{"id":12328,"date":"2009-09-29T20:17:23","date_gmt":"2009-09-29T19:17:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/09\/29\/vicente-de-paul-conferencia-121-conferencia-del-21-de-febrero-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-121-conferencia-del-21-de-febrero-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-121-conferencia-del-21-de-febrero-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 121: Conferencia Del 21 De Febrero De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LA BUSQUEDA DEL REINO DE DIOS<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 2)<\/p>\n<p><em>Explicaci\u00f3n de la m\u00e1xima del evangelio: \u00abBuscad ante todo el reino de Dios\u00bb. Motivos y medios adecuados para ponerla en pr\u00e1ctica.<\/em><\/p>\n<p>Padres y hermanos m\u00edos, ya que mis achaques me permiten hablaros esta tarde, seguiremos explicando el segundo cap\u00edtulo de nuestras reglas. La charla anterior y la primera sobre dicho cap\u00edtulo fueron sobre las m\u00e1ximas evang\u00e9licas en general, de las que esta compa\u00f1\u00eda tiene que hacer una especial profesi\u00f3n, como de una divina doctrina dada principalmente para las almas que aspiran a la perfecci\u00f3n, para las almas justas y escogidas por Dios para ser, como dice nuestro Se\u00f1or, luz del mundo y tener luego la posesi\u00f3n del cielo. Ya os dijimos algo de esto el viernes pasado; os aburrir\u00eda si os hablase m\u00e1s de ello, pero quiero recordaros, de pasada, que es sobre todo a nosotros a los que van dirigidas estas m\u00e1ximas, tanto porque se trata de los medios para llegar al fin primero que nos hemos propuesto, que es nuestra propia perfecci\u00f3n, como en virtud de la especial obligaci\u00f3n que hemos contra\u00eddo de practicarlas, despu\u00e9s de que las hemos convertido en reglas nuestras.<\/p>\n<p>Pasemos ahora al segundo art\u00edculo, donde la regla dice con Jesucristo: \u00abBuscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las dem\u00e1s cosas que necesit\u00e9is se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura\u00bb?. Si nuestro Se\u00f1or nos ha recomendado esto, hemos de aceptarlo as\u00ed; \u00e9l lo quiere; \u00e9l es la regla de la Misi\u00f3n, \u00e9l es el que habla y a nosotros nos toca estar atentos a sus palabras y entregarnos a su majestad para ponerlas en pr\u00e1ctica. Es conveniente ir explicando palabra por palabra las que acabamos de referiros, al menos las primeras y principales.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, se dice que hay que buscar el reino de Dios. Eso de buscarlo no es m\u00e1s que una palabra, pero me parece que dice muchas cosas; quiere decir que hemos de obrar de tal forma que aspiremos siempre a lo que se nos recomienda, que trabajemos incesantemente por el reino de Dios, sin quedarnos en una situaci\u00f3n c\u00f3moda y parados, prestar atenci\u00f3n a su interior para arreglarlo bien, pero no a su exterior para dedicarnos a \u00e9l. Buscad, buscad, esto dice, preocupaci\u00f3n, esto dice acci\u00f3n. Buscad a Dios en vosotros, ya que san Agust\u00edn confiesa que, mientras lo andaba buscando fuera de \u00e9l, no pudo encontrarlo; buscadlo en vuestra alma, como en su morada predilecta; es en el fondo donde sus servidores, que procuran practicar todas las virtudes, las establecen. Se necesita la vida interior, hay que procurarla; si falta, falta todo; y los que ya se han quedado sin ella, tienen que llenarse de confusi\u00f3n, pedirle a Dios misericordia y enmendarse. Si hay un hombre en el mundo que lo necesita, es este miserable que os est\u00e1 hablando; caigo y vuelvo a caer, salgo muchas veces fuera de m\u00ed y pocas veces entro en mi propio interior; voy acumulando faltas sobre faltas; es \u00e9sa la miserable vida que llevo y el mal ejemplo que os doy.<\/p>\n<p>Y recogi\u00e9ndose un momento, el padre Vicente a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a1Pobre hombre! Tienes mucha obligaci\u00f3n de ser un hombre interior y no haces m\u00e1s que caer y volver a caer. \u00a1Que Dios me perdone!<\/p>\n<p>Procuremos, hermanos m\u00edos, hacernos interiores, hacer que Jesucristo reine en nosotros; busquemos, salgamos de ese estado de tibieza y de disipaci\u00f3n, de esa situaci\u00f3n secular y profana, que hace que nos ocupemos de los objetos que nos muestran los sentidos, sin pensar en el creador que los ha hecho, sin hacer oraci\u00f3n para desprendernos de los bienes de la tierra y sin buscar el soberano bien. Busquemos, pues, hermanos m\u00edos. \u00bfEl qu\u00e9? Busquemos la gloria de Dios, busquemos el reino de Jesucristo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la palabra buscad viene la palabra primero, esto es, buscad el reino de Dios antes que todo lo dem\u00e1s. Pero, padre, hay tantas cosas que hacer, tantas tareas en la casa, tantas ocupaciones en la ciudad, en el campo; trabajo por todas partes; \u00bfhabr\u00e1 que dejarlo todo para no pensar m\u00e1s que en Dios? No, pero hay que santificar esas ocupaciones buscando en ellas a Dios, y hacerlas m\u00e1s por encontrarle a \u00e9l all\u00ed