{"id":101814,"date":"2015-05-20T04:00:43","date_gmt":"2015-05-20T02:00:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101814"},"modified":"2016-07-26T17:21:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:21","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-9","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-9\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 9"},"content":{"rendered":"<h2>9<\/h2>\n<h3><strong>(1654)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>Parece, sin embargo, que el a\u00f1o de l654, terminados por fin los a\u00f1os de la Fronda y establecida la tranquilidad con la vuelta de Mazarino al gobierno, comenz\u00f3 tambi\u00e9n para el se\u00f1or Vicente con un tono un poco m\u00e1s tranquilo y hasta parece que m\u00e1s optimista. En febrero se atreve a aventurar, este hombre que nunca se mostraba satisfecho de sus obras, que la m\u00e1s cercana a \u00e9l mismo, la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, no estaba del todo en mal estado: \u00abHay motivos para alabar a Dios por las informaciones que me llegan de todas nuestras casas, en las que todo va bien, gracias a Dios, tanto en lo que se refiere a la salud como a los trabajos\u00bb. De su propia salud tampoco se puede quejar. Escribe en marzo: \u00abSigo bastante bien de salud\u00bb, tambi\u00e9n \u00abgracias a Dios\u00bb, por supuesto. Su trabajo personal hab\u00eda disminuido un poco al venir la paz civil sobre la capital. Se hac\u00eda tambi\u00e9n ya innecesaria su actividad de mediador en cuestiones pol\u00edticas, actividad que sin duda le desagradaba mucho, como mucho le desagradaba su participaci\u00f3n en el Consejo de Conciencia, del que hab\u00eda sido dado de baja, con mucha alegr\u00eda por su parte, en 1652.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan le quedaban muchas y muy importantes cosas. Estaba en primer lugar el gobierno de su propia congregaci\u00f3n, que a la saz\u00f3n contaba con unos 200 miembros en veinte casas esparcidas por Francia, Italia. Polonia, con algunos de sus hombres en lugares remotos y peligrosos, como Escocia, el norte de \u00c1frica, Madagascar. Con todos ellos manten\u00eda una muy abundante correspondencia que era en muchos casos semanal. Un vistazo sumario a la correspondencia que a\u00fan se conserva de este a\u00f1o ofrece un panorama incre\u00edblemente variado de las preocupaciones diarias de ese anciano de 74 a\u00f1os: cartas a obispos y cardenales, cartas sobre m\u00faltiples asuntos de la iglesia de Francia, sobre muy variados asuntos econ\u00f3micos, sobre los esclavos de \u00c1frica, los galeotes, los ni\u00f1os abandonados, las cofrad\u00edas parroquiales y la del Hotel\u00adDieu, la Visitaci\u00f3n, las hijas de la caridad, la campa\u00f1a de socorros a Picard\u00eda. Aun as\u00ed encontraba tiempo para ayudar a sus hombres en las misiones de algunas aldeas cercanas, para supervisar en ellas la marcha de la cofrad\u00eda de caridad. Escribe en junio: \u00abHe ido a restablecer una (cofrad\u00eda de) caridad en el campo y volv\u00ed ayer demasiado tarde, con lo que hoy me encuentro sobrecargado de trabajo\u00bb. Rara vez se quej\u00f3 este hombre por exceso de trabajo, pero se ve que no le qued\u00f3 m\u00e1s remedio que hacerlo en esta ocasi\u00f3n, y en un par m\u00e1s de ocasiones a lo largo del a\u00f1o. Aunque siempre le parec\u00eda poco todo lo que hac\u00eda. Tal vez no fuera que le pareciera poco, y ni siquiera tal vez pensara en ello. Pero con toda seguridad lamentaba en el fondo de su alma que las numerosas obligaciones que hab\u00edan ido cayendo sobre sus hombros a lo largo de los a\u00f1os le impidieran hacer lo que a \u00e9l m\u00e1s le gustaba, lo que le hab\u00eda introducido desde el ya muy lejano 1618, en el mundo de los pobres: las misiones a los campesinos. Escribe hacia el final del a\u00f1o a sus hombres de la casa de G\u00e9nova, notada desde su fundaci\u00f3n en 1645 por su fuerte y constante dedicaci\u00f3n a los trabajos misioneros: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 gran confusi\u00f3n siento al verme tan in\u00fatil en el mundo en com\u00adparaci\u00f3n con ustedes!\u00bb. Para decir lo cual con sinceridad hac\u00eda falta que efectivamente sintiera una gran a\u00f1oranza por sus lejanos tiempos de misionero rural. Pero tambi\u00e9n que tuviera un cierto muy sutil sentido del humor.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>S\u00f3lo un hombre como \u00e9l pod\u00eda esperar razonablemente, y conseguirlo, que hasta gentes fr\u00e1giles como sus j\u00f3venes hijas de la caridad no s\u00f3lo fueran trabajadoras y santas a la vez, sino que se hicieran santas a trav\u00e9s de una vida de trabajos duros y humildes. Pero casi exced\u00eda los l\u00edmites de lo razonable el esperar que se hicieran santas en trabajos que, adem\u00e1s de ser duros, eran extremadamente arriesgados. Vicente hab\u00eda enviado a sus hombres a trabajar como misioneros en el medio brutal de los ej\u00e9rcitos de aquel tiempo, formados mayormente por mercenarios depre\u00addadores, blasfemos, endurecidos en toda suerte de malas costumbres. Del mis\u00adm\u00edsimo gran Cond\u00e9, conocido mujeriego en tiempos de paz, murmuraban con malicia grandes damas de Par\u00eds que mostraba poco inter\u00e9s por ninguna de ellas a la vuelta de alguna campa\u00f1a. La vida en el campamento militar le hab\u00eda dado gusto y afici\u00f3n por otro tipo de relaciones muy diferentes de las normales. Pod\u00eda el se\u00f1or Vicente enviar a sus hombres a trabajar en un mundo como aquel siempre que se tomara, ante los riesgos f\u00e1cilmente previsibles, sus buenas precauciones, que \u00e9l les se\u00f1alaba con detalle en el reglamento de vida del que se habl\u00f3 arriba. \u00bfPero no parec\u00eda exceder los l\u00edmites de lo sensato enviar al mismo medio a unas fr\u00e1giles e inocentes doncellas campesinas? Alguna de ellas se atrevi\u00f3 a preguntarle \u00abc\u00f3mo ten\u00edan que portarse las hermanas con los soldados convalecientes\u00bb. Y \u00e9l les dijo: \u00abCon mucha caridad y mucha modestia. Como ya est\u00e1n menos enfermos habr\u00e1 que tener mucho cuidado, igual que con los que est\u00e1n bien del todo. Y si alguno se atreve a hacer el insolente, le amenaz\u00e1is con quejaros a la autoridad. No os acerqu\u00e9is a ellos m\u00e1s de lo que exija la atenci\u00f3n que necesiten\u00bb.<\/p>\n<p>En julio de 1654 envi\u00f3 a cuatro de ellas a Sed\u00e1n, uno de los lugares m\u00e1s castigados por la fricci\u00f3n entre ej\u00e9rcitos imperiales y franceses, \u00aba asistir a los pobres enfermos\u00bb, es decir, a los soldados heridos. El se sent\u00eda obligado a hacerlo porque \u00abhab\u00e9is sido escogidas por Dios, quien, aunque hay muchas j\u00f3venes en Sed\u00e1n y alrededores, no ha puesto sus ojos en ellas sino en vosotras\u00bb. La idea de enviarles a Sed\u00e1n hab\u00eda venido de la reina que \u00absi bien no es nada comparada con la voluntad del Dios, es tambi\u00e9n muy importante. Hijas m\u00edas, \u00a1la voluntad de Dios! Eso s\u00ed que os obliga a marchar all\u00e1 con todo entusiasmo\u00bb. Entusiasmo tendr\u00edan que poner, y no poco, pues marchaban all\u00e1 nada menos que con el encargo de \u00abhacer lo que Jesucristo hizo en la tierra, devolver la vida a las almas de esos pobres heridos y ayudarles a bien morir con vuestros ejemplos y exhortaciones, o a recobrar la salud con vuestros remedios, cuidados y atenciones. Los hombres van all\u00e1 para matar, y vosotras vais para dar vida\u00bb. Se podr\u00eda pensar que ante un programa como \u00e9se en un medio tan hostil tendr\u00eda que apelar el se\u00f1or Vicente a su indiscutible autoridad para conseguir que alguna de ellas estuviera dispuesta a asumir un trabajo que rondaba los l\u00edmites de lo heroico. Pero no tuvo que hacerlo; Vicente sabe muy bien, y se lo dice, que \u00abhay muchas entre vosotras dispuestas a ir all\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Fueron a Sed\u00e1n, y m\u00e1s tarde, ante el \u00e9xito que tuvo este primer experimento, a otros lugares en a\u00f1os posteriores, a trabajar como enfermeras sacrificadas en una actividad que era nueva para ellas, pero que estaba sin duda en la l\u00ednea de trabajo por los pobres que hab\u00edan vivido con toda pureza desde su fundaci\u00f3n. De paso, y sin pretenderlo ni darse cuenta de ello, se constitu\u00edan en las primeras enfermeras profesionales en la historia militar de Europa, y aun del mundo.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Unos pocos d\u00edas antes de que enviara a sus cuatro hijas de la caridad a Sed\u00e1n recib\u00eda el se\u00f1or Vicente una carta de uno de sus misioneros en Polonia, asustado por unas \u00abse\u00f1ales extraordinarias\u00bb que parec\u00edan ser \u00abindicios de que iba a pasar algo malo\u00bb. El se\u00f1or Vicente le advierte para calmarle que \u00abno conviene detenerse en esos tristes augurios\u00bb, pues no es nada seguro que sean presagios de males que vayan a suceder. Pero le a\u00f1ade que, de todos modos, \u00abconvendr\u00e1 redoblar las oraciones para que Dios quiera apartar de su pueblo esos males con los que tal vez tenga el designio de afligirle\u00bb. No hab\u00eda ni rastro de esp\u00edritu m\u00e1gico en el car\u00e1cter de este anciano, pero s\u00ed mucha fe. Informa a su misionero de que \u00abpor aqu\u00ed nos amenaza un eclipse de sol, el m\u00e1s maligno que ha habido desde hace varios siglos\u00bb: y le dice acto seguido: \u00abLe ruego que me escriba si ser\u00e1 tambi\u00e9n visible en Polonia, y que me indique todos los detalles\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTodos los detalles\u00bb: \u00e9l iba a ver con sus ojos el eclipse en Par\u00eds, y quiere adem\u00e1s saber c\u00f3mo se ve en Polonia. No siente inquietud ninguna ante el extra\u00f1o y poco frecuente fen\u00f3meno, pero s\u00ed mucha curiosidad. Fue la curiosidad, y tambi\u00e9n el poder calmar las inquietudes de su corresponsal polaco, lo que le llev\u00f3 a hablar con el \u00abse\u00f1or Cassandieux\u00bb, o sea, el can\u00f3nigo Gassendi, uno de los nombres m\u00e1s conocidos del siglo XVII en matem\u00e1ticas, filosof\u00eda v astronom\u00eda. De \u00e9l dice Vicente que \u00abes uno de los m\u00e1s sabios y experimentados de estos tiempos, y se r\u00ede de todos esos temores\u00bb. Gassendi dio al se\u00f1or Vicente una descripci\u00f3n cient\u00edfica de los eclipses, descripci\u00f3n que \u00e9l a su vez transmite a su corresponsal para asegurarle que \u00abno hay por qu\u00e9 temer este eclipse. Los sabios entendidos en astronom\u00eda no muestran ninguna preocupaci\u00f3n: mucho menos los que est\u00e1n ins\u00adtruidos en la escuela de Jesucristo, pues saben que el hombres sabio dominabitur astris\u00bb. Vicente, que a los 27 a\u00f1os sab\u00eda construir \u00abbellas cosas geom\u00e9tricas\u00bb, da a veces la impresi\u00f3n de que se hubiera encontrado muy a gusto en compa\u00f1\u00eda del joven Pascal, que, para ayudar a su padre en la complicada labor de recaudaci\u00f3n y contabilidad de impuestos, inventaba la m\u00e1quina de calcular.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal ten\u00eda un esp\u00edritu tan inquisitivo como el de Pascal, tan racionalista como el de Descartes, pero mucho m\u00e1s realista que ambos, sobre todo que el segundo. Precisamente Gassendi, que muri\u00f3 al a\u00f1o siguiente del eclipse, hab\u00eda objetado a\u00f1os antes contra la posici\u00f3n idealista de Descartes que, seguridad por seguridad, tan firme era la que ofrec\u00eda el realismo, o sea la postulaci\u00f3n acr\u00edtica de la veracidad fundamental del mundo exterior, como la que pudiera ofrecer cualquier tipo de experiencia mental del sujeto pensante, incluyendo la aparen\u00adtemente indestructible seguridad del cogito cartesiano, como principio inconmo\u00advible de todo pensar y de toda realidad. Vicente se parec\u00eda a Pascal y a Descartes en otras dos cosas, aunque es casi seguro que les superaba en las dos, y ciertamente en la segunda. Primero, en la amplitud de su curiosidad por saber. Este hombre, que no destac\u00f3 en ninguna de las ramas del conocimiento de su tiempo, puede esparcir con toda naturalidad en cartas y charlas inn\u00fameras citas impl\u00edcitas y expl\u00edcitas que convierten los varios miles de p\u00e1ginas de sus obras completas en una aut\u00e9ntica mina enciclop\u00e9dica de m\u00faltiples saberes antiguos y contempor\u00e1neos posibles en su tiempo. Segundo, en fe, aunque uno de ellos, Pascal, pasar\u00eda a la posteridad como modelo de fe en grado y calidad fuera de lo ordinario. Los sabios pueden llegar a un conocimiento muy racional y nada m\u00e1gico de los astros y de la realidad del cosmos, pero s\u00f3lo en la escuela de Jesucristo aprender\u00e1 el hombre verdaderamente inteligente a dominarlos. El era, antes que nada, un disc\u00edpulo de Jesucristo.