{"id":12333,"date":"2009-10-04T20:17:27","date_gmt":"2009-10-04T19:17:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/04\/vicente-de-paul-conferencia-126-conferencia-del-18-de-abril-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-126-conferencia-del-18-de-abril-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-126-conferencia-del-18-de-abril-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 126: Conferencia Del 18 De Abril De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA HUMILDAD<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 7)<\/p>\n<p><em>Naturaleza de la virtud de la humildad. Belleza de esta virtud. Medios para ponerla en pr\u00e1ctica. Condiciones necesarias para poseerla realmente.<\/em><\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, hemos llegado al art\u00edculo s\u00e9ptimo del cap\u00edtulo segundo de nuestras reglas. En la \u00faltima conferencia sobre este tema, dijimos que nuestro Se\u00f1or nos ha invitado a que aprendi\u00e9ramos de \u00e9l una lecci\u00f3n que nos ha ense\u00f1ado: \u00abAprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abQue soy manso\u00bb: de eso ya hablamos entonces; \u00abque soy humilde de coraz\u00f3n\u00bb: no hablamos entonces, aunque hab\u00eda pensado hacerlo. Pas\u00f3 el tiempo y mi miseria es tan grande que no logro avanzar. Nos quedamos, pues, en la segunda lecci\u00f3n, de la que vamos a hablar ahora. Esto es lo que dice nuestra regla:<\/p>\n<p>Pues bien, esta humildad, que tantas veces nos recomienda Jesucristo con su palabra y su ejemplo y en cuya adquisici\u00f3n debe trabajar la compa\u00f1\u00eda con todas sus fuerzas, ha de tener tres condiciones: la primera, juzgarnos con toda sinceridad dignos de desprecio; la segunda, sentirnos contentos de que los dem\u00e1s conozcan nuestros defectos y nos desprecien por ellos; la tercera, ocultar el poco bien que Dios haga por medio de nosotros o en nosotros, pensando en nuestra propia bajeza, y si esto no es posible, atribuirlo totalmente a la misericordia de Dios y a los m\u00e9ritos de los dem\u00e1s. Aqu\u00ed es donde est\u00e1 el fundamento de la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica y el nudo de toda la vida espiritual. Quien tenga esta virtud obtendr\u00e1 f\u00e1cilmente todas las dem\u00e1s; y el que no la tenga, se ver\u00e1 tambi\u00e9n privado de las que parece que tiene y vivir\u00e1 en continuas preocupaciones.<\/p>\n<p>El sentido de este art\u00edculo de nuestras reglas est\u00e1 tan claro que no hay nadie que no lo entienda, y casi no tiene necesidad de ninguna explicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se trata pues, hermanos m\u00edos, de la santa humildad, tan estimada y tan recomendada por nuestro Se\u00f1or, y que hemos de abrazar precisamente por recomendaci\u00f3n y por consejo suyo. Si mandase hablar a alguno de la compa\u00f1\u00eda, cualquiera que fuese, nos dir\u00eda un mont\u00f3n de motivos y de razones para ello; tambi\u00e9n yo os podr\u00eda decir algunos; pero para honrar lo que nuestro Se\u00f1or dijo de esta virtud y sus sentimientos sobre ella, solamente diremos que \u00e9l mismo nos la recomend\u00f3: \u00abAprended de m\u00ed, que soy humilde\u00bb. Si fuera un ap\u00f3stol, si fuera san Pedro o san Pablo el que nos diera esta lecci\u00f3n, si fueran los profetas o alg\u00fan santo, se podr\u00eda decir que eran alumnos como nosotros; si fueran fil\u00f3sofos&#8230; \u00a1Ay! Ellos no han conocido esta virtud y Arist\u00f3teles nada dice de ella, a pesar de que habl\u00f3 tan bien de las dem\u00e1s virtudes morales.<\/p>\n<p>Solamente nuestro Se\u00f1or es el que ha dicho y ha podido decir: Discite a me quia mitis sum et humilis corde. \u00a1Oh, que palabras! Aprended de m\u00ed, no de otro, no de un hombre, sino de un Dios; aprended de m\u00ed&#8230; \u00bfQu\u00e9 quieres, Se\u00f1or, que aprendamos? Que soy humilde. \u00a1Oh Salvador, qu\u00e9 palabra! \u00a1Qu\u00e9 eres humilde! S\u00ed, yo lo soy, no s\u00f3lo en lo exterior, por ostentaci\u00f3n o por jactancia, sino humilde de coraz\u00f3n: no por una humillaci\u00f3n ligera o pasajera, sino con un coraz\u00f3n verdaderamente humillado ante mi Padre eterno, con un coraz\u00f3n humillado siempre ante los hombres y por los hombres pecadores, buscando siempre las cosas viles y rastreras, y abraz\u00e1ndolas siempre cordial, activa y pasivamente. Aprended de m\u00ed cu\u00e1n humilde soy, y aprended a serlo tambi\u00e9n vosotros.