{"id":12331,"date":"2009-10-02T20:17:25","date_gmt":"2009-10-02T19:17:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/10\/02\/vicente-de-paul-conferencia-124-conferencia-del-21-de-marzo-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-124-conferencia-del-21-de-marzo-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-124-conferencia-del-21-de-marzo-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 124: Conferencia Del 21 De Marzo De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA SENCILLEZ Y LA PRUDENCIA<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 4 y 5)<\/p>\n<p><em>Necesidad de la virtud de la sencillez unida a la de la prudencia. Cu\u00e1nto estima nuestro Se\u00f1or esta virtud. Diferencia entre la sencillez seg\u00fan Dios y la sencillez seg\u00fan el mu<\/em>ndo.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, hermanos m\u00edos, los art\u00edculos cuarto y quinto del segundo cap\u00edtulo de nuestras reglas a prop\u00f3sito de las m\u00e1ximas del evangelio, que nos servir\u00e1n para la conferencia de esta tarde.<\/p>\n<p>Este es el primero:<\/p>\n<p>Como nuestro Se\u00f1or pide de nosotros la sencillez de la paloma, que consiste en decir las cosas con toda sencillez, como se las piensa, sin reflexiones in\u00fatiles, y en obrar buenamente, sin artificios ni complicaciones, mirando solamente a Dios, por eso cada uno se esforzar\u00e1 en hacer sus acciones con este mismo esp\u00edritu de sencillez, pensando que Dios se complace en comunicarse a los sencillos y en revelarles sus secretos, teni\u00e9ndolos ocultos a los sabios y a los prudentes del siglo.<\/p>\n<p>Y el segundo:<\/p>\n<p>Pero, como al mismo tiempo que Jesucristo nos recomienda la sencillez de la paloma, nos ordena tambi\u00e9n que tengamos la prudencia de la serpiente, que es una virtud que nos hace hablar y obrar con discreci\u00f3n, por eso nos callaremos prudentemente las cosas que no conviene decir, especialmente si son d e suyo malas e il\u00edcitas, y recortaremos d e las que en cierto modo son buenas las circunstancias que van contra el honor de Dios o contienen alg\u00fan perjuicio contra el pr\u00f3jimo o pueden proporcionarnos motivo de vanidad. Y como esta virtud se refiere tambi\u00e9n, en la pr\u00e1ctica, a la elecci\u00f3n de los medios adecuados para conseguir el fin, tendremos como m\u00e1xima inviolable usar siempre de l,os medios divinos para las cosas divinas y juzgar de las cosas seg\u00fan el sentimiento y el juicio de Jesucristo, y nunca seg\u00fan el del mundo ni seg\u00fan los d\u00e9biles razonamientos de nuestro esp\u00edritu. Y de esta forma seremos prudentes como las serpientes y sencillos como las palomas.<\/p>\n<p>Hablaremos de estas dos virtudes, si el tiempo lo permite.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, estas reglas hablan por s\u00ed mismas y todos vosotros las comprend\u00e9is mejor que yo; por eso, si quiero deciros algo para que las entend\u00e1is, no har\u00e9 m\u00e1s que abusar de vuestra paciencia.<\/p>\n<p>Se trata de la sencillez. \u00a1Oh Salvador! El tema de nuestra charla va a ser, por tanto, el de la sencillez que nos recomienda la regla.