{"id":121517,"date":"2022-04-09T08:05:04","date_gmt":"2022-04-09T06:05:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=121517"},"modified":"2022-02-14T09:16:21","modified_gmt":"2022-02-14T08:16:21","slug":"enciclica-rerum-novarum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/","title":{"rendered":"Enc\u00edclica Rerum novarum"},"content":{"rendered":"<p><em>El 15 de mayo de 1891, el Papa Le\u00f3n XIII lanzaba una enc\u00edclica con el nombre de \u00abRerum novarum\u00bb. Ante la terrible explotaci\u00f3n laboral de los obreros, la Iglesia no pod\u00eda quedarse parada. Su respuesta fue un documento en donde explicaba c\u00f3mo estaba la situaci\u00f3n obrera, y defendiendo la justicia y a los trabajadores. La soluci\u00f3n que daba, pasaba porque el Estado, la Iglesia, el trabajador y el empresario ten\u00edan que trabajar juntos. \u00abLa Carta Magna del Trabajo\u00bb tuvo una gran influencia.<\/em><\/p>\n<p>Una enc\u00edclica es una carta que dirige el Papa a obispos o fieles en donde expone la doctrina de la Iglesia en puntos concretos. Y una de las m\u00e1s importantes de la Historia es la que comienza con las palabras <em>Rerum Novarum,<\/em> lanzada por el Papa Le\u00f3n XIII el 15 de mayo de 1891. \u00bfD\u00f3nde reside su importancia?<\/p>\n<p>Antes de nada, situ\u00e9monos en la \u00e9poca. Estamos en plena Revoluci\u00f3n Industrial, lo que supuso un cambio brutal en la sociedad, sobre todo para los trabajadores. La cuesti\u00f3n obrera fue un drama muy doloroso debido a que la tecnolog\u00eda releg\u00f3 al trabajador a la categor\u00eda de m\u00e1quina. El m\u00e1s fuerte ganaba, a costa siempre del d\u00e9bil. Al final la clase trabajadora sufri\u00f3 una explotaci\u00f3n muy grande y claro, termin\u00f3 protestando y creando malestar social.<\/p>\n<p>La Iglesia no pod\u00eda hacer o\u00eddos sordos ante unos derechos humanos que estaban siendo pisoteados. Al principio, su postura ante este problema se limit\u00f3 sobre todo a las ayudas caritativas. Pero el Papa Le\u00f3n XIII decidi\u00f3 mojarse con la enc\u00edclica <em>Rerum novarum.<\/em> Ya no se trataba s\u00f3lo de caridad, sino de justicia. \u00abEs inhumano abusar de los hombres, como si fueran cosas, para sacar provecho de ellos\u00bb, dice.<\/p>\n<p>Este texto describe en 42 puntos en qu\u00e9 condiciones viv\u00edan los sufridos trabajadores, defiende el derecho a la propiedad privada y rebate las, para ellos falsas, teor\u00edas del socialismo (recordemos: s\u00f3lo existe la clase trabajadora, un gobierno basado en la igualdad absoluta&#8230;).<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el remedio que propone el Papa? Dice que la Iglesia, el Estado, el empresario y el trabajador tienen que trabajar juntos. La Iglesia debe interesarse por los aspectos religiosos y morales; el Estado tiene que intervenir para que haya Justicia; y los trabajadores y empresarios deben organizar asociaciones que les protejan (sindicatos). Y todo esto lo expone la Enc\u00edclica con mucho detalle. Han dicho que es el mejor documento escrito sobre el tema.<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\"><b>Carta Enc\u00edclica<br \/>\ndel Sumo Pont\u00edfice Le\u00f3n XIII<br \/>\nsobre la situaci\u00f3n de los obreros<\/b><\/p>\n<p><b>1.<\/b> Despertado el prurito revolucionario que desde hace ya tiempo agita a los pueblos, era de esperar que el af\u00e1n de cambiarlo todo llegara un d\u00eda a derramarse desde el campo de la pol\u00edtica al terreno, con \u00e9l colindante, de la econom\u00eda. En efecto, los adelantos de la industria y de las artes, que caminan por nuevos derroteros; el cambio operado en las relaciones mutuas entre patronos y obreros; la acumulaci\u00f3n de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayor\u00eda; la mayor confianza de los obreros en s\u00ed mismos y la m\u00e1s estrecha cohesi\u00f3n entre ellos, juntamente con la relajaci\u00f3n de la moral, han determinado el planteamiento de la contienda. Cu\u00e1l y cu\u00e1n grande sea la importancia de las cosas que van en ello, se ve por la punzante ansiedad en que viven todos los esp\u00edritus; esto mismo pone en actividad los ingenios de los doctos, informa las reuniones de los sabios, las asambleas del pueblo, el juicio de los legisladores, las decisiones de los gobernantes, hasta el punto que parece no haber otro tema que pueda ocupar m\u00e1s hondamente los anhelos de los hombres.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, debiendo Nos velar por la causa de la Iglesia y por la salvaci\u00f3n com\u00fan, creemos oportuno, venerables hermanos, y por las mismas razones, hacer, respecto de la situaci\u00f3n de los obreros, lo que hemos acostumbrado, dirigi\u00e9ndoos cartas sobre el poder pol\u00edtico, sobre la libertad humana, sobre la cristiana constituci\u00f3n de los Estados y otras parecidas, que estimamos oportunas para refutar los sofismas de algunas opiniones. Este tema ha sido tratado por Nos incidentalmente ya m\u00e1s de una vez; mas la conciencia de nuestro oficio apost\u00f3lico nos incita a tratar de intento en esta enc\u00edclica la cuesti\u00f3n por entero, a fin de que resplandezcan los principios con que poder dirimir la contienda conforme lo piden la verdad y la justicia. El asunto es dif\u00edcil de tratar y no exento de peligros. Es dif\u00edcil realmente determinar los derechos y deberes dentro de los cuales hayan de mantenerse los ricos y los proletarios, los que aportan el capital y los que ponen el trabajo. Es discusi\u00f3n peligrosa, porque de ella se sirven con frecuencia hombres turbulentos y astutos para torcer el juicio de la verdad y para incitar sediciosamente a las turbas. Sea de ello, sin embargo, lo que quiera, vemos claramente, cosa en que todos convienen, que es urgente proveer de la manera oportuna al bien de las gentes de condici\u00f3n humilde, pues es mayor\u00eda la que se debate indecorosamente en una situaci\u00f3n miserable y calamitosa, ya que, disueltos en el pasado siglo los antiguos gremios de artesanos, sin ning\u00fan apoyo que viniera a llenar su vac\u00edo, desentendi\u00e9ndose las instituciones p\u00fablicas y las leyes de la religi\u00f3n de nuestros antepasados, el tiempo fue insensiblemente entregando a los obreros, aislados e indefensos, a la inhumanidad de los empresarios y a la desenfrenada codicia de los competidores. Hizo aumentar el mal la voraz usura, que, reiteradamente condenada por la autoridad de la Iglesia, es practicada, no obstante, por hombres codiciosos y avaros bajo una apariencia distinta. A\u00f1\u00e1dase a esto que no s\u00f3lo la contrataci\u00f3n del trabajo, sino tambi\u00e9n las relaciones comerciales de toda \u00edndole, se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un n\u00famero sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios.<\/p>\n<p><b>2.<\/b> Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes con-tra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la naci\u00f3n. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podr\u00eda curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, adem\u00e1s, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los leg\u00edtimos poseedores, altera la misi\u00f3n de la rep\u00fablica y agita fundamentalmente a las naciones.<\/p>\n<p><b>3.<\/b> Sin duda alguna, como es f\u00e1cil de ver, la raz\u00f3n misma del trabajo que aportan los que se ocupan en alg\u00fan oficio lucrativo y el fin primordial que busca el obrero es procurarse algo para s\u00ed y poseer con propio derecho una cosa como suya. Si, por consiguiente, presta sus fuerzas o su habilidad a otro, lo har\u00e1 por esta raz\u00f3n: para conseguir lo necesario para la comida y el vestido; y por ello, merced al trabajo aportado, adquiere un verdadero y perfecto derecho no s\u00f3lo a exigir el salario, sino tambi\u00e9n para emplearlo a su gusto. Luego si, reduciendo sus gastos, ahorra algo e invierte el fruto de sus ahorros en una finca, con lo que puede asegurarse m\u00e1s su manutenci\u00f3n, esta finca realmente no es otra cosa que el mismo salario revestido de otra apariencia, y de ah\u00ed que la finca adquirida por el obrero de esta forma debe ser tan de su dominio como el salario ganado con su trabajo. Ahora bien: es en esto precisamente en lo que consiste, como f\u00e1cilmente se colige, la propiedad de las cosas, tanto muebles como inmuebles. Luego los socialistas empeoran la situaci\u00f3n de los obreros todos, en cuanto tratan de transferir los bienes de los particulares a la comunidad, puesto que, priv\u00e1ndolos de la libertad de colocar sus beneficios, con ello mismo los despojan de la esperanza y de la facultad de aumentar los bienes familiares y de procurarse utilidades.<\/p>\n<p><b>4.<\/b> Pero, lo que todav\u00eda es m\u00e1s grave, proponen un remedio en pugna abierta contra la justicia, en cuanto que el poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza. En efecto, tambi\u00e9n en esto es grande la diferencia entre el hombre y el g\u00e9nero animal. Las bestias, indudablemente, no se gobiernan a s\u00ed mismas, sino que lo son por un doble instinto natural, que ya mantiene en ellas despierta la facultad de obrar y desarrolla sus fuerzas oportunamente, ya provoca y determina, a su vez, cada uno de sus movimientos. Uno de esos instintos las impulsa a la conservaci\u00f3n de s\u00ed mismas y a la defensa de su propia vida; el otro, a la conservaci\u00f3n de la especie. Ambas cosas se consiguen, sin embargo, f\u00e1cilmente con el uso de las cosas al alcance inmediato, y no podr\u00edan ciertamente ir m\u00e1s all\u00e1, puesto que son movidas s\u00f3lo por el sentido y por la percepci\u00f3n de las cosas singulares. Muy otra es, en cambio, la naturaleza del hombre. Comprende simult\u00e1neamente la fuerza toda y perfecta de la naturaleza animal, si\u00e9ndole concedido por esta parte, y desde luego en no menor grado que al resto de los animales, el disfrute de los bienes de las cosas corporales. La naturaleza animal, sin embargo, por elevada que sea la medida en que se la posea, dista tanto de contener y abarcar en s\u00ed la naturaleza humana, que es muy inferior a ella y nacida para servirle y obedecerle. Lo que se acusa y sobresale en nosotros, lo que da al hombre el que lo sea y se distinga de las bestias, es la raz\u00f3n o inteligencia. Y por esta causa de que es el \u00fanico animal dotado de raz\u00f3n, es de necesidad conceder al hombre no s\u00f3lo el uso de los bienes, cosa com\u00fan a todos los animales, sino tambi\u00e9n el poseerlos con derecho estable y permanente, y tanto los bienes que se consumen con el uso cuanto los que, pese al uso que se hace de ellos, perduran.<\/p>\n<p><b>5.<\/b> Esto resalta todav\u00eda m\u00e1s claro cuando se estudia en s\u00ed misma la naturaleza del hombre. Pues el hombre, abarcando con su raz\u00f3n cosas innumerables, enlazando y relacionando las cosas futuras con las presentes y siendo due\u00f1o de sus actos, se gobierna a s\u00ed mismo con la previsi\u00f3n de su inteligencia, sometido adem\u00e1s a la ley eterna y bajo el poder de Dios; por lo cual tiene en su mano elegir las cosas que estime m\u00e1s convenientes para su bienestar, no s\u00f3lo en cuanto al presente, sino tambi\u00e9n para el futuro. De donde se sigue la necesidad de que se halle en el hombre el dominio no s\u00f3lo de los frutos terrenales, sino tambi\u00e9n el de la tierra misma, pues ve que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas las cosas necesarias para el futuro.<\/p>\n<p>Las necesidades de cada hombre se repiten de una manera constante; de modo que, satisfechas hoy, exigen nuevas cosas para ma\u00f1ana. Por tanto la naturaleza tiene que haber dotado al hombre de algo estable y perpetuamente duradero, de que pueda esperar la continuidad del socorro. Ahora bien: esta continuidad no puede garantizarla m\u00e1s que la tierra con su fertilidad.<\/p>\n<p><b>6.