{"id":117161,"date":"2018-11-04T08:50:15","date_gmt":"2018-11-04T07:50:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=117161"},"modified":"2018-10-17T17:40:18","modified_gmt":"2018-10-17T15:40:18","slug":"unitatis-redintegratio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/","title":{"rendered":"Unitatis redintegratio"},"content":{"rendered":"<h2>Comentario a \u00abUnitatis redintegratio\u00bb<\/h2>\n<p><em>Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz<\/em><\/p>\n<p>El documento <i>Unitatis Redintegratio<\/i> es el decreto del Concilio Vaticano II referente al ecumenismo. Fue promulgado el 20 de noviembre de 1964 con el siguiente resultado: 2054 votos a favor, 64 en contra, 6 votos <i>iuxta modum<\/i><span id='easy-footnote-1-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-1-117161' title='Al utilizar el \u00abIuxta modum\u00bb los asamble\u00edstas quer\u00eda decir que aceptaban globalmente el texto pero que ten\u00edan algunas reticencia sobre alguno de sus puntos de menor importancia.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> y 5 votos nulos.<\/p>\n<p><b>Composici\u00f3n<\/b><\/p>\n<p>Est\u00e1 compuesto por un proemio, tres cap\u00edtulos y una conclusi\u00f3n. En el proemio se recuerda cual es la finalidad del movimiento ecum\u00e9nico: promover la restauraci\u00f3n de la unidad entre los cristianos<span id='easy-footnote-2-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-2-117161' title='Es importante entender que el concepto de ecumenismo se refiere a la restauraci\u00f3n de la unidad de los cristianos y no a la restauraci\u00f3n de la unidad de la Iglesia, porque la Iglesia no se puede dividir: es UNA. Los que pueden perder comuni\u00f3n con la Iglesia UNA son los cristianos y separarse en mayor o menor medida de ella. '><sup>2<\/sup><\/a><\/span>, y como dicho objetivo es uno de los fines principales propuestos por el Concilio. Se\u00f1ala tambi\u00e9n como esta divisi\u00f3n es causa de esc\u00e1ndalo para el mundo y obst\u00e1culo para la difusi\u00f3n del evangelio<span id='easy-footnote-3-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-3-117161' title='Preocupaci\u00f3n inspiradas en las palabras del Se\u00f1or en Juan 17,21 \u00abpara que todos sean uno. Como t\u00fa, Padre, en m\u00ed y yo en ti, que ellos tambi\u00e9n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me has enviado\u00bb.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>, reconoce que el movimiento ecum\u00e9nico se produce por el impuso del Esp\u00edritu Santo, y participan en \u00e9l quienes reconocen a Jesucristo como Se\u00f1or y Salvador y profesan una fe trinitaria.<\/p>\n<p>En los siguientes tres cap\u00edtulos se abordan los principios cat\u00f3licos del ecumenismo, su pr\u00e1ctica, y la relaci\u00f3n existente entre la Iglesia y las comunidades separadas.<\/p>\n<p><b>Contenido<\/b><\/p>\n<p>Entre los puntos m\u00e1s importantes contenidos en los tres cap\u00edtulos del decreto que se podr\u00edan mencionar:<\/p>\n<p><b>1. La Iglesia de Cristo es la Iglesia Cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n<p>El decreto sobre el ecumenismo se debe entender a la luz de la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica de la Iglesia que profesa:<\/p>\n<p><b>\u00ab\u00c9sta es la \u00fanica Iglesia de Cristo, que en el S\u00edmbolo confesamos como una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica,<\/b> <i>y que nuestro Salvador, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, encomend\u00f3 a Pedro para que la apacentara (cf. Juan 21,17), confi\u00e1ndole a \u00e9l y a los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles su difusi\u00f3n y gobierno (cf. Mateo 28,18ss), y erigi\u00f3 perpetuamente como \u00abcolumna y fundamento de la verdad\u00bb (1 Timoteo 3,15).<\/i> <b>Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica<\/b>,<i> gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l, si bien fuera de su estructura se encuentran muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad cat\u00f3lica.\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-4-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-4-117161' title='Lumen gentium, 8'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Se resalta as\u00ed tres elementos importantes:<\/p>\n<ul>\n<li>La Iglesia de Cristo es una y \u00fanica; no est\u00e1 ni puede estar dividida.<span id='easy-footnote-5-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-5-117161' title='Como se ha dicho anteriormente, la Iglesia no puede dividirse, los que pierden comuni\u00f3n con la \u00fanica iglesia son los cristianos.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span><\/li>\n<li>La Iglesia de Cristo subsiste en (o sea, es) la Iglesia cat\u00f3lica, puesto que la substancia de la Iglesia de Cristo permanece en la Iglesia cat\u00f3lica. No se dice ni podr\u00eda decirse otro tanto de ninguna otra iglesia o comunidad eclesial.<span id='easy-footnote-6-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-6-117161' title='El uso de la expresi\u00f3n \u00absubsiste\u00bb ha sido aclarada por la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la Fe especificando que \u00abindica la plena identidad entre la Iglesia de Cristo y la Iglesia cat\u00f3lica, no cambia la doctrina sobre la Iglesia. La verdadera raz\u00f3n por la cual ha sido usada es que expresa m\u00e1s claramente el hecho de que fuera de la Iglesia se encuentran \u00abmuchos elementos de santificaci\u00f3n y de verdad que, como dones propios de la Iglesia de Cristo, inducen hacia la unidad cat\u00f3lica\u00bb. \u00abPor consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no est\u00e1n desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvaci\u00f3n, porque el Esp\u00edritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvaci\u00f3n, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confi\u00f3 a la Iglesia\u00bb. '><sup>6<\/sup><\/a><\/span><\/li>\n<li>La Iglesia de Cristo es una realidad actual, presente en la historia, no solo invisible<span id='easy-footnote-7-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-7-117161' title='En cuanto a que la Iglesia est\u00e1 compuesta no solo de la Iglesia militante sino tambi\u00e9n de la Iglesia purgante y la Iglesia triunfante.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span> sino visible en el mundo, no un mero proyecto, ideal o entelequia abstracta. Se trata concretamente de la Iglesia cat\u00f3lica, gobernada por el sucesor de San Pedro (el Papa) y los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l (los Obispos cat\u00f3licos), de acuerdo con la voluntad de su Divino Fundador.<\/li>\n<li>Se deja claro tambi\u00e9n que los elementos de santidad y verdad presentes en las Iglesias y Comunidades eclesiales no cat\u00f3licas son bienes propios de la Iglesia cat\u00f3lica e impulsan a los cristianos no cat\u00f3licos hacia la unidad propia de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/li>\n<\/ul>\n<p><b>2.- La Iglesia Cat\u00f3lica y los cristianos no cat\u00f3licos<\/b><\/p>\n<p>El decreto tambi\u00e9n incluye un importante texto donde reconoce a los hermanos separados como cristianos:<\/p>\n<p><i>\u00abEfectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia cat\u00f3lica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces tambi\u00e9n en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica no pocos obst\u00e1culos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar.<\/i> <b>Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho<\/b> <i>y justamente son reconocidos como hermanos en el Se\u00f1or por los hijos de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb<\/i>.<span id='easy-footnote-8-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-8-117161' title='Unitatis Redintegratio 3'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Reafirmando lo que ya hab\u00eda dicho la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica de la Iglesia respecto a que <i>\u00abestando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comuni\u00f3n bajo el sucesor de Pedro\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-9-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-9-117161' title='Lumen Gentium 15'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>. En este sentido podemos concretar qu\u00e9:<\/p>\n<ul>\n<li>La Iglesia cat\u00f3lica reconoce que los cristianos no cat\u00f3licos (en sentido sociol\u00f3gico o jur\u00eddico) son verdaderos cristianos, siempre y cuando hayan recibido v\u00e1lidamente el sacramento del bautismo y profesen los dogmas principales de la fe cristiana (expresados por ejemplo en el Credo Apost\u00f3lico)<span id='easy-footnote-10-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-10-117161' title='Se especifica la necesidad de un bautismo v\u00e1lido en nombre de la Trinidad, porque el ecumenismo abarca solamente las iglesias y comunidades eclesiales que profesan la fe Trinitaria. No abarca sectas de corte arriano o modalista, como los testigos de Jehov\u00e1, la Iglesia Pentecostal Unida, etc.