<\/p>\n<p>Hay, por supuesto, diferencias muy importantes entre Vicente y sus dos contempor\u00e1neos, aunque no deje de tener con ellos afinidades mentales muy curiosas. La diferencia m\u00e1s importante es \u00e9sta. Pascal se mueve en el mundo as\u00e9ptico de las matem\u00e1ticas, Descartes en el de las ideas claras y abstractas. Unas y otras se dejan manipular sin objeciones. Pero el se\u00f1or Vicente se mueve entre gentes con pasiones y necesidades, y en situaciones hist\u00f3ricas muy complicadas. El mismo es un hombre de temperamento apasionado, pero hace a\u00f1os que ha conseguido sujetar sus pa\u00adsiones, nos advierte su primer bi\u00f3grafo, y someterlas a su raz\u00f3n. Aunque sabe muy bien, se lo dice a sus misioneros, que los peores pecados son los de la inteligencia, no por ello renuncia a usarla sistem\u00e1ticamente y de un modo tan racional como lo har\u00eda el mism\u00edsimo Descartes. \u00abDios no nos pide nada que sea contrario a la raz\u00f3n\u00bb, escrib\u00eda un mes antes de morir. Enfrentado con la propuesta m\u00e1s importante que le hicieron en su vida de una obra en favor de los pobres como la del Hospital General, de la que se hablar\u00e1 m\u00e1s tarde, y que acabar\u00eda por rechazar. el se\u00f1or Vicente llama a su secretario para que redacte una a una, en dos columnas paralelas, las razones en pro y en contra para que el peso relativo de las dos columnas haga ver a su inteligencia insobornable a trav\u00e9s de sus ojos cu\u00e1l es ante un problema complicado la soluci\u00f3n m\u00e1s racional. No se puede evitar al recordar esta escena de la vida de Vicente de Pa\u00fal el evocar la sombra de Abelardo, el padre de todos los racionalismos, los buenos y los malos, y su dial\u00e9ctica implacable del sic et <em>non. <\/em>Pero Abelardo, igual que Descartes, s\u00f3lo se juega en el juego dial\u00e9ctico la claridad de las ideas; Vicente se juega la vida y dignidad de miles de seres humanos.<\/p>\n<p>Lejos de anularlas, la fe del se\u00f1or Vicente dar\u00e1 a las conclusiones de su clara raz\u00f3n una dimensi\u00f3n que la raz\u00f3n misma no les puede dar. Para hacerse m\u00edstico Pascal tuvo que llegar antes a considerar como pasatiempos intranscendentes las sorprendentes investigaciones geom\u00e9tricas y matem\u00e1ticas de su temprana juventud, y dejarlas de lado. Para hacerse fil\u00f3sofo Descartes tuvo que poner entre par\u00e9ntesis lo que cre\u00eda por la fe. No as\u00ed el se\u00f1or Vicente: \u00abEsta es mi experiencia, esta es mi fe\u00bb, sol\u00eda decir para convencer a los dem\u00e1s de la solidez de sus ideas y de su comportamiento. Su visi\u00f3n de hombre de fe no s\u00f3lo no anulaba sino que daba una definitiva profundidad a lo que la experiencia hab\u00eda ense\u00f1ado a su esp\u00edritu curioso e inquieto.<\/p>\n<h3><strong>(1655)<\/strong><\/h3>\n<p>De una carta de 1655 del se\u00f1or Vicente, sacerdote de 75 a\u00f1os, a un corresponsal desconocido: \u00abYa no valgo m\u00e1s que para reparar el tiempo perdido, y para prepararme a comparecer ante el juicio de Dios\u00bb. Tal vez sea buena idea dedicar algo de tiempo a prepararse a comparecer ante el juicio de Dios. Pero \u00bfc\u00f3mo se repara el tiempo perdido? Est\u00e1 ya irremediablemente perdido. \u00bfEs sensato intentar ni siquiera evocarlo en el recuerdo? El tiempo perdido es, por definici\u00f3n, el tiempo de la frivolidad. Tambi\u00e9n el se\u00f1or Vicente tuvo sus dudosos a\u00f1os j\u00f3venes y fr\u00edvolos. Pero \u00bfpara qu\u00e9 quiere recordar y a\u00fan menos tratar de reparar el tiempo que perdi\u00f3? Que los muertos entierren a sus muertos. D\u00e9jese esa labor a novelistas decadentes y morbosos como Proust.<\/p>\n<p>La verdad es que ni el recuerdo de los fantasmas del pasado, ni el posible temor, que en el fondo de su alma no sent\u00eda, al tremendo juicio de Dios hicieron que este creyente perdiera en su ancianidad el tiempo que \u00e9l cre\u00eda, con raz\u00f3n, haber perdido a manos llenas en su juventud. Pero como se pas\u00f3 parte del a\u00f1o con \u00abun dolor en las piernas que me obliga a tenerlas todo el d\u00eda apoyadas en una silla, y casi tan altas como la cabeza\u00bb, y aunque segu\u00eda, a pesar de la postura inc\u00f3moda y de los dolores, dictando sus cartas, rezando su breviario, leyendo sus libros, y hablando con su gente, por los intersticios abiertos por la parcial ociosidad posiblemente se colaron en su recuerdo a lo largo de 1655 algunos fantasmas del pasado y algunos temores del futuro.<\/p>\n<h3><strong>(25 de enero)<\/strong><\/h3>\n<p>El a\u00f1o hab\u00eda comenzado con la acostumbrada acci\u00f3n de gracias a Dios en una charla que tuvo con sus misioneros en el 38 aniversario del serm\u00f3n que hab\u00eda tenido en Folleville en 1617, y que \u00e9l sol\u00eda calificar como \u00abel primer serm\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb. De ninguna manera estaba intentando en la charla reparar el tiempo perdido. Fueron precisamente Folleville y 1617 el lugar y la fecha en que Vicente empez\u00f3 a usar con sensatez el tiempo que Dios le daba. Estaba interpretando el tiempo pasado desde Folleville. No hab\u00eda fundado nada entonces. Pero su Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, fundada ocho a\u00f1os m\u00e1s tarde, deb\u00eda encarnar lo mejor de su alma nacida en Folleville, de manera que aquel serm\u00f3n, que se\u00f1ala para \u00e9l mismo el comienzo del tiempo no perdido, este anciano de 74 a\u00f1os lo ve ahora, mirando hacia atr\u00e1s con acci\u00f3n de gracias, como el momento del origen de su congregaci\u00f3n. Todo esto era sin duda \u00abobra de Dios, pues donde no tienen parte alguna los hombres es Dios el que lo obra; El se sirve de los hombres para ejecutar sus obras. Nadie sab\u00eda lo que eran las misiones; tampoco yo pensaba en ellas ni sab\u00eda lo que eran\u00bb. Dios s\u00ed pensaba, y tambi\u00e9n pensaba en \u00abencargarnos de los ordenandos\u00bb, y en servirse \u00abde la congregaci\u00f3n para ir a buscar hasta el fondo de Berber\u00eda a esos pobres cristianos esclavos\u00bb, y en \u00abutilizarnos en tantos otros lugares\u00bb. De manera que Folleville y 1617 marcan el punto exacto de divisi\u00f3n entre los 37 a\u00f1os de tiempo dilapidado y perdido y los otros 37 dedicados hasta ahora a la reparaci\u00f3n. El se\u00f1or Vicente no lo sabe ni piensa en ello, y si pensara no lo admitir\u00eda, pero los 37 a\u00f1os \u00faltimos han reparado con creces lo perdido y dilapidado en los primeros. No tiene por qu\u00e9 temer el juicio de Dios. De todos modos el 25 de enero no es fecha para el temor, sino \u00abpara dar gracias a Dios por la fundaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, pedirle perd\u00f3n por las faltas y pedirle gracia para realizar cada vez mejor sus trabajos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfTrabajo, una vez m\u00e1s? \u00bfNo exagera un poco la nota el se\u00f1or Vicente? Su afici\u00f3n al trabajo, y si no afici\u00f3n por lo menos su dedicaci\u00f3n, empieza a tener el aspecto de una man\u00eda un poco obsesiva. Ahora que la enfermedad le obliga a frenar su actividad \u00bfpor qu\u00e9 no se dedica a hacer actos de amor de Dios, de complacencia en El, y se va preparando as\u00ed para llegar a su presencia?<\/p>\n<p>&#8230;Muchas veces los actos de amor de Dios, de complacencia, de benevolencia, son muy sospechosos cuando no se llega a la pr\u00e1ctica del amor efectivo&#8230; Lo que algunas personas toman como contemplaci\u00f3n, arrebatos, \u00e9xtasis, no son m\u00e1s que humo. La acci\u00f3n buena y perfecta es lo que manifiesta de verdad el amor que tenemos a Dios&#8230; Amemos a Dios, hermanos m\u00edos, amemos a Dios; pero que sea a costa de nuestros brazos, que sea con el sudor de nuestra frente&#8230; Hay quienes se gozan en dulces coloquios con Dios en la oraci\u00f3n, hablan casi como los \u00e1ngeles. Pero luego, si hay que trabajar por Dios, sufrir, mortificarse, instruir a los pobres, ay, les fallan los \u00e1nimos&#8230;<\/p>\n<p>\u00abLes fallan los \u00e1nimos\u00bb. El se\u00f1or Vicente se da cuenta de que su congregaci\u00f3n, nacida para dar misiones a los campesinos, se ha visto envuelta a lo largo de los a\u00f1os en una mara\u00f1a de obras que pueden ahogar por variedad y exceso de trabajo a una \u00abcompa\u00f1\u00eda que acaba de nacer, que a\u00fan est\u00e1 en la cuna\u00bb, lo dice \u00e9l mismo hablando a sus hermanos. De modo que parecer\u00eda hasta sensato objetarle al se\u00f1or Vicente que aquello era, adem\u00e1s de excesivo, hasta peligroso para la supervivencia de la idea original que hab\u00eda dado origen a su congregaci\u00f3n. Pero Vicente pod\u00eda tolerar en sus hombres cualquier debilidad, pero no que les fallaran los \u00e1nimos, o les faltara el coraje. Si esto sucediera, su trabajo de 37 a\u00f1os no ir\u00eda mucho m\u00e1s all\u00e1 de la fecha de su muerte, con lo que la sombra est\u00e9ril del tiempo perdido se extender\u00eda hasta su misma tumba. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda el se\u00f1or Vicente resignarse a ello, c\u00f3mo podr\u00eda afrontar, si eso sucediera a su obra, el juicio de Dios? Era Dios mismo quien hab\u00eda puesto esa obra en sus manos, y ten\u00eda que responder ante El de su supervivencia.<\/p>\n<h3><strong>(14 de julio)<\/strong><\/h3>\n<p>&#8230;Pues qu\u00e9, dir\u00e1 un misionero flojo, \u00bfpara qu\u00e9 tantas misiones? Ir a las Indias, a las H\u00e9bridas. Es demasiado. A las c\u00e1rceles, a los ni\u00f1os abandonados, al Nombre de Jes\u00fas. Todo esto es emprender demasiadas cosas; habr\u00eda que dejarlo. La verdad es que cuando muera el padre Vicente habr\u00e1 que cambiar las cosas, habr\u00e1 que dejar todas esas ocupaciones por no poder atenderlas&#8230; De forma, padres, que habr\u00e1 que decir: adi\u00f3s, misiones; adi\u00f3s. Indias; adi\u00f3s, H\u00e9bridas; adi\u00f3s, c\u00e1rceles, Nombre de Jes\u00fas, ni\u00f1os abandonados, Berber\u00eda. Adi\u00f3s todo esto. \u00bfY cu\u00e1l ser\u00eda la causa de este mal? Una persona floja, unos misioneros flojos, Ay, padres, ay, hermanos m\u00edos&#8230; Si estando todav\u00eda la compa\u00f1\u00eda en su cuna ha podido tomar tantos trabajos, con cu\u00e1nta mayor raz\u00f3n tendr\u00e1 que aceptarlos cuando se encuentre m\u00e1s avanzada en edad y haya adquirido m\u00e1s fuerzas. Si un ni\u00f1o tiene fuerza y coraje bastantes para lograr realizar alguna cosa, con mucha mayor raz\u00f3n la har\u00e1 cuando sea mayor y tenga 25 \u00f3 30 a\u00f1os. As\u00ed tiene que pasar tambi\u00e9n con la compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n. Est\u00e1 bien. Quiera su Divina Majestad darnos la gracia de que nunca caiga sobre la compa\u00f1\u00eda ese mal del que acabo de hablar&#8230;<\/p>\n<p>Admitamos, amable lector, aunque lo hagamos con cierta pena, que ese apasionado discurso que acabamos de o\u00edr al se\u00f1or Vicente nos ha resultado un poco descon\u00adcertante, por no decir decepcionante. Admir\u00e1bamos, y admiramos a\u00fan a nuestro hombre, para qu\u00e9 lo vamos a disimular, como a un h\u00e9roe de verdad, un h\u00e9roe de los de anta\u00f1o, de los que se jugaban la vida propia en causas ajenas sin pens\u00e1rselo dos veces, religi\u00f3n, rey, patria, dama de ensue\u00f1os. Pero del discurso que acabamos de o\u00edr parece resultar que este hombre, que a\u00f1os antes ped\u00eda a Dios que destruyera su congregaci\u00f3n si no iba a ser fiel a lo que esperaba de ella, ahora, a los 75 a\u00f1os, parece temblar ante la sola idea de que la obra de su vida perezca despu\u00e9s de su muerte a manos de gente floja y sin coraje.<\/p>\n<p>\u00bfY qu\u00e9 importar\u00eda si sucediera eso, se\u00f1or Vicente? Ser\u00eda algo as\u00ed como si al caballero se le muere, a la vez que muere \u00e9l, el caballo. Si, una vez llevada a cabo con \u00e9xito la defensa de la causa, la muerte del h\u00e9roe importa poco, aunque produzca l\u00e1stima, \u00bfqu\u00e9 puede importar la muerte del caballo? Resulta un poco decepcionante que, cerca ya de su muerte, el se\u00f1or Vicente parezca estar un poco demasiado preocupado por la supervivencia de su congregaci\u00f3n. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 lo que es mucho m\u00e1s importante, la preocupaci\u00f3n por la causa?<\/p>\n<h3><strong>(14 de julio)<\/strong><\/h3>\n<p>A los diez d\u00edas de la charla anterior el se\u00f1or Vicente volvi\u00f3 a hablar a sus hombres. No dej\u00f3 ahora ninguna duda sobre cu\u00e1l hab\u00eda sido la verdadera causa de su vida. Tambi\u00e9n dej\u00f3 muy claro que lo que le importaba de verdad no era ni la vida propia ni la supervivencia de ninguna de sus fundaciones. Todo el mundo pudo comprender a trav\u00e9s de la vehemencia de su palabra que lo \u00fanico que de verdad hab\u00eda importado desde hac\u00eda 37 a\u00f1os a aquel anciano enfermo era la causa de los pobres.<\/p>\n<p>&#8230;Renuevo la recomendaci\u00f3n que hice, y que nunca se har\u00e1 bastante, de rezar por la paz&#8230; Hay guerra por todos los reinos cat\u00f3licos; guerra en Francia, en Espa\u00f1a, en Italia, en Alemania, en Suecia, en Polonia, atacada en tres frentes, en Irlanda, incluso en las monta\u00f1as y en lugares casi inhabitables. Escocia no est\u00e1 mucho mejor; en cuanto a Inglaterra, ya sab\u00e9is su triste situaci\u00f3n. Guerra por todas partes, miseria en todas partes&#8230; \u00a1Oh, Salvador!, \u00a1oh, Salvador! Si por cuatro meses que hemos tenido la guerra encima ha habido tanta miseria en el coraz\u00f3n mismo de Francia, \u00bfqu\u00e9 har\u00e1n esas pobres gentes de la frontera que llevan sufriendo desde hace veinte a\u00f1os? S\u00ed, hace veinte a\u00f1os que est\u00e1n sufriendo la guerra. Si siembran, no est\u00e1n seguros de que podr\u00e1n cosechar; vienen los ej\u00e9rcitos, lo saquean y lo roban todo. Lo que no han robado los soldados, lo cogen y se lo llevan los alguaciles. Despu\u00e9s de esto, \u00bfqu\u00e9 pueden hacer? No les queda m\u00e1s que morir. Si existe una religi\u00f3n verdadera&#8230; \u00bfQu\u00e9 he dicho, miserable de m\u00ed, si existe una religi\u00f3n verdadera? Dios me perdone&#8230;<\/p>\n<p>Dios te perdona sin duda. Vicente de Pa\u00fal, Dios te perdona. \u00bfC\u00f3mo no le va a perdonar quien supo comprender y perdonar el a\u00fan m\u00e1s desgarrador &#8216;por qu\u00e9 me has abandonado&#8217;? Disc\u00edpulo de Jesucristo hasta la muerte; y hasta la duda final que precede a la muerte. Dios perdona y comprende; comprenda al menos, ya que no es qui\u00e9n para perdonar, el amable lector.