{"id":12329,"date":"2009-09-30T20:17:24","date_gmt":"2009-09-30T19:17:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/09\/30\/vicente-de-paul-conferencia-122-conferencia-del-7-de-marzo-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-122-conferencia-del-7-de-marzo-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-122-conferencia-del-7-de-marzo-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 122: Conferencia Del 7 De Marzo De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 3)<\/p>\n<p><em>Inspir\u00e1ndose en la \u00abRegla de perfecci\u00f3n del capuchino Benito de Canfield (Par\u00eds, Chastellain 1609), el padre Vicente demuestra c\u00f3mo la conformidad con la voluntad de Dios contiene todas las dem\u00e1s virtudes. La conformidad activa consiste: I.D en hacer lo que est\u00e1 mandado; 2.\u00b0 en huir de lo que est\u00e1 prohibido; 3.\u00b0 en realizar, entre varios proyectos indiferentes, el que nos mortifica; 4.\u00b0 en seguir las inspiraciones con gran prudencia; 5.\u00b0 en ejecutar lo que es razonable. Medios: rezar y mortificarse.<\/em><\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, estamos en la explicaci\u00f3n del segundo cap\u00edtulo de nuestras reglas, que se refiere a las m\u00e1ximas evang\u00e9licas. Hace poco hablamos de \u00e9sta: \u00abBuscad primero el reino de Dios y su justicia\u00bb, contenida en el segundo art\u00edculo de dicho cap\u00edtulo.<\/p>\n<p>Pasamos ahora al tercer art\u00edculo que dice:<\/p>\n<p><em>Y como la santa pr\u00e1ctica de hacer siempre y en todas las cosas la voluntad de Dios es un medio seguro para poder adquirir pronto la perfecci\u00f3n cristiana, cada uno procurar\u00e1, dentro de sus posibilidades, hacer que le resulte familiar, cumpliendo estas cuatro cosas:<\/em><\/p>\n<p><em>1.\u00b0 Ejecutar debidamente las cosas que est\u00e1n mandadas, huyendo cuidadosamente de las que est\u00e1n prohibidas, siempre que tal mandamiento o tal prohibici\u00f3n venga de parte de Dios, o de la Iglesia, o de nuestros superiores, o de nuestras reglas y constituciones.<\/em><\/p>\n<p><em>2.\u00b0 Entre las cosas indiferentes que haya que hacer, escoger las que repugnan a nuestra naturaleza antes que las que la satisfacen, a no ser que sean necesarias estas \u00faltimas; pues entonces hay que preferirlas a las dem\u00e1s, aunque consider\u00e1ndolas, no por lo que deleitan a los sentidos, sino en cuanto que son m\u00e1s agradables a Dios. Y si se presentan para hacer al mismo tiempo varias cosas indiferentes por su naturaleza, igualmente agradables o desagradables, entonces convendr\u00e1 aceptar indiferentemente lo que se quiera, como viniendo de la divina providencia.<\/em><\/p>\n<p><em>3.\u00b0 Y por lo que se refiere a las cosas que nos vienen sin esperarlas, como son las aflicciones o los consuelos, tanto corporales como espirituales, recibirlas todas con igualdad de \u00e1nimo, como salidas de la mano paternal de nuestro Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n<p><em>4.\u00b0 Hacer todas estas cosas por el motivo de ser \u00e9sta la voluntad de Dios, y para imitar en ello, en cuanto nos sea posible, a nuestro se\u00f1or Jesucristo, que siempre hizo estas mismas cosas, y por el mismo fin, tal como nos lo asegura \u00e9l mismo, cuando dice: \u00abYo hago siempre las cosas que son seg\u00fan la voluntad de mi Padre\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pues bien, al leer esto, he advertido que se ha deslizado una falta del impresor, en la que no nos hab\u00edamos fijado; es donde se dice: Si se presentan para hacer al mismo tiempo varias cosas indiferentes por su naturaleza, igualmente agradables o desagradables; tiene que decir: Si se presentan para hacer al mismo tiempo varias cosas indiferentes por su naturaleza, que no son ni agradables ni desagradables, entonces conviene aceptar indiferentemente lo que se quiera.