{"id":12332,"date":"2009-10-03T20:17:26","date_gmt":"2009-10-03T19:17:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/03\/vicente-de-paul-conferencia-125-conferencia-del-28-de-marzo-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-125-conferencia-del-28-de-marzo-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-125-conferencia-del-28-de-marzo-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 125: Conferencia Del 28 De Marzo De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA MANSEDUMBRE<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 6)<\/p>\n<p><em>Resumen de las conferencias anteriores. Explicaci\u00f3n de la virtud de la mansedumbre y su belleza. El padre Vicente expone los diversos actos de esta virtud de la mansedumbre y muestra c\u00f3mo brillaba en nuestro Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n<p>Unas peque\u00f1as molestias que hoy he tenido me han hecho dudar de si podr\u00eda probar una vez m\u00e1s esta tarde vuestra paciencia en la explicaci\u00f3n del sexto art\u00edculo de nuestras reglas, que sigue a aquel otro que nos sirvi\u00f3 de tema el \u00faltimo d\u00eda.<\/p>\n<p>Hasta ahora hemos recorrido cinco art\u00edculos del segundo cap\u00edtulo: el primero era sobre las m\u00e1ximas del evangelio en las que se debe edificar la compa\u00f1\u00eda; se dijo entonces que hab\u00edamos de entregarnos de veras a Dios para alimentarnos de esa ambros\u00eda del cielo, para vivir de la manera con que vivi\u00f3 nuestro Se\u00f1or, y que deb\u00edamos dirigir hacia \u00e9l todas nuestras obras para moldearlas seg\u00fan las suyas; de este modo, conformaremos nuestra vida con la vida del autor de esta doctrina admirable, que \u00e9l fue el primero en practicar.<\/p>\n<p>La m\u00e1xima primera que \u00e9l se\u00f1al\u00f3 era buscar siempre la gloria de Dios y su justicia, siempre y por encima de todo lo dem\u00e1s. \u00a1Qu\u00e9 hermoso es esto, padres! \u00a1Buscar primero el reino de Dios en nosotros y procurarlo en los dem\u00e1s! Una congregaci\u00f3n que siguiera esta m\u00e1xima de hacer que progresara cada vez m\u00e1s la gloria de Dios, \u00a1cu\u00e1nto avanzar\u00eda tambi\u00e9n en su propia felicidad! \u00a1Cu\u00e1ntos motivos tendr\u00eda para esperar que todo contribuir\u00eda para su bien! Si Dios quisiera concedernos a nosotros esta gracia, nuestra dicha ser\u00eda incomparable. Conoc\u00ed a un hombre sabio en el mundo, pero sabio con la sabidur\u00eda de Dios, el difunto se\u00f1or comendador de Sillery, bienhechor nuestro, que as\u00ed lo practicaba; me dec\u00eda: \u00abSiempre y en cada cosa hemos de mirar ad\u00f3nde dirigimos nuestros pasos\u00bb. Pues bien, si entre las personas sabias con una sabidur\u00eda com\u00fan, hay algunas que miran si camina uno derecho, y se preguntan: \u00ab\u00bfAd\u00f3nde vas\u00bb? \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s habr\u00e1n de hacerlo los que hacen profesi\u00f3n de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas, especialmente de la de buscar en todas las cosas la gloria de Dios!. Por eso hemos de preguntarnos: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 hago esto? \u00bfes acaso para mi propia satisfacci\u00f3n? \u00bfes porque siento aversi\u00f3n a las otras cosas? \u00bfes para complacerme en una vulgar criatura? \u00bfO es, por el contrario, para procurar ante todo la gloria de Dios y buscar su justicia?\u00bb \u00a1Qu\u00e9 vida ser\u00eda \u00e9sa, hermanos m\u00edos! \u00bfAcaso una vida humana? No, una vida angelical, ya que har\u00edamos las cosas o las dejar\u00edamos de hacer s\u00f3lo por el amor que le tenemos a Dios.