{"id":109594,"date":"2015-01-26T03:30:41","date_gmt":"2015-01-26T02:30:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=109594"},"modified":"2016-07-26T17:21:49","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:49","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 7, cap\u00edtulo 2"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo II: Las Damas de la Caridad<\/strong><\/h2>\n<h3>I. <em>Origen e instituci\u00f3n de las Damas de la Caridad.<\/em><\/h3>\n<p>A las siervas, a los ec\u00f3nomos de los pobres, es hac\u00eda falta un fondo para surtir a tantos gastos; si este fondo, las santas hermanas, tan pobres ellas mismas, no pod\u00edan ni formarlo ni mantenerlo, necesitaban por lo tanto proveedoras que, en sus propias riquezas o en sus opulentas relaciones, necesitaran los recursos necesarios para componer y alimentar sin cesar el tesoro de las buenas obras; especie de granjeras generales que recogen todos los tributos de la caridad y siempre prestas a emplearlos en el socorro de todos los miserables; en una palabra, las Hijas de la Caridad apelaban como complemento a <em>las Damas de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p>Fue el a\u00f1o 1634 el que vio nacer este nuevo establecimiento. Vicente regresaba de un viaje, emprendido por orden del obispo de Beauvais, para visitar a unas religiosas Ursulinas, cuando la Presidenta Goussault le vino a ver a San L\u00e1zaro y le propuso una obra cuya idea le preocupaba hac\u00eda tiempo. Rica y hermosa, viuda en la flor de su juventud, que vamos a ver jugar aqu\u00ed un papel tan grande, hab\u00eda rechazado los partidos m\u00e1s ventajosos, para entregarse m\u00e1s libremente al ejercicio de una eminente caridad. En adelante pondr\u00e1 su riqueza y su persona al servicio de los pobres; en medio del lujo y de las relaciones del mundo, vivir\u00e1 como una de las Hijas de la Caridad, de las que adoptar\u00e1 todas las pr\u00e1cticas compatibles con su condici\u00f3n, y morir\u00e1 lamentando no haber pertenecido enteramente a esta santa compa\u00f1\u00eda, y recomend\u00e1ndole la fidelidad a sus reglas, garant\u00eda segura de las bendiciones del cielo sobre ella<span id='easy-footnote-1-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-1-109594' title='Conf. a las Hijas de la Caridad del 22 de enero de 1645.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>. Qued\u00e1ndose en el mundo hizo mayor bien que comprometi\u00e9ndose con la Compa\u00f1\u00eda ya que, en lugar de ser una simple obrera, se va a convertir, de alguna forma, en ministro de Vicente de Pa\u00fal en el departamento de los asuntos exteriores de su caridad.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, un d\u00eda del a\u00f1o de 1634, la presidenta Goussault ven\u00eda a proponer al santo sacerdote una obra nueva. Entre los pobres que se complac\u00eda en visitar, estaban los enfermos del H\u00f4tel-Dieu de Par\u00eds; es porque elle entreve\u00eda all\u00ed la ocasi\u00f3n de un ejercicio de caridad admirable. Por ese gran establecimiento pasaban cada a\u00f1o una veinticinco mil personas, de toda edad, de todo sexo, de todo pa\u00eds, de toda religi\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 cosecha que recoger para Dios en ese vasto campo, si estuviera bien cultivado! Pero lo que faltaba que fuera as\u00ed a los ojos de la presidenta, quien se hab\u00eda convencido, en sus frecuentes visitas, de que a los pobres les faltaban muchos socorros tanto para el cuerpo como para el alma.<\/p>\n<p>Y no obstante, desde hac\u00eda algunos a\u00f1os , se hab\u00edan producido acertados cambio en el H\u00f4tel-Dieu, gracias a a Margarita Bouquet, llamada del Santo nombre de Jes\u00fas, la cual entrada al servicio de los pobres de este hospital hacia 1613, hab\u00eda fundado un noviciado, establecido el orden entre las religiosas y los pacientes; mejorado las camas y los alimentos de los enfermos, la preparaci\u00f3n de las medicinas, obtenido la reforma casi completa del reglamento. El H\u00f4tel-Dieu se convert\u00eda as\u00ed en la casa madre de una orden de religiosas que iban a extenderse de all\u00ed a todas las partes de Francia adonde llevar los buenos m\u00e9todos de asistencia a los enfermos. Convento al mismo tiempo que hospital, no contaba con menos de cien profesas y cincuenta novicias, bajo la regla de san Agust\u00edn. Estaba administrado temporalmente por una comisi\u00f3n laica, y gobernado en lo espiritual, por nombramiento y bajo la jurisdicci\u00f3n del cap\u00edtulo de Nuestra Se\u00f1ora, por veinticuatro eclesi\u00e1sticos, uno de los cuales, llevando el t\u00edtulo de <em>maestro, <\/em>ten\u00eda por funci\u00f3n mantener la buena disciplina en el servicio de sus subordinados. De estos, catorce estaban encargados de la administraci\u00f3n de los sacramentos y de las diversas funciones del ministerio, y los otros nueve calificados de Capellanes, de cantar el oficio canonical; dos de los primeros, llamados vicarios, uno Alem\u00e1n, los otros Irlandeses confesaban a los enfermos de sus pa\u00edses.<\/p>\n<p>Pesar de todo, en 1634, el servicio del H\u00f4tel- Dieu dejaba mucho que desear, tanto en lo espiritual como en lo temporal, ya que hay que decir que la organizaci\u00f3n descrita aqu\u00ed arriba no se cumpl\u00eda todav\u00eda, y que se deb\u00eda en su perfeccionamiento, precisamente, a la intervenci\u00f3n de las Damas de la caridad.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de escuchar el relato de la presidenta Goussault, Vicente, tan bien informado, de las necesidades de los pobres y de lo que faltaba en su servicio, no pudo por menos de reconocer la justeza de sus observaciones y la legitimidad de sus quejas. \u00abPero, le respondi\u00f3 \u00e9l, hay males de se deben sufrir, sobre todo si el remedio los iba a traer peores. Adem\u00e1s, no podr\u00eda convenirme meter la hoz en mies ajena. El H\u00f4tel-Dieu esta gobernado, en lo espiritual y en lo temporal, por directores y administradores a quienes tengo por muy competentes. Yo no tengo ni car\u00e1cter ni autoridad para impedir los abusos que se pueden encontrar all\u00ed como en otras partes. es de esperar que los encargados del gobierno de esta gran casa le apliquen los remedios necesarios.<\/p>\n<p>Por muy prudente que fuera este discurso, la presidenta estuvo lejos de quedar satisfecha. Por eso, renov\u00f3. multiplic\u00f3 sus insistencias, sin poder no obstante otra repuesta. Pero, a pesar de ser rechazada tantas veces, no se cans\u00f3 de volver a la carga con esta obstinaci\u00f3n que las mujeres emplean felizmente en el bien como en el mal. No hall\u00e1ndose con las fuerzas suficientes sola, busc\u00f3 refuerzos ante el arzobispo de Par\u00eds. el Prelado, despu\u00e9s de escuchar su relato vivo y apasionado, hizo saber a Vicente de Pa\u00fal que ver\u00eda con satisfacci\u00f3n acceder a las a las propuestas de la presidenta, y establecer una compa\u00f1\u00eda de Damas que se ocuparan en particular de los enfermos del H\u00f4tel-Dieu.<\/p>\n<p>Sobre la palabra de su obispo, el santo no dud\u00f3 m\u00e1s de la voluntad de Dios. Sin otra deliberaci\u00f3n ni retraso, invit\u00f3 entonces a algunas mujeres de condici\u00f3n y de piedad a acudir el d\u00eda se\u00f1alado a casa de la presidenta. Las damas de Ville-Savin, de Bailleul, del Mecq, de Sainctot y Pollalion fueron fieles a la cita. Casi todas estas damas pertenec\u00edan a la magistratura. Vicente, totalmente inclinado hacia la nueva obra, abri\u00f3 la asamblea con un discurso tan en\u00e9rgico, apoy\u00e1ndose en la necesidad, la importancia y la grandeza, que todas se comprometieron en la obra. les se\u00f1al\u00f3 una nueva asamblea para el lunes siguiente, y les encarg\u00f3 que invitaran a todas aquellas de sus amigas que creyeran dispuesta a entrar en el mismo plan. Por encima de todo les pidi\u00f3 que pusieran el asunto en las manos de Dios, y comulgaran con esta intenci\u00f3n. Reclam\u00f3 tambi\u00e9n las oraciones de la se\u00f1orita Le Gras, dici\u00e9ndole que la necesitar\u00eda el d\u00eda se\u00f1alado, y a cuatro de sus Hijas.