{"id":119437,"date":"2013-04-08T06:28:09","date_gmt":"2013-04-08T04:28:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=119437"},"modified":"2013-04-08T06:28:09","modified_gmt":"2013-04-08T04:28:09","slug":"los-pobres-son-nuestros-senores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/los-pobres-son-nuestros-senores\/","title":{"rendered":"Los Pobres son nuestros Se\u00f1ores"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/03\/pobreza1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-83937\" alt=\"pobreza\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/03\/pobreza1-300x216.jpg?resize=300%2C216\" width=\"300\" height=\"216\" \/><\/a>He querido tomar de su fundador, san Vicente de Pa\u00fal, el titulo de mi conferencia. El t\u00edtulo que me hab\u00edan propuesto era: \u00ab\u00bfQu\u00e9 tienen que decirnos los pobres, a nosotros y a la Iglesia de hoy?\u00bb Pienso que el mejor mensaje que hoy podemos recibir de los pobres, es Cristo, la presencia de Cristo, la Palabra de Cristo. En el cap\u00edtulo 25 del Evangelio de San Mateo, Cristo se identifica con los pobres, los hambrientos, los enfermos, los extranjeros, los presos\u2026 El ha afirmado que cada vez que nos relacionamos fraternalmente con uno de estos peque\u00f1os a los que ha llamado \u00absus hermanos\u00bb, nos relacionamos con \u00c9l mismo, cualesquiera que sean los rostros de los pobres, tan distintos seg\u00fan sus pa\u00edses de procedencia. Hoy podr\u00edamos a\u00f1adir los rostros actuales que todos encontramos: los \u00absin\u00bb: los sin papeles, sin domicilio fijo, sin hogar, sin familia, las innumerables personas que no pueden seguir en esta sociedad globalizada cuyas mutaciones pol\u00edticas y tecnol\u00f3gicas se aceleran a tal velocidad que deja al margen a un n\u00famero cada vez m\u00e1s asombroso de excluidos.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de todas estas categor\u00edas de pobres tan diversificadas, y cuyos recorridos son tan complejos, nosotros, cristianos, o\u00edmos la \u00fanica palabra de Jes\u00fas, que \u00absiendo rico, se hizo pobre\u00bb para acercarse a nosotros y abrirnos su Reino.<\/p>\n<p>Es esto lo que San Vicente de Pa\u00fal afirmaba cuando dec\u00eda: <i>\u00abNo hemos de considerar a un pobre campesino o a una pobre mujer seg\u00fan su aspecto exterior, ni seg\u00fan la impresi\u00f3n de su esp\u00edritu, dado que con frecuencia no tienen ni la figura ni el esp\u00edritu de las personas educadas, pues son vulgares y groseros. Pero dadle la vuelta a la medalla y ver\u00e9is con las luces de la fe que son \u00e9sos los que nos representan al Hijo de Dios, que quiso ser pobre (1); \u00e9l casi ni ten\u00eda aspecto de hombre en su pasi\u00f3n (2) y pas\u00f3 por loco entre los gentiles y por piedra de esc\u00e1ndalo entre los jud\u00edos<b>\u00bb <\/b><\/i>SV XI-4-165. Sobre el esp\u00edritu de fe. p.725<\/p>\n<p>Me parece importante dedicar tiempo para considerar juntos lo qu\u00e9 nos dice Cristo a trav\u00e9s de los pobres con los que nos encontramos, y preguntarnos a qu\u00e9 camino de conversi\u00f3n profunda nos compromete Cristo, c\u00f3mo nos escoge, c\u00f3mo nos transforma, c\u00f3mo nos altera totalmente.<\/p>\n<p>Har\u00e9 referencia a mi experiencia de capell\u00e1n de prisiones desde hace 30 a\u00f1os. En esto me siento cercano a ustedes ya que san Vicente de Pa\u00fal fue el fundador de los capellanes de prisiones. Me apoyar\u00e9 tambi\u00e9n en mi recorrido como secretario de la Comisi\u00f3n Episcopal de Migraciones entre los a\u00f1os 1992-1998, en la que tuve mucha relaci\u00f3n con los sin papeles que ped\u00edan ser acogidos en una sociedad que los rechazaba y que recurrieron a las iglesias para hacer o\u00edr su grito.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, me gusta contar mis primeros pasos como capell\u00e1n de prisi\u00f3n. Durante mi primera visita a la C\u00e1rcel de Evreux, en cierto modo recib\u00ed, de un joven detenido, mi carta de misi\u00f3n. Este, al saber que yo era el nuevo \u00abcura\u00bb enviado a la c\u00e1rcel, me dijo algo que nunca olvidar\u00e9: \u00abMira, Cura, yo tengo dos c\u00e1rceles: la primera es mi celda, la puerta blindada, los barrotes\u2026 de esa, no s\u00e9 cuando saldr\u00e9. Pero la segunda es la m\u00e1s dura: es el odio que tengo hacia la gente. \u00a1Si t\u00fa consigues liberarme de esta segunda c\u00e1rcel, habr\u00e1s ganado! \u00a1Pero, te aviso, tus problemas no han hecho m\u00e1s que empezar!\u00bb. Creo que a trav\u00e9s de este detenido Jes\u00fas trazaba el camino de mi misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Les propongo dividir mi conferencia en dos puntos importantes:<\/p>\n<ol>\n<li>C\u00f3mo nos transforma Cristo en nuestro acompa\u00f1amiento a los pobres.<\/li>\n<li>C\u00f3mo pueden ser \u00abmediadoras\u00bb entre los pobres y la Iglesia para que ellos lleguen a ser el centro.<\/li>\n<\/ol>\n<h2><b>I- C\u00f3mo nos transforma Cristo en la relaci\u00f3n con los pobres<\/b><\/h2>\n<h3><b>1- Al comienzo, los pobres siempre nos molestan<\/b><\/h3>\n<p>En el empleo de nuestro tiempo, con frecuencia bien repleto, los pobres intervienen, surgen muchas veces de manera inesperada.