{"id":120720,"date":"2022-02-21T08:26:50","date_gmt":"2022-02-21T07:26:50","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=120720"},"modified":"2022-01-05T11:40:48","modified_gmt":"2022-01-05T10:40:48","slug":"la-enciclica-dios-es-amor-mirada-de-conjunto-dios-es-amor-el-corazon-de-la-fe-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-enciclica-dios-es-amor-mirada-de-conjunto-dios-es-amor-el-corazon-de-la-fe-cristiana\/","title":{"rendered":"La enc\u00edclica Dios es amor; mirada de conjunto; el coraz\u00f3n de la fe cristiana"},"content":{"rendered":"<p><em>Los n\u00fameros entre corchetes hacen referencia a los n\u00fameros de la misma Enc\u00edclica.<\/em><\/p>\n<h2>1. Una enc\u00edclica<\/h2>\n<p>Mucho se ha hablado sobre la \u00abprimera\u00bb enc\u00edclica de este Papa. Los medios de comunicaci\u00f3n se encargaron de crear un ambien\u00adte de expectaci\u00f3n en torno a ella. En realidad, \u00bfes algo nuevo? Habr\u00eda que recordar que el Cardenal Ratzinger nos hab\u00eda ofreci\u00addo su pensamiento en multitud de libros y escritos; sobre todo desde 1981, en sus largos a\u00f1os en la Curia romana. Y si bien en muchos ambientes, incluso eclesiales, se le miraba con descon\u00adfianza por el puesto de prefecto de la impopular Sagrada Congre\u00adgaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, sorprendi\u00f3 a muchos, cuando despu\u00e9s de una lectura atenta de la enc\u00edclica se nos retrata como un autor muy lejos de ser un inquisidor, como se le lleg\u00f3 a llamar en algunos medios.<\/p>\n<p>El Papa, desde su responsabilidad de pastor supremo, en este texto se examina y examina a la Iglesia en torno a la fidelidad al mensaje de Jes\u00fas.<\/p>\n<h3><i>1.1. En el comienzo de un Pontificado<\/i><\/h3>\n<p>\u00bfEs program\u00e1tica esta enc\u00edclica? A parte de la man\u00eda de que\u00adrer encasillar siempre la cosas (\u00bfpor qu\u00e9 tiene que ser progra\u00adm\u00e1tica?), habr\u00eda que decir que s\u00ed lo es. Pero no porque el nuevo Papa se invente un programa para su pontificado; sino porque se subraya lo que es esencial en el evangelio de Jes\u00fas y en el devenir de la historia de la Iglesia: que \u00e9sta no tiene justificaci\u00f3n posible si no es para transmitir el mensaje de Jesucristo, la reve\u00adlaci\u00f3n del Amor que es Dios mismo. \u00c9l mismo lo afirma en el pre\u00e1mbulo: \u00abEn mi primera Enc\u00edclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los dem\u00e1s\u00bb [1].Tal vez, conociendo los temas que \u00e9l hab\u00eda tratado en sus escritos y comunicaciones, como la conciencia, la verdad, el bien, la libertad, la democracia&#8230; habr\u00edamos esperado que esos t\u00f3picos constituyesen el cuerpo de su primera enc\u00edclica. Y no fue as\u00ed. Aunque no cabe duda de que quiso poner la base para, desde aqu\u00ed, ofrecemos sus reflexiones sobre estos temas, en enc\u00edclicas o escritos posteriores. La base del Amor sostiene toda la cons\u00adtrucci\u00f3n eclesial, tanto doctrinal como pr\u00e1ctica. \u00abQuisiera preci\u00adsar, dice, \u2014al comienzo de mi pontificado\u2014 algunos puntos esenciales sobre el amor que Dios, de manera misteriosa y gra\u00adtuita, ofrece al hombre y, a la vez, la relaci\u00f3n intr\u00ednseca de dicho amor con la realidad del amor humano\u00bb [1].<\/p>\n<h2>2. Oportunidad<\/h2>\n<p>Aparte de que el tema del Amor constituye el ser del evange\u00adlio y de la vida de la Iglesia, no cabe duda de que su uso se ha degradado hasta niveles muy bajos. La Iglesia y el mundo de nuestros d\u00edas estaban necesitados de una reflexi\u00f3n seria en tomo a este tema, tan fundamental en la vida humana. Es necesario evocar a Pablo en su Primera Carta a los Corintios: \u00abSi no tengo amor, nada soy\u00bb. Los hombres de nuestro tiempo necesitamos caer en la cuenta de esta gran verdad. Benedicto XVI lo sabe, y nos ofrece una reflexi\u00f3n estimulante para que seamos capaces de descubrirlo un poco m\u00e1s.<\/p>\n<h3><i>2.1. \u00bfResponde a inquietudes del momento?<\/i><\/h3>\n<p>En la magistral homil\u00eda que el Cardenal Ratzinger pronunci\u00f3 en la eucarist\u00eda de apertura del c\u00f3nclave nos ofreci\u00f3 la descrip\u00adci\u00f3n de un mundo sumergido en un relativismo nihilista, necesi\u00adtado de ilusi\u00f3n y esperanza. Tal vez esta enc\u00edclica es una especie de respuesta. No cabe duda que trata de abrir horizontes, m\u00e1s que cerrarlos. Y lo hace desde una doctrina positiva y alentadora, la revelaci\u00f3n del Amor, como constitutiva de la felicidad del ser humano. No s\u00e9 en qu\u00e9 medida seremos capaces los seres huma\u00adnos de asimilar estos planteamientos. Pero no cabe duda de que aqu\u00ed est\u00e1 la \u00fanica respuesta a todos los interrogantes, plante\u00e9\u00admoslos, tanto una como los otros, con todos los matices que que\u00adramos.<\/p>\n<h2>3. Objetivo<\/h2>\n<p>En la conclusi\u00f3n de la primera parte, la enc\u00edclica nos ofrece lo que podr\u00eda ser el objetivo de toda la carta, expresado a modo de conclusi\u00f3n de toda la exposici\u00f3n doctrinal anterior: Clarificar el concepto de amor, y sacar consecuencias.