<\/p>\n<p>La segunda asamblea fue m\u00e1s numerosa que la primera. Entre las nuevas asistentes, tan distinguidas por su virtud como por su rango, nombremos a Elizabeth d\u2019Aligre, cancillera de Francia; Anne Petau, viuda del se\u00f1or Regnauld, se\u00f1or de Traversay; Charlotte de Ligny, presidenta Vialard de Herse, se\u00f1orita Violle, hermana de un abogado en el parlamento llamado Defita, y entrada por matrimonio en la familia de la Fronda tan conocida, y Marie Fouquet, nacida Maupeou, madre del famoso superintendente de las finanzas. Fue Marie Fouquet, aquella mujer tan unida a Dios y a los pobres quien, al enterarse de la desgracia de su hijo, se content\u00f3 con exclamar: \u00abOs doy gracias, Dios m\u00edo, os hab\u00eda pedido siempre la salvaci\u00f3n de mi hijo; este es el camino.\u00bb Una vez lanzado ya el proyecto en la asamblea precedente, no quedaba m\u00e1s que organizarlo en \u00e9sta. Se procedi\u00f3 pues a la elecci\u00f3n de tres oficialas de la compa\u00f1\u00eda; de una superiora, de una asistenta y de una tesorera: la presidente Goussault fue elegida naturalmente la primera superiora, y Vicente establecido director perpetuo, la se\u00f1orita Pollalion nombrada tesorera. Al cabo de unos d\u00edas la Compa\u00f1\u00eda estaba manos a la obra y contaba ya con m\u00e1s de un centenar de Damas. En efecto, en una carta del 25 de julio de 1634 que Vicente escribi\u00f3 a du Coudray en Roma para encargarle de conseguir indulgencias a favor de las Cofrad\u00edas de la Caridad , se lee: \u00abHemos erigido un ramillete de cien o ciento veinte Damas de alta calidad quienes, cada d\u00eda, de cuatro en cuatro, visitan y socorren hasta ochocientos o novecientos enfermos pobres, con gelatina, consom\u00e9s y toda clase de dulces, aparte del alimento ordinario que la casa les proporciona, para disponer a esta pobre gente a hacer la confesi\u00f3n general de su vida pasada y a procurar que los que mueren salgan de este mundo en buen estado y que los que se curan hagan resoluci\u00f3n de no ofender m\u00e1s a Dios, lo que se consigue con una bendici\u00f3n especial.\u00bb<\/p>\n<p>Este n\u00famero se increment\u00f3, se dobl\u00f3 en pocos a\u00f1os, y se vio ingresar a mujeres de la primera nobleza, a princesas incluso: la condesa de San Pablo, la condesa de Soissons, a Mar\u00eda de Gonzaga, a la Se\u00f1ora Princesa<span id='easy-footnote-2-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-2-109594' title='\u00abUna vez v\u00ed a la se\u00f1ora Princesa, s\u00ed, a la se\u00f1ora Princesa, ir a veinticinco o treinta casas a visitar a los pobres, a consolarlos, a tratarlos, y a pie. Cuando regres\u00f3, estaba toda no s\u00e9 c\u00f3mo, sus vestidos todos embadurnados hasta las rodillas. Oh Se\u00f1or, oh Salvador, oh Salvador, as\u00ed es como estas buenas damas trabajan y sudan tras los pobres, as\u00ed es como lo hac\u00eda san Luis (Rep. de orac. del 25 de agosto de 1655).\u00bb'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>, que cre\u00edan realzarse ante Dios rebaj\u00e1ndose delante de los pobres. La corte quiso tambi\u00e9n tener su Compa\u00f1\u00eda de caridad, formada seg\u00fan el modelo de las Damas de la Asamblea, y para ordenar este piadoso designio, Vicente de Pa\u00fal redact\u00f3 este reglamento:<\/p>\n<p><em>Reglamento de las damas de la Caridad en la corte.<\/em><\/p>\n<p>\u00abLa Compa\u00f1\u00eda de las Damas de la Caridad ser\u00e1 instituida para honrar a la de Nuestro Se\u00f1or y a la de su santa Madre, y a las damas que le han seguido y administrado las cosas necesarias a su persona, a su Compa\u00f1\u00eda, y a veces a los grupos que le segu\u00edan, practicando y asistiendo a las compa\u00f1\u00edas de la Caridad del H\u00f4tel-Dieu, de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, de los forzados, de las ni\u00f1as de la se\u00f1orita Pollalion y del \u00c9tang, y de las pobres j\u00f3venes sirvientas de la Caridad de las parroquias, de las Hijas de la Madeleine, y en general de todas las buenas obras instituidas por mujeres en este siglo.<\/p>\n<p>\u00abEstar\u00e1 compuesta de la persona sagrada de la reina y de un peque\u00f1o n\u00famero limitado de las damas que le agrade elegir a este efecto, de tres en tres, las cuales ser\u00e1n deputadas sucesivamente de cada una de las compa\u00f1\u00edas, referir\u00e1n sus estados y necesidades a dicha compa\u00f1\u00eda para resolver las necesidades que hayan encontrado, por mayor\u00eda de votos que ser\u00e1n recogidos y resueltos por Su Majestad, y tendr\u00e1n estos departamento durante un a\u00f1o, al cabo del cual, cambiar\u00e1n a suertes, y la reina tendr\u00e1 la direcci\u00f3n perpetua de dicha compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u00abDichas Damas se entregar\u00e1n a adquirir la perfecci\u00f3n cristiana y de su condici\u00f3n, har\u00e1n oraci\u00f3n mental de media hora al menos y oir\u00e1n la santa misa, leer\u00e1n un cap\u00edtulo de la <em>Introducci\u00f3n a la vida devota, <\/em>o del <em>Amor de Dios, <\/em>har\u00e1n examen general cada d\u00eda, y se confesar\u00e1n y comulgar\u00e1n al menos cada ocho d\u00edas.<\/p>\n<p>\u00abSe reunir\u00e1n donde se\u00f1ale la reina todos los primeros viernes de mes, y hablar\u00e1n humilde y devotamente, durante media hora de las cosas que nuestro Se\u00f1or les haya concedido en la oraci\u00f3n por la ma\u00f1ana del d\u00eda de la asamblea sobre el tema que se les haya propuesto de las virtudes cristianas propias de su condici\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abInformar\u00e1 luego por orden las dificultades y necesidades que se haya encontrado cada una en la Compa\u00f1\u00eda, a la que se las haya destinado, y Su Majestad, una vez o\u00eddo y mandado opinar a dichas Damas sobre este asunto, recogidas las opiniones de cada una de ellas, mandar\u00e1 lo que ella encuentre lo mejor ante Dios, cosa que se escribir\u00e1 en un registro y se realizar\u00e1 por cada una de las Damas en su departamento, las cuales se reunir\u00e1n el primero de cada mes, de tres en tres para tratar de los mismos asuntos de las compa\u00f1\u00edas, que les hayan sido encomendadas, y resolverlos, y se contentar\u00e1n con llevar los principales a la asamblea que se tendr\u00e1 en presencia de la reina.<\/p>\n<p>\u00abEllas tendr\u00e1n por m\u00e1xima no tratar en ellas asuntos particulares ni generales, sobre todo de lo de Estado, ni servirse de esta ocasi\u00f3n para hacer sus propios asuntos, honrar\u00e1n a la reina y simpatizar\u00e1n con su servicio con afecto muy particular, y se querr\u00e1n unas a otras como hermanas de Nuestro Se\u00f1or que las ha unido con los de su amor, se prestar\u00e1n mutua ayuda y consolar\u00e1n en sus enfermedades y afectos, comulgar\u00e1n a la intenci\u00f3n de los enfermos y de aquellos que revelen y honren al fin el silencio de nuestro Se\u00f1or en todas las cosas que se refieran a la Compa\u00f1\u00eda, por que el pr\u00edncipe del mundo se burla de las cosas santas que se divulgan en el mundo.\u00bb<\/p>\n<p>Pero es a las Damas de su asamblea, como se las llam\u00f3 en adelante, a las Damas principalmente destinadas a la asistencia del los enfermos del H\u00f4tel-Dieu, a quienes Vicente dirigi\u00f3 su atenci\u00f3n particular, y a ellas tambi\u00e9n quiso darles reglas. Hacer el bien a la vista de todos para difundir su santo contagio; hac\u00e9rselo al alma de los enfermos m\u00e1s que al cuerpo; hac\u00e9rselo por \u00faltimo con tal que no pareciera un reproche a las personas que, encargadas de este cuidado por profesi\u00f3n, lo hab\u00edan podido omitir: tales fueron los principios; luego les dijo: Antes de vuestra visita, invocar\u00e9is la asistencia de Nuestro Se\u00f1or, que es el verdadero padre de los pobres, por medio de la sant\u00edsima Virgen y de san Luis, fundador de esta casa. Al entrar en el H\u00f4tel-Dieu, os presentar\u00e9is en primer lugar a las religiosas y les rogar\u00e9is que vean con buenos ojos, que para participar en sus m\u00e9ritos teng\u00e1is el consuelo de de servir a los enfermos con ellas. si por casualidad se encontrara a alguna que pareciera no miraros con buenos ojos, tendr\u00e9is mucho cuidado en no contradecirle y no saliros con la vuestra. Honrar\u00e9is a todas esas hermanas como a vuestras madres, como a las se\u00f1oras de la casa y a las esposas de Jesucristo. en cuanto a los pobres, les hablar\u00e9is con mucha dulzura y humildad; y, para no contristar a estos desdichados, a quienes el lujo de los ricos hace sentir mejor el peso de sus miserias, no os presentar\u00e9is a ellos sino con ropas sencillas y modestas; y, para hacer que escuchen vuestras piadosas exhortaciones, les procurar\u00e9is muchos cuidados que la casa no les ofrece. Finalmente, para no herir el orgullo del mundo y no exponeros a sus censuras, evitar\u00e9is no s\u00f3lo hacerse las sabias al instruir a los enfermos, sino tambi\u00e9n parecer hablar de vosotras mismas; tendr\u00e9is siempre a mano un librito que se imprimir\u00e1 a este fin, y que encerrar\u00e1 aquellas verdades cristianas cuyo conocimiento es m\u00e1s necesario.