{"id":123689,"date":"2016-08-29T12:00:35","date_gmt":"2016-08-29T10:00:35","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=123689"},"modified":"2016-08-06T07:31:33","modified_gmt":"2016-08-06T05:31:33","slug":"federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-07","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-07\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (por Mons. Baunard): Cap\u00edtulo 07"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo VII: La orientaci\u00f3n<\/h2>\n<p><i>Viaje a Italia.\u2014\u00bfEl Derecho o la Literatura?\u2014El estudiante de Derecho.\u2014Ansiedad y sacrificio.\u2014Juan Jacobo Amp\u00e9re.\u2014Licenciado en Derecho.\u2014 Lyon: Lamartine.<\/i><\/p>\n<p>1833-1834<\/p>\n<p>Durante las vacaciones de 1833, un viaje que Ozanam hizo en familia contribuy\u00f3 a orientar cada vez m\u00e1s su esp\u00edritu hacia la literatura y la historia cat\u00f3lica, en particular la de la Edad Media. Este viaje ha dejado pocas huellas en sus cartas. Encon\u00adtramos sus grandes l\u00edneas en su Vida, escrita por su hermano, jun\u00adto con sus impresiones.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de Ozanam ten\u00eda en Florencia a una hermana ma\u00adyor que estaba casada all\u00ed y a quien deseaba ver. El doctor llev\u00f3 a su mujer y a sus dos hijos a esa ciudad; y dejando a la esposa con su hermana, prosigui\u00f3 su viaje con Federico y Alfonso hacia el norte y centro de la Pen\u00ednsula.<\/p>\n<p>Federico dese\u00f3 saludar en primer lugar a Mil\u00e1n, la ciudad que lo hab\u00eda visto nacer y donde sus padres hab\u00edan vivido siete a\u00f1os, de 1809 a 1816: \u00abNuestro hermano \u2014escribe el Padre\u2014 ten\u00eda entonces veinte arios de edad. Su alma rebosaba de entusiasmo y fervor. Recorri\u00f3 la calle <i>San Pietro a l&#8217;Orto, <\/i>donde hab\u00eda visto la luz, visit\u00f3 la Iglesia Santa Mar\u00eda de Servi donde hab\u00eda sido bautizado; y arrodill\u00e1ndose al pie de la fuente bautismal, renov\u00f3 las promesas de su bautismo, dando gracias al Se\u00f1or que hab\u00eda hecho de \u00e9l su hijo\u00bb.<\/p>\n<p>Su padre quiso hacerle recorrer aquellos campos de Lombard\u00eda en que el capit\u00e1n de h\u00fasares hab\u00eda servido bajo el general Bonaparte, Pav\u00eda, Lodi, Pizzighettone, y el puente de Areola que ha\u00adb\u00eda atravesado bajo las balas del enemigo. Los tres franceses vol\u00advieron a encontrar a Francia en la ciudadela de Ancona donde el mando militar: \u00abEn avant, marche!\u00bb, gritando en franc\u00e9s, los hizo estremecerse de sorpresa y orgullo.<\/p>\n<p>Otro orden de sentimientos los esperaba en Loreto, donde ve\u00admos a Federico sirviendo de monaguillo a su hermano y recibien\u00addo de \u00e9l la hostia, en el altar de la <i>Santa Casa. <\/i>Luego Foligno, la Umbr\u00eda, As\u00eds y sus colinas desde las cuales pintorescas proce\u00adsiones de campesinos bajaban cantando c\u00e1nticos a la <i>Addolorata, <\/i>cuya estatua llevaban en medio de antorchas: todas ellas visiones que desde entonces se grabaron en el alma del futuro autor de <i>.Los Poetas Franciscanos.<\/i><\/p>\n<p>Fue sobre todo en Bolonia donde el estudiante se encontr\u00f3 como en su casa. La Bolonia de la Edad Media y del Renacimiento le mostraba los viejos claustros de la c\u00e9lebre universidad que fue, durante seis siglos, una de las grandes metr\u00f3polis de las ciencias divinas y humanas. En aquellos siglos, las cinco facultades atra\u00edan al pie de sus cuarenta c\u00e1tedras a toda Italia. Federico rogaba que le repitieran los nombres de los maestros m\u00e1s ilustres: Mondini en anatom\u00eda, Pancirole en derecho, Galvani en f\u00edsica, y en fecha. reciente Mezzofante, el maravilloso pol\u00edglota nacido en Bolonia. Fue preciso permanecer all\u00ed varios d\u00edas.<\/p>\n<p>Hicieron una estancia en Roma. Su hermano se acuerda de la oraci\u00f3n de Federico en la Confesi\u00f3n de San Pedro, la misma que dirigieron los ap\u00f3stoles al divino Maestro: \u00ab; <i>A dauge nobis fidem, <\/i>Se\u00f1or, aumenta nuestra fe!\u00bb Recuerda tambi\u00e9n su visita a la Bi\u00adblioteca Vaticana y sus impacientes deseos ante unos roperos ce\u00adrrados que conten\u00edan los m\u00e1s ricos tesoros del pasado de la Igle\u00adsia: manuscritos latinos, griegos, orientales, con los que esperaba conversar alg\u00fan d\u00eda.<\/p>\n<p>El padre y los dos hijos obtuvieron el favor de una audiencia privada de Gregorio XVI. La acogida fue en sumo grado bonda\u00addosa; pero aquellos extranjeros eran unos desconocidos para el Santo Padre. Lo eran un poco menos para el cardenal Fesch, que con\u00adservaba a\u00fan su t\u00edtulo de arzobispo de Lyon. El t\u00edo de Napole\u00f3n los recibi\u00f3 en un sal\u00f3n presidido por el busto de m\u00e1rmol del Em\u00adperador, representado con la frente ce\u00f1ida por un laurel de oro. Invit\u00f3 a los visitantes a comer. Su Eminencia, sabiendo que el doctor era uno de los m\u00e9dicos del H6tel-Dieu de Lyon, le entreg\u00f3 generosamente una cantidad considerable para las necesidades de los enfermos del establecimiento.