{"id":107610,"date":"2015-01-12T02:22:41","date_gmt":"2015-01-12T01:22:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2012\/09\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-3-2\/"},"modified":"2016-07-26T17:21:53","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:53","slug":"san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal. Su vida, su tiempo; sus obras, su influencia. Libro 4, cap\u00edtulo 4"},"content":{"rendered":"<h2><strong>Cap\u00edtulo IV: Los Ejercicios Espirituales<\/strong><\/h2>\n<h3><em> I. Origen, naturaleza y fin de los retiros espirituales.<\/em><\/h3>\n<p>Entre las obras de Vicente, hay una especie de generaci\u00f3n y de conexi\u00f3n: ellas dimanan un de otra, se encadenan mutuamente y se completan. De las Misiones emprendidas para la santificaci\u00f3n de los pueblos, naci\u00f3 el proyecto de obras destinadas a la santificaci\u00f3n del clero. De los ejercicios a ordenandos acabamos de ver salir las conferencias eclesi\u00e1sticas, cuyo fin era mantener la gracia recibida en la ordenaci\u00f3n, fomentar las resoluciones santas y de difundir el esp\u00edritu sacerdotal entre los que no hab\u00edan tenido la suerte de recibirlo en fuentes tan puras. Pero, cu\u00e1ntos sacerdotes no pod\u00edan participar de ellos, y ten\u00edan tanta m\u00e1s necesidad de esos golpes violentos que arrancan al alma de la rutina del pecado, y la empujan r\u00e1pidamente por el camino del bien. Entre los sacerdotes mismos que se hab\u00edan enrolado en una de estas santas asociaciones, cu\u00e1ntos sent\u00eda bajo la influencia enervante de la costumbre, al contacto del mundo, en el trato obligado con eclesi\u00e1sticos menos perfectos, debilitarse sus impresiones primeras, disminuir el ardor de su primer celo, etc. por consiguiente necesitaban tambi\u00e9n ellos reconfortar, avivar, resucitar la gracia recibida por la imposici\u00f3n de las manos. Y, aunque no hubiera habido en ellos p\u00e9rdida de fuerzas, ni disminuci\u00f3n de fervor, \u00bfno estaban acaso obligados a crecer de d\u00eda en d\u00eda hasta alcanzar la plenitud de la perfecci\u00f3n sacerdotal? Pues el justo debe ser justo cada vez m\u00e1s, y el santo santificarse todav\u00eda mas.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, fuera de las filas del clero, en las ciudades y en los campos, \u00bfno hab\u00eda esta multitud de almas a las cuales Vicente hac\u00eda o\u00edr, en sus Misiones, la palabra de la salvaci\u00f3n? Pero, \u00bfa cu\u00e1ntas no les llegaba? \u00bfEn cu\u00e1ntas m\u00e1s el eco de esta palabra iba debilit\u00e1ndose sin cesar hasta que se hizo otra vez en ellas un silencio de muerte? \u00bfCu\u00e1ntas abandonaban las pr\u00e1cticas de la vida cristiana que hab\u00edan abrazado bajo su inspiraci\u00f3n y volv\u00edan a caer en un estado peor que el de aquel del que las hab\u00eda sacado?<\/p>\n<p>La obra de las Misiones, la obra de los ordenandos y de las conferencias eclesi\u00e1sticas ped\u00edan pues un complemento. Hac\u00eda falta algo todav\u00eda para la santificaci\u00f3n de los pueblos y del clero: hemos nombrado los ejercicios espirituales.<\/p>\n<p>La vida cristiana de los primeros tiempos no hab\u00eda sido sino un retiro constante y universal. En las catacumbas o en el desierto los cristianos primitivos se arrancaban a un minado perseguidor y corrompedor, para vivir bajo la mirada de Dios en a meditaci\u00f3n de los a\u00f1os eternos. M\u00e1s tarde incluso, cuando el cristianismo a pareci\u00f3 a la luz del d\u00eda y ascendi\u00f3 al trono, todas las lamas llamadas por el genio y la virtud a grandes cosas, todos los Basilio y los Cris\u00f3stomo, al mismo tiempo que los Pablo y los Antonio, se preparaban en la soledad a su sublime vocaci\u00f3n, y no sal\u00edan sino para volver enseguida, despu\u00e9s de llevar al mundo su palabra y de imprimirle el espect\u00e1culo de su virtud. Luego, por todas partes fueron los monasterios que se abr\u00edan a las almas llevadas por la necesidad de una grande expiaci\u00f3n, o aspirando a comenzar en la tierra la vida del cielo.<\/p>\n<p>Cuando vino la debilitaci\u00f3n de la fe y de la vida cristiana, los santos no vieron otro remedio que el regreso a la meditaci\u00f3n solitaria del destino y de los deberes del hombre. En medio de las infidelidades y de los des\u00f3rdenes causados por el protestantismo, redoblaron sus \u00e1nimos para construirse una soledad espiritual, encerrarse en s\u00ed mismos para calcular sus cuentas con Dios, para poner en balanza los intereses del tiempo y los de la eternidad. Hasta san Ignacio se remonta la iniciativa m\u00e1s fuerte de los retiros espirituales en los \u00faltimos tiempos; a \u00e9l corresponde la gloria de haber, m\u00e1s que nadie, formulado el m\u00e9todo y el arte en ese libro admirable de los <em>Ejercicios <\/em>que ha producido tantos santos como lectores, ha dicho el P. Jouvency y m\u00e1s en\u00e9rgicamente a\u00fan san Francisco de Sales: \u00abque ha convertido m\u00e1s pecadores que letras contiene.\u00bb<\/p>\n<p>In\u00fatil es decir que Vicente no dejaba nunca, en medio de la mayor multiplicidad de los asuntos, de dar al menos ocho d\u00edas cada a\u00f1o a los retiros. Encerrado entonces en su celda, parec\u00eda olvidarse no s\u00f3lo del mundo, sino de su casa y de sus obras, para no pensar m\u00e1s que en Dios y en su alma. Habiendo profesado siempre hacia san Ignacio un culto particular, como una admiraci\u00f3n religiosa por su Comapa\u00f1\u00eda, pens\u00f3 muy temprano en extender la pr\u00e1ctica de los ejercicios espirituales con el plan del libro de los <em>Ejercicios<\/em>. Hacia 1629 o 1630, Coqueret y otros doctores de Sorbona, llenos de piedad y de virtud, vinieron, los primeros, a hacer un retiro bajo su direcci\u00f3n. A partir de entones abri\u00f3 su casa a todos los eclesi\u00e1sticos que quer\u00edan reconciliarse con Dios o penetrase de un fervor m\u00e1s grande en el ejercicio de sus santas funciones.<\/p>\n<p>Pero no fue hasta tomar posesi\u00f3n de la casa de San L\u00e1zaro, cuando Vicente pudo dar a esta obra proporciones hasta entonces desconocidas. Hasta \u00e9l, en efecto, la pr\u00e1ctica de los ejercicios se encerraba en el mundo eclesi\u00e1stico y religioso y, aparte de raras excepciones, no los practicaban m\u00e1s que aquellas personas del mundo que pensaban en abandonarlo para entrar en la Iglesia o en el claustro. Fue Vicente quien los extendi\u00f3 a todas las clases de la sociedad, los multiplic\u00f3 como todas las obras en las que pon\u00eda las manos, les dio, de alguna forma, derecho perpetuo de ciudadan\u00eda en la rep\u00fablica cristiana, e hizo de ellos para siempre una necesidad y una regla para todas las personas deseosas de salir del pecado o de avanzar en la vida piadosa.<\/p>\n<p>Para ello, necesitaba dos cosas: primero, hombres formados para dirigir a los dem\u00e1s en la pr\u00e1ctica de estos santos ejercicios, y siempre preparados por vocaci\u00f3n y por estado, a recibir a los vinieran a ponerse bajo su direcci\u00f3n; despu\u00e9s, una casa abierta a todos, en la que el vivir y el cubierto estuviesen asegurados no s\u00f3lo a los pobres sino a los ricos incluso que fuesen capaces de poner en orden su alma y su bolsa, y de negar a los intereses de la salvaci\u00f3n y de la eternidad algunas piezas del dinero que prodigan a sus placeres.<\/p>\n<p>Vicente comenz\u00f3 por formar a los suyos en la direcci\u00f3n de los ejercitantes, es decir de los que quisieran hacer los ejercicios espirituales. Despu\u00e9s de pedir a Dios, por ellos y por \u00e9l, el esp\u00edritu de consejo, de unci\u00f3n, de paciencia y de fuerza, les hizo comprender ante todo la naturaleza y el fin de una retiro. Un retiro, les dijo, es la destrucci\u00f3n del reino del pecado en el alma, de los afectos viciosos, de las pasiones desregladas, de las costumbres culpables, de los defectos graves y de las mas ligeras imperfecciones; es, en una palabra, es la refundici\u00f3n total del hombre, la renovaci\u00f3n completa del hombre interior. Es adem\u00e1s el principio de un nuevo plan de vida, en el que deberes generales del hombre y del cristiano, obligaciones personales, todo se dispone y se ordena seg\u00fan la ley del Evangelio, y se dirige hacia una perfecci\u00f3n siempre creciente.