{"id":107880,"date":"2015-01-23T03:22:41","date_gmt":"2015-01-23T02:22:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2012\/09\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4-2\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:50","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:50","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 6, cap\u00edtulo 4 (a)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo IV: Misiones extranjeras<\/strong><\/h2>\n<h2>Art\u00edculo Primero: <em>Misi\u00f3n de Madagascar.<\/em><\/h2>\n<h3><em>I. La Isla de Madagascar.<\/em><\/h3>\n<p>Madagascar, el <em>C\u00edrculo<\/em> de Plinio,\u00a0 la <em>Menuthias <\/em>de Tolomeo fue probablemente visitada por lo \u00e1rabes de los siglos VII y, hacia el IX, por los Chinos o Malasios, y por los Persas, de donde le viene la poderosa tribu de los <em>Hovas<\/em> u <em>Ovas,<\/em><\/p>\n<p>Parece haber sido conocida de los Europeos, a partir del siglo VIII o m\u00e1s tarde, ya que el c\u00e9lebre navegante Marco Polo la designa con el nombre de Madagascar, nombre que ha recuperado, despu\u00e9s de llevar por alg\u00fan tiempo bajo Luis XIV el de la Isla <em>Dauphin, <\/em>y que ha prevalecido sobre la denominaci\u00f3n de los ind\u00edgenas, que la llaman <em>Grande-Tierra<\/em> 3n su lenguaje, y tambi\u00e9n <em>Madecasse<\/em> o <em>Madecash\u00e9e<\/em>.<\/p>\n<p>Pero hasta el siglo XVI, los Europeos no se establecieron en ella. En 1506, diez a\u00f1os despu\u00e9s de la expedici\u00f3n de Vasco de Gama, el Portugu\u00e9s Lorenzo de Almeida, de regreso de las Indias, fue arrojado a una tierra desconocida que llam\u00f3 San Lorenzo, bien por su nombre, bien por el d\u00eda del descubrimiento, y cuyas costas orientales traz\u00f3. Algunos meses despu\u00e9s, D. Ruy Pereira, separado por la tempestad del almirante Trist\u00e1n de Acunha, descubri\u00f3 tambi\u00e9n algunas de sus costas y, despu\u00e9s de aliar a su jefe con Mozambique, le hizo una descripci\u00f3n tan seductora que el almirante quiso explorar sus costas occidentales, antes de regresar a su patria. A \u00e9l solo la nimfa de <em>la<\/em> <em>Lusiada<\/em><span id='easy-footnote-1-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-1-107880' title='Canto X, estrofa, 39.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> dedic\u00f3 luego el honor del descubrimiento.<\/p>\n<p>Esta isla, una de las m\u00e1s grandes del oc\u00e9ano \u00cdndico y del mundo no tiene menos de cuatrocientas leguas de larga por ciento veinticinco mil de ancha. Una cadena de monta\u00f1as, que la atraviesa de norte a sur, forma,\u00a0 por el centro, la vasta llanura de Ankova, y da nacimiento a una multitud de r\u00edos y corrientes, por desgracia poco navegables a causa de las masas de tierra de aluvi\u00f3n que arrastran, de las rocas que las obstruyen y de los grandes <em>marigots<\/em> o lagos estancados en los que desembocan en parte antes de llegar al mar- las costas del este no ofrecen m\u00e1s que unas orillas rectas sin radas para los nav\u00edos, con la excepci\u00f3n de la gran bah\u00eda de Antongil, y las costas del sur no tienen m\u00e1s que tres puertos naturales: Saint-Augustin, Saint-Luc, sede del primer establecimiento franc\u00e9s, abandonado m\u00e1s tarde por insalubre por el Port-Dauphin. De toda esta costa oriental, en efecto, por raz\u00f3n de las aguas estancadas, de los inmensos bosques cenagosos que recubren la vertiente, se exhalan miasmas pestilentes, origen de fiebres y de disenter\u00edas mortales. M\u00e1s hospitalarias son las costas septentrionales y occidentales, profundamente recortadas, abriendo en todo su recorrido fondeaderos c\u00f3modos; m\u00e1s sanos tambi\u00e9n, menos sin embargo en el interior de las tierras, a medida que se sube hacia la llanura central.<\/p>\n<p>La longitud de la isla hace el clima muy variado; como en todas estas tierras intertropicales, y no existen m\u00e1s que dos estaciones, la seca y la h\u00fameda, que dura cada una unos seis meses. El suelo es tambi\u00e9n por lo general de una fertilidad maravillosa, y la historia natural muy rica. \u00abEs la tierra de promisi\u00f3n para los naturalistas\u00bb, escrib\u00eda en 1771 Comerson a Lalande.\u00a0 En efecto, la flora de Madagascar abraza toda la escala vegetal, desde los \u00e1rboles gigantescos hasta las plantas delicadas. En ella se cultiva el arroz, el \u00f1ame, la mandioca, el ma\u00edz, las habas y casi todos los vegetales de Europa. Los limones, las naranjas, las cidras, las moras, los melocotones son abundantes all\u00ed. La vi\u00f1a crece espont\u00e1nea en la llanura central, pero lo naturales no saben hacer el vino. La zoolog\u00eda no cuenta con los enormes animales del centro de \u00c1frica, pero comprende varias especies de jabal\u00edes y de bueyes, todas las especies de monos y de brillantes p\u00e1jaros que brillan como flores o diamantes\u00a0 en las ramas de los \u00e1rboles. Los \u00fanicos reptiles son\u00a0 serpientes no venenosas y caimanes que pueblan las marismas y los r\u00edos. Las ballenas vienen a jugar a las costas y los tiburones infestan las bah\u00edas.<\/p>\n<p>Evaluada en cuatrocientos mil al principio del siglo XVII, la poblaci\u00f3n de Madagascar alcanza hoy los cuatro millones; poblaci\u00f3n h\u00edbrida, donde se ve a los tipos cafre, negros, \u00e1rabes y malayos, dividida en quince o veinte tribus de costumbres diferentes, que se escalonan en tres zonas sin llegar a confundirse, y casi sin otro comercio entre ellas m\u00e1s que la guerra. Y sin embargo, a pesar de la diversidad de origen y de costumbres, hablan una sola lengua, en la que una pronunciaci\u00f3n variada no basta para introducir dialectos: la lengua <em>malgache<\/em>, an\u00e1loga a la malaya, expresiva y dulce, bastante apta para expresar las ideas intelectuales. La escritura, tra\u00edda por los \u00c1rabes, no es conocida m\u00e1s que por los <em>ombiasses<\/em> o sacerdotes.<\/p>\n<p>Estos pueblos reconocen a un ser supremo e invisible, <em>Zanhar<\/em>,\u00a0 creador y gran due\u00f1o del mundo, al que oponen un esp\u00edritu maligno, <em>Blitz, Bilitz<\/em> o <em>Bouliste<\/em>, \u00fanico a quien oran y honran, ya que, seg\u00fan dicen, Zanhar es bueno y no puede hacer ning\u00fan mal. Algunas tribus tienen un tercer dios, Manhanh, el Plutus malgache. Luego sigue una multitud de genios, buenos y malos, divididos en seis categor\u00edas y propuestos para guardar los lugares y a las personas, los poblados y a los individuos: son los Oulis o Holis. Los Oulis residen en pedazos de madera o bolsitas llamadas Gris-Gris, consagradas por los ombiasses, a ellos es a quienes se dirigen los Malgaches en sus viajes y en todas sus empresas; y si fracasan, es que el Oulis no val\u00eda nada: entonces los cambian. \u2013Se reconoce en ello una forma de ese fetichismo, idolatr\u00eda particular de \u00c1frica.<\/p>\n<p>No obstante, hemos dicho, los Malgaches tienen una ligera idea de la creaci\u00f3n y tambi\u00e9n de la ca\u00edda del hombre, del diluvio, de la historia de los patriarcas, de la inmortalidad del alma, de la resurrecci\u00f3n de la carne; todo ello envuelto en f\u00e1bulas de lo m\u00e1s absurdas. Conocen incluso a Jesucristo, <em>Raissa<\/em>, en quien no ven m\u00e1s que a un gran profeta: evidente importaci\u00f3n musulmana.<\/p>\n<p>El islamismo ha dejado tambi\u00e9n su rastro en la forma de su sacerdocio y de su culto. Sus sacerdotes, llamados ombiasses, es decir escritores, porque s\u00f3lo ellos escriben los caracteres \u00e1rabes se vuelven temibles para estos pueblos por sus libros mismos, donde se ven pasajes del Cor\u00e1n, luego signos jerogl\u00edficos de que sirven para hechizar. Los ombiasses pertenecen a la raza blanca, consultan los astros, predicen el futuro, exorcizan a los pose\u00eddos, curan las enfermedades y recobran los objetos perdidos. Consultados como or\u00e1culos, usan de su cr\u00e9dito para extorsionar toda clase de riquezas y para exprimir a las poblaciones. Son tambi\u00e9n sacrificadores y carniceros, y a ellos solos toca, en las fiestas p\u00fablicas, el derecho de degollar los bueyes, de los que se llevan la mejor parte.<\/p>\n<p>Se encuentra entre los Malgaches la circuncisi\u00f3n, practicada solamente en la edad de la raz\u00f3n aparte de la importaci\u00f3n musulmana; como tambi\u00e9n dos ayunos de un mes, dos <em>ramadans<\/em> al a\u00f1o, que consisten en no comer desde la salida hasta la puesta del sol, pero con la libertad, muy en uso, de celebrar org\u00eda toda la noche, de reemplazar el buey y el vino prohibidos por capones y licores enervantes e incluso darse un suplemento, si no se tiene gran devoci\u00f3n por el ayuno. Cada tribu est\u00e1 gobernada por un <em>dian<\/em> o se\u00f1or, cuyas riquezas consisten en numerosos reba\u00f1os y en tributos de arroz y ra\u00edces que le pagan los vasallos. Dians y vasallos habitan en pueblos compuestos de chozas de madera y de hojas, no teniendo por lechos ni por asientos otra cosa que tablas recubiertas de esteras de junco. \u2013En medio de cada pueblo est\u00e1 la <em>cabar<\/em>, \u00e1gora, foro de los Malgaches, donde se deciden la paz o la guerra, todos los asuntos de la tribu. Toda resoluci\u00f3n tomada se cimienta con la sangre, y se celebra con fiestas, danzas grotescas o lascivas que, gracias a piadosas libaciones de <em>avak,<\/em> degeneran pronto en verdaderas saturnales.<\/p>\n<p>No hay leyes escritas en Madagascar; tan s\u00f3lo costumbres. El robo y el homicidio son rescatables por los jefes, y castigados entre los dem\u00e1s con la muerte o la esclavitud. Para encontrar al culpable, se recurre a pruebas terribles: por el caim\u00e1n, por el agua, por el fuego y por el veneno.<\/p>\n<p>Los matrimonios se contraen entre parientes, excepci\u00f3n del primer grado. No son indisolubles. La poligamia simult\u00e1nea no est\u00e1 en uso m\u00e1s que entre los grandes, los \u00fanicos que pueden alimentar a varias mujeres, la mujer se compra, se compromete desde la infancia, entregada en la edad n\u00fabil, sin ceremonia entre los pobres, con presentes de los interesados, concursos de ombiasses, fiestas y banquetes entre los jefes. Los funerales son m\u00e1s o menos largos y solemnes, seg\u00fan el rango.<\/p>\n<p>El infanticidio se practica en dos casos: para los ni\u00f1os nacidos en ciertos meses o d\u00edas nefastos, y para aquellos cuyo nacimiento ha costado la vida a sus madres, o incluso ha sido simplemente muy doloroso.<\/p>\n<p>Las mujeres se visten decentemente, los hombres casi desnudos, excepci\u00f3n hecha de los grandes que se revisten a la antigua. Por lo dem\u00e1s, hombres y mujeres son muy descuidados en sus vestimentas y no se cuidan m\u00e1s que de su cabellera. Las costumbres no son menos de una espantosa disoluci\u00f3n, a\u00fan entre los ni\u00f1os, a quienes los padres mismos instruyen en practicar el mal antes de que sean conscientes.<\/p>\n<p>Tal es el pueblo con el que vamos a pasar unos a\u00f1os en compa\u00f1\u00eda de los hijos de vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h3>II. <em>Nacquart y Gondr\u00e9e.<\/em><\/h3>\n<p>No eran los primeros ap\u00f3stoles en llegar a\u00a0 sus costas. Los Portugueses del siglo XVI, que trataban de extender el reino de Jesucristo al propio tiempo que su poder, hab\u00edan llevado con ellos a algunos sacerdotes cuando formaron all\u00ed el primer asentamiento europeo. Pero sacerdotes y colonos fueron bien pronto masacrados por los Malgaches o Madecasses. A principios del siglo XVII, el hijo de Dian Ramach, secuestrado a su padre, fue llevado a Goa, donde fue bautizado y educado en la religi\u00f3n cristiana. Despu\u00e9s regres\u00f3 a Madagascar con dos jesuitas portugueses que lograron ser acogidos por su padre por medio de ricas armas y otros presentes que le ofrecieron, y que se pudieron mostrar todav\u00eda, en 1649, cuando, al Misionero Nacquart. Los jesuitas obtuvieron en primer lugar la libertad\u00a0 de predicar el Evangelio; pero la envidia de los ombiasses excit\u00f3 pronto contra ellos una persecuci\u00f3n. A uno le dieron muerte, al otro le recogieron en un gale\u00f3n de su patria. Los Misioneros encontraron m\u00e1s tarde los despojos de su habit\u00e1culo, y una cruz de piedra en la que hab\u00edan grabado una inscripci\u00f3n. Los colonos mismos, diezmados por las enfermedades, abandonaron su asentamiento. Los Holandeses trataron de remplazarlos y fundar en la costa una agencia para la trata de los negros; pero no pudieron resistir\u00a0 tampoco a la inclemencia del clima y huyeron de una playa que en adelante se llam\u00f3<em> el cementerio de los Europeos.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, la Compa\u00f1\u00eda de Oriente se formaba en Francia. El capit\u00e1n Rigault, su representante, obtuvo de Richelieu, intendente general de los mares, el privilegio de y le concesi\u00f3n de enviar a Madagascar y otras islas adyacentes para tomar posesi\u00f3n en nombre de Su Majestad muy cristiana y ejercer all\u00ed, por cuenta de la Compa\u00f1\u00eda, por diez a\u00f1os, el derecho exclusivo de comercio. Dos expediciones tuvieron lugar en 1642 y 1643. los Franceses se establecieron primero en Saint-Luce, en la costa oriental, puesto mal escogido, en el tuvieron que sufrir por las enfermedades y por los naturales\u00a0 los del pa\u00eds. La colonia se traslad\u00f3 pronto a la pen\u00ednsula de Tholangar, a la regi\u00f3n de Anos, y construy\u00f3 en ella un fuerte que se llam\u00f3 <em>Fort<\/em>&#8211;<em>Dauphin. <\/em>Pero Pronis su jefe, protestante, desordenado y dilapidador, puso dificultades a la religi\u00f3n de los colonos cat\u00f3licos, levant\u00f3 contra s\u00ed mismo la rabia de los Malgaches por secuestros de mujeres y por pillajes, gan\u00e1ndose el odio de sus patriotas mismos por sus injusticias y los des\u00f3rdenes de su administraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda terminado con la colonia, cuando la Compa\u00f1\u00eda de Oriente, informada, pens\u00f3 en darle otro gobernador, y design\u00f3 a este efecto a uno de sus interesados, el conde de Flacourt. Pero al propio tiempo pens\u00f3 en los intereses religiosos de los colonos, y quiso enviar con ellos a buenos sacerdotes. Con este proyecto se dirigi\u00f3 al cardenal Bagni, nuncio apost\u00f3lico en Francia, quien, por su cuenta, pidi\u00f3 en su nombre dos Misioneros a san Vicente de Pa\u00fal<span id='easy-footnote-2-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-2-107880' title='Rep. de or. del 13 de noviembre de 1656.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>\u00abHace tiempo, Se\u00f1or, que Nuestro Se\u00f1or ha dado a vuestro coraz\u00f3n los sentimientos de para hacerle un se\u00f1alado servicio. Y cuando se hizo a Richelieu la apertura a las Misiones entre los gentiles e id\u00f3latras, me parece que Nuestro Se\u00f1or hizo sentir a vuestra alma que os llamaba all\u00ed, seg\u00fan me lo escribisteis junto con alg\u00fan otro de la familia de Richelieu. es hora de que esta semilla de la vocaci\u00f3n divina en vos tenga su efecto; y ahora Monse\u00f1or el nuncio, con la autoridad de la sagrada congregaci\u00f3n de la fe, cuya cabeza es nuestro santo padre el Papa, ha elegido a la Compa\u00f1\u00eda para ir a servir a Dios, en la Isla Saint-Laurent, llamada tambi\u00e9n Madagascar; y la Compa\u00f1\u00eda ha puesto los ojos en vos, como la mejor hostia que tenga para ofrec\u00e9rsela en homenaje a nuestro soberano Creador, para rendirle este servicio con otro buen sacerdote de la Compa\u00f1\u00eda. Oh mi querid\u00edsimo Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 os dice vuestro coraz\u00f3n ante esta noticia? \u00bfSiente la verg\u00fcenza y la confusi\u00f3n convenientes para recibir una gracia as\u00ed del cielo? Vocaci\u00f3n tan grande y tan adorable como la de los mayores ap\u00f3stoles y de los mayores santos de la Iglesia de Dios! Eternos designios cumplido en el tiempo sobre vos. La humildad, Se\u00f1or, es la \u00fanica capaz de llevar esta gracia; el perfecto abandono de todo lo que sois y pod\u00e9is ser, con la exuberante confianza en vuestro soberano creador, debe seguir.