que por verlas hechas. Nuestro Se\u00f1or quiere que ante todo busquemos su gloria, su reino, su justicia, y para eso que insistamos sobre todo en la vida interior, en la fe, la confianza, el amor, los ejercicios de religi\u00f3n, la oraci\u00f3n, la confusi\u00f3n, las humillaciones, los trabajos y las penas, con vistas a Dios, nuestro se\u00f1or soberano; que le presentemos continuas oblaciones de servicio y de anhelos por ganar reinos para su bondad, gracias para su Iglesia y virtudes para la compa\u00f1\u00eda. Si por fin nos asentamos firmemente en la b\u00fasqueda de la gloria de Dios, podemos estar seguros de que lo dem\u00e1s vendr\u00e1 despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Nuestro Se\u00f1or nos ha prometido que atender\u00e1 a todas nuestras necesidades, sin que tengamos que preocuparnos de ellas; no obstante, hay que atender a los asuntos temporales y velar por ellos en la medida en que Dios lo desea, pero sin hacer de eso nuestra preocupaci\u00f3n principal. Dios espera que as\u00ed lo hagamos y la compa\u00f1\u00eda har\u00e1 bien en preocuparse de las cosas exteriores; pero si se ocupa en buscar esas cosas perecederas, descuidando las interiores y divinas, dejar\u00e1 de ser Misi\u00f3n; ser\u00e1 un cuerpo sin alma; y este lugar ser\u00e1, como ha sido otras veces, un motivo de pena para las buenas personas y de abandono de Dios. As\u00ed es como hemos de buscar ante todo y sobretodo el reino de Dios. Pero \u00bfqu\u00e9 es ese reino de Dios?<\/p>\n<p>Se dan diversas explicaciones de esta palabra: 1.\u00b0 Se entiende del dominio de Dios sobre todas las criaturas, ang\u00e9licas y humanas, animadas e inanimadas, sobre los condenados y los demonios; Dios es el due\u00f1o, se\u00f1or y soberano de todo y de todas las cosas. 2.\u00b0 El gobierno de su Iglesia, compuesta de elegidos y de r\u00e9probos; Dios es su rey; ha dado leyes a esta Iglesia, inspira a sus gobernantes la buena direcci\u00f3n que siguen, reina sobre los concilios can\u00f3nicos y las santas asambleas que se celebran para el buen orden del estado cristiano, y para ello las preside el Esp\u00edritu Santo. El es el que ha dado las luces esparcidas por toda la tierra, que han iluminado a los santos, ofuscado a los malvados, disipado las dudas, manifestado las verdades, descubierto los errores y mostrado los caminos por donde la Iglesia en general y cada uno de los fieles en particular pueden caminar con toda seguridad.<\/p>\n<p>3.\u00b0 Reina de una manera especial sobre los justos, que lo honran y le sirven; sobre las almas buenas, que se entregan a Dios y no respiran m\u00e1s que a Dios; sobre los elegidos, que deber\u00e1n glorificarle eternamente. Sobre esas personas es sobre las que reina de una manera especial, por medio de las virtudes que practican y que han recibido de \u00e9l. El es el Dios de las virtudes, y no hay ninguna que no venga de \u00e9l. Todas ellas proceden de esta fuente infinita, que las env\u00eda a las almas escogidas que? siempre dispuestas a recibirlas, son siempre fieles en practicarlas. Y de este modo ellas procuran el reino de Dios, y es as\u00ed como Dios reina siempre en ellas.<\/p>\n<p>\u00a1Ay, hermanos m\u00edos! \u00bfEstamos nosotros en esta situaci\u00f3n? \u00bfTenemos la dicha de que Dios sea el due\u00f1o en nosotros, de forma que sus virtudes realicen sus operaciones en nosotros sin resistencia alguna? Hermanos m\u00edos, pregunt\u00e9monos a nosotros mismos: \u00ab\u00bfHago yo lo que hacen esas almas? \u00bfEstoy pronto ante los atractivos de Dios, fiel a sus deseos, exacto en mis pr\u00e1cticas y dispuesto siempre a obrar seg\u00fan su voluntad?\u00bb. Si es as\u00ed, decid con entusiasmo lo mismo que dec\u00eda nuestro Se\u00f1or: \u00abComo mi Padre que vive me ha enviado, por eso yo vivo\u00a0 mi Padre\u00bb. Estad seguros de que, si el Dios de las virtudes os ha escogido para practicarlas, vosotros viv\u00eds por \u00e9l y su reino est\u00e1 en vosotros. Pero, si no es as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 habr\u00e1 que hacer? Entregarnos a \u00e9l sin regateos y sin reservas desde este momento, para que acepte disponernos a esta vida de elegidos y aparte de nosotros tanta voluntad propia y nuestros afanes de propia satisfacci\u00f3n, que es lo que impide que Dios resida apacible y absolutamente en nosotros. \u00bfPor qu\u00e9 no vamos a hacer ahora todos juntos este acto de abandono en su divina bondad? Dig\u00e1mosle pues: \u00ab\u00a1Oh, rey de nuestros corazones y de nuestras almas! Aqu\u00ed estamos humildemente postrados a tus pies, entregados por entero a tu obediencia y a tu amor; nos consagramos de nuevo por completo y para siempre a la gloria -de tu majestad; te suplicamos con todas nuestras fuerzas que establezcas tu reino en la compa\u00f1\u00eda y le concedas la gracia de que ella te entregue el gobierno de s\u00ed misma y que nadie se aparte de \u00e9l, sino que todos seamos conducidos seg\u00fan las normas de tu Hijo y de los que t\u00fa has puesto para gobernarla\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed es, hermanos