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>.<\/li>\n<li>Si bien los hermanos separados son cristianos, est\u00e1n en comuni\u00f3n con la Iglesia de una forma imperfecta. Esa imperfecci\u00f3n no se refiere directamente a la condici\u00f3n moral de esas personas, sino a una profesi\u00f3n de fe incompleta o a una comuni\u00f3n incompleta con la Iglesia universal.<\/li>\n<li>Se menciona como las divisiones entre los cristianos se han producido <i>\u00abya desde los primeros<\/i> tiempos\u00bb<span id='easy-footnote-11-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-11-117161' title='La UR menciona la condena del ap\u00f3stol San Pablo a las divisiones: \u00abLes conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, a que tengan todos un mismo hablar, y no haya entre ustedes divisiones; antes bien, est\u00e9n unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio\u00bb (1 Corintios 1,10). Tambi\u00e9n reconoc\u00eda a las divisiones como una obra de la carne: \u00abAhora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicaci\u00f3n, impureza, libertinaje, idolatr\u00eda, hechicer\u00eda, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones\u00bb (G\u00e1latas 5,19-20). Duras son tambi\u00e9n las palabras de San Judas, que las atribuye a hombres imp\u00edos: \u00abEllos os dec\u00edan: \u00abAl fin de los tiempos aparecer\u00e1n hombres sarc\u00e1sticos que vivir\u00e1n seg\u00fan sus propias pasiones imp\u00edas.\u00bb Estos son los que crean divisiones, viven una vida s\u00f3lo natural sin tener el esp\u00edritu\u00bb (Judas 1,18-19)'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>,<i> \u00aba veces no sin responsabilidad de ambas partes<\/i>\u00ab<span id='easy-footnote-12-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-12-117161' title='Unitatis Redintegratio 3'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>, y como dicho pecado de separaci\u00f3n no puede atribuirse a los que nacen hoy en las comunidades separadas<span id='easy-footnote-13-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-13-117161' title='Se refiere esto al pecado de \u00abcisma\u00bb que no puede ser atribuido a los que nacen en estas comunidades separadas. '><sup>13<\/sup><\/a><\/span>.<\/li>\n<\/ul>\n<p><b>3. La incorporaci\u00f3n plena de los cristianos no cat\u00f3licos a la Iglesia cat\u00f3lica<\/b><\/p>\n<p>No se ha de perder de vista que por voluntad de Dios, s\u00f3lo por medio de la Iglesia cat\u00f3lica, sacramento universal de salvaci\u00f3n, se puede alcanzar la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n. Por eso es justo, conveniente y necesario que se incorporen a ella todos los cristianos no cat\u00f3licos. La Iglesia cat\u00f3lica es la verdadera Iglesia de Cristo, aunque permanezca sometida al pecado en sus miembros y no haya alcanzado a\u00fan, en su porci\u00f3n terrenal (la Iglesia militante), la entera plenitud de la gloria eterna, que sin embargo pertenece ya a su porci\u00f3n celestial (la Iglesia triunfante). A este respecto explica el decreto:<\/p>\n<p><i>\u00abLos hermanos separados, sin embargo, ya particularmente, ya sus comunidades y sus iglesias, no gozan de aquella unidad que Cristo quiso dar a los que regener\u00f3 y vivific\u00f3 en un cuerpo y en una vida nueva y que manifiestan la Sagrada Escritura y la Tradici\u00f3n venerable de la Iglesia<\/i>. <b>Solamente por medio de la Iglesia cat\u00f3lica de Cristo, que es auxilio general de la salvaci\u00f3n, puede conseguirse la plenitud total de los medios salv\u00edficos.<\/b> <i>Creemos que el Se\u00f1or entreg\u00f3 todos los bienes de la Nueva Alianza a un solo colegio apost\u00f3lico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al Pueblo de Dios. Pueblo que durante su peregrinaci\u00f3n por la tierra, aunque permanezca sujeto al pecado, crece en Cristo y es conducido suavemente por Dios, seg\u00fan sus inescrutables designios, hasta que arribe gozoso a la total plenitud de la gloria eterna en la Jerusal\u00e9n celestial\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-14-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-14-117161' title='Unitatis Redintegratio 3'><sup>14<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p><b>4. El di\u00e1logo ecum\u00e9nico y las conversiones individuales<\/b><\/p>\n<p>A este respecto explica el decreto:<\/p>\n<p><i>\u00abTodas estas cosas, cuando son realizadas prudente y pacientemente por los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica bajo la vigilancia de los pastores, contribuyen al bien de la justicia y de la verdad, de la concordia y de la colaboraci\u00f3n, del esp\u00edritu fraterno y de la uni\u00f3n; para que por este camino, poco a poco, superados los obst\u00e1culos que impiden la perfecta comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, todos los cristianos se congreguen en la \u00fanica celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, para aquella unidad de una y \u00fanica Iglesia que Cristo concedi\u00f3 desde el principio a su Iglesia y que creemos que subsiste indefectible en la Iglesia cat\u00f3lica y esperamos que crezca cada d\u00eda hasta la consumaci\u00f3n de los siglos.<\/i><\/p>\n<p><i>Es evidente que la labor de preparaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n de cuantos desean la plena comuni\u00f3n cat\u00f3lica se diferencia por su naturaleza de la labor ecum\u00e9nica; no hay, sin embargo, oposici\u00f3n alguna, puesto que ambas proceden del admirable designio de Dios.\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-15-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-15-117161' title='Ibid. 4'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>\n<p>De este texto se evidencia que el di\u00e1logo ecum\u00e9nico no se opone en modo alguno a la labor orientada hacia las conversiones individuales de cristianos no cat\u00f3licos al catolicismo, labor que tambi\u00e9n procede del designio divino. Lamentablemente uno de los errores comunes en la interpretaci\u00f3n del Concilio consiste en oponer falsamente ambos aspectos de la misma tarea evangelizadora, dej\u00e1ndose de lado la b\u00fasqueda de conversiones individuales por temor a ofender a nuestros hermanos en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico y a recibir de ellos la acusaci\u00f3n de \u00abproselitismo\u00bb. Este \u00faltimo es ciertamente condenable cuando se busca obtener conversiones por motivos puramente mundanos (aumento de poder, de prestigio, etc.). Pero no corresponde descartar, junto a ese falso \u00abproselitismo\u00bb, tambi\u00e9n el justo empe\u00f1o por atraer a todos los cristianos hacia la perfecta comuni\u00f3n con la verdadera Iglesia de Cristo (la Iglesia cat\u00f3lica), para mayor gloria de Dios y bien de las almas.<\/p>\n<p><b>5. La presentaci\u00f3n firme de la verdad en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico<\/b><\/p>\n<p>Un importante texto que vale tambi\u00e9n la pena citar del decreto, porque rechaza de plano una interpretaci\u00f3n del ecumenismo <i>Airenista y relativista,<\/i> es el siguiente:<\/p>\n<p><i>\u00abLa manera y el sistema de exponer la fe cat\u00f3lica no debe convertirse, en modo alguno, en obst\u00e1culo para el di\u00e1logo con los hermanos.<\/i> <b>Es de todo punto necesario que se exponga claramente toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como ese falso irenismo, que da\u00f1a a la pureza de la doctrina cat\u00f3lica<\/b> <i>y oscurece su genuino y definido sentido.\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-16-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-16-117161' title='Unitatis Redintegratio, 11'><sup>16<\/sup><\/a><\/span>\n<p>El \u00abecumenismo de la caridad\u00bb y el \u00abecumenismo de la verdad\u00bb no deben ser dos esfuerzos yuxtapuestos o independientes entre s\u00ed, ni menos a\u00fan dos tendencias contrarias. El verdadero ecumenismo debe estar fundado tanto en la caridad como en la verdad<span id='easy-footnote-17-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-17-117161' title='Esto es explicado de una forma bastante clara por el Papa Benedicto XVI en su enc\u00edclica Caritas in veritate'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>. Promover y defender la verdad es en s\u00ed mismo un acto de caridad de fundamental importancia.