<\/p>\n<p>El ejercitante tiene ya su ruta marcada en la vida, o viene a deliberar con Dios en el retiro sobre la elecci\u00f3n de un estado. En el primer caso, conviene hacerle ver que la salvaci\u00f3n para \u00e9l consiste en la pr\u00e1ctica cristiana de las virtudes propias de su vocaci\u00f3n: laboriosa inocencia en el estudiante, lealtad y bravura en el soldado, integridad en el juez, celo de Dios y de las almas en el sacerdote; en el segundo, explicarle que teniendo la elecci\u00f3n de un estado aqu\u00ed abajo una relaci\u00f3n casi necesaria con la salvaci\u00f3n eterna, se ha de esperar la luz de parte de Dios, que se debe inspirar en el inter\u00e9s del cielo y no de la tierra. No se trata con todo que haya que empujarle f\u00e1cilmente a dejar el mundo: en este aspecto, gran discreci\u00f3n y prudencia, y, si ya est\u00e1 decidido a ello, aconsejarle en general las comunidades mejor regladas, sin determinarle a una en particular, menos que a otra cualquiera a la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<h3>II. <em>Reglamento de los retiros sean p\u00fablicos, sean privados.<\/em><\/h3>\n<p>Los retiros sin p\u00fablicos o privados. Si p\u00fablicos piden un predicador. Vicente le recomendaba hablar de un modo s\u00f3lido e impresionante, y cuidarse mucho, aqu\u00ed sobre todo, de no caer en esa vana elocuencia, reprobada por san Pablo y maldecida por Dios. le propon\u00eda luego como materia de sus discursos, no los temas capaces solamente de halagar el esp\u00edritu y alegrar la imaginaci\u00f3n, sino las grandes y capitales virtudes de la salvaci\u00f3n: el fin del hombre; el amor y los beneficios de Dios; las lecciones y los ejemplos de Jesucristo; los sacramentos y sus disposiciones necesarias; el horror al pecado y sus funestas consecuencias; la vanidad y los peligros del mundo; la malicia y los enga\u00f1os del demonio; las ilusiones del coraz\u00f3n y la fragilidad de la naturaleza humana; la brevedad de la vida y la incertidumbre de la hora de la muerte; los juicios de Dios, el cielo y el infierno eternos; todas las verdades cuyo olvido solo corrompe al hombre, y cuyo recuerdo mueve las conciencias, hace suscitar la declaraci\u00f3n de la falta y las l\u00e1grimas del arrepentimiento, inspira esos cambios s\u00fabitos, esas resoluciones generosas, que llevan a un brillante caballero a la gruta de Manresa, arrastran a Javier a las Indias, pueblan el mundo y el claustro de h\u00e9roes cristianos.<\/p>\n<p>En los retiros privados, cada ejercitante ten\u00eda su visitador o director. A \u00e9ste tambi\u00e9n Vicente le hab\u00eda trazado un directorio, que deb\u00eda seguir en todos sus puntos<\/p>\n<p>Desde que uno de los nuestros, se dice en \u00e9l, reciba la orden del superior de ir a servir a alg\u00fan ejercitante, pensar\u00e1 que es dios mismo quien le env\u00eda para cooperar a su salvaci\u00f3n, como Anan\u00edas fue enviado para convertir a san Pablo y, en el esp\u00edritu de Anan\u00edas, responder\u00e1 al punto: <em>Ecce ego, Domine!<\/em><\/p>\n<p>Ante todo, entrar\u00e1 en una grande desconfianza de s\u00ed mismo, a la vista de su escasa capacidad para una obra tan excelente y tan dif\u00edcil como es la conversi\u00f3n o la perfecci\u00f3n de un alma; pero, al mismo tiempo, con una gran confianza en Dios, a quien atribuir\u00e1 \u00fanicamente el \u00e9xito de su misi\u00f3n, no imput\u00e1ndose a s\u00ed mismo m\u00e1s que sus faltas y el mal resultado posible del retiro. No actuar\u00e1 con ninguna mira humana, sino solamente por la gloria de Dios y la santificaci\u00f3n del ejercitante.<\/p>\n<p>No impondr\u00e1 a \u00e9ste en absoluto sus ideas particulares en materia de piedad y de conducta, sino que se conformar\u00e1 a su car\u00e1cter, a sus disposiciones de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n, a su condici\u00f3n propia, en atenci\u00f3n a si es hombre de la ciudad o de los campos, joven o anciano, cat\u00f3lico de nacimiento o reci\u00e9n convertido, educado o torpe, de gran fortuna o pobre y de humilde lugar.<\/p>\n<p>Sea como sea, tratar\u00e1 con \u00e9l con una sencillez <em>colombina, <\/em>en esp\u00edritu de humildad y de respeto, como servidor, incluso y sobre todo si \u00e9l se cree superior por clase e inteligencia: en este caso, raz\u00f3n para demostrarle m\u00e1s honor, siempre con discreci\u00f3n, y le hablar\u00e1 en t\u00e9rminos mas humildes. Con nadie adoptar\u00e1 aires de autoridad o de rector. Con todos usar\u00e1 de paciencia y de servicio, que redoblar\u00e1 trat\u00e1ndose de r\u00fasticos, de ignorantes y de cobardes, como tambi\u00e9n de \u00e1nimos y de oraciones. Jam\u00e1s un desd\u00e9n, ni cr\u00edticas ni reproches. A sus consejos a\u00f1adir\u00e1 sus l\u00e1grimas y sus mortificaciones. Evitar\u00e1 escandalizar y tratar\u00e1 de predicar con el ejemplo. Sobre todo cuanto diga el ejercitante, guardar\u00e1, a menos que exista autorizaci\u00f3n especial, el m\u00e1s inviolable secreto.<\/p>\n<p>Se dispondr\u00e1 a la primera visita en presencia del Sant\u00edsimo Sacramento con una breve oraci\u00f3n ferviente, como \u00e9sta: <em>Dona mihi hanc animam! <\/em>lo que renovar\u00e1 en las visitas siguientes Cada una ser\u00e1 de media hora tras cada comida. Al dirigirse a la habitaci\u00f3n del ejercitante, rogar\u00e1 otra vez a Dios, a la sant\u00edsima Virgen, a su \u00e1ngel custodio, y se le ofrecer\u00e1. Entrar\u00e1 \u00abmodestamente contento y alegremente modesto\u00bb; se arrodillar\u00e1 nada m\u00e1s llegar siguiendo la pr\u00e1ctica de la Compa\u00f1\u00eda, saludar\u00e1 humilde y afectuosamente, recitar\u00e1 con el ejercitante <em>el Veni, Sancte Spiritus,<\/em> y le preguntar\u00e1 qu\u00e9 tal est\u00e1. \u00abBien, gracias a Dios! contestar\u00e1. \u2013Oh, Se\u00f1or, responder\u00e1 el visitante, Dios sea bendito por el deseo que os ha dado de hacer unos ejercicios. Yo he tenido el honor de ser nombrado para serviros en ellos, y vengo para ello a ofrecerme a vos si le complace. Pero, ay, \u00a1yo elegido para dirigiros! \u00bb Tratar\u00e1 entonces de tranquilizarle y de alegrarle porque el ejercitante de ordinario estar\u00e1 preocupado por lo que van a hacer con \u00e9l, vi\u00e9ndose solo en una habitaci\u00f3n. Le preguntar\u00e1 si ha le\u00eddo las <em>cartas<\/em> \u2013especie de programa que se entregaba a los ejercitantes nada m\u00e1s llegar a San L\u00e1zaro. Si el ejercitante ha hecho ya un retiro, le recordar\u00e1 sus pr\u00e1cticas; sino le hablar\u00e1 del fin y pr\u00e1cticas. Le mostrar\u00e1 sus lecturas, sus meditaciones seg\u00fan sea seglar o eclesi\u00e1stico, ignorante o instruido.<\/p>\n<p>Antes de salir, mirar\u00e1 a ver si le falta algo, libros, papel, tinta, plumas, velas s\u00e1banas; -hsta el gorro de noche que Vicente recomienda que no se olvide.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la visita, volver\u00e1 al sant\u00edsimo Sacramento para dar gracias por el bien que haya podido hacer, pedir perd\u00f3n por sus faltas y la gracia de repararlas y ofrecer de nuevo al ejercitante a Nuestro Se\u00f1or. as\u00ed lo har\u00e1 en las visitas siguientes.<\/p>\n<p>En la segunda visita preguntar\u00e1 al ejercitante si ha observado bien el orden del d\u00eda; le har\u00e1 dar cuenta de su oraci\u00f3n, de su lectura, y le se\u00f1alar\u00e1 otras nuevas; la dar\u00e1 para ello todas instrucciones necesarias, y le ense\u00f1ar\u00e1 tambi\u00e9n el modo de hacer el examen, bien particular, bien general. se enterar\u00e1 tambi\u00e9n si tiene un rosario y, si no lo tiene, le traer\u00eda uno al d\u00eda siguiente . Pronto, le preparar\u00e1 para la confesi\u00f3n general de toda su vida o a una revisi\u00f3n de los \u00faltimos a\u00f1os, por el examen de conciencia y por las actos de contrici\u00f3n que le sugiera.