<\/p>\n<p>Cuando las reglas a\u00f1aden el art\u00edculo siguiente de la voluntad de Dios, que es el alma de la compa\u00f1\u00eda y una de las pr\u00e1cticas en las que m\u00e1s ha de insistir con todo su coraz\u00f3n, es para ofrecernos a cada uno en particular un medio de perfecci\u00f3n muy f\u00e1cil, excelente e infalible, y que hace que nuestras acciones no sean ya acciones humanas, ni angelicales, sino acciones de Dios, ya que las hacemos en \u00e9l y por \u00e9l. \u00a1Qu\u00e9 vida ser\u00e1 entonces la de los misioneros! \u00a1Qu\u00e9 compa\u00f1\u00eda, si consigue portarse as\u00ed!<\/p>\n<p>Viene luego la sencillez, que hace que Dios ponga sus delicias en el alma que tiene esta virtud. Fij\u00e9monos en aquellos de nosotros en los que m\u00e1s se nota el car\u00e1cter de esta virtud; \u00bfno es verdad que son los m\u00e1s amables, que su candor nos conquista y que sentimos consuelo al tratar con ellos? \u00bfC\u00f3mo no, si el propio nuestro Se\u00f1or se complace en los sencillos?<\/p>\n<p>Igualmente, la prudencia bien entendida nos hace agradables a Dios, ya que nos conduce hacia las cosas que se refieren a su gloria y nos hace evitar las que nos apartan de ella, no s\u00f3lo nos hace huir de la doblez en acciones y palabras, sino que nos hace obrar con sabidur\u00eda, rectitud y circunspecci\u00f3n, para llegar a nuestros fines por los medios que el evangelio nos ense\u00f1a, no por cierto tiempo, sino siempre. Es por ah\u00ed por donde los prudentes caminan incesantemente. \u00a1Qu\u00e9 vida! \u00a1Qu\u00e9 compa\u00f1\u00eda ser\u00eda \u00e9sa!<\/p>\n<p>Si a ello a\u00f1ad\u00eds la mansedumbre y la humildad, \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1 faltarnos? \u00a1La mansedumbre! \u00a1La mansedumbre! \u00a1Qu\u00e9 virtud tan hermosa! Es de la que vamos a hablar ahora, y tambi\u00e9n de la humildad, si el tiempo lo permite. Son dos hermanas gemelas que est\u00e1n siempre unidas, lo mismo que la sencillez y la prudencia, que no se pueden separar.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que ser\u00e1 un sacerdote o un hermano que busque el reino de Dios, que abrace la santa pr\u00e1ctica de su voluntad, que se ejercite en la sencillez y prudencia cristianas, y finalmente en la mansedumbre y la humildad de nuestro Se\u00f1or? \u00bfQu\u00e9 es lo que seremos todos nosotros, si somos fieles a todo esto? \u00bfQu\u00e9 compa\u00f1\u00eda ser\u00e1 entonces la Misi\u00f3n? S\u00f3lo Dios os lo puede dar a conocer; yo soy incapaz de expresarlo. Ma\u00f1ana,. en la oraci\u00f3n, poneos a pensar qu\u00e9 es lo que llegar\u00eda a ser la compa\u00f1\u00eda y un hombre particular, si as\u00ed lo hiciera.<\/p>\n<p>Esto es lo que la regla dice de la mansedumbre:<\/p>\n<p>Todos estudiar\u00e1n con inter\u00e9s la lecci\u00f3n que nos ha ense\u00f1ado Jesucristo cuando dijo. \u00abAprended de m\u00ed, que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb, considerando que, como \u00e9l mismo nos lo asegura, por la mansedumbre se posee la tierra, ya que, obrando con este esp\u00edritu, se gana el coraz\u00f3n de los hombres para convertirlos a Dios, mientras que el esp\u00edritu de rigor pone impedimentos para ello; y que por la humildad se conquista el cielo, adonde nos eleva el deseo de nuestra propia humillaci\u00f3n, haci\u00e9ndonos subir, como por grados, de virtud en virtud hasta llegar all\u00e1<\/p>\n<p>No voy a tratar de la humildad, pues queda poco tiempo para hablar de ella esta tarde.<\/p>\n<p>Se trata de una lecci\u00f3n. De una lecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo que nos ense\u00f1a que hemos de aprender de \u00e9l, que es manso y humilde de coraz\u00f3n. \u00abAprended de m\u00ed\u00bb, nos dice. