{"id":11300,"date":"2017-11-23T08:00:53","date_gmt":"2017-11-23T07:00:53","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/?p=11300"},"modified":"2017-11-13T10:06:51","modified_gmt":"2017-11-13T09:06:51","slug":"fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/fernando-portal-sacerdote-de-la-mision-capitulo-iii\/","title":{"rendered":"Fernando Portal, sacerdote de la Misi\u00f3n (Cap\u00edtulo III)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: Campa\u00f1a por la uni\u00f3n de las iglesias. Las ordenaciones anglicanas<\/h2>\n<p>Lord Halifax y el Sr. Portal se hab\u00edan separado en Madera, \u00abcon una especie de presentimiento de que sus relaciones no ser\u00edan algo ef\u00edmero\u00bb, pero sin ning\u00fan plan de acci\u00f3n formado. Deb\u00eda tener oreas consecuencias que la suavidad de una amistad privada.<\/p>\n<p>De Madera, el Sr. Portal se dirigi\u00f3 a Lisboa por asuntos de su congregaci\u00f3n. All\u00ed fue asignado como acompa\u00f1ante de Mons. Barreto, obispo de Funchal, en un viaje a Roma. Primer encanto de la gira cl\u00e1sica: G\u00e9nova, Roma, N\u00e1poles, Loreto, As\u00eds, Florencia, Bolo\u00f1a, Padua, Venecia, Mil\u00e1n y Tur\u00edn; primer contacto de tres semanas con el centro de la cristiandad; primer encuentro sobre todo con Le\u00f3n XIII, que le recibi\u00f3 en particular despu\u00e9s de la audiencia de despedida.<\/p>\n<p>En Roma, escribe el Sr. Portal a lord Halifax, he tenido la suerte de asistir al consistorio, y sobre todo de ser recibido por el papa Le\u00f3n XIII que me ha maravillado por su sorprendente memoria, por su viva inteligencia y por su presencia de esp\u00edritu. Me ha citado hechos de hace veinte a\u00f1os, referentes a nuestra congregaci\u00f3n, con nombres propios y circunstancias particulares, que me han sorprendido mucho.<\/p>\n<p>(Venecia, julio de 1890)<\/p>\n<p>Aunque el recuerdo de lord Halifax le acompa\u00f1ara de continuo, ning\u00fan sobresalto precursor se\u00f1al\u00f3 la conversaci\u00f3n r\u00e1pida del peregrino con el Pont\u00edfice a quien volver\u00eda a ver algunos a\u00f1os despu\u00e9s en circunstancias tan conmovedoras!<\/p>\n<p>De vuelta a Par\u00eds hacia finales de julio, el Sr. Portal fue enviado, por razones de su estado de salud, para unas predicaciones. Fue all\u00ed cuando en octubre se enter\u00f3 de la muerte del hijo de lord Halifax, cuya curaci\u00f3n se hab\u00eda buscado en vano en el clima de Madera. Los dos amigos intercambiaron entonces inundadas de savia cristiana. El Sr. Portal escrib\u00eda:<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 prueba para vos, mi querido amigo! \u00a1Y para lady Halifax y para todos los vuestros! Dios m\u00edo, \u00a1qu\u00e9 terrible es la muerte cuando golpea de esta manera a los seres que nos son queridos! Hab\u00e9is vivido ya demasiado, y tambi\u00e9n hab\u00e9is sufrido demasiado, para no decir alguna vez como San Pablo: me toedet vivere; y si la muerte llegara para golpearos, a vos la recibir\u00edais como un verdadero cristiano, sin demasiado miedo ni pesar. \u00a1Pero entregar a los hijos! En mi ministerio, mediante la gracia de Dios, yo s\u00e9 aceptar la muerte; pero consolar a un padre y a una madre, nunca lo he sabido. No existe para vos m\u00e1s que un consolador, el Dios del Calvario y del sufrimiento. Acordaos de que al pie de la cruz, Jes\u00fas quiso que hubiera una madre, y decid en medio de vuestro dolor estas bellas palabras: Stabat mater dolorosa.<\/p>\n<p>No os faltar\u00e1n mis oraciones. Ayer dije la santa misa por vuestro querido hijo, y tambi\u00e9n rogu\u00e9 por vos. T continuar\u00e9, querido amigo. \u00a1C\u00f3mo desear\u00eda veros en este momento tan triste. Ya s\u00e9 que no os faltan las amistades, sin duda alguna; pero ser\u00eda para m\u00ed una p\u00e9rdida no ofreceros mi peque\u00f1o tributo de \u00e1nimo (Madrid, 14 de oct. De 1890).<\/p>\n<p>En apoyo de esta carta, enviaba la lady Halifax un librito, entonces en gran estima, del abate Perraud, que lord Halifax ofrec\u00eda a su vez en 1892, a la princesa de Gales como consuelo en legran dolor que produc\u00eda en Inglaterra la muerte del duque de Clarence.<\/p>\n<p>Insist\u00eda en otra carta:<\/p>\n<p>Hace diez a\u00f1os estuve a punto yo mismo de partir para el gran viaje; y desde entonces con frecuencia, el estado precario de mi salud me ha recordado que pod\u00eda ser alcanzado de un momento a otro. Esto me ha hecho bien. Sin duda, he experimentado por desgracia que \u00abcuanto m\u00e1s se ande m\u00e1s se mancha uno\u00bb; por lo menos he logrado alg\u00fan\u00a0 desprendimiento que perfecciona mi vida religiosa, Amor al buen Dios lo m\u00e1s posible, a pesar del enfriamiento progresivo del coraz\u00f3n, hacer bien a las almas (\u00a1oh s\u00ed! mucho bien), y luego recoger por el camino algunas flores, es decir algunos amigos; \u00bfno est\u00e1 en ello toda la vida, la verdadera vida? (Barcelona, 1890).<\/p>\n<p>Y lord Halifax respond\u00eda: \u00abNuestro Se\u00f1or es tan bueno con nosotros que ser\u00eda la mayor ingratitud no aceptar todo lo que viene de \u00c9l con la m\u00e1s profunda condici\u00f3n de que todo es para bien de nosotros y de todos los que nos son tan queridos. Y eso es lo que trato de hacer. Despu\u00e9s de todo, no es tan dif\u00edcil de creer que Nuestro Se\u00f1or sabe mejor que nosotros lo que ata\u00f1e a nuestra salvaci\u00f3n. Y si estas pruebas son necesarias, hay que probar a aceptarlas con alegr\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abCuando se piensa en los propios pecados, ser\u00eda espantoso pensar solamente en las delicias de la vida. Nos tendr\u00edamos como abandonados como aquellos por quienes nada se pude hacer\u00bb. Garrowby, 14 de noviembre de 1890.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su misi\u00f3n de predicar en Espa\u00f1a, el Sr. Portal fue nombrado en oto\u00f1o ec\u00f3nomo den el seminario mayor de Cahors; y su primer cuidado fue recordar a lord Halifax la promesa que \u00e9ste le hab\u00eda hecho a menudo: \u00abSi volv\u00e9is a un seminario mayor, estad seguro de que ir\u00e9 a hacer unos ejercicios a vuestro lado.\u00bb<\/p>\n<p>Los duelos de familia (muerte del hermano de lady Halifax, el conde de Devon, y la de su cu\u00f1ado, el conde de Beauchamp), las pruebas de salud entre los suyos, las obligaciones pol\u00edticas en la C\u00e1mara de los Lores, las obligaciones sociales creadas por las costumbres y las tradiciones parea con los habitantes de sus dominios, en particular en el castillo de Hickleton, cerca de Doncaster, en el Yorkshire, la direcci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n defensiva de la alta Iglesia, dejaban escaso tiempo a lord Halifax para sostener encuentros con el Sr. Portal. Este \u00faltimo durante las vacaciones de 1891 pas\u00f3 ocho d\u00edas de veraneo con la familia de su amigo en Roscoff. All\u00ed fue donde tuvo un primer contacto afectuoso con Eduardo, hijo de lord Halifax, quien deb\u00eda hacer un d\u00eda la brillante carrera pol\u00edtica que su padre sacrifica al cuidado por los asuntos religiosos. La amistad se estrechaba debido a todos los esfuerzos por mantener y refrescar los recuerdos de Madera.<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 viene manifestar escr\u00fapulos, preguntaba el Sr. Portal, en contarme vuestras tristezas? Uno de nuestros autores ha dicho que\u00a0 \u00abel yo es odioso\u00bb. Eso lo admito ya para personas que, aun manteniendo relaciones, siguen absolutamente extra\u00f1os entre s\u00ed; pero entre amigos, yo busco y quiero el yo, sobre todo hablando de tristezas. Conoc\u00e9is esa bella definici\u00f3n de la amistad: \u00abNihil aliud est nisi omnium divinarum humanarumque rerum, cum benevolentia et caritate summa consentio\u00bb. \u2013Omnium&#8230;, summa consentio&#8230;, siempre he sentido que la haya encontrado un pagano. Creed, mi querido amigo, que no pod\u00e9is darme mejor se\u00f1al de amistad que hablarme de vos, en particular cuando os hall\u00e1is apenado.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n del Se. Portal en el seminario de Cahors, primero como ec\u00f3nomo, y pronto como profesor de moral, le ofrec\u00eda posibilidades de instruirse a fondo en la historia del cisma ingl\u00e9s y en sentido m\u00e1s general, en el problema de la reuni\u00f3n de las Iglesias anglicanas. Son a\u00f1os de verdadera labor que transcurren en un recogimiento apacible. A las grandes obras cl\u00e1sicas de la historia religiosa vienen a sumarse, en su mesa de trabajo., los libros m\u00e1s modernos, o muy recientes, que le indica su amigo: La Iglesia latina y el Protestantismo, del ruso Khomiakoff,\u00a0 una Defensa de las \u00f3rdenes anglicanas, por el reverendo Aubry Moore, Los or\u00edgenes del culto cristiano, del abate Duchesne, y otras obras.<\/p>\n<p>Pero el Sr. Portal no era de esos caracteres que se entierran largo tiempo en investigaciones estudiosas sin caer en la tentaci\u00f3n de una actividad exterior correspondiente. El primer paso que le pareci\u00f3 de pronto realizable fue interesar a la opini\u00f3n cat\u00f3lica de Francia lo que suced\u00eda al otro lado de la Mancha.<\/p>\n<p>Creo, mi querido amigo, m\u00e1s que nunca, que ser\u00eda bueno dar a conocer el estado de vuestra Iglesia. La Uni\u00f3n, si alg\u00fan d\u00eda la permita Dios, no puede producirse bruscamente: se necesita una preparaci\u00f3n en las deferentes comuniones. \u00bfPor qu\u00e9 no trabamos con todas nuestras fuerzas este glorioso acontecimiento, arrojando una peque\u00f1a semilla aqu\u00ed y all\u00e1, y dejando a Dios el cuidado de hacerla germinar si lo juzga conveniente? (28 de nov. De 1890)<\/p>\n<p>Su esp\u00edritu fecundo sugiere a lord Halifax toda clase de asuntos que tratar en art\u00edculos destinado a la prensa francesa: sobre Newman, a prop\u00f3sito de la erecci\u00f3n de una estatua del gran cardenal, sobre un congreso eclesi\u00e1stico celebrado en el pa\u00eds de Gales, sobre el restablecimiento de las \u00f3rdenes religiosas, preconizado entonces por su amigo&#8230; Nadie iba a tocar el problema de la reuni\u00f3n; se trataba tan s\u00f3lo de iniciar al p\u00fablico franc\u00e9s en la vida religiosa de Inglaterra.<\/p>\n<p>El Sr. Portal daba por descontado la disposici\u00f3n del car\u00e1cter franc\u00e9s, cuando una bella y grande causa est\u00e1 a la vista, su prontitud a entusiasmarse, su aptitud a la propaganda.<\/p>\n<p>He o\u00eddo decir a las malas lenguas que \u00e9ramos, nosotros los Franceses, los viajantes de las ideas de los dem\u00e1s. Una cosa es cierta, y es que somos vulgarizadores y ap\u00f3stoles por naturaleza. Cuando tenemos una idea, buena o mala, poco importa, tiene que dar la vuelta al mundo. Deber\u00edais aprovecharos de este genio particular de nuestra raza, y dar a conocer en Francia el estado de vuestra Iglesia. Si les gusta a los Franceses, estad tranquilo. Todo el mundo tendr\u00e1 que probarlo (12 de feb. De 1892).<\/p>\n<p>Cuando el Sr. Portal escribe que hay que comenzar una \u00ablarga campa\u00f1a\u00bb, quiere ante todo que se acabe el ignorarse.<\/p>\n<p>La luz llegar\u00e1 quiz\u00e1s un d\u00eda. En todo caso, \u00a1que el se\u00f1or bendiga nuestros esfuerzos! \u00a1Que, por su gracia, la peque\u00f1a semilla arrojada por la amistad en el campo de la Iglesia produzca en \u00e9l frutos de uni\u00f3n!<\/p>\n<p>Por otra parte, ninguno de los art\u00edculos proyectados apareci\u00f3. Lord Halifax, absorbido por preocupaciones de todo orden, carec\u00eda del tiempo necesario para escribirlos, a pesar de la insistencia del Sr. Portal.<\/p>\n<p>Decididamente es preciso sacudir vuestra tibieza espantosa en la que, seg\u00fan dec\u00eds, vuestros deberes m\u00e1s necesarios os parecen imposibles.<\/p>\n<p>Pero el Sr. Portal trabaja por su parte. Fue preparando la clase de teolog\u00eda moral cuando encontr\u00f3 casualmente el texto que origin\u00f3 su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tuve que consultar para informarme la Historia del concilio Vaticano, por Mons. Cecconi. Hace dos d\u00edas que estoy metido de lleno en esta obra, que yo no conoc\u00eda. Y ya en los Preliminares, entr\u00e9 en la materia que concierne a vuestra Iglesia. Y no os voy a decir hasta qu\u00e9 punto me interesaron los extractos de un op\u00fasculo de Cobb. \u00abA few words, etc&#8230;.,\u00bb las tentativas de un Bollandista, el Padre de Buck, y en particular su hermosa carta tan caritativa y tan sabia, inserta en el Church Times. Habr\u00e1 tema para varias conversaciones. Por hoy, permitidme recordaros algunas palabras de Cobb. \u00abDeclaramos poseer pruebas aut\u00e9nticas m\u00e1s que suficientes para hacer cesar este veredicto en el asunto de las ordenaciones. \u00bfQu\u00e9 hemos hecho para poner estas pruebas a los ojos de nuestros adversarios, y lograr que modifiquen su pensamiento?..\u00bb. Con Cobb os dir\u00eda yo: \u00bfhab\u00e9is hecho algo para poner estas pruebas a los ojos de vuestro adversario? Vuestra Iglesia deber\u00eda publicar, si no de manera oficial, al menos por el \u00f3rgano de uno de nuestros mejores te\u00f3logos, una tesis que establezca perentoriamente la validez de vuestras ordenaciones. \u00bfY por qu\u00e9 no aprovecharos del pontificado\u00a0 actual? Le\u00f3n XIII tiene un esp\u00edritu muy amplio, muy conciliador. Aportar\u00eda, estoy seguro, al examen de la oportunidad de la cuesti\u00f3n (y a la cuesti\u00f3n misma), toda lo prudencia y la sabidur\u00eda requeridas. Como dice Cobb, Roma es al menos la sede de vuestro patriarca, a \u00e9l es pues\u00a0 a quien de debe dirigir un litigio. Creedme que esa ser\u00e1 siempre la primera cuesti\u00f3n que resolver; y tanto m\u00e1s f\u00e1cil de abordar por no ser sino una cuesti\u00f3n de hecho y no una cuesti\u00f3n de fe. Pero abordarla ser\u00eda, a mi parecer, dar un gran paso, pues ser\u00eda el principio de una negociaci\u00f3n; y en ello, como en muchas otras cosas, lo que cuesta es el primer paso (12 de en. De 1882).<\/p>\n<p>Esta carta se\u00f1ala un cambio en la vida del Sr. Portal. Su deseo de buscar la uni\u00f3n de las Iglesias iba creciendo con los a\u00f1os; pero, en cuanto a los medios de ejecuci\u00f3n, el pensamiento segu\u00eda flotando. \u00bfC\u00f3mo poner en marcha en los esp\u00edritus, en Inglaterra y Francia, un movimiento bastante poderoso para hacer moverse a los grandes cuerpos eclesi\u00e1sticos, alejados durante cerca de cuatro siglos, y acercarlos en una voluntad com\u00fan de conocerse mejor y entenderse mejor? En adelante entrev\u00e9 en la cuesti\u00f3n de la validez de las ordenaciones anglicanas el medio de suscitar trabajos de erudici\u00f3n, y de procurar encuentros amistosos entre te\u00f3logos de las dos Iglesias.<\/p>\n<p>En la embriaguez de su descubrimiento, el Sr. Portal parece perder de vista por un momento la necesidad que ya antes hab\u00eda afirmado de preparar con tiempo a los esp\u00edritus con trabajos de aproximaci\u00f3n. Lord Halifax, m\u00e1s avezado en la situaci\u00f3n de los esp\u00edritus en Inglaterra, duda ante la insinuaci\u00f3n de su amigo de hacer pedir a Roma, por mediaci\u00f3n de los obispos anglicanos, una encuesta sobre la validez de sus \u00f3rdenes. \u00abMe temo que el estado de los esp\u00edritus de ambas partes no est\u00e9 bastante preparado para permitir creer que tal petici\u00f3n pueda llevarse a cabo con \u00e9xitos en el momento actual. M\u00e1s cabr\u00eda esperar de una petici\u00f3n por parte del arzobispo de Cantorbery al Papa para que permita a enviados de Inglaterra investigar en la biblioteca del Vaticano y en todos los archivos de la corte de Roma. Hablaba yo de una petici\u00f3n de una petici\u00f3n parecida el otro d\u00eda con el obispo de Rochester;y, si se creyera aqu\u00ed que no iba a ser rechazada, me parece que podr\u00eda realizarse. Unas relaciones personales entabladas entre el arzobispo de Cantorbery y la Santa Sede (si se llegara a un arreglo en las cuestiones de etiqueta y t\u00edtulos) ser\u00edan de gran importancia\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Portal, por su parte, se confirma en la idea de que \u00abla cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes ser\u00e1 por necesidad y siempre la primera que se suscite\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los cat\u00f3licos, hab\u00eda escrito Mons. Ceccioni, arzobispo de Florencia, y sin ning\u00fan temor a afirmarlo, la santa Sede misma, se sentir\u00edan felices al ver comenzar una discusi\u00f3n seria y leal sobre una materia en la que el Sr. Cobb muestra tanta seguridad: ser\u00eda un avance precioso para la ciencia hist\u00f3rica y, lo que es m\u00e1s, para la salvaci\u00f3n de las almas, pues supondr\u00eda poner fin a una controversia hist\u00f3rico-dogm\u00e1tica, abierta hace tres siglos (3 de feb. De 1892).<\/p>\n<p>Ninguna duda para el Sr. Portal sobre las buenas disposiciones presentes en Roma.<\/p>\n<p>Creo que para examinar mejor la cuesti\u00f3n, en Roma, no ese exigir\u00eda una adhesi\u00f3n previa a toda la doctrina romana, y que el hecho se discutir\u00eda al margen de toda doctrina.<\/p>\n<p>El celo de los dos amigos se alimenta por una correspondencia activa en la que se entremezclan de una manera impresionante las confidencias sobre las pruebas familiares de lord Halifax y toda clase de consideraciones teol\u00f3gicas o hist\u00f3ricas relacionadas con sus lecturas y sus estudios religiosos.<\/p>\n<p>La salud de lady Halifax segu\u00eda muy quebrantada desde la muerte de su hijo mayor y obligaba a la familia a periodos en diferentes estaciones de aguas, en Roscoff en 1891, en el Mont-Dore en 1892 y 1893.<\/p>\n<p>Ocasiones que aprovechaba el Sr. Portal para hacer una visita de algunos d\u00edas a sus amigos y ahondar una intimidad donde hallaba tan gran solaz. Se familiarizaba tambi\u00e9n con las formas de patronato ejercido por un gran se\u00f1or ingl\u00e9s sobre los terratenientes de sus tierras en torno a sus castillos de Hikeleton y de Garrowby. Las fiestas de Navidad y de A\u00f1o Nuevo tra\u00edan consigo todo un cortejo de diversiones regladas por la costumbre. \u00abEsta noche, escribe lord Halifax, hay un concierto. In\u00e9s y Eduardo tocan cada uno un instrumento, u todos los criados toman parte. Me aseguran que va a ser bonito. Lady Halifax es directora de orquesta, y se las arregla con la batuta de manera del todo profesional. Ma\u00f1ana hay un baile para todos: amos, criados, granjeros, etc.; y la gran pregunte es con qu\u00e9 caballero va a danzar la primera contradanza lady Halifax. La semana pr\u00f3xima, todos los ni\u00f1os de la vecindad deben venir a jugar aqu\u00ed. Habr\u00e1 un prestidigitador para divertirlos. Y todo debe terminar por un peque\u00f1o baile cuyos honores har\u00e1n In\u00e9s y Eduardo\u00bb. (21 dic. De 1892).<\/p>\n<p>De todos estos encuentros el m\u00e1s agradable a los amigos se produjo por fin cuando lord Halifax\u00a0 pido cumplir su promesa de venir a pasar una semana al seminario mayor de Cahors, donde fue hu\u00e9sped del 2 al 8 de abril de 1892. En este pac\u00edfico seminario de provincias, el Sr. Portal impart\u00eda una ense\u00f1anza conforme a la tradici\u00f3n teol\u00f3gica representada por el manual del Sr. Vicente. No hab\u00eda tenido nada de particular, se la preocupaci\u00f3n de los asuntos ingleses no hubiera interferido un poco en su curso, y mucho en sus conversaciones, sobre todo cuando se trat\u00f3 de la redacci\u00f3n de notas que desembocaron en la composici\u00f3n de su trabajo sobre las ordenaciones anglicanas. En equipo, hizo que sus alumnos tradujeran un discurso de lord Halifax. Grande fu la sorpresa para estos j\u00f3venes cl\u00e9rigo cuando lleg\u00f3 este extranjero \u2013laico, ingl\u00e9s, anglicano\u2013 para vivir toda una semana la vida del seminario . Uno de los estudiantes de ese tiempo resume as\u00ed sus recuerdos: \u00abNuestro asombro era grande al ver la piedad evidente de este hereje.