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, esto es tan contrario al esp\u00edritu del mundo y a lo que en \u00e9l se practica, est\u00e1 tan lejos de la disposici\u00f3n de los hombres y de la naturaleza de cada uno que, si Dios no lo hubiese dicho y lo hubiese hecho, nadie querr\u00eda ni siquiera o\u00edr hablar de ello, pues todos aprecian tanto lo que hay en ellos y lo que hacen, que no hay ni uno solo que naturalmente no quiera tener una buena reputaci\u00f3n y no haga todo lo posible por ser estimado, alabado y preferido; debido a nuestra naturaleza estropeada por el primer hombre, todo el mundo cae en esta inclinaci\u00f3n maligna y en esta trampa miserable.<\/p>\n<p>Sin embargo, padres, os voy a decir una cosa extra\u00f1a: habiendo preguntado muchas veces tanto en el confesionario como en las visitas: \u00ab\u00bfCu\u00e1l es la virtud que m\u00e1s desea usted? \u00bfPor cu\u00e1l siente m\u00e1s atractivo?\u00bb, he observado que casi todos me han respondido que es la humildad. \u00abEs una virtud, me han dicho, a la que tengo especial afecto; a pesar de ello, no dejo de sentirme lleno de orgullo, soy un importuno con todos los dem\u00e1s poni\u00e9ndolos por debajo de m\u00ed, y resulto insoportable para m\u00ed mismo, que no querr\u00eda elevarme tanto como lo suelo hacer\u00bb. \u00bfDe qu\u00e9 proviene todo esto? De que, aunque sintamos una inclinaci\u00f3n natural a la soberbia, tambi\u00e9n la sentimos hacia la humildad, debido a su belleza; o al menos, ya que en una misma persona no puede haber al mismo tiempo dos inclinaciones contrarias, nos gustar\u00eda tener esta inclinaci\u00f3n hacia la humildad. \u00bfY por qu\u00e9? Porque la gracia que hemos recibido en el bautismo nos da esta apetencia. S\u00ed, el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or pone en nosotros la misma inclinaci\u00f3n hacia la virtud que la que pone la naturaleza hacia el vicio.<\/p>\n<p>Si os preguntase, hermanos m\u00edos, cu\u00e1l es la virtud que m\u00e1s quer\u00e9is, y si me lo preguntase a m\u00ed mismo, todos dir\u00edamos que es la humildad; pero si se nos preguntase: \u00ab\u00bfY c\u00f3mo se encuentra usted respecto a ella? \u00bfPractica esta virtud?\u00bb\u00a0 No, me siento muy lejos de ella; me inclino a las acciones exteriores que me dan a conocer, deseo que me honren, quiero que me escuchen, peso mis palabras, modulo mis per\u00edodos, en una palabra, me gusta presumir\u00bb \u00abPero, \u00bfno sabe usted que eso es predicarse a s\u00ed mismo, y no a Jesucristo? \u00bfque eso es hacerse in\u00fatil al pueblo con esas elevadas predicaciones que se lleva el viento?\u00bb \u00abEs verdad; pero es necesario que los dem\u00e1s me estimen\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 ceguera! \u00a1Qu\u00e9 desgracia! Padres, si quisiera la bondad de nuestro Se\u00f1or sacarnos de esta pr\u00e1ctica detestable y ponernos en la pr\u00e1ctica de la santa humildad, si quisiera darnos esta gracia santificante de querer nuestro desprecio, \u00a1qu\u00e9 gran gracia ser\u00eda esto, Dios m\u00edo! \u00a1cu\u00e1nto deber\u00edamos apreciarla!<\/p>\n<p>Es preciso confesar que todos sentimos un extra\u00f1o atractivo hacia el vicio contrario y que hay en el hombre una fuerza secreta y muy poderosa del esp\u00edritu maligno que nos obliga, a pesar del conocimiento que tenemos de la belleza y de la santidad de la humildad, a que nos dejemos llevar por la violencia del orgullo. Pero, \u00a1Oh Salvador!, hermanos m\u00edos, \u00bfno va siendo ya tiempo de resistirla? El Hijo de Dios nos ha dicho que seamos humildes, y nos ha asegurado adem\u00e1s: \u00abEl que se humille, ser\u00e1 ensalzado\u00bb. Se trata de una doctrina de salvaci\u00f3n venida del cielo; \u00bfy no es acaso un prodigio y un motivo de extra\u00f1eza que creamos en la verdad de estas palabras, pero nos neguemos a buscar sus efectos?