<\/p>\n<p>Comprenda y considere. Este hombre, este creyente, lleva 37 a\u00f1os tratando de vivir limpiamente de la fe, tratando de vivir la religi\u00f3n pura e intachable ante Dios Padre, que consiste en asistir a los hu\u00e9rfanos y a las viudas en sus sufrimientos y mantenerse no manchado por el mundo. Como todo creyente, cree en Dios a quien no ve, en Jesucristo, a quien tampoco ve. Sus padres, sus familiares, el entorno social en que naci\u00f3 y creci\u00f3 fueron los mediadores de su fe infantil y de su fe juvenil. Pero desde que Dios, en su inescrutable misericordia, le descubri\u00f3 en Folleville el abandono espiritual y en Chatillon el abandono material de los pobres de este mundo, la fe de Vicente dej\u00f3 de basarse en la carne y la sangre para encontrar su \u00fanico punto de apoyo en la imagen m\u00e1s aut\u00e9ntica de Jesucristo que se puede encontrar en la tierra: no el lienzo de Tur\u00edn, sino el rostro doloroso del ni\u00f1o abandonado, del campesino explotado, del esclavo, del galeote condenado.<\/p>\n<p>Pero han pasado ya 37 a\u00f1os desde que empez\u00f3 a dedicar su vida en seguimiento de Cristo a la causa de la redenci\u00f3n de los pobres. Lo ha hecho con toda gene\u00adrosidad, ha movilizado a cientos de personas para la misma causa. Han pasado ya 37 a\u00f1os y los pobres, lejos de disminuir, son m\u00e1s numerosos que antes, su pobreza y sus sufrimientos mayores tambi\u00e9n que antes. \u00abNo les queda m\u00e1s que morir&#8230;\u00bb. \u00bfQui\u00e9n se atrever\u00eda a reprocharle que se pregunte a s\u00ed mismo si hay una verdadera religi\u00f3n? Su fe se ha basado desde los 37 a\u00f1os en la esperanza de la redenci\u00f3n de los pobres. Hace 37 a\u00f1os que el se\u00f1or Vicente aprendi\u00f3 a buscar a Dios a tientas en la imagen rota que se encuentra en los rostros de los pobres de Jesucristo. Si la imagen, ya desfigurada, se desfigura a\u00fan m\u00e1s hasta hacerse irreconocible, y esto a pesar de los constantes y dolorosos esfuerzos por recomponerla, \u00bfd\u00f3nde podr\u00e1 encontrar ahora el se\u00f1or Vicente al Dios de Jesucristo? Se ha quedado sin lugar donde encontrarlo en esta tierra. \u00abSi hay una religi\u00f3n verdadera&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>&#8230;Es entre ellos, entre esa pobre gente, donde se conserva la verdadera religi\u00f3n, la fe viva. Creen sencillamente, sin hurgar; paciencia en las miserias que hay que sufrir mientras Dios quiera, unos por las guerras, otros por trabajar todo el d\u00eda bajo el ardor del sol. Pobres campesinos que nos dan su trabajo, que esperan que recemos por ellos mientras que ellos se fatigan por alimentarnos&#8230; Vivimos del patrimonio de Jesucristo, del sudor de los pobres. Al ir a comer deber\u00edamos pensar: \u00bfhe ganado el pan que voy a tomar? Yo pienso en esto con frecuencia: Infeliz \u00bfte has ganado el pan que vas a comer, ese pan que viene del trabajo de los pobres?&#8230; Los pobres nos alimentan; al menos recemos por ellos, recemos por sus necesidades, ya que no ganamos el pan como ellos&#8230; Somos los culpables de que ellos sufran por su ignorancia y sus pecados; nuestra es la culpa de que ellos sufran si no sacrificamos nuestra vida por ayudarles&#8230;<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en este a\u00f1o de 1655 a Luisa de Marillac le asaltaron dudas sobre el futuro de la compa\u00f1\u00eda de muchachas que dirig\u00eda desde la fundaci\u00f3n. M\u00e1s o menos por los d\u00edas en que Vicente hablaba a sus misioneros en los tonos dram\u00e1ticos que acabamos de ver sobre su propia congregaci\u00f3n, le escrib\u00eda Luisa una breve carta en la que le dice que su \u00abcoraz\u00f3n est\u00e1 hondamente entristecido con el pensamiento de que la compa\u00f1\u00eda est\u00e1 muy cerca de su decadencia\u00bb. No era la primera vez que hablaba en ese tono de su cofrad\u00eda de j\u00f3venes, ni iba a ser la \u00faltima. El mismo d\u00eda y en el rev\u00e9s de la misma carta le contesta el se\u00f1or Vicente que \u00abhay que aceptar la providencia de Dios sobre sus j\u00f3venes. Ofr\u00e9zcaselas a El y qu\u00e9dese en paz. Tambi\u00e9n el Hijo de Dios vio a su compa\u00f1\u00eda dispersa, y casi siempre disipada. Una su voluntad a la de El\u00bb. Ella sol\u00eda atribuirse a s\u00ed misma, a sus pecados y a su incapacidad, las deficiencias que observaba en sus j\u00f3venes, y que m\u00e1s de una vez le hac\u00edan dudar de si tendr\u00eda un futuro cierto y s\u00f3lido aquel experimento nuevo y arriesgado que hab\u00eda comenzado hac\u00eda 22 a\u00f1os.<\/p>\n<p>No se content\u00f3 el se\u00f1or Vicente con la breve nota para calmar a Luisa y darle seguridad. En un consejo de gobierno tenido por aquellos d\u00edas se crey\u00f3 obligado a alabarle, contra su costumbre y norma de no alabar a nadie en su presencia, en presencia de las otras hermanas presentes en el consejo. Lo hizo largo y tendido y en tonos altamente laudatorios. Y termin\u00f3 diciendo: \u00abNo conozco ninguna casa religiosa en Par\u00eds que est\u00e9 tan bien como la vuestra. Y esto, despu\u00e9s de a Dios, se lo deb\u00e9is al buen gobierno de ella\u00bb. O\u00eddo lo cual, Luisa de Marillac, disimulando malamente un m\u00e1s que probable sonrojo, se atrevi\u00f3 a protestar con mansedumbre: \u00abPadre, usted sabe muy bien, y tambi\u00e9n lo saben todas las hermanas, que si he hecho algo bueno ha sido por haber seguido sus \u00f3rdenes\u00bb.<\/p>\n<p>Lo cual, aunque no era exacto del todo, pues no todo lo bueno que Luisa hab\u00eda hecho hasta entonces por la cofrad\u00eda de las hijas de la caridad depend\u00eda del se\u00f1or Vicente, no dejaba de ser verdad en alg\u00fan sentido y de una manera general. A Luisa le parec\u00eda, y por eso lo dec\u00eda con total sinceridad, que efectivamente todo depend\u00eda del se\u00f1or Vicente, de cuyas \u00f3rdenes e ideas no se ve\u00eda a s\u00ed misma m\u00e1s que como ejecutora. Pero hay que decir, sin querer ni insinuar por ello que Luisa se enga\u00f1ara a s\u00ed misma o que dijera lo que no sent\u00eda, que no s\u00f3lo no fue una mera ejecutora de las \u00f3rdenes e ideas del se\u00f1or Vicente, sino que de algunos aspectos muy fundamentales de lo que result\u00f3 ser la compa\u00f1\u00eda de las hijas de la caridad fue ella la responsable, y no el se\u00f1or Vicente. A veces lo fue ante la oposici\u00f3n, o por lo menos la inhibici\u00f3n, del se\u00f1or Vicente. Lo fue, por ejemplo, como se vio arriba, en la idea misma de la fundaci\u00f3n, idea que fue originalmente suya, y que al se\u00f1or Vicente le cost\u00f3 comprender y aceptar. Lo fue tambi\u00e9n en otro aspecto que result\u00f3 ser fundamental en aquellos a\u00f1os de consolidaci\u00f3n de aquel experimento y para su historia posterior hasta hoy mismo.<\/p>\n<p>Se recordar\u00e1 que, en una ausencia temporal de su t\u00edo el arzobispo titular, el futuro cardenal de Retz su sobrino hab\u00eda dado reconocimiento jur\u00eddico diocesano en 1646 a la \u00abcofrad\u00eda de la Caridad de sirvientes de los pobres enfermos\u00bb. Una cofrad\u00eda tal no pod\u00eda funcionar ni existir legalmente en la di\u00f3cesis de Par\u00eds m\u00e1s que si permanec\u00eda \u00abperpetuamente bajo la autoridad y dependencia del arzobispo y de sus sucesores\u00bb. Y eso era as\u00ed aunque en la pr\u00e1ctica se confiaba y encargaba \u00abel gobierno y direcci\u00f3n de esta sociedad y cofrad\u00eda, mientras Dios quiera conservar su vida, a nuestro querido y apreciado Vicente de Pa\u00fal\u00bb. El se\u00f1or Vicente, en otras palabras, mandaba de hecho sobre la cofrad\u00eda de las hijas de la caridad, pero no con autoridad propia, sino con autoridad delegada del arzobispo. El verdadero superior en cada momento era quien fuera arzobispo de Par\u00eds. Y eso ser\u00eda as\u00ed \u00abperpetuamente\u00bb. A Vicente, que sab\u00eda derecho can\u00f3nico, esta situaci\u00f3n le debi\u00f3 de parecer la normal desde el primer momento, pues correspond\u00eda de lleno con lo que el derecho determinaba acerca de las cofrad\u00edas de personas laicas o seglares, como lo eran las hijas de la caridad.<\/p>\n<p>Luisa no se plante\u00f3 en ning\u00fan momento, y si lo hizo no se preocup\u00f3 por ello, si lo aprobado por el joven Gondy correspond\u00eda o no a lo que determinaba el derecho de la iglesia. Pero no le gust\u00f3 nada la situaci\u00f3n resultante en cuanto se refer\u00eda a sus j\u00f3venes. Ella vio con claridad desde el primer instante que la dependencia del arzobispo de Par\u00eds, o bien limitar\u00eda la expansi\u00f3n a los l\u00edmites de la di\u00f3cesis de Par\u00eds, o bien crear\u00eda un fraccionamiento de la cofrad\u00eda al extenderse a otras di\u00f3cesis y quedar por ello sometida a las varias autoridades de los obispos correspondientes. Era obvio que ning\u00fan \u00abprelado querr\u00e1 recibirlas bajo esa condici\u00f3n\u00bb de permanecer sometidas a la autoridad del arzobispo de Par\u00eds. Acudi\u00f3 a la misma reina, Ana de Austria, bien por s\u00ed misma o por intermediarios, tal vez alguna dama importante, para que solicitara del papa, cosa que la reina hizo parece que en 1647, el que se nombrara \u00abcomo director perpetuo de dicha cofrad\u00eda o sociedad de sirvientes de los pobres de la Caridad al superior general de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y a sus sucesores\u00bb. Con la a\u00f1adidura `sus sucesores&#8217; se quer\u00eda excluir el que las pudiera gobernar, seg\u00fan establec\u00eda la aprobaci\u00f3n, alg\u00fan otro \u00abeclesi\u00e1stico al que el se\u00f1or arzobispo haya designado\u00bb diferente del se\u00f1or Vicente o de quienes le sucedieran como superiores generales.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda otro aspecto a\u00fan m\u00e1s importante, que era el que preocupaba de verdad a Luisa. \u00abPuede usted estar seguro -escribe a Vicente en 1646, a los pocos d\u00edas de la primera aprobaci\u00f3n dada por el obispo coadjutor- de que cuando suceda eso (que la cofrad\u00eda dependa de otra autoridad diferente de la de Vicente o sus sucesores) esta compa\u00f1\u00eda dejar\u00e1 de ser lo que es, y dejar\u00e1 de socorrer a. los pobres enfermos\u00bb. Si eso llegare a suceder, y a Luisa le parece inevitable si se coloca a la cofrad\u00eda bajo cualquier otra autoridad, \u00abno se cumplir\u00e1 la voluntad de Dios entre nosotras\u00bb. Esta era la raz\u00f3n definitiva, esto lo ve\u00eda ella con toda claridad. Pero la situaci\u00f3n creada por la aprobaci\u00f3n del joven Gondy dada en 1646 parec\u00eda no tener remedio por mucho que a ella le desagradara.<\/p>\n<p>La suerte \u00bfo fue la providencia? se puso de parte de esta mujer fuerte y clarividente. Los documentos de aprobaci\u00f3n firmados por el obispo deb\u00edan ser registrados por el parlamento para que la cofrad\u00eda gozara de personalidad jur\u00eddica en el \u00e1mbito civil. Pero se perdieron en el camino, nadie sabe ni d\u00f3nde ni c\u00f3mo. Aunque la cosa no es segura, hay suficientes indicios para sospechar que Luisa tuvo algo que ver con el extrav\u00edo de los papeles.<\/p>\n<p>De modo que hubo que acudir de nuevo a la autoridad diocesana, que ahora en 1655 era ya de pleno derecho el joven Gondy, hu\u00e9sped a la saz\u00f3n en la casa de la Misi\u00f3n en Roma. Quien firm\u00f3, hay que suponer que con gusto y sin ninguna dificultad, una segunda y definitiva aprobaci\u00f3n en la que se confiaba \u00aba nuestro querido y estimado Vicente de Pa\u00fal el gobierno y la direcci\u00f3n de dicha sociedad y cofrad\u00eda, mientras \u00e9l viva, y despu\u00e9s de su muerte a sus sucesores en el cargo de superiores generales de dicha Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb. Con lo cual se consegu\u00eda lo que parec\u00eda imposible y que Luisa hab\u00eda perseguido con admirable constancia y clarividencia desde hac\u00eda nueve a\u00f1os. Esta aprobaci\u00f3n vuelve a de\u00adclarar que la cofrad\u00eda permanecer\u00e1 bajo la autoridad del arzobispo de Par\u00eds. Pero esta declaraci\u00f3n no ha impedido, aunque s\u00ed ha creado alguna dificultad en la historia posterior de la compa\u00f1\u00eda de las hijas de la caridad, el que \u00e9sta se constituyese en lo que se ha calificado justamente como \u00abuna instituci\u00f3n singular\u00bb: una sociedad o cofrad\u00eda de mujeres solteras o viudas exentas de la autoridad eclesi\u00e1stica local y dependiente de los sucesores del se\u00f1or Vicente. La idea y la consolidaci\u00f3n de lo singular de esta instituci\u00f3n hay que atribu\u00edrselo a Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Pocos meses despu\u00e9s de conseguir esta segunda aprobaci\u00f3n pareci\u00f3 al se\u00f1or Vicente una buena idea el convocar a las hermanas que trabajaban en Par\u00eds para tener una especie de solemne \u00abacto de fundaci\u00f3n\u00bb de la compa\u00f1\u00eda sobre la base del reco\u00adnocimiento dado por Gondy. Asistieron cuarenta de ellas. Firmaron todas las que sab\u00edan hacerlo, que eran exactamente treinta. Hab\u00eda adem\u00e1s en la compa\u00f1\u00eda en la fecha, agosto de 1655, otro centenar de hermanas repartidas por diversos puntos de Francia y en Polonia. El se\u00f1or Vicente ruega a Luisa de Marillac \u00abque contin\u00fae en el cargo de superiora y directora de dicha cofrad\u00eda mientras viva, tal como lo ha hecho con gran bendici\u00f3n desde que se fund\u00f3 la cofrad\u00eda hasta el presente\u00bb. A punto estuvo de no durar Luisa en su cargo m\u00e1s que diez meses, que es lo que estuvo a punto de durar su vida despu\u00e9s de este acto de fundaci\u00f3n. En mayo de 1656 dio a todo el mundo un susto grand\u00edsimo, pues casi se muere. \u00abCre\u00edamos que \u00edbamos a perderla\u00bb, escribe Vicente a una hija de la caridad del hospital de Nantes. \u00abHa estado muy enferma y todav\u00eda no se encuentra totalmente fuera de peligro\u00bb. Pero no se muri\u00f3 entonces, y a\u00fan dur\u00f3 los casi cuatro a\u00f1os que fueron suficientes para dar a su cofrad\u00eda los \u00faltimos toques en la solidez de esp\u00edritu y de estructura con la que ha llegado hasta hoy mismo.