sus hombros el arca del santo, en la procesi\u00f3n. \u00abPues, crea usted bien \u2014hab\u00eda escrito Ozanam\u2014 que Vicente de Pa\u00fal no era hombre que construyera sobre la arena y para dos d\u00edas. Las grandes almas que se acercan m\u00e1s a Dios to\u00adman, en ese contacto, algo de prof\u00e9tico: no dudemos, pues, que San Vicente no haya tenido una visi\u00f3n anticipada de los males y de las necesidades de nuestra \u00e9poca. Todav\u00eda los alivia; y como todos los grandes fundadores, no deja de tener su posteridad espiritual, siempre viva y activa enmedio de las ruinas del pasado\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed pues, nosotros tambi\u00e9n, en ese <i>patr\u00f3n, <\/i>honraremos a un <i>pa\u00addre. \u00bfQui\u00e9n <\/i>sabe si un d\u00eda no veremos a los hijos de nuestra vejez refugiarse en el amplio hogar de una Sociedad cuyos fr\u00e1giles prin\u00adcipios habremos visto? Ser\u00e1 la regeneraci\u00f3n cuya ola creciente como la de un r\u00edo bienhechor habr\u00e1 de renovar la faz y de fecundar el suelo de nuestra pobre patria\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, resumiendo su pensamiento en pocas palabras, Ozanam declara \u00abque un patr\u00f3n es un ideal que es preciso proponerse, un tipo superior que es preciso realizar, una vida que es preciso con\u00adtinuar, un modelo en la tierra y un protector en el cielo\u00bb.<\/p>\n<p>Gracias a nuevos reclutas, entre los cuales varios muy notables, co\u00admo Henri Wallon, que muri\u00f3 siendo decano del Senado y secretario perpetuo de la Academia de Inscripciones, y Teodoro Henri Martin, m\u00e1s tarde decano de la facultad de letras de Rennes, en las vaca\u00adciones del mismo a\u00f1o de 1834, los miembros de la Conferencia se hab\u00edan vuelto lo bastante numerosos para que no se interrumpiera la visita a los pobres. Ozanam hab\u00eda dicho: \u00abSe\u00f1ores, no olvide\u00admos que los pobres no tienen vacaciones\u00bb. Cofrades serviciales do\u00admiciliados en Par\u00eds substitu\u00edan en tal caso a los ausentes. El m\u00e1s abnegado de esos suplentes era el se\u00f1or Le Pr\u00e9vost, cada vez m\u00e1s acreditado en la Sociedad.<\/p>\n<p>En la primera reuni\u00f3n que sigui\u00f3 a su regreso de Lyon, Ozanam puso a los cofrades al corriente de su correspondencia con el se\u00f1or Curnier, respecto a la fundaci\u00f3n de una conferencia en Nimes. \u00abTuve que leer gran parte de su carta \u2014le dec\u00eda\u2014 a nuestros co\u00adlegas reunidos en presencia del cura de la parroquia que se dig\u00adn\u00f3 presidirnos ese d\u00eda. La impresi\u00f3n que les dej\u00f3 su carta s\u00f3lo puede traducirse por estas palabras de uno de ellos: Parece de veras la caridad de los primeros siglos!&#8217; \u00bb<\/p>\n<p>Ozanam predec\u00eda a su amigo de Nimes \u00abnuevos arreglos que ser\u00edan necesarios, dentro de la Conferencia, debido al aumento del n\u00famero de sus miembros, que llegaba ya a los cien\u00bb. \u2014\u00bbEs pro\u00adbable que en tal forma tendremos que dividirnos en varias seccio\u00adnes que celebrar\u00e1n peri\u00f3dicamente, por lo dem\u00e1s, una asamblea com\u00fan\u00bb. Era una necesidad. La casa de la plaza de la Vieille Estrapade se hab\u00eda vuelto a su vez demasiado estrecha. Las re\u00aduniones eran demasiado confusas, y las sesiones insuficientes para el informe de cada visita a los pobres y la exposici\u00f3n sumaria de sus necesidades. \u00bf No h\u00e1b\u00eda llegado la hora de ampliar el c\u00edrculo de acci\u00f3n, estableciendo una segunda conferencia, seguida acaso de otras? Era una grave pregunta y un importante asunto. Sec\u00adcionarse \u00bfno era disgregarse, desunirse,? No, ser\u00eda engrandecerse. En efecto, reclutas de la juventud asaltaban al Cen\u00e1culo y le pe\u00add\u00edan que les abriera sus puertas o formara nuevos enjambres.<\/p>\n<p>El 16 de diciembre, Ozanam propuso que se realizara una divisi\u00f3n en tres secciones distintas, pero ligadas entre s\u00ed. \u00abLa pro\u00adposici\u00f3n provoc\u00f3 al principio una tempestad tan violenta \u2014cuen\u00adta un testigo, Claudius Lavergne\u2014 que, en vez de fingir que dor\u00adm\u00eda, como sol\u00eda hacerlo en tales casos el se\u00f1or Bailly, presidente, \u00e9ste se apresur\u00f3 a aplazar la discusi\u00f3n ocho d\u00edas e hizo nombrar una comisi\u00f3n compuesta de tres miembros de cada uno de los dos partidos\u00bb. Mientras Lallier y Arthaud sosten\u00edan el proyecto de Ozanam, otros, como Le Taillandier y Paul de la Perri\u00e9re, lo combat\u00edan o ped\u00edan que se aplazara, por apego a la unidad que tantas y tan preciosas amistades hab\u00eda cimentado. \u00abEn cuanto al se\u00f1or Bailly, sin salir de su papel de \u00e1rbitro imparcial, dejaba tras\u00adlucir que la moci\u00f3n no le agradaba mucho\u00bb. De donde se puede inferir que la inspiraci\u00f3n no hab\u00eda descendido sobre \u00e9l y que en su cerebro no hab\u00eda nacido el concepto de la gran obra ilimitada de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>\u00abEl cofrade que, el 23 de diciembre, lanz\u00f3 esa antorcha de discordia \u2014prosigue Claudius\u2014 era, sin embargo, el m\u00e1s dulce, el m\u00e1s pac\u00edfico, el m\u00e1s reflexivo de los cofrades. Basta nombrar a Le Pr\u00e9vost de Pr\u00e9ville, uno de los miembros m\u00e1s recientes, es cierto, pero el m\u00e1s escuchado de todos, despu\u00e9s de Ozanam. Yo formaba parte de la oposici\u00f3n, y cuando Paul de la Perri\u00e9re, nues\u00adtro orador, nos desarroll\u00f3 los argumentos bajo los cuales se pre\u00adparaba a aplastar a Le Pr\u00e9vost, no me pareci\u00f3 que su discurso fue\u00adse lo bastante fulminante. La tormentosa, pero indecisa sesi\u00f3n del 23 resolvi\u00f3 con \u00e9l un aplazamiento\u00bb.