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la regla dice que lo que nos ayuda a conseguir la perfecci\u00f3n de cristianos y de misioneros es este ejercicio de la voluntad de Dios. Hay que advertir que hay diversos ejercicios propuestos por los maestros de la vida espiritual, y que ellos practicaron de diversas maneras. Algunos se han propuesto la indiferencia en todo, y han cre\u00eddo que la perfecci\u00f3n consist\u00eda en no desear nada ni rechazar nada de lo que Dios nos env\u00eda. En todas las ocasiones se elevaban a Dios y se hac\u00edan indiferentes ante unas cosas o ante otras. Esta indiferencia es un santo ejercicio. \u00a1Qu\u00e9 ejercicio tan santo querer lo que Dios quiere en general y nada en particular!<\/p>\n<p>2.\u00b0 Otros se han propuesto obrar con pureza de intenci\u00f3n, ver a Dios en todo lo que ocurre, para hacerlo y sufrirlo todo por \u00e9l. Esto es muy sutil. En resumen, el ejercicio de hacer siempre la voluntad de Dios es m\u00e1s excelente que todo esto, ya que comprende la indiferencia y la pureza de intenci\u00f3n y todas las dem\u00e1s maneras practicadas y aconsejadas; y si hay alg\u00fan otro ejercicio que lleve a la perfecci\u00f3n, se encontrar\u00e1: eminentemente en este. \u00bfHay alguien m\u00e1s indiferente que el que cumple la voluntad de Dios en cada cosa, que no se busca a s\u00ed mismo en ninguna de ellas, y que no quiere, incluso las que podr\u00eda querer, m\u00e1s que porque Dios tambi\u00e9n las quiere? \u00bfHay alguien m\u00e1s libre y m\u00e1s dispuesto a cumplir la voluntad divina? \u00bfY la pureza de intenci\u00f3n? \u00bfc\u00f3mo practicarla mejor que con la pr\u00e1ctica de la voluntad de Dios? \u00bfHay alguien que tenga una pureza m\u00e1s perfecta que el que quiere y hace todo lo que Dios quiere y de la manera como lo quiere? Que se comparen todos estos ejercicios y se ver\u00e1 que Dios es m\u00e1s glorificado en la pr\u00e1ctica de su voluntad que en todos los dem\u00e1s, y que no hay nadie que lo honre m\u00e1s que el que se entrega de forma especial a esta santa pr\u00e1ctica. Es \u00e9ste un motivo para que nos entreguemos firmemente a Dios para observar esta regla.<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed un segundo motivo: es cierto que las obras hechas de forma humana y mezquina, sin darles un fin noble, como es el de cumplir la voluntad de Dios, son obras muertas. Asistir al oficio divino, meditar, predicar y trabajar sin direcci\u00f3n, todas estas obras \u00bfno son acaso s\u00f3lo acciones inanimadas? Es una moneda que no vale, porque no est\u00e1 acu\u00f1ada con sello del pr\u00edncipe, ya que Dios mira las obras, s\u00f3lo si se ve en ellas y se las dedicamos.<\/p>\n<p>Nuestro padre Ad\u00e1n era un \u00e1rbol fecundo en el para\u00edso terrenal, que daba naturalmente frutos agradables a los ojos de su Se\u00f1or; pero cuando el diablo le hizo cometer aquel pecado, se desvi\u00f3 su voluntad y, al separarse de la de Dios, fue incapaz por s\u00ed mismo de producir nada que pudiera agradar a Dios; y nosotros, todos los que hemos salido de aquel tronco viciado, nos encontramos humanamente hablando en esta misma imposibilidad, de forma que todo lo que procede de all\u00ed, las acciones que provienen del viejo Ad\u00e1n, no son agradables a Dios, ya que son obras de la naturaleza que no tienen ninguna relaci\u00f3n con Dios, ya que no est\u00e1n dirigidas a \u00e9l.