<\/p>\n<p>Veamos las razones que tenemos para entregarnos a Dios para practicar esta virtud tan amable. En primer lugar, nos invita a ella cuando dice: <em>Estote prudentes sicut serpentes et simplices sicut columbae<\/em>. Cuando nuestro Se\u00f1or les dijo a los ap\u00f3stoles que los enviaba como ovejas en medio de lobos, les dijo al mismo tiempo que hab\u00edan de ser prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Luego a\u00f1adi\u00f3: \u00abTened cuidado; los hombres os citar\u00e1n ante los tribunales y os azotar\u00e1n en las sinagogas, y ser\u00e9is llevados ante los gobernadores y los reyes por mi causa; pero, cuando os hagan comparecer, no os apur\u00e9is por lo que hay\u00e1is de decir ni c\u00f3mo ten\u00e9is que hablar; ya se os dar\u00e1 entonces lo que teng\u00e1is que decir; el Esp\u00edritu Santo hablar\u00e1 en vosotros\u00bb. Habla primero de la prudencia y luego de la sencillez; la primera es para ir como ovejas en medio de lobos, donde corr\u00edan el peligro de verse maltratados. \u00abSed prudentes, les dice, sed avisados; pero sed sencillos\u00bb; cavete ab hominibus, tened cuidado de vosotros mismos siendo prudentes; pero si os citan ante los jueces, no os preocup\u00e9is por vuestras respuestas. Eso es la sencillez. Veis c\u00f3mo nuestro Se\u00f1or relaciona estas dos virtudes, de forma que quiere que las practiquemos en la misma ocasi\u00f3n; nos recomienda que usemos igualmente de ellas y nos da a entender que la prudencia y la sencillez est\u00e1n perfectamente de acuerdo entre s\u00ed, cuando se las entiende como es debido. Tal es la doctrina de Jesucristo; y nos la ense\u00f1a a nosotros, que queremos practicar los consejos del evangelio y que tenemos que abrazarlos con reverencia, amor y resoluci\u00f3n decidida, y para ello pedirle muchas veces a Dios estas virtudes que nos recomienda y esforzarnos en\u00e9rgicamente en adquirirlas.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 agradable a Dios es la sencillez! Ya sab\u00e9is que la Escritura dice que se deleita tratando con los m\u00e1s sencillos, con los sencillos de coraz\u00f3n, que proceden con toda sencillez y bondad: <em>Cum simplicibus sermocinatio ejus<\/em>. \u00bfQuer\u00e9is encontrar a Dios? Est\u00e1 con los sencillos. \u00a1Oh Salvador m\u00edo! Hermanos m\u00edos, los que sint\u00e1is ese deseo de ser sencillos, \u00a1qu\u00e9 felicidad! Animo, ya que ten\u00e9is esta promesa de que Dios se complace en estar con los hombres sencillos.<\/p>\n<p>Otra cosa que nos anima maravillosamente a la sencillez son aquellas palabras de nuestro Se\u00f1or: <em>Confiteor tibi, Pater, quia abscondisti haec a sapientibus et prudentibus et revelasti ea parvulis<\/em>. Te doy las gracias, Padre m\u00edo, porque la doctrina que yo he aprendido de tu divina majestad y que he esparcido entre los hombres, s\u00f3lo es conocida por los sencillos y permites que no la entiendan los prudentes de este mundo; t\u00fa les has ocultado, si no las palabras, al menos su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>\u00a1Oh Salvador! \u00a1Oh Dios m\u00edo! Esto tiene que llenarnos de espanto. Corremos detr\u00e1s de la ciencia como si toda nuestra felicidad dependiera de ella. \u00a1Pobres de nosotros si no la tenemos! Hay que tener ciencia, la que sea suficiente; hay que estudiar, pero sobriamente. Otros presumen de tener inteligencia en los negocios, de ser gente espabilada y lista en las cosas de fuera. A esos es a los que Dios les quita la penetraci\u00f3n de las verdades cristianas: a los sabios y a los entendidos del mundo. \u00bfA qui\u00e9nes se la da entonces? Al pueblo sencillo, a las buenas gentes. Podemos comprobar esto en la diferencia que se advierte en la fe de los campesinos y la nuestra. Lo que me queda de la experiencia que tengo, es el juicio que siempre me he hecho: que la verdadera religi\u00f3n, hermanos m\u00edos, la verdadera religi\u00f3n est\u00e1 entre los pobres. Dios los ha enriquecido con una fe viva: ellos creen, palpan, saborean las palabras de vida. No los ver\u00e9is nunca, en medio de sus enfermedades, aflicciones-y necesidades, murmurar, quejarse, dejarse llevar de la impaciencia; nunca, o muy raras veces.