{"id":116734,"date":"2018-10-18T08:02:15","date_gmt":"2018-10-18T06:02:15","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=116734"},"modified":"2018-10-02T12:55:00","modified_gmt":"2018-10-02T10:55:00","slug":"perfectae-caritatis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/perfectae-caritatis\/","title":{"rendered":"Perfectae Caritatis"},"content":{"rendered":"<h2>Comentario a \u00abPerfectae Caritatis\u00bb<\/h2>\n<p><em>Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz<\/em><\/p>\n<p>El decreto <i>Perfectae Caritatis<\/i> es el resultado de una amplia y profunda reflexi\u00f3n eclesial sobre la vida consagrada que se prolong\u00f3 seis a\u00f1os hasta ser aprobada definitivamente el 28 de Octubre de 1965, por una pr\u00e1ctica unanimidad de 2321 votos positivos, de los 2325 padres conciliares asistentes.<\/p>\n<p><b>Caracter\u00edsticas<\/b><\/p>\n<p>Entre las caracter\u00edsticas que presenta el documento podemos mencionar:<\/p>\n<ul>\n<li>No es un documento meramente disciplinar; sino que tiene una profunda inspiraci\u00f3n b\u00edblica, cristol\u00f3gica, eclesiol\u00f3gica y apost\u00f3lica.<\/li>\n<li>Ha de ser interpretado a la luz del cap\u00edtulo sexto de la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica sobre la Iglesia, cuya perspectiva teol\u00f3gica fundamenta los criterios de los principios generales de renovaci\u00f3n de la <i>Perfectae Caritatis<\/i> en su n\u00famero 2.<\/li>\n<li>La clave para entender la vida religiosa no es ya la perspectiva de la santidad, sino la caridad perfecta hacia cuya consecuci\u00f3n tiende la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos, perspectiva que se desarrolla en el n\u00famero 6.<\/li>\n<li>Se reafirma la dimensi\u00f3n simb\u00f3lica de la vida religiosa, de la que se hablaba en la Constituci\u00f3n Dogm\u00e1tica sobre la Iglesia: la vida que profesa los consejos evang\u00e9licos es un signo del Reino, y lo son tambi\u00e9n aspectos concretos de ella como la castidad, la pobreza y la vida de comunidad.<\/li>\n<li>Reconoce el valor y prestancia de la vida consagrada por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos y pide su acomodada renovaci\u00f3n.<\/li>\n<li>Resalta la dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica de la vida religiosa y promueve su adaptaci\u00f3n a las diversas culturas. Esta dimensi\u00f3n se destaca al hablar de cada uno de los votos, castidad97, pobreza98 y obediencia99.<\/li>\n<li>La renovaci\u00f3n y puesta al d\u00eda exigen una vuelta constante a las fuentes de toda vida cristiana, a la inspiraci\u00f3n original de los institutos, y una adaptaci\u00f3n de los mismos a las condiciones actuales, pero siendo promovidas bajo el impulso del Esp\u00edritu Santo bajo la gu\u00eda de la Iglesia y el primado de la renovaci\u00f3n espiritual100.<\/li>\n<li>Todos los miembros del instituto son sujetos activos de una eficaz renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n y esta ha de afectar todas las dimensiones de la vida religiosa.<\/li>\n<li>El decreto supera la distinci\u00f3n entre fin principal101 y el fin espec\u00edfico y no pretende definir y clasificar las diferentes formas de vida religiosa.<\/li>\n<li>Manifiesta la dimensi\u00f3n de gracia de la vida religiosa como un elemento constitutivo. La vida religiosa tiene su origen en el impulso del Esp\u00edritu Santo102, manifiesta la multiplicidad de dones de Dios103; la renovaci\u00f3n ha de realizarse bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo104; la vocaci\u00f3n tiene su origen en la llamada de Dios105. La castidad es un don especial de la gracia106 y la obediencia se realiza bajo el impulso del Esp\u00edritu Santo107.<\/li>\n<\/ul>\n<p>El decreto <i>Perfectae caritatis<\/i> supone un avance en la autocomprensi\u00f3n que tiene la Iglesia de las diversas formas de vida consagrada, cuya existencia es parte importante y esencial para la vida de la Iglesia. Como dec\u00eda posteriormente el Papa Juan Pablo II:<\/p>\n<p><i>\u00abEl Esp\u00edritu Santo lejos de separar de la historia de los hombres las personas que el Padre ha llamado, las pone al servicio de los hermanos seg\u00fan las modalidades propias de su estado de vida, y las orienta a desarrollar tareas particulares, de acuerdo con las necesidades de la Iglesia y del mundo, por medio de los carismas particulares de cada Instituto. De aqu\u00ed surgen las m\u00faltiples formas de vida consagrada, mediante las cuales la Iglesia \u00abaparece tambi\u00e9n adornada con los diversos dones de sus hijos, como una esposa que se ha arreglado para su esposo (cf. Ap 21, 2)\u00bb[34] y es enriquecida con todos los medios para desarrollar su misi\u00f3n en el mundo.