<\/p>\n<p>Esta admiraci\u00f3n fue para muchos enriquecedora\u00bb (abate Calvet).<\/p>\n<p>Durante las conversaciones de Cahors (1892) y del Mont-Dore (1892 y 1893), se hab\u00eda discutido y madurado el proyecto de una publicaci\u00f3n sobre las ordenaciones anglicanas. Cada una deb\u00eda trabajar en \u00e9l por su lado. Al propio tiempo se hab\u00eda establecido el contacto con el nuevo obispo de Westminster, su Eminencia el cardenal Vaughan. Ni lord Halifax, ni el Sr. Portal ten\u00edan idea de separar a los cat\u00f3licos ingleses de su movimiento: Deseaban, por el contrario hacerles participar en la tarea. El cardenal acogi\u00f3 favorablemente las primeras aperturas, y prometi\u00f3 apoyar las peticiones que se dirigieran al Vaticano para facilitar las investigaciones en los archivos; pero no se pude conseguir ning\u00fan acuerdo de ideas en lo relativo al esp\u00edritu con que se tratar\u00eda de abordar bien la cuesti\u00f3n de las ordenaciones anglicanas, bien el problema m\u00e1s general de la reuni\u00f3n. La sede del prelado estaba determinada, ten\u00eda por primordial la cuesti\u00f3n de Roma, que a fin de cuentas habr\u00eda que tratar un d\u00eda; y estimaba m\u00e1s prudente comenzar por arreglarla. Era esto lo que no\u00a0 ve\u00edan los promotores de la uni\u00f3n. Emprend\u00edan una obra de muchos arrestos cuyo \u00e9xito llevar\u00eda consigo una atm\u00f3sfera de estima mutua y de benevolencia. Hab\u00eda que celebrar encuentros, contactos que permitieran en primer lugar a los esp\u00edritus iluminarse sobre el sentido \u00edntimo de las doctrinas ense\u00f1adas, y comprender la raz\u00f3n de ser y el funcionamiento de las instituciones en la iglesia. M\u00e1s bien que estrellarse contra un muro, abordando, en primer lugar y de frente, la cuesti\u00f3n de la autoridad de Roma, Hab\u00eda que preparar a los esp\u00edritus mucho antes, y por un acercamiento gradual a toda la vida cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Lejos de atenuarse desde el momento que la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes apareci\u00f3 a la luz del d\u00eda, el antagonismo entre anglicanos y cat\u00f3licos se agrav\u00f3. Un serm\u00f3n del cardenal Vaughan en Cardiff, en agosto de 1893, proporcion\u00f3 al arzobispo Bensosn la ocasi\u00f3n de una r\u00e9plica durante\u00a0 su visita pastoral a Ashfors (Guardian, 8 de nov. De 1893). Resultaba evidente que era m\u00e1s f\u00e1cil, seg\u00fan una observaci\u00f3n ya vieja del cardenal Newman, hallar en Francia la atm\u00f3sfera favorable al trabajo por la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Dada la oposici\u00f3n irreductible del cardenal Vaughan, que ser\u00e1 pronto la de notables cat\u00f3licos romanos, hab\u00eda que renunciar a los proyecto acariciados hac\u00eda tiempo, o dar un paso m\u00e1s. Lord Halifax u el Sr. Portal resolvieron ir a delante, a pesar de la amenaza, m\u00e1s grave de lo que cre\u00edan quiz\u00e1s, en pro del \u00e9xito de su causa.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de la validez de las ordenaciones anglicanas se relaciona con las medidas tomadas por la reina Isabel (1558-1603), cuando se volvi\u00f3 a la pol\u00edtica religiosa de sus predecesores: \u2013voto por el parlamento de un \u00abActa de Supremac\u00eda\u00bb, que le otorga el t\u00edtulo de \u00abGobernadora Suprema\u00bb de la Iglesia de Inglaterra y los poderes ejercidos por Enrique VIII y Eduardo VI;<\/p>\n<p>\u2013voto, el 24 de junio de 1559, de una nueva \u00abActa de uniformidad\u00bb, exigiendo, en especial a los eclesi\u00e1sticos titulares de un beneficio, el juramento de observar el Acta de Supremac\u00eda;<\/p>\n<p>\u2013restablecimiento del \u00abCommon Prayer Book\u00bb, o libro de la oraci\u00f3n com\u00fan, seg\u00fan el texto promulgado por Eduardo VI en 1552 (un primer texto algo deferente era de 1549);<\/p>\n<p>\u2013proclamaci\u00f3n de nuevo de los \u00abArt\u00edculos de religi\u00f3n\u00bb, reducidos de cuarenta y dos a cuarenta y nueve.<\/p>\n<p>Los quince obispos entonces en funciones hab\u00edan combatido el boto de las dos Actas de Supremac\u00eda y de uniformidad. Todos, excepto uno, rechazaron el juramento pedido, y fueron depuestos. La reina hubo de proceder a una hornada de obispos para reconstituir una jerarqu\u00eda. Para la sede arzobispal de Cantorbery, design\u00f3 al cap\u00edtulo Matthieu Parker. Quien fue elegido arzobispo el 1 de agosto de 1559. Parker fue consagrado por Barlow, obispo de Bath y Wells, asistido por tres obispos seg\u00fan el Ordinal del rey Eduardo. Parker, a su vez, consagr\u00f3 a otros trece obispos, de forma que se constituy\u00f3 en el tallo de todo el episcopado en la iglesia anglicana desde Isabel.<\/p>\n<p>Se puede preguntar sobre este asunto:<\/p>\n<p>1\u00ba si Barlow, consagrante de Parker, era realmente obispo;<\/p>\n<p>2\u00ba en caso afirmativo a favor de Barlow, si la ordenaci\u00f3n de Parker era v\u00e1lida.<\/p>\n<p>El valor de las \u00f3rdenes en la Iglesia anglicana hab\u00eda sido controvertido con frecuencia entre cat\u00f3licos y te\u00f3logos anglicanos. Si el P. Courayeu, can\u00f3nigo regular de Santa Genoveva, hab\u00eda escrito en el siglo XVIII una disertaci\u00f3n favorable a la validez de las \u00f3rdenes de los Ingleses (1723), la mayor parte de los te\u00f3logos cat\u00f3licos las ten\u00edan, no s\u00f3lo por irregulares sino por inv\u00e1lidas. Tambi\u00e9n en el siglo XIX. El benedictino Reynal, en 1870; el can\u00f3nigo Estcour, en 1873; el alem\u00e1n Bender, en 1877, se hab\u00edan pronunciado recientemente en contra. Incluso en Roma se actuaba pr\u00e1cticamente como si las ordenaciones anglicanas fuesen nulas, puesto que se volv\u00eda a ordenar a los pastores convertidos. El Sr. Portal no ignoraba que en 1704 el obispo anglicano Juan Clemente Gordon, al interrogar a la Santa Sede sobre el valor de sus \u00f3rdenes, hab\u00eda recibido la respuesta de que deb\u00eda recibir de nuevo todas las \u00f3rdenes sagradas, y sobre todo el presbiterado, \u00abpor defecto de intenci\u00f3n e insuficiencia de las f\u00f3rmulas empleadas por los herejes anglicanos en la ordenaci\u00f3n sacerdotal\u00bb. Pero pensaba que, desde entonces, el adelanto de los estudios teol\u00f3gicos relativos a la intenci\u00f3n necesaria al ministro en la administraci\u00f3n de los sacramento, y el de las investigaciones hist\u00f3ricas emprendidas por los anglicanos permit\u00edan someter la cuesti\u00f3n a nuevo examen. Adem\u00e1s, \u00e9l pon\u00eda menos af\u00e1n en provocar una decisi\u00f3n que en crear ocasiones de encuentro y de tomas de contacto, de las que esperaba mucho a fin de disponer los esp\u00edritus, de una parte u de otra, a la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, las circunstancias le parec\u00edan de lo m\u00e1s favorables. As\u00ed comentaba, en una carta a su amigo, el importante discurso de Mons. Lang\u00e9nieux sobre la situaci\u00f3n de la Iglesia de Oriente:<\/p>\n<p>Por todas partes, esta idea de unidad se est\u00e1 apoderando de los esp\u00edritus; es el viento que sopla, o m\u00e1s bien que comienza a levantarse con suavidad. Es preciso aprovecharse del momento para recodar que no hay s\u00f3lo una Iglesia oriental que conquistar, sino que, muy ceca, la Isla de los Santos realiza los m\u00e1s nobles esfuerzos para desembarazarse de mil lazos, pol\u00edticos y dem\u00e1s (4 de junio de 1893).<\/p>\n<p>En este viento que se alza, el Sr. Portal reconoc\u00eda el soplo que no ha cesado nunca de animar a la Iglesia, el soplo del Esp\u00edritu; y, para no traicionar los divinos deseos del Maestro, \u00e9l mismo se puso a la obra.<\/p>\n<p>Bajo el seud\u00f3nimo de Fernando Dalbus, publicaba en La Ciencia cat\u00f3lica un estudio intitulado: Las ordenaciones anglicanas (15 de dic, de 1893; 15 de en. Y 15 de abr. De 1894)\u00bb. Una tirada especial aparec\u00eda hacia finales de enero de quinientos ejemplares. Hubo m\u00e1s tarde una reedici\u00f3n, precedida de una selecci\u00f3n de cartas dirigidas al autor por deferentes obispos.<\/p>\n<p>Este trabajo (27 p\u00e1gs. In-8\u00ba) es muy denso. Comprende cuestiones importantes relativas a rito y al ordinal anglicano,<\/p>\n<p>\u2013al hecho de la consagraci\u00f3n de los dos obispos Barlow y Parker,<\/p>\n<p>\u2013a la intenci\u00f3n que debe tener el ministro de un sacramento,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y a\u00a0 la que debieron tener Barlow cuando consagr\u00f3 a Parker, Parker en las consagraciones emprendidas despu\u00e9s. Y hasta el Sr. Portal no se niega el placer, sobre la marcha, de alguna digresi\u00f3n que le parece tener alg\u00fan inter\u00e9s para la historia del dogma,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y que presenta una relaci\u00f3n con su tema.<\/p>\n<p>Sobre el hecho de la consagraci\u00f3n de Barlow (0bispo electo de S. Asaph en 1536, pero transferido despu\u00e9s sucesivamente a la sede de S. \u2013David de Bath y Wells, y por fin de Chichester), la demostraci\u00f3n es bastante concluyente: Barlow debi\u00f3 de ser consagrado en junio de 1536, cuando ya hab\u00eda sido transferido a S. \u2013David. No disponemos ya, es cierto, del proceso verbal de su consagraci\u00f3n,\u00a0 y ah\u00ed est\u00e1 la raz\u00f3n por la que ciertos autores han dudado de su realidad. Pero la misma ausencia de documentos es de deplorar para muchos otros obispos de este tiempo, reconocidos como tales por todo el mundo; y la fuerza de este argumento negativo quede as\u00ed disminuida. A\u00f1adamos que el 15 de junio de 1536, Barlow ocup\u00f3 asiento en la C\u00e1mara de los Lores, y que, seg\u00fan la costumbre, el nuevo obispo no pod\u00eda ser admitido all\u00ed sin prueba escrita de su consagraci\u00f3n. Adem\u00e1s, tom\u00f3 parte en consagraciones en 1539 y 1542, lo que el rito anglicano no permitir\u00eda m\u00e1s que a obispos consagrados ya.<\/p>\n<p>En cuanto a la consagraci\u00f3n de Parker por Barlow, queda constatada en el registro oficial de las consagraciones. El papel, le escritura, todo indica que no ha existido interpolaci\u00f3n; y el arzobispo anglicano Abbot (1614) pudo, con toda seguridad, invitar a cat\u00f3licos a verificar el registro con \u00e9l. El proceso verbal de esta verificaci\u00f3n existe todav\u00eda. Adem\u00e1s, Isabel quer\u00eda esta consagraci\u00f3n, que le era necesaria para llegar a sus fines; y una ley, promulgada por Enrique VIII y renovada finalmente por la reina, dictaba penas muy severas contra los obispos que no observaran las ceremonias prescritas en las ordenaciones y en las consagraciones. Existe tambi\u00e9n la leyenda de \u00abThe Nag&#8217;s Head\u00bb (r\u00f3tulo de la taberna \u00abA la cabeza de caballo\u00bb), seg\u00fan la cual la consagraci\u00f3n se habr\u00eda celebrado en una taberna en el curso de una mascarada. Pero, a juicio de historiadores serios, todo no es sino una odiosa calumnia. Uno de ellos, el can\u00f3nigo Estecour, escrib\u00eda: \u00abEs enojoso que el cuento de Nag&#8217;s Head se haya publicado en serio, pues es tan absurdo que al difundirlo se ha llegado al \u00fanico resultado de hacer creer que las objeciones derruidas por los te\u00f3logos cat\u00f3licos contra las ordenaciones inglesas no son sinceras\u00bb. Anglican ordinations. P. 154. El hecho de la consagraci\u00f3n de Barlow y de Parker debe ser considerado del todo cierto. Pero \u00bfqu\u00e9 valor ten\u00eda esta consagraci\u00f3n de Parker? Para decidirlo\u00a0 hab\u00eda que examinar el rito, la f\u00f3rmula de la que Barlow se hab\u00eda servido, la intenci\u00f3n que hab\u00eda puesto en esta consagraci\u00f3n, informarse de las modificaciones diversas introducidas en la ceremonia de la ordenaci\u00f3n y que corr\u00edan peligro de tacharla de nulidad. Tantas cuestiones sutiles, y\u00a0 m\u00e1s delicadas como diversidades ha conocido la Iglesia y bastante notables en las f\u00f3rmulas y en las ceremonias consagrantes, que ha empleado seg\u00fan los tiempos y los pa\u00edses.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de Eduardo VI, en 1549 y 1552, los reformadores hab\u00edan sustituido el rito de los antiguos Pontificales ingleses por un Ordinal revisado y corregido. La opini\u00f3n com\u00fan de los te\u00f3logos modernos, formulada por De Augustinis, es que, para el episcopado, la materia esencial consiste \u00fanicamente en la imposici\u00f3n de las manos, y la forma esencial en una oraci\u00f3n eucar\u00edstica o consacratoria. Los t\u00e9rminos de esta oraci\u00f3n var\u00edan seg\u00fan las diferentes liturgias cat\u00f3licas, pero su tenor esencial es siempre el mismo: suplica sobre el ordenando las bendiciones de Dios, pide para \u00e9l las gracias necesarias para desempe\u00f1ar sus funciones. Como el Ordinal anglicano, despu\u00e9s del Veni Creator, contiene una oraci\u00f3n consacratoria bastante cercana a la que empleaba la Iglesia de Salisbury antes del cisma, y va seguida de una imposici\u00f3n\u00a0 de las manos con invocaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo, el Sr. Portal pens\u00f3 hallar en \u00e9l, con amplitud suficiente, el rito tradicional.<\/p>\n<p>El punto d\u00e9bil de esta demostraci\u00f3n resid\u00eda en la ausencia de una menci\u00f3n bien clara del sacrificio, y de los poderes sacerdotales, que determinara el sentido un tanto vago de la oraci\u00f3n consacratoria. No Obstante la comparaci\u00f3n de la f\u00f3rmula anglicana con las oraciones en uso en diversos ritos cat\u00f3licos, y hoy todav\u00eda en la Iglesia griega, lleva a pensar que la enumeraci\u00f3n de los poderes concedidos no es indispensable,\u00a0 y que la eficacia de la f\u00f3rmula empleada proviene sobre todo de un car\u00e1cter de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otra cuesti\u00f3n delicada era la relativa a la intenci\u00f3n que debe\u00a0 tener el ministro que confiere un sacramento de hacer \u00ablo que hace la Iglesia\u00bb. Los te\u00f3logos est\u00e1n de acuerdo en pensar que la ortodoxia del ministro no es indispensable para la validez del sacramento si, por otra parte, empleando un rito suficiente, quiere, en los t\u00e9rminos del derecho de Eugenio IV, \u00abAd Armenos\u00bb, hacer lo que hace la Iglesia, intentio faciendi quod facit Ecclesia.<\/p>\n<p>El Sr. Portal enumera lealmente las objeciones\u00a0 que los cat\u00f3licos ingleses hacen valer por lo com\u00fan para demostrar que la Iglesia anglicana, cuando ordena a sus s\u00fabditos, no tiene la intenci\u00f3n de hacer verdaderos sacerdotes, es decir ministros que ofrecen un sacrificio en y por la Eucarist\u00eda.<\/p>\n<p>Muy lealmente tambi\u00e9n pone de relieve las r\u00e9plicas de los anglicanos. Hace notar ante todo que algunas de sus proposiciones, que parecen negar al sacrificio de la misa todo valor intr\u00ednseco, contradicen, menos la doctrina cat\u00f3lica del sacrificio que las opiniones de ciertos te\u00f3logos.<\/p>\n<p>En este momento, escribe el Sr. Portal, opiniones muy extraordinarias, insostenibles hoy a los ojos del mundo cat\u00f3lico, eran defendidas por ciertos te\u00f3logos no desprovistos de autoridad. Se supon\u00eda, por ejemplo, que el sacrificio eucar\u00edstico era un sacrificio absoluto, completo en s\u00ed mismo, que confer\u00eda una expiaci\u00f3n independiente de la expiaci\u00f3n llevada a cabo por Nuestro se\u00f1or en la cruz. Se llegaba a decir que Nuestro Se\u00f1or, por el sacrificio de la cruz, hab\u00eda expiado el pecado original as\u00ed como los pecados cometidos bajo la Antigua Ley, y los cometidos por los individuos que tienen el bautismo; mientras que la misa exp\u00eda los pecados cometidos despu\u00e9s del bautismo. Tambi\u00e9n se dec\u00eda que por el sacrificio de la misa los pecados mortales se borraban ex opere operato.<\/p>\n<p>La atm\u00f3sfera en que se mov\u00eda la controversia entre cat\u00f3licos y anglicanos explicar\u00eda alegaciones tan brutales como la del art\u00edculo XXXI de la confesi\u00f3n anglicana, que niega a las misas una eficacia para la remisi\u00f3n de la culpa y de la pena incurrida.<\/p>\n<p>Se ve por ejemplo que el juicio que se ha de emitir sobre la intenci\u00f3n de los redactores del Prayer Book es muy delicado de pronunciar con toda certidumbre hist\u00f3rica. No es solamente un libro lo que hay que compulsar, sino un medio, una \u00e9poca que reconstruir. \u00bfQui\u00e9n puede gloriarse de haber realizado esta tarea con \u00e9xito?<\/p>\n<p>Sin embargo, aun admitiendo que la Iglesia anglicana, en su doctrina, o ciertos obispos anglicanos en sus opiniones, hubieran profesado alguna herej\u00eda contraria a la esencia del sacramento del orden, la Iglesia romana admitir\u00eda que los prelados que consagran seriamente a un obispo con un rito suficiente lo hacen v\u00e1lidamente, porque el error del ministro no se ha de confundir con su intenci\u00f3n. \u00c9sta es un acto de voluntad que no est\u00e1 viciado necesariamente por el error de la inteligencia. Otra cosa ser\u00eda si, a consecuencia de sus creencias err\u00f3neas, los obispos anglicanos \u00abrestringieran positivamente su intenci\u00f3n&#8230; diciendo, por ejemplo: yo te ordeno sacerdote, pero no quiero darte ning\u00fan poder de consagrar. Esta limitaci\u00f3n&#8230; no se presume, dice un canonista, y debe ser probado por el foro externo\u00bb.<\/p>\n<p>Parec\u00eda pues que exist\u00eda v\u00eda libre para el Sr. Portal, y que pod\u00eda zanjar, en cuanto a la intenci\u00f3n del ministro, a favor de los anglicanos.<\/p>\n<p>Por desgracia infiltraciones calvinistas entre un n\u00famero de te\u00f3logos y obispos anglicanos hab\u00edan inspirado\u00a0 los modificaciones graves de la misa, as\u00ed como el recuerdo del valor de sacrificio, y subrayar el car\u00e1cter sobre todo conmemorativo de la Cena. Barlow hab\u00eda dado se\u00f1ales de un gran ardor en promover un pretendido \u00abregreso a la Iglesia primitiva\u00bb en materia de sacramentos. Toda su teolog\u00eda, como la de Bucer, de Crammer, de la mayor parte de estos reformadores estaba diametralmente opuesta a la de la Iglesia, ya primitiva, ya contempor\u00e1nea\u00bb (Dalbus). No admitiendo el sacramento del orden, \u00bf . se puede creer que Barlow no haya tenido, en sus consagraciones, la \u00abvoluntad positiva, actual o virtual, de no conferir ning\u00fan poder de sacrificio\u00bb?