<\/p>\n<p>Al hablar de Amor, \u00abno se trata ya de un \u00abmandamiento\u00bb externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros. El amor crece a tra\u00adv\u00e9s del amor. El amor es \u00abdivino\u00bb porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transfor\u00adma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convier\u00adte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea \u00abtodo para todos\u00bb (cfr. 1 Cor 15, 28)\u00bb [18].<\/p>\n<p>El mismo Papa es consciente de que no pretende decirlo todo sobre el Amor: \u00abEl prop\u00f3sito de la Enc\u00edclica no es ofrecer un tra\u00adtado exhaustivo\u00bb [1].<\/p>\n<h3><i>3.1. Construir una Iglesia desde el amor-nuclear<\/i><\/h3>\n<p>La segunda parte de la enc\u00edclica, nos dice el mismo Papa, tiene como objetivo \u00abtratar de c\u00f3mo cumplir de manera eclesial el mandamiento del amor al pr\u00f3jimo\u00bb [1].<\/p>\n<p>La Iglesia, construida desde el Amor revelado en Cristo, debe practicar ese amor. Est\u00e1 fundada sobre el Amor. Sus miembros nacen del descubrimiento o encuentro del Amor. No cabe duda de que el Amor es su fundamento.<\/p>\n<p>El ejercicio del amor al pr\u00f3jimo, enraizado en el Amor de Dios, es una tarea para cada fiel, pero que la comunidad eclesial, en cuanto tal, tambi\u00e9n debe asumir como propia.<\/p>\n<p>Desde sus or\u00edgenes, la Iglesia tuvo conciencia de esta tarea, y tambi\u00e9n de que esta tarea supon\u00eda hacerlo de un modo organizado:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">El amor al pr\u00f3jimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es tambi\u00e9n para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones&#8230; Tambi\u00e9n la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en pr\u00e1ctica el amor. En conse\u00adcuencia, el amor necesita tambi\u00e9n una organizaci\u00f3n, como presu\u00adpuesto para un servicio comunitario ordenado. La Iglesia ha sido consciente de que esta tarea ha tenido una importancia constitu\u00adtiva para ella desde sus comienzos: \u00abLos creyentes viv\u00edan todos unidos y lo ten\u00edan todo en com\u00fan; vend\u00edan sus posesiones y bien\u00ades y lo repart\u00edan entre todos, seg\u00fan la necesidad de cada uno\u00bb (Hch 2, 44-45). Lucas nos relata esto relacion\u00e1ndolo con una especie de definici\u00f3n de la Iglesia, entre cuyos elementos consti\u00adtutivos enumera la adhesi\u00f3n a la \u00abense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles\u00bb, a la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb <i>(koinonia), <\/i>a la \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb y a la \u00aboraci\u00f3n\u00bb (cfr. Hch 2, 42).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">La \u00abcomuni\u00f3n\u00bb <i>(koinonia), <\/i>mencionada inicialmente sin especifi\u00adcar, se concreta despu\u00e9s en los vers\u00edculos antes citados: consiste precisamente en que los creyentes tienen todo en com\u00fan y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres (cfr. tambi\u00e9n Hch 4, 32-37).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">A decir verdad, a medida que la Iglesia se extend\u00eda, resultaba impo\u00adsible mantener esta forma radical de comuni\u00f3n material. Pero el n\u00facleo central ha permanecido: en la comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa [20].<\/p>\n<p>Benedicto XVI nos recuerda un principio incuestionable en la Iglesia, concebida como comunidad de Amor: \u00abEl ejercicio de la caridad se confirm\u00f3 como uno de sus \u00e1mbitos esenciales, junto con la administraci\u00f3n de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor&#8230; pertenece a su esencia, tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra\u00bb [22].<\/p>\n<p>Por eso, las organizaciones caritativas, ampliamente comen\u00adtadas en la segunda parte de la enc\u00edclica, \u00abson un <i>opus proprium <\/i>suyo, un cometido que le es congenial, en el que ella no coope\u00adra colateralmente, sino que act\u00faa como sujeto directamente res\u00adponsable, haciendo algo que corresponde a su naturaleza. La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la cari\u00addad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habr\u00e1 situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, m\u00e1s all\u00e1 de la justicia, tiene y tendr\u00e1 siempre necesidad de amor\u00bb [29].<\/p>\n<h4>3.1.1. Lo m\u00e1s llamativo su an\u00e1lisis del concepto \u00abAmor\u00bb<\/h4>\n<p>Tal vez su reflexi\u00f3n en tomo al concepto de \u00abamor\u00bb, en los diferentes aspectos que suscitan los t\u00e9rminos griegos de <i>eros, phil\u00eda y agap\u00e9, <\/i>con su an\u00e1lisis en tomo a la \u00aber\u00f3tica\u00bb del amor, es lo que m\u00e1s ha sorprendido en el texto de la enc\u00edclica. Por lo menos as\u00ed se ha comentado y escrito.