<\/p>\n<p>Hecha la confesi\u00f3n, recibida la comuni\u00f3n, el ejercitante entra en la segunda parte de su retiro. Despu\u00e9s del periodo <em>purgativo<\/em>, llegamos al periodo <em>iluminativo; <\/em>despu\u00e9s de la destrucci\u00f3n de los pecados, la edificaci\u00f3n de las virtudes; despu\u00e9s de a renuncia a un pasado culpable, la elecci\u00f3n de un estado y el reglamento de la vida que viene. El visitante le dirigir\u00e1 en la b\u00fasqueda importante de su vocaci\u00f3n. Le dar\u00e1 un modelo de reglamento de vida. Le invitar\u00e1 trabajar en el suyo y vigilara su redacci\u00f3n. Al mismo tiempo le sugerir\u00e1 buenas resoluciones y medios de perseverancia. Le mantendr\u00e1 en guardia contra las resoluciones demasiado generales, puras producciones del esp\u00edritu, vano juego del coraz\u00f3n; sino le llevar\u00e1 a las resoluciones particulares y detalladas, las \u00fanicas que pasan a los actos, las \u00fanicas, por consiguiente, que preservan del mal, alimentan y perfeccionan la piedad,<em> \u00ab<\/em>No hay, dec\u00eda Vicente, otra clase de resoluciones que se lleven bien a la pr\u00e1ctica; como no hay m\u00e1s que una perfecta fidelidad a estas mismas resoluciones que pueda hacer a un hombre s\u00f3lidamente virtuoso; sin ello, no se llega serlo con la mayor frecuencia m\u00e1s que por imaginaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>El visitador indicar\u00e1 tambi\u00e9n al ejercitante los libros que le pueden ser \u00fatiles; para lo seglares: la Introducci\u00f3n a la vida devota, la Gu\u00eda de pecadores y las dem\u00e1s obras de san Francisco de Sales y de Granada, las Flores de los santos de Ribadeneira, Bus\u00e9e, como fuente de meditaciones; para los sacerdotes, aparte de las obras ya dichas, la santa Biblia, el nuevo Testamento aparte, Molina, el concilio de Trento, santo Tom\u00e1s, etc.<\/p>\n<p>Acabado el retiro, ir\u00e1 a decirle adi\u00f3s, y entonces le llevar\u00e1 a practicar estas resoluciones, le dar\u00e1 las gracias por la paciencia que ha tenido con \u00e9l, y le pedir\u00e1 perd\u00f3n por las faltas cometidas para con \u00e9l.<\/p>\n<p>Si el ejercitante ofrece alguna cosa, no rechazarla, sino simplemente decirle: \u00abSe\u00f1or, le damos gracias muy humildemente y pediremos a Dios que \u00e9l sea su recompensa.\u00bb \u2013En el caso de no ofrecer nada y preguntara si se recibe, responder: \u00abNo exigimos nada de nadie, pero no rechazamos, porque no tenemos fundaci\u00f3n particular para esta obra.\u00bb \u2013Si dice tan s\u00f3lo: \u00bfC\u00f3mo pueden ustedes hacer frente a estos gastos? Dispondr\u00e1n para ello de grandes rentas.\u00bb Responder entonces: \u00abEn realidad, el gasto sobrepasa nuestras fuerzas: por eso, sin exigir nada, no rechazamos lo que se nos ofrece.\u00bb \u2013 En general, no decir nada a los que no dicen nada; responder a los otros con prudencia, y s\u00f3lo para aclararles la verdad, no para urgirles o pedirles limosna.<\/p>\n<p>El visitante no invitar\u00e1 al ejercitante a volver, a no ser en alg\u00fan caso excepcional, como para preservarlo de una ca\u00edda probable; se excusar\u00e1 incluso humildemente de tomarle bajo su direcci\u00f3n, si llegara a propon\u00e9rsela.<\/p>\n<p>Le llevar\u00e1 finalmente ante el Sant\u00edsimo Sacramento para dar gracias a Dios; luego le acompa\u00f1ar\u00e1 hasta la puerta de la casa, con educaci\u00f3n, respeto y cordialidad.<\/p>\n<h3>III. <em>Ense\u00f1anzas de Vicente sobre este tema.<\/em><\/h3>\n<p>Una acogida tan generosa, reglamentos tan sabios, una direcci\u00f3n tan cordialmente cristiana, deb\u00edan atraer a una multitud de ejercitantes a San L\u00e1zaro; incremento enorme de gastos para la casa y de trabajo para los Misioneros! Tambi\u00e9n Vicente necesit\u00f3 sostener a los suyos, al menos mientras viv\u00eda, contra los temores de ruina y los apuros del cansancio, y m\u00e1s a\u00fan de defenderlos contra el debilitamiento del celo que seguir\u00eda poco a poco a su muerte y la tentaci\u00f3n de abandonar totalmente esta obra.<\/p>\n<p>\u00abOh Se\u00f1ores, les dec\u00eda \u00e9l, c\u00f3mo debemos apreciar la gracia que Dios nos hace de traernos a tantas personas para ayudarlas a negociar su salvaci\u00f3n! Nos llegan hasta mucha gente de la guerra, y estos d\u00edas pasados hab\u00eda uno que me dec\u00eda: \u00abSe\u00f1or, yo me debo ir enseguida a buscar fortuna, y deseo de antemano ponerme en buen estado. Tengo remordimientos de conciencia y, con la duda de lo que me pueda suceder, vengo a disponerme a lo que Dios quiera ordenar de m\u00ed.\u00bb Nosotros tenemos ahora en esta casa, por la gracia de Dios, un buen n\u00famero de personas en retiro. Oh Se\u00f1ores, qu\u00e9 grandes bienes no puede producir esto, si trabajamos con fidelidad! Pero qu\u00e9 desgracia, si esta casa se relaja un d\u00eda en esta pr\u00e1ctica. Yo se lo digo, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, temo que llegue el tiempo, en el que ella no tenga ya el celo que le ha hecho recibir a tantas personas en los retiros. Y entonces \u00bfqu\u00e9 suceder\u00eda? Ser\u00eda de temer que Dios le quitara a la Compa\u00f1\u00eda, no s\u00f3lo la gracia de este empleo, sino que la privara incluso de todos los dem\u00e1s. Me dec\u00edan anteayer que el Parlamento hab\u00eda degradado ese d\u00eda a un consejero, y que habi\u00e9ndole mandado venir a la Gran Sala, donde todas las dem\u00e1s estaban reunidas, vestido con su t\u00fanica roja, el presidente llam\u00f3 a los usieres y les mand\u00f3 quitarle esta t\u00fanica y el birrete, como indigno de estas se\u00f1ales de honor e incapaz del cargo que ten\u00eda. Lo mismo nos pasar\u00eda a nosotros, Se\u00f1ores, si abus\u00e1ramos de las gracias de Dios, descuidando nuestras primeras funciones. Dios nos las quitar\u00eda, como indignos de la condici\u00f3n en que nos ha puesto, y de las obras a las que nos entregado. Dios m\u00edo, qu\u00e9 motivo de dolor! Pues bien, con el fin de persuadirnos bien del gran mal que ser\u00eda si Dios nos privara del honor de hacerle este servicio, se ha de considerar que muchos llegan a casa estos d\u00edas a hacer su retiro para conocer la voluntad de Dios en el movimiento que han tenido de dejar el mundo; y yo les recomiendo a uno a sus oraciones, que ha terminado el retiro, y que al salir de aqu\u00ed va a los Capuchinos a tomar el h\u00e1bito. Hay algunas comunidades que nos env\u00edan a varios de los que quieren entra con ellos, y los env\u00edan para hacer los ejercicios aqu\u00ed, para probar mejor su vocaci\u00f3n antes de recibirlos. Otros vienen de diez, veinte y de cincuenta leguas de distancia expresamente, no s\u00f3lo para venir a recorrerse aqu\u00ed para hacer una confesi\u00f3n general, sino para determinarse en la elecci\u00f3n de vida en el mundo, y para tomar los medios de salvarse. Vemos tambi\u00e9n a tantos p\u00e1rrocos y eclesi\u00e1sticos que nos llegan de todos los lados para enderezarse en su profesi\u00f3n, y avanzar en la vida espiritual. Llegan todos sin la preocupaci\u00f3n de traer dinero, sabiendo que ser\u00e1n bien recibidos sin ello. Y, a este prop\u00f3sito, una persona me dec\u00eda \u00faltimamente que era un gran consuelo para los que no lo tienen, saber que hay un lugar en Par\u00eds siempre preparado a recibirlos por caridad, cuando ellos se presenten con un verdadero plan de ponerse bien con Dios. Unos me vienen a decir: \u00abSe\u00f1or, hace tanto tiempo que podo esta gracia, tantas veces que he venido aqu\u00ed sin poder obtenerla.\u00bb Otros: \u00abSe\u00f1or, tengo que irme, tengo un cargo, mi beneficio me necesita, y me marcho; concededme este favor.\u00bb Los otros: \u00abHe acabado mis estudios, y me siento obligado a retirarme a pensar en lo que debo ser.