{"id":11317,"date":"2017-11-27T08:30:42","date_gmt":"2017-11-27T07:30:42","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=11317"},"modified":"2017-11-13T10:13:38","modified_gmt":"2017-11-13T09:13:38","slug":"fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-iv\/","title":{"rendered":"Fernando Portal, sacerdote de la Misi\u00f3n (Cap\u00edtulo IV)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IV: El se\u00f1or portal profesor y Superior de Seminario<\/h2>\n<p>En el mes de agosto de 1896, en medio de las inquietudes que le causaban los sucesos de Roma, el Sr. Portal fue encargado de predicar un retiro a las Hijas de la Caridad. Eran 450. Despu\u00e9s de este esfuerzo, se fue a descasar cinco d\u00edas con su m\u00e9dico, el doctor Ferrand.<\/p>\n<p>El cese de la revista le dejaba disponible. Qu\u00e9 iban a hacer de \u00e9l sus superiores? Se hallaba vacante una plaza en el seminario de Ch\u00e2lons-sur-Marne y all\u00ed fue nombrado profesor. Pero antes de partir recibi\u00f3 de la nunciatura una carta que le sirvi\u00f3 de consuelo. Se lo comunica a su amigo (Carta del 1 de octubre de 1896).<\/p>\n<p>Su eminencia el cardenal Rampolla, secretario de Estado, me encarga de haceros saber de parte de Nuestro Santo Padre el Papa que pod\u00e9is continuar manteniendo buenas relaciones con los anglicanos, de las que os hab\u00e9is ocupado especialmente, tratando de traerlos m\u00e1s y m\u00e1s a la doctrina de la Iglesia romana, y ateni\u00e9ndoos exactamente a los documentos \u00faltimos sobre la unidad de la Iglesia y sobre las ordenaciones anglicanas. Conform\u00e1ndoos a estas instrucciones de la Santa Sede, colaborar\u00e9is \u00fatilmente en la conversi\u00f3n de Inglaterra, que el Santo padre quiere tanto.<\/p>\n<p>Le\u00f3n XIII hab\u00eda querido sosegar un movimiento cuya rapidez e parec\u00eda peligrosa, pero no condenar un fin por el que \u00e9l mismo hab\u00eda sentido entusiasmo.<\/p>\n<p>Con el alma plenamente tranquilizada lleg\u00f3 el Sr. Portal a su puesto al que le enviaban sus superiores. Se entreg\u00f3 a su trabajo con su fogosidad acostumbrada.<\/p>\n<p>Al comienzo del curso de 1896, los alumnos del seminario mayor de Ch\u00e2lons se enteraron de la llegada de un nuevo profesor: el Sr. Portal. El nombre no les era del todo desconocido. En el seminario se hab\u00eda hablado algo durante los \u00faltimos meses de la campa\u00f1a anglo-romana, tambi\u00e9n se hab\u00eda celebrado la novena de pentecost\u00e9s por la reuni\u00f3n de las iglesias. El reci\u00e9n llegado atrajo enseguida la atenci\u00f3n. El encanto de su persona ayudaba asimismo al movimiento de curiosidad simp\u00e1tica que no tard\u00f3 en dibujarse en torno a \u00e9l. Ten\u00eda un modo tan nuevo de abordar las cuestiones, tanto las de ciencia teol\u00f3gica como los problemas de actualidad! Y luego se sent\u00eda, al acercarse a \u00e9l, ese amor de la juventud que fue siempre uno de sus rasgos caracter\u00edsticos. Ante todo interesaba esta cuesti\u00f3n anglicana, el estado de la Iglesia de Inglaterra, los deseos de aproximaci\u00f3n, las esperanzas de los operarios de uni\u00f3n. El Sr. Portal no se esperaba en un principio este inter\u00e9s tan vivo entre sus nuevos alumnos: fue \u00e9l el primer sorprendido por las prisas en informarles de estas cosas que se parec\u00edan tan poco a las consideraciones habituales de los manuales de teolog\u00eda. Un tanto aturdido todav\u00eda por el golpe que hab\u00eda puesto fin a la campa\u00f1a anglo-romana repitiendo lo condenaci\u00f3n\u00a0 de las \u00f3rdenes anglicanas, preocupado en preparar los \u00faltimos n\u00fameros de la revista que deb\u00eda anunciar su cese, no pensaba siquiera poner a sus j\u00f3venes te\u00f3logos al corriente de esta cuesti\u00f3n; y sus primeras confidencias se produjeron con espontaneidad,\u00a0 y sin que \u00e9l mismo se diera cuenta. Fue un a\u00f1o bonito para los seminaristas de Ch\u00e2lons, al menos para los que (y eran muchos) experimentaban gran gozo escuchando al Sr. Portal. Pronto se pusieron al corriente de las cosas de Inglaterra como si\u00a0 hubieran estado all\u00ed en persona. El Sr. Portal no se cansaba de hablarles. Refer\u00eda el encuentro y las primeras charlas de Madera con un atractivo muy particular. Este sentimiento por lo dem\u00e1s no envejeci\u00f3 nunca en \u00e9l; y m\u00e1s tarde, en los momentos m\u00e1s dolorosos, le gustaba decir que una amistad como la de lord Halifax bien val\u00eda todas estas pruebas, y pagaba con creces todas las molestias. Con \u00e9l se sent\u00eda afecto a este noble lord, a este tipo perfecto de la distinci\u00f3n, de la lealtad, de la generosidad y de la piedad. Les gustaba o\u00edrle decir que el presidente de la English Church Union cre\u00eda en la presencia real, en el sacrificio de la misa, que cre\u00eda un deber asistir a \u00e9l todos los d\u00edas, incluso en pa\u00edses cat\u00f3licos, y que le hab\u00eda preguntado un d\u00eda por qu\u00e9 no le daba la comuni\u00f3n, si cre\u00eda en la Eucarist\u00eda con tanta firmeza como un cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que a lord Halifax, aprend\u00edan a conocer al Rev. Lacey, tan piadoso y sabio, cuya personalidad era\u00a0 particularmente simp\u00e1tica al Sr. Portal. Estaba tambi\u00e9n el P. Puller, el superior de la comunidad de San Juan Evangelista en Westminster, el P. Puller quien, despu\u00e9s de hablar del concilio Vaticano con Mons. Duchesne, reconoc\u00eda que tal vez hubiera medio de entenderse.