<\/p>\n<h3><strong>(1656-1657)<\/strong><\/h3>\n<p>No andaba por esas fechas mucho mejor de salud o de fuerzas el mismo se\u00f1or Vicente. Pero s\u00ed le quedaban las fuerzas suficientes para seguir llevando con regularidad su densa agenda de trabajo, y tambi\u00e9n para preocuparse por la salud de los dem\u00e1s. En noviembre de 1656 encomienda a las oraciones de su comunidad de misioneros a varias hijas de la caridad enfermas, en particular a una \u00abmuy buena sierva de Dios\u00bb, probablemente Luisa de Marillac, \u00abcon la que perder\u00eda mucho esa humilde compa\u00f1\u00eda si llegara a morir\u00bb. Su propia edad, su propia fragilidad y la ajena le sugieren pensamientos de caducidad que no puede evitar expresar en p\u00fablico delante de sus hombres: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es nuestra vida, que pasa tan aprisa? Yo ya he cumplido 76 a\u00f1os, pero todo ese tiempo me parece ahora como si hubiera sido un sue\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Pero ten\u00eda que permanecer a\u00fan, mientras no se muriera, despierto y vigilante. Nueve d\u00edas despu\u00e9s de expresarse como acabamos de ver, el rey Luis XIV le encomendaba su participaci\u00f3n en la obra m\u00e1s complicada y de mayor envergadura de entre todas las que hab\u00edan pasado por sus manos en cuarenta a\u00f1os de trabajos por los pobres. \u00abOs pido -dice a sus misioneros- que rogu\u00e9is mucho a Nuestro Se\u00f1or para que nos manifieste su voluntad sobre este asunto\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00e9xito inicial del asilo del Nombre de Jes\u00fas hab\u00eda dado a las damas de la caridad la idea de hacer un proyecto parecido pero en una escala mucho mayor. Consi\u00adguieron de la reina la cesi\u00f3n de dos edificios abandonados, una antigua f\u00e1brica de p\u00f3lvora y el castillo de Bicetre, donde hab\u00eda tenido Luisa a sus ni\u00f1os por alg\u00fan tiempo, y se pusieron con entusiasmo a acondicionarlos. Pero pronto les vino una orden para que suspendieran las obras, orden que Vicente sospechaba pudiera venir de la misma corte, y ciertamente se deb\u00eda a las presiones de nobles y personas importantes que ten\u00edan desde hac\u00eda tiempo el proyecto de construir un gran Hospital General \u00absiguiendo el ejemplo del Hospital de Lyon\u00bb. Y aunque Vicente aconsej\u00f3 de inmediato a las damas que obedecieran la orden de suspensi\u00f3n de obras, nada menos que la duquesa de Aiguillon le escribi\u00f3 dici\u00e9ndole que lo har\u00edan si \u00e9l mismo se lo indicaba, pero que se tem\u00edan que el proyecto no seguir\u00eda adelante si se pon\u00eda en manos de la autoridad p\u00fablica y se lo sustra\u00eda a la direcci\u00f3n del se\u00f1or Vicente. Pero este \u00faltimo aspecto dejaba de ser objeci\u00f3n desde el momento en que el rey pon\u00eda la orientaci\u00f3n y direcci\u00f3n espiritual del proyecto en sus manos.<\/p>\n<p>En m\u00faltiples casos le hab\u00eda bastado al se\u00f1or Vicente el que una orden, e incluso una mera sugerencia, procediera de una alta autoridad civil o eclesi\u00e1stica para que viera en ello una se\u00f1al inequ\u00edvoca de la voluntad de Dios y se sintiera obligado a ejecutarla. S\u00f3lo pon\u00eda objeciones cuando la orden o sugerencia parec\u00eda contradecir o estar al margen de su dedicaci\u00f3n a los pobres que Dios mismo le hab\u00eda se\u00f1alado como la vocaci\u00f3n de su vida. \u00bfA qu\u00e9 ven\u00eda, pues, recomendar a sus misioneros que rezaran para que Dios le manifestara su voluntad en este asunto? \u00bfNo le bastaba que viniera la orden del rey, y que la obra fuera tan netamente una obra en favor de los pobres? No s\u00f3lo no le bast\u00f3 ni una raz\u00f3n ni la otra, sino que acab\u00f3 por no aceptar la orden regia.<\/p>\n<p>A los dos edificios que hab\u00edan comenzado a reparar a sus expensas las damas la autoridad p\u00fablica a\u00f1adi\u00f3 un tercero, el hospital de la Piti\u00e9. Los tres, y luego otros dos m\u00e1s, formar\u00edan \u00abel conjunto del Hospital General\u00bb que, dice el documento oficial de proyecto de fundaci\u00f3n en 1657, hab\u00eda sido \u00abtan esperado y deseado por la poblaci\u00f3n de Par\u00eds, juzgado tan dif\u00edcil y moralmente imposible\u00bb. El hospital de la Piti\u00e9 hab\u00eda sido abierto como el primer ensayo de Hospital General en 1612, pero fracas\u00f3 desde su mismo comienzo. El fracaso de esa primera experiencia hab\u00eda creado entre las gentes bien de Par\u00eds la convicci\u00f3n de que lo que parec\u00eda ser posible en Lyon y en otros lugares no hab\u00eda manera de llevarlo a cabo en la capital del reino. Pero ahora, cuarenta y cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde. Par\u00eds contaba con dos grupos altamente entrenados en la organizaci\u00f3n y financiaci\u00f3n de importantes empresas caritativas como lo eran las damas de la caridad del Hotel-Dieu y la compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento. Contaba, adem\u00e1s y sobre todo, con un hombre como Vicente de Pa\u00fal, fundador del primer grupo y miembro activo del segundo, que hab\u00eda probado ser capaz de llevar adelante cualquier tipo de organizaci\u00f3n por complicada que fuera.<\/p>\n<p>\u00abEl fin de la obra\u00bb no pod\u00eda ser m\u00e1s ben\u00e9fico y humanitario: \u00absuprimir la mendicidad y la ociosidad, e impedir todos los des\u00f3rdenes que provienen de ellas; establecer manufacturas; orientar a los pobres en el temor de Dios y en una vida m\u00e1s ordenada; hacer buenos artesanos, buenos ciudadanos v buenos cristianos\u00bb. No hay que dejarse enga\u00f1ar por las piadosas intenciones que expresa el documento. La idea del Hospital General ten\u00eda en diversos pa\u00edses de Europa ya casi un siglo de historia, y hab\u00eda nacido por la necesidad de resolver de alguna manera el pavoroso problema de orden social creado por la inmigraci\u00f3n masiva a las ciudades de soldados mutilados, campesinos despose\u00eddos y expulsados de sus tierras y vagabundos de todo tipo. Los alrededor de 40.000 mendigos y ociosos que pu\u00adlulaban por las calles de Par\u00eds afeaban con sus andrajos el brillante escaparate de la Ciudad-Luz, pero sobre todo creaban un terrible problema de orden p\u00fablico y de seguridad ciudadana para la gente bien. A pesar del lenguaje piadoso, el documento de fundaci\u00f3n del Hospital General de Par\u00eds ni se enga\u00f1a ni nos enga\u00f1a. Admite paladinamente que \u00abaunque no fuese motivada por la caridad ser\u00eda necesario establecer esta obra por motivos policiales\u00bb. De hecho era este segundo aspecto el que primaba en el proyecto de todos los hospitales generales creados hasta entonces. El ingreso en el hospital no era libre, sino forzado. Entre los gastos previstos en el presupuesto para el gran proyecto se encuentra el pago de \u00abarqueros y oficiales de polic\u00eda para la b\u00fasqueda de los pobres, captura de mendigos, con\u00adducci\u00f3n a las prisiones y reclusi\u00f3n en el hospital, guarda de las puertas de la ciudad para evitar que los pobres escapasen a los pueblos pr\u00f3ximos, y para sofocar las rebeliones de los pobres, vagabundos, soldados y personas maleantes\u00bb.<\/p>\n<p>Con raz\u00f3n la historia posterior ha calificado esta terrible experiencia de soluci\u00f3n falsa de la pobreza generalizada como &#8216;el gran encerramiento de los pobres&#8217;. A los pobres encerrados se les daba de comer, de vestir y tambi\u00e9n un lugar donde dormir bajo techo. Se obligaba tambi\u00e9n, a los que pod\u00edan hacerlo, a contribuir con un trabajo artesanal o de obras p\u00fablicas mal pagado que ten\u00eda todo el aspecto de ser lo que hoy calificar\u00edamos como trabajo forzado. En suma, una aut\u00e9ntica prisi\u00f3n para pagar el crimen de ser pobre y ocioso, evitar sumariamente el desorden social en la calle y de paso hacer de pobres improductivos algo \u00fatil para la buena sociedad de gente bien. La soluci\u00f3n parec\u00eda ser brillante y eficaz desde el punto de vista de esta gente, y por eso los poderes establecidos extendieron la f\u00f3rmula r\u00e1pidamente por toda Europa. Pero al se\u00f1or Vicente, aunque el proyecto parec\u00eda poder conseguir en gran escala lo que \u00e9l hab\u00eda conseguido en peque\u00f1a escala con el asilo del Nombre de Jes\u00fas, la f\u00f3rmula del Hospital General no le pareci\u00f3 ni brillante ni eficaz, y s\u00ed muy poco humana y a\u00fan menos cristiana. Para obras de este estilo no pod\u00eda estar disponible, aunque lo ordenara el rey.<\/p>\n<p>A Luisa de Marillac, interesada sin duda tanto como el gobierno en intentar resolver el problema de la pobreza callejera que ella conoc\u00eda de primera mano, no se le escapaban tampoco las diferencias radicales de planteamiento entre una obra como la del Nombre de Jes\u00fas, a la que ella hab\u00eda contribuido desde el primer momento, y un proyecto como el del Hospital General: \u00abSi la obra se considera como asunto pol\u00edtico -escribe- parece conveniente que la emprendan los hombres. Pero pueden muy bien emprenderla las damas si se considera un asunto de caridad\u00bb.<\/p>\n<p>No se muestra amiga de que colabore en la obra la compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, por el car\u00e1cter secretista de sus actuaciones, y sin duda adem\u00e1s porque la dicha compa\u00f1\u00eda, como ha hecho ver el historiador Henry Kamen urbana ante todo como un problema de orden social, y se mostraba tambi\u00e9n inclinada a resolverlo mediante el m\u00e9todo expeditivo de encerrar por la fuerza a los pobres.<\/p>\n<p>De manera que el se\u00f1or Vicente, que hab\u00eda apoyado la obra mientras estaba en manos de las damas y depend\u00eda de la orientaci\u00f3n que \u00e9l mismo era muy capaz de darle, se asust\u00f3 cuando a manos de la autoridad p\u00fablica el proyecto recibi\u00f3 la orientaci\u00f3n de encerramiento forzado que a \u00e9l no pod\u00eda gustarle en manera alguna. Convoc\u00f3 a los hombres de su comunidad para pedirles su opini\u00f3n. \u00abTodos, de com\u00fan acuerdo, hemos pensado que nuestra compa\u00f1\u00eda no puede aceptar esta obra\u00bb. La raz\u00f3n que da para no aceptarla, \u00ablos muchos trabajos que tiene\u00bb la compa\u00f1\u00eda, no pod\u00eda ser la raz\u00f3n definitiva, sino s\u00f3lo una excusa, pues el se\u00f1or Vicente era muy capaz de sacar gente de las piedras cuando la causa lo merec\u00eda. Pero \u00e9l y sus hombres vieron claro:<sup>,<\/sup> la obra del Hospital General, que a primera vista parec\u00eda suponer la culminaci\u00f3n de lo que \u00e9l mismo hab\u00eda estado intentado hacer durante cuarenta a\u00f1os, era en realidad la negaci\u00f3n m\u00e1s insidiosa de su obra y de su misma alma.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los pobres lo vieron as\u00ed. Uno de ellos, creyendo que era el se\u00f1or Vicente el responsable del encerramiento -que, por cierto, tuvo un \u00e9xito inicial muy li\u00admitado, pues todo el que pudo se escap\u00f3 de Par\u00eds o se ocult\u00f3 a las pesquisas de arqueros y polic\u00edas- le reproch\u00f3 en plena calle el tener \u00abla culpa de que se encierre a los pobres en el Gran Hospital\u00bb. Los pobres le conoc\u00edan bien, y no pod\u00edan comprender c\u00f3mo el se\u00f1or Vicente se pod\u00eda haber prestado a hacer el juego a las autoridades en aquel asunto. Ning\u00fan pobre le hab\u00eda reprochado, todo lo contrario, que hubiera abierto para ellos el asilo del Nombre de Jes\u00fas. Pobres y Vicente estaban totalmente de acuerdo: no se puede resolver el problema planteado por la pobreza por el simple expediente de retirar de la circulaci\u00f3n a los pobres por la fuerza.<\/p>\n<p>Pero \u00e9sa fue precisamente la pol\u00edtica que emprendieron todos los estados cristianos, cat\u00f3licos y protestantes por igual, a partir del siglo XVI. Con ello se intentaba resolver malamente un problema creado por las muchas guerras y por el paso de una estructura social y econ\u00f3mica feudal a otra de tipo burgu\u00e9s-capitalista. Esta necesitaba para su funcionamiento una reserva de mano de obra abundante y barata. Para ello hab\u00eda primero que desarraigar a siervos, colonos y peque\u00f1os agricultores independientes y obligarles a emigrar a los centros urbanos. Esto se consigui\u00f3 a trav\u00e9s de las destrucciones provocadas en el mundo rural por las guerras, y por la simple expulsi\u00f3n de los campesinos fuera de sus tierras. Pero una vez creado el problema no se pens\u00f3 ya en aplicarle como intento de soluci\u00f3n algo que hab\u00eda sido inventado mucho antes y se hab\u00eda aplicado con bastante \u00e9xito durante los siglos medievales, la caridad cristiana, o sea, el verdadero amor al necesitado. Hab\u00eda que ser consecuente, y se era: se intent\u00f3 resolver el problema de una manera fr\u00eda y racional, con el menor gasto social y econ\u00f3mico posible, y, por supuesto, sin ning\u00fan aprecio, no ya amor, por el pobre. Lo m\u00e1s barato, ya que no se les pod\u00eda matar fr\u00edamente, era encerrar a los pobres en inh\u00f3spitos edificios p\u00fablicos, extrayendo de paso de ellos la utilidad productiva que se pudiera, darles de comer, y esperar a que se murieran por su propio pie. Lyon, la primera ciudad industrial de Europa, hab\u00eda inventado el sistema y parec\u00eda dar buenos resultados. Se consegu\u00eda a la vez progreso econ\u00f3mico y orden social. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s se pod\u00eda pedir?<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n al se\u00f1or Vicente le interesaban de verdad el progreso econ\u00f3mico y el orden social. \u00bfPor qu\u00e9 no le gustaba el sistema? Este olvidaba algo que para el se\u00f1or Vicente era fundamental. El sol\u00eda decir, y lo dec\u00eda con total convicci\u00f3n que \u00ablos pobres son nuestros amos y se\u00f1ores\u00bb. Cre\u00eda adem\u00e1s que el pobre m\u00e1s infeliz era tan imagen de Jesucristo, o tal vez m\u00e1s, que el mismo rey. A la imagen de Jesucristo no se la encierra a la fuerza, sino que se le sirve. Esta visi\u00f3n m\u00edstica del pobre era sin duda plenamente medieval, por no decir evang\u00e9lica, y hab\u00eda funcionado en Europa con eficacia demostrada a lo largo de muchos siglos. La misi\u00f3n hist\u00f3rica del se\u00f1or Vicente fue demostrar que segu\u00eda siendo igualmente v\u00e1lida para los tiempos nuevos. Vicente de Pa\u00fal a\u00f1adi\u00f3 a la caridad tradicional una t\u00e9cnica de orden y administraci\u00f3n racional de los recursos, t\u00e9cnica exigida por el car\u00e1cter masivo de la pobreza y muy acorde con el esp\u00edritu de los nuevos tiempos, tiempos de raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero pudieron m\u00e1s \u00e9stos con su car\u00e1cter de fr\u00eda racionalidad, su inter\u00e9s por resultados econ\u00f3mico-sociales tangibles y visibles, su desprecio por la dignidad del pobre, y acabaron prevaleciendo sobre la visi\u00f3n del se\u00f1or Vicente no ya en Europa sino en todo el mundo, hasta hoy mismo. De manera que la visi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal result\u00f3 ser una visi\u00f3n hist\u00f3ricamente frustrada, derrotada por las fuerzas que han prevalecido en la historia posterior. \u00bfQu\u00e9 han logrado producir \u00e9stas, adem\u00e1s del enriquecimiento de los responsables del gran encerramiento de los pobres? Algo que sin duda se hubiera evitado en buena parte si la historia posterior hubiera hecho caso de la visi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal: que el n\u00famero de pobres sea hoy infinitamente m\u00e1s grande que en su tiempo.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>La raz\u00f3n dada al rey<sup>,<\/sup> para no aceptar la obra del Hospital General no era despu\u00e9s de todo simplemente un mero pretexto inventado por el se\u00f1or Vicente, pues precisamente el a\u00f1o de 1657 su congregaci\u00f3n fue castigada por numerosas e impor\u00adtantes bajas. \u00abDios se complace -escrib\u00eda en setiembre- en probar a nuestra peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda de diversas maneras\u00bb. Entre otras, de estas maneras: al menos siete de sus hombres murieron ese a\u00f1o en G\u00e9nova trabajando entre las v\u00edctimas de la peste; uno muri\u00f3 camino de Madagascar, y dos m\u00e1s al llegar a la isla; los misioneros de Polonia \u00ablo han perdido todo\u00bb en Varsovia ante los invasores suecos, y tuvieron que dispersarse; en Escocia e islas adyacentes s\u00f3lo qued\u00f3 uno, despu\u00e9s de que muriera otro ese mismo a\u00f1o; las vicisitudes de sus misioneros en T\u00fanez y Argel, entre ellas el encarcelamiento de uno de ellos que era c\u00f3nsul, estuvieron a punto de decidirle a abandonar el trabajo entre los esclavos. A todo eso hab\u00eda que a\u00f1adir, lo sabemos por la informaci\u00f3n que nos da \u00e9l mismo en su correspondencia, la muerte de varios misioneros en Francia y numerosas noticias de mala salud entre sus hombres, en particular del que iba a ser su sucesor despu\u00e9s de su muerte tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, Renato Almeras, a quien se lleg\u00f3 a dar por muerto.<\/p>\n<p>Vicente aceptaba todos estos infortunios con resignaci\u00f3n ante lo que \u00e9l ve\u00eda ante todo como voluntad de Dios. \u00abComo El es due\u00f1o de vivos y muertos puede disponer de nuestros hombres como quiera\u00bb. Pero la resignaci\u00f3n no exclu\u00eda un cierto sen\u00adtimiento de queja y desconcierto ante la extra\u00f1a manera de expresarse la voluntad de Dios. Se lo pod\u00eda permitir dec\u00edrselo a Dios mismo como quien tiene con El una larga y f\u00e1cil familiaridad: \u00ab\u00bfEs \u00e9sa, Se\u00f1or, la recompensa con que pagas a tus servidores?\u00bb. Lo dec\u00eda en p\u00fablico, ante sus misioneros reunidos en oraci\u00f3n en San L\u00e1zaro, al informarles de los sufrimientos a manos de los cirujanos de uno de sus hombres que hab\u00eda enfermado de la peste no una sino dos veces, y que al quedar con \u00abalgunas costillas cariadas tuvieron que aplicarles fuego\u00bb. S\u00f3lo un pensamiento da consuelo a su alma entre tanto desastre y sufrimiento: que la muerte prematura de sus hombres sea semilla de nuevos misioneros que \u00ablleven adelante su obra\u00bb, es decir, la obra de Dios.<\/p>\n<h3><strong>(1658)<\/strong><\/h3>\n<p>Malos fueron estos a\u00f1os para el se\u00f1or Vicente tambi\u00e9n en cuesti\u00f3n de finanzas. Excluido desde el comienzo mismo que los hombres de su congregaci\u00f3n cobraran nada a nadie por ninguno e sus trabajos, no le quedaba m\u00e1s soluci\u00f3n para garantizar la supervivencia de sus hombres y de sus obras que el asegurar la percepci\u00f3n regular de alg\u00fan tipo de rentas o productos provenientes de negocios industriales, comerciales o de tierras. De todo ello hubo entre sus fuentes de financiaci\u00f3n, aunque predomin\u00f3 con mucho la percepci\u00f3n de productos y de rentas de la tierra. Tal vez influy\u00f3 en que as\u00ed fuera su origen campesino. Pero m\u00e1s probablemente influy\u00f3 en ello su alta capacidad natural para asuntos de negocios. La tierra era s\u00f3lida y segura, y se encareci\u00f3, ella misma y sus pro\u00adductos, a\u00f1o tras a\u00f1o a lo largo de su vida, mientras que las rentas en met\u00e1lico de diversos negocios que tuvo entre manos se las com\u00eda progresivamente la erosi\u00f3n del valor de la moneda. Por observaci\u00f3n personal puede hacer la ad\u00advertencia de que los precios en su tiempo se duplicaban cada cincuenta a\u00f1os, observaci\u00f3n que aunque se queda un poco corta, ha venido a ser confirmada por estudios recientes sobre la econom\u00eda de aquel tiempo. No se le pod\u00edan escapar a este hombre, aunque fuera muy espiritual, aspectos materiales de tanto bulto. Pero es que el ser muy espiritual no le imped\u00eda en absoluto ser muy cuidadoso en asuntos econ\u00f3micos de detalle. A uno de sus hombres destacado en Picard\u00eda para distribuir los auxilios de guerra le pregunta \u00aben qu\u00e9 ciudad se hacen o se venden ciertas colchas de hilo y de lana como las que antes se distribuyeron entre los enfermos y pobres, que costaban baratas, y cu\u00e1nto cues\u00adtan ahora\u00bb.<\/p>\n<p>Su correspondencia de estos a\u00f1os est\u00e1 literalmente llena de la preocupaci\u00f3n por los aspectos econ\u00f3micos de la vida y de las obras de sus hombres. No consideraba este hombre tan espiritual que una tal preocupaci\u00f3n fuera indigna de un hombre espiritual o que pusiera trabas a su seguimiento de Cristo. A uno de sus hombres, nombrado por \u00e9l mismo superior de uno de los seminarios regidos por su congre\u00adgaci\u00f3n, le advierte: \u00abYa ve, padre, c\u00f3mo de las cosas de Dios de que est\u00e1bamos hablando he de pasar a los negocios temporales. Y es que el superior debe mirar no s\u00f3lo por las cosas espirituales sino tambi\u00e9n por las temporales, y esto para seguir el ejemplo de Dios mismo, que se ocupa en conservar el mundo y hacer que la tierra produzca granos cada a\u00f1o y los \u00e1rboles nuevos frutos\u00bb.<\/p>\n<p>Pero a\u00fan hay m\u00e1s: el se\u00f1or Vicente se neg\u00f3 invariablemente a aceptar toda petici\u00f3n, por parte de quien fuera, de obras o fundaciones nuevas para su congregaci\u00f3n o para las hijas de la caridad si el peticionario no aseguraba con compromisos firmes y firmados los medios econ\u00f3micos suficientes para que los misioneros o las her\u00admanas pudieran vivir, aunque sobriamente, con decencia, y para que pudieran llevar a cabo sus trabajos propios.<\/p>\n<p>El que la base econ\u00f3mica de su propia congregaci\u00f3n consistiera fundamentalmente en la posesi\u00f3n de tierras o el derecho a rentas se deb\u00eda a su decisi\u00f3n original y radical de que sus hombres no percibieran una retribuci\u00f3n directa por sus trabajos. Pero de algo ten\u00edan que vivir sus hombres, con algo ten\u00edan que trabajar. No le quedaba m\u00e1s soluci\u00f3n, dadas las estructuras econ\u00f3micas de aquel tiempo, que asegurarse las rentas y los productos de la tierra necesarios para sobrevivir y para trabajar. Sus hijas de la caridad no ten\u00edan tierras ni apenas rentas. Pero a partir de la fundaci\u00f3n en el hospital de Angers viv\u00edan la mayor parte de ellas de su salario de enfermeras, y trabajaban en edificios y con los medios que les proporcionaban las autoridades municipales, o bien los fundadores de la obra correspondiente. Siempre mir\u00f3 el se\u00f1or Vicente con cierta envidia este sistema de financiaci\u00f3n de la cofrad\u00eda de sus j\u00f3venes campesinas, y sin duda lo hubiera establecido, si es que ello hubiera sido posible, para su propia congregaci\u00f3n. Pero, dice a sus misioneros, \u00abel trabajo de las misiones, pues debemos hacerlo gratis, no nos permite practicar la pobreza total\u00bb, que consiste, como la de Cristo, en no ser due\u00f1o de nada. No renuncia, a pesar de ello, a su ideal, no puede renunciar si quiere ser verdadero disc\u00edpulo de Cristo. Confiesa y dice que \u00absi pudi\u00e9ramos escoger, deber\u00edamos tener siempre, para no enga\u00f1arnos, un estado parecido al de Nuestro Se\u00f1or, que no tuvo ninguna casa en este mundo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero mientras tuviera casas y rentas ten\u00eda que velar por su conservaci\u00f3n y por su buen rendimiento. Los disturbios de la Fronda hab\u00edan producido en sus propiedades y en sus rentas da\u00f1os notables de los que su congregaci\u00f3n ya no se recuper\u00f3 mientras \u00e9l vivi\u00f3. S\u00f3lo para San L\u00e1zaro el se\u00f1or Vicente calcula los da\u00f1os pro\u00adducidos en tiempos de la Fronda en 42.000 libras. Llegaron las cosas al punto de que San L\u00e1zaro hab\u00eda perdido todo cr\u00e9dito entre la gente adinerada de Par\u00eds \u00abporque todo el mundo sabe que estamos endeudados por todas partes\u00bb. Lo m\u00e1s dram\u00e1tico de esto es que lo escribe a uno de los hombres de su congregaci\u00f3n, \u00abc\u00f3nsul de Argel que ha sido golpeado y encarcelado sin motivo\u00bb, por cuya libertad las autoridades de Argel ped\u00edan una suma que San L\u00e1zaro no pod\u00eda pagar. Pero a\u00fan estaba por venir el golpe m\u00e1s duro.<\/p>\n<p>Pose\u00eda la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente en Orsigny una gran finca con varios cientos de hect\u00e1reas de excelentes tierras de labor, donativo, como era el caso de tantas otras propiedades de San L\u00e1zaro y de San L\u00e1zaro mismo, de un rico bien\u00adhechor. La finca de Orsigny era el verdadero granero de que se abastec\u00edan las muchas mesas de San L\u00e1zaro. Despu\u00e9s de unos a\u00f1os de pac\u00edfica posesi\u00f3n la propiedad de Orsigny entr\u00f3 en litigio. Vicente consult\u00f3 al menos a nueve abogados. Todos le aseguraron que \u00abnuestro derecho era infalible y que no ten\u00edamos nada que temer por nuestra parte\u00bb. Pero se perdi\u00f3 el juicio, aunque s\u00f3lo por la diferencia de tres votos entre los veinti\u00fan jueces que vieron la causa, y perdi\u00f3 tambi\u00e9n de golpe la propiedad de Orsigny. La decisi\u00f3n judicial fue un robo a mano armada. \u00abNo hemos sido juzgados seg\u00fan derecho ni seg\u00fan costumbre\u00bb, dice. Pero se calla, aunque todo el mundo lo sab\u00eda en Par\u00eds, que un buen n\u00famero de los jueces simpatizaban con los jansenistas o eran declaradamente tales, y por ello hostiles al se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida de Orsigny era \u00abuna p\u00e9rdida considerable para la compa\u00f1\u00eda, pero que muy considerable\u00bb en estrictos t\u00e9rminos econ\u00f3micos. Pero este hombre, experto en econom\u00eda, era a\u00fan mucho m\u00e1s experto como hombre de fe. \u00abDios nos ha quitado, con esta finca, la satisfacci\u00f3n que ten\u00edamos de poseerla y la que habr\u00edamos podido tener en ir all\u00e1 de vez en cuando. Ese placer habr\u00eda sido como un dulce veneno que mata, como un cuchillo que hiere. Ahora estamos libres de ese peligro por la misericordia de Dios. Ahora que estamos m\u00e1s expuestos a la escasez ojal\u00e1 nos recompense Dios esta p\u00e9rdida material con un mayor desapego de las cosas de la tierra y una mayor confianza en su providencia\u00bb. Le aconsejaron que apelase contra la sentencia en un tribunal superior, asegur\u00e1ndole los expertos que por supuesto ganar\u00eda la apelaci\u00f3n. Pero se neg\u00f3 a ello en redondo, en parte escar\u00admentado por la experiencia del primer juicio, y en parte porque \u00abdar\u00edamos un grave esc\u00e1ndalo, despu\u00e9s de un decreto tan solemne (del tribunal) si lo impug\u00adn\u00e1ramos para destruirlo\u00bb. Pero m\u00e1s le movi\u00f3 a negarse a apelar la consideraci\u00f3n de \u00abque si buscamos el reino de Dios, no nos faltar\u00e1 nada, como dice el evangelio. Si el mundo nos quita por un lado, Dios nos dar\u00e1 por otro\u00bb. Lo que Dios cumpli\u00f3 en este caso a la letra y casi libra por libra, pues menos de tres meses despu\u00e9s de pasada la sentencia de despojo \u00abDios ha permitido que un consejero de esa misma c\u00e1mara (la que hab\u00eda dado la sentencia) nos dejara al morir casi lo mismo que val\u00eda la finca\u00bb de Orsigny.