<\/p>\n<p>Un inesperado apoyo recibieron, el 24, los partidarios de la divi\u00adsi\u00f3n con la poderosa palabra del Padre Combalot que, despu\u00e9s de la misa de media noche celebrada en la iglesia de los Carmelitas, en la amistosa cena de Navidad que comparti\u00f3 con los cofrades, puso su ardiente elocuencia al servicio de la causa de la divisi\u00f3n. Era, adem\u00e1s, la opini\u00f3n y el, vivo deseo de Sor Rosal\u00eda. As\u00ed pues, el 30 de diciembre, Arthaud volvi\u00f3 a presentar la proposici\u00f3n de Ozanam que se puso urgentemente a la orden del d\u00eda siguiente.<\/p>\n<p>Ese 31 de diciembre fue el d\u00eda del gran combate. Antes de la hora habitual, la conferencia, m\u00e1s numerosa que nunca, se apre\u00adtujaba en la sala de la plaza de la Estrapada. La discusi\u00f3n fue muy acalorada. Paul de la Perri\u00e9re tom\u00f3 la ofensiva y se mostr\u00f3 m\u00e1s agresivo y apremiante que de costumbre. Se not\u00f3 que Le Taillandier lloraba: la idea de una separaci\u00f3n le desgarraba el coraz\u00f3n y m\u00e1s a\u00fan el temor de una desuni\u00f3n de los esp\u00edritus. Oza\u00adnam tom\u00f3 la palabra para desplegar las amplias perspectivas del mayor bien que podr\u00eda realizarse y extenderse universalmente. Era, pues, la tesis de las alegr\u00edas y de los beneficios de la amistad cris\u00adtiana en lucha con la tesis de las inconmensurables ambiciones de la caridad.<\/p>\n<p>Ya nadie se o\u00eda en el tumulto y los esp\u00edritus estaban en sumo grado exaltados. Era el 31 de diciembre de 1834. Avanzaba la noche; acababan de dar los doce golpes que anunciaban un nue\u00advo d\u00eda y un nuevo a\u00f1o. El se\u00f1or Bailly suplic\u00f3 a los j\u00f3venes ora\u00addores que pusieran fin a una discusi\u00f3n demasiado prolongada y animada; pero \u00bfc\u00f3mo terminar? Ozanam se levanta, se dirige ha\u00adcia La Perri\u00e9re y los dos se abrazan como hermanos, dese\u00e1ndose un feliz a\u00f1o nuevo. Todos aplauden, los imitan y se retiran alegres, abandonando a. la oficina el cuidado y la carga dif\u00edciles de dejar contento a todo el mundo.<\/p>\n<p>Se ensayaron, primero, varias combinaciones intermedias, de las cuales se cansaron pronto. Durante alg\u00fan tiempo, las conferencias parciales se celebraron por separado en dos salas de la misma vieja casona de los Buenos Estudios. Luego, una de ellas fue trasladada a la parroquia de San Sulpicio, bajo la presidencia del se\u00f1or Gos\u00adsin. Casi simult\u00e1neamente, surgieron dos nuevos v\u00e1stagos: la Con\u00adferencia de Saint-Philippe-du-Roule, debida al se\u00f1or Clav\u00e9 y al Padre Maret, futuro obispo de Sura, vicario de la parroquia; y la Conferencia de Nuestra Se\u00f1ora de la Buena Nueva. Por temor a que el seccionamiento relajara el lazo de la unidad primitiva, se cuid\u00f3 de reglamentar la celebraci\u00f3n de reuniones generales en que los miembros se volv\u00edan a encontrar y templaban juntos sus \u00e1nimos en el verdadero esp\u00edritu de la Sociedad. Estaban presidi\u00addas por el se\u00f1or Bailly, el \u00abt\u00edo\u00bb Bailly, guardi\u00e1n de las tradiciones, y animadas por el soplo de Federico Ozanam, que segu\u00eda siendo el alma de toda esa dispersi\u00f3n.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo y a medida que la Sociedad recib\u00eda ese acre\u00adcentamiento del n\u00famero y de la importancia, un acrecentamiento paralelo y correspondiente de luz sobre la obra y sus fines se rea\u00adlizaba en la inteligencia d\u00f3cil de ese joven a quien el Esp\u00edritu Santo trataba como siempre trata a los fundadores y las fundadoras de sus institutos religiosos en la Iglesia.<\/p>\n<p>Se observar\u00e1, primero, que en vez de hacer de esa obra, como le hubiera parecido al mundo, un asunto de pura beneficencia y aun de apostolado conquistador, Ozanam s\u00f3lo toma en cuenta, ante todo, la santificaci\u00f3n personal de los cofrades, y m\u00e1s especialmente a\u00fan la preservaci\u00f3n religiosa y moral de la juventud de las escuelas, como acababa de escribirlo a Curnier, el 4 de noviembre de 1834. \u00abEn Par\u00eds, somos aves de paso, alejadas por un tiempo del nido paterno y sobre las cuales se cierne la incredulidad, ese buitre del pensamiento, para hacer de ellas su presa. Somos pobres inteligencias j\u00f3venes criadas en el regazo del catolicismo, dispersas en medio de una muchedumbre imp\u00eda y sensual. Somos hi\u00adjos de madres cristianas que llegan uno por uno al interior de murallas extranjeras y p\u00e9rfidas, en que la irreligi\u00f3n trata de reclutarse a costa nuestra. Pues bien, tr\u00e1tase ante todo de que esas d\u00e9biles aves de paso se re\u00fanan bajo un techo que las proteja; que esas j\u00f3\u00advenes inteligencias encuentren un hogar de luz para el tiempo de su destierro; que esas madres cristianas tengan menos l\u00e1grimas que derramar y que sus hijos regresen a su lado tal como ellas los en\u00adviaron.