<\/b> Y no hay por qu\u00e9 inmiscuir la providencia de la rep\u00fablica, pues que el hombre es anterior a ella, y consiguientemente debi\u00f3 tener por naturaleza, antes de que se constituyera comunidad pol\u00edtica alguna, el derecho de velar por su vida y por su cuerpo. El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del g\u00e9nero humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en com\u00fan al g\u00e9nero humano no porque quisiera que su posesi\u00f3n fuera indivisa para todos, sino porque no asign\u00f3 a nadie la parte que habr\u00eda de poseer, dejando la delimitaci\u00f3n de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos. Por lo dem\u00e1s, a pesar de que se halle repartida entre los particulares, no deja por ello de servir a la com\u00fan utilidad de todos, ya que no hay mortal alguno que no se alimente con lo que los campos producen. Los que carecen de propiedad, lo suplen con el trabajo; de modo que cabe afirmar con verdad que el medio universal de procurarse la comida y el vestido est\u00e1 en el trabajo, el cual, rendido en el fundo propio o en un oficio mec\u00e1nico, recibe, finalmente, como merced no otra cosa que los m\u00faltiples frutos de la tierra o algo que se cambia por ellos.<\/p>\n<p><b>7.<\/b> Con lo que de nuevo viene a demostrarse que las posesiones privadas son conforme a la naturaleza. Pues la tierra produce con largueza las cosas que se precisan para la conservaci\u00f3n de la vida y aun para su perfeccionamiento, pero no podr\u00eda producirlas por s\u00ed sola sin el cultivo y el cuidado del hombre. Ahora bien: cuando el hombre aplica su habilidad intelectual y sus fuerzas corporales a procurarse los bienes de la naturaleza, por este mismo hecho se adjudica a s\u00ed aquella parte de la naturaleza corp\u00f3rea que \u00e9l mismo cultiv\u00f3, en la que su persona dej\u00f3 impresa una a modo de huella, de modo que sea absolutamente justo que use de esa parte como suya y que de ning\u00fan modo sea l\u00edcito que venga nadie a violar ese derecho de \u00e9l mismo.<\/p>\n<p><b>8.<\/b> Es tan clara la fuerza de estos argumentos, que sorprende ver disentir de ellos a algunos restauradores de desusadas opiniones, los cuales conceden, es cierto, el uso del suelo y los diversos productos del campo al individuo, pero le niegan de plano la existencia del derecho a poseer como due\u00f1o el suelo sobre que ha edificado o el campo que cultiv\u00f3. No ven que, al negar esto, el hombre se ver\u00eda privado de cosas producidas con su trabajo. En efecto, el campo cultivado por la mano e industria del agricultor cambia por completo su fisonom\u00eda: de silvestre, se hace fruct\u00edfero; de infecundo, feraz. Ahora bien: todas esas obras de mejora se adhieren de tal manera y se funden con el suelo, que, por lo general, no hay modo de separarlas del mismo. \u00bfY va a admitir la justicia que venga nadie a apropiarse de lo que otro reg\u00f3 con sus sudores? Igual que los efectos siguen a la causa que los produce, es justo que el fruto del trabajo sea de aqu\u00e9llos que pusieron el trabajo. Con raz\u00f3n, por consiguiente, la totalidad del g\u00e9nero humano, sin preocuparse en absoluto de las opiniones de unos pocos en desacuerdo, con la mirada firme en la naturaleza, encontr\u00f3 en la ley de la misma naturaleza el fundamento de la divisi\u00f3n de los bienes y consagr\u00f3, con la pr\u00e1ctica de los siglos, la propiedad privada como la m\u00e1s conforme con la naturaleza del hombre y con la pac\u00edfica y tranquila convivencia. Y las leyes civiles, que, cuando son justas, deducen su vigor de esa misma ley natural, confirman y amparan incluso con la fuerza este derecho de que hablamos. Y lo mismo sancion\u00f3 la autoridad de las leyes divinas, que proh\u00edben grav\u00edsimamente hasta el deseo de lo ajeno: \u00abNo desear\u00e1s la mujer de tu pr\u00f3jimo; ni la casa, ni el campo, ni la esclava, ni el buey, ni el asno, ni nada de lo que es suyo\u00bb<span id='easy-footnote-1-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-1-121517' title='&lt;i&gt;Dt&lt;\/i&gt; 5,21.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>9.<\/b> Ahora bien: esos derechos de los individuos se estima que tienen m\u00e1s fuerza cuando se hallan ligados y relacionados con los deberes del hombre en la sociedad dom\u00e9stica. Est\u00e1 fuera de duda que, en la elecci\u00f3n del g\u00e9nero de vida, est\u00e1 en la mano y en la voluntad de cada cual preferir uno de estos dos: o seguir el consejo de Jesucristo sobre la virginidad o ligarse con el v\u00ednculo matrimonial. No hay ley humana que pueda quitar al hombre el derecho natural y primario de casarse, ni limitar, de cualquier modo que sea, la finalidad principal del matrimonio, instituido en el principio por la autoridad de Dios: \u00abCreced y multiplicaos\u00bb<span id='easy-footnote-2-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-2-121517' title='&lt;i&gt;Gn &lt;\/i&gt;1,28.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, la familia o sociedad dom\u00e9stica, bien peque\u00f1a, es cierto, pero verdadera sociedad y m\u00e1s antigua que cualquiera otra, la cual es de absoluta necesidad que tenga unos derechos y unos deberes propios, totalmente independientes de la potestad civil. Por tanto, es necesario que ese derecho de dominio atribuido por la naturaleza a cada persona, seg\u00fan hemos demostrado, sea transferido al hombre en cuanto cabeza de la familia; m\u00e1s a\u00fan, ese derecho es tanto m\u00e1s firme cuanto la persona abarca m\u00e1s en la sociedad dom\u00e9stica.<\/p>\n<p>Es ley sant\u00edsima de naturaleza que el padre de familia provea al sustento y a todas las atenciones de los que engendr\u00f3; e igualmente se deduce de la misma naturaleza que quiera adquirir y disponer para sus hijos, que se refieren y en cierto modo prolongan la personalidad del padre, algo con que puedan defenderse honestamente, en el mudable curso de la vida, de los embates de la adversa fortuna. Y esto es lo que no puede lograrse sino mediante la posesi\u00f3n de cosas productivas, transmisibles por herencia a los hijos. Al igual que el Estado, seg\u00fan hemos dicho, la familia es una verdadera sociedad, que se rige por una potestad propia, esto es, la paterna. Por lo cual, guardados efectivamente los l\u00edmites que su causa pr\u00f3xima ha determinado, tiene ciertamente la familia derechos por lo menos iguales que la sociedad civil para elegir y aplicar los medios necesarios en orden a su incolumnidad y justa libertad. Y hemos dicho \u00abpor lo menos\u00bb iguales, porque, siendo la familia l\u00f3gica y realmente anterior a la sociedad civil, se sigue que sus derechos y deberes son tambi\u00e9n anteriores y m\u00e1s naturales. Pues si los ciudadanos, si las familias, hechos part\u00edcipes de la convivencia y sociedad humanas, encontraran en los poderes p\u00fablicos perjuicio en vez de ayuda, un cercenamiento de sus derechos m\u00e1s bien que una tutela de los mismos, la sociedad ser\u00eda, m\u00e1s que deseable, digna de repulsa.<\/p>\n<p><b>10.<\/b> Querer, por consiguiente, que la potestad civil penetre a su arbitrio hasta la intimidad de los hogares es un error grave y pernicioso. Cierto es que, si una familia se encontrara eventualmente en una situaci\u00f3n de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir de por s\u00ed de tal agobio, es justo que los poderes p\u00fablicos la socorran con medios extraordinarios, porque cada familia es una parte de la sociedad. Cierto tambi\u00e9n que, si dentro del hogar se produjera una alteraci\u00f3n grave de los derechos mutuos, la potestad civil deber\u00e1 amparar el derecho de cada uno; esto no ser\u00eda apropiarse los derechos de los ciudadanos, sino protegerlos y afianzarlos con una justa y debida tutela. Pero es necesario de todo punto que los gobernantes se detengan ah\u00ed; la naturaleza no tolera que se exceda de estos l\u00edmites. Es tal la patria potestad, que no puede ser ni extinguida ni absorbida por el poder p\u00fablico, pues que tiene id\u00e9ntico y com\u00fan principio con la vida misma de los hombres. Los hijos son algo del padre y como una cierta ampliaci\u00f3n de la persona paterna, y, si hemos de hablar con propiedad, no entran a formar parte de la sociedad civil sino a trav\u00e9s de la comunidad dom\u00e9stica en la que han nacido. Y por esta misma raz\u00f3n, porque los hijos son \u00abnaturalmente algo del padre&#8230;, antes de que tengan el uso del libre albedr\u00edo se hallan bajo la protecci\u00f3n de dos padres\u00bb<span id='easy-footnote-3-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-3-121517' title='Santo Tom\u00e1s, II-II q. 10 a. 12.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>. De ah\u00ed que cuando los socialistas, pretiriendo en absoluto la providencia de los padres, hacen intervenir a los poderes p\u00fablicos, obran contra la justicia natural y destruyen la organizaci\u00f3n familiar.<\/p>\n<p><b>11.<\/b> Pero, adem\u00e1s de la injusticia, se deja ver con demasiada claridad cu\u00e1l ser\u00eda la perturbaci\u00f3n y el trastorno de todos los \u00f3rdenes, cuan dura y odiosa la opresi\u00f3n de los ciudadanos que habr\u00eda de seguirse. Se abrir\u00eda de par en par la puerta a las mutuas envidias, a la maledicencia y a las discordias; quitado el est\u00edmulo al ingenio y a la habilidad de los individuos, necesariamente vendr\u00edan a secarse las mismas fuentes de las riquezas, y esa igualdad con que sue\u00f1an no ser\u00eda ciertamente otra cosa que una general situaci\u00f3n, por igual miserable y abyecta, de todos los hombres sin excepci\u00f3n alguna. De todo lo cual se sigue claramente que debe rechazarse de plano esa fantas\u00eda del socialismo de reducir a com\u00fan la propiedad privada, pues que da\u00f1a a esos mismos a quienes se pretende socorrer, repugna a los derechos naturales de los individuos y perturba las funciones del Estado y la tranquilidad com\u00fan. Por lo tanto, cuando se plantea el problema de mejorar la condici\u00f3n de las clases inferiores, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable. Sentado lo cual, explicaremos d\u00f3nde debe buscarse el remedio que conviene.<\/p>\n<p><b>12.<\/b> Confiadamente y con pleno derecho nuestro, atacamos la cuesti\u00f3n, por cuanto se trata de un problema cuya soluci\u00f3n aceptable ser\u00eda verdaderamente nula si no se buscara bajo los auspicios de la religi\u00f3n y de la Iglesia. Y, estando principalmente en nuestras manos la defensa de la religi\u00f3n y la administraci\u00f3n de aquellas cosas que est\u00e1n bajo la potestad de la Iglesia, Nos estimar\u00edamos que, permaneciendo en silencio, falt\u00e1bamos a nuestro deber. Sin duda que esta grave cuesti\u00f3n pide tambi\u00e9n la contribuci\u00f3n y el esfuerzo de los dem\u00e1s; queremos decir de los gobernantes, de los se\u00f1ores y ricos, y, finalmente, de los mismos por quienes se lucha, de los proletarios; pero afirmamos, sin temor a equivocarnos, que ser\u00e1n in\u00fatiles y vanos los intentos de los hombres si se da de lado a la Iglesia. En efecto, es la Iglesia la que saca del Evangelio las ense\u00f1anzas en virtud de las cuales se puede resolver por completo el conflicto, o, limando sus asperezas, hacerlo m\u00e1s soportable; ella es la que trata no s\u00f3lo de instruir la inteligencia, sino tambi\u00e9n de encauzar la vida y las costumbres de cada uno con sus preceptos; ella la que mejora la situaci\u00f3n de los proletarios con muchas util\u00edsimas instituciones; ella la que quiere y desea ardientemente que los pensamientos y las fuerzas de todos los \u00f3rdenes sociales se al\u00eden con la finalidad de mirar por el bien de la causa obrera de la mejor manera posible, y estima que a tal fin deben orientarse, si bien con justicia y moderaci\u00f3n, las mismas leyes y la autoridad del Estado.<\/p>\n<p><b>13.