{"id":118293,"date":"2021-12-05T08:02:06","date_gmt":"2021-12-05T07:02:06","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=118293"},"modified":"2021-07-15T12:05:15","modified_gmt":"2021-07-15T10:05:15","slug":"la-mansedumbre-cf-xi-752","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/la-mansedumbre-cf-xi-752\/","title":{"rendered":"La Mansedumbre (cf. XI, 752)"},"content":{"rendered":"<h2>Lo que entendemos por mansedumbre<\/h2>\n<p><i>Moderaci\u00f3n razonable de la ira<\/i><\/p>\n<p>1) El sustantivo mansedumbre y el adjetivo manso no son muy usados actual\u00admente. Conviene, por tanto, tener presente otros t\u00e9rminos con el matiz que a\u00f1aden al significado nuclear de la mansedumbre. Tales t\u00e9rminos son afabilidad, apaci\u00adbilidad, dulzura, suavidad, benignidad y los correspondientes adjetivos. Otros sin\u00f3nimos de manso son los t\u00e9rminos reposado, quieto, sosegado, tranquilo, d\u00f3cil, obediente, manejable, moderado, delicado en el trato, fino en los modales. Para san Vicente, los t\u00e9rminos mansedumbre, cordialidad y clemencia coinciden fun\u00addamentalmente en el significado.<\/p>\n<p>2) Etimol\u00f3gicamente, mansedumbre viene de \u00abmansuetudo\u00bb y manso de \u00abmansus\u00bb, forma del lat\u00edn vulgar de \u00abmansuetus\u00bb. Tiene un significado de com\u00adportamiento acostumbrado, familiar, dom\u00e9stico. Conceptualmente, la mansedum\u00adbre se entiende como la fuerza, la virtud, que permite a la persona moderar razo\u00adnablemente su ira e indignaci\u00f3n. Razonablemente, porque nuestro Se\u00f1or se dej\u00f3 llevar de la \u00absanta indignaci\u00f3n\u00bb cuando ech\u00f3 por tierra las mesas de los nego\u00adciantes en el templo (Jn 2, 14) y cuando no tuvo reparos en insultar a los escribas y fariseos, por ejemplo, cuando les llam\u00f3 raza <i>de v\u00edboras <\/i>(Mt 3, <i>7), sepulcros blan\u00ad<\/i><i>queados <\/i>(Mt 23, 27), <i>hip\u00f3critas (Mt <\/i>7, 5), <i>generaci\u00f3n perversa (Mt <\/i>12, 39), etc. La razonable indignaci\u00f3n puede ser con frecuencia sana y saludable, desahogo l\u00edcito de la sobrecarga psicol\u00f3gica o un acto de celo por la gloria de Dios, por la justicia o por el bien del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<h2>La mansedumbre en el Antiguo Testamento<\/h2>\n<p>No <i>vociferar\u00e1 ni alzar\u00e1 el tono&#8230; Ca\u00f1a quebrada no partir\u00e1&#8230; <\/i>(Is 42, 2-3).<\/p>\n<p>3) En el Antiguo Testamento, se describe con frecuencia a Dios airado contra las infidelidades de su pueblo. Dios se manifiesta airado, como el \u00fanico que se puede encolerizar, porque s\u00f3lo es el justo juez. Isa\u00edas expone de una manera muy viva la ira de Dios (cf. Is 30, 27-33). Por otra parte, aparece la paciencia y la bon\u00addad de Dios que, a pesar de todo, sigue amando a su pueblo y no le retira lo que le prometi\u00f3. Dios expresa la mansedumbre por su bondad. El salmista nos invita a cantar la bondad de Dios (cf.Sal 31, 20; 86, 5). Las palabras de Dios son dulces Sal 119, 103).<\/p>\n<p>4) Dios se muestra apasionado en una doble direcci\u00f3n: por la ira y la mise\u00adricordia, prevaleciendo en el tiempo la misericordia y dejando la ira para el final. Prevalece Dios el amor, la pasi\u00f3n por el bien del hombre. Dios reprime su ira, es tardo para la ira (cf. Sal 103, 8).<\/p>\n<p>5) En el Antiguo Testamento, se encuentran hombres de gran car\u00e1cter, que ciertos momentos se encolerizaron. Un ejemplo es Mois\u00e9s que arroj\u00f3 las Tablas de la Ley cuando vio la idolatr\u00eda de su pueblo (cf. Ex 32, 19-21). No obstante estos arrebatos de ira e indignaci\u00f3n por el cambiante comportamiento de su pue\u00adblo, es considerado como el hombre paciente y manso (cf. Num 12, 3). Otros personajes pueden ser contemplados, seg\u00fan las circunstancias, sacudidos por la ira o movidos por la mansedumbre. Otros, en cambio, son vistos s\u00f3lo desde la mansedumbre y la paz. Tal es el caso de Salom\u00f3n, cuyo nombre significa rey pac\u00edfico.