{"id":12327,"date":"2009-09-28T20:17:22","date_gmt":"2009-09-28T19:17:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/09\/28\/vicente-de-paul-conferencia-120-conferencia-del-14-de-febrero-de-1659\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-120-conferencia-del-14-de-febrero-de-1659","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-120-conferencia-del-14-de-febrero-de-1659\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 120: Conferencia Del 14 De Febrero De 1659"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LAS MAXIMAS DEL EVANGELIO<\/p>\n<p>(Reglas comunes, cap. 2, art. 1)<\/p>\n<p><em>Necesidad de seguir la doctrina de Jesucristo y de huir del mundo. Razones y medios propios para adherirse a la doctrina de Nuestro Se\u00f1or.<\/em><\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, el tema propuesto para la conferencia es sobre el empleo del tiempo. Ayer por la tarde, hablando con el padre Gicquel, dudaba de si podr\u00eda abusar de vuestra paciencia esta tarde, pero hoy me encuentro con menos molestias y he pensado, in nomine Domini, hablaros del segundo cap\u00edtulo de nuestras reglas y retrasar el tema del empleo del tiempo para otro d\u00eda.<\/p>\n<p>Hasta ahora, hermanos m\u00edos, se os ha hablado del fin de la compa\u00f1\u00eda, que es el de trabajar ante todo y sobre todo por la propia perfecci\u00f3n, por la propia perfecci\u00f3n (y repiti\u00f3 estas palabras con un tono grave y pausado, para inculcar este sentimiento en la compa\u00f1\u00eda); y esto, imitando las virtudes que nuestro Se\u00f1or nos ha ense\u00f1ado con su ejemplo y sus palabras. Por consiguiente, hemos de tener siempre este divino cuadro ante los ojos. En segundo lugar, asistir a las pobres gentes del campo, instruirlas en las virtudes cristianas, exhortarlas a una buena vida, ayudarles a hacer una buena confesi\u00f3n general y todo lo dem\u00e1s. En tercer lugar, servir al estado eclesi\u00e1stico.seg\u00fan nuestra pobreza, seg\u00fan la poca ciencia y virtud que tenemos; y aunque estos se\u00f1ores tengan m\u00e1s que nosotros, sin embargo hemos de atenderles en ello.<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n dice la regla que la compa\u00f1\u00eda est\u00e1 compuesta de eclesi\u00e1sticos y de laicos; que la tarea de los primeros es ir de aldea en aldea evangelizando a los pobres, dirigir los seminarios y las conferencias y dedicarse a las dem\u00e1s obras que la compa\u00f1\u00eda tiene costumbre de realizar en favor del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>En cuanto a los hermanos, su tarea es la de Marta, que consiste en trabajar corporalmente al lado de los eclesi\u00e1sticos,<\/p>\n<p>contribuyendo a sus funciones espirituales con sus oraciones, l\u00e1grimas, mortificaciones y buenos ejemplos. Se ha dicho que el esp\u00edritu de Jesucristo es necesario a los unos y a los otros para realizar \u00fatilmente sus obligaciones; pues \u00bfqu\u00e9 es el esp\u00edritu del hombre, sino miseria y vanidad? Por tanto, hay que estar animados de su esp\u00edritu para realizar las obras se\u00f1aladas en nuestras reglas. Pues bien, para conocer y para tener este esp\u00edritu, se ha dicho que los siguientes art\u00edculos indicar\u00edan en que consiste y los medios para adquirirlo. Leamos el cap\u00edtulo segundo de este librito de nuestras reglas; esto es lo que dice:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Ante todo, procure cada uno mantenerse bien en esta verdad, que la doctrina de Jesucristo nunca puede enga\u00f1ar, mientras que la del mundo siempre lleva a la mentira, ya que el mismo Jesucristo nos asegura que \u00e9sta es semejante a una casa construida sobre arena y que la suya se parece a un edificio construido sobre tierra firme; por consiguiente, la congregaci\u00f3n har\u00e1 profesi\u00f3n de obrar