<\/b> Establ\u00e9zcase, por tanto, en primer lugar, que debe ser respetada la condici\u00f3n humana, que no se puede igualar en la sociedad civil lo alto con lo bajo. Los socialistas lo pretenden, es verdad, pero todo es vana tentativa contra la naturaleza de las cosas. Y hay por naturaleza entre los hombres muchas y grandes diferencias; no son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espont\u00e1neamente la diferencia de fortuna. Todo esto en correlaci\u00f3n perfecta con los usos y necesidades tanto de los particulares cuanto de la comunidad, pues que la vida en com\u00fan precisa de aptitudes varias, de oficios diversos, al desempe\u00f1o de los cuales se sienten impelidos los hombres, m\u00e1s que nada, por la diferente posici\u00f3n social de cada uno. Y por lo que hace al trabajo corporal, aun en el mismo estado de inocencia, jam\u00e1s el hombre hubiera permanecido totalmente inactivo; mas lo que entonces hubiera deseado libremente la voluntad para deleite del esp\u00edritu, tuvo que soportarlo despu\u00e9s necesariamente, y no sin molestias, para expiaci\u00f3n de su pecado: \u00abMaldita la tierra en tu trabajo; comer\u00e1s de ellas entre fatigas todos los d\u00edas de tu vida\u00bb. Y de igual modo, el fin de las dem\u00e1s adversidades no se dar\u00e1 en la tierra, porque los males consiguientes al pecado son \u00e1speros, duros y dif\u00edciles de soportar y es preciso que acompa\u00f1en al hombre hasta el \u00faltimo instante de su vida. As\u00ed, pues, sufrir y padecer es cosa humana, y para los hombres que lo experimenten todo y lo intenten todo, no habr\u00e1 fuerza ni ingenio capaz de desterrar por completo estas incomodidades de la sociedad humana. Si algunos alardean de que pueden lograrlo, si prometen a las clases humildes una vida exenta de dolor y de calamidades, llena de constantes placeres, \u00e9sos enga\u00f1an indudablemente al pueblo y cometen un fraude que tarde o temprano acabar\u00e1 produciendo males mayores que los presentes. Lo mejor que puede hacerse es ver las cosas humanas como son y buscar al mismo tiempo por otros medios, seg\u00fan hemos dicho, el oportuno alivio de los males.<\/p>\n<p><b>14.<\/b> Es mal capital, en la cuesti\u00f3n que estamos tratando, suponer que una clase social sea espont\u00e1neamente enemiga de la otra, como si la naturaleza hubiera dispuesto a los ricos y a los pobres para combatirse mutuamente en un perpetuo duelo. Es esto tan ajeno a la raz\u00f3n y a la verdad, que, por el contrario, es lo m\u00e1s cierto que como en el cuerpo se ensamblan entre s\u00ed miembros diversos, de donde surge aquella proporcionada disposici\u00f3n que justamente podr\u00edase llamar armon\u00eda, as\u00ed ha dispuesto la naturaleza que, en la sociedad humana, dichas clases gemelas concuerden arm\u00f3nicamente y se ajusten para lograr el equilibrio. Ambas se necesitan en absoluto: ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital. El acuerdo engendra la belleza y el orden de las cosas; por el contrario, de la persistencia de la lucha tiene que derivarse necesariamente la confusi\u00f3n juntamente con un b\u00e1rbaro salvajismo.<\/p>\n<p><b>15.<\/b> Ahora bien: para acabar con la lucha y cortar hasta sus mismas ra\u00edces, es admirable y varia la fuerza de las doctrinas cristianas. En primer lugar, toda la doctrina de la religi\u00f3n cristiana, de la cual es int\u00e9rprete y custodio la Iglesia, puede grandemente arreglar entre s\u00ed y unir a los ricos con los proletarios, es decir, llamando a ambas clases al cumplimiento de sus deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de justicia. De esos deberes, los que corresponden a los proletarios y obreros son: cumplir \u00edntegra y fielmente lo que por propia libertad y con arreglo a justicia se haya estipulado sobre el trabajo; no da\u00f1ar en modo alguno al capital; no ofender a la persona de los patronos; abstenerse de toda violencia al defender sus derechos y no promover sediciones; no mezclarse con hombres depravados, que alientan pretensiones inmoderadas y se prometen artificiosamente grandes cosas, lo que lleva consigo arrepentimientos est\u00e9riles y las consiguientes p\u00e9rdidas de fortuna.<\/p>\n<p>Y \u00e9stos, los deberes de los ricos y patronos: no considerar a los obreros como esclavos; respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama el car\u00e1cter cristiano. Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la filosof\u00eda cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan honesta posibilidad de ganarse la vida. Que lo realmente vergonzoso e inhumano es abusar de los hombres como de cosas de lucro y no estimarlos en m\u00e1s que cuanto sus nervios y m\u00fasculos pueden dar de s\u00ed. E igualmente se manda que se tengan en cuenta las exigencias de la religi\u00f3n y los bienes de las almas de los proletarios. Por lo cual es obligaci\u00f3n de los patronos disponer que el obrero tenga un espacio de tiempo id\u00f3neo para atender a la piedad, no exponer al hombre a los halagos de la corrupci\u00f3n y a las ocasiones de pecar y no apartarlo en modo alguno de sus atenciones dom\u00e9sticas y de la afici\u00f3n al ahorro. Tampoco debe impon\u00e9rseles m\u00e1s trabajo del que puedan soportar sus fuerzas, ni de una clase que no est\u00e9 conforme con su edad y su sexo. Pero entre los primordiales deberes de los patronos se destaca el de dar a cada uno lo que sea justo.<\/p>\n<p>Cierto es que para establecer la medida del salario con justicia hay que considerar muchas razones; pero, generalmente, tengan presente los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena no lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas. Y defraudar a alguien en el salario debido es un gran crimen, que llama a voces las iras vengadoras del cielo. \u00abHe aqu\u00ed que el salario de los obreros&#8230; que fue defraudado por vosotras, clama; y el clamor de ellos ha llegado a los o\u00eddos del Dios de los ej\u00e9rcitos\u00bb<span id='easy-footnote-4-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-4-121517' title='&lt;i&gt;St&lt;\/i&gt; 5,4.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, han de evitar cuidadosamente los ricos perjudicar en lo m\u00e1s m\u00ednimo los intereses de los proletarios ni con violencias, ni con enga\u00f1os, ni con artilugios usurarios; tanto m\u00e1s cuanto que no est\u00e1n suficientemente preparados contra la injusticia y el atropello, y, por eso mismo, mientras m\u00e1s d\u00e9bil sea su econom\u00eda, tanto m\u00e1s debe considerarse sagrada.<\/p>\n<p><b>16.<\/b> \u00bfNo bastar\u00eda por s\u00ed solo el sometimiento a estas leyes para atenuar la violencia y los motivos de discordia? Pero la Iglesia, con Cristo por maestro y gu\u00eda, persigue una meta m\u00e1s alta: o sea, preceptuando algo m\u00e1s perfecto, trata de unir una clase con la otra por la aproximaci\u00f3n y la amistad. No podemos, indudablemente, comprender y estimar en su valor las cosas caducas si no es fijando el alma sus ojos en la vida inmortal de ultratumba, quitada la cual se vendr\u00eda inmediatamente abajo toda especie y verdadera noci\u00f3n de lo honesto; m\u00e1s a\u00fan, todo este universo de cosas se convertir\u00eda en un misterio impenetrable a toda investigaci\u00f3n humana. Pues lo que nos ense\u00f1a de por s\u00ed la naturaleza, que s\u00f3lo habremos de vivir la verdadera vida cuando hayamos salido de este mundo, eso mismo es dogma cristiano y fundamento de la raz\u00f3n y de todo el ser de la religi\u00f3n. Pues que Dios no cre\u00f3 al hombre para estas cosas fr\u00e1giles y perecederas, sino para las celestiales y eternas, d\u00e1ndonos la tierra como lugar de exilio y no de residencia permanente. Y, ya nades en la abundancia, ya carezcas de riquezas y de todo lo dem\u00e1s que llamamos bienes, nada importa eso para la felicidad eterna; lo verdaderamente importante es el modo como se usa de ellos.<\/p>\n<p>Jesucristo no suprimi\u00f3 en modo alguno con su copiosa redenci\u00f3n las tribulaciones diversas de que est\u00e1 tejida casi por completo la vida mortal, sino que hizo de ellas est\u00edmulo de virtudes y materia de merecimientos, hasta el punto de que ning\u00fan mortal podr\u00e1 alcanzar los premios eternos si no sigue las huellas ensangrentadas de Cristo. Si \u00absufrimos, tambi\u00e9n reinaremos con \u00c9l\u00bb<span id='easy-footnote-5-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-5-121517' title='&lt;i&gt;2Tm &lt;\/i&gt;2,12.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>. Tomando \u00c9l libremente sobre s\u00ed los trabajos y sufrimientos, mitig\u00f3 notablemente la rudeza de los trabajos y sufrimientos nuestros; y no s\u00f3lo hizo m\u00e1s llevaderos los sufrimientos con su ejemplo, sino tambi\u00e9n con su gracia y con la esperanza del eterno galard\u00f3n: \u00abPorque lo que hay al presente de moment\u00e1nea y leve tribulaci\u00f3n nuestra, produce en nosotros una cantidad de gloria eterna de inconmensurable sublimidad\u00bb<span id='easy-footnote-6-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-6-121517' title='&lt;i&gt;2Co&lt;\/i&gt; 2,12.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>17.<\/b> As\u00ed, pues, quedan avisados los ricos de que las riquezas no aportan consigo la exenci\u00f3n del dolor, ni aprovechan nada para la felicidad eterna, sino que m\u00e1s bien la obstaculizan<span id='easy-footnote-7-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-7-121517' title='&lt;i&gt;Mt&lt;\/i&gt; 19,23-24.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>; de que deben imponer temor a los ricos las tremendas amenazas de Jesucristo<span id='easy-footnote-8-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-8-121517' title='&lt;i&gt;Lc&lt;\/i&gt; 6,24-25.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span> y de que pronto o tarde se habr\u00e1 de dar cuenta sever\u00edsima al divino juez del uso de las riquezas.<\/p>\n<p>Sobre el uso de las riquezas hay una doctrina excelente y de gran importancia, que, si bien fue iniciada por la filosof\u00eda, la Iglesia la ha ense\u00f1ado tambi\u00e9n perfeccionada por completo y ha hecho que no se quede en puro conocimiento, sino que informe de hecho las costumbres. El fundamento de dicha doctrina consiste en distinguir entre la recta posesi\u00f3n del dinero y el recto uso del mismo. Poseer bienes en privado, seg\u00fan hemos dicho poco antes, es derecho natural del hombre, y usar de este derecho, sobre todo en la sociedad de la vida, no s\u00f3lo es l\u00edcito, sino incluso necesario en absoluto. \u00abEs l\u00edcito que el hombre posea cosas propias. Y es necesario tambi\u00e9n para la vida humana\u00bb<span id='easy-footnote-9-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-9-121517' title='II-II q. 66 a. 2.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>. Y si se pregunta cu\u00e1l es necesario que sea el uso de los bienes, la Iglesia responder\u00e1 sin vacilaci\u00f3n alguna: \u00abEn cuanto a esto, el hombre no debe considerar las cosas externas como propias, sino como comunes; es decir, de modo que las comparta f\u00e1cilmente con otros en sus necesidades. De donde el Ap\u00f3stol dice: \u00abManda a los ricos de este siglo&#8230; que den, que compartan con facilidad\u00bb\u00bb<span id='easy-footnote-10-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-10-121517' title='II-II q. 65 a. 2.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>A nadie se manda socorrer a los dem\u00e1s con lo necesario para sus usos personales o de los suyos; ni siquiera a dar a otro lo que \u00e9l mismo necesita para conservar lo que convenga a la persona, a su decoro: \u00abNadie debe vivir de una manera inconveniente\u00bb<span id='easy-footnote-11-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-11-121517' title='II-II q. 32 a. 6.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>. Pero cuando se ha atendido suficientemente a la necesidad y al decoro, es un deber socorrer a los indigentes con lo que sobra. \u00abLo que sobra, dadlo de limosna\u00bb<span id='easy-footnote-12-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-12-121517' title='&lt;i&gt;Lc &lt;\/i&gt;11,41.