{"id":1194,"date":"2013-11-27T04:01:04","date_gmt":"2013-11-27T03:01:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=1194"},"modified":"2016-07-26T10:33:16","modified_gmt":"2016-07-26T08:33:16","slug":"la-medalla-de-la-madre-1-zoe-catalina-laboure-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-medalla-de-la-madre-1-zoe-catalina-laboure-2\/","title":{"rendered":"La medalla de la Madre: 1. Zoe Catalina Labour\u00e9"},"content":{"rendered":"<h2>1. Zoe Catalina Labour\u00e9<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/11\/peregrinacion_paris_2.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-52769\" title=\"peregrinacion_paris_2\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/11\/peregrinacion_paris_2-201x300.jpg?resize=201%2C300\" width=\"201\" height=\"300\" \/><\/a>Muchos piensan que para hacerse santos hay que tener grandes dotes, ricos talentos, facultades extraordinarias. Una ilusi\u00f3n muy sutil del yo, que todav\u00eda no vive en Cristo. Los fariseos no se desacreditan: piden <em>se\u00f1ales <\/em>ruidosas y brillantes a los ojos de la carne, aunque el esp\u00edritu permanezca envuelto en tinieblas. Quien fuese en busca de algo semejante a la persona de Catalina Labour\u00e9, ir\u00eda en vano, y podr\u00eda decir: <em>Duro es este lenguaje (Jn 6, <\/em>60). Catalina no fund\u00f3 ninguna orden; no hizo estudios superiores -apenas si hizo los elementales-; no jug\u00f3 papel alguno importante en su comunidad; no llev\u00f3 a cabo obras brillantes. Casi estamos tentados a decir que <em>no se realiz\u00f3. <\/em>Esto no deja de sorprender, a los ojos de quienes <em>miran y no ven, <\/em>pues Catalina es una hija de san Vicente de Pa\u00fal, el santo por antonomasia de la actividad caritativa. Por sus or\u00edgenes fue una campesina; vivi\u00f3 como cristiana y madur\u00f3 al amparo de un <em>Nazaret <\/em>que abri\u00f3 para ella esos surcos de vida religiosa, para nosotros tan dif\u00edciles de captar, cu\u00e1nto m\u00e1s de hendir. Aquel tosco hogar de Borgo\u00f1a, en la aldea de Fain-lesMoutiers, no era precisamente la gloria de Bernini que la hab\u00eda de rodear siglo y medio m\u00e1s tarde. En Fain hab\u00eda otra atm\u00f3sfera: cre\u00e1banla las palomas y dem\u00e1s animales dom\u00e9sticos, los rastrillos y las azadas, los barre\u00f1os de todo tama\u00f1o, los telares y sus r\u00fasticos hilos, las mesas y arcas de madera, las sillas de paja, todo envuelto por el polvo de la rudeza sencilla y pura. De la pared desnuda pod\u00eda colgar un crucifijo o una imagen sagrada de las que inspira la austera devoci\u00f3n del pueblo. Dos llares daban fuego para calentar y alimentar a una familia de diez reto\u00f1os. Catalina ve\u00eda la octava en la fila. Otra prole no sobrevivi\u00f3. Poco o nada sabemos de la madre. Era sin duda una gran mu.jer, pues nos dio una santa. El padre hab\u00eda probado el seminario antes de la Revoluci\u00f3n; despu\u00e9s torn\u00f3 a las labores del campo. Los Labour\u00e9 eran gente adicta a la parroquia y devotos de la Virgen Mar\u00eda. Catalina vino al mundo el 2 de mayo de 1806, a las 6 de la tarde. Era viernes. En casa recibi\u00f3 el sobrenombre de Zoe, por haber tenido lugar su bautismo en la fiesta de esa santa. Es un nombre que quiere decir <em>vida<\/em>. Catalina ha venido a engrosar el coro de otros grandes santos coterr\u00e1neos suyos: san Bernardo era borgo\u00f1\u00f3n; la madre de \u00e9l viv\u00eda no lejos de Faio. Cerca de Fain hab\u00eda asimismo un castillo donde se apareci\u00f3 a Juana de Chantal un sacerdote en el que ella reconoci\u00f3 luego a Francisco de Sales. No podemos menos de asociar este sue\u00f1o con uno que tendr\u00e1 Catalina. Dos grandes santos. Francisco de Sales y Vicente de Pa\u00fal, llaman en sue\u00f1os a dos grandes seguidoras suyas. Catalina crece rodeada de tantos hermanos y hermanas, que no ha lugar la sensaci\u00f3n de soledad. Mas pronto les sobreviene a todos la orfandad: Catalina y sus hermanos pierden a la madre. Mar\u00eda Luisa, hermana mayor de Catalina, deja la casa paterna a los 22 a\u00f1os para hacerse Hija de la Caridad. Catalina demuestra madurez y se revela como mujer hecha y derecha. Se vuelve a la hermana menor, Tonina, y dice, con la ingenuidad de una muchacha precoz: <em>Ahora nos toca a nosotras doy llevar la casa adelante. <\/em>Con la ausencia de Mar\u00eda Luisa, quedan en casa dos mujeres, Tonina y Catalina: todos los dem\u00e1s son hombres. Las dos muchachas ponen manos a la obra. Hay que limpiar, lavar, poner la mesa, remendar, criar m\u00e1s de ochocientas palomas: el palomar es un torre\u00f3n cuadrangular, cruzado por listones y travesa\u00f1os que semejan pautas musicales. Hay adem\u00e1s gallinas.<\/p>\n<p>Tienen una sirvienta, pero Catalina la despacha pronto, porque se las arregla sola aunque no est\u00e1 sola en modo alguno. Hace la primera comuni\u00f3n a los 12 a\u00f1os. Es muy seria, y se concentra sobre este nuevo misterio. Da el primer paso en un camino que la llevar\u00e1 lejos, por el ocultamiento y la plegaria, hasta la plenitud de fe que caracteriza a los sencillos. Tiene s\u00f3lo 14 a\u00f1os cuando Tonina se apercibe de que observa los ayunos en viernes y s\u00e1bados; nadie m\u00e1s lo hab\u00eda notado. El padre se enoja, la hermana da sabios <em>consejos: <\/em>mas ambos se aplacan pronto, pues ella sabe excusarse: come&#8230; s\u00f3lo que el cansancio le quita a veces el apetito y entonces se contenta con un sorbo de caldo. As\u00ed se inicia en la virtud de guardar el secreto. Y no termina ah\u00ed todo. Sensiblemente va apoder\u00e1ndose de ella el recogimiento interior: apenas concluye las tareas dom\u00e9sticas, cuando desaparece en alg\u00fan rinc\u00f3n y, a escondidas, reza. Sobre todo, busca refugio en la iglesia. En ella permanece horas de rodillas, inm\u00f3vil -lo cual le ocasiona una dolorosa artritis, que arrastrar\u00e1 toda su vida. Pero no todo el mundo en Fain lo ve de esta manera. Una aldeana deplora que Catalina <em>haqa oraciones demasiado largas y por ello descuide los trabajos. <\/em>Mas Catalina no se daba punto de reposo: era una devota que <em>cre\u00eda <\/em>en las prolongadas oraciones, aun a costa de descuidar los trabajos. Hoy se ha hecho rara esta creencia. Falta clero: la iglesia parroquial de Catalina no est\u00e1 bien servida. Catalina tiene que prescindir del sacerdote en el desarrollo de su piedad personal y eclesial. Va a o\u00edr misa a la vecina aldea de Moutiers\u00adSaint-Jean. All\u00ed tienen las Hijas de la Caridad un hospicio, que hace