siempre seg\u00fan la doctrina de Jesucristo, y nunca seg\u00fan las m\u00e1ximas del mundo; y para ello, cumplir\u00e1 especialmente lo que sigue<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hay que poner como fundamento de todo que la doctrina de Jesucristo hace lo que dice, mientras que la del mundo no da nunca lo que promete; que los que hacen lo que Jesucristo ense\u00f1a construyen sobre la roca, y que ni la inundaci\u00f3n de las aguas ni el \u00edmpetu de los vientos podr\u00e1n derribarlo; y quienes no hacen lo que \u00e9l ordena se parecen a quien construye su casa sobre la arena movediza, que se cae ante el primer hurac\u00e1n. Por tanto, quien dice doctrina de Jesucristo, dice roca inquebrantable, dice verdades eternas que son seguidas infaliblemente de sus efectos, de modo que el cielo se derrumbar\u00eda antes de que fallase la doctrina de Jesucristo. Por eso la regla concluye que es menester que la compa\u00f1\u00eda haga profesi\u00f3n de abrazar siempre y practicar la doctrina de Jesucristo, y nunca la del mundo, y que al obrar de esta forma se llenar\u00e1 y se revestir\u00e1 de Jesucristo.<\/p>\n<p>Para explicar bien esta regla y, en consecuencia, para sacar fruto de ella, mantendremos el orden que ya hemos observado en la explicaci\u00f3n de algunos de los art\u00edculos anteriores, y que seguiremos quiz\u00e1s en los siguientes, si el tema nos obliga a ello, como el de hoy. Diremos, pues, en qu\u00e9 consiste la doctrina de Jesucristo y lo que se entiende por la del mundo; 2.\u00b0 se\u00f1alaremos algunos motivos para aficionarnos a ella; 3.\u00b0 indicaremos algunos medios para practicarla.<\/p>\n<p>En cuanto al primer punto, la doctrina de Jesucristo se define de este modo: una ley divina positiva, dada a todos los hombres por Jesucristo, legislador, maestro de costumbres, institutor del santo sacrificio y de los sacramentos nuevos. Esta es la definici\u00f3n. Pues bien, propiamente hablando, una ley obliga a que se la observe. Pero hay que saber que esta doctrina de Jesucristo consiste en mandamientos y en consejos, que se llaman evang\u00e9licos. Los mandamientos obligan al entendimiento y a la voluntad, como \u00e9ste: <em>Hoc est praeceptum meum, ut diligatis invicem<\/em>: mi mandamiento es que os am\u00e9is los unos a los otros. Esta es una ley coactiva que manda; pero hay otras que no son coactivas, sino leyes directivas, que nos proponen los consejos evang\u00e9licos para la perfecci\u00f3n, como por ejemplo: \u00abVended todo lo que pose\u00e1is y dadlo en limosna\u00bb. Se trata de una ley divina y positiva que se se\u00f1ala y propone a todos los hombres para que cada uno la abrace seg\u00fan su condici\u00f3n y seg\u00fan las disposiciones y atracci\u00f3n que tenga para ello; pero no obliga so pena de pecado a que se la practique, aunque todos est\u00e9n obligados a respetarla, de forma que pecar\u00edan si la despreciasen. Pues bien, esta doctrina o ley de Jesucristo est\u00e1 contenida en el nuevo testamento, bien en lo que nos ense\u00f1an los ap\u00f3stoles, por v\u00eda de inspiraci\u00f3n, o bien por s\u00ed mismo, en los evangelios, donde \u00e9l nos habla de viva voz.<\/p>\n<p>Para entenderlo mejor, hay que saber que el nuevo testamento se divide primero en la explicaci\u00f3n de la sagrada escritura y la ampliaci\u00f3n de la misma para instrucci\u00f3n y buena vida del pueblo; en segundo lugar se divide en la instituci\u00f3n del santo sacrificio, de los sacramentos y de las \u00f3rdenes que Jesucristo ha establecido; y en tercer lugar, en doctrina preceptiva, que manda, y directiva o de direcci\u00f3n, que aconseja, y que es lo que llamamos consejos evang\u00e9licos. De esta tercera clase de doctrina evang\u00e9lica, tanto preceptiva como directiva, es de la que queremos hablar en esta charla y de la que hace menci\u00f3n