{"id":119424,"date":"2022-01-09T08:30:32","date_gmt":"2022-01-09T07:30:32","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=119424"},"modified":"2021-12-30T11:58:22","modified_gmt":"2021-12-30T10:58:22","slug":"un-corazon-indiviso-silencio-escucha-y-oracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/un-corazon-indiviso-silencio-escucha-y-oracion\/","title":{"rendered":"\u201cUn coraz\u00f3n indiviso\u201d: Silencio, escucha y oraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>El coraz\u00f3n indiviso necesita un lugar tranquilo y silencioso en el que pueda centrarse en s\u00ed mismo y estar atento a las inspiraciones del Esp\u00edritu. En la vida de la persona consagrada, debe haber un espacio para el silencio, la escucha y la oraci\u00f3n. Nuestras <i>Constituciones<\/i> nos lo recuerdan:<\/p>\n<p><i>\u00abPara respetar la intimidad de cada una de las Hermanas con Dios y facilitar a todas una indispensable recuperaci\u00f3n interior, hacen falta tiempos de silencio. Clima de Dios, el silencio, aceptado de com\u00fan acuerdo, favorece encuentros de mayor riqueza en el plano espiritual\u00bb (C. 21c)<\/i><\/p>\n<p>Una de las figuras religiosas m\u00e1s conocidas de la Iglesia americana del \u00faltimo siglo es el Obispo cat\u00f3lico Monse\u00f1or Sheen J. Fullton. Cuando yo era ni\u00f1o, ten\u00eda un programa de televisi\u00f3n por la ma\u00f1ana temprano, cuando Monse\u00f1or Sheen sal\u00eda en la televisi\u00f3n, las calles estaban desiertas, muchas personas de diversas confesiones religiosas, apreciaban a este fascinante orador digno de inter\u00e9s. Antes de hablar lanzaba una penetrante mirada sobre el espectador, luego sujetando su cruz pectoral, explicaba con soltura una verdad de la fe cat\u00f3lica, haci\u00e9ndolo a modo de conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando yo estaba en el Seminario, su secretario era un padre Pa\u00fal de mi Provincia, por lo que tuvimos algunos privilegios. Un d\u00eda Monse\u00f1or Sheen fue invitado a hablar en la Universidad de Princeton. Era muy dif\u00edcil conseguir una entrada, pero tuve la suerte de ser escogido para asistir a su intervenci\u00f3n. La Capilla de la Universidad estaba llena, todos los asistentes deseaban escuchar a este emblem\u00e1tico orador.<\/p>\n<p>Al llegar, dirigi\u00e9ndose hacia el estrado, se mantuvo de pie. Luego permaneci\u00f3 callado durante un largo tiempo. Progresivamente el murmullo de voces y una cierta agitaci\u00f3n fue cesando. Cuando la sala estuvo en total silencio, comenz\u00f3 a hablar. Todos est\u00e1bamos dispuestos a escucharle, nadie osaba moverse o girar la cabeza. Era excepcional. Pocas personas son capaces de hacer eso. Cuando comenz\u00f3 a hablar, todo el mundo lo escuchaba, gracias al silencio los corazones estaban abiertos.<\/p>\n<p>A partir de ese d\u00eda, no s\u00e9 si he escuchado a alguien con tanta intensidad. Incluso no he experimentado nunca ser escuchado con tanta atenci\u00f3n. Es dif\u00edcil escuchar realmente, es una disciplina importante que hay que cultivar. Para nuestra reflexi\u00f3n de hoy, examinemos nuestro coraz\u00f3n indiviso, su necesidad de crecimiento en una tierra de silencio y de alimentarse mediante la escucha y la oraci\u00f3n.