<\/p>\n<p>Lo ordinario es que sepan conservar la paz en medio de sus penas y calamidades. \u00bfCu\u00e1l es la causa de esto? La fe. \u00bfPor qu\u00e9? Porque son sencillos y Dios hace abundar en ellos las gracias que les niega a los ricos y sabios del mundo.<\/p>\n<p>A\u00f1adamos a ello que todo el mundo ama a los sencillos, a la gente c\u00e1ndida que no entiende de finuras ni de etiquetas, que obra bien y habla con sinceridad, de modo que todo lo que dice responde a lo que lleva en su coraz\u00f3n. Cuando alguno de ellos va a la corte, son estimados por todos, en una comunidad ordenada, todos sienten por ellos un afecto especial, pues, aunque no todos obren con la debida candidez, incluso esos que no tienen ese candor saben apreciarlo en los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Por todas estas razones, hemos de entregarnos a Dios para hacernos agradables a sus ojos por medio de esta virtud de la sencillez. Hay algunos en la compa\u00f1\u00eda, \u00a1y qu\u00e9 bien se nota!, que se han esmerado en la adquisici\u00f3n de esta virtud y la predican con su ejemplo.<\/p>\n<p>Pero, padre, \u00bfen qu\u00e9 consiste esa virtud? No s\u00e9 c\u00f3mo practicarla. Algunos dicen que hay dos clases de sencillez: una puramente natural e ingenua, que se encuentra en ciertas personas sin juicio ni discernimiento, que tienen m\u00e1s&#8230;, no me atrevo a decirlo, que raz\u00f3n. Hablad con ellos y enseguida ver\u00e9is que son idiotas. Es una sencillez que no vale nada o que, por lo menos, nada tiene que ver con la virtud.<\/p>\n<p>Hay otra que guarda cierta relaci\u00f3n con Dios. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan hermosa! Dios es un ser simple, sencillo, que no recibe ning\u00fan otro ser, una esencia soberana e infinita que no admite que entre nada en composici\u00f3n con ella; es un ser puro, que no sufre nunca alteraci\u00f3n alguna. Pues bien, esta virtud del Creador se encuentra en algunas criaturas por comunicaci\u00f3n y est\u00e1 en ellas de la forma que indica nuestra regla.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n hay otra definici\u00f3n, a saber, es una virtud que aparta de nosotros las cosas que no guardan relaci\u00f3n con la sencillez de Ad\u00e1n, cuando estaba en gracia, ni con la del segundo Ad\u00e1n, nuestro Se\u00f1or, la de los ap\u00f3stoles y los dem\u00e1s santos, cuando viv\u00edan en la tierra, cuyas obras y palabras no ten\u00edan ning\u00fan artificio ni m\u00e1s objeto que a Dios. Seg\u00fan estas definiciones, la sencillez se refiere a las palabras y a las acciones, para hacer que sean rectas y sinceras.<\/p>\n<p>S\u00e9 muy bien que la sencillez en general equivale a la verdad, o a la pureza de intenci\u00f3n: a la verdad, en cuanto que hace que nuestro pensamiento sea conforme con las palabras y con los otros signos que nos sirven de expresi\u00f3n; a la pureza de intenci\u00f3n, en cuanto que hace que todos nuestros actos de virtud tiendan rectamente hacia Dios. Pero, cuando se toma a la sencillez por una virtud especial y propiamente dicha, comprende no s\u00f3lo la pureza y la verdad, sino tambi\u00e9n esa propiedad que tiene de apartar de nuestras palabras y acciones toda fals\u00eda, doblez y astucia; este es el sentido con que habla de ella nuestra regla y el que le damos en esta charla. Y para que lo ve\u00e1is con m\u00e1s claridad y utilidad, la dividiremos en dos: la sencillez que se refiere a las palabras y la que se refiere a las acciones.