<\/p>\n<p>Existe hoy entre los cat\u00f3licos una tendencia a no discutir con nuestros hermanos separados acerca de los aspectos de la fe cristiana que siguen siendo controvertidos. Si bien es cierto que es m\u00e1s importante lo que nos une que lo que nos separa, ser\u00eda un grave error subestimar las diferencias que subsisten entre ambas partes. La divisi\u00f3n de los cristianos no se debe a simples malentendidos, que podr\u00edan superarse con un poco de buena voluntad, diplomacia y pol\u00edtica eclesi\u00e1stica. Los cismas y herej\u00edas que est\u00e1n en el origen de esas divisiones proceden de graves pecados y serios errores que han tenido enormes consecuencias hist\u00f3ricas y que no se desvanecer\u00e1n por s\u00ed mismos ni por medio de decretos arbitrarios. Hace falta dialogar sobre las diferencias de fondo con humildad, caridad, sabidur\u00eda, fortaleza y perseverancia, sin ceder a la tentaci\u00f3n de construir precipitadamente una falsa unidad basada en un m\u00e1ximo com\u00fan denominador de nuestras creencias respectivas.<\/p>\n<p>La apertura al di\u00e1logo s\u00f3lo resulta fecunda cuando implica a la vez un respeto firme y total de la identidad de cada una de las partes. No ser\u00eda conducente un di\u00e1logo en el que una de las partes ocultase aspectos esenciales de su identidad por temor a una reacci\u00f3n negativa de las dem\u00e1s partes.<\/p>\n<p>Dos documentos importantes en continuidad con el decreto sobre el ecumenismo, los tenemos en la enc\u00edclica <i>Ut unum sint,<\/i> y en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica <i>Reconciliatio Et Paenitentia<\/i>, donde el Papa Juan Pablo II ahondaba en estos puntos:<\/p>\n<p><i>\u00abJes\u00fas mismo antes de su Pasi\u00f3n rog\u00f3 para \u00bb que todos sean uno \u00bb (Jn 17, 21). Esta unidad, que el Se\u00f1or dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es accesoria, sino que est\u00e1 en el centro mismo de su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus disc\u00edpulos. Pertenece en cambio al ser mismo de la comunidad. Dios quiere la Iglesia, porque quiere la unidad y en la unidad se expresa toda la profundidad de su \u00e1gape.<\/i><\/p>\n<p><i>En efecto, la unidad dada por el Esp\u00edritu Santo no consiste simplemente en el encontrarse juntas unas personas que se suman unas a otras.<\/i> <b>Es una unidad constituida por los v\u00ednculos de la profesi\u00f3n de la fe, de los sacramentos y de la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica.<\/b> <i>Los fieles son uno porque, en el Esp\u00edritu, est\u00e1n en la comuni\u00f3n del Hijo y, en El, en su comuni\u00f3n con el Padre: \u00bb Y nosotros estamos en comuni\u00f3n con el Padre y con su Hijo, Jesucristo \u00bb (1 Jn 1, 3). As\u00ed pues, para la Iglesia cat\u00f3lica, la comuni\u00f3n de los cristianos no es m\u00e1s que la manifestaci\u00f3n en ellos de la gracia por medio de la cual Dios los hace part\u00edcipes de su propia comuni\u00f3n, que es su vida eterna. Las palabras de Cristo \u00bb que todos sean uno \u00bb son pues la oraci\u00f3n dirigida al Padre para que su designio se cumpla plenamente, de modo que brille a los ojos de todos \u00bb c\u00f3mo se ha dispensado el Misterio escondido desde siglos en Dios, Creador de todas las cosas \u00bb (Ef 3, 9). Creer en Cristo significa querer la unidad; querer la unidad significa querer la Iglesia; querer la Iglesia significa querer la comuni\u00f3n de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad. Este es el significado de la oraci\u00f3n de Cristo: \u00bb Ut unum sint \u00ab.\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-18-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-18-117161' title='Juan Pablo II, Ut unum sint, 9'><sup>18<\/sup><\/a><\/span>\n<p>En <i>Reconciliatio et Paenitentia<\/i> el Papa sosten\u00eda:<\/p>\n<p><i>\u00abHay que reafirmar que, por parte de la Iglesia y sus miembros,<\/i> <b>el di\u00e1logo, de cualquier forma se desarrolle<\/b> \u2014<i>y son y pueden ser muy diversas, dado que el mismo concepto de di\u00e1logo tiene un valor anal\u00f3gico\u2014<\/i> , <b>no podr\u00e1 jam\u00e1s partir de una actitud de indiferencia hacia la verdad, sino que debe ser m\u00e1s bien una presentaci\u00f3n de la misma realizada de modo sereno y respetando la inteligencia y conciencia ajena.<\/b> <i>El di\u00e1logo de la reconciliaci\u00f3n<\/i> <b>jam\u00e1s podr\u00e1 sustituir o atenuar el anuncio de la verdad evang\u00e9lica, que tiene como finalidad concreta la conversi\u00f3n ante el pecado y la comuni\u00f3n con Cristo y la Iglesia,<\/b> <i>sino que deber\u00e1 servir para su transmisi\u00f3n y puesta en pr\u00e1ctica a trav\u00e9s de los medios dejados por Cristo a la Iglesia para la pastoral de la reconciliaci\u00f3n: la catequesis y la penitencia.\u00bb<\/i><span id='easy-footnote-19-117161' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/unitatis-redintegratio\/#easy-footnote-bottom-19-117161' title='Juan Pablo II, Reconciliatio et Paenitentia, 25'><sup>19<\/sup><\/a><\/span>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\">DECRETO<br \/>\n<b><i>UNITATIS REDINTEGRATIO<\/i><\/b><br \/>\nSOBRE EL ECUMENISMO<\/p>\n<h2><b>Proemio<\/b><\/h2>\n<p>1. Promover la restauraci\u00f3n de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que \u00fanica es la Iglesia fundada por Cristo Se\u00f1or, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo; todos se confiesan disc\u00edpulos del Se\u00f1or, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido. Divisi\u00f3n que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de esc\u00e1ndalo para el mundo y obst\u00e1culo para la causa de la difusi\u00f3n del Evangelio por todo el mundo.<\/p>\n<p>Con todo, el Se\u00f1or de los tiempos, que sabia y pacientemente prosigue su voluntad de gracia para con nosotros los pecadores, en nuestros d\u00edas ha empezado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre s\u00ed la compunci\u00f3n de esp\u00edritu y el anhelo de uni\u00f3n. Esta gracia ha llegado a muchas almas dispersas por todo el mundo, e incluso entre nuestros hermanos separados ha surgido, por el impuso del Esp\u00edritu Santo, un movimiento dirigido a restaurar la unidad de todos los cristianos. En este movimiento de unidad, llamado ecum\u00e9nico, participan los que invocan al Dios Trino y confiesan a Jesucristo como Se\u00f1or y salvador, y esto lo hacen no solamente por separado, sino tambi\u00e9n reunidos en asambleas en las que conocieron el Evangelio y a las que cada grupo llama Iglesia suya y de Dios. Casi todos, sin embargo, aunque de modo diverso, suspiran por una Iglesia de Dios \u00fanica y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, para que el mundo se convierta al Evangelio y se salve para gloria de Dios. Considerando, pues, este Sacrosanto Concilio con grato \u00e1nimo todos estos problemas, una vez expuesta la doctrina sobre la Iglesia, impulsado por el deseo de restablecer la unidad entre todos los disc\u00edpulos de Cristo, quiere proponer atodos los cat\u00f3licos los medios, los caminos y las formas por las que puedan responder a este divina vocaci\u00f3n y gracia.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo I: Principios cat\u00f3licos sobre el Ecumenismo<\/b><\/h2>\n<p><b><i>Unidad y unicidad de la Iglesia<\/i><\/b><\/p>\n<p>2. La caridad de Dios hacia nosotros se manifest\u00f3 en que el Hijo Unig\u00e9nito de Dios fue enviado al mundo por el Padre, para que, hecho hombre, regenerara a todo el g\u00e9nero humano con la redenci\u00f3n y lo redujera a la unidad. Cristo, antes de ofrecerse a s\u00ed mismo en el ara de la cruz, como v\u00edctima inmaculada, or\u00f3 al Padre por los creyentes, diciendo: \u00abQue todos sean uno, como T\u00fa, Padre, est\u00e1s en mi y yo en t\u00ed, para que tambi\u00e9n ellos sean en nosotros, y el mundo crea que T\u00fa me has enviado\u00bb, e instituy\u00f3 en su Iglesia el admirable sacramento de la Eucarist\u00eda, por medio del cual se significa y se realiza la unidad de la Iglesia. Impuso a sus disc\u00edpulos e mandato nuevo del amor mutuo y les prometi\u00f3 el Esp\u00edritu Par\u00e1clito, que permanecer\u00eda eternamente con ellos como Se\u00f1or y vivificador.