<\/p>\n<p>El Papa nos ayuda a caer en la cuenta de que el agap\u00e9 (amor como donaci\u00f3n) no suprime el eros (amor er\u00f3tico), pues Dios mismo es eros y agap\u00e9. No hay m\u00e1s que recordar, como lo hace el Papa, las im\u00e1genes con que Dios se describe a s\u00ed mismo en los textos b\u00edblicos, especialmente en los profetas, Cantar&#8230;Magistralmente, Benedicto XVI lleva la reflexi\u00f3n en torno a los conceptos hasta aterrizar en la fe b\u00edblica, sin la cual es imposi\u00adble comprender esta tendencia fuerte del coraz\u00f3n humano. La reflexi\u00f3n b\u00edblica no es un postizo respecto al fen\u00f3meno originario del amor. Es la expresi\u00f3n de plenitud de la persona entera, creada y llamada por Dios a alcanzarla en el ejercicio de ese amor. Cuan\u00addo el ser humano lo descubre y lo vive, no cabe duda que llega a la cumbre de su propia humanidad. Los diferentes modos de amar no son irreconciliables, sino m\u00e1s bien todo lo contrario: Integrar\u00adlos supone el gran acierto de la vida humana. Es toda la persona, cuerpo y esp\u00edritu, quien ama. Separar las dimensiones corporal y espiritual del amor, en un sentido u otro, supone destruir el aut\u00e9n\u00adtico amor. E incluso, como dice el Papa, se puede llegar al odio a la corporeidad, a trav\u00e9s de una exaltaci\u00f3n del cuerpo.<\/p>\n<h3>3.2. <i>Sus grandes l\u00edneas<\/i><\/h3>\n<p>El an\u00e1lisis que hace Benedicto XVI del amor como proceso descendente y ascendente marca de alguna manera toda la refle\u00adxi\u00f3n de la enc\u00edclica. Es el Dios que desciende, que se revela, en un amor de donaci\u00f3n. Y es la respuesta, un amor que escala hasta la altura de la misma fuente revelada.<\/p>\n<h4>3.2.1. Experimentar la \u00absorpresa\u00bb del Dios-Amor, revelado en Cristo<\/h4>\n<p>La enc\u00edclica no tiene otro objetivo que recordarnos la inci\u00addencia que debe tener en nuestras vidas la revelaci\u00f3n realizada en Cristo de que Dios es Amor, que no es inalcanzable para nin\u00adg\u00fan hombre, y que nos llama a vivir en ese Amor que es \u00c9l mismo. \u00abLa verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito\u00bb [12]. \u00abPoner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cfr. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta enc\u00edclica: \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn 4, 8). Es all\u00ed, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de all\u00ed se debe definir ahora qu\u00e9 es el amor. Y, desde esa mirada, el cris\u00adtiano encuentra la orientaci\u00f3n de su vivir y de su amar [lb].El amor del que habla es algo que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de una teor\u00eda. Es el encuentro con alguien que nos lo revela en plenitud: <i>Hemos cre\u00eddo en el amor de Dios: <\/i>as\u00ed puede expresar el cristia\u00adno la opci\u00f3n fundamental de su vida.<\/p>\n<p>No se comienza a ser cristiano por una decisi\u00f3n \u00e9tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci\u00f3n decisiva\u00bb [1].<\/p>\n<p>El Papa nos recuerda que es posible vivirlo, porque Dios es visible: \u00abDios no es del todo invisible para nosotros, no ha queda\u00addo fuera de nuestro alcance. Dios nos ha amado primero, dice la citada <i>Carta de Juan <\/i>(cfr. 4, 10), y este amor de Dios ha apareci\u00addo entre nosotros, se ha hecho visible, pues \u00abDios envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico para que vivamos por medio de \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 9)\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDios se ha hecho visible: en Jes\u00fas podemos ver al Padre (cfr. Jn 14, 9). De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, \u00c9l sale a nuestro encuentro, trata de atraemos, llegando hasta la \u00daltima Cena, hasta el Coraz\u00f3n traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que \u00c9l, por la acci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Se\u00f1or tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a trav\u00e9s de los hom\u00adbres en los que \u00c9l se refleja; mediante su Palabra, en los Sacra\u00admentos, especialmente la Eucarist\u00eda. En la liturgia de la Iglesia, en su oraci\u00f3n, en la comunidad viva de los creyentes, experimen\u00adtamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos tambi\u00e9n a reconocerla en nuestra vida cotidiana. \u00c9l nos ha amado primero y sigue am\u00e1ndonos primero; por eso, nos\u00adotros podemos corresponder tambi\u00e9n con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. \u00c9l nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este \u00abantes\u00bb de Dios puede nacer tambi\u00e9n en nosotros el amor como respuesta\u00bb [17].El encuentro con el Hijo, \u00abdepositario de todo el amor del Padre\u00bb (cfr. Mc 1,11), nos abre al conocimiento de Dios en s\u00ed mismo, y de su plan de salvaci\u00f3n para la humanidad. \u00abJuan nos ofrece, por as\u00ed decir, una formulaci\u00f3n sint\u00e9tica de la existencia cristiana: \u00abNosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos cre\u00eddo en \u00e9l\u00bb. <i>Hemos cre\u00eddo en el amor de Dios: <\/i>as\u00ed puede expresar el cristiano la opci\u00f3n fundamental de su vida\u00bb [1].