m\u00edos, como deben entenderse estas palabras: \u00abBuscad el reino de Dios\u00bb; pero adem\u00e1s se dice: \u00aby su justicia\u00bb. Fijaos que a\u00f1ade justicia. S\u00e9 muy bien que algunos no ponen casi ninguna diferencia entre buscar el reino de Dios y buscar su justicia y que, por tanto, no ser\u00eda necesario que me detuviese m\u00e1s en la explicaci\u00f3n de estas palabras; sin embargo, como hay otros que las distinguen y como en la sagrada escritura no hay ninguna palabra de la que no se pueda sacar alg\u00fan fruto, si se explica y se medita con cuidado, no ser\u00e1 inconveniente que os diga aqu\u00ed lo que se puede entender por estas palabras: \u00abBuscad la justicia de Dios\u00bb. Para ello, hay que saber antes cu\u00e1l es esa justicia de Dios. Padres, vosotros hab\u00e9is estudiado teolog\u00eda y yo soy un ignorante, un alumno de primaria; sab\u00e9is que hay dos clases de justicia, la conmutativa y la distributiva; ambas se encuentran en Dios: justus Dominus et justitias dilexit. Tambi\u00e9n se encuentran en los hombres, pero con el defecto de que son dependientes, mientras que la justicia de Dios es soberana. No obstante, nuestras justicias no dejan de tener sus propiedades, por las que guardan cierta relaci\u00f3n y semejanza con la divina, de la que dependen. As\u00ed pues, la de Dios es conmutativa y distributiva a la vez.<\/p>\n<p>1.\u00b0 Conmutativa, ya que Dios transforma los trabajos de los hombres en virtudes, y sus m\u00e9ritos en recompensas; y como los cuerpos se corrompen el alma toma posesi\u00f3n de la gloria que ellos han merecido. Esta conmutaci\u00f3n de los m\u00e9ritos en recompensa se hace por medida y por n\u00famero o, como dicen los te\u00f3logos, en proporci\u00f3n aritm\u00e9tica. S\u00ed, Dios proporciona las virtudes seg\u00fan el esfuerzo que se pone por adquirirlas y da la gloria seg\u00fan el n\u00famero y el valor de las buenas acciones. Esto tiene que impresionarnos, padres; Dios nos recompensar\u00e1 por la justicia y por la cuenta de nuestras obras. Esforc\u00e9monos, hermanos m\u00edos, esforc\u00e9monos en la virtud, multipliquemos el empe\u00f1o, busquemos el honor y el benepl\u00e1cito de nuestro soberano Salvador; llevemos vida interior, aumentemos el reino de Dios en nosotros. Hay un pasaje en la carta de san Pablo a los corintios: <em>Opera illorum sequuntur illos<\/em>: las obras buenas del justo lo acompa\u00f1ar\u00e1n y Dios se las recompensar\u00e1, lo mismo que castigar\u00e1 tambi\u00e9n a los malos, en proporci\u00f3n con sus iniquidades, con la pena del infierno; pero lo har\u00e1 estrictamente y con esa proporci\u00f3n aritm\u00e9tica de la que acabamos de hablar. Disminuyamos las miserias de nuestra alma y progresemos en la virtud; Dios ser\u00e1 exacto en recompensar nuestras buenas obras y en castigar las malas. Esto es cierto, hace poco que lo he le\u00eddo. As\u00ed pues, si Dios obra de esta forma, padres, \u00bfno hemos de mirar su justicia buscando su gloria, y mirar su gloria buscando su justicia? \u00bfno hemos de hacer todo el bien que podamos para este fin, para que nuestras obras sean dignas de esta conmutaci\u00f3n de la gloria y que la gloria responda a las obras? No podemos esperar que Dios nos conceda una buena medida, y sobreabundante, si nosotros nos portamos ro\u00f1osamente con \u00e9l; hay que sembrar mucho con nuestras buenas acciones, para recoger mucho en recompensa, y as\u00ed es como buscaremos la justicia de Dios, en cuanto conmutativa y propia solamente de \u00e9l.<\/p>\n<p>2.\u00b0 Tambi\u00e9n es distributiva, en cuanto que conserva cierta proporci\u00f3n llamada geom\u00e9trica, cuando Dios distribuye el cielo a los buenos y el infierno a los malos, tales como yo, que no puedo esperar m\u00e1s que un riguroso castigo. El cielo es un conjunto de bienes infinitos que Dios distribuye a las almas justas. \u00bfY qu\u00e9 es el infierno? Un lugar donde abundan toda clase de males que no acabar\u00e1n nunca, distribuidos entre los que se han prostituido al pecado; y esta justicia se llama distributiva. \u00bfPor qu\u00e9? Porque el cielo es la paga o el salario con que recompensa a sus servidores, y el infierno es la pena con que castiga a los malos. Es propio de Dios darle a cada uno seg\u00fan sus obras Padres, no nos enga\u00f1emos: tenemos que ser castigados; tengamos miedo.<\/p>\n<p>Hace algunos d\u00edas le\u00ed, o mejor dicho, me refirieron que un religioso dec\u00eda que en su orden parec\u00eda como si se temiese a Dios; el temor reinaba all\u00ed, pero no en todos, pues exceptuaba a algunos que no pensaban en los castigos de Dios y en los que no cab\u00eda el temor; eran los esp\u00edritus abandonados, que no pensaban ni se preocupaban de los fines \u00faltimos. \u00abYo hago oraci\u00f3n, dec\u00eda, rezo el oficio y hago todos mis ejercicios, pero con miedo de hacerlos mal, o por lo menos de no hacerlos bastante bien\u00bb.