{"id":101813,"date":"2015-05-19T07:04:43","date_gmt":"2015-05-19T05:04:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101813"},"modified":"2016-07-26T17:21:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:21","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-8","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-8\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 8"},"content":{"rendered":"<h2>8<\/h2>\n<h3><strong>(1648)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>\u00abEsta lecci\u00f3n me ense\u00f1\u00f3 el cardenal Berulle, y me la ha ense\u00f1ado tambi\u00e9n mi experiencia: que hay que decir las cosas como las dicen los \u00e1ngeles de la guarda Nos proponen sus inspiraciones, pero no se enfadan cuando no se les hace caso. Yo lo estropeo todo cuando no act\u00fao as\u00ed, pues mi car\u00e1cter no es de suyo my amable\u00bb. Esto escribe Vicente a Luisa de Marillac el 5 de septiembre de 1648 en una carta en la que le informa de que tanto \u00e9l mismo como las hijas de la caridad se encuentran bien \u00aben medio de estas agitaciones populares\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00f3lo diez d\u00edas antes hab\u00eda tenido lugar en Par\u00eds una revuelta con barricadas, una m\u00e1s entre las muchas que ha conocido la ciudad a lo largo de su historia hasta ayer mismo. Esta algarada fue breve en s\u00ed misma, no dur\u00f3 m\u00e1s de tres d\u00edas, pero fue el primer chispazo de una tensa guerra civil que, con altos y bajos, se prolong\u00f3 a lo largo de cinco a\u00f1os. Pues no otra cosa que una larvada guerra civil fue el largo per\u00edodo de revueltas populares y luchas de nobles que se conoce como la Fronda. No faltan historiadores que han visto en la Fronda un anticipo, aunque lejano, de la Revoluci\u00f3n Francesa. El objetivo aparente de las revueltas era la destituci\u00f3n del impopular y extranjero primer ministro Mazarino. Pero desde la perspectiva que da el tiempo hoy aparece claro que los disturbios encubr\u00edan una lucha por el poder por parte de la burgues\u00eda, representada por el parlamento de Par\u00eds, y de la nobleza, que hab\u00eda perdido buena parte de sus privilegios en loa tiempos de Richelieu, y que segu\u00eda perdi\u00e9ndolos bajo su sucesor Mazarino. Pasados los tumultos se vio que, lejos de conseguir su objetivo, la Fronda hab\u00eda acabado por reforzar la autoridad de Mazarino y. como consecuencia, el poder de la corona.<\/p>\n<p>A Mazarino no lo sucedi\u00f3 un tercer ministro-cardenal, sino Luis XIV, el rey m\u00e1s absoluto de la historia de Francia. De s\u00f3lo diez a\u00f1os cuando empez\u00f3 la Fronda, hab\u00eda visto c\u00f3mo las revueltas hab\u00edan estado a punto de acabar con el primer ministro del reino y de su madre. El mismo ser\u00eda su primer ministro, as\u00ed lo decidi\u00f3 en cuanto muri\u00f3 Mazarino en 1661, y lo fue durante su largo reinado. Continu\u00f3 la pol\u00edtica de los dos ministros cardenales de debilitaci\u00f3n del poder de la nobleza, con lo cual fue cavando la tumba de la monarqu\u00eda francesa. Ciento cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de la Fronda la gran revoluci\u00f3n consigui\u00f3 lo que la otra no pudo conseguir. Y eso fue posible porque la nobleza, \u00fanico estamento que hubiera podido venir en ayuda de la corona, estaba demasiado debilitada por la pol\u00edtica de la monarqu\u00eda desde los lejanos tiempos de Luis XIII como para resistir un movimiento popular y general de rebeli\u00f3n h\u00e1bilmente dirigido por el estamento burgu\u00e9s, mucho m\u00e1s fuerte y consciente de su poder ahora que en los tiempos de la Fronda. Cualquier historiador marxista, aun uno aficionado, podr\u00eda hacer la observaci\u00f3n de que en los tiempos del se\u00f1or Vicente las \u00abcondiciones objetivas\u00bb del momento garanti\u00adzaban de antemano el fracaso de cualquier intento de revoluci\u00f3n. En revoluci\u00f3n pudo haberse convertido la Fronda. Pero se qued\u00f3 en penosa y costosa algarada que tuvo efectos contrarios a los que pretend\u00eda.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n para el se\u00f1or Vicente result\u00f3 penosa v costosa. Pudo haberlo evitado hasta cierto punto, pero no quiso: se crey\u00f3 obligado a intervenir, en la situaci\u00f3n m\u00e1s peligrosa de la pol\u00edtica del tiempo que le toc\u00f3 vivir, por amor de la paz y por el bien del pueblo. Y aunque su intenci\u00f3n era pura y su manera delicada como la de los mismos \u00e1ngeles, tambi\u00e9n \u00e9l tuvo que pagar su precio.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/em><\/p>\n<p><em>Fronde <\/em>significa <em>fronda<\/em> v tambi\u00e9n <em>honda<\/em>. Can ambos significados jugaba la coplilla popular para describir as\u00ed el comienzo de los tumultos:<\/p>\n<p align=\"center\"><em>Un vent de fronde<br \/>\nA souffl\u00e9 ce matin.<br \/>\nJe crois qu\u2019il gronde<br \/>\ncontre le Mazarin.<\/em><\/p>\n<p>Lo que traducido dice as\u00ed: \u00abUn viento de fronda ha soplado esta ma\u00f1ana. Creo que gru\u00f1e contra Mazarino\u00bb. Pero todo el mundo lo entend\u00eda as\u00ed: \u00abUn silbido de honda&#8230;\u00bb, pues todo el mundo sab\u00eda del pasatiempo popular que consist\u00eda en arrojar piedras contra las ventanas del primer ministro. Hab\u00eda en el gesto violento la expresi\u00f3n impotente del odia del pueblo de Par\u00eds contra Mazarino. Su condici\u00f3n de extranjero entraba en parte como motiva del odio popular. Pero hab\u00eda mucho m\u00e1s. Mazarino, criatura de Richelieu, hab\u00eda heredado de \u00e9ste todo lo que en pol\u00edtica interior y exterior hab\u00eda hecho de Richelieu un primer ministro igualmente im\u00adpopular, aunque m\u00e1s temido. Buena parte de la nobleza le detestaba adem\u00e1s por su arribismo, por su codicia sin l\u00edmites y por su pol\u00edtica de lucha contra los privilegios de la aristocracia. La burgues\u00eda, por la supresi\u00f3n progresiva de todo poder y significancia social y pol\u00edtica del parlamento de Par\u00eds, y por los impuestos crecientes; el pueblo, tambi\u00e9n por \u00e9stos, por la escasez y carest\u00eda de los alimentos. y por las pesadas cargas que ca\u00edan sobre sus espaldas como producto de las guerras exteriores. Se a\u00f1adi\u00f3 a todo esta un rumor que hiri\u00f3 profundamente la imaginaci\u00f3n popular y provoc\u00f3 la ira y el rid\u00edculo de todos los estamentos sociales. Corri\u00f3 la noticia de que Mazarino hab\u00eda contra\u00edda matrimonio en secreto con la reina, que, aunque tambi\u00e9n extranjera, era reina querida y madre del delf\u00edn de Francia. Junto con \u00e9ste corri\u00f3 otro rumor: que el se\u00f1or Vicente hab\u00eda bendecido la uni\u00f3n sacra\u00admental entre ambos.<\/p>\n<p>Pod\u00eda haber tenido lugar un tal matrimonio con toda la legalidad civil y can\u00f3nica, pues Mazarino, aunque cardenal, nunca recibi\u00f3 m\u00e1s que las \u00f3rdenes menores. Pero ante el pueblo no estaba ante todo en juego la legalidad, sino algo as\u00ed como el sentido de lo propio y de lo rid\u00edculo. \u00bfUn detestado primer ministro, y adem\u00e1s italiano, pod\u00eda compartir decentemente lecha y trono con su amada reina? Cuando un hermano de la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente le inform\u00f3 del doble rumor que corr\u00eda en labios del pueblo, no pudo contenerse ni dejar de decir con una cierta vehemencia: \u00abEso es falso como el diablo\u00bb. Por esa respuesta un poco sibilina podemos saber con seguridad que Vicente nada tuvo que ver con el posible ma\u00adtrimonio de Ana de Austria y Mazarino. Pero, aunque parece insinuar que no, no nos dice claramente, \u00e9l, que estaba en una excelente posici\u00f3n para saberlo, si el matrimonio tuvo lugar o no, punto oscuro que no se ha podido a\u00fan aclarar.