<\/p>\n<p>\u00abLo importante era, pues \u2014a\u00f1ade\u2014, formar, para los j\u00f3venes inmigrantes, una asociaci\u00f3n cat\u00f3lica de <i>Fomento mutuo <\/i>en que cada cual encontrara amistad, apoyo, ejemplo; en que encontra\u00adra, por decirlo as\u00ed, un simulacro de la familia cristiana en que ha\u00adb\u00edan crecido; en que los m\u00e1s antiguos acogieran a los nuevos pe\u00adregrinos de la provincia y les brindaran una especie de hospitali\u00addad moral. Ahora bien, el v\u00ednculo m\u00e1s fuerte de una amistad ver\u00addadera es la caridad; y el ejercicio de la caridad es la pr\u00e1ctica de las buenas obras\u00bb.<\/p>\n<p>En el mismo orden de ideas, Ozanam explica que, si la sociedad se esfuerza por cuidar de la asistencia corporal del pobre, lo que se propone como fin principal es su asistencia espiritual, a la par que la salvaci\u00f3n de su alma. La limosna s\u00f3lo ser\u00e1 la llave que abri\u00adr\u00e1 las puertas de la verdad y de la gracia. Ozanam representaba la misi\u00f3n del apostolado laico en esas masas populares despojadas, heridas de muerte y abandonadas agonizantes por los ladrones y los bandidos asesinos de sus almas, mediante una par\u00e1bola del Evan\u00adgelio, la del Buen Samaritano. \u00abA nosotros, samaritanos profanos, incumbe la misi\u00f3n de acercarnos al gran enfermo. Atrev\u00e1monos a asumirla. Tal vez se espante menos al vernos. Tratemos de son\u00addear sus llagas y de derramar en ellas aceite; dej\u00e9mosle escuchar palabras de consuelo y de paz. Luego, cuando su vista se haya des\u00adpejado, lo pondremos en manos de quienes son los guardianes y los m\u00e9dicos de las almas, nuestros posaderos, en cierto modo, en la peregrinaci\u00f3n terrenal, puesto que dan a nuestros esp\u00edritus el alimento de la palabra santa y la esperanza de un refugio en un mun\u00addo mejor\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s alto que la consideraci\u00f3n de la salvaci\u00f3n moral y eterna del joven por el ejercicio de la caridad; m\u00e1s alto que la considera\u00adci\u00f3n del servicio del alma y del cuerpo del indigente, Ozanam te\u00adn\u00eda presente la visi\u00f3n sobrenatural de Jesucristo que se hab\u00eda con\u00advertido en pobre por amor a nosotros y que reviv\u00eda entre nosotros en la persona del pobre. Es propiamente la virtud teologal de la caridad en su objeto divino.<\/p>\n<p>Ozanam ten\u00eda un amigo de infancia, su compa\u00f1ero de primera comuni\u00f3n, Luis Janmot, el distinguido pintor lion\u00e9s, alumno de Ingres; en esa \u00e9poca, en 1836, realizaba su peregrinaci\u00f3n de arte en Italia. El estudiante le envidiaba la dicha de visitar As\u00eds y esos campos de Umbr\u00eda en que encontraba en todas partes las huellas del ser\u00e1fico Francisco, de ese \u00abloco de amor\u00bb que se hab\u00eda vuelto pobre y mendigo por Jesucristo. Ozanam, haciendo un llamado a ese coraz\u00f3n digno del suyo, le escribe: \u00abY nosotros, querido ami\u00adgo \u00bfno haremos nada para imitar a esos santos que tanto amamos; y nos conformaremos con gemir sobre la esterilidad de la actual estaci\u00f3n, en tanto que cada uno de nosotros lleva en su coraz\u00f3n un germen de santidad que con un simple acto de voluntad podr\u00eda florecer? Si no sabemos amar a Dios como lo amaban aqu\u00e9llos, es sin duda porque s\u00f3lo vemos a Dios con los ojos de la fe; \u00a1y nuestra fe es tan d\u00e9bil! Pero los hombres, pero los pobres, a esos los vemos con los ojos de la carne. All\u00ed est\u00e1n; podemos meter el dedo y Ja mano en sus llagas, y las huellas de la corona de espinas est\u00e1n vi\u00adsibles en su frente. Aqu\u00ed, ya no tiene cabida la incredulidad. De\u00adber\u00edamos caer a sus pies y decirles con el Ap\u00f3stol: <i>Tu es Dominus et Deus meus! (\u00a1<\/i>T\u00fa eres mi Se\u00f1or y mi Dios!) Vosotros sois nues\u00adtros maestros y nosotros seremos vuestros servidores; vosotros sois las im\u00e1genes visibles de ese Dios a quien no vemos pero que cree\u00admos amar al amaros\u00bb.<\/p>\n<p>En fin \u00bf hasta d\u00f3nde ser\u00e1 preciso amar a Jesucristo en el pobre? Ozanam lo sabe y lo dice: hasta el sacrificio de s\u00ed mismo, hasta ese sublime testimonio del amor, al que da su verdadero nombre cuando responde a L\u00e9once Curnier: \u00a1Hasta el martirio! \u00abLa tie\u00adrra se ha enfriado; a nosotros cat\u00f3licos nos corresponde reanimar el calor vital que se apaga. A nosotros nos incumbe reanudar la era de los m\u00e1rtires; pues existe un martirio posible para todos los cristianos. Ser m\u00e1rtir es dar su vida por Dios y por sus hermanos; es ofrendar su vida en sacrificio: que el sacrificio quede consuma\u00addo de repente como el holocausto o que se realice lentamente, y que noche y d\u00eda se le vea humear como los perfumes sobre el altar. Ser m\u00e1rtir es dar al cielo todo lo que se ha recibido: su oro, su sangre, su alma entera. Esta ofrenda se halla en nuestras manos; este sacrificio, podemos hacerlo. A nosotros corresponde elegir&#8217; los altares a donde queramos llevarlo; la divinidad a la que habre\u00admos de consagrar nuestra juventud y las estaciones que sigan; el templo en que nos daremos cita: al pie del \u00eddolo del ego\u00edsmo o en el santuario de Dios y de la humanidad\u00bb.