<\/p>\n<p>Si hay algunos doctores que creen que lo que no se hace por Dios es pecado, \u00bfpor qu\u00e9 no vamos a creer nosotros que, aunque no sea pecado, al menos carece de valor ante \u00e9l? Pues bien, para hacer que nuestras acciones y omisiones sean buenas, que cuanto hagamos y cuanto dejemos de hacer tenga las condiciones requeridas para agradar a Dios, la regla nos ense\u00f1a el medio para ello, cuando nos ordena hacer siempre y en todas las cosas la voluntad de Dios, y nos dice que procuremos, dentro.de nuestras posibilidades, hacer que esta pr\u00e1ctica nos sea familiar. Si tenemos suficiente gracia de Dios y bastante confianza en su bondad, ya que \u00e9l siempre nos la da en abundancia, \u00bfno vamos a entregarnos a \u00e9l desde ahora para darle gusto y para obrar desde ahora en \u00e9l y por \u00e9l? Deus virtutum: \u00e9l es el Dios de las virtudes. \u00a1Que se practiquen, pues estas virtudes! \u00a1Que se haga todo por Dios! Si hubiera algunos en la compa\u00f1\u00eda que fuesen fieles en esto, si fuera grande su n\u00famero, si todos fu\u00e9ramos de este feliz n\u00famero, \u00a1oh Salvador! \u00a1qu\u00e9 bendici\u00f3n! \u00a1Oh Dios m\u00edo! \u00a1qu\u00e9 agradable te ser\u00eda la Misi\u00f3n! T\u00fa lo sabes, bondad divina, y nosotros sabemos, hermanos m\u00edos, que nuestras obras no tienen ning\u00fan valor, si no son vivas y no est\u00e1n animadas por la intenci\u00f3n de Dios. Es \u00e9ste el consejo del evangelio, que nos lleva a hacerlo todo por darle gusto. Hemos de alabar mucho a su majestad infinita por la gracia que ha concedido a la compa\u00f1\u00eda de emprender esta pr\u00e1ctica tan santa y tan santificadora. S\u00ed, desde el principio hemos deseado todos entrar por el camino de la perfecci\u00f3n, que consiste en honrar a nuestro Se\u00f1or en todas nuestras obras; y si no lo hemos hecho con toda la perfecci\u00f3n conveniente, no hay por qu\u00e9 preguntar la causa de ello, ya que la culpa la tiene este miserable, que no he dado el debido ejemplo.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or es nuestro tercer motivo. Su norma era cumplir la voluntad de su Padre en todo, y dice que para ello baj\u00f3 a la tierra, no para hacer su voluntad, sino la del Padre. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Qu\u00e9 bondad! \u00a1Cu\u00e1nto brillo y esplendor das al ejercicio de tus virtudes! T\u00fa eres el rey de la gloria, pero vienes a este mundo con la \u00fanica finalidad de cumplir la voluntad del que te ha enviado. Ya sab\u00e9is, hermanos m\u00edos, c\u00f3mo anidaba este afecto sagrado en el coraz\u00f3n de nuestro Se\u00f1or. <em>Cibus meus est, dec\u00eda, ut faciam voluntatem ejus q\u00fai misit me<\/em>: lo que me alimenta, me deleita y me robustece es hacer la voluntad de mi Padre.<\/p>\n<p>Si esto es as\u00ed, hermanos m\u00edos, \u00bfno hemos de considerarnos dichosos de haber entrado en una compa\u00f1\u00eda que profesa de manera especial practicar lo que practic\u00f3 el Hijo de Dios? \u00bfNo hemos de elevarnos muchas veces a \u00e9l para conocer la altura, la profundidad, la anchura de este ejercicio, que llega hasta Dios, que nos llena de Dios, que comprende todas las cosas buenas y nos aparta de las malas? Cibus meus est un faciam voluntatem ejus qui misit me. \u00a1Salvador m\u00edo, \u00e9sta es tu pr\u00e1ctica! San Juan segu\u00eda la de la penitencia; estaba lleno del deseo de hacerla y de aconsejarla a los dem\u00e1s; por eso vino al mundo. Y t\u00fa, cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, t\u00fa viniste lleno del anhelo de cumplir y de inculcarnos la voluntad de tu Padre. El\u00edas sent\u00eda un ardor y un celo admirable por la gloria de su Dios; lo quemaba y lo inflamaba todo para imprimir su respeto y su temor en el coraz\u00f3n de los hombres; y t\u00fa, Salvador m\u00edo, estabas animado de ese deseo inmenso e incomparable de que todas las criaturas hiciesen la voluntad de Dios; por eso pusiste en la oraci\u00f3n dominical: Fiat voluntas tua. Esa fue la oraci\u00f3n que ense\u00f1aste a tus disc\u00edpulos; es lo que quisiste que todos los hombres pidieran e hiciesen. \u00bfQu\u00e9? La voluntad del padre eterno. \u00bfD\u00f3nde? En la tierra como en el cielo. \u00bfC\u00f3mo? Como la hacen los \u00e1ngeles y los santos: con prontitud, en todo, de forma constante, amorosamente. Estoy seguro de que no hay aqu\u00ed ning\u00fan sacerdote que haya dicho la misa, y ninguna persona que haya hecho otras acciones que sean en s\u00ed mismas