<\/p>\n<p>Una vez que el Se\u00f1or Jes\u00fas fue exaltado en la cruz y glorificado, derram\u00f3 el Esp\u00edritu que hab\u00eda prometido, por el cual llam\u00f3 y congreg\u00f3 en unidad de la fe, de la esperanza y de la caridad al pueblo del Nuevo Testamento, que es la Iglesia, como ense\u00f1a el Ap\u00f3stol: \u00abUn solo cuerpo y un solo Esp\u00edritu, como hab\u00e9is sido llamados en una esperanza, la de vuestra vocaci\u00f3n. Un solo Se\u00f1or, una sola fe, un solo bautismos\u00bb. Puesto que \u00abtodos los que hab\u00e9is sido bautizados en Cristo os hab\u00e9is revestido de Cristo&#8230;. porque todos vosotros sois uno en Cristo Jes\u00fas\u00bb. El Esp\u00edritu Santo que habita en los creyentes, y llena y gobierna toda la Iglesia, efect\u00faa esa admirable uni\u00f3n de los fieles y los congrega tan \u00edntimamente a todos en Cristo, que El mismo es el principio de la unidad de la Iglesia. El realiza la distribuci\u00f3n de las gracias y de los ministerios, enriqueciendo a la Iglesia de Jesucristo con la variedad de dones \u00abpara la perfecci\u00f3n consumada de los santosen orden a la obra del ministerio y a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Para el establecimiento de esta su santa Iglesia en todas partes y hasta el fin de los tiempos, confi\u00f3 Jesucristo al Colegio de los Doce el oficio de ense\u00f1ar, de regir y de santificar. De entre ellos destac\u00f3 a Pedro, sobre el cual determin\u00f3 edificar su Iglesia, despu\u00e9s de exigirle la profesi\u00f3n de fe; a \u00e9l prometi\u00f3 las llaves del reino de los cielos y previa la manifestaci\u00f3n de su amor, le confi\u00f3 todas las ovejas, para que las confirmara en la fe y las apacentara en la perfecta unidad, reserv\u00e1ndose Jesucristo el ser El mismo para siempre la piedra fundamental y el pastor de nuestras almas.<\/p>\n<p>Jesucristo quiere que su pueblo se desarrolle por medio de la fiel predicaci\u00f3n del Evangelio, y la administraci\u00f3n de los sacramentos, y por el gobierno en el amor, efectuado todo ello por los Ap\u00f3stoles y sus sucesores, es decir, por los Obispos con su cabeza, el sucesor de Pedro, obrando el Esp\u00edritu Santo; y realiza su comuni\u00f3n en la unidad, en la profesi\u00f3n de una sola fe, en la com\u00fan celebraci\u00f3n del culto divino, y en la concordia fraterna de la familia de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed, la Iglesia, \u00fanico reba\u00f1o de Dios como un l\u00e1baro alzado ante todos los pueblos, comunicando el Evangelio de la paz a todo el g\u00e9nero humano, peregrina llena de esperanza hacia la patria celestial.<\/p>\n<p>Este es el Sagrado misterio de la unidad de la Iglesia de Cristo y por medio de Cristo, comunicando el Esp\u00edritu Santo la variedad de sus dones, El modelo supremo y el principio de este misterio es la unidad de un solo Dios en la Trinidad de personas: Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p><b><i>Relaci\u00f3n de los hermanos separados con la Iglesia cat\u00f3lica<\/i><\/b><\/p>\n<p>3. En esta una y \u00fanica Iglesia de Dios, ya desde los primeros tiempos, se efectuaron algunas escisiones que el Ap\u00f3stol condena con severidad, pero en tiempos sucesivos surgieron discrepancias mayores, separ\u00e1ndose de la plena comuni\u00f3n de la Iglesia no pocas comunidades, a veces no sin responsabilidad de ambas partes. pero los que ahora nacen y se nutren de la fe de Jesucristo dentro de esas comunidades no pueden ser tenidos como responsables del pecado de la separaci\u00f3n, y la Iglesia cat\u00f3lica los abraza con fraterno respeto y amor; puesto que quienes creen en Cristo y recibieron el bautismo debidamente, quedan constituidos en alguna comuni\u00f3n, aunque no sea perfecta, con la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Efectivamente, por causa de las varias discrepancias existentes entre ellos y la Iglesia cat\u00f3lica, ya en cuanto a la doctrina, y a veces tambi\u00e9n en cuanto a la disciplina, ya en lo relativo a la estructura de la Iglesia, se interponen a la plena comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica no pocos obst\u00e1culos, a veces muy graves, que el movimiento ecumenista trata de superar. Sin embargo, justificados por la fe en el bautismo, quedan incorporados a Cristo y, por tanto, reciben el nombre de cristianos con todo derecho y justamente son reconocidos como hermanos en el Se\u00f1or por los hijos de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Es m\u00e1s: de entre el conjunto de elementos o bienes con que la Iglesia se edifica y vive, algunos, o mejor, much\u00edsimos y muy importantes pueden encontrarse fuera del recinto visible de la Iglesia cat\u00f3lica: la Palabra de Dios escrita, la vida de la gracia, la fe, la esperanza y la caridad, y algunos dones interiores del Esp\u00edritu Santo y elementos visibles; todo esto, que proviene de Cristo y a El conduce, pertenece por derecho a la \u00fanica Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p>Los hermanos separados practican no pocos actos de culto de la religi\u00f3n cristiana, los cuales, de varias formas, seg\u00fan la diversa condici\u00f3n de cada Iglesia o comunidad, pueden, sin duda alguna, producir la vida de la gracia, y hay que confesar que son aptos para dejar abierto el acceso a la comuni\u00f3n de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por consiguiente, aunque creamos que las Iglesias y comunidades separadas tienen sus defectos, no est\u00e1n desprovistas de sentido y de valor en el misterio de la salvaci\u00f3n, porque el Esp\u00edritu de Cristo no ha rehusado servirse de ellas como medios de salvaci\u00f3n, cuya virtud deriva de la misma plenitud de la gracia y de la verdad que se confi\u00f3 a la Iglesia.<\/p>\n<p>Los hermanos separados, sin embargo, ya particularmente, ya sus comunidades y sus iglesias, no gozan de aquella unidad que Cristo quiso dar a los que regener\u00f3 y vivific\u00f3 en un cuerpo y en una vida nueva y que manifiestan la Sagrada Escritura y la Tradici\u00f3n venerable de la Iglesia. Solamente por medio de la Iglesia cat\u00f3lica de Cristo, que es auxilio general de la salvaci\u00f3n, puede conseguirse la plenitud total de los medios salv\u00edficos. Creemos que el Se\u00f1or entreg\u00f3 todos los bienes de la Nueva Alianza a un solo colegio apost\u00f3lico, a saber, el que preside Pedro, para constituir un solo Cuerpo de Cristo en la tierra, al que tienen que incorporarse totalmente todos los que de alguna manera pertenecen ya al Pueblo de Dios. Pueblo que durante su peregrinaci\u00f3n por la tierra, aunque permanezca sujeto al pecado, crece en Cristo y es conducido suavemente por Dios, seg\u00fan sus inescrutables designios, hasta que arribe gozoso a la total plenitud de la gloria eterna en la Jerusal\u00e9n celestial.<\/p>\n<p><b><i>Ecumenismo<\/i><\/b><\/p>\n<p>4. Hoy, en muchas partes del mundo, por inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, se hacen muchos intentos con la oraci\u00f3n, la palabra y la acci\u00f3n para llegar a aquella plenitud de unidad que quiere Jesucristo. Este Sacrosanto Concilio exhorta a todos los fieles cat\u00f3licos a que, reconociendo los signos de los tiempos, cooperen diligentemente en la empresa ecum\u00e9nica.<\/p>\n<p>Por \u00abmovimiento ecum\u00e9nico\u00bb se entiende el conjunto de actividades y de empresas que, conforme a las distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se ordenan a favorecer la unidad de los cristianos.<\/p>\n<p>Tales son, en primer lugar, todos los intentos de eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, seg\u00fan justicia y verdad, a la condici\u00f3n de los hermanos separados, y que, por tanto, pueden hacer m\u00e1s dif\u00edciles las mutuas relaciones en ellos; en segundo lugar, \u00abel di\u00e1logo\u00bb entablado entre peritos y t\u00e9cnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades, y celebradas en esp\u00edritu religioso. En este di\u00e1logo expone cada uno, por su parte, con toda profundidad la doctrina de su comuni\u00f3n, presentado claramente los caracteres de la misma. Por medio de este di\u00e1logo, todos adquieren un conocimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico y un aprecio m\u00e1s justo de la doctrina y de la vida de cada comuni\u00f3n; en tercer lugar, las diversas comuniones consiguen una m\u00e1s amplia colaboraci\u00f3n en todas las obligaciones exigidas por toda conciencia cristiana en orden al bien com\u00fan y, en cuanto es posible, participan en la oraci\u00f3n un\u00e1nime. Todos, finalmente, examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo con relaci\u00f3n a la Iglesia y, como es debido, emprenden animosos la obra de renovaci\u00f3n y de reforma.<\/p>\n<p>Todo esto, realizado prudente y pacientemente por los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica, bajo la vigilancia de los pastores, conduce al bien de la equidad y de la verdad, de la concordia y de la colaboraci\u00f3n, del amor fraterno y de la uni\u00f3n; para que poco a poco por esta v\u00eda, superados todos los obst\u00e1culos que impiden la perfecta comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, todos los cristianos se congreguen en una \u00fanica celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda, en orden a la unidad de la una y \u00fanica Iglesia, a la unidad que Cristo dio a su Iglesia desde un principio, y que creemos subsiste indefectible en la Iglesia cat\u00f3lica de los siglos.