<\/p>\n<p>Los viajeros ten\u00edan prisa de volver a Florencia, donde otro en\u00adcanto llamaba e iba a retener al joven peregrino de la historia y de la literatura italianas. Florencia est\u00e1 llena del Dante. El culto expiatorio que profesa al <i>Alt\u00edsimo poeta <\/i>a quien hab\u00eda deste\u00adrrado es casi una apoteosis. Ozanam lo encontraba en todas partes; <i>y <\/i>su hermano ten\u00eda raz\u00f3n al decir que fue all\u00ed, en ese mes de su estancia, donde se encendi\u00f3 en su coraz\u00f3n esa pasi\u00f3n, en su esp\u00edritu esa luz que iba a irradiar sobre su filosof\u00eda, sobre su en\u00adse\u00f1anza, sobre su vida entera, y, despu\u00e9s, sobre su nombre de es\u00adcritor y de doctor.<\/p>\n<p>Tras esos deleites literarios, hist\u00f3ricos y art\u00edsticos, era de espe\u00adrarse que Federico reanudara con mayor dificultad su estudio del derecho, que jam\u00e1s le hab\u00eda gustado. Y vamos a verlo, en lo su\u00adcesivo, luchar para orientar su existencia, con una perplejidad siempre renaciente, que fue la angustiosa prueba de seis a\u00f1os de su vida.<\/p>\n<p>A su regreso de Italia, iba a ingresar en tercer a\u00f1o de derecho para la preparaci\u00f3n inmediata de su examen de licencia del que saldr\u00eda o no abogado. Ese tercer a\u00f1o ser\u00eda, pues, decisivo. Antes de su regreso a Par\u00eds, su padre y su madre creyeron oportuno ha\u00adcerle serias advertencias contra sus inclinaciones literarias, que no lo llevar\u00edan a nada pr\u00e1ctico. Desde que se iniciaron los cursos, en su primera carta, Federico protest\u00f3 ante su madre que observar\u00eda su juramento de permanecer fiel a los estudios jur\u00eddicos, a la par que le ped\u00eda gracia e indulgencia, a t\u00edtulo de esparcimiento, para ciertos idolillos de oro que hab\u00eda adorado y que no pod\u00eda quemar: \u00abNo piense usted, mi querida madre, que os niegue jam\u00e1s el con\u00adsuelo de no dejarme invadir por estudios extranjeros. Sin embargo, si me es permitido tomar alg\u00fan recreo, perm\u00edtame que sea ejercit\u00e1ndome sobre temas de literatura que pondr\u00e1n un poco de gracia y amenidad entre las espinas de la jurisprudencia. As\u00ed pues, a veces, por la tarde, con Virgilio y el Dante a mi vera, me divertir\u00e9 en escribir algunas de mis impresiones de Italia y volver\u00e9 a hacer a solas ese viaje tan bello que hice con vosotros. No por eso descuidar\u00e9 el estudio del derecho. Ser\u00e1 una ley para m\u00ed trabajar cuando menos de siete a ocho horas diarias, exceptuado el do\u00admingo. Lo cual representar\u00e1 m\u00e1s trabajo que el de la mayor\u00eda de los estudiantes, y lo bastante para cumplir con mi deber. Ya em\u00adpec\u00e9 a seguir cinco cursos. Ayer se abri\u00f3 nuestra Conferencia de abogados y present\u00e9 un alegato sobre una cuesti\u00f3n dif\u00edcil para un principiante. Sin duda, y esto me lo repito a menudo, es una locura de mi parte, siendo tan torpe y tan d\u00e9bil, ponerme a es\u00adcribir cosas que no sean del c\u00f3digo y alentar pensamientos que no sean triqui\u00f1uelas jur\u00eddicas. Mas mi naturaleza protesta y me dice lo contrario. Adem\u00e1s, a Dios gracias, no voy a ser abogado patrono, sino abogado a secas, y por ende orador. Es preciso, pues, que cultive las letras, madres de la elocuencia\u00bb.<\/p>\n<p>De esa fidelidad a sus resoluciones y promesas, el joven jurista acababa de dar una prueba. Confiesa a su madre, que, el s\u00e1bado anterior, habiendo venido dos se\u00f1ores a ofrecerle 2,000 francos si quer\u00eda dedicar tres o cuatro horas diarias a colaborar en su pe\u00adri\u00f3dico, hab\u00eda rechazado la oferta. \u00abComo se imaginar\u00e1 usted, rehus\u00e9. El derecho no me deja cuatro horas libres para un trabajo extraordinario. Y si las tuviera \u2014a\u00f1ade con orgullo\u2014 no las emplear\u00eda en el embrutecedor trabajo del periodismo. Cuando menos, sent\u00ed cierta alegr\u00eda al reconocer que, si alguna vez llega\u00adran tiempos malos, podr\u00eda eximiros por mi trabajo de todos los sacrificios que os impon\u00e9is por m\u00ed. . .\u00bb<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, 7 de enero de 1834, en una carta a un amigo, la cuesti\u00f3n de la carrera se plantea absoluta y dolorosamente y ser\u00e1 preciso resolverla rotundamente. \u00abExperimento en este momento acaso una de las mayores penas de mi vida. Tr\u00e1tase de la incertidumbre de mi vocaci\u00f3n. En otros tiempos, pude creer que podr\u00eda llevar al mismo tiempo la vida del abogado y la del sabio y publicista. Ahora que llego al final de mis estudios de derecho, siento que se impone una elecci\u00f3n entre los dos caminos. Es preciso poner la mano en la urna: sacar\u00e9 una boleta blanca o negra?