<\/p>\n<p>Sabemos que nuestro Se\u00f1or dijo en cierta ocasi\u00f3n: \u00abEl que se humilla, ser\u00e1 ensalzado; el que se ensalza, ser\u00e1 humillado\u00bb. Pero hay algunos que quieren pasar por sabios, por esp\u00edritus decididos y juiciosos, por hombres prudentes, por buenos superiores y encargados responsables; y no se dan cuenta de que entonces precisamente es cuando se ver\u00e1n rebajados y humillados. \u00a1Oh Salvador, qu\u00e9 locura!<\/p>\n<p>Bien, padres, \u00bfno vamos a reconocer que es verdaderamente desgraciado aquel que, a pesar de conocer las ventajas de la humildad, no hace todo lo posible por ocultarse en las entra\u00f1as de la tierra, que no huye del honor, de la estima y del aprecio de los hombres y no se considera el menor de todos? \u00a1Salvador m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 bien nos han ense\u00f1ado tambi\u00e9n de obra aquella lecci\u00f3n que antes nos explicaste con palabras: \u00abAprended de m\u00ed, que soy manso y humilde\u00bb!<\/p>\n<p>Padres, \u00bfqu\u00e9 otra cosa es su vida sino una serie de ejercicios de humildad? Es una humillaci\u00f3n continua, activa y pasiva; \u00e9l la am\u00f3 tanto, que no se apart\u00f3 nunca de ella en la tierra; y no s\u00f3lo la am\u00f3 mientras viv\u00eda, sino incluso despu\u00e9s de su preciosa muerte, ya que nos dej\u00f3 un monumento inmortal de las humillaciones de su persona divina, un crucifijo, para que lo record\u00e1ramos como criminal y ajusticiado, y quiso que la Iglesia nos lo presentara ante los ojos en ese estado de ignominia, muerto as\u00ed por nosotros. Dios ha querido que nuestro bienhechor se nos representase como un malvado y que el autor de la vida sufriese la muerte m\u00e1s afrentosa y m\u00e1s infamante que podemos imaginarnos. \u00a1Salvador m\u00edo! \u00a1Hasta d\u00f3nde llevaste tu amor a esa virtud! \u00bfPor qu\u00e9 te entregaste a ese envilecimiento supremo? Porque conoc\u00edas la excelencia de las humillaciones y la malicia del pecado contrario, que no s\u00f3lo agrava los dem\u00e1s pecados, sino que hace viciosas las obras que de suyo no son malas, e incluso las que son buenas, y hasta las m\u00e1s santas.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, toda su vida fue una continua humillaci\u00f3n. El cuerpo admirable formado por el Esp\u00edritu Santo permaneci\u00f3 largo tiempo encerrado en el seno de una virgen. Quiso que se dijera que le hab\u00edan negado la posada y que hab\u00eda tenido que nacer en un establo (5); que, despu\u00e9s de haber recibido el homenaje, parte del cielo y parte de la tierra, de los \u00e1ngeles y de los hombres, cay\u00f3 enseguida en el desprecio, se vio obligado a huir a Egipto pobremente, como un ni\u00f1o, \u00bfqu\u00e9 digo?, como un Dios d\u00e9bil e impotente.<\/p>\n<p>Ser\u00eda esta la ocasi\u00f3n de imaginarnos, si el tiempo nos lo permitiera, c\u00f3mo toda la vida de nuestro Se\u00f1or fue un continuo acto de estima y de afecto al menosprecio; su esp\u00edritu estaba lleno de esa estima; si hubi\u00e9ramos hecho su anatom\u00eda, como se ha hecho a veces con los santos, abri\u00e9ndolos para ver lo que ten\u00edan en el coraz\u00f3n, donde muchas veces se ve\u00edan las se\u00f1ales de lo que m\u00e1s hab\u00edan amado durante su vida, habr\u00edamos encontrado sin duda en el coraz\u00f3n adorable de Jes\u00fas que estaba all\u00ed especialmente grabada la santa humildad y quiz\u00e1s, no creo que exagere al decirlo, con preferencia sobre todas las dem\u00e1s virtudes.<\/p>\n<p>\u00a1Dios m\u00edo!, hermanos m\u00edos, ahora que ha llegado el momento en que su divina bondad nos permite hablar de todo esto, pid\u00e1mosle con toda humildad que nos conceda la gracia de participar en esa humildad suya y de practicarla como \u00e9l lo hizo, durante toda la vida. \u00a1Dichosos de nosotros, si se pudiera decir de cada uno lo que san Pablo dec\u00eda de nuestro Se\u00f1or humillado: <em>Humilliavit semetipsum, formam servi accipiens<\/em>.<\/p>\n<p>\u00a1Padre eterno, que quisiste que tu Hijo se revistiera de nuestra carne para ser semejante a nosotros, <em>in similitudinem hominum factus et habitu inventus ut homo<\/em>, rev\u00edstenos de su virtud de la humildad, para que seamos semejantes a \u00e9l!