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>. No son \u00e9stos, sin embargo, deberes de justicia, salvo en los casos de necesidad extrema, sino de caridad cristiana, la cual, ciertamente, no hay derecho de exigirla por la ley. Pero antes que la ley y el juicio de los hombres est\u00e1n la ley y el juicio de Cristo Dios, que de modos diversos y suavemente aconseja la pr\u00e1ctica de dar: \u00abEs mejor dar que recibir\u00bb<span id='easy-footnote-13-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-13-121517' title='&lt;i&gt;Hch &lt;\/i&gt;20,35.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>, y que juzgar\u00e1 la caridad hecha o negada a los pobres como hecha o negada a \u00c9l en persona: \u00abCuanto hicisteis a uno de estos hermanos m\u00edos m\u00e1s peque\u00f1os, a m\u00ed me lo hicisteis\u00bb<span id='easy-footnote-14-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-14-121517' title='&lt;i&gt;Mt&lt;\/i&gt; 25,40.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>. Todo lo cual se resume en que todo el que ha recibido abundancia de bienes, sean \u00e9stos del cuerpo y externos, sean del esp\u00edritu, los ha recibido para perfeccionamiento propio, y, al mismo tiempo, para que, como ministro de la Providencia divina, los emplee en beneficio de los dem\u00e1s. \u00abPor lo tanto, el que tenga talento, que cuide mucho de no estarse callado; el que tenga abundancia de bienes, que no se deje entorpecer para la largueza de la misericordia; el que tenga un oficio con que se desenvuelve, que se afane en compartir su uso y su utilidad con el pr\u00f3jimo\u00bb<span id='easy-footnote-15-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-15-121517' title='San Gregorio Magno, &lt;i&gt;Sobre el Evangelio &lt;\/i&gt;hom. 9 n. 7.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>18.<\/b> Los que, por el contrario, carezcan de bienes de fortuna, aprendan de la Iglesia que la pobreza no es considerada como una deshonra ante el juicio de Dios y que no han de avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con su trabajo. Y esto lo confirm\u00f3 realmente y de hecho Cristo, Se\u00f1or nuestro, que por la salvaci\u00f3n de los hombres se hizo pobre siendo rico; y, siendo Hijo de Dios y Dios \u00e9l mismo, quiso, con todo, aparecer y ser tenido por hijo de un artesano, ni rehus\u00f3 pasar la mayor parte de su vida en el trabajo manual. \u00ab\u00bfNo es acaso \u00e9ste el artesano, el hijo de Mar\u00eda?\u00bb<span id='easy-footnote-16-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-16-121517' title='&lt;i&gt;2Co&lt;\/i&gt; 8,9.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>19.<\/b> Contemplando lo divino de este ejemplo, se comprende m\u00e1s f\u00e1cilmente que la verdadera dignidad y excelencia del hombre radica en lo moral, es decir, en la virtud; que la virtud es patrimonio com\u00fan de todos los mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres; y que el premio de la felicidad eterna no puede ser consecuencia de otra cosa que de las virtudes y de los m\u00e9ritos, sean \u00e9stos de quienes fueren. M\u00e1s a\u00fan, la misma voluntad de Dios parece m\u00e1s inclinada del lado de los afligidos, pues Jesucristo llama felices a los pobres, invita amant\u00edsimamente a que se acerquen a \u00c9l, fuente de consolaci\u00f3n, todos los que sufren y lloran, y abraza con particular claridad a los m\u00e1s bajos y vejados por la injuria. Conociendo estas cosas, se baja f\u00e1cilmente el \u00e1nimo hinchado de los ricos y se levanta el deprimido de los afligidos; unos se pliegan a la benevolencia, otros a la modestia. De este modo, el pasional alejamiento de la soberbia se har\u00e1 m\u00e1s corto y se lograr\u00e1 sin dificultades que las voluntades de una y otra clase, estrechadas amistosamente las manos, se unan tambi\u00e9n entre s\u00ed.<\/p>\n<p><b>20.<\/b> Para los cuales, sin embargo, si siguen los preceptos de Cristo, resultar\u00e1 poco la amistad y se unir\u00e1n por el amor fraterno. Pues ver\u00e1n y comprender\u00e1n que todos los hombres han sido creados por el mismo Dios, Padre com\u00fan; que todos tienden al mismo fin, que es el mismo Dios, el \u00fanico que puede dar la felicidad perfecta y absoluta a los hombres y a los \u00e1ngeles; que, adem\u00e1s, todos han sido igualmente redimidos por el beneficio de Jesucristo y elevados a la dignidad de hijos de Dios, de modo que se sientan unidos, por parentesco fraternal, tanto entre s\u00ed como con Cristo, primog\u00e9nito entre muchos hermanos. De igual manera que los bienes naturales, los dones de la gracia divina pertenecen en com\u00fan y generalmente a todo el linaje humano, y nadie, a no ser que se haga indigno, ser\u00e1 desheredado de los bienes celestiales: \u00abSi hijos, pues, tambi\u00e9n herederos; herederos ciertamente de Dios y coherederos de Cristo\u00bb<span id='easy-footnote-17-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-17-121517' title='&lt;i&gt;Rm&lt;\/i&gt; 8,17.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Tales son los deberes y derechos que la filosof\u00eda cristiana profesa. \u00bfNo parece que acabar\u00eda por extinguirse bien pronto toda lucha all\u00ed donde ella entrara en vigor en la sociedad civil?<\/p>\n<p><b>21.<\/b> Finalmente, la Iglesia no considera bastante con indicar el camino para llegar a la curaci\u00f3n, sino que aplica ella misma por su mano la medicina, pues que est\u00e1 dedicada por entero a instruir y ense\u00f1ar a los hombres su doctrina, cuyos saludables raudales procura que se extiendan, con la mayor amplitud posible, por la obra de los obispos y del clero. Trata, adem\u00e1s de influir sobre los esp\u00edritus y de doblegar las voluntades, a fin de que se dejen regir y gobernar por la ense\u00f1anza de los preceptos divinos. Y en este aspecto, que es el principal y de gran importancia, pues que en \u00e9l se halla la suma y la causa total de todos los bienes, es la Iglesia la \u00fanica que tiene verdadero poder, ya que los instrumentos de que se sirve para mover los \u00e1nimos le fueron dados por Jesucristo y tienen en s\u00ed eficacia infundida por Dios. Son instrumentos de esta \u00edndole los \u00fanicos que pueden llegar eficazmente hasta las intimidades del coraz\u00f3n y lograr que el hombre se muestre obediente al deber, que modere los impulsos del alma ambiciosa, que ame a Dios y al pr\u00f3jimo con singular y suma caridad y destruya animosamente cuanto obstaculice el sendero de la virtud.<\/p>\n<p>Bastar\u00e1 en este orden con recordar brevemente los ejemplos de los antiguos. Recordamos cosas y hechos que no ofrecen duda alguna: que la sociedad humana fue renovada desde sus cimientos por las costumbres cristianas; que, en virtud de esta renovaci\u00f3n, fue impulsado el g\u00e9nero humano a cosas mejores; m\u00e1s a\u00fan, fue sacado de la muerte a la vida y colmado de una tan elevada perfecci\u00f3n, que ni existi\u00f3 otra igual en tiempos anteriores ni podr\u00e1 haberla mayor en el futuro. Finalmente, que Jesucristo es el principio y el fin mismo de estos beneficios y que, como de \u00c9l han procedido, a \u00c9l tendr\u00e1n todos que referirse. Recibida la luz del Evangelio, habiendo conocido el orbe entero el gran misterio de la encarnaci\u00f3n del Verbo y de la redenci\u00f3n de los hombres, la vida de Jesucristo, Dios y hombre, penetr\u00f3 todas las naciones y las imbuy\u00f3 a todas en su fe, en sus preceptos y en sus leyes. Por lo cual, si hay que curar a la sociedad humana, s\u00f3lo podr\u00e1 curarla el retorno a la vida y a las costumbres cristianas, ya que, cuando se trata de restaurar la sociedades decadentes, hay que hacerlas volver a sus principios. Porque la perfecci\u00f3n de toda sociedad est\u00e1 en buscar y conseguir aquello para que fue instituida, de modo que sea causa de los movimientos y actos sociales la misma causa que origin\u00f3 la sociedad. Por lo cual, apartarse de lo estatuido es corrupci\u00f3n, tornar a ello es curaci\u00f3n. Y con toda verdad, lo mismo que respecto de todo el cuerpo de la sociedad humana, lo decimos de igual modo de esa clase de ciudadanos que se gana el sustento con el trabajo, que son la inmensa mayor\u00eda.<\/p>\n<p><b>22.<\/b> No se ha de pensar, sin embargo, que todos los desvelos de la Iglesia est\u00e9n tan fijos en el cuidado de las almas, que se olvide de lo que ata\u00f1e a la vida mortal y terrena. En relaci\u00f3n con los proletarios concretamente, quiere y se esfuerza en que salgan de su mis\u00e9rrimo estado y logren una mejor situaci\u00f3n. Y a ello contribuye con su aportaci\u00f3n, no peque\u00f1a, llamando y guiando a los hombres hacia la virtud. Dado que, dondequiera que se observen \u00edntegramente, las virtudes cristianas aportan una parte de la prosperidad a las cosas externas, en cuanto que aproximan a Dios, principio y fuente de todos los bienes; reprime esas dos plagas de la vida que hacen sumamente miserable al hombre incluso cuando nada en la abundancia, como son el exceso de ambici\u00f3n y la sed de placeres<span id='easy-footnote-18-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-18-121517' title='&lt;i&gt;Radix omnium malorum &lt;\/i&gt;es\u00ed &lt;i&gt;cupiditas &lt;\/i&gt;(&lt;i&gt;1Tm &lt;\/i&gt;6,10).'><sup>18<\/sup><\/a><\/span>; en fin, contentos con un atuendo y una mesa frugal, suplen la renta con el ahorro, lejos de los vicios, que arruinan no s\u00f3lo las peque\u00f1as, sino aun las grandes fortunas, y disipan los m\u00e1s cuantiosos patrimonios. Pero, adem\u00e1s, provee directamente al bienestar de los proletarios, creando y fomentando lo que estima conducente a remediar su indigencia, habi\u00e9ndose distinguido tanto en esta clase de beneficios, que se ha merecido las alabanzas de sus propios enemigos.<\/p>\n<p>Tal era el vigor de la mutua caridad entre los cristianos primitivos, que frecuentemente los m\u00e1s ricos se desprend\u00edan de sus bienes para socorrer, \u00aby no&#8230; hab\u00eda ning\u00fan necesitado entre ellos\u00bb<span id='easy-footnote-19-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-19-121517' title='&lt;i&gt;Hch&lt;\/i&gt; 4,34.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span>. A los di\u00e1conos, orden precisamente instituido para esto, fue encomendado por los ap\u00f3stoles el cometido de llevar a cabo la misi\u00f3n de la beneficencia diaria; y Pablo Ap\u00f3stol, aunque sobrecargado por la solicitud de todas las Iglesias, no dud\u00f3, sin embargo, en acometer penosos viajes para llevar en persona la colecta a los cristianos m\u00e1s pobres. A dichas colectas, realizadas espont\u00e1neamente por los cristianos en cada reuni\u00f3n, la llama Tertuliano \u00abdep\u00f3sitos de piedad\u00bb, porque se invert\u00edan \u00aben alimentar y enterrar a los pobres, a los ni\u00f1os y ni\u00f1as carentes de bienes y de padres, entre los sirvientes ancianos y entre los n\u00e1ufragos\u00bb<span id='easy-footnote-20-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-20-121517' title='&lt;i&gt;Ap&lt;\/i&gt; 2,39.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span>. De aqu\u00ed fue poco a poco form\u00e1ndose aquel patrimonio que la Iglesia guard\u00f3 con religioso cuidado, como herencia de los pobres. M\u00e1s a\u00fan, provey\u00f3 de socorros a una muchedumbre de indigentes, libr\u00e1ndolos de la verg\u00fcenza de pedir limosna. Pues como madre com\u00fan de ricos y pobres, excitada la caridad por todas partes hasta un grado sumo, fund\u00f3 congregaciones religiosas y otras muchas instituciones ben\u00e9ficas, con cuyas atenciones apenas hubo g\u00e9nero de miseria que careciera de consuelo. Hoy, ciertamente, son muchos los que, como en otro tiempo hicieran los gentiles, se propasan a censurar a la Iglesia esta tan eximia caridad, en cuyo lugar se ha pretendido poner la beneficencia establecida por las leyes civiles. Pero no se encontrar\u00e1n recursos humanos capaces de suplir la caridad cristiana, que se entrega toda entera a s\u00ed misma para utilidad de los dem\u00e1s. Tal virtud es exclusiva de la Iglesia, porque, si no brotara del sacrat\u00edsimo coraz\u00f3n de Jesucristo, jam\u00e1s hubiera existido, pues anda errante lejos de Cristo el que se separa de la Iglesia.