<\/p>\n<p>Ap\u00f3stol, m\u00e1rtir: este era su sue\u00f1o. El se\u00f1or Maxime de Mon\u00adtrond recuerda una noche en que Monse\u00f1or <sup>,<\/sup>Dupuch, obispo de Argel, fue a visitar la Conferencia de San Sulpicio: \u00abEse d\u00eda, es\u00adt\u00e1bamos reunidos todos, sin faltar ninguno. El venerable se\u00f1or Bailly presid\u00eda, junto con el Padre Collin, cura de San Sulpicio. Hab\u00edan llevado a los j\u00f3venes hu\u00e9rfanos de San Vicente de Pa\u00fal. Monse\u00f1or Dapuch sac\u00f3 de su coraz\u00f3n de ap\u00f3stol encendidos dar\u00addos que traspasaron el nuestro. Me encontraba cerca de Ozanam. Ambos resentimos el efecto de esa palabra como un choque el\u00e9c\u00adtrico. Cuando, al cabo de una hora, nos levantamos, despu\u00e9s de recibir la bendici\u00f3n de este hombre de Dios, Ozanam, estrech\u00e1n\u00addome la mano con vivo entusiasmo, me dijo, conmovida la voz, las siguientes palabras que me parece escuchar a\u00fan: `\u00bf Qu\u00e9 esta\u00admos haciendo aqu\u00ed, amigo m\u00edo? \u00bfNo siente usted ganas, como yo, de irse con este ap\u00f3stol para ayudarlo a plantar la cruz en Africa? \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 peque\u00f1os y miserables somos al lado de lo que acaba\u00admos de o\u00edr y de lo que \u00e9l va a hacer!&#8217; \u00bb<\/p>\n<p>Pero la Francia continental \u00bfno es acaso tambi\u00e9n un pa\u00eds de misiones?<\/p>\n<p>Ahora bien, si el lector se sirve tener presente que el hombre que dijo o escribi\u00f3 todas las cosas sublimes que aqu\u00ed citamos te\u00adn\u00eda veinte a\u00f1os de edad y que las realiz\u00f3; que entreg\u00f3 a Dios y a sus pobres sus fuerzas, su salud, su sangre, su vida en temprana edad; que se inmol\u00f3 todo \u00e9l, a sabiendas y voluntariamente \u00bfno le conceder\u00e1 ese t\u00edtulo de m\u00e1rtir? \u00bfY se sorprender\u00e1 uno de que a medida que avanzamos en el estudio de esta alma encontremos en ella la revelaci\u00f3n del alma de un santo?<\/p>\n<p>Ese programa y ese firme prop\u00f3sito de santificaci\u00f3n en el sacrificio, Ozanam lo hab\u00eda tra\u00eddo para s\u00ed mismo desde el pie del altar de nuestra Se\u00f1ora de Fourvi\u00e9re, como lo escrib\u00eda de Lyon: \u00abTom\u00e9, para los dos a\u00f1os que he de pasar en la capital, la resolu\u00adci\u00f3n de una reforma moral m\u00e1s completa. He puesto mis deseos bajo los auspicios de Nuestra Madre celestial, confiando en todo lo dem\u00e1s en mi buena voluVitad\u00bb. \u00bf Qu\u00e9 ocurri\u00f3? Procede con el se\u00f1or Dufieux a un examen de conciencia en que es preciso verlo humillarse primero y luego levantarse con esa virilidad y santidad de vida que se acerca a lo que San Pablo llama \u00abla plenitud de la edad en Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDesde ese d\u00eda de Fourvi\u00e9re \u2014confiesa\u2014 el 2 de marzo, han transcurrido tres meses, y heme aqu\u00ed con las manos vac\u00edas. Padez\u00adco una languidez fatal, que no logro sacudir. Mi conciencia, a este respecto, es severa. Y, colocado entre el deseo de hacer el bien y mucho, por una parte, y por la otra una incre\u00edble debilidad que me impide hacer algo, paso mis d\u00edas en amargos reproches por no realizar mis prop\u00f3sitos pasados, y en nuevos prop\u00f3sitos que tam\u00adpoco habr\u00e9 de realizar\u00bb.<\/p>\n<p>Al hacer el balance de las gracias recibidas por un lado, y de sus constantes infidelidades por el otro, exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Ay de m\u00ed!, mi querido Dufieux, bien puedo decirlo, puesto que lo digo a la gloria de Dios: acaso nadie ha recibido m\u00e1s que yo generosas ins\u00adpiraciones, nadie ha sentido celos m\u00e1s santos ni ambiciones m\u00e1s nobles. No hay virtud, no hay obra moral o cient\u00edfica a la que no haya sido yo convidado por esa voz misteriosa que resuena en el fondo de m\u00ed mismo. No hay afecciones loables cuyo atractivo no haya sentido; no hay amistades y valiosas relaciones que no me hayan sido reservadas; ning\u00fan aliento me ha faltado; ninguna bri\u00adsa favorable ha dejado de soplar en mi tallo para que en \u00e9l broten flores. Acaso no haya, en la vi\u00f1a del Padre de familia eterno, una cepa que haya rodeado de mayores cuidados y de la cual pueda de\u00adcirse con mayor justicia: <i>Quid potui facere vineae mece, et non feci? <\/i>Qu\u00e9 pude yo hacer a mi vi\u00f1a que no haya hecho?) Y yo, mala planta, no he florecido al soplo divino; no he hincado mis ra\u00edces en esa buena tierra; me he marchitado y secado. Conoc\u00ed el don de Dios, sent\u00ed el agua viva ba\u00f1ar mis labios y no los abr\u00ed. Se\u00adgu\u00ed siendo un ser pasivo; me encerr\u00e9 en una inerte cobard\u00eda. No s\u00e9 querer; no s\u00e9 actuar, y siento acumularse sobre mi cabeza la aplastante responsabilidad de