\u00bb<\/i>108<\/p>\n[\/stextbox]\n<p style=\"text-align: center\">DECRETO<br \/>\n<b><i>PERFECTAE CARITATIS<br \/>\n<\/i><\/b> SOBRE LA ADECUADA RENOVACI\u00d3N DE LA VIDA RELIGIOSA<\/p>\n<p>1. El Sacrosanto Concilio ha ense\u00f1ado ya en la Constituci\u00f3n que comienza \u00abLumen gentium\u00bb, que la prosecuci\u00f3n de la caridad perfecta por la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos tiene su origen en la doctrina y en los ejemplos del Divino Maestro y que ellas se presenta como preclaro signo del Reino de los cielos. Se propone ahora tratar de la disciplina de los Institutos cuyos miembros profesan castidad, pobreza y obediencia, y proveer a las necesidades de los mismos en conformidad con las exigencias de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>Ya desde los or\u00edgenes de la Iglesia hubo hombres y mujeres que se esforzaron por seguir con m\u00e1s libertad a Cristo por la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos y, cada uno seg\u00fan su modo peculiar, llevaron una vida dedicada a Dios, muchos de los cuales bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, o vivieron en la soledad o erigieron familias religiosas a las cuales la Iglesia, con su autoridad, acogi\u00f3 y aprob\u00f3 de buen grado. De donde, por designios divinos, floreci\u00f3 aquella admirable variedad de familias religiosas que en tan gran manera contribuy\u00f3 a que la Iglesia no s\u00f3lo estuviera equipada para toda obra buena (Cf. <i>Tim<\/i>., 3,17) y preparada para la obra del ministerio en orden a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo, sino tambi\u00e9n a que, hermoseada con los diversos dones de sus hijos, se presente como esposa que se engalana para su Esposo, y por ella se ponga de manifiesto la multiforme sabidur\u00eda de Dios.<\/p>\n<p>Mas en medio de tanta diversidad de dones, todos los que son llamados por Dios a la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos y fielmente los profesan se consagran de modo particular al Se\u00f1or, siguiente a Cristo, quien, virgen y pobre, redimi\u00f3 y santific\u00f3 a los hombres por su obediencia hasta la muerte de Cruz. As\u00ed, impulsados por la caridad que el Esp\u00edritu Santo difunde en sus corazones, viven m\u00e1s y m\u00e1s para Cristo y para su Cuerpo, que es la Iglesia. Porque cuanto m\u00e1sfervientemente se unan a Cristo por medio de esta donaci\u00f3n de s\u00ed mismos, que abarca la vida entera, m\u00e1s exuberante resultar\u00e1 la vida de la Iglesia y m\u00e1s intensamente fecundo su apostolado.<\/p>\n<p>Mas para que el eminente valor de la vida consagrada por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos y su funci\u00f3n necesaria, tambi\u00e9n en las actuales circunstancias, redunden en mayor bien de la Iglesia, este Sagrado Concilio establece lo siguiente que, sin embargo, no expresa m\u00e1s que los principios generales de renovaci\u00f3n y acomodaci\u00f3n de la vida y de la disciplina de las familias religiosas y tambi\u00e9n, atendida su \u00edndole peculiar de las sociedades de vida com\u00fan sin voto y de los institutos seculares. Despu\u00e9s del Concilio habr\u00e1n de dictarse por la Autoridad competente las normas particulares para la conveniente explicaci\u00f3n y aplicaci\u00f3n de estos principios.<\/p>\n<p><b><i>Principios generales de renovaci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>2. La adecuada adaptaci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la vida religiosa comprende a la vez el continuo retorno a las fuentes de toda vida cristiana y a la inspiraci\u00f3n originaria de los Institutos, y la acomodaci\u00f3n de los mismos, a las cambiadas condiciones de los tiempos. Esta renovaci\u00f3n habr\u00e1 de promoverse, bajo el impulso del Esp\u00edritu Santo y la gu\u00eda de la Iglesia, teniendo en cuenta los principios siguientes:<\/p>\n<p>a) Como quiera que la \u00faltima norma de vida religiosa es el seguimiento de Cristo, tal como lo propone Evangelio, todos los Institutos ha de tenerlos como regla suprema.<\/p>\n<p>b) Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car\u00e1cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp\u00edritu y los prop\u00f3sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos.<\/p>\n<p>c) Todos los Institutos participen en la vida de la Iglesia y, teniendo en cuenta el car\u00e1cter propio de cada uno, hagan suyas y fomenten las empresas e iniciativas de la misma: en materia b\u00edblica, lit\u00fargica, dogm\u00e1tica, pastoral, ecum\u00e9nica, misional, social, etc.<\/p>\n<p>d) Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost\u00f3lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m\u00e1s eficaz.<\/p>\n<p>e) Orden\u00e1ndose ante todo la vida religiosa a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, habr\u00e1 que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a las necesidades de nuestros tiempos no surtir\u00edan efecto alguno si no estuvieren animadas por una renovaci\u00f3n espiritual, a la que, incluso al promover las obras externas, se ha de dar siempre el primer lugar.