<\/p>\n<p>Padres, recordemos la forma con que nosotros cumplimos con los nuestros; s\u00f3lo encontraremos en ellos mucho motivo para temer que, en vez de merecer alguna recompensa, Dios nos encuentre dignos de castigo. Pero \u00bfad\u00f3nde vamos con todo, este discurso sobre la justicia conmutativa y la distributiva? A que comprendamos, en breves palabras, que para buscar debidamente y para encontrar felizmente esta divina justicia, hay que considerarla a la vez como conmutativa y como distributiva, esto es, mirarla como dispuesta a recompensarnos abundantemente, si procuramos merecerla por la pr\u00e1ctica de las virtudes convenientes a nuestro estado; lo cual es, en cierto modo, imitar a la justicia divina.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, padres, una larga explicaci\u00f3n de esta m\u00e1xima; pero no es eso todo; hay que saber que, por estas palabras:\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00abBuscad primero el reino de Dios y su justicia\u00bb, nuestro Se\u00f1or no pide solamente de nosotros que busquemos primero el reino de Dios y su justicia de la manera que acabamos de se\u00f1alar; quiero decir que no basta con obrar de modo que Dios reine en nosotros, buscando as\u00ed su reino y su justicia, sino que adem\u00e1s es preciso que deseemos y procuremos que el reino de Dios se extienda por doquier, que Dios reine en todas las almas, que no haya m\u00e1s que una verdadera religi\u00f3n en la tierra y que el mundo viva de una manera distinta de como vive, por la fuerza de la virtud de Dios y por los medios establecidos en su Iglesia; finalmente, que su justicia sea buscada e imitada por todos con una vida santa, y as\u00ed sea \u00e9l perfectamente glorificado en el tiempo y en la eternidad.<\/p>\n<p>Esto es, por consiguiente, lo que hemos de hacer: desear que se propague la gloria de Dios y trabajar por ello.<\/p>\n<p>Hablo de su gloria y hablo de su reino, tomando as\u00ed lo uno por lo otro, ya que se trata de lo mismo. La gloria de Dios est\u00e1 en el cielo; y su reino, en las almas. Tengamos, pues, ese cont\u00ednuo deseo de que se extienda el reino de Dios y ese anhelo de trabajar con todas nuestras fuerzas para que, despu\u00e9s de haber procurado el reino de Dios en la tierra, vayamos a gozar de \u00e9l en el cielo. Tengamos siempre esta l\u00e1mpara encendida en nuestros corazones.<\/p>\n<p>\u00a1Ay, padres! \u00a1Qu\u00e9 felices somos de estar en una compa\u00f1\u00eda que tiene como finalidad, no s\u00f3lo hacernos dignos de que \u00e9l reine en nosotros, sino tambi\u00e9n que sea amado y servido por todo el mundo y que todo el mundo se salve! Cuando leamos la regla, veremos que nos recomienda en primer lugar que nos perfeccionemos, esto es, que hagamos reinar a Dios en vosotros y en m\u00ed, y en segundo lugar que cooperemos con \u00e9l por la extensi\u00f3n de su reino. \u00bfNo os parece esto maravilloso? Es hacer lo que hacen los \u00e1ngeles de Dios, escogidos por \u00e9l para llevar e indicar su voluntad a los hombres, para que estos obren seg\u00fan ella. \u00bfHabr\u00e1 en la tierra una situaci\u00f3n m\u00e1s digna de ser deseada que la nuestra?<\/p>\n<p>Esta es, padres, la explicaci\u00f3n global de estas palabras: \u00abBuscad primero el reino de Dios y su justicia\u00bb. Pasemos a los motivos que tenemos para entregarnos a Dios con este fin. El primero es que no s\u00f3lo nos obliga a ello la regla, sino que nos lo ordena Jesucristo; \u00e9sa es la primera de sus m\u00e1ximas, la principal de sus pr\u00e1cticas: aspirar a que Dios sea conocido, servido, amado, que su reino y su justicia sean buscados antes que todo lo dem\u00e1s. Pues bien, si nuestro Se\u00f1or nos exhorta a ello y nos lo manda, tambi\u00e9n da la gracia para hacerlo a todos cuantos se la pidan, y la aumenta a los que le son fieles. \u00bfA qu\u00e9 se deber\u00e1, hermanos m\u00edos, que no respondamos a una cosa tan santa, tan provechosa y tan adecuada a nuestra profesi\u00f3n? Ah\u00ed est\u00e1 mi regla, que me dice que he de obrar de forma que Dios reine. Nada podr\u00e1 impedirme que, con la ayuda de Dios, me dedique por entero a un deber tan justo.<\/p>\n<p>El segundo motivo para ello es la promesa de nuestro Se\u00f1or. \u00bfCu\u00e1l? Si nosotros atendemos a sus negocios, \u00e9l har\u00e1 los nuestros. Busquemos su gloria, ocup\u00e9monos de ella, no nos preocupemos de nada m\u00e1s: et haec omnia adjicientur vobis: y todas las dem\u00e1s cosas que necesit\u00e9is se os dar\u00e1n por a\u00f1adidura. Preocup\u00e9monos de buscar que Dios reine en nosotros y en los dem\u00e1s por medio de todas las virtudes; y dej\u00e9mosle a \u00e9l el cuidado de todas las cosas temporales; as\u00ed lo quiere \u00e9l. S\u00ed, el nos proveer\u00e1 de alimento, de vestido, y hasta de ciencia. \u00a1Pobres de nosotros si no la tenemos! \u00a1Ay de los misioneros que no estudian para tenerla! Pero antes hay que esforzarse en las virtudes, trabajar por la vida interior, preferir las cosas espirituales a las temporales, y entonces ya vendr\u00e1 todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, acordaos de Abrah\u00e1n, a quien Dios le hab\u00eda prometido poblar toda la tierra por medio de un hijo que ten\u00eda. Pero Dios le pide que se lo sacrifique. Si Abrah\u00e1n hace morir