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>El parlamento de Par\u00eds no era en modo alguno, aunque ten\u00eda el mismo nombre, lo que era el parlamento de Londres. Este segundo era un cuerpo legislativo, representante de los intereses de sus electores, mientras que el de Par\u00eds era un cuerpo compuesto de magistrados que acced\u00edan a \u00e9l por herencia, por favoritismo o por privilegio. No representaba propiamente a nadie fuera de a sus componentes y a sus intereses. Pero se llamaba parlamento despu\u00e9s de todo, igual que el ingl\u00e9s. Por contagio de nombre y por imitaci\u00f3n hab\u00eda llegado a creerse un parlamento tan poderoso y tan representativo de los intereses populares como lo era el ingl\u00e9s. Los \u00faltimos reyes lo hab\u00edan ido despojando de atribuciones que el parlamento se atribu\u00eda a s\u00ed mismo, y eso lo hab\u00edan hecho por el simple procedimiento de no hacerle caso, y, en ocasiones, si el parlamento se pon\u00eda bravo, por amenazas de represalias. No era el parlamento el representante del pueblo de Par\u00eds, aunque as\u00ed se lo cre\u00eda, sino el representante de los intereses de la burgues\u00eda de Par\u00eds. Pero el pueblo llano de Par\u00eds, y la ciudad en su conjunto, no ten\u00edan otro \u00f3rgano de representaci\u00f3n de sus intereses y de resistencia ante las ambiciones de la corona, y por ello consideraba que el parlamento era de alg\u00fan modo cosa suya. De manera que cuando Mazarino orden\u00f3 apresar a dos de sus consejeros m\u00e1s populares porque se hab\u00edan atrevido a exigir de la corona ciertas competencias que la corona no estaba dispuesta a conceder, el pueblo de Par\u00eds se lanz\u00f3 a la calle y llen\u00f3 la ciudad de barricadas. Ante la presi\u00f3n popular Mazarino dio orden de libertad para los consejeros dete\u00adnidos. No se calm\u00f3 por ello la poblaci\u00f3n, lanzada ya por el camino de la rebeli\u00f3n abierta, y se empez\u00f3 a pedir a gritos la destituci\u00f3n de Mazarino. La corte sali\u00f3 de la ciudad en la noche del 6 de enero de 1649, y orden\u00f3 al gran Cond\u00e9 poner sitio a la capital. Par\u00eds resisti\u00f3 el cerco durante dos meses, al final de los cuales el agotamiento de v\u00edveres y de fuerzas oblig\u00f3 a entablar negociaciones con la corte y poner fin a la resistencia.<\/p>\n<p>No tuvo parte el se\u00f1or Vicente en el arreglo pac\u00edfico de la revuelta, aunque fue el primero que lo intent\u00f3 s\u00f3lo una semana despu\u00e9s de que la corte abandonara la capital y se hiciera fuerte en Saint-Germain.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>En la resistencia brill\u00f3 por su fren\u00e9tica actividad y su poder de atracci\u00f3n popular Juan Francisco Pablo de Gondy, el obispo coadjutor de su t\u00edo el arzobispo de Par\u00eds. Era joven, 35 a\u00f1os, generoso, jovial, c\u00ednico, astuto, excelente escritor, muy popular entre las mujeres. M\u00e1s que popular, mujeriego. Se conocen uno por uno los nombres de al menos nueve mujeres de la alta sociedad que fueron sucesivamente, y en casos a la vez, sus amantes. Se desconocen los de otras varias. No le importaba gran cosa cambiar de amantes si el cambio contribu\u00eda en algo a llevar adelante sus planes. Por unirse m\u00e1s de cerca a un grupo de damas, enemigas declaradas de Mazarino, acept\u00f3 convertirse en amante de mademoiselle de Chevreuse por ofrecimiento expreso de la madre de \u00e9sta. Era, sobre todo, ambicioso. El arzo\u00adbispado de Par\u00eds lo ten\u00eda asegurado a la muerte de su t\u00edo. Pero \u00e9l quer\u00eda ser primer ministro, lo que era imposible mientras tuviera por medio a Mazarino. De modo que el coadjutor no pod\u00eda dejar de ser un furioso antimazarinista.<\/p>\n<p>Juan Pablo naci\u00f3, se recordar\u00e1, por el tiempo en que el se\u00f1or Vicente entr\u00f3 en la casa de los Gondy en 1613 como preceptor de los dos hijos mayores. El mismo cuenta en sus Memorias c\u00f3mo el d\u00eda en que naci\u00f3 alguien extrajo del r\u00edo cercano al palacio un pez extra\u00f1o y monstruoso, hecho que todo el mundo interpret\u00f3, dice \u00e9l, como augurio de lo que iba a ser el reci\u00e9n nacido. No hubo error en el augurio. Por voluntad de su padre el joven Gondy fue destinado a la carrera sacerdotal con la idea de que pudiera suceder u su t\u00edo en la sede arzobispal. Aunque sacerdote \u00e9l mismo, sinceramente piadoso y del Oratorio, el se\u00f1or Gondy no se libr\u00f3 d\u00e9 las ideas y costumbres de su tiempo que exig\u00edan un tal puesto para el segund\u00f3n de la familia, tal era el joven Gondy por muerte temprana de uno de sus dos hermanos mayores. No se libr\u00f3 de ella, ni aun viendo, cosa que era palmaria a todo el mundo, que el joven no ten\u00eda vocaci\u00f3n sacerdotal de ninguna clase. El mismo confiesa paladinamente que \u00abdif\u00edcilmente habr\u00e1 habido en el mundo un alma menos eclesi\u00e1stica que la m\u00eda\u00bb. Se someti\u00f3 sin embargo a los planes de formaci\u00f3n de San L\u00e1zaro, pretendiendo por un tiempo una piedad y decencia de costumbres por las que no sent\u00eda ning\u00fan atractivo. Ante las objeciones de algunos miembros de las Conferencias de los Martes, que consideraban no sin raz\u00f3n que un elemento de tan mala fama proyectaba una sombra de descr\u00e9dito sobre las Conferencias y aun sobre el mismo San L\u00e1zaro, el se\u00f1or Vicente sol\u00eda decir que efectivamente el joven Gondy no era muy piadoso ni edificante, pero que \u00abno estaba muy lejos del reino de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Hubo un momento a lo largo de las varias vicisitudes de la Fronda en que la reina Ana de Austria crey\u00f3 que podr\u00eda, y lo consigui\u00f3, ganar para la causa de la corona al vol\u00e1til coadjutor ofreci\u00e9ndole solicitar de Roma para \u00e9l el t\u00edtulo de cardenal. No hubo problema para consegu\u00edrselo. El papa entonces reinante, Inocencio X, sent\u00eda muy escasa simpat\u00eda por Mazarino. Este hab\u00eda tramado con todas sus fuerzas para que no fuera elegido papa. Nombrar cardenal a un contrincante pol\u00edtico era lanzarle un competidor a su misma cara, competidor que con un poco de suerte podr\u00eda acabar por suplantarle, a la vez que as\u00ed pod\u00eda contar con un arzobispo cardenal de Par\u00eds, y tal vez primer ministro, que le fuera adicto por gratitud y se mostrara m\u00e1s firme de lo que hab\u00eda sido hasta entonces en su posici\u00f3n contra los jansenistas. No salieron del todo los planes como tal vez se so\u00f1aran en Roma. Mazarino acab\u00f3 por prevalecer y superar la crisis de la Fronda. Victorioso y vengativo, encerr\u00f3 al coadjutor, obispo, cardenal y l\u00edder del partido popular fron\u00addista, en la prisi\u00f3n de Vincennes.<\/p>\n<h3><strong>(1649)<\/strong><\/h3>\n<p>Hac\u00eda s\u00f3lo una semana que las tropas de Cond\u00e9 hab\u00edan puesto cerco a la ciudad de Par\u00eds por orden de Mazarino. San L\u00e1zaro y sus gentes hubieran podido resistir problemas mayores durante bastante tiempo. A las mesas de sus comedores se sentaban cada d\u00eda m\u00e1s de cien personas, y aun m\u00e1s de doscientas, entre miembros de la comunidad, seminaristas, ejercitantes y otros. Se daba adem\u00e1s de come\u00adr todos los d\u00edas a todo necesitado que llamara a sus puertas. Pero San L\u00e1zaro pod\u00eda resistir. Era el mes de enero y en sus bodegas y graneros a\u00fan quedaban buenas reservas de la cosecha anterior procedentes de sus tierras.