<\/p>\n<h4>3.2.2. Asumir ese amor hasta \u00abencarnarlo\u00bb en el propio ser, por medio del compromiso con el pr\u00f3jimo<\/h4>\n<p>El encuentro con el Dios-Amor nos abre necesariamente al amor de aquellos a quienes Dios ama: podemos ser amigos de los amigos de Dios. Y no s\u00f3lo esto, sino que amar a Dios y amar al pr\u00f3jimo son realidades inseparables.<\/p>\n<p>El amor al pr\u00f3jimo \u00abconsiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo tambi\u00e9n a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto s\u00f3lo puede llevarse a cabo a partir del encuentro \u00edntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comuni\u00f3n de voluntad, llegando a implicar el sentimiento.<\/p>\n<p>Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya s\u00f3lo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo&#8230; Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho m\u00e1s que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que \u00e9l necesita&#8230; Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podr\u00e9 ver siempre en el pr\u00f3jimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en \u00e9l la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la aten\u00adci\u00f3n al otro, queriendo ser s\u00f3lo \u00abpiadoso\u00bb y cumplir con mis \u00abdeberes religiosos\u00bb, se marchita tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con Dios. Ser\u00e1 \u00fanicamente una relaci\u00f3n \u00abcorrecta\u00bb, pero sin amor&#8230; Amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo son inseparables, son un \u00fanico manda\u00admiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero\u00bb [18].<\/p>\n<p>\u00abEl reconocimiento del Dios viviente es una v\u00eda hacia el amor, y el s\u00ed de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto \u00fanico del amor. No obstante, \u00e9ste es un proceso que siempre est\u00e1 en camino: el amor nunca se da por \u00abconcluido\u00bb y completado; se transforma en el curso de la vida, madura y, precisamente por ello, permanece fiel a s\u00ed mismo. <i>Idem velle, idem nolle, <\/i>querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el aut\u00e9ntico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear com\u00fan. La historia de amor entre Dios y el hom\u00adbre consiste precisamente en que esta comuni\u00f3n de voluntad crece en la comuni\u00f3n del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez m\u00e1s: la voluntad de Dios ya no es para m\u00ed algo extra\u00f1o que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi pro\u00adpia voluntad, habiendo experimentado que Dios est\u00e1 m\u00e1s dentro de m\u00ed que lo m\u00e1s \u00edntimo m\u00edo. Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegr\u00eda (cfr. Sal 73 [72], 23-28)\u00bb [17].<\/p>\n<h2>4. Una enc\u00edclica social<\/h2>\n<p>Dios se describe a s\u00ed mismo en el amor de los enamorados, o de los amigos, y sobre todo en el amor compasivo, del que nos recuerda el Papa p\u00e1ginas tan ricas como la par\u00e1bola del buen samaritano. En la base de estos amores encontramos el salir con\u00adtinuamente de uno mismo hacia la entrega generosa a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Indudablemente este modo de entender el amor tiene amplias consecuencias sociales. La caridad es el ejercicio del amor social de la Iglesia, y por eso mismo, es expresi\u00f3n del mismo ser de Dios; y en \u00c9l, en el contenido del misterio trinitario, encuentra su propio ser y expresi\u00f3n.En este sentido el ejercicio del amor es tarea de todos y cada uno de los fieles. [22. 25. 32]. Si el compromiso del amor-social faltase en la Iglesia, dejar\u00eda de ser la Iglesia de Jesucristo. Igual ocurrir\u00eda si faltase el servicio a la palabra y la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero el Papa habla de un compromiso que va m\u00e1s all\u00e1 de las palabras, que tiene que ser precisado en los hechos. Sobre todo le preocupa que el lenguaje del coraz\u00f3n se convierta en aut\u00e9nticas pr\u00e1cticas de amor ante las necesidades de tantos hermanos y her\u00admanas pisoteados en su dignidad. Por eso habla de la \u00abformaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb, es decir, de pr\u00e1cticas concretas de amor y servicio, que sean aut\u00e9nticas experiencias vitales.<\/p>\n<p>Estas experiencias son precisadas por el Papa: el don no debe humillar al que recibe, por eso debemos darnos, no contentarnos con dar cosas [34]. La relaci\u00f3n con el hermano necesitado debe ser horizontal, en humildad [35]. Necesitamos descubrir que \u00abuna eucarist\u00eda que no comporte un ejercicio pr\u00e1ctico de amor es frag\u00admentaria en s\u00ed misma\u00bb [14], ya que \u00abla m\u00edstica del Sacramento tiene un car\u00e1cter social\u00bb [Ib], (\u00abNo puedo tener a Cristo s\u00f3lo para m\u00ed; \u00fanicamente puedo pertenecerle en uni\u00f3n con todos los que son suyos o lo ser\u00e1n\u00bb [Ib] ), y por eso necesitamos cultivar \u00abun amor que se alimente en el encuentro con Cristo\u00bb [12]. \u00abSe entiende, pues, que el agap\u00e9 se haya convertido tambi\u00e9n en un nombre de la Eucarist\u00eda\u00bb [Ib].