{"id":12326,"date":"2009-09-27T20:17:21","date_gmt":"2009-09-27T19:17:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.vicencianos.org\/web\/2009\/09\/27\/vicente-de-paul-conferencia-119-conferencia-del-13-de-diciembre-de-1658\/"},"modified":"2016-07-26T11:01:19","modified_gmt":"2016-07-26T09:01:19","slug":"vicente-de-paul-conferencia-119-conferencia-del-13-de-diciembre-de-1658","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vicente-de-paul-conferencia-119-conferencia-del-13-de-diciembre-de-1658\/","title":{"rendered":"Vicente de Pa\u00fal, Conferencia 119: Conferencia Del 13 De Diciembre De 1658"},"content":{"rendered":"<p>SOBRE LOS MIEMBROS DE LA CONGREGACION DE LA MISION Y SUS OCUPACIONES<\/p>\n<p><em>El padre Vicente explica el primer cap\u00edtulo de las reglas comunes. La compa\u00f1\u00eda est\u00e1 compuesta de eclesi\u00e1sticos y de laicos. Funciones propias de cada uno y deberes rec\u00edprocos. Medios para llegar a este fin.<\/em><\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, seguiremos esta tarde con el tema de nuestras reglas y terminaremos con el cap\u00edtulo primero, que contiene tres art\u00edculos. El viernes pasado hablamos del primero, y esta tarde hablaremos del segundo y del tercero. Esto es lo que dicen:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Esta congregaci\u00f3n est\u00e1 compuesta de eclesi\u00e1sticos y de laicos. La ocupaci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos consiste en ir por las aldeas y los pueblos peque\u00f1os, a imitaci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or y de sus disc\u00edpulos, partiendo el pan de la palabra de Dios a los peque\u00f1os, predicando y catequizando; exhortarles a que hagan confesi\u00f3n general de toda su vida pasada y escucharles en el tribunal de la penitencia; arreglar las diferencias y discordias; establecer la cofrad\u00eda de la caridad; dirigir los seminarios erigidos en nuestras casas para los externos y ense\u00f1ar en ellos; dar los ejercicios espirituales; tener y dirigir las conferencias introducidas entre nosotros para otros eclesi\u00e1sticos de fuera; y otras funciones semejantes que sean de utilidad y est\u00e9n conformes con nuestro instituto.<\/em><\/p>\n<p><em>Y en cuanto a los laicos, su ocupaci\u00f3n consiste en ayudar a los eclesi\u00e1sticos en todos estos ministerios, haciendo el oficio de Marta, seg\u00fan se lo prescriba el superior, pero adem\u00e1s contribuyendo a ello con sus oraciones, l\u00e1grimas, mortificaciones y buenos ejemplos.<\/em><\/p>\n<p><em>Y para que esta congregaci\u00f3n llegue, mediante la gracia de Dios, al fin que se ha propuesto, tiene que hacer todo lo posible por revestirse del esp\u00edritu de Jesucristo, tal como aparece principalmente en las m\u00e1ximas evang\u00e9licas, en su pobreza, su castidad, su obediencia, su caridad con los enfermos, su modestia, su manera de vivir y de obrar que luego prescribi\u00f3 a sus disc\u00edpulos, su conversaci\u00f3n, sus ejercicios diarios de piedad, sus misiones y sus otras ocupaciones para con los pueblos. Todas estas cosas est\u00e1n contenidas en los siguientes cap\u00edtulos<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Sobre el primero de estos dos \u00faltimos art\u00edculos diremos qui\u00e9nes son los que componen esta compa\u00f1\u00eda y cu\u00e1les son sus ocupaciones para llegar al fin que se ha propuesto. Esta compa\u00f1\u00eda ha sido suscitada por Dios en la tierra, en estos tiempos, para trabajar por su propia perfecci\u00f3n, por la salvaci\u00f3n de los pueblos del campo y por el progreso del estado eclesi\u00e1stico en la ciencia y la virtud.<\/p>\n<p>Y sobre el segundo punto, hablaremos del medio para practicar bien todo esto, que no es otro que revestirnos del esp\u00edritu de Jesucristo, tal como se indica en este art\u00edculo. \u00a1Pobre compa\u00f1\u00eda! \u00a1Pobre compa\u00f1\u00eda que, sin ese esp\u00edritu, no es m\u00e1s que un cuerpo sin alma!<\/p>\n<p>As\u00ed pues, nos dice la regla que la compa\u00f1\u00eda tiene que estar compuesta de dos clases de personas: primero, los eclesi\u00e1sticos, como son los sacerdotes, los ordenados in sacris, y los que tengan las \u00f3rdenes menores o que, por estar a\u00fan en el seminario, est\u00e1n esperando recibirlas; y en segundo lugar, los laicos, que no tienen ninguna orden ni lo pretenden. Y que tanto los unos como los otros, aunque de forma diferente, trabajar\u00e1n por la salvaci\u00f3n de las pobres gentes del campo y por el progreso del estado eclesi\u00e1stico en la piedad y en la ciencia.