a su hijo, \u00bfc\u00f3mo cumplir\u00e1 Dios su promesa? Sin embargo, Abrah\u00e1n, que ten\u00eda su esp\u00edritu acostumbrado a cumplir la voluntad de Dios, acepta la obligaci\u00f3n de ejecutar esta orden, sin preocuparse de nada m\u00e1s. A Dios le toca pensar en ello, pod\u00eda decir; si yo cumplo su mandato, el cumplir\u00e1 su promesa; pero \u00bfc\u00f3mo? No lo s\u00e9. S\u00f3lo s\u00e9 que es todopoderoso. Le voy a ofrecer lo m\u00e1s querido que tengo en el mundo, ya que as\u00ed lo quiere. \u00a1Pero es mi hijo \u00fanico! \u00a1No importa! \u00a1Pero, si le quito la vida a este ni\u00f1o, ya no habr\u00e1 medio de que Dios cumpla su palabra! \u00a1Es lo mismo! Si \u00e9l as\u00ed lo quiere, habr\u00e1 que hacerlo. Pero, si lo conservo, mi descendencia ser\u00e1 bendita: Dios lo ha dicho. S\u00ed, pero tambi\u00e9n ha dicho que le d\u00e9 muerte; me lo ha indicado; obedecer\u00e9, pase lo que pase, y esperar\u00e9 en sus palabras. Admirad esta confianza: no se preocupa para nada de lo que puede pasar; sin embargo, la cosa le tocaba muy de cerca; pero espera que todo saldr\u00e1 bien, ya que Dios se mete en ello. \u00bfPor qu\u00e9 no tendremos nosotros esa misma esperanza, si le dejamos a Dios el cuidado de todo lo que nos preocupa y preferimos lo que \u00e9l nos mande?<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n a prop\u00f3sito de esto, \u00bfos acord\u00e1is de la fidelidad de los hijos de Recab? Recab era un buen hombre, que recibi\u00f3 de Dios la inspiraci\u00f3n de vivir de manera distinta de los dem\u00e1s hombres; s\u00f3lo pod\u00eda morar en tiendas de campa\u00f1a, y no en casas: por eso abandon\u00f3 la que ten\u00eda. Y se fue al campo donde se le ocurri\u00f3 no plantar ninguna vi\u00f1a, para no beber vino; en efecto, no las plant\u00f3 y no bebi\u00f3 jam\u00e1s. Prohibi\u00f3 a sus hijos sembrar trigo y otros granos, plantar \u00e1rboles y tener huertos, de modo que estaban todos sin trigo, sin pan y sin frutos. \u00bfQu\u00e9 har\u00e1s entonces, pobre Recab? \u00bfCrees que tu familia podr\u00e1 prescindir de alimento, y tampoco t\u00fa? Comeremos lo que Dios nos mande Fijaos si es duro esto, padres. No hacen esto ni los religiosos m\u00e1s pobres, que no llevan su renuncia hasta ese extremo. Pero la confianza de aquel hombre fue tan grande que se priv\u00f3 de todas las comodidades de la vida, para depender solamente del cuidado de la providencia viviendo en esta situaci\u00f3n 350 a\u00f1os; esto fue tan agradable a Dios que, al reprocharle a Jerem\u00edas la dureza de su pueblo, abandonado a sus placeres, le dijo: \u00abVete a esos hombres duros y diles que hay un hombre que hace esto, esto y esto\u00bb. Jerem\u00edas hizo venir a un hijo de Recab para probar la gran abstinencia del padre y de los hijos; para ello, mand\u00f3 poner sobre la mesa pan, vino, vasos, etc\u00e9tera. Cuando lleg\u00f3 el muchacho, Jerem\u00edas le dijo: \u00abTengo de Dios el encargo de decirte que bebas vino\u00bb \u00abY yo, dijo el muchacho, tengo el encargo de no beber; hace mucho que no lo hemos bebido, porque nos lo ha prohibido nuestro padre\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien, si aquel padre ten\u00eda la confianza de que Dios atender\u00eda a la subsistencia de su familia sin que \u00e9l se preocupase de ella, y si los hijos eran tan fieles en cumplir la intenci\u00f3n de su padre, \u00a1que confianza hemos de tener nosotros de que, en cualquier situaci\u00f3n donde nos ponga Dios, mirar\u00e1 tambi\u00e9n por lo que necesitamos! \u00bfCu\u00e1l es nuestra fidelidad a las reglas, en comparaci\u00f3n con la de esos hijos que, a pesar de no estar obligados a abstenerse de esas cosas usuales en la vida, viv\u00edan no obstante en tanta pobreza? \u00a1Dios m\u00edo! Pid\u00e1mosle a su divina bondad una gran confianza en todas las ocasiones que se nos presenten; si somos fieles a \u00e9l, nada nos faltar\u00e1; vivir\u00e1 \u00e9l mismo en nosotros, nos guiar\u00e1, nos defender\u00e1 y nos amar\u00e1; todo lo que hagamos y digamos le ser\u00e1 agradable.<\/p>\n<p>El tercer motivo que tenemos para ello es que nuestro Se\u00f1or, en san Mateo, al hablar de esa confianza que hemos de tener en Dios, dice: \u00abVed los p\u00e1jaros que ni siembran ni cosechan; sin embargo, Dios les pone la mesa en todas partes los viste y los alimenta; hasta las hierbas del campo, y los lirios, tienen unos adornos tan maravillosos que ni Salom\u00f3n, en toda su gloria, ha tenido otros semejantes\u00bb. Pues bien, si Dios mira por las aves y las plantas, \u00bfpor qu\u00e9 no os vais a fiar vosotros, incr\u00e9dulos, de un Dios tan bueno y providente? \u00a1Fiaros m\u00e1s de vosotros mismos que de \u00e9l! El lo puede todo, y vosotros nada; \u00a1y os atrev\u00e9is a apoyaros m\u00e1s en vuestra industria que en su bondad, en vuestra pobreza que en su abundancia! \u00a1Oh miseria del hombre! He de decir aqu\u00ed que los superiores est\u00e1n obligados a velar por las necesidades de cada uno y de proveer a todo lo necesario. Lo mismo que Dios se ha obligado a proporcionar la vida a todas