<\/p>\n<p>\u00a1Oh Salvador! \u00a1Qu\u00e9 deseo, qu\u00e9 ardor, qu\u00e9 sed ten\u00edas t\u00fa por esta virtud, ya que trabajaste incesantemente en ella, y te esforzaste en rebajarte ante todos, y quisiste que todas las criaturas contribuyesen a tu humillaci\u00f3n! \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 imitarte? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 aunque s\u00f3lo sea hablar de esta virtud? Se\u00f1or, conc\u00e9denos la gracia de hablarnos t\u00fa mismo de ella, las palabras de los hombres hieren los o\u00eddos, pero no penetran en el interior; pero una de las tuyas, pronunciadas en el o\u00eddo de nuestros corazones, nos har\u00e1 renunciar a la vana reputaci\u00f3n por la que la mayor\u00eda de la gente se queda sin el m\u00e9rito de sus acciones. Hay muchas personas que son buenas en apariencia, pero est\u00e1n llenas de ese humo de la propia estimaci\u00f3n, y por eso carecen de peso y de consistencia y se disipan como una nube.<\/p>\n<p>T\u00fa sabes, Dios m\u00edo, que en nuestra naturaleza se da una gran repugnancia a esta renuncia al honor; que, si t\u00fa no nos hablas, nunca empezaremos a tomarlo en serio. H\u00e1blanos, pues, Se\u00f1or; h\u00e1blanos t\u00fa mismo; seremos como otros tantos siervos que te escuchan. Los hijos de Israel quer\u00edan que les hablase Mois\u00e9s y no t\u00fa; tem\u00edan que el esplendor de tu majestad les hiciese morir; nosotros, por el contrario, te suplicamos que nos hables t\u00fa, para que vivamos, y vivamos la vida de Jesucristo. Decid, pues, hermanos m\u00edos, decidle a Dios: \u00abH\u00e1blanos, Se\u00f1or, h\u00e1blanos t\u00fa, y no ese pobre hombre que nos est\u00e1 hablando, porque lo que \u00e9l nos dice es tan vulgar y tan poco eficaz que no nos impresiona. Hijo \u00fanico del Padre, dinos de una vez: Aprended de m\u00ed la humildad; y haz que esta palabra realice en nosotros lo que significa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfY en qu\u00e9 consiste la humildad? En querer el desprecio,. en desear la humillaci\u00f3n, en alegrarse cuando nos vemos humillados, por amor a Jesucristo. Es algo muy dif\u00edcil; pero \u00bfqu\u00e9 es lo que no puede la gracia, y el hombre con ella? El amor al menosprecio y lo que acabo de deciros es lo mismo. Por consiguiente, hemos de sentirnos felices de que nos tengan por esp\u00edritus ruines, por personas antip\u00e1ticas, por hombres sin virtud, sujetos a toda clase de pobrezas y de que, efectivamente, nos injurien y rechacen, nos traten como ignorantes, reprochen nuestros defectos y digan de nosotros que somos viciosos e insoportables.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfqu\u00e9 es lo que usted dice? \u00a1Eso est\u00e1 muy lejos de nuestras pr\u00e1cticas pasadas y de nuestra disposici\u00f3n actual! <em>Durus est hic sermo<\/em>.\u00a0 Ciertamente, esto es muy duro; pero, cuando se dice que se trata de hacer todo esto por amor de Dios y que Dios ha ligado grandes ventajas a la pr\u00e1ctica de la humildad, como por ejemplo, que los \u00faltimos ser\u00e1n los primeros y los que se hagan peque\u00f1os ser\u00e1n los m\u00e1s grandes, y que los que se humillan ser\u00e1n exaltados, todo esto tiene que animarnos en la adquisici\u00f3n de esta virtud. Por tanto, yo quiero abrazarme con ella, con la gracia de Dios, puesto que \u00e9l as\u00ed lo quiere. Haremos algo muy agradable a sus ojos si nos decidimos todos a practicarla, no ya por alg\u00fan tiempo, sino para siempre, renovando frecuentemente nuestra intenci\u00f3n, que es. la de honrar a Dios, glorificarle, darle gusto y amarlo. No hay nada tan importante como la voluntad de Dios, nada m\u00e1s emocionante que el pensamiento de su bondad y de sus deseos, nada que nos d\u00e9 tantas fuerzas como decir: \u00abQuiero humillarme por un Dios que me ama; quiero esta humillaci\u00f3n por \u00e9l\u00bb. As\u00ed hay que hacerlo, hermanos m\u00edos; todos tenemos que llegar a ello, y hacer que llegue tambi\u00e9n a la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Ya es algo que uno particularmente se aficione a este desprecio de s\u00ed mismo, pero no basta: hay que aficionarse tambi\u00e9n por la compa\u00f1\u00eda. No basta con que aceptemos las humillaciones cada uno en particular; hemos de aceptarlas en general, contentos de que se diga que la Misi\u00f3n es in\u00fatil en la Iglesia, que est\u00e1 compuesta de