\u00bb<\/p>\n<p>Si la vocaci\u00f3n se reconoce por dos marcas y requiere dos con\u00addiciones: la aptitud y el atractivo, no pod\u00eda caber la menor duda acerca de la vocaci\u00f3n de Ozanam: estaba llamado al apostolado de las letras por la pluma y la ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esos signos, esa vocaci\u00f3n literaria se manifestaba patentemente por un testimonio p\u00fablico y un impulso de la opini\u00f3n que a\u00f1ad\u00edan al atractivo interior la fuerza de la inclinaci\u00f3n. \u00abDe todas partes \u2014dice en la misma carta\u2014 me solicitan; me ponen en candelero, me empujan hacia una carrera ajena a mis estudios jur\u00eddicos. Porque Dios y la educaci\u00f3n me han dado cier\u00adta extensi\u00f3n de ideas, cierta amplitud de tolerancia, quieren ha\u00adcer de m\u00ed una especie de jefe de la juventud cat\u00f3lica de este pa\u00eds. Muchos j\u00f3venes de gran m\u00e9rito me conceden una estimaci\u00f3n que me parece inmerecida, y me hacen avances hombres de edad ma\u00addura. Tengo que efectuar todos los tr\u00e1mites y cargar con el peso de todas las dificultades. Imposible que haya una reuni\u00f3n, una conferencia de obras o literatura sin que la presida yo; cinco o seis recopilaciones y algunos peri\u00f3dicos me piden art\u00edculos\u00bb, etc.<\/p>\n<p>Es una lisonja peligrosa, lo siente y desconf\u00eda: \u00abNo lo digo por amor propio, pues conozco muy bien mi flaqueza. Por lo contra\u00adrio, sufro incre\u00edbles tormentos cuando advierto que se me suben a la cabeza todos esos humos que me embriagan y pueden llevar\u00adme a frustrar lo que ha sido el deseo de mis padres y aun, en lo que cabe, el m\u00edo.<\/p>\n<p>\u00abPor otra parte, ese concurso de circunstancias exteriores \u00bf no ser\u00eda acaso una se\u00f1al de la voluntad de Dios? Lo ignoro[\/note]. . Por eso, despu\u00e9s de pasar mi examen de licencia, ya no s\u00e9 nada de mi porvenir. Todo es para m\u00ed tinieblas, incertidumbre, su\u00adfrimiento\u00bb.<\/p>\n<p>Tal es la lucha, y ser\u00e1 larga. Todos los atractivos est\u00e1n a un lado; los deseos de la familia del otro. \u00bf Qui\u00e9n decidir\u00e1 entre ellos? Ozanam se entrega a una voluntad m\u00e1s alta. Se lee en la p\u00e1gina siguiente: \u00ab\u00bfDe qu\u00e9 sirve saber lo que debe uno hacer, si no es para hacerlo bien? Hagamos, pues, el bien, lo mejor que podamos, y confiemos lo dem\u00e1s a Dios. La voluntad de Dios se cumple d\u00eda tras d\u00eda. Los m\u00e1s sabios como los m\u00e1s grandes son aquellos que se han dejado llevar de la mano de Dios. As\u00ed pu\u00e9s, lo indicado es tener un poco de &#8211; confianza en el Padre celestial, sin cuya voluntad no cae un solo cabello de una cabeza humana\u00bb.<\/p>\n<p>Otra consideraci\u00f3n sorprende bajo la pluma de un moralista de veinte arios: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 d\u00e9biles somos! No sabemos si ma\u00f1ana esta\u00adremos viviendo; \u00bf y quisi\u00e9ramos saber lo que haremos dentro de veinte a\u00f1os?\u00bb Y a\u00f1ade, en el mismo lugar: \u00abDesde alg\u00fan tiempo, sobre todo desde que he visto morir algunos j\u00f3venes, la vida ha cobrado para m\u00ed otro aspecto\u00bb.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed en qu\u00e9 circunstancias Ozanam hab\u00eda visto morir a un joven, por primera vez:<\/p>\n<p>Era tres meses antes de la fecha en que escribi\u00f3 estas l\u00edneas. El 30 de diciembre de 1833, en una carta de a\u00f1o nuevo dirigida a su madre, Federico le contaba que, la v\u00edspera y la antev\u00edspera de ese d\u00eda, a dos pasos de su casa, casi a su puerta, un joven estu\u00addiante acababa de morir en medio de atroces sufrimientos. \u00abDes\u00adde mi cuarto y desde el de Chaurand, se o\u00edan sus gemidos y su delirio. \u00bf C\u00f3mo quedarse imp\u00e1vido y seguir so\u00f1ando y escribiendo, cuando un condisc\u00edpulo joven, como nosotros, se retuerce en su lecho de agon\u00eda y se est\u00e1 muriendo? Por eso, ayer y antes de ayer, hubo un viaje continuo de nuestra puerta a la suya: por doquier nos persegu\u00eda la imagen del desgraciado. Los progresos del mal eran espantosos; fue preciso asistir a la Extrema Unci\u00f3n y luego a las comprobaciones legales. Ayer por la noche, daba horror ver\u00adlo, era desgarrador o\u00edrlo. No pudimos resolvemos a acostarnos sino a la una de la ma\u00f1ana. Al despertar, supimos que hab\u00eda muerto. \u00a1Ay de m\u00ed! Nunca hab\u00edamos visto morir a nadie. Es preciso que un hombre se acostumbre a estos terribles espect\u00e1culos; en cuanto a m\u00ed, me impresionaron profundamente\u00bb. A unos pasos del lecho en que yace el joven muerto escribi\u00f3 esa carta de a\u00f1o nuevo, \u00aben que las felicitaciones se mezclan \u2014dice\u2014 al espect\u00e1culo de las\u00a0 peores tristezas de la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>La violenta impresi\u00f3n que Ozanam dice haber recibido de ese espect\u00e1culo fue tambi\u00e9n persistente. Tuvo el resultado de orien\u00adtarlo, m\u00e1s a\u00fan que en el pasado, hacia las cosas eternas, como escribe tambi\u00e9n: \u00abSobre todo desde que he visto morir a algunos j\u00f3venes, he sentido que hasta ahora no hab\u00eda llevado lo bastante en mi coraz\u00f3n el pensamiento del mundo invisible, del mundo real.- He pensado que no hab\u00eda concedido suficiente atenci\u00f3n a dos com\u00adpa\u00f1eros que caminan siempre con nosotros, <i>Dios y la muerte\u2026 <\/i>Me parece que comprendo mejor los choques de la vida y que tendr\u00e9 m\u00e1s valor para soportarlos. Me parece tambi\u00e9n que tengo un poco menos de orgullo. \u00bf Qu\u00e9 valor tendr\u00edan las creencias re\u00adligiosas, fuera de ese valor pr\u00e1ctico? Si la religi\u00f3n ense\u00f1a a vivir es para ense\u00f1ar a morir\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfEs un estudiante el que habla as\u00ed? \u00bfNo es un asceta en el claus\u00adtro? Ozanam no pretende enga\u00f1ar: \u00abNo vayas a creer que me haya vuelto un santo o un ermita\u00f1o o que tenga el prop\u00f3sito de entrar al seminario. Por desgracia, me siento muy alejado de lo primero <i>y <\/i>no tengo vocaci\u00f3n para lo segundo. No te imagines, pues, que paso el d\u00eda contemplando una calavera. Aunque pien\u00adso lo que acabo de decirte, soy un compa\u00f1ero bastante bueno, que r\u00ede de buena gana y aun pierde en hacerlo, seg\u00fan su costumbre, un tiempo considerable\u00bb.