<\/p>\n<h2><b>I &#8211; Los salmos y la invitaci\u00f3n a acercarnos a Dios en el silencio<\/b><\/h2>\n<p>En algunas partes del mundo puede ser m\u00e1s dif\u00edcil encontrar silencio, un volumen sonoro permanente como ruido de fondo puede imponerse a nuestra conciencia e impedir concentrarse. Sin embargo, es importante buscar el silencio y encontrarlo, especialmente el silencio interior que dispone a la escucha. Nuestras mentes y nuestros corazones pueden estar de aqu\u00ed para all\u00e1, distra\u00eddas por nuestras responsabilidades. A pesar de todo, necesitamos encontrar un lugar silencioso para escuchar al Se\u00f1or y a los dem\u00e1s. Dej\u00e9monos interpelar por la llamada magistral del salmo 46: <i>\u00ab\u00a1Rend\u00edos! Reconoced que yo soy Dios\u00bb<\/i> (Sal 46, 11).<\/p>\n<p><strong>Se nos pide cesar toda actividad y reconocer la presencia del Se\u00f1or. Entonces estamos dispuestos a escuchar. Meditando el salmo 131, podemos llegar a ser m\u00e1s atentos, meditando sobre el conocimiento de s\u00ed: <i>\u00ab<\/i><\/strong><i>SE\u00d1OR, mi coraz\u00f3n no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, como un ni\u00f1o en brazos de su madre. Espere Israel en el Se\u00f1or, ahora y por siempre\u00bb. <\/i>(Sal. 131)<\/p>\n<p>Esta actitud manifiesta nuestra pertenencia al Se\u00f1or. En su presencia, somos como un ni\u00f1o junto a su madre. Atentos a c\u00f3mo el Se\u00f1or quiere revelarnos su ser divino, lo escuchamos con humildad. Muchos Salmos nos animan a adoptar esta actitud.<\/p>\n<p><i>S\u00f3lo en Dios descansa mi alma, porque de \u00c9l viene mi salvaci\u00f3n. S\u00f3lo \u00c9l es m\u00ed roca y mi salvaci\u00f3n, mi alc\u00e1zar: no vacilar\u00e9. De Dios viene mi salvaci\u00f3n y mi gloria, \u00c9l es mi roca firme; Dios es mi refugio. \u00a1Pueblo suyo, confiad en \u00c9l! Desahogad ante \u00c9l vuestro coraz\u00f3n, \u00a1Dios es nuestro refugio!<\/i> (Sal. 62, 6-9)<\/p>\n<p>Desde la confianza, uno no se contenta con escuchar al Se\u00f1or, sino que se siente inclinado a desahogar el coraz\u00f3n en El.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or est\u00e1 deseoso de o\u00edr cuanto tenemos que decirle y escucha con gran comprensi\u00f3n y solicitud. En el gran silencio de la presencia del Se\u00f1or, deseamos que \u00c9l nos oiga cuando rezamos. El te\u00f3logo alem\u00e1n Karl Rahner da una excelente definici\u00f3n del silencio de Dios en la oraci\u00f3n:<\/p>\n<p><i>De mis oraciones quiero hablarte, Se\u00f1or.<\/i><i> <\/i><i>Y si otras veces me parece que te fijas poco en lo que mis oraciones quieren decirte, escucha siquiera esta vez mis palabras. <\/i><i> <\/i><\/p>\n<p><i>\u00a1Ay, Se\u00f1or Dios, no me admiro que mis oraciones caigan al suelo tan lejos de Ti! Si yo mismo muchas veces no escucho lo que estoy rezando. Mi oraci\u00f3n muchas veces es para m\u00ed una mera \u00abtarea\u00bb, un \u00abpensum\u00bb que cumplo y despu\u00e9s de lo cual estoy contento porque ya lo he pasado. Y por eso en la oraci\u00f3n estoy en mi \u00abtarea\u00bb, en lugar de estar orando contigo.<\/i><\/p>\n<p><i>S\u00ed, as\u00ed es mi orar, lo reconozco. Pero, Dios m\u00edo, no puedo casi lograr arrepentirme de esa mi oraci\u00f3n que en realidad no lo es. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda el hombre hablar contigo? Est\u00e1s tan lejos, y eres tan incomprensible. Cuando oro es como si todas mis palabras cayeran en una oscura sima, de la cual no regresa eco alguno que pudiera avisar que mis oraciones han dado con el fondo de tu coraz\u00f3n.<\/i><\/p>\n<p><i>Se\u00f1or, orar toda una vida, hablar sin recibir una respuesta<\/i><i>,<\/i><i> \u00bfno es demasiado para m\u00ed?&#8230; ya ves cu\u00e1nto necesito que me respondas\u2026 y sin embargo, mis palabras nunca reciben una palabra de respuesta\u2026<\/i><i> \u00bfPor qu\u00e9 guardas silencio? <\/i><i>\u00bfPor qu\u00e9 me encargas hablarte si parece que no escuchas? \u00bfNo es tu silencio una se\u00f1al de que no me escuchas?