los favores que descuido cada d\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Necesitar\u00eda para levantarse y reconquistarse esa fuerza de Dios de la cual la piedad es fuente y alimento: \u00abPero la fuerza \u2014se dice a s\u00ed mismo\u2014, ese don del Esp\u00edritu Santo, tan necesario para cami\u00adnar sin caer en medio de tantos peligros, la fuerza no est\u00e1 en m\u00ed. Voy flotando al impulso de todos los caprichos de mi imaginaci\u00f3n. A veces la piedad me parece un yugo; la oraci\u00f3n, un h\u00e1bito de los labios; las pr\u00e1cticas cristianas, una \u00faltima rama a la que me aga\u00adrro para no caer en el abismo, pero de la cual no s\u00e9 coger los fru\u00adtos nutricios. Veo a j\u00f3venes de mi edad avanzar, erguida la cabe\u00adza, en los senderos de un progreso efectivo; y jTo me paro desespe\u00adrando de poder seguirlos, y paso gimiendo el tiempo que deber\u00eda emplear en caminar\u00bb.<\/p>\n<p>Esa religiosa confidencia se hab\u00eda abierto en presencia \u00abde Aquel \u2014dec\u00eda\u2014 que nos ama a los dos y en el seno del cual nuestras dos almas separadas pueden reunirse y conversar todav\u00eda\u00bb. Se cierra al pie de su altar y de su Mesa santa: \u00abEsperaba sentirme mejor para conversar con usted. Ayer, tuve la dicha de recibir a Aquel que es la fuerza de los d\u00e9biles y el m\u00e9dico de las languideces del alma, y hoy le escribo en la sinceridad de mi a\u00f1oranza del pasado y de mis buenas resoluciones para el futuro. \u00a1Oh!, rece usted, se lo suplico para que, por fin, no se frustren \u00e9stas\u00bb.<\/p>\n<p>Los pensamientos de Ozanam que acabamos de leer eran los frutos de la cuaresma de ese a\u00f1o de 1835. En esa memorable cua\u00adresma se inauguraron por fin, en la c\u00e1tedra de Nuestra Se\u00f1ora, las conferencias dominicales del Padre Lacordaire. Habl\u00f3 de la nece\u00adsidad de una Iglesia docente: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 \u2014se preguntaba el ora\u00addor despu\u00e9s de las primeras frases\u2014, por qu\u00e9 he\u00a0tomado la palabra en este recinto? Asamblea, asamblea, decidme \u00bf qu\u00e9 me ped\u00eds? \u00a1La Verdad! Por consiguiente, no la ten\u00e9is, etc\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam estaba all\u00ed. Sabemos que \u00e9l hab\u00eda tramitado la institu\u00adci\u00f3n de esas conferencias y adivinamos con qu\u00e9 alegr\u00eda salud\u00f3 su solemne inauguraci\u00f3n y su \u00e9xito. Al terminar la primera, Monse\u00ad\u00f1or de Duelen, se levant\u00f3 y dio las gracias \u00abal hombre a quien Dios hab\u00eda concedido la piedad y la elocuencia, y m\u00e1s a\u00fan la vir\u00adtud esencial del sacerdote: la obediencia. Lo llam\u00f3 su leal y exce\u00adlente amigo, el consuelo y la alegr\u00eda de su coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam se declara entusiasmado. Uno de esos domingos, por la ma\u00f1ana, el 15 de marzo, abrevia su carta a su padre, pues a las do\u00adce y media tiene que estar en Nuestra Se\u00f1ora para escuchar al Pa\u00addre Lacordaire que sustenta, ante un inmenso auditorio, la serie de conferencias que hab\u00eda iniciado un a\u00f1o antes en la capilla del co\u00adlegio Estanislao. Estas conferencias son magn\u00edficas. Asisten las personas m\u00e1s distinguidas de la capital, el se\u00f1or de Lamartine, el se\u00ad\u00f1or Berryer, etc. Se ven all\u00ed literatos, sabios y muchos j\u00f3venes de las escuelas. La parte reservada a los hombres llena toda la gran nave; puede contener de cinco a seis mil\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam ten\u00eda all\u00ed no s\u00f3lo su lugar, sino su empleo. Su carta a su padre a\u00f1ade: \u00abEstoy encargado de hacer un an\u00e1lisis de estas conferencias para <i>El Universo. <\/i>Me pagan veinticinco francos por cada una: habr\u00e1 ocho. Si la bolsa gana poco, le aseguro que el es\u00adp\u00edritu nada pierde\u00bb. Tampoco se perd\u00eda la caridad para el pobre. Cuentan c\u00f3mo se las arreglaba Ozanam para atraer a Nuestra Se\u00f1ora a sus compa\u00f1eros de las escuelas, en particular a quienes sab\u00eda que m\u00e1s lo necesitaban. Muchos objetaban la dificultad de encontrar lugar: \u00ab\u00a1Venid!, yo os guardar\u00e9 uno\u00bb. Para lograrlo, llegaba con mucha anticipaci\u00f3n, a veces dos horas antes, y con\u00adservaba, defend\u00eda las sillas apartadas contra los invasores, hasta la llegada de sus agradecidos invitados.<\/p>\n<p>Al lado de Ozanam, Lallier y La Perri\u00e9re tomaban notas para los art\u00edculos de su amigo. Eran tambi\u00e9n sus impresiones, sus visio\u00adnes lo que la pluma de su amigo expresaba el 14 de marzo de 1835: \u00abCuando, al final del discurso, el auditorio que hab\u00eda subyugado el acento del joven sacerdote cay\u00f3 a los pies del pont\u00edfice para recibir su bendici\u00f3n, cuando las campanas de Nuestra Se\u00f1ora empezaron a repicar al mismo tiempo y se abrieron las puertas para de\u00adrramar en toda la capital esa muchedumbre enriquecida con la limosna de la verdad, nos pareci\u00f3 asistir, si no a la resurrecci\u00f3n del catolicismo, pues el catolicismo no muere, cuando menos a la resurrecci\u00f3n religiosa de la sociedad actual\u00bb.