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, se pregunta c\u00f3mo los eclesi\u00e1sticos y los laicos pueden dedicarse al fin propuesto en relaci\u00f3n con el pobre pueblo y con el clero; esto se lleva a cabo mediante los ejercicios de las misiones y la direcci\u00f3n de los seminarios, de los ejercitantes, etc\u00e9tera; pues parece que hay alguna dificultad en decir que los hermanos se dedican a la salvaci\u00f3n de los pueblos del campo y a la instrucci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos, ya que ni catequizan, ni predican, ni tienen car\u00e1cter ni capacidad para estas funciones; entonces, \u00bfc\u00f3mo pueden contribuir a ello? Sin embargo, es cierto, hermanos m\u00edos, que en cierto sentido s\u00ed que lo hacen. Ayudan en estas ocupaciones, aunque no prediquen, ni ense\u00f1en, ni dirijan; y esta regla dice la verdad cuando dice que contribuyen a ello, no del modo en que lo hacen los eclesi\u00e1sticos, p\u00fablica e inmediatamente, sino a su modo, ayudando a los que efectivamente ense\u00f1an, exhortan y administran los sacramentos, etc\u00e9tera; cooperan a todo eso de la misma forma que Marta, ya que esta santa se cuidaba de preparar la comida de nuestro Se\u00f1or y de atender a su alojamiento. Van a la misi\u00f3n para aliviar a los sacerdotes que trabajan por ganar las almas para Dios, para que \u00e9stos puedan dedicarse a este santo ejercicio sin verse distra\u00eddos por sus propias necesidades corporales; por eso, es verdad que nuestros hermanos ayudan a instruir a los pueblos, a procurar que se confiesen y se reconcilien entre s\u00ed y que se establezca inmediatamente la cofrad\u00eda de la caridad, de la misma manera con que los miembros inferiores cooperan con los superiores para que el cuerpo desempe\u00f1e sus funciones.<\/p>\n<p>Las operaciones del esp\u00edritu no se realizan ni mucho menos por medio del esp\u00edritu solamente; tambi\u00e9n ayudan a ello el est\u00f3mago, el h\u00edgado, los pulmones, que sirven al entendimiento, a la recta raz\u00f3n y a las dem\u00e1s facultades intelectuales. Un cad\u00e1ver no puede realizar las funciones de un hombre vivo, ya que est\u00e1 privado de esas partes que constituyen la sangre y la respiraci\u00f3n, principios de vida; pero en un cuerpo animado, en una persona racional, existe cierta concavidad en la cabeza, por donde los esp\u00edritus circulan, se forman las im\u00e1genes y se produce el razonamiento por medio de las partes inferiores, que env\u00edan sus vapores al cerebro, para ayudarle a ello.<\/p>\n<p>De la misma manera, los hermanos, que son los miembros inferiores de ese cuerpo de la compa\u00f1\u00eda, concurren con sus trabajos corporales a las operaciones espirituales de los sacerdotes y a la conversi\u00f3n del mundo; contribuyen a darles a los hombres el conocimiento de Dios, la fe, a excitarles a la penitencia, a administrarles los sacramentos y a hacerlos capaces de la vida eterna; a todo eso no podr\u00edan dedicarse los sacerdotes sin la ayuda que reciben de los hermanos. Esto hace ver la comuni\u00f3n que hay en la Iglesia y en las comunidades, en donde todos buscan el mismo fin, donde cada uno contribuye a su consecuci\u00f3n, aunque de diversas formas, donde los unos trabajan por los otros. Esto fue lo que hizo decir al real profeta: <em>Particeps ego sum omnium timentium te et custodientium mandata tua<\/em>; yo participo de todas las obras buenas que hacen los que te temen y guardan tus mandamientos. \u00bfDe qu\u00e9 manera? De la misma forma con que, en una sociedad comercial, cada uno de los asociados se aprovecha seg\u00fan el dinero que ha invertido.<\/p>\n<p>Todos hemos tra\u00eddo a la compa\u00f1\u00eda la resoluci\u00f3n de vivir y de morir en ella; hemos tra\u00eddo todo lo que somos, el cuerpo, el alma, la voluntad, la capacidad, la destreza y todo lo dem\u00e1s. \u00bfPara qu\u00e9? Para hacer lo que hizo Jes\u00fas, para salvar al mundo. \u00bfC\u00f3mo? Por medio de esta vinculaci\u00f3n que hay entre nosotros y del ofrecimiento que hemos hecho de vivir y de morir en esta sociedad y de darle todo lo que somos y todo lo que hacemos; de aqu\u00ed proviene que esta comuni\u00f3n entre los misioneros hace que sean tambi\u00e9n comunes todos los beneficios, ya. que todos concurren al \u00e9xito, de modo que los sacerdotes no logran ellos solos las conversiones, sino que tambi\u00e9n contribuyen los hermanos, seg\u00fan la regla, por sus oraciones, sus ocupaciones y sus l\u00e1grimas, sus mortificaciones y sus buenos ejemplos. El m\u00fasico que toca el \u00f3rgano, no lo toca \u00e9l solo, sino que le ayuda otro que d\u00e9 aire al \u00f3rgano; es verdad que \u00e9ste \u00faltimo no lo toca, sino el m\u00fasico; pero, al dar aire, contribuye a la armon\u00eda; y sin \u00e9l, el otro no har\u00eda mas que mover los dedos, sin lograr ning\u00fan sonido.