santas, m\u00e1s que para honrar la majestad de Dios; sin embargo, puede ser que Dios haya rechazado nuestras oblaciones, por haber hecho en estos d\u00edas nuestra propia voluntad. \u00bfNo es eso lo que declar\u00f3 el profeta cuando dijo de parte de Dios: \u00abNo quiero vuestros ayunos; cre\u00e9is que me honr\u00e1is, pero hac\u00e9is todo lo contrario, ya que cuando ayun\u00e1is, hac\u00e9is vuestra propia voluntad, y as\u00ed estrope\u00e1is el ayuno\u00bb. Lo mismo puede decirse de todas las obras: hacer vuestra voluntad es estropear vuestras devociones, vuestros trabajos, vuestras penitencias, etc\u00e9tera. Hace veinte a\u00f1os que no leo nunca esta ep\u00edstola, sacada del cap\u00edtulo 58 de Isa\u00edas, sin sentir una gran emoci\u00f3n, aunque no por ello me vuelvo mejor.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hacer, pues, para no perder nuestro tiempo y nuestras fatigas? No obrar nunca siguiendo el movimiento de nuestro propio inter\u00e9s o fantas\u00eda, sino acostumbrarnos a hacer la voluntad de Dios en todo, fijaos bien, en todo, y no en parte. Es la gracia santificante la que hace que una acci\u00f3n y una persona sean agradables a Dios. \u00a1Qu\u00e9 consuelo pensar que, cuando guardo mis reglas, cuando cumplo con mis obligaciones, cuando obedezco a mis superiores y me elevo a Dios para sufrir todas estas cosas, es cuando me hago incesantemente agradable a Dios! Por tanto, es la gracia santificante la que hemos de pedir, poseer y poner en pr\u00e1ctica; si no, todo est\u00e1 perdido.<\/p>\n<p>\u00abMuchos me dir\u00e1n dec\u00eda Jesucristo, como record\u00e1bamos el otro d\u00eda: Se\u00f1or, Se\u00f1or, \u00bfno hemos profetizado, echado los demonios y hecho muchos milagros en tu nombre?\u00bb \u00abNunca os he conocido, les responder\u00e1, apartaos, los que obr\u00e1is inicuamente\u00bb \u00abPero, Se\u00f1or, \u00bfllamas obras inicuas a las profec\u00edas y milagros que hemos hecho en tu nombre?\u00bb \u00abApartaos de m\u00ed, malditos, no os conozco\u00bb \u00ab\u00bfQui\u00e9nes ser\u00e1n entonces los que entren en el reino de los cielos?\u00bb \u00abLos que hagan la voluntad de mi Padre, que est\u00e1 en los cielos\u00bb (6). Por consiguiente, nunca le dir\u00e1 nuestro Se\u00f1or a una persona que se haya esforzado en seguir siempre su voluntad: \u00abNo te conozco\u00bb. Al contrario, a \u00e9se es al que har\u00e1 entrar en su gloria. \u00a1Oh Salvador! Conc\u00e9denos la gracia de llenarnos de este deseo, para que no produzcamos ning\u00fan fruto silvestre, sino que todas nuestras obras se hagan por ti y para ti, para ser agradables a los ojos de tu Padre; haznos entrar, por favor, en esta fidelidad y actuar siempre seg\u00fan tu voluntad.<\/p>\n<p>Entregu\u00e9monos a Dios, hermanos m\u00edos, para estar atentos y permanecer firmes en esto; pues, en ese caso, \u00a1cu\u00e1ntos motivos tendremos para alabar a Dios! \u00a1Con qu\u00e9 ojos mirar\u00e1 \u00e9l a la compa\u00f1\u00eda en general y a cada uno en particular! In nomine domini. Y estos son los motivos que nos obligan a hacernos familiar la pr\u00e1ctica de cumplir la voluntad de Dios en todas las cosas, y a decidirnos a seguir esta m\u00e1xima de nuestro Se\u00f1or: <em>Cibus meus est ut faciam uoluntatem ejus qui misit me<\/em>. Veamos ahora en qu\u00e9 consiste.<\/p>\n<p>Estoy convencido de que hay que practicarla, pero \u00bfc\u00f3mo? Hay que saber que todas las obras que se hacen o que se dejan de hacer, est\u00e1n mandadas, o prohibidas, o son indiferentes; y que las indiferentes son tales, porque no est\u00e1n ni mandadas ni prohibidas. As\u00ed es como podemos conocer la voluntad de Dios. Todo lo que el hombre hace, repito, son obras mandadas, o prohibidas, o que no son ni lo uno ni lo otro. En cuanto a las obras mandadas o prohibidas, Dios quiere que hagamos aquellas y que no hagamos \u00e9stas. Esto est\u00e1 mandado: tengo que hacerlo; aquello est\u00e1 