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en cuanto a la salud fue 1658 un a\u00f1o muy malo para el se\u00f1or Vicente. Mucho m\u00e1s que su salud estuvo a punto de perder cuando al comienzo mismo del a\u00f1o la carroza en que viajaba vole\u00f3 sin previo aviso en pleno Par\u00eds y dio con \u00e9l en el duro suelo, como se contaba arriba. Mal comenzaba el a\u00f1o. Pero no iba a mejorar en su transcurso. El incidente de la carroza alarm\u00f3 y conmovi\u00f3 vivamente a Luisa de Marillac y a sus muchachas. Escribe Luisa en las actas de un consejo de comunidad que se tuvo en presencia del se\u00f1or Vicente una vez recuperado \u00e9ste: \u00abLa primera cosa que se trat\u00f3, sin pedirle permiso a \u00e9l\u00bb fue dar gracias a Dios por haber preservado \u00aba nuestro venerado padre de su grave accidente cuando volc\u00f3 la carroza, de lo que por necesidad deber\u00eda haber salido muy mal parado\u00bb. Era esto casi como mentar la soga en casa del ahorcado. Pero hab\u00eda que dar gracias a Dios efectivamente, porque muy bien pod\u00eda haber sucedido que el se\u00f1or Vicente no hubiera salido de la carroza m\u00e1s que para ir al cementerio. Pero all\u00ed estaba, aunque maltrecho, vivo, y hab\u00eda que dar por ello gracias a Dios. Luisa aprovecha la ocasi\u00f3n para decir, sin pedirle a \u00e9l permiso y sabiendo que no le iba a gustar, que \u00aba toda nuestra peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda le ha servido este incidente para darnos cuenta de que no hemos usado bien de la gracia que Dios nos concede al darnos su gobierno tan caritativo, sus cuidados admirables, sus advertencias y sus consejos repetidos tantas veces con una paciencia y una mansedumbre maravillosas\u00bb. C\u00f3mo le iba a gustar esta andanada de elogios al se\u00f1or Vicente. \u00abSe vio sorprendido por nuestras palabras y empez\u00f3 a decirnos que \u00e9l era un miserable pecador que no hac\u00eda m\u00e1s que estropearlo todo. Entr\u00f3 profundamente dentro de s\u00ed mismo, y su silencio nos dio a conocer claramente que le hab\u00edamos llenado de confusi\u00f3n. Pero su paciencia le impidi\u00f3 reprendernos por nuestra falta de discreci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y como en el transcurso del a\u00f1o fa fr\u00e1gil salud del se\u00f1or Vicente dio se\u00f1ales de empeoramiento, Luisa multiplic\u00f3 las muestras de la enfermera sol\u00edcita que hab\u00eda sido desde hac\u00eda tantos a\u00f1os. No le fue a ella mucho mejor, pues acab\u00f3 el a\u00f1o \u00abcon gran debilidad y con dolores de esp\u00edritu y de cuerpo\u00bb, pero eso no le impidi\u00f3 preocuparse de su paciente como si ella misma estuviera del todo sana. En v\u00edspera de navidades le env\u00eda por escrito la siguiente receta para \u00absu dolor de piernas\u00bb: \u00abSe pone a remojo en medio cuarto de litro el peso de un escudo de sen. Se toma muy caliente un poco antes de la comida, y se come, despu\u00e9s de tomar eso, un potaje tambi\u00e9n muy caliente. Si se toma durante dos o tres d\u00edas tiene el efecto de una purga muy fuerte, pero no debilita. Creo que fue el se\u00f1or de Lorme el que me ense\u00f1\u00f3 este secreto, que \u00e9l utiliza desde hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os. Nos gustar\u00eda mucho que lo probase usted. El probar no le har\u00e1 ning\u00fan da\u00f1o; a m\u00ed no me lo ha hecho cuando lo he usado\u00bb. Le contesta el se\u00f1or Vicente d\u00e1ndole las gracias e inform\u00e1ndole del \u00e9xito parcial de su remedio, y pidi\u00e9ndole consejo para semanas sucesivas. \u00abHar\u00e9 como usted me indique\u00bb. Sin acabar el a\u00f1o Luisa le env\u00eda un segundo regalo de navidad: \u00absi le sentaron bien las tomas anteriores le prepararemos para ma\u00f1ana una dosis mayor para que se la tome desde la ma\u00f1ana. Veinticuatro granos de cornacinia o dos escudos de sen, un poco de cristal y otro poco de ruibarbo, y junto con esta infusi\u00f3n un buen trago de jarabe de flores de albaricoque. Creo que esto le sentar\u00e1 muy bien\u00bb. Y as\u00ed fue. \u00abMe encuentro mejor gracias a los remedios que me ha enviado\u00bb. Y as\u00ed, mejor, aunque por supuesto no sano del todo, termin\u00f3 Vicente el a\u00f1o del Se\u00f1or de 1658.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>En el transcurso de ese a\u00f1o el se\u00f1or Vicente, a pesar de sus dolencias, sigui\u00f3 ocup\u00e1ndose de sus trabajos de costumbre. Sigui\u00f3 tambi\u00e9n el ritmo ordinario de la vida de su comunidad de San L\u00e1zaro, incluyendo sus acostumbradas charlas con sus hombres. Una de ellas, tenida en mayo, <sup>y <\/sup>fue particularmente importante. Mal se deb\u00eda sentir cuando la tuvo, pues expresa su temor de que \u00abtal vez sea la \u00faltima que tenga con vosotros\u00bb. Se recordar\u00e1 que la asamblea de su congregaci\u00f3n habida en 1651 hab\u00eda dado como bueno y definitivo un texto de las reglas que el arzobispo aprob\u00f3 oficialmente dos a\u00f1os m\u00e1s tarde. Pero algunas correcciones que parecieron oportunas posteriormente retardaron la impresi\u00f3n del texto, que por fin pudo en\u00adtregar el se\u00f1or Vicente a sus hombres en mayo de 1658. Pod\u00eda haber sido esto una especie de entrega de testamento entre vivos. Eso es lo que parece insinuar Vicente en su temor de que fuera aquella la \u00faltima de sus charlas. Pero no lo fue. De hecho \u00e9l sigui\u00f3 teniendo sus charlas semanales, casi sin fallar una sola, durante otros dos a\u00f1os m\u00e1s hasta casi la v\u00edspera de su muerte.<\/p>\n<p>Result\u00f3 ser \u00e9sta m\u00e1s dram\u00e1tica de lo que eran habitualmente sus charlas con su gente. Un sentimiento predominaba en su esp\u00edritu en aquel momento, el de sorpresa ante lo incre\u00edble de la situaci\u00f3n. \u00abSe\u00f1or m\u00edo, oh, padres, \u00bfestar\u00e9 durmiendo?, \u00bfestar\u00e9 so\u00f1ando? \u00a1Que yo d\u00e9 unas reglas! Todas estas reglas y todo lo que est\u00e1is viendo se ha hecho sin saber c\u00f3mo, pues yo nunca hab\u00eda pensado en ello. \u00bfNo es Dios el autor de estas reglas? Dios es el que lo ha hecho todo\u00bb. Efectivamente, ten\u00eda que ser Dios. \u00bfC\u00f3mo pod\u00eda haberlo hecho \u00e9l, nacido pastor humilde y or\u00addenado sacerdote prematuramente? Les relata una vez m\u00e1s los incidentes que \u00e9l siempre hab\u00eda considerado como el origen de su congregaci\u00f3n, la confesi\u00f3n del campesino de Gannes y el subsiguiente serm\u00f3n en Folleville, y las misiones que empez\u00f3 a dar junto con Portail y \u00abotro buen sacerdote\u00bb desde 1618 hasta 1625. Ahora se da cuenta de que \u00abmientras nosotros hac\u00edamos eso, Dios iba haciendo lo que hab\u00eda previsto desde toda la eternidad\u00bb. De manera que era Dios mismo el que le hab\u00eda ido llevando, sin que \u00e9l mismo lo previera o lo planificara, de misionero a fundador, de fundador a legislador. \u00ab\u00bfQui\u00e9n hubiera pensado jam\u00e1s que las cosas llegar\u00edan a la situaci\u00f3n en que las vemos ahora?\u00bb.<\/p>\n<p>En charlas posteriores el se\u00f1or Vicente fue comentando el contenido de las reglas que les entreg\u00f3 aquel d\u00eda de 1658. Pero hubo un punto que no pudo dejar de comentar aquel mismo d\u00eda, lo que hizo ver a todos los presentes que era aquello la verdadera clave de su larga vida, lo que daba sentido a su propia vida y lo dar\u00eda a la de sus oyentes. \u00abTodas estas reglas est\u00e1n sacadas del evangelio; todas tienden a hacer nuestra vida conforme con la que Nuestro Se\u00f1or llev\u00f3 en la tierra. Vino Nuestro Se\u00f1or y fue enviado a evangelizar a los pobres. \u00a1A los pobres, padres, a los pobres! Nunca ha habido ninguna otra compa\u00f1\u00eda que haya tenido como fin el hacer lo que Nuestro Se\u00f1or vino a hacer al mundo: anunciar el evangelio a los pobres solamente, a los pobres abandonados\u00bb.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el momento m\u00e1s dram\u00e1tico con la distribuci\u00f3n de los ejemplares de las reglas a los presentes. Pidi\u00f3 que se fueran acercando a recibirlos los de m\u00e1s edad. El mismo era el m\u00e1s anciano de todos los presentes en la reuni\u00f3n, y posiblemente el m\u00e1s enfermo. Pidi\u00f3 excusas por hacerles venir, y les dijo que \u00absi \u00e9l pudiese, se acercar\u00eda a llev\u00e1rselas a cada uno a su sitio\u00bb. Empez\u00f3 por su m\u00e1s antiguo com\u00adpa\u00f1ero: \u00abVenga, padre Portatil, venga usted, que ha aguantado todas mis debili\u00addades. Dios le bendiga\u00bb. Y as\u00ed continu\u00f3 con todos los dem\u00e1s. \u00abCada uno las iba recibiendo de rodillas, besando por respeto el libro y la mano del padre Vicente. El padre Vicente les iba diciendo a cada uno algunas palabras: Venga, padre, que Dios le bendiga\u00bb.<\/p>\n<p>Todos los presentes se dieron cuenta de que aquella escena ten\u00eda el car\u00e1cter casi \u00e9pico de los grandes sucesos extraordinarios. \u00abTodos los presentes cre\u00edan estar con los ap\u00f3stoles oyendo hablar a Nuestro Se\u00f1or. Muchos no pudieron contener las l\u00e1grimas. Se hubieran dicho unos a otros aquellas palabras del evangelio: bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis y los o\u00eddos que lo oyen\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo se\u00f1or Vicente no pudo sustraerse en sus palabras finales a un cierto tono grandioso, poco frecuente en \u00e9l, pero que le result\u00f3 inevitable y espont\u00e1neo en aquella ocasi\u00f3n. \u00abOh, Se\u00f1or, que eres la ley eterna y la ley inmutable que gobiernas con tu sabidur\u00eda infinita todo el universo. De ti emanan todas las normas de las criaturas y todas las leyes del bien vivir, como de su fuente. Bendice a \u00e9stos, a los que t\u00fa mismo has dado estas reglas, y que las reciben como procedentes de ti. Conc\u00e9deles tu gracia para observarlas hasta la muerte. Con esta confianza y en tu nombre, yo, infeliz pecador, pronuncio las palabras de la bendici\u00f3n. La bendici\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or&#8230;\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>(1659)<\/strong><\/h3>\n<p>No se volvi\u00f3 a caer de nuevo de la carroza durante el a\u00f1o de 1659, ni pudo, pues su estado de salud no le permiti\u00f3 ya volver a salir de San L\u00e1zaro hasta su muerte. Escribe en julio: \u00abHace siete u ocho meses que no salgo, debido al mal de piernas, que ha aumentado\u00bb. Pod\u00eda haberse ca\u00eddo alguna otra vez, como suelen hacerlo los ancianos, en su trabajoso caminar sobre muletas a la capilla para decir misa, o a la sala en que ten\u00eda sus charlas con sus misioneros, o al descender las escaleras desde su habitaci\u00f3n a una sala de visitas del piso bajo, donde se reun\u00edan para o\u00edrle las hijas de la caridad y las damas del Hotel-Dieu, o una variedad de personajes grandes o peque\u00f1os que solicitaban su ayuda o su consejo. Pero Dios y la solicitud de sus hombres le libraron de una \u00faltima ca\u00edda que pudiera haber sido fatal. Y aunque a finales del a\u00f1o anterior comunicaba a Luisa de Marillac la buena noticia de una mejor\u00eda, \u00e9sta debi\u00f3 de ser peque\u00f1a y muy provisional. Comenz\u00f3 el a\u00f1o nuevo enviando una breve misiva de gratitud y de despedida final, \u00abante la duda de lo que pueda ocurrir\u00bb, al padre de Gondy, que estaba a la saz\u00f3n casi tan achacoso como \u00e9l mismo y que le iba a sobrevivir poco tiempo. Le agradece \u00ablos innumerables beneficios que nuestra peque\u00f1a congregaci\u00f3n y yo en particular hemos recibido de su bondad\u00bb. El recuerdo del padre le debi\u00f3 de traer la memoria del hijo, el cardenal de Retz, que, una vez abandonada la ciudad de Roma, viv\u00eda en paradero rigurosamente secreto, des\u00adconocido incluso para el se\u00f1or Vicente, para evitar que pudiera llegar hasta \u00e9l la mano larga y vengadora de Mazarino a trav\u00e9s de sus esbirros. \u00abTengo motivos para creer que va a ser \u00e9sta la \u00faltima vez que tengo el honor de escribir a su eminencia\u00bb. Le escribe tambi\u00e9n por gratitud, por la que deb\u00eda en realidad y con mucho mayor motivo a sus padres. Se toma la confianza \u00abde recomendar a su eminencia su peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda de la Misi\u00f3n, que usted mismo ha fundado y llenado de favores y que es obra de sus manos, y que se siente sumisa y agradecida a su eminencia como padre y prelado\u00bb.<\/p>\n<p>Prelado sobre la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n era Retz en cierto sentido, pues segu\u00eda siendo en esa fecha el leg\u00edtimo arzobispo de la di\u00f3cesis de Par\u00eds, a la que segu\u00eda gobernando a distancia a trav\u00e9s de sus muy adictos vicarios. Pero lo fue por poco tiempo despu\u00e9s de la muerte del se\u00f1or Vicente. Retz, el escandaloso eclesi\u00e1stico, el ambicioso tramador pol\u00edtico, renunci\u00f3 libremente a la sede arzobispal de Par\u00eds y vivi\u00f3 los a\u00f1os que a\u00fan le quedaban en una vida de conversi\u00f3n sincera, estudio, oraci\u00f3n y trabajo por los pobres que sorprendi\u00f3 a todo el mundo. En la carta de despedida el se\u00f1or Vicente le escribe que mientras su congregaci\u00f3n \u00abrezar\u00e1 en la tierra por su eminencia, yo har\u00e9 lo mismo desde el cielo\u00bb. Tal vez se debiera a estas oraciones el sorprendente cambio de vida en la edad adulta de Retz. Aunque de joven era Retz alocado y fr\u00edvolo, Vicente hab\u00eda visto claro a trav\u00e9s del escan\u00addaloso comportamiento que tanto hab\u00eda herido la sensibilidad de la gente bien y del clero digno. No estaba efectivamente aquel joven, a pesar de las apariencias, muy lejos del reino de Dios. Si algo tuvo que ver en su radical conversi\u00f3n la semilla del buen ejemplo que hab\u00eda recibido desde su ni\u00f1ez de sus padres y del se\u00f1or Vicente, o tambi\u00e9n la gracia de las oraciones que le llov\u00edan del cielo despu\u00e9s de la muerte de \u00e9ste, ni el historiador ni el bi\u00f3grafo lo saben. S\u00f3lo lo sabe Dios.