{"id":116046,"date":"2018-11-07T08:44:41","date_gmt":"2018-11-07T07:44:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=116046"},"modified":"2018-10-17T17:42:39","modified_gmt":"2018-10-17T15:42:39","slug":"bergson-y-el-padre-pouget-vi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/bergson-y-el-padre-pouget-vi\/","title":{"rendered":"Bergson y el Padre Pouget (VI)"},"content":{"rendered":"<p>He conocido a hombres de genio singular: Bergson ante todo, y Henri Poincar\u00e9, Vincent d&#8217;Indy y Miguel de Unamu\u00adno, el viejo lord Halifax, el cardenal Mercier y dos o tres m\u00e1s que considero prematuro nombrar. No he conocido a ninguno que alcanzase la grandeza del padre Pouget. \u00ab\u00bfEra, pues, un hombre tan extraordi\u00adnario?\u00bb, me preguntaba estos d\u00edas un diligente histo\u00adriador. \u00abClaro que s\u00ed \u2014le contest\u00e9\u2014 era tan extraordina\u00adrio. E incluso m\u00e1s.\u00bb<\/p>\n<p>Recuerdo una tarde en que Jean Guitton, entonces profesor en Moulins\u2014le hab\u00eda presentado al padre Pouget en 1921, cuando decid\u00ed su camino, como el de L\u00e9on Husson, por la filosof\u00eda\u2014, al acompa\u00f1arme a la mansi\u00f3n de mi padre, me pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfCree usted que me equivoco y que podr\u00e9 provocar la risa si afirmo que veo en el padre Pouget a otro San Agust\u00edn, que trae a nuestros esp\u00edritus, si me atrevo a decirlo, el principio de una renovaci\u00f3n semejante en importan\u00adcia a la que nos proporcion\u00f3 San Agust\u00edn, aunque m\u00e1s saludable, puesto que aparece liberada de ese pesi\u00admismo profundo que pone al hombre bajo la depen\u00addencia del pecado y abisma la naturaleza?\u00bb \u00abNo\u2014le contest\u00e9\u2014. Usted no se equivoca. Y si alguien es movido a risa (que no lo ser\u00e1), si algunos se sorprenden o se escandalizan, d\u00e9jeles que lo hagan: la Verdad, como usted sabe, es signo de contradicci\u00f3n entre los hom\u00adbres. Pero ellos pasan y la Verdad subsiste. Y, tarde o temprano, los hombres se subordinan y se someten a ella.\u00bb<\/p>\n<p>La Verdad. Cuando est\u00e1bamos en presencia del pa\u00addre Pouget, nos sent\u00edamos en presencia de la Verdad misma. Nada se interpon\u00eda entre ella y nosotros, ni incluso \u00e9l. No he olvidado lo que Loisy me dec\u00eda de este hombre en 1930: \u00abHe dejado la Iglesia, en la que hab\u00eda encontrado, entre los que est\u00e1n a su servicio o la representan, muchas cosas que no eran dignas. Pero hall\u00e9 las mismas cosas, u otras peores, donde estoy ahora, y, sobre todo, no he encontrado un padre Pouget.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n era, por tanto, este hombre merecedor de tales elogios? Un humilde campesino de Auvernia, nacido en los confines del Cantal y del Loz\u00e9re, que, en su aldea natal de Morsanges, pas\u00f3 toda su ni\u00f1ez ayudando a sus padres en la ruda labor, esto es, empujando el arado, vigilando las vacas y, a veces, con un buen perro, los reba\u00f1os comunales que hab\u00eda que defender contra los lobos, en las altas mesetas de la Plan\u00e9ze regadas por el B\u00e9s, al que o\u00eda mugir en el fondo de los barrancos y en el que gustaba de zambu\u00adllirse de pies a cabeza. Hab\u00eda aprendido a leer comple\u00adtamente solo en un viejo silabario y, con frecuencia, en los escondrijos de la espesura, devoraba las Vidas de santos, los Evangelios y algunos libros de teolog\u00eda. Su primera educadora fue su t\u00eda, Gabrielle Gastal, que era terciaria y no hablaba mucho, limit\u00e1ndose a con\u00adtestar \u00aboc\u00bb a lo que se le dec\u00eda, pero que cre\u00eda pro\u00adfundamente en Dios. El cura de Maurines, ganado por sus dotes y su piedad, anim\u00f3 a sus padres a hacerle proseguir sus estudios, diciendo que no estaba hecho para este mundo. A la edad de doce a\u00f1os, resolvieron enviarle a la escuela del pueblo, y luego, a los quince, al seminario de Saint-Flour, regido por los lazaristas. Le pusieron en la clase de primera ense\u00f1anza con los peque\u00f1os, que le trataban de \u00abgran asno\u00bb, lo que le molestaba mucho. Al cabo de algunos meses pas\u00f3 a la clase s\u00e9ptima, al a\u00f1o siguiente a la de medianos, luego hizo su segunda ense\u00f1anza, su ret\u00f3rica y su filosof\u00eda. A los diecisiete a\u00f1os, forj\u00f3 la idea de ordenarse sacer\u00addote y, lo que es m\u00e1s, religioso, jesuita. Entr\u00f3, pues, a los diecinueve a\u00f1os, en el seminario mayor. Pero un d\u00eda, estando en oraci\u00f3n en la iglesia, con motivo de la octava de la traslaci\u00f3n del cuerpo de San Vicente, pens\u00f3 en San Vicente, \u00abun hombre esforzado que qui\u00adz\u00e1 le aceptar\u00eda\u00bb. Resolvi\u00f3, por consiguiente, entrar en la Orden de San Vicente, que reflexivamente prefiri\u00f3 a la Orden de San Ignacio, porque los jesuitas, de buen grado, conceden demasiada estima a sus hom\u00adbres, y \u00e9l se sent\u00eda, dec\u00eda en su humildad, muy pro\u00adpenso al orgullo. (Como se manten\u00eda siempre el pri\u00admero de su clase, se promet\u00eda con frecuencia trabajar menos, al objeto de no pecar de orgulloso; pero no llegaba a ello f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p>En 1867 parti\u00f3 para Par\u00eds y fue recibido en la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n (lazaristas), donde formul\u00f3 sus votos el 8 de octubre de 1869. Se form\u00f3 solo. Durante su primer a\u00f1o de noviciado, aprendi\u00f3 de memoria a San Pablo y los Evangelios, porque estaba dotado de una memoria calificada de \u00abmonstruosa\u00bb, y que le permit\u00eda, cuando qued\u00f3 ciego, recitarse interiormente las oraciones de la misa y del breviario, el Nuevo Testamento, las partes m\u00e1s bellas del Antiguo, del G\u00e9nesis a los Salmos y al Libro de la Sabidur\u00eda, la historia y los cl\u00e1sicos\u2014La Fontaine, Horacio, la <em>Enei\u00ad<\/em><em>da\u2014, <\/em>sin hablar de Plat\u00f3n y de Arist\u00f3teles, a los que hab\u00eda le\u00eddo varias veces \u00edntegramente en los textos. Teniendo que preparar en 1924 una edici\u00f3n de los <em>Pensamientos, <\/em>\u00fanicamente me vi precisado a leerle el texto de Pascal, cuando estaba completamente ciego, para que me indicase con una seguridad infalible to\u00addas las referencias de los textos escriturarios que en \u00e9l se encuentran citados ; y si a veces me indicaba apro\u00adximadamente, o con un peque\u00f1o error, el vers\u00edculo citado, era por humildad, a fin de no producir dema\u00adsiada admiraci\u00f3n, porque, si yo no encontraba el tex\u00adto, \u00e9l mismo me ofrec\u00eda en seguida la referencia exacta.<\/p>\n<p>En Dax, donde se hab\u00eda reunido a los novicios du\u00adrante la guerra de 1870-71, se dedic\u00f3 a las matem\u00e1ti\u00adcas, a las ciencias naturales, a la bot\u00e1nica, a la f\u00edsica, y, en seis meses, aprendi\u00f3 toda la teolog\u00eda, hasta el punto de que pod\u00eda juzg\u00e1rsele apto, al cabo de este tiempo, para suplir al profesor de dogma y de Sagrada Escritura.