<\/p>\n<p><b><i>Criterios pr\u00e1cticos para la renovaci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>3. El modo de vivir, de orar y de actuar ha de estar convenientemente acomodado a las actuales condiciones f\u00edsicas y ps\u00edquicas de los miembros del Instituto y tambi\u00e9n acomodado en todas las partes, pero, principalmente, en tierras de misi\u00f3n y a tenor de lo que requiere la \u00edndole peculiar de cada Instituto y las necesidades del apostolado, a las exigencias de la cultura ya las circunstancias sociales y econ\u00f3micas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el sistema de gobierno de los Institutos ha de ser sometido a revisi\u00f3n en conformidad con estos mismos criterios.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, sean revisados y adaptados convenientemente a los documentos de este Sagrado Concilio las constituciones, los \u00abdirectorios\u00bb, los libros de costumbres, de preces y de ceremonias y dem\u00e1s libros de esta clase, suprimiendo en ellos aquellas prescripciones que resulten anticuadas.<\/p>\n<p><b><i>Qui\u00e9nes han de llevar a cabo la renovaci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p>4. No puede lograrse una eficaz renovaci\u00f3n ni una recta adaptaci\u00f3n si no cooperan todos los miembros del Instituto.<\/p>\n<p>Sin embargo, s\u00f3lo a las autoridades competentes, principalmente a los Cap\u00edtulos Generales, supuesta siempre la aprobaci\u00f3n de la Santa Sede y de los Ordinarios del lugar, cuando ella sea precisa a tenor del Derecho, corresponde fijar las normas de la renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n, dictar las leyes y hacer las debidas y prudentes experiencias. Mas en aquello que toca al inter\u00e9s com\u00fan del Instituto, los Superiores consulten y oigan, de manera conveniente, a los s\u00fabditos.<\/p>\n<p>Para la renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n de los monasterios de monjas se podr\u00e1n tambi\u00e9n obtener el voto y parecer de las asambleas de federaciones o de otras reuniones leg\u00edtimamente convocadas.<\/p>\n<p>Sin embargo, tengan todos presente que la renovaci\u00f3n, m\u00e1s que de la multiplicaci\u00f3n de las leyes, ha de esperarse de una m\u00e1s exacta observancia de la regla y constituciones.<\/p>\n<p><b><i>Elementos comunes a todas las formas de vida religiosa<\/i><\/b><\/p>\n<p>5. Ante todo, han de tener en cuenta los miembros de cada Instituto que por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos han respondido al llamamiento divino para que no s\u00f3lo est\u00e9n muertos al pecado, sino que, renunciando al mundo, vivan \u00fanicamente para Dios. En efecto, han dedicado su vida entera al divino servicio, lo que constituye una realidad, una especial consagraci\u00f3n, que radica \u00edntimamente en el bautismo y la realiza m\u00e1s plenamente.<\/p>\n<p>Consid\u00e9rense, adem\u00e1s, dedicados al servicio de la Iglesia, ya que ella recibi\u00f3 esta donaci\u00f3n que de s\u00ed mismos hicieron.<\/p>\n<p>Este servicio de Dios debe estimular y fomentar en ellos el ejercicio de las virtudes, principalmente de la humildad y obediencia, de la fortaleza y de la castidad, por las cuales se participa en el anonadamiento de Cristo y a su vida mediante el esp\u00edritu.<\/p>\n<p>En consecuencia, los religiosos, fieles a su profesi\u00f3n, abandonando todas las cosas por El, sigan a Cristo como lo \u00fanico necesario, escuchando su palabra y dedic\u00e1ndose con solicitud a las cosas que le ata\u00f1en.<\/p>\n<p>Por esto, los miembros de cualquier Instituto, buscando s\u00f3lo, y sobre todo, a Dios, deben unir la contemplaci\u00f3n, por la que se unen a El con la mente y con el coraz\u00f3n, al amor apost\u00f3lico, con el que se han de esforzar por asociarse a la obra de la Redenci\u00f3n y por extender el Reino de Dios.<\/p>\n<p><b><i>Ante todo han de cultivar la vida espiritual<\/i><\/b><\/p>\n<p>6. Los que profesan los consejos evang\u00e9licos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos am\u00f3 a nosotros primero, y procuren con af\u00e1n fomentar en todas las ocasiones la vida escondida con Cristo en Dios, de donde brota y cobra vigor el amor del pr\u00f3jimo en orden a la salvaci\u00f3n del mundo y a la edificaci\u00f3n de la Iglesia. Aun la misma pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos est\u00e1 animada y regulada por esta caridad.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n los miembros de los Institutos, bebiendo en los manantiales aut\u00e9nticos de la espiritualidad cristiana, han de cultivar con inter\u00e9s constante el esp\u00edritu de oraci\u00f3n y la oraci\u00f3n misma. En primer lugar, manejen cotidianamente la Sagrada Escritura para adquirir en la lectura y meditaci\u00f3n de los sagrados Libros \u00abel sublime conocimiento de Cristo Jes\u00fas\u00bb. Fieles a la mente de la Iglesia, celebren la sagrada Liturgia y, principalmente, el sacrosanto Misterio de la Eucarist\u00eda no s\u00f3lo con los labios, sino tambi\u00e9n con el coraz\u00f3n, y sacien su vida espiritual en esta fuente inagotable. Alimentados as\u00ed en la mesa de la Ley divina y del sagrado Altar, amen fraternalmente a los miembros de Cristo, reverencien y amen con esp\u00edritu filial a sus pastores y vivan y sientan m\u00e1s y m\u00e1s con la Iglesia y cons\u00e1grense totalmente a su misi\u00f3n.