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>El d\u00eda 2 de octubre de 1659 comenz\u00f3 el se\u00f1or Vicente sus ejercicios espirituales anuales. Iban a ser \u00e9stos, no lo sab\u00eda con seguridad aunque pod\u00eda sospecharlo con sobrado motivo, los \u00faltimos que har\u00eda en su vida. En el transcurso de ellos dio el \u00faltimo paso para asegurar la pervivencia del gobierno de su congregaci\u00f3n despu\u00e9s de su muerte. Desde su lejana fundaci\u00f3n en 1626 la hab\u00eda gobernado \u00e9l mismo sobre el fundamento de su autoridad y carisma de fundador, autoridad reconocida libremente y sin dificultades por todos, dentro y fuera de casa. El carisma suyo personal era intransferible, pero pod\u00eda, bas\u00e1ndose en \u00e9l, proponer a su congregaci\u00f3n un sistema que legitimara el paso de su propia autoridad a otra persona. El sistema que eligi\u00f3 desde el comienzo mismo de su congregaci\u00f3n, y aun antes en el contrato que firm\u00f3 con los Gondy en 1625, era el com\u00fan en las \u00f3rdenes religiosas y en otras instituciones eclesi\u00e1sticas, incluyendo e1 papado, durante siglos, la elecci\u00f3n de un sucesor por mayor\u00eda de votos. El se reservaba el garantizar un gobierno de transici\u00f3n entre el d\u00eda de su muerte y el de la reuni\u00f3n de una asamblea general que eligiera a su sucesor, cosa que hizo en estos ejercicios espirituales \u00abdespu\u00e9s de haber pensado en este asunto\u00bb durante cinco d\u00edas. Nombr\u00f3 como vicario que gobernara su congregaci\u00f3n entre la fecha de su muerte y la celebraci\u00f3n de la asamblea a Renato Almeras, del que dice: \u00abCreo delante de Dios que posee las cualidades requeridas para ello\u00bb. Se reservaba tambi\u00e9n otra cosa, el sugerir dos nombres de entre los cuales, \u00absalvo el mejor juicio de los electores\u00bb, se podr\u00eda elegir a su sucesor como superior general. Uno de los dos nombres era el de Almeras, quien fue de hecho elegido por unanimidad por los otros dieciocho participantes en la asamblea que se tuvo tres meses despu\u00e9s de fallecido el se\u00f1or Vicente.<\/p>\n<p>Arreglado este asunto pod\u00eda morirse en paz, por lo menos en cuanto se refer\u00eda a asegurar la continuidad en el tiempo de la instituci\u00f3n m\u00e1s cercana a \u00e9l mismo de entre las varias que hab\u00eda fundado. \u00bfConservar\u00eda su congregaci\u00f3n a lo largo del tiempo el esp\u00edritu vivo del fundador que le hab\u00eda dado alma y origen? El hizo todo lo que pudo por que as\u00ed fuera, pero no estaba muy seguro de ello. Hab\u00eda en primer lugar una especie de ley aparentemente ineludible, a la que se refiri\u00f3 con frecuencia en sus charlas, ley que \u00e9l hab\u00eda cre\u00eddo descubrir por sus lecturas y por su experiencia en multitud de instituciones similares. Todas hab\u00edan empezado llenas de vitalidad bajo el empuje del fundador, y todas, con la excepci\u00f3n tal vez de los cartujos, hab\u00edan deca\u00eddo a niveles de vida un poco amorfos o francamente corrompidos menos de cien a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte del fundador respectivo. Pero es que adem\u00e1s \u00e9l conoc\u00eda muy bien a sus hombres. Y aunque no faltaban entre ellos los capaces de mantener muy vivo lo que \u00e9l mismo les hab\u00eda inspirado, sab\u00eda que hab\u00eda tambi\u00e9n entre ellos \u00abmisioneros flojos\u00bb, que asustados por la variedad de las obras de su congregaci\u00f3n acabar\u00edan refugi\u00e1ndose en una forma discreta de vida clerical, dejando de lado el riesgo de una aut\u00e9ntica vida misionera. Hombres que limitar\u00edan \u00absu visi\u00f3n y sus proyectos a una peque\u00f1a circunferencia, en la que se encierran sin querer salir de ella, como se encierran los caracoles en su concha\u00bb. A punto estuvo \u00e9l mismo, reci\u00e9n ordenado sacerdote, de convertirse en un ino\u00adfensivo caracol clerical. Pero Dios rompi\u00f3 su concha y abri\u00f3 su alma a la esplen\u00addorosa luz del d\u00eda y del mundo. Tal vez fuera excesivo esperar que se repitiera el milagro con demasiada frecuencia incluso entre los hombres que se hab\u00edan sentido atra\u00eddos por su esp\u00edritu vigoroso.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Sus problemas agudos de salud y la preocupaci\u00f3n por la estabilidad de su con\u00adgregaci\u00f3n no consiguieron encerrar a este hombre de 79 a\u00f1os en la peque\u00f1a cir\u00adcunferencia de San L\u00e1zaro. Segu\u00eda velando por la buena marcha de todas sus obras y de todas las muchas gentes movilizadas por \u00e9l, de los pobres campesinos de 1a Picard\u00eda, de variados problemas de iglesia. Tambi\u00e9n se preocupaba, c\u00f3mo iba a dejarlos de lado, por los problemas del mundo en que viv\u00eda. Unas heladas tard\u00edas a finales de abril de 1659 hab\u00edan arruinado sembrados y vi\u00f1as en los alrededores de Par\u00eds. San L\u00e1zaro recib\u00eda con ello un duro golpe que oblig\u00f3 a reducir dr\u00e1sti\u00adcamente la raci\u00f3n diaria de pan y vino de los muchos comensales del priorato. Pero a Vicente le duele a\u00fan m\u00e1s el da\u00f1o que sufrir\u00edan por ello los campesinos: \u00abQuiera Dios tener piedad del pobre pueblo\u00bb, escribe en mayo a uno de sus hombres que estaba en la frontera de Picard\u00eda, desde el mismo comienzo de la campa\u00f1a nueve a\u00f1os antes, repartiendo los auxilios de guerra que se enviaban desde Par\u00eds. Una noticia le consuela: \u00abque se habla de la paz como de cosa hecha; eso ser\u00eda un gran bien para las pobres regiones de la frontera\u00bb. Efectivamente, as\u00ed era. Aunque la paz de los Pirineos entre Francia y Espa\u00f1a no se firm\u00f3 de hecho hasta noviembre en la isla de los Faisanes, en la desembocadura del Bidasoa, ya desde el a\u00f1o anterior hab\u00edan comenzado en firme las negociaciones de paz que pusieron fin a la lucha armada que hab\u00eda durado veinticinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sido \u00e9l uno de los primeros que hab\u00edan intentado poner paz al poco tiempo de que Richelieu se lanzara por el camino de la lucha abierta y declarada. No tuvo, se recordar\u00e1, \u00e9xito ninguno en las gestiones que llev\u00f3 a cabo ante Richelieu en persona. No dej\u00f3 por ello de desear la paz ni de rezar por ella. Le dol\u00eda profundamente que estuvieran enzarzados en una guerra fraticida dos pa\u00edses vecinos y cat\u00f3licos. Pero le dol\u00edan a\u00fan m\u00e1s los miles de v\u00edctimas inocentes y pobres que produc\u00eda la guerra. Si el conseguir la paz no estaba al alcance de su mano, s\u00ed estaba, y a ello se dedic\u00f3 en Lorena, en Champa\u00f1a, en Picard\u00eda, hasta que vino la paz, remediar en la medida de sus fuerzas los desastres de la guerra.<\/p>\n<p>De manera que cuando al fin vino la paz el se\u00f1or Vicente la salud\u00f3 con j\u00fabilo. Se le quitaba por fin de encima lo que hab\u00eda sido probablemente la mayor pesadilla y la m\u00e1s larga de su larga vida. Pod\u00eda por fin liquidar la larga y costosa operaci\u00f3n de ayuda en que se hab\u00eda embarcado por propia iniciativa desde el comienzo mismo de las hostilidades. Escribe a su hombre en Picard\u00eda que los habitantes de la regi\u00f3n fronteriza \u00abya no podr\u00e1n esperar m\u00e1s ayudas de Par\u00eds\u00bb. Pero se sigue preocupando por aquellos a los que, a\u00fan despu\u00e9s de acabada la guerra, no les resultar\u00eda f\u00e1cil conseguir una recuperaci\u00f3n r\u00e1pida que les permitiera vivir decentemente. Hab\u00eda que intentar que \u00abtodos los pobres que carecen de tierras se ganen la vida. Habr\u00e1 que dar a los hombres alguna herramienta para trabajar, y a las j\u00f3venes y a las mujeres ruecas y estopa y lana para hilar. Ahora que llega la paz encontrar\u00e1n d\u00f3nde poder trabajar. Y como ya los soldados no les quitar\u00e1n lo que tengan podr\u00e1n reunir algo y recuperarse poco a poco\u00bb.<\/p>\n<p>En cuanto a \u00e9l mismo, no hab\u00eda ya esperanza de que se recuperara, ni siquiera poco a poco, como no fuera de milagro. Escribe en noviembre a un misionero suyo en Madagascar, quien nunca ver\u00eda su carta pues hab\u00eda fallecido a\u00f1o y medio antes: \u00abMis piernas enfermas ya no me pueden llevar\u00bb. Algo m\u00e1s que \u00abuna peque\u00f1a molestia que tengo en las piernas:&gt; deb\u00eda de ser lo que le afectaba la v\u00edspera misma del d\u00eda final del a\u00f1o 1659 para excusarse de una visita que deseaba hacerle nada menos que la duquesa de Aiguillon, y para sugerirle que la pospusiera \u00abpara otra ocasi\u00f3n\u00bb. Ocasi\u00f3n que ya no se volver\u00eda a presentar, pues a lo largo de la mayor parte de los meses que le quedaban de vida no s\u00f3lo dej\u00f3 del todo de salir de San L\u00e1zaro, o de apenas ni siquiera descender penosamente a la planta baja, sino que se vio confinado, casi como un inv\u00e1lido, a su propia habitaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>(1660)<\/strong><\/h3>\n<p>As\u00ed lleg\u00f3 al a\u00f1o de 1660, que iba a resultar ser el \u00faltimo de su vida; \u00abrecluido en su habitaci\u00f3n desde hace un mes\u00bb, escribe Luisa de Marillac el 13 de enero, \u00abaunque no deja de trabajar tanto o m\u00e1s que nunca por el pr\u00f3jimo\u00bb. No hab\u00eda visto Luisa al se\u00f1or Vicente desde que comenz\u00f3 la reclusi\u00f3n ni volvi\u00f3 a verle en vida. Ella misma falleci\u00f3 el 15 de marzo de ese a\u00f1o. De entre las muchas renuncias que hab\u00eda aceptado y asumido para vivir hasta el fin su vida sacrificada tal vez fuera \u00e9sa una de las m\u00e1s dolorosas, el no poder contar al final con la ayuda de quien hab\u00eda sido, seg\u00fan cre\u00eda y dec\u00eda ella, el padre de su alma, \u00abla persona que nos es m\u00e1s querida en este mundo\u00bb, como ella misma hab\u00eda escrito unos a\u00f1os antes a Portail. Se volver\u00edan a ver cara a cara, esta vez en el cielo y sin achaques, al amanecer del d\u00eda 27 de setiembre.<\/p>\n<p>El mismo Portail falleci\u00f3 un mes antes que Luisa de Marillac. Trabajador honrado y dedicado, hombre fiel y cumplidor, hab\u00eda resultado ser tal vez un poco corto en las cualidades de dinamismo y energ\u00eda que Vicente deseaba para sus hombres y que \u00e9l mismo pose\u00eda en tan alto grado. Pero a cambio result\u00f3 ser muy \u00fatil para mil detalles en la consolidaci\u00f3n de una fundaci\u00f3n de cu\u00f1o relativamente nuevo como la congregaci\u00f3n de misioneros del se\u00f1or Vicente, y de otra muy original y de alto riesgo como era la compa\u00f1\u00eda de las hijas de la caridad. Se muri\u00f3 calla\u00addamente, como hab\u00eda vivido. M\u00e1s de un mes antes de morir se hab\u00eda retirado a una especie de peque\u00f1a ermita en un rinc\u00f3n de las tierras de San L\u00e1zaro para prepararse a lo que \u00e9l y todo el mundo ve\u00eda, dado lo delicado de su salud, como inevitable y cercano.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esta recta final de la vida se pudo percibir el contraste de car\u00e1cter entre el se\u00f1or Vicente y quien result\u00f3 ser su &#8216;brazo derecho&#8217;, seg\u00fan gustan de calificar con justicia a Portail los bi\u00f3grafos del se\u00f1or Vicente. Vicente no se retir\u00f3 a ninguna ermita para prepararse a morir. Y aunque ya desde febrero muchos d\u00edas no pod\u00eda moverse de su habitaci\u00f3n ni para celebrar misa, se mantuvo vigilante y trabajando hasta casi la v\u00edspera de su muerte. Muri\u00f3 el 27 de setiembre, pero estuvo celebrando consejos de gobierno de su congregaci\u00f3n y escribiendo cartas por lo menos hasta el d\u00eda 25.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, si la muerte de Luisa provoc\u00f3 alguna l\u00e1grima en el coraz\u00f3n del se\u00f1or Vicente, \u00e9ste se la guard\u00f3 para s\u00ed mismo. S\u00f3lo en un par de momentos en las dos charlas que se las arregl\u00f3 para tener en San L\u00e1zaro, a pesar del lastimoso estado de su salud, en el mes de julio con un grupo de hijas de la caridad, dej\u00f3 escapar de sus labios, como se vio arriba, el testimonio emocionado y casi l\u00edrico de la admiraci\u00f3n que sent\u00eda por ella. Admiraci\u00f3n y tambi\u00e9n la seguridad de que Luisa hab\u00eda ido a fundirse de inmediato en la inmensidad de Dios. \u00abAhora est\u00e1 all\u00e1 arriba\u00bb, dice a las j\u00f3venes de Luisa, \u00aby reza por vosotras desde el cielo\u00bb. Vicente tiene \u00abmuchos motivos para creer<sup>&#8211;<\/sup> que est\u00e1 gozando ahora de la gloria prometida a los que sirven a Dios y a los pobres como ella les sirvi\u00f3\u00bb. Es m\u00e1s: se atreve a asegurar en carta y por escrito a los pocos d\u00edas de la muerte de Luisa \u00abque est\u00e1 ya ahora delante de Dios\u00bb. No era \u00e9sta en absoluto una convicci\u00f3n apasionada.