\u00bb<\/p>\n<h3>II. <em>Las Damas del H\u00f4tel-Dieu.<\/em><\/h3>\n<p>As\u00ed hicieron las Damas de la Caridad. Por sus modales sencillos y respetuosos, se ganaron muy pronto el coraz\u00f3n de las religiosas del H\u00f4tel-Dieu. Tuvieron toda la libertad de recorrer las salas y las camas, para consolar a los pobres, habl\u00e1ndoles de Dios, ayudarles a sacar provecho de sus enfermedades y disponerlos a una muerte cristiana. Hasta entonces hab\u00eda sido la costumbre de obligar a los enfermos, desde su entrada en el H\u00f4tel-Dieu, hacer su confesi\u00f3n y comulgar. \u00bfQu\u00e9 pod\u00edan ser unos sacramentos recibidos as\u00ed a toda prisa, sin preparaci\u00f3n ni instrucci\u00f3n? Casi siempre sacrilegios; tanto m\u00e1s que los protestantes mismos, por miedo a no ser admitidos o a ser tratados peor, se confesaban y comulgaban como todos los dem\u00e1s; y sin embargo esta confesi\u00f3n hecha, se dejaba a los enfermos en paz hasta la hora de la muerte, es decir hasta la hora en que eran menos capaces todav\u00eda de reparar los des\u00f3rdenes de su vida.<\/p>\n<p>Las Damas comenzaron por obtener la supresi\u00f3n de estos abusos. Ante todo, se dedicaron a instruir a los enfermos, a prepararles el examen de su conciencia, a inspirarles sentimientos de dolor y resoluciones santas; todo ello con la sencillez que les hab\u00eda sido recomendada, confundiendo su suerte con la de estos desdichados, y dando la impresi\u00f3n no de prescribir sino de contar lo que les hab\u00edan dicho a ellas mismas. \u00abMi buena hermana, dec\u00edan a una pobre enferma, \u00bfhace mucho que no os hab\u00e9is confesado?. \u00bfNo tendr\u00eda la devoci\u00f3n de hacer una confesi\u00f3n general, si le decimos c\u00f3mo se hace? me han dicho a m\u00ed que era importante para la salvaci\u00f3n hacer una buena antes de morir, tanto para reparar las faltas de las confesiones ordinarias que yo he hecho quiz\u00e1s, como para lograr un mayos dolor de mis pecados, recordando los m\u00e1s graves que he cometido en toda mi vida, y la gran misericordia con la que Dios me ha soportado, no conden\u00e1ndome ni envi\u00e1ndome al fuego del infierno cuando lo he merecido, sino esper\u00e1ndome a hacer penitencia para perdon\u00e1rmelos y para darme al fin el para\u00edso, si yo me confesara a \u00e9l de todo coraz\u00f3n, como tengo un buen deseo de hacer con el auxilio de su gracia. Pues, vos pod\u00e9is tener las mismas razones que yo para hacer esta confesi\u00f3n general, y de entregaros a Dios para vivir bien en lo sucesivo. Y si quer\u00e9is saber lo que ten\u00e9is que hacer para recordar vuestros pecados, y luego para confesaros bien, me ense\u00f1aron a mi misma a examinarme como os lo voy a decir, etc. .Tambi\u00e9n me ense\u00f1aron c\u00f3mo hab\u00eda que formar en mi coraz\u00f3n una verdadera contrici\u00f3n de mis pecados y a hacer actos as\u00ed, etc. , como tambi\u00e9n actos de fe, de esperanza y de amor de Dios\u2026\u00bb<\/p>\n<p>Tal fue el m\u00e9todo que Vicente sugiri\u00f3 a las Damas y que practicaron con edificaci\u00f3n y frutos maravillosos. Una vez instruidos lo suficiente los enfermos y preparados, ellas acud\u00edan a los confesores, se dirigieron primero a religiosos de San Victor, pero habiendo surgido alguna dificultad entre ellos y los can\u00f3nigos de Nuestra Se\u00f1ora, superiores de la casa, ellas recurrieron, con la aprobaci\u00f3n del cap\u00edtulo, a dos sacerdotes seculares, uno de los cuales que sab\u00eda muchas lenguas se puso al servicio de los extranjeros. Estos dos sacerdotes pronto fueron insuficientes para la tarea. Entraban en el H\u00f4tel-Dieu cincuenta, sesenta y hasta cien enfermos al d\u00eda; su poblaci\u00f3n habitual de mil o mil doscientos, alcanz\u00f3 y sobrepas\u00f3 los dos mil. \u00bfQu\u00e9 era esto para dos sacerdotes, aunque secundados por las Damas, para una misi\u00f3n tan vasta? Tanto m\u00e1s por no poder las Damas encargarse convenientemente de la instrucci\u00f3n de los hombres m\u00e1s ignorantes todav\u00eda y m\u00e1s alejados de Dios que las mujeres. Ellas convinieron pues con la superiora en colocar a seis sacerdotes en el H\u00f4tel-Dieu, para instruir a los hombres y administrar los sacramentos a todos los enfermos. Notemos que esto no era m\u00e1s que un suplemento para los sacerdotes habituados del hospital. Pero, como ya se ha dicho, hall\u00e1ndose \u00e9stos ligados al coro para el servicio divino, era necesario que sacerdotes, descargados de toda otra obligaci\u00f3n, se emplearan exclusivamente del cuidado espiritual de los enfermos. Tales fueron los seis sacerdotes a\u00f1adidos procurados por las Damas de la Caridad. \u00c9stas les daban a cada uno cuarenta escudos al a\u00f1o; el cap\u00edtulo les aseguraba sus misas en Nuestra Se\u00f1ora y el administrador les proporcionaba alojamiento y alimentaci\u00f3n en el H\u00f4tel-Dieu; todos los interesados contribu\u00edan as\u00ed a su honroso mantenimiento. Vicente hab\u00eda tomado para s\u00ed la preparaci\u00f3n en sus funciones santas y su mantenimiento espiritual. Antes de entrar en el H\u00f4tel-Dieu deb\u00edan hacer un retiro en San L\u00e1zaro, y volver cada a\u00f1o a esta fuente de la caridad.<\/p>\n<p>Entre tanto las Damas continuaban all\u00ed sus visitas y su sus cuidados. Un ejemplo tan hermoso impresion\u00f3 y arrastr\u00f3 a los hombres, que quisieron entregar el mismo oficio a los de su sexo. Leemos, en efecto, en una carta de san Vicente, del 20 de setiembre de 1650:<\/p>\n<p>\u00abCu\u00e1ntas personas de gran condici\u00f3n piensan ustedes que hay en Par\u00eds de uno y otro sexo, que visitan, instruyen y exhortan a los enfermos del H\u00f4tel-Dieu a diario, llevados por una devoci\u00f3n admirable, incluso con perseverancia? La verdad es que a quienes no lo han visto les cuesta creerlo, y los que lo ven se sienten edificados; ya que, en efecto, esa vida es la vida de los santos y de los grandes santos, que sirven a Nuestro Se\u00f1or en sus miembros y de la mejor manera que es posible.\u00bb<\/p>\n<p>Para cuidar de las Damas, cuya conservaci\u00f3n era tan necesaria a los pobres, Vicente, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n de su Compa\u00f1\u00eda, traz\u00f3 un nuevo reglamento que las aliviaba mucho sin perjuicio de los enfermos. Hasta entonces, las mismas Damas se hab\u00edan encargado del servicio de los pobres, de su instrucci\u00f3n y de su preparaci\u00f3n a la muerte; quiso dividir estos empleos, para que no se da\u00f1aran uno a otro, y se distribuyeran seg\u00fan las aptitudes. En consecuencia, \u00e9l las reuni\u00f3 en asamblea general, y en ella se decidi\u00f3 que se repartir\u00edan en dos clases; a unas el servicio, a otras la instrucci\u00f3n; cada tres meses, catorce ser\u00edan nombradas para esta doble funci\u00f3n; dos de \u00e9stas ir\u00edan cada d\u00eda de la semana al H\u00f4tel-Dieu, despu\u00e9s de recibir la bendici\u00f3n del can\u00f3nigo de Nuestra Se\u00f1ora que fuera en ese momento superior; en las cuatro t\u00e9mporas del a\u00f1o, se proceder\u00eda a una nueva elecci\u00f3n; las Damas que salieran del cargo informar\u00edan a la asamblea de forma sencillo y fiel sobre el m\u00e9todo y \u00e9xito de su trabajos, para servir de regla y de entusiasmo a las que deber\u00edan sucederlas..<\/p>\n<p>Esto con relaci\u00f3n al servicio espiritual de los enfermos; en cuanto al servicio corporal, hab\u00eda que ser tan delicados y tan atentos, como introducci\u00f3n y pasaporte del primero. Entre la comida y la cena, e incluso antes de la primera de estas comidas, o no se les daba nada a los enfermos, o no se les serv\u00edan m\u00e1s que alimentos poco proporcionados a su estado de desgana y languidez. La presidenta Gousault lo hab\u00eda observado con dolor, puesto que las comodidades de la fortuna le hac\u00edan sensibles por el contraste, lejos de hac\u00e9rselos olvidar, las privaciones de los pobres. A ella le habr\u00eda gustado establecer entre ella y ellos, en el tiempo de las enfermedades, la santa igualdad cristiana.