<\/i><\/p>\n<p><i>\u00bf<\/i><i>O es que s\u00ed escuchas atentamente mi palabra, escuchas quiz\u00e1 durante toda mi vida hasta que he logrado expresarte todo mi ser, hasta que he manifestado toda mi vida? <\/i><i>\u00bfCallas y es precisamente porque escuchas con tranquilidad y atenci\u00f3n hasta que de veras he terminado, para decirme entonces tu palabra, la palabra de tu eternidad? \u00bf<\/i><i>Est\u00e1s silencioso porque, finalmente, mediante la luminosa palabra de la vida eterna \u2013con la cual T\u00fa mismo quieres hablar al penetrar en mi coraz\u00f3n-, cortar\u00e1s el mon\u00f3logo tan largo como la vida de un pobre hombre agobiado por la oscuridad de este mundo?<\/i><i> <\/i>(Karl Rahner Sj, \u00abDios de mis oraciones\u00bb, redjuvenilignaciana.org)<\/p>\n<p>Es maravilloso pensar que Dios es silencioso, que escucha con atenci\u00f3n y espera a que nuestra oraci\u00f3n termine. \u00bfHemos pensado alguna vez que Dios est\u00e1 a la escucha de nuestra oraci\u00f3n, verdaderamente a la escucha, con su o\u00eddo vuelto hacia nosotros? Una atenci\u00f3n tan intensa a lo que tenemos que decir es susceptible de impulsarnos a expresarnos m\u00e1s. Esto puede hacernos estar m\u00e1s atentos a lo que queremos decir a Dios y en el modo c\u00f3mo queremos decirlo. No tenemos que buscar expresarnos de modo inteligente pues El conoce nuestro coraz\u00f3n. Dios nos escucha, habl\u00e9mosle sencilla y libremente, siendo conscientes de nuestra debilidad. Esta cualidad de escucha permite al que habla fiarse del buen juicio y de la compasi\u00f3n del que escucha. Ver a Dios de este modo puede facilitar la oraci\u00f3n que brota de lo m\u00e1s profundo de nuestro coraz\u00f3n indiviso.<i><\/i><\/p>\n<h2><b>II &#8211; El\u00edas y el encuentro con el Dios del silencio<\/b><\/h2>\n<p>Para mantener una conversaci\u00f3n con Dios, El\u00edas va al monte Horeb. Leamos nuevamente este interesante e instructivo pasaje de la Biblia:<\/p>\n<p><i>\u00abAll\u00ed se introdujo en la cueva y pas\u00f3 la noche. Le lleg\u00f3 la palabra del SE\u00d1OR preguntando: \u02dd \u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed El\u00edas?\u02dd Y \u00e9l respondi\u00f3: \u02ddArdo en celo por el Se\u00f1or, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares y pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para arrebat\u00e1rmela\u02dd. Le dijo: \u02ddsal y permanece de pie en el monte ante el Se\u00f1or\u02dd. Entonces pas\u00f3 el Se\u00f1or y hubo un hurac\u00e1n tan violento que hend\u00eda las monta\u00f1as y quebraba las rocas ante el Se\u00f1or; aunque en el hurac\u00e1n no estaba el Se\u00f1or. Despu\u00e9s del hurac\u00e1n, un terremoto, pero en el terremoto no estaba el Se\u00f1or<\/i><i>. Despu\u00e9s del terremoto fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Se\u00f1or. Despu\u00e9s del fuego el susurro de una brisa suave. Al o\u00edrlo El\u00edas, cubri\u00f3 su rostro con el manto, sali\u00f3 y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva. Le lleg\u00f3 una voz que le dijo: \u02dd\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed El\u00edas?\u02dd. Y \u00e9l respondi\u00f3: \u02ddardo en celo por el Se\u00f1or, Dios del universo, porque los hijos de Israel han abandonado tu alianza, derribado tus altares, y pasado a espada tus profetas. Quedo yo solo y buscan mi vida para arrebat\u00e1rmela\u02dd\u00bb <\/i>(1 Re 19, 9-14).