unos pobres hombres, que hace mal todo lo que hace, que no saca ning\u00fan fruto de sus trabajos en el campo, que van mal los seminarios, que las ordenaciones son un desorden. Fijaos, hermanos m\u00edos: si tenemos el esp\u00edritu de Dios, hemos de aceptar que la compa\u00f1\u00eda sea considerada tal como acabamos de decir y puesta por debajo de todas las dem\u00e1s congregaciones, y no desear que digan maravillas de ella, ni que se sepa que ha hecho esto o aquello, que es apreciada por los grandes y bien vista por los obispos. \u00a1Que Dios nos guarde de esta locura! Solamente el esp\u00edritu del mundo y la malicia del orgullo pueden sugerirnos estos pensamientos. Por el contrario, hemos de desear y de alegrarnos de que se vea actualmente menospreciada; y digan lo que digan la naturaleza y la prudencia de este siglo, apegarnos a este menosprecio, mientras quiera Dios que dure y por muy grande que sea.<\/p>\n<p>Y todo lo que se refiera a la primac\u00eda, la virtud, la utilidad, la buena fama, hemos de ced\u00e9rselas a todo el mundo y hablar siempre bien de todas las comunidades, y nunca con desprecio de ellas, atribuy\u00e9ndoles todos los \u00e9xitos y los bienes que se consigan. Encontrar\u00e9 gente que habla mal de ellas, pero no les cre\u00e1is: s\u00f3lo quieren destruir a unos y halagar a otros. Tened en mucho aprecio todos los estados y todas las \u00f3rdenes de la Iglesia, pero estimadlas en Dios para m\u00e9rito suyo, y amadlas con todo el coraz\u00f3n, y no cre\u00e1is que les hac\u00e9is mucho. favor al preferirlas a esta nada que somos nosotros.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or ha concedido a varios de la compa\u00f1\u00eda la gracia de ir a vuelo de \u00e1guila en esta virtud, de animar sus acciones con el deseo de su propio anonadamiento y buscar su propio ocultamiento y confusi\u00f3n. Dios m\u00edo, conc\u00e9denos a todos la gracia de obrar de esta manera, para que la humildad sea la virtud de la Misi\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan santa y tan hermosa! \u00a1Oh, peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda, qu\u00e9 amable ser\u00e1s si Dios te concede esta gracia!<\/p>\n<p>Fijaos bien en esto: si alguna vez hab\u00e9is o\u00eddo hablar a alguien de los bienes que ha hecho la compa\u00f1\u00eda, habr\u00e9is visto c\u00f3mo se debe esto a que han visto en ella una peque\u00f1a imagen de la humildad en sus acciones bajas y humildes, como la de instruir a los aldeanos y servir a los pobres. Si os fij\u00e1is en los ordenandos que se marchan llenos de edificaci\u00f3n de nuestras casas, es porque han visto en ellas la manera de obrar humilde y sencilla, que es una novedad para ellos y un encanto y atractivo para todo el mundo. En la \u00faltima ordenaci\u00f3n hubo uno que me entreg\u00f3 por escrito las impresiones que se llevaba de aqu\u00ed, y hablaba de ese tinte de humildad que aqu\u00ed pudo observar.<\/p>\n<p>La Iglesia, que conoce la importancia de esta virtud, cuando investiga la vida de un santo para canonizarlo, entre las diversas preguntas que hace, me parece que acostumbra hacer \u00e9sta entre las primeras: \u00ab\u00bfEra humilde?\u00bb Si uno de los primeros art\u00edculos de un investigador es la humildad, hermanos m\u00edos, \u00bfpor qu\u00e9 no la ponemos tambi\u00e9n nosotros entre las primeras, e incluso la primera de todas, en nuestro coraz\u00f3n y en nuestros ex\u00e1menes, sabiendo que es el fundamento de todas las dem\u00e1s virtudes?<\/p>\n<p>Si Dios quisiera poneros a todos en esa humilde disposici\u00f3n que desea de vosotros, \u00a1cu\u00e1ntas gracias os conceder\u00e1, para vuestra propia santificaci\u00f3n y para la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo! Pid\u00e1mosle, pues, no solamente cada uno para s\u00ed mismo, sino para todos juntamente, el conocimiento de nuestra propia miseria, el odio contra toda estima, alabanza o reputaci\u00f3n, junto con el amor a nuestro menosprecio.