<\/p>\n<p>6) Los Profetas ven al Siervo de Dios como el cordero que es llevado al matadero y no bala, como el que no casca la ca\u00f1a medio rota, ni apaga el p\u00e1bilo que se est\u00e1 extinguiendo (cf. Is 52). El profeta Zacar\u00edas ve al Mes\u00edas como pac\u00edfico, manso, montado sobre un borrico, que es s\u00edmbolo de la tranquilidad, doci\u00adlidad y mansedumbre, (cf. Zac 9, 9).<\/p>\n<p>7) Lo brevemente expuesto nos lleva a la conclusi\u00f3n de que en el Antiguo Testamento no se condena la ira cuando est\u00e1 justificada por la gloria de Dios o el bien del hombre. No obstante lo dicho, en conjunto, la actitud de Dios y de los mejores hombres del Antiguo Testamento tienden a la mansedumbre, a que prevalezcan<b> <\/b>la paz y la bondad.<\/p>\n<h2>La mansedumbre en el Nuevo Testamento<\/h2>\n<p><i>Aprended de mi que soy manso&#8230; (Mt 11, 29)<\/i><\/p>\n<p>8) En el Evangelio, vemos a Jes\u00fas que mand\u00f3 ser manso y se propuso a s\u00ed mismo como ejemplo de mansedumbre: <i>Aprended de m\u00ed que soy manso y humil\u00adde de coraz\u00f3n (Mt <\/i>11, 29). Jes\u00fas proclam\u00f3 bienaventurados a los mansos (cf. Mt 5, 4). Jes\u00fas no acept\u00f3 la sugerencia de la venganza inspirada por dos de sus dis\u00adc\u00edpulos cuando los samaritanos no los quisieron recibir (cf. Le 9, 54). Jes\u00fas dio ejemplos extraordinarios de mansedumbre en todo el proceso de su pasi\u00f3n, ante las intervenciones de Pilotos, Herodes y las crueldades de los soldados. Se cum\u00adpli\u00f3 la profec\u00eda de Isa\u00edas que vio a Jes\u00fas como el cordero que es llevado al mata\u00addero sin que hiciera gesto alguno de dureza y rebeli\u00f3n (cf. Hech 8, 32).<\/p>\n<p>9) Tambi\u00e9n, Jes\u00fas mostr\u00f3 indignaci\u00f3n ante hechos que no pod\u00eda aceptar porque ofend\u00edan al Padre o al hombre indefenso. Jes\u00fas increp\u00f3 con fuerza al demonio (cf. Mc 1, 25). Jes\u00fas aguant\u00f3 con dificultad la mala intenci\u00f3n y la astu\u00adcia de algunas personas (cf. Jn 8, 44). Se enfad\u00f3 contra los fariseos (cf. Mt 12, 34), contra los que matan a los profetas (cf. Mt 23, 33) y contra los hip\u00f3critas (cf. Mt 15, 7). Maldijo la higuera est\u00e9ril (cf. Mc 11, 21) y a las ciudades rebeldes (cf. Mt 11, 20).<\/p>\n<p>10) La venida de Jes\u00fas ha sido la causa de que prevalezca la bondad de Dios (cf. Tit 3, 4). Jes\u00fas nos liber\u00f3 de la ira de Dios (cf. lTs. 3, 7) y ha dado lugar a la misericordia, a la paz, a la mansedumbre.<\/p>\n<p>11) San Pablo, dotado de fuerte car\u00e1cter, proclive a la ira, ense\u00f1\u00f3 que la mansedumbre es uno de los frutos del Esp\u00edritu Santo (cf. Gal 5, 23), la consider\u00f3 como una caracter\u00edstica de Jes\u00fas y de sus seguidores (cf. 2Cor 10, 1; Gal 6, 1; Col 3, 12; Ef 4, 2). Tambi\u00e9n, los que gu\u00edan al pueblo de Dios deben ser mansos (cf. 1Tim 6, 11; 2Tim 2, 25). El cristiano, seg\u00fan san Pedro, debe ser manso, aun en medio de la persecuci\u00f3n (cf. 1 Pe 3, 16).<\/p>\n<p>12) En el Nuevo Testamento, es claro que la tendencia es que prevalezca la mansedumbre y la bondad, hasta el punto de que todo arrebato rayano a la ira, no se ve como el mejor y m\u00e1s perfecto. Prevalece la doctrina de Jes\u00fas: <i>Si <\/i>te <i>dan <\/i><i>en una mejilla, presenta la otra y si te quitan el manto dale la capa y si te obligan <\/i><i>a caminar una milla, vete con \u00e9l, dos (Mt <\/i>7, 38).<\/p>\n<h2>La mansedumbre seg\u00fan los te\u00f3logos<\/h2>\n<p><i>Entre la contestaci\u00f3n y la mansedumbre<\/i><\/p>\n<p>13) Para los te\u00f3logos tradicionales, la mansedumbre es una virtud relacio\u00adnada con la templanza. Estos te\u00f3logos la definen como la virtud que modera razo\u00adnablemente la ira, para que \u00e9sta no degenere en iracundia. Dichos te\u00f3logos se\u00f1alan la iracundia o ira irracional como el vicio fundamental. Distinguen distintos gra\u00addos: el \u00abviolento\u00bb: el que se llena de ira r\u00e1pidamente y por poca cosa; el \u00abamargado\u00bb, que guarda la ira para vengarse oportunamente y el \u00abobstinado\u00bb que, no obstante conocer la irracionalidad de su ira, se mantiene en ella para consumar su venganza.