\u00a0\u00a0 A pesar de los argumentos alegados en la discusi\u00f3n a favor de la intenci\u00f3n general de la Iglesia anglicana de mantener las \u00f3rdenes mencionadas en el Nuevo Testamento, el Sr. Portal no puede resolverse a considerar la intenci\u00f3n de Barlow al consagrar a Parker de otra forma que como dudosa, y a partir de entonces dejando como incierto el acto sacramental. M\u00e1s tarde, el cardenal Gasperri dir\u00e1, y por las mismas razones: A mi parecer, una sombra se extiende sobre todas las ordenaciones anglicanas\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de dar tan intensas satisfacciones a las reivindicaciones anglicanas, el Sr. Portal, en la \u00faltima parte de su trabajo, examinaba no ya la consagraci\u00f3n episcopal sino la ordenaci\u00f3n sacerdotal, y advert\u00eda que el Ordinal de Eduardo VI hab\u00eda suprimido de \u00e9l la \u00abporrecci\u00f3n de los instrumentos\u00bb, alterando con ello la ordenaci\u00f3n en su esencia. Los primeros obispos anglicanos no ordenaron v\u00e1lidamente a ning\u00fan sacerdote; y el episcopado no pudo perpetuarse despu\u00e9s de ellos, por falta de sujeto apto para recibir la consagraci\u00f3n. \u2013 A decir verdad, este rito de la porrecci\u00f3n todav\u00eda desconocido en el Oriente no se practicaba en Occidente m\u00e1s que desde hac\u00eda unas centenas de a\u00f1os; pero los escol\u00e1sticos lo hab\u00edan tenido\u00a0 por esencial,\u00a0 y su autoridad se encontraba sancionada por el decreto de Eugenio IV \u00abad Armenos\u00bb. La Iglesia de Inglaterra hab\u00eda perdido pues el sacramento del orden.<\/p>\n<p>Esta argumentaci\u00f3n arruinaba positivamente la tesis que parec\u00eda haber sido afirmativa en el reto del art\u00edculo. Presentaba una dificultad imprevista, llevando la cuesti\u00f3n a un terreno nuevo. Pero era por cierto la parte menos s\u00f3lida de la obra del Sr. Portal. Te\u00f3logos eminentes, historiadores como Mons. Duchesne, la rechazaron lisa y llanamente, y concluyeron en sus rese\u00f1as a favor de la validez de las \u00f3rdenes anglicanas de manera oficial. La Iglesia, seg\u00fan la palabra de Mons. Duchesne, ha sido siempre \u00abtutora\u00bb en materia de sacramentos: la cuesti\u00f3n debatida era ante todo cuesti\u00f3n de erudici\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo que parec\u00eda indicar la oportunidad del momento era el inter\u00e9s que suscit\u00f3 desde un principio este breve ensayo escrito por un joven y desconocido sacerdote. Los arzobispos de Cantorbery y de York quisieron tenerlo para estudiarlo de cerca.<\/p>\n<p>Tal estudio no era tan s\u00f3lo una actualizaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino pensado dentro de un esp\u00edritu de paz y de amor que se acept\u00f3 con agrado. Y en este orden de ideas, \u00bfno impresiona de verdad la carta de este sacerdote anglicano que escrib\u00eda a lord Halifax\u00a0 \u00abque encontraba en el folleto del Sr. Dalbus un de caridad en plena armon\u00eda con la voz de nuestro com\u00fan Maestro y se\u00f1or\u00bb?<\/p>\n<p>El op\u00fasculo terminaba, efectivamente, con una vibrante llamada a la Uni\u00f3n. El Sr. Portal expresaba sus razones de esperanza.<\/p>\n<p>Seg\u00fan parece no nos encontramos ya en las \u00e9pocas de las guerras fratricidas. En medio de los ataques dirigidos contra nuestro Se\u00f1or Jesucristo, los disc\u00edpulos del Salvador sienten por instinto la necesidad del acercamiento para sostenerse en la lucha suprema que se emprender\u00e1 entre los creyentes y los imp\u00edos. La Iglesia tambi\u00e9n participa en el inmenso trabajo de la unificaci\u00f3n que se opera en el mundo, y por todas las partes se ven signos precursores de una paz religiosa pr\u00f3xima. Ya Mons. Strossmayer ha podido decir que la uni\u00f3n de la Iglesia griega y latina ser\u00eda la obra del siglo XX. En Inglaterra los prejuicios caen, la Iglesia establecida afirma su independencia del poder civil, y el movimiento de Oxford contin\u00faa con una intensidad extraordinaria dentro de la Iglesia anglicana. Esta Iglesia, rozada al menos de protestantismo, se limpia ella misma con vigor y, mediante un progreso continuo durante sesenta a\u00f1os, vuelve a la pureza de la doctrina. El t\u00e9rmino fatal, o m\u00e1s bien providencial, de esta evoluci\u00f3n es Roma. Los protestantes lo prev\u00e9n con terror; muchos anglicanos lo desean; pero, \u00bfcu\u00e1ndo sonar\u00e1 la hora bendita de la Uni\u00f3n? \u00a1S\u00f3lo Dios lo sabe!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, volviendo a los argumentos que le hemos visto ya exponer, mantiene que la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes se plantear\u00eda el d\u00eda de las primeras negociaciones, y que habr\u00eda que resolverla.<\/p>\n<p>A parte de esta necesidad, se\u00f1alaba en esta cuesti\u00f3n \u00abun terreno excesivamente favorable para entablar las negociaciones\u00bb.<\/p>\n<p>Desde 1892, cuando daba ya valor a la importancia que podr\u00eda tener el hecho de haberse puesto en relaci\u00f3n, se hab\u00eda dado mejor cuenta del car\u00e1cter verdaderamente \u00fanico de la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes. Se trataba de un punto susceptible de cautivar la atenci\u00f3n en las dos Iglesias.<\/p>\n<p>La Iglesia anglicana no pod\u00eda permanecer indiferente al estudio imparcial de una cuesti\u00f3n que la ata\u00f1\u00eda tan de cerca, y la Iglesia cat\u00f3lica ten\u00eda inter\u00e9s en verificar si su conducta, basada en una jurisprudencia ya caduca, no pod\u00eda debilitarse por nuevos estudios basados en documentos m\u00e1s recientes. Por fin, en esta cuesti\u00f3n, se pod\u00edan entablar relaciones sin enajenar ninguno de los derechos respectivos, verdaderos o pretendidamente verdaderos: condici\u00f3n indispensable para que nada viniera a impedir un primer paso.<\/p>\n<p>El Sr. Portal estaba convencido de que si se lograba establecer una relaci\u00f3n sobre este punto, se suscitar\u00edan o seguir\u00edan explicaciones m\u00e1s generales,\u00a0\u00a0 y que por fin se podr\u00eda hablar de paz.<\/p>\n<p>Esa hab\u00eda sido ya la opini\u00f3n de Wiseman. Se halla en la carta abierta al conde de Shrewsbury del 21 d3e setiembre de 1841.<\/p>\n<p>Nos debemos emplear lo m\u00e1s posible en dar explicaciones, y en darlas con gracia y buena voluntad. Debemos explicar los malentendidos respecto a nuestras doctrinas,, se\u00f1alar el punto exacto en que se las confunde con las pr\u00e1cticas simplemente permitidas, y c\u00f3mo pueden llegar a ser la causa de abusos. Cuanto antes se puede llegar a un acuerdo claro y neto en estas materias, bien por conferencias personales, bien por correspondencia, tanto mejor ser\u00e1&#8230; Seg\u00fan Bossuet (quien escrib\u00eda al Papa para informarle sobre la manera de reconciliar con la Santa sede a los adherentes a la confesi\u00f3n de Augsburgo), no hay que pedir ninguna retractaci\u00f3n, sino solamente una explicaci\u00f3n conforme a las doctrinas cat\u00f3licas.<\/p>\n<p>Ese era tambi\u00e9n en parecer de lord Halifax. \u00abLo primero es conocernos; lo segundo, desear la uni\u00f3n con todo lo que se ha hecho y dicho en el pasado, todo lo que se hace y dice ahora por ambas partes, de la manera m\u00e1s indulgente, sin sacrificar la verdad. Ante todo muchas explicaciones. Estoy absolutamente convencido de que entre nosotros y vosotros no hay nada, en todo lo que concierne a la doctrina de los sacramentos, del Purgatorio, de la invocaci\u00f3n a los santos, al culto, a la confesi\u00f3n, al sacerdocio, que no podr\u00eda arreglarse con a mayor facilidad, si de cada parte se quisiera explicar, e insistir s\u00f3lo sobre lo que es de fe, permitiendo \u00abun m\u00e1s o menos\u00bb para todo lo dem\u00e1s. Por ejemplo, si la definici\u00f3n del concilio vaticano puede con rigor ser tomada en el sentido de que el Papa es solamente infalible cuando ha tomado todos los medios necesarios para informarse de lo que es la ense\u00f1anza de la Iglesia, y que es infalible s\u00f3lo cuando promulga lo que es ense\u00f1anza de la Iglesia, evidentemente habr\u00eda modo de acomodarse en un asunto en el que parec\u00eda, no hace mucho, que todo entendimiento era imposible. Igualmente con las otras cuestiones. Pero para ello, nos tenemos que conocer\u00bb.<\/p>\n<p>Para conocerse, como para encontrarse, habr\u00e1 que entablar conferencias un d\u00eda. Tal era entonces la convicci\u00f3n del Sr. Portal. Y a ella deb\u00eda mantenerse fiel durante toda esta campa\u00f1a tan dif\u00edcil y tan complicada y, (se podr\u00e1 decir) hasta su muerte. Escrib\u00eda m\u00e1s tarde al cardenal Mercier:<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes se hab\u00eda escogido s\u00f3lo como un terreno de encuentro en el que anglicanos y cat\u00f3licos pudieran examinar juntos, no solamente el valor de las \u00f3rdenes, sino tambi\u00e9n todas las dem\u00e1s cuestiones que los separan. Sobre las \u00f3rdenes hab\u00eda principios admitidos por las dos partes, como la necesidad de la transmisi\u00f3n sin ninguna interrupci\u00f3n de hecho, la necesidad de una materia y de una forma tradicional, y de la intenci\u00f3n de hacer lo que hace la Iglesia. A mi parecer, ten\u00edamos ah\u00ed ya puntos de contacto que permit\u00edan abordarse y hablar. Ni siquiera era necesario pronunciarse sobre la validez de las \u00f3rdenes anglicanas. Esto bien podr\u00eda quedarse para el final, despu\u00e9s de que se hubiera examinado todo lo dem\u00e1s (24 de en. De 1921).<\/p>\n<p>Tales eran ya en 1894 las ideas y los sentimientos que iban a dirigir la actividad del Sr. Portal.<\/p>\n<p>Para prepararse a este trabajo de comprensi\u00f3n mutua y de acercamiento, sinti\u00f3 la necesidad de un viaje a Inglaterra. Deb\u00eda permanecer all\u00ed unos veinte d\u00edas (30 de julio-23 de agosto de 1894). Pero juzg\u00f3 \u00fatil, a pesar de lo avanzado de la estaci\u00f3n, detenerse por alg\u00fan tiempo en Par\u00eds, con el fin de ganar sus proyectos a escritores que se convertir\u00edan en propagandistas de su campa\u00f1a. De este modo se encontr\u00f3 con los Srs. Lev\u00e9, Tevernier, Arthur Loth, Henri Lorin, el abate Boudinhon, profesor de derecho can\u00f3nico en el Instituto cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Llegado a Londres el 30 de julio, es pilotado por lord Halifax a trav\u00e9s del mundo anglicano y pudo darse cuenta personalmente de la fuerza de renovaci\u00f3n quem en el interior\u00a0 mismo de la Iglesia anglicana, arrebataba a los m\u00e1s piadosos de sus miembros y\u00a0\u00a0 a los m\u00e1s eminentes hacia las formas espec\u00edficas de la piedad cat\u00f3lica: renacimiento de la liturgia, del culta a la Virgen y a los santos, de la vida mon\u00e1stica. Se\u00a0 propon\u00eda publicar a su regreso un peque\u00f1o volumen en el que se presentara al p\u00fablico franc\u00e9s el cuadro de esta vida nueva. Estimaba que proceder a una obra de esta clase ser\u00eda trabajar por la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma y acompa\u00f1ado por lord Halifax, comienza desde el\u00a0 primer d\u00eda por las parroquias ritualistas de la Alta Iglesia y por las comunidades religiosas anglicanas una gira de investigador, de visitante m\u00e1s bien, deseoso de edificarse a instruirse.<\/p>\n<p>La visita de San Agust\u00edn, Lilburn, de Santa Mar\u00eda de Graham Street, De Santa In\u00e9s, de San Juan Kemington, de San Albano Holborn, le edificaron por diversos grados de parecido del culto ritualista con las ceremonias cat\u00f3licas. La misa cantada en San Mateo, Westminste, va precedida de las letan\u00edas de los santos, en recuerdo de las antiguas procesiones. Los cantos est\u00e1n muy bien. El organista habitual se encuentra en Solesmes en ese momento para estudiar el m\u00e9todo de dom Pottier.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la ceremonia, cuenta el Sr. Portal, soy conducido al presbiterio y presentado al p\u00e1rroco, el reverendo Frevelyan. \u00c9l y sus vicarios viven en com\u00fan. La casa est\u00e1 organizada para recibir tambi\u00e9n\u00a0 a ejercitantes. Hablamos de mi folleto y de la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Se ve por esta \u00faltima frase que, al propio tiempo que se documentaba sobre la vida religiosa de la Iglesia anglicana, el Sr. Portal no perd\u00eda nunca de vista sus queridas ideas de la uni\u00f3n. Las sembraba un poco a doquier. Ped\u00eda oraciones y fundaba en ellas sus mayores esperanzas en la labor futura. Constataba una identidad fundamental de vida religiosa y de caridad en una Iglesia y en la otra. Cuanto con m\u00e1s claridad de le presentaba el esc\u00e1ndalo de la divisi\u00f3n, tanto m\u00e1s se encend\u00eda su deseo de unidad.<\/p>\n<p>Las comunidades religiosas despertaron sobre todo su curiosidad. Esperaba al visitarlas tomar la temperatura de la piedad entre los anglicanos, y no s\u00f3lo constatar su progreso en la fe cat\u00f3lica, sino medir su extensi\u00f3n, sondear, de alguna manera, su profundidad. Este vivo inter\u00e9s le condujo a las Hermanas de la Misericordia, de San Pedro, de Betania, en el convento de Ascot donde la superiora y sor Clara llegaron a conocer a Pusey, que sol\u00eda ir a pasar all\u00ed las vacaciones y descansar. El relato de la visita a las hermanas de la Caridad ofrece una buena muestra de sus piadosas exploraciones.<\/p>\n<p>Viernes 3 de agosto. No s dirigimos a Bristol con el \u00fanico prop\u00f3sito de ver a las Hermanas de la Caridad, llamadas de San Rafael. Al entrar en el locatario, me sorprende gratamente el ver un cuadro de San Vicente de Pa\u00fal. El capell\u00e1n, Sr. Ward y la hermana superiora nos reciben muy bien; y la cordialidad aumenta cuando, a prop\u00f3sito del cuadro, digo que pertenezco a la familia de San Vicente. Estos se\u00f1ores me dejan solo con la superiora\u00a0 \u2013para que pueda confesarla, dijo entonces lord Halifax\u2013 y hablamos con toda confianza.<\/p>\n<p>La superiora me cuenta que antes de formar la comunidad se fue a Par\u00eds a visitar la casa-madre y varias casas de nuestras hermanas de la Caridad. Ha conservado incluso una carta de la superiora general, que le serv\u00eda de presentaci\u00f3n. Ella me dice que hacen cuanto pueden para acercarse a las Hijas de la Caridad, y me muestra algunos libros que tienen para hallar en ellos informaci\u00f3n, entre otras la de Pistoya, que yo no conoc\u00eda. Me pregunta sobre distintos puntos de regla. Me brinda la ocasi\u00f3n de ver a cada hermana en particular, como en direcci\u00f3n. Expreso mis sentimientos por no poder hacerlo. Despu\u00e9s del almuerzo, pasamos a la sala de comunidad. La conversaci\u00f3n transcurre en general con gran sencillez. Hablamos de san Vicente; las hermanas me piden al final que les diga unas palabras de edificaci\u00f3n sobre nuestro gran santo. Yo les comento estas palabras: \u00abAmad a Dios con el sudor de vuestra frente y con la fuerza de vuestros brazos\u00bb. Termino recomend\u00e1ndoles una gran caridad entre s\u00ed. No podr\u00eda expresar la emoci\u00f3n que sent\u00ed. El Sr. Portal deseaba tambi\u00e9n (y esta era la segunda intenci\u00f3n de su viaje) entrar en relaci\u00f3n con los altos dignatarios de la Iglesia anglicana. Pensaba que, para comprenderse, nada mejor que una entrevista de unas horas, y quer\u00eda poder informar con todo conocimiento de causa a quienes, en Francia, se dirigieran a \u00e9l para ilustrarse.<\/p>\n<p>En el curso de la visita el palacio de Lambeth, en Londres, se hab\u00eda encontrado con el obispo de Salisbury, que se encontraba de paso al regresar de un largo viaje por Australia. Feliz ocasi\u00f3n de agradecerle la carta ir\u00e9nica que figura en la segunda edici\u00f3n del folleto de Dalbus, que responde de forma tan cort\u00e9s uy moderada a la del cardenal Bourret, obispo de Rodez, El aspecto muy eclesi\u00e1stico del prelado va parejo con su aire modesto y recogido, y su conversaci\u00f3n un tanto lenta. \u00abLe entran a uno ganas siempre, bromeaba lord Halifax, de clavarle unos alfileres en el costado Pero hace unas observaciones interesantes,\u00a0\u00a0 y atrae sobre todo la atenci\u00f3n de sus interlocutores hacia las obras de Forbes,\u00a0 obispo de Edimbourg en el siglo XVII (muerto en 1634).<\/p>\n<p>En Cambridge, otros contactos (digamos que algunas amistades) se iniciaron, con el Rev. Lacey, el Rev. Wood, el doctor Cunningham, quienes discutieron con animaci\u00f3n las tesis de Dalbus. Presentado por lord Halitas al doctor Creighton, obispo de Peterborough, el Sr. Portal experiment\u00f3 una simpat\u00eda profunda hacia este historiador eminente, cuya ciencia hac\u00eda resaltar su franqueza. El obispo se extendi\u00f3 sobre la necesidad de un estudio serio de la historia para comprender las posiciones doctrinales de la Iglesia anglicana: \u00abHab\u00eda que familiarizarse, dec\u00eda \u00e9l, con la corrientes teol\u00f3gicas anteriores al concilio de Trento, para no transportar a la apreciaci\u00f3n de lo que se hab\u00eda hecho y dicho en el siglo XVI las maneras de ver y las creencias de una \u00e9poca posterior\u00bb. Invitado por Mons.: Creighton, el Sr. Portal acept\u00f3 la invitaci\u00f3n al obispado, donde se le reserv\u00f3 la acogida m\u00e1s generosa por parte de lady Creighton. No dejaba de adivinar ella la impresi\u00f3n experimentada por el sacerdote franc\u00e9s presentado por primera vez a un matrimonio episcopal. \u00ab\u00bfQu\u00e9 va a decir el se\u00f1or cura, le confiaba a lord Halifax, cuando llegue a encontrarse en presencia de la mujeres de obispos? Hay que confesar que es rid\u00edculo\u00bb. Lord Halifax dec\u00eda a veces ri\u00e9ndose: \u00ab\u00a1Con qu\u00e9 ganas yo las quemar\u00eda a todas, a estas mujeres de obispos!\u00bb\u00a0 Pero, \u00bfqu\u00e9 no pueden las buenas formas, la cultura del esp\u00edritu, unidas a la caridad y ala cortes\u00eda? El obispo es \u00abun esp\u00edritu fino, de porte vivo y muy agradable. Habla franc\u00e9s, alem\u00e1n, italiano&#8230; Hablamos de la separaci\u00f3n, de Enrique VIII, cuya conducta no excusa, pero que explica como buen historiador\u00bb.<\/p>\n<p>La conversaci\u00f3n se orienta hacia las cuestiones m\u00e1s delicadas, y se entabla el di\u00e1logo siguiente.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEl primado del obispo de Roma con constituye ninguna duda en la Iglesia de Inglaterra?<\/p>\n<p>Cierto primado, ninguna.<\/p>\n<p>\u00bfAdmitir\u00edais que el Papa puede reconocer infaliblemente cu\u00e1l es la verdadera doctrina profesada en la Iglesia, tomando los medios apropiados que le permitan distinguirla de las opiniones diversas?<\/p>\n<p>S\u00ed.<\/p>\n<p>Para ser obligados a creer en esta verdad as\u00ed proclamada, \u00bftendr\u00edais como necesaria la aceptaci\u00f3n de la Iglesia?<\/p>\n<p>No.<\/p>\n<p>\u00bfAdmitir\u00edais entonces que los concilios no son m\u00e1s que un modo de conocer la verdad revelada?<\/p>\n<p>S\u00ed.<\/p>\n<p>Cu\u00e1nto me alegro, Monse\u00f1or, de oiros hablar as\u00ed, porque no existe, me parece, oposici\u00f3n ente nosotros sobre la cuesti\u00f3n de la infalibilidad.<\/p>\n<p>\u00a1Oh! En este punto, concluy\u00f3 el obispo, digo a menudo a los nuestros que no saben lo que dicen cuando hablan del Papa\u00bb.<\/p>\n<p>El Sr. Portal tiene la sensaci\u00f3n de que su entrevista con el obispo orienta el sentido de sus \u00abfuturas conversaciones, en particular con las autoridades eclesi\u00e1sticas\u00bb.<\/p>\n<p>Precisamente el obispo dijo a lord Halifax: \u00ab\u00bfHa visto al se\u00f1or cura al arzobispo de Cantorbery? Es preciso que lo vea.\u00bb<\/p>\n<p>Antes de ir a Cantorbery, el Sr. Portal\u00a0 y lord Halifax se detuvieron en York, para ver al arzobispo. Despu\u00e9s de la presentaci\u00f3n, Mons. Maclagan lleva a los dos amigos a su gabinete de trabajo y, para abrir la conversaci\u00f3n, les muestra en su biblioteca las obras de San Carlos Borromeo y la vida de Mons. Dupanloup.<\/p>\n<p>\u00abYo trato de inspirarme, dice, en el esp\u00edritu de san Carlos; y, en cuanto a Mons. Dupanloup, he querido organizar mi di\u00f3cesis como \u00e9l hab\u00eda hecho con la suya. Pienso que si estuviera en mi lugar podr\u00eda gobernarla como \u00e9l gobernaba Orl\u00e9ans, sin encontrar diferencia\u00bb. Luego pasamos a la cuesti\u00f3n de la uni\u00f3n, y el arzobispo pide a su interlocutor que le hable con toda libertad.