tambi\u00e9n veces de hospital. El emplazamiento, a lo que parece, fue escogido por el mismo san Vicente. Catalina entra a menudo en la capilla de las hermanas para orar. Entre los 14 y 15 a\u00f1os, Catalina comienza a hablar de vocaci\u00f3n. Los testigos aseguran que por ese tiempo es <em>c\u00e1ndida, de ojos azules, muy alegre, con una experiencia y de un tes\u00f3n muy superiores a su edad. <\/em>Por entonces la vio su sirvienta subirse a un taburete para abrazar la imagen de Mar\u00eda. Cuando Catalina manifiesta al padre el prop\u00f3sito que tiene, \u00e9l no se aviene: tiene ya una hija religiosa. Y para darse mejor a entender, coloca a Catalina en la fonda que su hijo Carlos ha establecido en Par\u00eds: Carlos sabr\u00e1 disipar las ideas de esta hermana suya. De hecho se toma en serio la b\u00fasqueda de marido para ella. Ella, empero, no se deja distraer de su ocupaci\u00f3n interior, ni por los atractivos de la ciudad, ni por las galantes instancias de los pretendientes que son simples alba\u00f1iles o carpinteros. A los 18 a\u00f1os, y cuando reside en Par\u00eds, tiene un sue\u00f1o prof\u00e9tico. Le parece estar en la iglesia de Fain, en la capilla de la Virgen. Celebra la misa un anciano sacerdote. Cuando termina, hace se\u00f1as a Catalina para que se acerque, pero ella se asusta, y corre a visitar a un enfermo. El sacerdote sale otra vez a su paso y dice:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\"><em>Bueno es, hija m\u00eda, servir a los enfermos. Ahora me reh\u00fayes, mas un d\u00eda te sentir\u00e1s dichosa de acudir a m\u00ed. <\/em><\/p>\n<p>Catalina despierta: est\u00e1 de nuevo en la fonda, que huele a menestra de cebolla. M\u00e1s tarde contempla en Ch\u00e1tillon un cuadro de san Vicente de Pa\u00fal y exclama: \u00a1Es <em>el sacerdote que vi en sue\u00f1os! <\/em>Da comienzo la vocaci\u00f3n prof\u00e9tica de Catalina. Opta entonces por escribir a su hermana mayor, Mar\u00eda Luisa, que es Hija de la Caridad hace diez a\u00f1os. Catalina tiene ahora 23. Mar\u00eda Luisa, que es superiora, responde con un tratado de amor a los pobres y un elogio de la vocaci\u00f3n vicenciana. Esta misma carta ser\u00e1 reexpedida a su hermana por Catalina a\u00f1os despu\u00e9s, cuando Mar\u00eda Luisa, cuyo orgullo est\u00e1 herido por una cr\u00edtica, abandone la comunidad en 1834. Volver\u00e1 a ella once a\u00f1os despu\u00e9s, en 1845. Muere el 25 de julio de 1877, a los siete meses de morir Catalina. En septiembre de 1829, Catalina deja Par\u00eds para ir a una pensi\u00f3n que regenta su cu\u00f1ada en Ch\u00e1tillon-sur-Seine. Aqu\u00ed hay otro ambiente. Las pensionistas son muchachas de clase noble. Existe tambi\u00e9n en Ch\u00e1tillon una casa de Hijas de la Caridad, que es ocasi\u00f3n para que Catalina visite a los pobres. En el recibidor reconoce Catalina la representaci\u00f3n del sacerdote visto en sue\u00f1os. Est\u00e1 resuelta a entrar en las Hijas de la Caridad. El padre reacciona neg\u00e1ndole ajuar y dote. Catalina llega a la Casa Madre de las Hijas de la Caridad en Par\u00eds, rue du Bac (entonces 132), el 21 de abril de 1830. Una prima suya ha aportado el dote y un \u00f3ptimo ajuar. Es el mi\u00e9rcoles que precede a la traslaci\u00f3n de las reliquias de san Vicente (que tiene lugar el domingo 25 de abril de 1830). Las dos comunidades de padres y hermanas est\u00e1n de fiesta, y Catalina participa con vivo transporte y gran fe.