<\/p>\n<p>Por ejemplo, quise retirarme para preparar esta intervenci\u00f3n, estaba muy tranquilo cuando son\u00f3 mi tel\u00e9fono m\u00f3vil. Era Jean-Pierre al que acompa\u00f1\u00e9 en la c\u00e1rcel durante las veinte veces que estuvo y que a\u00fan est\u00e1; me dec\u00eda que pronto iba a salir y que contaba conmigo para encontrar en ese momento un alojamiento.<\/p>\n<p>Pienso que a ustedes tambi\u00e9n les ocurre con frecuencia: han programado un trabajo urgente, est\u00e1n muy ocupadas\u2026y, de repente, en el peor momento, este pobre que pide se le escuche o acoja y que no entiende sus argumentos. Claro, en comunidad hay Hermanas que se dedican a la acogida de estas personas en situaci\u00f3n precaria, pero a pesar de eso las personas familiarizadas con la exclusi\u00f3n aparecen frecuentemente como aguafiestas, perturbadores.<\/p>\n<p>En nuestras sociedades marcadas por la eficacia, el rendimiento, la rentabilidad, la preocupaci\u00f3n por organizar todo los pobres surgen siempre, de manera habitual, all\u00ed donde no se les esperaba. No entienden nuestros criterios, nuestros puntos de referencia. No viven como nosotros, no piensan como nosotros, no tienen los mismos rituales que nosotros\u2026Y esta perturbaci\u00f3n forma parte de los primeros pasos de la relaci\u00f3n. Porque nos obliga a descentrarnos de nuestro peque\u00f1o universo, a hacernos a un lado para dejar sitio a esta persona que en su sufrimiento necesita que se le preste atenci\u00f3n sobre la marcha. Y en este intervalo, es Dios mismo quien nos llama. Es esto lo que nos dice Michel de Certeau en su libro \u00abEl extranjero o la uni\u00f3n en la diferencia\u00bb (DDB p.14)<\/p>\n<p><i>\u00abEs de lo desconocido y como desconocido como el Se\u00f1or llega siempre a su propia casa y a la de los suyos: \u00bb Mira que vengo como ladr\u00f3n\u00bb (Ap. 16,15 ; 3,3). Los que creen en El son incesantemente llamados a reconocerle as\u00ed, viviendo lejos o venido de otro lugar, vecino irreconocible o hermano separado, encontrado en la calle, encerrado en las c\u00e1rceles, alojado con los desprovistos o ignorado en una regi\u00f3n fuera de las fronteras. No es hasta la \u02ddm\u00edstica\u02dd cuando no siempre sobreviene en la Iglesia como un aguafiestas, un obst\u00e1culo y un extra\u00f1o\u2026Esto nos lleva a algo m\u00e1s desconcertante a\u00fan, pero fundamental para la fe cristiana. Dios permanece desconocido, el que no conocemos, incluso aunque creamos en El. En la experiencia humana de nuestras relaciones el contin\u00faa siendo el extra\u00f1o para nosotros. Pero es tambi\u00e9n desconocido aquel al que no queremos reconocer y que Juan nos lo dice (Jn.1,11), \u02ddvino a su casa y los suyos no lo recibieron\u02dd. Y es precisamente por esto por lo que, a \u00faltima instancia, seremos juzgados; es el test de la verdadera vida cristiana: \u00bfhemos recibido al extranjero, visitado al preso, acogido al otro?\u00bb (Mt. 25, 35-36)<\/i><\/p>\n<p>El mismo Jes\u00fas conoci\u00f3 esta perturbaci\u00f3n. Cuando se retira a la regi\u00f3n de Tiro y Sid\u00f3n, queriendo pasar desapercibido, la cananea le busca para expresarle su sufrimiento de madre por la enfermedad de su hija. Sus disc\u00edpulos, le dec\u00edan: \u00abDesp\u00e1chala, que viene detr\u00e1s gritando\u00bb pero el mismo Jes\u00fas, dedica tiempo a esta mujer para reconocer en ella la fe.<\/p>\n<p>Los pobres nos hacen vivir la experiencia de una dif\u00edcil desigualdad. Nos obligan siempre a dejar nuestras costumbres y \u00abla comodidad de nuestra casa\u00bb, de ese modo abren en nosotros un espacio para Dios\u2026<\/p>\n<h3>2.-<b> Cualquiera que sea su dificultad, los pobres merecen respeto. <\/b><\/h3>\n<p>Cuando se han pasado las ganas de despedirlos y se ha asumido la perturbaci\u00f3n, se inicia el tiempo del respeto. Entramos en este camino de distinci\u00f3n que supone la escucha y la comprensi\u00f3n del otro. Y todo esto exige tiempo y continuidad.<\/p>\n<p>La persona que tengo ante m\u00ed, tiene una historia, le han afectado las heridas y no siempre encuentra palabras para expresar su sufrimiento. La primera petici\u00f3n puede esconder otra. As\u00ed, en la c\u00e1rcel, una petici\u00f3n de tabaco o de sellos, aparentemente interesada, puede ser la introducci\u00f3n de un intercambio mucho m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>Como dice Maurice Bellet, sacerdote y psicoanalista<i>: \u02ddComenzar\u00e1s por el respeto\u02dd.<\/i> El respeto consiste en resistir a la tentaci\u00f3n de clasificar a este pobre en una categor\u00eda y buscar enseguida \u00abla soluci\u00f3n\u00bb para \u00e9l u orientarlo a uno u otro servicio social.<\/p>\n<p>El respeto consiste en abrirnos a la dimensi\u00f3n \u00fanica de la persona que est\u00e1 ante nosotros, que ha sido creada a imagen de Dios y a trav\u00e9s de la que Cristo se dirige a nosotros. Esto supone por tanto dejar que la palabra de esta persona se abra un camino, incluso si en un principio esta palabra nos parece inaudible\u2026<\/p>\n<p>Este espacio sagrado, llamado respeto, supone tambi\u00e9n que evitemos cualquier apariencia de dominaci\u00f3n o de paternalismo para ponernos a la escucha de lo que la persona expresa con sus palabras, pero tambi\u00e9n de lo que se dice m\u00e1s all\u00e1 de las palabras.