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or no s\u00f3lo fue humilde en s\u00ed mismo, sino tambi\u00e9n en su peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda, que quiso estuviera compuesta de unos pocos hombres, pobres y sin educaci\u00f3n, sin ciencia ni urbanidad, que ni siquiera estaban de acuerdo entre s\u00ed, que acabaron abandon\u00e1ndolo y que, despu\u00e9s de su muerte, se vieron tratados como \u00e9l, expulsados, menospreciados, acusados, condenados y ajusticiados. Ayud\u00e9monos mutuamente, hermanos m\u00edos, para participar todos de sus humillaciones; ellos recibieron las primeras instrucciones y el ejemplo de nuestro Maestro; no tengamos verg\u00fcenza de seguirles. El mismo nos habla tambi\u00e9n a nosotros. En este momento, os dice como a ellos: \u00abAprended de m\u00ed, que soy humilde de coraz\u00f3n; haced lo que me hab\u00e9is visto hacer a m\u00ed, ya que desde mis primeros pasos hasta el fin os he ense\u00f1ado la pr\u00e1ctica de la humildad; siempre ha sido esta lecci\u00f3n la que os he ense\u00f1ado\u00bb.<\/p>\n<p>Estaba el otro d\u00eda con algunos se\u00f1ores de fuera, y me dec\u00eda uno de ellos: \u00abNo s\u00e9 lo que es la humildad, a no ser de la forma con que la describen los fil\u00f3sofos: una modestia educada, un recato honesto, una deferencia respetuosa, etc\u00e9tera\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPero, se\u00f1or, le dijeron, \u00bfqui\u00e9n conoc\u00eda la naturaleza de las virtudes mejor que nuestro Se\u00f1or? \u00bfQui\u00e9n conoce mejor que \u00e9l la importancia de la humildad, la fuerza de atracci\u00f3n que posee sobre las dem\u00e1s virtudes y que, sin ella, un cristiano queda despose\u00eddo de los adornos de la gracia que deben acompa\u00f1arle?\u00bb. La cosa todav\u00eda fue adelante&#8230; Pero m\u00e1s vale que me calle.<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles hicieron un s\u00edmbolo: Credo in Deum Patrem, etc\u00e9tera, no s\u00f3lo para estar de acuerdo en su creencia, sino tambi\u00e9n para distinguir a los cristianos de los jud\u00edos y de los infieles, de forma que, cuando se les preguntaba: \u00ab\u00bfT\u00fa que eres?\u00bb, ellos respond\u00edan: Credo in Deum; credo in Jesum Christum.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, si nos fuera posible tomar hoy a la humildad como el sello de un misionero, de forma que se le distinguiera m\u00e1s por esta virtud que por su nombre entre los dem\u00e1s cristianos y sacerdotes, \u00a1qu\u00e9 gracia tan importante nos har\u00eda nuestro Se\u00f1or para nuestro estado! Pid\u00e1mosle que, cuando nos pregunten sobre nuestra condici\u00f3n, nos permita decir: \u00abEs la humildad\u00bb. Que sea \u00e9sta nuestra virtud. Si se nos dice: \u00ab\u00bfQui\u00e9n va?\u00bb \u00abLa humildad\u00bb. Que sea esta nuestra contrase\u00f1a.<\/p>\n<p>Nuestra regla dice que esta humildad debe tener tres condiciones, la primera de las cuales es despreciarse a s\u00ed mismo. Realmente, si nos fijamos bien, veremos que esto es perfectamente razonable. S\u00ed, despu\u00e9s de que nos hayamos examinado sobre la corrupci\u00f3n de nuestra naturaleza, la ligereza de nuestro esp\u00edritu, las tinieblas de nuestro entendimiento, el desorden de nuestra voluntad y la impureza de nuestros afectos, y despu\u00e9s de que hayamos pesado con el peso del santuario nuestras obras y nuestros frutos, veremos que todo eso es digno de desprecio. \u00a1C\u00f3mo! \u00bfLas predicaciones que hemos hecho, las confesiones que hemos o\u00eddo, las fatigas y esfuerzos que hemos puesto por el pr\u00f3jimo y por todos nuestros asuntos? \u00a1S\u00ed! Si repasamos las cosas mejores que hayamos hecho, descubriremos que nos hemos portado mal en cuanto a la manera de hacerlas, que nos hemos equivocado respecto al fin, que de todas formas se ha hecho m\u00e1s mal que bien.<\/p>\n<p>Y necesariamente tiene que ser as\u00ed, hermanos m\u00edos, pues \u00bfqu\u00e9 puede esperarse de la debilidad del hombre? La nada, \u00bfqu\u00e9 es lo que puede producir? \u00bfQu\u00e9 puede hacer el pecado? \u00bfY qu\u00e9 es lo que somos nosotros? Si cada uno se examina debidamente, ver\u00e1 que no merece m\u00e1s que desprecio, no s\u00f3lo en algunas cosas, sino generalmente en todas. Tengamos por cierto, hermanos m\u00edos, que somos despreciables en todo y siempre, debido a la oposici\u00f3n que llevamos dentro de nosotros mismos contra el ser y la santidad de Dios, y lo muy alejados que estamos de la vida y de las obras de Jesucristo. Y de lo que nos persuade esta virtud es de la inclinaci\u00f3n natural y continua que tenemos al mal, de nuestra impotencia para el bien y de la experiencia que tenemos de que, incluso cuando creemos que hemos acertado en alguna acci\u00f3n o que hemos tenido raz\u00f3n en nuestros juicios y opiniones, sucede lo contrario; y Dios permite que seamos despreciados por ello.