<\/p>\n<p>De la misma manera, tanto si los hermanos sirven a los que trabajan en el evangelio, como si rezan por la conversi\u00f3n de las personas, o hacen penitencia, o lloran y edifican a los dem\u00e1s para la santificaci\u00f3n de los eclesi\u00e1sticos y de los pueblos,. puede decirse que son participantes y cooperadores del bien que se hace en las misiones, los seminarios, las ordenaciones, los retiros y todo lo dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Bien, hermanos m\u00edos. Vosotros no sois obreros inmediatos, como los sacerdotes, que han recibido el car\u00e1cter para reconciliar a las almas con Dios y para celebrar los santos misterios; Dios no quiere recibir las hostias por vuestras manos; y si alguno se empe\u00f1ase en sacrificar, como Sa\u00fal, \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1qu\u00e9 sacrilegio!; y si otro quisiera ofrecer incienso, como Oz\u00edas, \u00a1qu\u00e9 crimen! Sa\u00fal y Oz\u00edas eran reyes, estaban ungidos; pero uno de ellos fue castigado con la lepra, por haber puesto las manos en el incensario, y el otro fue reprobado por haber usurpado el oficio de sacrificador. Los dos perdieron sus reinos, y Samuel, al reprender a Sa\u00fal por su temeridad, le anunci\u00f3 las desgracias que caer\u00edan sobre \u00e9l, y que fueron muy grandes, ya que Dios, tras haberlo maldecido, permiti\u00f3 que se matara \u00e9l mismo lleno de desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pues bien, si el Esp\u00edritu Santo atribuye todos estos castigos a la presunci\u00f3n de estos reyes, que cre\u00edan obrar bien, pensad, hermanos m\u00edos, cu\u00e1n elevado ser\u00e1 el oficio de los eclesi\u00e1sticos por encima de las dem\u00e1s dignidades de la tierra, incluso de la realeza, y c\u00f3mo ten\u00e9is que concebir un alto aprecio de los sacerdotes, cuyo car\u00e1cter es una participaci\u00f3n del sacerdocio eterno del Hijo de Dios, que les ha dado el poder de sacrificar su propio cuerpo y de darlo en alimento, para que los que coman de \u00e9l vivan eternamente.<\/p>\n<p>Ciertamente, debido al honor que han recibido de su divina Majestad, ten\u00e9is que honrarlos mucho, aun cuando hay\u00e1is sido llamados a contribuir con ellos a la salvaci\u00f3n de las almas no ya haciendo lo mismo que ellos, sino seg\u00fan lo que indica la regla, de la forma que el superior lo ordene, fijaos bien, de la forma que el superior lo ordene. Hay que llegar hasta ah\u00ed, pero nada m\u00e1s. Ten\u00e9is que dar gracias a Dios por encontraros en esta situaci\u00f3n de poder contribuir a los designios que tiene Jesucristo sobre la compa\u00f1\u00eda. \u00a1Dichosos vosotros, que os encontr\u00e1is en un estado que, aunque sea menor, es m\u00e1s seguro! Por eso, hab\u00e9is de alabar a Dios porque pod\u00e9is ayudar al pr\u00f3jimo de la forma que la obediencia os se\u00f1ale, sin peligro de vanidad, ya que no pod\u00e9is ver ese bien que hac\u00e9is, que de ordinario es atribuido a los sacerdotes, aunque quiz\u00e1s vosotros hay\u00e1is contribuido m\u00e1s que ellos al fruto de sus acciones p\u00fablicas por medio de las vuestras, secretas y particulares.<\/p>\n<p>Otro motivo que ten\u00e9is, hermanos m\u00edos, para dar gracias a Dios, es que hab\u00e9is sido llamados a una compa\u00f1\u00eda, en la que cada uno tiene por finalidad su propia perfecci\u00f3n. As\u00ed pues, est\u00e1is aqu\u00ed para trabajar por la vuestra. \u00a1Qu\u00e9 gracia! \u00a1Cu\u00e1nto motivo para humillaros! En esto pod\u00e9is vosotros llevar la virtud tan adelante como los sacerdotes. Y si trabaj\u00e1is fielmente en la adquisici\u00f3n de las virtudes, se podr\u00e1 decir con raz\u00f3n que est\u00e1is en un estado perfecto. Y si hay un sacerdote que trabaja en ello de una forma ruin, como yo, que soy un miserable pecador, habr\u00e1 que confesar que ser\u00e9is mucho m\u00e1s perfectos que \u00e9l, aunque sea sacerdote, aunque sea anciano, aunque sea superior. \u00bfPor qu\u00e9 todo esto? Porque no es la dignidad ni la edad lo que hace que el hombre merezca, sino las obras, que lo hacen m\u00e1s semejante a nuestro Se\u00f1or. Por ellas es por lo que se perfecciona; es la pr\u00e1ctica de las virtudes lo que le salva. Eso es lo que se aprecia en el evangelio del juicio, donde se dice que nuestro Se\u00f1or pondr\u00e1 a su derecha a los que hayan trabajado en las virtudes, especialmente en la virtud de la caridad, y que solamente ellos entrar\u00e1n en el reino de los cielos. Por tanto, la pr\u00e1ctica de las virtudes es lo que nos liga a su amor, y es su amor lo que os lleva a hacer nuevos actos de virtud.<\/p>\n<p>Si amas\u00e9is mucho a Dios, obrar\u00edais de ese modo. Pues bien, vosotros pod\u00e9is amar a Dios tanto como los sacerdotes; y una pobre mujercilla, tanto como los sabios. El buen se\u00f1or Duval me dec\u00eda un d\u00eda: \u00abPadre, los pobres nos disputar\u00e1n alg\u00fan d\u00eda el para\u00edso y nos lo arrebatar\u00e1n, porque existe una gran diferencia entre su manera de amar a Dios y la nuestra\u00bb. Su amor se realiza, como el de nuestro Se\u00f1or, en el sufrimiento, en las humillaciones, en el trabajo y en la conformidad con la voluntad de Dios. Y el nuestro, si es que tenemos alguno, \u00bfen qu\u00e9 se da a conocer? \u00bfQu\u00e9 es lo que hacemos, que lleve el sello de ese verdadero amor?<\/p>\n<p>Ya conoc\u00e9is la historia del hermano Gil; es muy conocida. Le dec\u00eda a san Buenaventura que ten\u00eda muchos deseos de amar a Dios. \u00a1Oh, si yo fuese sabio!, dec\u00eda, \u00a1si yo fuese sacerdote como usted! \u00a1C\u00f3mo amar\u00eda a Dios! Y cuando aquel santo doctor le dijo que, a pesar de ser hermano, sin estudios y sin \u00f3rdenes sagradas, pod\u00eda amar a Dios tanto como los m\u00e1s sabios constituidos en dignidad, y que lo mismo pod\u00eda hacer cualquier mujercilla, respondi\u00f3: Entonces, \u00bfpuede un pobre ignorante como yo amar a Dios tanto como Buenaventura? S\u00ed Entonces aquel hermano, lleno de alegr\u00eda, se puso a gritar: \u00ab\u00a1Animo, todos los que me escuch\u00e1is! \u00a1Animo! \u00a1Pod\u00e9is amar a nuestro gran Dios lo mismo que nuestro padre Buenaventura!