sus criaturas, hasta a un insecto, tambi\u00e9n quiere que los superiores y encargados, como instrumentos de su providencia, velen para que no les falte nada necesario ni a los sacerdotes, ni a los cl\u00e9rigos, ni a los hermanos, ni a cien, o doscientas, o trescientas personas o m\u00e1s, que estuviesen aqu\u00ed, ni al menor, ni al m\u00e1s grande. Pero tambi\u00e9n, hermanos m\u00edos, ten\u00e9is que descansar en los cuidados amorosos de la misma providencia para vuestro sustento, y contentaros con lo que se os d\u00e9, sin indagar si la comunidad tiene con qu\u00e9, o no tiene, ni preocuparos m\u00e1s que de buscar el reino de Dios, ya que su sabidur\u00eda infinita proveer\u00e1 a todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Hace poco le preguntaba a un cartujo, que est\u00e1 de superior en una casa, si llamaba a los religiosos a consejo para el gobierno de lo temporal. Me respondi\u00f3: \u00abLlamamos a los encargados, como el subprior, el procurador y yo; todos los dem\u00e1s se quedan tranquilos; s\u00f3lo se cuidan de cantar las alabanzas de Dios y de hacer lo que la regla y la obediencia les ordenan\u00bb. Aqu\u00ed observamos esta misma pr\u00e1ctica, gracias a Dios; sigamos as\u00ed. Estamos obligados a tener algunos bienes y hacerlos rendir para atender a todo. Hubo un tiempo en que el Hijo de Dios envi\u00f3 a sus disc\u00edpulos sin dinero ni provisiones; luego crey\u00f3 conveniente poseer algo, recibir limosnas y reunir algunas cosas para el sustento de su compa\u00f1\u00eda y la ayuda a los pobres. Los ap\u00f3stoles siguieron esta norma, y san Pablo dice de s\u00ed mismo que trabajaba con sus manos y reun\u00eda con qu\u00e9 aliviar a los cristianos necesitados. Les toca, pues, a los superiores velar por la econom\u00eda; pero que procuren tambi\u00e9n que esta vigilancia de lo temporal no haga disminuir la de las virtudes; que obren de modo que se mantenga en vigor esta pr\u00e1ctica en la compa\u00f1\u00eda y que Dios reine en ella sobre todo; es \u00e9sa la primera finalidad que han de tener.<\/p>\n<p>Y para que lo hagamos todos, la regla nos proporciona un cuarto motivo: Por tanto, dice, el misionero no ha de preocuparse de los bienes de este mundo, sino que pondr\u00e1 todos sus cuidados en la providencia del Se\u00f1or, teniendo por cierto que, mientras se mantenga en su caridad y en esta confianza, estar\u00e1 siempre bajo la protecci\u00f3n de Dios y no le suceder\u00e1 ning\u00fan mal ni le faltar\u00e1 ning\u00fan bien, etc\u00e9tera. No es \u00e9sta una idea nuestra, sino de la sagrada escritura, que dice: <em>Qui habitat in adjutorio Altissimi, in protectione Dei caeli commorabitur<\/em>. A esos no les suceder\u00e1 nada malo, porque todo se les tornar\u00e1 en bien y no les faltar\u00e1 ninguna cosa, ya que Dios no dejar\u00e1 de darles lo que necesiten, tanto para el cuerpo como para el alma; en fin, todo les saldr\u00e1 bien, aun cuando parezca que los males les amenazan. Por eso, hermanos m\u00edos, tenemos motivos para esperar que, mientras est\u00e9is firmes en esta confianza, no s\u00f3lo estar\u00e9is preservados de todo da\u00f1o, sino que gozar\u00e9is de toda clase de bienes; s\u00ed, ten\u00e9is motivo para esperarlo, incluso cuando parezca que todo est\u00e1 perdido.<\/p>\n<p>Los santos, padres, los santos quisieron atestiguar al cielo y a la tierra su perfecta confianza en el Se\u00f1or mediante este apartamiento de las criaturas y de sus propias comodidades; para ello, abandonaron sus bienes, placeres, honores, su vida y sus almas. \u00bfPara qu\u00e9? Para que \u00e9l fuera su due\u00f1o, para que reinase absolutamente sobre ellos y dependiesen s\u00f3lo de \u00e9l en todas las cosas, en el tiempo y en la eternidad. \u00a1Qu\u00e9 gran abandono! \u00a1Qu\u00e9 gran confianza! Pero el santo de los santos, que les desbroz\u00f3 el camino, \u00bfhasta d\u00f3nde no llev\u00f3 la pr\u00e1ctica de estas cosas que acabo de deciros? (He de abreviar, que los minutos corren) Bien, el Hijo de Dios declara de s\u00ed mismo que no busca su gloria, sino la del Padre. Todo lo que hace y lo que dice es para glorificarle, sin reservar para s\u00ed m\u00e1s que la desnudez, el sufrimiento y la ignominia. Hermoso ejemplo, hermanos m\u00edos, por el que Jesucristo nos obliga mansamente a entrar en sus inclinaciones, afectos, pr\u00e1cticas y consejos. El no busc\u00f3 nunca su gloria. \u00bfY nosotros? \u00bfQueremos imitarle? \u00bfqueremos renunciar a toda pretensi\u00f3n de honor? \u00bfqueremos buscar s\u00f3lo el suyo, no obrar m\u00e1s que para establecer su gloria en las almas, para hacer que llegue su reino y que su voluntad se haga en la tierra como en el cielo? Si as\u00ed lo hacemos, lo tendremos todo. Me parece que son \u00e9stos unos motivos muy poderosos para llevarnos a la pr\u00e1ctica de esta santa m\u00e1xima; pero \u00bfcu\u00e1les son los medios para ello?