<\/p>\n<p>En el episodio del encuentro de Jes\u00fas con la Cananea, Jes\u00fas escucha los gritos de esta mujer angustiada y \u00abno le dice una palabra\u00bb. Es para \u00c9l el momento de respetar la distancia que le separa de esta mujer y confrontarse con ella.<\/p>\n<h3><b>3- Contrastarnos con la mirada de Dios sobre los Pobres<\/b><\/h3>\n<p>Los pobres que encontramos, en cierto modo, nos hacen siempre la misma pregunta:<i> \u00ab\u00bfEres capaz de amarme como soy?\u00bb<\/i><\/p>\n<p>Si los encontramos por primera vez nos piden que superemos nuestras reticencias ante su apariencia a veces repulsiva. Nos piden que superemos nuestras aprensiones, incluso, nuestros miedos.<\/p>\n<p>Si nos relacionamos durante tiempo, prueban nuestra fidelidad en el acompa\u00f1amiento, incluso en situaci\u00f3n de crisis.<\/p>\n<p>Para entrar en esta conversi\u00f3n de la mirada, siempre tenemos que ponernos a la escucha de esta palabra de Cristo en el Evangelio: <i>\u00abno temas\u2026no teng\u00e1is miedo\u2026\u00bb<\/i> Tal conversi\u00f3n de la mirada se fundamenta en el itinerario mismo de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Para Jes\u00fas, la fuente de la experiencia a partir de la que todos sus encuentros con los pobres tienen un sentido, es su bautismo en las aguas del Jord\u00e1n: all\u00ed vive esta experiencia conmovedora de la paternidad de Dios. En su libro \u00bb Le Dieu plus grand \u00ab, Eloi Leclerc escribe: <i>\u00abEn la inefable proximidad divina que se manifiesta a El, Jes\u00fas tiene la evidencia de que Dios se ha acercado\u2026 En El, cualquier hombre sin excepci\u00f3n, est\u00e1 llamado a o\u00edr decirle \u00bb T\u00fa eres mi hijo muy amado \u00ab. Al mismo tiempo que, por su parte, descubre la paternidad de Dios, se abre al amor de Dios por todos los hombres. Fija su mirada misericordiosa sobre el hombre. Por otra parte es tanto m\u00e1s el Hijo parecido al Padre cuanto se deja invadir y conducir por este amor divino por todos los hombres.\u00bb<\/i><\/p>\n<p>No debemos nunca olvidar la fuente contemplativa en nuestro encuentro con los pobres. Habitados por este Esp\u00edritu de Cristo estamos invitados sin cesar a ir al encuentro de los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>A partir de la experiencia personal de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Cristo en nosotros, podemos progresivamente ajustarnos a la mirada del Padre sobre todas estas personas desfavorecidas que nos encontramos. Dios los mira con ternura. <i>\u00abUn pobre grita, Dios le escucha\u00bb<\/i>. \u00bfSabemos sencillamente ser los reflejos de esta divina bondad para con ellos? Bajo la mirada de Cristo, podemos superar los miedos, las aprensiones, las reticencias que a veces pueden habitarnos para entrar en una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n de vida con los pobres para que se sientan amados de Dios.<\/p>\n<h3><b>4- Los Pobres nos revelan nuestras propias fragilidades.<\/b><\/h3>\n<p>Cuando entro en la c\u00e1rcel para visitar a los detenidos, nunca puedo, en un principio, evitar un cierto miedo: miedo de encontrar situaciones de violencia, miedo de cometer alguna infracci\u00f3n en relaci\u00f3n con el reglamento, miedo de enfrentarme con alg\u00fan detenido especialmente agresivo, miedo, a veces, de no estar a la altura\u2026 Estos miedos siempre me recuerdan mi fragilidad, mis l\u00edmites. Y en este sentido, esta toma de conciencia de mis miedos es positiva para el encuentro con el m\u00e1s pobre.<\/p>\n<p>Mi fragilidad me obliga a hacer un trabajo en mi mismo para aprender a crear la verdad sobre mis miedos y a superarlos. Mi fe en Cristo me ayuda tambi\u00e9n a superar estos miedos. No puedo abordar a estas personas que tienen un recorrido tan perturbado y sembrado de tantas pruebas m\u00e1s que de manera muy humilde, muy disponible, despojada de toda voluntad de influencia sobre mi interlocutor. Es ese, el sentido del lavatorio de los pies: Tomar la posici\u00f3n del servidor, arrodillarse ante la persona fr\u00e1gil, ponerse a su escucha, tener una actitud desprovista de todo poder. (Cf. Jn 13,1-15)<\/p>\n<p>La \u00abhumildad\u00bb es la condici\u00f3n para que la palabra del pobre pueda expresarse y la confianza se establezca entre nosotros.<\/p>\n<p>Esta observaci\u00f3n personal me lleva a algunos comentarios sobre la conciencia de nuestra propia fragilidad en el encuentro con las personas en precariedad. Este sentimiento de fragilidad en el encuentro con los pobres es ambivalente:<\/p>\n<ul>\n<li>Unas veces su encuentro despierta en nosotros miedos o heridas ocultas desde hace mucho tiempo y que surgen con motivo de esta relaci\u00f3n. A veces, este sentimiento de fragilidad es tan fuerte que puede conducirnos a una reacci\u00f3n de exclusi\u00f3n que puede sorprendernos\u2026 No sab\u00edamos que \u00e9ramos susceptibles a tales rechazos. En otras circunstancias, el encuentro de una u otra persona en situaci\u00f3n precaria, ya sea en el plano econ\u00f3mico, de relaci\u00f3n, o de salud, puede llegar a llenar un vac\u00edo afectivo que nos impide guardar la justa distancia con la persona. Entonces esta no tiene libertad para trazar su camino como lo entiende.