<\/p>\n<p>La superiora de Ch\u00e1tillon resume lac\u00f3nicamente el postulantado de Catalina en esta nota: <em>Se\u00f1orita Labour\u00e9, hermana de la que es superiora en Castelsarrazin&#8230; tiene 23 a\u00f1os. Escribe y lee sola. Su devoci\u00f3n es buena, tiene buen car\u00e1cter, constituci\u00f3n robusta, ama el trabajo, es muy alegre. Comulga con regularidad todos los d\u00edas <\/em>(que en esta \u00e9poca significa mucho). Todav\u00eda m\u00e1s sint\u00e9tico es el informe que da la directora del seminario sobre la joven novicia:<\/p>\n<p><em>Labour\u00e9 Catalina, nacida el 2de mayo de 1806 en Fain-les-Moutiers, distrito de Semur (Costa de oro). Entr\u00f3 en la comunidad el 21 de abril de 1830. Postulantado en Chatillon-sur-Seitte. Destino al hospicio de Enghien en Par\u00eds, donde ha hecho los votos. Robusta, de talla media. Lee y escribe sola. Su car\u00e1cter ha parecido bueno. <\/em>No destaca por su inteligencia y juicio. <em>Es piadosa. Trabaja en mejorarse. <\/em>Catalina permanecer\u00e1 toda su vida en el hospicio de Enghien, sirviendo a los ancianos que all\u00ed se albergan y cuidando del establo. He aqu\u00ed sus oficios: trabaja en la cocina cinco a\u00f1os (1831-1836); cuatro en la roper\u00eda (hasta 1840); durante 16 a\u00f1os atiende al establo, con vacas que proveen de leche a los pobres y a la comunidad (1846-1862). Catalina misma adquiere la primera vaca en 1846 y registra con precisi\u00f3n la venta de la leche. En 186? se ceba en las vacas una enfermedad, y hay que suprimir el establo. Cuida tambi\u00e9n de las palomas y de las gallinas, lo que prolonga las ocupaciones de su infancia. Por este tiempo, tal vez en 1836, se conf\u00eda a ella una sala de asilados. Y en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida desempe\u00f1\u00f3 establemente el oficio de portera. Tales fueron las ocupaciones de la santa mientras vivi\u00f3 en la tierra. Llamamos a esa vida normal, sencilla, la juzgamos <em>sin esplendor. <\/em>Mas sus apariencias son enga\u00f1osas<em>, <\/em>como las de la familia de Nazaret. La oscuridad de Jes\u00fas, Mar\u00eda v Jos\u00e9 durante aquellos treinta a\u00f1os es normal a nuestros ojos, no a los ojos de Dios. Habr\u00eda que inventar otro vocabulario con los significados opuestos, y llamar resplandeciente a lo oscuro, p\u00fablico a lo oculto y grande a lo peque\u00f1o. El vocabulario habitual es <em>mundano y <\/em>procede del <em>mundo, <\/em>mientras que el de la fe proviene de Dios, ante quien lo \u00faltimo es lo primero. Sor Labour\u00e9 guarda toda su vida el secreto de las apariciones. Exteriormente hace la misma vida com\u00fan de muchas otras Hijas de la Caridad, entregada al trabajo, a la oraci\u00f3n, a la adoraci\u00f3n interior, a la observancia de las reglas y de una vida disciplinada. Ello no impide que administre sus cargos con exactitud. Lleva las cuentas con una precisi\u00f3n escrupulosa. As\u00ed consta en registro que en 1864- ha vendido 313 palomas, y en 1865, 316&#8230; Mas pon\u00eda ante todo el coraz\u00f3n en servir a los ancianos asilados, que eran sus amos r se\u00f1ores, y de que en realidad