<\/p>\n<p>\u00abLa generosidad y grandeza de valor os es necesaria. Os hace falta una fe tan grande como la de Abrah\u00e1n. La caridad de san Pablo os hace mucha falta. El celo, la paciencia, la deferencia, la pobreza, la solicitud, la discreci\u00f3n, la integridad de las costumbres y el gran deseo de consumiros del todo por Dios os son tan convenientes como al gran san Francisco Javier.<\/p>\n<p>\u00abLo primero que deber\u00e9is hacer ser\u00e1 penetraros del viaje que hizo el gran santo Francisco Javier; de servir y edificar a los que os llevar\u00e1n en el barco; y establecer las oraciones p\u00fablicas, si se puede hacer; tener gran cuidado con las incomodidades, incomod\u00e1ndose siempre para acomodar a los dem\u00e1s; procurar la felicidad de la navegaci\u00f3n, que dura cuatro o cinco meses, bien con vuestras oraciones y la pr\u00e1ctica de todas las virtudes, que los marineros har\u00e1n por sus trabajos y su capacidad con respecto a esos Se\u00f1ores; tenerles gran respeto; ser sin embargo fiel a Dios para no faltar a sus intereses, y nunca traicionar su conciencia por ninguna consideraci\u00f3n; pero tener mucho cuidado de no estropear los asuntos del buen Dios por precipitarlos demasiado, tomarse su tiempo y saber esperarlo.<\/p>\n<p>\u00abCuando llegu\u00e9is a esa isla, tendr\u00e9is que situaros como pod\u00e1is; tal vez teng\u00e1is que separaros para servir en diversas habitaciones; convendr\u00e1 que os ve\u00e1is con la mayor frecuencia, para buscar consuelo y daros fuerzas. Cumplir\u00e9is todas las funciones curiales\u00a0 con los Franceses y los id\u00f3latras convertidos. Seguir\u00e9is en todo la costumbre del concilio, y os servir\u00e9is del ritual romano. No permitir\u00e9is que se introduzca costumbre alguna; y si la hubiera, procurar\u00e9is con dulzura volver las cosas a su cauce. Para eso, bueno ser\u00e1 que llev\u00e9is al menos dos rituales de Roma. Lo capital de vuestros esfuerzos, despu\u00e9s de trabajar para vivir, entre aquellos con quienes deb\u00e9is conversar, en olor de suavidad y de buen ejemplo, ser\u00e1 hacer comprender a aquella buena gente, nacida en las tinieblas de la ignorancia de su creador, las verdades de nuestra fe, no con razonamientos sutiles de la teolog\u00eda, sino con razones tomadas de la naturaleza: ya que es preciso comenzar por ah\u00ed; tratando de darles a conocer que vosotros no hac\u00e9is m\u00e1s que hacer ver en ellos las se\u00f1ales que Dios les ha dejado de s\u00ed mismo, que la corrupci\u00f3n de la naturaleza, desde hace mucho habituada al mal, las hab\u00eda borrado. Para ello, Se\u00f1or, ser\u00e1 conveniente dirigiros con frecuencia al Padre de las luces, y repetir lo que le dec\u00edas todos los d\u00edas: <em>Da mihi intellectum ut sciam testimonia tua.<\/em> Pondr\u00e9is en orden mediante la meditaci\u00f3n las luces que \u00e9l os d\u00e9. Y para\u00a0 mostrar la verdad del primero y soberano ser, y las conveniencias del misterio de la Trinidad, la necesidad del misterio de la encarnaci\u00f3n, que nos permite nacer un segundo hombre perfecto, tras la corrupci\u00f3n del primero, para reformarnos y volvernos a \u00e9l, yo querr\u00eda hacerles ver las debilidades de la naturaleza humana por los des\u00f3rdenes que ellos mismos condenan; ya que ellos tienen leyes, reyes y castigos. Aunque existan libros que tratan estas materias, como el catecismo de Granada, u otro que trataremos de enviaros, yo no puedo m\u00e1s que repetiros que lo mejor ser\u00e1 la oraci\u00f3n: <em>accedite ad eum et illuminamini;<\/em> abandonarse al esp\u00edritu de Dios que habla en esos encuentros. Si es del agrado de su divina bondad daros gracia para cultivar la semilla de los cristianos que ya est\u00e1n all\u00ed, y que viven con esta buena gente en la caridad cristiana, no dudo en absoluto, Se\u00f1or, que Nuestro Se\u00f1or se sirva d vos en esas partes para preparar a la Compa\u00f1\u00eda una amplia cosecha. Id pues, Se\u00f1or, y teniendo la misi\u00f3n de Dios\u00a0 por quienes os le representan, echad sin reparo las redes.<\/p>\n<p>\u00abYo s\u00e9 cu\u00e1nto ama la pureza vuestro coraz\u00f3n; necesitar\u00e9is hace gran uso de ella por all\u00ed; viciados en muchas cosas, lo son de manera particular en ese aspecto, hasta llegar a decir que los maridos llevan a sus j\u00f3venes a los Europeos para tener hijos de ellos; la gracia infalible de vuestra vocaci\u00f3n os garantizar\u00e1 de todos estos peligros. Tendremos todos los a\u00f1os noticias vuestras, y nosotros os daremos las nuestras. Aunque no se necesite dinero en esos pa\u00edses para vivir, no obstante, Se\u00f1or, la Compa\u00f1\u00eda ha ordenado que os env\u00eden cien escudos de oro para las necesidades que puedan sobrevenir. Nosotros os enviamos tambi\u00e9n una capilla completa, dos rituales romanos, dos peque\u00f1as biblias, dos concilios de Trento, dos casuistas, im\u00e1genes de todos nuestros misterios que sirven maravillosamente para hacer comprender a aquellas buenas gentes lo que se les quiere ense\u00f1ar, y que les gusta ver. Tenemos aqu\u00ed a un joven de aquel pa\u00eds, de unos veinte a\u00f1os, a quien el Sr Nuncio quiere bautizar hoy; yo me sirvo de im\u00e1genes para instruirle, y me parece que le sirve para hacer trabajar a la imaginaci\u00f3n. No s\u00e9 si no ser\u00eda necesario llevar planchas para hacer panes de decir la santa Misa, alfileres, estuches de bolsillo, tres o cuatro cada uno, santos \u00f3leos para el bautismo y la extremaunci\u00f3n, cada uno un Bus\u00e9e, algunas Introducciones a la vida devota, compendios de las vidas de los santos. Ten\u00e9is una obediencia por nuestra parte, un pleno poder de Monse\u00f1or el nuncio, quien tiene sumo inter\u00e9s en esta obra. Con ello yo me entrego del todo a vos, si no para seguiros de verdad, por ser tan indigno, al menos para pedir a Dios todos los d\u00edas que me quiera dejar en la tierra para volveros a ver en la eternidad, y honraros all\u00ed como a una persona que ser\u00e1 colocada por la dignidad de su vocaci\u00f3n en el n\u00famero de las personas apost\u00f3licas.<\/p>\n<p>\u00abAcabo prosternado en esp\u00edritu a vuestros pies rogando que quer\u00e1is tambi\u00e9n ofrecerme a nuestro com\u00fan Se\u00f1or a fin de que yo le sea fiel, y termine en su amor el camino de la eternidad. \u00bb<\/p>\n<p>Nicol\u00e1s Gondr\u00e9e, nacido en 1620 en Assigny, pueblecito del condado de Eu, en la di\u00f3cesis de Amiens, era el compa\u00f1ero que Vicente destinaba a Nacquart. Se hallaba en Saintes, simple subdi\u00e1cono, cuando Vicente le llam\u00f3 a Par\u00eds para hacerle recibir el sacerdocio y anunciarla su gloriosa misi\u00f3n. En su carta a Nacquart, Vicente dec\u00eda de \u00e9l: \u00abEs uno de los mejores individuos de la Compa\u00f1\u00eda, en quien la devoci\u00f3n que ten\u00eda al entrar en ella la conserva a\u00fan, es humilde, caritativo, cordial; en una palabra, es tal como yo no puedo ahora expresaros.\u00bb<\/p>\n<p>A la recepci\u00f3n de esta carta, Nacquartr respondi\u00f3 el 1\u00ba de abril: \u00abMe parece, al leer y releer vuestra carta, que sus t\u00e9rminos no eran de un hombre sino palabras del Esp\u00edritu de Dios. Ay, lo que me cuesta persuadirme de que sea yo, pobre Charles Nacquart, a quien se dirige esta declaraci\u00f3n del plan de Dios. Bien, no obstante, puesto que Vos ocup\u00e1is el lugar de padre en la tierra para m\u00ed despu\u00e9s del que tengo en cielo, no lo dudo ni un momento:. .ir\u00e9 como un ni\u00f1o perdido, a ciegas, para descubrir si esta tierra es de promisi\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Gondr\u00e9e acudi\u00f3 al punto a unirse a Nacquart en Richelieu, ya que la Compa\u00f1\u00eda de Oriente urg\u00eda la salida. Se actu\u00f3 incluso tan precipitadamente que no hubo tiempo de pedir misi\u00f3n a la Propaganda, y que se contentaron con los poderes provisionales que fueron entregados por al Nuncio. Bueno pues, la Propaganda acababa de confiar la Misi\u00f3n de Madagascar a los Carmelitas Descalzos. Tambi\u00e9n, por decreto del 20 de julio de 1648, declar\u00f3 nulos los poderes otorgados por Bagni, hasta la dimisi\u00f3n de los Carmelitas, y no permiti\u00f3 a los Misioneros m\u00e1s que el servicio de los Franceses de la colonia. Hasta cinco a\u00f1os despu\u00e9s no trajeron dos nuevos Misioneros los poderes de la Propaganda.<\/p>\n<p>Partieron juntos de Richelieu el 18 de abril de 1648. Nacquart y Gondr\u00e9e llegaron a La Rochelle, donde tuvieron que esperar un mes el d\u00eda de embarque. Queriendo aprovechar este tiempo, se ofrecieron al obispo de La Rochelle, para servir en la ciudad o en la Compa\u00f1\u00eda. A ejemplo de san Francisco Javier que se hab\u00eda preparado de esta manera a su apostolado en Lisboa, ellos pasaron estos d\u00edas en los hospitales y en las c\u00e1rceles.<\/p>\n<p>El 21 de mayo siguiente, d\u00eda de la Ascensi\u00f3n, abordaban el <em>Saint-Laurent<\/em> con el conde de Flacourt y ochenta nuevos colonos destinados para Madagascar y levaron anclas. Apenas hab\u00eda pedido de vista la embarcaci\u00f3n\u00a0 las costas de Francia cuando Nacquart trat\u00f3 de que sus ciento veinte compa\u00f1eros de viaje ganaran la gracia del jubileo que el Santo Padre acababa de conceder con ocasi\u00f3n de la paz de Westphalia.<\/p>\n<p>Llegado a Cabo Verde, prest\u00f3 el mismo servicio a unos portugueses y a una media docena de Franceses de Dieppe, que se encontraban all\u00ed en descanso. Al cabo de seis d\u00edas se hicieron a la vela. Los vientos fueron contrarios. En un mes y medio de navegaci\u00f3n no se hab\u00eda llegado a la l\u00ednea. Por consejo de Nacquart, la tripulaci\u00f3n hizo voto a la sant\u00edsima Virgen de celebrar piadosamente su Asunci\u00f3n, de construir en su honor una iglesia en Madagascar y, la v\u00edspera de la fiesta, nos hall\u00e1bamos pasando el Ecuador. El mismo voto, la misma protecci\u00f3n celestial\u00a0 a nuestra Se\u00f1ora de setiembre.<\/p>\n<p>Durante este tiempo, los Misioneros catequizaban a los ni\u00f1os, evangelizaban a los marinos y a los pasajeros; introduc\u00edan entre ellos la costumbre de las oraciones, de las lecturas en com\u00fan. de las conferencias espirituales, desterraban las malas conversaciones y las blasfemias, imponiendo, seg\u00fan un convenio mutuamente aceptado, una penitencia a los prevaricadores; visitaban y cuidaban a los enfermos, y hac\u00edan ellos mismos todos los ejercicios de su regla..<\/p>\n<p>Al bordear el Senegal y Gambia, Nacquart pens\u00f3 en la salvaci\u00f3n de sus habitantes y, en carta escrita a Vicente, de la que tomamos todos estos detalles, le rog\u00f3 que oyera a un piadoso armador de Rouen, llamado Roz\u00e9e, quien pod\u00eda favorecer este apostolado.<\/p>\n<p>Se ocup\u00f3 asimismo de los negros del cabo de buena Esperanza Habiendo embarrancado el barco en unas rocas, de donde no lo sac\u00f3 la marea hasta siete horas despu\u00e9s, y llegaron a la bah\u00eda de Cerde\u00f1a. A la vista de negros tan flacos, hambrientos, abalanz\u00e1ndose <em>como<\/em> <em>perros<\/em> sobre la carne que se les arrojaba, y m\u00e1s dignos de l\u00e1stima todav\u00eda por su ignorancia religiosa, Nacquart se sinti\u00f3 compadecido y se puso de rodillas. Los negros comprendieron: \u00abSon <em>saterons\u00bb<\/em>, dijeron ellos, es decir grandes sacerdotes. Ay, Nacquart no pod\u00eda m\u00e1s que gemir y rezar.<\/p>\n<p>Ocho d\u00edas m\u00e1s tarde, el <em>Saint-Laurent <\/em>doblaba el Cabo de las Agujas, y despu\u00e9s de una navegaci\u00f3n de m\u00e1s de seis meses, descubr\u00eda Madagascar. Enseguida Nacquart invit\u00f3 a sus compa\u00f1eros a perdonarse mutuamente las ofensas; en cuanto a \u00e9l, descendi\u00f3 de los primeros en la costa, y doblando la rodilla, se ofreci\u00f3 a Dios y tom\u00f3 posesi\u00f3n de aquella tierra en su nombre.<\/p>\n<p>Se dirige inmediatamente una carta a Pronis quien, a la vista de Flacourt, e instruido por su comisi\u00f3n, se sorprende, duda y se somete. De todos los lados llegan a Flacourt quejas contra la administraci\u00f3n precedente: Flacourt los calma y empieza a trabajar.<\/p>\n<p>Por su parte, Nacquart y Gondr\u00e9e se instalan en una casa de madera, recubierta de hojas y rodeada de una empalizada de bamb\u00fa. Una vez vistas las cosas, se asustan ante tanta borrachera, pillaje e incendios. Sus observaciones son rechazadas con c\u00f3lera. Tienen que aguantar toda clase de vejaciones por parte de los empleados del Fort-Dauphin. Les falta de todo, pues nadie piensa en cumplir el compromiso hecho por la Compa\u00f1\u00eda de construirles un presbiterio, suministrarles los v\u00edveres y ropas. Deben vivir con el escaso dinero que han tra\u00eddo y que comparten encimo con los pobres negros. Sin embargo estudian la lengua del pa\u00eds. Piden, mientras tanto, un int\u00e9rprete: Flacourt se lo niega, y se ven obligados a recurrir a dos antiguos colonos. Comienzan a predicar. Mientras que Gondr\u00e9e se ocupa de los Franceses, Nacquart recorre las chozas de los Malgaches. Pero las vejaciones contin\u00faan, y su santo ministerio se ve perjudicado. Nacquart se explica con el conde de Flancourt en presencia de un capit\u00e1n: pide la ayuda del gobernador y su regreso a Francia. Iba a embarcarse cuando Franceses y negros le detienen diciendo: \u00abQu\u00e9, buen Padre,\u00a0 os vais, \u00bfqui\u00e9n nos har\u00e1 rezar a Dios?\u00bb \u2013\u00bbY eso, cuenta Nacquart, puso las cadenas a los pies de mi voluntad, que qued\u00f3 presa de la de Dios manifestada por la voz del pueblo.\u00bb Flacourt entonces renov\u00f3 sus promesas y las mantuvo m\u00e1s fielmente.<\/p>\n<p>Al llegar a Madagascar, los Misioneros no hab\u00edan encontrado m\u00e1s que a cinco ni\u00f1os bautizados por Bellebarbe, sacerdote secular, enviado en 1649 a la isla Sainte-Marie para asistir a los colonos franceses. Pero muy pronto aumentaron maravillosamente esta cosecha. Cinco protestantes franceses a quienes convirtieron engrosaron primero la gavilla. Luego acudieron los negros en masa a su choza pidiendo instrucci\u00f3n y bautismo. Los blancos, por orgullo de raza, se mostraban menos d\u00f3ciles.<\/p>\n<p>Mientras tanto Flacourt organizaba la colonia. Llamaba a los Franceses exiliados por Pronis, visitaba a los jefecillos para hacerles entrar en buenos sentimientos para con los colonos. Nacquart, por su parte, quiso hacer sus visitas apost\u00f3licas. Se fue a ver a Faush\u00e8re Dian Hamach, el jefe bautizado en Goa, que hab\u00eda sucedido a su padre. Bien recibido, gracias a algunos presentes, Nacquart trat\u00f3 de atraer a las pr\u00e1cticas del cristianismo al jefe vuelto a sus supersticiones nacionales. Hamach prometi\u00f3 convertirse con todo su pueblo, cuando un sacerdote viniera a vivir en su Estado de Anos. Y, en prueba de que no se hab\u00eda olvidado de su fe, recit\u00f3 en portugu\u00e9s el <em>Pater<\/em>, el <em>Ave<\/em> y el <em>Credo<\/em>, y mostr\u00f3 a un Malgache, bautizado en otro tiempo por los jesuitas, que llevaba en el pecho un tatuaje de tres cruces.