<\/p>\n<p><b><i>Los Institutos de vida contemplativa<\/i><\/b><\/p>\n<p>7. Los Institutos destinados por entero a la contemplaci\u00f3n, o sea, aquellos cuyos miembros se dedican solamente a Dios en la soledad y silencio, en la oraci\u00f3n asidua y generosa penitencia, ocupan siempre, aun cuando apremien las necesidades de un apostolado activo, un lugar eminente en el Cuerpo M\u00edstico de Cristo, en el que no todos los miembros tienen la misma funci\u00f3n. En efecto, ofrecen a Dios un eximio sacrificio de alabanza, ilustran al Pueblo de Dios con frutos ub\u00e9rrimos de santidad y le edifican con su ejemplo e incluso contribuyen a su desarrollo con una misteriosa fecundidad. De esta manera son gala de la Iglesia y manantial para ella de gracias celestiales. Sin embargo, habr\u00e1 de ser revisado su tenor de vida en conformidad con los anteriores principios y criterios de renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n, aunque manteniendo fidel\u00edsimamente su apartamiento del mundo y los ejercicios propios de la vida contemplativa.<\/p>\n<p><b><i>Los Institutos de vida apost\u00f3lica<\/i><\/b><\/p>\n<p>8. Hay en la Iglesia gran n\u00famero de Institutos, clericales o laicales, dedicados a diversas obras de apostolado, que tienen dones diversos en conformidad con la gracia que les ha sido dada; ya sea el ministerio para servir, el que ense\u00f1a, para ense\u00f1ar; el que exhorta, para exhorta; el queda, con sencillez; el que practica la misericordia, con alegr\u00eda. \u00abHay ciertamente, diversidad de dones espirituales, pero uno mismo es el Esp\u00edritu\u00bb (<i>1 Cor<\/i>., 12,4).<\/p>\n<p>La acci\u00f3n apost\u00f3lica y ben\u00e9fica en tales Institutos pertenece a la misma naturaleza de la vida religiosa, puesto que tal acci\u00f3n es un ministerio santo y una obra de caridad propia de ellos, que la Iglesia les ha encomendado y que han de realizar en su nombre. Por lo mismo, toda la vida religiosa de sus miembros ha de estar imbuida de esp\u00edritu apost\u00f3lico, y toda su actividad apost\u00f3lica ha de estar, a su vez, informadade esp\u00edritu religioso,<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, para que primordialmente respondan a su llamamiento a seguir a Cristo y servirle en sus miembros, es necesario que la acci\u00f3n apost\u00f3lica de los mismos proceda de la uni\u00f3n \u00edntima con El. De este modo se fomenta la misma caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Por ello, estos Institutos han de procurar que sus observancias y costumbres armonicen convenientemente con las exigencias del apostolado a que se dedican. Y porque la vida religiosa dedicada a obras apost\u00f3licas reviste m\u00faltiples formas, es necesario que en su renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n se tenga cuenta de esta diversidad y que en los Institutos, diversos entre s\u00ed, la vida de sus miembros, ordenada al servicio de Cristo, se alimente por los medios que les son propios y convenientes.<\/p>\n<p><b><i>Hay que conservar fielmente la vida mon\u00e1stica y conventual<\/i><\/b><\/p>\n<p>9. Cons\u00e9rvese fielmente y resplandezca cada d\u00eda m\u00e1s en su esp\u00edritu genuino, tanto en Oriente como en Occidente, la veneranda instituci\u00f3n de la vida mon\u00e1stica, que tan excelsos m\u00e9ritos se granje\u00f3 en la Iglesia y en la sociedad civil a lo largo de los siglos. Primordial oficio de monjes es tributar a la Divina Majestad un humilde y noble servicio dentro de los claustros del monasterio, ya se dediquen leg\u00edtimamente a su cargo alguna obra de apostolado o de caridad cristiana. Conservando, pues, la \u00edndole caracter\u00edstica de la instituci\u00f3n, hagan reverdecer las antiguas tradiciones ben\u00e9ficas y acom\u00f3denlas a las actuales necesidades de las almas, de suerte que los monasterios sean como focos de edificaci\u00f3n para el pueblo cristiano.<\/p>\n<p>Asimismo, las regiones que por regla asocian estrechamente la vida apost\u00f3lica al oficio coral y a las observancias mon\u00e1sticas, adapten su r\u00e9gimen de vida a las exigencias y conveniencias del apostolado, pero de tal suerte que conserven con fidelidad su forma de vida, ya que ella es ciertamente una grande ventaja para la Iglesia.<\/p>\n<p><b><i>La vida religiosa laical<\/i><\/b><\/p>\n<p>10. La vida religiosa laical, tanto de hombres como de mujeres, constituye un estado completo en s\u00ed de profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos. Por ello, el Sagrado Concilio, teni\u00e9ndola en mucho a causa de la utilidad que reporta a la misi\u00f3n pastoral de la Iglesia en la educaci\u00f3n de la juventud, en el cuidado de los enfermos y en el ejercicio de otros ministerios, alienta a sus miembros en su vocaci\u00f3n y les exhorta a que acomoden su vida a las exigencias actuales.