la regla. Tambi\u00e9n las llamamos m\u00e1ximas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>S\u00e9 muy bien que, propiamente hablando, las m\u00e1ximas, llamadas con otro nombre axiomas, son ciertos principios que carecen de pruebas, de los que se sacan consecuencias concluyentes; pero, com\u00fanmente hablando se las toma, no s\u00f3lo como primeros principios, sino tambi\u00e9n por las conclusiones que de ellos se infieren, tanto mediata como inmediatamente, e incluso por las sentencias y dichos notables que tienden, directa o indirectamente, a la pr\u00e1ctica de alguna virtud o a la hu\u00edda de alg\u00fan vicio. En todos estos sentidos tomamos la palabra m\u00e1xima y as\u00ed se la entiende en este cap\u00edtulo de nuestras reglas, titulado: Sobre las m\u00e1ximas evang\u00e9licas.<\/p>\n<p>\u00bfY cu\u00e1les son estas m\u00e1ximas? Hay un gran n\u00famero de ellas en el nuevo testamento, pero las principales y fundamentales son las que se detallan en el serm\u00f3n que tuvo nuestro Se\u00f1or en la monta\u00f1a, que comienza: \u00abBienaventurados los pobres de esp\u00edritu\u00bb; este serm\u00f3n comprende los cap\u00edtulos 5, 6 y 7 de san Mateo. Pongamos por ejemplo \u00e9sta, que es de las fundamentales: \u00abId y tened con vuestro pr\u00f3jimo el mismo trato con que os gustar\u00eda ser tratados\u00bb. Esta m\u00e1xima es la base de la moral, y sobre este principio se pueden regular todas las acciones de la justicia secular; sobre ella estableci\u00f3 Justiniano sus leyes y los jurisconsultos han regulado el derecho civil y can\u00f3nico. Y como toda conclusi\u00f3n que se saca de uno o de varios principios tiene que mostrar con seguridad lo que ordenan para la pr\u00e1ctica de la virtud, o lo que proh\u00edben para la hu\u00edda del vicio, as\u00ed tambi\u00e9n de estas m\u00e1ximas evang\u00e9licas se sacan consecuencias ciertas que llevan, seg\u00fan los designios de nuestro Se\u00f1or, no s\u00f3lo a huir del mal y a seguir el bien, sino tambi\u00e9n a procurar la mayor gloria de Dios, su Padre, y a adquirir la perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Para tener una mayor inteligencia de estas m\u00e1ximas y distinguir mejor las que obligan de las que no obligan, es conveniente a\u00f1adir aqu\u00ed que hay algunas que obligan a su observancia, como \u00e9stas: \u00abGuardaos de toda avaricia\u00bb, \u00abHaced penitencia\u00bb, porque son mandamientos absolutos. Otras no obligan, seg\u00fan santo Tom\u00e1s, m\u00e1s que quoad praeparationem animi, esto es, a la disposici\u00f3n de recibirlas en caso necesario, cuando se le propongan a uno y \u00e9ste tenga poder para cumplirlas, como \u00e9sta: \u00abHaced bien a los que os odian\u00bb. Hay otras que son puramente consejos, como por ejemplo: \u00abVended todo lo que pose\u00e9is y dadlo en limosna\u00bb porque nuestro Se\u00f1or no obliga a nadie a vender todos sus bienes para d\u00e1rselos a los pobres; esto es s\u00f3lo para una mayor perfecci\u00f3n. Finalmente, hay otras que son tambi\u00e9n puros consejos evang\u00e9licos, pero que sin embargo obligan a veces a observarlos por haberse convertido en preceptos; esto sucede cuando se ha hecho voto de guardarlos, haciendo voto de pobreza, castidad y obediencia, ya que los consejos evang\u00e9licos se refieren y se reducen a estas tres virtudes, pues no hay ninguno que no tenga que ver con la pobreza, con la castidad o con la obediencia.