<\/p>\n<p>Y, conclu\u00eda el Sr. Portal, cuando veo a hombres como Puller y Duchesne declarar que podemos llegar a entendernos, hay ciertamente algo que hacer.<\/p>\n<p>Hab\u00eda pues en todo aquello hombres de una piedad cristiana\u00a0 intensa,\u00a0\u00a0\u00a0 y que hab\u00edan alcanzado toda la plenitud de la vida eclesi\u00e1stica y religiosa! No se cansaba de entrevistar al Sr. Portal sobre sus queridos anglicanos. Y \u00e9l tampoco se cansaba ce comunicar sus impresiones, sus visitas a las parroquias\u00a0\u00a0\u00a0 y a las casas religiosas. Contaba con agrado la acogida que hab\u00eda tenido en Bethany, y c\u00f3mo la superiora hab\u00eda querido sin reservas que diera una conferencia a sus religiosas anglicanas.<\/p>\n<p>Era\u00a0\u00a0 una maravilla o\u00edrle explicar el, movimiento de Oxford, c\u00f3mo, bajo el empuje de un renacimiento interior, la Iglesia de Inglaterra se hab\u00eda puesto por s\u00ed misma a despojarse de la levadura protestante, y a volver a sus antiguas tradiciones, que no hab\u00edan desaparecido nunca del todo, sino que estaban amalgamada con elementos protestantes. Mezcla que a nuestra l\u00f3gica francesa le cuesta tanto entender, por parecernos la conciliaci\u00f3n imposible de los contradictorios. Pero el Ingl\u00e9s se contenta con vivir, guiado por el instinto m\u00e1s que por la l\u00f3gica; es la fuerza tradicional e hist\u00f3rica de Inglaterra. El movimiento de Oxford hab\u00eda tra\u00eddo a algunos de sus representantes hasta la iglesia romana; los otros se hab\u00edan quedado en su Iglesia nacional, sin dejar de mantener en ella y de fortalecer en ella el esp\u00edritu cat\u00f3lico, la vuelta a los dogmas, a las pr\u00e1cticas, a los ritos antiguos: no cesaban de desear la uni\u00f3n de todos los cristianos. Y hombres como Halifax, reconociendo que Roma era,\u00a0 por la voluntad de Cristo, el centro de o Unidad, consideraban como deber y misi\u00f3n suyos provocar el acercamiento, y abrir en su caso la v\u00eda a la reuni\u00f3n con la iglesia romana. Convencidos de poseer en sus di\u00f3cesis anglicanas, con sacramentos v\u00e1lidos, los elementos de una verdadera vida eclesi\u00e1stica, no ve\u00edan la obligaci\u00f3n individual de adherirse por separado a la Iglesia romana, sino que quer\u00edan llegar a ella en corporaci\u00f3n, con su Iglesia entera. La lealtad de un Lacey, de un Puller, de un lord Halifax, no se quer\u00eda poner en cuesti\u00f3n; y m\u00e1s tarde el abate Morel sonre\u00eda cuando se hablaba, en Francia, de la conversi\u00f3n de lord Halifax.<\/p>\n<p>La obra del Sr. Portal era pues la continuaci\u00f3n aut\u00e9ntica del gran pensamiento de Oxford. Pero trabajando con toda su alma en el acercamiento de los esp\u00edritus y sobre todo de los corazones, se cuidaba mucho de precisar condiciones y l\u00edmites. Deseaba s\u00f3lo que de cada parte,\u00a0 encuentros, intercambios vivos de pensamientos y de amistad a prendiesen a conocerse, a estimarse y amarse: la vida har\u00eda lo dem\u00e1s. Si se hab\u00eda escogido una cuesti\u00f3n determinada, la de las ordenaciones anglicanas, no era con el objeto de zanjarla r\u00e1pidamente en un sentido favorable a los amigos de lord Halifax, sino como un terreno que parec\u00eda, a la vez que interesaba vivamente a los esp\u00edritus, ofrecer punto favorable a las discusiones y a las tomas de contacto. El Sr. Portal no cesaba de incidir sobre este punto de vista, tan a menudo olvidado. Pronto sus alumnos estuvieron al corriente de todos los detalles del problema anglicano: los nombres de sus amigos se les hacinaron familiares, parec\u00eda que, sin haberlos visto, se los reconociera \u00edntimamente. Y largo tiempo despu\u00e9s de dejar Ch\u00e2lons el Sr. Portal, una de las primeras preguntas que le hac\u00edan sus antiguos alumnos, cuerdo ten\u00edan la dicha de volverle a ver, era: \u00abQu\u00e9 es de Lord Halifax? Qu\u00e9 hacen vuestros amigos de Inglaterra?<\/p>\n<p>Este contacto con una cuesti\u00f3n tan importante y tan viva dabas a toda la ense\u00f1anza del Sr. Portal un cariz especial. Se adivina c\u00f3mo todo eso repercut\u00eda en la doctrina de la iglesia, y en la teolog\u00eda sacramental, que constitu\u00eda, aquel a\u00f1o, el objeto del curso. Cu\u00e1l era el poder de la Iglesia sobre la materia de los sacramentos? Qu\u00e9 requer\u00eda exactamente su validez? Era la ocasi\u00f3n de iniciar a los j\u00f3venes en las diversas opiniones que se hab\u00edan intercambiado, aun entre te\u00f3logos cat\u00f3licos, unos mostr\u00e1ndose m\u00e1s tolerantes al tratarse de lo exterior del rito y de la tradici\u00f3n hist\u00f3rica, y otros m\u00e1s severos, a causa de la intenci\u00f3n, esencialmente viciada por el protestantismo formal de los primeros obispos anglicanos. Personalmente el Sr. Portal hab\u00eda llegado a dudar, y habr\u00eda deseado que se quedara en eso, estimando que esa duda era suficiente para determinar a los que quer\u00edan estar seguros de su sacerdocio a pasar a la iglesia romana.