<\/p>\n<p>14) El \u00e1mbito que conceden los moralistas tradicionales a la mansedumbre es m\u00e1s bien<b> <\/b>estrecho. Se reduce a las relaciones de la misma persona, propo\u00adniendo la mansedumbre interior, que se traduce en vivir en paz con uno mismo, y mansedumbre con los otros, a fin de que las relaciones sean pac\u00edficas, suaves o buenas formas. Por esto, la mansedumbre tiene relaci\u00f3n con la educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>15) Los te\u00f3logos actuales, aunque no tratan de la mansedumbre detenidamente, asumen los contenidos de la virtud de la mansedumbre cuando estudian temas tan \u00a0importantes como el de la violencia. En relaci\u00f3n con la violencia, el Nuevo Testamento presenta la tensi\u00f3n entre la contestaci\u00f3n y la mansedumbre. La s\u00edntesis se encuentra en la categor\u00eda cristiana del amor al pr\u00f3jimo, amor que impulsa al perd\u00f3n y a la mansedumbre, a la caridad del mismo enemigo y opresor\u00ad, pero al mismo tiempo, urge la lucha contra la opresi\u00f3n de los inocentes y de los d\u00e9biles.<\/p>\n<p>16) El esp\u00edritu del cristianismo es opuesto, a la vez, al esp\u00edritu de violencia fundado en el deseo de venganza, en el odio contra la persona del enemigo, en el rencor, en el desprecio de la persona a la que se hace violencia y al esp\u00edritu de conformismo con las injusticias sociales e hist\u00f3ricas. Si hay una violencia antievang\u00e9\u00adlica, hay tambi\u00e9n una cobard\u00eda antievang\u00e9lica, que no tiene que ver con la mansedumbre a la que nos exhortan los escritos del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>17) Es evidente que la violencia, en cualquiera de sus formas, no facilita las relaciones interpersonales o comunitarias. No es posible tratar teol\u00f3gicamente la virtud de la mansedumbre sin tener en cuenta, por una parte, la hipersensibilidad que, seg\u00fan soci\u00f3logos y psic\u00f3logos, ha aumentado en la psicolog\u00eda del hombre actual. El hombre actual es menos capaz de aguantar lo que considera malo, es m\u00e1s sensible a sus derechos y, sobre todo, al ambiente de violencia que impera en casi todo el mundo. Si la violencia es hoy uno de los serios problemas que tiene planteada la humanidad, la mansedumbre, no importa el t\u00e9rmino que se use, es o debe ser una de las virtudes m\u00e1s importantes en la actualidad.<\/p>\n<p>18) A lo expuesto, podemos a\u00f1adir las ense\u00f1anzas del magisterio de la Iglesia. Siempre se ha expresado en favor de unas relaciones interpersonales fundamentadas en la caridad, equiparables por el contexto a la mansedumbre.<\/p>\n<p>Pablo VI y Juan Pablo II se han mostrado contrarios a toda violencia: <i>Debe\u00ad<\/i><i>mos <\/i><i>decir que la violencia no es evang\u00e9lica. <\/i>Juan Pablo II contin\u00faa en la misma l\u00ednea, no s\u00f3lo cuando se refiere a la violencia en grado sumo, como es la del terrorismo o cuando se desatan los instintos m\u00e1s brutales del hombre, sino cuando se disfraza de acci\u00f3n pastoral, pensada para defender los derechos de los pobres. <i>En el recurso sistem\u00e1tico a la violencia, presentada como v\u00eda necesaria para la liberaci\u00f3n, hay que denunciar una ilusi\u00f3n destructora que abre camino a nuevas servidumbres\u00bb. <\/i>La violencia engendra violencia y el d\u00e9bil es siempre la v\u00edctima que m\u00e1s sufre.