<\/p>\n<p>Aprovechando estas buenas disposiciones, Nacquart comenz\u00f3 a formar a estos s\u00fabditos de Ramach en la oraci\u00f3n, sembr\u00f3 en sus corazones la semilla de la salvaci\u00f3n, y se volvi\u00f3 pleno de esperanzas al Fort-Dauphin para las fiestas de Navidad. El d\u00eda de la Epifan\u00eda festej\u00f3 el aniversario de la vocaci\u00f3n de los gentiles por el bautismo de algunos ni\u00f1os, de los que uno, puesto bajo el patrocinio de Flacourt, recibi\u00f3 el nombre de <em>Pedro,<\/em> como si hubiera sido el fundamento del edificio espiritual que se trataba de elevar en esta comarca. Tambi\u00e9n se celebr\u00f3 una misa mayor, con toda la pompa posible, en presencia de todos los Malgaches, que se conformaron, ay, con la admiraci\u00f3n. En sus ideas supersticiosas hu\u00edan ante el solo signo de la cruz; y para atraerlos, el Misionero deb\u00eda tomar la mano de unos de ellos, dirigirla de su frente al pecho para formar la se\u00f1al augusta: s\u00f3lo entonces ellos lograban y consent\u00edan, tranquilizados, en hacer ellos mismos lo que hab\u00edan visto hacer impunemente a los dem\u00e1s. Aunque m\u00e1s ignorantes las mujeres se mostraban m\u00e1s accesibles, en el presentimiento misterioso que, en eso y otras partes, s\u00f3lo el cristianismo los levantar\u00eda de su degradaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s, gran fiesta en casa de Dian Ramach,\u00a0 Nacquart aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para ir a recordarle su promesa. Bien recibido tambi\u00e9n, le invit\u00f3 a profesar su antigua fe delante de sus s\u00fabditos; pero el Dian se mostr\u00f3 vacilante y nadie se convirti\u00f3. Nacquart, al menos, predic\u00f3 de nuevo la doctrina cristiana.<\/p>\n<p>De regreso al Fort-Dauphin, continuaba con Gondr\u00e9e su santo ministerio entre los Franceses y los negros, cuando fue reclamado ante un jefe vecino, llamado Ramanore. Gravemente enfermo, este jefe hab\u00eda pedido en vano su curaci\u00f3n a sus ombiasses y a sus o\u00falis, y quer\u00eda probar el bautismo. Llegado a \u00e9l, Navquart le dijo: \u00abDios permite a menudo las enfermedades de nuestros cuerpos para la salvaci\u00f3n de nuestras almas. \u00c9l es todopoderoso para curaros si renunci\u00e1is a vuestras supersticiones y le serv\u00eds.\u00bb Entonces, el jefe pide ser instruido. Para dar multiplicaci\u00f3n a la divina semilla, el Misionero enseguida re\u00fane a todos los del pueblo y les anuncia la buena nueva. \u00abMi coraz\u00f3n se siente aliviado, dice entonces el jefe. Lo creo todo. Yo llevo compasi\u00f3n al Hijo de Dios muerto por nosotros; se lo agradezco y no lo olvidar\u00e9 nunca.\u00bb Luego, volvi\u00e9ndose a lo principal: \u00ab\u00bfCre\u00e9is, le dice al Misionero, que Jesucristo sea tan poderoso como para devolverme la salud? \u2013S\u00ed, responde Nacquart; si cre\u00e9is, os curar\u00e9is y os salvar\u00e9is.\u00bb Y el jefe le pide el bautismo. Pero Nacquart, viendo que se preocupar\u00eda m\u00e1s de su cuerpo que de su alma, le dice: \u00abHay que probar que vuestro deseo de servir a Dios es verdadero; y aparecer\u00e1 tal si, habiendo recibido de \u00e9l la salud,\u00a0 como yo espero que os la devuelva, os hac\u00e9is instruir m\u00e1s ampliamente, vos y vuestra familia.\u00bb Oyendo estas palabras la mujer del jefe, que llevaba en el fondo del alma este cristianismo natural del que habla Tertuliano, dijo al Misionero: \u00abHace mucho tiempo que acudimos a Dios; y, en toda circunstancia, particularmente al plantar y recoger el arroz, elevamos los ojos al cielo y le decimos: \u00bb Eres t\u00fa quien puedes hacer venir todo lo que yo planto y quien ha hecho venir lo que yo recojo, si tuvieras necesidad, yo te lo dar\u00eda; por lo menos les dar\u00e9 a los que lo necesiten, como a los Franceses que pasen por aqu\u00ed y a los pobres esclavos.\u00bb Y los dem\u00e1s Malgache a\u00f1ad\u00edan: \u00abLo que acabamos de o\u00edr vale mucho m\u00e1s que el oro y la plata, ya que el oro, lo puede uno tomar de quien duerme; pero esto, \u00bfqui\u00e9n nos lo podr\u00e1 quitar? Lo volvemos a recobrar siempre en nuestro coraz\u00f3n\u00a0 despu\u00e9s del sue\u00f1o.\u00bb<\/p>\n<p>Nacquart se despidi\u00f3 de sus oyentes dejando al enfermo con la esperanza de la curaci\u00f3n, y a sus s\u00fabditos el deseo de ser instruidos.<\/p>\n<h3>III. <em>Muerte de Gondr\u00e9e. \u2013Nacquart solo.<\/em><\/h3>\n<p>En el momento en que Nacquart se hallaba lleno de consuelo y de esperanza, Dios le preparaba la m\u00e1s cruel de las pruebas.<\/p>\n<p>El mes de junio de 1649, Flacourt quiso visitar a Dian Ramach en compa\u00f1\u00eda de un Misionero, y se llev\u00f3 a Gondr\u00e9e. Era durante las Rogativas. Sin pescado ni legumbres en estas tierras. Gondr\u00e9e no quiso usar del privilegio que aplic\u00f3 a sus compa\u00f1eros, y se content\u00f3 con un poco de arroz cocido en agua. Este ayuno excesivo, el calor extremo, la fatiga de un viaje a pie le obligaron a guardar cama en Faush\u00e8re, atacado de una fiebre disent\u00e9rica. Llevado al Fort-Dauphin despu\u00e9s de unos d\u00edas de descanso, , la fiebre le volvi\u00f3 a atacar con mayor violencia y acompa\u00f1ada de delirio. El primer uso que hizo de su raz\u00f3n recobrada fue pedir a Nacquart que le oyera en confesi\u00f3n y someterse amorosamente a la voluntad de Dios. Al d\u00eda siguiente de la Ascensi\u00f3n, como el mal empeoraba, Nacquart le administr\u00f3 el santo vi\u00e1tico en presencia de los colonos franceses. En las fiestas de Pentecost\u00e9s. El se reparti\u00f3 entre los colonos y su querido enfermo, instruyendo, reconciliando a unos, atendiendo al otro con santos pensamientos, pidiendo a Dios que no le dejara a \u00e9l mismo hu\u00e9rfano y a la colonia viuda. El lunes Gondr\u00e9e recibi\u00f3 la extremaunci\u00f3n con una devoci\u00f3n admirable. Encomend\u00f3 a los asistentes el temor de Dios y la devoci\u00f3n a la sant\u00edsima Virgen. Y \u00e9l, \u00e9l s\u00f3lo sent\u00eda una solicitud, la conversi\u00f3n de los herejes y de loas infieles, y un solo pesar el de dejar a sus queridos isle\u00f1os. Y, al acercarse su fin: \u00abDecid al Sr. Vicente, dijo a Nacquart, que le agradezco humildemente el haberme admitido y por todo lo que ha sufrido en nombre de los Misioneros, y en particular por haberme escogido y enviado a este pa\u00eds, en lugar de tantos otros que lo habr\u00edan hecho mejor que yo.\u00bb Luego leg\u00f3 a su madre, a sus parientes, un tierno recuerdo pidiendo oraciones; y a su cohermano, por dos veces, la promesa de sufrimientos y persecuciones, verdadero legado, verdadera herencia de Misionero! Al anochecer, Nacquart, pensando en su futura soledad y en la privaci\u00f3n, bien larga posiblemente, durante la que necesitar\u00eda del ministerio de un sacerdote, le pregunt\u00f3 si tendr\u00eda la fuerza para absolverle. De repente el enfermo se descubre, levanta su brazo desfallecido y da a Nacquart su \u00faltima bendici\u00f3n. Algunas horas despu\u00e9s hab\u00eda regresado a Dios. Enseguida, cuenta Nacquart, la luna se vel\u00f3, como para indicar las tinieblas en las que su muerte iba a sumir esta tierra infiel.<\/p>\n<p>Nacquart enterr\u00f3 \u00e9l mismo el cuerpo del ap\u00f3stol y del m\u00e1rtir; luego celebr\u00f3 sus funerales, con la voz entrecortada con tales sollozos que tuvo que pedir perd\u00f3n a los asistentes en nombre de las l\u00e1grimas que Jes\u00fas hab\u00eda derramado ante L\u00e1zaro, y los cristianos repitieron la palabra del Evangelio: \u00ab<em>Ecce quomodo amabat eum!<\/em> Los negros mismos que apenas le hab\u00edan conocido dec\u00edan llorando: \u00abAntes de \u00e9l, no hab\u00edamos visto a hombres semejantes, que no fueran col\u00e9ricos ni fastidiosos, y que nos hablaran con afecto\u00a0 de las cosas de nuestra salvaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Una vez solo, a cuatro mil leguas de su pa\u00eds, enfrentado a fatigas y sufrimientos que pronto deb\u00edan conducirle a \u00e9l tambi\u00e9n a la muerte, Nacquart comenz\u00f3 por hacer su testamento. Nombr\u00f3 a uno de sus ne\u00f3fitos para asistirle en su \u00faltimo combate, se\u00f1al\u00f3 c\u00f3mo deb\u00edan traerle decentemente el santo vi\u00e1tico, si no pod\u00eda \u00e9l mismo ir a buscarlo a la iglesia. Se encomend\u00f3 a las oraciones de los Franceses durante su agon\u00eda, y despu\u00e9s de su muerte pidi\u00f3 ser enterrado cerca del altar, y si no, en el cementerio, al lado de Gondr\u00e9e, su querido compa\u00f1ero; leg\u00f3 su patrimonio a sus hermanos, con la condici\u00f3n de misas y de limosnas por el descanso de su alma y para dar gracias a Dios por el honor de haber sido recibido como Misionero y enviado a Madagascar.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de lo cual,\u00a0 pidi\u00f3 a Nuestro Se\u00f1or la parte de gracias del difunto, para hacer \u00e9l solo la obra de los dos, y sinti\u00e9ndose escuchado en su cuerpo y en su alma, se volvi\u00f3 al trabajo con resignaci\u00f3n y valor.<\/p>\n<p>Temiendo ser sorprendido por la muerte, su primer cuidado fue componer en la lengua del pa\u00eds instrucciones sobre las verdades m\u00e1s necesarias para la salvaci\u00f3n con el fin de leg\u00e1rselas a sus sucesores, y comenz\u00f3 a predic\u00e1rselas \u00e9l mismo a los infieles admirados de la facilidad de su elocuci\u00f3n. Por s\u00ed mismo o por otro no perd\u00eda ocasi\u00f3n de anunciar a Jesucristo. Cuando los Franceses part\u00edan a alguna expedici\u00f3n, les preparaba primero el alma; luego hac\u00eda de ellos otros tantos Misioneros a los que encargaba de anunciar la fe a los infieles, mediante instrucciones que les daba por escrito.<\/p>\n<p>Y como, desde la muerte de Gondr\u00ebe, encargado por su parte de los Franceses, no pod\u00eda apenas ausentarse de la colonia, y menos ahora que estaba padeciendo mucho por las enfermedades. Veinticinco entre soldados y colonos mor\u00edan entonces en el Fort-Dauphin, mientras que otros veinticuatro sucumb\u00edan en las tierras. Ten\u00eda que quedarse para asistirlos, y por el servicio religioso en el Fuerte. Entonces fue cuando recibi\u00f3 la visita de los hijos de Dian Panole, jefe de una parte septentrional de la isla. Estas j\u00f3venes siguieron asiduamente sus instrucciones y le invitaron a venir a establecerse en medio de su pueblo, prometi\u00e9ndole la obsequiosidad de su padre y la conversi\u00f3n de sus s\u00fabditos. Un deber m\u00e1s imperioso reten\u00eda a Nacquart en el Fort-Dauphin. Nuevo dolor para \u00e9l, sobre todo cuando supo que efectivamente que aquel pueblo estaba en buenas disposiciones de recibir el Evangelio.<\/p>\n<p>Entretanto, hac\u00eda alguna excursi\u00f3n a las tierras, pero tan s\u00f3lo por algunos d\u00edas.. as\u00ed, una vez, uno de los hijos de Dian Ramach habiendo enfermado, este jefe le mand\u00f3 a buscar para aplicarle el remedio del bautismo. \u00ab\u00bfTen\u00e9is la intenci\u00f3n, dijo Nacquart al jefe, de educarle en la religi\u00f3n cristiana? \u2013Yo telo entrego, respondi\u00f3 Ramach, te pertenece; s\u00e9 para \u00e9l su padre y su madre,\u00bb El joven fue bautizado y se cur\u00f3. Dian Ramach, siguiendo su promesa del a\u00f1o anterior, expuso la religi\u00f3n cristiana a sus vasallos, resaltando la superioridad sobre sus supersticiones. Todos pidieron instrucci\u00f3n y bautismo. Pero el Misionero, obligado a regresar a la colonia, no pod\u00eda aprovecharse de estas disposiciones. Al menos instru\u00eda a la gente de los pueblos por el d\u00eda, y por la noche, al claro de luna, a los que volv\u00edan del trabajo. \u00cbl sembraba; otros deb\u00edan cosechar.<\/p>\n<p>En los pueblos situados m\u00e1s all\u00e1 de Fansh\u00e8re, sigui\u00f3 un consejo de Vicente. hab\u00eda llevado consigo una gran imagen del \u00faltimo juicio, del para\u00edso y del infierno. En cada pueblo, comenzaba por exponer las grandes verdades de la salvaci\u00f3n; despu\u00e9s, desplegando su cuadro y se\u00f1al\u00e1ndole: \u00bb \u00bfQu\u00e9 escog\u00e9is, les preguntaba, lo de arriba o lo de abajo, el para\u00edso o el infierno?\u00a0 -A m\u00ed no me interesa, respond\u00eda cada insular en su lenguaje, escoger ir con el diablo, es con Dios con quien quiero quedarme.\u00bb Y ellos admiraban la imagen, extra\u00f1\u00e1ndose de que se hubiera podido trazar figuras en el papel. Estaban como en un \u00e9xtasis. Si, doblada la imagen, llegaba alguien: \u00abAh, t\u00fa no has visto la riqueza\u00bb, le dec\u00edan todos. Y hab\u00eda que desplegarla otra vez y volver a dar la explicaci\u00f3n. Entonces, entre Nacquart y sus buenos isle\u00f1os, se establec\u00eda un di\u00e1logo familiar y confiado. \u00abPadre, le dec\u00edan, nuestros ombiasses no nos hablan nunca de Dios; ellos no nos visitan m\u00e1s que por\u00a0 inter\u00e9s o para enga\u00f1arnos; pero t\u00fa, t\u00fa nos ense\u00f1as gratis y nos dicen siempre la verdad.\u00bb Sobre los diferentes puntos del cristianismo, ellos expresaban ingenuamente sus impresiones; maldiciones contra el diablo, al se habr\u00edan sentido dichosos de echarle mano y quemarlo; maldiciones tambi\u00e9n, pero pronto reprimidas por el Misionero contra nuestros primeros padres. \u00abOh, qu\u00e9 hermoso habr\u00eda sido, exclamaban, ser como Dios nos hab\u00eda hecho, sin trabajo, sin sujeci\u00f3n a las enfermedades ni a la muerte!\u00bb<\/p>\n<p>Nacquart fue as\u00ed, mostrando el cuadro, hasta en la casa de Dian Raberas, jefe de una tribu del valle de Amboul. \u00c9ste se hallaba enfermo. Pidi\u00f3 que le hablaran de Dios y que le mostraran la imagen. Reunidos los vasallos, Nacquart comenz\u00f3 su explicaci\u00f3n y, mostrando el infierno: \u00abAll\u00ed, dijo, ir\u00e1n los pol\u00edgamos.\u00bb Bueno pues, Raberas ten\u00eda cinco mujeres. Palideci\u00f3 y ech\u00f3 a temblar; luego pidi\u00f3 al Misionero que volviera despu\u00e9s de su curaci\u00f3n, prometiendo quedarse con una sola mujer, y obligar a sus vasallos a recibir el Evangelio.<\/p>\n<p>De regreso al Fort-Dauphin, Nacquart puso la primera piedra de una iglesia dedicada a la sant\u00edsima Virgen, el 2 de febrero de a1650, d\u00eda de la Purificaci\u00f3n. Desde entonces volvi\u00f3 al curso de sus visitas a los jefes. Visit\u00f3, entre otros, a Dian Madombour, gran ombiasse, que dispon\u00eda, seg\u00fan dec\u00edan, de los saltamontes; despu\u00e9s a Dian Marsicon, otro ombiasse, que hac\u00eda a su gusto la lluvia y la sequ\u00eda, siempre para provecho de sus arrozales y de sus reba\u00f1os. A pesar de ello, la sequ\u00eda le hab\u00eda alcanzado a \u00e9l tambi\u00e9n, y el pueblo, m\u00e1s desdichado todav\u00eda, murmuraba. \u00ab\u00bfLlover\u00e1 pronto? \u00ab, pregunt\u00f3 a Nacquart. \u2013Es, respondi\u00f3 el Misionero, el secreto de Dios quien, a su gusto, env\u00eda o retiene la lluvia. Pero t\u00fa, si eres tan poderoso, \u00bfpor qu\u00e9 permites que se sequen y se pierdan los arrozales del pa\u00eds y los tuyos? \u2013Es por culpa de los o\u00fblis, replic\u00f3 el ombiasse; y Nacquart empez\u00f3 a tronar contra la vanidad de los \u00eddolos.