<\/p>\n<p>Los medios son: 1\u00b0 ped\u00edrselo incesantemente a Dios. Somos unos mendigos; port\u00e9monos ante Dios como tales; somos pobres y ruines, necesitamos de Dios para todo, sobre todo para observar esta m\u00e1xima que nos obliga a buscar a Dios lo primero: esto s\u00f3lo podemos hacerlo con su esp\u00edritu. Pero no basta con ped\u00edrselo; hay que empezar a practicar esta regla cuanto antes. \u00bfQu\u00e9 hacer para ello? Practicar las virtudes que esto supone: celo de su gloria, despego de las criaturas y confianza en el Creador; hacer actos interiores y exteriores, pensar con frecuencia en ello y, si caemos, volver a levantarnos.<\/p>\n<p>2.\u00b0 En la misma regla se dice que todos preferir\u00e1n las. cosas espirituales a las temporales, el alma al cuerpo, Dios al mundo, y que finalmente escoger\u00e1n la pobreza, la infamia, los tormentos y la misma muerte antes que verse separados de Jesucristo. Cuando se encuentre uno en una ocasi\u00f3n en que se trate de escoger una cosa espiritual o una cosa temporal, tiene que abrazar la primera y dejar la segunda, es lo que Dios nos pide; esto es hacer que reine en nosotros atender a sus asuntos m\u00e1s que a los nuestros, preferir la vida del alma a la del cuerpo, hermanos m\u00edos, la vida del alma a la del cuerpo. Mirad, se presenta la ocasi\u00f3n de que los enfermos le den a Dios parte de sus enfermedades; tienen que hacerlo. Hermanos m\u00edos, es propio del reino de Dios preferir el alma al cuerpo, el honor de Dios al del mundo. Bebamos el c\u00e1liz, abracemos la confusi\u00f3n, con la confianza de que todo vendr\u00e1 en provecho nuestro. En fin, hay que decidirse, como el ap\u00f3stol, a escoger los tormentos, y la misma muerte, antes que separarse de la caridad de Dios. Quiz\u00e1s se presente la ocasi\u00f3n de seguir a Jesucristo y sufrir la prisi\u00f3n. la tortura, el fuego, el martirio; \u00a1benditas ocasiones, que nos ofrecen el medio de hacer que reine soberanamente el Hijo de Dios! Entregu\u00e9monos a \u00e9l, hermanos m\u00edos, os lo pido por su santo nombre, para que nos conceda la gracia de preferir las penas y la muerte al peligro tremendo de perder su amor; tal debe ser nuestra decisi\u00f3n desde ahora. S\u00ed, Dios m\u00edo, s\u00ed padres, si se presenta la ocasi\u00f3n de perder el honor, los placeres y la vida, para que Jesucristo sea conocido y servido, viviendo y reinando por doquier, hemos de estar dispuestos, por su misericordia. Hag\u00e1mosle, pues, de antemano este ofrecimiento, aunque la naturaleza sienta alguna repugnancia; tengamos la confianza de que Dios nos dar\u00e1 fortaleza cuando la necesitemos. \u00abOs env\u00edo como corderos en medio de lobos\u00bb,. dec\u00eda nuestro Se\u00f1or a sus ap\u00f3stoles. El no quer\u00eda que pensasen en la respuesta que habr\u00edan de dar a los pr\u00edncipes y a los tiranos; \u00abporque entonces, les dec\u00eda, se os dir\u00e1 lo que ten\u00e9is que decir\u00bb. No dud\u00e9is, hermanos m\u00edos, de que as\u00ed ocurrir\u00e1 con vosotros en ocasiones semejantes, cuando teng\u00e1is que hablar y sufrir como perfectos cristianos. Dej\u00e9mosle obrar a \u00e9l y no pensemos m\u00e1s que en su amorosa y santa voluntad. \u00a1Qui\u00e9n nos diera el celo de santa Teresa, que hizo voto de escoger siempre la gloria de su Se\u00f1or, y no s\u00f3lo su gloria, sino su mayor gloria! Se presenta la ocasi\u00f3n de hacer una obra buena en su honor; pero se presenta luego otra de mayor importancia: ella acud\u00eda a \u00e9sta y dejaba para luego la otra. Y se comprometi\u00f3 de palabra y en conciencia a obrar siempre de este modo. Esa era tambi\u00e9n la norma de san Ignacio: Ad majorem dei gloriam. Un gran prelado de estos tiempos sigue esta misma pr\u00e1ctica de animar sus acciones y sus obras con esta intenci\u00f3n de buscar siempre el mayor bien: es el se\u00f1or obispo de Cahors, que tiende siempre a lo m\u00e1s perfecto; y lo consigue.<\/p>\n<p>Si hay alguno entre nosotros que sienta este mismo deseo, enhorabuena, hermanos m\u00edos; abrid vuestros corazones a esta divina inspiraci\u00f3n y seguid este noble movimiento, que siempre os llevar\u00e1 hacia arriba. Los dem\u00e1s que se arrastran por debajo, como yo, miserable de m\u00ed, que se levanten. Entregu\u00e9monos a Dios para desear y para hacer que se extienda a nosotros el reino de Dios, que se extienda sobre el estado eclesi\u00e1stico y sobre todos los pueblos; al obrar de esta forma, practicaremos lo que nuestro Se\u00f1or y nuestro celo piden de nosotros por este art\u00edculo.