<\/p>\n<p>En las siguientes rese\u00f1as, Ozanam indica que la muchedumbre era mayor que nunca; y Lacordaire a\u00fan m\u00e1S apuesto. Divis\u00f3 en\u00adtre el gent\u00edo, en medio de otras celebridades, a Chateaubriand, a Saint Marc-Girardin, a Ballanche, al pastor Atanasio Coquerel. El entusiasmo fue aumentando hasta la \u00faltima conferencia, \u00abde una elocuencia superior a todo cuanto he o\u00eddo en mi vida. Esto \u2014 dice\u2014 nos pone un b\u00e1lsamo en la sangre\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam hubiera querido ver a la Iglesia, su madre reconoci\u00adda y proclamada reina de las artes, como de las ciencias, como de las letras, extendiendo su cetro en todas las direcciones del pensamiento humano. En aquel mismo tiempo, su amigo de La Noue le escribi\u00f3 que acababa de formarse una Asociaci\u00f3n de artistas, que le suplicaba aceptar el t\u00edtulo y las funciones de vicepresiden\u00adte. Ozanam se disculp\u00f3, arguyendo la multiplicidad de sus ocupa\u00adciones, aceptando, sin embargo, ser miembro intermitente, con el oculto prop\u00f3sito de trabajar por que prevaleciera el esp\u00edritu cris\u00adtiano en ese mundo de artistas y poetas \u00abcon el cual deseaba con\u00adservar un punto de contacto\u00bb, como dec\u00eda en su respuesta.<\/p>\n<p>Y es que \u00e9l hab\u00eda concebido el plan de una sociedad parecida, \u00aba fin. \u2014dice\u2014 de glorificar la religi\u00f3n por las artes y regenerar las artes por la religi\u00f3n. El poder de asociaci\u00f3n es grande, pues es un poder de amor. Pronto har\u00e1 cinco a\u00f1os que esa idea se adue\u00f1\u00f3 de m\u00ed y no me ha abandonado\u00bb. No ser\u00edan s\u00f3lo las artes, sino tam\u00adbi\u00e9n las letras y las ciencias las que ser\u00eda preciso incluir; no s\u00f3lo los que las ense\u00f1an o las cultivan sino todos los que las patrocinan y las aman. Sociedad de emulaci\u00f3n y fomento, con sus concursos y sus premios; sociedad de asistencia para el talento desgraciado o doliente; sociedad de proselitismo cat\u00f3lico en el seno de la \u00e9lite intelectual del pa\u00eds. \u00bf Qu\u00e9 m\u00e1s? \u00abEn fin \u2014dice\u2014 cuando una legislaci\u00f3n m\u00e1s amplia lo permita, <i>se establecer\u00e1n colegios, acade\u00admias, universidades cat\u00f3licas. \u00a1Ah!, <\/i>esos hermosos sue\u00f1os, sin duda jam\u00e1s tuve la pretensi\u00f3n de realizarlos yo mismo, pero siempre esper\u00e9 que Dios se encargar\u00eda de llevar a cabo la obra con tal que se le ayudara\u00bb.<\/p>\n<p>Mas el joven ap\u00f3stol quiere que la Asociaci\u00f3n proyectada o na\u00adciente sea realmente una sociedad de cristianos, de cat\u00f3licos cre\u00adyentes y practicantes, fieles a la direcci\u00f3n y a las ense\u00f1anzas &#8216;de la iglesia. Interroga a su amigo: \u00ab\u00bf Ser\u00e1 religiosa, en el sentido m\u00e1s el\u00e1stico de la palabra, o bien en el sentido pr\u00e1cticamente cristiano y positivamente ortodoxo? Podemos estar seguros, querido amigo, de que la ortodoxia es el nervio de toda obra cat\u00f3lica, su condici\u00f3n vital y que de su fe habr\u00e1 de derivar su duraci\u00f3n y su fuerza\u00bb.<\/p>\n<p>Como ten\u00eda todas las ambiciones para la Iglesia, as\u00ed como se regocijaba de todos sus triunfos, ese mismo coraz\u00f3n de ap\u00f3stol se estremec\u00eda en cambio y temblaba frente a sus peligros y sus dolo\u00adres. Era para \u00e9l un gran sufrimiento observar, seg\u00fan se expresa \u00e9l mismo, \u00ablos progresos de la propaganda racionalista en la juven\u00adtud de las escuelas y la lamentable defecci\u00f3n de algunos d\u00e9 los hombres que anta\u00f1o eran nuestras glorias\u00bb. Al leer el <i>Viaje a Orien\u00adte <\/i>del se\u00f1or de Lamartine, no tard\u00f3 en reconocer el veneno del escepticismo mezclado con la miel de la poes\u00eda en esa copa encanta\u00addora. \u00abA fuerza de optimismo y tolerancia hacia el Cor\u00e1n, el poeta sale evidentemente de la ortodoxia\u00bb, escribe. Mas Ozanam espera que el mal tenga remedio y que el tiempo habr\u00e1 de borrar lo que haya de impuro en esas ideas y esas im\u00e1genes orientales. Sin embargo, es grande su dolor y exclama amargamente: \u00abEse mal del esp\u00edritu es el que destron\u00f3 al Padre de Lamennais de las altu\u00adras en que su genio y su fe lo hab\u00edan colocado. Y ahora nos hace temblar por la musa virginal de Lamartine\u00bb.<\/p>\n<p>La fe del joven creyente se eleva, al tratar este tema, a acentos cuya profunda, pero viril tristeza han igualado muy pocos: \u00abEstas cosas son tristes \u2014dice\u2014; pero son ciertas. Nosotros cat\u00f3licos recibimos el castigo de haber puesto mayor confianza en el genio de nuestros grandes hombres que en la potencia de nuestro Dios. Recibimos el castigo de habernos enorgullecido en su persona, y de haber rechazado los agravios del incr\u00e9dulo mostr\u00e1ndole con cier\u00adta soberbia la constelaci\u00f3n de nuestros fil\u00f3sofos y de nuestros poe\u00adtas, en vez de mostrarle, como era debido, la eterna cruz. Recibi\u00admos el castigo por habernos apoyado en esas ca\u00f1as pensantes, por melodiosas que fueran: se han roto en nuestra mano\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces, con un bello y generoso arranque: \u00abDebemos buscar nuestro socorro a mayor altura, en lo sucesivo. No es<sup>&#8211;<\/sup> un b\u00e1culo fr\u00e1gil lo que necesitamos para atravesar la vida, son alas; esas dos alas que sostienen a los \u00e1ngeles: la fe y la caridad. Es preciso lle\u00adnar esos lugares que se encuentran hoy vac\u00edos. En vez del genio de que carecemos, es preciso que la gracia nos dirija; es preciso ser valiente. Es preciso ser perseverante; es preciso amar hasta la muer\u00adte; es preciso combatir hasta el final. No contemos con una victo\u00adria f\u00e1cil: \u00a1Dios nos la hace dif\u00edcil, para que sean m\u00e1s gloriosas nuestras coronas!