<\/p>\n<p>Estos grandes problemas pon\u00edan de manifiesto la necesidad de los estudios positivistas e hist\u00f3ricos como base de los estudios teol\u00f3gicos. El Sr. Portal no cesaba de despertar en esta direcci\u00f3n la curiosidad de sus alumnos. Extra\u00eda argumentos abundantes para ilustrar sus clases de los documentos hist\u00f3ricas, Enemigo nato de las construcciones a priori, atra\u00eda la atenci\u00f3n sobre los grandes trabajos modernos en el terreno de los hechos. \u00abLa teor\u00eda m\u00e1s bella, dec\u00eda deb\u00eda ceder el paso al hecho\u00a0 m\u00e1s simple, leg\u00edtima y debidamente establecido\u00bb. Nadie se mostr\u00f3 m\u00e1s reservado que \u00e9l para no arriesgarse en un terreno en el que no se sent\u00eda competente. Pero\u00a0 sab\u00eda en qu\u00e9 direcci\u00f3n deb\u00eda orientarse para servir a la Iglesia en la \u00e9poca contempor\u00e1nea. \u00abLeed eso, dec\u00eda hablando de una obra que no dejaba por entonces de producir cierta desconfianza; es la ex\u00e9gesis del porvenir.<\/p>\n<p>Para ponerlos en estado de seguir los trabajos de la teolog\u00eda moderna, animaba a los j\u00f3venes a estudiar las lenguas vivas, en especial el alem\u00e1n y el ingl\u00e9s, con el fin de poder leer corrientemente estas dos lenguas.<\/p>\n<p>No contento con dar a conocer el dominio que era de su especial competencia,, Inglaterra, llamaba la atenci\u00f3n hacia otros horizontes, que por entonces eran de su inter\u00e9s,. Sobre todo Rusia. Se ve por la revista que ya buscaba informaciones y estudios por este lado. Tavernier en Francia, Birckbeck en Inglaterra le hab\u00edan revelado ya el mundo ruso. Este fue m\u00e1s de una vez tambi\u00e9n objeto de las conversaciones de Ch\u00e2lons. Hablaba con espontaneidad de este gran pa\u00eds, donde la religi\u00f3n, dec\u00eda \u00e9l. Estaba a\u00fan como en la Edad Media, y que representaba, bajo el punto de vista oriental, la gran fuerza religiosa; las otras partes del mudo ortodoxo le interesaban poco; pero Rusia le inspiraba una simpat\u00eda que nunca se iba a cambiar.<\/p>\n<p>La actitud del Sr. Portal repercut\u00eda tambi\u00e9n en el modo como \u00e9l enfocaba las relaciones de la iglesia y de la sociedad moderna. Habr\u00eda\u00a0 podido en este terreno adoptar el mismo lema que para la uni\u00f3n de las iglesias: realismo y simpat\u00eda. De una doctrina muy segura, que no comportaba ni la adhesi\u00f3n a la tesis definida por la autoridad, ni la sumisi\u00f3n leal a las \u00f3rdenes y ni siquiera a los deseos leg\u00edtimos, \u00e9l sab\u00eda en la pr\u00e1ctica ponerse claramente y sin frases en frente de la hip\u00f3tesis; sab\u00eda buscar en todo, no lo que divide, sino lo que une. Su simpat\u00eda por otro lado no ten\u00eda nada de ingenuo: apreciaba en su justo valor las cosas y a las gentes. Pero\u00a0 su actitud abierta y simp\u00e1tica era sin discusi\u00f3n la mejor receta para acercarse a los esp\u00edritus, disipar los prejuicios, y preparar siempre por la caridad el triunfo de la verdad. La admiraci\u00f3n tajante y altanera no le parec\u00eda ser el arma de la apolog\u00e9tica ideal; y la pol\u00e9mica de Luis Veuillot le parec\u00eda menos \u00fatil a la Iglesia que el esfuerzo de los que buscaban generosamente comprender y amar a sus adversarios. Siempre prudente y moderado, sab\u00eda guardar una prudente reserva; no se dejaba arrebatar ni por la filosof\u00eda de la inmanencia, no por la ideolog\u00eda de Marc Sagnier, ni\u00a0 por el moralismo un poco libresco de Paul Bureau. Era \u00e9l mismo, siempre abierto, siempre afable, infinitamente acogedor; y esto es lo que le granjeaba esa simpat\u00eda universal que lograba suscitar en todos los medios.<\/p>\n<p>Con este mismo esp\u00edritu formaba a sus j\u00f3venes te\u00f3logos para la acci\u00f3n. Un d\u00eda cay\u00f3 la conversaci\u00f3n sobre el servicio militar de los eclesi\u00e1sticos.<\/p>\n<p>Se\u00f1oree, dijo, en el momento en que Francia se desangra por las cuatro venas par tener un ej\u00e9rcito, no estar\u00eda bien que el clero diera la impresi\u00f3n de rehuir esta pesada obligaci\u00f3n.\u00a0 Ser\u00eda de desear que la aplicaci\u00f3n de la ley se hiciera con un mejor esp\u00edritu; pero hay que tomar partido con valent\u00eda.<\/p>\n<p>Se sabe c\u00f3mo le dieron la raz\u00f3n los sucesos de la guerra. Era preciso que el pueblo de Francia sintiera a sus sacerdotes con \u00e9l hasta en las trincheras, hasta el final, hasta bajo el capote embarrado y ensangrentado del combatiente.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n se trataba de la escuela libre.<\/p>\n<p>No nos hagamos ilusiones, dijo el Sr. Portal, no ha llegado el momento de realizar en nuestra sociedad la escuela cristiana.