<\/p>\n<p>Siento, escribe el Sr. Portal, que nuestra entrevista puede tener verdadera importancia. El arzobispo es evidentemente simp\u00e1tico, y su car\u00e1cter religioso manifiesto. Nuestra breve reuni\u00f3n se celebra en una atm\u00f3sfera de piedad y de amor a la Iglesia. Me recojo, e invoco a nuestro Se\u00f1or y a mis santos; luego hablo sin parar.<\/p>\n<p>Estos son los principales pensamientos que desarroll\u00e9:<\/p>\n<p>Nuestra ignorancia de las cosas anglicanas, atestiguada por nuestra confusi\u00f3n perpetua entre los anglicanos y los protestantes.<\/p>\n<p>Esta ignorancia nos es imputable, pero tambi\u00e9n los anglicanos tienen reproches que hacerse. \u00bfPor qu\u00e9 no ponen los medios de darse a conocer? \u00bfPor qu\u00e9 no separan con m\u00e1s claridad su causa de la de los protestantes, sobre todo en el extranjero, en las misiones?<\/p>\n<p>Movimiento hacia la uni\u00f3n; movimiento general.<\/p>\n<p>Buena voluntad de Le\u00f3n XIII. Buena voluntad de nuestros diarios, del Monde, del Univers, del Moniteur de Rome.<\/p>\n<p>Hay que aprovecharse de este movimiento; y para eso la Iglesia anglicana debe afirmar su existencia y su deseo de uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Todos los esp\u00edritus entre nosotros se vuelven hacia Oriente. Es necesario afirmar que existe otra Iglesia a nuestro lado; y, bajo todo punto de vista, Cantorbery est\u00e1 m\u00e1s cerca de Roma que de Constantinopla.<\/p>\n<p>Es necesario hacernos conocer los vivos deseos de uni\u00f3n que existen en la Iglesia de Inglaterra.<\/p>\n<p>Es sobre todo oportuno en este momento en que Le\u00f3n XIII acaba de hablar de uni\u00f3n al mundo de la Iglesia romana.<\/p>\n<p>Por fin, deber para todos de evitar toda pol\u00e9mica.<\/p>\n<p>Rara vez se me interrumpi\u00f3.<\/p>\n<p>El arzobispo me apoyaba constantemente con su actitud muy ben\u00e9vola. Al final, me pregunt\u00f3 qu\u00e9 pensaban nuestros obispos. \u00abDesean la uni\u00f3n, como Le\u00f3n XIII, le respond\u00ed. No creo que tengan ideas particulares\u00bb. Insist\u00ed sobre la necesidad absoluta de dar a conocer a todo nuestro p\u00fablico cat\u00f3lico la doctrina, la historia, el estado actual de la Iglesia anglicana. El arzobispo dijo, a prop\u00f3sito del apoyo de Le\u00f3n XIII a los orientales, que era imposible no dejarse impresionar al ver a este anciano, como a un nuevo san Juan, exhortar a los cristianos a unirse y amarse.<\/p>\n<p>Est\u00e1bamos profundamente emocionados, y nos pareci\u00f3 a todos que hac\u00edamos la obra de Dios. A, modo de conclusi\u00f3n, el arzobispo dijo: \u00abEsperemos que estamos asistiendo al comienzo de grandes cosas\u00bb.<\/p>\n<p>Nos despedimos r\u00e1pidamente de las personas presentes todav\u00eda en el sal\u00f3n; y, sin nadie m\u00e1s que nosotros dos. Con lord Halifax, nos sub\u00edamos al coche para ponernos en marcha. Ten\u00edamos ambos l\u00e1grimas en los ojos. Lord Halifax me tom\u00f3 de la mano. \u00a1Oh! Amigo m\u00edo, no quiero haceros cumplidos: ha sido perfecto. \u00bfNo es verdad que se sent\u00eda la gracia de Dios en nuestra reuni\u00f3n?\u00bb Volvimos a la estaci\u00f3n en silencio. Pensaba en lo extra\u00f1a del papel que ya jugaba sin preverlo ni quererlo. Los sucesos nos llevan. Existen formas misteriosas que nos empujan y se sirven de nosotros. Nunca lo he sentido tan bien.<\/p>\n<p>Quedaba (sigue siendo el Sr. Portal quien habla), quedaba una \u00faltima vista que hacer, la del primado de Inglaterra, del sucesor de san Agust\u00edn, a este arzobispo de Cantorbery, a quien se llamaba a veces el Papa de la segunda Roma (papa alterius Romae).<\/p>\n<p>Penetrado profundamente de la importancia de su misi\u00f3n, Benson era de esos hombres que, temiendo decir demasiado, dicen siempre menos de lo que piensan, o que, por miedo al desprecio, sienten repugnancia de servirse de tales y tales expresiones aunque sean adecuadas.<\/p>\n<p>La acogida es amable, sin duda, pero reservada, e incluso desafiante. A la primera proposici\u00f3n que se le hab\u00eda hecho de una entrevista, el arzobispo hab\u00eda declarado que no le conven\u00eda recibir a un \u00abemisario del Papa\u00bb; cosa que nos hab\u00eda hecho mucha gracia, a lord Halifax y a m\u00ed. Su actitud se resinti\u00f3 de esta declaraci\u00f3n. Al cabo de un momento, yo comienzo a exponer las mismas ideas que hab\u00eda desarrollado en York. En todo momento, el arzobispo parece decirme con su actitud: no me pid\u00e1is nada en cuesti\u00f3n de concesiones. Con todo, \u00e9l desciende poco a poco de su pedestal; hablamos con un poco m\u00e1s de libertad. Le hablo del libro que ten\u00eda pensado escribir sobre la Iglesia anglicana. Se ofreci\u00f3 a proporcionarme las informaciones que necesitar\u00eda. Tuvo a bien por fin repetirme por dos veces: \u00abEspero que nuestras relaciones no se terminen con esta visita\u00bb.<\/p>\n<p>El arzobispo de Cantorbery me parece muy enigm\u00e1tico. Es sabio y bueno; pero su posici\u00f3n, sin duda (o al menos, as\u00ed lo creo) le obliga a una gran reserva. La explicaci\u00f3n de este actitud pod\u00eda muy bien hallarse es estas palabras que me dijo cuando yo hablaba de nuestro movimiento: \u00abSe\u00f1or cura, no deberemos olvidar que hay muchos hermanos nuestros a nuestro lado, que no comparten del todo nuestras opiniones, y nosotros no tenemos el derecho a rechazarlos\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta entrevista, el Sr. Portal pod\u00eda regresar a Francia: los conocimientos que acababa de adquirir iban a permitirle proseguir su labor con una energ\u00eda nueva.<\/p>\n<p>El escaso tiempo de que dispon\u00eda no le permiti\u00f3 proseguir el sondeo entre los obispos cat\u00f3lica de Inglaterra. Quiz\u00e1 estas visitas habr\u00edan aminorado la oposici\u00f3n violenta que deb\u00eda llegarle pronto por este lado: Pero este error no se le puede imputar del todo. \u00abUn retraso en la transmisi\u00f3n de una carta, nos dice al P. Huby, no le\u00a0 permiti\u00f3 responder a la invitaci\u00f3n que le hab\u00eda dirigido el cardenal Vaughan, para el 14 de agosto, y sali\u00f3 de Inglaterra sin haber hablado de sus proyectos con ninguno de los miembros de la jerarqu\u00eda cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p>Antes de salir de viaje, el Sr. Portal hab\u00eda hecho llegar al cardenal Rampolla unas notas sobre la Iglesia anglicana, a las que hab\u00eda a\u00f1adido una copia de la carta de lord Halifax de la que hemos citado anteriormente un p\u00e1rrafo esencial. El cardenal respondi\u00f3 a esta misiva pidiendo al Sr. Portal que fuera \u00e9l mismo a Roma. As\u00ed lo hizo el 11 de setiembre.<\/p>\n<p>En una primera entrevista, expuso al cardenal c\u00f3mo hab\u00eda conocido a lord Halifax, sus largas cacharlas, su correspondencia con \u00e9l, c\u00f3mo de todo ello hab\u00eda nacido la idea de trabajar en el acercamiento de la Iglesia anglicana y la Iglesia romana. Habl\u00f3 de su viaje a Inglaterra, inform\u00f3 de las conversaciones que hab\u00eda sostenido son deferentes obispos. Sin disimular las divergencias profundas que exist\u00edan en el seno del anglicanismo, insisti\u00f3 en la dimensi\u00f3n del movimiento cat\u00f3lico que hab\u00eda visto dibujarse, y concluy\u00f3 en la necesidad de volverlo hacia Roma.<\/p>\n<p>El cardenal pareci\u00f3 interesarse en el asunto. \u00abEvidentemente, hay que hacer algo. Pero qu\u00e9, lo estamos buscando\u00bb. Esta pregunta sorprendi\u00f3 al Sr. Portal, quien no hall\u00f3 respuesta a mano. Lejos estaba de pensar que los acontecimientos, pudieran ir tan de prisa. El cardenal termin\u00f3 la conversaci\u00f3n prometi\u00e9ndole una audiencia con el Santo Padre.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente (12 de set.), a las seis menos veinte, me encontraba en la antec\u00e1mara del Papa, y cinco minutos despu\u00e9s era introducido\u00a0 ante Le\u00f3n XIII. All\u00ed estuve cosa de una hora. \u2013\u00bbOs hecho venir a Roma, comenz\u00f3 dici\u00e9ndome el Santo Padre, y os agradezco haber venido tan pronto. Tengo grandes deseos de charlar con vos de la Iglesia anglicana. Pero sentaos ah\u00ed, y hablaremos.\u00bb<\/p>\n<p>Me sent\u00e9 y tom\u00e9 la palabra. Repet\u00ed sin apenas ser interrumpido lo que hab\u00eda dicho la v\u00edspera al cardenal Rampolla. \u2013 el Papa me segu\u00eda con gran atenci\u00f3n, y tuve la impresi\u00f3n de que hab\u00eda debido recibir una comunicaci\u00f3n bastante detallada de lo que hab\u00eda dicho ayer. Su gran preocupaci\u00f3n me pareci\u00f3 ser la de llegar a una conclusi\u00f3n pr\u00e1ctica, a la que se pod\u00e9 hacer. Yo hab\u00eda reflexionado mucho en ello desde la v\u00edspera, y esta es la propuesta que me aventur\u00e9 a expresar:<\/p>\n<p>Un buen medio ser\u00eda que la Santa Sede escribiera a los arzobispos de Cantorbery y de York una carta privada y com\u00fan. En esta carta, el Papa dir\u00eda que, despu\u00e9s de dirigirse a los cristianos de Oriente para convidarlos a la uni\u00f3n, quer\u00eda dirigirse en particular a la Iglesia de Inglaterra, al episcopado cuya virtud y ciencia \u00e9l conoce, a los sacerdotes y a los fieles, a la Iglesia anglicana entera; pero que antes de dirigirse p\u00fablicamente a la Iglesia, cree justo y prudente dirigirse a los dos arzobispos que la representan y apelar a su amor a Jesucristo para trabajar juntos en la obra de la uni\u00f3n. Explico a continuaci\u00f3n que la carta deber\u00eda ser dirigida a los dos arzobispos, y no solamente al arzobispo de Cantorbery porque el arzobispo de York nos servir\u00e1 de apoyo, \u2013 que deber\u00eda contener una amenaza velada de apelar a toda la Iglesia en caso de negativa, porque, con toda seguridad, ni el arzobispo de Cantorbery, ni el arzobispo de York querr\u00edan cargar con la responsabilidad de una negativa, ni ante su propia Iglesia, ni ante la historia. \u2013 Finalmente, si se negaran a responder y a actuar, una carta p\u00fablica crear\u00eda, pienso yo, un movimiento irresistible en el seno mismo de la Iglesia anglicana, y har\u00eda insostenible la posici\u00f3n de los arzobispos.<\/p>\n<p>La fisonom\u00eda de Le\u00f3n XIII estaba, por as\u00ed decirlo, iluminada por sus grandes ojos con un resplandor extraordinario. Se recogi\u00f3 unos instantes, y dijo al fin: \u00abPues bien, sea; yo escribir\u00e9 esa carta\u00bb. \u00a0Me sent\u00ed emocionado, pues no me esperaba una decisi\u00f3n tan r\u00e1pida. \u00abPero veamos los obst\u00e1culos, a\u00f1adi\u00f3 el Santa Padre; hay que anticiparse a las dificultades pues las habr\u00e1. \u2013 S\u00ed, Sant\u00edsimo Padre, y muy grandes. Como dificultad doctrinal, no existe m\u00e1s que la que a vos concierne.<\/p>\n<p>\u00bfLa infalibilidad?<\/p>\n<p>S\u00ed, Santo Padre; pero me parece que la infalibilidad puede explicarse de manera que sea recibida por las Inglesas\u00bb; y yo insist\u00eda sobre mi conversaci\u00f3n con el obispo de Peterborough a prop\u00f3sito de los medios que debe emplear al Papa para conocer la verdad revelada. \u00abPero claro, dijo Le\u00f3n XIII, el Papa debe emplear medios conocer la verdad.<\/p>\n<p>Por desgracia, dije yo, muchos exageran la doctrina, y estas exageraciones nos producen cucho da\u00f1o<\/p>\n<p>\u00bfY las ordenaciones? Me pregunt\u00f3 el Papa.<\/p>\n<p>Yo las creo dudosas.<\/p>\n<p>\u00bfCre\u00e9is vos verdaderamente que tuvieron la intenci\u00f3n de hacer lo que hac\u00eda la Iglesia?<\/p>\n<p>Es posible.<\/p>\n<p>Pero las dificultades de orden pol\u00edtico son inmensas. Existe en primer lugar la dependencia de los obispos con respecto al poder civil.<\/p>\n<p>Esta dependencia no es tan grande como se cree\u00bb.<\/p>\n<p>Y Cit\u00e9 como ejemplo al obispo de Lincoln, quien se neg\u00f3 a dejar juzgar una cuesti\u00f3n religiosa por el Consejo privado, no admitiendo en estas materias m\u00e1s que la autoridad eclesi\u00e1stica, la del primado, el arzobispo de Cantorbery.<\/p>\n<p>Hablando de mi folleto, hab\u00eda hecho notar que para nosotros, la cuesti\u00f3n de las \u00d3rdenes era tan s\u00f3lo una toma de contacto, un terreno en el que las dos partes podr\u00edan encontrarse. Proporcionar\u00eda a los delegados de las dos Iglesias la ocasi\u00f3n de examinar todos los puntos de doctrina, en conferencias en las que todo se estudiar\u00eda con un esp\u00edritu de caridad. \u00ab\u00bfY d\u00f3nde pod\u00edan tener lugar las conferencias? Me pregunt\u00f3 Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>En Par\u00eds o en Roma, Sant\u00edsimo Padre; y tal vez con preferencia en Par\u00eds.<\/p>\n<p>\u00bfPero no ser\u00eda posible reunirse en Bruxelas, o en una ciudad peque\u00f1a? Tengo miedo de Par\u00eds y la prensa.<\/p>\n<p>No lo creo as\u00ed, Sant\u00edsimo Padre, porque en una ciudad peque\u00f1a la llegada de algunos extranjeros constituye un acontecimiento. Pero se podr\u00eda tal vez reunir en Roma<\/p>\n<p>S\u00ed, buena idea, porque despu\u00e9s de todo, cuando los diputados anglicanos vieran mi caridad, mi gran deseo de uni\u00f3n, me parece que les producir\u00eda impresi\u00f3n. \u00a1Y adem\u00e1s est\u00e1 la gracia de Dios! Porque al fin de cuentas, aunque indigno, yo soy el vicario de Jesucristo.\u00bb<\/p>\n<p>El Papa pronunci\u00f3 estas palabras con humildad profunda. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00ab\u00a1Bueno! Habr\u00e9is de permanecer aqu\u00ed algunos d\u00edas a nuestra disposici\u00f3n. Volved ma\u00f1ana a hablar con el cardenal Rampolla, ya tendr\u00e1 instrucciones m\u00edas. \u00a1Ah si de verdad la reuni\u00f3n con los anglicanos fuera posible!<\/p>\n<p>Con la gracia de Dios, lo ser\u00e1, Sant\u00edsimo Padre; y, seg\u00fan unas palabras del arzobispo de York, asistimos al comienzo de grandes cosas. Vos las ver\u00e9is, Sant\u00edsimo Padre, estas grandes cosas.<\/p>\n<p>\u00a1Dios la quiera! Entonces contar\u00e9 mi Nunc dimittis.<\/p>\n<p>Cuando comenc\u00e9 a hablar de la uni\u00f3n de la Iglesia griega aqu\u00ed, en eta misma c\u00e1mara, vinieron a decirme que era. Y yo creo no porque en medio de la impiedad y de las revoluciones, incluso las almas que no son religiosas deben volverse hacia la Iglesia, y que mis palabras de uni\u00f3n deben ser escuchadas. Yo no creo que eso sea una utop\u00eda\u00bb. \u00a0\u2013 El Papa lo hab\u00eda dicho con fuerza; estaba verdaderamente magn\u00edfico.<\/p>\n<p>Al cabo de un descanso moment\u00e1neo, el Papa me pidi\u00f3 noticias del obispo de Cahors, de mi superior general, el Sr. Fiat. Me puse de rodillas. El buen Papa poso un buen momento su mana en mi cabeza. Me bendijo con t\u00e9rminos de afecto paternal. Luego, mientras hac\u00eda la genuflexi\u00f3n, me dijo familiarmente: \u00abAdio, Portal, adio.\u00bb<\/p>\n<p>Llegado a casa, todav\u00eda profundamente emocionado, escrib\u00ed el informe de esta audiencia, que no olvidar\u00e9 nunca.<\/p>\n<p>Los acontecimientos se hab\u00edan precipitado. Desde el folleto sobre las ordenaciones anglicanas, s\u00f3lo hab\u00edan transcurrido unos meses,\u00a0 y ya aparec\u00eda un doble resultado, muy cercano, casi tangible.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de tres siglos de separaci\u00f3n, iban a reanudarse relaciones directas entre Roma y Cantorbery; el Santo Padre admit\u00eda el principio de comisiones mixtas para el estudio de puntos de doctrina controvertidos entre las dos Iglesias.<\/p>\n<p>El d\u00eda siguiente, el Sr. Portal era recibido de nuevo por el cardenal Rampolla. Le cont\u00f3 su conversaci\u00f3n con el Santo padre,\u00a0 y las proposiciones que se hab\u00eda atrevido a hacer. El cardenal no vio ning\u00fan inconveniente en que se escribiera la carta. \u00abEse era, dec\u00eda, un avance muy paternal, que sin duda alguna honraba a la Santa Sede.\u00bb<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s (15 de setiembre), Le\u00f3n XIII hab\u00eda cambiado de parecer. Hizo saber al Sr. Portal que gesti\u00f3n no estaba bastante preparada, que un fracaso ser\u00eda humillante, y que era mejor actuar de otra manera. En consecuencia hab\u00eda pensado en que le escribiera una carta el cardenal Rampolla para present\u00e1rsela a lord Halifax, y quiz\u00e1s hasta publicarla.<\/p>\n<p>El Sr. Portal dio a entender que este paso indirecto, si bien prudente en apariencia, ofrec\u00eda menos resultados. A una solicitud directa, los arzobispos no pod\u00edan sustraerse. De una carta que no le hab\u00eda sido dirigida, el arzobispo de Cantorbery en particular pod\u00eda decir que no ten\u00eda nada que responder. Pero el Sr. Portal ya hab\u00eda insistido mucho, y comprend\u00eda que la cuesti\u00f3n hab\u00eda quedado zanjada.<\/p>\n<p>Dada la importancia de esta primera toma de contacto entre la Iglesia romana y la Iglesia anglicana, se dio curso a la carta del cardenal Rampolla, que es verdad que fue dirigida al Sr. Portal, pero con misi\u00f3n de darla a conocer a los jefes de la Iglesia de Inglaterra, y que en su totalidad dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u00abReverendo Monse\u00f1or,<\/p>\n<p>\u00abhab\u00e9is sido muy amable al pensar ofrecerme el op\u00fasculo sobre las ordenaciones anglicanas, aparecido no hace mucho bajo el nombre de Fernando Dalbus, y hab\u00e9is logrado que resulte tanto m\u00e1s agradable cuanto m\u00e1s interesantes son las noticias que nos llegan relativas a la cultura teol\u00f3gica y a las disposiciones actuales de los miembros m\u00e1s notables de la iglesia anglicana, quienes, como vos dec\u00eds, haciendo votos por la uni\u00f3n, suspiran con impaciencia por ver el d\u00eda en que todos los que creer en la Redenci\u00f3n lleguen a unirse como hermanos en una sola comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abTengo la suerte de deciros que, a pesar de las grandes ocupaciones de mi cargo, he recogido con mucho inter\u00e9s este trabajo, del que se ha hablado mucho. Y tengo que confesar que he sentido un gran gozo al ver que una cuesti\u00f3n tan delicada ha sido tratada con una serena imparcialidad de juicio, y dentro de un esp\u00edritu \u00fanicamente dirigido a hacer resplandecer la verdad en la caridad.<\/p>\n<p>\u00abMientras me abstengo de entrar en la cuesti\u00f3n misma, no puedo por menos de aprobar la conclusi\u00f3n del autor, ya que est\u00e1 totalmente conforme con los sentimientos expresados hace poco por el Santo Padre en una carta apost\u00f3lica dirigida a los pr\u00edncipes y a los pueblos del universo.<\/p>\n<p>\u00abDalbus cree que el movimiento intelectual comenzado en Oxford, y que se va extendiendo por la comuni\u00f3n anglicana entre hombres de un esp\u00edritu elevado, muy eruditos en la ciencia de las antig\u00fcedades cristianas, y buscadores leales de lo Verdadero, har\u00e1 desaparecer por fin viejos prejuicios y, una vez dispersadas las sombras, traer\u00e1 de nuevo\u00a0 a la unidad visible a la iglesia de Jesucristo, la hija de Roma, la noble raza de los Ingleses, la que Gregorio el Grande inici\u00f3 por el bautismo de la vida cristiana y pol\u00edtica. De ese modo, el pueblo ingl\u00e9s se har\u00eda completamente digno de los altos destinos que la providencia le reserva.