prohibido: tengo que dejarlo. Tenemos que hacer siempre las cosas que est\u00e1n mandadas por Dios, directa o indirectamente, por s\u00ed mismo o por la Iglesia. Todo lo que nos manda, tenemos que ejecutarlo; todo lo que la Iglesia ordena, hay que hacerlo; ella es su esposa y \u00e9l es el padre de familia que quiere que los hijos obedezcan a su madre como a \u00e9l mismo. Cumpliremos la voluntad de Dios si, dirigi\u00e9ndole la acci\u00f3n que se nos manda, le decimos o proponemos: \u00abQuiero hacer esto para ser agradable a Dios\u00bb, o: \u00abNo quiero hacer eso que est\u00e1 prohibido, por complacerle\u00bb. Si obramos de ese modo, cumpliremos infaliblemente la voluntad de Dios. \u00bfC\u00f3mo cumple un ni\u00f1o la voluntad de su padre, y un s\u00fabdito la voluntad del rey? Haciendo lo que le ordenan y evitando lo que le proh\u00edben; el ni\u00f1o lo hace para honrar a su padre y el s\u00fabdito para obedecer a su rey; los dos cumplen su voluntad respectiva acatando sus palabras y sus \u00f3rdenes. Tambi\u00e9n vosotros, hermanos m\u00edos, har\u00e9is la voluntad de Dios cuando, haciendo lo que manda o no haciendo lo que proh\u00edbe teng\u00e1is intenci\u00f3n de honrar a este padre admirable y de obedecer amorosamente a este rey de amor. Pero, para insistir m\u00e1s en esta pr\u00e1ctica conviene decir: \u00abDios m\u00edo, hago esto o dejo de hacer aquello porque \u00e9sa es tu voluntad\u00bb. He aqu\u00ed el alma de la cosa.<\/p>\n<p>He dicho que la Iglesia tambi\u00e9n manda y que hemos de obedecerla como a esposa de Jesucristo, ya que, en calidad de tal, tiene derecho a dar leyes y a obligar a los fieles; s\u00ed, la Iglesia obliga a la observancia de lo que est\u00e1 ordenado por los concilios y los papas y obispos. Al obrar de esta forma, parece como si no tuvi\u00e9ramos ning\u00fan m\u00e9rito, pero sin embargo podemos hacer que estas obras sean buenas ofreci\u00e9ndoselas a Dios, incluso las acciones naturales, como el comer, el dormir y todo lo dem\u00e1s, haci\u00e9ndolas en nombre de nuestro Se\u00f1or, como dice el ap\u00f3stol.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, de todas estas formas cumplimos la voluntad de Dios: 1.\u00b0 haciendo lo que est\u00e1 mandado y no haciendo lo que est\u00e1 prohibido, no s\u00f3lo por Dios, por su Iglesia, por nuestras reglas y superiores espirituales y eclesi\u00e1sticos, sino tambi\u00e9n por el rey, los gobernadores, magistrados, oficiales y jefes de polic\u00eda, puestos por Dios para las cosas temporales; obedecerles es cumplir la voluntad de Dios, ya que Dios as\u00ed lo quiere. 2.\u00b0 Haciendo, en las cosas indiferentes, las que m\u00e1s contribuyan a mortificar al hombre viejo. Y en tercer lugar, haciendo por Dios las que ni nos gustan ni disgustan, ni al cuerpo ni al esp\u00edritu, y hasta las cosas naturales, aunque las apetezca la parte inferior, siempre que la necesidad nos obligue a ellas.<\/p>\n<p>Existe una cuarta manera de conocer la voluntad de Dios, que son las inspiraciones; pues muchas veces Dios ilumina el entendimiento y mueve el coraz\u00f3n para inspirar su voluntad; pero se necesita el granito de sal, para que no nos enga\u00f1emos. Entre esa muchedumbre de pensamientos y de sentimientos que se nos echan encima, hay algunos aparentemente buenos, pero que no provienen de Dios ni son seg\u00fan su voluntad; por tanto, hay que examinarlos bien, recurrir al mismo Dios, preguntarle c\u00f3mo puede hacerse eso, considerar los motivos, el fin y los medios, para ver si todo est\u00e1 sazonado seg\u00fan su gusto, consultar a los hombres prudentes y aconsejarse de los que tienen cuidado de nosotros, que son los depositarios de los tesoros de la sabidur\u00eda de Dios; si hacemos como ellos nos indican, cumpliremos la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>La quinta manera de conocerla y cumplirla es considerar y hacer las cosas que sean razonables. Se presenta una que no est\u00e1 