<\/p>\n<p>De vuelta al Fort-Dauphin, en 1651, para predicar la cuaresma a los Franceses, celebr\u00f3 la primera misa en la nueva iglesia el d\u00eda de Pascua; solemnidad que result\u00f3 realzada por el bautismo, la primera comuni\u00f3n y el matrimonio de muchos Malgaches adultos. De esta manera crec\u00eda la misi\u00f3n. Al llegar a Madagascar, no hab\u00eda encontrado m\u00e1s que a cinco ni\u00f1os bautizados por Bellebarbe; \u00e9l hab\u00eda bautizado a otros cincuenta y dos, sin contar a setenta y siete Malgaches adultos y m\u00e1s ne\u00f3fitos a los que difer\u00eda el bautismo hasta su matrimonio, \u00fanica esperanza de perseverancia de esta naci\u00f3n disoluta. Vigilaba tan s\u00f3lo que ninguno de \u00e9stos se muriera sin el bautismo. Es as\u00ed como bautiz\u00f3 a una anciana Malgache cuyo cuerpo ocup\u00f3 la primera plaza en el cementerio de los Franceses. A estos bienes convendr\u00eda a\u00f1adir a protestantes convertidos, numerosos matrimonios rehabilitados entre Franceses y negras, por \u00faltimo proyectos caritativos, sobre todo para la educaci\u00f3n de las mujeres y de las j\u00f3venes de este pa\u00eds, proyectos que, sin haber sido realizados, se han contado por Dios en el haber de su siervo.<\/p>\n<p>Durante la semana santa de ese a\u00f1o de 1651, el jefe de los Matatanes, Dian Taboulaze, lleg\u00f3 a prestar sumisi\u00f3n al conde de Flacourt. Asisti\u00f3 con admiraci\u00f3n a las hermosas ceremonias del culto cat\u00f3lico. Se extasiaba delante de los cuadros que representaban a la sant\u00edsima Virgen y al Salvador en la cruz. Tocaba los clavos y las manos de las manos y de los pies para sentirlos. Nacquart no perdi\u00f3 la ocasi\u00f3n de contarle la historia de la vida y de la pasi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. \u00abOh, c\u00f3mo me gustar\u00eda, dijo entonces al Misionero, que t\u00fa vinieras a nuestra tierra de los Matatanes! Yo ir\u00eda siempre a prender contigo.\u00bb<\/p>\n<p>Estas buenas disposiciones para recibir el Evangelio renovaban el dolor del Misionero, a quien la soledad reduc\u00eda a la impotencia. Ve\u00eda a estos pueblos que no esperaban m\u00e1s que <em>el movimiento del agua<\/em>, seg\u00fan la expresi\u00f3n evang\u00e9lica, para bajar a la piscina del bautismo. Al recorrer los pueblos, o\u00eda a esta pobre gente gritarle: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 pues esta agua que lava las almas y que nos has prometido? Ll\u00e9vanos y haz las oraciones.\u00bb Y entonces, escribiendo a Vicente, dec\u00eda con san Francisco Javier: \u00abDonde est\u00e1n tantos doctores que pierden el tiempo en las academias, mientras que tantos pobres infieles <em>piden pan y no hay quien se lo parta..<\/em> no dudo, Se\u00f1or, que todos los individuos de la congregaci\u00f3n salten de alegr\u00eda con las noticias deseables a su celo, y quieran cooperar con Dios en la conquista de este nuevo reino para Jesucristo, y que, en la compasi\u00f3n de verme solo en un pa\u00eds tan distante administrar los sacramentos a los dem\u00e1s, sin poder recibir otros que la santa Eucarist\u00eda, ellos rueguen a la bondad de Dios para que me fortalezca en su gracia.\u00bb<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s recibir la muerte de Gondr\u00e9e, Vicente pens\u00f3, en efecto, en no abandonar a Nacquart solo en las fatigas en las que no pod\u00eda dejar de sucumbir bien pronto. Llam\u00f3 de Picard\u00eda a Jacques Mounier, que estaba ocupado en distribuir limosnas. Hac\u00eda tiempo que Mounier, nacido en Saintes, deseaba dar su vida por la salvaci\u00f3n de los infieles, y hab\u00eda hecho voto de recitar todos los d\u00edas el rosario para obtener la gracia de ser destinado a las misiones lejanas. Vicente le asoci\u00f3 a Toussaints Bourdaise, de Blois, que depend\u00eda entonces del obispado\u00a0 de Chartres. Transformaciones maravillosas operadas por la gracia, adorables juegos de la Providencia. Hab\u00edan estado a punto m\u00e1s de una vez de despedir a Bourdaise de la Compa\u00f1\u00eda, por demasiado escaso talento y ciencia<span id='easy-footnote-3-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-3-107880' title='Repet. de ora. del 25 de noviembre de 1657.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>, y es \u00e9l quien se va a convertir en el verdadero ap\u00f3stol de Madagascar. Las revueltas del reino, rivalidades de las compa\u00f1\u00edas no permitieron a los dos Misioneros hacerse a la mar hasta principios de 1654, y le 16 de agosto llegaban a Fort-Dauphin.<\/p>\n<h3>IV. <em>Muerte de Nacquart. \u2013Nuevos Misioneros.<\/em><\/h3>\n<p>Hac\u00eda m\u00e1s de tres a\u00f1os ya que la colonia estaba viuda de Nacquart, muerto a los treinta y cuatro a\u00f1os el 29 de mayo de 1651, sin que en este largo intervalo sin que la noticia hubiera llegado a Par\u00eds. Fue Mounier quien, en carta del\u00a0 6 de febrero de 1655 transmiti\u00f3 a Vicente estos f\u00fanebres detalles. .Algunos d\u00edas despu\u00e9s de Pascua, Nacquart se hab\u00eda sentido atacado y, el domingo del Buen Pastor, con el presentimiento del fin pr\u00f3ximo, hab\u00eda comentado en el p\u00falpito este texto: \u00ab<em>Percitiam pastorem, et dispergentur oves (<\/em>herir\u00e9 al pastor y se dispersar\u00e1n las ovejas). No hab\u00eda dejado, a pesar de su debilidad, de ir a pie a un pueblo distante varias leguas de Fort-Dauphin, para bautizar all\u00ed a un anciano y a diez ni\u00f1os. A su regreso hab\u00eda predicado tambi\u00e9n el d\u00eda de la Ascensi\u00f3n. Esto hab\u00eda sido su esfuerzo supremo. Se hab\u00eda vuelto a la cama, y hab\u00eda dado sus \u00faltimas disposiciones. Hab\u00eda recomendado a los Franceses el cuidado de los enfermos, la fidelidad a su fe, el respeto del Sant\u00edsimo Sacramento que dejaba en la iglesia, sobre todo si, forzados a huir, deb\u00edan llev\u00e1rselo con ellos, la exhumaci\u00f3n de Gondr\u00e9e que \u00e9l deseaba que se pusiera con \u00e9l en la misma tumba al pie del altar; luego, despu\u00e9s de veinticuatro horas de delirio, hab\u00eda entregado su alma a Dios. los Franceses le hab\u00edan dado sepultura en medio de cantos f\u00fanebres, revestido de sus ornamentos sacerdotales y se hab\u00edan reunido al cabo del a\u00f1o para cantar otra vez el oficio de los difuntos. A pesar del olvido que cubre a los muertos casi tan r\u00e1pidamente como la tierra de su fosa, la memoria de Nacquart estaba todav\u00eda viva entre los Franceses y entre los negros. \u00abEra, ha escrito Flacourt<span id='easy-footnote-4-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-4-107880' title='&lt;em&gt;Histoire de la grande \u00cele de Madagascar, &lt;\/em&gt;Par\u00eds, 1658, in-4\u00ba.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>, un hombre de buen car\u00e1cter, celoso `por la religi\u00f3n, , y que viv\u00eda ejemplarmente bien, que ten\u00eda ya el conocimiento de la lengua suficiente para instruir a los habitantes del pa\u00eds, en el que se dedicaba de continuo con todas sus fuerzas, y ha sido llorado de nosotros, tanto que sigui\u00e9ndole muchos Franceses trataban de vivir bien, que, m\u00e1s tarde, por falta de instrucci\u00f3n, se abandonaron al vicio com\u00fan de este pa\u00eds, que es el de la carne.\u00bb<\/p>\n<p>Por su parte, Vicente hizo de Nacquart y de Gondr\u00e9e esta impresionante oraci\u00f3n f\u00fanebre, en una de las conferencias ordinarias de San L\u00e1zaro: \u00abOh, Salvador! Uno de estos d\u00edas, hablaba yo a uno de esos Se\u00f1ores que han regresado de aquel pa\u00eds. Dios m\u00edo, qu\u00e9 cosas no me dec\u00eda del Sr. Nacquart, el gran servidor de Dios, y con qu\u00e9 sentimientos me hablaba. Cu\u00e1ntas obras buenas, grande p\u00e9rdida la de este servidor de Dios. Pero grande provecho. Oh Salvador! <em>Sanguis martyrun semen christianorum <\/em> Eso me hace esperar que su martirio (pues ha muerto por Dios) ser\u00e1 la semilla de los cristianos; que Dios, a la vista de su muerte, nos dar\u00e1 la gracia de fructificar\u2026 Y del Sr.Gondr\u00e9e, Dios m\u00edo, qu\u00e9 sentimientos, qu\u00e9 sentimientos. Tengo siempre presente a aquel hombre, su gran dulzura, su gran modestia; todav\u00eda recuerdo las buenas palabras que nos dec\u00eda en el ajetreo del embarque, este hombre de Dios. Oh Salvador, pidamos a Dios que d\u00e9 a la Compa\u00f1\u00eda ese esp\u00edritu, ese coraz\u00f3n; ese coraz\u00f3n que nos haga ir a todas partes, ese coraz\u00f3n del Hijo de Dios, ese coraz\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. Coraz\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or. Coraz\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or! que nos dispone a ir como \u00e9l ir\u00eda y como \u00e9l habr\u00eda ido, si su sabidur\u00eda eterna hubiera juzgado conveniente trabajar por la conversi\u00f3n de las naciones pobres.\u00bb<span id='easy-footnote-5-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-5-107880' title='Repet. de orac. ,1655.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Privados de sacerdotes por tan largo tiempo, los Franceses, con Flacourt a la cabeza, recibieron a Mounier y a Bourdaise con mucho honor y cordialidad. Los instalaron primeramente en su peque\u00f1a choza; de all\u00ed se fueron a la iglesia, donde su gozo fue inmenso al ver que las sagradas especies dejadas por Nacquart se conservaban en estado de perfecta conservaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por su parte, los negros bautizados por los primeros Misioneros acudieron a los sucesores, trayendo con ellos a una multitud de compatriotas, venidos de todas las regiones vecinas para hacerse instruir; de manera que la choza se volvi\u00f3 pronto demasiado peque\u00f1a, y fue preciso construir otra mayor, destinada exclusivamente a los catecismos.<\/p>\n<p>Y es que todos, Franceses y negros, ten\u00edan buenas razones para desear la llegada de los Misioneros. Flacourt ve\u00eda todos los d\u00edas desaparecer su colonia bajo los golpes de las enfermedades y de los Malgaches, y \u00e9l mismo se sent\u00eda amenazado de asesinato. Los que enviaba en misi\u00f3n no volv\u00edan, porque los Malgaches infestaban los caminos, se llevaban los animales y masacraban a los Franceses extraviados. Se los frenaba a veces a fuerza de valor, y esos b\u00e1rbaros dec\u00edan entonces: \u00abHemos o\u00eddo hablar de los Portugueses; hemos conocido a los Holandeses y a los Ingleses; pero no son hombres como vosotros; ya que vosotros no os preocup\u00e1is por vuestras vidas, y aunque ve\u00e1is la muerte ante los ojos, no os asust\u00e1is. Sois diferentes que esos extranjeros, no sois hombres, sino leones.\u00bb A pesar de todo, eran treguas siempre violadas por jefes p\u00e9rfidos, perpetuos ataques, y los Franceses bloqueados en el Fuerte, ten\u00eda que luchar a la vez contra el hambre y las armas de los Malgaches. Y no llegaba ning\u00fan nav\u00edo de Francia. Flacourt estaba dolorosamente sorprendido por el abandono en que le dejaba la Compa\u00f1\u00eda de Oriente, cuando, el 11 de agosto de 1654, cinco d\u00edas antes de la llegada de los Misioneros, vio dirigirse hacia \u00e9l por tierra a dos Franceses llegados ya a Madagascar. Sin barco a la vista, por d\u00f3nde hab\u00edan llegado, y qu\u00e9 quer\u00edan de \u00e9l? le informaron que la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda cedido sus derechos al mariscal de La Meilleraye, y dos barcos suyos se hallaban fondeados a cuatro leguas de la ensenada del Fort-Dauphin. Una carta del\u00a0 superintendente Fouquet le avisaba que estos dos barcos le tra\u00edan a dos\u00a0 sacerdotes de la Misi\u00f3n y se los recomendaba su benevolencia religiosa. Nada m\u00e1s sobre la conducta que deb\u00eda seguir. Hasta que el 16 le entregaron una carta de La Meilleraye, que parec\u00eda aceptar sus servicios y poner nuevos recurso a su disposici\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, ni una palabra de la Compa\u00f1\u00eda, de la que era representante.<\/p>\n<p>Esta Compa\u00f1\u00eda, herida de muerte con Richelieu, su protector, hab\u00eda obtenido no obstante, en 1652, la continuaci\u00f3n de sus privilegios por quince a\u00f1os; pero arrastraba una existencia l\u00e1nguida. Fue entonces cuando La Meilleraye, en previsi\u00f3n de su final pr\u00f3ximo, envi\u00f3 las dos barcas que acabamos de ver en la rada del Fort-Dauphin, para apoderarse de Madagascar en su nombre.<\/p>\n<p>Estas tristes rivalidades mercantiles hab\u00edan retrasado el env\u00edo de nuevos Misioneros. Obligado al fin a venir en ayuda de los suyos, Vicente se hab\u00eda determinado a confiar a Mounier y a Bourdaise a las barcos de La Meilleraye. Pues \u00bfy qu\u00e9 hacer? La Compa\u00f1\u00eda de Oriente estaba amenazada de una disoluci\u00f3n evidentemente pr\u00f3xima. Hacer arreglos con ella era atraerse las persecuciones del mariscal quien, seg\u00fan todas las probabilidades, iba a hacerse el \u00fanico due\u00f1o de la isla. Vicente seguir\u00e1 dudando, a pesar de todo, entre la Compa\u00f1\u00eda y La Meilleraye, lo que perjudicar\u00e1 el transporte de los ap\u00f3stoles del evangelio.<\/p>\n<p>Entre tanto Mounier y Bourdaise se hab\u00edan enfrascado en el estudio de la lengua y, al cabo de unos meses, pod\u00edan catequizar a los negros al mismo tiempo que ellos atend\u00edan espiritualmente a los Franceses. Todo iba nejor cuando tuvo lugar una revoluci\u00f3n en el gobierno de la colonia.<\/p>\n<p>Flacourt, sin poderes asegurados, enfrentado a las reclamaciones de sus colonos a quienes no pod\u00eda satisfacer, amenazado por Pronis,\u00a0 el antiguo gobernador, y por el capit\u00e1n La For\u00eat llegados uno y otro en los barcos de La Meilleraye, dos competidores en expectativa que le pod\u00edan suplantar de un momento a otro, resolvi\u00f3 regresar a Francia, para informarse de la situaci\u00f3n real de la Compa\u00f1\u00eda de Oriente. Hizo pues un trato por el que entregaba en manos de Pronis y de La For\u00eat la colonia de la que constataba el estado pr\u00f3spero: provisiones\u00a0 abundantes de arroz y ganados, contribuciones de guerra ingresadas en su caja, numerosas tribus sometidas a la autoridad del rey de Francia, as\u00ed como las islas de Santa Mar\u00eda y Mascareigne (Bourbon).<\/p>\n<p>Salido el 5 de febrero de 1655, y desembarcado en Nantes el 18 de junio del mismo a\u00f1o, se entreg\u00f3 bien pronto de la causa de su abandono, es decir las intrigas y las rivalidades ya citadas.<\/p>\n<p>Mientras que pon\u00eda en pie en Francia los asuntos de la Compa\u00f1\u00eda era presa de las desdichas por las que \u00e9l hab\u00eda salido de all\u00ed. Una parte del fuerte y de los comercios hab\u00eda sido pasto de las llamas, en medio de las celebraciones destinadas a festejar la instalaci\u00f3n de Pronis. Algunos d\u00edas despu\u00e9s, otro incendio estallaba y devoraba el resto del fuerte, la caspilla y la casi totalidad del pueblo: desastre que Pronis, sin provisiones y sin instrumentos de trabajo no pudo nunca reparar. Por su parte, Bourdaise hizo construir, a alguna distancia del fuerte, una nueva choza, donde reanud\u00f3 la explicaci\u00f3n de los cuadros de la religi\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>El mal \u00e9xito de una expedici\u00f3n, emprendida en los Mahofules, iba a ser m\u00e1s funesta a la Compa\u00f1\u00eda. Como un gran n\u00famero de Franceses hab\u00edan muerto sin sacramentos en las expediciones precedentes, Pronis pidi\u00f3 a Mounier que acompa\u00f1ara a \u00e9sta. Apenas aclimatado, pero feliz por una ocasi\u00f3n as\u00ed de llevar la fe a los infieles, Mounier parti\u00f3\u00a0 al final de febrero de 1655. Tres meses hab\u00edan transcurrido sin que se recibieran noticias de la expedici\u00f3n cuando, el 23 de mayo, aparece un Franc\u00e9s por una colina lejana. Van todos hacia \u00e9l, y se enteran de que todos los compa\u00f1eros suyos que hab\u00edan escapado a las azagayas(dardos) de los Malgaches hab\u00edan ca\u00eddo enfermos; que Mounier muy enfermo tambi\u00e9n,\u00a0 despu\u00e9s de arrastrarse un buen rato, sin beber, sin tomar alimento, era trasportado por los negros durante seis d\u00edas en unas andas.