\u00bb Los otros: \u00abAh, Se\u00f1or, cu\u00e1nto los necesito. Ah, Se\u00f1or, si supierais, me dar\u00edais al punto este consuelo.\u00bb Vienen tambi\u00e9n ancianos que llegan para preparase a la muerte. Gran favor, grande gracia que Dios ha hecho a esta casa al llamar a ella a tantas almas a los santos ejercicios, y servirse de esta familia como de instrumento para su conversi\u00f3n\u00bb\u2026<\/p>\n<p>\u00abEsta casa, Se\u00f1ores, serv\u00eda en otro tiempo para el retiro de los leprosos. Eran recibidos en ella, y ni uno solo se curaba. Y ahora sirve para recibir a pecadores que son enfermos cubiertos de lepra espiritual, pero que curan, por la gracia de Dios; digamos m\u00e1s, son muertos que resucitan. \u00a1Qu\u00e9 suerte que la casa de San L\u00e1zaro sea un lugar de resurrecci\u00f3n! Este santo, despu\u00e9s de permanecer muerto tres d\u00edas en la tumba, sali\u00f3 de ella vivo. Y Nuestro Se\u00f1or, que lo resucit\u00f3, concede todav\u00eda la gracia a muchos que, habiendo permanecido algunos d\u00edas en ella, como en el sepulcro de L\u00e1zaro, salen de ella con una nueva vida. \u00bfQui\u00e9n no se regocijar\u00e1 por una bendici\u00f3n semejante?\u00bfY qui\u00e9n no tendr\u00e1 un sentimiento de amor y de agradecimiento para con la bondad de Dios por un bien tan grande? \u00a1Qu\u00e9 motivo de verg\u00fcenza si nos hacemos indignos de una gracia semejante! \u00a1Qu\u00e9 confusi\u00f3n, Se\u00f1ores, y qu\u00e9 dolor no sentiremos un d\u00eda si, por nuestra culpa, nos vemos despojados de todo, para caer en el oprobio delante de Dios y de los hombres! \u00bfQu\u00e9 motivo de aflicci\u00f3n no tendr\u00e1 un pobre hermano de la Compa\u00f1\u00eda que ve ahora a tanta gente del mundo que viene de todas partes a retirarse un poco entre nosotros para cambiar de vida, y que por entonces ver\u00e1 este gran bien descuidado! Ver\u00e1 que no se recibir\u00e1 ya a nadie; por \u00faltimo \u00e9l no ver\u00e1 lo que ha visto. Pues nosotros podemos caer en esto, Se\u00f1ores, no ya tan pronto, sino a la larga. \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 la causa? Si se dice a un Misioneros relajado: \u00abSe\u00f1or, \u00bftiene la bondad de dirigir a este ejercitante en su retiro?\u00bb esta petici\u00f3n le causar\u00e1 molestias; y, si no se excusa, no har\u00e1, como se suele decir m\u00e1s que pasar la escoba. Sentir\u00e1 tantas ganas de satisfacerse, y tanta pereza en quitar media hora o as\u00ed despu\u00e9s de la comida y de la cena, a su recreo ordinario, que esta hora le resultar\u00e1 insoportable, aunque entregada a la salvaci\u00f3n de un alma y la mejor empleada de todo el d\u00eda. Otros murmurar\u00e1n por este trabajo so pretexto que resulta oneroso y de grandes gastos; y as\u00ed los sacerdotes de la misi\u00f3n, que en otro tiempo hayan dado la vida a los muertos, no tendr\u00e1n ya m\u00e1s que el nombre de lo que han sido; no ser\u00e1n m\u00e1s que cad\u00e1veres, y no verdaderos Misioneros; ser\u00e1n carcasas de San Lorenzo, y no L\u00e4zaros resucitados, y todav\u00eda menos hombres que resuciten a los muertos. Esta casa que es ahora como una piscina salvadora donde tanta gente viene a lavarse, no ser\u00e1 ya m\u00e1s que una cisterna corrompida por el relajamiento y la ociosidad de los que la habitan. Pidamos Dios, Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, que esta desgracia no llegue. Pidamos a la sant\u00edsima Virgen que nos libre de \u00e9l por su intercesi\u00f3n, y por el deseo que ella tiene de la conversi\u00f3n de los pecadores. Pidamos al gran san L\u00e1zaro que sea siempre el protector de esta casa y le obtenga la gracia de la perseverancia en el bien comenzado. Se ve, era con ocasi\u00f3n de un ejercitante que recomendar a las oraciones de le comunidad, con ocasi\u00f3n de un reci\u00e9n llegado, de una afluencia desacostumbrada, que Vicente daba estos avisos tan resplandecientes de fe y tan ardientes de caridad. Luego, para terminar de animar a los suyos, les contaba triunfos de la gracia: \u00abEn el \u00faltimo viaje que hice hace cinco a\u00f1os a Breta\u00f1a, les dijo un d\u00eda, nada m\u00e1s llegar, vino a verme un hombre muy honrado, para agradecerme la gracia que dec\u00eda haber recibido por hacer en esta casa un retiro espiritual. \u00a1\u00bbOh, Se\u00f1or, me dijo, sin eso yo estaba perdido! Os debo, despu\u00e9s de a Dios, mi salvaci\u00f3n. Es eso lo que me puso la conciencia en paz, y lo que me ha hecho adoptar un modo de vida que he seguido desde entonces y que conservo todav\u00eda por la gracia de Dios, con una gran paz y satisfacci\u00f3n de mi esp\u00edritu. En verdad, Se\u00f1or, a\u00f1adi\u00f3 \u00e9l, me siento tan obligado a vuestra caridad, que lo publico a todos los vientos, y digo en todas las compa\u00f1\u00edas donde he estado que, sin el retiro que hice en San L\u00e1zaro, yo estar\u00eda condenado. \u00a1C\u00f3mo pues debo estimar esta gracia que vos me hicisteis! Os ruego que cre\u00e1is que me acordar\u00e9 toda mi vida.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abAhora tenemos en casa a un Capit\u00e1n, dijo Vicente en otra ocasi\u00f3n, que quiere ser cartujo, que nos ha sido enviado por estos buenos padres para experimentar su vocaci\u00f3n, seg\u00fan la costumbre. Les suplico que le encomienden a Nuestro Se\u00f1or, y al mismo tiempo piensen cu\u00e1n grande es su bondad, yendo as\u00ed a buscar a un hombre, cuando est\u00e1 comprometido mucho antes en un estado tan contrario al que al que aspira ahora. Admiremos esta misericordiosa Providencia, reconozcamos que Dios no hace acepci\u00f3n de personas, sino que se sirve de todas las clases de estados por su infinita bondad, escoge a quien le parece bien.\u00bb<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, era un capit\u00e1n a quien recomendaba a las oraciones y a las acciones de gracias de los suyos, luego un protestante convertido, que trabajaba en ese momento en la defensa de la verdadera fe, y pod\u00eda as\u00ed ganarse a muchos de sus antiguos correligionarios. Al d\u00eda siguiente podr\u00eda ser un sacerdote venido de muy lejos, que le dec\u00eda sin m\u00e1s: \u00abSe\u00f1or, vengo a vos y, si no me recib\u00eds, estoy perdido.\u00bb Algunos d\u00edas despu\u00e9s, regresaba maravillosamente tocado de esp\u00edritu de Dios. luego, eran tros tres sacerdotes salidos del fondo de la Champa\u00f1a, despu\u00e9s de planear santamente venir a hacer juntos un retiro en San L\u00e1zaro. \u00abOh Dios, exclamaba entonces Vicente, cu\u00e1ntos vienen de lejos y de cerca, a quienes el Esp\u00edritu Santo da este movimiento. Pero, cu\u00e1n fuerte conviene que sea la gracia para traer as\u00ed de todas partes a los hambres a la crucifixi\u00f3n, pues el retiro espiritual es para crucificar la carne, a fin de que se pueda decir con el Ap\u00f3stol: \u00abEstoy crucificado al mundo y el mundo me est\u00e1 crucificado a m\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, respond\u00eda a las objeciones, sacadas principalmente del peque\u00f1o n\u00famero de los que perseverar\u00edan, y de la falta de proporci\u00f3n entre la grandeza de los sacrificios y de la peque\u00f1ez relativa de los resultados. Dec\u00eda: \u00abTodos aquellos, en realidad, que hacen en este lugar su retiro, no lo aprovechan por igual. Pero, \u00bfel reino de Dios en la tierra no est\u00e1 lleno de buenos y de malos? \u00bfNo es acaso una red barredera o una red que recoge toda case de peces? En esta grande abundancia de gracias que Dios reparte a todas las personas del mundo, cu\u00e1ntos se ven que abusan de ellas, y aunque conozca este abuso que har\u00e1n de ellas, no deja a pesar de todo de repart\u00edrselas. Cu\u00e1ntos hay que se descuidan en servirse de los frutos de la pasi\u00f3n y muerte de Nuestro Se\u00f1or, y que, como dice el santo Ap\u00f3stol, pisotean la sangre que \u00e9l ha derramado para su salvaci\u00f3n. Oh, dulce y misericordioso Salvador, sab\u00edais muy bien que la mayor parte no lo tendr\u00edan en cuenta, y vos no hab\u00e9is dejado de sufrir, a pesar de todo, la muerte por su salvaci\u00f3n, aunque supieseis de esta prodigiosa Multitud que se burlar\u00edan de ello, y de este gran n\u00famero de cristianos que abusar\u00edan de las gracias que vos les hab\u00e9is merecido!