<\/p>\n<p>\u00abNinguna duda puede surgir sobre la acogida afectuosa que encontrar\u00eda al lado de su antigua Madre y Se\u00f1ora, si este feliz regreso se produjera, porque nada igualar\u00eda el ardor con el que el Soberana Pont\u00edfice quien gobierna hoy la iglesia de Dios desea establecer la paz u la unidad en la gran familia cristiana, y reunir como en un solo haz todas las fuerzas del cristianismo, para ponerlas eficazmente al torrente de impiedad u de corrupci\u00f3n que rebosa por todas partes. Ciertamente que Su Santidad no ahorrar\u00eda ni trabajo ni solicitud, ni esfuerzo para allanar el camino, para llevar a donde sea necesario la luz,\u00a0\u00a0 y fortificar las voluntades que, aun amando el bien que conoce, no sabr\u00edan todav\u00eda resolverse a abrazarlo.<\/p>\n<p>\u00abUn intercambio amistoso de ideas\u00a0 y\u00a0 un estudio m\u00e1s cuidadoso\u00a0 y hondo de las antiguas creencias y pr\u00e1cticas del culto ser\u00edan de lo m\u00e1s \u00fatiles para preparar el camino hacia esta uni\u00f3n deseada. Todo ello deber\u00eda realizarse sin mezcla de amargura ni recriminaciones o preocupaciones por intereses terrestres, manteni\u00e9ndose en una esfera en la que se respira \u00fanicamente el esp\u00edritu de humildad y caridad cristiana con un sincero deseo de paz y un ardiente amor por la obra inmortal de un Dios que or\u00f3 para que los suyos fueran todos una sola cosa en \u00c9l, y no dud\u00f3 en consolidar esta uni\u00f3n con toda su sangre.<\/p>\n<p>\u00abQue los miembros de la comuni\u00f3n anglicana tengan la convicci\u00f3n viva y profunda, como debe serlo, de que la unidad de la iglesia es la voluntad expresa de Jesucristo, de que las divisiones y la variedad de las creencias religiosas son el origen de un estado de cosas que repugna a la raz\u00f3n y desagrada a Dios, y que aquellos que concurren a mantener un estado semejante de cosas se hacen culpables ante Dios y ante la sociedad del mayor bien del que la privan; y la esperanza del regreso de Inglaterra al centro \u00fanico de la unidad no sea vana.<\/p>\n<p>\u00abUna naci\u00f3n, como dice Bossuet, una naci\u00f3n tan sabia no permanecer\u00e1 largo tiempo en este deslumbramiento: el respeto que conserva por los Padres, y sus curiosos y continuos estudios sobre la antig\u00fcedad la volver\u00e1n a trae a la doctrina de los primeros siglos. No puedo creer que ella persista en el odio que ha abrigado contra la c\u00e1tedra de Pedro de la que ha recibido el cristianismo. \u00a1Quiera Dios que estas palabras de un hombre ilustre hayan sido prof\u00e9ticas! Y se les podr\u00eda a\u00f1adir ahora, dos siglos despu\u00e9s, que, como ciudadanos de un pa\u00eds libre, los Ingleses no pueden por menos de desear que el reinado de la justicia, del orden y de la paz sea restablecido en todo el universo; y ese es precisamente el desde m\u00e1s ardiente del Soberano Pont\u00edfice Le\u00f3n XIII. \u00a1Ojal\u00e1 pueda este voto, acogido con favor y secundado con sinceridad, mostrar la aurora de un renacimiento religioso general del que la sociedad moderna\u00a0 tiene tanta necesidad, y colocar a la naci\u00f3n inglesa a la cabeza de este saludable regreso del mundo a la vida cristiana! \u00abrecibid, Reverendo Se\u00f1or, mi agradecimiento por vuestro gracioso env\u00edo del folleto, con la seguridad de mi estima distinguida.\u00bb<\/p>\n<p>Esta carta, que le lleg\u00f3 al Sr. Portal el 21 de setiembre, constitu\u00eda de parte de Roma un paso, muy t\u00edmido, cierto es, pero que atestiguaba a pesar de todo disposiciones favorables. Hab\u00eda que conseguir de Canterbury un testimonio an\u00e1logo que permitiera a Le\u00f3n XIII comprometerse m\u00e1s a fondo y entrar directamente en relaci\u00f3n con los arzobispos. El Sr. Portal pensaba que entonces su obra se habr\u00eda terminado,\u00a0\u00a0 y que \u00abcediendo el lugar a otros m\u00e1s sabios y m\u00e1s h\u00e1biles\u00bb, podr\u00eda reanudar sus cases en el seminario mayor de Cahors. Su temor era que fuera sustituido.<\/p>\n<p>Le quedaban ocho d\u00edas antes de los ejercicios de octubre. Resolvi\u00f3 ir a Inglaterra para arreglarse con lord Halifax sobre la mejor manera de sacar partido de los acontecimientos. Lleg\u00f3 a casa de su amigo el 26 de setiembre.<\/p>\n<p>Yo hab\u00eda escrito desde Roma muchas cartas a lord Halifax; pero no hab\u00eda querido entreg\u00e1rselas al correo italiano, poco seguro; y estas noticias incompletas hac\u00edan que mis amigos se sintieran impacientes por saber lo que hab\u00eda sucedido. Yo me sent\u00eda tan impaciente como ellos por dec\u00edrselo. Lo cont\u00e9 todo hasta los menores detalles. Apenas resulta posible expresar la emoci\u00f3n que sent\u00edamos todos. Lo que hab\u00eda ocurrido era de tal manera inesperado y pod\u00eda traer tales consecuencias, era tan desproporcionado con lo que hab\u00edamos hecho y con los instrumentos, que los resultados parec\u00edan algo prodigiosos. Y nos sent\u00edamos impresionados, transportados como al contacto de una fuerza superior misteriosa que act\u00faa mediante los elementos humanos de los que se sirve, pero que los sobrepasa en todo. Se trata de la emoci\u00f3n religiosa m\u00e1s intensa; y por ello nos sent\u00edamos anonadados, en una mezcla de gozo, de miedo, de esperanza y de humildad profunda.<\/p>\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo estuve hablando, ni lo que dur\u00f3 la reuni\u00f3n. Por fin, la noche se ech\u00f3 encima; y todav\u00eda nos hall\u00e1bamos juntos cuando, de repente, un b\u00f3lido magn\u00edfico cruz\u00f3 el cielo. De todos parti\u00f3 un grito de admiraci\u00f3n. Lord Halifax dijo, con su espontaneidad ordinaria: \u00abEs la estrella de Le\u00f3n XIII\u00bb. Es sabido que Le\u00f3n XIII tiene una estrella en sus armas.<\/p>\n<p>En cuanto a los tr\u00e1mites de sentido pr\u00e1ctico, lord Halifax y el Sr. Portal dudaron un momento. Habr\u00edan preferido conversar primero con el arzobispo de York, m\u00e1s simp\u00e1tico y m\u00e1s abierto. Sin embargo, por deferencia al primado, decidieron ir enseguida a Canterbury.<\/p>\n<p>Saliendo de Hickleton a las 10 de la noche, llegamos a casa del arzobispo a las 9 de la ma\u00f1ana. Despu\u00e9s de tomar un poco de t\u00e9, somos recibidos. Estaban presentes Mons. Benson y el can\u00f3nigo Mason, conocido te\u00f3logo.<\/p>\n<p>La actitud del arzobispo es m\u00e1s reservada que nunca. Refer\u00ed c\u00f3mo hab\u00eda sido llamado a Roma y, con el mayor detalle, las audiencias concedidas por el cardenal Rampolla y por el Santo padre. Habl\u00e9 de las disposiciones favorables que hab\u00eda encontrado, y del paso directo que se hab\u00eda proyectado, luego del cambio interpuesto, y de las razones que me parec\u00edan haber determinado este cambio.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les eran pues los motivos que actuaban sobre el arzobispo para impedirme avanzar, como se lo ped\u00edan el Sr. Portal y lord Halifax, en el asunto de la uni\u00f3n de las Iglesias? Estos motivos pueden reducirse a tres principales. 1\u00ba el arzobispo de Canterbury qued\u00f3 un tanto sorprendido por la gesti\u00f3n llevada ante \u00e9l por el Sr. Portal. \u00c9ste, en una gesti\u00f3n destinada a ser secreta, le expres\u00f3 unos sentimientos que no tuvo tiempo de madurar, y cuyos t\u00e9rminos necesita medir. Es cierto que existe una carta del cardenal Rampolla al Sr. Portal, pero el cardenal Rampolla no es el Papa, y no existir\u00eda paridad en la gesti\u00f3n se el jefe del anglicanismo se expresara como tal en respuesta a una\u00a0 carta privada llegada de Roma. 2\u00ba El arzobispo de Canterbury se siente tanto m\u00e1s obligado a sopesar sus palabras, cuanto que sus fieles est\u00e1n repartidos grosso modo en tres corrientes deferentes: los anglocat\u00f3licos, cuya fe muy positiva es bastante perecida a la de los cat\u00f3licos romanos, y en todo caso muy positiva en sus afirmaciones y sus exigencias; en el extremo opuesto los anglicanos que se llaman de la Baja Iglesia, protestantes puros, que rechazan muchos de los dogmas cat\u00f3licos, y en particular se revelan muy hostiles a toda autoridad en materia de doctrina; los anglicanos de intermedio (o Broad Church), que ven , sin sentirse horrorizados, las intervenciones del poder civil en materia eclesi\u00e1stica, y cuya doctrina es dif\u00edcil de expresar en un credo bien preciso y universalmente aceptado. Pues bien, sin decirlo de manera muy abierta, el arzobispo se siente inmovilizado por la existencia d estas tres corriente, que cree conducir ha hacer vivir en el amplio seno del anglicanismo.<\/p>\n<p>A estos dos motivos se a\u00f1aden un tercero: la falta manifiesta de unanimidad en las disposiciones y los fines mismos de los prelados romanos. Mientras el cardenal Rampolla conced\u00eda a lord Halifax la expresi\u00f3n de su estima, el cardenal Vaughan, en una carta abierta, dirigida a Mons. Cabrera, elevado a la silla arzobispal de Toledo, le calificaba de cabeza de una \u00absecta astuta\u00bb, e insinuaba que enga\u00f1aba con sutilezas a sus correspondientes espa\u00f1oles: Mientras que el cardenal Rampolla propon\u00eda a los anglicanos una reconciliaci\u00f3n amistosa, una reintegraci\u00f3n despu\u00e9s del acuerdo y concesiones equitativas, el cardenal Vaughan, en su reciente discurso de Preton, proclamaba que s\u00f3lo era aceptable una capitulaci\u00f3n sin condiciones, una sumisi\u00f3n absoluta ay sin explicaciones. Y Roma no le hab\u00eda desacreditado.<\/p>\n<p>El Sr. Portal prosigue su relato.<\/p>\n<p>Expliqu\u00e9, dice que este tr\u00e1mite indirecto est\u00e1 destinado a proporcionar a las autoridades de la Iglesia de Inglaterra la ocasi\u00f3n de manifestar sus buenas disposiciones mediante un tr\u00e1mite indirecto an\u00e1logo. Y, como prueba de las buenas disposiciones de Le\u00f3n XIII, digo que el abate Duchesne va a ser encargado por \u00e9l de un trabajo sobre las \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>\u00abPero, \u00bfqu\u00e9 tr\u00e1mite deber\u00eda yo seguir?\u00bb pregunt\u00f3 el arzobispo.<\/p>\n<p>Yo respondo. Por ejemplo escribir una carta a lord Halifax equivalente a la que cardenal Rampolla me ha escrito a m\u00ed mismo.<\/p>\n<p>La charla se convirti\u00f3 entonces en excesivamente penosa. \u00abEl cardenal Rampolla, dijo el arzobispo, no es el Papa. Si el Papa mismo hubiera escrito la carta, entonces podr\u00eda yo escribir a lord Halifax; pero es el cardenal quien\u00a0 ha escrito la carta, y si yo escribiese, yo escribiese, no habr\u00eda paridad\u00bb. \u2013 Nos esforzamos en explicar, lord Halifax y yo, que el cardenal Rampolla es el ministro del Papa, y que en cuanto a gobierno se refiere, no constituye sino una misma persona. Experimento una verdadera tristeza al ver al arzobispo sutilizar sobre palabras, sobre cuestiones de forma, y no ver la ocasi\u00f3n \u00fanica de reanudar lazos con Roma, y no vibrar ante esta gran causa de la uni\u00f3n. No pudo por menos de compararle con Le\u00f3n XIII, y lo que ciertamente no le beneficia.<\/p>\n<p>Salimos con bastantes malas impresiones. El arzobispo hab\u00eda dicho nada m\u00e1s comenzar que no escribir\u00eda esa cartel al final parece estar menos resuelto. Nos vamos a dar un pase\u00edto, lord Halifax, el can\u00f3nigo y yo. Digo entonces sencillamente, pero con toda claridad, al buen can\u00f3nigo lo que hab\u00eda dicho hac\u00eda un momento de forma velada al arzobispo, que el asunto queda enteramente en sus manos, y que de ellos depende que se busque la uni\u00f3n. Los que rechacen los adelantos de Le\u00f3n XIII incurrir\u00e1n en una gran responsabilidad ante la historia. Y convendr\u00e1 que se sepa en el p\u00fablico ingl\u00e9s que ya no es verdad decir que Roma es la causa de la separaci\u00f3n, como han sido tan propensos los ingleses a decirlo. A\u00f1ad\u00ed sin dudar que, a fin de cuentas, yo conoc\u00eda una Iglesia griega y una Iglesia latina, una Iglesia de Oriente y una Iglesia de occidente; pero que yo no conoc\u00eda Iglesia anglicana y que, si el Papa ten\u00eda a bien tratar sobre un pie de igualdad con el arzobispo de Canterbury, era por pura bondad suya; pero que de hecho, incluso seg\u00fan los pr\u00edncipes anglicanos, no estaba obligado a hacerlo. El buen can\u00f3nigo\u00a0 trataba de calmarme, asegur\u00e1ndome que el arzobispo era muy buen cristiano y que har\u00eda todo lo posible para favorecer la uni\u00f3n. Lo que no pod\u00eda comprender es que el arzobispo de Canterbury, al cabo de tres siglos de separaci\u00f3n, teniendo la facilidad de entrar en relaci\u00f3n con Roma que daba los primeros pasos, no hubiera aprovechado esta ocasi\u00f3n co9n diligencia, y que no haya visto la oportunidad inesperada de tratar directamente con el Papa.<\/p>\n<p>A esta falta de comprensi\u00f3n continuaron enfrent\u00e1ndose el Sr. Portal y lord Halifax durante los \u00faltimos meses de 1894. Benson pudo decidirse a escribir la carta franca y clara que se le ped\u00eda. Escrib\u00eda sin embargo el 15 de octubre a lord Halifax: \u00abNo necesito aseguraros que no puedo imaginar mayor privilegio, mayor suerte que servir de instrumento a Nuestro Se\u00f1or para la realizaci\u00f3n de esta unidad que nos presenta como la consumaci\u00f3n de su Evangelio\u00bb. Pero al momento llegaban reticencias, reservas a disminuir el alcance de esta declaraci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar de todo pensaba el Sr. Portal que seg\u00fan esta carta se pod\u00eda intentar un paso directo por parte de Roma. El arzobispo se ver\u00eda forzado a responder, y le resultar\u00eda imposible rechazar acercamientos amigos.<\/p>\n<p>Le\u00f3n XIII, por su parte, no se olvidaba de Inglaterra. Se hab\u00eda resuelto escribir a los arzobispos y, para ase fe de sus buenas disposiciones, se hab\u00eda sentido por un momento inclinado a conceder que las ordenaciones de los sacerdotes anglicanos pasados al catolicismo se hiciesen en adelante \u00abbajo condici\u00f3n\u00bb (Portal, My diary, p. 7, 19 de enero de 1895).<\/p>\n<p>Ante los consejos del cardenal Vaughan, hab\u00eda cambiado pronto de opini\u00f3n.<\/p>\n<p>Se comprende lo que, por ambas partes, frenaba a los esp\u00edritus mejor intencionados. \u00abEs el miedo a la opini\u00f3n, escrib\u00eda lord Halifax, donde se halla el verdadero origen de nuestras dificultades. Entre nuestros obispos se da la imposibilidad de creer que sea posible ning\u00fan paso amistoso por parte de Roma. Entre los vuestros, aparte de las dificultades que constatan en el estado actual de la Iglesia de Inglaterra, existe tambi\u00e9n el miedo de poner en peligro los adelantos de la situaci\u00f3n actual para ellos, en la que nadie les dice nada, por un paso adelante del Papa que podr\u00eda ser mal recibido por el esp\u00edritu p\u00fablico entre nosotros. De cada parte existe miedo a Para conocerse, como para encontrarse, habr\u00e1 que entablar conferencias un d\u00eda. Tal era entonces la convicci\u00f3n del Sr. Portal. Y a ella deb\u00eda mantenerse fiel durante toda esta campa\u00f1a tan dif\u00edcil y tan complicada y, (se podr\u00e1 decir) hasta su muerte. Escrib\u00eda m\u00e1s tarde al cardenal Mercier: venturas; y por eso digo que el nudo de la situaci\u00f3n est\u00e1 en el esp\u00edritu p\u00fablico.\u00bb<\/p>\n<p>Carta al Sr. Portal, 5 de febrero de 1895.<\/p>\n<p>A pesar de todo, Roma da un paso. A los anglicanos les tocaba responder. Para obtener de los obispos una prueba de sus sentimientos favorables, y para preparar el camino a conferencias, lord Halifax escogi\u00f3 \u00abla Uni\u00f3n de las Iglesias\u00bb como tema del discurso que deb\u00eda pronunciar el 14 de febrero en el meeting anual de la English Church Union. Afluyeron las cartas, numerosas, muchas de las cuales mostraban, a la par que una sincera voluntad de uni\u00f3n, el deseo de ver la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes tratada en primer lugar.<\/p>\n<p>Con estas cartas en la mano, lord Halifax parti\u00f3 para Roma el 12 de marzo.<\/p>\n<p>Recibido por Le\u00f3n XIII el 21 de marzo, le suplic\u00f3, ahora que estaban seguros de la simpat\u00eda de varios obispos, que \u00abconsiderara la posibilidad de una carta a los arzobispos de Canterbury y de York, parecida a aquella de la que se hab\u00eda hablado con el sacerdote Portal, \u2013 en la que se tratara, entre ores cosas, de una conferencia entre te\u00f3logos de todas las opiniones, nombrados por Su Santidad, pero entre los que se encontrara el abate Duchesne,\u00a0 y los que fueran designados por los cabezas de la Iglesia anglicana para tratar esta cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes\u00bb.<\/p>\n<p>En el pensamiento de lord Halifax (carta a Rampolla, 8 de abril de 1895), se trataba de conferencias amistosas, en las que se estudiar\u00eda juntos con la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes todas las que separaban a las dos iglesias: La independencia de la Santa Sede estaba plenamente salvaguardada: estas conferencias no se pronunciar\u00edan sobre la validez de las \u00f3rdenes, no tendr\u00edan siquiera un papel de consulta, sino que proporcionar\u00edan a los te\u00f3logos de los dos partidos la ocasi\u00f3n de un encuentro.<\/p>\n<p>Era, seg\u00fan se ve, la puesta en ejecuci\u00f3n del plan Portal. Adem\u00e1s este \u00faltimo se hallaba en Roma, junto a su amigo , para aconsejarle en todas sus gestiones.<\/p>\n<p>Otra vez, el Papa se neg\u00f3 a dar el paso directo. \u00abM\u00e1xime cuando no quer\u00eda proponer oficialmente la reapertura de la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes. Todos, en efecto, estaba de acuerdo que habr\u00eda que habr\u00eda sido in\u00fatil agitar de nuevo esta controversia si no se iba a encontrar en la otra Iglesia sentimientos de paz. Los cat\u00f3licos tem\u00edan que al volver a poner en duda la validez de las ordenaciones anglicanas, Roma pusiera tambi\u00e9n en litigio la legitimidad de una pr\u00e1ctica varios veces secular; tem\u00edan que los anglicanos tratasen \u00fanicamente de fortalecer la posici\u00f3n de su Iglesia; tem\u00edan que estas negociaciones tuviesen por \u00fanico resultado detener las conversaciones, concediendo al anglicanismo la seguridad de que estaba, no menos que la propia Roma, en posesi\u00f3n de los verdaderos sacramentos de Cristo. Los anglicanos, por su parte, no se atrev\u00edan a pedir el examen de sus \u00f3rdenes, por miedo a darlas por dudosas, o por miedo a que Roma, declarando la cuesti\u00f3n juzgada, se opusiera al examen hist\u00f3rico que se le ped\u00eda.\u00bb<\/p>\n<p>Si tales aprensiones estaban justificadas, era mejor no comenzar nada.