lo fuesen, jam\u00e1s dud\u00f3. As\u00ed fue como nunca tuvo la holgura necesaria para llegar a leer y escribir correctamente y sus aut\u00f3grafos est\u00e1n plagados de faltas. Prefiri\u00f3 ponerse al d\u00eda en el amor a los pobres a descollar en cultura. Su inteligencia, sin embargo, no sufri\u00f3 mengua. Lenta pero s\u00f3lidamente, fue adquiriendo la conciencia de no pertenecer a s\u00ed misma. Su personalidad no experiment\u00f3 menoscabo: la doble congregaci\u00f3n vicenciana, la propia comunidad, la familia ten\u00edan en su responsabilidad un eco muy sensible. Dec\u00eda: <em>La Virgen Santa no se ha aparecido para mi provecho sino para el de la Compa\u00f1\u00eda y de la Iglesia. <\/em><\/p>\n<p>Hubo tambi\u00e9n momentos tr\u00e1gicos en su vida. En 1871 los comunardos penetraron en la casa de las Hermanas esparciendo la confusi\u00f3n y creando problemas; el desconcierto fue a\u00fan mayor con las mujeres de los comunardos. Con este motivo, la santa hubo de comparecer ante un tribunal improvisado, para que confirmara acusaciones contra los revolucionarios. Con gran sorpresa de todos, habl\u00f3 en disculpa de los acusados. Tambi\u00e9n su superiora, sor Duf\u00e9s, consigui\u00f3 salvar a dos gendarmes que hab\u00edan buscado refugio entre las Hermanas. Estas habr\u00edan salvado igualmente a otros comunardos en dificultad, a despecho de las instituciones, que pon\u00edan a las Hermanas de parte del orden y de la fuerza. Luego los comunardos entraron en casa y pusieron en fuga a la superiora, amenazada de detenci\u00f3n y muert, mientras que sor Labour\u00e9 guardaba la m\u00e1s perfecta calma: en sue\u00f1os hab\u00eda visto a la Virgen Mar\u00eda ocupando el despacho de la superiora, y tom\u00f3 esto como una se\u00f1al de protecci\u00f3n en un momento de desorden. No deja por eso de distribuir la menestra y la medalla. Lo que m\u00e1s impresiona a nuestra conciencia moderna es el inc\u00f3gnito en que vivi\u00f3 Catalina, pues nadie lleg\u00f3 a averiguar que era la hermana favorecida con las apariciones. Estaba de espectadora, cuando el arzobispo de Par\u00eds aprobaba la medalla y \u00e9sta se difund\u00eda por todo el mundo, y ni siquiera para defenderla quebrant\u00f3 el silencio. Rehus\u00f3 manifestarse en p\u00fablico (Jn 7, 4). Allende esta nota de cr\u00f3nica, apta en cuanto ejemplo de ascesis, se imposta una fe que evoca la <em>perla evang\u00e9lica. <\/em>Se declar\u00f3 esclava y permaneci\u00f3 invariablemente sujeta a la posici\u00f3n que Dios le hab\u00eda asignado, aversa a toda idea publicitaria. \u00bfNo advertimos aqu\u00ed la postura de Maria en la vida privada y p\u00fablica de su Hijo`? Mar\u00eda le comunicar\u00e1 <em>(osas que no \u00a1odia decir: <\/em>no es improbable que se relacionasen con este. Ocasiones de forzar este silencio no faltaron a pesar de todo. El padre Juan-Mar\u00eda Aladel, C.M., era su director espiritual y confidente de las apariciones. Un d\u00eda fue acosado en presencia de Catalina por las preguntas de algunas hermanas que indagaban sobre la medalla y las apariciones. Sor Catalina se uni\u00f3 sin pesta\u00f1ear al coro de las demandantes, como si fuese una extra\u00f1a a s\u00ed misma. En el seminario de las Hijas de la Caridad de Par\u00eds fue colocado un