<\/p>\n<p>Ordenado sacerdote el 25 de mayo de 1872, fue enviado al seminario menor de Evreux, y all\u00ed ense\u00ad\u00f1\u00f3 durante doce a\u00f1os las ciencias, apasionado como era por la experiencia. Es en esta \u00e9poca cuando inicia el aprendizaje del hebreo y, poco tiempo despu\u00e9s, el de las dem\u00e1s lenguas del Oriente, comprendido el cop\u00adto, del que se constituy\u00f3 m\u00e1s tarde en diccionario. En 1884 pas\u00f3 a Saint-Flour, como director del seminario menor, lo que ya apenas le conven\u00eda ; en 1886, a Dax, corno profesor de ciencias ; luego, en 1888, a Par\u00eds, a la Casa madre, donde ense\u00f1\u00f3 las ciencias y la Sagrada Escritura hasta 1905 y donde permaneci\u00f3 tambi\u00e9n sin interrupci\u00f3n hasta su muerte, sobrevenida el 24 de febrero de 1933.<\/p>\n<p>En sus \u00faltimos a\u00f1os, estaba casi completamente ciego. Hab\u00eda tenido un primer ataque de glaucoma a la edad de treinta y cinco a\u00f1os, por haber fatigado su vista en observaciones bot\u00e1nicas y astron\u00f3micas. Una explosi\u00f3n en Par\u00eds, en su laboratorio de f\u00edsica, le que\u00adm\u00f3 la cara. En 1895 se intent\u00f3 hacerle una operaci\u00f3n; pero, desgraciadamente, se le pinch\u00f3 el ojo entre el iris y el cristalino en lugar de pincharle en la escler\u00f3\u00adtica, lo que le ocasion\u00f3 la p\u00e9rdida del ojo derecho. Luego, el ojo izquierdo se vio afectado a su vez de lo mismo y su vista disminuy\u00f3, sobre todo a partir de 1907, hasta quedar reducida a menos de una cent\u00e9sima de visi\u00f3n normal.<\/p>\n<p>Esta prueba, unida a la interrupci\u00f3n de su ense\u00f1an\u00adza a partir de 1905, le impresion\u00f3 profundamente. Est\u00e1 completamente abatido. \u00abSoy una ruina\u00bb, dec\u00eda. Sin embargo, poco a poco, lleg\u00f3 a la plena aceptaci\u00f3n de la voluntad divina. Una vez cerrados los ojos del cuerpo a la luz sensible, los ojos del alma se abrieron de lleno para contemplar lo invisible y ver todas las cosas nuevas, por medio del esp\u00edritu, pero tambi\u00e9n, y todav\u00eda m\u00e1s, por medio del coraz\u00f3n. Porque, como afirmaba magn\u00edficamente en un discurso de Evreux \u00abMientras que por el esp\u00edritu no vemos a Dios en este mundo m\u00e1s que enigm\u00e1ticamente, en un espejo, por el coraz\u00f3n podemos unirnos a \u00e9l con un amor que no adquirir\u00e1 otra perfecci\u00f3n que una inmutable estabili\u00addad en la gloria.\u00bb<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca cr\u00edtica, pero decisiva, de su vida, tra\u00adb\u00e9 conocimiento con \u00e9l, gracias a una serie de impre\u00advisibles circunstancias en las que la intenci\u00f3n no tuvo parte alguna.<\/p>\n<p>Estaba yo vinculado por la amistad, desde mi m\u00e1s tierna infancia, al humilde hijo de un le\u00f1ador del bosque de Tronabais, Antoine S\u00e9vat. Despu\u00e9s de la muerte en accidente de su padre, hab\u00eda sido recogido por tu t\u00edo Caffy, padre de siete hijos, que explotaba, por cuenta ajena, un dominio situado a doscien\u00adtos metros de mi casa natal, en C\u00e9rilly. Mi abuela, Christine Vach\u00e9e, mujer de un gran esp\u00edritu y de un gran coraz\u00f3n, hab\u00eda observado el buen sentido y la piedad de este aldeanito vecino nuestro. Puso los medios para enviarle al seminario de R\u00e9ray, en nues\u00adtra di\u00f3cesis de Moulins, y luego, privada de recursos, le hizo entrar en la Orden de los lazaristas. Le encon\u00adtr\u00e9 all\u00ed en 1900, cuando yo acababa de entrar en la Escuela Normal. Me habl\u00f3, con fervor, de su maestro el padre Pouget. \u00abTenemos aqu\u00ed como profesor\u2014me dijo\u2014a un hombre extraordinario, \u00fanico. Su ense\u00f1an\u00adza excede mi capacidad; pero estoy seguro de que usted lo apreciar\u00e1. No he conocido nunca a nadie corno \u00e9l.