<\/p>\n<p>19) Por lo dicho, es claro que la virtud de la mansedumbre, sin haber dejado el \u00e1mbito de las relaciones interpersonales inmediatas, ha recobrado import\u00adancia por el ambiente social a causa de la violencia y otras tensiones originadas por la pol\u00edtica, la econom\u00eda, por ideolog\u00edas totalitarias y el terrorismo. De hecho, la violencia sacude fuertemente a grandes sectores de la sociedad: grupos pol\u00edticos, sindicatos, asociaciones, e incluso, a algunos agentes de pastoral. La misma ley de la competencia, justa y l\u00edcita por una parte, puede degenerar en violencia con\u00adculcadora de los derechos de la persona.<\/p>\n<p>20) La mansedumbre cristiana est\u00e1 llamada a animar humana y evang\u00e9licamente expresiones culturales, o que se dicen culturales, v.g. filmes, v\u00eddeos, obras de literatura, etc. La mansedumbre es, pues, una fuerza contra la llamada cultura le la violencia. Empieza por serenar el esp\u00edritu de la misma persona, para expres\u00adarlo despu\u00e9s mansamente en las relaciones de la persona, dentro del vasto mundo que la rodea.<\/p>\n<h2>Aprecio de la mansedumbre por san Vicente<\/h2>\n<p><i>Esta virtud hace que seamos due\u00f1os de nuestra pasi\u00f3n <\/i>(Abelly, p\u00e1g. 676)<\/p>\n<p>21) Luis de Abelly describe a san Vicente como bilioso, propenso a la c\u00f3lera, al enfado, hombre seco, malhumorado. La Asociaci\u00f3n espa\u00f1ola de grafosicolog\u00eda, despu\u00e9s de haber estudiado a san Vicente desde el punto de vista grafol\u00f3gico, lleg\u00f3 a la siguiente conclusi\u00f3n: san Vicente era de <i>car\u00e1cter susceptible <\/i>(no olvidemos su elevado nivel de sensibilidad) <i>le resultaba dif\u00edcil sustraerse a las explosiones de<\/i><b><i> <\/i><\/b><i>genio, as\u00ed como a actuaciones de car\u00e1cter impetuoso, aunque intentase controlarlas a medida de<b> <\/b>lo posible. Ello le pod\u00eda llevar hacia un estado de malestar interno<b>, <\/b>as\u00ed como a ligeras depresiones de las que era capaz de salir, gracias, sobre todo, a su notable energ\u00eda y capacidad de acci\u00f3n. <\/i>Es decir, su car\u00e1cter no le ayudaba a ser manso.<\/p>\n<p>22) Cuenta tambi\u00e9n Abelly que la se\u00f1ora de Gondi se dio cuenta del mal humor que con frecuencia manifestaba san Vicente. La se\u00f1ora tem\u00eda que la causa fuera el no estar contento en su casa. La raz\u00f3n era su mal car\u00e1cter. San Vicente, ya metido a fundador, <i>hab\u00eda rogado a Dios que le quitara aquel humor seco y desagradable y que le diera un esp\u00edritu manso y benigno. Gracias a Dios, su <\/i><i>esfuerzo para superar este defecto tuvo buen resultado y pudo vencer los \u00abhervo<\/i><i>res y humor negro de su naturaleza\u00bb.<\/i><\/p>\n<h2>Las razones para ser mansos y modelos de mansedumbre<\/h2>\n<p><i>\u00a1Cu\u00e1nto fruto dar\u00eda en tu Iglesia&#8230;! <\/i>(XI, 478)<\/p>\n<p>23) A san Vicente, le impresion\u00f3 la mansedumbre de Jes\u00fas. En Jes\u00fas, no s\u00f3lo ve un ejemplo, sino un mandato: <i>Aprended de m\u00ed&#8230; si, s\u00f3lo fuese un san Pablo <\/i><i>o un san Pedro&#8230; pero, hermanos m\u00edos, es un Dios hecho hombre, que ha venido <\/i><i>a la tierra para mostrarnos que estamos hechos para ser agradables a nuestro <\/i><i>Padre, es el maestro de los maestros el que nos ense\u00f1a. \u00a1Oh Salvador! \u00a1Qu\u00e9 ros\u00ad<\/i><i>tro! \u00a1Qu\u00e9 mansedumbre! \u00a1qu\u00e9 cordialidad les demostrabas a todos para atraer\u00adlos!&#8230;\u00a1Qui\u00e9n tuviera ese aspecto tan amoroso y esa benignidad tan encantadora! \u00a1Cu\u00e1nto fruto dar\u00eda en tu Iglesia! <\/i>(XI, 474-478). Igualmente, le impresion\u00f3 la man\u00adsedumbre de san Francisco de Sales, doctor de la mansedumbre, en quien vio una imagen de la mansedumbre de Jesucristo. San Vicente dec\u00eda, seg\u00fan cuenta Abelly, que san Francisco <i>hab\u00eda sido el hombre m\u00e1s manso y m\u00e1s afable que hab\u00eda cono\u00ad<\/i><i>cido; y que la primera vez que lo vio, reconoci\u00f3 en seguida en su aspecto, en la serenidad de su rostro, en su manera de conversar y de hablar, una imagen muy clara de la mansedumbre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que le hab\u00eda ganado el coraz\u00f3n <\/i>(XI, 755).