cuadro de las apariciones. Una hermana se dirigi\u00f3 entonces al padre Aladel, mirando a sor Catalina: <em>Esa es ciertamente la Hermana que tuvo las apariciones. El <\/em>padre Aladel, presa del embarazo, mir\u00f3 a sor Catalina sonriendo y dijo a la hermana: <em>Lo ha adivinado. <\/em>De ah\u00ed dedujo la hermana que Catalina no pod\u00eda ser, o el padre Aladel no hubiese incurrido en tama\u00f1a ingenuidad. Otra hermana habla concluido que la hermana de las apariciones estaba empleada en la vaquer\u00eda de una casa de Par\u00eds. Fue destinada ella misma a Enghien, junto a sor Catalina. Entonces dijo: <em>Esta no puede ser, porque no me parece bastante m\u00edstica. <\/em>Piensa uno en la cocinera del carmelo de Lisieux, quien, al morir santa Teresita del Ni\u00f1o Jes\u00fas, no hubiese sabido qu\u00e9 decir de ella. Con todo, no parece que el secreto haya sido tan absoluto, aunque haya estado lejos de ser un secreto a voces. S\u00ed fue secreto absoluto la relaci\u00f3n de las apariciones, comunicada al padre Aladel en confesi\u00f3n. Con el permiso de Catalina, Aladel inform\u00f3 al que iba a ser superior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, padre Juan-Bautista Etienne, y al arzobispo de Par\u00eds, pero sin revelar el nombre de la vidente. Por Par\u00eds circulaba de hecho el rumor de que la hermana de las apariciones se empleaba en la vaquer\u00eda de una casa de Par\u00eds. Sor Chavel declar\u00f3 en el proceso diocesano que, cuando fue destinada a la casa de Enghien, se le dijo que all\u00ed estaba la hermana de las apariciones (es en 1858). Una vez en Enghien, la hermana se convenci\u00f3 de que la favorecida era sor Labour\u00e9. Aquel mismo a\u00f1o de 1858 fue a ver la capilla de las apariciones un pariente de sor Catalina, V\u00edctor Labour\u00e9. Se le mostr\u00f3 el sill\u00f3n de la capilla y le dijeron: <em>Abrace este sill\u00f3n porque en \u00e9l se sent\u00f3 la Virgen Santa cuando ve apareci\u00f3 a sor Catalina. Y <\/em>sor Henriot, que entr\u00f3 en Reuilly en 1861, cuenta que los ni\u00f1os apuntaban a sor Catalina diciendo: <em>Esa es la Hermana que vio a la Virgen Mar\u00eda. <\/em><\/p>\n<p>Antes de 1870, los cl\u00e9rigos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n sol\u00edan ir a Reuilly, y los m\u00e1s osados entraban al gallinero, pues se dec\u00eda que all\u00ed trabajaba la hermana de las apariciones -nos ha llegado esta noticia a trav\u00e9s del padre Pouget, y fue recogida por el padre Coste. Algo, pues, de la verdad hab\u00eda trascendido de alg\u00fan modo. Pero nadie tenia <em>certeza <\/em>de ello pues a nadie se descubri\u00f3 jam\u00e1s el secreto. El arzobispo de Par\u00eds, monse\u00f1or de Qu\u00e9len, hab\u00eda manifestado el deseo de hablar con la hermana, no al objeto de averiguar su identidad, seg\u00fan promesa, sino que pod\u00eda ser con el rostro cubierto por un velo. Mas se avino a no intentarlo, por persuasi\u00f3n del padre Aladel, y tambi\u00e9n \u00e9l respet\u00f3 el secreto. Hacia 1835 quiso que se indujese a sor Catalina para que compareciese ante una comisi\u00f3n eclesi\u00e1stica- pero ella <em>rehus\u00f3. <\/em>El padre Aladel refiere una ulterior negativa a la reiterada demanda: <em>La Hermana apenas si recuerda ya circunstancia