<\/li>\n<li>Pero este sentimiento de fragilidad puede ser bueno si se vive en verdad y se pone en tela de juicio el sentimiento de omnipotencia. Puede tambi\u00e9n introducirnos en el sentimiento de una condici\u00f3n com\u00fan que nos relaciona profundamente con la persona que encontramos. Es lo que expresa Xavier Emmanuelli, m\u00e9dico, que fue Director del SAMU social: \u00ab<i>En el fondo, el sentimiento de fragilidad crea esta indefectible solidaridad de la humanidad. \u2026Esto es lo que dec\u00eda, en los comienzos del SAMU social, a mis equipos tratando de enaltecerles: \u00abno olviden que esta noche, en las calles de Paris, encontrar\u00e1n gentes de la misma categor\u00eda y del mismo status de humanidad que ustedes\u00bb&#8230; La fragilidad es lo que marca el estatuto del humano en un mundo que permanece, aunque sea indescifrable e infinito\u00bb.<\/i><\/li>\n<\/ul>\n<p>Esta experiencia de nuestra fragilidad en el encuentro con los pobres y los riesgos que conlleva nos exige estar siempre acompa\u00f1ado por alguien o por un equipo que nos permite encontrar la justa distancia para ayudar a la persona precaria sin ser devorado a s\u00ed mismo por su sufrimiento. <i>\u00abEn el acompa\u00f1amiento del sufrimiento es preciso arriesgar algo personal, ciertamente, pero sin perderse totalmente porque nos convertir\u00edamos en in\u00fatiles o peligrosos, para uno mismo o para el paciente.\u00bb<\/i> Luego da una definici\u00f3n de la compasi\u00f3n: <i>\u00abLa compasi\u00f3n, consiste en comprender el sufrimiento del otro e interrogarse sobre ello, es estar atento a uno mismo, pero es tambi\u00e9n saber defenderse del naufragio, de lo que pueden ser el dolor, el sufrimiento moral para saber relacionarlo. <\/i><i>Es una relaci\u00f3n de alteridad, es la preocupaci\u00f3n por el otro. Porque el otro sufre y est\u00e1 en peligro por lo que le acompa\u00f1o, porque s\u00e9 ver en mi mismo mi propia fragilidad. Si no tenemos esta compasi\u00f3n, no podemos hacer la relaci\u00f3n.\u00bb <\/i><i>(Id. p.146)<\/i><\/p>\n<p>Esta experiencia nos permite comprender el misterio de la encarnaci\u00f3n de Cristo. S\u00f3lo asumiendo el Amor del Padre y la fuerza del Esp\u00edritu Santo, es nuestra vulnerabilidad, haci\u00e9ndose <i>\u00abpobre, rico como era\u00bb<\/i>, <i>\u00abtomando la condici\u00f3n de siervo haci\u00e9ndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre\u2026 obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz\u00bb<\/i> (Flp2, 7-8), es como nos ha dado a conocer el poder de su Amor y nos ha abierto el camino de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>5- Los pobres son reveladores del desorden del mundo y nos invitan a comprometernos.<\/b><\/h3>\n<p>Cuando Jes\u00fas presenta su programa en la Sinagoga de Nazaret, lo hace con las mismas palabras del Profeta Isa\u00edas: <i> \u00abEl Esp\u00edritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed, porque \u00e9l me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (Lc. 4, 18-19)<\/i><\/p>\n<p>Se trata pues, para \u00e9l, de <b>acercarse <\/b>a todas estas categor\u00edas de personas caracterizadas por su estatuto precario: los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Hay en ellos una prioridad reconocida y afirmada. Pero al mismo tiempo, esta misi\u00f3n aporta una <b>dimensi\u00f3n de liberaci\u00f3n<\/b>, de salida de este estatuto precario de encarcelamiento, de ceguera, de opresi\u00f3n. La Buena Noticia anunciada se produce por una din\u00e1mica concreta de liberaci\u00f3n de una cierta esclavitud. No podemos contentarnos con interpretar este mensaje de Isa\u00edas recogido por Jes\u00fas como puramente espiritual. En efecto, se refiere a la inauguraci\u00f3n del Reino de Dios tal como se manifiesta en la persona de Jes\u00fas. Pero implica tambi\u00e9n dimensiones concretas, las que el mismo profeta, el 3<sup>er<\/sup> Isa\u00edas, evoca en estos t\u00e9rminos: <i>\u00abEste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos\u00bb (Is. 58, 6-7)<\/i><\/p>\n<p>La proximidad de los pobres est\u00e1 \u00edntimamente relacionada con cualquier actividad que pretende hacer cesar la opresi\u00f3n de la que son v\u00edctimas y entrar en un combate por la justicia, en una din\u00e1mica de compartir. Tal movimiento forma parte integrante de la solidaridad con los m\u00e1s pobres seg\u00fan el Evangelio.<\/p>\n<p>En su enc\u00edclica <i>Sollicitudo Rei Socialis<\/i>, el Papa Juan Pablo II da una definici\u00f3n de la solidaridad :<i> \u00abLa solidaridad<b> <\/b> no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinaci\u00f3n firme y perseverante de empe\u00f1arse por el bien com\u00fan; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinaci\u00f3n se funda en la firme convicci\u00f3n de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel af\u00e1n de ganancia y aquella sed de poder\u2026Tales actitudes y estas \u00abestructuras de pecado\u00bb solamente se vencen \u2014con la ayuda de la gracia divina\u2014 mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del pr\u00f3jimo, que est\u00e1 dispuesto a \u00bb perderse \u00ab, en sentido evang\u00e9lico, por el otro en lugar de explotarlo, y a \u00bb servirlo \u00bb en lugar de oprimirlo para el propio provecho\u00bb<\/i> (cf. <i>Mt <\/i>10, 40-42; 20, 25; <i>Mc <\/i>10, 42-45; <i>Lc <\/i>22, 25-27).