<\/p>\n<p>No lo pierde, como se imaginar\u00e1, en las groseras o licenciosas diversiones de los abogados noveles, los cuales, seg\u00fan declara, s\u00f3lo le inspiran asco y compasi\u00f3n. Una carta del 12 de febrero des\u00adcribe en la siguiente forma a su madre el carnaval del barrio latino: \u00abAqu\u00ed, el martes de carnestolendas ha sido m\u00e1s loco que de costumbre. Todas estas noches pasadas, la mitad de los estudian\u00adtes de mi hotel ha bailado no s\u00e9 d\u00f3nde y no ha regresado sino hasta el amanecer\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a \u00e9l, fue a o\u00edr predicar al Padre Lacordaire y a un sacerdote lion\u00e9s,, el Padre Coeur, joven orador de talento que van a o\u00edr muchedumbres en San Roque. El d\u00eda de Reyes, cen\u00f3 en casa del se\u00f1or Amp\u00e9re. Lo invit\u00f3 a su fiesta un c\u00e9lebre abogado, el se\u00f1or Janvier, que dese\u00f3 conocerlo, despu\u00e9s de leer un art\u00edculo suyo publicado en la <i>Revista Europea.<\/i><\/p>\n<p>Dice en otro pasaje: \u00abLas disposiciones un poco tristes de mi esp\u00edritu no me inspiran afici\u00f3n alguna a la sociedad y a las gran\u00addes reuniones. Sin embargo, como comprendo que pueden serme muy \u00fatiles, ir\u00eda de buena gana, si tuviera oportunidad de hacer\u00adlo; pero \u00bf qui\u00e9n se preocupa por un pobre muchacho como yo que no tiene ninguno de los modales elegantes y amables que exige el mundo? Adem\u00e1s \u00a1hay tantos que solicitan su entrada en los sa\u00adlones! Bastante trabajo tienen con abrirles sus puertas, sin ir a bus\u00adcar a los ciegos y a los cojos\u00bb.<\/p>\n<p>En la casa de Amp\u00e9re, en su mesa familiar, en que tuvo su parte de la rosca de Reyes, Ozanam encontraba ahora a su hijo Juan Jacobo, que era trece a\u00f1os mayor que \u00e9l. Esp\u00edritu f\u00e1cil, brillante, cult\u00edsimo, muy amplio, de una erudici\u00f3n casi universal, historiador, poeta, dramaturgo, escritor distinguido y personal, viajero cosmopolita, buen conversador, profesor muy interesante, el se\u00f1or &#8216;Amp\u00e9re, anteriormente maestro de Conferencias en la Escuela Normal, se convirti\u00f3 en 1834, en profesor del Colegio de Francia donde daba cursos sobre la poes\u00eda escandinava. Estaba en v\u00edsperas de entrar en el Instituto, y pronto en la Academia francesa. La \u00edndole de sus trabajos sobre las literaturas del Norte atra\u00eda particularmente a Ozanam hacia el joven sabio de treinta y cuatro a\u00f1os de edad. Por otra parte, la distancia que separaba sus dos esp\u00edritus era mucho mayor que la de los a\u00f1os. La filosof\u00eda alemana hab\u00eda marcado al viajero. La religi\u00f3n de Juan Jacobo no iba mucho m\u00e1s all\u00e1 de un espiritualismo respetuoso de las creencias, o cuando mucho de un cristianismo de buena sociedad. Adem\u00e1s, sus costumbres y sus afectos lo manten\u00edan en ese mun\u00addo encumbrado de los salones de Par\u00eds en que Madame R\u00e9camier era reina y Chateaubriand rey. Pod\u00eda haber all\u00ed &#8216;\u00e9n el trato y sobre todo el contacto habitual de un parisiense tan encantador, un es\u00adcollo a flor de agua para el candor de un joven f\u00e1cil de seducir por todo lo que era talento y gloria. El tacto exquisito y la deli\u00adcadeza moral de Ozanam lograron sortearlo. Lo que se nota en sus primeras relaciones epistolares es, por parte del m\u00e1s joven, la respetuosa reserva que se mezcla a la admiraci\u00f3n y a la grati\u00adtud, y por otra parte el inter\u00e9s afectuoso y condescendiente del mayor que se cierne suavemente sobre la cabeza del estudiante y luego del principiante, como una mano amable y protectora. M\u00e1s tarde, los corazones se habr\u00e1n tocado, comprendido, fundi\u00addo en una amistad igualmente delicada de una y otra parte, pero adem\u00e1s profundamente religiosa en Ozanam. Se interesar\u00e1 ante Dios por el alma de ese amigo, mayor que \u00e9l, cuya salvaci\u00f3n se propon\u00eda; y lo oiremos un d\u00eda evocar suave y fuertemente ese re\u00adcuerdo, con el acento de un coraz\u00f3n de ap\u00f3stol que llama al co\u00adraz\u00f3n de un hermano.<\/p>\n<p>Las conferencias del Padre Lacordaire, que eran para Ozanam sus mayores alegr\u00edas de la Cuaresma de 1834, son las \u00faltimas que el orador sustent\u00f3 en la capilla del colegio Estanislao. Ozanam escribe de \u00e9l, en la misma carta: \u00abTodos nuestros predicadores de la Cuaresma quedan opacados por el Padre Lacordaire que sustenta conferencias todos los domingos en el colegio Estanislao. Acude gran acopio de j\u00f3venes. Muchos alumnos de la Escuela po\u00adlit\u00e9cnica, varios de la Escuela normal; personajes distinguidos, di\u00adputados, profesores, sabios se mezclan en ese auditorio. Y cada vez, sale uno sorprendido de tantas cosas dichas de un modo tan sen\u00adcillo, tan ingenuo, tan conmovedor; en una palabra, no es en modo alguno el tipo de los predicadores actuales, sino m\u00e1s bien el de los Padres de la Iglesia, San Agust\u00edn, San Basilio y San Cris\u00f3stomo\u00bb.