<\/p>\n<p>La experiencia de El\u00edas hasta este momento no ha sido muy agradable. Trata de ponerse en la presencia de Dios, espera que esa presencia se le manifieste de manera poderosa, igual que se hab\u00eda mostrado en el pasado al pueblo de Israel. El\u00edas desea que el Se\u00f1or manifieste su presencia con poder.<\/p>\n<p>En la experiencia vivida en la cima del monte Horeb, El\u00edas descubre que Dios no est\u00e1 presente ni en el hurac\u00e1n, ni en el terremoto, ni en el fuego: maneras explosivas mediante las que Dios hab\u00eda demostrado anteriormente su presencia divina en la historia de Israel. Aqu\u00ed Dios est\u00e1 presente en el \u00abligero susurro de una brisa ligera\u00bb, en la calma. El\u00edas aprende as\u00ed a escuchar a Dios. A la escucha de esta presencia silenciosa, El\u00edas pronuncia su lamentaci\u00f3n. Oculta el rostro bajo su manto al acercarse a Dios. Dios lo escucha y le hace la misma pregunta antes y despu\u00e9s de la revelaci\u00f3n: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s aqu\u00ed, El\u00edas?\u00bb. La comunicaci\u00f3n con Dios comienza por esta pregunta, pregunta importante a la que el profeta debe responder. Dios no se contenta con mandar y exigir, quiere que el profeta desahogue su alma en su presencia, que diga lo que tiene en su coraz\u00f3n. Dios no interrumpe al que escucha, sino que le rodea de un profundo silencio.<\/p>\n<p>Hablando con sencillez y pasi\u00f3n, quien dirige su oraci\u00f3n a Dios, que escucha, descarga su coraz\u00f3n y llega a conocer la voluntad de Dios. Y es enviado para actuar.<\/p>\n<p>Esta misma experiencia de encontrar al Se\u00f1or y de estar invitado a escucharle se descubre tambi\u00e9n en el Evangelio de la Transfiguraci\u00f3n; esto tiene lugar en la cima de una monta\u00f1a, y tambi\u00e9n aparece El\u00edas. De nuevo Dios se revela en el reflejo divino de la gloria de Jes\u00fas. La manera antigua como Dios revelaba su presencia en la Ley y los Profetas, se hace evidente en las personas de Mois\u00e9s y El\u00edas. Pero una voz procedente del cielo revela la presencia de Dios en Jes\u00fas: <i>\u00abEste es mi Hijo Amado, escuchadlo\u00bb<\/i> (Mc 9, 7) y la comunidad debe escucharlo. Y de nuevo los disc\u00edpulos no pueden quedarse en la monta\u00f1a sino que marchan con Jes\u00fas a proclamar el Evangelio porque esta escucha conduce a la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al final de la par\u00e1bola de L\u00e1zaro y el hombre rico, cuando este pide que L\u00e1zaro sea enviado a sus hermanos para advertirles de c\u00f3mo deben vivir fielmente, Abrah\u00e1n responde simplemente: \u00abTienen a Mois\u00e9s y a los profetas, que los escuchen\u00bb (Lc 16, 29). Lo que necesitamos no es adquirir nuevas ense\u00f1anzas sino prestar atenci\u00f3n a las que hemos recibido para comprenderlas y vivirlas.<\/p>\n<p>El <i>Documento Inter-Asambleas<\/i> nos invita a una toma de conciencia de la necesidad de vivir el silencio que da valor a la vida de una persona. Anhelamos ardientemente <i>\u00ab[Revalorizar] el silencio que permite la escucha de Dios y de los dem\u00e1s\u00bb <\/i>(DIA 19). Cuando hay demasiado ruido, nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 disperso en m\u00faltiples direcciones pero tenemos sed de silencio para escuchar y dejarse recrear. La liturgia nos ofrece un espacio especialmente apropiado para ello.<\/p>\n<h2><b>III &#8211; La liturgia y el silencio<\/b><\/h2>\n<p>Los documentos del Concilio Vaticano II subrayan la importancia del silencio en la liturgia estando este tema desarrollado en la <i>Instrucci\u00f3n General<\/i> del Misal romano.