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, hermanos m\u00edos, nosotros que hemos hecho voto de guardar estos tres consejos evang\u00e9licos estamos obligados a observarlos; y al observarlos, podemos estar seguros de edificar sobre la roca y de levantar un edificio permanente. Esos son los consejos y las m\u00e1ximas de las que habla nuestra regla y las que dice que ha de abrazar nuestra compa\u00f1\u00eda. Esta obligaci\u00f3n nos compromete al mismo tiempo a huir de las m\u00e1ximas del mundo, ya que son opuestas a las de evangelio; y para poder huir de ellas, hay que saber cu\u00e1les son. Os he prometido explicaros qu\u00e9 es lo que se entiende por estas m\u00e1ximas del mundo. Pues bien, no sabr\u00eda describirlas mejor que haci\u00e9ndoos ver c\u00f3mo se oponen a las de Jesucristo y en qu\u00e9 las contradicen. Expliquemos c\u00f3mo.<\/p>\n<p>En primer lugar, las m\u00e1ximas de nuestro Se\u00f1or dicen: \u00abBienaventurados los pobres\u00bb; y las del mundo: \u00abBienaventurados los ricos\u00bb. Aquellas dicen que hay que ser mansos y afables; \u00e9stas, que hay que ser duros y hacerse temer. Nuestro Se\u00f1or dice que la aflicci\u00f3n es buena: \u00abBienaventurados los que lloran\u00bb; los mundanos, por el contrario: \u00abBienaventurados los que se divierten y se entregan a los placeres\u00bb \u00abBienaventurados los que tienen hambre y sed, los que est\u00e1n sedientos de justicia\u00bb; el mundo se burla de esto y dice: \u00abBienaventurados los que trabajan por sus ventajas temporales, por hacerse grandes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abBendecid a los que os maldicen\u00bb dice el Se\u00f1or; y el mundo dice que no hay que tolerar las injurias: \u00abal que se hace oveja, lo comen los lobos\u00bb; que hay que mantener la reputaci\u00f3n a cualquier precio, y que m\u00e1s vale perder la vida que el honor.<\/p>\n<p>Y esto basta para conocer cu\u00e1l es la doctrina del mundo y qu\u00e9 es lo que pretende. Por consiguiente, nuestra regla, al comprometernos a seguir la doctrina de Jesucristo, que es infalible, nos obliga al mismo tiempo, como hemos dicho, a ir contra la doctrina del mundo, que es un abuso. No es que en el mundo no haya proverbios que sean buenos y que no se opongan a las m\u00e1ximas cristianas, como \u00e9ste: \u00abHaz bien y encontrar\u00e1s bien\u00bb. Esto es verdad; los paganos y los turcos lo confiesan, y todos est\u00e1n de acuerdo en eso.<\/p>\n<p>Un d\u00eda estaba viajando con un consejero del consejo mayor; me dec\u00eda que las buenas m\u00e1ximas del mundo son como los consejos evang\u00e9licos. Por ejemplo: \u00abEl que mucho abarca, poco aprieta\u00bb. Es una verdad constante y comprobada; todos lo han experimentado. En el mundo hay m\u00e1ximas buenas y m\u00e1ximas malas; las buenas son aquellas en las que todos est\u00e1n de acuerdo y no contradicen al evangelio; las malas son las que se oponen a las de Jesucristo y s\u00f3lo las aprueban los malvados y los mundanos.<\/p>\n<p>Sin embargo, existe cierta diferencia entre las buenas m\u00e1ximas de este mundo y las del evangelio; porque en aquellas estamos de acuerdo por la experiencia, por haber comprobado sus efectos; mientras que de las de nuestro Se\u00f1or conocemos su infalibilidad por su esp\u00edritu, que nos da su conocimiento y que nos hace ver cu\u00e1les son sus divinas consecuencias, ya que, como nos las ense\u00f1a la verdad eterna, son muy verdaderas y siempre alcanzan su efecto.<\/p>\n<p>Los buenos hombres del campo saben que la luna cambia, que hay eclipses de sol y de los dem\u00e1s astros; hablan con frecuencia de ello y son capaces de ver esos sucesos, cuando tienen lugar. Pero un astr\u00f3nomo no s\u00f3lo los ve como ellos, sino que los prev\u00e9 de antemano, conoce los principios del arte o de la ciencia; dir\u00e1: \u00abTal d\u00eda, a tal hora y en tal minuto habr\u00e1 un eclipse\u00bb. Pues bien, si los astr\u00f3nomos, por su ciencia, tienen esta penetraci\u00f3n infalible, no s\u00f3lo en Europa, sino entre los chinos, y en medio de esta oscuridad del futuro penetran tan hondo con su vista que conocen con certeza los extra\u00f1os efectos que tienen que ocurrir por el movimiento de los cielos de aqu\u00ed a cien a\u00f1os, a mil a\u00f1os, a cuatro mil a\u00f1os, y hasta el fin del mundo, gracias a las reglas que tienen, si los hombres tienen este conocimiento repito, \u00a1cu\u00e1nto m\u00e1s esta luz eterna, que penetra hasta en las m\u00e1s peque\u00f1as circunstancias de las cosas m\u00e1s ocultas, ha visto la verdad de estas m\u00e1ximas!