\u00bb<\/p>\n<p>A falta de genio, Ozanam no fall\u00f3 en su trabajo. Dividido en\u00adtre el derecho y las letras, su labor ser\u00e1 doble, pero doble tambi\u00e9n la armadura para los combates de ma\u00f1ana. Su salud sufre de ello doblemente, es cierto. Sus cartas a su madre revelan que, despu\u00e9s de frecuentes y serios sufrimientos, su m\u00e9dico, el doctor Durnerin, le ha prohibido el exceso de estudios<span id='easy-footnote-1-123690' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-08\/#easy-footnote-bottom-1-123690' title='El doctor Durnerin, padre cristian\u00edsimo de la admirable se\u00f1orita Teresa Durne\u00adrin, fundadora de la &lt;i&gt;Sociedad de los Amigos de los pobres, &lt;\/i&gt;en Par\u00eds, 1847-1905. Se ha escrito su vida'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Ha renunciado, en conse\u00adcuencia, a los cursos y al estudio de las lenguas orientales, para dedicarse exclusivamente a la preparaci\u00f3n inmediata de sus ex\u00e1me\u00adnes jur\u00eddicos y literarios, meta de ese duro, pero fecundo a\u00f1o es\u00adcolar de 1834-1835. \u00abY de hecho \u2014a\u00f1ade, no sin cierto despecho\u00ad\u00bf qu\u00e9 importar\u00e1 a mi cliente de ma\u00f1ana que su abogado sepa el s\u00e1nscrito y el hebreo? M\u00e1s vale enmohecerse en el c\u00f3digo, puesto que ma\u00f1ana vivir\u00e9 atado desde la ma\u00f1ana hasta la noche a la gle\u00adba judicial, meditando a la vez el cap\u00edtulo de S\u00e9neca sobre el des\u00adprecio de las riquezas\u00bb. Consiente sin embargo en escribir una in\u00adtroducci\u00f3n para la <i>Revista Europea, <\/i>que renaci\u00f3 de sus cenizas. Mas abandona para siempre las conferencias de historia: \u00abLas po\u00adbrecitas est\u00e1n muri\u00e9ndose, y no ser\u00e9 yo \u00a1ay de m\u00ed! el que las sal\u00advar\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>En tales disposiciones, cultiva a los altos representantes de la ba\u00adrra de abogados, por una parte, y de la literatura contempor\u00e1nea, por la otra, simult\u00e1neamente, aunque no por igual. El 8 de febre\u00adro de 1835, cuenta a su madre que por recomendaci\u00f3n suya, hizo una visita de a\u00f1o nuevo al se\u00f1or de Lamartine: \u00abMe dio una ama\u00adble acogida. Seg\u00fan parece, los versos que le dirig\u00ed le gustaron de ve\u00adras. Me dijo mil cosas halagadoras, que sin embargo me apenaron, porque no las merezco. Me hizo tambi\u00e9n hermosas predicciones pa\u00adra el porvenir que no est\u00e1n en camino de traducirse en hechos. Apun\u00adt\u00f3 mi direcci\u00f3n, para invitarme a cenar uno de estos d\u00edas en su casa. Me suplic\u00f3 tambi\u00e9n que asistiera a su reuni\u00f3n del s\u00e1bado. No faltar\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>En la misma p\u00e1gina, menciona una breve visita al se\u00f1or Sauzet, un lion\u00e9s, futuro presidente de la C\u00e1mara de, diputados, cuya be\u00adnevolencia se obstina en ver en ese joven compatriota una espe\u00adranza de la tribuna y de la barra. A su padre le escribe el 15 de mar\u00adzo: \u00abSauzet pronunci\u00f3 ayer, en la C\u00e1mara de Diputados, un dis\u00adcurso que obtuvo un\u00e1nime admiraci\u00f3n y que comparan con los me\u00adjores discursos de Berryer\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfA cu\u00e1l de los dos personajes, el escritor o el abogado, el poeta o el hombre pol\u00edtico dar\u00e1 la raz\u00f3n el porvenir del joven estudiante?<\/p>\n<p>Fueron las Letras las que triunfaron a la postre en el a\u00f1o de 1835, como era de preverse. El 2 de mayo, una carta comunicaba al se\u00f1or Velay, su amigo oficial, una inesperada noticia: \u00abQueri\u00addo Velay, te dir\u00e9 la causa de mi silencio. Me he empe\u00f1ado en los \u00faltimos tiempos, en reducir a su m\u00e1s simple expresi\u00f3n, a su forma m\u00e1s positiva lo que hab\u00eda aprendido en literatura durante los tres a\u00f1os de mi estancia aqu\u00ed con el fin de convertir, si es posible, mi ciencia en pergamino y recibir el grado de licenciado en letras. Tu\u00adve que leer otra vez, de cabo a rabo, mi Burnouf y convencerme de que jam\u00e1s hab\u00eda sabido griego. Fue preciso repasar un mont\u00f3n de autores, y luego toda la historia de la que varias partes me eran bastante ajenas. Esos trabajos me ocuparon todo un mes, al cabo del cual obtuve por fin ese dichoso diploma de licenciado. Me ser\u00advir\u00e1 de escal\u00f3n, seg\u00fan espero \u2014a\u00f1ade\u2014 para recibirme de doc\u00adtor el a\u00f1o pr\u00f3ximo. Entonces ser\u00e9, si Dios quiere, doctor en dere\u00adcho y doctor en letras\u00bb.