\u00bb<\/p>\n<p>&#8211; As\u00ed pues, hermanos m\u00edos, pod\u00e9is igualar en esto a los sacerdotes; pero esto hay que entenderlo siempre con la condici\u00f3n de que trabaj\u00e9is en serio en la virtud y en vuestra perfecci\u00f3n; pues si no lo hac\u00e9is, si en vez de perfeccionaros seg\u00fan las reglas os hund\u00eds en vuestros defectos, ser\u00edais un esc\u00e1ndalo a los de dentro y a los de fuera; y entonces, en vez de contribuir a la salvaci\u00f3n de las almas, ser\u00edais en cierto modo un impedimento para ello y, lo que es peor, acabar\u00edais perdiendo la vuestra. Tened, pues, mucho cuidado, hermanos m\u00edos.<\/p>\n<p>\u00abPero, dir\u00e9is, \u00bfqu\u00e9 es lo que hay que hacer para llegar a esa perfecci\u00f3n?\u00bb. Acabo de decirlo: guardar bien vuestras reglas, pero sobre todo la que recomienda la santa uni\u00f3n y la caridad mutua entre todos nosotros, pero especialmente entre los eclesi\u00e1sticos y entre vosotros los hermanos, de forma que vivamos siempre juntos en buena inteligencia y perfecta uni\u00f3n, como miembros que componen un mismo cuerpo, aunque sean m\u00e1s nobles unos que otros. El ejemplo que puse antes de san Pablo nos hace ver esa uni\u00f3n tan hermosa por medio de la que existe entre el cuerpo humano y sus miembros, en que todos est\u00e1n de acuerdo entre s\u00ed, cada uno seg\u00fan su oficio, y sin que haya ninguna envidia de los unos contra los otros. Pues bien, as\u00ed es como nosotros hemos de estar tambi\u00e9n unidos as\u00ed es, hermanos m\u00edos, como hab\u00e9is de vivir con los eclesi\u00e1sticos para poder avanzar en la perfecci\u00f3n que vuestra vocaci\u00f3n pide de vosotros.<\/p>\n<p>\u00abPero \u00bfqu\u00e9 medios, se dir\u00e1, son necesarios para tener y conservar esta santa uni\u00f3n entre todos nosotros, especialmente entre los sacerdotes y los hermanos?\u00bb La estima y el respeto entre los sacerdotes, entre los hermanos, y de unos para con otros. No hemos de tener consideraciones humanas, seg\u00fan la carne, sino mirarnos como criaturas de Dios, que se han entregado a Dios, que han renunciado a todo lo que no es Dios; y, con esta idea, preferirnos en el honor y la bondad unos a otros, seg\u00fan el consejo de san Pablo: <em>Honore invicem praevennientes<\/em>. Esto se ha de entender con la distinci\u00f3n y preparaci\u00f3n requeridas; pues sabido es que los hermanos coadjutores han de honrar a los sacerdotes m\u00e1s que los sacerdotes a los hermanos. Pues bien, hermanos m\u00edos, me preguntar\u00e9is c\u00f3mo ten\u00e9is que honrar a los eclesi\u00e1sticos; os dir\u00e9 que hab\u00e9is de mirarlos como a vuestros padres; en efecto, los padres son los que engendran, y eso es lo que hacen los sacerdotes cuando perdonan los pecados y nos ponen en gracia de Dios.<\/p>\n<p>Por tanto, hermanos m\u00edos, tened mucho cuidado en no querer igualaros a los sacerdotes; no os mid\u00e1is nunca con ellos, y mucho menos vuestra condici\u00f3n con la suya. Hay tanta diferencia como del cielo a la tierra. Ellos han recibido un car\u00e1cter divino e incomparable, un poder sobre el cuerpo de Jesucristo que admiran los \u00e1ngeles y la facultad de perdonar los pecados a los hombres, lo cual es para ellos un gran motivo de admiraci\u00f3n y de gratitud. \u00bfHay alguna cosa m\u00e1s grande, hermanos m\u00edos? \u00bfHay dignidad parecida? Ellos son vuestros padres y vuestros gu\u00edas en la vida espiritual. Ten\u00e9is que respetarles y humillaros mucho ante ellos; deb\u00e9is a los sacerdotes un especial respeto y una gran obediencia, especialmente al superior y a los que tienen cargos. Hablo de los \u00abencargados\u00bb, hermanos m\u00edos, que tienen el derecho de mandaros, e incluso de poneros alguna penitencia, aunque por orden del superior, ya que, si lo pueden hacer con los cl\u00e9rigos y hasta con los sacerdotes, mucho m\u00e1s lo podr\u00e1n hacer con vosotros. Ten\u00e9is unos padres en la compa\u00f1\u00eda: tratadlos como tales, con reverencia y sumisi\u00f3n; en presencia de ellos, ten\u00e9is que descubriros. No importa que tengan imperfecciones, lo mismo que las tengo yo, miserable de m\u00ed, que estoy cubierto de iniquidades; est\u00e1n constituidos en un estado santo y elevado, y por tanto digno, no s\u00f3lo de respeto y de honor, sino de obediencia, sobre todo el superior y los encargados.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, mientras os manuteng\u00e1is en esa sumisi\u00f3n de verdaderos hijos, mientras cumpl\u00e1is con vuestro deber ante los sacerdotes, Dios os bendecir\u00e1; pero si ten\u00e9is la temeridad de igualaros a ellos, que son vuestros padres, ser\u00e9is semejantes a Satan\u00e1s, que dec\u00eda: <em>In caelum conscendam et similis ero Altissimo<\/em>: subir\u00e9 hasta el cielo y ser\u00e9 semejante al Omnipotente. Cuando un laico se quiere igualar con los eclesi\u00e1sticos es como si quisiera elevarse igual que el demonio. El hermano que desea igualarse con un sacerdote, al que Dios ha forjado seg\u00fan su coraz\u00f3n, es un demonio.