<\/p>\n<p>Mas no puede caber duda que para lo propuesto se requieren tambi\u00e9n las ayudas que est\u00e1n en manos de los hombres. Absolutamente es necesario que todos aquellos a quienes interesa la cuesti\u00f3n tiendan a lo mismo y trabajen por ello en la parte que les corresponda. Lo cual tiene cierta semejanza con la providencia que gobierna al mundo, pues vemos que el \u00e9xito de las cosas proviene de la coordinaci\u00f3n de las causas de que dependen.<\/p>\n<p><b>23.<\/b> Queda ahora por investigar qu\u00e9 parte de ayuda puede esperarse del Estado. Entendemos aqu\u00ed por Estado no el que de hecho tiene tal o cual pueblo, sino el que pide la recta raz\u00f3n de conformidad con la naturaleza, por un lado, y aprueban, por otro, las ense\u00f1anzas de la sabidur\u00eda divina, que Nos mismo hemos expuesto concretamente en la enc\u00edclica sobre la constituci\u00f3n cristiana de las naciones. As\u00ed, pues, los que gobiernan deben cooperar, primeramente y en t\u00e9rminos generales, con toda la fuerza de las leyes e instituciones, esto es, haciendo que de la ordenaci\u00f3n y administraci\u00f3n misma del Estado brote espont\u00e1neamente la prosperidad tanto de la sociedad como de los individuos, ya que \u00e9ste es el cometido de la pol\u00edtica y el deber inexcusable de los gobernantes. Ahora bien: lo que m\u00e1s contribuye a la prosperidad de las naciones es la probidad de las costumbres, la recta y ordenada constituci\u00f3n de las familias, la observancia de la religi\u00f3n y de la justicia, las moderadas cargas p\u00fablicas y su equitativa distribuci\u00f3n, los progresos de la industria y del comercio, la floreciente agricultura y otros factores de esta \u00edndole, si quedan, los cuales, cuanto con mayor af\u00e1n son impulsados, tanto mejor y m\u00e1s felizmente permitir\u00e1n vivir a los ciudadanos. A trav\u00e9s de estas cosas queda al alcance de los gobernantes beneficiar a los dem\u00e1s \u00f3rdenes sociales y aliviar grandemente la situaci\u00f3n de los proletarios, y esto en virtud del mejor derecho y sin la m\u00e1s leve sospecha de injerencia, ya que el Estado debe velar por el bien com\u00fan como propia misi\u00f3n suya. Y cuanto mayor fuere la abundancia de medios procedentes de esta general providencia, tanto menor ser\u00e1 la necesidad de probar caminos nuevos para el bienestar de los obreros.<\/p>\n<p><b>24.<\/b> Pero tambi\u00e9n ha de tenerse presente, punto que ata\u00f1e m\u00e1s profundamente a la cuesti\u00f3n, que la naturaleza \u00fanica de la sociedad es com\u00fan a los de arriba y a los de abajo. Los proletarios, sin duda alguna, son por naturaleza tan ciudadanos como los ricos, es decir, partes verdaderas y vivientes que, a trav\u00e9s de la familia, integran el cuerpo de la naci\u00f3n, sin a\u00f1adir que en toda naci\u00f3n son inmensa mayor\u00eda. Por consiguiente, siendo absurdo en grado sumo atender a una parte de los ciudadanos y abandonar a la otra, se sigue que los desvelos p\u00fablicos han de prestar los debidos cuidados a la salvaci\u00f3n y al bienestar de la clase proletaria; y si tal no hace, violar\u00e1 la justicia, que manda dar a cada uno lo que es suyo. Sobre lo cual escribe sabiamente Santo Tom\u00e1s: \u00abAs\u00ed como la parte y el todo son, en cierto modo, la misma cosa, as\u00ed lo que es del todo, en cierto modo, lo es de la parte\u00bb<span id='easy-footnote-21-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-21-121517' title='II-II q. 61 a. 1 ad 2.'><sup>21<\/sup><\/a><\/span>. De ah\u00ed que entre los deberes, ni pocos ni leves, de los gobernantes que velan por el bien del pueblo, se destaca entre los primeros el de defender por igual a todas las clases sociales, observando inviolablemente la justicia llamada distributiva.<\/p>\n<p><b>25.<\/b> Mas, aunque todos los ciudadanos, sin excepci\u00f3n alguna, deban contribuir necesariamente a la totalidad del bien com\u00fan, del cual deriva una parte no peque\u00f1a a los individuos, no todos, sin embargo, pueden aportar lo mismo ni en igual cantidad. Cualesquiera que sean las vicisitudes en las distintas formas de gobierno, siempre existir\u00e1 en el estado de los ciudadanos aquella diferencia sin la cual no puede existir ni concebirse sociedad alguna. Es necesario en absoluto que haya quienes se dediquen a las funciones de gobierno, quienes legislen, quienes juzguen y, finalmente, quienes con su dictamen y autoridad administren los asuntos civiles y militares. Aportaciones de tales hombres que nadie dejar\u00e1 de ver que son principales y que ellos deben ser considerados como superiores en toda sociedad por el hecho de que contribuyen al bien com\u00fan m\u00e1s de cerca y con m\u00e1s altas razones. Los que ejercen alg\u00fan oficio, por el contrario, no aprovechan a la sociedad en el mismo grado y con las mismas funciones que aqu\u00e9llos, mas tambi\u00e9n ellos concurren al bien com\u00fan de modo notable, aunque menos directamente. Y, teniendo que ser el bien com\u00fan de naturaleza tal que los hombres, consigui\u00e9ndolo, se hagan mejores, debe colocarse principalmente en la virtud. De todos modos, para la buena constituci\u00f3n de una naci\u00f3n es necesaria tambi\u00e9n la abundancia de los bienes del cuerpo y externos, \u00abcuyo uso es necesario para que se actualice el acto de virtud\u00bb<span id='easy-footnote-22-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-22-121517' title='Santo Tom\u00e1s, De &lt;i&gt;regimine principum &lt;\/i&gt;1 c. 15.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span>. Y para la obtenci\u00f3n de estos bienes es sumamente eficaz y necesario el trabajo de los proletarios, ya ejerzan sus habilidades y destreza en el cultivo del campo, ya en los talleres e industrias. M\u00e1s a\u00fan: llega a tanto la eficacia y poder de los mismos en este orden de cosas, que es verdad incuestionable que la riqueza nacional proviene no de otra cosa que del trabajo de los obreros. La equidad exige, por consiguiente, que las autoridades p\u00fablicas prodiguen sus cuidados al proletario para que \u00e9ste reciba algo de lo que aporta al bien com\u00fan, como la casa, el vestido y el poder sobrellevar la vida con mayor facilidad. De donde se desprende que se habr\u00e1n de fomentar todas aquellas cosas que de cualquier modo resulten favorables para los obreros. Cuidado que dista mucho de perjudicar a nadie, antes bien aprovechar\u00e1 a todos, ya que interesa mucho al Estado que no vivan en la miseria aqu\u00e9llos de quienes provienen unos bienes tan necesarios.<\/p>\n<p><b>26.<\/b> No es justo, seg\u00fan hemos dicho, que ni el individuo ni la familia sean absorbidos por el Estado; lo justo es dejar a cada uno la facultad de obrar con libertad hasta donde sea posible, sin da\u00f1o del bien com\u00fan y sin injuria de nadie. No obstante, los que gobiernan deber\u00e1n atender a la defensa de la comunidad y de sus miembros. De la comunidad, porque la naturaleza confi\u00f3 su conservaci\u00f3n a la suma potestad, hasta el punto que la custodia de la salud p\u00fablica no es s\u00f3lo la suprema ley, sino la raz\u00f3n total del poder; de los miembros, porque la administraci\u00f3n del Estado debe tender por naturaleza no a la utilidad de aqu\u00e9llos a quienes se ha confiado, sino de los que se le conf\u00edan, como un\u00e1nimemente afirman la filosof\u00eda y la fe cristiana. Y, puesto que el poder proviene de Dios y es una cierta participaci\u00f3n del poder infinito, deber\u00e1 aplicarse a la manera de la potestad divina, que vela con solicitud paternal no menos de los individuos que de la totalidad de las cosas. Si, por tanto, se ha producido o amenaza alg\u00fan da\u00f1o al bien com\u00fan o a los intereses de cada una de las clases que no pueda subsanarse de otro modo, necesariamente deber\u00e1 afrontarlo el poder p\u00fablico.<\/p>\n<p>Ahora bien: interesa tanto a la salud p\u00fablica cuanto a la privada que las cosas est\u00e9n en paz y en orden; e igualmente que la totalidad del orden dom\u00e9stico se rija conforme a los mandatos de Dios y a los preceptos de la naturaleza; que se respete y practique la religi\u00f3n; que florezca la integridad de las costumbres privadas y p\u00fablicas; que se mantenga inviolada la justicia y que no atenten impunemente unos contra otros; que los ciudadanos crezcan robustos y aptos, si fuera preciso, para ayudar y defender a la patria. Por consiguiente, si alguna vez ocurre que algo amenaza entre el pueblo por tumultos de obreros o por huelgas; que se relajan entre los proletarios los lazos naturales de la familia; que se quebranta entre ellos la religi\u00f3n por no contar con la suficiente holgura para los deberes religiosos; si se plantea en los talleres el peligro para la pureza de las costumbres por la promiscuidad o por otros incentivos de pecado; si la clase patronal oprime a los obreros con cargas injustas o los veja imponi\u00e9ndoles condiciones ofensivas para la persona y dignidad humanas; si da\u00f1a la salud con trabajo excesivo, impropio del sexo o de la edad, en todos estos casos deber\u00e1 intervenir de lleno, dentro de ciertos l\u00edmites, el vigor y la autoridad de las leyes. L\u00edmites determinados por la misma causa que reclama el auxilio de la ley, o sea, que las leyes no deber\u00e1n abarcar ni ir m\u00e1s all\u00e1 de lo que requieren el remedio de los males o la evitaci\u00f3n del peligro.<\/p>\n<p><b>27.<\/b> Los derechos, sean de quien fueren, habr\u00e1n de respetarse inviolablemente; y para que cada uno disfrute del suyo deber\u00e1 proveer el poder civil, impidiendo o castigando las injurias. S\u00f3lo que en la protecci\u00f3n de los derechos individuales se habr\u00e1 de mirar principalmente por los d\u00e9biles y los pobres. La gente rica, protegida por sus propios recursos, necesita menos de la tutela p\u00fablica; la clase humilde, por el contrario, carente de todo recurso, se conf\u00eda principalmente al patrocinio del Estado. \u00c9ste deber\u00e1, por consiguiente, rodear de singulares cuidados y providencia a los asalariados, que se cuentan entre la muchedumbre desvalida.<\/p>\n<p><b>28.<\/b> Pero quedan por tratar todav\u00eda detalladamente algunos puntos de mayor importancia. El principal es que debe asegurar las posesiones privadas con el imperio y fuerza de las leyes. Y principal\u00edsimamente deber\u00e1 mantenerse a la plebe dentro de los l\u00edmites del deber, en medio de un ya tal desenfreno de ambiciones; porque, si bien se concede la aspiraci\u00f3n a mejorar, sin que oponga reparos la justicia, s\u00ed veda \u00e9sta, y tampoco autoriza la propia raz\u00f3n del bien com\u00fan, quitar a otro lo que es suyo o, bajo capa de una pretendida igualdad, caer sobre las fortunas ajenas. Ciertamente, la mayor parte de los obreros prefieren mejorar mediante el trabajo honrado sin perjuicio de nadie; se cuenta, sin embargo, no pocos, imbuidos de perversas doctrinas y deseosos de revoluci\u00f3n, que pretenden por todos los medios concitar a las turbas y lanzar a los dem\u00e1s a la violencia. Intervenga, por tanto, la autoridad del Estado y, frenando a los agitadores, aleje la corrupci\u00f3n de las costumbres de los obreros y el peligro de las rapi\u00f1as de los leg\u00edtimos due\u00f1os.<\/p>\n<p><b>29.<\/b> El trabajo demasiado largo o pesado y la opini\u00f3n de que el salario es poco dan pie con frecuencia a los obreros para entregarse a la huelga y al ocio voluntario. A este mal frecuente y grave se ha de poner remedio p\u00fablicamente, pues esta clase de huelga perjudica no s\u00f3lo a los patronos y a los mismos obreros, sino tambi\u00e9n al comercio y a los intereses p\u00fablicos; y como no escasean la violencia y los tumultos, con frecuencia ponen en peligro la tranquilidad p\u00fablica. En lo cual, lo m\u00e1s eficaz y saludable es anticiparse con la autoridad de las leyes e impedir que pueda brotar el mal, removiendo a tiempo las causas de donde parezca que habr\u00eda de surgir el conflicto entre patronos y obreros.