<\/p>\n<p>Es manifiesto, sin embargo, que la obra de preparaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n individuales de los que desean la plena comuni\u00f3n cat\u00f3lica se diferencia, por su naturaleza, de la empresa ecumenista, pero no encierra oposici\u00f3n alguna, ya que ambos proceden del admirable designio de Dios.<\/p>\n<p>Los fieles cat\u00f3licos han de ser, sin duda, sol\u00edcitos de los hermanos separados en la acci\u00f3n ecumenista, orando por ellos, habl\u00e1ndoles de las cosas de la Iglesia, dando los primeros pasos hacia ellos. Pero deben considerar tambi\u00e9n por su parte con \u00e1nimo sincero y diligente, lo que hay que renovar y corregir en la misma familia cat\u00f3lica, para que su vida d\u00e9 m\u00e1s fiel y claro testimonio de la doctrina y de las normas dadas por Cristo a trav\u00e9s de los Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Pues, aunque la Iglesia cat\u00f3lica posea toda la verdad revelada por Dios, y todos los medios de la gracia, sin embargo, sus miembros no la viven consecuentemente con todo el fervor, hasta el punto que la faz de la Iglesia resplandece menos ante los ojos de nuestros hermanos separados y de todo el mundo, retard\u00e1ndose con ello el crecimiento del reino de Dios.<\/p>\n<p>Por tanto, todos los cat\u00f3licos deben tender a la perfecci\u00f3n cristiana y esforzarse cada uno seg\u00fan su condici\u00f3n para que la Iglesia, portadora de la humildad y de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas en su cuerpo, se purifique y se renueve de d\u00eda en d\u00eda, hasta que Cristo se la presente a s\u00ed mismo gloriosa, sin mancha ni arruga.<\/p>\n<p>Guardando la unidad en lo necesario, todos en la Iglesia, cada uno seg\u00fan el cometido que le ha sido dado, observen la debida libertad, tanto en las diversas formas de vida espiritual y de disciplina como en la diversidad de ritos lit\u00fargicos, e incluso en la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica de la verdad revelada; pero en todo practiquen la caridad. Pues con este proceder manifestar\u00e1n cada d\u00eda m\u00e1s plenamente la aut\u00e9ntica catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Por otra parte, es necesario que los cat\u00f3licos, con gozo, reconozcan y aprecien en su valor los tesoros verdaderamente cristianos que, procedentes del patrimonio com\u00fan, se encuentran en nuestros hermanos separados. Es justo y saludable reconocer las riquezas de Cristo y las virtudes en la vida de quienes dan testimonio de Cristo y, a veces, hasta el derramamiento de su sangre, porque Dios es siempre admirable y digno de admiraci\u00f3n en sus obras.<\/p>\n<p>Ni hay que olvidar tampoco que todo lo que obra el Esp\u00edritu Santo en los corazones de los hermanos separados puede conducir tambi\u00e9n a nuestra edificaci\u00f3n. Lo que de verdad es cristiano no puede oponerse en forma alguna a los aut\u00e9nticos bienes de la fe, antes al contrario, siempre puede hacer que se alcance m\u00e1s perfectamente el misterio mismo de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>Sin embargo, las divisiones de los cristianos impiden que la Iglesia lleve a efecto su propia plenitud de catolicidad en aquellos hijos que, estando verdaderamente incorporados a ella por el bautismo, est\u00e1n, sin embargo, separados de su plena comuni\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, a la misma Iglesia le resulta muy dif\u00edcil expresar, bajo todos los aspectos, en la realidad misma de la vida, la plenitud de la catolicidad.<\/p>\n<p>Este Sacrosanto Concilio advierte con gozo que la participaci\u00f3n de los fieles cat\u00f3licos en la acci\u00f3n ecumenista crece cada d\u00eda, y la recomienda a los Obispos de todo el mundo, para que la promuevan con diligencia y la dirijan prudentemente.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo II: La pr\u00e1ctica del Ecumenismo<\/b><\/h2>\n<p><b><i>La uni\u00f3n afecta a todos<\/i><\/b><\/p>\n<p>5. El empe\u00f1o por el restablecimiento de la uni\u00f3n corresponde a la Iglesia entera, afecta tanto a los fieles como a los pastores, a cada uno seg\u00fan su propio valor, ya en la vida cristiana diaria, ya en las investigaciones teol\u00f3gicas e hist\u00f3ricas. Este inter\u00e9s manifiesta la uni\u00f3n fraterna existente ya de alguna manera entre todos los cristianos, y conduce a la plena y perfecta unidad, seg\u00fan la benevolencia de Dios.<\/p>\n<p><i><b>La reforma de la Iglesia<\/b><\/i><\/p>\n<p>6. Puesto que toda la renovaci\u00f3n de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocaci\u00f3n, por eso, sin duda, hay un movimiento que tiende hacia la unidad. Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto instituci\u00f3n humana y terrena, tiene siempre necesidad hasta el punto de que si algunas cosas fueron menos cuidadosamente observadas, bien por circunstancias especiales, bien por costumbres, o por disciplina eclesi\u00e1stica, o tambi\u00e9n por formas de exponer la doctrina \u2014que debe cuidadosamente distinguirse del mismo dep\u00f3sito de la fe\u2014, se restauren en el tiempo oportuno recta y debidamente.<\/p>\n<p>Esta reforma, pues, tiene una extraordinario importancia ecumenista. Muchas de las formas de la vida de la Iglesia, por las que ya se va realizando esta renovaci\u00f3n \u2014como el movimiento b\u00edblico y lit\u00fargico, la predicaci\u00f3n de la palabra de Dios y la catequesis, el apostolado de los seglares, las nuevas formas de vida religiosa, la espiritualidad del matrimonio, la doctrina y la actividad de la Iglesia en el campo social\u2014, hay que recibirlas como prendas y augurios quefelizmente presagian los futuros progresos del ecumenismo.<\/p>\n<p><b><i>La conversi\u00f3n del coraz\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>7. El verdadero ecumenismo no puede darse sin la conversi\u00f3n interior. En efecto, los deseos de la unidad surgen y maduran de la renovaci\u00f3n del alma, de la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo y de la efusi\u00f3n generosa de la caridad. Por eso tenemos que implorar del Esp\u00edritu Santo la gracia de la abnegaci\u00f3n sincera, de la humildad y de la mansedumbre en nuestros servicios y de la fraterna generosidad del alma para con los dem\u00e1s. \u00abAs\u00ed, pues, os exhorto yo \u2014dice el Ap\u00f3stol a las Gentes\u2014, preso en el Se\u00f1or, a andar de una manera digna de la vocaci\u00f3n con que fuisteis llamados, con toda humildad, mansedumbre y longanimidad, soport\u00e1ndoos los unos a los otros con caridad, sol\u00edcitos de conservar la unidad del esp\u00edritu mediante el v\u00ednculo de la paz\u00bb (<i>Ef<\/i>., 4,1-3). Esta exhortaci\u00f3n se refiere, sobre todo, a los que han sido investidos del orden sagrado, para continuar la misi\u00f3n de Cristo, que \u00abvino no a ser servido, sino a servir\u00bb entre nosotros.<\/p>\n<p>A las faltas contra la unidad pueden aplicarse las palabras de San Juan: \u00bb Si decimos que no hemos pecado, hacemos a Dios mentiroso, y su palabra no est\u00e1 en nosotros\u00bb. Humildemente, pues, pedimos perd\u00f3n a Dios y a los hermanos separados, como nosotros perdonamos a quienes nos hayan ofendido.<\/p>\n<p>Recuerden todos los fieles, que tanto mejor promover\u00e1n y realizar\u00e1n la uni\u00f3n de los cristianos, cuanto m\u00e1s se esfuercen en llevar una vida m\u00e1s pura, seg\u00fan el Evangelio. Porque cuanto m\u00e1s se unan en estrecha comuni\u00f3n con el Padre, con el Verbo y con el Esp\u00edritu, tanto m\u00e1s \u00edntima y f\u00e1cilmente podr\u00e1n acrecentar la mutua hermandad.<\/p>\n<p><b><i>La oraci\u00f3n un\u00e1nime<\/i><\/b><\/p>\n<p>8. Esta conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y p\u00fablicas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecum\u00e9nico, y con raz\u00f3n puede llamarse ecumenismo espiritual.<\/p>\n<p>Es frecuente entre los cat\u00f3licos concurrir a la oraci\u00f3n por la unidad de la Iglesia, que el mismo Salvador dirigi\u00f3 enardecido al Padre en v\u00edsperas de su muerte: \u00abQue todos sean uno\u00bb.<\/p>\n<p>En ciertas circunstancias especiales, como sucede cuando se ordenan oraciones \u00abpor la unidad\u00bb, y en las asambleas ecumenistas es l\u00edcito, m\u00e1s a\u00fan, es de desear que los cat\u00f3licos se unan en la oraci\u00f3n con los hermanos separados. Tales preces comunes son un medio muy eficaz para impetrar la gracia de la unidad y la expresi\u00f3n genuina de los v\u00ednculos con que est\u00e1nunidos los cat\u00f3licos con los hermanos separados: \u00abPues donde hay dos o tres congregados en mi nombre, all\u00ed estoy yo en medio de ellos\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, no es l\u00edcito considerar la comunicaci\u00f3n en las funciones sagradas como medio que pueda usarse indiscriminadamente para restablecer la unidad de los cristianos. Esta comunicaci\u00f3n depende, sobre todo, de dos principios: de la significaci\u00f3n de la unidad de la Iglesia y de la participaci\u00f3n en los medios de la gracia.