<\/p>\n<p>En lugar de atacarse ciegamente, quer\u00eda pues que se tratara ante todo de conocerse, para completarse cuando fuera posible el caso. Llevar a priori la guerra contra la escuela laica, sin posibilidad de reemplazarla, y hacerse de ella una enemiga positiva, le parec\u00eda a veces injusto, y siempre peligroso. Son los principios que le inspiraron m\u00e1s tarde su patronato de Javel: la obra social cristiana, lejos de alzarse como adversaria, se mostrar\u00e1 m\u00e1s bien un colaboradora. Abriendo sus puestas una vez acabadas las clases, a todos los ni\u00f1os que salen e las escuelas laicas realiz\u00f3 un bien considerable en un medio en el que la escuela cristiana\u00a0 no\u00a0 parec\u00eda realizable. Es el mismo pensamiento que deb\u00eda llevar\u00a0 un d\u00eda al Sr. Portal hacia los j\u00f3venes salidos de los colegios del Estado, hacia los alumnos de la Universidad o de la Normal. Nadie se hallaba mejor preparado que \u00e9l para este g\u00e9nero de apostolado. Organizaciones como las de los \u00abDavid\u00e9es\u00bb no tienen otro objeto; y, en este terreno como en tantos oreos, el Sr. Portal tuvo el m\u00e9rito de estar en la vanguardia.<\/p>\n<p>Digamos que todo en estas conversaciones que arrebataban a los seminaristas de Ch\u00e2lons no estaba reservado a las cuestiones teol\u00f3gicas o sociales. El Sr. Portal ten\u00eda horror al pedantismo: se interesaba por todo, participaba gozosamente en las bromas; su risa, de una sonoridad alegre y fina, ten\u00eda encanto abierto; seduc\u00eda tanto como la mirada. Se prestaba animar los recreos. Lo mismo que la clase; y cuando le correspond\u00eda \u00abpresidir\u00bb el paseo no hab\u00eda compa\u00f1ero m\u00e1s animado que \u00e9l. Hab\u00eda organizado, en el c\u00e9sped de Fontenay, la casa de campo, un juego de bal\u00f3n en el que sab\u00eda oportunamente ocupar su puesto y entrenar a los equipos.<\/p>\n<p>Cuando se iba a Fontenay, se descubr\u00eda a unos kil\u00f3metros, en la colina desde la que domina a lo lejos la Champaren, la bas\u00edlica de N.\u00a0 de l\u00b4Epine, con su bonita fachada florida, y sus flechas de piedra al aire, obra maestra del arte de la Champa\u00f1a del siglo XV. Esta iglesia hab\u00eda conquistado todas las simpat\u00edas del Sr. Portal. Era sensible a las cosas del arte no menos que a las de la ciencia; hac\u00eda todo lo posible para interesar en ello a sus alumnos, deplorando que esta iniciaci\u00f3n art\u00edstica estuviera por lo general demasiado menospreciada.<\/p>\n<p>La permanencia del Sr. Portal en Ch\u00e2lons no deb\u00eda prolongarse m\u00e1s de un a\u00f1o. Pero dej\u00f3 en cuantos la hab\u00edan conocido un recuerdo imborrable: no ten\u00edan mayor satisfacci\u00f3n que encontrarse con \u00e9l y de reavivar los buenos momentos del seminario de la calle Sainte-Croix o de Fontenay.<\/p>\n<p>Los sentimientos eran rec\u00edprocos. El Sr. Portal, por su parte hab\u00eda conservado un profundo recuerdo de sus amigos de la Campa\u00f1a. Largos a\u00f1os despu\u00e9s recordaba todav\u00eda c\u00f3mo se hab\u00eda visto sorprendido por el inter\u00e9s suscitado por sus primeras palabras. Aturdido por el golpe que acababa de\u00a0 impresionarle, le suced\u00eda, le suced\u00eda, confesaba \u00e9l, llegar a clase sin saber lo que iba a decir. Sin quererlo, el coraz\u00f3n se desbordaba; una curiosidad que se convert\u00eda pronto en simpat\u00eda t afecto abr\u00eda los esp\u00edritus y los corazones. Desde lo alto de su c\u00e1tedra, le\u00eda en los ojos y en los rostros de su auditorio; y fue para \u00e9l una grande alegr\u00eda (y como \u00e9l lo declaraba,\u00a0 un poderoso consuelo) sentirse comprendido de esta juventud.<\/p>\n<p>Le gustaba la finura y el esp\u00edritu de la Campa\u00f1a, y hasta ese hablar cantar\u00edn que era, seg\u00fan \u00e9l, como el acento del terru\u00f1o. Segu\u00ed m\u00e1s tarde con inter\u00e9s la controversia mantenida entre el abate Misset y venerables can\u00f3nigos de Ch\u00e2lons a prop\u00f3sito de la leyenda de Nuestra Se\u00f1ora de l\u00b4Epine. El sabio medievalista hab\u00eda visto en la parici\u00f3n de la Virgen al pastor y a sus ovejas la glorificaci\u00f3n de la perfecta pureza de Mar\u00eda bajo el simbolismo del matorral ardiendo. Esp\u00edritu original y batallador, no supo nunca\u00a0 publicar bajo otra forma que la pol\u00e9mica una ciencia muy extendida y una competencia fuera de serie en las cuestiones de historia\u00a0\u00a0 y de literatura medievales. Le gustaba ante todo batirse, y no le faltaron motivos, pues cada ataque de los suyos suscit\u00f3 contradictores a a los que part\u00eda de un tajo al punto con una serie interminable de folletos. Sent\u00eda, por lo dem\u00e1s, una verdadera amistad por el Sr. Portal, y le daba a conocer sus trabajos, y sorpresas que proporciona a veces el oficio de sabio.