<\/p>\n<p>La que se refiere a las palabras consiste en decir las cosas como las sentimos en el coraz\u00f3n, fijaos bien, como las sentimos en el coraz\u00f3n, como las pensamos. Todo lo que no es esto es doblez, apariencia, fals\u00eda, que son contrarias a la virtud de que estamos hablando, la cual quiere que se digan las cosas como son, sin dar muchas vueltas, hablando ingenuamente y sin malicia, y adem\u00e1s con la pura intenci\u00f3n de agradar a Dios. No es que la sencillez consista en manifestar toda clase de pensamientos, ya que esta virtud es discreta y no va jam\u00e1s contra prudencia, que nos hace distinguir entre lo que conviene y lo que no conviene decir. As\u00ed pues, lo que se ha de decir, lo debe expresar la lengua por fuera lo mismo que lo pensamos por dentro; si no, es preferible callarse. Por ejemplo, se presenta la ocasi\u00f3n en una charla de proponer alguna cosa buena en su substancia y en sus circunstancias; hay que decirla con toda sencillez; pero a veces se trata de decir algunas cosas que pueden ser inconvenientes por alguna circunstancia: entonces, si se dice su substancia, hay que prescindir de esa circunstancia. La sagrada escritura es de suyo totalmente limpia y es posible utilizarla en toda clase de discursos; pero si se la usa en plan de broma, est\u00e1 mal hecho; si se sirve uno de ella para da\u00f1ar a alguien, est\u00e1 prohibido; y si alguna vez la citamos por orgullo, es vanidad. Utilicemos siempre las cosas buenas para fines buenos, o no digamos una sola palabra. Estas tres circunstancias son viciosas y nos hacen ver c\u00f3mo no tenemos que decir las cosas como las tenemos en el coraz\u00f3n, cuando van en contra de Dios, en contra del pr\u00f3jimo, o en alabanza propia.<\/p>\n<p>La pobre difunta esposa del general de las galeras me pregunt\u00f3 m\u00e1s de cien veces qu\u00e9 era la sencillez, y era la persona m\u00e1s sencilla que jam\u00e1s he conocido: no pod\u00eda abrir la boca ni realizar ninguna acci\u00f3n, a no ser con toda sencillez de coraz\u00f3n; pero ten\u00eda la habilidad de separar de la naturaleza de las cosas las circunstancias perjudiciales e in\u00fatiles, pues era tambi\u00e9n de las personas m\u00e1s prudentes. Ten\u00eda la sencillez y la prudencia en muy alto grado, pero no se daba cuenta de ello. Es que hay personas que tienen muchas virtudes, pero Dios se las oculta, porque as\u00ed lo cree conveniente; unos son realmente sencillos, pero no lo saben; por el contrario, algunos creen que lo son, pero no es as\u00ed.<\/p>\n<p>De forma, hermanos m\u00edos, que, volviendo a los actos de la sencillez, cuando hablamos, tenemos que hacerlo con toda sencillez, y nunca en un doble sentido, ni en propio provecho, sensual o temporal, ni para atraer a nadie a nuestro partido, ni en propia alabanza o ventaja, sino siempre para agradar a Dios. Si la Misi\u00f3n obra de este modo, todo esto resultar\u00e1 muy hermoso delante de Dios y delante de los hombres. Esto es lo m\u00e1s indicado para atraer a las buenas personas. Y as\u00ed es como hemos de hablar.<\/p>\n<p>En cuanto a la otra parte de la sencillez que se refiere a las acciones, consiste, como hemos dicho, en obrar normalmente, con rectitud y siempre teniendo a Dios ante los ojos, en los negocios, en los cargos y en los ejercicios de piedad, excluyendo toda clase de hipocres\u00eda, de artificios y de vanas pretensiones. Por ejemplo, una persona le hace a otra un regalo, fingiendo que lo hace por afecto, pero en realidad lo hace para conseguir de ella algo que valga m\u00e1s; seg\u00fan el mundo, esto es l\u00edcito, y quiz\u00e1s seg\u00fan Dios; pero va contra la sencillez, que no puede tolerar que atestig\u00fcemos una cosa y pensemos en otra. Si esta virtud nos hace hablar seg\u00fan los sentimientos interiores, tambi\u00e9n nos hace obrar del mismo modo, con franqueza y rectitud cristiana, y por Dios, ya que hemos de tener esta finalidad.