<\/p>\n<p>Y, sobre todo, es fundamental que toda la Iglesia se siente implicada en el ejercicio de esta caridad social. Por eso la misma Iglesia necesita formar, fomentar y organizar todas las activida\u00addes caritativas posibles para facilitar la implicaci\u00f3n de cada fiel, y sobre todo para acudir en socorro de las necesidades de los necesitados en cualquier parte del mundo.<\/p>\n<p>Junto a esta invitaci\u00f3n al compromiso, y en consecuencia, el Papa hace algunas reflexiones en torno a la justicia social. El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea de la pol\u00ed\u00adtica. Y la Iglesia no debe sustituir al Estado, pues a ella no le corresponde realizar la sociedad m\u00e1s justa posible. Pero no puede quedarse al margen de la lucha por la justicia: Debe for\u00admar en el compromiso, ayudando a abrir la inteligencia al bien com\u00fan, y ayudar a percibir las aut\u00e9nticas exigencias de la justi\u00adcia. Desde la exposici\u00f3n de la fe, debe ser fuerza purificadora para la raz\u00f3n misma.<\/p>\n<p>Recuerda la enc\u00edclica que no hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el ejercicio del amor-servicio. El amor siempre ser\u00e1 necesario, aunque nunca sustituir\u00e1 a la justicia. Lo contrario supondr\u00eda concebir al hombre desde una visi\u00f3n pura\u00admente materialista. Por eso es necesario que el Estado no preten\u00adda regularlo todo, sino que, de acuerdo con el principio de sub\u00adsidiariedad apoye las iniciativas que puedan surgir de otras fuerzas sociales, incluyendo la misma Iglesia.<\/p>\n<h3><i>4.1. \u00bfDoctrinal?<\/i><\/h3>\n<p>No cabe duda de que la enc\u00edclica tiene un gran fondo doctri\u00adnal, pero tal vez su fuerza est\u00e1 en esa fascinante meditaci\u00f3n que nos ofrece sobre el amor, como algo a gustar, a paladear, desde la sabidur\u00eda que el Esp\u00edritu nos regala como un don. Tal vez sea un pensar desde el coraz\u00f3n. No cabe duda que desde ah\u00ed la doc\u00adtrina de la enc\u00edclica se convierte en algo sabroso.<\/p>\n<p>Es tan rico y positivo el contenido de la enc\u00edclica, que una de sus novedades radica en que en toda ella, en contra de lo que parecer\u00eda \u00abl\u00f3gico\u00bb hablando de eros y amor, y en este tipo de documentos, como g\u00e9nero enc\u00edclica, ni una sola vez sale la palabra \u00abpecado\u00bb.<\/p>\n<p>E incluso cuando se razona en torno a doctrinas que, en este tema han tenido, y tienen, una gran influencia en estos tiempos, como el nihilismo nietzscheano, la interpretaci\u00f3n marxista de la historia o el concebir el amor como mercanc\u00eda, no se expresa nin\u00adguna condena de las mismas, al razonarlas; sino que se contrarres\u00adtan con la doctrina cristiana del amor, impulsando a descubrir la doctrina que puede responder a todas las inquietudes del hombre, y proporcionarle la paz y estabilidad con la que puede so\u00f1ar.Este planteamiento est\u00e1 muy claro desde el n\u00famero primero de la Enc\u00edclica: \u00abpuesto que es Dios quien nos ha amado primero (cfr. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es s\u00f3lo un \u00abmandamiento\u00bb, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro\u00bb.<\/p>\n<h2>5. \u00bfPodemos hablar de una enc\u00edclica \u00abvicenciana\u00bb?<\/h2>\n<p>La referencia a Vicente de Pa\u00fal y a Luisa de Marillac, al final de la enc\u00edclica, situ\u00e1ndolos entre los santos que Benedicto XVI propone como \u00abmodelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad\u00bb [40], que encarnan perfecta\u00admente la doctrina expuesta, nos da pie para hablar de una enc\u00ed\u00adclica \u00abvicenciana\u00bb, no s\u00f3lo por el tema, sino porque nuestros Fundadores han encarnado perfectamente lo que la enc\u00edclica trata de comunicarnos.<\/p>\n<h3><i>5.1. \u00bfEs posible una lectura vicenciana de la enc\u00edclica?<\/i><\/h3>\n<p>No s\u00f3lo es posible, sino que es la lectura de nuestra propia vocaci\u00f3n vicenciana, urgida por la Caridad que es Dios mismo. Lo nuestro es <i>hacer lo que el Hijo de Dios hizo, \u00c9l, que vino a poner fuego al mundo a fin de inflamado en su amor <\/i>(XI, 553), o como dice Benedicto XVI, \u00abhacer todo lo que est\u00e1 en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantie\u00adne siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: \u00abNos apremia el amor de Cristo\u00bb (2 Cor 5, 14)\u00bb [35].<\/p>\n<p>San Vicente lo propone, con palabras tan claras, como el caris\u00adma espec\u00edfico de nuestra vocaci\u00f3n: <i>Si tenemos amor, hemos de demostrarlo llevando al pueblo a que ame a Dios y al pr\u00f3jimo, a amar al pr\u00f3jimo por Dios y a Dios por el pr\u00f3jimo. Hemos sido escogidos por Dios como instrumentos de su caridad inmensa y paternal, que desea reinar y ensancharse en las almas. \u00a1Si supi\u00e9\u00adramos lo que es esta entrega tan santa! <\/i>(SVP, XI, 553).No se trata, pues, de amar imitando a nadie, sino de amar como amamos a Dios mismo: \u00abal pr\u00f3jimo por Dios y a Dios por el pr\u00f3jimo\u00bb. No se trata de contemplar la manifestaci\u00f3n de Dios en el mundo, sino de percibir su presencia, la del mismo Dios, y actuar en consecuencia. Hay que saber darle la vuelta a la meda\u00adlla, para ver al Hijo de Dios, como nos dec\u00eda san Vicente. Tal y como lo afirma Benedicto XVI en el comienzo de la carta: \u00abEl coraz\u00f3n de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y tambi\u00e9n la consiguiente imagen del hombre y de su camino\u00bb [11.