<\/p>\n<p>En la segunda asamblea, ella dio, sobre este asunto, su informe a sus compa\u00f1eras y, vivamente apoyada por Vicente de Pa\u00fal, les comunic\u00f3 sus tiernos planes. As\u00ed pues se determin\u00f3, en el acto, que se alquilar\u00eda una casa cerca del H\u00f4tel-Dieu, y que se estableciera all\u00ed a Hijas de la Caridad para preparar el desayuno y la colaci\u00f3n de un millar de enfermos. Durante el verano, deb\u00edan ser, por la ma\u00f1ana, caldos de leche; por la tarde, pan blanco, bizcochos, confituras, gelatina, frutos de la estaci\u00f3n; en invierno, limones, fruta cocida, asados de az\u00facar; el todo, seg\u00fan la enfermedad de cada uno o su grado de convalecencia. Las Hijas de la Caridad compraban la materia prima, y las Damas ten\u00edan el honor de ayudarlas ya en la confecci\u00f3n ya en la distribuci\u00f3n de estos dulces.<\/p>\n<p>Se dirig\u00edan al H\u00f4tel-Dieu a la una de la tarde de ordinario y se quedaban hasta las cuatro. Despu\u00e9s de una visita al Sant\u00edsimo Sacramento, pasaban a una habitaci\u00f3n donde las religiosas las ce\u00f1\u00edan con un delantal blanco. Cada una tomaba entonces las armas de la caridad, \u00e9sta una bandeja de frutas, aqu\u00e9lla un plato de helado, otra confituras; y, con tenedor y cuchara en la mano, se repart\u00edan las salas, acompa\u00f1adas de Hijas de la Caridad, pasaban de una cama a otra presentaban a cada enfermo lo que deseaba. Si alguno estaba tan d\u00e9bil que no pudiera tomar el alimento por s\u00ed mismo, ellas se lo pon\u00edan en la boca despu\u00e9s de haber hecho una bendici\u00f3n. As\u00ed estas mujeres de la primera nobleza serv\u00edan a los pobres con la ternura de una madre para con su hijo, o mejor con la religi\u00f3n de las santas mujeres con Nuestro Se\u00f1or mismo. Acabada la distribuci\u00f3n, iban a dejar los delantales, traje y librea de la caridad, y regresando ante el Sant\u00edsimo Sacramento, daban gracias a Dios por el honor y la gracia que les hab\u00eda concedido de dejarse servir por ellas en la persona de los pobres, y le ped\u00edan por su salud y su salvaci\u00f3n. Vicente de Pa\u00fal estaba ausente de Par\u00eds cuando comenz\u00f3 este servicio. Cuando se enter\u00f3 de ello, escribi\u00f3 a la se\u00f1orita Le Gras: \u00abDios os bendiga, Se\u00f1orita, por haber ido a colocar a vuestras hijas en el trabajo en el H\u00f4tel-Dieu, y estar en todo lo que pas\u00f3 despu\u00e9s. Cuidaos; ya veis c\u00f3mo necesitamos vuestra peque\u00f1ez, y qu\u00e9 ser\u00eda de vuestra obra sin vos. Doy gracias adem\u00e1s a Nuestro Se\u00f1or por las que ha concedido a vuestras hijas por ser tan buenas y generosas. Parece que su bondad suple en lo que dec\u00eds que las fall\u00e1is.\u00bb<span id='easy-footnote-3-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-3-109594' title='Carta escrita de Fresneville, el 30 de diciembre de 1639.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> Consejo necesario ya que la se\u00f1orita Le Gras, que hab\u00eda secundado con ardor a las Damas en los comienzos de su piadosa empresa, se entreg\u00f3 a ella con exceso despu\u00e9s del establecimiento de sus hijas en el H\u00f4tel-Dieu. Vicente tuvo que escribirle: \u00abEstar siempre en el H\u00f4tel-Dieu no es conveniente; pero ir y venir, m\u00e1s acertado. No tem\u00e1is emprender demasiado, haciendo el bien que se os presenta; sino temed al deseo de hacer m\u00e1s de lo que hac\u00e9is, y a que Dios no os conceda el medio de obrar. El pensamiento de ir m\u00e1s lejos me hace temblar de miedo, porque me parece un crimen a los hijos de la Providencia. Agradezco a Nuestro Se\u00f1or por la gracia que ha concedido a vuestras hijas de ser tan generosas y tan bien dispuestas a prestarle servicio. Existen motivo de creer que su bondad, como vos dec\u00eds, se digna suplir lo que les pueda faltar por vuestra parte, hall\u00e1ndoos necesitada de entregaros con frecuencia a otras cosas que las que tocan a su direcci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>La se\u00f1orita Le Gras no se content\u00f3 con prestar a las Damas su persona y sus hijas; sino que, por una ingeniosa combinaci\u00f3n, ella les ayud\u00f3 a sostener el gasto enorme de las distribuciones del H\u00f4tel-Dieu. Ella ense\u00f1\u00f3 a sus hijas a hacer el helado, las confituras y, una vez que lo supieron, les hizo preparar, aparte de la cantidad necesaria al hospital, , provisiones considerables que se vend\u00edan en Par\u00eds a beneficio de los pobres. Santo comercio que Dios bendice y aumenta la caja de la caridad!<\/p>\n<p>Decir cu\u00e1nto en cant\u00f3 al pueblo y a la nobleza el espect\u00e1culo de mujeres de esta condici\u00f3n que asisten a los pobres con una humildad de criadas y con una ternura y una gracia de la que \u00e9stas habr\u00edan sido incapaces; lo que produjo en limosnas, en proselitismo, en conversiones, ser\u00eda algo imposible. S\u00f3lo Dios sabe el n\u00famero de enfermos que, tocados primero de agradecimiento por los servicios prestados en su enfermedad, fueron llevados luego a la religi\u00f3n que les hab\u00eda inspirado, y pasaron a una vida o a una muerte cristiana. Que no se juzgue por el solo n\u00famero de las conversiones o de los regresos a la verdadera religi\u00f3n. En un solo a\u00f1o, que fue el primero de la obra, hubo m\u00e1s de setecientas sesenta abjuraciones, tanto de Turcos heridos y capturados en el mar, como de luteranos y de calvinistas. La caridad de las Damas, las bendiciones con las que Dios las recompensaba, elevaron el H\u00f4tel-Dieu a una estima tal, que los ricos burgueses ped\u00edan se admitidos en sus enfermedades, pagando con amplitud sus gastos, con la \u00fanica condici\u00f3n de ser tratados como los pobres.<\/p>\n<h3>III. <em>Otras obras de las Damas.<\/em><\/h3>\n<p>Esta obra tambi\u00e9n sobrevivi\u00f3 a san Vicente de Pa\u00fal. Despu\u00e9s de la presidenta Goussault, la Compa\u00f1\u00eda tuvo sucesivamente por superioras a las Sras. de Soucari\u00e8re, de Lamoignon y de Aiguillon. La Sra. de Lamoignon, nacida Mar\u00eda de Landes, se hab\u00eda puesto bajo la direcci\u00f3n de san Francisco de Sales en los viajes que \u00e9l hizo a Par\u00eds. Despu\u00e9s de \u00e9l, se puso bajo la direcci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal y tom\u00f3 parte en todas sus obras caritativas. Cuando el pueblo ve\u00eda al santo sacerdote dirigirse hacia el hotel de la presidenta: \u00abMirad al padre de los pobres, dec\u00edan, que va a casa de la madre de los pobres.\u00bb<span id='easy-footnote-4-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-4-109594' title='Summ., p. 152.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> La Sra. de Lamoignon form\u00f3 una asociaci\u00f3n que ten\u00eda por fon la liberaci\u00f3n de los prisioneros por deudas y la asistencia general a todos los prisioneros. La sociedad cont\u00f3 pronto no s\u00f3lo con mujeres y eclesi\u00e1sticos, sino con se\u00f1ores y con magistrados. Tuvo como primer superior a de Morangis, maestro de pleitos, y por primeros asociados a los marqueses de Laval y de Uri\u00e9, al vizconde de Argenson, a los se\u00f1ores de Lavau, de Ornano, Talin, del Balloy. Todos visitaban las prisiones, se informaban de las necesidades de los prisioneros y liberaban a los que merec\u00edan m\u00e1s inter\u00e9s. El rey contribu\u00eda a ello todos los a\u00f1os con una suma considerable, y el arzobispo de Par\u00edas pagaba el rescate del prisionero que le presentaban la asociaci\u00f3n el domingo de Ramos. La obra sobrevivi\u00f3 a la piadosa fundadora: ella exist\u00eda a\u00fan en el momento de la Revoluci\u00f3n y, reci\u00e9n restablecida, contin\u00faa sus cuidados con los pobres prisioneros.