<\/p>\n<p>Si esto es as\u00ed, esta sencillez en las acciones no existe en aquellas personas que, por respeto humano, desean aparentar lo que no son; lo mismo que tampoco son simples o sencillos sus trajes cuando son dobles, esto es, cubiertos de forros y de remiendos. Tambi\u00e9n va contra esta virtud tener unas habitaciones bien amuebladas, adornadas de im\u00e1genes, de cuadros, de muebles superfluos, tener un mont\u00f3n de libros para presumir, complacerse en cosas vanas e in\u00fatiles, en la abundancia de las necesarias cuando una basta, predicar con elegancia, con un estilo hinchado, y finalmente buscar en nuestros ejercicios otra finalidad distinta de Dios; todo esto va contra la sencillez cristiana en las acciones. En esto consiste esa sencillez que nos pide la regla.<\/p>\n<p>Y pasemos a la prudencia. Ya conoc\u00e9is las definiciones de los doctores y los diversos sentidos que tiene en la sagrada escritura. No hablar\u00e9 de ello. Pero, en el fondo, la prudencia es en s\u00ed misma tal como nos la describe la regla, sus operaciones se refieren a las palabras y a las obras; es oficio del prudente hablar con prudencia y no indiscretamente de todas las cosas, y sin hacer da\u00f1o a nadie. \u00a1Oh Salvador! \u00bfD\u00f3nde encontrar a esas personas que hablan solamente con la debida reserva, cuando conviene y con t\u00e9rminos juiciosos? En fin, esta virtud quiere que se diga con discreci\u00f3n y juicio lo que haya que decir.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n oficio suyo hacer lo que se hace de una forma sensata y prudente y por un buen motivo, no s\u00f3lo en cuanto a la substancia de la acci\u00f3n, sino en sus circunstancias, de modo que el prudente obra como es debido, cuando es debido y por el fin que es debido; y el imprudente, por el contrario, no observa las maneras, la oportunidad ni la finalidad que deber\u00eda observar. Ese es su defecto, mientras que la prudencia, al obrar con discreci\u00f3n, hace todo seg\u00fan peso, n\u00famero y medida.<\/p>\n<p>Pues bien, si la sencillez tiene por objeto las palabras y las acciones, lo mismo pasa con la prudencia: regula las palabras y las acciones. Y lo mismo que los sencillos no tienen que decir m\u00e1s que las cosas que son buenas en s\u00ed mismas y en sus circunstancias, callando las que van contra Dios, o perjudican al pr\u00f3jimo, o tienden a su propia alabanza, tambi\u00e9n los prudentes, para ser prudentes, tienen que guardar el debido recato, circunspecci\u00f3n y discreci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 diferencia hay, por tanto, entre estas dos virtudes? Ninguna; son lo mismo en cuanto a su naturaleza y sus efectos. La prudencia y la sencillez tienen el mismo fin, que consiste en hablar bien y obrar bien, y ninguna de ellas puede existir sin la otra. Sin embargo, s\u00e9 que puede advertirse cierta diferencia entre ellas por distinci\u00f3n de raz\u00f3n; pero, en realidad, no tienen m\u00e1s que la misma substancia y el mismo objeto. La prudencia de la carne y del mundo busca las riquezas, los honores y los placeres, y se opone por completo a la verdadera prudencia y sencillez cristiana, que nos aparta del afecto a esos bienes perecederos y aparentes para hacernos abrazar los bienes s\u00f3lidos y permanentes; \u00a1son dos buenas hermanas inseparables! Quien pudiera tratarlas como es debido, alcanzar\u00eda grandes tesoros de gracias y de m\u00e9ritos; por tanto, hermanos m\u00edos, hemos de ejercitarnos en ellas hasta lograr poseerlas. \u00bfY qui\u00e9nes ser\u00e1n los que lo logren? Los que aspiren sin cesar a seguir a nuestro Se\u00f1or y se esfuercen en ello; \u00e9sos las conseguir\u00e1n, con la gracia de Dios.