<\/p>\n<p>De esas alturas de pensamiento en que vive esa alma, de \u00e9sas v\u00edas en que camina \u00abentre Dios y la muerte\u00bb, hay que ver ahora cu\u00e1l es su mirada sobre el mundo, puesto que estamos escribien\u00addo la historia de un alma. La abre de par en par a su madre, en una larga e importante carta del 16 de mayo de 1834:<\/p>\n<p>\u00abA medida que crece uno \u2014escribe\u2014 y que ve el mundo des\u00adde m\u00e1s cerca, tiene el dolor de encontrarlo hostil a todas las ideas, a todos los sentimientos que m\u00e1s aprecia. Cuanto m\u00e1s contacto tiene uno con los hombres, m\u00e1s orgullo y ego\u00edsmo encuentra en ellos; orgullo en los sabios, fatuidad en la gente de sociedad, cr\u00e1\u00adpula en el pueblo. Ante este espect\u00e1culo, cuando ha sido uno edu\u00adcado en una familia generosa y pura, se siente embargado de indignaci\u00f3n y repulsi\u00f3n y quisiera murmurar y maldecir; pero el Evangelio lo prohibe y nos impone la obligaci\u00f3n de dedicarnos por entero al servicio de esa sociedad que nos rechaza y nos desprecia\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, en vez de murmurar y maldecir, actuar y servir: tal es, en efecto, su resoluci\u00f3n. En la fecha de esa carta, el 16 de mayo, Ozanam acababa de alcanzar su mayor\u00eda de edad ante el Estado y ante la Iglesia. Tiene veinti\u00fan a\u00f1os desde el 23 de abril. Es hombre, y sabe que tiene el deber y siente la necesidad de ser soldado: \u00abTengo edad suficiente para ayunar \u2014escribe a su ma\u00addre\u2014 y ma\u00f1ana ayuno con la Iglesia; pero \u00bfno estoy en edad tambi\u00e9n de sufrir un poco y combatir como ella?\u00bb Y combatir\u00e1. Prosigue su carta: \u00abTildados de beatos por compa\u00f1eros imp\u00edos, de liberales y temerarios por gente de edad proyecta, asaltados por controversias y disputas en que falta la caridad y abunda el esc\u00e1ndalo, rodeados de partidos pol\u00edticos, que, porque empeza\u00admos a tener barba, quisieran arrastrarnos a su camino trillado, es una existencia dolorosa, querida madre. Pero no me quejo, pues pienso que es una prueba que me impone la Providencia para que despu\u00e9s yo sea \u00fatil a su servicio\u00bb.<\/p>\n<p>Mas \u00bf cu\u00e1l ser\u00e1 ese servicio? Aparta esta vez la apremiante pre\u00adgunta. \u00abAcaso ando equivocado al querer ser hombre, cuando, querida madre, me encuentro a\u00fan en la infancia en varios res\u00adpectos \u00bfno es cierto? Pero no puedo olvidar que, este a\u00f1o, termi\u00adna mi educaci\u00f3n jur\u00eddica, y que puedo, en agosto, ser abogado, si quiero\u00bb.<\/p>\n<p>Tres meses despu\u00e9s, en efecto, sus estudios iban a culminar en la licencia de derecho. La promesa que hab\u00eda hecho a su madre de dedicarse por entero a su carrera, se hab\u00eda cumplido. Entre algunas raras infracciones que se hab\u00eda permitido, confiesa un ar\u00adt\u00edculo sobre China y otros dos sobre la India, en la <i>Revista Europea, <\/i>se acusa, se disculpa tambi\u00e9n un poco: lo obligaroh a escribirlos. Asimismo, respecto a todas las ocupaciones exteriores \u00abconsidera\u00addas desde ahora como secundarias\u00bb, ha obedecido.<\/p>\n<p>Pero \u00bf a costa de qu\u00e9 sacrificio? \u00a1Y qu\u00e9 cambio de vida! \u00abEn realidad, querida madre, este a\u00f1o, ya no entiendo nada en mi mo\u00addo de ser. Todas mis costumbres del a\u00f1o pasado han cambiado tanto que ya no s\u00e9 de m\u00ed. Ya no hay estudios sabios ni conferen\u00adcias filos\u00f3ficas; ya no hay aquellas ardientes discusiones que te\u00adn\u00edamos el a\u00f1o pasado en nuestra sociedad literaria; ni esos tra\u00adbajos prolongados en que se encend\u00eda mi esp\u00edritu. Todas nuestras peque\u00f1as reuniones est\u00e1n desorganizadas; y, fuera de algunos mi\u00adserables art\u00edculos en publicaciones peri\u00f3dicas y algunas buenas lecturas, nada he hecho fuera de estudiar derecho. . . Pero con la preocupaci\u00f3n de los ex\u00e1menes, el tedio ha invadido y secado mi alma. . . En suma, creo que si este sacrificio me permite ganar al\u00adgunas bolas blancas, por otra parte ha hecho perder mucho a mi vida intelectual\u00bb. Y todas sus reflexiones y sus impresiones sobre el mundo y sobre \u00e9l mismo se resumen en las siguientes frases: \u00abEsto es lo que se siente profundamente a mi edad. Y estas tristes verdades, que decepcionan todos mis sue\u00f1os, me dejan grave y sombr\u00edo como un hombre de cuarenta a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bb \u00a1Un hombre de cuarenta a\u00f1os!