<\/p>\n<p>Pero Vicente vio claro desde el primer d\u00eda lo que iba a ser el desarrollo de los acontecimientos. No hab\u00eda que pensar sobre todo en sus propias gentes. Estaba tambi\u00e9n el innumerable peque\u00f1o pueblo de Par\u00eds que no ten\u00eda tierras ni bodegas, y que muy pronto empezar\u00eda a pasar hambre. Fue \u00e9ste, y no ning\u00fan otro motivo el que le llev\u00f3 a actuar. El sol\u00eda decir a sus misioneros que no se metieran en cuestione, de gobierno y de pol\u00edtica, y que ni siquiera hablaran de ellas, porque \u00abunos pobre, sacerdotes como nosotros no debemos ocuparnos m\u00e1s que de cosas que se rela\u00adcionan con nuestra vocaci\u00f3n. Los asuntos de los grandes son misterios que debemos respetar. El Hijo de Dios, que es el modelo sobre el que debemos formar nuestra, vidas, nunca habl\u00f3 del gobierno de los pr\u00edncipes\u00bb.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda en aquella situaci\u00f3n un aspecto m\u00e1s urgente y m\u00e1s importante que el gobierno de los pr\u00edncipes, y eso era lo que sol\u00eda calificar \u00e9l mismo como \u00abel bien del p\u00fablico\u00bb, que en sus labios quer\u00eda decir el bien de las pobres gentes. Tambi\u00e9n para Jesucristo esto era m\u00e1s importante que lo otro. Y por eso precisamente, porque le preocupaban los pobres, aunque no hablaba nunca en su predicaci\u00f3n del gobierno de los pr\u00edncipes y de sus rivalidades, sab\u00eda y dec\u00eda que \u00ablos jefes de las naciones las gobiernan como se\u00f1ores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder\u00bb; en otra ocasi\u00f3n calific\u00f3 de \u00abzorro\u00bb al rey de su tierra, que era ambicioso, astuto y explotador, de cuya \u00ablevadura\u00bb advirti\u00f3 a sus disc\u00edpulos deber\u00edan mantenerse muy alejados. Tambi\u00e9n de este Jesucristo quer\u00eda ser disc\u00edpulo el se\u00f1or Vicente: ten\u00eda que serlo para ser un verdadero disc\u00edpulo suyo, y no s\u00f3lo un disc\u00edpulo a medias. De manera que despu\u00e9s de pensarlo y orarlo se decidi\u00f3 a intervenir, esta vez sin que nadie se lo pidiera, en la situaci\u00f3n m\u00e1s tenebrosa que le depararon los misteriosos asuntos de los grandes de su tiempo.<\/p>\n<p>No era ni frondista ni mazarinista, y por ello mismo se expon\u00eda a que uno u otro bando, o los dos, le consideraran, con que s\u00f3lo diera un paso en falso, como adversario. Para entonces su figura era por un lado muy popular, y eso se lo hab\u00eda ganado a pulso por su larga dedicaci\u00f3n a trabajar por el pueblo, sobre todo por el \u00abpobre pueblo\u00bb, como sol\u00eda decir. Y por otro era una persona admirada y respetada por los altos c\u00edrculos sociales y por la misma corte. Su neutralidad no era as\u00e9ptica y distante, sino comprometida con las buenas causas en cualquier lado en que se encontraran. De manera que la gente de ambos bandos pensar\u00eda, si pensaban en \u00e9l, que el se\u00f1or Vicente estaba naturalmente de su parte. Ten\u00eda pues el se\u00f1or Vicente que andarse con pies de plomo; lo m\u00e1s prudente ser\u00eda, para su seguridad y la de sus obras, quedarse en casa y esperar pacientemente a que volviera la calma por agotamiento de los contendientes. El se\u00f1or Vicente era bien conocido por su prudencia. Por ello mismo nadie hubiera podido ni sospechar que iba a hacer lo que hizo. Pero la prudencia del Se\u00f1or Vicente era una prudencia de las buenas. No la que le lleva a uno a estarse quieto en situaciones complicadas que parecen insolubles, sino la que lleva a intentar resolverlas con medios que se espera sean eficaces, aunque sean extremadamente arriesgados. Este fue el medio que escogi\u00f3 el se\u00f1or Vicente para intentar contribuir a la paz: ir\u00eda a hablar en persona con Mazarino para pedirle que dimitiera. Cualquiera le hubiera dicho antes de hacerlo que para pensar una cosa as\u00ed hac\u00eda falta estar loco.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Pero en esta ocasi\u00f3n no consult\u00f3 a nadie. El d\u00eda 14 de enero antes de amanecer mont\u00f3 a caballo y, acompa\u00f1ado por su secretario, sali\u00f3 de San L\u00e1zaro camino de Saint-Germain. Ten\u00eda entonces, n\u00f3tese, 68 a\u00f1os. La salida no entra\u00f1aba riesgo especial a pesar del cerco, pues San L\u00e1zaro se encontraba fuera de las murallas ciudad. Vicente hab\u00eda tenido buen cuidado de enviar antes una nota al presidente del parlamento para informarle de lo que iba a hacer y asegurarle que su gesto no implicaba en manera alguna una toma de posici\u00f3n a favor de la corte y en contra de la ciudad rebelde. Los riesgos empezaron a surgir en cuanto lleg\u00f3 a Clichy, su antigua y primera parroquia, donde un grupo de vigilantes estuvo a punto de disparar sobre los dos jinetes, figuras confusas en la incierta luz gris del amanecer. Uno de ellos reconoci\u00f3 al que hab\u00eda sido su p\u00e1rroco a\u00f1os antes, y as\u00ed consiguieron librarse del primer peligro. El segundo riesgo estaba en el Sena, fr\u00edo y desbordado a la altura de Neuilly, que Vicente y su acompa\u00f1ante atravesaron de todos modos a pesar de los consejos adversos de las gentes del lugar.<\/p>\n<p>A media ma\u00f1ana llegaron a Saint-Germain, v el se\u00f1or Vicente fue de inmediato a hablar con Ana de Austria para pedirle directamente que despidiera a Mazarino. Empezar\u00eda en su estilo habitual, hay que suponer, hablando como un \u00e1ngel, pero la entrevista no debi\u00f3 de transcurrir en un tono del todo angelical. D\u00edas despu\u00e9s, comentando con su secretario el fracaso de la entrevista, le dijo: \u00abNunca me ha dado resultado dejarme llevar del mal genio. Tengo bien visto que para convencer al entendimiento del otro hay que guardarse de agriarle el coraz\u00f3n\u00bb. Ana de Austria pod\u00eda conceder al se\u00f1or Vicente cualquier cosa que \u00e9ste le pidiera. Excepto lo que le ped\u00eda. No era s\u00f3lo que conced\u00e9rselo implicaba admitir que los rebeldes ten\u00edan la raz\u00f3n de su parte. Hab\u00eda mucho m\u00e1s: razones del coraz\u00f3n, dir\u00eda en otro sentido Pascal unos pocos a\u00f1os despu\u00e9s, de las que la raz\u00f3n no sabe nada. Lo menos que se puede decir de las relaciones entre Ana de Austria y Mazarino es que \u00e9sta estaba totalmente infatuada por su ministro italiano. Nadie pod\u00eda, y nadie se atrev\u00eda en la corte o fuera de ella a hablar mal de \u00e9l en su presencia. Se pon\u00eda literalmente furiosa. Mucho menos, por supuesto, pedirle que se desprendiera de \u00e9l. Y aunque apreciaba altamente y quer\u00eda al se\u00f1or Vicente, tampoco al se\u00f1or Vicente debi\u00f3 de perdonar que osara insinuarle una tal cosa. Los dos ten\u00edan su temperamento bravo: ella, castellano; \u00e9l, gasc\u00f3n. Bravo debi\u00f3 de resultar, por lo que sabemos el tono de la entrevista. La reina se neg\u00f3 en redondo a hacer lo que le ped\u00eda el se\u00f1or \u00adVicente.