<b><i> <\/i><\/b><\/p>\n<p>El acompa\u00f1amiento a los pobres, en particular a los que son v\u00edctimas de un orden social y econ\u00f3mico injusto, nos compromete en un verdadero combate contra estas \u00abestructuras de pecado\u00bb, de las que habla Juan Pablo II. Por lo que se refiere a mi ministerio de capell\u00e1n de prisi\u00f3n, esta proximidad con los presos me lleva, en los di\u00e1logos que tenemos juntos, a descubrir el mundo de su infancia: con frecuencia proceden de un medio marcado por el desempleo, la miseria, las viviendas degradadas, la ausencia de vida familiar equilibrada, la carencia de puntos de referencia educativos, y que han acabado en la delincuencia.<\/p>\n<p>Cuando pregunt\u00e9 a un joven que hab\u00eda reca\u00eddo una quinta vez en prisi\u00f3n por tr\u00e1fico de drogas c\u00f3mo saldr\u00eda de \u00e9sta, me respondi\u00f3: \u00ab\u00a1Encu\u00e9ntrame una raz\u00f3n para vivir en el barrio en el que vivo!\u00bb<\/p>\n<p>En mis encuentros con los presos, si no pongo toda mi atenci\u00f3n al medio del que proceden, si de una manera o de otra no contribuyo a encontrar con ellos un camino de reinserci\u00f3n social y profesional a su salida de la c\u00e1rcel, si no lucho contra todas las estigmatizaciones de las que pueden ser objeto despu\u00e9s de su encarcelaci\u00f3n, la presentaci\u00f3n del mensaje de conversi\u00f3n y de liberaci\u00f3n que Cristo les dirige corre el riesgo de no ser recibido. Va en ello la verdad de este compromiso que quiero vivir a su lado en nombre de Cristo.<\/p>\n<p>En la relaci\u00f3n con los pobres hay, pues, lugar para un compromiso a su lado que puede llevarnos muy lejos. Nos invita a hacer el an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n econ\u00f3mica, pol\u00edtica y social que ha provocado esta miseria. Nos implica en un combate perseverante contra todas las formas de opresi\u00f3n que mantienen a tantas personas en el subsuelo de la humanidad. Nos invita tambi\u00e9n a acudir, sin cesar, a la escuela de los pobres, porque son ellos los que a partir de su situaci\u00f3n, con su lenguaje propio, nos dicen cuales son los caminos de su propia liberaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><b>6- Los pobres nos invitan a la paciencia y a la fidelidad.<\/b><\/h3>\n<p>El mismo Jes\u00fas conoci\u00f3 la prueba de la fidelidad en la alianza con los pobres. En un momento dado se da cuenta de que su relaci\u00f3n con los excluidos de su pueblo pod\u00eda conducirle a la confrontaci\u00f3n con los poderes p\u00fablicos y religiosos de su tiempo que no aceptaban su misi\u00f3n. Tambi\u00e9n tuvo la experiencia de la inconstancia de las personas que lo hab\u00edan seguido. La multitud que lo hab\u00eda aclamado a su entrada en Jerusal\u00e9n fue capaz de volverse contra \u00e9l en el momento del proceso. Sus mismos disc\u00edpulos quisieron impedirle que arriesgara el don de su vida.<\/p>\n<p>Pero, fiel al amor de su Padre y de los hombres a los que hab\u00eda sido enviado, se mantuvo hasta el final. Resisti\u00f3 todas las tentaciones de poder, de dominio bajo todas sus formas, de b\u00fasqueda de \u00e9xito popular. Mantuvo esta elecci\u00f3n de la pobreza y del don de s\u00ed y, <i>\u00abtom\u00f3 la decisi\u00f3n de ir a Jerusal\u00e9n\u00bb <\/i>(Lc.9, 51).<\/p>\n<p>En este acompa\u00f1amiento a los pobres, sucede que hacemos la experiencia de la prueba y de la contradicci\u00f3n. Esta prueba puede venir de nosotros, debido al cansancio, a la duda que se insin\u00faa en nosotros del bien fundado de nuestro compromiso, o aun de la impresi\u00f3n del fracaso en esta solidaridad con los pobres. Esta prueba puede tambi\u00e9n sobrevenir debido al car\u00e1cter arriesgado de nuestro compromiso y del peligro o de la violencia que se acercan, incluso de un sentimiento de soledad. Puede tambi\u00e9n surgir cuando los mismos pobres que hemos acompa\u00f1ado en el camino de su recuperaci\u00f3n est\u00e1n sujetos a reca\u00eddas y, parecen de nuevo abatidos por la fatalidad. Puede entonces ocurrir que estemos tentados a rendirnos.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, unos amigos me dijeron que un joven al que yo hab\u00eda acompa\u00f1ado en su combate por una verdadera liberaci\u00f3n de la droga durante su larga cura de desintoxicaci\u00f3n, hab\u00eda ca\u00eddo de nuevo en el consumo de la droga. Era la 5\u00aa vez que ten\u00eda una reca\u00edda. Tuve la mala suerte de decir a estos amigos que me hab\u00edan dado la noticia: \u00abEsta vez, me rindo\u00bb. Y este joven vino enseguida a decirme: \u00absi supieras el mal que me ha hecho saber que tu tambi\u00e9n, te rindes\u2026\u00bb Es lo que llamo el pecado contra la esperanza\u2026 Los pobres nos provocan a la fidelidad y a la paciencia, m\u00e1s all\u00e1 de las reca\u00eddas, de las desesperaci\u00f3n, de las angustias que puedan herirles e incluso llevarles a la muerte.