<\/p>\n<p>Bourdaise se dirige a toda prisa\u00a0 al campamento franc\u00e9s, luego a la choza de Mounier. Un lamento le indica que su compa\u00f1ero est\u00e1 en la agon\u00eda. En efecto, Mounier s\u00f3lo esperaba para morir los sacramentos , y apenas los hubo recibido, se durmi\u00f3 dulcemente en el Se\u00f1or, la v\u00edspera de la Ascensi\u00f3n.<\/p>\n<p>La expedici\u00f3n regres\u00f3 a la colonia en un estado lastimoso con dieciocho franceses menos, casi sin bot\u00edn , y con el cad\u00e1ver de Mounier, a quien Bourdaise deposit\u00f3 a l lado de Nacquart y de Gondr\u00e9e.<\/p>\n<p>Solo a su vez, Bourdaise recobr\u00f3 con valor su santo apostolado. Con la aprobaci\u00f3n del gobernador, recorr\u00eda las chozas, expulsaba a las mujeres de mala vida,\u00a0 y se sent\u00eda bastante afortunado para hacer de varias de ellas\u00a0 otras Magdalenas arrepentidas. Como faltaban en la colonia toda clase de provisiones, se resolvi\u00f3 hacer una expedici\u00f3n nueva. La For\u00eat se subi\u00f3 a una canoa que quer\u00eda dirigir a Galhemboule, Santa Mar\u00eda y el mar Rojo. En Galhemboule, maltrat\u00f3 a los nativos, quienes le masacraron. La canoa continu\u00f3 su ruta, pero no trajo m\u00e1s que algunas toneladas de arroz.<\/p>\n<p>Durante esta expedici\u00f3n, Pronis, abrumado de tantos desastres cay\u00f3 enfermo y se vio a las puertas de la muerte. Mand\u00f3 llamar a Bourdaise. El Misionero crey\u00f3 que quer\u00eda volver de su protestantismo, o m\u00e1s bien de su incredulidad; s\u00f3lo quer\u00eda confiarle a su hija; y\u00a0 aceptado caritativamente el legado expir\u00f3 en la impenitencia de los cr\u00edmenes\u00a0 con los que hab\u00eda llenado a la colonia naciente. La joven abjur\u00f3 la herej\u00eda arrastr\u00f3 con su ejemplo a tres de sus correligionarias, de manera que no quedaron\u00a0 m\u00e1s que dos protestantes en el Fort-Dauphin.<\/p>\n<p>Des Perriers sucedi\u00f3 a Pronis. A pesar de tantas experiencias fatales, \u00e9l inaugur\u00f3 su reinado con masacres, pillajes, ejecuciones tan torpes como injustas\u00a0 y crueles. Los jefes condenados a muerte pidieron el bautismo, que Bourdaise, testigo impotente de estas abominables escenas, les administr\u00f3. Los ostros jefes iban a ejercer terribles represalias, cuando dos de ellos, temiendo la c\u00f3lera de los Franceses, vinieron a entregarse, con sus familias , a Des Perriers, en prenda de la fidelidad de sus parientes. Otros jefes siguieron el ejemplo\u00a0 y entregaron a sus hijos. Durante su estancia en el Fort-Dauphin todos se hicieron instruir en la religi\u00f3n cristiana, asistieron a la oraci\u00f3n y a las ceremonias del culto cat\u00f3lico. Bourdaise se dispon\u00eda a bautizarlos, pero la paz fue concluida; regresaron a sus pa\u00edses invitando solamente el Misionero a venir a instruir a sus s\u00fabditos.<\/p>\n<p>Entretanto el suelo, devastad por el pillaje o devorado por la sequ\u00eda, no produc\u00eda ya nada para la alimentaci\u00f3n de la colonia. Los Franceses se hallaban extenuados, los negros se mor\u00edan de hambre. Sin recursos \u00e9l tambi\u00e9n, Bourdaise va de puerta en puerta, recoge arroz, frutas, huesos, y distribuye as\u00ed cada d\u00eda una caldera llena de sopa a los m\u00e1s hambrientos, como se hac\u00eda en tiempos as\u00ed a la puerta de San L\u00e1zaro. Esta caridad impresiona a\u00a0 esta pobre gente. Todos piden la se\u00f1al del cristiano, jefes y vasallos. \u00abOh, escrib\u00eda entonces a Vicente el Misionero, si hubiera aqu\u00ed dos o tres sacerdotes, en una a\u00f1o todo este gran `pa\u00eds de Anos ser\u00eda bautizado. Yo trato al menos de inspirar el deseo, para que este bautismo <em>in voto<\/em> supla en la necesidad .<\/p>\n<p>Heredero del odio de su padre Ramach, Dian Panolah\u00e9 quiso aprovecharse de estos desastres para exterminar a los Franceses. Des Perriers se le adelant\u00f3. Envi\u00f3 de noche a Faush\u00e8re un destacamento que se apoder\u00f3 de su persona,\u00a0 y se lo llev\u00f3 al Fort-Dauphin. El p\u00e9rfido jefe iba a ser pasado por las armas, cuando Dian Machicore, su pariente, vino a tratar de su liberaci\u00f3n con Dian Mananghe. Eran aquellos mismos jefesque ve\u00edamos hace un momento como rehenes. Esta vez Bourdaise tuvo el consuelo de acabar su obra. . bautiz\u00f3 solemnemente a los cinco hijos de Machicore, uno de los cuales lleg\u00f3 a ser un cristiano perfecto. Mananghe le confi\u00f3 la educaci\u00f3n\u00a0 cristiana de su hijo, y el padre de este jefe, anciano centenario, conmovido por el ejemplo de estos j\u00f3venes, quiso tambi\u00e9n hacerse cristiano. La fiesta de la Purificaci\u00f3n de 1656, celebrada con gran pompa, suscit\u00f3 buenos deseos en las almas, y las fiestas de Pascua y de Pentecost\u00e9s fueron solemnizadas por numerosas bautizos. El fruto de estas conversiones se extendi\u00f3 a lo lejos. Un anciano de setenta a\u00f1os, jefe de Imours, peligrosamente enfermo, despu\u00e9s de invocar vanamente a sus o\u00fblis, pidi\u00f3 su curaci\u00f3n al bautismo; la obtuvo; y esta curaci\u00f3n maravillosa\u00a0 multiplic\u00f3 el n\u00famero de los cristianos.<\/p>\n<p>Mientras tanto Vicente de Pa\u00fal y la Meilleraye no se olvidaban de Madagascar, del que hab\u00edan\u00a0 llegado a saber por Flacourt el estado\u00a0 religioso. Cuatro nav\u00edos se encontraban\u00a0 a punto de salir para esta isla en el puerto de La Rochelle. Tres Misioneros, Mathurin de Belleville, Claude Dufour<span id='easy-footnote-6-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-6-107880' title='Dufour hab\u00eda querido hacerse cartujo. Vicente de Pa\u00fal le dio como cambio a este gusto poco reflexionado el apostolado de Madagascar. \u00abOs he ofrecido a Nuestro Se\u00f1o para esto, le escribi\u00f3 el 5 de noviembre de 1650;\u2026ya est\u00e1is en anos de la adorable Providencia para responder\u2026Hay muchos cartujos que querr\u00edan salir y que podr\u00edan; o, por lo menos, ser\u00eda de desear que salierna de us claustro por una obra de esta importancia.. Pues bien, Se\u00f1or, no pens\u00e9is m\u00e1s en los cartujos, Nuestro Se\u00f1ir os llama m\u00e1s lejos; \u00e9l os acompa\u00f1ar\u00e1 y continuar\u00e1 por vos y con vos la misi\u00f3n que ha comenzado cuando estaba en la tierra. Oh Se\u00f1or, que honor el de ser escogido por Dios para una obra de las m\u00e1s importantes a la que un sacerdote pueda ser llamado. Yo no os dir\u00e9 m\u00e1s, Nuestro Se\u00f1or os dir\u00e1 el resto.\u00bb \u2013Habi\u00e9ndose retrasado varias veces el viaje, tuvo ocasi\u00f3n el santo de escribir m\u00e1s veces a Dufour. Las mismas ideas, por ejemplo, en una carta del 24 de abril de 1652.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Y Nicolas Pr\u00e9vost, subieron abordo, el 29 de octubre de 1655 con ochocientos hombres, tanto marinos como soldados. Apenas hab\u00eda perdido de vista la flotilla las costas de Francia cuando muri\u00f3 Bellville el 17 de enero de 1656, y fue arrojado al mar, \u00abcementerio, dice Vicente, de los que en \u00e9l mueren. Tras un penoso viaje de siete meses, el 29 de mayo del mismo a\u00f1o, la escuadrilla fonde\u00f3 en el Fort-Dauphin. Hab\u00eda perdido a cien hombres en la traves\u00eda, y contaba a\u00fan con doscientos enfermos. Grande a pesar de todo fue la alegr\u00eda de Bourdaise a la vista de estos queridos compa\u00f1eros. Era la v\u00edspera de la fiesta del Corpus, y quiso celebrarla con una pompa hasta entonces\u00a0 desconocida en Madagascar. Arcos adornados con bolitas de papel\u00a0 blanco realzadas con nudos de cinta roja, telas, colgaduras de tela blanca, plantas y flores fueron todos los gastos. Dufour llevaba el Sant\u00edsimo Sacramento, asistido de Bourdaise con roquete. El caballero de Sourdis llevaba la casulla, el gobernador y su lugarteniente llevaban el palio; cuatro mosqueteros marchaban en los \u00e1ngulos, y otros cuatro llevaban las antorchas; cuatro peque\u00f1os Indios, vestidos de blanco, cubr\u00edan el suelo\u00a0 de flores, t otros dos manten\u00edan el incienso; el resto del pueblo marchaba en l\u00ednea con cirios encendidos. As\u00ed desfil\u00f3 la procesi\u00f3n al son de las salvas de ca\u00f1\u00f3n de las embarcaciones y del fuerte, y descargas de mosqueter\u00eda. No se precisaba tanto para encantar a los buenos ne\u00f3fitos..<\/p>\n<p>Breve fue la alegr\u00eda de Bourdaise. Despu\u00e9s de unos d\u00edas pasados en el fuerte, donde, atacado \u00e9l mismo con el escorbuto, Dufour le sirvi\u00f3 de consuelo, el enfermero y el m\u00e9dico de los enfermos, este Misionero tuvo que ir a reunirse con su cohermano Pr\u00e9vost a Santa Mar\u00eda, lugar de su destino, y Bourdaise entr\u00f3 en su soledad.<\/p>\n<h3><em>V. Muertos. \u2013Todoslosantos Bourdaise.<\/em><\/h3>\n<p>Du Rivan, el nuevo gobernador, despu\u00e9s de instalar a cien colonos en Santa Mar\u00eda que acababa de ocupar en nombre de La Meilleraye, hizo una campa\u00f1a en el mar Rojo. A su regreso a la isla, no encontr\u00f3 en ella m\u00e1s que tumbas. El escorbuto hab\u00eda atacado enseguida a todos los franceses, reducidos ya a la escasez . los dos Misioneros hab\u00edan compartido primeramente con ellos su escasa raci\u00f3n, luego se vieron condenados a un ayuno riguroso para dej\u00e1rsela toda entera. Enfermo, cansado por el clima, agotado cuidando los cuerpos y las almas, Dufour hab\u00eda tenido el pensamiento de consagrar Santa Mar\u00eda a los doce ap\u00f3stoles, y, en este plan, hab\u00eda salido a plantar\u00a0 una cruz en cada uno de los doce barrios de la isla, atravesando los r\u00edos, durmiendo en el suelo limpio y h\u00famedo, expuesto a la lluvia y a los ardores del sol de los tr\u00f3picos. En la d\u00e9cima estaci\u00f3n hab\u00eda ca\u00eddo. Informe para sus cohermanos, hab\u00eda muerto al cabo de dieciocho d\u00edas; un mes despu\u00e9s, le hab\u00eda seguido Pr\u00e9vost<span id='easy-footnote-7-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-7-107880' title='Repet. de orac. del 30 de agosto de 1657.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>De provisoria la soledad de Bourdaise amenazaba con convertirse en eterna: \u00abAqu\u00ed me tiene\u00a0 en el extremo de la desgracia, querido padre, escrib\u00eda \u00e9l a Vicente, y en situaci\u00f3n de no esperar m\u00e1s en el futro, ya que no tengo m\u00e1s que perder, ni quiz\u00e1s que esperar, en vista que esta tierra ingrata devora tan cruelmente, no ya a sus habitantes, sino a sus propios libertadores. Entend\u00e9is lo suficiente , Se\u00f1or,\u00a0 cuanto voy a deciros, , y lo que querr\u00eda poder callarme para ahorraros l\u00e1grimas y mis suspiros. El Sr. de Belleville, de quien no conoc\u00ed nunca m\u00e1s que el nombre y las virtudes, se muri\u00f3 en el camino. El Sr. Pr\u00e9vost, despu\u00e9s de enjugar las fatigas del viaje, se muri\u00f3. El Sr. Dufour, a quien no he visto aqu\u00ed m\u00e1s que para conocer el precio de lo que yo deb\u00eda perder, se muri\u00f3. Finalmente, todos los hijos que hab\u00e9is enviado\u00a0 a Madagascar se han muerto: y yo soy ese miserable siervo que se ha quedado solo para daros la noticia.\u00bb<\/p>\n<p>Para poner algo de consuelo al lado del dolor, Bourdaise contaba luego sus trabajos y sus \u00e9xitos. De Santa Mar\u00eda, du Rivan hab\u00eda vuelto desesperado al Fort-Dauphin, luego se hab\u00eda embarcado para Francia en una prise inglesa, dejando a su lugarteniente Gueston el gobierno de la colonia. Gueston hab\u00eda reconstruido el fuerte y Bourdaise hab\u00eda transportado su caba\u00f1a entre el pueblo de los negros y la habitaci\u00f3n de los Franceses para estar m\u00e1s al alcance de unos y de otros y poder bastar a su servicio. Hab\u00eda hecho tambi\u00e9n construir una iglesia\u00a0 m\u00e1s amplia para contener a los numerosos ne\u00f3fitos, una caba\u00f1a grande para los catecismos y otra para servir de hospital,\u00a0 a la espera de las Hijas de la Caridad\u00a0 que esperaba ver un d\u00eda para reemplazarle con los enfermos, de quienes, mientras tanto \u00e9l deb\u00eda\u00a0 ser como todos sus cohermanos, el m\u00e9dico, el enfermero al propio tiempo que el director espiritual. Contando con nuevos Misioneros, hab\u00eda comenzado un seminario con cinco j\u00f3venes que podr\u00edan ser un d\u00eda buenos sacerdotes, capaces de convertir a sus compatriotas. Mientas que Pr\u00e9vost y Dufour estaban con \u00e9, se le hab\u00eda ocurrido dejar a uno de ellos en el Fort-Dauphin, y recorrer los pueblos permaneciendo\u00a0 ocho o seis d\u00edas en cada uno hasta que un Malgache se supiera lo suficiente para pedir a Dios y ense\u00f1\u00e1rselos a los dem\u00e1s. de ese modo habr\u00eda satisfecho a la urgencia de los pobres negros que le llamaban de todas partes.<\/p>\n<p>En el mismo tiempo i el mismo plan, cuatro j\u00f3venes negros de Madagascar, tra\u00eddos en 1655 por Flacourt eran educados en San L\u00e1zaro. Tres de ellos hab\u00edan sido bautizados de peque\u00f1os por Nacquart: pero abandonados luego durante a\u00f1os hab\u00edan perdido casi todo el conocimiento de Dios y toda pr\u00e1ctica religiosa. El mayor de los cuatro no fue bautizado hasta Par\u00eds y tuvo por padrino a Luis XIV. Nada a la vez de impresionante\u00a0 y sublime como las recomendaciones\u00a0 de san Vicente de Pa\u00fal aprop\u00f3sito de estos cuatro j\u00f3venes Malgaches. En sus discursos es donde se ha de ver lo que la fe inspira de respeto hacia la dignidad humana, incluso oculta\u00a0 bajo las sombras de la barbarie y degradada hasta una especie de brutalidad. \u00abrecomiendo a los sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda, dec\u00eda a los suyos,\u00a0 a estos cuatro peque\u00f1os negros que los necesitan tanto, a fin de que quiera Dios darse a conocer de ellos y nos sugiera lo que debemos hacer para su salvaci\u00f3n. Si tuvi\u00e9ramos aqu\u00ed a un \u00e1ngel entre nosotros, habr\u00eda que emplearlo en la instrucci\u00f3n de\u00a0 estos pobres negros que la Providencia de Dios nos ha enviado, y su tiempo estar\u00eda muy bien empleado\u2026Cuatro personas del pa\u00eds bien instruidas con dos de nuestros se\u00f1ores \u00bfqu\u00e9 no podr\u00edan hacer? Cuatro son capaces de convertir las Indias; uno que tuviera en s\u00ed al Hijo de Dios, un solo portador del esp\u00edritu de Dios!&#8230; Trat\u00e9moslos con todo el respeto, dulzura y moderaci\u00f3n que podamos, guard\u00e9monos de burlarnos, que Dios no lo permita.. Instruy\u00e1moslos con nuestro ejemplo, y de esta manera tratando de darles mediante la modestia con la que vean nuestros buenos sentimiento para con Dios y nuestra religi\u00f3n, a fin de que imit\u00e1ndonos se vean llevados a servir a Dios, que, cuando est\u00e9n en su pa\u00eds, puedan contar que es verdad cuanto se les ha dicho respecto del cristianismo. Y si ven en nosotros otras cosas, \u00bfqu\u00e9 dir\u00e1n de nosotros? \u00bfQu\u00e9 opini\u00f3n sacar\u00e1n de nuestra religi\u00f3n, y qu\u00e9 podr\u00e1n decir de nosotros a los dem\u00e1s?..Roguemos A Dios por ellos. Se\u00f1ores sacerdotes, les pido que tengan esta intenci\u00f3n, y ustedes, hermanos m\u00edos, igualmente en la comuni\u00f3n, y que todos hagamos cada d\u00eda alguna oraci\u00f3n por ello. Cuando los veamos elevemos nuestro esp\u00edritu hacia Dios pidi\u00e9ndole que bendiga a estas j\u00f3venes plantas para que crezcan en su amor.. hagamos algunos sacrificios, alguna mortificaci\u00f3n, alguna disciplina por esto; s\u00ed, alguna disciplina, no podr\u00edamos tener mejores intenciones que la salvaci\u00f3n de un alma y Dios ha sufrido tantos latigazos por ello. Y sufrir\u00eda hasta la muerte\u00a0 por el alma del menor de sus hijos. Oh Se\u00f1ores, nuestras mortificaciones no podr\u00edan estar mejor empleadas que con este fin. Ofrezc\u00e1moselas a Dios, se los suplico por la salvaci\u00f3n de estas pobres almas.