<\/p>\n<p>El Sagrado Concilio declara que nada obsta a que en los Institutos de Hermanos, permaneciendo invariada su naturaleza laical, algunos de sus miembros, en virtud de una disposici\u00f3n del Cap\u00edtulo General, y para atender a las necesidades del ministerio sacerdotal, en sus propias casas reciban las sagradas \u00f3rdenes.<\/p>\n<p><b><i>Los Institutos seculares<\/i><\/b><\/p>\n<p>11. Los Institutos seculares, aunque no son Institutos religiosos, realizan en el mundo una verdadera y completa profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, reconocida por la Iglesia. Esta profesi\u00f3n confiere una consagraci\u00f3n a los hombres y a las mujeres, a los laicos y a los cl\u00e9rigos, que viven en el mundo. Por esta causa deben ellos procurar, ante todo, la dedicaci\u00f3n total de s\u00ed mismos en caridad perfecta y los Institutos mantengan su propia fisonom\u00eda secular, a fin de que puedan realizar con eficacia y en todas partes el apostolado, para el que nacieron.<\/p>\n<p>Sin embargo, han de saber bien estos Institutos que no podr\u00e1n desempe\u00f1ar tan grande misi\u00f3n si sus miembros no est\u00e1n formados de tal manera en el conocimiento de las cosas divinas y humanas, que sean, en realidad, en medio del mundo, fermento para robustecer e incrementar el Cuerpo de Cristo. Preoc\u00fapense seriamente los superiores de formar a sus s\u00fabditos, principalmente en el esp\u00edritu, y de promover su formaci\u00f3n ulterior.<\/p>\n<p><b><i>La castidad<\/i><\/b><\/p>\n<p>12. La castidad \u00abpor el Reino de los cielos\u00bb, que profesan los religiosos, debe ser estimada como un singular don de la gracia. Ella libera de modo especial el coraz\u00f3n del hombre para que se inflame m\u00e1s en el amor a Dios y a todos los hombres, y es, por lo mismo, signo peculiar de los bienes celestiales y medio apt\u00edsimo para que los religiosos se dediquen con alegr\u00eda al servicio divino y a las obras de apostolado. Evocan as\u00ed ellos ante todos los cristianos aquel maravilloso connubio instituido por Dios y que habr\u00e1 de tener en el siglo futuro su plena manifestaci\u00f3n, por el que la Iglesia tiene a Cristo como \u00fanico Esposo.<\/p>\n<p>Es, pues, necesario que los religiosos, celosos por guardar fielmente su profesi\u00f3n, se f\u00eden de la palabra del Se\u00f1or y sin presumir de sus propias fuerzas pongan su confianza en el auxilio divino y practiquen la mortificaci\u00f3n y la guarda de los sentidos. No omitan tampoco los medios naturales, que favorecen la salud del alma y del cuerpo. As\u00ed, los religiosos no se dejar\u00e1n impresionar por las falsas doctrinas, que presentan la continencia perfecta como imposible o como algo perjudicial al perfeccionamiento delhombre, y rechazar\u00e1n, como por instinto espiritual, cuanto pone en peligro la castidad. Tengan, adem\u00e1s, presenta todos, principalmente los Superiores, que habr\u00e1 mayor seguridad en la guarda de la castidad cuando reine en la vida com\u00fan un verdadero amor fraterno.<\/p>\n<p>Mas porque la guarda de la continencia perfecta toca \u00edntimamente las m\u00e1s profundas inclinaciones de la naturaleza humana, no se presenten los candidatos a ella sino despu\u00e9s de haber sido suficientemente probados y de haber logrado la debida madurez psicol\u00f3gica y afectiva. Y no s\u00f3lo han de ser advertidos de los peligros que acechan contra la castidad, sino de tal manera instruidos, que abracen el celibato consagrado a Dios incluso como un bien de toda la persona.<\/p>\n<p><b><i>La pobreza<\/i><\/b><\/p>\n<p>13. Cultivan con diligencia los religiosos y, si es preciso, expresen con formas nuevas la pobreza voluntaria abrazada por el seguimiento de Cristo, del que, principalmente hoy, constituye un signo muy estimado. Por ella, en efecto, se participa en la pobreza de Cristo, que siendo rico se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza.<\/p>\n<p>Por lo que concierne a la pobreza religiosa, no basta con someterse a los Superiores en el uso de los bienes, sino que es menester que los religiosos sean pobres en la realidad y en el esp\u00edritu, teniendo sus tesoros en el cielo.<\/p>\n<p>Cada cual en su oficio consid\u00e9rese sometido a la ley com\u00fan del trabajo, y mientras se procura de este modo las cosas necesarias para el sustento y las obras, deseche toda solicitud exagerada y aband\u00f3nese a la Providencia del Padre, que est\u00e1 en los cielos.<\/p>\n<p>Las Congregaciones religiosas pueden permitir en sus Constituciones que sus miembros renuncien a los bienes patrimoniales adquiridos o por adquirir.