<\/p>\n<p>Hermanos m\u00edos, poned cuidado en esto; acordaos de que, si quer\u00e9is juzgarlo todo, mezclaros en los asuntos y obrar a vuestro capricho, decaer\u00e9is del esp\u00edritu de Dios; y si alguno cae en esta desgracia, ya no ser\u00e1 un hermano de la Misi\u00f3n sino un esqueleto que dar\u00e1 horror. Eso es lo que tienen que hacer los hermanos con los sacerdotes.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 es lo que deben hacer los sacerdotes con los hermanos? Les deben amar como a hijos, aunque los traten como hermanos; deben ser adem\u00e1s tolerantes y condescendientes con ellos, y compasivos con sus debilidades; s\u00ed, padres, deb\u00e9is amar a los hermanos franca y sinceramente; ten\u00e9is que condescender con ellos y compadecer sus debilidades. Y \u00e9sta es la manera de conservar a la compa\u00f1\u00eda en esta santa uni\u00f3n: que nuestros hermanos sean respetuosos y obedientes y que ]os eclesi\u00e1sticos tengan siempre un verdadero amor y mucha paciencia con nuestros hermanos.<\/p>\n<p>Pero \u00bfc\u00f3mo podremos conservar esta uni\u00f3n entre los sacerdotes, los cl\u00e9rigos y los hermanos, la uni\u00f3n entre todos nosotros? \u00bfc\u00f3mo? Gracias a Dios, actualmente existe esta uni\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 podemos hacer para no romper nunca este amable y deseable v\u00ednculo de la caridad? Voy a hablar ahora en forma resumida de ello y le dir\u00e9 a la compa\u00f1\u00eda que el otro d\u00eda hablamos de un buen medio para ello; la manera de que contribuyan todos a ello es que practiquen los medios que unen los corazones, como son los que acabamos de decir, a saber, la estima, el respeto y la deferencia de unos con otros y, para ello, combatir incesantemente los vicios contrarios, sobre todo el de la murmuraci\u00f3n y hablar de ello con frecuencia en nuestras conferencias, como lo hicimos \u00faltimamente al hablar de la murmuraci\u00f3n, vicio que es la fuente de la divisi\u00f3n y el veneno de las comunidades. Por tanto, si queremos conservar esta uni\u00f3n, hay que desterrar necesariamente de la compa\u00f1\u00eda este maldito vicio. Es cierto que, por la gracia de Dios, ya le hab\u00e9is dado caza, de forma que ya no se nota, o casi no se nota; pero hay que poner cuidado en que no vuelva, y para eso ser fieles en practicar los medios que hemos decidido emplear. Fijaos, hermanos m\u00edos, si nos portamos bien en esto, estad seguros de que estamos en el camino, no s\u00f3lo de mantener esta uni\u00f3n, sino de nuestra misma perfecci\u00f3n. Dios bendecir\u00e1 a esta compa\u00f1\u00eda, aunque compuesta de unos cualesquiera, de pobres hombres en su mayor\u00eda. Esperemos que servir\u00e1 a Dios por amor a Dios mismo, como ese ta\u00f1edor de la\u00fad del que hablaba ayer la lectura del comedor que, por ser sordo, s\u00f3lo pod\u00eda complacerse en su hermosa armon\u00eda al ver c\u00f3mo agradaba al pr\u00edncipe que lo escuchaba. Esperemos, pues, que su divina misericordia, de una forma que no podemos comprender, cuando no haya entre nosotros cr\u00edticas ni maledicencias, establecer\u00e1 este medio para mantener a la compa\u00f1\u00eda en el camino de ]a perfecci\u00f3n, para que progresen en \u00e9l los sacerdotes y los hermanos.<\/p>\n<p>\u00a1Benditas reglas, que expulsan de la compa\u00f1\u00eda este defecto tan contrario a nuestros progresos en la virtud! Si a veces, por fragilidad humana, faltamos en esto, el remedio consiste en ponerse enseguida de rodillas y pedir perd\u00f3n a Dios y a la compa\u00f1\u00eda. Gracias a Dios, hay algunos que as\u00ed lo practican; esto contribuye, y no poco, a que nos enmendemos de estos dos vicios; y me parece que noto esta enmienda. Tal es el segundo medio que conservar\u00e1 a la compa\u00f1\u00eda en el esp\u00edritu de la regla.<\/p>\n<p>Finalmente, para decirlo con brevedad, un medio soberano para mantenernos en esta uni\u00f3n es la humildad. Si hacemos la anatom\u00eda de las antipat\u00edas y disensiones, veremos que todo pro-viene de la envidia. Uno tiene \u00e9xito en la predicaci\u00f3n o en sus tareas, se complace en ello y se pone a presumir, a enorgullecerse. \u00bfQu\u00e9 pasa entonces? Se le desprecia, se le humilla, no se puede soportar a un hombre que se eleva sobre los dem\u00e1s; he aqu\u00ed un motivo de divisi\u00f3n. Lo contrario, pues, ser\u00e1 fuente de paz y de uni\u00f3n, a saber, humillarse, querer que se sepa que somos los peores, y, si nos parece que hemos tenido \u00e9xito, reconocer enseguida nuestra impotencia para el bien y nuestra inclinaci\u00f3n al mal, por la experiencia de nuestros propios defectos. F\u00e1cilmente podremos encontrar muchas faltas en nosotros mismos, para convencernos de que estamos enga\u00f1ados, de que s\u00f3lo somos capaces de estropearlo todo, y as\u00ed seremos miserables a nuestros propios ojos y querremos efectivamente ser despreciados. Si tenemos buena opini\u00f3n y buenos sentimientos, que sea para el pr\u00f3jimo y no para nosotros; que los sacerdotes antiguos atribuyan a los otros la estima y el \u00e9xito; que los cl\u00e9rigos se consideren por debajo de los dem\u00e1s, y que ]os hermanos se sujeten al m\u00e1s inferior, seg\u00fan el consejo del pr\u00edncipe de los ap\u00f3stoles: \u00abSometeos a toda criatura por amor de Dios\u00bb. Y entonces no habr\u00e1 nada tan amable y tan bien ordenado.