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Qu\u00e9 hermosas palabras! \u00a1Qu\u00e9 honor ser alumnos tuyos y aprender esta lecci\u00f3n tan corta y tan escueta, pero tan excelente, que nos hace ser como t\u00fa eres. \u00a1Oh Salvador! \u00bfNo vas a tener t\u00fa sobre nosotros la misma autoridad que anta\u00f1o tuvieron los fil\u00f3sofos sobre sus seguidores, los cuales se apegaban tanto a sus sentencias, que bastaba con decir: \u00abEl maestro lo ha dicho\u00bb, para que las aceptasen y no se apartasen nunca de ellas?<\/p>\n<p>Si los fil\u00f3sofos, con sus razonamientos, produc\u00edan ese efecto de adquirir tanto cr\u00e9dito entre sus disc\u00edpulos que sus palabras eran \u00f3rdenes en lo referente a las cosas del mundo, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s nuestro Se\u00f1or, la sabidur\u00eda eterna, merecer\u00e1 ser cre\u00eddo y obedecido en las cosas divinas! \u00a1Oh Salvador! Hermanos m\u00edos, \u00bfqu\u00e9 le responderemos cuando nos pida cuentas de las lecciones que nos ha ense\u00f1ado? \u00bfQu\u00e9 le diremos en la hora de nuestra muerte cuando nos reproche por haberlas aprendido tan mal, a pesar de haber sido sus alumnos, a los que \u00e9l ha ense\u00f1ado verdades que obran la gracia efectiva, si uno se aficiona a ponerlas en pr\u00e1ctica? Entonces resultar\u00e1 que no nos hemos aprovechado de ellas, que no hemos entrado en sus sentimientos, que hemos descuidado todo lo que \u00e9l nos ha ordenado.<\/p>\n<p>\u00abAprended de m\u00ed, nos dice, a ser mansos\u00bb. Si s\u00f3lo fuese un san Pablo o un san Pedro el que, por s\u00ed mismo, nos exhortase a aprender de \u00e9l la mansedumbre, quiz\u00e1s podr\u00edamos excusarnos; pero, hermanos m\u00edos, es un Dios hecho hombre, que ha venido a la tierra para mostrarnos que estamos hechos para ser agradables a nuestro Padre; es el maestro de los maestros el que nos ense\u00f1a&#8230; \u00bfqu\u00e9?, que seamos mansos;&#8230; \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s?, que seamos humildes. Danos, Se\u00f1or, una parte en tu gran mansedumbre; te lo suplicamos en nombre de esa misma mansedumbre, que no puede negar nada.<\/p>\n<p>La mansedumbre, hermanos m\u00edos, tiene varios actos, que se reducen a tres principales. El primer acto tiene dos oficios. El primero consiste en reprimir los movimientos de la c\u00f3lera, las chispas de ese fuego que suben hasta el rostro, que perturban al alma y que hacen que uno no sea ya lo que era. Un rostro sereno cambia de color y se pone negro o gris o inflamado por completo. \u00bfQu\u00e9 hace entonces la mansedumbre? Es propio de esta virtud detener todo esto e impedir que nos dejemos arrastrar a esos malos efectos. El que la posee no deja, sin embargo, de sentir esos movimientos, pero se mantiene firme, para no dejarse llevar de ellos; quiz\u00e1s se note alguna contracci\u00f3n en su rostro, pero pronto se tranquiliza. No hemos de extra\u00f1arnos de que nos ataque esta pasi\u00f3n; los movimientos de la naturaleza son anteriores a los de la gracia, pero \u00e9stos los superan. Por tanto, no hay que extra\u00f1arse del ataque, sino pedir gracia para vencer, seguros de que, aunque experimentemos sentimientos contrarios a la mansedumbre, ella tiene la propiedad de reprimirlos. Este es el primer acto, que es maravillosamente bello, y tan hermoso que impide que salga a flote la fealdad del vicio; es una especie de resorte en los esp\u00edritus y en las almas, que no s\u00f3lo templa el ardor de la c\u00f3lera, sino que apaga sus m\u00e1s m\u00ednimos sentimientos.