<\/p>\n<p>Estas eran, pues, \u00ablas dos cuerdas de su arco\u00bb a las que alud\u00eda en sus cartas a su madre, para estar doblemente al servicio del di\u00advino Rey, adondequiera que llamara a su soldado. Sin embargo, la alegr\u00eda de su atrevido \u00e9xito acad\u00e9mico estaba desde entonces en\u00advenenado por sus inquietudes acerca de la salud de su madre. Su cari\u00f1o por esa madre venerada pareci\u00f3 aumentar en esos d\u00edas. El 24 de febrero, le daba as\u00ed las gracias por la bendici\u00f3n que aca\u00adbaba de enviarle: \u00abEsta bendici\u00f3n maternal es el regalo m\u00e1s be\u00adllo y m\u00e1s valioso que pueda usted hacerme. . . Me he arrodillado y he pedido a Aquel que le ha dictado esas bendiciones, madre querida, que las ratificara; y que nunca permitiera que fuese yo indigno de ellas. He pedido energ\u00eda y firmeza; he formado reso\u00adluciones m\u00e1s s\u00f3lidas; y ya he empezado desde hace unos d\u00edas a actuar mejor. . .\u00bb<\/p>\n<p>Luego, como era poco despu\u00e9s de las carnestolendas, le descri\u00adb\u00eda las peque\u00f1as fiestas que se daban por turno mutuamente los estudiantes lioneses, Arthaud, Chaurand, Bi\u00e9trix, La Perri\u00e9re, Jan\u00admot, Falconnet, Ballofet, los dos Pessonneaux: \u00abEl se\u00f1or Bailly, como un buen padre, se ha dignado participar alg\u00fan tiempo en nuestras locuras\u00bb.<\/p>\n<p>Y para terminar como un hijo, hace est\u00e9 encargo a su madre: \u00abPor favor si usted quiere, d\u00edgale a mi padre algo que habr\u00e1 de halagarlo. El otro d\u00eda, el se\u00f1or Andral, en su curso de medicina, dio una lecci\u00f3n sobre la obra de mi padre: <i>Historia de las Epide\u00admias, <\/i>que cit\u00f3 con el mayor elogio. Adi\u00f3s, madre querida, ame usted siempre como ahora, a su hijo\u00bb.<\/p>\n<p>Lo amaba y lo bendec\u00eda como si ya no tuviera mucho tiempo para amarlo y bendecirlo. Pero Federico lo ignoraba. Su padre no le hab\u00eda comunicado sino tard\u00edamente sus alarmas, y esto cu\u00adbri\u00e9ndolas con reticencias y atenuaciones. El hijo se quej\u00f3 con vehemencia: \u00abMam\u00e1 ha estado enferma, y hasta de cierta gravedad. \u00a1Y no me ha dicho usted nada! \u00a1Y pasan en casa cosas que tanto me interesan y las ignoro! . . . Lo ha hecho usted para evitarme in\u00adquietudes; pero no es justo. Mi pobre madre se ha preocupado tanto por m\u00ed, es preciso que yo tambi\u00e9n me preocupe por ella y que sufra cuando ella sufre. Era necesario dec\u00edrmelo todo a m\u00ed, su hijo, tanto m\u00e1s, mi buen padre, cuanto que es in\u00fatil disimular; el coraz\u00f3n adivina\u00bb.<\/p>\n<p>A partir de ese momento, ya no puede soportar la separaci\u00f3n: \u00abEstoy inquieto, madre querida; esa inquietud me hace desear pasar mi examen de derecho desde el 25 de julio, para reunirme con vosotros antes del fin de este mes. Entonces, madre m\u00eda, la abrazar\u00e9 muy fuerte; tratar\u00e9 de llevarle alegr\u00eda; la alegr\u00eda, supre\u00adma medicina del alma, con frecuencia alivia hasta los sufrimientos del cuerpo\u00bb.<\/p>\n<p>El trabajo de preparaci\u00f3n fue empe\u00f1oso. Necesitaba ganar en intensidad lo que hab\u00eda perdido en tiempo durante el largo mes que hab\u00eda dedicado a la licencia en letras. Sab\u00eda \u00abque en ese pri\u00admer examen de doctorado, la mitad de los candidatos fracasan. Hab\u00eda contado mucho, como de costumbre, con el repaso de los \u00faltimos d\u00edas\u00bb. A la labor diurna, a\u00f1adi\u00f3 la de la noche entera. Sen\u00adt\u00eda martillazos en la cabeza, le dol\u00edan los dientes, ten\u00eda la cara hin\u00adchada; pero prosegu\u00eda con la mayor tenacidad: \u00abMe he untado mostaza en las piernas y me qued\u00e9 as\u00ed desde las once de la noche hasta la una de la ma\u00f1ana. Las \u00faltimas noches, tuve que perma\u00adnecer despierto hasta horas a\u00fan m\u00e1s avanzadas y tomar ba\u00f1os de pies para evitar que se me congestionara la sangre\u00bb. Cuando por fin lleg\u00f3 el d\u00eda del examen, el joven demasiado en\u00e9rgico no era ya sino una sombra de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>El resultado fue pasadero, pero no brillante: una bola blanca y cuatro rojas: \u00abLos profesores me trataron honorablemente, pues me hicieron preguntas sumamente dif\u00edciles\u00bb. Pero \u00bf qu\u00e9 dir\u00e1 su padre? \u00abConfieso que tengo miedo de \u00e9l. Sin embargo, mi pobre padre me dio su palabra de no reprenderme. Bien sabe que hago todo lo que puedo para satisfacerlo. En verdad, lo quiero mucho a usted, padre; pero lo temo demasiado. Cuento de todos modos con un buen recibimiento\u00bb. Y firmaba: \u00abVuestro hijo que sale dentro de dos horas y que os abrazar\u00e1 dentro de tres d\u00edas\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VIII: Joven alma de ap\u00f3stol Divisi\u00f3n de la conferencia.\u2014Vicente de Pa\u00fal, el ante pasado.\u2014Los fines y el esp\u00edritu de la obra.\u2014\u00bbSacrificarse hasta el martirio\u00bb.\u2014P humilde ap\u00f3stol. 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