<\/p>\n<p>Hay una espiritualidad de \u00abStabat Mater\u00bb que se parece a la fidelidad de Mar\u00eda que se mantuvo de pie junto a la Cruz cuando ya no hab\u00eda aparentemente nada que hacer, que su hijo estaba muriendo ante el sarcasmo de la multitud. S\u00f3lo nuestra fe en la resurrecci\u00f3n de Cristo, en un amor m\u00e1s fuerte que todas las miserias y los sufrimientos que pueden abatirse sobre nuestros hermanos los m\u00e1s pobres, puede ayudarnos a estar a su lado y a permanecer <i>\u00abesperando contra toda esperanza,\u00bb<\/i> como nos invita San Pablo en la Carta a los Romanos. (Rm. 4,18)<\/p>\n<h3><b>7- Los pobres nos introducen en el camino pascual con Cristo<\/b><\/h3>\n<p>Finalmente, los pobres pueden inducirnos a vivir, hasta en nuestra propia carne, este camino pascual que Cristo ha trazado para llevarnos hacia su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la enc\u00edclica Sollicitudo Rei Socialis el Papa Juan Pablo II escribe: <i>\u00abA la luz de la fe, la solidaridad tiende a superarse a s\u00ed misma, al revestirse de las dimensiones espec\u00edficamente cristianas de gratuidad total, perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n. Entonces el pr\u00f3jimo no es solamente un ser humano con sus derechos y su igualdad fundamental con todos, sino que se convierte en la imagen viva de Dios Padre, rescatada por la sangre de Jesucristo y puesta bajo la acci\u00f3n permanente del Esp\u00edritu Santo. Por tanto, debe ser amado, aunque sea enemigo, con el mismo amor con que le ama el Se\u00f1or, y por \u00e9l se debe estar dispuestos al sacrificio, incluso extremo: \u00bb dar la vida por los hermanos\u00bb (cf. 1 Jn 3, 16).<\/i><\/p>\n<p>Los monjes de Tibhirine nos han dado un resplandeciente signo de esta solidaridad hasta el don de su vida. D\u00eda a d\u00eda, en esa dif\u00edcil fraternidad con el pueblo argelino sometido al miedo y a la violencia de la guerra civil en medio de la que viv\u00edan, trazaron el camino del don de s\u00ed mismos. Quisieron permanecer hermanos de todos, rechazando la elecci\u00f3n entre los hermanos de la llanura (los soldados del ej\u00e9rcito argelino) y los hermanos de la monta\u00f1a (los llamados islamistas) que se opon\u00edan con una violencia despiadada. En una contemplaci\u00f3n asidua de su Se\u00f1or y maestro Jesucristo crucificado y resucitado, y en este largo trabajo interior de la oraci\u00f3n, aprendieron a superar sus miedos, a hacer la elecci\u00f3n de permanecer unidos junto a este pueblo de pobres con los que hab\u00edan hecho alianza, a despojarse poco a poco de todo lo que pudiera dificultar el amor y a abandonarse con confianza en las manos de este Dios que, en la persona de Cristo, nos dice continuamente <i>\u00abnadie tiene amor m\u00e1s grande que el que da la vida por sus amigos\u00bb<\/i>.<\/p>\n<p>Nosotros tambi\u00e9n, en la medida que hacemos esta elecci\u00f3n definitiva de unir nuestra vida a la de los pobres, nos dejamos conducir y modelar por ellos. Poco a poco nos dejamos llevar por el camino de sus gozos, de sus penas, de sus esperanzas, de sus combates\u2026Unimos nuestra vida a la suya. Pasamos, como ellos, por las oscuridades del miedo, de la inquietud por el ma\u00f1ana, por la experiencia de nuestras limitaciones y de nuestra fragilidad. Pero tambi\u00e9n somos transportados por la gracia que nos hacen al acogernos como a sus hermanos o hermanas y ofrecernos su amistad.<\/p>\n<p>Ellos son los que, como Cristo, nos ense\u00f1an d\u00eda tras d\u00eda a dar nuestra vida. A veces, en el fondo de nuestras fragilidades, recibimos de ellos palabras de esperanza, como Jes\u00fas, que antes de entregar su aliento al Padre, recibi\u00f3 del buen ladr\u00f3n crucificado a su lado, este reflejo antes de la carrera de la resurrecci\u00f3n en la que participaba: <i>\u00abJes\u00fas, acu\u00e9rdate de m\u00ed cuando llegues a tu Reino\u00bb<\/i> (Lc.23, 42)<\/p>\n<h2><b>II- Lugar de los pobres en la vida de la Iglesia<\/b><\/h2>\n<h3><b>1- <\/b><b>La expresi\u00f3n del Concilio Vaticano II<\/b><\/h3>\n<p>Si Cristo nos habla personal y colectivamente en el encuentro y la solidaridad con las personas en precariedad, la vida de la Iglesia est\u00e1 implicada en el m\u00e1s alto punto.<\/p>\n<p>En este a\u00f1o del 50 aniversario del Concilio Vaticano II, podemos referirnos a alguno de los textos que evocan el lugar de los pobres en la Iglesia.<\/p>\n<p><i>\u00abComo Cristo realiz\u00f3 la obra de la redenci\u00f3n en pobreza y persecuci\u00f3n, de igual modo la Iglesia est\u00e1 destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvaci\u00f3n a los hombres. Cristo Jes\u00fas, \u00abexistiendo en la forma de Dios&#8230;, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo, tomando la forma de siervo\u00bb (Flp 2,6-7), y por nosotros \u00abse hizo pobre, siendo rico\u00bb (2 Co 8,9).<\/i><\/p>\n<p><i> \u00abAs\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misi\u00f3n, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegaci\u00f3n, tambi\u00e9n con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a \u00abevangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos\u00bb (Lc 4,18), \u00abpara buscar y salvar lo que estaba perdido\u00bb (Lc 19,10); as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; m\u00e1s a\u00fan, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo.\u00bb (cf Lumen Gentium n\u00ba 8) <\/i><\/p>\n<p>Este texto pone de relieve algunos puntos esenciales:<\/p>\n<ul>\n<li>La pobreza como signo de la conformidad con la persona de Cristo y como camino para la misi\u00f3n.