ni ordenada ni prohibida; pero es conforme a la raz\u00f3n y, por consiguiente, es seg\u00fan la voluntad de Dios, que nunca es contrario a la raz\u00f3n; debemos hacerla incluso seg\u00fan la intenci\u00f3n de la Iglesia, que nos manda pedirle a Dios esta gracia en aquella oraci\u00f3n: Praesta, quaesumus, omnipotens Deus, ut, semper rationabilia meditantes, quae tibi sunt placita et dictis exsequamur et factis: te suplicamos, Dios todopoderoso que, meditando siempre las cosas razonables, hagamos en nuestras acciones y conversaciones las cosas que te agradan. De modo que, seg\u00fan esta oraci\u00f3n, hacer una cosa que parezca razonable es cumplir la voluntad de Dios. Esto se debe entender siempre con ese grano de sal de la prudencia cristiana y con el consejo de los que nos dirigen, ya que pudiera ser que una cosa fuera razonable por su naturaleza, pero no en las presentes circunstancias de lugar, de tiempo o de forma; en ese caso, no habr\u00eda que hacerla.<\/p>\n<p>Hay que advertir que cumplir la voluntad de Dios activamente es cumplirla de todas las maneras que hemos dicho. Tambi\u00e9n puede cumplirse pasivamente, aceptando que Dios haga su voluntad en nosotros, como en las cosas imprevistas que nos ocurren sin que pensemos en ellas. He aqu\u00ed que nos llega un motivo de consuelo: nos llegan noticias a cualquiera, a m\u00ed por ejemplo de la conversi\u00f3n importante de una persona distinguida, o de todo un pa\u00eds, o de que Dios es bien servido por las personas que amamos, o de que se han hecho las paces entre dos familias o entre dos provincias divididas, cuya divisi\u00f3n era un esc\u00e1ndalo para la Iglesia; hay que recibir todo esto como de la mano de Dios y alegrarse espiritualmente por ello, como hizo nuestro Se\u00f1or cuando le dio gracias al Padre por haber revelado sus secretos a los sencillos. Por el contrario, a veces surge un motivo de pena, una enfermedad, una p\u00e9rdida, una calumnia, etc\u00e9tera: hay que recibirla tambi\u00e9n como venida de Dios, que desea probarnos de esta manera, sabiendo que es \u00e9l el que nos manda estas aflicciones: <em>non est malum in civitate quod non fecerit Dominus<\/em>. Nuestro Se\u00f1or, al meditar en el huerto de los olivos en los tormentos que tendr\u00eda que sufrir, los miraba como queridos por su Padre; nosotros hemos de decir como \u00e9l: \u00abQue no se haga, Se\u00f1or, mi voluntad, sino la tuya\u00bb. De forma que, conociendo la voluntad de Dios por esos acontecimientos repentinos de una desgracia o de un consuelo, podemos practicar su voluntad pasiva, acept\u00e1ndolos como venidos de Dios, que es el \u00fanico que puede dar la vida y la muerte. As\u00ed pues, la voluntad de Dios es activa y pasiva: es activa, cuando la cumplimos por la observancia de sus preceptos y por la pr\u00e1ctica de las cosas que le son agradables; y es pasiva, cuando dejamos que la cumpla \u00e9l mismo en nosotros sin nosotros. No quedan las cosas claras, pero el tiempo es demasiado corto para poder explicarme mejor. Se dar\u00e1n algunas conferencias sobre este tema y entonces se ver\u00e1 con mayor claridad lo que es la voluntad de Dios y c\u00f3mo hay que practicarla de todas las maneras. Desear\u00eda, entretanto, que os acostumbraseis a ofrecer a Dios todo lo que hag\u00e1is o sufr\u00e1is, dici\u00e9ndole: \u00abDios m\u00edo, es voluntad tuya que me prepare a predicar, a decir la santa misa, a hacer esta obra; que est\u00e9 cansado, tentado, afligido; que est\u00e9 perturbado o en paz, triste o alegre; as\u00ed lo quiero yo tambi\u00e9n, Se\u00f1or, y lo quiero porque es tu voluntad\u00bb. Indiquemos ahora algunos medios para que nos resulte m\u00e1s f\u00e1cil esta santa pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>El primer medio para ello es el que nos ense\u00f1a la oraci\u00f3n dominical: <em>Fiat voluntas tua sicut in eaelo et in terra<\/em>; si nuestro Se\u00f1or ha puesto estas palabras en la oraci\u00f3n de cada d\u00eda, es porque quiere que todos los d\u00edas le pidamos la gracia de cumplir su voluntad en la tierra lo mismo que se cumple en el cielo, incesante y perfectamente, con una conformidad sencilla e invariable con la voluntad de nuestro Se\u00f1or. As\u00ed pues, pid\u00e1mosle con frecuencia que nos haga conformes con todo lo que el quiera y ordene de nosotros; y \u00e9ste ser\u00e1 un buen medio para obtener la gracia de practicar este santo ejercicio.