\u00bb Por desgracia Ozanam ape\u00adnas hab\u00eda de llegar a la cumbre de esa edad. Pero <sup>&#8211;<\/sup>Dios quer\u00eda consumirlo en poco tiempo y lo hab\u00eda madurado antes del oto\u00f1o. La mayor\u00eda de edad que acababa de alcanzar ese joven de vein\u00adti\u00fan a\u00f1os no era solamente la de la edad, sino tambi\u00e9n la del es\u00adp\u00edritu, de la voluntad, del car\u00e1cter, del coraz\u00f3n. Ozanam, a los veinti\u00fan a\u00f1os ha contemplado el mundo y lo ha juzgado con al\u00adtura; ha mirado la vida y comprendido su sentido ; ha mirado la muerte, y \u00abentre la muerte y Dios caminar\u00e1 por la vida\u00bb; ha mi\u00adrado la cruz, y ha sabido inmolarse a la voluntad de quienes re\u00adpresentan para \u00e9l la voluntad de Dios. Es due\u00f1o de s\u00ed mismo, pero s\u00f3lo para elevarse encima de s\u00ed mismo por la humildad del coraz\u00f3n. Y libre el coraz\u00f3n, recta la mirada fija sobre una sola meta de verdad y de caridad \u00a1c\u00f3mo se ve subir a ese joven hacia las alturas sagradas en que el hombre se transfigura para apare\u00adcernos cada vez m\u00e1s como un hijo de Dios!<\/p>\n<p>Sin embargo, por otra parte, ese candor de ni\u00f1o que hac\u00eda de \u00e9l un hijo tan tierno, un amigo tan simp\u00e1tico, estaba intacto en \u00e9l. Esta carta, la \u00faltima que poseemos de las que dirigi\u00f3 a su madre, y con mucho la m\u00e1s larga, ten\u00eda a la vez, sin que \u00e9l lo supiera, la tristeza y la ternura de un adi\u00f3s. \u00bfNo se hab\u00eda quejado esa madre de que su hijo la abandonaba y de que ya no se confiaba a ella como en otros tiempos, tle modo que s\u00f3lo pod\u00eda <i>figurarse <\/i>que ten\u00eda un hijo? Y es que la guerra civil imped\u00eda toda comunica\u00adci\u00f3n por carta con Lyon. Pero en esos d\u00edas le respondi\u00f3: \u00ab\u00a1Pobre madre, c\u00f3mo hubiera querido reunirme con usted para abrazarla y acariciarla!\u00bb<\/p>\n<p>En fin, esta vez, \u00abpod\u00eda desahogarse con ella\u00bb. En ocho grandes p\u00e1ginas llenas de efusi\u00f3n, le hab\u00eda recordado toda su vida de ni\u00f1o, toda, su vida familiar, \u00absus dulces palabras, cuando, colegial, trabajaba en la mesa, a su lado; cuando, en sexto a\u00f1o, la consultaba en sus temas; cuando, en ret\u00f3rica, le le\u00eda sus discursos franceses, los consejos y a veces las reprimendas de su padre, sus paseos con \u00e9l, sus relatos de la guerra, etc., etc.<\/p>\n<p>Luego, despu\u00e9s de esos gratos recuerdos, sus esperanzas de las que dec\u00eda por \u00faltimo: \u00abMe imagino, mi querida madre, que con la ayuda de Dios llegar\u00e1 un d\u00eda en que le pagar\u00e9 con piedad filial y satisfacci\u00f3n un poco de la solicitud, la fuerza y la salud que ha gastado usted por m\u00ed\u00bb. Le hablaba tambi\u00e9n de sus devociones y del Padre Marduel como \u00abdel \u00fanico hombre cuya bondad y sabi\u00addur\u00eda pod\u00edan sustituir a su padre y a su madre\u00bb. \u2014\u00bbAs\u00ed pues, madre querida, cualesquiera que sean mi debilidad y mis defec\u00adtos, conservo la esperanza de no ser demasiado indigno de mis padres, fervoroso cristiano, ciudadano resuelto y hombre virtuoso. Adi\u00f3s, mi buena madre. \u00a1Oh, no tenga miedo, pobre madre m\u00eda, de que jam\u00e1s la abandone!\u00bb<\/p>\n<p>El 21 de julio, una carta escrita a la una de la ma\u00f1ana y diri\u00adgida a un amigo lion\u00e9s, recuerda que estudia d\u00eda y noche derecho. En ese mismo instante, est\u00e1 luchando con las materias del cuarto examen. \u00abAdi\u00f3s, pues, querido amigo. Antes de un mes, hablare\u00admos a nuestras anchas de _muchas cosas que no pueden escribirse\u00bb.<\/p>\n<p>Antes del 15 de agosto, Federico regresaba a Lyon. Se hab\u00eda recibido de abogado. \u00ab\u00a1Yo, abogado! \u2014hab\u00eda escrito a su ma\u00addre\u2014. \u00a1Se imagina usted eso! Despu\u00e9s de todo, el t\u00edtulo de abo\u00adgado, por s\u00ed solo, no es gran cosa\u00bb. Qu\u00e9 otro t\u00edtulo se propon\u00eda a\u00f1adir a \u00e9ste, desde entonces?<\/p>\n<p>El joven abogado encontr\u00f3 la ciudad atestada de tropas, erizada de ca\u00f1ones, ostentando en sus calles y en sus murallas las cica\u00adtrices de la insurrecci\u00f3n de abril, y resintiendo en sus negocios las largas y desastrosas consecuencias de una guerra civil. En cam\u00adbio, encontraba de nuevo, bajo el techo paterno, todas las alegr\u00edas de la familia: habla de ellas con entusiasmo. Volv\u00eda a encontrar tambi\u00e9n, con sus compa\u00f1eros lioneses de la Escuela de Leyes y de la conferencia, a de la Perri\u00e9re, Dufieux, Chaurand, Bi\u00e9trix, y otros que ve\u00eda diariamente, en su casa o en la de ellos.<\/p>\n<p>La gran distracci\u00f3n, y para \u00e9l el acontecimiento de sus vaca\u00adciones de 1834, fue una visita a Lamartine en compa\u00f1\u00eda de Du\u00adfieux que, conocido del poeta, hab\u00eda logrado la autorizaci\u00f3n de presentarle a su amigo. El se\u00f1or de Lamartine viv\u00eda en su cas\u00adtillo de Saint-Point, situado en las monta\u00f1as, a cinco leguas de M\u00e1con y ejerc\u00eda desde all\u00ed sobre la comarca una especie de monarqu\u00eda civilizadora y ben\u00e9fica. Ozanam escribe a Lallier: \u00abEl se\u00f1or de Lamartine nos hizo entrar a ambos en una glorieta don\u00adde charlamos los tres cerca de dos horas. Nos expuso sus grandes y generosas ideas pol\u00edticas, sus bellas teor\u00edas literarias; se inform\u00f3 detenidamente de la juventud de las escuelas y del esp\u00edritu que la animaba, y me pareci\u00f3 lleno de esperanza en el porvenir. . . En la mesa y en la sala, se mostr\u00f3 sumamente amable. Nos invit\u00f3 con insistencia a que pas\u00e1ramos con \u00e9l ocho d\u00edas. Y como no pod\u00edamos hacerlo, me hizo prometerle que ir\u00eda a visitarlo en Par\u00eds este invier\u00adno. Cenamos y pernoctamos all\u00ed. Y al d\u00eda siguiente, \u00e9l mismo nos llev\u00f3 a visitar sus otras dos casas de Milly y de Monceaux. . .