<\/p>\n<p><i>\u00abDebe guardarse tambi\u00e9n, en el momento en que corresponde, como parte de la celebraci\u00f3n, un sagrado silencio. Sin embargo, su naturaleza depende del momento en que se observa en cada celebraci\u00f3n. Pues en el acto penitencial y despu\u00e9s de la invitaci\u00f3n a orar, cada uno se recoge en s\u00ed mismo; pero terminada la lectura o la homil\u00eda, todos meditan brevemente lo que escucharon; y despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, alaban a Dios en su coraz\u00f3n y oran. Ya desde antes de la celebraci\u00f3n misma, es laudable que se guarde silencio en la Iglesia, en la sacrist\u00eda, y en los lugares m\u00e1s cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acci\u00f3n sagrada.<\/i> (<i>Instrucci\u00f3n General<\/i> del Misal Romano, 45. 3\u00aa edici\u00f3n corregida, 2008).<i><\/i><\/p>\n<p>Observen que hay cuatro maneras distintas y caracter\u00edsticas de guardar el silencio en nuestras celebraciones Eucar\u00edsticas:<\/p>\n<p>a) Antes de la celebraci\u00f3n: tiempo de recogimiento para ponerse en la presencia de Dios y centrarse en lo que se va a vivir.<br \/>\nb) Antes del acto penitencial: tiempo de recogimiento para reconocer humildemente nuestro pecado, pedir personalmente perd\u00f3n antes de unirse a la oraci\u00f3n comunitaria expresada por el celebrante.<br \/>\nc) Despu\u00e9s de las lecturas y la homil\u00eda: tiempo de recogimiento para meditar la Palabra de Dios y la homil\u00eda que se nos ha ofrecido.<br \/>\nd) Despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, tiempo de adoraci\u00f3n y de acci\u00f3n de gracias para alabar a Dios por el don que nos ha hecho.<\/p>\n<p>Benedicto XVI ha escrito algunas cosas muy alentadoras sobre la importancia de mantener y observar un silencio apropiado en las celebraciones eucar\u00edsticas:<\/p>\n<p><i> \u00abNos damos cuenta, cada vez con mayor claridad, de que tambi\u00e9n el silencio forma parte de la liturgia. Al Dios que habla, le respondemos cantando y orando, pero el misterio m\u00e1s grande, que va m\u00e1s all\u00e1 de cualquier palabra, nos invita tambi\u00e9n al silencio. Para que el silencio sea fecundo, no puede convertirse en una mera pausa en la liturgia, sino que tiene que ser parte constitutiva de su ser\u2026 La pausa de silencio despu\u00e9s de la homil\u00eda ha resultado poco satisfactoria: deber\u00eda concluir con una invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n que d\u00e9 contenido a esa breve pausa. M\u00e1s \u00fatil e interiormente justificado es el silencio despu\u00e9s de la Comuni\u00f3n: es, de hecho, el momento para el di\u00e1logo \u00edntimo con el Se\u00f1or, que se nos ha dado.\u00bb<\/i><i> <\/i>(Cardenal Joseph Ratzinger, <i>El Esp\u00edritu de la Liturgia,<\/i> E. Cristiandad, Madrid, 2001, p.252-253)<i><\/i><\/p>\n<p>En el silencio es d\u00f3nde uno puede escuchar m\u00e1s eficazmente al Verbo de Dios. En el documento <i>Verbum Domini<\/i>, el Papa invita a la Iglesia a tomar ejemplo de Mar\u00eda:<\/p>\n<p><i>\u00abSolo en el silencio la Palabra puede encontrar morada en nosotros, como ocurri\u00f3 en Mar\u00eda, mujer de la Palabra y del silencio inseparablemente. Nuestras liturgias han de facilitar esta escucha aut\u00e9ntica: Verbo crescente, verba deficiunt\u00bb.