<\/p>\n<p>Estudi\u00e9monos bien y veremos que en todo lo que pensamos, decimos y hacemos, en la substancia o en las circunstancias, estamos llenos y rodeados de motivos de oprobio y menosprecio. Estudi\u00e9monos bien, pero bien: no s\u00f3lo nos sentiremos peores que los dem\u00e1s hombres, sino peores que los diablos. Hay en la compa\u00f1\u00eda algunos que se creen peores que los demonios del infierno, ya que, si esos miserables esp\u00edritus tuvieran a su disposici\u00f3n los medios que tenemos nosotros para ser mejores, los utilizar\u00edan mil y mil veces mejor que nosotros. En efecto, \u00bfno dijeron ellos a ciertas personas: \u00ab\u00a1Desgraciado de ti! \u00a1Est\u00e1s ahora en situaci\u00f3n de poder honrar a Dios y lo ofendes! Si nosotros no tuvi\u00e9ramos contra \u00e9l este odio y esta perversidad en el mal de la que no podemos apartarnos, si nos fuese posible hacer penitencia, si su Hijo nos hubiera concedido la gracia de morir por nosotros, si nos hubiese dado los buenos pensamientos, las ayudas y el tiempo que vosotros ten\u00e9is para enmendaros y servirle, y sobre todo el ejemplo de sus humillaciones prodigiosas, \u00a1oh!, entonces nos portar\u00edamos de manera muy distinta que vosotros. \u00a1C\u00f3mo! \u00a1Cre\u00e9is en Dios y viv\u00eds tan mal! \u00a1Recib\u00eds con tanta frecuencia los sacramentos y os llueven encima cada d\u00eda tantas gracias, y no sois mejores!\u00bb? \u00a1Oh, cielos,! \u00a1Oh, tierra! \u00a1Pasmaos ante tama\u00f1a insensibilidad e ingratitud ante los beneficios de Dios! \u00a1Qu\u00e9 confusi\u00f3n, hermanos m\u00edos! \u00a1Somos peores que los demonios!<\/p>\n<p>La segunda condici\u00f3n que debe tener nuestra humildad es que veamos de buena gana que los dem\u00e1s conozcan nuestros defectos y nos desprecien por ellos. La verdad es que esto no resulta muy agradable al hombre viejo, y que todos podr\u00edais decirme: \u00ab<em>Durus est hic sermo<\/em>; es algo muy dif\u00edcil\u00bb. Pero hay que llegar hasta ese extremo; hay que aceptar que los dem\u00e1s desprecien nuestro estado, nuestras personas, nuestra manera de obrar, nuestra forma de hablar. Nuestro Se\u00f1or pod\u00eda evitar las burlas, las injurias y los reproches que recibi\u00f3 de los jud\u00edos, y no los evit\u00f3. No quiera Dios, hermanos m\u00edos, que cuando haya que sufrir alguna confusi\u00f3n, la rechacemos y busquemos excusas, pues eso es lo que la santa humildad no puede permitir.<\/p>\n<p>Son\u00f3 entonces el reloj y el padre Vicente se detuvo a preguntar si eran las nueve; como le dijeran que s\u00ed, demostr\u00f3 su sorpresa y dijo que todav\u00eda le quedaban muchas cosas por decir. Y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 vamos a hacer! Tenemos que dejarlo; Dios os dir\u00e1 lo restante en la oraci\u00f3n de ma\u00f1ana, en la que escuchar\u00e9is su lenguaje mucho mejor que el m\u00edo. Fijaos en la recomendaci\u00f3n que \u00e9l os hace de que practiqu\u00e9is esta virtud y pedidle que os d\u00e9 la inteligencia de ella.<\/p>\n<p>Y si \u00e9l quisiera inflamaros, aunque s\u00f3lo fuera en el deseo de las humillaciones, ser\u00eda ya bastante, aunque no conozcamos la humildad como nuestro Se\u00f1or que, al practicarla, ve\u00eda su altura, su profundidad, su anchura y toda su amplitud, y sab\u00eda la relaci\u00f3n que guarda esta virtud con las perfecciones de Dios, su Padre, con la bajeza de la criatura y del hombre pecador. Nosotros nunca lograremos ver todo esto m\u00e1s que con mucha oscuridad; sin embargo, en nuestras tinieblas, tengamos confianza de que, si empezamos a sentir afecto a las humillaciones Dios pondr\u00e1 y aumentar\u00e1 en nosotros esta virtud por medio de los actos que nos har\u00e1 hacer. Una humillaci\u00f3n atrae a otra y el primer grado de humildad sirve para bajar al segundo, y el segundo al tercero, al cuarto y al quinto.