<\/p>\n<p>\u00a1Ay, padres! Estemos convencidos de que estas m\u00e1ximas, que nos ha propuesto la infinita caridad de Jesucristo, no pueden enga\u00f1arnos. Lo malo es que no nos fiamos de ellas y atendemos m\u00e1s a la prudencia humana. \u00bfNo veis que obramos mal al fiarnos m\u00e1s de los razonamientos humanos que de las promesas de la eterna sabidur\u00eda, de las apariencias enga\u00f1osas de la tierra m\u00e1s que del amor paternal de nuestro salvador, que ha bajado del cielo para librarnos del error? \u00a1Oh Salvador, bien sabes- t\u00fa el valor de esta m\u00e1xima cuando nos la has dado, a pesar de que pocos pueden comprenderla: \u00abSi te abofetean en una mejilla, pon la otra\u00bb! Tu providencia permite que a veces veamos su importancia, pero nos dejamos llevar por lo contrario. Por favor, hermanos m\u00edos, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1xima ser\u00e1 la mejor? \u00bfla de que presentemos la mejilla izquierda cuando nos han abofeteado en la derecha, o la del mundo que quiere que nos sintamos ofendidos? \u00bfQui\u00e9n conoce mejor la naturaleza de estas m\u00e1ximas: el mundo que pide venganza o el Hijo de Dios que nos aparta de ella? Por ejemplo, un hidalgo recibe un bofet\u00f3n; el resentimiento le hace echar mano a la espada; todo el mundo se pone a su lado para ayudarle a vengar esta afrenta; la venganza le lleva a la lucha: pero entonces resulta que se ve en peligro de perder sus bienes por confiscaci\u00f3n, su vida en aquel duelo, su alma por aquel crimen, su mujer y sus hijos por esta desgracia. \u00bfNo hubiera sido mejor que aquel desgraciado se hubiese atenido a la m\u00e1xima de nuestro Se\u00f1or, que habr\u00eda mantenido su persona y su casa en la prosperidad y le habr\u00eda atra\u00eddo las gracias de Dios, en vez de seguir las m\u00e1ximas del mundo, que le han puesto en un trance tan apurado, con peligro inminente de eterna condenaci\u00f3n?<\/p>\n<p>\u00bfNo veis c\u00f3mo las m\u00e1ximas del mundo son falsas, mientras que las de nuestro Se\u00f1or resultan siempre ventajosas en la pr\u00e1ctica, aunque parezcan dif\u00edciles? Por tanto, hay que atenerse a esas verdades, hermanos m\u00edos; hay que portarse siguiendo las luces del cielo.<\/p>\n<p>Hay una m\u00e1xima que proh\u00edbe pleitear: \u00abSi te quitan el manto, dales tambi\u00e9n el vestido\u00bb. \u00bfQu\u00e9 consejo cre\u00e9is que se debe seguir: sostener un proceso cuando quieren quitaros una cosa bien adquirida, o dejarla sin llegar a disputar? \u00a1Ay, padres, ya hemos experimentado demasiado bien en nosotros mismos las malas consecuencias de lo primero con la p\u00e9rdida de Orsigny, que servir\u00e1 de escarmiento a la compa\u00f1\u00eda para que evite los procesos! \u00bfNo hubiera sido mejor dejar aquella finca, aunque nos la dieron sin haberla buscado? Ya sabes t\u00fa, Dios m\u00edo,- que nosotros nada hicimos por tenerla; t\u00fa lo sabes, Dios m\u00edo, t\u00fa lo sabes. \u00bfNo hubiera sido mejor dejarla de antemano a pesar de los grandes gastos que hab\u00edamos hecho en ella, en vez de pleitear, como hemos hecho, deseando conservar aquel bien tan justamente adquirido, ya que de esta forma lo hemos perdido todo? Dios lo ha permitido as\u00ed para que aprendi\u00e9ramos a costa nuestra cu\u00e1n enga\u00f1osa es la prudencia humana, y c\u00f3mo su divina palabra merece todo cr\u00e9dito y amor.