<\/p>\n<p>La prudencia tiene adem\u00e1s otro objeto, que consiste en escoger los medios para llegar al fin que se pretende. Es objeto de la prudencia cristiana tomar el camino m\u00e1s corto y m\u00e1s seguro para la perfecci\u00f3n. Dejemos la prudencia pol\u00edtica y temporal, que s\u00f3lo busca \u00e9xitos temporales y a veces injustos, utilizando s\u00f3lo medios humanos e inciertos; hablemos de esta santa virtud que nuestro Se\u00f1or aconseja a cuantos desean seguirle; es esta virtud la que nos hace llegar al fin al que \u00e9l nos quiere conducir, que es Dios. Es misi\u00f3n de la prudencia producir este maravilloso efecto; por medio de ella discernimos lo que es bueno y lo que es mejor para eso, y hace que nos sirvamos de medios divinos para las cosas divinas.<\/p>\n<p>Los hombres pueden escoger los medios proporcionados a los fines que se proponen de dos maneras: la primera es por su razonamiento, proyectando hacer esto o aquello, seg\u00fan les muestra la luz natural; la segunda es por las m\u00e1ximas de la fe, usando los medios que Dios nos ha ense\u00f1ado en la tierra. Por ejemplo, se trata de un joven que se presenta para ser recibido en una comunidad; antes de entrar, acude a un doctor para pedir su parecer: \u00abMe siento inclinado, le dir\u00e1, a entregarme a Dios en tal congregaci\u00f3n, pero no quiero dar ning\u00fan paso sin aconsejarme\u00bb. El doctor, para juzgar de su vocaci\u00f3n, debe juzgar seg\u00fan los principios infalibles de nuestro Se\u00f1or, que dice: \u00abBienaventurados los que dejan padre, madre, hermanos, hermanas, bienes, placeres, etc\u00e9tera, y me siguen\u00bb. Si juzga seg\u00fan esto, juzgar\u00e1 seg\u00fan Dios; pero, si seg\u00fan su propia raz\u00f3n, le dice: \u00abAmigo m\u00edo, se trata de un deseo impulsivo y eres joven todav\u00eda; la congregaci\u00f3n esa es muy austera; espera un poco; si dejas a tu padre y a tu madre, se llevar\u00e1n un disgusto; creo que hay que tomar las cosas con calma\u00bb. Juzgar de esta manera, seg\u00fan creo, es juzgar seg\u00fan la prudencia del mundo, pasando por encima del evangelio; es decirle al Hijo de Dios: \u00abT\u00fa no entiendes nada, Se\u00f1or, no has considerado las dificultades que hay en dejarlo todo\u00bb. As\u00ed pues, para juzgar bien de las cosas y obrar con prudencia, hay que formar nuestros juicios sobre las m\u00e1ximas cristianas, siempre seguras, y no sobre las m\u00e1ximas enga\u00f1osas de los mundanos. \u00abVended vuestros bienes, dice el Se\u00f1or, d\u00e1dselos a los pobres y seguidme\u00bb. Viene una persona y os dice: \u00abYo siento esta inclinaci\u00f3n; \u00bfqu\u00e9 es lo m\u00e1s seguro para m\u00ed: mirar lo que tengo y seguir como estoy, o abrazar la pobreza y la vida evang\u00e9lica?