<\/p>\n<p>Una de estas historias hab\u00eda divertido mucho al Sr. Portal quien la contaba de buen grado. Un d\u00eda los can\u00f3nigos de Ch\u00e2lons sintieron la necesidad de documentarse sobre un libro que trataba del culto a la Virgen. Encargaron a alguien que hiciera en Par\u00eds las diligencias necesarias. Este fue a informarse ante Leopoldo Delisle, de la Biblioteca Nacional. \u00abS\u00f3lo hay un hombre en Par\u00eds, le dijo Leopoldo Delisle, que pueda daros esta informaci\u00f3n, que es el abate Misset\u00bb. Y el encargado acudi\u00f3 en efecto a Misset, quien tuvo la satisfacci\u00f3n suprema de documentar a sus adversarios.<\/p>\n<p>El Sr. Portal se hab\u00eda divertido y no poco con la lectura de otro folleto, dirigido\u00a0 por el terrible polemista contra la ciencia espont\u00e1nea y a veces alocada de Mons. Turinaz, arzobispo de Nancy, ardiente defensor de Juana de Arco Lorena: \u00abInocencio V, hijo de la Saboya, agrimensor y dos veces papa\u00bb. Sin embargo, lo que el Sr. Portal apreciaba en los escritos de Misset era sobre todo su aspecto positivo, la cantidad de detalles hist\u00f3ricos, teol\u00f3gicos, lit\u00fargicos, mezclados con las requisitorias de la pol\u00e9mica. En uno de los informes de los Petites Annales de saint Vincent de Paul, bajo la firma de F. P., puso a sus lectores al corriente de la controversia de la \u00c9pine. \u00abEstos folletos, escribe, son muy interesantes. Y \u00e9ste es su objeto. Existe cerca de Ch\u00e2lons-sur-Marne una iglesia que es una verdadera maravilla de gracia y de armon\u00eda, la iglesia de Notre-Dame de l\u00b4\u00c9pine&#8230; Tenemos a los partidarios de la &#8216;leyenda tradicional&#8217;, y a los partidarios de la cr\u00edtica, o, como ellos dicen, de la historia sabia, y, as\u00ed lo creemos, de un alcance general. Si nuestros lectores tienen a bien no contentarse con ello y recurrir a los folletos citados ya, podemos prometerles unas horas de lectura jocosa y docta. El abate Misset es un sabio, pero no es aburrido&#8230; Ni el abate Pannet tampoco. Estos dos se\u00f1ores son de la Campa\u00f1a!\u00bb<\/p>\n<p>El Sr. Portal no la olvid\u00f3 nunca. Volvi\u00f3 all\u00ed algunos a\u00f1os despu\u00e9s, en compa\u00f1\u00eda del abata Calvet y del abate Morel. Su amigo, el Sr. Flament (autor de una notable traducci\u00f3n de los Salmos), era entonces superior del seminario mayor de Ch\u00e2lons. El Sr. Portal estimaba mucho a este sabio, tan distinguido como modesto; y sinti\u00f3 un dolor profundo al verlo partir poco despu\u00e9s para el Extremo Oriente a sepultarse en un seminario chino. La visita del Sr. Portal fue una fiesta para todos sus amigos. No se tuvo inter\u00e9s en omitir el santuario de la Espina; y el abate Morel expres\u00f3 su admiraci\u00f3n por una frase corta en ruso, inscrita, con los nombres de los visitantes, en el registro de los peregrinos.<\/p>\n<p>El Sr. Portal volvi\u00f3 otra vez por all\u00ed cuando, en el oto\u00f1o de 1912, hizo, en compa\u00f1\u00eda de lord Halifax, esta visita del frente que hab\u00eda comenzado por Malinas y que se acab\u00f3 en la Campa\u00f1a. Los viajeros llegaron un s\u00e1bado por la tarde a un presbiterio de campo. Al d\u00eda siguiente, lord Halifax asist\u00eda, como un buen parroquiano, a los oficios con el misal en mano. Por la tarde visitaron r\u00e1pidamente el campo de batalla del Marne en las cercan\u00edas de Vitry-le Fran\u00e7ois. El lunes por la ma\u00f1ana, le toc\u00f3 a Ch\u00e2lons con la peregrinaci\u00f3n a la Espina, Luego el auto tomar\u00eda el camino de Par\u00eds, despu\u00e9s de una breve parada en Epernay: el Sr. Portal no se hab\u00eda querido olvidar de nadie.<\/p>\n<p>En 1897, fue enviado por sus superiores a Niza, para encargarse de la direcci\u00f3n general del seminario mayor. En un art\u00edculo necrol\u00f3gico de la semana religiosa de Niza, uno de sus antiguos alumnos, el Sr. Abate Gianeur, resume as\u00ed su obra.<\/p>\n<p>El Sr. Portal lleg\u00f3 al seminario mayor de Niza para el principio del curso de 1897. O m\u00e1s bien volv\u00eda all\u00ed, pues ya hab\u00eda pasado all\u00ed un a\u00f1o, en calidad de profesor unos a\u00f1os antes (1882-83). Est\u00e1bamos entonces alojados bajo el castillo, en lo alto de la vieja Niza, en un edificio que desde entonces ha servido como cuartel general de obras de la vieja ciudad, vasta casa de largos corredores sombr\u00edos, claustral como la que m\u00e1s , pero que nuestros veinte a\u00f1os rejuvenec\u00edan.<\/p>\n<p>El Sr. Portal estaba por entonces en sus cuarenta a\u00f1os. De talla media, caminaba recto, la cabeza ligeramente inclinada hacia delante y la mirada siempre meditabunda. En su rostro bien esculpido, bonitos ojos llenos de luz y una amplia frente, bajo suya cabellera siempre negra, reten\u00edan la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde los primeros d\u00edas nos sorprendi\u00f3 ligeramente, despu\u00e9s nos encandil\u00f3. Sin nada de afectaci\u00f3n, su alma se mostraba siempre al natural. Grave, con toda sencillez, trataba cualquier gran tema que le atra\u00eda, sab\u00eda re\u00edr al recuerdo de alguna agudeza graciosa, o cuando contaba alguna an\u00e9cdota as\u00ed. C\u00f3mo sab\u00eda interesarnos! No es que lo pretendiera, sino por la impresi\u00f3n que daba de su absoluta sinceridad. Parec\u00eda que entregaba su pensamiento, con todos sus matices, a medida que nac\u00eda en \u00e9l. Y nosotros, prendados de sus labios, admirados y encantados, nada tem\u00edamos tanto como el final del acto, que inexorable como el tiempo, deb\u00eda pronto poner fin al ejercicio y a nuestra dicha estremecida.