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta las circunstancias de cada lugar, los mismos Institutos esfu\u00e9rcense en dar testimonio colectivo de pobreza y contribuyan gustosamente con sus bienes a las dem\u00e1s necesidades de la Iglesia y al sustento de los pobres, a quienes todos los religiosos deben amar en las entra\u00f1as de Cristo. Las Provincias y las Casas de los Institutos compartan entre s\u00ed los bienes materiales, de forma que las que m\u00e1s tengan presten ayuda a las que padecen necesidad.<\/p>\n<p>Aunque los Institutos tienen derecho a poseer todo lo necesario para su vida temporal y para sus obras, salvas las Reglas y Constituciones, deben, sin embargo, evitar toda apariencia de lujo, de lucro excesivo y de acumulaci\u00f3n de bienes.<\/p>\n<p><b><i>La obediencia<\/i><\/b><\/p>\n<p>14. Los religiosos por la profesi\u00f3n de la obediencia, ofrecen a Dios, como sacrificio de s\u00ed mismos, la consagraci\u00f3n completa de su propia voluntad, y mediante ella se unen de manera m\u00e1s constante y segura a la divina voluntad salv\u00edfica. De ah\u00ed se deduce que siguiendo el ejemplo de Jesucristo, que vino a cumplir la voluntad del Padre, \u00abtomando la forma de siervo\u00bb, aprendi\u00f3 por sus padecimientos la obediencia, los religiosos, movidos por el Esp\u00edritu Santo, se someten en fe a los Superiores, que hacen las veces de Dios, y mediante ellos sirven a todos los hermanos en Cristo, como el mismo Cristo, por su sumisi\u00f3n al Padre, sirvi\u00f3 a los hermanos y dio su vida por la redenci\u00f3n de muchos. De esta manera se vinculan m\u00e1s estrechamente al servicio de la Iglesia y se esfuerzan por llegar a la medida de la edad que realiza la plenitud de Cristo.<\/p>\n<p>En consecuencia, los s\u00fabditos, en esp\u00edritu de fe y de amor a la voluntad de Dios, presten humilde obediencia a los Superiores, en conformidad con la Regla y las Constituciones, poniendo a contribuci\u00f3n las fuerzas de inteligencia y voluntad y los dones de naturaleza y gracia en la ejecuci\u00f3n de los mandatos y en el desempe\u00f1o de los oficios que se les encomienden, persuadidos de que as\u00ed contribuyen, seg\u00fan el designio de Dios, a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo. Esta obediencia religiosa no mengua en manera alguna la dignidad de la persona humana, sino que la lleva a la madurez, dilatando la libertad de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>Mas los Superiores, que habr\u00e1n de dar cuenta a Dios de las almas a ellos encomendadas, d\u00f3ciles a la voluntad divina en el desempe\u00f1o de su cargo, ejerzan su autoridad en esp\u00edritu de servicio para con sus hermanos, de suerte que pongan de manifiesto la caridad con que Dios los ama.<\/p>\n<p>Gobiernen a sus s\u00fabditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana. Por lo mismo, especialmente, d\u00e9jenles la debida libertad por lo que se refiere al sacramento de la penitencia y a la direcci\u00f3n de conciencia. Logren de los s\u00fabditos, que en el desempe\u00f1o de sus cargos y en la aceptaci\u00f3n de las iniciativas cooperen \u00e9stos con obediencia activa y responsable. Por tanto, escuchen los Superiores con agrado a los s\u00fabditos, procurando que empe\u00f1en su actividad en bien del Instituto y de la Iglesia, quedando, no obstante, siempre a salvo su autoridad para determinar y mandar lo que debe hacerse.<\/p>\n<p>Los Cap\u00edtulos y Consejos cumplan fielmente la funci\u00f3n que se les ha encomendado en el gobierno y en el modo que, respectivamente, les es propio, realicen la participaci\u00f3n y preocupaci\u00f3n de los miembros en pro de toda la comunidad.<\/p>\n<p><b><i>La vida com\u00fan<\/i><\/b><\/p>\n<p>15. A ejemplo de la primitiva Iglesia, en la cual la multitud de los creyentes eran un coraz\u00f3n y un alma, ha de mantenerse la vida com\u00fan en la oraci\u00f3n y en la comuni\u00f3n del mismo esp\u00edritu, nutrida por la doctrina evang\u00e9lica, por la sagrada Liturgia y principalmente por la Eucarist\u00eda. Los religiosos, como miembros de Cristo, han de prevenirse en el trato fraterno con muestras de mutuo respeto, llevando el uno las cargas del otro, ya que la comunidad, como verdadera familia, reunida en nombre de Dios, goza de su divina presencia por la caridad que el Esp\u00edritu Santo difundi\u00f3 en los corazones. La caridad es la plenitud de la ley y v\u00ednculo de perfecci\u00f3n y por ella sabemos que hemos sido traspasados de la muerte a la vida. En fin, la unidad de los hermanos manifiesta el advenimiento de Cristo y de ella dimana una gran fuerza apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>A fin de que el v\u00ednculo de hermandad sea m\u00e1s \u00edntimo entre sus miembros, incorp\u00f3rese estrechamente los llamados conversos o con otros nombres a la vida y actividades de la comunidad. Ha de procurarse que en los Institutos de mujeres haya una sola clase de hermanas, a no ser que las circunstancias aconsejen verdaderamente otra cosa. En este caso, s\u00f3lo ha de conservarse la distinci\u00f3n de personas que est\u00e9 exigida por la diversidad de obras a que las hermanas se dedican o por especial vocaci\u00f3n de Dios o por sus peculiares aptitudes.