<span id='easy-footnote-1-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-1-107610' title='Repet. de oraci\u00f3n del 10 de agosto de 1655.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span>\u00bb<\/p>\n<h3>IV. <em>Desinter\u00e9s de Vicente.<\/em><\/h3>\n<p>Todos estos discursos, recogidos a trav\u00e9s de otros cien semejantes, terminan por hacernos comprender la naturaleza de los ejercicios espirituales, y nos llevan a entrever las ventajas inmensas que recayeron en las almas. Pero estos \u00e1nimos que Vicente prodigaba a los suyos para que perseveraran, el cuadro de los frutos de salvaci\u00f3n producidos por los retiros que \u00e9l pon\u00eda sin cesar a sus ojos para hacerles desde\u00f1ar los intereses temporales, no los tranquilizar\u00edan siempre sobre el porvenir de la obra, menos a\u00fan sobre la posibilidad de sostener por mucho tiempo la enormidad de los sacrificios que costaba a la congregaci\u00f3n. La casa de San L\u00e1zaro se doblaba bajo el peso siempre en aumento de los gastos, y se acusaba de excesos la caridad de Vicente, le urg\u00edan a mayor moderaci\u00f3n y prudencia. \u2013\u00bbSe\u00f1or, ven\u00eda a decirle un hermano probablemente encargado de la manutenci\u00f3n de las finanzas, vamos a sucumbir bajo el n\u00famero de los ejercitantes. \u2013Hermano, que quieren salvarse. \u2013Sea en buena hora, Se\u00f1or, si todos se salvaran. Pero qu\u00e9 pocos se aprovechan del retiro, y cu\u00e1ntos vienen a buscar aqu\u00ed menos el alimento del alma que el del cuerpo. \u2013Ya es mucho que algunos se salven. En cuanto a los que vienen por motivos menos puros, siempre es una limosna agradable a Dios alimentar a un hombre en la necesidad. Adem\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo distinguir entre unos y otros? Y si nosotros ponemos dificultades en recibir a todos los que se presentan, \u00bfno rechazaremos a algunos sobre quienes Dios ten\u00eda designios de misericordia? En una palabra, a fuerza de querer penetrar los motivos que les obligan a actuar, \u00bfno ahogaremos en muchos las primicias del Esp\u00edritu que los llama a s\u00ed? \u2013Pero, Se\u00f1or, vos abrevi\u00e1is los d\u00edas de la Compa\u00f1\u00eda, que pronto se ver\u00e1 reducida al extremo. \u2013Si tuvi\u00e9ramos treinta a\u00f1os de vida, y que por recibir a los que vienen a hacer retiro no fu\u00e9ramos a vivir m\u00e1s que quince, no habr\u00eda que dejar por ello de recibirlos. Es verdad que el gasto es grande, pero no puede estar mejor empleado; y, si la casa est\u00e1 ocupada, Dios sabr\u00e1 c\u00f3mo ayudar a encontrar los medios de desocuparla, como hay raz\u00f3n de esperarlo de su Providencia y bondad infinita. \u2013Pero, Se\u00f1or, se trata no s\u00f3lo de una crisis, sino de una enfermedad mortal y de una aniquilaci\u00f3n inmediata! \u2013Si sucede que la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se aniquilara haciendo un bien semejante tendremos la suerte de hacernos semejantes a Nuestro Se\u00f1or, que en cierto modo se aniquil\u00f3 por la salvaci\u00f3n de las almas<span id='easy-footnote-2-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-2-107610' title='&lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;. p. 147.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb<\/p>\n<p>El procurador llegaba. Era una v\u00edspera de \u00f3rdenes, y el aumento de los gastos del retiro de los diez d\u00edas ven\u00eda a agotar lo que el retiro permanente hab\u00eda dejado en la caja de San L\u00e1zaro: \u00abSe\u00f1or, no me queda un c\u00e9ntimo para ma\u00f1ana. \u2013Oh, Se\u00f1or, la buena noticia; Dios sea bendito! \u00a1Qu\u00e9 suerte! Es el momento ahora cuando hemos de demostrar si tenemos confianza en Dios. C\u00f3mo debemos alegrarnos de tener ocasi\u00f3n de confiar en \u00e9l solamente y de depender, como verdaderos pobres, de la liberalidad deuno tan rico Nuestra industria, \u00bfes un recurso m\u00e1s seguro que su bondad? La desconfianza le deshonra, porque los tesoros de su Providencia son inagotables. No temamos nada. La congregaci\u00f3n se destruir\u00eda antes por las riquezas que por la pobreza.\u00bb<\/p>\n<p>Los mismos extra\u00f1os de sorprend\u00edan y se inquietaban. A la vista del gran refectorio lleno de gente que se apilaban a la mesa de la caridad: \u00ab\u00bfD\u00f3nde encontr\u00e1is, Se\u00f1or, le dijo un abogado del Parlamento con qu\u00e9 hacer frente a este gran n\u00famero de bocas dom\u00e9sticas y extra\u00f1as? \u2013Oh, Se\u00f1or, el tesoro el la Providencia de Dios es mucho m\u00e1s grande todav\u00eda. Bueno es poner los cuidados y los pensamientos en Nuestro Se\u00f1or, que no fallar\u00e1 en darnos el alimento, como nos lo ha prometido. \u2013Sin embargo, a\u00f1adi\u00f3 un sacerdote de sus amigos, tened cuidado de no caer en alg\u00fan problema del que no pod\u00e1is salir, y poned, os lo suplico, alg\u00fan l\u00edmite a vuestra liberalidad. \u2013Se\u00f1or, respondi\u00f3 Vicente sonriendo, cuando lo hayamos gastado todo por Nuestro Se\u00f1or, y no nos quede ya nada, dejaremos la llave debajo de la puerta, y nos marcharemos. Un d\u00eda, en cambio, acosado m\u00e1s que de ordinario y sin saber qu\u00e9 hacer con tantas reclamaciones de dentro y de fuera, pareci\u00f3 decidido a encerrar su celo en l\u00edmites m\u00e1s estrechos y a disminuir el n\u00famero de los ejercitantes. \u00abHoy, dijo, ser\u00e9 yo quien haga de feroz portero u hotelero; me encargo yo mismo de recibir a estos y de elegirlos.\u00bb Se puso en la puerta muy resuelto a mantenerse serio contra excesivas solicitudes. Pero cuando se trat\u00f3 de admitir a unos y de rechazar a los otros, se encontr\u00f3 incapaz de decidir; su coraz\u00f3n, vanamente comprimido, se dilat\u00f3; la caridad universal sali\u00f3 a la luz, y no pudo rechazar a nadie. Para el atardecer hab\u00eda recibido a m\u00e1s gente que de ordinario. Un hermano vino a decirle:\u00bbSe\u00f1or, no hay ya habitaci\u00f3n disponible. \u2013Pues bien, que le den la m\u00eda, y que me pongan en la cuadra!\u00bb<span id='easy-footnote-3-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-3-107610' title='&lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;., n. 75, p. 145.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> De todo lo que precede se puede concluir f\u00e1cilmente qu\u00e9 afluencia continua ten\u00eda lugar a diario a San L\u00e1zaro de Par\u00eds y de las provincias . Vicente mismo comparaba esta casa al arca de No\u00e9, en la que toda clase de animales, grandes y peque\u00f1os eran bien recibidos por igual. Y, en efecto, le llegaban de Oriente y de Occidente, en la mezcla m\u00e1s singular de todas las edades y de todas las condiciones sociales. En el mismo refectorio se ve\u00edan sentados codo con codo a j\u00f3venes y viejos, a cl\u00e9rigos y a seglares, a grandes se\u00f1ores y a mendigos, a doctores de Sorbona y a gente sin la m\u00e1s ligera idea de letras, a magistrados y a obreros, a mundanos y a solitarios, a caballeros y a pajes, a amos y a criados. Aqu\u00ed, todos eran llamados y todos elegidos. Era el triunfo de la igualdad cristiana, el comunismo de la caridad, la santa confusi\u00f3n de todos ante Dios y en el inter\u00e9s com\u00fan de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Las luchas, los choques que deb\u00eda sostener el coraz\u00f3n de Vicente, haciendo saltar m\u00e1s viva y m\u00e1s ardiente la chispa del amor. La edad no le tra\u00eda ni su hielo ni su ansiosa avaricia. Contra la costumbre de los ancianos, cuanto m\u00e1s avanzaba en los a\u00f1os, m\u00e1s amaba, m\u00e1s pr\u00f3digo santamente era. En primer lugar, hab\u00eda a\u00fan alguna mesura; al final, hubo que recibir cada d\u00eda a los m\u00e1s ejercitantes posibles y tener la casa al completo. Como el padre de familias del Evangelio, habr\u00eda dicho en caso de necesidad a sus sirvientes: \u00abId pronto a las plazas, a las calles de la ciudad, a los caminos y a los cercados y obligadlos a entrar, para que se llene mi casa<span id='easy-footnote-4-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-4-107610' title='Luc. C. XIV, V. 21 al 23.