<\/p>\n<p>Esto no le desanim\u00f3 en absoluto. Despu\u00e9s de despedirse de la reina se fue derecho <sup>\u00ad<\/sup>a hablar con el mism\u00edsimo Mazarino y le pidi\u00f3 que, por el bien de la paz, dimitiera \u00adde su cargo de primer ministro y se alejara de la corte. No se lo dijo con circun<sup>\u00ad<\/sup>loquios, sino de esta manera: \u00abMonse\u00f1or, arr\u00f3jese al mar y se calmar\u00e1 la tem\u00adpestad\u00bb. Mazarino era tan bravo o m\u00e1s que la reina. Pero era mucho m\u00e1s astuto, y estaba bien entrenado desde joven en las suaves maneras de la diplomacia romana. Agradeci\u00f3 al se\u00f1or Vicente su sugerencia y le indic\u00f3 que se har\u00eda lo que dijera su consejero y ministro de la guerra, Le Tellier. Quien dictamin\u00f3 que la sugerencia del se\u00f1or Vicente era una insensatez del todo nociva para el bien del reino. O\u00eddo lo cual el se\u00f1or Vicente se hubiera vuelto de inmediato a San L\u00e1zaro. Pero no pudo hacerlo, sino que se estuvo lejos de Par\u00eds cinco meses en una especie de autoexilio que, dadas las circunstancias, era sin duda un autoexilio prudente. Hubo gente en Par\u00eds que se crey\u00f3 el rumor que dec\u00eda que el se\u00f1or Vicente hab\u00eda desertado del partido rebelde y se hab\u00eda pasado a caballo al del primer ministro.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Su ausencia cost\u00f3 cara a San L\u00e1zaro. El parlamento hab\u00eda enviado un corto piquete de gente armada para custodiar \u00abel trigo del se\u00f1or Vicente\u00bb. Por una carta de \u00e9ste sabemos que las reservas de trigo \u00abcasi nos habr\u00edan durado para todo el a\u00f1o\u00bb. Pero nada menos que 600 soldados, enviados por orden de un consejero del parlamento, se instalaron en las dependencias del priorato con el pretexto de hacer un inventario de existencias y protegerlas. Durante los tres d\u00edas que dur\u00f3 la ocu\u00adpaci\u00f3n saquearon buena parte de las reservas, registraron toda la casa, pegaron fuego a la reserva de le\u00f1a a manera de pasatiempo. Al enterarse el presidente dio orden de que se retiraran los soldados. Pero el mal ya estaba hecho y nadie pens\u00f3 en dar compensaciones. Aun as\u00ed con las reservas que se hab\u00edan salvado del pillaje \u00abse distribuyen todos los d\u00edas ayudas a unos dos mil o tres mil pobres, lo cual era para nosotros un gran consuelo\u00bb, escribe desde su exilio el se\u00f1or Vicente. Hubo que evacuar a la mayor parte de los habitantes de San L\u00e1zaro y de los Buenos Hijos. \u00abLos hemos enviado -escribe desde Le Mans- a Richelieu, a esta ciudad y a otras partes\u00bb.<\/p>\n<p>Fue saqueada tambi\u00e9n, esta vez por las tropas reales, una gran finca que la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente pose\u00eda en Orsigny, finca que era el verdadero granero de San L\u00e1zaro. De manera que, cuando terminados los disturbios, volvieron las cosas a una situaci\u00f3n de calma fr\u00e1gil, los numerosos comensales de San L\u00e1zaro tuvieron que conformarse, durante la primavera y parte del verano antes de recoger la nueva cosecha, con comer pan de centeno y aun de avena. No es que esto le afectara a \u00e9l mismo. Desde hac\u00eda a\u00f1os ayunaba rigurosamente dos veces por semana. De ayuno riguroso era tambi\u00e9n su cena habitual: un trozo de pan y una manzana, y eso cuando no se iba a dormir sin cenar nada alguna noche que volv\u00eda tarde a San L\u00e1zaro de alg\u00fan asunto que le hab\u00eda detenido en la ciudad. Pero quer\u00eda, y velaba \u00e9l mismo por ello, que sus gentes se alimentaran suficientemente, pues eran gentes que ten\u00edan que trabajar. Y a\u00fan m\u00e1s se preocupaba por la alimentaci\u00f3n de los numerosos hu\u00e9spedes, en particular de los ordenados, que, aunque no pagaban ni un c\u00e9ntimo por la estancia, eran tratados en San L\u00e1zaro como si fueran los due\u00f1os del lugar.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Impedido de volver a Par\u00eds mientras no se aclarara su verdadera posici\u00f3n durante los disturbios, Vicente decidi\u00f3 ocupar el tiempo visitando algunas casas de su congregaci\u00f3n y de las hijas de la caridad. Lo estuvo haciendo de enero a junio. Esta es la ausencia m\u00e1s larga de Par\u00eds de que tengamos noticia desde que como joven sacerdote hab\u00eda puesto por primera vez los pies en la capital en el lejano 1609. Sus andares transcurrieron por un amplio tri\u00e1ngulo con los v\u00e9rtices en Par\u00eds, al norte, Saint Meen en la Breta\u00f1a, al oeste, y Lu\u00e7on, al sur. En conjunto algo as\u00ed como la d\u00e9cima parte de la superficie del reino. Volv\u00eda a ser a los 69 a\u00f1os, los cumpli\u00f3 estando en Saint Meen, el temperamento andar\u00edn y m\u00f3vil de sus a\u00f1os mozos. Terminado el exilio y vuelto a Par\u00eds no volvi\u00f3 a emprender ning\u00fan viaje de importancia hasta su muerte.<\/p>\n<p>Tenemos de este \u00faltimo viaje abundante informaci\u00f3n de su propia mano en las numerosas cartas que escribi\u00f3 durante estos meses. A caballo o en posada, nuestro hombre segu\u00eda preocup\u00e1ndose de sus gentes, de sus obras, de los necesitados. No fueron \u00e9stos, en suma, meses de vacaciones. La primera fue una visita de cortes\u00eda a la cercana Villepreux, donde resid\u00eda el padre Gondy. Desde all\u00ed escribe a San L\u00e1zaro que \u00abno es conveniente vender el grano almacenado; m\u00e1s vale prest\u00e1rselo a Dios d\u00e1ndoselo a los pobres\u00bb. Esto supon\u00eda el \u00faltimo gesto de desprendimiento del se\u00f1or de San L\u00e1zaro, pues ya antes \u00e9l mismo hab\u00eda ordenado vender el quintal de trigo a cuatro libras por debajo del precio de diez que hab\u00eda fijado el parlamento de Par\u00eds para evitar la especulaci\u00f3n durante la escasez provocada por el cerco de la ciudad.<\/p>\n<p>En la cercana Freneville, donde hab\u00eda pensado estar \u00abs\u00f3lo dos o tres d\u00edas\u00bb, tuvo que quedarse un mes, detenido por \u00ablos grandes fr\u00edos y la nieve\u00bb. Le detuvo la nieve ciertamente en sus correr\u00edas, pero no consigui\u00f3 dejarlo inactivo. Aprovech\u00f3 la forzada inmovilidad para dar a las gentes del lugar una especie de misi\u00f3n, insistiendo sobre todo en la actitud que deb\u00edan mantener en medio de los sufri\u00admientos que amenazaba producir tambi\u00e9n all\u00ed la guerra civil, ayudando de esta manera \u00aba estas buenas gentes a disponerse para entregarse a Dios\u00bb tambi\u00e9n en tiempos de sufrimiento y de escasez.<\/p>\n<p>Segu\u00eda, adem\u00e1s, preocup\u00e1ndose de sus obras, en particular de la m\u00e1s delicada de ellas, la atenci\u00f3n a los ni\u00f1os abandonados. Algunas de las damas importantes responsables de la obra ni siquiera estaban en Par\u00eds, sino en Saint-Germain con la corte, en particular la m\u00e1s generosa de todas ellas, la duquesa de Aiguillon Entre las que estaban en Par\u00eds cund\u00eda el desaliento. No faltaba motivo para ello, pues rara era la familia, tambi\u00e9n entre las acomodadas, que no hubiera sufrido seriamente en sus bienes y en su bienestar por raz\u00f3n del cerco y de los disturbios populares. Pero el se\u00f1or Vicente no pod\u00eda aceptar ni siquiera esta raz\u00f3n coma pretexto para dejar morir a ni\u00f1os indefensos. \u00abParecer\u00eda que en los sufrimiento, privados se podr\u00eda encontrar un bonito pretexto para apartarnos de la preocupaci\u00f3n por los sufrimientos p\u00fablicos. Pero no creo que sea as\u00ed ante Dios, quien nos podr\u00e1 decir lo que dec\u00eda san Pablo a los corintios (a los Hebreos, en realidad: 12.4): \u00bfAcaso hab\u00e9is resistido hasta derramar sangre&#8217;? \u00bfHab\u00e9is al menos vendido parte de las joyas que ten\u00e9is?