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 miserable soy! Hace tanto tiempo que estudio esta lecci\u00f3n, y todav\u00eda no me la he aprendido. Me enfado, cambio de humor, me quejo, murmuro; esta misma tarde me enfad\u00e9 con el hermano portero, que ven\u00eda a avisarme de que ten\u00eda visita; le dije: \u00abPor favor, hermano, \u00bfqu\u00e9 hace usted? Le hab\u00eda dicho que no quer\u00eda hablar con nadie\u00bb \u00a1Que me lo perdone Dios y tambi\u00e9n ese hermano! Otras veces trato con aspereza a la gente, hablo en voz alta y con sequedad; todav\u00eda no he aprendido a ser manso. \u00a1Miserable de m\u00ed! Ruego a la compa\u00f1\u00eda que me soporte y me perdone. Una persona que tenga esta virtud no cae en estas miserias; y aunque a veces se encuentre amargado, solamente produce frutos dulces.<\/p>\n<p>El otro oficio de este primer acto de mansedumbre es el siguiente: consiste en que, siendo a veces conveniente demostrar un poco de c\u00f3lera, gritar, reprender a alguien, castigar, etc\u00e9tera, las almas que tienen esta virtud de la mansedumbre no hacen esas cosas por un arrebato natural, sino porque creen que as\u00ed tienen que hacerlo, como el Hijo de Dios, cuando llam\u00f3 a san Pedro \u00abSatan\u00e1s\u00bb, o cuando les dijo a los jud\u00edos: \u00abId, hip\u00f3critas\u00bb, no una vez sino varias; vemos c\u00f3mo se repite esta palabra en un s\u00f3lo cap\u00edtulo hasta diez o doce veces; y en otra ocasi\u00f3n ech\u00f3 a los vendedores del templo, derrib\u00f3 sus mesas y se mostr\u00f3 como un hombre encolerizado. \u00bfEran \u00e9stos arrebatos de c\u00f3lera? No; \u00e9l ten\u00eda la mansedumbre en un grado supremo, que regulaba todos sus movimientos. En nosotros, esta virtud hace que uno sea due\u00f1o de su pasi\u00f3n; pero en nuestro Se\u00f1or, que s\u00f3lo ten\u00eda propasiones, lo \u00fanico que hac\u00eda era adelantar o retrasar los actos de c\u00f3lera, seg\u00fan era conveniente. Por tanto, si se mostraba severo en ciertas ocasiones, \u00e9l que era esencialmente manso y benigno, era para corregir a las personas con las que hablaba, para expulsar el pecado y quitar el esc\u00e1ndalo; era tambi\u00e9n para edificaci\u00f3n de las almas y para nuestra instrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos frutos producir\u00eda un superior que obrase de esa manera! Sus correcciones ser\u00edan bien recibidas, porque estar\u00edan hechas siguiendo la raz\u00f3n y no el humor; cuando reprendiese con energ\u00eda, no ser\u00eda nunca por arrebato, sino por el bien de la persona amonestada. Como nuestro Se\u00f1or tiene que ser nuestro modelo, en cualquier condici\u00f3n que sea la nuestra, los superiores tienen que fijarse en c\u00f3mo gobern\u00f3 \u00e9l y regirse por \u00e9l. El gobernaba por amor; si a veces promet\u00eda la recompensa, otras propon\u00eda el castigo. Lo mismo hay que hacer, pero siempre por este principio del amor; se est\u00e1 entonces en el estado en el que el profeta quer\u00eda que Dios estuviese, cuando dec\u00eda: <em>Domine in furore tuo arguas me<\/em>. Aquel pobre rey cre\u00eda que Dios estaba enfadado con \u00e9l, y por eso le ped\u00eda que no le castigase en su furor. Todos los hombres est\u00e1n en la misma situaci\u00f3n; nadie quiere ser corregido con c\u00f3lera; por eso han de dominar la c\u00f3lera y los deseos de venganza, de forma que no proceda de ellos nada que no sea por amor. Pocos son los que no sienten los primeros movimientos, como he dicho; pero el hombre manso enseguida logra dominarse.<\/p>\n<p>Este es, por tanto, el primer acto de la mansedumbre, que consiste en reprimir los movimientos contrarios, apenas se dejen sentir, bien sea deteniendo por completo la c\u00f3lera, bien utiliz\u00e1ndola debidamente en casos necesarios, de forma que nunca vaya separada de la mansedumbre. Por eso, padres, ahora que hablamos de ella, tomemos el prop\u00f3sito de que, siempre que se nos presente alguna ocasi\u00f3n de enojo, detengamos cuanto antes este apetito y, recogi\u00e9ndonos, nos elevemos a Dios y le digamos: \u00abSe\u00f1or, ya que me ves asaltado por esta tentaci\u00f3n, l\u00edbrame del mal que ella me sugiere\u00bb. Que todos hagan este prop\u00f3sito. Y que Dios nos conceda esta gracia.