<\/p>\n<p>\u00a1Salvador m\u00edo Jesucristo, que te santificaste para que fueran santificados los hombres, que huiste de los reinos de la tierra, de sus riquezas y de su gloria y s\u00f3lo pensaste en el reino de tu Padre en las almas: <em>non quaero gloriam meam, etc\u00e9tera, sed honorifico Patrem meum<\/em>! Si t\u00fa viviste as\u00ed para con un otro t\u00fa, ya que eres Dios en relaci\u00f3n con tu Padre, \u00bfqu\u00e9 deberemos hacer nosotros para imitarte a ti, que nos sacaste del polvo y nos llamaste a observar tus consejos y aspirar a la perfecci\u00f3n? \u00a1Ay, Se\u00f1or! Atr\u00e1enos a ti, danos la gracia de entrar en la pr\u00e1ctica de tu ejemplo y de nuestra regla, que nos lleva a buscar el reino de Dios y su justicia y a abandonarnos a \u00e9l en todo lo dem\u00e1s; haz que tu Padre reine en nosotros y reina t\u00fa mismo haciendo que nosotros reinemos en ti por la fe, por la esperanza y por el amor, por la humildad, por la obediencia y por la uni\u00f3n con tu divina majestad. Al hacer as\u00ed, tenemos motivos de esperar que alg\u00fan d\u00eda reinaremos en tu gloria, que nos has merecido con tu preciosa sangre. Esto es, hermanos m\u00edos, lo que hemos de pedirle en la oraci\u00f3n; y durante todo el d\u00eda, desde que nos despertemos, decirse cada uno en su interior: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hacer para que Dios reine como soberano en mi coraz\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 hacer para extender por todo el mundo el conocimiento y el amor de Jesucristo? \u00a1Mi buen Jes\u00fas, ens\u00e9\u00f1ame a hacerlo y haz que as\u00ed lo haga!\u00bb. Cuando suene el reloj, renovemos esta oraci\u00f3n y la resoluci\u00f3n de trabajar en ello, y sobre todo en la santa misa, establecida para reconocer de forma soberana la suprema majestad de Dios y alcanzarnos las gracias necesarias para vivir y morir bajo el reino glorioso de su Hijo eterno. Am\u00e9n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la oraci\u00f3n, el padre Vicente dijo con muchos sentimientos de humildad y de gratitud:<\/p>\n<p>Esperen un poco, por favor. Hemos hablado de la providencia, hermanos m\u00edos, y del deseo que Dios tiene de que confiemos en \u00e9l. Ha querido su bondad hacer que experimentemos hace poco c\u00f3mo es siempre fiel a sus promesas. Le inspir\u00f3 a una se\u00f1ora, que ha muerto recientemente (ayer falleci\u00f3), la idea de hacer un favor a esta pobre y ruin compa\u00f1\u00eda y a otra casa distinta de la nuestra; ha dejado en testamento 18.000 libras, una cantidad importante, \u00a118.000 libras! \u00a1Oh bondad de Dios, qu\u00e9 admirable eres! \u00a1Oh conducta admirable, qu\u00e9 digna de amor eres! \u00a1Oh providencia infinita, que velas por las necesidades de cada uno! El d\u00eda que ten\u00edamos que hablar de ti, t\u00fa te nos muestras de forma tan clara; el mismo d\u00eda que ten\u00edamos que excitarnos a descansar en tus cuidados paternales en lo referente a las cosas temporales, para no pensar m\u00e1s que en las espirituales, \u00e9se mismo d\u00eda t\u00fa nos env\u00edas un muchacho para que nos d\u00e9 el primer aviso de esta limosna tan considerable. Cuando lleg\u00f3 ese muchacho a la puerta, pidi\u00f3 hablar conmigo; le dijeron que no estaba yo en disposici\u00f3n para ello; el insisti\u00f3 y logr\u00f3 entrar en mi habitaci\u00f3n, donde me present\u00f3 el extracto del testamento de la difunta; es la se\u00f1ora marquesa de Vins, que ha puesto los ojos en la casa m\u00e1s pobre y m\u00e1s \u00fatil de la compa\u00f1\u00eda: la de Marsella, a la que ha dejado esta suma, para ponerla en renta, con la condici\u00f3n de dar misiones en la di\u00f3cesis de Marsella y, de vez en cuando, en unas tierras que ella posee por all\u00ed. El p\u00e1rroco de San Nicol\u00e1s de Chardonnet 22 me ha pasado tambi\u00e9n aviso. \u00bfC\u00f3mo no admirar, padres, esta gracia de Dios que, al ver a esa pobre familia en peligro de sucumbir, la ha levantado y robustecido con esta ayuda tan considerable? Se encuentra esa casa a medio camino entre Par\u00eds y Roma, es un puerto de mar donde se toma el barco para Italia y para el Levante: por consiguiente, es muy \u00fatil para la compa\u00f1\u00eda. Cuidan all\u00ed de la salvaci\u00f3n y del alivio de los pobres galeotes, sanos y enfermos, y llevan los asuntos de los esclavos de Berber\u00eda, adem\u00e1s de llevar a cabo las dem\u00e1s cosas que se realizan en las otras casas.<\/p>\n<p>Padres y hermanos m\u00edos, he aqu\u00ed un gran motivo para humillarnos delante de Dios por el cuidado que pone en mantenernos en esta fundaci\u00f3n tan importante, y de una forma tan eficaz, en la que no pens\u00e1bamos. Es este un gran motivo para reconocer con todas nuestras fuerzas el bien que le hace a esa pobre casa, donde nuestros hermanos trabajan con tanto fruto y bendici\u00f3n Le digo todo esto a la compa\u00f1\u00eda para que, por una parte, d\u00e9 gracias a Dios por las que su divina bondad ha hecho a esa buena se\u00f1ora, que era muy piadosa, as\u00ed como tambi\u00e9n por el favor que su infinita misericordia nos ha hecho por su medio; y por otra parte, que pida a nuestro Se\u00f1or que sea \u00e9l mismo la recompensa eterna de su alma y le aplique el m\u00e9rito de los bienes que habr\u00e1n de hacerse en virtud de esa limosna. Les ruego a todos los sacerdotes que celebren ma\u00f1ana por esta intenci\u00f3n, si no tienen otra obligaci\u00f3n. Me hab\u00eda olvidado de deciros esto, aunque me lo hab\u00eda propuesto. Nada m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LA BUSQUEDA DEL REINO DE DIOS (Reglas comunes, cap. 2, art. 2) Explicaci\u00f3n de la m\u00e1xima del evangelio: \u00abBuscad ante todo el reino de Dios\u00bb. Motivos y medios adecuados para ponerla en pr\u00e1ctica. 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