<\/p>\n<p><b>30.<\/b> De igual manera hay muchas cosas en el obrero que se han de tutelar con la protecci\u00f3n del Estado, y, en primer lugar, los bienes del alma, puesto que la vida mortal, aunque buena y deseable, no es, con todo, el fin \u00faltimo para que hemos sido creados, sino tan s\u00f3lo el camino y el instrumento para perfeccionar la vida del alma con el conocimiento de la verdad y el amor del bien. El alma es la que lleva impresa la imagen y semejanza de Dios, en la que reside aquel poder mediante el cual se mand\u00f3 al hombre que dominara sobre las criaturas inferiores y sometiera a su beneficio a las tierras todas y los mares. \u00abLlenad la tierra y sometedla, y dominad a los peces del mar y a las aves del cielo y a todos los animales que se mueven sobre la tierra\u00bb<span id='easy-footnote-23-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-23-121517' title='&lt;i&gt;Gn&lt;\/i&gt; 1,28.'><sup>23<\/sup><\/a><\/span>. En esto son todos los hombres iguales, y nada hay que determine diferencias entre los ricos y los pobres, entre los se\u00f1ores y los operarios, entre los gobernantes y los particulares, \u00abpues uno mismo es el Se\u00f1or de todos\u00bb<span id='easy-footnote-24-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-24-121517' title='&lt;i&gt;Rm&lt;\/i&gt; 10,12.'><sup>24<\/sup><\/a><\/span>. A nadie le est\u00e1 permitido violar impunemente la dignidad humana, de la que Dios mismo dispone con gran reverencia; ni ponerle trabas en la marcha hacia su perfeccionamiento, que lleva a la sempiterna vida de los cielos. M\u00e1s a\u00fan, ni siquiera por voluntad propia puede el hombre ser tratado, en este orden, de una manera inconveniente o someterse a una esclavitud de alma pues no se trata de derechos de que el hombre tenga pleno dominio, sino de deberes para con Dios, y que deben ser guardados puntualmente. De aqu\u00ed se deduce la necesidad de interrumpir las obras y trabajos durante los d\u00edas festivos. Nadie, sin embargo, deber\u00e1 entenderlo como el disfrute de una m\u00e1s larga holganza inoperante, ni menos a\u00fan como una ociosidad, como muchos desean, engendradora de vicios y fomentadora de derroches de dinero, sino justamente del descanso consagrado por la religi\u00f3n. Unido con la religi\u00f3n, el descanso aparta al hombre de los trabajos y de los problemas de la vida diaria, para atraerlo al pensamiento de las cosas celestiales y a rendir a la suprema divinidad el culto justo y debido. Este es, principalmente, el car\u00e1cter y \u00e9sta la causa del descanso de los d\u00edas festivos, que Dios sancion\u00f3 ya en el Viejo Testamento con una ley especial: \u00abAcu\u00e9rdate de santificar el s\u00e1bado\u00bb<span id='easy-footnote-25-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-25-121517' title='&lt;i&gt;Ex&lt;\/i&gt; 20,8.'><sup>25<\/sup><\/a><\/span>, ense\u00f1\u00e1ndolo, adem\u00e1s, con el ejemplo de aquel arcano descanso despu\u00e9s de haber creado al hombre: \u00abDescans\u00f3 el s\u00e9ptimo d\u00eda de toda la obra que hab\u00eda realizado\u00bb<span id='easy-footnote-26-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-26-121517' title='&lt;i&gt;Gn&lt;\/i&gt; 2,2.'><sup>26<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>31.<\/b> Por lo que respecta a la tutela de los bienes del cuerpo y externos, lo primero que se ha de hacer es librar a los pobres obreros de la crueldad de los ambiciosos, que abusan de las personas sin moderaci\u00f3n, como si fueran cosas para su medro personal. O sea, que ni la justicia ni la humanidad toleran la exigencia de un rendimiento tal, que el esp\u00edritu se embote por el exceso de trabajo y al mismo tiempo el cuerpo se rinda a la fatiga. Como todo en la naturaleza del hombre, su eficiencia se halla circunscrita a determinados l\u00edmites, m\u00e1s all\u00e1 de los cuales no se puede pasar. Cierto que se agudiza con el ejercicio y la pr\u00e1ctica, pero siempre a condici\u00f3n de que el trabajo se interrumpa de cuando en cuando y se d\u00e9 lugar al descanso.<\/p>\n<p>Se ha de mirar por ello que la jornada diaria no se prolongue m\u00e1s horas de las que permitan las fuerzas. Ahora bien: cu\u00e1nto deba ser el intervalo dedicado al descanso, lo determinar\u00e1n la clase de trabajo, las circunstancias de tiempo y lugar y la condici\u00f3n misma de los operarios. La dureza del trabajo de los que se ocupan en sacar piedras en las canteras o en minas de hierro, cobre y otras cosas de esta \u00edndole, ha de ser compensada con la brevedad de la duraci\u00f3n, pues requiere mucho m\u00e1s esfuerzo que otros y es peligroso para la salud.<\/p>\n<p>Hay que tener en cuenta igualmente las \u00e9pocas del a\u00f1o, pues ocurre con frecuencia que un trabajo f\u00e1cilmente soportable en una estaci\u00f3n es insufrible en otra o no puede realizarse sino con grandes dificultades. Finalmente, lo que puede hacer y soportar un hombre adulto y robusto no se le puede exigir a una mujer o a un ni\u00f1o. Y, en cuanto a los ni\u00f1os, se ha de evitar cuidadosamente y sobre todo que entren en talleres antes de que la edad haya dado el suficiente desarrollo a su cuerpo, a su inteligencia y a su alma. Puesto que la actividad precoz agosta, como a las hierbas tiernas, las fuerzas que brotan de la infancia, con lo que la constituci\u00f3n de la ni\u00f1ez vendr\u00eda a destruirse por completo. Igualmente, hay oficios menos aptos para la mujer, nacida para las labores dom\u00e9sticas; labores \u00e9stas que no s\u00f3lo protegen sobremanera el decoro femenino, sino que responden por naturaleza a la educaci\u00f3n de los hijos y a la prosperidad de la familia. Establ\u00e9zcase en general que se d\u00e9 a los obreros todo el reposo necesario para que recuperen las energ\u00edas consumidas en el trabajo, puesto que el descanso debe restaurar las fuerzas gastadas por el uso. En todo contrato concluido entre patronos y obreros debe contenerse siempre esta condici\u00f3n expresa o t\u00e1cita: que se provea a uno y otro tipo de descanso, pues no ser\u00eda honesto pactar lo contrario, ya que a nadie es l\u00edcito exigir ni prometer el abandono de las obligaciones que el hombre tiene para con Dios o para consigo mismo.<\/p>\n<p><b>32.<\/b> Atacamos aqu\u00ed un asunto de la mayor importancia, y que debe ser entendido rectamente para que no se peque por ninguna de las partes. A saber: que es establecida la cuant\u00eda del salario por libre consentimiento, y, seg\u00fan eso, pagado el salario convenido, parece que el patrono ha cumplido por su parte y que nada m\u00e1s debe. Que procede injustamente el patrono s\u00f3lo cuando se niega a pagar el sueldo pactado, y el obrero s\u00f3lo cuando no rinde el trabajo que se estipul\u00f3; que en estos casos es justo que intervenga el poder pol\u00edtico, pero nada m\u00e1s que para poner a salvo el derecho de cada uno. Un juez equitativo que atienda a la realidad de las cosas no asentir\u00e1 f\u00e1cilmente ni en su totalidad a esta argumentaci\u00f3n, pues no es completa en todas sus partes; le falta algo de verdadera importancia.<\/p>\n<p>Trabajar es ocuparse en hacer algo con el objeto de adquirir las cosas necesarias para los usos diversos de la vida y, sobre todo, para la propia conservaci\u00f3n: \u00abTe ganar\u00e1s el pan con el sudor de tu frente\u00bb<span id='easy-footnote-27-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-27-121517' title='&lt;i&gt;Gn&lt;\/i&gt; 3,19.'><sup>27<\/sup><\/a><\/span>. Luego el trabajo implica por naturaleza estas dos a modo de notas: que sea personal, en cuanto la energ\u00eda que opera es inherente a la persona y propia en absoluto del que la ejerce y para cuya utilidad le ha sido dada, y que sea necesario, por cuanto el fruto de su trabajo le es necesario al hombre para la defensa de su vida, defensa a que le obliga la naturaleza misma de las cosas, a que hay que plegarse por encima de todo. Pues bien: si se mira el trabajo exclusivamente en su aspecto personal, es indudable que el obrero es libre para pactar por toda retribuci\u00f3n una cantidad corta; trabaja voluntariamente, y puede, por tanto, contentarse voluntariamente con una retribuci\u00f3n exigua o nula. Mas hay que pensar de una manera muy distinta cuando, juntamente con el aspecto personal, se considera el necesario, separable s\u00f3lo conceptualmente del primero, pero no en la realidad. En efecto, conservarse en la vida es obligaci\u00f3n com\u00fan de todo individuo, y es criminoso incumplirla. De aqu\u00ed la necesaria consecuencia del derecho a buscarse cuanto sirve al sustento de la vida, y la posibilidad de lograr esto se la da a cualquier pobre nada m\u00e1s que el sueldo ganado con su trabajo. Pase, pues, que obrero y patrono est\u00e9n libremente de acuerdo sobre lo mismo, y concretamente sobre la cuant\u00eda del salario; queda, sin embargo, latente siempre algo de justicia natural superior y anterior a la libre voluntad de las partes contratantes, a saber: que el salario no debe ser en manera alguna insuficiente para alimentar a un obrero frugal y morigerado. Por tanto, si el obrero, obligado por la necesidad o acosado por el miedo de un mal mayor, acepta, aun no queri\u00e9ndola, una condici\u00f3n m\u00e1s dura, porque la imponen el patrono o el empresario, esto es ciertamente soportar una violencia, contra la cual reclama la justicia. Sin embargo, en estas y otras cuestiones semejantes, como el n\u00famero de horas de la jornada laboral en cada tipo de industria, as\u00ed como las precauciones con que se haya de velar por la salud, especialmente en los lugares de trabajo, para evitar injerencias de la magistratura, sobre todo siendo tan diversas las circunstancias de cosas, tiempos y lugares, ser\u00e1 mejor reservarlas al criterio de las asociaciones de que hablaremos despu\u00e9s, o se buscar\u00e1 otro medio que salvaguarde, como es justo, los derechos de los obreros, interviniendo, si las circunstancias lo pidieren, la autoridad p\u00fablica.<\/p>\n<p><b>33.<\/b> Si el obrero percibe un salario lo suficientemente amplio para sustentarse a s\u00ed mismo, a su mujer y a sus hijos, dado que sea prudente, se inclinar\u00e1 f\u00e1cilmente al ahorro y har\u00e1 lo que parece aconsejar la misma naturaleza: reducir gastos, al objeto de que quede algo con que ir constituyendo un peque\u00f1o patrimonio. Pues ya vimos que la cuesti\u00f3n que tratamos no puede tener una soluci\u00f3n eficaz si no es dando por sentado y aceptado que el derecho de propiedad debe considerarse inviolable. Por ello, las leyes deben favorecer este derecho y proveer, en la medida de lo posible, a que la mayor parte de la masa obrera tenga algo en propiedad. Con ello se obtendr\u00edan notables ventajas, y en primer lugar, sin duda alguna, una m\u00e1s equitativa distribuci\u00f3n de las riquezas.<\/p>\n<p>La violencia de las revoluciones civiles ha dividido a las naciones en dos clases de ciudadanos, abriendo un inmenso abismo entre una y otra. En un lado, la clase poderosa, por rica, que monopoliza la producci\u00f3n y el comercio, aprovechando en su propia comodidad y beneficio toda la potencia productiva de las riquezas, y goza de no poca influencia en la administraci\u00f3n del Estado. En el otro, la multitud desamparada y d\u00e9bil, con el alma lacerada y dispuesta en todo momento al alboroto. Mas, si se llegara prudentemente a despertar el inter\u00e9s de las masas con la esperanza de adquirir algo vinculado con el suelo, poco a poco se ir\u00eda aproximando una clase a la otra al ir ceg\u00e1ndose el abismo entre las extremadas riquezas y la extremada indigencia. Habr\u00eda, adem\u00e1s, mayor abundancia de productos de la tierra. Los hombres, sabiendo que trabajan lo que es suyo, ponen mayor esmero y entusiasmo. Aprenden incluso a amar m\u00e1s a la tierra cultivada por sus propias manos, de la que esperan no s\u00f3lo el sustento, sino tambi\u00e9n una cierta holgura econ\u00f3mica para s\u00ed y para los suyos. No hay nadie que deje de ver lo mucho que importa este entusiasmo de la voluntad para la abundancia de productos y para el incremento de las riquezas de la sociedad. De todo lo cual se originar\u00e1 otro tercer provecho, consistente en que los hombres sentir\u00e1n f\u00e1cilmente apego a la tierra en que han nacido y visto la primera luz, y no cambiar\u00e1n su patria por una tierra extra\u00f1a si la patria les da la posibilidad de vivir desahogadamente. Sin embargo, estas ventajas no podr\u00e1n obtenerse sino con la condici\u00f3n de que la propiedad privada no se vea absorbida por la dureza de los tributos e impuestos. El derecho de poseer bienes en privado no ha sido dado por la ley, sino por la naturaleza, y, por tanto, la autoridad p\u00fablica no puede abolirlo, sino solamente moderar su uso y compaginarlo con el bien com\u00fan. Proceder\u00eda, por consiguiente, de una manera injusta e inhumana si exigiera de los bienes privados m\u00e1s de lo que es justo bajo raz\u00f3n de tributos.