\u00bb<\/p>\n<p>Hecho muy digno de observaci\u00f3n: este hombre sencillo, que no \u00abalcanzaba\u00bb la ense\u00f1anza del padre Pouget y que no pod\u00eda aprehender por medio de la inteligencia todo su jugo e inmenso alcance, ten\u00eda sentido de su grandeza. Hab\u00eda sabido, antes que otros, y mejor que muchos otros, no obstante su paridad en el dominio del esp\u00edritu, discernir al padre Pouget con \u00ablos ojos del coraz\u00f3n que ven la sabidur\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Obtuvo en 1901, del director de los estudiantes, M. Delanghe; luego, en 1902, del subdirector, M. Jean, orientalista muy conocido, permiso para conducirme ante el padre Pouget, y m\u00e1s tarde autorizaci\u00f3n, en lo que a m\u00ed respecta, para trabajar con \u00e9l. Lo verifiqu\u00e9 as\u00ed, ocasionalmente, cuando estaba en la Escuela Nor\u00admal. A partir de 1902, el padre Pouget me inspir\u00f3 \u00absomos realistas\u00bb, me dijo la idea rectora de una memoria de diploma sobre la <em>Notion du n\u00e9cessaire <\/em><em>chez Aristote, <\/em>que yo actualic\u00e9 como tesis de doctora\u00addo en 1911, despu\u00e9s que la Sorbona rechaz\u00f3 mi traba\u00adjo sobre el despertar religioso en el Pa\u00eds de Gales. Luego, despu\u00e9s de una permanencia de dos a\u00f1os en Inglaterra, donde el padre Portal, hermano de Orden del padre Pouget, me introdujo en el conocimiento de lord Halifax, me puse en 1905 a trabajar asidua\u00admente con \u00e9l, durante mis tres a\u00f1os de la Fundaci\u00f3n Thiers, y m\u00e1s adelante durante todo el curso de mis a\u00f1os de ense\u00f1anza, en Ch\u00e1teauroux, en Lyon y en Grenoble.<\/p>\n<p>Me conquist\u00f3 para siempre desde nuestra primera entrevista, cuya fecha anot\u00e9, el 12 de diciembre de 1901, en la primera p\u00e1gina de un trabajo suyo sobre el Pentateuco, que me hizo llegar por entonces. An\u00adtoine S\u00e9vat me condujo a su pobre celda, en el segun\u00addo piso, cerca del reloj cuyo cuidado se le confiaba. El padre Pouget, sin otro pre\u00e1mbulo, me mand\u00f3 sen\u00adtar a su lado, sobre un peque\u00f1o taburete, y me habl\u00f3, por espacio de dos horas, de Pablo y de Juan, del pueblo jud\u00edo y de la misi\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>Veo todav\u00eda su enorme cr\u00e1neo: 61 cent\u00edmetros de contorno. No hab\u00eda podido encontrar sombrero a su medida. Me parece ver de nuevo su nariz disim\u00e9trica, sus labios delgados y prietos, su barbilla de perfil cla\u00adro y firme, echada un poco hacia adelante, la mirada privada de luz con expresi\u00f3n inolvidable. Oigo su voz un poco apagada, un poco gris, pero de un gris sus\u00adceptible, como los grises de Vel\u00e1zquez, de recibir to\u00addos los valores. Oigo todav\u00eda su hablar lento como el de Bergson, pero de una lentitud muy distinta, de esa especie de lentitud propia de un pensamiento que se busca y que se crea a medida que se lee en el interior de s\u00ed mismo y se expresa hacia afuera. Lo modulaba con gestos expresivos y tambi\u00e9n con sonidos intradu\u00adcibles, que lo precisaban mejor que hubiese podido hacerlo cualquier otra palabra: \u00abBah!, bah!, bah! Comment ga? Ta, ta, ta, ta (lo que era mala se\u00ad\u00f1al)&#8230; Crr!\u00bb y esos \u00abHm, Hm, Hm, Hm\u00bb de des\u00adaprobaci\u00f3n que conclu\u00edan a veces en un breve Fout\u00e9 sin r\u00e9plica. Y de todo esto transparenc\u00eda, sin afecta\u00adci\u00f3n alguna, una impresi\u00f3n de grandeza inigualable.