<\/p>\n<p>24) La experiencia le hizo ver la necesidad de la virtud de la mansedum\u00adbre. Como m\u00e1s de una vez hemos dicho, en san Vicente todo estaba dirigido a potenciar la misi\u00f3n y, como paso previo, todo estaba en funci\u00f3n de la comunidad misionera. Hay que tener, pues, muy presente un triple aspecto de la mansedum\u00adbre: el apost\u00f3lico, el de la convivencia y el de gobierno.<\/p>\n<h3>1\u00ba. Para el trato con los pobres<\/h3>\n<p><i>Hazte afable en la asamblea de los pobres <\/i>(XI, 757)<\/p>\n<p>25) San Vicente aconsejaba ser afables con los pobres, porque de lo con\u00adtrario no se atreven a acercarse al misionero: <i>Cuando se les trata con afabilidad <\/i><i>y cordialidad, conciben otros sentimientos de nosotros y est\u00e1n mejor dispuestos a aprovecharse del bien que les queremos hacer. Pues bien, como Dios nos ha<\/i> <i>destinado a su servicio, hemos de hacerlo de la forma que les sea m\u00e1s prove\u00ad<\/i><i>chosa y, por consiguiente, tratarlos con mucha afabilidad, recibiendo el conse\u00ad<\/i><i>jo del Sabio como dirigido <\/i>a <i>cada uno de nosotros: \u00abHazte afable en la asam\u00ad<\/i><i>blea de los pobres\u00bb <\/i>(XI, 757). La mansedumbre es necesaria en las misiones: <i>Alabo a Dios porque el final de la misi\u00f3n haya sido m\u00e1s de su agrado que al <\/i><i>comienzo, y le ruego que le conceda la gracia de mantenerse en el esp\u00edritu de <\/i><i>mansedumbre y humildad que nuestro Se\u00f1or le ha dado. La amargura no sirve <\/i><i>nunca m\u00e1s que para amargar m\u00e1s las cosas. San Vicente Ferrer dice que no es <\/i><i>posible obtener provecho de la predicaci\u00f3n si no se predica con entra\u00f1as de <\/i><i>misericordia <\/i>(I, 528).<\/p>\n<p>26) Con frecuencia, san Vicente insiste en la mansedumbre, cuando se pre\u00addica a la pobre gente del campo: <i>Puedo deciros que nunca he visto ni he sabido <\/i><i>que se haya convertido ning\u00fan hereje <\/i>por <i>la fuerza de la disputa, ni por la sutile\u00ad<\/i><i>za de los argumentos, sino por la mansedumbre <\/i>(XI, 753). Igualmente, la manse\u00addumbre es necesaria para evangelizar a los esclavos, los galeotes y los enfermos (cf. I, 366; IV, 54; 498).<\/p>\n<h3>2\u00ba. Para la convivencia<\/h3>\n<p><i>Al conversar, evitaremos con mucho cuidado toda terquedad&#8230; hemos de <\/i><i>evitar&#8230; el mostrarnos molestos y ofendidos contra nadie, o herir a nadie de <\/i><i>palabra o de hecho, o de cualquier otra manera <\/i>(RC VIII, 9).<\/p>\n<p>27) La vida en com\u00fan, si no est\u00e1 animada de la mansedumbre, es inso\u00adportable. Es evidente lo dif\u00edcil que es convivir con los que se irritan y los \u00abduros\u00bb. La condescendencia puede ser una expresi\u00f3n de la mansedumbre. San Vicente dice lo siguiente sobre la condescendencia: <i>En una comunidad, es menester que <\/i><i>todos los que la componen y que son como sus miembros sean condescendien\u00ad<\/i><i>tes unos o con otros. Con esta disposici\u00f3n, los sabios tienen que condescender <\/i><i>con la debilidad de los ignorantes, en las cosas en que no hay error ni pecado. <\/i><i>Los prudentes y sabios deben condescender con los humildes y sencillos. Y con <\/i><i>esta misma condescendencia, no s\u00f3lo hemos de aprobar los pareceres de los <\/i><i>dem\u00e1s en las cosas buenas e indiferentes, sino incluso preferirlos a los nuestros, <\/i><i>creyendo que los dem\u00e1s tienen luces y cualidades naturales o sobrenaturales <\/i><i>mayores y m\u00e1s excelentes que nosotros. Pero hemos de evitar mucho condescen\u00ad<\/i><i>der con los otros en las cosas malas, pues esto no ser\u00eda virtud, sino un defecto, que provendr\u00eda o del libertinaje de esp\u00edritu, o de nuestra cobard\u00eda y pusilanimidad <\/i>(XI, 758).