\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam confiesa que se abandon\u00f3 por completo al encanto de este seductor Lamartine de cuarenta y tres a\u00f1os de edad, en toda la flor de su genio, de su belleza, de su palabra y de su gloria: \u00ab\u00e9 Qu\u00e9 quiere usted? La vista de este hombre superior me fascin\u00f3; mucho antes de llegar a su casa, hab\u00eda tomado la precauci\u00f3n de leer cierto cap\u00edtulo de la <i>Imitaci\u00f3n <\/i>que me precav\u00eda contra el respeto humano\u00bb.<\/p>\n<p>No nos sorprendamos al leer a continuaci\u00f3n: \u00ab\u00a1Oh, m\u00e1s que nunca han vuelto todas mis ambiciones literarias, todas mis incer\u00adtidumbres, el deseo de hacer el bien confundido con el de adqui\u00adrir alguna gloria; pero, junto con esto, la conciencia de mi nu\u00adlidad, el sentimiento de mi posici\u00f3n social y de la necesidad en que estoy de ganarme la vida!\u00bb \u00bf Qu\u00e9 iba a ser de \u00e9l cuando se reanudaran los cursos? \u00abMis incertidumbres no han terminado. He consultado a mi hermano: cree que no es tiempo a\u00fan de cortar el nudo gordiano. Me aconseja que lleve a cabo simult\u00e1neamente el estudio del derecho y el de las letras. . .\u00bb<\/p>\n<p>Todo lo llamaba a Par\u00eds, del que ya sent\u00eda la nostalgia. \u00abSin noticias de Par\u00eds, sin cartas, sin peri\u00f3dicos, empiezo a. sentir el abu\u00adrrimiento de la vida provinciana\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que lo llamaba a Par\u00eds eran en primer lugar las amistades que all\u00ed hab\u00eda dejado. Ninguna estaba m\u00e1s cerca de su coraz\u00f3n que la de Lallier, como lo declara en esta carta entusiasta: \u00abAho\u00adra que gozo de los abrazos de mi madre, de los consejos de mi hermano mayor, de las caricias de mi hermanito, no dejo de ex\u00adtra\u00f1ar a mis amigos de. Par\u00eds, la caritativa llaneza del se\u00f1or Bailly, las largas veladas que pas\u00e1bamos juntos; sobre todo con usted, querido amigo, que, al darme tan buenos consejos y ejemplos, me manifestaba un afecto tan sincero y tan cristiano. Pues lo sabe bien: de todos los j\u00f3venes que he conocido en ese destierro de la capital, ha sido usted el preferido. A usted lo iba a buscar, cuando se ocultaba en su cuartito y estaba en sus d\u00edas sombr\u00edos. A su vez, usted me inspir\u00f3 tantos saludables y santos pensamien\u00adtos, me consol\u00f3 en mis tristezas&#8217; y me dio valor. \u00a1Oh, me hace us\u00adted mucha falta; nos hace falta a todos!\u00bb<\/p>\n<p>Lo que, adem\u00e1s, llamaba a Ozanam a Par\u00eds, eran sus obras de caridad, su joven conferencia, sus pobres: \u00abAqu\u00ed, no tengo obras de caridad que realizar. Vivo como un holgaz\u00e1n. \u00a1Cu\u00e1nto nece\u00adsito, amigo m\u00edo, que rece usted por m\u00ed. No me olvide, pues, por miserable que yo sea! . .\u00bb Sin embargo, se ocupaba de reclutar al\u00adgunos j\u00f3venes cofrades para su peque\u00f1a sociedad. \u00abLlevaremos a Par\u00eds una banda de buenos lioneses. Engrosar\u00e1n las filas de nues\u00adtras reuniones, aunque, a decir verdad, la Conferencia de historia no me interesa sino como un medio para reclutar la Conferencia de la Caridad\u00bb. Lo hizo todo tan bien que, al regresar a sus pri\u00admeras vacaciones, desde la apertura de los curs\u00f3s de 1833, de veinti\u00adcinco miembros que contaba la Conferencia, dieciocho eran origi\u00adnarios de Lyon o de la regi\u00f3n vecina. Era el contingente reunido por Ozanam.<\/p>\n<p>Enmedio de esa acci\u00f3n de celo, fue para \u00e9l una gran alegr\u00eda re\u00adcibir, en octubre de 1834, una carta de su antiguo compa\u00f1ero L\u00e9once Curnier, establecido en Nimes: en ella le comunicaba que, siguiendo su ejemplo, trabajaba en fundar una conferencia de caridad en aquella ciudad. Este amigo le dec\u00eda: \u00abLe promet\u00ed sinceramente, al despedirme de usted, tratar de formar en Nimes una asociaci\u00f3n semejante a la que usted mismo fund\u00f3 en Par\u00eds. Me expresaba el deseo de ver a Francia envuelta <i>en una red de caridad, <\/i>e hizo pasar a mi coraz\u00f3n algo del celo ardiente que lo animaba. Desde mi llegada aqu\u00ed, comuniqu\u00e9 el proyecto que me hab\u00eda usted inspirado a un venerable eclesi\u00e1stico, y cuando le con\u00adt\u00e9 lo que usted me hab\u00eda dicho y lo que yo hab\u00eda visto, las l\u00e1grimas corrieron por sus mejillas: \u00a1Ah! \u2014me dijo\u2014 no hay que des\u00adesperar del porvenir de Francia, puesto que existen, en la genera\u00adci\u00f3n a quien pertenece este porvenir, j\u00f3venes capaces de dar un ejemplo tan bello&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>Ozanam contest\u00f3 sin tardanza: \u00abSu carta me colm\u00f3 de alegr\u00eda. La comuniqu\u00e9 a algunos de mis amigos que est\u00e1n aqu\u00ed de vaca\u00adciones y forman parte de nuestra peque\u00f1a sociedad. Luego, inme\u00addiatamente