<\/p>\n<p>Podr\u00eda decir otras muchas cosas sobre este tema, pero creo que habr\u00e1 bastante para haceros ver la importancia que tiene el que los sacerdotes y los hermanos est\u00e9n muy unidos entre s\u00ed por una verdadera caridad, de la forma que acabamos de decir, si quieren cooperar \u00fatil y meritoriamente con los sacerdotes en la salvaci\u00f3n de las almas por los medios que ordena la regla. Me he extendido demasiado sobre este punto, porque creo que es muy importante.<\/p>\n<p>Pasemos ahora al segundo punto, que no ser\u00e1 largo, y veamos cu\u00e1l es el medio que nos indica la regla para llegar al fin propuesto; leamos las palabras exactas de este art\u00edculo: \u00abY para que esta congregaci\u00f3n llegue, mediante la gracia de Dios, al fin que se ha propuesto, tiene que hacer todo lo posible por revestirse del esp\u00edritu de Jesucristo, etc\u00e9tera\u00bb. Hemos dicho que tanto los hermanos como los sacerdotes est\u00e1n igualmente obligados a trabajar en su propia perfecci\u00f3n; pero, en lo referente a la salvaci\u00f3n de los pobres y al progreso de los eclesi\u00e1sticos, ya no es lo mismo, puesto que lo propio de los sacerdotes es predicar, catequizar, trabajar en las avenencias, en la fundaci\u00f3n de la cofrad\u00eda de la caridad, en el servicio de los seminarios, ordenaciones y las otras ocupaciones con el pr\u00f3jimo. Esto es evidente. Pero la tarea de los hermanos consiste solamente en proporcionarles la manera de que se dediquen a estas cosas, haciendo el oficio de Marta y contribuyendo a ello con los dem\u00e1s medios que hemos detallado.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la regla dice que, para hacer esto, lo mismo que para tender a la perfecci\u00f3n, hay que revestirse del esp\u00edritu de Jesucristo. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Oh padre! \u00a1Qu\u00e9 negocio tan importante \u00e9ste de revestirse del esp\u00edritu de Jesucristo! Quiere esto decir que, para perfeccionarnos y atender \u00fatilmente a los pueblos, y para servir bien a los eclesi\u00e1sticos, hemos de esforzarnos en imitar la perfecci\u00f3n de Jesucristo y procurar llegar a ella. Esto significa tambi\u00e9n que nosotros no podemos nada por nosotros mismos. Hemos de llenarnos y dejarnos animar de este esp\u00edritu de Jesucristo. Para entenderlo bien, hemos de saber que su esp\u00edritu est\u00e1 extendido por todos los cristianos que viven seg\u00fan las reglas del cristianismo; sus acciones y sus obras est\u00e1n penetradas del esp\u00edritu de Dios, de forma que Dios ha suscitado a la compa\u00f1\u00eda, y lo veis muy bien, para hacer lo mismo. Ella siempre ha apreciado las m\u00e1ximas cristianas y ha deseado revestirse del esp\u00edritu del evangelio, para vivir y para obrar como vivi\u00f3 nuestro Se\u00f1or y para hacer que su esp\u00edritu se muestre en toda la compa\u00f1\u00eda y en cada uno de los misioneros, en todas sus obras en general y en cada una en particular.<\/p>\n<p>Pero \u00bfcu\u00e1l es este esp\u00edritu que se ha derramado de esta forma? Cuando se dice: \u00abEl esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or est\u00e1 en tal persona o en tales obras\u00bb, \u00bfc\u00f3mo se entiende esto? \u00bfEs que se ha derramado sobre ellas el mismo Esp\u00edritu Santo? S\u00ed, el Esp\u00edritu Santo, en cuanto su persona, se derrama sobre los justos y habita personalmente en ellos. Cuando se dice que el Esp\u00edritu Santo act\u00faa en una persona, quiere decirse que este Esp\u00edritu, al habitar en ella, le da las mismas inclinaciones y disposiciones que ten\u00eda Jesucristo en la tierra, y \u00e9stas le hacen obrar, no digo que con la misma perfecci\u00f3n, pero s\u00ed seg\u00fan la medida de los dones de este divino Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 es el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or? Es un esp\u00edritu de perfecta caridad, lleno de una estima maravillosa a la divinidad y de un deseo infinito de honrarla dignamente, un conocimiento de las grandezas de su Padre, para admirarlas y ensalzarlas incesantemente. Jesucristo ten\u00eda de \u00e9l una estima tan alta que le rend\u00eda homenaje en todas las cosas que hab\u00eda en su sagrada persona y en todo lo que hac\u00eda; se lo atribu\u00eda todo a \u00e9l; no quer\u00eda decir que fuera suya su doctrina, sino que la refer\u00eda a su Padre: <em>Doctrina mea non est mea, sed ejus qui misit me Patris<\/em>. \u00bfHay