<\/p>\n<p>28) La mansedumbre templa el car\u00e1cter, evita los cambios bruscos y tempe\u00adramentales que desconciertan, no s\u00f3lo a uno mismo, sino a los dem\u00e1s. Para san Vicente, los que se dejan llevar de la c\u00f3lera son como los r\u00edos desbordados, como las riadas, que se secan nada m\u00e1s pasar la tormenta, pero los mansos son como los r\u00edos que discurren tranquilos, sin secarse nunca (cf. XI, 752).<\/p>\n<h3>3\u00ba. La mansedumbre, cualidad del buen gobernante<\/h3>\n<p><i>La mansedumbre consiste en tener mucha afabilidad, cordialidad y sereni\u00ad<\/i><i>dad de rostro con las personas que se nos acerquen, de forma que sientan <\/i><i>consuelo de estar con nosotros <\/i>(XI, 477).<\/p>\n<p>29) La pr\u00e1ctica de la mansedumbre, como elemento del buen gobierno, es patente en la ense\u00f1anza vicenciana. Baste recordar lo que escribi\u00f3 al P. Portail en 1635<b>. <\/b>Parece ser que al P. Portail no le sobraba mucha mansedumbre en el gobierno<b> <\/b>y en la convivencia con otro compa\u00f1ero. Pido a nuestro Se\u00f1or que le siga concediendo el esp\u00edritu de la santa mansedumbre y tambi\u00e9n de la condes\u00adcendencia en todo lo que no sea malo y contrario a nuestros peque\u00f1os reglamen\u00adtos, pues para esto, ser\u00eda una crueldad ser manso; pero, para poner remedio a 9sto mismo, es preciso tener el esp\u00edritu de suavidad (I, 342).<\/p>\n<p>30) Dando un salto en el tiempo, en carta dirigida al P. Nicol\u00e1s Etienne, que ped\u00eda a san Vicente le quitara el oficio de Superior, san Vicente no se le con\u00adcedi\u00f3 y le dijo: Sobre lo que me dice que le descargue del cuidado de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda, le ruego que no piense en ello, sino que se quede oculto bajo las cenizas de esa humildad en el esp\u00edritu de nuestro Se\u00f1or, que ser\u00e1 \u00e9l mismo su direcci\u00f3n en este cargo, su fuerza en su debilidad, su ciencia en sus dudas y su virtud en sus necesidades. Por su lado, padre, entr\u00e9guese a \u00e9l para no ser duro con nadie, para tratar a todos con mansedumbre y respeto, para usar siempre palabras amables y nunca frases duras e injuriosas, que no haya nada tan capaz de ganar los corazones como esa manera de obrar dulce, suave y humilde (VIII, 161-162).<\/p>\n<p>31) La virtud de la mansedumbre no quita la fortaleza que, frecuentemen\u00adte, necesitan las personas de gobierno para superar dificultades considerables en el trato con ciertas personas, cuando \u00e9stas han perdido el norte de la obediencia y de la responsabilidad, o con personas afectadas de ciertas anormali\u00addades espirituales o psicol\u00f3gicas. La mansedumbre da en estos casos a la fortaleza, el color y tono humano y cristiano del respeto a la persona, de la suavidad en las palabras y es, adem\u00e1s, una buena expresi\u00f3n del amor que a tales perso\u00adnas se les profesa.<\/p>\n<p>32) En este sentido, es interesante la experiencia que san Vicente tuvo refe\u00adrente a<b> <\/b>la mansedumbre como cualidad del Superior. Lo cuenta Abelly: Indic\u00f3 muchas veces que \u00e9l no hab\u00eda utilizado \u00abm\u00e1s que tres veces en su vida, palabras duras<b> <\/b>para reprender y corregir a los dem\u00e1s, por creer que ten\u00eda cierta raz\u00f3n&#8230;, pero que luego se hab\u00eda arrepentido, porque no hab\u00eda conseguido nada con ello, mientras<b> <\/b>que&#8230; hab\u00eda conseguido siempre por la mansedumbre todo lo que hab\u00eda querido\u00bb<b> <\/b>(XI, 754).<\/p>\n<h2>La mansedumbre, sus principales actos y frutos<\/h2>\n<p><i>Reprimir y apagar los brotes del vicio contrario <\/i>(XI, 751).