<\/p>\n<p>Con \u00e9l, primero a solas, luego en compa\u00f1\u00eda de Mau\u00adrice Legendre, y con la ayuda de mis alumnos, que yo le envi\u00e9 o le traje uno a uno, me dispuse al estudio de los textos sagrados, de la historia de la Iglesia, de sus fundamentos, naturales y sobrenaturales, partien\u00addo siempre, seg\u00fan un m\u00e9todo rigurosamente cr\u00edtico y positivo, del <em>m\u00ednimum <\/em>que una recta raz\u00f3n, \u00aben la plenitud de su luz y la calma de la reflexi\u00f3n\u00bb, no po\u00addr\u00eda negar, y a partir del cual se encuentra todo lo que se desenvolvi\u00f3, como procedente de un germen, en la sucesi\u00f3n de los tiempos. De este trabajo hecho en com\u00fan, frecuentemente proseguido y continuado por \u00e9l sobre una vieja m\u00e1quina espa\u00f1ola que le hab\u00eda\u00admos procurado, sali\u00f3 el gran libro acerca del <em>Origen <\/em><em>sobrenatural o divino de la Iglesia cat\u00f3lica seg\u00fan los <\/em><em>datos de la Historia, <\/em>que completaron m\u00e1s tarde otros hermosos trabajos acerca del <em>Origen del mal moral y <\/em><em>la ca\u00edda primitiva, Cristo y el mundo moral, La ins\u00ad<\/em><em>piraci\u00f3n, de la Biblia y La redenci\u00f3n del mundo moral <\/em><em>por Cristo.<\/em><\/p>\n<p>Su m\u00e9todo, al igual que su memoria, era de una infalible seguridad. Pero no lo hab\u00eda conquistado de una vez.<\/p>\n<p>Cuando, en el curso de los a\u00f1os 1872 y siguientes, aprendi\u00f3 el hebreo y las lenguas del antiguo Oriente, lo hac\u00eda para probarse a s\u00ed mismo, con una exactitud y una precisi\u00f3n rigurosas, la concordancia de la Biblia y de la geolog\u00eda, seg\u00fan una opini\u00f3n corriente entonces; pero que \u00e9l, de acuerdo con su costumbre, no consen\u00adt\u00eda en aceptar con criterio de autoridad, sin haber lle\u00advado hasta ella la luz de esa peque\u00f1a l\u00e1mpara de la que Dios nos ha hecho part\u00edcipes : la raz\u00f3n. Se entre\u00adg\u00f3, pues, a la demostraci\u00f3n y ella le llev\u00f3 a cambiar enteramente su punto de vista sobre la Biblia, libro de ense\u00f1anza religiosa, que hay que tomar como tal. A \u00e9l se aplic\u00f3 en adelante, sin que por esto diese de lado a las ciencias.<\/p>\n<p>Cuando yo le conoc\u00ed, se manten\u00eda firmemente en esta conclusi\u00f3n. Pero no estaba a\u00fan en posesi\u00f3n de su m\u00e9\u00adtodo. Vamos a ver c\u00f3mo se elev\u00f3 hasta \u00e9l.<\/p>\n<p>Mientras yo revisaba, estos d\u00edas, para ponerlas en limpio con el joven profesor de Sagrada Escritura y sucesor suyo en Saint-Lazare, las preciosas conversa\u00adciones del padre Pouget, sus \u00ablogia\u00bb, que anot\u00e9 d\u00eda a d\u00eda durante treinta y dos a\u00f1os, vino de nuevo a mis manos una hoja sin fecha, en papel ya muy amarillen\u00adto, donde el padre Pouget hab\u00eda escrito de manera bien legible\u2014por tanto, antes de haber perdido la vista\u2014, el texto de una lengua que no hemos sido ca\u00adpaces de identificar, y al dorso algunas direcciones de libreros donde pudo, gracias <strong>a <\/strong>los pocos ahorros eco\u00adnomizados con esta intenci\u00f3n, comprar una Sinopsis alemana, la edici\u00f3n cr\u00edtica del Nuevo Testamento por Nestle, la nueva edici\u00f3n por Swete del Antiguo Testa\u00admento, en griego, en la versi\u00f3n de los Setenta, o el ma\u00adnual de Driver. Una referencia marginal a M. L. (Loi\u00adsy) indica, por lo dem\u00e1s, que esta hoja data de la \u00e9poca en que est\u00e1bamos todos sacudidos por la crisis modernista y la condenaci\u00f3n del Papa P\u00edo X, en 1907.