<\/p>\n<p>A la mayor parte de nosotros, \u00e9l nos revel\u00f3 la importancia del tratado de la Iglesia. Era para \u00e9l la piedra angular de toda nuestra teolog\u00eda. Al hablar del principio de la autoridad y de la obediencia debida a nuestros jefes, su voz, que sin embargo no era fuerte, se revest\u00eda de vibraciones extra\u00f1as, o bien se tornaba bruscamente seca. Segu\u00eda un gesto cortante, que acentuaba\u00a0 un gesto casi tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>Pero la materia hacia la que le inclinaban su coraz\u00f3n y su esp\u00edritu con mayor frecuencia era la Uni\u00f3n de las Iglesias. Y casi siempre, del fondo de sus recuerdos, surg\u00eda la silueta de ese se\u00f1or ingl\u00e9s, lord Halifax&#8230; Luego era su campa\u00f1a por la Uni\u00f3n en corporaci\u00f3n, sus viajes a Inglaterra donde visit\u00f3 a un gran n\u00famero de obispos anglicanos y a todas sus comunidades. Para nosotros era un mundo nuevo. Nuestros libros no nos ense\u00f1aban nada igual sobre Inglaterra y la primavera religiosa que hac\u00eda circular una savia tan cat\u00f3lica por el viejo tronco del anglicanismo. Y los artesanos de esta renovaci\u00f3n espiritual volv\u00edan a cobrar vida en estas conversaciones llenas de an\u00e9cdotas, de recuerdos personales y de retratos.<\/p>\n<p>Al cabo de unos mese nos hab\u00edamos familiarizado con los movimientos de Oxford\u00a0 y la campa\u00f1a de los tractos inaugurada\u00a0 por Keble, Pusey y Newman. En las horas libres, los m\u00e1s fogosos se enfrascaban en la colecci\u00f3n de la Revue Anglo-Romaine, que hab\u00eda sido fundada y dirigida por el Sr. Portal\u00a0 mismo,\u00a0 o tambi\u00e9n resum\u00edan o copiaban alg\u00fan sabio art\u00edculo sobre las cuestiones, controvertidas entre anglicanos y cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>Se trabajaba pues intensamente en el seminario mayor. Con sus consejos, con los libros prestados, el superior estimulaba a la elite\u00a0 de sus estudiantes. Fue al finalizar el primer a\u00f1o cuando dejando la vieja casa fuimos a instalarnos a Cimiez, y el Sr. Portal\u00a0 cambi\u00f3 el emplazamiento de la biblioteca. En lugar de relegarla al \u00faltimo piso seg\u00fan lo previsto, la situ\u00f3 en la planta baja. Y nos estaba literalmente abierta! Al frecuentar esas grandes obras: biblias pol\u00edglotas, sabios comentarios, textos de los Padres, sutiles disertaciones teol\u00f3gicas, discusiones de historia, conocimos algunos de los m\u00e1s altos goces del esp\u00edritu. M\u00e1s tarde este recuerdo nos hizo comprender la embriaguez intelectual de los hombres del Renacimiento, cuando se les revel\u00f3 la hermosa antig\u00fcedad.<\/p>\n<p>Esta sabia labor era llevada con m\u00e9todo. Se prosegu\u00eda dentro del plan de nuestros trabajos de alumnos, bajo la direcci\u00f3n de nuestros profesores. Y fue precisamente para evitar la p\u00e9rdida de tiempo la raz\u00f3n por la que el Sr. Portal introdujo en el seminario los deberes escritos. Hasta entonces el control del trabajo era puramente oral. En adelante fue necesario tratar ciertas cuestiones con la pluma en las manos, y a veces el deber, seriamente meditado, alcanzaba la talla de un art\u00edculo de revista. El mejor recib\u00eda los honres de la lectura ante el cuerpo de profesores y de todos los alumnos, El Sr. Superior hac\u00eda entonces preguntas precisas y ped\u00eda a veces aclaraciones. Nuestro gran seminario era verdaderamente una colmena, llena de vida y de alegr\u00eda, ardiente en el trabajo, feliz por entregarse a \u00e9l y por descubrir cada d\u00eda, m\u00e1s bellas y m\u00e1s dignas de\u00a0 nuestro amor, las causas por las que se trabajaba tan bien y se rezaba.<\/p>\n<p>Ya que si el Sr. Portal no llegaba a comprender no toleraba la piedad sin el trabajo, tampoco admit\u00eda una ciencia que, seg\u00fan el dicho de Bossuet, que gustaba repetir, no se volviera a amar a Dios. Su vida propia nos serv\u00eda de ejemplo,\u00a0 \u2013y con qu\u00e9 fuerza!\u2013\u00a0 de esta unci\u00f3n perfecta de esta acci\u00f3n doble del alma. Al verle se daba\u00a0 uno cuenta de que sus pensamientos que le rondaban por su noble frente s\u00f3lo se dirig\u00edan a fines divinos. En verdad, todas las manifestaciones de su esp\u00edritu no eran sino lo exterior de su manantial interior y sobrenatural del que no cesaba de alimentarse y renovarse.