<\/li>\n<li>El reconocimiento de los pobres y de los que sufren como los privilegiados de la misi\u00f3n de la Iglesia ( la expresi\u00f3n de la opci\u00f3n preferencial por los pobres est\u00e1 sobreentendido).<\/li>\n<li>El reconocimiento por la Iglesia de la presencia de Cristo en la persona de los pobres.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Para resumir estas afirmaciones conciliares, se podr\u00eda decir que una Iglesia sin los pobres es una Iglesia mutilada. Porque Cristo se ha identificado con los pobres (hambrientos, enfermos, extranjeros, presos\u2026), porque ha designado a los pobres como los destinatarios privilegiados de la Buena Noticia, porque ha manifestado la b\u00fasqueda de la oveja perdida como una acci\u00f3n prioritaria para sus disc\u00edpulos, el lugar de los pobres es constitutivo del misterio de la Iglesia.<\/p>\n<h3><b>2- <\/b><b>Pero la Iglesia reunida est\u00e1 frecuentemente distante de los pobres.<\/b><\/h3>\n<p>Ciertamente, hablo de la Iglesia que conozco, en Francia y m\u00e1s ampliamente en Europa, donde constato que los pobres est\u00e1n a\u00fan muy lejos de sentirse, en nuestras asambleas cristianas, como en su casa. Sin duda para algunas de ustedes que proceden de pa\u00edses m\u00e1s pobres, este comentario no es muy apropiado. Esto no impide que en muchos pa\u00edses, los m\u00e1s pobres no se sientan plenamente en nuestras comunidades cristianas.<\/p>\n<p>Nuestras Comunidades cristianas tienen la preocupaci\u00f3n de responder a la demanda de los pobres. Estas son para los pobres, pero no con los pobres. El Padre Joseph Wresinsky, fundador de ATD Cuarto Mundo escribi\u00f3 un libro titulado: \u00abLos pobres son la Iglesia\u00bb \u2026 \u00a1Estamos lejos de esto! Aunque se hable de la opci\u00f3n preferencial por los pobres, la voz de los pobres es aun dif\u00edcilmente perceptible en nuestras iglesias. Esta distancia hay que considerarla y reconocer l\u00facidamente, sin culpabilidad, pero tambi\u00e9n sin complacencia. Es importante medir esta distancia que nos mantiene a distancia de los pobres porque es tambi\u00e9n la base de una posible conversi\u00f3n. Si sabemos reconocer con lucidez la alteridad de nuestras comunidades (parroquiales o diocesanas) en relaci\u00f3n a los que viven en la exclusi\u00f3n, si tomamos conciencia de que nuestras comunidades est\u00e1n \u00abalteradas\u00bb por su ausencia, entonces podremos abrir un di\u00e1logo con ellos en una verdadera reciprocidad evitando las tentaciones sutiles de recuperaci\u00f3n precipitada que nos sirven de pretexto para no o\u00edr el grito molesto de los pobres. Porque con nuestros hermanos y hermanas m\u00e1s pobres, tenemos que ponernos siempre a su escucha y estar preparados, en un verdadero di\u00e1logo con ellos, para dejarnos transformar profundamente por la palabra que nos dirige Cristo en su persona.<\/p>\n<h3><b>3- <\/b><b>Para vivir un verdadero encuentro con los pobres, nuestras comunidades cristiana necesitan mediaciones. <\/b><\/h3>\n<p>Cuando hablo de mediaci\u00f3n, pienso en las personas que est\u00e1n en relaci\u00f3n permanente con los m\u00e1s pobres, comprometidas en una verdadera solidaridad con ellos, compartiendo sus sufrimientos y sus combates despu\u00e9s de haber aprendido a su lado su lenguaje y haberse dejado transformar por ellos. Estas personas, como miembros de las comunidades cristianas, pueden estar cerca de sus hermanos y hermanas bautizados, de los siervos o siervas del encuentro con los m\u00e1s pobres. Pueden ense\u00f1ar a las comunidades cristianas a comprender, desde el interior, lo que viven estas personas excluidas y a ponerse a la escucha de la palabra que Cristo les dirige a trav\u00e9s de su vida.<\/p>\n<p>Ustedes mismas, Hermanas, de una manera o de otra, todas son testigos: ocurre que en ciertos lugares humildes, marcados por la hospitalidad, el sentido de la oraci\u00f3n, la calidad de escucha del otro, se lleva a cabo un verdadero encuentro entre los excluidos y la sencilla palabra de Cristo. Sucede que el gran deseo de los excluidos de ver por fin reconocida su dignidad y su deseo de ser liberados de toda opresi\u00f3n, a veces entra en la luz del Evangelio. Los presos y los oprimidos est\u00e1n tocados por la Buena Noticia del Evangelio y oyen la palabra de Cristo <i>\u00ablev\u00e1ntate toma tu camilla y anda\u00bb<\/i>. Entonces la vida de estas personas fr\u00e1giles puede hacerse m\u00e1s c\u00e1lida. Siendo testigos de estas peque\u00f1as resurrecciones podemos estremecernos con la alegr\u00eda de Cristo. <i>\u00abYo te bendigo, Padre, Se\u00f1or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a peque\u00f1os. S\u00ed, Padre, pues tal ha sido tu benepl\u00e1cito\u00bb (Lc.10,21)<\/i> En la misma l\u00ednea, resuenan en nosotras las palabras del Magn\u00edficat en las que la voz de Mar\u00eda se mezcla con la de los pobres con los que nos encontramos: <i> \u00abderriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes\u00bb<\/i> (Lc. 1,52)<\/p>\n<p>Cuando somos testigos maravillados de este encuentro fulgurante entre la voz de los m\u00e1s pobres y la luz del Evangelio de Cristo, no podemos guardarlo para nosotros. Tenemos una doble responsabilidad:<\/p>\n<ul>\n<li>Permitir a las personas que viven la exclusi\u00f3n y que han descubierto la palabra de Jes\u00fas, sentirse acogidas en una comunidad y dar algunos pasos en el camino de una reinserci\u00f3n que tiene una dimensi\u00f3n espiritual y eclesial.