<\/p>\n<p>El segundo acto de la mansedumbre consiste en tener mucha afabilidad,- cordialidad y serenidad de rostro con las personas que se nos acerquen, de forma que sientan consuelo de estar con nosotros. De ah\u00ed proviene que algunos, con sus modales sonrientes y llenos de amabilidad contenten a todo el mundo, ya que Dios les ha concedido esa gracia de darles una acogida cordial, dulce y amable, por la que dan la impresi\u00f3n de ofreceros su coraz\u00f3n y pediros el vuestro; mientras que otros, como yo, hosco de m\u00ed, siempre se presentan de mal talante y con cara de pocos amigos; esto va contra la mansedumbre. As\u00ed pues, hermanos m\u00edos, convendr\u00e1 que un misionero imite a los primeros, de forma que pueda ofrecer consuelo y confianza a todos los que se le acerquen. Pod\u00e9is ver por propia experiencia c\u00f3mo esta actitud conquista y atrae a los corazones; por el contrario, se puede observar en las personas que ocupan alg\u00fan cargo elevado que, cuando son demasiado serias y fr\u00edas, todos las temen y huyen de ellas. Y como nosotros tenemos que trabajar con los pobres del campo, con los se\u00f1ores ordenandos, con los ejercitantes y con toda clase de personas, no es posible que podamos producir buenos frutos si somos como esas tierras resecas que s\u00f3lo tienen cardos. Se necesita un aspecto agradable, para que nadie se asuste de nosotros.<\/p>\n<p>Hace tres o cuatro d\u00edas me consol\u00f3 mucho la alegr\u00eda de una persona que hab\u00eda estado aqu\u00ed algunos d\u00edas me dijo que hab\u00eda notado entre nosotros un ambiente cordial, una apertura de coraz\u00f3n y una sencillez encantadora (\u00e9sas son sus palabras), que le hab\u00edan dejado muy impresionado.<\/p>\n<p>Bien, hermanos m\u00edos, si hay personas en el mundo que deben preocuparse de esto, son los que hacen lo que nosotros hacemos: misiones, seminarios y todo lo dem\u00e1s, donde se trata de insinuarse en las almas para conquistarlas; y esto no se puede hacer m\u00e1s que con unos modales afables y cordiales.<\/p>\n<p>\u00a1Oh Salvador! \u00a1qu\u00e9 dichosos eran los que ten\u00edan la gracia de acercarse a ti! \u00a1Qu\u00e9 rostro! \u00a1Qu\u00e9 mansedumbre, qu\u00e9 cordialidad les demostrabas a todos, para atraerlos! \u00a1Qu\u00e9 confianza inspirabas a todos los que acud\u00edan a tu lado! Al primero que captaste fue a san Andr\u00e9s, y por \u00e9l a san Pedro, y luego a todos los dem\u00e1s. \u00a1Salvador m\u00edo! \u00a1Quien tuviera ese aspecto amoroso y esa benignidad encantadora! \u00a1Cu\u00e1nto fruto dar\u00eda en tu Iglesia! Los pecadores y los justos acudir\u00edan a \u00e9l, unos para convertirse, otros para animarse cada vez m\u00e1s. Isa\u00edas dice de nuestro Se\u00f1or&#8230; Se dice en la sagrada escritura que nuestro Se\u00f1or se alimentar\u00eda de manteca y miel, esto es para se\u00f1alarnos su dulzura, que le ser\u00eda dada para poder discernir el bien y el mal. \u00bfC\u00f3mo es esto? \u00bfSe acuerda alguien de eso?<\/p>\n<p>Se levant\u00f3 el padre Portail y dijo: <em>Butyrum et mel comedet, ut sciat reprobare malum et eligere bonum<\/em>. Le dio las gracias el padre Vicente y repiti\u00f3 este pasaje en franc\u00e9s: \u00abComer\u00e1 manteca y miel, para que sepa reprobar el mal y elegir el bien\u00bb; y luego a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>Creo que s\u00f3lo a las almas que tienen mansedumbre se les concede poder discernir las cosas; pues, como la c\u00f3lera es una pasi\u00f3n que ciega la raz\u00f3n, la virtud contraria tiene que ser la que da el discernimiento. \u00a1Amable Salvador nuestro! Conc\u00e9denos esa mansedumbre. Hay algunos en la casa que as\u00ed lo practican, por tu misericordia; conc\u00e9deles a todos esta misma gracia,. y a m\u00ed la de imitarlos en esa suavidad.