<\/p>\n<p>Para permitirnos hacer nuestra piedad m\u00e1s personal y m\u00e1s viva, hab\u00eda a\u00f1adido a la repetici\u00f3n semanal de la oraci\u00f3n la obligaci\u00f3n para cada alumno de preparar el serm\u00f3n que se nos hab\u00eda de\u00a0\u00a0 predicar el domingo por la ma\u00f1ana y cuyo asunto estaba en la pasquinera desde la v\u00edspera. Esta meditaci\u00f3n sintonizaba nuestras almas a la ense\u00f1anza del predicador y las dispon\u00eda a dejarse llenar m\u00e1s enteramente pro las lecciones que \u00edbamos a recibir.<\/p>\n<p>Pero aveces la vida del seminario duplicaba su alergia y su animaci\u00f3n del todo espiritual. Cuando ten\u00edan lugar las visitas que hac\u00edan al Sr. Portal sus ilustres amigos de Par\u00eds o de Inglaterra.<\/p>\n<p>No las secuestraba el Sr. Superior. Si se trataba de lord Halifax, cuya piedad era para nosotros, los seminaristas, objeto de edificaci\u00f3n, o del Reverendo Lacey o del P. Puller, o bien del Sr. Senart, miembro del Instituto y c\u00e9lebre por sus estudios asi\u00e1ticos, o del abate Boudinhon, hoy prelado romano y rector de San Luis de los Franceses, el Sr. Portal las conduc\u00eda a la sala de la comunidad y, con sabia maestr\u00eda las llevaba a darnos verdaderas conferencias.<\/p>\n<p>Ah! qu\u00e9 agradecidos nos sent\u00edamos hacia nuestro Superior\u00a0 por los gozos que nos llegaban de la ventanas que estos hombres nos abr\u00edan tan de par en par! Y tambi\u00e9n, qu\u00e9 orgullosos nos sent\u00edamos de \u00e9l! Siempre estaba a la altura de cualquier situaci\u00f3n o persona. Fuera cual fuera la distinci\u00f3n o la celebridad del personaje recibido, el Sr. Portal se sent\u00eda c\u00f3modo, siempre sencillo, natural y de la misj0 talla\u00a0 por lo menos de los m\u00e1s grandes. Realmente pon\u00eda en pr\u00e1ctica en toda su plenitud el t\u00edtulo de su funci\u00f3n: era el superior.<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 se march\u00f3 de Niza, donde el obispo, Mons. Chapon, era una de sus amigos, y donde sus seminaristas le rodeaban de afectuoso respeto? La carta siguiente muestra que la causa no radicaba all\u00ed: se sent\u00eda llamado en otra parte.<\/p>\n<p>Esto es lo que escrib\u00eda al cardenal Rampolla el 17 de junio de 1899: Eminent\u00edsimo Se\u00f1or, nuestro a\u00f1o escolar va a concluir dentro de diez d\u00edas. Permitidme antes de entrar en vacaciones, \u00e9poca de los viajes y de las predicaciones exteriores, atraer una vez m\u00e1s vuestra\u00a0 atenci\u00f3n hacia las cosas inglesas que me parecen tan importantes para la Iglesia y en las que vos pon\u00e9is un gran inter\u00e9s.<\/p>\n<p>Lord Halifax me hab\u00eda prometido venir a pasar unos d\u00edas con nosotros como el a\u00f1o pasado. Por desgracia le ha sido imposible salir de Inglaterra por causa de la violenta campa\u00f1a que lleva a cabo desde hace un a\u00f1o. Pero ha podido ver al Sr. Lacey, a ese doctor de Oxford, p\u00e1rroco en las cercan\u00edas de Cambridge, quien vino a Roma en la \u00e9poca de la discusi\u00f3n sobre las \u00f3rdenes anglicanas. El Reverendo Lacey es uno de los principales lugartenientes de lord Halifax: toma parte en todas las luchas, y \u00faltimamente ja defendido el uso del incienso en las iglesias, delante de los arzobispos de Canterbury y de York reunidos un una especie de tribunal. Durante los ocho d\u00edas que pas\u00f3 en el seminario, pude conversar largamente con \u00e9l y darme cuenta a la vez del estado de los esp\u00edritus. Desear\u00eda, Eminencia, someteros con humildad mis impresiones y el resumen hist\u00f3rico de cuanto ha sucedido.<\/p>\n<p>La agitaci\u00f3n actual tiene que ver evidentemente con nuestra campa\u00f1a y por ella con el gran movimiento que lleva a la Iglesia de Inglaterra hacia el catolicismo. La misma condenaci\u00f3n de las \u00f3rdenes tuvo por resultado inesperado forzar a los obispos anglicanos y a sus te\u00f3logos a tomar una posici\u00f3n m\u00e1s clara y m\u00e1s favorable a las ideas cat\u00f3licas para encontrarse en mejores condiciones de defender la catolicidad de su doctrina. Gracias a esta pol\u00e9mica, la doctrina sacramental hizo verdaderos progresos. Los disidentes y los partidarios de la Baja Iglesia protestante afirmaban que los arzobispos y los obispos traicionaban a la Iglesia anglicana. Tuvieron a bien entablar una lucha en\u00e9rgica contra la invasi\u00f3n del romanismo, y trataron de emplear la fuerza secular en toda la Iglesia. De ah\u00ed la doble campa\u00f1a de Kensit y de William Harcourt.<\/p>\n<p>Kensit no tiene personalmente ning\u00fan valor. Es una librero de Londres que fue condenado por pornograf\u00eda hace algunos a\u00f1os, a causa de la publicaci\u00f3n de un libro sobre la confesi\u00f3n sacramental cuyo autor era tambi\u00e9n \u00e9l. Su \u00fanico m\u00e9rito fue escoger bien el momento oportuno para levantar\u00a0 el esp\u00edritu protestante despu\u00e9s de la campa\u00f1a de lord Halifax inmediata a la condenaci\u00f3n de las \u00f3rdenes y a la respuesta publicada por los arzobispos. Todo el mundo hab\u00eda previsto desde el origen de nuestro movimiento una reacci\u00f3n protestante, y esta es tambi\u00e9n una de las razones que hac\u00eda reservado al arzobispo de Canterbury, pero nadie habr\u00eda cre\u00eddo que hubiera podido ser violenta. Para explicarlo es preciso juntar a las causas indicadas el celo desconsiderado de algunos ritualistas que han copiado demasiado servilmente ciertos usos italianos, franceses\u00a0 o belgas, sin tener en consideraci\u00f3n el estado de esp\u00edritu de sus compatriotas. De todas maneras, Kensit y sus partidarios no han dudado en recurrir a v\u00edas de hecho. Han perturbado los oficios celebrados y actuado tanto y tan bien que han debido intervenir los arzobispos.