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>.\u00bb Se lleg\u00f3 a admitir hasta ochocientos al a\u00f1o. Lo que eleva a veinte mil el n\u00famero de los que pasaron por San L\u00e1zaro los veinticinco \u00faltimos a\u00f1os de Vicente. En caso de conflicto, los pobres y los d\u00e9biles, los ciegos y los cojos, -para seguir el texto sagrado de antes- ten\u00edan siempre su preferencia. Para atraer a los obres obreros, no se contentaba con ofrecerles residencia y alimentaci\u00f3n gratuita, lo que hac\u00eda con los ricos mismos; pagaba adem\u00e1s a sus patronos lo que habr\u00eda valido su trabajo durante el tiempo del retiro<span id='easy-footnote-5-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-5-107610' title='&lt;em&gt;Summ&lt;\/em&gt;., p. 207.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<h3>V. <em>\u00c9xito de los retiros en Par\u00eds y en provincias.<\/em><\/h3>\n<p>As\u00ed es c\u00f3mo San L\u00e1zaro se convirti\u00f3 en la gran hosteler\u00eda de Par\u00eds y de Francia para el alimento de las almas; c\u00f3mo la Misi\u00f3n se hizo permanente. \u00a1Qu\u00e9 conversiones se operaron, de cu\u00e1ntos progresos en la perfecci\u00f3n cristiana fue ella el punto de partida! Cu\u00e1ntos ap\u00f3stoles salieron de ella para llevar a todos los puntos de Francia, y m\u00e1s all\u00e1 de los montes y de los mares, las lecciones, los ejemplos, las santas practicas de esta casa, dos o tres veces <em>madre<\/em>, y por los hijos que daba al padre de la Misi\u00f3n, y por los hijos adoptivos que recib\u00eda en tan gran n\u00famero en su seno, y por aquellos, m\u00e1s numerosos todav\u00eda, que ella se creaba de todas partes en virtud de esta diseminaci\u00f3n maravillosa de todas las obras nacidas en ella o por ella! Como los Misioneros que Vicente enviaba por el mundo no llevaban con ellos, a nuevos ap\u00f3stoles, ni bast\u00f3n, ni saco, ni pan, ni dinero, ni dos t\u00fanicas<span id='easy-footnote-6-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-6-107610' title='Luc., IX, 3.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span>; sino, ellos tambi\u00e9n, las ense\u00f1anzas y los ejemplos de su maestro, y la semilla fecunda de todas sus obras. En todas partes pues ellos establec\u00edan la costumbre de los retiros espirituales, y en todas partes produc\u00edan los mismos frutos de salvaci\u00f3n. Cada casa de la Misi\u00f3n se convirti\u00f3 as\u00ed, en todos los aspectos, en una sucursal de San L\u00e1zaro, donde se practicaban los mismos ejercicios con una caridad igual y una bendici\u00f3n igual. De todas partes le llegaban a Vicente testimonios ciertos de los bienes infinitos, individuales o colectivos, a favor de las almas. Era cada d\u00eda un n\u00famero un n\u00famero prodigioso de cartas, bien de pecadores que se volv\u00edan a Dios, que le ofrec\u00edan el homenaje de su conversi\u00f3n, bien de sacerdotes, de p\u00e1rrocos, de obispos, de cardenales, que le agradec\u00edan en su nombre y en nombre del cielo, por haber adelantado tanto, mediante la difusi\u00f3n de esta pr\u00e1ctica saludable, la santificaci\u00f3n de los pastores y de los pueblos. La vocaci\u00f3n especial de San L\u00e1zaro por la renovaci\u00f3n del sacerdocio lleg\u00f3 a ser entonces un hecho de notoriedad p\u00fablica. En estos a\u00f1os, apareci\u00f3 un libro de un p\u00e1rroco de Breta\u00f1a sobre los malos sacerdotes, el peor de los males de la Iglesia. Pues bien, en \u00e9l se dec\u00eda que Dios hab\u00eda dado su esp\u00edritu a los sacerdotes de la Misi\u00f3n para remediar esta desgracia, y que ellos trabajaban con bendici\u00f3n<span id='easy-footnote-7-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-7-107610' title='Carta a Ozenne, en Polonia, del 2 de abril de 1655.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>. Pronto tuvieron cooperadores. Los eclesi\u00e1sticos formados en San L\u00e1zaro con los ejercicios de los ordenandos y renovados con los retiros espirituales, si llegaban a un obispado, pensaban enseguida en establecer para su clero, solos o en compa\u00f1\u00eda de algunos sacerdotes de la congregaci\u00f3n, lo que les hab\u00eda sido tan \u00fatil a ellos mismos. Uno de ellos, hombre de condici\u00f3n y de virtud, despu\u00e9s de reunir a sus p\u00e1rrocos y dem\u00e1s eclesi\u00e1sticos en su palacio episcopal, escrib\u00eda a Vicente en 1644: \u00abPara participaros nuestras noticias, os dir\u00e9 que continuamos nuestras asambleas de los eclesi\u00e1sticos, tanto de la di\u00f3cesis como de los dem\u00e1s lugares circunvecinos que piden asistir a ellas. Tengo al presente a unos treinta sacerdotes conmigo, que hacen los ejercicios del retiro espiritual en el obispado, con mucho fruto y bendici\u00f3n.\u00bb En efecto, estos santos ejercicios eran por lo general bien acogidos del clero en todas partes. A veces, hab\u00eda al principio algo de repugnancia; pero todo ced\u00eda luego al atractivo de la gracia y a los esfuerzos del celo y de la caridad, sobre todo cuando un hijo de Vicente estaba encargado de la direcci\u00f3n del retiro. Es o que nos ense\u00f1a la carta conmovedora y dram\u00e1tica, escrita por uno de ellos a un arzobispo, para darle cuenta, seg\u00fan la costumbre constante de la Misi\u00f3n, de un primer retiro predicado por orden suya en su palacio arzobispal: \u00abAl principio, todos se miraban con recelo y murmurando. Los m\u00e1s timoratos no sab\u00edan qu\u00e9 pensar. Pero Dios, que los hab\u00eda obligado por vuestro ministerio, incluso arrastrado en su mayor parte a la soledad, cambi\u00f3 de tal forma sus corazones, que todos exclamaron: <em>Vere Deus est in loco isto, et ego nesciebam. <\/em>Y en la continuaci\u00f3n de los ejercicios, a medida que pasaban los d\u00edas y se disipaban sus tinieblas y frialdades, dec\u00edan: \u00ab<em>Quam bonum et quam iucundum habitare fratres in unum<\/em>. Y al final del retiro: \u00ab<em>Faciamus hic tria tabernacula. <\/em>Estos buenos Se\u00f1ores, que eran en n\u00famero de cuarenta, tanto rectores como vicarios, aseguraban no haber vivido sino estos diez d\u00edas. Lloraban a l\u00e1grima viva, recordando su vida pasada y de la ignorancia en la que hab\u00edan vivido. Los m\u00e1s mayores corr\u00edan a los ejercicios; y os puedo asegurar que no he visto todav\u00eda tanto fervor ni obras tan sensibles del esp\u00edritu de Dios, que tiene en sus manos los corazones, no s\u00f3lo de los reyes de la tierra, para doblegarlos a donde \u00e9l quiera, sino tambi\u00e9n de los reyes del cielo y de los sacerdotes, cuya duraci\u00f3n representa a menudo mayor resistencia a la gracia. Todos han hecho la confesi\u00f3n general, y la mayor parte de toda la vida, creyendo no haber hecho nada hasta ahora; todos han formado fuertes resoluciones de trabajar en su propia santificaci\u00f3n y en la de sus reba\u00f1os, diciendo con el profeta rey; D<em>ixi nunc coepi, haec mutatio dexterae Excelsi. <\/em>A medida que la gracia cambiaba los corazones, me ven\u00edan a ver en particular y me dec\u00edan c\u00f3mo los hab\u00eda cegado el demonio, haci\u00e9ndoles creer que el retiro no era m\u00e1s que una novedad insoportable, una prisi\u00f3n y una gehena. Los otros me dec\u00edan: \u00abAh, Se\u00f1or, cu\u00e1nto le debemos a Monse\u00f1or y c\u00f3mo tenemos que pedir a Dios por su persona y por su regreso. Si hubi\u00e9ramos tenido las luces que tenemos, no habr\u00edamos hecho lo que hemos hecho.