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Pues qu\u00e9!, dir\u00e1 alguno, \u00bfhemos de dejarnos despojar vivos sin decir ni una sola palabra contra la injusticia? \u00bfNo es mejor defenderse para conservar lo que tenemos?\u00bb. Le dir\u00e9 que a veces uno est\u00e1 obligado a ir ante el juez. As\u00ed lo hizo nuestro Se\u00f1or y san Pablo sostuvo un proceso, defendiendo \u00e9l mismo su causa (15). Cuando la justicia nos llama, estamos obligados a responder; pero previamente conviene que la compa\u00f1\u00eda, para honrar el consejo de nuestro Se\u00f1or y tener devoci\u00f3n a esta m\u00e1xima, se disponga a preferir antes perder que litigar, y procure apagar toda clase de desavenencias, cueste lo que cueste, antes de obstinarse en sostener sus derechos, de forma que no acuda nunca a los tribunales sin haber buscado antes un arreglo. D\u00e9mosle a Dios esta gloria, hermanos m\u00edos, y al p\u00fablico este ejemplo. Nuestra regla nos obliga, pues, a mantener con firmeza las m\u00e1ximas de nuestro Se\u00f1or; por tanto, hermanos m\u00edos, hemos de entregarnos a Dios para estimarlas y amarlas y observarlas cada una a su debido tiempo. Pid\u00e1mosle esta gracia con oraciones y sacrificios; empleemos todos los medios que Dios ha inspirado a su Iglesia, para entrar en estas verdades divinas y dirijamos toda nuestra vida, nuestro proceder y nuestro afecto en esta direcci\u00f3n. He aqu\u00ed algunas razones para excitarnos a ello.<\/p>\n<p>La primera, que Jesucristo, la eterna sabidur\u00eda, ha dicho que los que escuchan su palabra y la ponen en pr\u00e1ctica son semejantes a los sabios que construyen sobre tierra firme y tienen una casa que durar\u00e1 para siempre; por el contrario, los que lo escuchan pero no lo siguen, se parecen a los necios que edifican sobre la arena y se exponen a la ruina (16). Si nos atenemos a las santas m\u00e1ximas de nuestro Se\u00f1or, construiremos sobre una roca inconmovible y nos iremos elevando continuamente de virtud en virtud. Si los superiores de la compa\u00f1\u00eda ponen empe\u00f1o en impedir que retroceda y en hacer que siga siempre avanzando en esta santa observancia, si Dios quiere que nos mantengamos todos firmes y s\u00f3lidos en esta resoluci\u00f3n, la compa\u00f1\u00eda har\u00e1 grandes progresos en su perfecci\u00f3n y en el servicio de la Iglesia y del pueblo; pero hay que poner inter\u00e9s en ello y convencerse de esta necesidad, si queremos evitar nuestra ca\u00edda particular y general y gozar de los grandes bienes prometidos a los que se mantienen firmes.<\/p>\n<p>La segunda raz\u00f3n se saca del cap\u00edtulo 5 de san Mateo, donde nuestro Se\u00f1or les dice a los ap\u00f3stoles y dem\u00e1s disc\u00edpulos: \u00abVed que os lo anuncio: si alguien quita un solo punto y ense\u00f1a a los dem\u00e1s a que hagan como \u00e9l, \u00e9se ser\u00e1 un hombre malvado y muy peque\u00f1o delante de Dios; pero el que haga y ense\u00f1e lo que yo os ordeno, \u00e9se ser\u00e1 llamado grande en el reino de os cielos\u00bb. Nuestro Se\u00f1or ve\u00eda a algunos de esos entre ellos: \u00abTenemos, dir\u00e1n, los mandamientos de la ley; \u00bfno es bastante?\u00bb. Quiere obligarnos a ciertos preceptos dif\u00edciles y dice que s\u00f3lo ser\u00e1n bienaventurados quienes los guarden. Por eso, en el cap\u00edtulo 7 del mismo san Mateo, Jesucristo les responde: \u00abSabed que la puerta del cielo es estrecha, que el camino ancho lleva a la perdici\u00f3n y que es grande el n\u00famero de los que entran por la puerta ancha que lleva al infierno\u00bb.<\/p>\n<p>Padres, no nos enga\u00f1emos; lo ha dicho el Hijo de Dios, que conoc\u00eda esa desgraciada inclinaci\u00f3n de los hombres a vivir seg\u00fan su capricho y, al ver que ser\u00edan pocos los que se violentar\u00edan por seguir el evangelio, nos lo ha advertido. Tengamos cuidado, veamos lo que han dicho los santos y c\u00f3mo ellos opinan que se salvar\u00e1n pocos. Pensemos que en el arca de No\u00e9 s\u00f3lo entraron siete u ocho, y que todos los dem\u00e1s perecieron, y que de diez v\u00edrgenes s\u00f3lo cinco fueron admitidas, y que de diez leprosos curados s\u00f3lo uno volvi\u00f3 a Jesucristo.