<\/p>\n<p>Por otro lado, sir William Harcourt, en el mes de julio pasado, llev\u00f3 la cuesti\u00f3n al Parlamento. Volvi\u00f3 a encender as\u00ed una guerra que iba a apaciguarse. Como cabeza de los liberales, despu\u00e9s de la muerte de Gladstone, quiso sin duda apoyarse en el elemento protestante. Para ello, atac\u00f3 con la mayor violencia a la alta Iglesia y al episcopado anglicano en su conjunto, al que acus\u00f3 sobre todo de romanismo. No tuvo\u00a0 por el contrario m\u00e1s que palabras amables para los cat\u00f3licos ingleses. Siempre el mismo procedimiento. Los protestantes y los cat\u00f3licos se unen para abrir brecha en la Iglesia anglicana. El \u00abTablet\u00bb y sus amigos han a\u00f1adido en este aspecto nuevos ejemplos a los que ya hab\u00edan dado antes.<\/p>\n<p>Lord Halifax y los que compart\u00edan sus ideas se colocaron inmediatamente a favor de los sacramentos y del culto conforme a la autoridad de la Iglesia. Rechazaron con energ\u00eda, en las reuniones p\u00fablicas y en el parlamento, la intrusi\u00f3n del Estado, anunciando de antemano que si las C\u00e1maras dictaban leyes con relaci\u00f3n a la fe o a la disciplina, ellos no se someter\u00edan. La lucha en el parlamento concluy\u00f3 el 11 de mayo pasado con el rechazo de un proyecto de ley destinado a oprimir a los ritualistas. El poder civil se remir\u00f3 a los obispos para restablecer la paz.<\/p>\n<p>Los arzobispos de Canterbury y de York contin\u00faan celebrando sesiones. Esperan seguramente, para concluir sus audiencias, a que las C\u00e1maras hayan terminado sus labores. La decisi\u00f3n que adoptan deber\u00e1 ser muy moderada, de suerte que no d\u00e9 motivo a la intervenci\u00f3n del Estado. Pero es seguro que si los ritualistas tienen algunas reservas que hacer, a prop\u00f3sito de incienso, por ejemplo, y tal vez de la reserva de la eucarist\u00eda, los principios esenciales quedar\u00e1n a salvo. En todo caso, es ya de gran\u00a0 importancia que los arzobispos puedan entender en estas causas y decidirlas sin intervenci\u00f3n de la autoridad civil.<\/p>\n<p>En toda esta campa\u00f1a, lord Halifax ha dado muestras prodigiosas de entrega, de una gran habilidad pol\u00edtica y verdadero valor. Su situaci\u00f3n es inmejorable ahora. La sociedad que preside, la English Church Union, se ha aumentado en proporciones considerables: 6.000 nuevas adhesiones desde el mes de setiembre. Y me es siempre grato a\u00f1adir que sus sentimientos con respeto a Roma no han cambiado. Para \u00e9l, el final de este movimiento, es siempre la Sede de Pedro. Y no creo que en este aspecto se haya acabado su papel. Espero que pueda trabajar todav\u00eda en un acercamiento. Ruego cada d\u00eda por esta intenci\u00f3n para que la Providencia me permita consagrar a esta hermosa causa mis humildes trabajos y mis sufrimientos&#8230; Tengo el honor de ser&#8230;<\/p>\n<p>Con esta frase \u00faltima, el Sr. Portal daba a entender al cardenal Rampolla que la causa de la Uni\u00f3n de las iglesias le reclamaba, ya en Par\u00eds, ya en un puesto donde pudiera consagrarse m\u00e1s por entero.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s intervino el cardenal? El caso es que sus superiores lo llaman a Par\u00eds para confiarle una fundaci\u00f3n nueva: la del seminario San Vicente, en sustituci\u00f3n del seminario sulpiciano de los Carmelitas.<\/p>\n<p>Confiamos la misi\u00f3n de decirnos lo que all\u00ed hizo a uno de los que vivieron largo tiempo con \u00e9l.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: El se\u00f1or portal profesor y Superior de Seminario En el mes de agosto de 1896, en medio de las inquietudes que le causaban los sucesos de Roma, el Sr. Portal fue encargado de &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-iv\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":391249,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[19],"tags":[228],"class_list":["post-11317","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-biografias-de-misioneros-paules","tag-calvet"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Fernando Portal, sacerdote de la Misi\u00f3n (Cap\u00edtulo IV) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-iv\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Fernando Portal, sacerdote de la Misi\u00f3n (Cap\u00edtulo IV) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo IV: El se\u00f1or portal profesor y Superior de Seminario En el mes de agosto de 1896, en medio de las inquietudes que le causaban los sucesos de Roma, el Sr. Portal fue encargado de ... 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