<\/p>\n<p>Con todo la visita de lord Halifax no fue in\u00fatil. Decidi\u00f3 al Papa a dirigirse directamente al pueblo ingl\u00e9s, pidiendo oraciones por la uni\u00f3n; y, el 20 de abril,\u00a0 apareci\u00f3 en todos los peri\u00f3dicos la carta \u00abAd Anglos regnum Crhristi in fidei unitate quaerentes\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una alusi\u00f3n a \u00ablas frecuentes conversaciones que hab\u00eda tenido con los Ingleses, conversaciones en las que hab\u00eda comprendido su sed ardiente por buscar la paz y ala salvaci\u00f3n eterna por la unidad de la fe\u00bb, Le\u00f3n XIII recordaba los felices tiempos anteriores al cisma, despu\u00e9s las desgracias del siglo XVI; por fin las oraciones que desde entonces no hab\u00edan dejado de subir hacia Dios. Mencionaba con elogios la piedad de los Ingleses, su respeto a la Escrituras, su atenci\u00f3n a la beneficencia social. Sobre todo, ped\u00eda a todos nuevas oraciones, m\u00e1s numerosas y m\u00e1s fervientes. \u00abQu\u00e9 dichoso nos sentir\u00edamos si, debiendo dar cuenta pronto de Nuestra administraci\u00f3n al Pr\u00edncipe de los Pastores, no fuera dado presentarle los frutos abundantes de los deseos de uni\u00f3n que, bajo su inspiraci\u00f3n y direcci\u00f3n, nos hemos propuesto realizar&#8230; Si se presentan algunas dificultades, no son de naturaleza tal para detener nuestro celo apost\u00f3lico, no ser obst\u00e1culo a nuestra energ\u00eda. Es indudable que los numerosos cambios que han sobrevenido, y el tiempo mismo, han permitido a las divisiones existentes echar\u00a0 ra\u00edces m\u00e1s profundas. \u00bfPero es ello una raz\u00f3n para abandonar toda esperanza de reconciliaci\u00f3n y de paz? De ninguna manera, si Dios lo quiere. En efecto, no debemos juzgar los acontecimientos bajo un punto de vista solamente humanos sino que debemos m\u00e1s bien tener en cuenta el poder y la misericordia de Dios. En las empresas grandes y dolorosas, , mientras no entreguemos a ellas con voluntad ardiente y recta, Dios est\u00e1 al lado del Hombre; y es precisamente en estas dificultades cuando la acci\u00f3n de la Providencia brilla con m\u00e1s resplandor\u00bb.<\/p>\n<p>La carta de Le\u00f3n XIII fue acogida en Inglaterra con la mayor simpat\u00eda. Los peri\u00f3dicos religiosos anglicanos, el Guardian. El Church Times, el Record. \u00d3rgano de la Low Church, reconocieron un\u00e1nimemente al esp\u00edritu del todo sobrenatural que la hab\u00eda inspirado. No pasaba inadvertido el car\u00e1cter excepcional de un paso semejante despu\u00e9s de tres siglos de separaci\u00f3n. Iba acompa\u00f1ada por el signo de los tiempos nuevos. A decir verdad, no se hallaba en el documento pontificio lo que se habr\u00eda deseado ver en \u00e9l: parec\u00eda haber querido olvidarse hasta de la existencia de la Iglesia anglicana, ning\u00fan ofrecimiento preciso de conferencias, ninguna promesa de suavidad en materia de disciplina. Pero no por ello dejaba de ser un llamamiento a la uni\u00f3n, a la uni\u00f3n en corporaci\u00f3n (corporate union). \u00abLa palabra no est\u00e1 escrita en ning\u00fan lugar de la carta, pero para quien sabe leer y comprender, est\u00e1 en toda ella\u00bb, dec\u00eda un marista, el P Ragey. \u00abSi no se tratara de uni\u00f3n en corporaci\u00f3n, varios pasajes de esta carta no tendr\u00edan sentido\u00bb. \u00a0\u2013 Era para los anglicanos un punto capital.<\/p>\n<p>Todo eso s\u00f3lo deb\u00eda ser un preludio. Antes de intentar ning\u00fan adelanto, Le\u00f3n XIII hab\u00eda querido sondear las intenciones del pueblo ingl\u00e9s; hab\u00eda sentido curiosidad por ver las reacciones que suscitar\u00eda, en los diarios y otras partes, una carta p\u00fablica emanada de la autoridad cuyo solo nombre levantaba en otro tiempo\u00a0 profusiones de odio. Todo ello, pensaba, ser\u00eda muy revelador,\u00a0 y servir\u00eda de gu\u00eda preciosa sobre la naturaleza de la acci\u00f3n que emprender. Pues a pesar de las manifestaciones de simpat\u00eda de que fue objeto, el Papa no quiso por el momento comprometerse en el camino de\u00a0 las realizaciones. Nada hizo por la reuni\u00f3n de las conferencias mixtas. Se lo pens\u00f3 alg\u00fan tiempo antes de suavizar la pr\u00e1ctica de la Iglesia, luego acab\u00f3 por abandonar este proyecto.<\/p>\n<p>Entretanto hizo saber al Sr. Portal, por intermedio del cardenal Rampolla, que bendec\u00eda todos sus esfuerzos, y \u00abque le ver\u00eda con gozo ocuparse m\u00e1s directamente todav\u00eda en todo lo que se refer\u00eda a este gran asunto\u00bb (21 de junio de 1895).<\/p>\n<p>El Sr. Portal fue entonces liberado por sus superiores de las clases de teolog\u00eda en Cahors; fue a instalarse a Par\u00eds, en la casa madre de los Lazaristas.<\/p>\n<p>Uno de los primeros usos que hizo de su libertad de acci\u00f3n fue fundar, conforme a los deseos expresados por el Santo Padre en su carta \u00abAd Anglos\u00bb, una asociaci\u00f3n cat\u00f3lica para la reuni\u00f3n de la Iglesia anglicana. Defin\u00eda as\u00ed el fin:<\/p>\n<p>Querr\u00edamos unir los corazones cat\u00f3licos en una oraci\u00f3n perseverante para que la Isla de los Santos vuelva a su Madre. Querr\u00edamos tambi\u00e9n dirigir los esfuerzos de cada uno contra las barreras del odio para hacerlas desplomarse bajo la acci\u00f3n combinada de la Verdad y de la Caridad.<\/p>\n<p>La asociaci\u00f3n publicaba un bolet\u00edn mensual destinado a llegar a un p\u00fablico bastante entendido, sobre todo entre las personas piadosas. Se conced\u00eda un lugar importante a la actualidad religiosa: amplios extractos de discursos pronunciados en los diferentes meetings anglicanos o cat\u00f3licos figuraban caso en cada n\u00famero; hab\u00eda art\u00edculos documentales sobre la situaci\u00f3n de las Iglesia del otro lado del Canal; pero ante todo constitu\u00eda un lazo de uni\u00f3n entre sus abonados, a los que les llegaba cada mes para pedirles una oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un rasgo caracter\u00edstico de la asociaci\u00f3n, es que tomaba posici\u00f3n clara y oficialmente sobre la cuesti\u00f3n que ha dividido siempre a los ap\u00f3stoles cat\u00f3licos de Inglaterra: \u00bfnos debemos limitar \u00fanicamente a obtener conversaciones individuales, o debemos apuntar a una reuni\u00f3n corporativa de las dos Iglesias? El Sr. Portal no cre\u00eda que el primer procedimiento fuera nunca capaz de ganar a Inglaterra para el catolicismo. Era para \u00e9l una convicci\u00f3n con fundamento en el estudio de los hechos.<\/p>\n<p>Era cierto, a juzgar por las estad\u00edsticas, que el n\u00famero de los cat\u00f3licos hab\u00eda aumentado muy notablemente en Inglaterra desde comienzos del siglo XIX; pero eso era consecuencia de la inmigraci\u00f3n irlandesa y del crecimiento general de la poblaci\u00f3n. Las conversiones no parec\u00edan significar gran cosa. El ejemplo deslumbrante de un Newman, de un Manning, de un Ward no se hab\u00eda seguido; y el anglicanismo, pro un momento debilitado por sus defecciones, no hab\u00eda dejado por ello de seguir se desarrollo aut\u00f3nomo. \u00bfHabr\u00e1 que decir que, de aquellos mismos cuya conversi\u00f3n hab\u00eda hecho alg\u00fan ruido, muchos se hab\u00edan vuelto despu\u00e9s a su fe de origen, o hab\u00edan perdido toda creencia, en un escepticismo absoluto? Por el contrario, la Iglesia anglicana parec\u00eda hacerse cada d\u00eda m\u00e1s fuerte. Desde el movimiento de Oxford viv\u00eda un periodo de renacimiento espiritual, al propio tiempo que afirmaba su independencia frente al poder civil, y adquir\u00eda ante sus fieles un prestigio siempre creciente. Ante una situaci\u00f3n semejante, el Sr. Portal no dudaba en decir que cre\u00eda en la posibilidad de una reuni\u00f3n \u00aben corporaci\u00f3n\u00bb, porque no ve\u00eda en ve\u00eda ning\u00fan otro medio de que la oraci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or fuera un d\u00eda escuchada y que sus disc\u00edpulos fuesen \u00abuno\u00bb.<\/p>\n<p>Esta seguridad, toda en la fe, no era la \u00fanica base de sus esperanzas. Cre\u00eda siguiendo a Pusey y Newman (en el tracto 90), que no exist\u00eda verdadera divergencia dogm\u00e1tica entre las dos iglesias. No ignoraba que los 39 art\u00edculos hab\u00edan sido interpretados a menudo en un sentido heterodoxo; pero sosten\u00eda que se les pod\u00eda dar un sentido totalmente conforme a la ense\u00f1anza de Roma, y que en Inglaterra muchos lo estaban deseando. Esto es lo que le permit\u00eda esperar. Ve\u00eda en el anglicanismo a una Iglesia en evoluci\u00f3n. La uni\u00f3n no era f\u00e1cil de realizar hoy, pero lo ser\u00eda un d\u00eda. \u2013 No se trataba de negociar un compromiso entre dos potencias obstinadamente inm\u00f3viles,\u00a0 y acampadas una enfrente de otra. sino una contra la otra; se trataba de favorecer en una de ellas un movimiento de acercamiento ya netamente dibujado. \u2013 Habr\u00e1 que a\u00f1adir que, si cre\u00eda que la uni\u00f3n en corporaci\u00f3n era la \u00fanica capaz de traer la unidad, y si consideraba esta uni\u00f3n realizable en un futuro m\u00e1s o menos cercano, no era de ninguna manera hostil a las conversaciones individuales.<\/p>\n<p>Pronto se dio cuenta el Sr. Portal de que, por \u00fatil que pudiera ser el Bolet\u00edn, no pod\u00eda servir \u00edntegramente a la causa de la uni\u00f3n. A los te\u00f3logos, a los historiadores les hac\u00eda falta un \u00f3rgano m\u00e1s t\u00e9cnico. De esta necesidad naci\u00f3 la Revue Anglo-Romaine, colecci\u00f3n semanal. La revista se presentaba cada semana bajo la forma de un fasc\u00edculo in-8\u00ba de unas cincuenta p\u00e1ginas. En cada n\u00famero uno de dos art\u00edculos de fondo, redactados por los sabios m\u00e1s notables de la \u00e9poca: Duchesne, Gasparri, Boudinhon, y por parte anglicana, Lacey y Puller; una cr\u00f3nica; y por fin una parte documental en la que se reprodujeran piezas de dif\u00edcil acceso, y hasta op\u00fasculos como las \u00abConsideraciones modestas\u00bb de Forbes.<\/p>\n<p>Se llegar\u00eda a comprender que la actividad del Sr. Portal quedaba absorbida enteramente por la publicaci\u00f3n de una colecci\u00f3n que al cabo de un a\u00f1o de existencia formaba ya tres tomos de m\u00e1s de ochocientas p\u00e1ginas. Pero a la detecci\u00f3n de la revista ven\u00eda a a\u00f1adirse la del bolet\u00edn, y bastantes m\u00e1s cosas a\u00fan: correspondencias, conferencias, redacci\u00f3n de memorias para el cardenal Rampolla, diligencias personales de toda clase, viajes a Inglaterra o a Roma, todo ello fue gestionado a la vez durante el a\u00f1o de 1896. El secreto de esta actividad lo conocen todos los que se han acercado al Sr. Portal: sab\u00eda rodearse de colaboradores y eclipsarse \u00e9l mismo.<\/p>\n<p>El primer n\u00famero de la revista apareci\u00f3 el 7 de diciembre de 1895. En el editorial, el Sr. Portal mostraba la oportunidad de una tentativa de uni\u00f3n. Las causas de nuestras divisiones est\u00e1n demasiado alejadas par que haya la misma animosidad en los partidos. Muchas almas cristianas las ignoran o no las comprenden. Participamos todos por lo dem\u00e1s de las ideas de tolerancia y de libertad desconocidas de nuestros mayores, y que son generales hoy. Sacerdotes y laicos sienten tambi\u00e9n la necesidad para los fieles de Cristo de unirse contra los enemigos de nuestro Dios.<\/p>\n<p>Todo un trabajo se opera en el anglicanismo en lo relativo a las prerrogativas del Papa. Hay, entre los obispos, hombres de un gran valor y de una gran fe; no pueden querer sostener en la Iglesia un estado de cisma tan contrario a las voluntades de Cristo. La uni\u00f3n vendr\u00e1\u00a0 un d\u00eda; las circunstancias\u00a0 y las voluntades decidir\u00e1n sobre el momento. Aunque esta nueva tentativa deba correr la suerte de las\u00a0 precedentes,\u00a0 y fracasar, nuestro deber no dejar\u00eda por ello de trabajar por hacerla llegar a bien fin. Durante demasiado tiempo han batallado los polemistas cat\u00f3licos contra sus adversarios sin conocerlos realmente. Habremos realizado la obra de reparaci\u00f3n volviendo a emprender la discusi\u00f3n de una forma m\u00e1s cort\u00e9s y\u00a0 m\u00e1s cient\u00edfica. Hemos demostrado con nuestros trabajos nuestro deseo de uni\u00f3n, y dado de esta manera nosotros mismos los primeros pasos.<\/p>\n<p>La carta apost\u00f3lica de Le\u00f3n XIII hab\u00eda dado un nuevo impulso al movimiento de la uni\u00f3n. El arzobispo de Canterbury public\u00f3 (30 de agosto de 1895) una pastoral sobre este tema; el cardenal Vaughan habl\u00f3 igualmente a sus fieles en el congreso de la Catholic Truth Society (9 setiembre), donde anunci\u00f3 que se iba a reunir en Roma una comisi\u00f3n de estadios para considerar la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas. Haci\u00e9ndose eco de las exhortaciones de Le\u00f3n XIII, el arzobispo de York, Mons. Maclagan, recomend\u00f3 en un importante discurso rogar por la uni\u00f3n: \u00abPero no es suficiente, dec\u00eda, sentarse con las manos juntas para rezar, hay que tomar conciencia de la situaci\u00f3n actual,\u00a0 y luchar contra los obst\u00e1culos que nos detienen.\u00bb<\/p>\n<p>Todo el mundo hablaba pues de la uni\u00f3n; y ay era algo. El Sr. Portal estimaba que eso no bastaba, y \u00abque al periodo de los discursos y de los buenos deseos deb\u00eda suceder el de los actos\u00bb. El movimiento iba a entrar en un nuevo periodo. Roma iba a estudiar ella misma la validez de las ordenaciones anglicanas. Era m\u00e1s necesario que nunca que te\u00f3logos de las dos iglesias pudieran encontrarse, y consolidar en una discusi\u00f3n leal las bases de la uni\u00f3n futura.<\/p>\n<p>La verdadera pregunta que debemos hacernos, dec\u00eda lord Halifax en un congreso de de la English Church Union (enero de 1896), es \u00e9sta: \u00bfDeseamos realmente la paz? \u00bfHacemos todos los esfuerzos para conseguirla, por alejada que pueda parecer? y al menos \u00bfla preparamos desde ahora?&#8230; \u00bfPensamos bastante lo que podemos hacer para promover la paz? O bien \u00bfestamos tan absorbidos por nuestros asuntos personales, tan obcecados por nuestro propio modo de ver, tan indiferentes, y tan indulgentes con nuestras propias faltas, tan exigentes con los errores y faltas de los dem\u00e1s, para sentirnos plenamente satisfechos de continuar as\u00ed nuestro camino separados, dejando todo pensamiento y toda esperanza para un futuro alejado que podr\u00eda realizarse en el cielo, pero que no tendr\u00edan ninguna oportunidad en la tierra? No es esta la paz que Dios nos hab\u00eda dado. No es verdad que nos la haya prometido s\u00f3lo para el cielo, y no para la tierra. \u00bfNo vamos a emplearnos en acelerar el cumplimiento de su voluntad?<\/p>\n<p>\u00abQue el deseo m\u00e1s sincero de Le\u00f3n XIII sea el cumplimiento de esta paz, que est\u00e9 dispuesto a tomar las medidas m\u00e1s atrevidas y m\u00e1s generosas para acelerar su venida, es algo de lo que nadie puede dudar. Pero \u00e9l ya hace tiempo que ha sobrepasado el n\u00famero de a\u00f1os de vida concedidos generalmente a los hombres, y humanamente hablando, sus d\u00edas est\u00e1n contados. Por eso, si hay que darle alguna respuesta, habr\u00eda que apresurarse. \u00bfNos damos perfecta cuenta de qu\u00e9 ocasi\u00f3n tenemos a la mano?&#8230; \u00bfNo es deber de los obispos ingleses, olvidarse de todo, menos de los males que se derivan de nuestra desdichadas divisiones, acord\u00e1ndose de la p\u00e9rdida de las almas que de ello se deriva, de su ardiente deseo de ver a la cristiandad reunida de nuevo, y considerando por fin que se les presenta una ocasi\u00f3n de hacer algo por la realizaci\u00f3n de esta paz&#8230; no es su deber, digo yo, el dirigir ellos mismos una carta a Le\u00f3n XIII?<\/p>\n<p>\u00abPensemos tan s\u00f3lo en cu\u00e1l ser\u00eda el efecto en las circunstancias presentes de una carta as\u00ed, en la que declararan que ellos tambi\u00e9n deploran en el fondo de su coraz\u00f3n las tristes divisiones que separan a la cristiandad en varios campos hostiles; que no hay nada que no est\u00e9n preparados a hacer, excepto sin embargo sacrificar la verdad, para promover la reuni\u00f3n de la cristiandad, y que finalmente ellos responder\u00edan con gratitud a toda invitaci\u00f3n que les fuese dirigida a considerar en com\u00fan, con te\u00f3logos nombrados por el Papa. Los puntos de divergencia que separan a Inglaterra del resto de la cristiandad de Occidente con la esperanza de que con la gracia de Dios se hallar\u00eda un medio de conciliaci\u00f3n y que, por\u00a0 medio de tales conferencias, se preparar\u00edan los caminos para la eventualidad de una paz real&#8230; De otra forma \u00bfc\u00f3mo conseguir esta paz, si los que est\u00e1n separados se niegan a la discusi\u00f3n? Dec\u00eda que ese es un sue\u00f1o demasiado hermoso para que resulte realizable. \u00bfPero por qu\u00e9 iba a ser un sue\u00f1o? Y \u00bfpor qu\u00e9 irrealizable? Es uno de esos sue\u00f1os que se realizan. Y todo lo que se ha producido en estos \u00faltimos tiempos parece haber preparado el camino. La discusi\u00f3n sobre la validez de las \u00f3rdenes anglicanas no es sino un preliminar. Y todo ser\u00eda posible si tuvi\u00e9ramos fe&#8230; Tengamos siempre ante los ojos este ideal de una cristiandad unida, y hagamos de suerte que\u00a0 no tengamos nunca la verg\u00fcenza, la confusi\u00f3n, el remordimiento de saber cuando sea demasiado tarde que este ideal habr\u00eda podido ser si, por nuestra\u00a0 falta de fe, no nos hubi\u00e9ramos opuesto a los misericordiosos designios de Dios, si hubi\u00e9ramos tenido ojos para ver a o\u00eddos para o\u00edr, y finalmente almas tan atentas a las manifestaciones de la providencia\u00a0\u00a0 que\u00a0 hubieren\u00a0\u00a0 reconocido\u00a0\u00a0 que\u00a0\u00a0 su\u00a0\u00a0 hora\u00a0\u00a0 hab\u00eda\u00a0\u00a0 llegado .<\/p>\n<p>El\u00a0\u00a0 Sr .\u00a0\u00a0 Portal\u00a0\u00a0 reprodujo\u00a0\u00a0 este\u00a0\u00a0 discurso\u00a0\u00a0 en\u00a0\u00a0 la\u00a0\u00a0 Revue\u00a0\u00a0 Anglo &#8211; Romaine\u00a0\u00a0 (R .A . ,\u00a0 I,\u00a0 386 y\u00a0\u00a0 ss ),\u00a0\u00a0 Haci\u00e9ndole\u00a0\u00a0 seguir\u00a0\u00a0 de\u00a0\u00a0 la\u00a0\u00a0 carta\u00a0\u00a0 del\u00a0\u00a0 cardenal\u00a0\u00a0 Rampolla\u00a0\u00a0 en\u00a0\u00a0 la\u00a0\u00a0 que\u00a0 \u00e9ste \u00faltimo\u00a0\u00a0 hablaba\u00a0\u00a0 tambi\u00e9n\u00a0\u00a0 sobre\u00a0\u00a0 la\u00a0 oportunidad de las conferencias mixtas, y conclu\u00eda:<\/p>\n<p>Este intercambio amistoso de ideas, en otros t\u00e9rminos, estas conferencias hechas en un esp\u00edritu cristiano y sobre las bases antiguas de nuestras creencias, se celebrar\u00e1n cuando las autoridades de la Iglesia anglicana tengan a bien consentirlas.<\/p>\n<p>De hecho, tales conferencias no deb\u00edan celebrarse hasta treinta a\u00f1os m\u00e1s tarde en Malinas.<\/p>\n<p>La comisi\u00f3n que el Santo Padre reuni\u00f3 en Roma el 24 de marzo de 1896 no hab\u00eda sido pedida ni deseada por el Sr. Portal. Desde el principio de la campa\u00f1a, todos sus esfuerzos hab\u00edan tendido \u00fanicamente al establecimiento de relaciones cordiales entre los representantes de la dos Iglesias. A este fin \u00e9l hab\u00eda pedido al Papa que escribiera a los\u00a0 arzobispos anglicanos , expresando la voluntad de que se organizasen conferencias mixtas. Ning\u00fan deseo en \u00e9l de precipitar los acontecimientos, o de apropiarse por sorpresa de decisi\u00f3n alguna. Sab\u00eda muy bien con cu\u00e1ntas dificultades iba a chocar desde un principio la obra de la uni\u00f3n, como que s estaba tan s\u00f3lo en aquella fase\u00a0 preparatoria en que, antes incluso de iniciar coloquios oficiales, es necesario conocerse, tantearse mutuamente. Sin duda, alguna,\u00a0 una vez abiertas las conversaciones oficiales, la cuesti\u00f3n de la \u00f3rdenes ser\u00eda una de las primeras, si no la primera, en resolverse de un modo definitiva, pero todav\u00eda no se hab\u00eda llegado a eso. Las pr\u00f3rrogas diplom\u00e1ticas de los dos partidos lo demostraban por lo dem\u00e1s. El inter\u00e9s que presentaba la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes en este periodo preparatorio, en el que se hallaban entonces y quiz\u00e1s por mucho tiempo m\u00e1s, era debido a que atra\u00eda la atenci\u00f3n de\u00a0 las dos Iglesias, sobre todo en Inglaterra y porque, al menos del lado ingl\u00e9s, habr\u00eda disposici\u00f3n a aceptar conferencias sobre este punto. Se comprender\u00e1 f\u00e1cilmente el inconveniente que exist\u00eda en forzar el examen oficial de la validez de las ordenaciones sometiendo la causa al Santo Oficio. Se necesitaba tiempo para que el trabajo teol\u00f3gico y hist\u00f3rico realizado por los anglicanos fuera conocido y plenamente utilizado por esta alta jurisdicci\u00f3n; se necesitaba toda una preparaci\u00f3n para que los medios romanos llegasen a estar persuadidos de que se impon\u00eda tal vez una revisi\u00f3n completa de la legislaci\u00f3n anterior sobre este punto y que quiz\u00e1s no era suficiente constatar que la causa hab\u00eda sido ya juzgada; tambi\u00e9n se necesitaba tiempo para que las disposiciones pac\u00edficas tuviesen tiempo de afirmarse por ambas partes. No hay duda de que tales consideraciones habr\u00edan jugado un papel, sino ya para decidir sobre el sentido en el que se zanjar\u00eda la cuesti\u00f3n, s\u00ed al menos para determinar la oportunidad que exist\u00eda de examinarla.