\u00bb<span id='easy-footnote-8-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-8-107880' title='Repet. de orac.del 23 de agosto de 1655.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Mientras sonaban estas ense\u00f1anzas\u00a0 en San L\u00e1zaro, Bourdaise, a quien el esp\u00edritu de Dios instru\u00eda directamente,, se mostraba como disc\u00edpulo fiel. Forzado a ser comedido, tuvo que concentrar su acci\u00f3n. Ten\u00eda mucho que hacer a\u00fan. Se sent\u00eda abrumado por la gente que llegaba para aprender a rezar. \u00c9l los reun\u00eda en la iglesia, y estas voces discordantes de hombres y de mujeres, de j\u00f3venes y de viejos, de pobres y de ricos, unidos en la fe de un mismo Dios formaban a sus o\u00eddos el m\u00e1s dulce de los conciertos. Los bautizos, los matrimonios se multiplicaban. Las ceremonias de los funerales cristianos, sobre todo cuando se aplicaban a Dianes bautizados, conmov\u00edan a los negros. Acud\u00edan en masa para ver dar tierra a los que hac\u00eda poco consideraban como dioses. Admiraban la religi\u00f3n cat\u00f3lica por la santa igualdad que practica en la muerte y por la caridad que la lleva a conceder los \u00faltimos honores a los que ayer, antes de su bautismo, no les deseaban m\u00e1s que mal.<\/p>\n<p>Un poco de triaca, un ung\u00fcento administrado a prop\u00f3sito de una operaci\u00f3n feliz, era m\u00e1s que suficiente para desacreditar al ombiasse y a los o\u00fblis, y atraer al Misionero. Por lo dem\u00e1s, Bourdaise no despreciaba a los ombiasses mismos y trataba de convertir a los que, por su reputaci\u00f3n de ciencia o sus pretendidas adivinaciones, ten\u00edan m\u00e1s cr\u00e9dito sobre estos pueblos.<\/p>\n<p>En suma, la obra de Dios se hac\u00eda y, a pesar del profundo sentimiento de su nada, Bourdaise se atrev\u00eda a decir: Si yo viniera a faltar, \u00bfqu\u00e9 suceder\u00eda a esta pobre Iglesia? Dios, que me permite ver este extremo, escrib\u00eda \u00e9l en sus \u00faltimos d\u00edas a Vicente de Pa\u00fal, me apura en prosternarme en esp\u00edritu\u00a0 a vuestros pies, como lo estoy aqu\u00ed en el cuerpo para deciros de parte de tantas almas, con toda la humildad y el respeto que me es posible:\u00a0 <em>Mitte quos<\/em> <em>missurus es. <\/em>Enviadnos Misioneros, pues los que han venido a morir en nuestras puertas no han sido enviados a Madagascar para quedarse: Han sido tan s\u00f3lo llamados por este camino al cielo\u2026 Cu\u00e1ntos hombres se condenan aqu\u00ed por falta de un hombre que les ayude a salvarse!&#8230; Y es lo que me causa el mayor dolor, sobre todo cuando me represento que sus \u00e1ngeles guardianes me dicen: <em>Si fuisses hic, frater meus non fuisset mortuus\u2026<\/em>Oh querido padre, cu\u00e1ntas veces formulo el deseo de que tantos eclesi\u00e1sticos\u00a0 que est\u00e1n en Francia en la ociosidad y que conocen esta gran necesidad de obreros, hagan alguna vez una reflexi\u00f3n parecida, y se persuadan vivamente que Nuestro Se\u00f1or mismo les hace estos reproches a cada uno de ellos en particular:\u00a0 <em>O sacerdos, si fuisses hic<\/em>, <em>frater meus non fuisset mortuus<\/em>! Sin duda que un pensamiento semejante les dar\u00eda compasi\u00f3n y hasta espanto, sobre todo si consideraran atentamente que, por descuidar\u00a0 esta asistencia\u00a0 espiritual , el mismo Jesucristo les dir\u00e1 un d\u00eda estas palabras terribles: <em>Ipse impius in iniquitate sua morietur, sanguinem vero eius de manu tua requiram <\/em>(El mismo imp\u00edo morir\u00e1 en su iniquidad<em>, <\/em>pero yo reclamar\u00e9 su sangre de tu mano<em>) <\/em>Oh, que si los sacerdotes, los doctores, los predicadores los catequistas y dem\u00e1s que tienen talento y vocaci\u00f3n para estas misiones alejadas prestaran buena atenci\u00f3n a esto, y sobre todo a la cuenta que se les pedir\u00e1 por tantas almas que, por falta de asistencia por su parte, se hayan condenado, no hay duda que ser\u00edan m\u00e1s cuidadosos de lo que lo son por no ir\u00a0 lejos a buscar las ovejas extraviadas para traerlas al redil de la Iglesia.\u00bb<\/p>\n<p>Temiendo que la muerte de sus mejores sacerdotes apartara a Vicente de esta misi\u00f3n, se lo recordaba con toda clase de\u00a0 razones y ejemplos, repitiendo siempre: \u00abEnviadnos lo antes posible algunos buenos operarios, os lo suplico, querido padre,\u2026 Es verdad que hab\u00e9is perdido a muchos hijos, y buena gente, pero os lo pido por el amor de Jesucristo que no os desanim\u00e9is en esto y no abandon\u00e9is a tantas almas que han sido recatadas por el hijo de Dios. tened por seguro que si tantos misioneros buenos, no es la causa el aire del pa\u00eds; sino o las fatigas de sus viajes, o sus mortificaciones excesivas, o bien el trabajo desmesurado, que ser\u00e1 siempre aqu\u00ed demasiado grande mientras haya pocos obreros.\u00bb<\/p>\n<p>Lleno de confianza en Dios incluso cuando era el m\u00e1s inclinado\u00a0 bajo su mano, Vicente no se desanimaba ni ante la muerte de sus hijos, tan cruel sin embargo a su coraz\u00f3n ni ante los consejos de sus amigos, que le dec\u00edan que renunciara a una empresa que el cielo parec\u00eda condenar. \u00abla Iglesia, respond\u00eda \u00e9l, ha sido establecida por la muerte del hijo de Dios, fortalecida por la de los\u00a0 ap\u00f3stoles, de los papas y de los obispos martirizados; se ha multiplicado por la persecuci\u00f3n. Dios prueba a los suyos cuando tiene alg\u00fan gran proyecto sobre ellos. Su divina bondad hace conocer que ella quiere hoy, tanto como siempre, que su nombre sea conocido, y el reino de su Hijo establecido\u00a0 en todas las naciones. Es evidente que estos pueblos insulares est\u00e1n dispuestos a recibir las luces del Evangelio. Ya seiscientos de entre ellos han recibido el bautismo por los trabajos de un solo Misionero, que Dios ha conservado all\u00ed, y ser\u00eda contra toda raz\u00f3n y caridad abandonar a este siervo de dios que pide auxilio, y dejar a ese pueblo\u00a0 que no pide m\u00e1s que ser instruido..\u00bb<\/p>\n<p>Y hablaba a los suyos con una resoluci\u00f3n m\u00e1s en\u00e9rgica todav\u00eda para hacerles reclamar los puestos glorioso que la muerte acababa de abrir: \u00abD\u00edganme, ser\u00eda un hermoso ej\u00e9rcito, el que, porque hubiera perdido dos, tres, cuatro cinco mil hombres lo abandonara todo ah\u00ed! Digamos lo mismo de la Misi\u00f3n. Ser\u00eda bonito ver a un ej\u00e9rcito as\u00ed hecho, fugitivo y acobardado! Digamos lo mismo de la Misi\u00f3n. Bonita ser\u00eda una Compa\u00f1\u00eda como la de la Misi\u00f3n, la cual, por que hay cinco o seis muertos, abandonar\u00eda la obra de Dios Compa\u00f1\u00eda cobarde, apegada a la carne y a la sangre!<span id='easy-footnote-9-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-9-107880' title='Conf. del 30 de agosto de 1657. \u2013Interversi\u00f3n de fecha pero no de idea, repitiendo el santo con frecuencia sus heroicas llamadas.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>\n<h3>VI. <em>Nuevos desastres. \u2013Naufragios.<\/em><\/h3>\n<p>A esta santa provocaci\u00f3n, sacerdotes y hermanos se levantaron, declar\u00e1ndose preparados para partir. Vicente escogi\u00f3 a dos sacerdotes, Boussord\u00e9e y Herbron, y al hermano Christophe de Launay, que los tres se embarcaron en Nantes, el 30 de octubre de 1656, apenas sal\u00eda el barco del Loira, cuando se present\u00f3 una tempestad que le oblig\u00f3 a volver a la rada en Saint-Nazaire. El d\u00eda de Todos los Santos los dos sacerdotes dijeron la misa en la embarcaci\u00f3n; pero dadas las incomodidades por la agitaci\u00f3n, bajaron a tierra al d\u00eda siguiente, con el capit\u00e1n y una docena de pasajeros, para celebrarla en una iglesia. quisieron a continuaci\u00f3n volver abordo; el mar estaba tan movido, que nadie por suerte se atrevi\u00f3 a embarcarse en una chalupa para conducirlos. El 3 de noviembre entre las diez y las once de la noche arreci\u00f3 la tormenta llevando al nav\u00edo sobre un banco de arena donde se parti\u00f3. Ciento veinte o ciento treinta pasajeros perecieron, entre los cuales el lugarteniente y otra persona notable.<\/p>\n<p>No obstante el hermano Christopphe de Launay se hab\u00eda quedado abordo. En vista del peligro, agarr\u00f3 unas tablas en forma de balsa y, con quince o diecis\u00e9is compa\u00f1eros, se encomienda a la merced de las olas. . con su abrigo hace una vela, con el crucifijo en la mano como si fuera la ca\u00f1a del tim\u00f3n y dirige as\u00ed el fr\u00e1gil esquife, asegurando a sus compa\u00f1eros de que nadie perecer\u00eda si ten\u00edan confianza en Dios. \u00abDense cuenta, les pido, dec\u00edas Vicente al contar esta aventura, de la fe de este ni\u00f1o.\u00bb En efecto, despu\u00e9s de verse zarandeados durante una noche y un d\u00eda, la balsa deposit\u00f3 a todos los pasajeros en la costa de Paimboeuf, con excepci\u00f3n de uno solo que, en el momento de echar pie a tierra, expir\u00f3 de fr\u00edo y de miedo. \u00ab\u00bfNo ven ustedes en ello, a\u00f1ad\u00eda Vicente, una protecci\u00f3n muy especial sobre estos tres Misioneros, y en particular sobre este buen hermano quien, siendo muy t\u00edmido, humilde y dulce; &#8211; S\u00ed, es el joven m\u00e1s humilde y m\u00e1s dulce que conozco;- ha tenido el suficiente valor para s\u00ed y para animar a los dem\u00e1s en este peligro inminente?\u00bb<\/p>\n<p>Vicente, en esta circunstancia, queriendo asegurar la fe y la entrega de los suyos, no\u00a0 dej\u00f3 de repetir sus admirables ense\u00f1anzas\u00a0 sobre la conducta\u00a0 con frecuencia incomprensible, terrible las veces, siempre adorable de la divina Providencia,\u00a0 que se complace en atravesar los grandes planes para castigar las culpas de unos y probar el valor de los otros. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00ab\u00bfSer\u00eda posible que a quienes Dios hab\u00eda dado el deseo de irse tan lejos fueran unos gallinitas por una embarcaci\u00f3n m\u00e1s o menos? No, no me cabe en la cabeza&#8230; \u00bfY entonces qu\u00e9? \u00bfAcaso no quiere que la Compa\u00f1\u00eda contin\u00fae esta obra que ha comenzado? S\u00ed, ya lo creo, Se\u00f1ores, lo quiere\u2026Dios no cambia lo que una vez ha resuelto, por contrario que nos parezca lo que pasa.\u00bb Y comprometi\u00f3 a los suyos para no dejarse abatir, sino m\u00e1s bien agradecer a Dios por la protecci\u00f3n que acababa de dar a \u00abla pobre peque\u00f1a y humilde Compa\u00f1\u00eda\u00bb en la persona de los tres Misioneros a volver a entregarse de nuevo a \u00e9l para acabar una obra en la que no se hab\u00eda comprometido sino por obediencia a la orden del nuncio apost\u00f3lico. Finalmente, orden\u00f3 una misa funeral por las v\u00edctimas del naufragio. \u00abNos sentimos obligados con mayor raz\u00f3n, dijo,\u00a0 porque parec\u00eda que Dios\u00a0 los hubiera puesto bajo la direcci\u00f3n de los sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda, que los deb\u00edan servir en calidad de p\u00e1rrocos durante la traves\u00eda y despu\u00e9s de su llegada a Madagascar.\u00bb<span id='easy-footnote-10-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-10-107880' title='Repet. de orac. de los 11 y 13 de noviembre, 1656, y cartas de los 18 de noviembre y 1\u00ba de diciembre del mismo a\u00f1o. \u2013Las mismas ideas en la Repet. De orac. del 26 de abril de 1657. \u2013 La &lt;em&gt;Gazette de France &lt;\/em&gt;de 1656, n\u00ba 160, habl\u00f3 de este salvamento milagroso, \u00abatribuido a la fe de un hermano de la Misi\u00f3n\u00bb.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los tres Misioneros escapados al naufragio volvieron a Par\u00eds, y Vicente prepar\u00f3 una nueva partida. sin embargo el mariscal de La Mailleraye y la antigua Compa\u00f1\u00eda de Oriente segu\u00edan en luchas y procesos. La Compa\u00f1\u00eda, que no renunciaba a sus derechos sobre Madagascar, se dispon\u00eda a enviar all\u00ed un nav\u00edo, pidi\u00f3 Misioneros que le fueron prometidos. Al mismo tiempo, Vicente de Pa\u00fal promet\u00eda, que ten\u00eda un nav\u00edo para salir. dos o tres sacerdotes a La Meilleraye. Pero el mariscal quer\u00eda el monopolio del transporte de los Misioneros como del gobierno de la colonia. Irritado al ver a Vicente repartirse entre \u00e9l y la Compa\u00f1\u00eda de Oriente, guard\u00f3 en un principio un silencio hiriente, luego declar\u00f3 que no se servir\u00eda m\u00e1s de los sacerdotes de San L\u00e1zaro. En efecto, pidi\u00f3 padres capuchinos para la Misi\u00f3n de Madagascar. Vicente no us\u00f3 del cr\u00e9dito ni en la corte ni en Roma; ni reclam\u00f3 sus derechos de primer ocupante consagrados por la muerte de varios de sus sacerdotes. \u00abSer\u00e1 lo que Dios quiera, se content\u00f3 con decir. Si el Sr. mariscal se arregla con estos buenos religiosos, yo voy a llamar al Sr. Bourdaise. Nuestra m\u00e1xima es siembre ceder el lugar a los dem\u00e1s, estimando y debiendo estimar que lo har\u00e1n mejor que nosotros.\u00bb<span id='easy-footnote-11-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-11-107880' title='Carta del 21 de diciembre de 1657, a Jolly, en Roma.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span> Ya veinticuatro capuchinos estaban a punto de embarcarse para ir a meter la hoz en una mies que no hab\u00edan sembrado, cuando La Meilleraye se arrepinti\u00f3 y pidi\u00f3 Misioneros. Vicente le envi\u00f3 a cuatro: Le Blanc, d`Averoult, Arnoult y Des Fontaines, a quienes uni\u00f3 al valiente\u00a0 hermano Christophe y a uno de los negros educado en San L\u00e1zaro, \u00abque es buen chico, escrib\u00eda (el 22 de febrero de 1658), y que servir\u00e1 de hermano, de int\u00e9rprete y de catequista a los Misioneros, con la ayuda de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Los Misioneros partieron de Nantes el 13 de marzo de 1658. Al d\u00eda siguiente se levant\u00f3 una tempestad: m\u00e1s tiles y tim\u00f3n quedaron pronto inservibles; y durante ocho d\u00edas estuvo la embarcaci\u00f3n a merced de los vientos y las olas, hasta que logr\u00f3 entrar en el puerto de Lisboa. Carenado se volvi\u00f3 a hacer a la mar; pero apenas hab\u00eda escapado de la tempestad cuando cay\u00f3 en las garras de un nav\u00edo espa\u00f1ol. Hermosa ocasi\u00f3n para adorar los designios de la Providencia, dijo Vicente (carta del 10 de julio de 1658),\u00a0 y someterles nuestros pobres razonamientos.\u00bb<\/p>\n<p>Entretanto los espa\u00f1oles en guerra con Francia no lo estaban con los pobres Misioneros, de manera que les concedieron en Santiago de Compostela una hospitalidad generosa, despu\u00e9s los devolvieron a Francia.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente, Vicente siempre firme y confiado, intent\u00f3 una tercera vez la empresa. Dos barcos iban a partir para Madagascar, uno enviado por el mariscal La Meilleraye, el otro por la Compa\u00f1\u00eda de Oriente. Palin, obispo de Heli\u00f3polis, que part\u00eda para las Indias, hab\u00eda elegido este \u00faltimo. Vicente hubiera deseado colocar a sus sacerotes bajo tal direcci\u00f3n. Pero la Compa\u00f1\u00eda parec\u00eda cada vez m\u00e1s debilitada y si, como era muy probable, interrumpiera pronto su comercio, el mariscal irritado se negar\u00eda en adelante a encargarse de los Misioneros, y ser\u00eda el fin para la Misi\u00f3n de Madagascar<span id='easy-footnote-12-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-12-107880' title='Carta a Jolly, Roma, 16 de mayo de 1659.