<\/p>\n<p>Los monasterios e Institutos de varones que no son meramente laicales pueden admitir a tenor de las Constituciones y en conformidad con su propia \u00edndole, cl\u00e9rigos y laicos en igualdad de condiciones, derechos y deberes, salvo los que provienen de las \u00f3rdenes sagradas.<\/p>\n<p><b><i>La clausura de las monjas<\/i><\/b><\/p>\n<p>16. Cons\u00e9rvese inalterada la clausura papal de las monjas de vida estrictamente contemplativa, pero despu\u00e9s de o\u00edr el parecer de los mismos monasterios ad\u00e1ptese a las condiciones de los tiempos y lugares, suprimiendo los usos que hayan quedado anticuados.<\/p>\n<p>Sean eximidas de la clausura papal las monjas que por su Regla se dedican a obras externas, para que as\u00ed puedan realizar mejor las obras de apostolado a ellas encomendadas, aunque deben guardar la clausura a tenor de sus Constituciones.<\/p>\n<p><b><i>El h\u00e1bito religioso<\/i><\/b><\/p>\n<p>17. El h\u00e1bito religioso, como signo que es de la consagraci\u00f3n, sea sencillo y modesto, pobre a la par que decente, que se adapte tambi\u00e9n a las exigencias de la salud y a las circunstancias de tiempo y lugar y se acomode a las necesidades del ministerio. El h\u00e1bito, tanto de hombres como de mujeres, que no se ajuste a estas normas, debe ser modificado.<\/p>\n<p><i><b>La formaci\u00f3n de los religiosos<\/b><\/i><\/p>\n<p>18. La renovaci\u00f3n y adaptaci\u00f3n de los Institutos depende principalmente de la formaci\u00f3n de sus miembros. Por tanto, los hermanos no cl\u00e9rigos y las religiosas no sean destinados inmediatamente despu\u00e9s del Noviciado a obras apost\u00f3lica, sino que deben continuar en casas convenientemente apropiadas su formaci\u00f3n religiosa y apost\u00f3lica, doctrinal y t\u00e9cnica, incluso con la adquisici\u00f3n de los t\u00edtulos convenientes.<\/p>\n<p>Para que la adaptaci\u00f3n de la vida religiosa a las exigencias de nuestro tiempo no sea una adaptaci\u00f3n meramente externa ni suceda que los que por instituci\u00f3n se dedican al apostolado externo se encuentren incapacitados para llenar su ministerio, han de ser instruidos convenientemente, seg\u00fan la capacidad intelectual y la \u00edndole personal de cada uno, sobre las actuales costumbres sociales y sobre el modo de sentir y de pensar, hoy en boga. La formaci\u00f3n por un fusi\u00f3n arm\u00f3nica de sus elementos ha de darse de tal suerte que contribuya a la unidad de vida de los miembros del Instituto.<\/p>\n<p>Los religiosos han de procurar ir perfeccionando cuidadosamente a lo largo de toda su vida esta cultura espiritual, doctrinal y t\u00e9cnica, y los Superiores han de hacer lo posible por proporcionarles oportunidad, ayuda y tiempo para ello.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n obligaci\u00f3n de los Superiores procurar que los directores, maestros de esp\u00edritu y los profesores sean bien seleccionados y cuidadosamente preparados.<\/p>\n<p><i><b>Fundaci\u00f3n de nuevos Institutos<\/b><\/i><\/p>\n<p>19. En la fundaci\u00f3n de nuevos Institutos ha de ponderarse maduramente la necesidad, o por lo menos la grande utilidad, as\u00ed como la posibilidad de desarrollo, a fin de que no surjan imprudentemente Institutos in\u00fatiles o no dotados del suficiente vigor. De modo especial promu\u00e9vanse y cult\u00edvense en las Iglesias nuevas las formas de vida religiosa que se adapten a la \u00edndole y a las costumbres de los habitantes y a los usos y condiciones de los respectivos paises.<\/p>\n<p><b><i>Conservaci\u00f3n, adaptaci\u00f3n y abandono de las obras propias<\/i><\/b><\/p>\n<p>20. Conserven los Institutos y realicen con fidelidad sus propias actividades y, teniendo en cuenta la utilidad de la Iglesia universal y de las di\u00f3cesis, ad\u00e1ptenlas a las necesidades de tiempos y lugares, empleando los medios oportunos y a\u00fan otros nuevos; pero abandonen aquellas que son hoy menos conformes al esp\u00edritu y a la \u00edndole genuina del Instituto.<\/p>\n<p>Mant\u00e9ngase en los Institutos el esp\u00edritu misionero y aj\u00fastese, seg\u00fan la \u00edndole de cada uno, a las circunstancias de hoy, de suerte que en todos los pueblos resulte m\u00e1s eficaz la predicaci\u00f3n del Evangelio.<\/p>\n<p><b><i>Institutos y Monasterios decadentes<\/i><\/b><\/p>\n<p>21. A los Institutos y Monasterios que, a juicio de la Santa Sede, despu\u00e9s de o\u00edr a los Ordinarios de los lugares, no ofrezcan fundada esperanza de futura vitalidad, proh\u00edbanseles recibir nuevos novicios y, si es posible, \u00fananse a otro Instituto o Monasterio m\u00e1s vigoroso que por difiera mucho de \u00e9l por su fin y por su esp\u00edritu. Uni\u00f3n de Institutos<\/p>\n<p>22. Cuando se crea ello oportuno, y previa la aprobaci\u00f3n de la Santa Sede, los Institutos y Monasterios aut\u00f3nomos promuevan entre s\u00ed: federaciones, si de alguna manera pertenecen a una misma familia religiosa; uniones, si tienen iguales constituciones y costumbres, y est\u00e1n animados del mismo esp\u00edritu, principalmente si son demasiado peque\u00f1os; y asociaciones, si se dedican a id\u00e9nticas o semejantes actividades externas.