<\/p>\n<p>El segundo medio es acostumbrarnos, no s\u00f3lo a esta oraci\u00f3n, sino a la pr\u00e1ctica de lo que dice, empezando desde ma\u00f1ana mismo, desde ahora; por ejemplo, ofreci\u00e9ndole a Dios vuestra paciencia de tener que escuchar a este pobre hombre que os habla, y decirle: \u00abSe\u00f1or, yo quiero escuchar y hacer todo lo que se me indique de parte tuya, para glorificarte\u00bb. Fijaos, hermanos m\u00edos, resulta importante excitar as\u00ed la voluntad y habituarse a renovar con frecuencia nuestra intenci\u00f3n, sobre todo cuando nos levantamos por la ma\u00f1ana: \u00abDios m\u00edo, me levanto para servirte; voy a la oraci\u00f3n para darte gusto; oir\u00e9 o dir\u00e9 la misa para honrarte; trabajar\u00e9 porque t\u00fa as\u00ed lo quieres\u00bb. En fin, hay que procurar elevarnos hasta \u00e9l en las acciones principales, para consagr\u00e1rselas por entero y para hacerlas seg\u00fan su voluntad.<\/p>\n<p>Pero, padre, es que no me acuerdo; paso horas, ratos largos y jornadas enteras sin pensar en Dios, o sin acordarme de ofrecerle lo que hago. Si entre nosotros hay alguno de esos, tiene que humillarse mucho, afligirse por la p\u00e9rdida del m\u00e9rito de esas acciones, o al menos por no haberle dado a Dios todo el gusto que habr\u00eda recibido si se las hubieras ofrecido; y que, para suplir este defecto, al comenzar la jornada, cada uno le haga un ofrecimiento general de todas las obras del d\u00eda; adem\u00e1s, conviene repetir esta ofrenda una o dos veces por la ma\u00f1ana, y otras tantas despu\u00e9s de comer, dici\u00e9ndole: \u00abDios m\u00edo, acepta los movimientos de mi coraz\u00f3n y de mi cuerpo; atr\u00e1elos hacia ti, ya que te los ofrezco juntamente con mis reglas, mis trabajos y sufrimientos\u00bb. Y cuanto m\u00e1s hagamos esto, hermanos m\u00edos, m\u00e1s facilidad y provecho lograremos. Hacerlo cuatro veces al d\u00eda, por lo menos. Por este medio adquiriremos nuevos t\u00edtulos de amor, y el amor nos har\u00e1 perseverar y crecer en esta santa pr\u00e1ctica. Se necesita, pues, la pr\u00e1ctica, hermanos m\u00edos: practicar lo que acabo de deciros para practicar la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es necesaria la mortificaci\u00f3n, ya que, para quitarle a nuestro gusto lo que le ofrecemos a Dios, hay mucho que luchar, y esta virtud es la que nos permitir\u00e1 vencer; por ella renunciamos a las comodidades y satisfacciones de la vida, ella nos lleva a hacer lo que le repugna a la naturaleza y lo que Dios pide. Por eso hemos de esforzarnos en esta virtud, acostumbrarnos a la mortificaci\u00f3n interna y externa en todas las cosas que agradan a la naturaleza. Este es el tercer medio que tenemos para hacer que nos sea familiar esta pr\u00e1ctica de cumplir incesantemente la voluntad de Dios. Poco a poco se ir\u00e1 habituando a ella nuestro esp\u00edritu; pasar\u00e1 a ser una costumbre en nosotros o, mejor dicho, una gracia de Dios, de modo que, como muchos, con actos reiterados, se habit\u00faan a ella, al final nos sentiremos todos nosotros animados y dispuestos a hacerlo. -\u00a1Ay, cu\u00e1ntos son los que nunca pierden a Dios de vista! Vemos a algunos de nosotros que caminan y obran siempre en su presencia. \u00a1Cu\u00e1ntos hay tambi\u00e9n en el mundo que as\u00ed lo hacen! Hace poco-estaba con una persona que se hac\u00eda cargo de con-ciencia de haberse distra\u00eddo tres veces en un d\u00eda del pensamiento de Dios. Esos ser\u00e1n nuestros jueces y nos condenar\u00e1n alg\u00fan d\u00eda, delante de la divina majestad, por el olvido en que tenemos a Dios, a pesar de que no tenemos otra cosa que hacer m\u00e1s que amarle y demostrarle nuestro amor en nuestras intenciones y nuestros servicios.