<\/p>\n<h3><i>5.2. La vivencia del amor vicenciano se corresponde con los pasos sugeridos por la Enc\u00edclica<\/i><\/h3>\n<p>Podr\u00edamos establecer un cierto paralelismo entre las grandes l\u00edneas de la enc\u00edclica, y los puntos clave de la doctrina vicencia\u00adna. Vamos a intentarlo en los cuatro puntos siguientes.<\/p>\n<h4>5.2.1. El encuentro con el Hijo revelador del Amor del Padre<\/h4>\n<p>Para Vicente de Pa\u00fal, la persona de Cristo es la expresi\u00f3n del gran Amor del Padre. Son muchos los lugares donde refleja esta convicci\u00f3n suya, y donde nos invita a asumirla como gu\u00eda en nuestra vida. Tal vez el texto m\u00e1s hermoso sea \u00e9ste:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Miremos al Hijo de Dios: \u00a1qu\u00e9 coraz\u00f3n tan caritativo! \u00a1qu\u00e9 llama de amor! Jes\u00fas m\u00edo, dinos, por favor, qu\u00e9 es lo que te ha sacado del cielo para venir a sufrir la maldici\u00f3n de la tierra y todas las persecuciones y tormentos que has recibido. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Fuente de amor humillado hasta nosotros y hasta un suplicio infame! \u00bfQui\u00e9n ha amado en esto al pr\u00f3jimo m\u00e1s que t\u00fa? Viniste a exponerte a todas nuestras miserias, a tomar la forma de pecador, a llevar una vida de sufrimiento y a padecer por nosotros una muerte ignominiosa; \u00bfhay amor semejante? \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda amar de una forma tan superemi\u00adnente? S\u00f3lo nuestro Se\u00f1or ha podido dejarse arrastrar por el amor a las criaturas hasta dejar el trono de su Padre para venir a tomar un cuerpo sujeto a las debilidades. \u00bfY para qu\u00e9? Para establecer entre nosotros por su ejemplo y su palabra la caridad con el pr\u00f3jimo. Este amor fue el que lo crucific\u00f3 y el que hizo esta obra admirable de nuestra redenci\u00f3n. Hermanos m\u00edos, si tuvi\u00e9ramos un poco de ese amor, \u00bfnos quedar\u00edamos con los brazos cruzados? \u00bfDejar\u00edamos morir a todos esos que podr\u00edamos asistir? No, la caridad no puede permanecer ociosa, sino que nos mueve a la salvaci\u00f3n y al consue\u00adlo de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Este primer acto enciende la luz en el entendimiento; esta luz pro\u00adduce la estima, y la estima mueve la voluntad al amor; hace que la persona que ama tenga el convencimiento de que ha de honrar y amar a su pr\u00f3jimo, que se llene de este sentimiento y lo demuestre en sus palabras y acciones\u00bb (SVP, XI, 555-556).<\/p>\n<p>El encuentro con Jesucristo es siempre un encuentro con el hermano, especialmente con el pobre.<\/p>\n<p>La mirada con la que buscamos a Jesucristo, siempre acaba en el otro; y por eso al otro tratamos de mirarle con la misma mirada que dirigimos a Dios.<\/p>\n<p>Nos lo recuerda Benedicto XVI casi con las mismas palabras de Vicente de Pa\u00fal: \u00abJes\u00fas se identifica con los pobres: los ham\u00adbrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. \u00abCada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25, 40). Amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo se funden entre s\u00ed: en el m\u00e1s humilde encontramos a Jes\u00fas mismo y en Jes\u00fas encontramos a Dios\u00bb [15].<\/p>\n<p>San Vicente le dec\u00eda a las Hermanas: <i>Al servir a los pobres, se sirve a Jesucristo. Hijas m\u00edas, \u00a1cu\u00e1nta verdad es esto! Serv\u00eds a Jesucristo en la persona de los pobres. Y esto es tan verdad como que estamos aqu\u00ed. Una hermana ir\u00e1 diez veces cada d\u00eda a ver a los enfermos, y diez veces cada d\u00eda encontrar\u00e1 en ellos a Dios&#8230; Id a ver a los pobres condenados a cadena perpetua, y en ellos encontrar\u00e9is a Dios; servid a esos ni\u00f1os, y en ellos encon\u00adtrar\u00e9is a Dios. \u00a1Hijas m\u00edas, cu\u00e1n admirable es esto! Vais a unas casas muy pobres, pero all\u00ed encontr\u00e1is a Dios. Hijas m\u00edas, una vez m\u00e1s, \u00a1cu\u00e1n admirable es esto! S\u00ed, Dios acoge con agrado el servicio que hac\u00e9is a esos enfermos y lo considera, como hab\u00e9is dicho, hecho a \u00e9l mismo <\/i>(SVP, IX, 240).<\/p>\n<h4>5.2.2. El encuentro con Jesucristo nos lleva a vivir un programa de Amor: \u00abhacer efectivo el Evangelio\u00bb<\/h4>\n<p>Es la adhesi\u00f3n a la persona de Jes\u00fas, con el gozo que esto comporta, lo que nos lleva a vivir el amor en nuestra propia entrega, como \u00c9l lo hizo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">En primer lugar, se le hubiera podido preguntar al Hijo de Dios: \u00abJ&#8217;ara qu\u00e9 has venido? Para evangelizar a los pobres. Eso es lo que el Padre te orden\u00f3&#8230; Puede decirse que venir a evangelizar a los pobres no se entiende solamente ense\u00f1ar los misterios necesarios para la salvaci\u00f3n&#8230; sino hacer efectivo el evangelio\u00bb (SVP, XI, 391).