<\/p>\n<p>As\u00ed es como el ejemplo de Vicente manten\u00eda as obras caritativas. Ya que, en su escuela hab\u00eda bebido la presidenta su amor ardiente de los pobres. m\u00e1s de una vez se celebr\u00f3 en su casa la asamblea de las Damas, y fue siempre una de las mejores operarias de la caridad del santo sacerdote. por eso, cuando \u00e9l se enter\u00f3 de su muerte, ocurrida el 31 de diciembre de 1651. se subi\u00f3 al coche para ir a verla en su lecho f\u00fanebre. Y en el trayecto, no cesaba de deplorar, ante el hermano Ducourneau que le acompa\u00f1aba la perdida que acababan de sufrir la Iglesia y los pobres<span id='easy-footnote-5-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-5-109594' title='Cahiers mss. del H. Ducourneau'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Es verdad que fue reemplazada por su hija, Magdalena de Lamoignon, hermana del ilustre presidente de este nombre. La Se\u00f1orita de Lamoignon, fuera de las lecciones y el ejemplo de su madre,, tuvo tambi\u00e9n entre sus directores a Francisco de Sales y a Vicente de Pa\u00fal. Ella se vio naturalmente formando parte de la compa\u00f1\u00eda de las Damas que se reun\u00eda en su casa, y se convirti\u00f3 en una de las m\u00e1s activas y de las m\u00e1s ingeniosas. Ten\u00eda en casa todo un bazar al servicio o en favor de los pobres. A los que no pod\u00eda y socorrer en persona, llegaba con sus limosnas en todas las provincias de Francia, y hasta en Polonia, en Berber\u00eda y en Canad\u00e1. Con ocasi\u00f3n de la fundaci\u00f3n del Hospital General se fue a ver a la Se\u00f1ora de Bullion, su pariente, viuda del superintendente de las finanzas, y recibi\u00f3 de ella en diferentes ocasiones hasta 80 000 escudos que contribuyeron en gran parte al \u00e9xito de la empresa. En los tiempos de escasez y de miseria, llamaba a todas las puertas. Entones, pero s\u00f3lo entonces, recib\u00eda la corte la visita interesada de su caridad. Escrib\u00eda en Languedoc al pr\u00edncipe y a la princesa de Conti, y al ver su cofrecito vac\u00edo, la piadosa Ana Mar\u00eda Martinozzi le enviaba para los pobres, recomend\u00e1ndole silencio, una joya de 50 000 escudos, que compraba Luis XIV: -objeto tan precioso que s\u00f3lo pod\u00eda comprar entonces un rey- respetando su secreto. Por lo dem\u00e1s, cuatro veces al a\u00f1o Luis XIV le enviaba dinero y no quer\u00eda nunca que le diera cuenta. Le escrib\u00eda sobre sus campa\u00f1as \u00fanicamente para encomendarse a sus oraciones. Mujer admirable que volveremos a ver m\u00e1s de una vez en esta historia. Cuando muri\u00f3, el 14 de abril de 1687, se calcul\u00f3 que hab\u00eda distribuido m\u00e1s de 500 000 libras en limosnas.<\/p>\n<p>Tales eran los alumnos de Vicente de Pa\u00fal y los ministros de su caridad. S\u00ed, las alumnas, porque hab\u00edan sido evidentemente formadas en la escuela de sus asambleas. \u00c9l las reun\u00eda con frecuencia y las compromet\u00eda a no faltar nunca a la cita, haci\u00e9ndoles comprender su ventaja. \u00abNuestro Se\u00f1or, les dec\u00eda, se complace en estas asambleas, puesto que ha prometido a los cristianos reunidos en su nombre hallarse en medio de ellos y escuchar su oraci\u00f3n com\u00fan. En las asambleas se instruye uno de lo que se va a hacer; se animan unas a otras; se enardecen mutuamente; se reconocen las faltas y se les busca remedio: se ven los adelantos y duraci\u00f3n de la obra; se entra en conocimiento m\u00e1s \u00edntimo con sus compa\u00f1eras y se crean lazos m\u00e1s estrechos de caridad mutua; se recibe el consuelo de saber los bienes que se han hecho en la Compa\u00f1\u00eda. \u00bfNo sentir\u00e9is consuelo, Se\u00f1oras, cuando me escuch\u00e9is decir lo que vosotras sab\u00e9is quiz\u00e1 mejor que yo: que las religiosas parecen muy satisfechas con la Compa\u00f1\u00eda y que se apegan m\u00e1s y m\u00e1s a su vocaci\u00f3n; que muchos centenares de pobres enfermos han hecho su confesi\u00f3n general; que se han convertido muchos hugonotes; que muchas j\u00f3venes se han apartado del pecado, y muchas confirmadas en la pureza: en una palabra, que todo anda mejor en el H\u00f4tel-Dieu? Acudamos pues, Se\u00f1oras, a las reuniones sobre todo en estas primeras etapas. As\u00ed lo hizo Nuestro Se\u00f1or en la instituci\u00f3n de la Iglesia: enviaba a sus disc\u00edpulos de dos en dos al campo, despu\u00e9s los llamaba y reun\u00eda en el monte y conversaba con ellos de todo lo que se hab\u00eda hecho y de lo que quedaba por hacer; y luego los volv\u00eda a enviar con nuevas \u00f3rdenes. Los ap\u00f3stoles hicieron otro tanto, y la iglesia sigue haci\u00e9ndolo por los concilios universales, por los provinciales y por los sinodales.\u00bb<\/p>\n<p>Los discursos del santo sacerdote inflamaban a su piadoso auditorio. Un d\u00eda, la presidenta de Lamoignon, dirigi\u00e9ndose a la duquesa de Mantone: \u00abPues bien, Se\u00f1ora, le dijo, \u00bfno podemos nosotras decir, a imitaci\u00f3n de los disc\u00edpulos de Ema\u00fas, que nuestros corazones sent\u00edan el amor de Dios, mientras nos hablaba el Sr. Vicente? En cuanto a m\u00ed, aunque soy muy poco sensible a todas las cosas que se refieren a Dios, os confieso no obstante que tengo el coraz\u00f3n embalsamado de lo que este santo hombrea acaba de decir \u2013No hay de qu\u00e9 extra\u00f1arse, respondi\u00f3 Mar\u00eda de Gonzaga: es el \u00e1ngel del Se\u00f1or el que lleva a sus labios los carbones encendidos del amor divino que arde en su coraz\u00f3n. \u2013Eso es muy verdad, a\u00f1adi\u00f3 una tercera, y s\u00f3lo ser\u00e1 cosa nuestra participar de los ardores de este mismo amor.\u00bb<\/p>\n<p>A veces sin embargo, por humildad, se callaba en la asamblea de las Damas, como en las conferencias eclesi\u00e1sticas, o dejaba el consejo que hab\u00eda abierto para seguir el sentimiento de las que opinaban despu\u00e9s de \u00e9l. una de ellas se dio cuenta y le hico un dulce reproche. \u00bfPor qu\u00e9, le dijo ella, no seguir m\u00e1s bien vuestros consejos, que son siempre los mejores? \u2013Que Dios no quiera, Se\u00f1ora, respondi\u00f3 \u00e9l, que mis pobres pensamientos prevalezcan sobre los de las dem\u00e1s; estoy muy contento porque Dios haga sus asuntos sin m\u00ed, , que no soy m\u00e1s que un miserable.\u00bb<\/p>\n<p>Todav\u00eda disponemos de los bosquejos de charlas dirigidas por Vicente a las Damas de la Caridad y, por algunos rasgos inacabados e informales, se puede juzgar sin embargo de la impresi\u00f3n que deb\u00eda causar en ellas, cuando les hablaba de la excelencia de su obra, en las que se trataba de dar la vida espiritual y corporal a los ni\u00f1os abandonados de sus propios padre y madre; -de ayudar a reconciliar con Nuestro Se\u00f1or la escoria y la malicia del reino a los pobres forzados; -de ayudar a los pobres enfermos a vivir bien o a morir bien; -y, de esta manera, de honrar la infancia de nuestro Se\u00f1or en la de esas peque\u00f1as criaturas, su vida penitente en la de los forzados y su muerte bienaventurada preparando a bien morir a los pobres enfermos del H\u00f4tel-Dieu;\u00bb cuando les descubr\u00eda sus excelencias: \u00abel gozo, -lo honrado, -lo \u00fatil; el gozo: <em>Jucundus homo qui miseretur et commodat; &#8211;<\/em>lo honroso: <em>Et adorabunt eum omnes gentes, quia liberavit pauperem a potente, et pupillum cui non erat adjutor; &#8211;<\/em>lo \u00fatil: <em>Qui misertur pauperis nunquam indigebit\u00bb <\/em> \/Dichoso el hombre que se compadece y da limosna \u2013 Y le adorar\u00e1n todas las gentes, porque liber\u00f3 al pobre del poderoso, y al ni\u00f1o que no ten\u00eda ayudante \u2013 Quien se compadece del pobre nunca se ver\u00e1 necesitado\/<em>:<\/em> cuando por \u00faltimo les explicaba su naturaleza, y les se\u00f1alaba los medios, siguiendo el ritmo constante de su <em>peque\u00f1o<\/em> <em>m\u00e9todo.