<\/p>\n<p>Es posible que muchos de entre los anglicanos no hayan comprendido esta alta prudencia; y es incontestable que otros, demasiado confiados en la fuerza irresistible de sus argumentos, cre\u00edan deseable un examen inmediato de sus \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>Sin embargo no vino la presi\u00f3n de este lado sobre el Santo Padre. El inter\u00e9s suscitado por la actividad del Sr. Portal despertaba en algunos medios graves inquietudes. Muchos de ente los cat\u00f3licos ingleses, y el cardenal Vaughan mismo, vieron el movimiento, primero con impaciencia, \u00abm\u00e1s tarde con antipat\u00eda abierta \u00ab(Vaughan by Snead, Cot. II, p. 142). Tem\u00edan que esta campa\u00f1a atascara las conversaciones individuales. Algunos incluso cre\u00edan que hab\u00eda sido emprendida con este \u00fanico fin,\u00a0 y que se hab\u00eda escogido la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes como particularmente propia para suscitar dudas en las almas que hubieran deseado convertirse. Es in\u00fatil decir que semejante deslealtad era ajena al esp\u00edritu del Sr. Portal. Por otro lado \u00e9l pensaba que la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes, tal como se hab\u00eda presentado, no tocaba m\u00e1s que de bastante lejos este problema de\u00a0 las conversiones. Los que se convierten no llegan generalmente al catolicismo porque dudan de la realidad de los sacramentos recibidos en su Iglesia; si alguna tienen sobre este punto, sus dudas vienen despu\u00e9s, y lo m\u00e1s a menudo los motivos de su determinaci\u00f3n son otros. A veces hasta la necesidad para el futuro convertido de considerar como ritos sin valor todos\u00a0 los sacramentos con los que ha cre\u00eddo\u00a0 nutrir su vida espiritual\u00a0 constituye un obst\u00e1culo\u00a0 real\u00a0 \u2013obst\u00e1culo que un reconocimiento de validez vendr\u00eda a suprimir. En cuanto a la influencia sobre las conversiones individuales de una negativa de validez oficial, el Sr. Portal sab\u00eda que ser\u00eda nula: cosa que as\u00ed fue.<\/p>\n<p>Sin embargo se propuso a Le\u00f3n XIII la necesidad de actuar en persona. Una vez que se hab\u00eda planteado la cuesti\u00f3n, que se manifestaban discrepancias entre los te\u00f3logos, una definici\u00f3n neta se impon\u00eda. Y el Papa, que se hab\u00eda resistido lago tiempo a la idea de un examen oficial, se decidi\u00f3 a nombrar una comisi\u00f3n de investigaci\u00f3n. El papel de esta comisi\u00f3n era de considerar la cuesti\u00f3n de as \u00f3rdenes anglicanas bajo el triple punto de vista de la historia, de la teolog\u00eda y de la jurisprudencia humana; las memorias redactadas por los miembros de la comisi\u00f3n, con un informe de las sesiones en las que se habr\u00edan discutido, ser\u00edan sometidas luego al Santo Oficio, que proceder\u00eda a un nuevo examen, para someter al Papa una relaci\u00f3n sobre la que este \u00faltimo resolver\u00eda en persona.<\/p>\n<p>La comisi\u00f3n, presidida por el cardenal Mazella, comprend\u00eda ocho miembros: el R. dom Aidan Gasquet, el can\u00f3nigo Moyes, F. David Fleming, el Padre de Llevaneras, capuchino erudito, el padre de Augustinis, profesor de la universidad gregoriana, Mons. Gasparri, profesor del Instituto cat\u00f3lico de Par\u00eda, el abate Duchesne, el P. Scanell. Los tres primeros eran decididamente hostiles a la validez; los cuatro \u00faltimos consideraban estas ordenaciones por lo menos como dudosas; la opini\u00f3n del P. Llevaneras era desconocida. El secretorio de la comisi\u00f3n era Merry del Val<\/p>\n<p>El Sr. Portal se enter\u00f3 con satisfacci\u00f3n de la convocatoria de esta comisi\u00f3n; quer\u00eda ver en ella una prueba de inter\u00e9s por la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero recordemos que, en la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes, \u00e9l ve\u00eda sobre todo un medio de obtener \u00abconferencias sobre todos los puntos discutidos\u00bb. Compuesta exclusivamente por cat\u00f3licos, la comisi\u00f3n reunida por Le\u00f3n XIII no respondi\u00f3 de ninguna manera a este deseo. As\u00ed que pens\u00f3 introducir en ella, a la fuera por decirlo as\u00ed, a los anglicanos. Los dos te\u00f3logos Laceyy\u00a0 Pullerpodr\u00edan, con asentimiento de sus superiores, pero sin mandato oficial, dirigirse a Roma. Estar\u00edan a disposici\u00f3n de los miembros de la comisi\u00f3n, prontos a darles las informaciones que fueran necesarias. \u2013Al mismo tiempo ser\u00eda tambi\u00e9n posible continuar moviendo la opini\u00f3n para lograr conferencias mixtas. Tal vez iba a presentarse una ocasi\u00f3n pr\u00f3xima. Ante las dificultades que no dejar\u00edan de aparecer con las sesiones de la comisi\u00f3n de\u00a0 examen, convendr\u00eda proyectarse sobre otro punto; se llegar\u00eda a sentir la necesidad de otro m\u00e9todo; y la presencia en Roma de los dos anglicanos facilitar\u00eda la organizaci\u00f3n de reuniones de un nuevo g\u00e9nero. Habr\u00eda un momento sicol\u00f3gico de no pasar. Para lograr en este momento preciso la reuni\u00f3n de una conferencia tal como se la deseaba, hab\u00eda que llevar a cabo toda una campa\u00f1a paralelamente a los trabajos de la comisi\u00f3n de investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con el fin de llevarla a cabo, parti\u00f3 el Sr. Portal para roma el 31 de marzo. Lo esencial era dar a conocer cu\u00e1nto se deseaba la uni\u00f3n en Inglaterra. Hab\u00eda que ir a preparar\u00a0 manifestaciones que Roma no podr\u00eda dejar de advertir.<\/p>\n<p>El arzobispo de York, muy favorable a las ideas de uni\u00f3n, entraba de lleno en ellas. Aprovech\u00f3 la primera ocasi\u00f3n para declarar al Sr. Portal el inter\u00e9s que sent\u00eda por la obra. \u00abHace mucho tiempo, le escribe el 27 de marzo de 1896, que deseo expresaros por escrito, como ya lo hice de viva voz, la admiraci\u00f3n que experimento por vuestros esfuerzos generosos a favor de la reuni\u00f3n de la cristiandad,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 y mi sentimiento de la viva gratitud que os es debida por este motivo. La publicaci\u00f3n del Revue Anglo-Romaine, que hab\u00e9is fundado, me brinda una ocasi\u00f3n favorable de rendiros tributo, y as\u00ed lo hago con todo mi coraz\u00f3n. Leo la Revista con profundo inter\u00e9s,\u00a0\u00a0 y tengo la viva esperanza de que producir\u00e1 mucho bien contribuyendo a disipar los malentendidos rec\u00edprocos de aquellos que, aunque separados exteriormente, est\u00e1n unidos en\u00a0 la misma fe de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo&#8230; No dejar\u00edamos pasar ocasi\u00f3n alguna favorable de conferencias amistosas, cuyo fin ser\u00eda el de darnos a conocer mejor unos a otros situ\u00e1ndonos en el principio de San Agust\u00edn: In necessariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas.. Tened la seguridad de que las palabras recientes de Le\u00f3n XIII a prop\u00f3sito de la uni\u00f3n han sido vivamente apreciadas en Inglaterra. Atestiguan su gran coraz\u00f3n, y el amor que le empujan a desear la unidad de la gran familia cristiana.\u00bb<\/p>\n<p>Por la importancia del personaje de quien (el primero de la Iglesia anglicana despu\u00e9s del arzobispo de Canterbury), por su contenido,\u00a0 por la alusi\u00f3n a las conferencias mixtas, esta carta respondi\u00f3 exactamente a la que en setiembre de a894 hab\u00eda dirigido el cardenal Rampolla al Sr. Portal:<\/p>\n<p>Comenzadas el 24 de marzo, las reuniones de la comisi\u00f3n prosiguieron hasta el 7 de mayo, a raz\u00f3n de tres por semana. Las sesiones eran secretas, y nadie deb\u00eda conocer nada de ellas. Solamente se hab\u00eda hecho una excepci\u00f3n: Mons. Gasparri hab\u00eda conseguido del cardenal Rampolla autorizaci\u00f3n de consultar a Lacey y Puller sobre todas las cuestiones discutidas.<\/p>\n<p>Como era natural, y tambi\u00e9n por raz\u00f3n de esta condigna de silencio, los rumores m\u00e1s diversos circulaban por Ramo; se hac\u00edan pron\u00f3sticos\u00a0 sobre el resultado probable de la investigaci\u00f3n pontificia; se trataba de descubrir las intenciones del Santo Padre.<\/p>\n<p>Se pensaba generalmente que todo quedar\u00eda en el \u00abstau que ante\u00bb, y que no se adoptar\u00eda ninguna decisi\u00f3n. Esa era sin duda la opini\u00f3n y el deseo de un gran n\u00famero de cardenales. Esta soluci\u00f3n ten\u00eda la ventaja de que no compromet\u00eda nada para el futuro; pero se tem\u00eda que fuera objeto de interpretaciones tendenciosas: unos que pretend\u00edan que no se hab\u00eda querido condenar definitivamente las \u00f3rdenes por atenci\u00f3n al movimiento de uni\u00f3n, otros que sosten\u00edas que la oposici\u00f3n de ciertos medios cat\u00f3licos hab\u00eda evitado por s\u00ed sola que Roma volviese a hablar de un error.<\/p>\n<p>Personalmente, Le\u00f3n XIII parec\u00eda dispuesto a zanjar solemnemente la cuesti\u00f3n. No ocultaba sus disposiciones favorables con respeto a los anglicanos. La carta del arzobispo de York le hab\u00eda impresionado vivamente. \u00bfQuiz\u00e1 pensaba en dar una prenda de paz prescribiendo volver a hablar \u00abbajo condici\u00f3n\u00bb de las \u00f3rdenes anglicanas? \u00bfA lo mejor iba a proponer conferencias?<\/p>\n<p>Estas suposiciones, que hallamos bajo la pluma del Sr. Portal, eran parte sin duda de sus deseos m\u00e1s que de la realidad. Una notable impresi\u00f3n de optimismo se desprende en esta fecha de toda su correspondencia.<\/p>\n<p>A mi parecer, escribe el 28 de mayo a lord Halifax, el movimiento entre en una nueva fase. Va a tomar proporciones que nadie pod\u00eda prever. Las disposiciones aqu\u00ed son excelentes (bien entendido en los medios m\u00e1s elevados). Pero, para que estas disposiciones puedan traducirse en hechos, es preciso que Papa encuentre un gran apoyo entre vosotros. Es preciso que est\u00e9 en condiciones de responder a los oponentes, que no puede sin embargo rechazar vuestros testimonios en favor de la Uni\u00f3n. Toda nuestra pol\u00edtica est\u00e1 ah\u00ed&#8230; El abate Duchesne rebosa de esperanza, y no en una definici\u00f3n formal a favor de la valides de vuestras \u00f3rdenes, sino en el \u00e9xito final de la obra. No se podr\u00e1 hablar de otra cosa. El Papa tiene en manos documentos teol\u00f3gicos que le permiten orientarse hacia la uni\u00f3n.<\/p>\n<p>Por consejo del cardenal Rampolla, Puller y Lacey se hab\u00edan quedado en Roma para visitar a los cardenales. En todas partes recib\u00edan la mejor acogida.<\/p>\n<p>El P. Puller vio ayer a los dos cardenales Vanutelli, con quienes charl\u00f3 a fondo. Regres\u00f3 encantado y emocionado. El cardenal Seraphino le abraz\u00f3 al despedirse y le acompa\u00f1\u00f3 hasta la puerta. Los dos le dijeron: \u00abPod\u00e9is estar seguro de que nada se har\u00e1 contra vosotros\u00bb. El cardenal Seraphino me hab\u00eda dicho por la ma\u00f1ana, hablando de la revista: \u00abVerdaderamente comienza una \u00e9poca nueva\u00bb. (Lettre de M. Portal \u00e0 lord Halifax, 16 de mayo de 1896.)<\/p>\n<p>En Inglaterra cada d\u00eda hac\u00eda crecer la esperanza, si no de una reuni\u00f3n pr\u00f3xima, al menos de un acercamiento positivo. Hacia finales de mayo, el Se. Gladstone public\u00f3, bajo el t\u00edtulo de Soliloquium, un op\u00fasculo en el que expon\u00eda, a t\u00edtulo puramente privado, sus ideas sobre la cuesti\u00f3n. Constataba el renacimiento religioso que se hab\u00eda producido hac\u00eda algunos a\u00f1os en la iglesia anglicana,\u00a0 y hac\u00eda resaltar que las modificaciones que de ello hab\u00edan resultado hab\u00edan contribuido a aproximar Inglaterra a \u00abnuestra gran Iglesia de Oriente y de Occidente\u00bb. En las iniciativas de Le\u00f3n XIII, en sus disposiciones pac\u00edficas, ve\u00eda un signo de los tiempos: redeunt Saturnia regna. Un jefe de prudencia reconocida no pondr\u00eda por cierto un movimiento todos los mecanismos de la Curia para hacer todav\u00eda mayor la brecha abierta entre la Iglesia romana y una comuni\u00f3n, m\u00e1s peque\u00f1a sin duda, pero que representa dentro de la esfera religiosa a una de las naciones m\u00e1s poderosas de la cristiandad europea&#8230;<\/p>\n<p>A la luz de una reuni\u00f3n en el futuro, las consecuencias de una investigaci\u00f3n conducente a una condena ser\u00edan deplorables. \u00abTengo la certeza, concluy\u00f3 Gladstone, de que si los estudios de la Curia no llegaran a un resultado favorable, la prudencia y la caridad no les permitir\u00edan convertirse en ocasi\u00f3n de amargura en las controversias religiosas\u00bb.<\/p>\n<p>Presentada por el Sr. Portal al cardenal Rampolla, esta memoria hab\u00eda producido en Roma una excelente impresi\u00f3n. Mostraba con evidencia que en el gran p\u00fablico (no ya s\u00f3lo en algunos peque\u00f1os cen\u00e1culos de la Alta Iglesia), se ten\u00edan los ojos vueltos hacia Roma. El cardenal Parocchi dec\u00eda que \u00abdesde Enrique VIII no se hab\u00eda producido un movimiento as\u00ed a favor de la uni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Todas estas esperanzas se vieron r\u00e1pidamente rotas; y, por una iron\u00eda singular, fue una enc\u00edclica sobre la unidad de la iglesia la que par\u00f3 en seco el movimiento que el Sr. Portal hab\u00eda logrado lanzar. Debido al mismo inter\u00e9s que suscitaba en todas partes la causa de la uni\u00f3n, Le\u00f3n XIII hab\u00eda juzgado oportuno recordar en una enc\u00edclica la ense\u00f1anza tradicional de la Iglesia<\/p>\n<p>Amplios extractos de este documento (Satis cognitum), con prefacio del cardenal Vaughan, aparecieron en el Times del 30 de junio. As\u00ed fue como Inglaterra conoci\u00f3 la enc\u00edclica. El texto \u00edntegro no apareci\u00f3 hasta varios d\u00edas despu\u00e9s cuando la opini\u00f3n ya hab\u00eda tomado partido. Ahora buen, la selecci\u00f3n de los textos de hab\u00eda hecho de tal manera que gran n\u00famero de lectores pudieron creer que, con la preocupaci\u00f3n de resaltar las divinas prerrogativas de Pedro, la enc\u00edclica se hab\u00eda descuidado en dejarles espacio a los decretos de los obispos. Ni los comentarios del cardenal Vaughan, ni los del Times serv\u00edan para calmar las inquietudes. Despu\u00e9s de algunos ataques contra lord Halifax y los \u00abso\u00f1adores de su partido, el redactor del gran\u00a0 peri\u00f3dico continuaba:<\/p>\n<p>\u00abLa enc\u00edclica deja sin importancia seria a la conferencia sobre las \u00f3rdenes anglicanas. Las condiciones en las \u00fanicas que se declara posible la reuni\u00f3n son claras y sencillas. Estas condiciones son la aceptaci\u00f3n plena y entera, no s\u00f3lo del primado, sino de la superioridad y de la dominaci\u00f3n absoluta del Pont\u00edfice romano sobre todos los que hacen profesi\u00f3n del coraz\u00f3n y del esp\u00edritu, de la inteligencia y de la conciencia de la cristiandad, a los decretos de la sede papal&#8230; La iglesia de Inglaterra hace mucho que adopt\u00f3 una actitud bien definida sobre todas las cuestiones bien claramente expuestas en la enc\u00edclica del Papa. Las pretensiones de la Santa Sede a la sucesi\u00f3n de San Pedro son negadas por la iglesia de Inglaterra, como tambi\u00e9n las que quieren hacer de la iglesia de la que el papa es la cabeza reconocida la verdadera iglesia de Cristo. Habr\u00e1 que renunciar a estas declaraciones como a errores pestilentes, antes de que ning\u00fan individuo perteneciente a la comuni\u00f3n anglicana pueda, en las condiciones sentadas por le\u00f3n XIII, ser reconocido como perteneciente a la iglesia cristiana. No se podr\u00eda pretender por m\u00e1s tiempo que una reconciliaci\u00f3n con la Iglesia de Roma no lleve consigo un abandono de la Iglesia de Inglaterra\u00bb.<\/p>\n<p>Presentada de este modo, la enc\u00edclica produjo m\u00e1s efecto. Toda la pol\u00edtica del Sr. Portal hab\u00eda consistido en ir llevando poco a poco a los Ingleses hacia la idea de que ea posible un entendimiento con Roma en el tema de los derechos del Papa. Lo que requer\u00eda cuidados y miramientos infinitos. Hab\u00eda que comenzar a relacionarse en un terreno m\u00e1s abordable, y no pasar a la cuesti\u00f3n candente hasta en el \u00faltimo lugar, una vez que se hubiesen conocido y comprendido mejor. Pues todo lo contrario, parec\u00edase escoger el camino de subrayar las dificultades, acumular los obst\u00e1culos, destacar las incompatibilidades. Lord Halifax y sus amigos experimentaron una profunda decepci\u00f3n: creyeron sentir un retroceso<\/p>\n<p>No os desanim\u00e9is, le escrib\u00eda al Se. Portal. Nos hallamos en el estatu quo ante. El concilio Vaticano sigue siendo el que era: nuestra principal dificultad. Lo esencial ser\u00eda que por vuestra parte no os dejaseis arrebatar. Todo cuanto hab\u00e9is dicho a prop\u00f3sito del Papa os favorece. Os deb\u00e9is colocar en el mismo plano. Estoy convencido de que la enc\u00edclica no tendr\u00e1 de por s\u00ed las fatales consecuencias que vos prev\u00e9is. Para conjurar los efectos producidos por el modo como ha sudo presentada a vuestro p\u00fablico, os propongo o siguiente. Convocad un meeting: yo ir\u00e9 y hablar\u00e9. Lo que yo diga podr\u00e1 ser publicado en los tejados; pero las circunstancias dar\u00e1n a mis palabras un car\u00e1cter de momento \u00e1lgido<\/p>\n<p>Hab\u00eda cierto atrevimiento en este proyecto. Situarse en el propio terreno de la enc\u00edclica era para el Sr. Portal revolver de un solo golpe toda su pol\u00edtica, abordando inmediatamente, despu\u00e9s de Le\u00f3n XIII, la cuesti\u00f3n m\u00e1s delicada. Claro que ir a Londres supon\u00eda presentarse ante un p\u00fablico machacado y humillado. \u00bfObrando as\u00ed, no se arriesgaba a hacer m\u00e1s mal que bien? \u00bfNo era mejor volver a la inacci\u00f3n y callarse? El Sr. Portal no lo crey\u00f3.<\/p>\n<p>Llegado a Londres el 13 de julio, se dirig\u00eda a un auditorio compuesto en su mayor parte de sacerdotes anglicanos.