\u00bbPor \u00faltimo Monse\u00f1or, todos eran como peque\u00f1os, y yo me sorprend\u00eda c\u00f3mo personas que pod\u00edan ser mis abuelos confiaban tanto en un instrumento tan d\u00e9bil. <em>Vitulus et leo, lupus et ovis simul accubabunt, puer parvulus minabit eos. <\/em>Toda vuestra ciudad ha quedado embalsamada con el buen olor de estos Se\u00f1ores, no s\u00f3lo por sus palabras, sino tambi\u00e9n por su modestia. Los eclesi\u00e1sticos que maldec\u00edan de estos ejercicios se han sorprendido al ver a sus amigos y a sus cohermanos cambiar de lenguaje, y algunos de vuestro cap\u00edtulo preguntaban cu\u00e1ndo les tocar\u00eda a ellos. Espero, Monse\u00f1or, que vuestras oraciones alcancen de Dios la ejecuci\u00f3n de tantas y tan santas resoluciones y que, por este medio, vuestra di\u00f3cesis cobre un nuevo aspecto, ejerciendo los jefes una influencia tan buena sobre el resto del cuerpo.\u00bb<\/p>\n<p>Las resistencias se hab\u00edan vencido para siempre. En la cuaresma siguiente, nuevo retiro y pleno \u00e9xito. Liberal en la precedente, Dios se mostr\u00f3 pr\u00f3digo en \u00e9sta. \u00abAh, si hubiera conocido antes la eminencia del sacerdocio, dec\u00edan los sacerdotes, yo no me habr\u00eda comprometido tan a la ligera\u00bb Otros muchos ofrec\u00edan su bolsa para contribuir a los gastos de un retiro anual; otros quer\u00edan renunciar a sus beneficios para continuar viviendo en semejantes ejercicios; algunos ped\u00edan que se proveyeran sus parroquias para pasar alg\u00fan tiempo en el seminario; todos se pon\u00edan a disposici\u00f3n de sus superiores, declar\u00e1ndose en estado de hacerlo todo y de acudir a todas las partes donde los enviasen. Eran en adelante tantos Misioneros, que iban a renovar en sus parroquias lo que la gracia acababa de renovar en ellos. Hubo uno que llevado al retiro por la fuerza o por hipocres\u00eda, resisti\u00f3 hasta la v\u00edspera de la clausura. Por la noche los remordimientos le tuvieron despierto: <em>Quis enim ei restitit et pacem habuit?<\/em> Es presa de un temblor total: un fr\u00edo sudor cubre sus miembros y oye una voz interior que le dice: \u00abTu hora ha llegado, tienes que morir!\u00bb Asustado, llama a uno de sus cohermanos acostado en la misma habitaci\u00f3n, y le pide que vaya a toda prisa a buscar al Misionero, a quien, todav\u00eda la v\u00edspera, hab\u00eda jurado no abrirse nunca. De medianoche a las cuatro de la ma\u00f1ana, hace una confesi\u00f3n de toda su vida, comulga con los dem\u00e1s y transportado a la vez de dolo, de agradecimiento y de amor, queriendo que fuera p\u00fablica la reparaci\u00f3n como p\u00fablicas hab\u00edan sido sus faltas, descubre a todos el abismo del que acaba de sacarle la bondad divina: \u00ab<em>Misericordia tua magna est super me, <\/em>exclama<em>, qui eruisti animam meam ex inferno inferiori.<\/em><\/p>\n<p>Pero era siempre a Vicente a quien llagaban o eran enviados los pecadores desesperados. Cuando se consideraban incapaces, sus sacerdotes le presentaban los pecadores, como le presentaban los disc\u00edpulos al Salvado al poseso que no hab\u00edan podido curar. Nada pod\u00eda resistir al encanto y a la pericia de su trato. Ni serm\u00f3n, ni lectura de piedad produc\u00eda la piadosa impresi\u00f3n de su charla, de su simple aspecto. Los ni\u00f1os mismos tan f\u00e1cilmente rechazados por los discursos serios, corr\u00edan a \u00e9l y hallaban placer en escucharle. As\u00ed hablan el arzobispo de Vienne, de Montmorin, y Victor de M\u00e9liand, obispo de Alet en sus cartas a Clemente XI. \u00abYo era joven entonces todav\u00eda, ha escrito igualmente Charles-Fran\u00e7ois de Lom\u00e9nie de Brienne, fallecido obispo de Coutances, cuando este venerable anciano frecuentaba la casa de mi padre. Tal era sin embargo la reputaci\u00f3n de este hombre, y tan acrisolada se ha hecho de d\u00eda en d\u00eda que el fluir de los a\u00f1os no ha podido borrar en m\u00ed la opini\u00f3n preconcebida de su santidad.\u00bb El bar\u00f3n de Renty le envi\u00f3 un d\u00eda un p\u00e1rroco que desde hac\u00eda mucho estaba sumido en el desorden y llevaba una vida de esc\u00e1ndalo. Al d\u00eda siguiente era quiz\u00e1s un religioso encargado de una parroquia y miembro indigno de una comunidad reformada, a quien se le confiaba su superior. Otra vez, era tambi\u00e9n un religioso que, en su impotencia, acud\u00eda a \u00e9l en la conversi\u00f3n de un paje del pr\u00edncipe de Talmont, educado hasta entonces en el protestantismo: \u00abNo hall\u00e1ndome bastante capaz de una obra tan buena, le escrib\u00eda en 1644, me tomo el atrevimiento de dirigirle a vos, como a aquel a quien Dios da gracias muy particulares y muy grandes para su gloria y para la salvaci\u00f3n de los pecadores y los descarriados. Teniendo pues la caridad, muy reverendo padre en Nuestro Se\u00f1or, de recibirle y abrazarle como a una pobre oveja extraviada, que busca a d\u00f3nde retirarse y librarse de la boca del lobo\u2026 Ruego a Dios que prolongue sus d\u00edas y sus a\u00f1os para su gloria y el bien del pr\u00f3jimo para el que trabaja incesantemente.\u00bb<\/p>\n<p>Finalmente, se trataba de aquellos mismos que hab\u00edan probado el don de Dios y hecho los ejercicios bajo la direcci\u00f3n de Vicente quienes le ped\u00edan la gracia de ser admitidos otra vez. \u00abCiertamente, Se\u00f1or, le escrib\u00eda un eclesi\u00e1stico de Orle\u00e1ns, cuando pienso en los buenos sentimientos que se tienen en su casa, me siento como fuera de m\u00ed mismo, y no puedo menos de desear que Dios quisiera que todos los sacerdotes hubieran pasado por estos santos ejercicios: si as\u00ed fuese, no ver\u00edamos todos los malos ejemplos que muchos dan, con gran esc\u00e1ndalo de la Iglesia.\u00bb<\/p>\n<p>Un sacerdote del Languedoc, escribiendo las impresiones de su retiro a un amigo que le hab\u00eda empujado, dec\u00eda: \u00abHe recibido tantas muestras de benevolencia y tan buenos tratamientos en esta casa de todos con quienes he hablado, que yo estaba confuso; y, por encima de todos los dem\u00e1s, el Sr. Vicente me ha recibido con tanto amor, que estoy muy sorprendido. Mi coraz\u00f3n lo siente bien, pero no encuentro palabras que lo puedan expresar. Lo que puedo decir es que, durante el tiempo de nuestros retiros, yo he estado como en el para\u00edso; y ahora que estoy fuera, me parece que Par\u00eds es como una prisi\u00f3n. no cre\u00e1is que lo diga por cumplimiento; hablo seg\u00fan los sentimientos que Dios me da. Por lo dem\u00e1s, ya no podr\u00eda vivir en el mundo; mi resoluci\u00f3n es salir de \u00e9l para entregarme por entero a Dios.\u00bb<\/p>\n<h3>VI. <em>Pierre de K\u00e9riolet.<\/em><\/h3>\n<p>Ser\u00eda evidentemente casi tan imposible reproducir todas las cartas y todas esta declaraciones, que enumerar todas las conversiones famosas de las que fue teatro San L\u00e1zaro y el instrumento, todos los vicios que murieron en su santa atm\u00f3sfera, todas las grandes virtudes que se vieron brotar y florecer. No se podr\u00eda pasar por alto sin embargo a uno de estos pasajeros de San L\u00e1zaro, cuyo nombre recuerda una de las conversiones m\u00e1s prodigiosas que haya registrado la historia eclesi\u00e1stica: queremos hablar de Pierre de K\u00e9riolet. Es en 1633, seg\u00fan una conjetura de Collet, cuando lleg\u00f3 a pie desde Rennes a Par\u00eds para ver al P. Bernard, cuya reputaci\u00f3n de santidad le hab\u00eda atra\u00eddo. Era sacerdote desde el a\u00f1o anterior. Cubierto de polvo, la sotana remangada, con un aspecto extra\u00f1o, se encuentra con un sacerdote en la calle, y le pregunta si sabe donde se aloja un tal Sr. Bernard, en otras palabras el <em>pobre<\/em> <em>sacerdote. \u2013<\/em>\u00ab\u00bfLe conoce usted, le responde, y qu\u00e9 tiene usted con \u00e9l? \u2013Vengo para conocerle, porque me han dicho que era un hombre de bien y algo loco. \u2013Yo dudo que usted sea m\u00e1s sabio que \u00e9l, &#8211; \u00bfNo ser\u00e1 usted? \u2013S\u00ed, soy yo.