<\/em><\/p>\n<p>El m\u00e1s completo de los discursos que se nos hayan conservado es del 11 de julio de 1657. Ese d\u00eda la asamblea se celebraba en casa de la Se\u00f1ora de Aiguillon, entonces presidenta de la Compa\u00f1\u00eda. Vicente pronunci\u00f3 una especie de discurso-reportaje, recogido inmediatamente por el misionero su compa\u00f1ero y cuyo triple acento era la elecci\u00f3n de propuesta de nuevas oficialas, el informe de las obras de la Compa\u00f1\u00eda, y la exhortaci\u00f3n a continuarlas. Entre estas obras puso a la cabeza la del H\u00f4tel-Dieu, cuna, fundamento y origen de todas las dem\u00e1s. en el a\u00f1o que acababa de transcurrir, los gastos hab\u00edan subido a 5 000 y las entradas a 3 500 libras solamente; d\u00e9ficit de 1 500 libras, que Vicente atribu\u00eda a la muerte de varias Damas de la Compa\u00f1\u00eda, que no hab\u00edan sido reemplazadas. \u00abHan fallecido ocho en un a\u00f1o, dijo. Y, a prop\u00f3sito de estas Damas difuntas, oh Salvador, qui\u00e9n se lo iba a decir, la \u00faltima vez que se reunieron, que Dios las llamar\u00eda antes de la pr\u00f3xima asamblea, qu\u00e9 reflexiones no se habr\u00edan hecho sobre la brevedad de esta vida y sobre la importancia de pasarla bien. en cu\u00e1nto habr\u00edan estimado la pr\u00e1ctica de las buenas obras, y qu\u00e9 resoluciones no habr\u00edan tomado para entregarse m\u00e1s que nunca al amor de Dios y del pr\u00f3jimo con m\u00e1s fervor y m\u00e1s frutos. Entregu\u00e9monos a Dios a fin de entrar en estos sentimientos. Ellas gozan ahora de la gloria, como hay motivos de esperar. Ellas experimentan qu\u00e9 bueno es servir a Dios y asistir a los pobres; y en el juicio escuchar\u00e1n estas agradables palabras del Hijo de Dios: \u00abVenid, benditos de mi padre, a poseer el reino que se os ha preparado; porque teniendo hambre, me hab\u00e9is dado de comer: estando desnudo, me hab\u00e9is vestido; estando enfermo, me hab\u00e9is visitado y socorrido.\u00bb Hermosa pr\u00e1ctica, Se\u00f1oras, la de ofreceros a Dios, y yo con vosotras, para hacernos dignos, mientras disponemos de la ocasi\u00f3n, de ser un d\u00eda de ese n\u00famero bienaventurado y proponernos el bien que desear\u00edamos hacer, si estuvi\u00e9ramos persuadidos de que ser\u00e1 tal vez aqu\u00ed la \u00faltima asamblea en la que nos encontremos. \u00a1Han sido ocho en un a\u00f1o! Quitadle otras tantas para cada uno de los a\u00f1os transcurridos, hallar\u00e9is el n\u00famero de la Compa\u00f1\u00eda muy disminuido. Iba en un principio de doscientas a trescientas, y hoy en d\u00eda se ha reducido a ciento cincuenta. Encomiendo a vuestras oraciones a estas queridas difuntas.\u00bb<\/p>\n<p>Y volviendo a la obra del H\u00f4tel-Dieu: \u00abOh, Se\u00f1oras, c\u00f3mo deb\u00e9is dar gracias a Dios por la atenci\u00f3n que os ha hecho prestar a las necesidades corporales de estos pobres enfermos, porque la asistencia de su cuerpo ha producido este efecto de la gracia, de haceros pensar en su salvaci\u00f3n en un tiempo tan oportuno, pues la mayor parte no tienen otro para preparase a la muerte; y los que se recuperan no pensar\u00edan apenas de cambiar de vida sin las buenas disposiciones en las que se trata de ponerlos.\u00bb<\/p>\n<p>Veamos ya los motivos para continuar, aumentar incluso las obras de la Compa\u00f1\u00eda. Otro motivo es que se trata de la obra de Dios y no de los hombres: \u00abLos hombres no podr\u00edan alcanzarlo; Dios se ha ocupado de ello. Toda buena acci\u00f3n viene de Dios; \u00e9l es el autor de todas las obras santas; hay que atribu\u00edrselas al Dios de las virtudes y al Padre de las misericordias. Ya que, \u00bfa qui\u00e9n se debe la luz de las estrellas, sino al sol que es su origen? Y \u00bfa qui\u00e9n hay que atribuir el plan de la Compa\u00f1\u00eda, m\u00e1s que al Padre de las misericordias y al dios de todo consuelo, quien os ha escogido como personas de consuelo y de misericordia? Jam\u00e1s llama Dios a nadie para un empleo, amenos que vea en ella las cualidades propias para desempe\u00f1arlo, o que no tenga el proyecto de d\u00e1rselas. \u00c9l es pues quien, por su gracia os ha llamado y reunido; ha sido preciso que su acci\u00f3n os haya llevado a esta clase de bienes; no es vuestra propia voluntad la que os las ha hecho abrazar, sino la bondad que \u00e9l ha puesto en vosotras. Eso bien merece la pena que suscitemos el esp\u00edritu de caridad entre nosotros. Bueno, si es Dios quien me ha hecho el honor de llamarme, pues bien estar\u00e1 que escuche su voz ; si es Dios quien me ha destinado a estos ejercicios de caridad, bien estar\u00e1 que me dedique a ellos. No ha querido, Se\u00f1oras, que vuestros ojos hayan visto a su Salvador, como los de san Sime\u00f3n; sino que \u00e9l quiere que oig\u00e1is su voz para ir adonde \u00e9l os llame, sino ciegamente, como San Pablo, al menos con alegr\u00eda y ternura; ya que o\u00edrle y no responderle ser\u00eda haceros indignas de la gracia de vuestra vocaci\u00f3n. He visto nacer la obra, he visto que Dios la ha bendecido; la he visto comenzar por una sencilla raci\u00f3n que se llevaba a los enfermos, y ahora veo las consecuencias, y consecuencias tan provechosas para su gloria y para el bien de los pobres: ah, preciso es que yo responda. Qu\u00e9 dureza de coraz\u00f3n, si hubiera alguna que despreciara la ocasi\u00f3n de tan grandes bienes como \u00e9sos!\u00bb<\/p>\n<p>Nuevo motivo de fervor: el miedo a ver todo esto quedar en nada. \u00abSer\u00eda sin duda una gran desgracia, Se\u00f1oras, y tanto mayor cuanto m\u00e1s rara y extraordinaria es la gracia que Dios os ha dado de emplearos en esto. Hace ochocientos a\u00f1os m\u00e1s o menos que las mujeres no han tenido empleo p\u00fablico en la Iglesia. Exist\u00edan antes las que se que se llamaban diaconisas, que se cuidaban de que las mujeres se colocaran en las iglesias y se instruyeran en las ceremonias que estaban por entonces en uso. Pero en la \u00e9poca de Carlomagno, por una disposici\u00f3n secreta de la divina Providencia, ces\u00f3 esta costumbre, y vuestro sexo se vio privado de todo empleo, sin que desde entonces haya habido otro. Y ahora vemos que esta misma Providencia se dirige hoy a algunas de entre vosotras para suplir lo que faltaba a los pobres enfermos del H\u00f4tel-Dieu. Ellas responden a sus designios; y, bien pronto, asoci\u00e1ndose otras a las primeras, Dios las constituye en madres de los ni\u00f1os abandonados, en las directoras de su hospital y en distribuidoras de Par\u00eds para las provincias, y principalmente para las desoladas. Estas almas buenas respondieron a todo esto con ardor y firmeza por la gracia de Dios. Ah. Se\u00f1oras, si todos estos bienes llegaran a fundirse en vuestras manos, ser\u00eda un asunto de gran dolor. Oh, qu\u00e9 dolor, qu\u00e9 verg\u00fcenza! Pero, \u00bfqu\u00e9 se podr\u00eda pensar de tal confusi\u00f3n, y de d\u00f3nde podr\u00eda provenir, cu\u00e1l ser\u00eda su causa? Que cada una de vosotras se pregunte ya: Soy yo quien contribuye a hacer decaer esta obra, qu\u00e9 hay en m\u00ed que me hace indigna de sostenerla? \u00bfSoy yo la causa de que Dios cierre la mano a sus gracias? Sin duda, Se\u00f1oras, que si nos examinamos bien, temeremos no haber hecho todo lo posible por el progreso de esta obra; y si os fij\u00e1is bien en su importancia, la cuidar\u00e9is como a la pupila de vuestros ojos, y como el instrumento de vuestra salvaci\u00f3n; y al interesaros seg\u00fan Dios por su adelanto y perfecci\u00f3n, llevar\u00e9is a ella a las damas que conoc\u00e9is; de otra forma, se os aplicar\u00e1 el reproche que el Evangelio hace a un hombre que ha comenzado el edificio, y que no lo ha terminado. Vosotras hab\u00e9is echado los cimientos de una obra, y luego la hab\u00e9is abandonado. Eso sin duda es urgente; sobre todo si a\u00f1ad\u00eds que vuestro edificio es un ornamento de la Iglesia y un asilo para los miserables. Si pues, por vuestra culpa, llega a perecer, privar\u00e9is al p\u00fablico de un asunto de gran edificaci\u00f3n, y a los pobres de un gran alivio.\u00bb<\/p>\n<p>\u00daltimo motivo, el honor de Jesucristo: \u00abPues honrarle es entrar en sus sentimientos, estimarlos, hacer lo que \u00e9l hizo y ejecutar lo que orden\u00f3. Pues bien, sus sentimientos mayores fueron el cuidado de los pobres para sanarlos, consolarlos, socorrerlos y estimarlos. Ah\u00ed estaba su afecto. Y \u00e9l mismo ha querido nacer pobre, recibir en su compa\u00f1\u00eda a pobres, servir a os pobres, ponerse en el lugar de los pobres, hasta decir que el bien y el mal que hagamos a los pobres, se lo considerar\u00e1 hecho a su persona divina. \u00bfQu\u00e9 otro amor m\u00e1s tierno pod\u00eda demostrar hacia los pobres? \u00bfY qu\u00e9 amor, os lo suplico, podemos sentir por \u00e9l si no amamos lo que \u00e9l ha amado? Lo mismo da, Se\u00f1oras, amarle a \u00e9l de verdad, es amar a los pobres; servirle a \u00e9l bien es servirlos a ellos bien; y honrarle como es debido, es imitarle. Siendo esto as\u00ed, razones tenemos de sobra de animarnos a continuar estas obras buenas y de decir ya en el fondo de nuestros corazones: S\u00ed, yo me entrego a Dios para cuidar de los pobres y para mantener los ejercicios de la caridad con ellos; los asistir\u00e9, los amar\u00e9, los estimar\u00e9; y a ejemplo de Nuestro Se\u00f1or, amar\u00e9 a quienes los consuelan, y respetar\u00e9 a los que los visiten y los socorran. Pues, si este buen Se\u00f1or se da por honrado con esta imitaci\u00f3n, cu\u00e1nto m\u00e1s no debemos nosotros tener en gran honor hacernos en ello semejantes a \u00e9l! \u00bfNo nos parece, Se\u00f1oras, que es un motivo muy poderoso para renovar en vosotras vuestro primer fervor? En cuanto a m\u00ed, pienso que debemos ofrecernos hoy a su divina Majestad, para que se digne animarnos con su caridad, de manera que se pueda decir en delante de todas vosotras que es la caridad de Jesucristo la que nos urge.