<\/p>\n<p>El tercer acto de la mansedumbre es cuando, habiendo recibido de alguien alg\u00fan disgusto, se pasa por encima de todo, no se demuestra ning\u00fan enfado, o bien se le excusa diciendo: \u00abNo se daba cuenta, lo ha hecho sin pensarlo; ha sido cuesti\u00f3n del primer impulso\u00bb; en una palabra, se aparta el pensamiento de la ofensa recibida; y cuando esa persona les dice alguna cosa molesta a esos esp\u00edritus d\u00f3ciles para enfadarlos, no abren la boca para contestar y hacen como si nada hubieran o\u00eddo.<\/p>\n<p>He o\u00eddo contar de un canciller de Francia que un d\u00eda, al salir del consejo, cuando iba a subir a la mula (entonces todav\u00eda no se usaban las carrozas), un hombre que hab\u00eda perdido su proceso le dijo: \u00abJuez malvado, t\u00fa me has quitado mis bienes; Dios te castigar\u00e1; apelo a su juicio\u00bb. La historia dice que aquel se\u00f1or sigui\u00f3 adelante, sin volver la cabeza y sin decir una sola palabra. Si fue la virtud cristiana la que le hizo tragarse aquella injuria, \u00a1qu\u00e9 ejemplo para nosotros! Y si no hubiera sido por esa virtud, sino por un principio moral por lo que soport\u00f3 esa indignidad, \u00a1qu\u00e9 confusi\u00f3n hemos de sentir cuando nos irritamos por cualquier tonter\u00eda!<\/p>\n<p>Fue al se\u00f1or canciller de Sillery al que le aconteci\u00f3 esto; apreciaba en sumo grado la mansedumbre desde que, en cierta ocasi\u00f3n, siendo consejero del parlamento, vio a dos compa\u00f1eros suyos insultarse y llenarse de injurias; habi\u00e9ndose dado cuenta de que ten\u00edan sus rostros contra\u00eddos, p\u00e1lidos y enfurecidos, se hizo esta reflexi\u00f3n: \u00ab\u00a1Vaya! A esos que ten\u00edan rostros de hombre, los veo ahora convertidos en bestias, con la boca abierta y llena de espumas y trat\u00e1ndose como animales\u00bb. Esto se le grab\u00f3 tanto en el alma que, juzgando de la enormidad del vicio por la fealdad de sus se\u00f1ales, se propuso trabajar sin cesar en la paciencia y la mansedumbre.<\/p>\n<p>Pues bien, si este ejemplo tuvo tanta fuerza ante el primer magistrado de este reino, hasta hacerle sufrir el reproche vergonzoso de aquel hombre sin guardarle ning\u00fan resentimiento, cosa muy digna de admiraci\u00f3n por el cargo que ocupaba, donde no le faltaban razones humanas ni medios para castigar semejante temeridad, \u00bfno tendr\u00e1 tu ejemplo, Salvador m\u00edo, m\u00e1s poder sobre nosotros? \u00bfTe veremos practicar una mansedumbre tan incomparable con los m\u00e1s criminales sin hacernos nosotros mansos? \u00bfNo nos sentiremos impresionados por los ejemplos y ense\u00f1anzas que encontramos en tu escuela? Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, haznos en esto semejantes a ti.<\/p>\n<p>La mansedumbre no solamente nos hace excusar las afrentas e injurias que recibimos, sino que incluso pide que tratemos mansamente a quienes nos maltratan, con palabras amigables y, si llegasen incluso a darnos un bofet\u00f3n, que lo suframos por Dios; es esta virtud la que produce este efecto. S\u00ed, un siervo de Dios que la posea, cuando se sienta ultrajado por alguien, ofrecer\u00e1 a su divina bondad este rudo trato y se quedar\u00e1 en paz.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, si el Hijo de Dios se mostraba tan bondadoso en su trato con los dem\u00e1s, su mansedumbre brill\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s en su pasi\u00f3n, hasta el punto de que no se le escap\u00f3 ninguna palabra hiriente contra los deicidas que le cubr\u00edan de injurias y de bofetones y se re\u00edan de sus dolores. A Judas, que lo entregaba a sus enemigos, lo llam\u00f3 amigo. \u00a1Vaya amigo! Lo ve\u00eda venir a cien pasos, a veinte pasos; m\u00e1s a\u00fan, hab\u00eda visto a aquel traidor desde su nacimiento, y sale a su encuentro con aquella palabra tan cari\u00f1osa: \u00abAmigo\u00bb. Y sigui\u00f3 tratando lo mismo a los dem\u00e1s: \u00ab\u00bfA qui\u00e9n busc\u00e1is?