<\/p>\n<p>Unir las palabras y los hechos es el modo m\u00e1s perfecto de evangelizaci\u00f3n y servicio. As\u00ed lo planteaba san Vicente, cuando, como el Papa, comentaba el cap\u00edtulo 25 de san Mateo.<\/p>\n<p>Por este motivo, su invitaci\u00f3n a vivir este amor en el compro\u00admiso, tiene en Vicente de Pa\u00fal una expresi\u00f3n viva, cargada de emotividad, ya que en ello consiste todo:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Amemos a Dios, hermanos m\u00edos, amemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente. Pues muchas veces los actos de amor de Dios, de complacencia, de benevolencia, y otros semejantes afectos y pr\u00e1cticas interiores de un coraz\u00f3n amante, aunque muy buenos y deseables, resultan sin embargo muy sospechosos, cuando no se llega a la pr\u00e1ctica del amor efectivo: \u00abMi Padre es glorificado, dice nuestro Se\u00f1or, en que deis mucho fruto\u00bb. Hemos de tener mucho cuidado en esto; porque hay muchos que, preocupados de tener un aspecto externo de com\u00adpostura y el interior lleno de grandes sentimientos de Dios, se detie\u00adnen en esto; y cuando se llega a los hechos y se presentan oca\u00adsiones de obrar, se quedan cortos. Se muestran satisfechos de su imaginaci\u00f3n calenturienta, contentos con los dulces coloquios que tienen con Dios en la oraci\u00f3n, hablan casi como los \u00e1ngeles; pero luego, cuando se trata de trabajar por Dios, de sufrir, de mortificar\u00adse, de instruir a los pobres, de ir a buscar a la oveja descarriada, de desear que les falte alguna cosa, de aceptar las enfermedades o cual\u00adquier cosa desagradable, \u00a1ay!, todo se viene abajo y les fallan los \u00e1nimos. No, no nos enga\u00f1emos: <i>Totum opus nostrum in operatione consistit.<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Y esto es tan cierto que el santo ap\u00f3stol nos declara que solamente nuestras obras son las que nos acompa\u00f1an a la otra vida&#8230; La Igle\u00adsia es como una gran mies que requiere obreros, pero obreros que trabajen. No hay nada tan conforme con el evangelio como reunir, por un lado, luz y fuerzas para el alma en la oraci\u00f3n, en la lectura y en el retiro y, por otro lado, ir luego a hacer part\u00edcipes a los hom\u00adbres de este alimento espiritual. Esto es hacer lo que hizo nuestro Se\u00f1or y, despu\u00e9s de \u00e9l, sus ap\u00f3stoles&#8230; Esto es lo que hemos de hacer nosotros y la forma con que hemos de demostrar a Dios con obras que lo amamos. <i>Totum opus nostrum in operatione consistit <\/i>(SVP, XI, 733-734).<\/p>\n<p>No cabe duda de que Vicente de Pa\u00fal lo ten\u00eda muy asimilado. Tanto, que es normal que se exprese con la fuerza con que lo hac\u00eda en el p\u00e1rrafo anterior. En otras ocasiones deja el lirismo, y es m\u00e1s preciso, sobre todo cuando trata de perfilar el ejercicio del amor, en los niveles afectivos y pr\u00e1cticos, que no son m\u00e1s que dos meras distinciones para percibir caracter\u00edsticas distintas e inseparables del mismo y \u00fanico amor.\u00bfEn qu\u00e9 consiste este amor? Amar a alguien, propiamente hablando, es querer su bien. Seg\u00fan esto, amar a nuestro Se\u00f1or es querer que su nombre sea conocido y manifestado a todo el mundo, que reine en la tierra, que se haga su voluntad en la tie\u00adrra como en el cielo.<\/p>\n<p>Pues bien, hay que se\u00f1alar que el amor se divide en afectivo y efec\u00adtivo. El amor afectivo es cierta efusi\u00f3n del amante en el amado, o bien una complacencia y cari\u00f1o que se tiene por la cosa que se ama, como el padre a su hijo, etc\u00e9tera. Y el amor efectivo consiste en hacer las cosas que la persona amada manda o desea; de este amor es del que habla nuestro Se\u00f1or, cuando dice: <i>Si quis diligit me, ser\u00admonem meum servabit <\/i>(SVP, XI, 736).<\/p>\n<h4>5.2.3. La efectividad del Amor est\u00e1 en ejercerlo con un \u00abcoraz\u00f3n formado\u00bb en el talante de Jesucristo<\/h4>\n<p>Con mucha claridad nos lo explica el Papa:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Es posible el amor al pr\u00f3jimo en el sentido enunciado por la Biblia, por Jes\u00fas. Consiste justamente en que, <b>en Dios y con Dios, amo tambi\u00e9n a <\/b>la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto s\u00f3lo puede llevarse a cabo a partir del encuentro \u00edntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comuni\u00f3n de voluntad, lle\u00adgando a implicar el sentimiento.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya s\u00f3lo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. M\u00e1s all\u00e1 de la apariencia exterior del otro des\u00adcubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atenci\u00f3n, que no le hago llegar solamente a trav\u00e9s de las organizaciones encargadas de ello, y acept\u00e1ndolo tal vez por exigencias pol\u00edticas. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho m\u00e1s que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que \u00e9l necesita. En esto se manifiesta la imprescindible interacci\u00f3n entre amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo, de la que habla con tanta insistencia la <i>Primera carta de Juan.<\/i><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podr\u00e9 ver siempre en el pr\u00f3jimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en \u00e9l la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atenci\u00f3n al otro, queriendo ser s\u00f3lo \u00abpiadoso\u00bb y cumplir con mis \u00abdeberes religiosos\u00bb, se marchita tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con Dios. Ser\u00e1 \u00fanicamente una relaci\u00f3n \u00abcorrecta\u00bb, pero sin amor.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">S\u00f3lo mi disponibilidad para ayudar al pr\u00f3jimo, para manifestarle amor, me hace sensible tambi\u00e9n ante Dios. S\u00f3lo el servicio al pr\u00f3\u00adjimo abre mis ojos a lo que Dios hace por m\u00ed y a lo mucho que me ama [18].<\/p>\n<p>La actitud es un concepto en el que insiste Benedicto XVI. No es nada nuevo: recordemos la ense\u00f1anza de Vicente de Pa\u00fal. Pero s\u00ed que resulta aleccionadora la idea de fomentar una aut\u00e9ntica \u00abformaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb, que nos haga ir mucho m\u00e1s all\u00e1 de un servicio profesional, que evidentemente no se puede descuidar:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por <i>C\u00e1ritas <\/i>(diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposici\u00f3n los medios necesarios y, sobre todo, los hom\u00adbres y mujeres que desempe\u00f1an estos cometidos. Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente&#8230; pero por s\u00ed solo no basta. En efec\u00adto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siem\u00adpre algo m\u00e1s que una atenci\u00f3n s\u00f3lo t\u00e9cnicamente correcta. Necesi\u00adtan humanidad. Necesitan atenci\u00f3n cordial. Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limi\u00adtarse a realizar con destreza lo m\u00e1s conveniente en cada momento, sino por su dedicaci\u00f3n al otro con una atenci\u00f3n que sale del cora\u00adz\u00f3n, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, adem\u00e1s de la preparaci\u00f3n profesional, necesitan tambi\u00e9n y sobre todo una \u00abformaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su esp\u00edritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al pr\u00f3jimo ya no sea un mandamiento por as\u00ed decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual act\u00faa por la caridad (cfr. Gal 5, 6) [31 a].<\/p>\n<h4>5.2.4. Una caridad de Iglesia<\/h4>\n<p>Desde los primeros pasos comprometidos de Vicente con la Caridad, tiene la gran preocupaci\u00f3n de una caridad eficaz. Es cierto que le preocupa su organizaci\u00f3n externa, pero mucho m\u00e1s la interna, que no es cuesti\u00f3n de reglamentos o normas, sino de actitudes de esp\u00edritu, tanto colectivas como personales que res\u00adpondan lo m\u00e1s perfectamente posible a lo que debe ser esa expre\u00adsi\u00f3n de encuentro con Jesucristo, y en \u00c9l con el Padre que es Amor. Por eso, no busca primariamente la eficacia, es decir, comunidades que organizan la Caridad, sino construir comunida\u00addes que vivan el Amor que intentan propagar, como reflejo de Dios, y como servicio a los hermanos. La organizaci\u00f3n brotar\u00e1 de la vivencia.<\/p>\n<p>De este modo, el pensamiento de Vicente responde plena\u00admente al modo en que el Santo Padre piensa que debe ser la organizaci\u00f3n de la caridad, como dimensi\u00f3n constitutiva de la Iglesia.<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">\u2014 \u2013 \u2014 \u2013 \u2014<\/p>\n<p>Qued\u00e9monos en lo esencial, parece que nos quiere decir Benedicto XVI a lo largo de todo el texto: Dios es amor, y el hombre fue hecho para ese amor. Nos viene bien a todos recor\u00addarlo. Pero especialmente a los que hicimos la opci\u00f3n por el Amor, como l\u00ednea de vida y entrega a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Al terminar la segunda parte de la Enc\u00edclica, antes de la Con\u00adclusi\u00f3n, Benedicto XVI resume todo su contenido en unas frases muy simples, pero que son toda una declaraci\u00f3n de convicciones que \u00e9l trata de transmitir a la humanidad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en pr\u00e1ctica porque hemos sido creados a imagen de Dios. Vivir el amor y, as\u00ed, llevar la luz de Dios al mundo: a esto quisiera invitar con esta Enc\u00edclica [39].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los n\u00fameros entre corchetes hacen referencia a los n\u00fameros de la misma Enc\u00edclica. 1. Una enc\u00edclica Mucho se ha hablado sobre la \u00abprimera\u00bb enc\u00edclica de este Papa. 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