<\/p>\n<p>Pues bien, leo yo all\u00ed, escrito de mi pu\u00f1o y letra por debajo de las direcciones de los libreros:<\/p>\n<p>\u00abLa atenci\u00f3n, en los Padres, es objetiva. En nos\u00adotros es subjetiva, quehacer de experiencia. Y es que ellos, por tener una vida espiritual muy intensa (como lo prueba el monacato primitivo), ve\u00edan a Dios en El, no en s\u00ed mismos.<\/p>\n<p>\u00abLa mayor dificultad con que me he enfrentado fue la de adoptar la mentalidad filos\u00f3fica de los griegos; \u00e9stos pensaban por conceptos, es decir, por im\u00e1genes de la vista. La luz del \u00c1tica les deslumbraba.\u00bb<\/p>\n<p>El padre Pouget mismo pensaba en lo concreto, y, antes incluso de haber perdido la vista, no pensaba por im\u00e1genes visuales o por conceptos. La ceguera, en \u00e9l, no hizo otra cosa que confirmar y consagrar esa tendencia de su naturaleza. Como el hombre del cam\u00adpo, pensaba menos por la vista que por el tacto, me\u00adnos por los ojos que por la mano. \u00abVer a Dios, estar\u00e1 bien. \u00bfPero qu\u00e9? Hay algo mejor todav\u00eda: el contacto con Cristo.\u00bb<\/p>\n<p>Contin\u00fao la lectura de mi nota y encuentro ah\u00ed es\u00adtas palabras, que son los t\u00e9rminos del padre Pouget tomados al pie de la letra:<\/p>\n<p>\u00abPresupongo la misi\u00f3n divina de Cristo: Cristo es el Mes\u00edas esperado, y, puesto que se dice Dios, yo lo creo as\u00ed.<\/p>\n<p>\u00abLa misi\u00f3n divina no es otra que Cristo en la histo\u00adria. Preparado en el viejo mundo, ha hecho un nuevo mundo.<\/p>\n<p>\u00abMi trabajo fue realizado s\u00f3lo para los cristianos.\u00bb<\/p>\n<p>Su trabajo: era el que hac\u00eda con nosotros y el que me dictaba en el curso de nuestras reuniones; ese tra\u00adbajo del que, algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, durante la pri\u00admera guerra, su disc\u00edpulo el padre Aroud obtuvo una policopia. Por esta \u00e9poca, el padre Pouget, lo mismo que el ge\u00f3metra en sus postulados, presupon\u00eda en el lector una fe en la misi\u00f3n divina de Cristo que esta\u00adblec\u00eda seguidamente en los textos. Pero este asenti\u00admiento previo\u2014lo comprendi\u00f3, con Pascal (es el ob\u00adjeto de la apuesta)\u2014constituye precisamente lo que se trata de obtener y lo que no podr\u00eda \u00abpresuponer\u00bb. Su reflexi\u00f3n sobre este punto, quiz\u00e1 tambi\u00e9n las cues\u00adtiones con que yo le urg\u00eda, y que estaban en relaci\u00f3n con ingleses que no admit\u00edan la instituci\u00f3n divina de la Iglesia y con intelectuales que pretend\u00edan no cono\u00adcer a Dios, le llevaron poco a poco al umbral de <em>la <\/em><em>cuesti\u00f3n, <\/em>quiero decir de la que se plantea a este lado del presupuesto cristiano por los hombres de buena voluntad que hacen uso \u00fanicamente de la luz natural de la raz\u00f3n ; en este nuevo esp\u00edritu emprendi\u00f3 con nosotros, luego solo, en la medida de lo posible, el gran libro en el que nos leg\u00f3 su \u00abpeque\u00f1a experiencia\u00bb y en el cual no presupone y no exige otra cosa que el buen uso de la raz\u00f3n apoyada en los hechos.<\/p>\n<p>As\u00ed, por medio del trabajo interior de su pensa\u00admiento (\u00abtrabajo siempre- \u2013me dec\u00eda\u2014, aprendo todos los d\u00edas de m\u00ed mismo\u00bb) alcanz\u00f3 a constituir su posi\u00adci\u00f3n fundamental cuando ya frisaba en la sesentena. Consiste en buscar siempre m\u00e1s <em>ac\u00e1 <\/em>de lo que es ad\u00admitido por la mentalidad com\u00fan en una \u00e9poca dada, m\u00e1s ac\u00e1 incluso de los hechos, porque los hechos no significan nada por s\u00ed mismos (testimonio de ello los milagros), a fin de descubrir la raz\u00f3n que juzga a uno y a otros. Una conclusi\u00f3n (la moral var\u00eda) se obtiene siempre de dos premisas\u00a0 se me muestra una (las cos\u00adtumbres var\u00edan), se me oculta o me ocultan la otra (la moral se reduce a las costumbres). \u00abBuscad la premisa oculta dec\u00eda el padre Pouget\u2014, porque es ella la que domina la conclusi\u00f3n y la que la justifica o echa por tierra.