\u00bb. Les anima a reunirse como de ordinario para seguir manteniendo la obra, les pide que le comuniquen las resoluciones que se tomen, y sugiere medidas para que se consiga escolta segura para proteger un cargamento de trigo para el pan de los ni\u00f1os procedente de San L\u00e1zaro.<\/p>\n<p>Ni el viaje a Freneville ni la larga estancia hab\u00edan entrado en el plan de viajes que Vicente proyectaba al salir de Saint-Germain. Le hizo ir all\u00e1 la amenaza de saqueo que se cern\u00eda sobre la cercana finca de Orsigny que pertenec\u00eda a su congregaci\u00f3n. Se las arregl\u00f3 para salvar un reba\u00f1o de 240 ovejas y dos caballos que \u00e9l mismo condujo por campos nevados a un lugar seguro. Hab\u00eda aprendido a hacer cosas similares en la infancia, pero no lo hab\u00eda hecho desde los catorce a\u00f1os. Pero aunque ahora estaba casi en los setenta lo hizo bien, y se salv\u00f3 el reba\u00f1o. Se llev\u00f3 los caballos a Le Mans, la etapa siguiente de su viaje, donde hab\u00eda fundado una casa de su congregaci\u00f3n cuatro a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>Su correspondencia, la que recib\u00eda y la que enviaba, pasaba a trav\u00e9s de las manos de la duquesa de Aigu\u00edllon. Esta, testigo de las negociaciones entre la corte y los representantes de la poblaci\u00f3n de Par\u00eds, le escrib\u00eda rog\u00e1ndole que no fuera m\u00e1s all\u00e1 de Le Mans ante la esperanza cercana de un arreglo de paz. Preocupada adem\u00e1s por su salud y su edad le envi\u00f3 una carroza y dos caballos para que hiciera el viaje de vuelta a Par\u00eds con toda la comodidad posible. Pero Vicente sigui\u00f3 su camino y de Le Mans se dirigi\u00f3 a Angers para visitar a las hermanas que Luisa de Marillac hab\u00eda instalado en el hospital varios a\u00f1os antes. Vicente le escribe que se teme que \u00abestar\u00e1 usted pas\u00e1ndolo muy mal, y tambi\u00e9n las j\u00f3venes estar\u00e1n sufriendo con usted\u00bb. Pero en cuanto a las de Angers, \u00abtodo va bien, gracias a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Camino de Saint Meen el se\u00f1or Vicente, excelente caballista desde temprana edad, se cay\u00f3 del caballo al agua, el caballo encima de \u00e9l. \u00abNo hubiera podido salir de all\u00ed si no me hubieran ayudado\u00bb. El remoj\u00f3n le produjo aquella noche \u00abun poco de fiebre\u00bb. Aquella noche, del 4 al 5 de abril, en que se podr\u00eda decir hab\u00eda nacido por segunda vez, cumpl\u00eda 69 a\u00f1os. Algo m\u00e1s que una fiebre debi\u00f3 de producirle el susto, pues s\u00f3lo cuatro d\u00edas despu\u00e9s del hecho informa a Luisa de Marillac de que aunque \u00absigo bien, gracias a Dios, he aprovechado la ocasi\u00f3n para purgarme y sangrarme\u00bb.<\/p>\n<p>Otra ocasi\u00f3n de peligro inminente de muerte le depar\u00f3 el viaje. Se encontr\u00f3 en una posada con un decidido frondista que al reconocer al se\u00f1or Vicente exclam\u00f3: \u00abNo ser\u00eda mala cosa que alguien le volara a usted la cabeza\u00bb. Hab\u00eda impl\u00edcita en la exclamaci\u00f3n una obvia amenaza contra un hombre del que se dec\u00eda haberse pasado al lado de Mazarino. El frondista sali\u00f3 de la posada y fue visto tomar una posici\u00f3n estrat\u00e9gica en el camino que sin duda tomar\u00eda el se\u00f1or Vicente, con la indudable intenci\u00f3n de pegarle un tiro. Pero el se\u00f1or Vicente, aconsejado por los circunstantes, simplemente tom\u00f3 otro camino y continu\u00f3 su viaje.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Luisa de Marillac echaba en falta la presencia del se\u00f1or Vicente en su larga ausencia. Le preocupaba la lejan\u00eda de su director espiritual, pero a\u00fan m\u00e1s los problemas surgidos en aquellos d\u00edas revueltos en la atenci\u00f3n a los ni\u00f1os aban\u00addonados. Estaban \u00e9stos a la saz\u00f3n en el ruinoso castillo de Bicetre, a cierta distancia de Par\u00eds, castillo cedido por la reina para albergarlos. El paso continuo de tropas por las cercan\u00edas y las dificultades del aprovisionamiento llevaron a Luisa de Marillac a tomar una decisi\u00f3n que normalmente habr\u00eda consultado antes con el se\u00f1or Vicente, seg\u00fan su costumbre. W lo hizo, ni pudo hacerlo, pero no dud\u00f3 en decidir por s\u00ed misma. El se\u00f1or Vicente le escribe dici\u00e9ndole que se ha enterado de que \u00abhan tenido que sacar de Bicetre u los pobres ni\u00f1os. Me gustar\u00eda saber a d\u00f3nde los han llevado. Cu\u00e1ntos trastornos les habr\u00e1 causado este cambio\u00bb. Luisa de Marillac se los hab\u00eda llevado a todos ellos a su propia casa, la casa de su cofrad\u00eda de j\u00f3venes en que se formaban para ser hijas de la caridad las reci\u00e9n llegadas. Estaban, pues, los ni\u00f1os en buenas manos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n ella, como la duquesa de Aiguillon, desea que Vicente vuelva \u00abcuanto antes\u00bb. No le dice nada de \u00ablas noticias de la paz. Dejo a los dem\u00e1s que se las cuenten\u00bb. Ella s\u00f3lo sabe, y lo dice, que \u00abhemos de alabar a Dios por el pueblo\u00bb, que con la llegada de la paz, aunque insegura, pod\u00eda por lo menos volver otra vez a comer.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Saint Meen prolong\u00f3 el se\u00f1or Vicente su estancia m\u00e1s de lo previsto, esta vez \u00absitiado en esta ciudad por el mal tiempo y el desbordamiento de los r\u00edos\u00bb, escribe el 15 de abril. Pero tres d\u00edas despu\u00e9s, pasado al fin \u00abeste peque\u00f1o diluvio\u00bb, pudo llegar a Nantes, donde encontr\u00f3 a las hijas de la caridad que trabajaban en el hospital \u00abreci\u00e9n salidas de una persecuci\u00f3n que hab\u00edan padecido\u00bb. El administrador saliente hab\u00eda acusado a las hermanas ante las autoridades de que \u00abcumpl\u00edan muy mal con su obligaci\u00f3n, arruinaban el hospital y se apropiaban de los bienes de los pobres\u00bb. Estaba dispuesto a dar dinero para que las echaran de la instituci\u00f3n. Se les someti\u00f3 a un juicio en toda regla del que result\u00f3 que \u00aberan totalmente inocentes de lo que les acusaban\u00bb. De eso eran inocentes, pero no de otras cosas que le interesaban tanto al se\u00f1or Vicente y que describe as\u00ed: \u00abNo hay mucha caridad entre ellas, ni obediencia, ni paciencia. Tampoco la dedicaci\u00f3n debida a los enfermos\u00bb. De manera que no todo era tan angelical en su vida, aunque como verdaderamente angelical se la hab\u00edan ense\u00f1ado en Par\u00eds y as\u00ed deber\u00eda serlo. Terminada la visita, sin embargo, el se\u00f1or Vicente informa a Luisa de que las hermanas \u00abse encuentran en mejor estado, y dispuestas a obrar bien\u00bb.<\/p>\n<p>A mediados de mayo se encontraba en Richelieu. Ten\u00eda intenci\u00f3n de hacer otras varias visitas, en particular una que supondr\u00eda un largo viaje a Marsella. Pero \u00abla reina -olvidada ya sin duda la espinosa entrevista de enero en Saint-Germain- me ha ordenado varias veces que vuelva a Par\u00eds. No veo c\u00f3mo puedo cumplir la voluntad de Dios si no obedezco, ya que siempre he cre\u00eddo y ense\u00f1ado que has que obedecer a los pr\u00edncipes, incluso a los malos, como dice la Escritura. Voy a rogar a su Majestad que me permita seguir mi viaje, no ya a Marsella, sino solamente a Cahors\u00bb.