<\/li>\n<li>Ayudar a las comunidades de Iglesia, con frecuencia distanciadas de los pobres, a entrar en relaci\u00f3n con estas personas afectadas por el sufrimiento o por la miseria y a dejarse convertir por la palabra que Cristo les dirige.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Como Hijas de la Caridad, ustedes pueden:<\/p>\n<ul>\n<li>Aportar su contribuci\u00f3n a la formaci\u00f3n de una Iglesia m\u00e1s evang\u00e9lica, porque est\u00e1 habitada, transformada por la presencia y la palabra de los pobres en su seno.<\/li>\n<li>Llegar a ser humildes lazos de uni\u00f3n entre estos pobres trabajados por la gran esperanza de la Buena Nueva de Cristo y nuestras iglesias diocesanas o parroquiales, heridas por la ausencia de los pobres y en espera de un verdadero encuentro con ellos y a trav\u00e9s de ellos con Cristo.<\/li>\n<\/ul>\n<h3><b>4- <\/b><b>Las responsabilidades que les incumben en el seno de sus comunidades religiosas y en la Iglesia. <\/b><\/h3>\n<p>Como \u00abVisitadoras\u00bb, no tendr\u00e1n siempre la posibilidad de estar en contacto directo con los m\u00e1s pobres. Pero las Hermanas de las comunidades de las que ustedes tienen la responsabilidad comparten la condici\u00f3n de los pobres en lo concreto de su vida diaria. Los testimonios que hemos o\u00eddo al comienzo de este encuentro, muestran la calidad de la escucha y de la presencia de las Hermanas junto a todas estas personas fr\u00e1giles, que la vida les da la ocasi\u00f3n de encontrar. Ellas comparten de cerca sus sufrimientos, sus combates, a veces su proximidad con el Evangelio. Les comparten unas veces su admiraci\u00f3n al estilo de Jes\u00fas ante la cananea o el centuri\u00f3n romano, otras veces su cansancio o sus decepciones cuando experimentan estas inevitables contradicciones, como Cristo las encontr\u00f3. Imagino que su presencia junto a ellas es de una gran importancia.<\/p>\n<p>Ustedes est\u00e1n ah\u00ed para discernir estos carismas que el Esp\u00edritu Santo pone en el coraz\u00f3n de una u otra Hermana que encuentra su alegr\u00eda en el servicio de los pobres, realizado en esos lugares de precariedad. La escucha atenta de su experiencia puede ayudarles a releer la palabra que Cristo les dirige a trav\u00e9s de esta proximidad con los m\u00e1s pobres. Ustedes est\u00e1n ah\u00ed para apoyar, acompa\u00f1ar, levantar\u2026 cuando la experiencia resulta demasiado pesada de vivir debido a la extrema miseria o a la p\u00e9rdida de las esperanzas. En cierto modo, son ustedes las depositarias de esos \u00abHechos de los ap\u00f3stoles\u00bb que se viven a\u00fan hoy en compa\u00f1\u00eda de aquellos que el mundo deja abandonados. Y sobre todo, ustedes est\u00e1n empe\u00f1adas en reunir en el coraz\u00f3n de las comunidades todas estas perlas de Evangelio recibidas de los m\u00e1s pobres y que llevan a nuestra Iglesia a resplandecer en el amor siempre activo del Resucitado.<\/p>\n<h2><b> Conclusi\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>Esta reflexi\u00f3n toma hoy un car\u00e1cter de urgencia por dos razones:<\/p>\n<ul>\n<li>Nuestras sociedades globalizadas, est\u00e1n sacudidas por una crisis econ\u00f3mica y financiera sin precedentes y, de una manera o de otra, todos los pa\u00edses del planeta est\u00e1n afectados. Esta crisis tiene consecuencias dram\u00e1ticas en la vida de las familias que no saben c\u00f3mo ser\u00e1 el ma\u00f1ana. Las migraciones de desesperaci\u00f3n se intensifican. Los j\u00f3venes de los pa\u00edses pobres alimentan frecuentemente el deseo de ir a trabajar a los pa\u00edses industrializados. Los pa\u00edses occidentales cierran sus fronteras y tienden a replegarse sobre t\u00edmidas identidades. Por todas partes el desaf\u00edo de la solidaridad adquiere una actualidad sorprendente.<\/li>\n<li>En este contexto, muchas de las comunidades cristianas conocen una nueva precariedad, ya sea por el hecho de la miseria que domina en su pa\u00eds, ya sea a causa de la violencia, o en Occidente por el hecho de la disminuci\u00f3n r\u00e1pida del n\u00famero de sacerdotes y de los medio pastorales. Si las comunidades de Iglesia saben realizar un discernimiento sobre la apuesta espiritual que lleva consigo esta nueva situaci\u00f3n en el marco de esta universalizaci\u00f3n no regulada, pueden descubrir una nueva din\u00e1mica evang\u00e9lica en el encuentro con los pobres, en el di\u00e1logo con ellos y en el compromiso a su lado para que sus derechos b\u00e1sicos sean reconocidos. En este compromiso y en la profundizaci\u00f3n del misterio eucar\u00edstico que les hace vivir, las Comunidades pueden dejarse llevar de nuevo por la Pasi\u00f3n de Cristo, que \u00abse hace pobre entre los pobres\u00bb, hasta el don de su vida en la cruz para abrir a la multitud de pueblos la comuni\u00f3n en la luz de su Resurrecci\u00f3n.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He querido tomar de su fundador, san Vicente de Pa\u00fal, el titulo de mi conferencia. 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