<\/p>\n<p>33) Santo Tom\u00e1s de Aquino reconoce en los que gozan de car\u00e1cter mode\u00adrado la facilidad de ser mansos. El don de la naturaleza abre el camino a la gra\u00adcia. San Vicente no niega esta doctrina, sin embargo, dice que hay caracteres moderados, pero no se puede decir que tengan la virtud de la mansedumbre. La virtud es algo conseguido por el esfuerzo. Vemos a veces, personas que pa\u00adrecen estar dotadas de una gran mansedumbre, pero que no es m\u00e1s que un efec\u00adto de su car\u00e1cter moderado, pero no tienen la mansedumbre cristiana que con\u00adsiste en reprimir y apagar los brotes del vicio contrario (XI, 751). San Vicente no tuvo reparos en referirse a dos personas. De una, no dijo qui\u00e9n era, la otra era \u00e9l mismo: Seguro que no conoc\u00e9is a dos personas tan duras y avinagradas como \u00e9l y como yo. Sin embargo, vemos c\u00f3mo ese hombre se vence hasta el punto de que hay que decir que no es ya lo que era. \u00bfA qu\u00e9 se debe? A la virtud de la mansedumbre, en la que \u00e9l se esfuerza, mientras yo&#8230; sigo tan seco como un espi\u00adno (XI, 751-752).<\/p>\n<p>34) La mansedumbre consiste, pues, en dos actos: en reprimir los movi\u00admientos contrarios y en tener afabilidad, cordialidad. Hay personas que tienen el don de ser cordiales, acogedoras, dulces, amables y que dan la impresi\u00f3n de ofrecer el coraz\u00f3n y pediros el vuestro, y si tienen que enfadarse, lo hacen mesu\u00adradamente.<\/p>\n<p>35) La mansedumbre modera y templa el car\u00e1cter, evita los cambios brus\u00adcos. El manso es constante y apacible. No hay personas m\u00e1s constantes y m\u00e1s firmes que los mansos y apacibles. Al contrario, los irascibles son inconstantes porque obran por arranques e impulsos (cf. XI, 752).<\/p>\n<p>36) La mansedumbre causa la paz y crea las mejores condiciones para el discernimiento. Despu\u00e9s de manifestar su entusiasmo por la mansedumbre de Jes\u00fas, \u00a1Qu\u00e9 rostro! \u00a1Qu\u00e9 mansedumbre, qu\u00e9 cordialidad les demostrabas a todos para atraerlos!, sac\u00f3 esta conclusi\u00f3n: Creo que s\u00f3lo a las almas que tienen mansedumbre se les concede poder discernir las cosas, pues, como la c\u00f3lera es una pasi\u00f3n que ciega la raz\u00f3n, la virtud contraria tiene que ser la que da el discernimiento. \u00a1Amable Salvador nuestro! Conc\u00e9denos esa mansedumbre (XI, 478).<\/p>\n<p>37) La importancia que tiene, moral y espiritualmente hablando, el discer\u00adnimiento, el elegir libremente, nos permite ver la importancia de la paz interior y exterior como condiciones para un buen discernimiento. Si no hay paz interior, tranquilidad y serenidad, la opci\u00f3n siempre es sospechosa y moralmente im\u00adperfecta.<\/p>\n<h2>Vicios contrarios a la mansedumbre<\/h2>\n<p><i>Los actos hechos en estado de agitaci\u00f3n&#8230; nunca pueden ser perfectos <\/i>(Abelly, p\u00e1g. 668).<\/p>\n<p>38) Enumero s\u00f3lo aquellos vicios opuestos a la mansedumbre que, seg\u00fan San Vicente, aparecen m\u00e1s frecuentemente o tienen m\u00e1s influjo en la vida del misionero, sea por lo que se refiere a la vida comunitaria o a la actividad apos\u00adt\u00f3lica. Por supuesto, que la enumeraci\u00f3n no es exclusiva, solamente ejemplar o ilustrativa. Los vicios en este sentido son: la ira desordenada, la indignaci\u00f3n, la perturbaci\u00f3n de la mente por el enfado, las ri\u00f1as, el rencor y, en general, toda los actos de violencia de palabra y de hecho.<\/p>\n<h2>Medios para practicar la mansedumbre<\/h2>\n<p><i>S\u00f3lo <\/i>la <i>mansedumbre y la afabilidad abren los corazones <\/i>(cf. XI, 752).<\/p>\n<p>39) San Vicente dio unos consejos sobre la pr\u00e1ctica de la mansedumbre:<\/p>\n<ol>\n<li>Prever las ocasiones, imaginarse los motivos capaces de provocar en nosotros la ira y hacer de antemano, en nuestro esp\u00edritu, los actos de mansedumbre que hay que practicar en todas las ocasiones. En otros t\u00e9rminos, el primer medio para practicar la mansedumbre es la com\u00adprensi\u00f3n de su valor, mediante la meditaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Detestar el vicio de la c\u00f3lera como desagradable a Dios, sin incomo\u00addarnos por vernos sujetos a ella. El rechazo del vicio tiene que apoyar\u00adse principalmente en motivos espirituales y teol\u00f3gicos. Esta motivaci\u00f3n har\u00e1 que nuestro rechazo de la c\u00f3lera sea manso y tranquilo.