\u00bb, les dijo, \u00ab\u00a1Aqu\u00ed estoy!\u00bb. Meditemos todo esto, hermanos m\u00edos y encontraremos actos prodigiosos de mansedumbre que superan el entendimiento humano; consideremos c\u00f3mo conserv\u00f3 esta misma mansedumbre en todas las ocasiones. Le coronan de espinas, le cargan con la cruz, lo extienden sobre ella, le clavan a la fuerza las manos y los pies, lo levantan y hacen caer a la cruz con violencia en el hoyo que hab\u00edan preparado; en una palabra, lo tratan con la mayor crueldad que pueden, sin poner en todo esto nada de dulzura.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, os ruego a todos que pens\u00e9is en aquel horrible tormento, la pesadez de su cuerpo, la rigidez de sus brazos, el rigor de los clavos, el n\u00famero y delicadeza de sus nervios. \u00a1Qu\u00e9 dolor, hermanos m\u00edos! \u00bfEs posible imaginar mayor dolor? Si quer\u00e9is meditar en todos los excesos de su pasi\u00f3n tan amarga, admirar\u00e9is c\u00f3mo pudo y c\u00f3mo quiso padecerlos aquel que no ten\u00eda que hacer m\u00e1s que transfigurarse en el Calvario, lo mismo que lo hizo en el Tabor, para hacerse temer y adorar. Y despu\u00e9s de esta admiraci\u00f3n, dir\u00e9is como nuestro manso redentor: \u00abVed si hay dolor semejante a mi dolor\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 es lo que dijo en la cruz? Cinco palabras, de las que ni una sola demuestra la menor impaciencia. Es verdad que dijo: \u00abEl\u00ed, El\u00ed, Padre m\u00edo, Padre m\u00edo \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb; pero esto no es una queja, sino una expresi\u00f3n de la naturaleza que sufre, que padece hasta el extremo sin consuelo alguno, mientras que la parte superior de su alma lo acepta todo mansamente; si no, con el poder que ten\u00eda de destruir a todos aquellos canallas y de hacerlos perecer para librarse de sus manos, lo habr\u00eda hecho; pero no lo hizo. \u00a1Jes\u00fas, Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 ejemplo para nosotros que nos ocupamos en imitarte! \u00a1Qu\u00e9 lecci\u00f3n para los que no quieren sufrir nada!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esto, hermanos m\u00edos, \u00bfno hemos de animarnos y aficionarnos a esta virtud, por la que Dios no solamente nos conceder\u00e1 la gracia de reprimir los movimientos de la c\u00f3lera, de portarnos amablemente con el pr\u00f3jimo y de devolver bien por mal, sino tambi\u00e9n la de sufrir con paciencia las aflicciones, las heridas, las angustias y la misma muerte, que podr\u00edan darnos los hombres? Se\u00f1or, conc\u00e9denos la gracia de aprovecharnos de todo lo que padeciste con tanto amor y mansedumbre. Muchos se han aprovechado de ellos, por tu bondad infinita, y quiz\u00e1s sea yo el \u00fanico que todav\u00eda no he empezado a ser al mismo tiempo manso y paciente. Pedidle a Dios, hermanos m\u00edos, pedidle que me haga participar de esa virtud de Jesucristo y que no permita que me hunda siempre en las faltas que con tanta frecuencia cometo contra la mansedumbre. Y como un viejo es dif\u00edcil que se levante de sus malos h\u00e1bitos, os pido que teng\u00e1is paciencia conmigo y que no dej\u00e9is de pedirle a nuestro Se\u00f1or que me cambie y me perdone.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA MANSEDUMBRE (Reglas comunes, cap. 2, art. 6) Resumen de las conferencias anteriores. Explicaci\u00f3n de la virtud de la mansedumbre y su belleza. 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