<\/p>\n<p>Angl\u00e9s d&#8217;Auriac ve\u00eda en este m\u00e9todo el aspecto fun\u00addamental de mi ense\u00f1anza. Pues bien: este m\u00e9todo de plantear las cuestiones y de denunciar los errores en su fuente lo hab\u00eda heredado del padre Pouget : ma\u00adnifiesta una incomparable virtud en todos los domi\u00adnios. Pero es tambi\u00e9n lo que hizo al padre Pouget sospechoso a algunos: \u00a1hasta tal punto resultaba m\u00e1s sencillo partir de la fe de la Iglesia! Evidentemente, cuando se tiene fe. Pero \u00bfy cuando se carece de ella y se la busca de buena fe?<\/p>\n<p>Ah\u00ed se encontraba la l\u00ednea de separaci\u00f3n entre el padre Pouget y todos los dem\u00e1s; los dem\u00e1s part\u00edan de la fe, como Loisy part\u00eda de la no-fe (no admite, en sus Sin\u00f3pticos, lo demostr\u00f3 el padre Pouget, m\u00e1s que los milagros que comprende). Pero la \u00abfe\u00bb y la \u00abno-fe\u00bb, admitidas sin m\u00e1s, no son otra cosa que un guante devuelto. El padre Pouget no se contenta con ello: busca, m\u00e1s all\u00e1 de este presupuesto t\u00e1cito, la raz\u00f3n que fuerza a su raz\u00f3n, y a toda recta raz\u00f3n, a admitir, o mejor a reconocer, <em>algo, <\/em>de donde saldr\u00e1 precisa\u00admente la prueba de la fe, sin que por ello tenga que esforzarse en concederlo, sabedor de que una verdad no podr\u00eda ser contraria a otra verdad, puesto que unas y otras proceden de Dios, que es la Verdad misma.<\/p>\n<p>La posici\u00f3n de Bergson era muy semejante, con la diferencia de que, por no haber sido educado como el padre Pouget en la fe y buscar \u00fanicamente, como \u00e9l, lo verdadero, sab\u00eda perfectamente que la verdad que buscaba con su raz\u00f3n en los hechos no podr\u00eda contra\u00addecir otras verdades superiores, suponiendo que exis\u00adtan.<\/p>\n<p>Cuando el padre Pouget logr\u00f3 hacerle ver que exis\u00adten, o, mejor, cuando levant\u00f3 el velo que todav\u00eda se las ocultaba, Bergson se rindi\u00f3 a \u00e9l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>He conocido a hombres de genio singular: Bergson ante todo, y Henri Poincar\u00e9, Vincent d&#8217;Indy y Miguel de Unamu\u00adno, el viejo lord Halifax, el cardenal Mercier y dos o tres m\u00e1s que considero prematuro nombrar. &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/bergson-y-el-padre-pouget-vi\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":400740,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[28],"tags":[261],"class_list":["post-116046","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-formacion-vicenciana","tag-jean-guitton"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Bergson y el Padre Pouget (VI) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/bergson-y-el-padre-pouget-vi\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Bergson y el Padre Pouget (VI) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"He conocido a hombres de genio singular: Bergson ante todo, y Henri Poincar\u00e9, Vincent d&#8217;Indy y Miguel de Unamu\u00adno, el viejo lord Halifax, el cardenal Mercier y dos o tres m\u00e1s que considero prematuro nombrar. ... 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