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>A\u00fan le faltaban a \u00e9l mismo seis meses para llegar a la presencia de Dios. A1 llegar all\u00ed tendr\u00eda que responder y dar cuenta cara a cara del \u00faltimo proyecto de su vida, su proyecto m\u00e1s arriesgado y desconcertante en favor de los pobres. Al final de su vida este hombre de Dios d\u00e9bil y enfermo se embarc\u00f3 en un proyecto armado de liberaci\u00f3n por fuerza de los esclavos del norte de \u00c1frica. Numerosos testimonios del proyecto aparecen en su correspondencia desde febrero de 1658. Pero cumplidos ya los ochenta a\u00f1os en abril de 1660 los testimonios se multiplican. Corre por Par\u00eds el rumor de que la expedici\u00f3n armada est\u00e1 teniendo o ha tenido lugar. Vicente escribe s\u00f3lo diez d\u00edas antes de su muerte a uno de sus hombres en Marsella, donde estaba la base de operaciones, en un tono angustioso: \u00abEn nombre de Dios, d\u00edgame lo que pasa\u00bb. Se muri\u00f3 sin saberlo. Se enterar\u00eda en el cielo. Se enterar\u00eda de que la expedici\u00f3n hab\u00eda sido, como le sucedi\u00f3 en alg\u00fan otro de sus proyectos, un fracaso. Pero antes de enterarse tendr\u00eda que dar cuenta ante Dios, \u00e9l, hombre de paz, de su intervenci\u00f3n en un proyecto de liberaci\u00f3n armada. P\u00f3ngase por un momento el lector en el lugar de Dios y pase, si se atreve, un juicio. Estos son los hechos.<\/p>\n<p>Sin que se sepa c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo el se\u00f1or Vicente hab\u00eda \u00absaludado en una ocasi\u00f3n en casa del se\u00f1or cardenal\u00bb Mazarino a un cierto caballero Paul, de la orden de Malta, marino valiente que por valor y m\u00e9ritos hab\u00eda ascendido a lugarteniente general de la marina francesa. Tuvo este caballero la idea, algo descabellada aunque no imposible del todo, de organizar una invasi\u00f3n para liberar por la fuerza a los miles de cristianos esclavos en Argelia. Vino el proyecto a o\u00eddos del se\u00f1or Vicente, sin que tampoco sepamos c\u00f3mo, aunque probablemente por sus contactos en la corte o bien por informaci\u00f3n de sus hombres en Marsella. A Vicente le entusiasm\u00f3 la idea desde el primer momento. De repente se le presentaba la manera de conseguir de un golpe lo que ven\u00eda intentando hacer penosamente desde hac\u00eda tantos a\u00f1os con mucho dinero y muchos sufrimientos por parte de sus hombres en el norte de \u00c1frica, la vuelta a la libertad de seres humanos mantenidos injustamente en es\u00adclavitud. Escribe en 1658 al superior de la casa que tenia su congregaci\u00f3n en Marsella: \u00abLe ruego vea al caballero de mi parte y le manifieste mi gratitud por ese proyecto. Su valent\u00eda da motivos para esperar un buen resultado de esta em\u00adpresa. D\u00edgale que me considero feliz de llevar su apellido\u00bb.<\/p>\n<p>No puede disimular las ganas de que la empresa se lleve a cabo; y a\u00fan a\u00f1ade, aparte de los motivos personales mencionados, otros dos para animar al caballero a llevar adelante su atrevido proyecto. Uno es \u00abel trato que le han dado al se\u00f1or c\u00f3nsul en Argel\u00bb, que era el representante oficial del rey de Francia y, recu\u00e9rdese, miembro de la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente. El otro es m\u00e1s general y patri\u00f3tico, irresistible para un alto oficial de la marina francesa: \u00abEl (el caballero Paul) lavar\u00e1 a Francia de los insultos con que esos b\u00e1rbaros han manchado su nombre\u00bb. A\u00fan a\u00f1ade m\u00e1s: apela a los sentimientos religiosos que sin duda tendr\u00eda un miembro de la orden de Malta como era el caballero Paul, y dice a su hombre que le sugiera que \u00abno podr\u00e1 hacer una obra m\u00e1s agradable a Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>No se qued\u00f3 en entusiasmo y buenas palabras de aliento la participaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente en la arriesgada empresa. Se busc\u00f3 la influencia de la duquesa de Aiguillon para que consiguiera el apoyo de las autoridades de Marsella; \u00e9l mismo tuvo una reuni\u00f3n con \u00abdos personas de mucho juicio, muy inteligentes y experimentadas\u00bb para ver \u00abqu\u00e9 es lo que se puede hacer en ese asunto de Argel\u00bb; y hasta se consigui\u00f3 que el mismo rey y su primer ministro Mazarino se interesaran en el proyecto. No se pudo, sin embargo, conseguir el apoyo econ\u00f3mico de la corona, ocupada a la saz\u00f3n en el asedio \u00abpor mar y por tierra\u00bb de la ciudad de Dunkerque, asedio al que el rey dedicaba \u00abtodas sus finanzas\u00bb. Dio \u00e9ste sin embargo \u00f3rdenes secretas al caballero Paul para que llevara adelante el proyecto. El mismo Vicente apoy\u00f3 la financiaci\u00f3n del proyecto con la suma de 20.000 libras. Era \u00e9sta un dinero que el se\u00f1or Vicente ten\u00eda en dep\u00f3sito procedente de colectas llevadas a cabo por las damas de la caridad y destinado a la compra de la libertad de un n\u00famero de esclavos. La idea de ofrecer las libras al caballero procedi\u00f3 de la duquesa de Aiguillon, presidenta en aquel momento de la cofrad\u00eda, y cont\u00f3 con el consenti\u00admiento de las damas. Ten\u00edan que tomarse ciertas cautelas para que la importante cantidad no se volatilizara en los vericuetos de una empresa que pod\u00eda muy bien resultar fallida. Vicente escribe a su hombre en Marsella que las 20.000 libras se le dar\u00edan al caballero Paul \u00abdespu\u00e9s de haber liberado a los esclavos\u00bb, \u00abno a unos cuantos, sino a todos los esclavos franceses que haya en Argel. D\u00edgale que no recibir\u00e1 nada hasta que lo haya hecho\u00bb. Si no se consiguiere la libertad de todos, \u00abese dinero tiene que servir para conseguir por los caminos ordinarios ese resultado\u00bb de compra de la libertad de algunos.<\/p>\n<p>A\u00fan se tom\u00f3 otra precauci\u00f3n, \u00e9sta de alta pol\u00edtica internacional. \u00abEl Gran Se\u00f1or\u00bb de Constantinopla, a cuya soberan\u00eda estaba sometido casi todo el norte de \u00c1frica, \u00abpodr\u00eda resentirse\u00bb y tomar sus represalias por aquella intromisi\u00f3n armada en sus dominios, represalias tales como \u00abdetener a todos los comerciantes de Francia que haya por el Levante\u00bb. Pero el se\u00f1or Vicente sabe de muy buena tinta \u00abque no hay motivos para temer esta reacci\u00f3n\u00bb, pues \u00abel Gran Se\u00f1or no ver\u00e1 mal que el rey (de Francia) busque la ocasi\u00f3n de castigar los agravios que ha recibido de dicha ciudad de Argel y de las vejaciones que all\u00ed sufren sus s\u00fabditos\u00bb. Ten\u00eda en cuenta al escribir esto las injurias de c\u00e1rcel y bastonazos que hab\u00eda recibido el mism\u00edsimo c\u00f3nsul del rey, e inn\u00fameras vejaciones sufridas por varios comerciantes franceses, sin mencionar las de los esclavos. Pero hab\u00eda m\u00e1s: desde hac\u00eda muchos a\u00f1os exist\u00eda un tratado entre la corona francesa y Constantinopla en virtud del cual se com\u00adpromet\u00edan ambos poderes a no tomar como esclavos a s\u00fabditos de la otra autoridad. En virtud de este tratado Francia enviaba de vez en cuando embajadores al norte de \u00c1frica para exigir, casi siempre sin mucho \u00e9xito, que se cumpliera el tratado y conseguir por negociaci\u00f3n la libertad de los esclavos franceses. As\u00ed pues, la detenci\u00f3n de los esclavos franceses era, adem\u00e1s de &#8216;inhumana&#8217;, totalmente ilegal en virtud de tratados firmados. El se\u00f1or Vicente sabe que en esta ocasi\u00f3n el rey \u00abha enviado un despacho a su embajador en Constantinopla para que presente sus quejas al Gran Se\u00f1or y a la Sublime Puerta\u00bb. De manera que por ese lado se aseguraba que el intento del caballero Paul no servir\u00eda de ocasi\u00f3n o pretexto para desencadenar un mal mayor que el bien de la posible liberaci\u00f3n de los esclavos, como ser\u00eda una sangrienta guerra entre las que eran entonces las dos mayores potencias mediterr\u00e1neas.<\/p>\n<p>En la correspondencia de los \u00faltimos seis meses de su vida aparece el tema en un tono casi nervioso a veces, muy preocupado por las confusas noticias que corr\u00edan por Par\u00eds sobre la invasi\u00f3n, y por la exasperante lentitud con que proced\u00eda el proyecto del caballero Paul. La \u00faltima noticia, dec\u00edamos, es de s\u00f3lo diez d\u00edas antes de su muerte, del 17 de septiembre. \u00abEstoy con una preocupaci\u00f3n que me causa una pena indecible. Corre por aqu\u00ed el rumor de que el comendador Paul ha puesto sitio a Argel, pero se ignora el resultado\u00bb. El rumor era falso. S\u00f3lo un tiempo despu\u00e9s de la muerte de Vicente emprendi\u00f3 por fin el caballero la ejecuci\u00f3n del proyecto, sin que consiguiera ni de lejos la liberaci\u00f3n de todos los esclavos franceses que Vicente hab\u00eda esperado con verdadera ansiedad. El caballero Paul no consigui\u00f3 ni siquiera poner el pie en tierras africanas, ni que lo pusiera uno solo de sus hombres armados. Cinco d\u00edas estuvo a la vista de la ciudad de Argel sin poder desembarcar por el mal estado de la mar. Cansados \u00e9l y sus hombres de la espera dieron un golpe de tim\u00f3n y pusieron proa a otras aventuras. Todo el bot\u00edn que se pudo llevar se redujo a unos cuarenta esclavos cristianos que arriesgaron su vida a nado y pudieron ser recogidos por los barcos del caballero Paul.<\/p>\n<p>Estos son los hechos. Ahora puede juzgar el lector si este \u00faltimo hecho importante de la vida del se\u00f1or Vicente es congruente con la fe y la trayectoria de un hombre de paz como \u00e9l, disc\u00edpulo de Jesucristo por los cuatro costados, que desde 1617 ha entregado su vida a ayudar en la medida de sus fuerzas a continuar la misi\u00f3n de Cristo de redenci\u00f3n de los pobres. Los bi\u00f3grafos del se\u00f1or Vicente suelen mencionar, aunque no todos, ese incidente de su vida como quien pasa sobre ascuas, y de todos modos como poco significativo o tal vez incluso como un poco disonante en el conjunto total de su personalidad y de su obra. Hay quien aventura una interpretaci\u00f3n que ve el incidente como motivado por un secreto deseo del se\u00f1or Vicente de cerrar al final de su vida el c\u00edrculo abierto en su juventud por los piratas que lo llevaron como esclavo al norte de \u00c1frica, apuntando de paso que Dios no quiso que se cerrara el c\u00edrculo. Pero a\u00fan hay otra interpretaci\u00f3n m\u00e1s peregrina, y \u00e9sta se debe a uno de los mejores bi\u00f3grafos, si no el mejor, que ha tenido Vicente de Pa\u00fal. Nos referimos a Jean Calvet, hombre culto y honrado, que en esta ocasi\u00f3n se deja arrastrar por el entusiasmo patri\u00f3tico y atribuye a Vicente de Pa\u00fal intenciones que \u00e9ste no pudo jam\u00e1s tener: \u00abHasta 1830, cuando se apoder\u00f3 de Argelia, no lleg\u00f3 Francia a realizar el sue\u00f1o de Vicente de Pa\u00fal de acabar definitivamente con la pirater\u00eda y la esclavitud. \u00bfCu\u00e1ntos, entre los que en 1830 desembarcaron en Argel, sabr\u00edan que \u00ab<em>Francia heredaba de Vicente de Pa\u00fal, ante Dios y ante los hombres, sus derechos sobre el \u00c1frica del norte?\u00bb <\/em>(El subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>Este incidente no se puede ver como menor ni como poco significativo en la vida de san Vicente de Pa\u00fal. Que no es menor se ve f\u00e1cilmente en el hecho de que le ocup\u00f3 y le preocup\u00f3 mes tras mes durante m\u00e1s de dos a\u00f1os. Y que no es poco significativo se revela en que pertenece a los dos \u00faltimos a\u00f1os de su vida, hasta la v\u00edspera misma de su muerte. No es cre\u00edble que dada la admirablemente ho\u00admog\u00e9nea y consistente trayectoria de su personalidad a partir de los 37 a\u00f1os, centrada obsesivamente en la imitaci\u00f3n de Cristo redentor de los pobres, se em\u00adbarcara precisamente al final de su vida en un proyecto asumido ciertamente por compasi\u00f3n hacia los pobres, esclavos en este caso, pero que lo hiciera a espaldas o al margen, o tal vez en contra, de su seguimiento de Cristo. El nunca crey\u00f3 tener, ni crey\u00f3 que Francia tuviera, derechos de colonizaci\u00f3n o de conquista sobre el norte de \u00c1frica. Pero s\u00ed se crey\u00f3 obligado a poner todos los medios a su alcance para conseguir la liberaci\u00f3n de seres humanos en condiciones extremas de indi\u00adgencia, sin excluir, si no hab\u00eda otro camino para la liberaci\u00f3n, los medios armados.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 juicio se pasar\u00eda sobre \u00e9l por este \u00faltimo hecho de su vida cuando este hombre de paz amaneci\u00f3 el 27 de setiembre de 1660 ante la presencia de su Creador y Se\u00f1or? \u00bfPondr\u00eda Dios Padre en el cielo alguna objeci\u00f3n, y si no objeci\u00f3n al menos alguna reserva o apostilla, a la sentencia dada de antemano por su Hijo en la tierra?:<\/p>\n<p align=\"center\"><em>Ven,<br \/>\nbendito de mi Padre,<br \/>\nrecibe el reino<br \/>\npreparado desde la creaci\u00f3n del mundo.<br \/>\nPorque tuve hambre&#8230;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>9 (1654) Parece, sin embargo, que el a\u00f1o de l654, terminados por fin los a\u00f1os de la Fronda y establecida la tranquilidad con la vuelta de Mazarino al gobierno, comenz\u00f3 tambi\u00e9n para el se\u00f1or Vicente &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-9\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":101477,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-101814","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 9 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-9\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 9 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"9 (1654) Parece, sin embargo, que el a\u00f1o de l654, terminados por fin los a\u00f1os de la Fronda y establecida la tranquilidad con la vuelta de Mazarino al gobierno, comenz\u00f3 tambi\u00e9n para el se\u00f1or Vicente ... 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