<\/i> (<i>Verbum Domini, <\/i>n\u00ba 66)<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n latina <i>\u00abVerbo crescente, verba deficiunt\u00bb<\/i> podemos traducirla aproximadamente as\u00ed: \u00abCuando aparece la Palabra, todas las dem\u00e1s palabras desaparecen\u00bb. Nada sustituye la escucha de la Palabra de Dios ni le permite florecer en nosotros. Esto no puede producirse m\u00e1s que por el don del silencio y la escucha de un coraz\u00f3n indiviso. Dietrich Bonh\u00f6ffer nos ofrece una maravillosa reflexi\u00f3n sobre esta verdad:<\/p>\n<p><i>\u00abEl silencio del templo es el signo de la santa presencia de Dios en su Palabra.[\u2026] Callamos antes de escuchar porque nuestros pensamientos ya est\u00e1n dirigidos hacia el mensaje, al igual que calla un ni\u00f1o cuando entra en la habitaci\u00f3n de su padre. Callamos despu\u00e9s de o\u00edr la palabra de Dios, porque ella resuena, vive y quiere permanecer en nosotros. Callamos al levantarse la ma\u00f1ana porque es a Dios a quien corresponde la primera palabra y callamos al caer la noche porque la \u00faltima palabra tambi\u00e9n pertenece a Dios\u2026\u00bb<\/i><\/p>\n<p><i>\u00abCallar no significa otra cosa que estar atentos a la Palabra para poder caminar con su bendici\u00f3n. La necesidad de aprender a callar en una \u00e9poca d\u00f3nde lo que priva es el ruido, es algo que cualquiera puede ver; el verdadero silencio, la verdadera quietud, el verdadero sujetarse la lengua viene solo como una seria consecuencia del silencio espiritual.\u00bb <\/i><i>(<\/i><i>Vida en comunidad<\/i>. Dietrich Bonh\u00f6ffer. Ediciones S\u00edgueme.2003)<\/p>\n<h2><b>IV &#8211; Silencio y oraci\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>Una de las bendiciones del silencio es el don de oraci\u00f3n. Esto se produce en todas nuestras tentativas para pensar en lo que estamos haciendo. Pablo nos ofrece algunos consejos para nuestras meditaciones:<\/p>\n<p><i>\u00abFinalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o m\u00e9rito, tenedlo en cuenta.\u00bb<\/i> (Flp 4,8).<\/p>\n<p>Pablo ofrece siete actitudes que indican la necesidad que tiene el cristiano de llevar una vida de oraci\u00f3n. Para entender, debemos reflexionar en lo que es verdadero, lo que es noble, justo y as\u00ed sucesivamente. Se trata de una invitaci\u00f3n a ser personas que reflexionan sobre su vida y en su manera de vivir.<\/p>\n<p>Vicente y Luisa ten\u00edan buena pr\u00e1ctica del silencio y de la oraci\u00f3n y as\u00ed nos lo ense\u00f1aron. Las conferencias de Vicente todas est\u00e1n centradas en la importancia de reflexionar en su vida. Y Luisa es tambi\u00e9n maravillosa en el modo en que ciertas nociones embargan su imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p><i>\u00abNo dudo de que los sentimientos que Dios ha puesto en usted y en mi querida Sor Lorenza no vayan seguidos de buenas y firmes resoluciones para el porvenir, que les servir\u00e1n para hacerse grandes santas, ayudadas por la gracia de Dios.\u00bb <\/i> (SLM, C. 529 A Sor B\u00e1rbara Angiboust. p.489-490)<\/p>\n<p><i>\u00abSe\u00f1or, mi coraz\u00f3n est\u00e1 todav\u00eda lleno de gozo por la inteligencia que me parece que el Se\u00f1or me ha dado de estas palabras: \u00a1Dios es mi Dios! y por el sentimiento que he experimentado de la gloria que todos los bienaventurados le tributan como consecuencia de esta verdad\u00bb <\/i>(SLM, C. 348<i> Al se\u00f1or Vicente. <\/i>p.335)<\/p>\n<p>Y aconseja:<\/p>\n<p><i>\u00abCuando durante el d\u00eda eleve su esp\u00edritu hacia \u00c9l, que es la divina dulzura, trate con toda sencillez y familiaridad inocente con Nuestro Se\u00f1or\u00bb<\/i> (SLM c. 723 ; L. 40, p.653)<\/p>\n<p>La confianza