<\/p>\n<p><i><b>Conferencias de Superiores Mayores<\/b><\/i><\/p>\n<p>23. Han de fomentarse las Conferencias o Consejos de Superiores Mayores erigidos por la Santa Sede, que pueden contribuir en gran manera a conseguir m\u00e1s plenamente del fin de cada Instituto, al fomento de un empe\u00f1o m\u00e1s eficaz por el bien de la Iglesia, a la m\u00e1s equitativa distribuci\u00f3n de los obreros del Evangelio en determinado territorio y tambi\u00e9n alestudio de los problemas comunes a los religiosos, estableciendo la conveniente coordinaci\u00f3n y colaboraci\u00f3n con las Conferencias Episcopales en lo que se refiere al ejercicio del apostolado.<\/p>\n<p>Pueden establecerse tambi\u00e9n este tipo de conferencias para los Institutos seculares.<\/p>\n<p><b><i>Fomento de las vocaciones religiosas<\/i><\/b><\/p>\n<p>24. Los sacerdotes y los educadores cristianos pongan un verdadero empe\u00f1o en dar a las vocaciones religiosas, conveniente y cuidadosamente seleccionadas, nuevo incremento que responda plenamente a las necesidades de la Iglesia. Aun en la predicaci\u00f3n ordinaria, tr\u00e1tese con m\u00e1s frecuencia de los consejos evang\u00e9licos y de las conveniencias en abrazar el estado religioso. Los padres, al educar a sus hijos en las costumbres cristianas, cultiven y defiendan en sus corazones la vocaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>Es l\u00edcito a los Institutos divulgar el conocimiento de s\u00ed mismos para fomentar vocaciones y reclutar candidatos, con tal que esto se haga con la debida prudencia y observando las normas dadas por la Santa Sede y por el Ordinario del lugar.<\/p>\n<p>Tengan en cuenta, sin embargo, todos que el ejemplo de la propia vida es la mejor recomendaci\u00f3n de su propio Instituto y una invitaci\u00f3n a abrazar la vida religiosa.<\/p>\n<p align=\"center\"><b>CONCLUSI\u00d3N<\/b><\/p>\n<p>25. Los Institutos, para los cuales se establecen estas normas de renovaci\u00f3n y acomodaci\u00f3n, respondan con esp\u00edritu generoso a su divina vocaci\u00f3n y a la misi\u00f3n que en estos tiempos tienen en la Iglesia. El Sagrado Concilio aprecia en gran manera su g\u00e9nero de vida virginal, pobre y obediente, cuyo modelo es el mismo Cristo Se\u00f1or, y pone una firme esperanza en la fecundidad de sus actividades tanto ocultas como manifiestas. Todos los religiosos, pues, deben infundir el mensaje de Cristo en todo el mundo por la integridad de la fe, por la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo, por el amor a la cruz y la esperanza de la gloria futura, a fin de que su testimonio sea patente a todos y sea glorificado nuestro Padre que est\u00e1 en los cielos. De este modo, por intercesi\u00f3n de la dulc\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, \u00abcuya vida es norma de todos\u00bb, recibir\u00e1n mayor incremento cada d\u00eda y dar\u00e1n m\u00e1s copiosos y saludables frutos.<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas contenidas en este Decreto han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apost\u00f3lica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, lasaprobamos, decretamos y establecemos en el Esp\u00edritu Santo, y mandamos que lo as\u00ed decidido conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p><i>Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965.<br \/>\n<\/i><\/p>\n<p>Yo, PABLO, Obispo de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comentario a \u00abPerfectae Caritatis\u00bb Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz El decreto Perfectae Caritatis es el resultado de una amplia y profunda reflexi\u00f3n eclesial sobre la vida consagrada que se prolong\u00f3 seis a\u00f1os hasta ser aprobada definitivamente &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/perfectae-caritatis\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":400147,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[260],"tags":[172],"class_list":["post-116734","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-concilio-vaticano-ii","tag-pobreza"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Perfectae Caritatis - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/perfectae-caritatis\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Perfectae Caritatis - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Comentario a \u00abPerfectae Caritatis\u00bb Autor: Jos\u00e9 Miguel Arr\u00e1iz El decreto Perfectae Caritatis es el resultado de una amplia y profunda reflexi\u00f3n eclesial sobre la vida consagrada que se prolong\u00f3 seis a\u00f1os hasta ser aprobada definitivamente ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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