<\/p>\n<p>Pero tampoco fue a Cahors. A finales de mayo expresaba la confianza de ponerse en camino para Par\u00eds \u00abdentro de tres o cuatro d\u00edas\u00bb. Le hab\u00eda detenido en Richelieu \u00abuna peque\u00f1a fiebrecilla\u00bb. Algo m\u00e1s debi\u00f3 de ser que sus fiebres recurrentes o bien esta vez se le complicaron de manera insidiosa. La noticia de su enfermedad asust\u00f3 a los muchos que se interesaban por \u00e9l en Par\u00eds. De todos modos, pasada la fiebrecilla se puso en camino y lleg\u00f3 a la capital el 13 de junio. Hab\u00eda estado fuera exactamente cinco meses.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s llegar quiso devolver a la duquesa carroza y caballos. Pero \u00e9sta no s\u00f3lo no los acept\u00f3 sino que pidi\u00f3 al arzobispo y a la reina que le obligaran a usarlo<sup>,<\/sup> en el futuro para que pudiera trasladarse de San L\u00e1zaro a la ciudad. El se\u00f1or Vicente se aguant\u00f3, como no pod\u00eda menos. Pero se tom\u00f3 su peque\u00f1a compensaci\u00f3n Bautiz\u00f3 a la carroza como \u00abmi ignominia\u00bb, y dedic\u00f3 los finos caballos de la duquesa a labrar las tierras de San L\u00e1zaro. Usaba una y otros cuando no le quedaba m\u00e1s remedio. Hab\u00eda en aquel gesto de aceptaci\u00f3n resignada una indudable hu\u00admildad. Se le consideraba se\u00f1or de San L\u00e1zaro, pero \u00e9l ni era ni se ten\u00eda por se\u00f1or de nada. Pero hab\u00eda tambi\u00e9n un resto del orgullo herido del buen caballista forzado ahora a moverse en carroza, como las se\u00f1oras, o como los petimetres, tal un Pascal antes de su segunda \u00abconversi\u00f3n\u00bb, que gustaba exhibirse por las calles de Par\u00eds, en carroza tirada por cuatro caballos, y a veces por seis, privilegio reservado de suyo al mism\u00edsimo rey. Y hab\u00eda hasta su aspecto de humor negro un poco su\u00adrrealista. Dec\u00eda a sus hombres: \u00abUn porquero que va en carroza. Qu\u00e9 esc\u00e1ndalo\u00bb. No tuvo en este asunto el se\u00f1or Vicente, sin embargo, la \u00faltima palabra. Su \u00abignomi\u00adnia\u00bb estuvo a punto de tomarse de \u00e9l una \u00faltima venganza. Por puro milagro no se rompi\u00f3 literalmente la cabeza contra el empedrado en una ocasi\u00f3n de dos a\u00f1os antes de morir en que se volc\u00f3 la carroza y el se\u00f1or Vicente dio con su anciano cuerpo en tierra.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>De vuelta en San L\u00e1zaro Vicente asumi\u00f3 su ritmo habitual de actividad. La correspondencia amontonada le oblig\u00f3 los primeros d\u00edas a alargar la jornada de trabajo. Hab\u00eda asuntos de todos los tipos: problemas de los misioneros del norte de \u00c1frica, cartas de gratitud a bienhechores de sus obras, preocupaci\u00f3n por las casas y los hombres de su congregaci\u00f3n, en Roma, en G\u00e9nova, en diversos puntos de Francia, destinos de sus misioneros, asuntos de gobierno interno de los mo\u00adnasterios de la Visitaci\u00f3n, de las hijas de la caridad, relaciones con los obispos irlandeses en cuyas di\u00f3cesis trabajaban los misioneros, con Alain de Solminihac, el obispo m\u00e1s reformador de su tiempo, durante muchos a\u00f1os colaborador y gran amigo del se\u00f1or Vicente, que se hab\u00eda quedado con las ganas de verle en Cahors, de cuya di\u00f3cesis era obispo; cartas a todos ellos o de todos ellos aparecen en su correspondencia en s\u00f3lo el primer mes despu\u00e9s de su vuelta a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Pero lo mejor de su atenci\u00f3n y de su palabra lo reserv\u00f3 para volver a poner en marcha la obra de los ni\u00f1os abandonados. Sobre Luisa y sus j\u00f3venes reca\u00eda el trabajo m\u00e1s pesado de la atenci\u00f3n directa. A la mayor parte de ellas no les importaba la dureza del trabajo, pero escaseaban los medios para mantenerlo. La resistencia de Luisa lleg\u00f3 en un momento casi al punto de quebrarse. Plantea al se\u00f1or Vicente crudamente la disyuntiva de \u00abconseguir recursos o abandonarlo todo. Hay en casa doce o trece ni\u00f1os y no tenemos ni pa\u00f1ales para cambiarles\u00bb. Estaban tambi\u00e9n las nodrizas, pobres mujeres a quienes se deb\u00edan pagos atrasados. Las damas \u00abse preocupan muy poco; creen que nosotras tenemos recursos para mantener esto, y por eso me parece que han decidido no hacer nada de nada\u00bb. Ella s\u00ed hac\u00eda todo lo que pod\u00eda. Pero no hab\u00eda recursos, como no fuera el inagotable del amor de Dios y del amor por los ni\u00f1os. Ella misma sugiri\u00f3 al se\u00f1or Vicente la necesidad de reunir una asamblea general de damas, se molest\u00f3 en avisar personalmente a buen n\u00famero de ellas, y prepar\u00f3 un memor\u00e1ndum sobre la situaci\u00f3n en que se encontraba la obra.<\/p>\n<p>Tuvo lugar por fin la reuni\u00f3n en noviembre de ese mismo a\u00f1o de 1649. Pero, un poco escarmentados todos los participantes en ella por la experiencia reciente, se pens\u00f3 en ampliar las fuentes de financiaci\u00f3n. Estaba visto que la mera aportaci\u00f3n voluntaria, aunque fuera de personas ricas, no garantizaba la continuidad de una obra en la que se jugaban la vida muchos seres indefensos. Menos a\u00fan en un tiempo de crisis como el que hab\u00eda tenido lugar recientemente, en que, seg\u00fan la observaci\u00f3n aguda del se\u00f1or Vicente, uno se siente inclinado a desentenderse del bien p\u00fablico para preocuparse del suyo propio. Le suger\u00eda Luisa que se pidiera al presidente del parlamento el que encargara tambi\u00e9n a otras personas o instituciones parte del trabajo, que no dejaba de ser responsabilidad p\u00fablica aunque lo hubiera asumido voluntariamente la cofrad\u00eda de damas. Por su parte ella se encuentra en \u00abla imposibilidad de seguir recibiendo m\u00e1s ni\u00f1os\u00bb. Sugiere tambi\u00e9n que se coloquen cepillos en las iglesias, se insin\u00fae a los p\u00e1rrocos y predicadores que hablen del tema desde el p\u00falpito, se haga una colecta en la misma corte.<\/p>\n<p>La asamblea de damas decidi\u00f3 seguir encarg\u00e1ndose de la obra. Luisa hab\u00eda puesto el trabajo, la atenci\u00f3n a los detalles, las ideas para que la obra siguiera adelante y los ni\u00f1os siguieran con vida. Vicente puso la fuerza de su palabra. \u00abRecord\u00f3 a las damas el bien que hab\u00edan hecho hasta entonces: 500 \u00f3 600 ni\u00f1os librados de la muerte y educados cristianamente, los mayores colocados en sitios donde pod\u00edan aprender un oficio, o ya preparados para ejercerlo. Luego, elevando la voz, con\u00adcluy\u00f3 con estas palabras: Bien, se\u00f1oras, la compasi\u00f3n y la caridad les han llevado a adoptar a estas peque\u00f1as criaturas como hijos suyos. Ustedes han sido sus madres seg\u00fan la gracia desde que los abandonaron sus madres naturales. Dejen ahora de ser sus madres para convertirse en sus jueces. Su vida y su muerte est\u00e1n en las manos de ustedes. Si siguen cuidando de ellos, vivir\u00e1n; si los abandonan, morir\u00e1n sin remedio. Voy a recoger sus votos: ha llegado el momento de que pronuncien sentencia\u00bb.<\/p>\n<p>La palabra del se\u00f1or Vicente, siempre vehemente, se visti\u00f3 en este caso de tonos altamente dram\u00e1ticos. Era muy capaz de ello, de hacerlo sin esfuerzo, cuando estaba en juego la causa de los pobres. Recogi\u00f3 los votos y la obra de los ni\u00f1os abandonados sigui\u00f3 adelante.