<\/p>\n<p>La significaci\u00f3n de la unidad proh\u00edbe de ordinario la comunicaci\u00f3n. La consecuci\u00f3n de la gracia algunas veces la recomienda. La autoridad episcopal local ha de determinar prudentemente el modo de obrar en concreto, atendidas las circunstancias de tiempo, lugar y personas, a no ser que la Conferencia episcopal, a tenor de sus propios estatutos, o la Santa Sede provean de otro modo.<\/p>\n<p><b><i>El conocimiento mutuo de los hermanos<\/i><\/b><\/p>\n<p>9. Conviene conocer la disposici\u00f3n de \u00e1nimo de los hermanos separados. Para ello se necesita el estudio que hay que realizar con un alma ben\u00e9vola guiada por la verdad. Es preciso que los cat\u00f3licos, debidamente preparados, adquieran mejor conocimiento de la doctrina y de la historia de la vida espiritual y cultural, de la psicolog\u00eda religiosa y de la cultura peculiares de los hermanos.<\/p>\n<p>Para lograrlo, ayudan mucho por ambas partes las reuniones destinadas a tratar, sobre todo, cuestiones teol\u00f3gicas, donde cada uno pueda tratar a los dem\u00e1s de igual a igual, con tal que los que toman parte, bajo la vigilancia de los prelados, sean verdaderamente peritos. De tal di\u00e1logo puede incluso esclarecerse m\u00e1s cu\u00e1l sea la verdadera naturaleza de la Iglesia cat\u00f3lica. De esta forma conoceremos mejor el pensamiento de los hermanos separados y nuestra fe aparecer\u00e1 entre ellos m\u00e1s claramente expresada.<\/p>\n<p><b><i>La formaci\u00f3n ecumenista<\/i><\/b><\/p>\n<p>10. Es necesario que las instituciones de la sagrada teolog\u00eda y de las otras disciplinas, sobre todo, hist\u00f3ricas, se expliquen tambi\u00e9n en sentido ecum\u00e9nico, para que respondan lo m\u00e1s posible a la realidad.<\/p>\n<p>Es muy conveniente que los que han de ser pastores y sacerdotes se imbuyan de la teolog\u00eda elaborada de esta forma, con sumo cuidado, y no pol\u00e9micamente, m\u00e1xime en lo que respecta a las relaciones de los hermanos separados para con la Iglesia cat\u00f3lica, ya que de la formaci\u00f3n de los sacerdotes, sobre todo, depende la necesaria instrucci\u00f3n y formaci\u00f3nespiritual de los fieles y de los religiosos.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n conveniente que los cat\u00f3licos, empe\u00f1ados en obras misioneras en las mismas tierras en que hay tambi\u00e9n otros cristianos, conozcan hoy, sobre todo, los problemas y los frutos que surgen del ecumenismo en su apostolado.<\/p>\n<p><b><i>La forma de expresar y de exponer la doctrina de la fe<\/i><\/b><\/p>\n<p>11. En ning\u00fan caso debe ser obst\u00e1culo para el di\u00e1logo con los hermanos del sistema de exposici\u00f3n de la fe cat\u00f3lica. Es totalmente necesario que se exponga con claridad toda la doctrina. nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo, que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina cat\u00f3lica y obscurecer su genuino y verdadero sentido.<\/p>\n<p>La fe cat\u00f3lica hay que exponerla al mismo tiempo con m\u00e1s profundidad y con m\u00e1s rectitud, para que tanto por la forma como por las palabras pueda ser cabalmente comprendida tambi\u00e9n por los hermanos separados.<\/p>\n<p>Finalmente, en el di\u00e1logo ecumenista los te\u00f3logos cat\u00f3licos, bien imbuidos de la doctrina de la Iglesia, al tratar con los hermanos separados de investigar los divinos misterios, deben proceder con amor a la verdad, con caridad y con humildad. Al confrontar las doctrinas no olviden que hay un orden o \u00abjerarqu\u00eda\u00bb de las verdades en la doctrina cat\u00f3lica, por ser diversa su conexi\u00f3n con el fundamente de la fe cristiana. De esta forma se preparar\u00e1 el camino por donde todos se estimulen a proseguir con esta fraterna emulaci\u00f3n hacia un conocimiento m\u00e1s profundo y una exposici\u00f3n m\u00e1s clara de las incalculables riquezas de Cristo (Cf. <i>Ef<\/i>., 3,8).<\/p>\n<p><b><i>La cooperaci\u00f3n con los hermanos separados<\/i><\/b><\/p>\n<p>12. Todos los cristianos deben confesar delante del mundo entero su fe en Dios uno y trino, en el Hijo de Dios encarnado, Redentor y Se\u00f1or nuestro, y con empe\u00f1o com\u00fan en su mutuo aprecio den testimonio de nuestra esperanza, que no confunde.<\/p>\n<p>Como en estos tiempos se exige una colaboraci\u00f3n ampl\u00edsima en el campo social, todos los hombres son llamados a esta empresa com\u00fan, sobre todo los que creen en Dios y a\u00fan m\u00e1s singularmente todos los cristianos, por verse honrados con el nombre de Cristo.<\/p>\n<p>La cooperaci\u00f3n de todos los cristianos expresa vivamente la uni\u00f3n con la que ya est\u00e1n vinculados y presenta con luz m\u00e1s radiante la imagen de Cristo Siervo. Esta cooperaci\u00f3n, establecida ya en no pocas naciones, debe ir perfeccion\u00e1ndose m\u00e1s y m\u00e1s, sobre todo en las regiones desarrolladas social y t\u00e9cnicamente, ya en el justo aprecio de la dignidad de la persona humana, ya procurando el bien de la paz, ya en laaplicaci\u00f3n social del Evangelio, ya en el progreso de las ciencias y de las artes, con esp\u00edritu cristiano, ya en la aplicaci\u00f3n de cualquier g\u00e9nero de remedio contra los infortunios de nuestros tiempos, como son el hambre y las calamidades, el analfabetismo y la miseria, la escasez de viviendas y la distribuci\u00f3n injusta de las riquezas.<\/p>\n<p>Por medio de esta cooperaci\u00f3n podr\u00e1n advertir f\u00e1cilmente todos los que creen en Cristo c\u00f3mo pueden conocerse mejor unos a otros, apreciando m\u00e1s y c\u00f3mo se allana el camino para la unidad de los cristianos.<\/p>\n<h2><b>Cap\u00edtulo III: Las Iglesias y las comunidades eclesiales separadas de la Sede Apost\u00f3lica romana<\/b><\/h2>\n<p>13. Nuestra atenci\u00f3n se fija en las dos categor\u00edas principales de escisiones que afectan a la t\u00fanica incons\u00fatil de Cristo.<\/p>\n<p>Las primeras tuvieron lugar en el Oriente, a resultas de las declaraciones dogm\u00e1ticas de los concilios de Efeso y de Calcedonia, y en tiempos posteriores por la ruptura de la comunidad eclesi\u00e1stica entre los patriarcas orientales y la Sede Romana.<\/p>\n<p>M\u00e1s de cuatro siglos despu\u00e9s sobrevienen otras en las misma Iglesia de Occidente, como secuela de los acontecimientos que ordinariamente se designan con el nombre de reforma. Desde entonces, muchas comuniones nacionales o confesionales quedaron disgregadas de la Sede Romana. Entre las que conservan, en parte, las tradiciones y las estructuras cat\u00f3licas, ocupa lugar especial la comuni\u00f3n anglicana.<\/p>\n<p>Hay, sin embargo, diferencias muy notables en estos diversos grupos no s\u00f3lo por raz\u00f3n de su origen, lugar y tiempo, sino especialmente por la naturaleza y gravedad de los problemas pertinentes a la fe y a la estructura eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Por ello, este Sacrosanto Concilio, valorando escrupulosamente las diversas condiciones de cada uno de los grupos cristianos, y teniendo en cuenta los v\u00ednculos existentes entre ellas, a pesar de su divisi\u00f3n, determina proponer las siguientes consideraciones para llevar a cabo una prudente acci\u00f3n ecumenista.<\/p>\n<h3><b>I. Consideraci\u00f3n particular de las Iglesias orientales<\/b><\/h3>\n<p><i><b>Car\u00e1cter e historia propia de los orientales<\/b><\/i><\/p>\n<p>14. Las Iglesias del Oriente y del Occidente, durante muchos siglos siguieron su propio camino unidas en la comuni\u00f3n fraterna de la fe y de la vida sacramental, siendo la Sede Romana, con el consentimiento com\u00fan, \u00e1rbitro si surg\u00eda entre ellas alg\u00fan disentimiento en cuenta a la fe y a la disciplina. El Sacrosanto Concilio se complace en recordar, entre otras cosas importantes, que existen en Oriente muchas Iglesias particulares o locales, entre las cuales ocupan el primer lugar las Iglesias patriarcales, y de los cuales no pocas traen origen de los mismos Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p>Por este motivo han prevalecido y prevalece entre los orientales el empe\u00f1o y el inter\u00e9s de conservar aquellas relaciones fraternas en la comuni\u00f3n de la fe y de la caridad, que deben observarse entre las Iglesias locales como entre hermanas.<\/p>\n<p>No debe olvidarse tampoco que las Iglesias del Oriente tienen desde el principio un tesoro del que tom\u00f3 la Iglesia del Occidente muchas cosas en la Liturgia, en la tradici\u00f3n espiritual y en el ordenamiento jur\u00eddico. Y es de sumo inter\u00e9s el que los dogmas fundamentales de la fe cristiana, el de la Trinidad, el del Hijo de Dios hecho carne de la Virgen Madre de Dios, quedaron definidos en concilio ecum\u00e9nicos celebrados en el Oriente. Aquellas Iglesias han sufrido y sufren mucho por la conservaci\u00f3n de esta fe.