\u00bb<\/p>\n<p>En cuanto a los medios de conservar las obras, es primero un gran deseo del propio adelanto espiritual, y el alejamiento del esp\u00edritu, de las m\u00e1ximas y de las pr\u00e1cticas del mundo. Es conveniente que las Damas se declaren del partido de Dios y de la caridad\u2026 En otros tiempos, entre las que se presentaban para entrar en la Compa\u00f1\u00eda, se hac\u00eda la elecci\u00f3n de las que no frecuentaban el juego, ni la comedia, ni otros pasatiempos peligrosos, y que no quer\u00edan pasar por vanidosas al querer hacerse las devotas.\u00bb<\/p>\n<p>Todo el mundo debe conocer y ver que hacen profesi\u00f3n de servir a Dios y de vivir como verdaderas cristianas mediante el cumplimiento religioso de todos los deberes de su condici\u00f3n. \u00abSi se tiene complacencia por su marido, es por Dios; del cuidado por los ni\u00f1os, es por Dios; por la dedicaci\u00f3n a los negocios, es por Dios.\u00bb Que tengan por modelos a las mujeres devotas que sirvieron a Nuestro Se\u00f1or y le sirvieron hasta la cruz. No hay condici\u00f3n en el mundo, Se\u00f1oras, que se acerque tanto a ese estado como la vuestra: ellas iban de un lado y del otro para socorrer las necesidades no s\u00f3lo de los obreros del Evangelio, sino de los fieles necesitados. \u00c9se es vuestro oficio, y \u00e9sa vuestra herencia.\u00bb<\/p>\n<p>Otro medio de conservaci\u00f3n para la Compa\u00f1\u00eda es no abarcar demasiadas obras. Se peca por exceso lo mismo que por defecto, y el diablo por lo com\u00fan invita a las personas caritativas a excederse en sus ejercicios, sabiendo muy bien que, pronto o tarde, como la gente demasiado cargada o demasiado apurada en ir, sucumbir\u00e1 bajo el peso, Dios es todopoderoso pero nosotros somos d\u00e9biles. \u00abRoguemos a Dios que \u00e9l mismo haga nuestra carga: ya que en ese caso, si las fuerzas nos faltan, \u00e9l nos ayudar\u00e1 a sobrellevarla\u2026 Esta es la colaci\u00f3n y la instrucci\u00f3n de los pobres del H\u00f4tel-Dieu, el alimento y la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos, el cuidado por proveer a las necesidades espirituales y corporales de los criminales condenados a las galeras, la asistencia a las fronteras y provincias arruinadas, la contribuci\u00f3n a las Misiones de Oriente, del Septentri\u00f3n y del Mediod\u00eda. Ah\u00ed est\u00e1n, Se\u00f1oras los empleos de vuestra Compa\u00f1\u00eda. Oiga, unas damas hacer todo eso! S\u00ed, mirad lo que hace veinte a\u00f1os Dios os ha hecho la gracia de emprender y mantener. No hagamos pues nada en adelante sin pensarlo bien. sino hagamos esto y hag\u00e1moslo cada vez mejor, porque es lo que Dios pide de nosotros.\u00bb<\/p>\n<p>Un \u00faltimo medio es atraer a la Compa\u00f1\u00eda a otras damas que llenen los vac\u00edos y le ayuden a llevar sus pesadas cargas. Se ha propuesto hasta ahora que morir\u00edan dispusieran alg\u00fan tiempo antes a una joven, a una hermana o a una amiga para entrar en la Compa\u00f1\u00eda, pero tal vez es que no nos acordamos. Oh, que buen medio, Se\u00f1oras, ser\u00eda que cada una de vosotras se persuadiera de los grandes bienes que suceden en esta mundo y en el otro a las almas que ejercen las obras de misericordia, espirituales y corporales, de todas las maneras como vosotras las realiz\u00e1is! Esto os llevar\u00e1 sin duda cada vez m\u00e1s a disponer de los dem\u00e1s para que se unan a vosotras en este santo ejercicio de la caridad por la consideraci\u00f3n de esos bienes. Este convencimiento os animar\u00e1 en primer lugar entre vosotras, como carbones encendidos unidos, y animar\u00e9is m\u00e1s a otras de palabra y de ejemplo.\u00bb<\/p>\n<p>Siguiendo su m\u00e9todo familiar y dram\u00e1tico, Vicente pregunt\u00f3 luego a algunas damas, entre otras a la Se\u00f1ora de Nemours, y les pidi\u00f3 sus sentimientos. Todas apoyaron sus propios consejos; algunas insistieron en la exactitud a las asambleas, en la obligaci\u00f3n de colaborar al morir, unas con otras, para hacer legados piadosos a los pobres; cosa que totalmente aprobada por Vicente, someti\u00f3 a votaci\u00f3n la elecci\u00f3n de las nuevas oficialas. Despu\u00e9s que la Compa\u00f1\u00eda hubo opinado sobre el mantenimiento de las que estaban en el cargo, acab\u00f3 de esta manera: \u00abBien hecho est\u00e1, Se\u00f1oras. Demos gracias a Dios por esta asamblea. Pid\u00e1mosle que se digne aceptar la oblaci\u00f3n nueva que vamos hacer de rodillas, entreg\u00e1ndonos a su divina Majestad de todo coraz\u00f3n, para recibir de su bondad infinita el esp\u00edritu de caridad, y que nos haga la gracia de responder en este esp\u00edritu a los designios que tiene sobre cada uno de nosotros en particular, y sobre la compa\u00f1\u00eda en general, y suscitar en todo este esp\u00edritu de ardor por la caridad de Jesucristo, a fin de que merezcamos que le derrame en abundancia en nosotros, y que habi\u00e9ndonos hecho producir los efectos en este mundo, nos haga agradables a Dios su Padre eternamente en el otro. As\u00ed sea.\u00bb<\/p>\n<p>Ausente como presente, Vicente presid\u00eda las asambleas de las Damas, y era el alma de ellas. As\u00ed, en 1649, durante un viaje que tendremos que relatar con detenimiento, les escribi\u00f3 con fecha del 11 de febrero.<\/p>\n<p>Se\u00f1oras,<\/p>\n<p>\u00abLa gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con vosotras!<\/p>\n<p>\u00abHabi\u00e9ndome alejado de vosotras la Providencia de Dios, yo no dejo por ello de veros a menudo en el santo altar, y de ofreceros, a vosotras y a vuestras familias, a Nuestro Se\u00f1or, con la confianza que tengo de que vuestra caridad pide a Dios misericordia por m\u00ed. Os suplico muy humildemente, Se\u00f1oras, que me conced\u00e1is esta gracia, y aseguraros que si Dios quiere tomar en consideraci\u00f3n las oraciones que le ofrezco y continuar\u00e9 ofreci\u00e9ndole incesantemente por vosotras, que sentir\u00e9is el consuelo y protecci\u00f3n de su especial atenci\u00f3n en las comunes aflicciones con las que se digna probarnos su divina Majestad. Os habr\u00e9is podido enterar c\u00f3mo dios me ha dado ocasi\u00f3n de ir a visitar las casas de nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, a las que voy con el prop\u00f3sito de volver cuando la situaci\u00f3n de los asuntos me lo permitan. \u00bfQu\u00e9 haremos entre tanto, Se\u00f1oras, con las obras que el buen Dios os ha encomendado, particularmente con la caridad del H\u00f4tel-Dieu y de los pobres ni\u00f1os exp\u00f3sitos? De verdad, parece que las miserias particulares nos dispensan del cuidado por las p\u00fablicas, y que tendr\u00edamos un buen pretexto ante los hombres para abandonar estos cuidados. Pero, seguro, Se\u00f1oras, que no s\u00e9 como lo mirar\u00eda Dios, que nos podr\u00eda decir lo que san Pablo dec\u00eda a los Corintios que se hallaban en parecida situaci\u00f3n: \u2018 \u00bfHab\u00e9is aguantado ya hasta la sangre\u2019, o por lo menos hab\u00e9is vendido una parte de las joyas que ten\u00e9is? \u00bfQu\u00e9 digo, Se\u00f1oras? yo s\u00e9 que hay muchas entre vosotras, y creo que de todas las que sois, quienes hab\u00e9is hecho caridades, que se dir\u00eda muy grandes no s\u00f3lo en personas de vuestra condici\u00f3n, sino tambi\u00e9n en la de las reinas: hablar\u00edan las piedras si me callara, y por la excelencia de vuestros corazones incomparablemente caritativos os hablo de esta manera. No emplear\u00eda este lenguaje en el caso de otras personas menos animadas del esp\u00edritu de Dios del que ten\u00e9is vosotras.