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>En el mismo mes de noviembre, en la v\u00edspera del d\u00eda en que las hijas de la caridad pod\u00edan haber celebrado el diecis\u00e9is aniversario de su fundaci\u00f3n, tuvo el se\u00f1or Vicente con ellas una charla sobre el amor al trabajo. No menciona en la charla el tema de la atenci\u00f3n a los ni\u00f1os, pero pod\u00eda muy bien haberlo hecho, y hasta tal vez hubiera sido conveniente. Hab\u00eda entre ellas quienes ten\u00edan dificultad en trabajar en ello. Sent\u00edan por un lado cierta repugnancia ante aquellos hijos del pecado. Se murmuraba adem\u00e1s entre ellas en voz baja que se destinaba a la obra de los ni\u00f1os a las que no eran muy capaces para otros trabajos. No dejar\u00eda de influir tambi\u00e9n el hecho de que aunque cualquiera de las varias actividades a las que se dedicaban supon\u00eda por lo general jornadas de trabajo exigente, la atenci\u00f3n a los ni\u00f1os ped\u00eda de ellas en realidad una jornada de veinticuatro horas. Eso no se pod\u00eda exigir a cualquiera. Pero cualquiera de ellas ten\u00eda que estar dispuesta, si quer\u00eda ser una verdadera hija de la caridad, o sea, una verdadera hija del amor de Dios, seg\u00fan la ex\u00e9gesis que hac\u00eda de su t\u00edtulo el se\u00f1or Vicente, a hacer un trabajo que les absorbiera el tiempo de la vi<span style=\"text-decoration: underline\">g<\/span>ilia y el tiempo del sue\u00f1o. La hija de la caridad ten\u00eda que saber que su vocaci\u00f3n particular era una llamada de Dios a trabajar. Hab\u00eda que decirles claramente que ten\u00edan que trabajar y c\u00f3mo ten\u00edan que trabajar sin perder su alma y sin convertirse en m\u00e1quinas. De esta manera se lo dijo el se\u00f1or Vicente el 28 de noviembre de 1649, \u00abdespu\u00e9s de escuchar con su caridad y paciencia habituales lo que cada una de las que, preguntaba ten\u00eda que decir sobre el tema\u00bb.<\/p>\n<p>&#8230; Voy a a\u00f1adir unas cosas que se me han ocurrido. La primera es el mandamiento que dio Dios al hombre de ganarse el pan con el sudor de su frente, con un trabajo que sea duro y pesado. Dios no dijo: trabajar\u00e1s con el af\u00e1n de tu esp\u00edritu para ganarte la vida, sino: trabajar\u00e1s con el sudor de tu frente; trabajar\u00e1s no s\u00f3lo con tu entendimiento, sino con tus manos, con tus brazos, y con todo tu cuerpo. La hermana de la caridad que va cargada con su marmita por la ma\u00f1ana y por la tarde, con calor y con fr\u00edo, para llevar la comida a aquel pobre que no puede ir a buscarla y que morir\u00eda de hambre, esa hermana cumple con ese mandamiento&#8230; La segunda es que Dios al hablar al justo le dice que vivir\u00e1 del trabajo de sus manos, d\u00e1ndonos con ello a entender que la mayor obligaci\u00f3n que tiene el hombre, despu\u00e9s del servicio que tiene que dar a Dios, consiste en trabajar para ganarse la vida. El justo vive, seg\u00fan el mandamiento de Dios, del trabajo de sus manos, y no es carga para nadie&#8230; La tercera, ya la hab\u00e9is dicho, es que el mismo Dios trabaja continuamente; desde toda la eternidad, en la generaci\u00f3n eterna del Hijo; y el amor mutuo entre ellos ha producido eternamente al Esp\u00edritu Santo, por el que se distribuyen continuamente todas las gracias a los hombres&#8230; Adem\u00e1s Dios trabaja con cada hombre en particular; trabaja con el artesano en su taller, con la mujer en su hogar, con la hormiga, con la abeja&#8230; \u00bfQu\u00e9 hizo Nuestro Se\u00f1or mientras vivi\u00f3 en la tierra? Desde su nacimiento hasta los treinta a\u00f1os trabaj\u00f3 con el sudor de su rostro divino para ganarse la vida. Tuvo el oficio de carpintero, carg\u00f3 con el cesto, sirvi\u00f3 de jornalero y de alba\u00f1il. Desde la ma\u00f1ana hasta la noche trabaj\u00f3 en su juventud, continu\u00f3 trabajando hasta la muerte. El cielo y la tierra se llenan de verg\u00fcenza ante semejante espect\u00e1culo&#8230; Un Dios trabaja incesantemente, \u00bfpodr\u00eda mantenerse ociosa una hija de la caridad? Tal vez piense alguna que no est\u00e1 m\u00e1s que para servir a los enfermos. Y cuando tenga pocos enfermos o no tenga ninguno \u00bfse quedar\u00e1 ociosa&#8217;?&#8230; En tiempos antiguos era costumbre en la iglesia que todos trabajaran. Al principio los religiosos se ganaban la vida. Despu\u00e9s de asistir al oficio divino se ocupaban en hacer esteras y cestos de mimbre que vend\u00edan. As\u00ed se hizo hasta el tiempo de san Bernardo. Pero como todo se va relajando con el tiempo, se aboli\u00f3 esta santa costumbre&#8230; Pero vosotras pod\u00e9is ganar lo suficiente para vivir sirviendo al pr\u00f3jimo. No sois costosas para nadie, sino que vosotras mismas prove\u00e9is a vuestras necesidades. Ojal\u00e1 pudiera hacerlo as\u00ed yo tambi\u00e9n, indigno del pan que como, ojal\u00e1 pudiera servir a mi pr\u00f3jimo sin poseer nada y sin ser gravoso a nadie: ojal\u00e1 pudiesen hacerlo los misioneros, y nos vi\u00e9semos obligados a dejar lo que tenemos. Dios sabe con cu\u00e1nto gusto lo har\u00edamos. Pero no podemos, v tenemos que humillarnos&#8230; Alguna ha dicho muy bien que no hay que tener ante la vista la ganancia. No, hay que desterrar de vosotras el esp\u00edritu de avaricia. Un hombre del mundo me dec\u00eda ayer: Padre, hace ocho a\u00f1os que me entregu\u00e9 a Dios para no aprovecharme de mis bienes. Una vez alimentado y vestido doy lo dem\u00e1s a los pobres. S\u00e9 muy bien que de esta forma no podr\u00e9 dar carrera a mi hijo, pero no podr\u00eda obrar de otra manera. iQu\u00e9 ejemplo, hijas m\u00edas, en un hombre de mundo! Tendr\u00edamos que vendernos a nosotros mismos para sacar a nuestros hermanos de la miseria&#8230; Ruego a Dios, que desde toda la eternidad trabaj\u00f3 dentro de s\u00ed mismo: ruego a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que trabaj\u00f3 aqu\u00ed en la tierra como jornalero: ruego al Esp\u00edritu Santo que nos anima al trabajo; ruego a san Pablo, que se gan\u00f3 con el trabajo de sus manos el pan de su sustento; ruego a todos los antiguos religiosos, que se ejercitaron en el trabajo manual y llegaron as\u00ed a la santidad, que quiera Dios perdonarnos en su bondad el tiempo que tantas veces hemos perdido; sobre todo a m\u00ed, que soy indigno de comer el pan que como y que Dios me da; ruego a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que nos conceda la gracia de trabajar para imitarle&#8230;<\/p>\n<h3><strong>(1650)<\/strong><\/h3>\n<p>No hay nada como predicar con el ejemplo. Si la palabra del se\u00f1or Vicente hab\u00eda mostrado repetidamente, desde los ya lejanos tiempos de Folleville y Chatillon, su eficacia para mover fuerzas y voluntades, eso se deb\u00eda a que cualquiera pod\u00eda advertir detr\u00e1s de su palabra el poder irresistible de su propio obrar. Pod\u00eda el se\u00f1or Vicente hablar &#8216;como quien tiene autoridad&#8217;; \u00e9l mismo hac\u00eda mucho m\u00e1s de lo que dec\u00eda. Cuando hablaba a las hijas de la caridad sobre el amor al trabajo estaba en v\u00edsperas de echar sobre sus hombros una carga adicional no incluida en una apretada agenda. Parecer\u00eda no haber sitio en ella para nada m\u00e1s. Pero \u00abel amor -sol\u00eda decir- es infinitamente inventivo\u00bb. Tambi\u00e9n para este nuevo trabajo encontr\u00f3 lugar en su atareada vida. Le dur\u00f3 unos tres o cuatro a\u00f1os. Cuando pudo al fin darlo por terminado se hab\u00edan colado de rond\u00f3n en su agenda otros trabajos que no estaban en ella cuando lo empez\u00f3. De manera que tampoco pudo tomarse un descanso y ni siquiera volver al ritmo m\u00e1s tranquilo de una actividad que era ya antes densa y apretada. Recu\u00e9rdese que rondaba a la saz\u00f3n los setenta a\u00f1os. Pod\u00eda haber comenzado a pensar en la dulce ociosidad de la jubilaci\u00f3n, pero la idea ni le pas\u00f3 por la cabeza. Este hombre se jubil\u00f3 de verdad cuando muri\u00f3 a los ochenta.