<\/p>\n<p>La herencia transmitida por los Ap\u00f3stoles fue recibida de diversas formas y maneras y, en consecuencia, desde los or\u00edgenes mismos de la Iglesia fue explicada diversamente en una y otra parte por la diversidad del car\u00e1cter y de las condiciones de la vida. Todo ello, a m\u00e1s de las causas externas, por la falta de comprensi\u00f3n y de caridad, motiv\u00f3 las separaciones.<\/p>\n<p>Por lo cual el Sacrosanto Concilio exhorta a todos, pero especialmente a quienes han de trabajar por restablecer la plena comuni\u00f3n entra las Iglesias orientales y la Iglesia cat\u00f3lica, que tengan las debidas consideraciones a la especial condici\u00f3n de las Iglesias que nacen y se desarrollan en el Oriente, as\u00ed como a la \u00edndole de las relaciones que exist\u00edan entre ellas y la Sede Romana antes de la separaci\u00f3n, y que seformen una opini\u00f3n recta de todo ello; observar esto cuidadosamente servir\u00e1 much\u00edsimo para el pretendido di\u00e1logo.<\/p>\n<p><b><i>La tradici\u00f3n lit\u00fargica y espiritual de los orientales<\/i><\/b><\/p>\n<p>15. Todos conocen con cu\u00e1nto amor los cristianos orientales celebran el culto lit\u00fargico, sobre todo la celebraci\u00f3n eucar\u00edstica, fuente de la vida de la Iglesia y prenda de la gloria futura, por la cual los fieles unidos a su Obispo, teniendo acogida ante Dios Padre por su Hijo el Verbo encarnado, muerto y glorificado en la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, consiguen la comuni\u00f3n con la Sant\u00edsima Trinidad, hechos \u00abpart\u00edcipes de la naturaleza divina\u00bb. Consiguientemente, por la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda del Se\u00f1or en cada una de estas Iglesias, se edifica y crece la Iglesia de Dios, y por la concelebraci\u00f3n se manifiesta la comuni\u00f3n entre ellas.<\/p>\n<p>En este culto lit\u00fargico los orientales ensalzan con hermosos himnos a Mar\u00eda, siempre Virgen, a quien el Concilio Ecum\u00e9nico de Efeso, proclam\u00f3 solemnemente Sant\u00edsima Madre de Dios, para que Cristo fuera reconocido como Hijo de Dios e Hijo del hombre, seg\u00fan las Escrituras, y honran tambi\u00e9n a muchos santos, entre ellos a los Padres de la Iglesia universal. Puesto que estas Iglesias, aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y, sobre todo por su sucesi\u00f3n apost\u00f3lica, el sacerdocio y la Eucarist\u00eda, por los que se unen a nosotros con v\u00ednculos estrech\u00edsimos, no solamente es posible, sino que se aconseja, alguna comunicaci\u00f3n con ellos en las funciones sagradas en circunstancias oportunas y aprob\u00e1ndolo la autoridad eclesi\u00e1stica. Tambi\u00e9n se encuentran en el Oriente las riquezas de aquellas tradiciones espirituales que cre\u00f3, sobre todo, el monaquismo. All\u00ed, pues, desde los primeros tiempos gloriosos de los santo Padres floreci\u00f3 la espiritualidad mon\u00e1stica, que se extendi\u00f3 luego a los pueblos occidentales. De ella procede, como de su fuente, la instituci\u00f3n religiosa de los latinos, que a\u00fan despu\u00e9s tom\u00f3 nuevo vigor en el Oriente. Por lo cual se recomienda encarecidamente a los cat\u00f3licos que acudan con mayor frecuencia a estas riquezas espirituales de los Padres del Oriente, que levantan a todo hombre a la contemplaci\u00f3n de lo divino.<\/p>\n<p>Tengan todos presente que el conocer, venerar, conservar y favorecer el riqu\u00edsimo patrimonio lit\u00fargico y espiritual de los orientales es de una gran importancia para conservar fielmente la plenitud de la tradici\u00f3n cristiana y para conseguir la reconciliaci\u00f3n de los cristianos orientales y occidentales.<\/p>\n<p><i><b>Disciplina propia de los orientales<\/b><\/i><\/p>\n<p>16. Las Iglesias del Oriente, adem\u00e1s, desde los primeros tiempos segu\u00edan las disciplinas propias sancionadas por los santos Padres y por los concilios, incluso ecum\u00e9nicos. No poni\u00e9ndose a la unidad de la Iglesia una cierta variedad de ritos y costumbres, sino acrecentando m\u00e1s bien su hermosura y contribuyendo al m\u00e1s exacto cumplimiento de su misi\u00f3n como antes hemos dicho, el Sacrosanto Concilio, para disipar todo temor declara que las Iglesias orientales, conscientes de la necesaria unidad de toda la Iglesia, tienen el derecho y la obligaci\u00f3n de regirse seg\u00fan sus propias ordenaciones, puesto que son m\u00e1s acomodadas a la idiosincrasia de sus fieles y m\u00e1s adecuadas para promover el bien de sus almas. No siempre, es verdad, se ha observado bien este principio tradicional, pero su observancia es una condici\u00f3n previa absolutamente necesaria para el restablecimiento de la uni\u00f3n.<\/p>\n<p><i><b>Car\u00e1cter propio de los orientales en la exposici\u00f3n de los misterios<\/b><\/i><\/p>\n<p>17. Lo que antes hemos dicho acerca de la leg\u00edtima diversidad, nos es grato repetirlo tambi\u00e9n de la diversa exposici\u00f3n de la doctrina teol\u00f3gica, puesto que en el Oriente y en el Occidente se han seguido diversos pasos y m\u00e9todos en la investigaci\u00f3n de la verdad revelada y en el reconocimiento y exposici\u00f3n de lo divino. No hay que sorprenderse, pues, de que algunos aspectos del misterio revelado a veces se hayan captado mejor y se hayan expuesto con m\u00e1s claridad por unos que por otros, de manera que hemos de declarar que las diversas f\u00f3rmulas teol\u00f3gicas, m\u00e1s bien que oponerse entre s\u00ed, se completan y perfeccionan unas a otras. En cuanto a las aut\u00e9nticas tradiciones teol\u00f3gicas de los orientales, hay que reconocer que radican de una modo manifiesto en la Sagrada Escritura, se fomentan y se vigorizan con la vida lit\u00fargica, se nutren de la viva tradici\u00f3n apost\u00f3lica y de las ense\u00f1anzas de los Padres orientales y de los autores eclesi\u00e1sticos hacia una recta ordenaci\u00f3n de la vida; m\u00e1s a\u00fan, tienden hacia una contemplaci\u00f3n cabal de la verdad cristiana. Este Sacrosanto Concilio declara que todo este patrimonio espiritual y lit\u00fargico, disciplinar y teol\u00f3gico, en sus diversas tradiciones, pertenece a la plena catolicidad y apostolicidad de la Iglesia, dando gracias a Dios, porque muchos orientales, hijos de la Iglesia cat\u00f3lica, que conservan esta herencia y ans\u00edan vivirla en su plena pureza e integridad, viven ya en comuni\u00f3n perfecta con los hermanos que practican la tradici\u00f3n occidental.<\/p>\n<p align=\"left\"><i><b>Conclusi\u00f3n<\/b><\/i><\/p>\n<p>18. Bien considerado todo lo que precede, este Sacrosanto Concilio renueva solemnemente todo lo que han declarado los sacrosantos concilios anteriores y los Romanos Pont\u00edfices; a saber, que para el restablecimiento y mantenimiento de la comuni\u00f3n y de la unidad es preciso \u00abno imponer ninguna otra carga m\u00e1s que la necesaria\u00bb (<i>Act<\/i>., 15,28). Desea, asimismo, vehementemente, que en adelante se dirijan todos los esfuerzos en los varios institutos y formas de vida de la Iglesia, sobre todo en la oraci\u00f3n y en el di\u00e1logo fraterno acerca de la doctrina y de las necesidades m\u00e1s urgentes del cargo pastoral en nuestros d\u00edas y se encaucen para lograr paulatinamente la comuni\u00f3n. De igual manera recomienda a los pastores y a los fieles de la Iglesia cat\u00f3lica estrecha amistad con quienes pasan la vida no ya en Oriente, sino lejos de la patria para incrementar la colaboraci\u00f3n fraterna con ellos con esp\u00edritu de caridad, dejando todo \u00e1nimo de controversia y de emulaci\u00f3n. Si llega a ponerse toda el alma en esta empresa, este Sacrosanto Concilio espera que, derrocado todo muro que separa la Iglesia occidental y la oriental, se har\u00e1 una sola morada, cuya piedra angular es Cristo Jes\u00fas, que har\u00e1 de las dos una sola cosa.<\/p>\n<h3><b>II. Las Iglesias y comindades eclesiales separadas en Occidente<\/b><\/h3>\n<p><i><b>Condici\u00f3n propia de estas comunidades<\/b><\/i><\/p>\n<p>19. Las Iglesias y comunidades eclesiales que se disgregaron de la Sede Apost\u00f3lica Romana, bien en aquella grav\u00edsima perturbaci\u00f3n que comenz\u00f3 en el Occidente ya a finales de la Edad Media, bien en tiempos sucesivos, est\u00e1n unidas con la Iglesia cat\u00f3lica por una afinidad de lazos y obligaciones peculiares por haber desarrollado en los tiempos pasados una vida cristiana multisecular en comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>Puesto que estas Iglesias y comunidades eclesiales por la diversidad de su origen, de su doctrina y de su vida espiritual, discrepan bastante no solamente de nosotros, sino tambi\u00e9n entre s\u00ed, es tarea muy dif\u00edcil describirlas cumplidamente, cosa que no pretendemos hacer aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Aunque todav\u00eda no es universal el movimiento ecum\u00e9nico y el deseo de armon\u00eda con la Iglesia cat\u00f3lica, abrigamos, no obstante, la esperanza de que este sentimiento ecum\u00e9nico y el mutuo aprecio ir\u00e1n imponi\u00e9ndose poco a poco en todos.