alguna de la visi\u00f3n, y todas las tentativas de que suministre informaci\u00f3n ser\u00e1n, por consiguiente, in\u00fatiles. <\/em>No es un fen\u00f3meno extra\u00f1o. Se repite en otras personas favorecidas con visiones. Teresa de Lisieux vio a la Virgen Mar\u00eda cuando experiment\u00f3 la curaci\u00f3n de su infancia<em>: <\/em>m\u00e1s tarde, su memoria se demostr\u00f3 incapaz de reproducir la evidencia de aquel momento y el episodio se convirti\u00f3 en fuente de escr\u00fapulos y ansiedades. O bien, como escribe Laurentin, tenemos en Catalina la falta de memoria t\u00edpica del campesino: No s\u00e9, <em>no me acuerdo&#8230; <\/em>As\u00ed replica siempre la gente del campo a los curiosos e indiscretos. Adem\u00e1s ignoramos las <em>consignas <\/em>que pudieron acompa\u00f1ar a la aparici\u00f3n. No podemos aplicar indiscriminadamente la l\u00f3gica de la sinceridad, de la superstici\u00f3n, del conocimiento y del olvido.<\/p>\n<p>En la realidad de la vida cotidiana Catalina estuvo del todo vuelta hacia Dios. De ah\u00ed que vaya marcada en ella por el signo de la autenticidad la contemplaci\u00f3n de cosas celestiales. As\u00ed pudo tambi\u00e9n poner todo el coraz\u00f3n en el servicio de los ancianos de Enghien: servirles era para ella amor a Jesucristo. Sab\u00eda, si era preciso, rega\u00f1arles, tal vez al d\u00eda siguiente de acontecer lo que a ello diera lugar. A la hora de la muerte asist\u00edales con afecto y hac\u00eda que se reconciliasen. A menudo guardaba para s\u00ed el pan ya seco, para que ellos lo tomasen reciente. Su actividad estuvo siempre envuelta en silencio, oraci\u00f3n, observancia. Por todo lo dem\u00e1s demostr\u00f3 mucha indiferencia, aunque estaba repleta de ardientes aspiraciones, lo cual nos cerciora del perfecto equilibrio de su esp\u00edritu y, sobre todo, de su honda libertad interior. Ten\u00eda gustos sencillos, de ah\u00ed que supiera tratara los animales. En el lecho de muerte le aconteci\u00f3 apetecer con toda naturalidad una manzana y uvas pasas: su santidad no se ve\u00eda estorbada por esto. Sab\u00eda sacrificar sus deseos por el bien de los dem\u00e1s sin vanidad ni complacencia, para nosotros un arte dif\u00edcil. Eso \u00e9rale a ella connatural, pues nac\u00eda de un hondo amor a Dios y de un amor muy sencillo a los hombres. Era de este modo siempre due\u00f1a de sus acciones y reacciones. En 1876, sor Catalina comienza a decaer f\u00edsicamente. Dec\u00edase que daba muestras de estar perdiendo la cabeza. Sent\u00eda c\u00f3mo se le debilitaba cada vez m\u00e1s el coraz\u00f3n y se agravaban con rapidez el asma y la artritis. Consegu\u00eda a pesar de todo sacar fuerzas de flaqueza y <em>estar <\/em>siempre en su lugar. Era a\u00fan asidua en lavar las camisas de los ancianos y limpiar sus vasos de noche, sin mostrar repugnancia ni ostentar virtud. Predijo ella misma que no sobrevivir\u00eda a aquel a\u00f1o. Notaba que su vida se iba extinguiendo. En noviembre fue a la casa matriz para hacer sus \u00faltimos ejercicios. Al regreso de ellos ya no pudo abandonar su estancia. Hacia fines de diciembre pide al padre Chinchon que la confiese, y el d\u00eda 31 expresa el deseo de recibir el vi\u00e1tico y la extremaunci\u00f3n y, aunque no todos los testimonios concuerdan en la