una estima tan elevada como la del Hijo, que es igual al Padre, pero que reconoce al Padre como \u00fanico autor y principio de todo el bien que hay en \u00e9l? Y su amor, \u00bfc\u00f3mo era? \u00a1Oh, qu\u00e9 amor! \u00a1Salvador m\u00edo, cu\u00e1n grande era el amor que ten\u00edas a tu Padre! \u00bfPod\u00eda acaso tener un amor m\u00e1s grande, hermanos m\u00edos, que anonadarse por \u00e9l? Pues san Pablo, al hablar del nacimiento del Hijo de D;os en la tierra, dice que se anonad\u00f3. \u00bfPod\u00eda testimoniar un amor mayor que muriendo por su amor de la forma en que lo hizo. \u00a1Oh, amor de mi Salvador! \u00a1Oh, amor! \u00a1T\u00fa eras incomparablemente m\u00e1s grande que cuanto los \u00e1ngeles pudieron comprender y comprender\u00e1n jam\u00e1s!<\/p>\n<p>Sus humillaciones no eran m\u00e1s que amor; su trabajo era amor, sus sufrimientos amor, sus oraciones amor, y todas sus operaciones exteriores e interiores no eran m\u00e1s que actos repetidos de su amor. Su amor le dio un gran desprecio del mundo, desprecio del esp\u00edritu del mundo, desprecio de los bienes, desprecio de los placeres y desprecio de los honores.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed una descripci\u00f3n del esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or, del que hemos de revestirnos, que consiste, en una palabra, en tener siempre una gran estima y un gran amor de Dios. Jesucristo estaba tan lleno de \u00e9l que no hac\u00eda nada por s\u00ed mismo ni por buscar su satisfacci\u00f3n: <em>Quae placita sunt ei, facio semper<\/em>; hago siempre la voluntad de mi Padre; hago siempre las acciones y las obras que le agradan. Y lo mismo que el Hijo eterno despreciaba el mundo, los bienes, los placeres y los honores, por ser \u00e9sa la voluntad del Padre, tambi\u00e9n nosotros entraremos en su esp\u00edritu despreciando todo eso como \u00e9l.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hermanos m\u00edos, hemos de trabajar en la estima de Dios y procurar concebir un aprecio de \u00e9l muy grande. \u00a1Oh hermanos m\u00edos! Si tuvi\u00e9semos una vista tan sutil que penetr\u00e1semos un poco en lo infinito de su excelencia, \u00a1Oh Dios m\u00edo, oh hermanos m\u00edos qu\u00e9 sentimientos tan altos sacar\u00edamos! Dir\u00edamos, como san Pablo, que ni los ojos vieron, ni los o\u00eddos oyeron, ni el esp\u00edritu comprendi\u00f3 nada semejante. Es un abismo de dulzura, un ser soberano y eternamente glorioso, un bien infinito que abarca todos los bienes; todo es all\u00ed inabarcable. Pues bien, el conocimiento que de \u00e9l tenemos, y que est\u00e1 por encima de todo entendimiento, debe bastarnos para apreciarlo infinitamente. Y este aprecio tiene que hacernos anonadar en su presencia y hacernos hablar de su suprema majestad: con un gran sentimiento de humildad, de reverencia y de sumisi\u00f3n; y a medida que lo vayamos apreciando, lo amaremos m\u00e1s; y ese aprecio y ese amor nos dar\u00e1n un deseo continuo de cumplir siempre su santa voluntad, un cuidadoso esmero por no hacer nada en contra suya y un gran alejamiento de las cosas de la tierra, despreciando todos sus bienes.<\/p>\n<p>Dios m\u00edo, conserva en nuestros corazones una santa aversi\u00f3n de los bienes y placeres perecederos, que no los busquemos nunca y evitemos con cuidado las propias satisfacciones en donde la naturaleza se introduce imperceptiblemente, como es el querer que los dem\u00e1s se acomoden a nosotros, que todo nos salga bien, que todo nos sonr\u00eda. \u00a1Oh Salvador, ens\u00e9\u00f1anos a poner todo nuestro gusto en ti, a amar lo que t\u00fa has amado y complacernos en lo que a ti te complace!<\/p>\n<p>\u00a1Dios m\u00edo!, la necesidad nos obliga a poseer bienes perecederos y a conservar en la compa\u00f1\u00eda lo que Dios le ha dado; pero hemos de aplicarnos a esos bienes lo mismo que Dios se aplica a producir y a conservar las cosas temporales para ornato del mundo y alimento de sus criaturas, de modo que cuida hasta de un insecto; lo cual no impide sus operaciones interiores, por las que engendra a su Hijo y produce al Esp\u00edritu Santo; hace \u00e9stas sin dejar aquellas. As\u00ed pues, lo mismo que Dios se complace en proporcionar alimento a las plantas, a los animales y a los hombres, tambi\u00e9n los encargados de este peque\u00f1o mundo de la compa\u00f1\u00eda tienen que atender a las necesidades de los particulares que la componen. No hay m\u00e1s remedio que hacerlo as\u00ed Dios m\u00edo; si no, todo lo que tu providencia les ha dado para su mantenimiento se perder\u00eda, tu servicio cesar\u00eda y no podr\u00edamos ir gratuitamente a evangelizar a los pobres.