<\/p>\n<p>\u00a1Oh Salvador, oh Salvador, que dijiste que la oraci\u00f3n del publicano hab\u00eda sido escuchada! Hermanos m\u00edos, si \u00e9l dio ese testimonio de aquel hombre, que era un malvado, \u00bfqu\u00e9 no hemos de esperar nosotros, si somos humildes? \u00bfY que pas\u00f3 con el fariseo? Era un hombre separado del pueblo por su condici\u00f3n, que era como una congregaci\u00f3n religiosa entre los jud\u00edos, que daba gracias a Dios, ayunaba y cumpl\u00eda con la justicia. Pero Dios lo reprueba; \u00bfpor qu\u00e9? Porque \u00e9l se fija en sus obras, se complace en ellas, cree que es \u00e9l mismo el que las realiza.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, a un justo y a un pecador; para el justo las virtudes no han sido m\u00e1s que vicios y la causa de su condenaci\u00f3n, por carecer de humildad; por el contrario, para el pecador una sola humillaci\u00f3n ha sido un medio de salvaci\u00f3n. Se queda junto a la puerta y golpea su pecho; no se atreve a levantar los ojos al cielo y, a pesar de ser malo, se va justificado.<\/p>\n<p>La humildad hace nacer en el alma todas las dem\u00e1s virtudes; si uno es pecador, al humillarse, se hace agradable a Dios. Aunque fu\u00e9ramos unos criminales, si recurrimos a la humildad, la humildad nos cambiar\u00e1 en justos; y aunque fu\u00e9ramos como \u00e1ngeles, si estamos privados de esta humildad, aunque tengamos las dem\u00e1s virtudes, la verdad es que nos quedaremos sin ellas al faltarnos la humildad, y seremos semejantes a los condenados, que no tienen ninguna virtud. Un hombre, por muy caritativo que sea, si no es humilde, no tiene caridad; y sin la caridad, aunque tuviera por otra parte tanta fe que trasladase las monta\u00f1as y diese sus bienes a los pobres y entregase su cuerpo al fuego, todo esto no le servir\u00eda de nada.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, retir\u00e9monos con este pensamiento: \u00abSi poseo todas las virtudes, menos la de la humildad, no tengo m\u00e1s que pecado, no soy m\u00e1s que un fariseo soberbio y un misionero abominable\u00bb.<\/p>\n<p>Salvador m\u00edo, persu\u00e1denos de esta verdad, danos a conocerla excelencia de esta virtud, haz que la amemos y, al amarla, rechacemos todos los pensamientos de vanidad. Empecemos desde ahora, hermanos m\u00edos, a ver qu\u00e9 hermosa y qu\u00e9 agradable es esta virtud en los que procuran humillarse siempre; c\u00f3mo permanecen en paz y c\u00f3mo los quieren todos los dem\u00e1s; c\u00f3mo, por el contrario, consideramos desgraciados a los que corren tras los honores y se esfuerzan en ser estimados; \u00bfno es verdad que se atormentan en vano, que la mayor parte del mundo los desprecia, que se burlan y se r\u00eden de ellos? \u00bfY vamos a ver todo esto y, a pesar de ello, correr con tan poco juicio tras estos caprichos de la naturaleza ciega y corrompida?<\/p>\n<p>La humildad tiene la propiedad de impedirnos pretender alguna estima que no sea de ti mismo, Dios m\u00edo, que eres el que das valor a todas las cosas. Los hombres no saben lo que vale la humildad. \u00bfNo es locura y m\u00e1s que locura preferir la estima del mundo a la tuya, la sombra al cuerpo, la mentira a la verdad?<\/p>\n<p>Salvador de mi alma, ll\u00e9nanos de ese afecto que te ha hecho humillarte tanto, de ese afecto que te hac\u00eda preferir el oprobio a la alabanza, de ese afecto que te hac\u00eda buscar la gloria del Padre en medio de tu propia confusi\u00f3n. Que empecemos desde ahora a rechazar todo lo que no sea tu honor y nuestro menosprecio, todo lo que pretende la vanidad, la ostentaci\u00f3n y la propia estima; que procuremos realizar desde ahora actos de verdadera humildad; que renunciemos de una vez para siempre al aplauso de los hombres enga\u00f1ados y enga\u00f1osos, a la vana imaginaci\u00f3n del \u00e9xito de nuestras obras; y finalmente, Se\u00f1or m\u00edo, que aprendamos a ser verdaderamente humildes de coraz\u00f3n, por tu gracia y por tu ejemplo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA HUMILDAD (Reglas comunes, cap. 2, art. 7) Naturaleza de la virtud de la humildad. Belleza de esta virtud. Medios para ponerla en pr\u00e1ctica. Condiciones necesarias para poseerla realmente. 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