<\/p>\n<p>Hay que reconocer, ciertamente que entre estas Iglesias y comunidades y la Iglesia cat\u00f3lica hay discrepancias esenciales no s\u00f3lo de \u00edndole hist\u00f3rica, sociol\u00f3gica, psicol\u00f3gica y cultural, sino, ante todo, de interpretaci\u00f3n de la verdad revelada. Mas para que, a pesar de estas dificultades, pueda entablarse m\u00e1s f\u00e1cilmente el di\u00e1logo ecum\u00e9nico, en los siguientes p\u00e1rrafos trataremos de ofrecer algunos puntos que pueden y deben ser fundamento y est\u00edmulo para este di\u00e1logo.<\/p>\n<p><i><b>La confesi\u00f3n de Cristo<\/b><\/i><\/p>\n<p>20. Nuestra atenci\u00f3n se dirige, ante todo, a los cristianos que reconocen p\u00fablicamente a Jesucristo como Dios y Se\u00f1or y Mediador \u00fanico entre Dios y los hombres, para gloria del \u00fanico Dios, Padre, Hijo y Esp\u00edritu Santo. Sabemos que existen graves divergencias entre la doctrina de estos cristianos y la doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica aun respecto a Cristo, Verbo de Dios encarnado, de la obra de la redenci\u00f3n y, por consiguiente, del misterio y ministerio de la Iglesia y de la funci\u00f3n de Mar\u00eda en la obra de la salvaci\u00f3n. Nos gozamos, sin embargo, viendo a los hermanos separados tender hacia Cristo, como fuente y centro de la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica. Movidos por el deseo de la uni\u00f3n con Cristo, se sienten impulsados a buscar m\u00e1s y m\u00e1s la unidad y tambi\u00e9n a dar testimonio de su fe delante de todo el mundo.<\/p>\n<p><b><i>Estudio de la Sagrada Escritura<\/i><\/b><\/p>\n<p>21. El amor y la veneraci\u00f3n y casi culto a las Sagradas Escrituras conducen a nuestros hermanos separados el estudio constante y sol\u00edcito de la Biblia, pues el Evangelio \u00abes poder de Dios para la salud de todo el que cree, del jud\u00edo primero, pero tambi\u00e9n del griego\u00bb (<i>Rom<\/i>., 1,16).<\/p>\n<p>Invocando al Esp\u00edritu Santo, buscan en las Escrituras a Dios, que, en cierto modo, les habla en Cristo, preanunciado por los profetas, Verbo de Dios encarnado por nosotros. En ellas contemplan la vida de Cristo y cuanto el divino Maestro ense\u00f1\u00f3 y realiz\u00f3 para la salvaci\u00f3n de los hombres, sobre todo los misterios de su muerte y de su resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero cuando los hermanos separados reconocen la autoridad divina de los sagrados libros sienten -cada uno a su manera- diversamente de nosotros en cuanto a la relaci\u00f3n entre las Escrituras y la Iglesia, en la cual, seg\u00fan la fe cat\u00f3lica, el magisterio aut\u00e9ntico tiene un lugar especial en orden a la exposici\u00f3n y predicaci\u00f3n de la palabra de Dios escrita.<\/p>\n<p>Sin embargo, las Sagradas Escrituras son, en el di\u00e1logo mismo, instrumentos preciosos en la mano poderosa de Dios para lograr aquella unidad que el Salvador presenta a todos los hombres.<\/p>\n<p><i><b>La vida sacramental<\/b><\/i><\/p>\n<p>22. Por el sacramento del bautismo, debidamente administrado seg\u00fan la instituci\u00f3n del Se\u00f1or, y recibido con la requerida disposici\u00f3n del alma, el hombre se incorpora realmente a Cristo crucificado y glorioso y se regenera para el consorcio de la vida divina, seg\u00fan las palabras del Ap\u00f3stol: \u00abCon El fuisteis sepultados en el bautismo, y en El, asimismo, fuisteis resucitados por la fe en el poder de Dios, que lo resucit\u00f3 de entre los muertos\u00bb (<i>Col<\/i>., 2,12; <i>Rom<\/i>., 6,4).<\/p>\n<p>El bautismo, por tanto, constituye un poderoso v\u00ednculo sacramental de unidad entre todos los que con \u00e9l se han regenerado. Sin embargo, el bautismo por s\u00ed mismo es tan s\u00f3lo un principio y un comienzo, porque todo \u00e9l se dirige a la consecuci\u00f3n de la plenitud de la vida en Cristo. As\u00ed, pues, el bautismo se ordena a la profesi\u00f3n \u00edntegra de la fe, a la plena incorporaci\u00f3n, a los medios de salvaci\u00f3n determinados por Cristo y, finalmente, a la \u00edntegra incorporaci\u00f3n en la comuni\u00f3n eucar\u00edstica.<\/p>\n<p>Las comunidades eclesiales separadas, aunque les falte esa unidad plena con nosotros que dimana del bautismo, y aunque creamos que, sobre todo por la carencia del sacramentodel orden, no han conservado la genuina e \u00edntegra sustancia del misterio eucar\u00edstico, sin embargo, mientras conmemoran en la santa cena la muerte y la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, profesan que en la comuni\u00f3n de Cristo se representa la vida y esperan su glorioso advenimiento. Por consiguiente, la doctrina sobre la cena del Se\u00f1or, sobre los dem\u00e1s sacramentos, sobre el culto y los misterios de la Iglesia deben ser objeto de di\u00e1logo.<\/p>\n<p><b><i>La vida con Cristo<\/i><\/b><\/p>\n<p>23. La vida cristiana de estos hermanos se nutre de la fe e cristo y se robustece con la gracia del bautismo y con la palabra de Dios o\u00edda. Se manifiesta en la oraci\u00f3n privada, en la meditaci\u00f3n b\u00edblica, en la vida de la familia cristiana, en el culto de la comunidad congregada para alabar a Dios. Por lo dem\u00e1s, su culto muchas veces presenta elementos claros de la antigua Liturgia com\u00fan.<\/p>\n<p>La fe por la cual se cree en Cristo produce frutos de alabanza y de acci\u00f3n de gracias por los beneficios recibidos de Dios; \u00fanesele tambi\u00e9n un vivo sentimiento de justicia y una sincera caridad para con el pr\u00f3jimo. Esta fe laboriosa ha producido no pocas instituciones para socorrer la miseria espiritual y corporal, para perfeccionar la educaci\u00f3n de la juventud, para hacer m\u00e1s llevaderas las condiciones sociales de la vida, para establecer la paz en el mundo.<\/p>\n<p>Pero si muchos cristianos no entienden siempre el Evangelio en su aspecto moral, en la misma manera que los cat\u00f3licos, ni admiten las mismas soluciones a los problemas m\u00e1s complicados de la sociedad moderna, no obstante quieren seguir, lo mismo que nosotros, la palabra de Cristo, como fuente de virtud cristiana, y obedecer al precepto del Ap\u00f3stol: \u00abTodo cuanto hac\u00e9is de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Se\u00f1or Jes\u00fas, dando gracias a Dios Padre por El\u00bb (<i>Col<\/i>., 3,17). De aqu\u00ed puede surgir el di\u00e1logo ecum\u00e9nico sobre la aplicaci\u00f3n moral del Evangelio.<\/p>\n<h2><b>Conclusi\u00f3n<\/b><\/h2>\n<p>24. Expuestas brevemente las condiciones en que se desarrolla la acci\u00f3n ecum\u00e9nica y los principios por los que se debe regir, dirigimos confiadamente nuestra mirada al futuro. Este Sagrado Concilio exhorta a los fieles a que se abstengan de toda ligereza o imprudente celo, que podr\u00edan perjudicar al progreso de la unidad. Su acci\u00f3n ecum\u00e9nica ha de ser plena y sinceramente cat\u00f3lica, es decir, fiel a la verdad recibida de los Ap\u00f3stoles y de los Padres y conforme a la fe, que siempre ha profesado la Iglesia cat\u00f3lica, tendiendo constantemente hacia la plenitud con que el Se\u00f1or desea que se perfeccione su Cuerpo en el decurso de los tiempos.<\/p>\n<p>Este Sagrada Concilio desea ardientemente que los proyectos de los fieles cat\u00f3licos progresen en uni\u00f3n con los proyectos de los hermanos separados, sin que se pongan obst\u00e1culos a los caminos de la Providencia y sin prejuicios contra los impulsos que puedan venir del Esp\u00edritu Santo.Adem\u00e1s, se declara conocedor de que este santo prop\u00f3sito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la \u00fanica Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana. Por eso pone toda su esperanza en la oraci\u00f3n de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, en la virtud del Esp\u00edritu Santo. \u00abY la esperanza no quedar\u00e1 fallida, pues el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la virtud del Esp\u00edritu Santo, que nos ha sido dado\u00bb (Cf.<i>Rom<\/i>., 5,5).<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost\u00f3lica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Esp\u00edritu Santo, y mandamos que lo as\u00ed decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p><i>Roma, en San Pedro, 21 de noviembre de 1964.<\/i><br \/>\nYo, PABLO, Obispo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a \u00abUnitatis redintegratio\u00bb Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz El documento Unitatis Redintegratio es el decreto del Concilio Vaticano II referente al ecumenismo. 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