\u00bb Era el P. Bernard, en efecto, y los dos se abrazaron. El P. Bernard present\u00f3 a K\u00e9riolet al P. de Condren, a la peque\u00f1a sociedad de Olier y a san Vicente de Pa\u00fal. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sido antes de este viaje? Todo se puede leer en su Vida<span id='easy-footnote-8-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-8-107610' title='Por el P. D. de Sainte-Catherine, religioso carmelita. Par\u00eds, 1663, in-12.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>, o tambi\u00e9n en las memorias manuscritas de Du Ferrier, uno de los compa\u00f1eros de Olier, que nos ha conservado la confesi\u00f3n que hizo K\u00e9riolet mismo a la peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda de Vaugirard. Hijo de un consejero en el Parlamento de Breta\u00f1a, vivi\u00f3 durante treinta y cuatro a\u00f1os en toda clase de des\u00f3rdenes y en la profanaci\u00f3n de todas las cosas santas. Presa por \u00faltimo de una odio infernal contra Jesucristo, emprende el camino de Constantinopla para hacerse Turco. Se entera entonces de la presencia en Viena de un chiaoux, embajador del sult\u00e1n con quien se propone hacer el camino. Pero, al atravesar un bosque en Alemania, cae en las manos de los ladrones, y no escapa a una muerte segura sino por un voto de peregrinaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de Liesse. Olvidado el voto con el peligro, contin\u00faa su ruta hasta Viena. El chiaoux acababa de salir. Le persigue vanamente hasta la frontera de Hungr\u00eda. Una vez en Venecia se enrola en el servicio de la Rep\u00fablica con la esperanza de embarcarse en un nav\u00edo lanzado a Constantinopla. Se cansa de esperar y vuelve a Francia. En Par\u00eds, sabe de la muerte de su padre, prematura sin duda por sus cr\u00edmenes, y se dirige a Rennes donde, sin tener ning\u00fan conocimiento del derecho y s\u00f3lo para ponerse a cubierto de la justicia, compra un cargo de consejero en el Parlamento de Breta\u00f1a. Alterna como hugonote, vuelve a ser cat\u00f3lico, siempre por inter\u00e9s, contin\u00faa su vida abominable, entregado al vino, duelista salvaje, y sobre todo imp\u00edo y sacr\u00edlego. Por dos veces le amenaza el rayo, un d\u00eda derrib\u00e1ndole del caballo, otro abrasando el cielo del lecho donde est\u00e1 acostado; no responde m\u00e1s que con blasfemias y desaf\u00edos al cielo. Un primer remordimiento le deposita en los Cartujos; a los tres d\u00edas sale de all\u00ed absolutamente ateo. Se entera entonces de las posesiones de Loudun. Va all\u00ed, y para burlarse de lo que llamaba supercher\u00edas de blasfemas, y para pervertir a una joven hugonote mediante una nueva abjuraci\u00f3n del catolicismo. En estas disposiciones entra en la iglesia de Santa Cruz, donde se hac\u00edan los exorcismos. Se acerca. Un demonio le interpela por la boca de una pose\u00edda; interpelado a su vez, denuncia las principales circunstancias de esta horrible vida y, en medio de espantosas blasfemias, acusa a Dios y a la Virgen de injusticia por haber arrebatado tantas veces a la muerte y al infierno a un pecador m\u00e1s culpable que \u00e9l. Despu\u00e9s de una confesi\u00f3n p\u00fablica, K\u00e9riolet entra en una capilla vecina, y all\u00ed, rostro en tierra, a l\u00e1grima viva, pide perd\u00f3n a Dios. La noche transcurre as\u00ed. Al d\u00eda siguiente, hace una confesi\u00f3n general, y comienza una vida nueva con la peregrinaci\u00f3n prometida a Nuestra Se\u00f1ora de Liesse, de donde se dirige a la Sainte-Baume para rezar a la gran penitente Magdalena. Ya ha despedido a los criados, entregado a os pobres todos sus bienes, se ha cubierto de harapos: es mendigando, descalzo, sin sombrero, con la soga al cuello, como realiza estos viajes y regresa a Rennes. Despu\u00e9s de abrazar el estado eclesi\u00e1stico por orden de su confesor, persever\u00f3 hasta la muerte en el rigor de su penitencia y de sus humillaciones. \u00c9l se hab\u00eda conden\u00f3 a no mirar m\u00e1s que al suelo, pasaba ocho o diez horas al d\u00eda en oraci\u00f3n, viv\u00eda a pan y agua, y apenas tomaba otro alimento del jueves a mediod\u00eda hasta el domingo a la misma hora. Hab\u00eda transformada su casa de Rennes en un hospital donde serv\u00eda y catequizaba \u00e9l mismo a los desdichados, sin abandonarlos si no era para visitar las prisiones y los dem\u00e1s hospitales de la ciudad.<\/p>\n<p>Tal es el hombre con quien tuvo Vicente numerosas conferencias. Se vio mucho tiempo, en un extremo del seminario de San L\u00e1zaro, una peque\u00f1a habitaci\u00f3n donde hab\u00eda hecho su retiro. Muerto el 8 de octubre de 1660, s\u00f3lo sobrevivi\u00f3 a nuestro santo en once d\u00edas<span id='easy-footnote-9-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-9-107610' title='&lt;em&gt;Vie de M. Olier,&lt;\/em&gt; tomo I, pp. 207, 233 y ss.. \u2013&lt;em&gt;\u00cbtudes sur les posesions de Loudun&lt;\/em&gt;, por el abate Leriche, Par\u00eds, 1859, in-18, p. 137 y ss.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span>.<\/p>\n<p>As\u00ed acabaremos este cap\u00edtulo de los retiros espirituales. Fiel a las recomendaciones de su santo fundador y celosa por cumplir todos los legados de su caridad, la casa de San L\u00e1zaro ha continuado por largo tiempo esta obra excelente, siempre atenta a dar a los ejercitantes los mejores lugares y a servirlos los primeros. Quiso incluso procurarles un alojamiento m\u00e1s c\u00f3modo. Cuando Alm\u00e9ras, primer sucesor de Vicente, pens\u00f3 en levantar un nuevo edificio en las ruinas del antiguo, comenz\u00f3 por mandar hacer para su uso un cuerpo de vivienda grande y vasto que conten\u00eda setenta y cinco habitaciones; y, cuando este n\u00famero de habitaciones, no era suficiente, lo que sucedi\u00f3 a menudo, porque se lleg\u00f3 a recibir hasta ciento veinte ejercitantes a la vez, los Misioneros, recordando las palabras de san Vicente: \u00abQue les den mi habitaci\u00f3n\u00bb, y tom\u00e1ndolo por regla, ced\u00edan la suya en efecto, y acampaban como y donde pod\u00edan.<\/p>\n<p>Esto dur\u00f3 hasta la Revoluci\u00f3n, esto es hasta la expulsi\u00f3n de los Misioneros de San L\u00e1zaro, y hasta su dispersi\u00f3n. Desde entonces, si su alianza de caridad ha pasado a otras manos o se ha repartido entre varios, a Vicente y a sus sucesores corresponde no obstante la gloria de haber vulgarizado los ejercicios espirituales en Francia<span id='easy-footnote-10-107610' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='https:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-su-vida-su-tiempo-sus-obras-su-influencia-libro-4-capitulo-4\/#easy-footnote-bottom-10-107610' title='Interrumpidos durante mucho tiempo por las causas que acabamos de decir, y tambi\u00e9n, despu\u00e9s del restablecimiento de la Compa\u00f1\u00eda, por la falta de alojamiento, los retiros espirituales se recobraron en la casa madre de la rue de S\u00e8vres, y ya un buen n\u00famero de sacerdotes y hasta de seglares se saben el camino.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span>. Hoy, no hay seminario que no vea reunirse cada a\u00f1o a una parte de los sacerdotes de la di\u00f3cesis para recuperar fuerzas juntos en la fuente de la piedad sacerdotal; no existe comunidad religiosa, ni colegio cristiano, que no abra sus puertas por un retiro o el periodo principal del a\u00f1o o el comienzo de los estudios; pocas almas cristianas, por \u00faltimo, que no sientan la necesidad de hacer de vez en cuando un alto en esta vida que nos arrastra, para volver al espacio ya recorrido, orientar sus pasos con mucha frecuencia extraviados, y volver a emprender la ruta con los ojos puestos en el fin supremo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: Los Ejercicios Espirituales I. Origen, naturaleza y fin de los retiros espirituales. 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