<\/p>\n<p>Estos ejemplos son un indicio del escaso n\u00famero de los elegidos. \u00abPor sus frutos los conocer\u00e9is\u00bb, dijo nuestro Se\u00f1or; los que, habiendo sido bautizados, renuncian al mundo, al demonio y a la carne y, por medio de una fe viva, animados del esp\u00edritu de Jesucristo, realizan las obras del evangelio, esos son los que llegan al trono de Jesucristo. \u00a1Oh, qu\u00e9 pocos son esos! Usted nos habla de ese peque\u00f1o n\u00famero, pero vemos que los que han observado la ley de Mois\u00e9s han hecho milagros, tal como dir\u00e1n ellos mismos al Salvador del mundo el \u00faltimo d\u00eda; pero \u00e9l les responde de antemano: \u00abNo todos los que me dicen: \u00a1Se\u00f1or, Se\u00f1or! entrar\u00e1n en el reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre\u00bb; \u00abMuchos me dir\u00e1n aquel d\u00eda: Se\u00f1or, Se\u00f1or, \u00bfno hemos echado a los demonios, profetizado y hecho muchos prodigios en tu nombre? Y entonces yo les dir\u00e9: No os conozco; marchaos, malvados, apartaos de m\u00ed; yo os abandono\u00bb \u00a1Qu\u00e9 grande ser\u00e1 el n\u00famero de esos desventurados! \u00bfNos expondremos quiz\u00e1s nosotros a esta desgracia ya caminar con ellos por el camino ancho, despu\u00e9s de haber sido llamados al camino estrecho, para ser del peque\u00f1o n\u00famero de los que se salvan?. \u00bfSeremos como esos obreros de la iniquidad que construyen sobre arena y que perecen miserablemente? \u00a1Oh, Jes\u00fas, Salvador m\u00edo, somos tuyos y queremos, con tu gracia, abrazar tus m\u00e1ximas!<\/p>\n<p>Y esta es la tercera raz\u00f3n que nos obliga a ello: que nuestro Se\u00f1or, que nos dio estos divinos consejos, fue el primero en observarlos. Que me se\u00f1alen una m\u00e1xima que no haya practicado este divino legislador. Es verdad que no se arranc\u00f3 los ojos ni se cort\u00f3 la mano; pero tampoco les orden\u00f3 estas cosas m\u00e1s que a los que tienen ojos ambiciosos y manos que escandalizan, y adem\u00e1s, no hay que tomar estas cosas al pie de la letra; lo que se dice es que no hay m\u00e1s que cerrar los ojos para no ver la ocasi\u00f3n maldita que provoca al pecado, y que hay que cortar toda amistad y conversaci\u00f3n peligrosa. Fuera de esto, se trata de perderlo todo, de no tener nada, de sufrir las injurias, de amar a los enemigos, de rezar por los perseguidores, de renunciar a s\u00ed mismo y de llevar la cruz: y todas esas cosas las hizo \u00e9l para cumplir con la voluntad de su Padre. Pues bien, si somos sus hijos, hemos de seguirle, abrazando como \u00e9l la pobreza, las humillaciones, los sufrimientos, despeg\u00e1ndonos de todo lo que no es Dios, y uni\u00e9ndonos con el pr\u00f3jimo por la caridad para unirnos con Dios mismo por Jesucristo. A todo esto es a lo que nos llevan estas m\u00e1ximas; y entonces construiremos sobre roca, de forma que no podr\u00e1n derribarnos las tentaciones de nuestras pasiones, como derriban de ordinario a los que basan su conducta en las m\u00e1ximas del mundo.<\/p>\n<p>Los medios para mantenernos bien en las m\u00e1ximas del evangelio son que todos lean con atenci\u00f3n y devoci\u00f3n el nuevo testamento, especialmente los cap\u00edtulos de san Mateo que las contienen, o sea, el quinto, el sexto, el s\u00e9ptimo y el d\u00e9cimo, y que, desde ma\u00f1ana, empiecen a leerlos con elevaci\u00f3n del esp\u00edritu a Dios para pedirle su estima y su inteligencia, y excitarse al deseo de cumplirlas sin faltar nunca a ellas, y procurar desde el primer d\u00eda ponerlas en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Pero no basta con esto; conviene hacer la oraci\u00f3n sobre este tema. No s\u00e9 todav\u00eda si pondremos como lectura de la meditaci\u00f3n una m\u00e1xima, o si cada uno en particular meditar\u00e1 la que crea que m\u00e1s necesita. Ya veremos. Entretanto, que cada uno siga la inclinaci\u00f3n que Dios le d\u00e9 despu\u00e9s de haber le\u00eddo estos cuatro cap\u00edtulos, tomando como materia de la primera oraci\u00f3n que haga luego las m\u00e1ximas que m\u00e1s le convengan.