escrib\u00ed a los miembros que radican en Par\u00eds anunci\u00e1n\u00addoles esta buena noticia. Ante todo, perm\u00edtame felicitarlo por el bien que ha iniciado y por el que se prepara a hacer. Dios y los pobres habr\u00e1n de bendecirlo. Y nosotros, a quienes usted superar\u00e1, nos sentiremos orgullosos y felices de tener semejantes herma\u00adnos[\/note]. Se ha realizado, pues, el deseo que hab\u00edamos formado: es usted el primer eco que ha contestado a nuestra d\u00e9bil voz; acaso no tarden en escucharse otros. Entonces, el mayor m\u00e9rito de nues\u00adtra peque\u00f1a sociedad parisiense ser\u00e1 haber dado la idea de for\u00admar otras parecidas. Un hilo basta para empezar una tela\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, lo que faltaba en Lyon y lo que lo llamaba a Par\u00eds era la vida intelectual, la de los cursos p\u00fablicos, la de los estudios cient\u00edficos de toda \u00edndole, la cual s\u00f3lo tiene su plenitud en la ca\u00adpital: \u00abAqu\u00ed, de vacaciones, vivo corno un beocio y casi no tra\u00adbajo\u00bb.<\/p>\n<p>Volver\u00e1, pues, a Par\u00eds: su padre consiente en ello. Es la gran noticia que, el 15 de octubre, puede anunciar a Lallier: \u00abMi pa\u00addre me permite regresar <i>dos a\u00f1os a Par\u00eds. <\/i>Seguir\u00e9 preparando apa\u00adciblemente mi doctorado en derecho; y, al mismo tiempo, apren\u00adder\u00e9 las lenguas orientales. Adem\u00e1s, ya no escribir\u00e9 art\u00edculos para los peri\u00f3dicos; s\u00f3lo algunos raros trabajos para la conferen\u00adcia, si hubiere una; o para la <i>Revista Europea, <\/i>si no ha muerto. Abandono lo dem\u00e1s a la. Providencia. De buena gana aceptar\u00e9 el lugar que le plazca asignarme, por humilde que sea. Ser\u00e1 de todos modos bastante bello, si lo ocupo dignamente\u00bb.<\/p>\n<p>A mediados de noviembre de 1834, Ozanam estaba en Par\u00eds. Iba a coronar con un grado superior sus estudios jur\u00eddicos y pro\u00adfesionales. No por eso dejaba de tener la intenci\u00f3n secreta de un grado de otra \u00edndole cuyo valiente deseo se trasluce en estas l\u00ed\u00adneas a su madre: \u00abNecesito expresaros, querida madre, mi buena y firme voluntad de hacer en todo tiempo todo lo posible\u2022 para cumplir con mi deber. Este a\u00f1o, antes de volver con vosotros, pasar\u00e9 mi gran examen de doctor en derecho. Espero pasarlo con honor. Si no puedo hacer nada m\u00e1s; si no puedo dedicarme, co\u00admo lo hubiera deseado, a otros estudios m\u00e1s atractivos; si no pue\u00addo poner <i>dos cuerdas en mi arco; <\/i>si s\u00f3lo puedo poner en \u00e9l la cuer\u00adda s\u00f3lida y es preciso prescindir de la cuerda brillante y armo\u00adniosa, me inclinar\u00e9. Mi esp\u00edritu sufrir\u00e1; me habr\u00e9 privado de una fuente de deleites que me hab\u00eda prometido; pero cuando menos, no habr\u00e9 faltado a mi deber\u00bb.<\/p>\n<p>El deber, el deber en el sacrificio: esta \u00faltima palabra de su carta \u00bfno es acaso tambi\u00e9n la que resume la mentalidad de estos tres a\u00f1os de estudio y de combate?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VII: La orientaci\u00f3n Viaje a Italia.\u2014\u00bfEl Derecho o la Literatura?\u2014El estudiante de Derecho.\u2014Ansiedad y sacrificio.\u2014Juan Jacobo Amp\u00e9re.\u2014Licenciado en Derecho.\u2014 Lyon: Lamartine. 1833-1834 Durante las vacaciones de 1833, un viaje que Ozanam hizo en familia &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-por-mons-baunard-capitulo-07\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149294,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[11],"tags":[164,305,296,160],"class_list":["post-123689","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-federico-ozanam","tag-bailly","tag-chaurand","tag-curnier","tag-nimes"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Federico Ozanam (por Mons. 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La acci\u00f3n de caridad: \u00a1vamos a los pobres!\u2026","rel":"","context":"En \u00abFederico Ozanam\u00bb","block_context":{"text":"Federico Ozanam","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/federico-ozanam\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/frederic-ozanam-layman-for-now.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/frederic-ozanam-layman-for-now.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/frederic-ozanam-layman-for-now.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/frederic-ozanam-layman-for-now.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/frederic-ozanam-layman-for-now.jpg?fit=1200%2C630&ssl=1&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":386828,"url":"https:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-un-santo-polifacetico-y-modelico\/","url_meta":{"origin":123689,"position":1},"title":"Federico Ozanam, un santo polifac\u00e9tico y mod\u00e9lico","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"09\/09\/2024","format":false,"excerpt":"Federico Ozanam, hombre polifac\u00e9tico y mod\u00e9lico Es para m\u00ed una satisfacci\u00f3n estar aqu\u00ed en esta mesa con el objetivo de presentar la figura del beato Federico Ozanam con motivo de la edici\u00f3n de su correspondencia. 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