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n escrib\u00eda Vicente a La Meilleraye (22 de noviembre de 1659), por medio de la Se\u00f1ora Aiguillon, su pariente, que retiraba a la Compa\u00f1\u00eda de oriente toda promesa, que estaba exclusivamente de su parte, y que ya no\u00a0 se sent\u00eda ligado m\u00e1s que con Dios y con \u00e9l; y al mismo tiempo pidi\u00f3 a Caset, representante de la Compa\u00f1\u00eda, que aceptara sus excusas, d\u00e1ndole las razonas por las que prefer\u00eda obligarse al mariscal, quien hab\u00eda preferido siempre a sus sacerdotes a todos los dem\u00e1s, que adem\u00e1s ten\u00eda a uno de ellos en su poder, as\u00ed como\u00a0 a los cat\u00f3licos instruidos y bautizados por los Misioneros. Escribi\u00f3 tambi\u00e9n a Nantes, a Estienne, el superior de los nuevos Misioneros que se dispon\u00eda a enviar. \u00abCuando hay\u00e1is llegado a Madagasrar, os ruego que no teng\u00e1is ninguna comunicaci\u00f3n con la gente de estos se\u00f1ores, sino dedicaros con todo afecto a los intereses de este buen se\u00f1or, por la obligaci\u00f3n que tenemos de de obedecerle. Esto es lo que le escribo que har\u00e9is, y podr\u00e9is confirm\u00e1rselo. No pienso que despu\u00e9s de esta seguridad quiera \u00e9l exigir vuestros juramentos de fidelidad ni de vosotros ni de los dem\u00e1s. Y si no lo quisiera hacer, decidle que siendo hijos de obediencia, os es suficiente saber cu\u00e1l es la intenci\u00f3n de los que os env\u00edan para no ir nunca al contrario, y que \u00e9se es el verdadero juramento (22 de setiembre de 1659).\u00bb<\/p>\n<p>Ya Vicente hab\u00eda detenido la elecci\u00f3n de los Misioneros. escribi\u00f3 a uno de ellos, ocupado por entonces en Richelieu, esta carta que dirigi\u00f3 tambi\u00e9n, sin duda, en t\u00e9rminos m\u00e1s p menos parecidos, a sus compa\u00f1eros de viaje: \u00ab\u2026 Id pues, Se\u00f1or, id<em> in nomine Domini<\/em>! Ruego a Nuestro Se\u00f1or que os tenga de su mano, que os defienda y os consuele en los peligros, que os acompa\u00f1e siempre por tierra y por mar, de suerte que llegu\u00e9is all\u00ed en perfecta salud, y que tenga a bien, por su infinita bondad, llenaros de su esp\u00edritu, para darle a conocer y amar por ese pobre pueblo que tiene tantas disposiciones para abrazar nuestra santa fe\u2026Id pues sin preocupaci\u00f3n, Se\u00f1or, en la confianza que quien os llama tendr\u00e1 el mismo cuidado de vos como de la ni\u00f1a de su ojo. Cuidaos (y cita el ejemplo de los otros Misioneros muertos por exceso de trabajo)\u2026 Si encintr\u00e1is con vida al bueno de Sr. Bourdaise, ver\u00e9is de alguna forma la imagen de Nuestro Se\u00f1or; y tened por seguro, en ese aspecto como en todas las cosas, es una de las personas m\u00e1s dulces, mas fuertes de las m\u00e1s sabias, de las m\u00e1s celosas y de las m\u00e1s amables que conozco. Oh Se\u00f1or, qu\u00e9 consuelo recibir\u00e9is cuando le abrac\u00e9is, cuando ve\u00e1is los rasgos de su rostro, y os qued\u00e9is a su lado. Id pues, Se\u00f1or a esa obra de perfecci\u00f3n. Pido a nuestro Se\u00f1or que os bendiga y recordad en vuestras oraciones, os pido por favor a este anciano de setenta y nueve a\u00f1os<span id='easy-footnote-13-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-13-107880' title='\u00c9l ten\u00eda entonces m\u00e1s de ochenta y tres. \u2013Nunca el buen santo sab\u00eda bien su edad.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span>, cargado de pecados\u00bb.<\/p>\n<p>El 1\u00ba de diciembre de 1659, Feydin d\u2019Auvergne, el destinatario de esta carta, d\u2019Aeroult y Des Fontaines d\u2019Artois, part\u00edan de par\u00eds para ir a La Rochelle, lugar del embarque, mientras que Estienne de Par\u00eds, y el hermano Patte, \u00abNormando y buen cirujano \u00ab, se dirig\u00edan all\u00ed por mar, con el fin de transportar con m\u00e1s facilidad los bagajes de la Misi\u00f3n. Una tempestad asalt\u00f3 tambi\u00e9n a los dos viajeros, y los lanz\u00f3 hasta la embocadura del Gironde. Una r\u00e1faga s\u00fabita rompi\u00f3 el tim\u00f3n, y la arboladura del barco, tir\u00e1ndolo a un banco de arena en medio de las rocas. La noticia del naufragio y de la p\u00e9rdida de todos los pasajeros se extendi\u00f3 pronto y lleg\u00f3 a la Rochelle y a Par\u00eds.\u00a0 Una carta de un joven Parisiense a su madre dio una terrible consistencia a este rumor. Este joven que estaba en el barco, contaba que \u00abviendo la muerte entre los dientes\u00bb, se arroj\u00f3 a un peque\u00f1o esquife, y que desde all\u00ed hab\u00eda visto la barca despu\u00e9s de\u00a0 una \u00faltima absoluci\u00f3n dada por Estienne, hundirse con toda la tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vicente no pod\u00eda ya dudar de esta nueva desgracia. Lloraba por Estienne, por este joven ap\u00f3stol que, no contento con entregarse a la salvaci\u00f3n de los infieles, hab\u00eda sacrificado, con el benepl\u00e1cito de su familia, cuarenta mil libras de su patrimonio a favor de las Misiones extranjeras. Adem\u00e1s, tem\u00eda las consecuencias de una muerte semejante para el porvenir de la Misi\u00f3n de Madagascar. Los padres de Estienne, bien colocados y con cr\u00e9dito entre otros Philippe de Moucy, consejero de Estado, su cu\u00f1ado, \u00bfno iban a echarle la culpa por su p\u00e9rdida y usar de su influencia para impedir esta peligrosa empresa? Vicente, a pesar de todo, guard\u00f3 la calma interior y exterior. Ni una palabra, ni una nubecilla revel\u00f3 su tristeza, y tres de los suyos a quienes hab\u00eda debido dec\u00edrselo todo bajo la religi\u00f3n del secreto admiraban\u00a0 el santo valor del anciano.<\/p>\n<p>Vicente se dispon\u00eda a enviar otro superior a La Rochelle, y el misionero cenaba ya para partir, cuando llegaron cartas de Bayona y de Burdeos. Dos de ellas las reconoci\u00f3 Vicente, y con qu\u00e9 gozo, \u00a1la escritura de Estienne! En efecto, era \u00e9l quien contaba la milagrosa liberaci\u00f3n. El viento, al cambiar repentinamente de direcci\u00f3n, hab\u00eda sacado la barca del laberinto de rocas donde se hab\u00eda enganchado, y la hab\u00eda rechazado a las costas de Espa\u00f1a. Pero, sin m\u00e1stiles, sin tim\u00f3n, sin v\u00edveres, \u00bfqu\u00e9 iba a ser de estos desdichados? Anduvieron a la deriva durante quince d\u00edas, por fin, el d\u00eda de la <em>Inmaculada<\/em> <em>Concepci\u00f3n<\/em><span id='easy-footnote-14-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-14-107880' title='Nueva confesi\u00f3n muy notable de este dogma dos siglos antes de su definici\u00f3n.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span><em>, <\/em>capit\u00e1n y marineros se arrojaron\u00a0 a los pies\u00a0 de Estienne y le pidieron una \u00faltima bendici\u00f3n. Estienne les prometi\u00f3 que no perecer\u00edan y, a invitaci\u00f3n suya, todos hicieron votos de frecuentar los sacramentos, de decir u o\u00edr doce misas y vestir a doce pobres en honor de la sant\u00edsima Virgen si se salvaban en el d\u00eda de la octava de su fiesta. Enseguida cay\u00f3 el viento y una ligera brisa llev\u00f3 r\u00e1pidamente la barca\u00a0 a la altura de San Juan de Luz, a donde fue remolcad por un pescador<span id='easy-footnote-15-107880' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/#easy-footnote-bottom-15-107880' title='Cartas del 9 de enero de 1660.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3>VII. <em>Carta a Bourdaise. \u2013 Su Muerte.<\/em><\/h3>\n<p>Estienne y Patte fueron luego a reunirse con sus cohermanos en La Rochelle con quienes se embarcaron para Madagascar el 25 de enero de 1660. Eran portadores de esta carta, dirigida por Vicente a Bourdaise:<\/p>\n<p>\u00abOs dir\u00e9 en primer lugar, la justa aprehensi\u00f3n\u00a0 en que nos hallamos de que no est\u00e9is ya en esta vida mortal , a la vista del escaso tiempo que vuestros cohermanos que os han precedido, acompa\u00f1ado y seguido,, han vivido en esa tierra ingrata, que ha devorado a tantos obreros enviados para roturarla. Si viv\u00eds todav\u00eda, oh, qu\u00e9 grande ser\u00e1 nuestra alegr\u00eda, cuando estemos seguros de ello. No sentir\u00edais dificultades en cre\u00e9rmelo, si supierais hasta qu\u00e9 punto llega la estima y el afecto que siento por vos, que es tan grande que nadie pueda\u00a0 sentirlo por otro.<\/p>\n<p>\u00abLa \u00faltima breve relaci\u00f3n nos hab\u00e9is enviado, al hacernos ver la virtud de Dios en vos y esperar un fruto extraordinario de vuestros trabajos, nos hizo derramar l\u00e1grimas de alegr\u00eda por vos, y de agradecimiento para con la bondad de Dios que ha tenido cuidados admirables\u00a0 de vos y de esos pueblos a los que evangeliz\u00e1is por su gracia con tanto celo y prudencia por vuestra parte, que parece disposici\u00f3n de ellos para hacerse hijos de dios. pero al mismo tiempo hemos llorado por vuestro dolor y vuestra p\u00e9rdida, en la muerte de los Srs. Dufour, Prevost y Belleville, que encontraron su descanso en lugar del trabajo que iban a buscar, y que aumentaron vuestros sentimientos cuando m\u00e1s alivio esperabais. Esta separaci\u00f3n temprana siempre desde entonces una espada de dolor para vuestra alma, como la muerte de los Srs. Nacquart, Gondr\u00e9e y Mousnier, lo hab\u00eda sido anteriormente. Nos hab\u00edais expresado tan claramente vuestra desolaci\u00f3n al darnos la noticia de su fallecimiento, que me sent\u00ed tan enternecido por vuestra extrema aflicci\u00f3n como afectado por estas grandes p\u00e9rdidas. Parece, Se\u00f1or, que Dios nos trate como ha tratado a su Hijo: le envi\u00f3 al mundo para fundar su Iglesia por su Pasi\u00f3n, y parece que no quiere introducir la fe en Madagascar sino por nuestro sufrimiento. Adoro sus divinas conductas y le suplico que cumpla en vos sus designios. Los tiene quiz\u00e1 bien particulares sobre vuestra persona ya que, entre tantos misioneros muertos, os ha dejado con vida; parece que su voluntad, al querer el bien que ellos han deseado hacer, no ha querido evitar el efecto quit\u00e1ndolos del mundo, sino producirlo por vos conserv\u00e1ndoos a vos.<\/p>\n<p>\u00abSea lo que fuere, Se\u00f1or, hemos sentido hondamente la privaci\u00f3n de estos buenos siervos de Dios y hemos tenido un gran motivo de admirar en esta \u00faltima ocasi\u00f3n sorprendente los recursos incomprensibles de su conducta. \u00c9l sabe que de buena gana hemos besado la mano que nos ha golpeado, someti\u00e9ndonos con humildad a los toques tan sensibles, aunque no pudi\u00e9ramos comprender las razones de una muerte tan r\u00e1pida en hombres que promet\u00edan mucho, en medio de un pueblo que pide instrucci\u00f3n, y despu\u00e9s de tantas muestras de vocaci\u00f3n que se han visto en ellos para ser cristianos.<\/p>\n<p>\u00abEsta p\u00e9rdida sin embargo, no m\u00e1s que las anteriores ni los accidentes que han tenido lugar despu\u00e9s, no han sido capaces de restar nada de nuestra resoluci\u00f3n de ayudaros, ni mover la de estos cuatro sacerdotes y un hermano que van a vosotros, los cuales, habiendo sentido atractivo hacia vuestra Misi\u00f3n, nos han hecho largas insistencias para ser enviados ah\u00ed. No s\u00e9 qui\u00e9n sentir\u00e1 m\u00e1s consuelo a su llegada, o voc que los esper\u00e1is desde hace tanto tiempo, o los que tienen un gran deseo de verse con vosotros. Ver\u00e1n a Nuestro Se\u00f1or en vos y a vos en Nuestro Se\u00f1or, y en esta disposici\u00f3n os obedecer\u00e1n como a \u00e9l mismo, con la ayuda de su gracia. Para ello, os ruego que tom\u00e9is su direcci\u00f3n; espero que Dios bendecir\u00e1 vuestra conducta y su sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00abNo habr\u00edas estado tanto tiempo sin ser socorrido, si dos embarques que hemos hecho no hubieran salido tan mal. Uno se perdi\u00f3 en el r\u00edo de Nantes; hab\u00eda dos de nuestros sacerdotes y un hermano que se salvaron por una protecci\u00f3n especial de Dios, y cerca de cien personas perecieron; el otro, habiendo partido el a\u00f1o pasado, fue presa de los Espa\u00f1oles, y otros cuatro, y un hermano que iban dentro\u00a0 regresaron; de manera que Dios no quiso que ninguna ayuda ni consuelo os llegara desde aqu\u00ed; pero ha querido que os haya llegado inmediatamente\u00a0 de \u00e9l solo, ha querido ser vuestro primero y vuestro segundo en esta obra apost\u00f3lica y divina a la que \u00e9l os ha destinado, para demostrar que el establecimiento de la fe es su obra propia y no la obra de los hombres. De este modo hizo uso de ella al comienzo de la fundaci\u00f3n de la Iglesia universal, eligiendo solamente a doce ap\u00f3stoles que se fueron\u00a0 separados por toda la tierra, para anunciar la venida y la doctrina de su divino Maestro; pero habiendo comenzado a crecer esta santa semilla, su Providencia hizo que el n\u00famero de los obreros aumentase, y ella har\u00e1 tambi\u00e9n que vuestra Iglesia naciente, multiplic\u00e1ndose poco a poco, ser\u00e1 provista poco a poco por fin de sacerdotes subsistir\u00e1n para cultivarla y para extenderla.<\/p>\n<p>\u00abOh Se\u00f1or, qu\u00e9 felicidad la vuestra al haber echado los primeros fundamentos de este gran proyecto que debe enviar a tantas almas al cielo, las cuales no entrar\u00edan nunca en \u00e9l, si Dios no derramar en ellas el principio de la vida eterna por los conocimientos y los sacramentos que vos les administr\u00e1is. \u00a1Que os sea posible, con la ayuda de su gracia, continuar largo tiempo este santo ministerio, y servir de regla y de \u00e1nimo a los dem\u00e1s Misioneros! Es la s\u00faplica que toda la Compa\u00f1\u00eda le hace con frecuencia, pues siente una devoci\u00f3n particular de encomendar a Dios a vuestra persona y vuestros trabajos, y yo la tengo muy sensible. Pero en vano pedir\u00edamos al Dios vuestra conservaci\u00f3n, si vos mismo no cooper\u00e1is. Os ruego pues, con todas las ternuras de mi coraz\u00f3n, que cuid\u00e9is con todo esmero vuestra salud y la de vuestros cohermanos. Pod\u00e9is juzgar, por vuestra propia experiencia, de la necesidad rec\u00edproca que ten\u00e9is los unos de los otros, y de la necesidad que todo el pa\u00eds tiene. La aprehensi\u00f3n que hab\u00e9is tenido de que nuestros queridos difuntos no hayan adelantado su muerte por el exceso de\u00a0 de sus trabajos, os debe obligar a que moder\u00e9is vuestro celo. Es mejor nos queden fuerzas de sobra y no que nos falten. Pedid a Dios por nuestra peque\u00f1a congregaci\u00f3n, pues ella tiene mucha necesidad de hombres y de virtud para las grandes y diversas mieses que nos esperan por todas partes, sea entre los eclesi\u00e1sticos o entre los pueblos. Rogadle tambi\u00e9n por m\u00ed, os lo suplico; pues ya no vivir\u00e9 mucho, por mi edad que pasa del ochenta a\u00f1os y mis malas piernas que no me quieren llevar ya. Morir\u00eda contento, si supiera que viv\u00eds, y qu\u00e9 n\u00famero de ni\u00f1os y de adultos hab\u00e9is bautizado; pero si no lo puedo saber en este momento, espero verlo delante de Dios.