<\/p>\n<p><b>34.<\/b> Finalmente, los mismos patronos y obreros pueden hacer mucho en esta cuesti\u00f3n, esto es, con esas instituciones mediante las cuales atender convenientemente a los necesitados y acercar m\u00e1s una clase a la otra. Entre las de su g\u00e9nero deben citarse las sociedades de socorros mutuos; entidades diversas instituidas por la previsi\u00f3n de los particulares para proteger a los obreros, amparar a sus viudas e hijos en los imprevistos, enfermedades y cualquier accidente propio de las cosas humanas; los patronatos fundados para cuidar de los ni\u00f1os, ni\u00f1as, j\u00f3venes y ancianos. Pero el lugar preferente lo ocupan las sociedades de obreros, que comprenden en s\u00ed todas las dem\u00e1s. Los gremios de artesanos reportaron durante mucho tiempo grandes beneficios a nuestros antepasados. En efecto, no s\u00f3lo trajeron grandes ventajas para los obreros, sino tambi\u00e9n a las artes mismas un desarrollo y esplendor atestiguado por numerosos monumentos. Es preciso que los gremios se adapten a las condiciones actuales de edad m\u00e1s culta, con costumbres nuevas y con m\u00e1s exigencias de vida cotidiana. Es grato encontrarse con que constantemente se est\u00e1n constituyendo asociaciones de este g\u00e9nero, de obreros solamente o mixtas de las dos clases; es de desear que crezcan en n\u00famero y eficiencia. Y, aunque hemos hablado m\u00e1s de una vez de ellas, Nos sentimos agrado en manifestar aqu\u00ed que son muy convenientes y que las asiste pleno derecho, as\u00ed como hablar sobre su reglamentaci\u00f3n y cometido.<\/p>\n<p><b>35.<\/b> La reconocida cortedad de las fuerzas humanas aconseja e impele al hombre a buscarse el apoyo de los dem\u00e1s. De las Sagradas Escrituras es esta sentencia: \u00abEs mejor que est\u00e9n dos que uno solo; tendr\u00e1n la ventaja de la uni\u00f3n. Si el uno cae, ser\u00e1 levantado por el otro. \u00a1Ay del que est\u00e1 solo, pues, si cae, no tendr\u00e1 quien lo levante!\u00bb<span id='easy-footnote-28-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-28-121517' title='&lt;i&gt;Ecl&lt;\/i&gt; 4,9-12.'><sup>28<\/sup><\/a><\/span>. Y tambi\u00e9n esta otra: \u00abEl hermano, ayudado por su hermano, es como una ciudad fortificada\u00bb<span id='easy-footnote-29-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-29-121517' title='&lt;i&gt;Pro&lt;\/i&gt; 18,19.'><sup>29<\/sup><\/a><\/span>. En virtud de esta propensi\u00f3n natural, el hombre, igual que es llevado a constituir la sociedad civil, busca la formaci\u00f3n de otras sociedades entre ciudadanos, peque\u00f1as e imperfectas, es verdad, pero de todos modos sociedades. Entre \u00e9stas y la sociedad civil median grandes diferencias por causas diversas. El fin establecido para la sociedad civil alcanza a todos, en cuanto que persigue el bien com\u00fan, del cual es justo que participen todos y cada uno seg\u00fan la proporci\u00f3n debida. Por esto, dicha sociedad recibe el nombre de p\u00fablica, pues mediante ella se unen los hombres entre s\u00ed para constituir un pueblo (o naci\u00f3n)<span id='easy-footnote-30-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-30-121517' title='Santo Tom\u00e1s, &lt;i&gt;Contra los que impugnan el culto de Dios y la religi\u00f3n &lt;\/i&gt;c. II.'><sup>30<\/sup><\/a><\/span>. Las que se forman, por el contrario, dir\u00edamos en su seno, se consideran y son sociedades privadas, ya que su finalidad inmediata es el bien privado de sus miembros exclusivamente. \u00abEs sociedad privada, en cambio, la que se constituye con miras a alg\u00fan negocio privado, como cuando dos o tres se asocian para comerciar unido\u00bb<span id='easy-footnote-31-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-31-121517' title='&lt;i&gt;Ib\u00edd.&lt;\/i&gt;'><sup>31<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Ahora bien: aunque las sociedades privadas se den dentro de la sociedad civil y sean como otras tantas partes suyas, hablando en t\u00e9rminos generales y de por s\u00ed, no est\u00e1 en poder del Estado impedir su existencia, ya que el constituir sociedades privadas es derecho concedido al hombre por la ley natural, y la sociedad civil ha sido instituida para garantizar el derecho natural y no para conculcarlo; y, si prohibiera a los ciudadanos la constituci\u00f3n de sociedades, obrar\u00eda en abierta pugna consigo misma, puesto que tanto ella como las sociedades privadas nacen del mismo principio: que los hombres son sociables por naturaleza. Pero concurren a veces circunstancias en que es justo que las leyes se opongan a asociaciones de ese tipo; por ejemplo, si se pretendiera como finalidad algo que est\u00e9 en clara oposici\u00f3n con la honradez, con la justicia o abiertamente da\u00f1e a la salud p\u00fablica. En tales casos, el poder del Estado proh\u00edbe, con justa raz\u00f3n, que se formen, y con igual derecho las disuelve cuando se han formado; pero habr\u00e1 de proceder con toda cautela, no sea que viole los derechos de los ciudadanos o establezca, bajo apariencia de utilidad p\u00fablica, algo que la raz\u00f3n no apruebe, ya que las leyes han de ser obedecidas s\u00f3lo en cuanto est\u00e9n conformes con la recta raz\u00f3n y con la ley eterna de Dios<span id='easy-footnote-32-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-32-121517' title='\u00abLa ley humana en tanto tiene raz\u00f3n de ley en cuanto est\u00e1 conforme con la recta raz\u00f3n y, seg\u00fan esto, es manifiesto que se deriva de la ley eterna. Pero en cuanto se aparta de la raz\u00f3n, se llama ley inicua, y entonces no tiene raz\u00f3n de ley, sino m\u00e1s bien de una violencia\u00bb (Santo Tom\u00e1s, I-II q. 13 a. 3).'><sup>32<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>36.<\/b> Recordamos aqu\u00ed las diversas corporaciones, congregaciones y \u00f3rdenes religiosas instituidas por la autoridad de la Iglesia y la piadosa voluntad de los fieles; la historia habla muy alto de los grandes beneficios que reportaron siempre a la humanidad sociedades de esta \u00edndole, al juicio de la sola raz\u00f3n, puesto que, instituidas con una finalidad honesta, es evidente que se han constituido conforme a derecho natural y que en lo que tienen de religi\u00f3n est\u00e1n sometidas exclusivamente a la potestad de la Iglesia. Por consiguiente, las autoridades civiles no pueden arrogarse ning\u00fan derecho sobre ellas ni pueden en justicia alzarse con la administraci\u00f3n de las mismas; antes bien, el Estado tiene el deber de respetarlas, conservarlas y, si se diera el caso, defenderlas de toda injuria. Lo cual, sin embargo, vemos que se hace muy al contrario especialmente en los tiempos actuales: Son muchos los lugares en que los poderes p\u00fablicos han violado comunidades de esta \u00edndole, y con m\u00faltiples injurias, ya asfixi\u00e1ndolas con el dogal de sus leyes civiles, ya despoj\u00e1ndolas de su leg\u00edtimo derecho de personas morales o despoj\u00e1ndolas de sus bienes. Bienes en que ten\u00eda su derecho la Iglesia, el suyo cada uno de los miembros de tales comunidades, el suyo tambi\u00e9n quienes las hab\u00edan consagrado a una determinada finalidad y el suyo, finalmente, todos aqu\u00e9llos a cuya utilidad y consuelo hab\u00edan sido destinadas. Nos no podemos menos de quejarnos, por todo ello, de estos expolios injustos y nocivos, tanto m\u00e1s cuanto que se proh\u00edben las asociaciones de hombres cat\u00f3licos, por dem\u00e1s pac\u00edficos y beneficiosos para todos los \u00f3rdenes sociales, precisamente cuando se proclama la licitud ante la ley del derecho de asociaci\u00f3n y se da, en cambio, esa facultad, ciertamente sin limitaciones, a hombres que agitan prop\u00f3sitos destructores juntamente de la religi\u00f3n y del Estado.<\/p>\n<p><b>37.<\/b> Efectivamente, el n\u00famero de las m\u00e1s diversas asociaciones, principalmente de obreros, es en la actualidad mucho mayor que en otros tiempos. No es lugar indicado \u00e9ste para estudiar el origen de muchas de ellas, qu\u00e9 pretenden, qu\u00e9 camino siguen. Existe, no obstante, la opini\u00f3n, confirmada por m\u00faltiples observaciones, de que en la mayor parte de los casos est\u00e1n dirigidas por jefes ocultos, los cuales imponen una disciplina no conforme con el nombre cristiano ni con la salud p\u00fablica; acaparada la totalidad de las fuentes de producci\u00f3n, proceden de tal modo, que hacen pagar con la miseria a cuantos reh\u00fasan asociarse con ellos. En este estado de cosas, los obreros cristianos se ven ante la alternativa o de inscribirse en asociaciones de las que cabe temer peligros para la religi\u00f3n, o constituir entre s\u00ed sus propias sociedades, aunando de este modo sus energ\u00edas para liberarse valientemente de esa injusta e insoportable opresi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 duda cabe de que cuantos no quieran exponer a un peligro cierto el supremo bien del hombre habr\u00e1n de optar sin vacilaciones por esta segunda postura?<\/p>\n<p><b>38.<\/b> Son dignos de encomio, ciertamente, muchos de los nuestros que, examinando concienzudamente lo que piden los tiempos, experimentan y ensayan los medios de mejorar a los obreros con oficios honestos. Tomado a pecho el patrocinio de los mismos, se afanan en aumentar su prosperidad tanto familiar como individual; de moderar igualmente, con la justicia, las relaciones entre obreros y patronos; de formar y robustecer en unos y otros la conciencia del deber y la observancia de los preceptos evang\u00e9licos, que, apartando al hombre de todo exceso, impiden que se rompan los l\u00edmites de la moderaci\u00f3n y defienden la armon\u00eda entre personas y cosas de tan distinta condici\u00f3n. Vemos por esta raz\u00f3n que con frecuencia se congregan en un mismo lugar hombres egregios para comunicarse sus inquietudes, para coadunar sus fuerzas y para llevar a la realidad lo que se estime m\u00e1s conveniente. Otros se dedican a encuadrar en eficaces organizaciones a los obreros, ayud\u00e1ndolos de palabra y de hecho y procurando que no les falte un trabajo honesto y productivo. Suman su entusiasmo y prodigan su protecci\u00f3n los obispos, y, bajo su autoridad y dependencia, otros muchos de ambos cleros cuidan celosamente del cultivo del esp\u00edritu en los asociados. Finalmente, no faltan cat\u00f3licos de copiosas fortunas que, uni\u00e9ndose voluntariamente a los asalariados, se esfuerzan en fundar y propagar estas asociaciones con su generosa aportaci\u00f3n econ\u00f3mica, y con ayuda de las cuales pueden los obreros f\u00e1cilmente procurarse no s\u00f3lo los bienes presentes, sino tambi\u00e9n asegurarse con su trabajo un honesto descanso futuro. Cu\u00e1nto haya contribuido tan m\u00faltiple y entusiasta diligencia al bien com\u00fan, es demasiado conocido para que sea necesario repetirlo. De aqu\u00ed que Nos podamos alentar sanas esperanzas para el futuro, siempre que estas asociaciones se incrementen de continuo y se organicen con prudente moderaci\u00f3n. Proteja el Estado estas asociaciones de ciudadanos, unidos con pleno derecho; pero no se inmiscuya en su constituci\u00f3n interna ni en su r\u00e9gimen de vida; el movimiento vital es producido por un principio interno, y f\u00e1cilmente se destruye con la injerencia del exterior.