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, pid\u00e1mosle a nuestro Se\u00f1or que nos d\u00e9 la gracia de decir como \u00e9l: <em>Cibus meus est ut faciam voluntatem ejus qui misit me<\/em>. Padres y hermanos m\u00edos, entregu\u00e9monos totalmente a Dios desde ahora, y ma\u00f1ana en la oraci\u00f3n, para que siempre y en todas partes sintamos hambre y sed de esta justicia. Pensemos en ello; aclaremos sobre todo lo que os he dicho de una forma tan confusa y desordenada; incendiemos nuestra voluntad diciendo y cumpliendo estas divinas palabras de Jesucristo: \u00abMi comida es hacer su voluntad y llevara cabo su obra\u00bb. Tu gusto, Salvador del mundo, tu ambros\u00eda y tu n\u00e9ctar es cumplir la voluntad de tu Padre. Nosotros somos tus hijos, que nos ponemos en tus brazos para seguir tu ejemplo; conc\u00e9denos esta gracia. Como no podemos hacerlo por nosotros mismos, te lo pedimos a ti, lo esperamos alcanzar de ti, pero con toda confianza y con un gran deseo de seguirte. Se\u00f1or, si quieres darle este esp\u00edritu a la compa\u00f1\u00eda, ella trabajar\u00e1 por hacerse cada vez m\u00e1s agradable a tus ojos y t\u00fa la llenar\u00e1s de ardor para que sea semejante a ti; y este anhelo la hace ya vivir de tu vida, de modo que cada uno puede decir como san Pablo: <em>Vivo ego, jam non ego, vivit vero in me Christus<\/em>. \u00a1Qu\u00e9 dicha poder comprobar en nosotros estas palabras: Vivo ego, jam non ego, vivit vero in me Christus! Pues ya no vivimos una vida humana, sino una vida divina, y viviremos esa vida, hermanos m\u00edos, si nuestros corazones est\u00e1n llenos y nuestras acciones van acompa\u00f1adas de esa intenci\u00f3n de cumplir la voluntad de Dios. Pues bien, si algunos pueden decir que as\u00ed lo han hecho, \u00a1Bendita compa\u00f1\u00eda! \u00a1Bienaventurados todos nosotros! Si tendemos a ello, lo alcanzaremos infaliblemente. Es verdad, otros pueden decir, como yo: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 desgraciado soy al ver c\u00f3mo mis hermanos viven la vida de Jesucristo y son agradables a los ojos de su Padre eterno, mientras que yo vivo una vida sensual y animal y merezco ser arrojado lejos de su trato, como objeto de disgusto para Dios!\u00bb. \u00abQuiera su bondad que este sentimiento penetre tan hondo en nuestra alma que avergonzados de nuestra cobard\u00eda, redoblemos el paso para alcanzar a los m\u00e1s adelantados en el camino de la perfecci\u00f3n. \u00a1Que Dios nos conceda esta gracia!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS (Reglas comunes, cap. 2, art. 3) Inspir\u00e1ndose en la \u00abRegla de perfecci\u00f3n del capuchino Benito de Canfield (Par\u00eds, Chastellain 1609), el padre Vicente demuestra c\u00f3mo la conformidad &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-122-conferencia-del-7-de-marzo-de-1659\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":393753,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[65],"tags":[],"class_list":["post-12329","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 122: Conferencia Del 7 De Marzo De 1659 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-122-conferencia-del-7-de-marzo-de-1659\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 122: Conferencia Del 7 De Marzo De 1659 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"SOBRE LA CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS (Reglas comunes, cap. 2, art. 3) Inspir\u00e1ndose en la \u00abRegla de perfecci\u00f3n del capuchino Benito de Canfield (Par\u00eds, Chastellain 1609), el padre Vicente demuestra c\u00f3mo la conformidad ... 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