de Vicente en el poder de la oraci\u00f3n se torna en pura elocuencia al exhortar a sus seguidores a ser hombres de oraci\u00f3n:<\/p>\n<p><i> \u00ab\u00a1Bendito sea Dios! Eso es todo. Bien, pongamos todos mucho inter\u00e9s en esta pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n, ya que por ella nos vienen todos los bienes. Si perseveramos en nuestra vocaci\u00f3n, es gracias a la oraci\u00f3n; si tenemos \u00e9xito en nuestras tareas, es gracias a la oraci\u00f3n; si no caemos en el pecado, es gracias a la oraci\u00f3n, si permanecemos en la caridad, si nos salvamos, todo esto es gracias a Dios y a la oraci\u00f3n. Lo mismo que Dios no le niega nada a la oraci\u00f3n, tampoco nos concede casi nada sin la oraci\u00f3n: Rogate Dominum messis; no, nada; ni siquiera la extensi\u00f3n de su evangelio y lo que le interesa m\u00e1s a su gloria. Rogate Dominum messis. Pero, Se\u00f1or, esto te concierne a ti y es cosa tuya. \u00a1No importa! Rogate Dominum messis. As\u00ed pues, pid\u00e1mosle con toda humildad a Dios que nos haga entrar por esta pr\u00e1ctica.\u00bb (SV XI-3, 284).<\/i><\/p>\n<p>Es dif\u00edcil imaginarle hablando m\u00e1s claro. La oraci\u00f3n y la meditaci\u00f3n son los medios que nosotros usamos para permanecer en contacto con el Se\u00f1or y a trav\u00e9s de las cuales Dios responde a nuestras necesidades. La meditaci\u00f3n silenciosa conduce a orar, as\u00ed, llegamos a conocernos a nosotros mismos, a conocer nuestra misi\u00f3n y nuestro apostolado.<\/p>\n<h2><b>Conclusi\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>El coraz\u00f3n indiviso florece en el silencio. <i>Vita Consecrata <\/i>recoge esta verdad con fuerza.<\/p>\n<p><i>\u00abLa llamada a la santidad es acogida y puede ser cultivada s\u00f3lo en el silencio de la adoraci\u00f3n ante la infinita trascendencia de Dios: \u00abDebemos confesar que todos tenemos necesidad de este silencio cargado de presencia adorada: la teolog\u00eda, para poder valorizar plenamente su propia alma sapiencial y espiritual; la oraci\u00f3n, para que no se olvide nunca de que ver a Dios significa bajar del monte con un rostro tan radiante que obligue a cubrirlo con un velo (cf. Ex 34, 33) [&#8230;]; el compromiso, para renunciar a encerrarse en una lucha sin amor y perd\u00f3n [&#8230;]. Todos, tanto creyentes como no creyentes, necesitan aprender un silencio que permita al Otro hablar, cuando quiera y como quiera, y a nosotros comprender esa palabra\u00bb. Esto comporta en concreto una gran fidelidad a la oraci\u00f3n lit\u00fargica y personal, a los tiempos dedicados a la oraci\u00f3n mental y a la contemplaci\u00f3n, a la adoraci\u00f3n eucar\u00edstica, los retiros mensuales y los ejercicios espirituales.\u00bb <\/i>(VC 38)<\/p>\n<p>Para concluir, escuchemos al profeta Isa\u00edas para llegar a ser personas que dejan que el silencio y la espera dirijan sus corazones indivisos y ofrezcan un espacio para que vayamos hacia Dios y que Dios venga hacia nosotros:<\/p>\n<p><i>\u00abPorque as\u00ed habla el Se\u00f1or Dios, el Santo de Israel: \u00abVuestra salvaci\u00f3n est\u00e1 en convertiros y en tener calma, vuestra fuerza est\u00e1 en confiar y estar tranquilos\u00bb pero no quisisteis\u00bb.<\/i> (Is 30,15)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El coraz\u00f3n indiviso necesita un lugar tranquilo y silencioso en el que pueda centrarse en s\u00ed mismo y estar atento a las inspiraciones del Esp\u00edritu. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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