\u00bb<\/p>\n<p>Esta carta no deb\u00eda llegar asu destino; el destinatario no estaba ya, y los mensajeros no tocaron el t\u00e9rmino de su viaje. No obstante la traves\u00eda fue buena; trescientas leguas todav\u00eda y se llegaba al destino; pero el barco se rompi\u00f3 en el cabo de las tormentas. La tripulaci\u00f3n fue salvada y recogida por los Holandeses due\u00f1os por entonces del cabo. Los Misioneros aguardaron en vano diez meses\u00a0 una ocasi\u00f3n para Madagascar, y se volvieron a Europa con la flota de Batavia. En La Haya, De Thou, embajador de Francia, les inform\u00f3 de la muerte de san Vicente. Acudieron donde el sucesor Almeras quien teniendo la Misi\u00f3n de Madagascar como una de las m\u00e1s preciosas porciones de su herencia, no dud\u00f3 en enviar nuevos Misioneros. Estienne y el hermano Patte se entregaron de nuevo, y a ellos se unieron el misionero Mani\u00e9, el sacerdote auxiliar Frachey y el hermano Lebrun. Todos abordaron al fin Madagascar hacia finales del a\u00f1o de 1662. \u00abAh, exclamaron los Franceses al recibirlos, ya no nos preocupa morir, pues est\u00e1n ustedes aqu\u00ed ni dudamos m\u00e1s de que Dios devuelva a esta tierra al estado primero.\u00bb Hac\u00eda cinco a\u00f1os, en efecto, que estaban privados de sacerdotes. A primeros de junio de 1657, Champmorgon, comandante del fuerte de Amboul, habiendo ca\u00eddo enfermo, Bourdaise hab\u00eda ido a verle para administrarle los sacramentos, apenas llegado, el Misionero mismo agarr\u00f3 la fiebre y, de vuelta al Fort-Dauphin con gran esfuerzo, un rato a pie, otro rato llevado por los negros, expiraba el 25 de junio. Era el s\u00e9ptimo que devoraba la Misi\u00f3n de Madagascar, sin hablar de las 8.000 libras que le hab\u00edan costado a la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<h3>VIII. <em>Fin de la Misi\u00f3n de Madagascar.<\/em><\/h3>\n<p>Bourdaise dejaba al morir la colonia en un estado pr\u00f3spero. No la encontraron as\u00ed sus sucesores, ni en el aspecto religioso, ni en el pol\u00edtico. Los Malgaches bautizado se hab\u00edan vuelto, en su mayor parte, a sus supersticiones, o hab\u00edan sido masacrados por sus compatriotas; y los Franceses, con su corrupci\u00f3n, sus pillajes y crueldades, hab\u00edan arruinado, o sublevado todo el pa\u00eds. Hab\u00eda que volver a empezar todo. Estienne y sus compa\u00f1eros retomaron la obra de sus predecesores hasta poner pronto las cosas en su sitio. Por su lado, Champmorgon, el nuevo gobernador, mediante nueva direcci\u00f3n, someti\u00f3 y pacific\u00f3 toda la isla. Para acabar a la vez la obra pol\u00edtica y la obra religiosa, el gobernador y los Misioneros contaban con la conversi\u00f3n del Dian Mananghe. El Jefe p\u00e9rfido promete recibir el bautismo. Al comienzo de la cuaresma de 1664, Estienne se dirige, a este efecto, a su casa con el hermano Patte, uno de los negros educados en San L\u00e1zaro, y un Franc\u00e9s; los cuatro son envenenados en un banquete, v\u00edctimas de la intriga de las mujeres del Dian, que tem\u00edan que el pr\u00edncipe convertido se contentara con una sola y despidiera a las dem\u00e1s. el hermano expira el primero; Estienne, el negro y el Franc\u00e9s son acabados a bastonazos: primeros m\u00e1rtires de Madagascar!<\/p>\n<p>Champmorgon quiso vengar su muerte, y la de otros cuarenta Franceses masacrados por los Malgaches; \u00e9l mismo escap\u00f3 apenas\u00a0 a los golpes de Mananghe y se vio pronto rodeado de todas las fuerzas\u00a0 de los isle\u00f1os, sublevados por este jefe, y amenazado por sus propios compatriotas.<\/p>\n<p>Tal era el estado de la colonia, cuando el nav\u00edo holand\u00e9s el <em>\u00c1guila<\/em> <em>negra<\/em>, capit\u00e1n Hugo, lleg\u00f3 a Fort-Dauphin. La Meilleraye hab\u00eda acabado de arruinar la Compa\u00f1\u00eda de Oriente. En un \u00faltimo esfuerzo, la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda confiado un nav\u00edo\u00a0 al conde de Flacourt. Atacado por los Berberisos, el nav\u00edo se incendi\u00f3, el polvor\u00edn salt\u00f3 por los aires, y la tripulaci\u00f3n pereci\u00f3. El superintendente Fouquet, miembro \u00e9l mismo de la compa\u00f1\u00eda, pens\u00f3 entonces en suplantar a La Meilleraye y apoderarse por su cuenta de Madagascar. Era \u00e9l quien hab\u00eda enviado el <em>\u00c1guila<\/em> <em>negra<\/em> con este prop\u00f3sito; pero sucumbi\u00f3 ante la prudencia y la firmeza de Champmorgon.<\/p>\n<p>Entretanto la colonia era amenazada cada vez m\u00e1s cuando, el 11 de julio de 1665, lleg\u00f3 el buque de <em>Saint<\/em>&#8211;<em>Paul<\/em>, comandado por Beausse y Souchu de Rennefort, que ven\u00edan a tomar posesi\u00f3n de Madagascar en nombre de la nueva Compa\u00f1\u00eda francesa de las Indias, formada en 1664 bajo la protecci\u00f3n de Luis XIV. La fundaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda de las Indias parec\u00eda deber ser tan favorable a la religi\u00f3n como a la buena administraci\u00f3n de la isla, pies Luis XIV hab\u00eda mandado incluir en sus estatutos que estar\u00eda obligada a mantener con honor y protecci\u00f3n a los eclesi\u00e1sticos, y el consejo de la Compa\u00f1\u00eda se hab\u00eda comprometido, en efecto, a suministrarles todo lo que fuera necesario a sus personas y al ejercicio de su ministerio.<\/p>\n<p>Por ello los primeros nav\u00edos que se hicieron a la vela en su nombre el 7 de marzo de 1664, llevaban consigo a seis sacerdotes de la Misi\u00f3n: Maximilien Cuveron, Charles Boussord\u00e9e, Marin Roguet, Michel Montmasson, Louis Bourot y Veyrat; m\u00e1s los seis hermanos Parisot, Moutier, Galot, Bourgoing y Pilliers. Pero Boussord\u00e9e y el hermano Pomad\u00e9 perecieron en las olas de Cabo Verde; los ostros solos llegaron a su destino.<\/p>\n<p>Los nuevos directores de la colonia lucharon entre ellos por amor propio y avaricia, dejando morir de hambre a los colonos, a los soldados y hasta a los Misioneros. De las bonitas promesas de la Compa\u00f1\u00eda, \u00e9stos no recog\u00edan m\u00e1s que malos procedimientos, negaci\u00f3n de justicia y vejaciones de toda clase.<\/p>\n<p>El 10 de marzo de 1667, cuatro nuevos nav\u00edos fondeaban en la rada del fuerte. Tra\u00edan de Mondevergue al gobernador general, a dos nuevos Misioneros, Jean Jourdi\u00e9 y Grohan, y a los hermanos Boucher, G\u00e9rard y Tranchant; un tercer Misionero, Brisjone, se hab\u00eda quedado enfermo en Tenerife.<\/p>\n<p>No es asunto nuestro referir los des\u00f3rdenes de la nueva administraci\u00f3n; des\u00f3rdenes tale que dieron pie a que se cuestionara en el consejo del rey abandonar Madagascar. Luis XIV se opuso a ello y prest\u00f3 auxilios a la Compa\u00f1\u00eda de las Indias.<\/p>\n<p>Durante este tiempo la Misi\u00f3n de Madagascar deca\u00eda, obstaculizada por las autoridades que le deb\u00edan protecci\u00f3n. Desprovistos de lo necesario, los Misioneros estaban casi todos enfermos. Montmasson y Jourdi\u00e9 hab\u00edan sido enviados a Bourbon para restablecerse; Bourot, el superior, sucumb\u00eda minado por la fiebre; Boucer y varios hermanos m\u00e1s se ahogaban pescando los peces que les deb\u00edan impedirles morir de hambre; Cuveron segu\u00eda pronto a sus cohermanos en la tumba; los dem\u00e1s se bastaban a penas para el servicio de los Franceses.<\/p>\n<p>En noviembre de 1670, lleg\u00f3 a Fort-Dauphin una flota de diez barcos de guerra. Su jefe, el almirante La Haye, ven\u00eda a traer el decreto inesperado que suprim\u00eda el consejo soberano, a tomar posesi\u00f3n de Madagascar en nombre del rey, y a anunciar que en adelante la colonia se llamar\u00eda Francia oriental. Al el t\u00edtulo de virrey, La Haye a\u00f1ad\u00eda\u00a0 un poder absoluto sobre toda la isla. De esa manera terminaba el gobierno de la Compa\u00f1\u00eda de las Indias, en el que se apoyaban tantas esperanzas pol\u00edticas y religiosas.<\/p>\n<p>La administraci\u00f3n de La Haye no mejor\u00f3 en absoluto la suerte de los Misioneros, que no tuvieron, bajo su gobierno, otro consuelo que aprovecharse del paso de Pallu, obispo de Heli\u00f3polis, que iba a Siam y a Conchinchina, para hacer administrar la confirmaci\u00f3n a sus cristianos, ninguno de los cuales la hab\u00eda recibido todav\u00eda.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, La Haya, desesperado de sus vanos esfuerzos, parti\u00f3 al cabo de seis meses. Dejando el gobierno al ambicioso Champmorgon, y llev\u00e1ndose consigo a la mayor\u00eda de los colonos y de los soldados, a los que deposit\u00f3, bien en las Islas Bourbo y Mauricio, bien en los dem\u00e1s establecimientos de las Indias.<\/p>\n<p>Esta fue para Mananghe la se\u00f1al de arruinar la colonia. Secundado por los Ingleses, la redujo enseguida a l extremo. Champmprgon se muri\u00f3 de penas. Lacase, que le sucedi\u00f3, no pudo impedir ni el bloqueo ni las masacres\u00a0 La Misi\u00f3n tambi\u00e9n declinaba. Mani\u00e9 fue consumido por la fiebre en pocos d\u00edas, y su muerte cerr\u00f3 el seminario donde eran educados una veintena de ind\u00edgenas. Se llev\u00f3 al menos el consuelo de dejar a los enfermos al cuidado de la se\u00f1orita de La Ferri\u00e8re, una piadosa viuda a quien \u00e9l hab\u00eda dado el h\u00e1bito de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Los dem\u00e1s Misioneros, sin superior, sin noticias de Francia, no pod\u00edan continuar la Misi\u00f3n. De los numerosos ne\u00f3fitos bautizados por Bourdaise y sus sucesores, quedaban cuatro tan s\u00f3lo, uno de los cuales verdaderamente firme en la fe. Los otros se hab\u00edan alejado de los Franceses, y hab\u00edan renunciado al cristianismo para no verse envueltos en las masacres ordenadas por el salvaje Mananghe. Los Misioneros mismos se esperaban una muerte pr\u00f3xima, pues su cabeza se hab\u00eda puesto a precio, y muchos de los jefes a quienes ellos hab\u00edan bautizado expiaban la ocasi\u00f3n de sorprenderlos. Por su parte, los hermanos, en compa\u00f1\u00eda de algunos Franceses, resid\u00edan a tres leguas de all\u00ed en una granja llamada San L\u00e1zaro, donde defend\u00edan contra los ataques de los Malgaches algunas cabezas de ganado para alimento de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas tristes noticias llegaron por fin a Francia, y Almeras, despu\u00e9s de celebrar consejo con los superiores principales de la compa\u00f1\u00eda, resolvi\u00f3 abandonar Madagascar y llamar a los Misioneros. Pero al morir enseguida, fue su sucesor Jolly quien ejecut\u00f3 esta resoluci\u00f3n. las primeras cartas de Jolly se perdieron en ruta; las segundas llegaron, el 14 de enero de 1674, por el nav\u00edo del rey la <em>Dunquerquoise. <\/em>Por esta \u00e9poca s\u00f3lo quedaban en Madagascar Roguet, Montmasson y cuatro hermanos. Todos los dem\u00e1s hab\u00edan muerto m\u00e1rtires o de los b\u00e1rbaros o de su caridad..<\/p>\n<p>A la llegada de la <em>Dunquerquoise, <\/em>el gobierno hab\u00eda pasado a las manos de La Bretesche, yerno de Lacase, fallecido. En lugar de los refuerzos que esperaba La Bretesche, el nav\u00edo tra\u00eda la noticia del abandono definitivo de la colonia y la prohibici\u00f3n a toda embarcaci\u00f3n de hacer escala all\u00ed en adelante. De Beauregard, su comandante, actu\u00f3 con tanta altivez, que colonos y soldados se sublevaron, y que se necesit\u00f3 la intervenci\u00f3n de los Misioneros para llamarlos al deber.<\/p>\n<p>Finalmente, el 5 de marzo de 1678, los Misioneros subieron a bordo de la <em>Dunquerquoise, <\/em>con los hermanos Bourgoing, G\u00e9rard, Pilliers y Gallot, y la Hermana Saint-Joseph, (Sra. de La Ferri\u00e8re). Apenas en el mar, el nav\u00edo fue rechazado contra la orilla y se rompi\u00f3 entre las rocas. Hasta el mes de agosto siguiente, el <em>Blanc<\/em>&#8211;<em>Pignon<\/em>, forzado por el escorbuto a hacer escala en el Fort-Dauphin, consinti\u00f3 en recogerlos a bordo, pero, ay, no a todos Aquel nav\u00edo deb\u00eda ser testigo\u00a0 del aniquilamiento de la colonia. El domingo 26 de agosto, de regreso de San L\u00e1zaro, donde hab\u00eda ido a decir la misa a los hermanos Pillier y Gallot, Roguet encontr\u00f3 la casa de Misi\u00f3n\u00a0 devastada. Al momento, se producen unos fogonazos, es la se\u00f1al de la masacre general. Sobornados por Mananghe, los negros deg\u00fcellan y matan a golpes por todas partes. . los Franceses se precipitan hacia la playa, donde el <em>Blanc<\/em>&#8211;<em>Pignon<\/em> recoge a los que han escapado de los Malgaches: no eran m\u00e1s que trescientos. Entre ellos no estaban los hermanos Pilliers y Gallot. Atacados a su vez por los Malgaches\u00a0 en San L\u00e1zaro, el primero hab\u00eda ca\u00eddo de un balazo en el umbral de la puerta que iba a atravesar; el segundo se hab\u00eda quedado sepultado en las llamas que devoraban la granja.<\/p>\n<p>El <em>Blanc<\/em>&#8211;<em>Pignon <\/em>zarp\u00f3 para Mozambique el 4 de\u00a0 de setiembre de 1674. Era un trayecto de algunos d\u00edas; retrasado por los vientos contrarios, tard\u00f3 siete meses, durante los cuales, la aglomeraci\u00f3n caus\u00f3 enfermedades que se llevaron a la mitad de los pasajeros, entre los cuales al hermano Bourgoing. Apenas desembarcado en Mozambique se muri\u00f3 tambi\u00e9n el hermano G\u00e9rard. Roguet y Montmasson se quedaban solos. Les fue preciso esperar cinco meses m\u00e1s su pasaje a las Indias. Como la guerra acababa de estallar entre Francia e Inglaterra, no se embarcaron en el mismo nav\u00edo, con el fin de que si una de ellos era capturado y conducido a Batavia, el ptro conservara su libertad para rescatar a su cohermano. Los dos se juntaron en Surate, donde los Padres capuchinos les dieron cristiana hospitalidad. El 1\u00ba de enero de 1676, part\u00edan para Francia y el 20 de junio desembarcaban en Belle-\u00cesle. Despu\u00e9s de un descanso de algunos d\u00edas en Le Mans, el 27 de julio estaban en San L\u00e1zaro. Ocho d\u00edas m\u00e1s tarde, Roguet no estaba ya. Montmasson estaba reservado por la Providencia para servir de taco en 1683, en el ca\u00f1\u00f3n de los b\u00e1rbaros Argelinos.<\/p>\n<p>As\u00ed acab\u00f3 la Misi\u00f3n de Madagascar que, en el espacio de 25 a\u00f1os, cost\u00f3 a la Compa\u00f1\u00eda, aparte de las suma considerables, veintisiete individuos, diecisiete sacerdotes y diez hermanos, sin contar a cuatro sacerdotes seculares, pero la enriqueci\u00f3 con cinco m\u00e1rtires: Estienne, el joven negro, y los tres hermanos Patte, Pilliers y Gallot.<\/p>\n<p>As\u00ed acab\u00f3 igualmente la colonia de esta Isla, que cost\u00f3 a Francia, adem\u00e1s de los tesoros incalculables, mil quinientos soldados o colonos de los cuatro mil m\u00e1s o menos que ella envi\u00f3 all\u00ed. El resto se volvi\u00f3 o se dispers\u00f3 ya en las colonias\u00a0 de las Indias, ya en sus colonias de Bourbon y de Mauricio, hijas de Madagascar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: Misiones extranjeras Art\u00edculo Primero: Misi\u00f3n de Madagascar. I. La Isla de Madagascar. 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Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 6, cap\u00edtulo 4 (a) - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-6-capitulo-4-a-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 6, cap\u00edtulo 4 (a) - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Cap\u00edtulo IV: Misiones extranjeras Art\u00edculo Primero: Misi\u00f3n de Madagascar. I. La Isla de Madagascar. Madagascar, el C\u00edrculo de Plinio,\u00a0 la Menuthias de Tolomeo fue probablemente visitada por lo \u00e1rabes de los siglos VII y, hacia ... 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Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 6, cap\u00edtulo 4 (b)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"24\/01\/2015","format":false,"excerpt":"Cap\u00edtulo IV: Misiones extranjeras (cont.) Art\u00edculo Segundo: Otras Misiones extranjeras. I. Misiones de Bourbon y de la Isla de Francia. 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