<\/p>\n<p><b>39.<\/b> Efectivamente, se necesita moderaci\u00f3n y disciplina prudente para que se produzca el acuerdo y la unanimidad de voluntades en la acci\u00f3n. Por ello, si los ciudadanos tienen el libre derecho de asociarse, como as\u00ed es en efecto, tienen igualmente el derecho de elegir libremente aquella organizaci\u00f3n y aquellas leyes que estimen m\u00e1s conducentes al fin que se han propuesto. Nos estimamos que no puede determinarse con reglas concretas y definidas cu\u00e1l haya de ser en cada lugar la organizaci\u00f3n y leyes de las sociedades a que aludimos, puesto que han de establecerse conforme a la \u00edndole de cada pueblo, a la experiencia y a las costumbres, a la clase y efectividad de los trabajos, al desarrollo del comercio y a otras circunstancias de cosas y de tiempos, que se han de sopesar con toda prudencia. En principio, se ha de establecer como ley general y perpetua que las asociaciones de obreros se han de constituir y gobernar de tal modo que proporcionen los medios m\u00e1s id\u00f3neos y convenientes para el fin que se proponen, consistente en que cada miembro de la sociedad consiga, en la medida de lo posible, un aumento de los bienes del cuerpo, del alma y de la familia. Pero es evidente que se ha de tender, como fin principal, a la perfecci\u00f3n de la piedad y de las costumbres, y asimismo que a este fin habr\u00e1 de encaminarse toda la disciplina social. De lo contrario, degenerar\u00eda y no aventajar\u00edan mucho a ese tipo de asociaciones en que no suele contar para nada ninguna raz\u00f3n religiosa. Por lo dem\u00e1s, \u00bfde qu\u00e9 le servir\u00eda al obrero haber conseguido, a trav\u00e9s de la asociaci\u00f3n, abundancia de cosas, si peligra la salvaci\u00f3n de su alma por falta del alimento adecuado? \u00ab\u00bfQu\u00e9 aprovecha al hombre conquistar el mundo entero si pierde su alma?\u00bb<span id='easy-footnote-33-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-33-121517' title='&lt;i&gt;Mt&lt;\/i&gt; 16,26.'><sup>33<\/sup><\/a><\/span>. Cristo nuestro Se\u00f1or ense\u00f1a que la nota caracter\u00edstica por la cual se distinga a un cristiano de un gentil debe ser \u00e9sa precisamente: \u00abEso lo buscan todas las gentes&#8230; Vosotros buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo dem\u00e1s se os dar\u00e1 por a\u00f1adidura\u00bb<span id='easy-footnote-34-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-34-121517' title='&lt;i&gt;Mt &lt;\/i&gt;6,32-33.'><sup>34<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Aceptados, pues, los principios divinos, d\u00e9sele un gran valor a la instrucci\u00f3n religiosa, de modo que cada uno conozca sus obligaciones para con Dios; que sepa lo que ha de creer, lo que ha esperar y lo que ha de hacer para su salvaci\u00f3n eterna; y se ha de cuidar celosamente de fortalecerlos contra los errores de ciertas opiniones y contra las diversas corruptelas del vicio. \u00ednstese, inc\u00edtese a los obreros al culto de Dios y a la afici\u00f3n a la piedad; sobre todo a velar por el cumplimiento de la obligaci\u00f3n de los d\u00edas festivos. Que aprendan a amar y reverenciar a la Iglesia, madre com\u00fan de todos, e igualmente a cumplir sus preceptos y frecuentar los sacramentos, que son los instrumentos divinos de purificaci\u00f3n y santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>40.<\/b> Puesto el fundamento de las leyes sociales en la religi\u00f3n, el camino queda expedito para establecer las mutuas relaciones entre los asociados, para llegar a sociedades pac\u00edficas y a un floreciente bienestar. Los cargos en las asociaciones se otorgar\u00e1n en conformidad con los intereses comunes, de tal modo que la disparidad de criterios no reste unanimidad a las resoluciones. Interesa mucho para este fin distribuir las cargas con prudencia y determinarlas con claridad para no quebrantar derechos de nadie. Lo com\u00fan debe administrarse con toda integridad, de modo que la cuant\u00eda del socorro est\u00e9 determinada por la necesidad de cada uno; que los derechos y deberes de los patronos se conjuguen arm\u00f3nicamente con los derechos y deberes de los obreros. Si alguna de las clases estima que se perjudica en algo su derecho, nada es m\u00e1s de desear como que se designe a varones prudentes e \u00edntegros de la misma corporaci\u00f3n, mediante cuyo arbitrio las mismas leyes sociales manden que se resuelva la lid. Tambi\u00e9n se ha de proveer diligentemente que en ning\u00fan momento falte al obrero abundancia de trabajo y que se establezca una aportaci\u00f3n con que poder subvenir a las necesidades de cada uno, tanto en los casos de accidentes fortuitos de la industria cuanto en la enfermedad, en la vejez y en cualquier infortunio. Con estos principios, con tal de que se los acepte de buena voluntad, se habr\u00e1 provisto bastante para el bienestar y la tutela de los d\u00e9biles, y las asociaciones cat\u00f3licas ser\u00e1n consideradas de no peque\u00f1a importancia para la prosperidad de las naciones.<\/p>\n<p>Por los eventos pasados prevemos sin temeridad los futuros. Las edades se suceden unas a otras, pero la semejanza de sus hechos es admirable, ya que se rigen por la providencia de Dios, que gobierna y encauza la continuidad y sucesi\u00f3n de las cosas a la finalidad que se propuso al crear el humano linaje. Sabemos que se consideraba ominoso para los cristianos de la Iglesia naciente el que la mayor parte viviera de limosnas o del trabajo. Pero, desprovistos de riquezas y de poder, lograron, no obstante, ganarse plenamente la simpat\u00eda de los ricos y se atrajeron el valimiento de los poderosos. Pod\u00eda v\u00e9rseles diligentes, laboriosos, pac\u00edficos, firmes en el ejemplo de la caridad. Ante un espect\u00e1culo tal de vida y costumbres, se desvaneci\u00f3 todo prejuicio, se call\u00f3 la maledicencia de los malvados y las ficciones de la antigua idolatr\u00eda cedieron poco a poco ante la doctrina cristiana.<\/p>\n<p>Actualmente se discute sobre la situaci\u00f3n de los obreros; interesa sobremanera al Estado que la pol\u00e9mica se resuelva conforme a la raz\u00f3n o no. Pero se resolver\u00e1 f\u00e1cilmente conforme a la raz\u00f3n por los obreros cristianos si, asociados y bajo la direcci\u00f3n de jefes prudentes, emprenden el mismo camino que siguieron nuestros padres y mayores, con singular beneficio suyo y p\u00fablico. Pues, aun siendo grande en el hombre el influjo de los prejuicios y de las pasiones, a no ser que la mala voluntad haya embotado el sentido de lo honesto, la benevolencia de los ciudadanos se mostrar\u00e1 indudablemente m\u00e1s inclinada hacia los que vean m\u00e1s trabajadores y modestos, los cuales consta que anteponen la justicia al lucro y el cumplimiento del deber a toda otra raz\u00f3n. De lo que se seguir\u00e1, adem\u00e1s, otra ventaja: que se dar\u00e1 una esperanza y una oportunidad de enmienda no peque\u00f1a a aquellos obreros que viven en el m\u00e1s completo abandono de la fe cristiana o siguiendo unas costumbres ajenas a la profesi\u00f3n de la misma. \u00c9stos, indudablemente, se dan cuenta con frecuencia de que han sido enga\u00f1ados por una falsa esperanza o por la fingida apariencia de las cosas. Pues ven que han sido tratados inhumanamente por patronos ambiciosos y que apenas se los ha considerado en m\u00e1s que el beneficio que reportaban con su trabajo, e igualmente de que en las sociedades a que se hab\u00edan adscrito, en vez de caridad y de amor, lo que hab\u00eda eran discordias internas, compa\u00f1eras inseparables de la pobreza petulante e incr\u00e9dula. Deca\u00eddo el \u00e1nimo, extenuado el cuerpo, muchos querr\u00edan verse libres de una tan vil esclavitud, pero no se atreven o por verg\u00fcenza o por miedo a la miseria. Ahora bien: a todos \u00e9stos podr\u00edan beneficiar de una manera admirable las asociaciones cat\u00f3licas si atrajeran a su seno a los que fluct\u00faan, allanando las dificultades; si acogieran bajo su protecci\u00f3n a los que vuelven a la fe.<\/p>\n<p><b>41.<\/b> Ten\u00e9is, venerables hermanos, ah\u00ed qui\u00e9nes y de qu\u00e9 manera han de laborar en esta cuesti\u00f3n tan dif\u00edcil. Que se ci\u00f1a cada cual a la parte que le corresponde, y con presteza suma, no sea que un mal de tanta magnitud se haga incurable por la demora del remedio. Apliquen la providencia de las leyes y de las instituciones los que gobiernan las naciones; recuerden sus deberes los ricos y patronos; esfu\u00e9rcense razonablemente los proletarios, de cuya causa se trata; y, como dijimos al principio, puesto que la religi\u00f3n es la \u00fanica que puede curar radicalmente el mal, todos deben laborar para que se restauren las costumbres cristianas, sin las cuales aun las mismas medidas de prudencia que se estiman adecuadas servir\u00edan muy poco en orden a la soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo que respecta a la Iglesia, nunca ni bajo ning\u00fan aspecto regatear\u00e1 su esfuerzo, prestando una ayuda tanto mayor cuanto mayor sea la libertad con que cuente en su acci\u00f3n; y tomen nota especialmente de esto los que tienen a su cargo velar por la salud p\u00fablica. Canalicen hacia esto todas las fuerzas del esp\u00edritu y su competencia los ministros sagrados y, precedidos por vosotros, venerables hermanos, con vuestra autoridad y vuestro ejemplo, no cesen de inculcar en todos los hombres de cualquier clase social las m\u00e1ximas de vida tomadas del Evangelio; que luchen con todas las fuerzas a su alcance por la salvaci\u00f3n de los pueblos y que, sobre todo, se afanen por conservar en s\u00ed mismos e inculcar en los dem\u00e1s, desde los m\u00e1s altos hasta los m\u00e1s humildes, la caridad, se\u00f1ora y reina de todas las virtudes. Ya que la ansiada soluci\u00f3n se ha de esperar principalmente de una gran efusi\u00f3n de la caridad, de la caridad cristiana entendemos, que compendia en s\u00ed toda la ley del Evangelio, y que, dispuesta en todo momento a entregarse por el bien de los dem\u00e1s, es el ant\u00eddoto m\u00e1s seguro contra la insolvencia y el ego\u00edsmo del mundo, y cuyos rasgos y grados divinos expres\u00f3 el ap\u00f3stol San Pablo en estas palabras: \u00abLa caridad es paciente, es benigna, no se aterra a lo que es suyo; lo sufre todo, lo soporta todo\u00bb<span id='easy-footnote-35-121517' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-rerum-novarum\/#easy-footnote-bottom-35-121517' title='&lt;i&gt;1Co &lt;\/i&gt;13,4-7.'><sup>35<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>42.<\/b> En prenda de los dones divinos y en testimonio de nuestra benevolencia, a cada uno de vosotros, venerables hermanos, y a vuestro clero y pueblo, amant\u00edsimamente en el Se\u00f1or os impartimos la bendici\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p><i>Dada en Roma, junto a San Pedro, el 15 de mayo de 1891, a\u00f1o decimocuarto de nuestro pontificado.<\/i><\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><b>Le\u00f3n<\/b><b> XIII<\/b><\/p>\n<hr \/>\n<h2 align=\"left\">Descarga el Documento completo en formato Word:<\/h2>\n<table border=\"0\" width=\"256\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td>Formato DOC <em>(Microsoft Word):<\/em><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/?dl_id=243\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/vicencianos\/files\/doc.png?resize=256%2C256\" alt=\"DOC\" width=\"256\" height=\"256\" \/><\/a><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 15 de mayo de 1891, el Papa Le\u00f3n XIII lanzaba una enc\u00edclica con el nombre de \u00abRerum novarum\u00bb. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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