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfPero qu\u00e9 vamos a hacer entonces? Parece ser que conviene preguntarse, Se\u00f1oras, si es oportuno que celebr\u00e9is la gran asamblea que se hab\u00eda propuesto. \u00bfCu\u00e1ndo, d\u00f3nde y c\u00f3mo? Existen razones en pro y en contra. Parece que se debe celebrar, porque es costumbre hacer una por este tiempo; y, en segundo lugar, siendo las necesidades extraordinarias, parece ser que los medios de remediarlas deben ser tambi\u00e9n extraordinarios, como los de una asamblea general.<\/p>\n<p>\u00abContra esto, parece que no sea oportuna ahora a causa del lo revuelto que anda el pa\u00eds, lo que inquieta a las mentes y enfr\u00eda la caridad: puede ser que muchas se\u00f1oras tengan miedo en acudir, y las que se hallen all\u00ed, si no tienen una caridad que pase de lo com\u00fan, enfri\u00e1ndose unas a las otras, y luego no hall\u00e1ndose la Princesa, ni la Se\u00f1ora de Aiguillon y de Brienne, parece que habr\u00eda algo que desear, sobre todo si se tratara de alg\u00fan cambio en la sustancia de la obra. Esto es, Se\u00f1oras, el pro y el contra que se me ocurren por ahora; vosotras lo examinar\u00e9is, por favor, por mayor\u00eda de votos. La Se\u00f1ora duquesa de Aiguillon me comunic\u00f3 al salir de Saint-Germain, me han escrito despu\u00e9s que la reina le hab\u00eda dicho que enviar\u00eda algo para los pobres ni\u00f1os exp\u00f3sitos. No s\u00e9 si lo ha hecho ya. He pedido al Sr. Lambert que les env\u00ede algo de trigo, y he escrito a la se\u00f1ora presidenta de Lamoignon que tenga a bien visitar a los Se\u00f1ores de la ciudad para que den escolta al trigo dentro y fuera de la ciudad; no s\u00e9 tampoco qu\u00e9 ha pasado con ello. Si no se ha hecho, pido a una y otra hacer lo que convenga a este efecto; y ya que con esto no basta, ved, Se\u00f1oras, si se pueden pedir prestadas, como oficialas de la Caridad, alguna suma de dos o tres mil libras para hacer frente a las necesidades m\u00e1s urgentes. Escribo al Sr. Lambert que se comprometa tambi\u00e9n en vuestro nombre, Que si le cuesta comprometerse es preciso hacer un esfuerzo cada uno de nosotros para esto; en ese caso ruego al Sr.Lambert que haga lo que convenga por nuestra parte. Confieso, Se\u00f1oras, que lo que digo es algo pesado; pero ser\u00eda todav\u00eda m\u00e1s cierto, si se lo dijera a personas menos caritativas que vosotras. Despu\u00e9s de todo, ruego a Nuestro Se\u00f1or que preside las asambleas que se celebran en su nombre, como la vuestra, que os d\u00e9 a conocer lo que desea de vosotras en esta ocasi\u00f3n, y os d\u00e9 la gracia de llevarlo a cabo.<\/p>\n<p>\u00abEstos grandes fr\u00edos me han retenido en este lugar y me retendr\u00e1n hasta que el tiempo se suavice. Entonces espero marchar a le Mans o a Angers, o a las dos casas. Espero recibir all\u00ed el resultado de vuestra asamblea, si el Sr. Lambert no me lo env\u00eda aqu\u00ed por expr\u00e9s. Pido a Dios mientras tanto que bendiga y santifique cada vez m\u00e1s vuestra asamblea y a vuestras queridas personas.<\/p>\n<p>\u00abQuedo en el amor de Nuestro Se\u00f1or, Se\u00f1oras, etc.\u00bb<\/p>\n<p>Por esta carta y las charlas analizadas anteriormente, se puede concluir que la Compa\u00f1\u00eda de las Damas no se encerr\u00f3 por mucho tiempo en el H\u00f4tel-Dieu, sino que, sin abandonar este primer puesto, este punto de origen y de partida de sus obras, extendi\u00f3 pronto su caridad a todas las empresas de Vicente de Pa\u00fal. Como Roma para Fabiola, Par\u00eds no era suficientemente ancho para un ardor que llev\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de las Islas y de los mares<span id='easy-footnote-6-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-6-109594' title='&lt;em&gt;S. Jeron en un epitafio de Fabiola&lt;\/em&gt;.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>. En efecto, sostuvo con sus limosnas las Misiones de Francia, de Europa y de ultramar<span id='easy-footnote-7-109594' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-7-capitulo-2\/#easy-footnote-bottom-7-109594' title='Ella no limit\u00f3 sus buenas obras a las Misiones emprendidas por los sacerdotes de Vicente de Pa\u00fal, admiti\u00f3 tambi\u00e9n a los misioneros de ultramar. As\u00ed form\u00f3 parte de los gastos de viaje de los obispos de Heliopolis, de Beryte y de Metellopolis, enviados con la bendici\u00f3n de la Santa Sede, a China y al Tonkin.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>; contribuy\u00f3 a la redenci\u00f3n de los cautivos de Berbera; muy pronto la veremos tomar una parte activa en la fundaci\u00f3n de los hospitales y, m\u00e1s tarde, en el alivio de las provincias asoladas por la guerra.<\/p>\n<p>Ese es el papel de la mujer cristiana y, gracias a Vicente de Pa\u00fal, esto es lo que hicieron las mujeres en esta primera mitad del siglo XVII. Escuchemos, sobre este punto, a la Se\u00f1orita Le Gras, su digna int\u00e9rprete: \u00abEs muy evidente que en este siglo la divina Providencia ha querido servirse de nuestro sexo para dar a entender que era ella sola la que quer\u00eda socorrer a los pueblos afligidos, y dar poderosas ayudas para su salud. Nadie ignora que Dios se ha servido para este empleo del establecimiento de la Misi\u00f3n mediante la direcci\u00f3n del Se\u00f1or Vicente y que el bien se ha extendido tanto de esta manera que, que da a conocer la necesidad de de la continuaci\u00f3n por medio de comunicaci\u00f3n de necesidades, y ello en las asambleas de Damas, las que parece que siempre preside el esp\u00edritu de Dios. El poder dado por el Santo Padre a dicha Misi\u00f3n de establecer la cofrad\u00eda de la Caridad es como la semilla de ese fruto que produce todos los d\u00edas, no s\u00f3lo en Francia, sino que se puede decir que en toda la tierra habitable. \u00bfNo ha sido que debido a esta luz las Se\u00f1oras de la Compa\u00f1\u00eda han reconocido las necesidades de los pobres, y que Dios les ha dado la gracia de socorrerlos tan caritativamente y tan magn\u00edficamente, que ha sido la admiraci\u00f3n y el ejemplo de todo el reino. Los medios de los que se han servido estas caritativas Damas para el orden de las distribuciones, \u00bfno han sido acaso sus santas asambleas que presid\u00eda Vicente de Pa\u00fal, cabeza de la Misi\u00f3n, ofreciendo, como todo el mundo sabe, fieles y caritativos sujetos para reconocer las verdaderas necesidades y abastecerlas prudentemente; lo que ha servido no s\u00f3lo en lo corporal sino tambi\u00e9n en lo espiritual, con lo que Dios es honrado en el cielo ahora por un n\u00famero incontable de almas que gozan de su presencia.<\/p>\n<p>\u00abSiendo reconocidas estas verdades, no parece necesario que la Compa\u00f1\u00eda de las Damas de la Caridad del H\u00f4tel-Dieu contin\u00fae sus funciones, puesto que, desde el nacimiento espiritual de este noble cuerpo, se ha advertido que en la visita sola de los enfermos de este santo lugar, tantos bienes, para el lugar mismo y para las almas que en \u00e9l han hallado los medios de su salvaci\u00f3n: unos una muerte feliz, por la disposici\u00f3n de las confesiones generales; los otros, despu\u00e9s de hacerlas, han salido con conversiones admirables, y las propias Damas han entrado en v\u00edas de santificaci\u00f3n, lo que es una caridad perfecta como la que han ejercido con frecuencia con peligro de su vida; y Damas de muy alta condici\u00f3n, como princesas y duquesas, a quienes se ha visto por horas enteras sentadas a la cabecera de los enfermos para instruirlos sobre lo necesario para su salvaci\u00f3n y para ayudarlos a salir de los peligros en los que estaban. Si todo lo que las Damas propuestas para este santo ejercicio, llamadas las catorce, cada una seg\u00fan su condici\u00f3n, ha sido recogido, se ver\u00e1 con mayor claridad la verdad de lo que se ha contado.\u00bb<\/p>\n<p>Nosotros mismos vamos a verlo. Pues, en adelante, con tales instrumentos, Vicente puede emprenderlo todo; tambi\u00e9n va a echar los cimientos de sus mayores creaciones caritativas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo II: Las Damas de la Caridad I. Origen e instituci\u00f3n de las Damas de la Caridad. 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