fecha, s\u00ed convienen en que sor Catalina recibi\u00f3 los \u00faltimos sacramentos con gran devoci\u00f3n. Podemos seguir paso a paso su \u00faltima jornada en la tierra. Sor Duf\u00e9s, su superiora, recuerda que, por la ma\u00f1ana <em>me dijo que no ver\u00eda el d\u00eda siguiente. Amigablemente, me permit\u00ed contradecirla. <\/em>Por la tarde va el padre Chevalier a darle una \u00faltima bendici\u00f3n. -\u00bfNo teme morir? &#8211;\u00bfPor qu\u00e9? -repuso- Voy a ver de nuevo a la Virgen Santa. Hacia las cuatro da se\u00f1ales de gran debilidad. A las cuatro y media viene a verla la hija de su hermana Tonina, con dos de sus hijos y una sobrinita. Sor Catalina se despeja y da a los ni\u00f1os confites, y un pu\u00f1ado de medallas a la sobrina. Esta saluda y promete volver. -Si vuelves, me ver\u00e1s -replica la santa- pero yo a ti no, porque habr\u00e9 partido. Hacia las seis pareci\u00f3 que sor Catalina iba a expirar. Se avisa a la superiora. Esta hace encargos para el cielo, pero la santa desbarata, con un sencillo murmullo. las fantas\u00edas de estas frases ocasionales. &#8211;No s\u00e9 lo que pasa all\u00e1 arriba. La superiora insiste: no ser\u00e1 necesario formular frases; basta orar mirando al buen Dios. -Si es de esa manera, entonces prometo orar mucho. No se desment\u00eda: mor\u00eda como todas las dem\u00e1s. Poco despu\u00e9s, una hermana le trae medallas, mas se le deslizan sobre el lecho. Ahora s\u00ed que expira&#8230; No es costumbre de la comunidad, pero se toca la campana. Las hermanas acuden y recitan la recomendaci\u00f3n del alma. Catalina hab\u00eda previsto este momento. Hubiera sido deseo suyo que la rodearan 63 Hijas de Mar\u00eda para, cada una de ellas, pronunciar una de las 63 invocaciones de la letan\u00eda de la Inmaculada. No fue posible. Catalina se une a las oraciones, pero no se oyen sus palabras: muere tan silenciosamente como hab\u00eda vivido&#8230; A las siete cae en un sopor so\u00f1oliento: no sufre agon\u00eda. Se\u00f1alaron el \u00faltimo momento un leve suspiro y dos gruesas l\u00e1grimas. Le son cerrados los ojos. Corre en breve la voz de que ha muerto. Acuden las hermanas de rue du Bac y de todas las dem\u00e1s casas de Par\u00eds. Fue una muerte que no apen\u00f3 a nadie. Ahora ya no pod\u00eda guardarse el secreto. Una indecible lectura espiritual se hizo aquel d\u00eda en aquella comunidad. La superiora, sor Duf\u00e9s, ley\u00f3 a sus hermanas el relato de las apariciones de la medalla, que no pudiendo hacerlo a su confesor, sor Catalina hab\u00eda escrito para ella.<\/p>\n<p>Nadie derram\u00f3 l\u00e1grimas sobre la tumba. Una imponente multitud de las hoy pret\u00e9ritas cornetas daba m\u00e1s sensaci\u00f3n de asistir a una alegre procesi\u00f3n que a un cortejo f\u00fanebre. Se acompa\u00f1aba a la \u00faltima morada a la humilde campesina de Fain, en espera del 27 de julio de 1947, cuando sea proclamada por la Iglesia <em>Santa Catalina Labour\u00e9.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. Zoe Catalina Labour\u00e9 Muchos piensan que para hacerse santos hay que tener grandes dotes, ricos talentos, facultades extraordinarias. Una ilusi\u00f3n muy sutil del yo, que todav\u00eda no vive en Cristo. 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