<\/p>\n<p>Permite, pues, Dios m\u00edo, que, para seguir trabajando por tu gloria, nos dediquemos a la conservaci\u00f3n de lo temporal, pero que esto se haga de forma que nuestro esp\u00edritu no se vea contaminado por ello, ni se lesione la justicia, ni se enreden nuestros corazones. Oh Salvador, quita el esp\u00edritu de avaricia de la compa\u00f1\u00eda, dale s\u00f3lo lo que baste para las necesidades de la vida y mira por ella, Se\u00f1or, lo mismo que miras por todos los pueblos de la tierra y por los animales m\u00e1s peque\u00f1os, con una atenci\u00f3n general y particular, sin que esas obras exteriores te aparten un solo instante de esas operaciones eternas y admirablemente fecundas que tienes en tu interior. Que los superiores y encargados de la compa\u00f1\u00eda hagan lo mismo, dedic\u00e1ndose con vigilancia y esmero a sus tareas, proporcionando a todo el cuerpo y a cada miembro lo que le conviene, sin apartarse de la vida interior y de la uni\u00f3n cordial que deben tener contigo.<\/p>\n<p>En cuanto a los honores, Dios m\u00edo, l\u00edbranos de ese humo del infierno, aleja de nosotros esa ambici\u00f3n condenable que ech\u00f3 a los \u00e1ngeles del para\u00edso y que convirti\u00f3 a los hombres en demonios; ese deseo insaciable de honores que le hace a uno tener una buena opini\u00f3n de s\u00ed, de todo lo que hace, que origina el desprecio a los dem\u00e1s y lleva al soberbio a elevarse como un drag\u00f3n. Es un monstruo sutil y venenoso, que se cuela por todas partes, y que infecta con su aliento emponzo\u00f1ado a las almas m\u00e1s recogidas. Ese demonio est\u00e1 siempre rondando alrededor de las comunidades y de las personas que est\u00e1n m\u00e1s cerca de la santidad, intentando devorarlas; a esas es a las que busca especialmente el demonio, para llenarlas de propia estima y satisfacci\u00f3n y que les vaya costando cada vez m\u00e1s someterse, para reducirlas finalmente a que no sigan m\u00e1s que sus falsas luces, y hacerlas caer luego en alg\u00fan precipicio. Qu\u00e9 desgracia! \u00a1Que desgracia tan grande!<\/p>\n<p>Bien, hermanos m\u00edos, esto es lo que ten\u00eda que deciros en general sobre el esp\u00edritu de Jesucristo; nos queda ahora hablar con mayor detalle sobre lo que dice la regla en concreto; pero, como ha pasado la hora, me contentar\u00e9 con deciros que esta estima y amor de Dios, y la conformidad con su santa voluntad, y el desprecio del mundo y de nosotros mismos, que hemos de imitar en Jesucristo para revestirnos de su esp\u00edritu, no podr\u00e1 mostrarse mejor en cada uno de nosotros que por medio de la pr\u00e1ctica de las virtudes que m\u00e1s brillaron en nuestro Se\u00f1or cuando vivi\u00f3 sobre la tierra, esto es, las que est\u00e1n comprendidas en sus m\u00e1ximas, en su pobreza, castidad y obediencia, en su caridad con los enfermos, etc\u00e9tera; de forma que, si nos ponemos a imitar a nuestro Se\u00f1or en la pr\u00e1ctica de todo esto, seg\u00fan se\u00f1alan ]as otras reglas, hemos de esperar que quedaremos revestidos de su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>\u00a1Quiera Dios concedernos la gracia de conformar toda nuestra conducta a su conducta y nuestros sentimientos con los suyos, qu\u00e9 \u00e9l mantenga nuestras l\u00e1mparas encendidas en su presencia (28) y nuestros corazones atentos siempre a su amor y dedicados a revestirse cada vez m\u00e1s de Jesucristo de la forma que os acabo de decir! Todos los bautizados est\u00e1n revestidos de su esp\u00edritu, pero no todos realizan las obras debidas. Cada uno tiene que tender, por consiguiente, a asemejarse a nuestro Se\u00f1or, a apartarse de las m\u00e1ximas del mundo, a seguir con el afecto y en la pr\u00e1ctica los ejemplos del Hijo de Dios, que se hizo hombre como nosotros, para que nosotros no s\u00f3lo fu\u00e9ramos salvados, sino tambi\u00e9n salvadores como \u00e9l; a saber, cooperando con \u00e9l en la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>Acord\u00e9monos, padres y hermanos m\u00edos, de que no conseguiremos esta felicidad y este honor, si no nos esforzamos en conservar la santa uni\u00f3n que os hemos recomendado tanto; para eso, hay que emplear los medios que os hemos se\u00f1alado, especialmente la estima y el respeto mutuo entre nosotros, y sobre todo la santa humildad y la hu\u00edda de toda cr\u00edtica y maledicencia. Pero en vano nos esforzaremos en gozar de este bien, si no nos ayuda el mismo Dios. \u00bfQuer\u00e9is, hermanos m\u00edos, que le pidamos ahora que nos conceda esta gracia y que ma\u00f1ana hagamos todos la oraci\u00f3n para animarnos en este deseo de parecernos a \u00e9l en nuestros pensamientos, palabras y acciones, y practicar finalmente todo lo que acabo de recomendaros? No dudo de que ya est\u00e1is dispuestos a hacerlo as\u00ed, pero hay que robustecerse en esta resoluci\u00f3n por medio de frecuentes oraciones y nuevos prop\u00f3sitos. Si Dios ha querido proponernos todo esto, no dejar\u00e1 de ser fiel a su promesa, pues \u00e9l mismo dijo que har\u00edamos las obras que \u00e9l hizo, y todav\u00eda mayores. Y esto es lo que puedo deciros, por ahora, sobre la explicaci\u00f3n de esta regla y de la anterior.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOBRE LOS MIEMBROS DE LA CONGREGACION DE LA MISION Y SUS OCUPACIONES El padre Vicente explica el primer cap\u00edtulo de las reglas comunes. La compa\u00f1\u00eda est\u00e1 compuesta de eclesi\u00e1sticos y de laicos. 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