<\/p>\n<p>2\u00ba\u00a0 Otro medio muy bueno para llevarnos a la pr\u00e1ctica de estas m\u00e1ximas es considerar con frecuencia que la compa\u00f1\u00eda, desde el principio, ha tenido el deseo de unirse a nuestro Se\u00f1or para hacer lo que \u00e9l hizo al practicar estas m\u00e1ximas y hacerse, como \u00e9l, agradable al Padre eterno y \u00fatil a su Iglesia, y que efectivamente ha procurado progresar y perfeccionarse en ello, si no en el grado que deber\u00edamos haber alcanzado, s\u00ed de la forma menos mala que hemos podido. Esta consideraci\u00f3n tiene que animar a los nuevos y a los antiguos, pensando que es \u00e9se el esp\u00edritu del que han de estar animados los misioneros de una manera especial.<\/p>\n<p>Se\u00f1or, perd\u00f3nanos las faltas que en ello hemos cometido, renueva en nosotros el coraz\u00f3n con que las abrazamos un d\u00eda, aument\u00e1ndonos la gracia de cumplirlas tal y como est\u00e1n en nuestras humildes reglas, donde, al obrar de esta forma, hermanos m\u00edos, encontraremos el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or, el esp\u00edritu de sus m\u00e1ximas y todo lo que \u00e9l nos se\u00f1ala en ellas, para hacernos dignos obreros de su evangelio. Esta ha sido la devoci\u00f3n que siempre ha existido entre nosotros, pero, por culpa m\u00eda, la compa\u00f1\u00eda no ha producido los frutos que deber\u00eda haber producido. Hay que esperar de la bondad de Dios, hermanos m\u00edos, de vuestras disposiciones actuales y de la gracia de la compa\u00f1\u00eda, que ha hecho estas reglas como un resumen del evangelio, acomodado al uso que m\u00e1s necesitamos para unirnos a Jesucristo y responder a sus designios, que nos conceder\u00e1 la gracia de llevar cada m\u00e1xima y cada regla al \u00faltimo grado de perfecci\u00f3n. Se trata de formar una compa\u00f1\u00eda animada del esp\u00edritu de Dios y que se conserve en la pr\u00e1ctica de este esp\u00edritu. \u00a1Bendito sea Dios, que ha puesto los fundamentos y que os ha escogido para ello! \u00a1Bendito sea su santo nombre por haber puesto en vosotros estas disposiciones! Esto se demuestra en que hab\u00e9is abandonado el mundo y hab\u00e9is hecho los votos para aplicaros m\u00e1s a la santa imitaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or. As\u00ed pues, por su misericordia, estamos muy dispuestos y obligados a practicar sus m\u00e1ximas, si no son contrarias al nuevo instituto. Llenemos de ellas nuestro esp\u00edritu, llenemos nuestro coraz\u00f3n de su amor y vivamos en consecuencia. Recemos a los ap\u00f3stoles, que tanto las amaron y tan bien las observaron; recemos a la sant\u00edsima Virgen que, mejor que ning\u00fan otro, penetr\u00f3 en su sentido y las practic\u00f3; recemos, finalmente, a nuestro Se\u00f1or, que las ha establecido, para que nos d\u00e9 la gracia de ser fieles a su pr\u00e1ctica, excit\u00e1ndonos a ello con la consideraci\u00f3n de sus virtudes y con su ejemplo. Hay motivos para esperar que, al vernos aqu\u00ed en camino de vivir seg\u00fan estas m\u00e1ximas, nos ser\u00e1n favorables en el tiempo y en la eternidad. Am\u00e9n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LAS MAXIMAS DEL EVANGELIO (Reglas comunes, cap. 2, art. 1) Necesidad de seguir la doctrina de Jesucristo y de huir del mundo. 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