<\/li>\n<li>Dejar<b> <\/b>de actuar cuando estemos airados, resistir la pasi\u00f3n, no perder el control porque es como perder la raz\u00f3n. La experiencia dice que se razona mal cuando la ira se ha apoderado del que habla.<\/li>\n<li>En los momentos de ira, procurar no manifestar el enfado en el rostro, es decir, dominar todo nuestro comportamiento, los gestos, pero, sobre todo, dominar la lengua mientras dure la agitaci\u00f3n de coraz\u00f3n. Basta, dice san Vicente, una palabra mansa para convertir a un empedernido. Basta una palabra dura para desolar a un alma y causarle una gran amargura (cf. XI, 753-754).<\/li>\n<\/ol>\n<p>40) Por mi parte, a\u00f1ado que el trato sereno es uno de los mejores signos del mutuo respeto y de la buena marcha de las comunidades. Es igualmente un signo de comunidad de hombres educados, consagrados de verdad a Dios nues\u00adtro Se\u00f1or con un programa serio de vida. Lo cual no quita la vida, sanamente alegre.<\/p>\n<h2>La mansedumbre en el magisterio de la Congregaci\u00f3n<\/h2>\n<p>41)<b> <\/b>No ha existido un magisterio especial fuera del normal, al tratar de las relaciones fraternas y de la labor apost\u00f3lica, a la luz de lo que disponen las Reglas Comunes, repitiendo las ense\u00f1anzas de san Vicente, sin mayor extensi\u00f3n ni pro\u00adfundidad. Las Constituciones actuales s\u00f3lo hacen menci\u00f3n de la mansedumbre en el contexto general de las virtudes caracter\u00edsticas del misionero. En el art. 24 de las Constituciones, se trata de dichas virtudes como los dinamismos de la vida comunitaria. Todas las virtudes tienen inter\u00e9s en este quehacer constructivo de la comunidad, pero es evidente que la mansedumbre entre en juego por sus propios valores y porque la comunidad se hace mediante relaciones llenas de contenido humano, cristiano y vicenciano. Deben ser expresiones de personas que se esti\u00adman, se quieren y se ayudan. Toda actitud dura, de rechazo, de desprecio, queda superada precisamente por la pr\u00e1ctica de la mansedumbre.<\/p>\n<h2>Actualidad de la doctrina y pr\u00e1ctica de la mansedumbre vicenciana<\/h2>\n<p>42) \u00bfEs actual la mansedumbre? \u00c9sta es la gran pregunta. Los contenidos de la mansedumbre, sea una u otra la expresi\u00f3n que se use, \u00bfson actuales? Con\u00adtrolar la ira siempre es algo positivo. Por una parte, se encauza la fuerza del tem\u00adperamento para emprender obras que requieren coraje y, por otra parte, se evita la violencia en todas sus formas. La ira mal controlada puede dar lugar a abrigar sentimientos nada sanos para la persona, como son el resentimiento o la toma de actitudes irracionales, como pueden ser el cinismo y el sarcasmo.<\/p>\n<p>43) La mansedumbre inspira un trato suave, agradable, educado, y fun\u00addamenta la tolerancia, valor este muy importante para la convivencia en una sociedad plural en la que el respeto a la persona y a su libertad debe ser una ley indiscutible.<\/p>\n<p>44) La conclusi\u00f3n es, pues, que nadie puede poner en duda el valor de la doctrina y pr\u00e1ctica vicenciana sobre la mansedumbre. En la doctrina y pr\u00e1ctica vicencianas de la mansedumbre tampoco hay conflicto con la justicia. Otra cosa es la importancia social y comunitaria de esta faceta, dada la sensibilidad social de entonces, sobre los derechos de las personas, y dada la sensibilidad actual en las relaciones interpersonales m\u00e1s directas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que entendemos por mansedumbre Moderaci\u00f3n razonable de la ira 1) El sustantivo mansedumbre y el adjetivo manso no son muy usados actual\u00admente. 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