\u00bb<\/p>\n<p>Para usar bien de nuestro esp\u00edritu y de nuestra raz\u00f3n, hemos de tener como regla inviolable la de juzgar en todo como ha juzgado nuestro Se\u00f1or; repito, juzgar siempre y en todas las cosas como \u00e9l, pregunt\u00e1ndonos cuando se presente la ocasi\u00f3n: \u00ab\u00bfC\u00f3mo juzgaba de esto nuestro Se\u00f1or? \u00bfC\u00f3mo se comportaba en un caso semejante? \u00bfQu\u00e9 es lo que dijo? Es preciso que yo ajuste mi conducta a sus m\u00e1ximas y a su ejemplo\u00bb. Sigamos esta norma, hermanos m\u00edos, caminemos por este camino con toda seguridad; es una regla soberana; el cielo y la tierra pasar\u00e1n, pero sus palabras no pasar\u00e1n. Si obramos en contra de las m\u00e1ximas de Jesucristo, si vamos en contra de sus consejos, ah\u00ed est\u00e1 el peligro, ah\u00ed es donde fracasan miserablemente los que se empe\u00f1an en navegar contra viento y marea, guiados por la estrella de su propia raz\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Ojal\u00e1 Dios nos conceda la gracia de obrar de esta manera: no seguir jam\u00e1s los juicios del razonamiento humano, porque no alcanza nunca la verdad, no alcanza nunca a Dios, ni las razones divinas; jam\u00e1s. Pero si creemos que nuestro puro razonamiento es mentiroso y obramos seg\u00fan el evangelio, entonces, hermanos m\u00edos, bendigamos a nuestro Se\u00f1or, y tratemos de juzgar como \u00e9l y hacer lo que \u00e9l nos recomend\u00f3 con su palabra y con su ejemplo. Y no s\u00f3lo esto; entremos en su esp\u00edritu para entrar en sus acciones. No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien, a ejemplo de nuestro Se\u00f1or, de quien se dice en el evangelio que lo hizo todo bien: <em>Bene omnia fecit<\/em>. No basta con ayunar, con cumplir las reglas, con trabajar para Dios; hay que hacer todo eso con su esp\u00edritu, esto es, con perfecci\u00f3n, con los fines y las circunstancias con que \u00e9l mismo lo hizo. La prudencia consiste, por tanto, en juzgar y en obrar como ha juzgado y obrado la eterna sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>Bien, hermanos m\u00edos, \u00e1nimo: si as\u00ed lo hacemos, viviremos contentos; si no lo hacemos, ser\u00e1 un motivo de tristeza y de enmienda. Las dos virtudes est\u00e1n relacionadas entre s\u00ed: casi son la misma cosa. Bendigamos a Dios por habernos llamado a este lugar para que las profesemos de una forma especial. El Hijo de Dios las practic\u00f3 en todas las ocasiones de un modo excelente; por ejemplo, cuando le trajeron a la mujer ad\u00faltera para que la condenase, \u00e9l no quiso hacer de juez, aunque deseaba su libertad; \u00bfqu\u00e9 hacer entonces? \u00abEl que de vosotros, les dijo a los jud\u00edos, est\u00e9 sin pecado, tire sobre ella la primera piedra\u00bb.<\/p>\n<p>Fijaos, la sencillez y la prudencia est\u00e1n en estas palabras. La sencillez responde al deseo que ten\u00eda su coraz\u00f3n de salvar a aquella pobre criatura y de cumplir la voluntad de su Padre; y la prudencia se nota en la manera con que logra obtener lo que quer\u00eda; de ese modo supo compaginar perfectamente esas dos virtudes. Lo mismo pas\u00f3 cuando lo tentaron por el tributo del C\u00e9sar: \u00ab\u00bfHay que pagarlo?, le dijeron, \u00bfqu\u00e9 te parece?\u00bb. Nuestro Se\u00f1or, por un lado, quer\u00eda que se le rindiese el honor debido a su Padre y, por otro, que no se lesionase el del C\u00e9sar, aunque sin ordenar que le pagaran tributo, para no entrometerse en las disputas de aquellas gentes, que habr\u00edan dicho que favorec\u00eda los monopolios. \u00bfQu\u00e9 les dir\u00e1, pues? Pide que le ense\u00f1en la moneda del tributo y, al o\u00edr de ellos que tra\u00eda la imagen del pr\u00edncipe acu\u00f1ada en ella, les dijo: \u00abDad a C\u00e9sar lo que es del C\u00e9sar y a Dios lo que es de Dios\u00bb. En esta respuesta es admirable la sencillez, ya que responde a la intenci\u00f3n que Jesucristo ten\u00eda en el coraz\u00f3n de que se rindiera al rey del cielo y al de la tierra el honor que les pertenece, y evita prudentemente la trampa que aquellos malvados le tend\u00edan para sorprenderle.