<\/p>\n<p>Aquel que veis ante vosotros es un sacerdote franc\u00e9s, humilde hijo de san Vicente de Pa\u00fal. Est\u00e1is dispuestos a acogerle con simpat\u00eda, no porque cre\u00e1is que os va a hablar en los mismos t\u00e9rminos que cualquiera de vuestra comuni\u00f3n, sino porque sab\u00e9is que, como vosotros y con vosotros, desea sinceramente acelerar la uni\u00f3n en una sola iglesia visible de todos los que aman a Nuestro se\u00f1or. S\u00ed, soy humilde disc\u00edpulo de san Vicente de Pa\u00fal cuyo nombre est\u00e1 por encima de todas las querellas y divisiones humanas, de ese gran ap\u00f3stol de la caridad humana y divina quien, en estos tiempos modernos, ha hecho tanto para vendar los dolores,\u00a0 y para mitigar las penas. Y me agrada esperar que sus hijos, animado de este mismo esp\u00edritu de sinceridad, de humildad\u00a0\u00a0\u00a0 y de amor que \u00e9l se esforzaba en inculcar a sus disc\u00edpulos, podr\u00e1n ser los instrumentos de los que se sirva la Providencia para vendar las llagas de la iglesia, la Esposa paciente de Cristo. Dem\u00e1s, yo soy sacerdote de la Iglesia de Francia, esta Iglesia tan cerca de vosotros, que antiguamente, como lo ha recordado el cardenal Vaughan, en carta dirigida hace poco a un sacerdote franc\u00e9s, rindi\u00f3 servicios no sin importancia a vuestra propia Iglesia, \u00a1esta iglesia de Inglaterra a la que vosotros tanto quer\u00e9is! Y m\u00e1s a\u00fan, yo soy sacerdote de la santa iglesia cat\u00f3lica y romana, esta iglesia tan querida de todos sus propios hijos y a la que estoy unido por todas las fibras de mi ser; y, por ello, no necesit\u00e1is que os asegure que preferir\u00eda morir a no creer en lo que ella cree, y a no rechazar lo que ella condena. En particular, y creo en las prerrogativas divinas de la Santa Sede y de los sucesores de san Pedro.<\/p>\n<p>Ahora bien, no ser\u00eda posible que dudarais de mis creencias, aunque s\u00f3lo fuera por un momento, ya que, si yo creyese otra cosa, yo no ser\u00eda digno de asociarme a vosotros en esta noble lucha que exige ante todo la lealtad y la sinceridad m\u00e1s perfecta, \u2013lucha que tiene por fin recuperar para la cristiandad la reuni\u00f3n de todos sus miembros en una sola iglesia visible.<\/p>\n<p>Mas, si actualmente estamos separados, como miembros de comuniones diferentes, al menos estamos unidos por el deseo de poner fin a nuestras divisiones. La reuni\u00f3n de la cristiandad es algo tan hermosa que se nos acusa de perseguir una quimera. Recordemos que se dirigi\u00f3 el mismo reproche a Le\u00f3n XIII cuando habl\u00f3 de la uni\u00f3n con la Iglesia griega. No s\u00f3lo se pretende que nuestro fin es ut\u00f3pico sino que se nos acusa de no ver los verdaderos obst\u00e1culos que no separan, los verdaderos medios que permitir\u00edan aproximarnos un poco. En verdad los que hablan as\u00ed se enga\u00f1an a s\u00ed mismos. No hay en realidad m\u00e1s que dos obst\u00e1culos: uno doctrinal, que toca los derechos del Santo Padre; el otro de orden pr\u00e1ctico, est\u00e1 constituido por las pasiones humanas, los sentimientos humanos, las rivalidades humanas, todos los hechos que se puedan ignorar. \u2013En realidad, las objeciones que nos dirigen quienes se oponen a nosotros tienen un origen com\u00fan. Los que las hacen no creen que la reuni\u00f3n en corporaci\u00f3n sea posible en la pr\u00e1ctica; tal es el punto exacto de nuestra divergencia de opiniones. Seg\u00fan creen ellos, la cuesti\u00f3n s\u00f3lo se puede resolver por medio de conversiones individuales. Yo rechazo sin dudar sobre los principios de este m\u00e9todo la acusaci\u00f3n de utop\u00eda. \u00bfLa Iglesia anglicana, tan ligada \u00edntimamente a la vida nacional bajo el punto de vista intelectual social, tan viviente tambi\u00e9n bajo el punto de vista espiritual, podr\u00e1 quedar absorbida, ro\u00edda miembro a miembro? Las fuerzas cat\u00f3licas en Inglaterra est\u00e1n compuestas principalmente de elementos irlandeses; hasta una mayor\u00eda bastante fuerte del clero es irland\u00e9s. Ateni\u00e9ndonos a las conversiones individuales, \u00bfes probable que recuperar\u00edamos Inglaterra por estas \u00fanicas influencias? Os hall\u00e1is frente a una cuesti\u00f3n de razas diferentes, que opone a vuestros deseos un obst\u00e1culo insuperable. Adem\u00e1s, los cat\u00f3licos ingleses mismos no pueden por menos de sentirse influidos por las tendencias resultantes del aislamiento y de las persecuciones de que fueron objeto en el pasado. Estas tendencias les\u00a0 impiden mantener relaciones de simpat\u00eda con la iglesia nacional,\u00a0 y les privan de la influencia sobre los miembros de esta Iglesia, que de otra manera podr\u00edan tener.<\/p>\n<p>Por estas razones&#8230; nos parece preferible una acci\u00f3n conjunta de Iglesia a Iglesia. Por otro lado, est\u00e1 m\u00e1s de acuerdo con nuestro principio fundamental, el principio de autoridad. El m\u00e9todo de la reuni\u00f3n como cuerpo&#8230; ahorra al individuo los tormentos de la duda, y los dem\u00e1s riesgos en que incurren los que hacen una b\u00fasqueda personal de la fe. A una alma que, por su pasado, por su educaci\u00f3n, por las gracias que ha recibido, se siente unida por todos los lazos de su ser a tal o cual Iglesia, le dec\u00eds: est\u00e1is en el error, fuera del verdadero reba\u00f1o&#8230; \u00bfQui\u00e9n no ve el peligro que entra\u00f1an tales sacudidas de todas las ra\u00edces de la vida espiritual?&#8230; Yo pido insistentemente que si hay otro m\u00e9todo posible no se insista deliberadamente en el de la conversi\u00f3n individual.<\/p>\n<p>\u00bfPero la uni\u00f3n en cuerpo es posible? \u00bfNo se presenta como un se\u00f1uelo destinado a impedir las conversiones individuales? No. Es posible porque es necesaria.<\/p>\n<p>La uni\u00f3n es necesaria a Roma, que sufre por la p\u00e9rdida de los elementos teut\u00f3nicos y de los pueblos del Norte, mientras que, en las razas latinas, el clero, a pesar de su celo apost\u00f3lico, no ejerce de ninguna manera la influencia que deber\u00eda tener en los asuntos del pa\u00eds. La uni\u00f3n os es igualmente necesaria. \u00bfNo ten\u00e9is nada que ganar con este incremento de fuerza que os traer\u00eda a vuestra disciplina? \u00bfNo sent\u00eds la necesidad de tener un centro y una cabeza?<\/p>\n<p>Nuestro se\u00f1or, en verdad, prometi\u00f3 que estar\u00eda con su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Pero no le prometi\u00f3 la prosperidad; y para ella, la prosperidad como la adversidad depende de la iniciativa de sus miembros&#8230; La uni\u00f3n tan necesaria, lo vuelco a decir, es posible. Dir\u00e9 m\u00e1s: es f\u00e1cil en lo que respecta a la doctrina sacramental, porque (como lo ha declarado el doctor Pusey) no hay diferencias irreconciliables entre vuestras f\u00f3rmulas y la ense\u00f1anza del concilio de Trento. Queda el serio obst\u00e1culo del concilio Vaticano. Pero, se\u00f1ores, permitidme que os diga que este obst\u00e1culo tampoco es insuperable.<\/p>\n<p>No entrar\u00e9 aqu\u00ed en una discusi\u00f3n profunda sobre este punto; pero lo que yo digo, aparte de todo argumento teol\u00f3gico, es que, cuando hombres como el abate Duchesne y el P. Puller piensan que un acuerdo (un acuerdo, \u00bflo entienden bien? Y no un compromiso) puede realizarse, se debe admitir que este acuerdo es absolutamente posible. Y, Se\u00f1ores, la enc\u00edclica Satis cognitum no es un nuevo obst\u00e1culo. Decir que se ha querido dar as\u00ed un golpe mortal a las esperanzas de los que se esfuerzan en realizar la uni\u00f3n en cuerpo, es atribuir a Le\u00f3n XIII algo que no es digno de \u00e9l&#8230;<\/p>\n<p>La enc\u00edclica expone la unidad esencial de la iglesia y los medio sindicados por Nuestro Se\u00f1or para conservar esta unidad. \u00abNo innova nada, reproduce tan s\u00f3lo la ense\u00f1anza de la Escritura y de los Padres\u00bb. La Iglesia anglicana no querr\u00eda rechazar esta cita.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, Se\u00f1ores, permitidme expresar sentimientos de confianza&#8230; No ignoramos que existen obst\u00e1culos; pero no hemos comenzado esta obra porque cre\u00edmos que era de f\u00e1cil cumplimiento, sino porque cre\u00edamos que era la voluntad de Dios. Y por esa misma y \u00fanica raz\u00f3n, continuaremos la lucha&#8230; \u00bfQui\u00e9n no estar\u00eda pronto a sacrificarse, a dar su vida, si fuera necesario, para promover la reuni\u00f3n de la cristiandad?Pero Dios no nos est\u00e1 pidiendo la vida. S\u00f3lo nos pide nuestra entrega. Ofrezc\u00e1mosle nuestros corazones, nuestras voluntades, todas las fuerzas de nuestro ser para acelerar el cumplimiento de esta gran obra de la reuni\u00f3n, con la plena confianza de que Aquel que nos ha dado la inspiraci\u00f3n de comenzar esta tarea permitir\u00e1 cuando le plazca y del modo que \u00e9l elija, ver la perfecta coronaci\u00f3n de esta obra.<\/p>\n<p>Este discurso destac\u00f3 sobre todo por un hecho. Los adversarios de la reuni\u00f3n no cre\u00edan en la posibilidad de una manifestaci\u00f3n de este g\u00e9nero. Lord Halifax mismo hab\u00eda vacilado. Pues, seg\u00fan lo atestiguan los informes de los diarios, el Sr. portal fue aplaudido con entusiasmo. Eso solo marcaba el progreso realizado en los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>La tarde misma de su regreso a par\u00eds, el Sr. Portal fue llamado al arzobispado. El cardenal Richard deseaba comunicarle una carta del cardenal Perraud. Seg\u00fan esta carta, escrita en Roma, el papa reprobaba la Revue Anglo-Romaine, la encontraba \u00abdemasiado en las manos de lord Halifax y de los anglicanos\u00bb. Fuera del Vaticano se hablaba incluso de ponerla en el \u00cdndice. El Sr. Portal se limit\u00f3 a responder que, para \u00e9l, la cuesti\u00f3n no era saber si deb\u00eda obedecer, sino lo que deb\u00eda hacer para obedecer. De hecho, a partir de ese momento, \u00e9l guard\u00f3 silencio. El 18 de julio, pasaba a un comit\u00e9 la direcci\u00f3n de la revista. Unos d\u00edas despu\u00e9s, recib\u00eda la orden de no ocuparse m\u00e1s de los asuntos ingleses. Adem\u00e1s, extenuado de cansancio, deb\u00eda dejar pronto Par\u00eds para ir a descansar a los Pirineos.<\/p>\n<p>Por qu\u00e9 ven\u00eda la Santa Sede a obstaculizar la actividad del Sr. Portal, es algo que no es f\u00e1cil descubrir. Es verdad que se le reproch\u00f3 el discurso del 14 de julio, acus\u00e1ndole, sobre informe truncados publicados en algunos diarios, de no haber sido lo suficiente expl\u00edcito sobre las prerrogativas del Papa: lo que es falso. Se le reproch\u00f3 de haber hablado de uni\u00f3n, cuando habr\u00eda sido preciso hablar de sumisi\u00f3n; y en eso se tocaba el principio mismo de su actividad. Seg\u00fan la carta que el cardenal Rampolla tuvo ocasi\u00f3n de escribir a lord Halifax, parece que el descontento ven\u00eda de m\u00e1s lejos y que se culpaba en el Sr. Portal sobre todo al editor de la revista. En un momento en que el santo Padre hac\u00eda estudiar las cuestiones relativas a la Iglesia anglicana, \u00abno se pod\u00eda felicitar al ver tratar esas mismas cuestiones por personas cuyas competencia no estaba bien asegurada. Sucedi\u00f3, en efecto,. que se abri\u00f3 la cuesti\u00f3n de una manera inexacta,\u00a0 y a veces err\u00f3nea, de manera que la buena causa no pudo salir bien parada, por el contrario, tuvo por resultado una confusi\u00f3n muy peligrosa&#8230; Los asuntos son tan graves que, para no equivocarse, no hay otro camino que seguir que los documentos publicados por el Santo Padre&#8230; La revista Revue Anglo-Ramaine no ha sido condenada mi lo ser\u00e1, sobre todo si sus redactores tienen a bien mantenerse vigilantes, y no adelantarse al juicio del Santo Padre\u00bb.<\/p>\n<p>Este juicio no se hizo esperar. El 19 de setiembre de 1896, aparec\u00eda la bula Apostolicae curae. Ella pon\u00eda fin a la controversia levantada a prop\u00f3sito de las \u00f3rdenes anglicanas, declar\u00e1ndolas absolutamente nulas. Fue un golpe terrible para el Sr. Portal; y m\u00e1s cuando a pesar de todos los contratiempos segu\u00eda esperando.<\/p>\n<p>Hacia las cuatro de la tarde, escribe a lord Halifax, tuve ayer comunicaci\u00f3n del despacho recibido por el Univers. In\u00fatil deciros lo que hemos sentido, los Srs. Courcelle, Lev\u00e9 y yo. Nuestro primer pensamiento se ha dirigido hacia vos, hacia nuestros amigos de Inglaterra, Puller, lacey, etc&#8230;.\u00a0 \u00a1Pobres amigos, los que hab\u00e9is sido tan buenos, tan generosos, tan leales! No queda otra cosa que callarse e inclinar la cabeza. No hablo con nadie. El golpe es tan profundo por otra parte, y el dolor tan fuerte, que ya no siento nada. Que Nuestro Se\u00f1or\u00a0 tenga piedad de nosotros. Que al menos nos conceda el consuelo de ver que hemos causado menos mal que bien. Vos y los vuestros hab\u00e9is puesto demasiado fe, demasiada abnegaci\u00f3n, para que vuestros actos de virtud y vuestros sacrificios de todo orden se pierdan. Servir\u00e1n grandemente para la salvaci\u00f3n de vuestras almas, y tambi\u00e9n, lo espero contra toda esperanza, para la reuni\u00f3n. Os debo mis mejores alegr\u00edas, querido amigo; trabajar y sufrir por el Evangelio. Os entrego lo mejor que tengo en el alma afecto e inalterable entrega. Siento vuestro gran dolor; y yo sufro m\u00e1s por vos que por m\u00ed.<\/p>\n<p>La revista aparece hoy sin anunciar nada. El pr\u00f3ximo n\u00famero sacar\u00e1 al documento, una p\u00e1gina que hemos fabricado el Sr. Lev\u00e9 y yo; ser\u00e1 el fin \u2013\u00a1el fin de un bello sue\u00f1o! \u00a1C\u00f3mo duele todo! \u00a1Y c\u00f3mo invade el ser entero semejante prueba!<\/p>\n<p>\u00abVuestra carta, responde lord Halifax, me llen\u00f3 los ojos de l\u00e1grimas; pero me produce un bien que est\u00e1 por encima de toda expresi\u00f3n. Era el amor a las almas lo que nos empujaba; no quer\u00edamos otra cosa. Cualquier cosa para poner fin a las divisiones entre los que aman a N. S. Jesucristo, \u00a1esas divisiones que sirven para mantener a tantas almas alejadas de \u00c9l! \u00a1Que los que le aman puedan amarle m\u00e1s comulgando en los mismos altares! Que por fin la unidad esencial de la iglesia de Jesucristo fuera reconocida de todos, y que, para ello, en un esp\u00edritu de amor y caridad, en un esp\u00edritu tambi\u00e9n de penitencia por todas las faltas cometidas por ambas partes, nos trat\u00e1ramos, con el fin de disipar los malentendidos, de distinguir lo que es de fe y la que es s\u00f3lo materia de opini\u00f3n, de disipar los prejuicio, y de buscar nado m\u00e1s que la voluntad de Dios como se la dio a conocer a sus santos ap\u00f3stoles y como ha sido comprendida por la Iglesia de los primeros tiempos, de fundarse finalmente en las bases pedidas por la enc\u00edclica para la fe y la pr\u00e1ctica cristianas, \u2013eso, querido amigo, es lo que nosotros queremos. Supongo que los dem\u00e1s lo quer\u00edan tambi\u00e9n. Pero para conseguirlo hac\u00eda falta mucho amor, mucha caridad, mucha paciencia, una gran abnegaci\u00f3n de s\u00ed, y adem\u00e1s la sabidur\u00eda que sabe distinguir entre los hechos; y m\u00e1s que nada, ese esp\u00edritu inspirado por el amor, que por encima de todas las dificultades, y a pesar de todas las apariencias, ve la verdad esencial tal como es verdaderamente en s\u00ed misma&#8230; Hemos tratado de hacer, creo yo, lo que Dios nos hab\u00eda inspirado. Hemos fracasado por ahora; pero, si Dios quiere, se cumplir\u00e1 su voluntad; y si permite que nos rindamos, es que quiere hacer las cosas\u00a0 \u00e9l mismo. No es un sue\u00f1o. La cosa es tan verdad como siempre. Hay amarguras que valen todas las alegr\u00edas de la tierra; y yo prefiero una y mil veces sufrir con vos en una causa como \u00e9sta que triunfar con el mundo entero. Vuestra carta me es m\u00e1s preciosa de lo que os pueda decir. Las penas quedan a medias aliviadas cuando se sufre juntos. S\u00f3lo s\u00e9 muy bien que si sufrimos vos sufr\u00eds todav\u00eda m\u00e1s; y este pensamiento es el que m\u00e1s da\u00f1o me causa.\u00bb<\/p>\n<p>Como documento teol\u00f3gico, la bula presentaba un gran inter\u00e9s. Le\u00f3n XIII no se hab\u00eda limitado a dar sentencia. \u00abHab\u00eda querido motivarla, y hacer tambi\u00e9n historia de jurisprudencia papal sobre la materia del debate. As\u00ed parec\u00eda que un se hallaba en presencia de un juicio ya pronunciado por el Santo Oficio, el 17 de abril de 1704, en una sesi\u00f3n solemne de \u00abferia quinta\u00bb presidida por el Papa. Pues se sabe que existe una escuela en Roma que considera los juicios emitidos en esta sesi\u00f3n como revestidos de una autoridad particular. En este terreno est\u00e1bamos situados<\/p>\n<p>La bula mostraba tambi\u00e9n que en el juicio de 1704, como en el examen al que se acababa de dedicar nuevamente, el \u00fanico motivo de invalidez que se mantuvo hab\u00eda sido la insuficiencia del rito considerado en su relaci\u00f3n con la intenci\u00f3n de los que lo hab\u00edan fijado. Es decir que no se trataba tanto de la invalidez de la norma \u00abper se\u00bb, como de su invalidez en raz\u00f3n del modo como hab\u00eda sido fijada y de la intenci\u00f3n de los que hab\u00edan procedido a esta trabajo. Omisiones que, en otras circunstancias, hubieran sido veniales (que no afectaban a la forma misma del sacramente), aparec\u00edan a la luz de la historia como expresi\u00f3n de conceptos heterodoxos sobre la naturaleza del sacramento mismo,\u00a0 \u2013por ejemplo, la supresi\u00f3n de lo que se refer\u00eda al poder sacrificial del sacerdote. Para ciertos anglicanos la bula, en su apreciaci\u00f3n de los hechos, se basar\u00eda en el terreno hist\u00f3rico. Y una sentencia as\u00ed puede modificarse si nuestros conocimientos llegan a aumentarse o a precisarse. Esto es lo que creyeron. Al menos, llores Halifax y algunos anglicanos. En eso es donde cifraron sus esperanzas.<\/p>\n<p>Pero, seg\u00fan lo hab\u00eda previsto el Sr. Portal, la condenaci\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas deb\u00eda, al menos por un tiempo, detener el movimiento de uni\u00f3n. La decisi\u00f3n que se hab\u00eda interpuesto hac\u00eda imposible la continuaci\u00f3n de conversaciones amigas, y a fortiori la fijaci\u00f3n de las conferencias mixtas. Pronto la Revue Anglo-Romaine tuvo que dejar de salir (noviembre de 1896) : la necesidad a la que respond\u00eda no exist\u00eda ya. Era el fracaso.<\/p>\n<p>Sin embargo, no todo estaba perdido, y algo quedaba del movimiento surgido. Est\u00e1 fuera de duda que a finales de 1896 las dos iglesias se encontraban m\u00e1s aproximadas, sobre todo\u00a0 menos cerradas una a la otra, de lo que estaban tres a\u00f1os antes. Los hombres se hab\u00edan conocido, las teor\u00edas se hab\u00edan confrontado, ahondado: todo aquello no pod\u00eda desaparecer en un d\u00eda.<\/p>\n<p>Bajo el punto de vista puramente cient\u00edfico, los trabajos de historia, de teolog\u00eda, o de derecho can\u00f3nico, aparecidos en la revista, segu\u00edan siendo tambi\u00e9n\u00a0 base s\u00f3lida para los trabajadores del futuro.<\/p>\n<p>Pero tal vez lo m\u00e1s importante fue esta experiencia llev\u00f3 al Sr. Portal a extraer las ideas esenciales que hicieron de \u00e9l el ap\u00f3stol de la uni\u00f3n. Siendo el primero por as\u00ed decirlo en pisar este terreno dif\u00edcil, reconoci\u00f3 sus accidentes y sus peligros. Fracas\u00f3, es cierto, pero como el soldado que cae golpeado en la batalla en la que marchaba en vanguardia, y cuyo sacrificio es uno de los elementos m\u00e1s seguros del \u00e9xito final.<\/p>\n<p>Los que quieran en adelante trabajar en esta obra de la uni\u00f3n de las Iglesias no encontrar\u00edan mejor modo de prepararse que estudiando este momento de la vida del Sr. Portal. A \u00e9l mismo le cupo por otra parte el raro privilegio de poder, veinte a\u00f1os de silencio despu\u00e9s, aprovecharse de la experiencia que hab\u00eda adquirido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: Campa\u00f1a por la uni\u00f3n de las iglesias. 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