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, Salvador, que practicaste estas virtudes en tan alto grado! Conc\u00e9denos la gracia de entrar en ellas para agradarte, y practicarlas para honrarte. Sabemos, Se\u00f1or, que por medio de ellas t\u00fa glorificaste a tu Padre, y que te son agradables todos los que se esfuerzan en conseguirlas; te pedimos que sean \u00e9stas tambi\u00e9n las virtudes de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, y que en sus palabras y acciones reinen el candor y la discreci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas virtudes resplandecen, hermanos m\u00edos, en los sacerdotes de la conferencia de los martes, asociados a esta casa, que se portan con sencillez y prudencia y que, habiendo tomado a veces como tema para sus conferencias el esp\u00edritu de su compa\u00f1\u00eda, han hecho ver que existe en ella el esp\u00edritu de sencillez. Pues bien, hermanos m\u00edos, si esos se\u00f1ores, que no est\u00e1n tan ligados a Dios como nosotros, tienen un esp\u00edritu tan sencillo y tan prudente; si ellos, que no est\u00e1n tan obligados a tender a la perfecci\u00f3n como nosotros, en virtud de nuestra vocaci\u00f3n y de nuestros votos, demuestran con su manera de obrar que tienen estas virtudes, con cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n hemos de esforzarnos nosotros en adquirirlas y c\u00f3mo hemos de esperar de Dios que nos las dar\u00e1 con su gracia, si ponemos todo nuestro inter\u00e9s en practicarlas, \u00bfHay algo m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s justo, algo m\u00e1s recomendable que apartarse de esas acciones fingidas, dobles, inconsideradas y tontas? \u00bfY c\u00f3mo? Con la pr\u00e1ctica continua de esta sencillez y de esta prudencia, que son su mejor remedio. Y como la humillaci\u00f3n, seg\u00fan san Bernardo, es un verdadero medio para llegar a ser humildes, as\u00ed tambi\u00e9n, por medio de los frecuentes actos que todos vamos a hacer de estas dos virtudes tan unidas entre s\u00ed, pronto llegaremos a ser sencillos y prudentes. Contando siempre, como es l\u00f3gico, con la gracia de Dios, que tendremos que pedir con frecuencia.<\/p>\n<p>Ahora dirij\u00e1monos a la misma sencillez, nuestro Se\u00f1or, y dig\u00e1mosle todos juntos:<\/p>\n<p>\u00a1Oh benigno Jes\u00fas! T\u00fa viniste a este mundo a ense\u00f1arnos la sencillez, para destruir el vicio contrario y a educarnos en la prudencia divina, para destruir la del mundo; he aqu\u00ed una compa\u00f1\u00eda, que s\u00f3lo desea obtener la gracia de observar tus m\u00e1ximas, amoldarse a tu conducta y progresar en el camino de la perfecci\u00f3n que t\u00fa le has prescrito: \u00e9se es todo su deseo y todo lo que te pide. Conc\u00e9denos, Se\u00f1or, una parte en esas divinas virtudes que t\u00fa tuviste en un grado tan eminente; ll\u00e9nanos a cada uno de nosotros de ese deseo de ser sencillos y de hacernos m\u00e1s prudentes con la prudencia cristiana. Tal es la oraci\u00f3n que te hacemos en unidad de coraz\u00f3n y con la confianza de hijos para con su padre. Presenta a la majestad del Padre eterno nuestros deseos y nuestras intenciones, nuestras palabras y nuestras obras, para que en ellas sea por siempre glorificado. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA SENCILLEZ Y LA PRUDENCIA (Reglas comunes, cap. 2, art. 4 y 5) Necesidad de la virtud de la sencillez unida a la de la prudencia. Cu\u00e1nto estima nuestro Se\u00f1or esta virtud. 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