<\/p>\n<p>Su trabajo de asistencia a las regiones de Champa\u00f1a y Picard\u00eda, destrozadas por la guerra, a los alrededores de Par\u00eds y a Par\u00eds mismo, es posiblemente el primer ejemplo en la historia moderna de una organizaci\u00f3n asistencial a gran escala llevada a cabo sistem\u00e1ticamente, casi cient\u00edficamente, con todos los medios que pod\u00eda proporcionar la sociedad del momento. Pero adem\u00e1s de inventarse los medios puso tambi\u00e9n en juego su tiempo, sus hombres, su palabra, su alma cristiana, y por supuesto su gran coraz\u00f3n. Hab\u00eda aprendido mucho de la ex\u00adperiencia anterior en la Lorena. No hab\u00eda olvidado la lecci\u00f3n, \u00e9l, hombre siempre atento a seguir las se\u00f1ales que le iba colocando la providencia en su camino, y pudo as\u00ed mejorar y aumentar lo que hab\u00eda intentado hacer por la Lorena unos a\u00f1os antes.<\/p>\n<p>El saqueo por parte de los varios ej\u00e9rcitos, formados por mercenarios en su mayor parte, convirti\u00f3 las regiones de Champa\u00f1a y Picard\u00eda en un paisaje de destrucci\u00f3n de bienes y personas muy similar en sus horrores al que se hab\u00eda visto en la Lorena. Vicente de Pa\u00fal comenz\u00f3 por movilizar a sus gentes. Una primera reuni\u00f3n con la cofrad\u00eda de las damas de la caridad puso en marcha los primeros recursos. Pero para hacer el necesario &#8216;trabajo de campo&#8217; envi\u00f3 a las regiones afectadas hasta dieciocho de sus propios hombres, sacerdotes y her\u00admanos, y tambi\u00e9n a un grupo de hijas de la caridad. Todos ellos corr\u00edan sus buenos peligros en la revuelta situaci\u00f3n, por lo que Vicente consigui\u00f3 del rey para ellos un salvoconducto, pues \u00absi no tuvieran la protecci\u00f3n de su Majestad les ser\u00eda imposible continuar una obra tan caritativa&#8230; Proh\u00edbe en consecuencia su Majestad a todos los soldados que quiten nada a dichos sacerdotes de la Misi\u00f3n, ni a las personas empleadas por ellos y con ellos, bajo pena de muerte\u00bb. Al menos tres de los misioneros del se\u00f1or Vicente perdieron la vida durante el trabajo de socorro, que dur\u00f3 unos dos a\u00f1os. Siete u ocho de ellos enfermaron gravemente y tuvieron que volver a Par\u00eds. Pronto encontr\u00f3 el se\u00f1or Vicente voluntarios que le pidieron \u00ables permiti\u00e9ramos ir a ocupar su lugar, como v\u00edc\u00adtimas dispuestas a sacrificarse por el bien del pr\u00f3jimo\u00bb. Tambi\u00e9n murieron algunas de las hermanas por enfermedad y agotamiento.<\/p>\n<p>Misioneros y hermanas repart\u00edan en m\u00e1s de doscientos lugares las abundantes ayudas que proced\u00edan de Par\u00eds. Pero con ser sacrificado y agotador el trabajo de unos y otras tal vez result\u00f3 ser m\u00e1s efectivo para llevar adelante el plan de socorro el papel que asumieron los misioneros de, por as\u00ed decirlo, corresponsales de guerra para el asunto que les hab\u00eda llevado all\u00e1. No perd\u00edan el tiempo en informar al se\u00f1or Vicente sobre los sucesos militares. \u00abTenemos la m\u00e1xima -dice Vicente- de no escribir de esas cosas\u00bb. Lo suyo era otra cosa, las pobres v\u00edctimas de los sucesos militares. A esto se limitaban en su abundante corres\u00adpondencia dirigida a San L\u00e1zaro. Escrib\u00edan con sobriedad, sin apelar a trucu\u00adlencias ret\u00f3ricas, que tal vez hubieran estado justificadas en aquel paisaje de muerte, hambre y destrucci\u00f3n. Pero la mera descripci\u00f3n, aunque sobria, de lo que ve\u00edan resultaba ser un cuadro de espanto que no pod\u00eda dejar de conmover el coraz\u00f3n y el bolsillo m\u00e1s fr\u00edos.<\/p>\n<p>Vicente vio de inmediato el potencial movilizador de las cartas de sus misio\u00adneros. Y, como lo hab\u00eda hecho en la campa\u00f1a de la Lorena, pens\u00f3 en hacerlas correr de mano en mano. S\u00f3lo que esta vez acudi\u00f3 a la imprenta para ensanchar el c\u00edrculo de lectores. Cada mes se imprim\u00edan unos cuatro mil ejemplares de una <em>Relaci\u00f3n, <\/em>un peque\u00f1o folleto de cuatro p\u00e1ginas que conten\u00eda una antolog\u00eda de los p\u00e1rrafos m\u00e1s vivos de la correspondencia enviada por los misioneros. Se describ\u00eda lo que hab\u00edan visto, se daba cuenta de la distribuci\u00f3n de las ayudas enviadas hasta entonces, se solicitaban ayudas nuevas para las nuevas necesi\u00addades descubiertas, y se se\u00f1alaban con nombres concretos los lugares de Par\u00eds y las personas en cuyas manos se pod\u00edan poner con seguridad las aportaciones voluntarias. El redactor \u00fanico de los folletos era el se\u00f1or Carlos de Berni\u00e9res, funcionario importante del parlamento de Par\u00eds que hab\u00eda dejado de lado toda actividad profesional para dedicarse de lleno a la empresa de ayuda a la Cham\u00adpa\u00f1a y Picard\u00eda. El hecho de que Berni\u00e9res fuera un conocido simpatizante y colaborador de los jansenistas no le import\u00f3 en absoluto al se\u00f1or Vicente. De hecho, monjas y solitarios de PortRoyal intervinieron tambi\u00e9n muy activamente en la ayuda a las dos regiones. Con todos ellos colaboraron las instituciones del se\u00f1or Vicente, as\u00ed como con la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, aso\u00adciaci\u00f3n mayoritariamente compuesta de seglares de alta posici\u00f3n social, de la que Vicente fue miembro activo, dedicada a toda suerte de buenas obras. No es que al se\u00f1or Vicente le importara la ortodoxia menos que la caridad. Durante estos mismos a\u00f1os se intensific\u00f3 precisamente, como se ver\u00e1, su participaci\u00f3n para frenar los avances del jansenismo. Pero hab\u00eda que correr a hacer algo por aliviar la terrible pobreza, \u00abcomo se corre a apagar el fuego\u00bb, sol\u00eda decir. Para hacer ese trabajo urgente no hubiera sido buena idea excluir del trabajo a quienes parec\u00edan sospechosos de heterodoxia.<\/p>\n<p>De manera que el se\u00f1or Vicente segu\u00eda proporcionando mes tras mes materiales de primera mano para los folletos del se\u00f1or Berni\u00e9res, folletos que produc\u00edan un gran impacto en la opini\u00f3n p\u00fablica y en los bolsillos. Las ayudas se entregaban en las parroquias de Par\u00eds y en los domicilios de algunas de las damas m\u00e1s importantes. Estas se reun\u00edan cada semana para elaborar el plan de distribuci\u00f3n de ayudas, plan ejecutado sobre el terreno por las gentes del se\u00f1or Vicente. La ayuda a la Picard\u00eda y Champa\u00f1a empalm\u00f3 con otra de caracter\u00edsticas similares en la misma ciudad de Par\u00eds y poblaciones de los alrededores.<\/p>\n<p>Se llevaba un control sumamente detallado del n\u00famero y las diversas clases de necesitados, de la distribuci\u00f3n de las ayudas enviadas en especie o en dinero en cada localidad. Se conservan algunas de las <em>Relaciones <\/em>con inacabables listas de alimentos, ropas, objetos de todo tipo. De todo se daba cuenta, desde importantes donaciones como la de \u00ab12.347 libras de carne de vaca y de cordero\u00bb, debida a \u00abla liberalidad de los carniceros\u00bb, o de \u00ab2.747 pares de zuecos\u00bb, hasta la de \u00ab100 picos y palas para hacer zanjas\u00bb, e incluso de un humilde donativo de \u00abun pu\u00f1ado de clavos\u00bb, cosas \u00e9stas muy \u00fatiles para enterrar a los muertos y librarlos de loa dientes de los animales salvajes, y evitar de paso epidemias. La avalancha de donativos en especie hizo pensar a un miembro importante de la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento en instalar dos grandes almacenes en el centro de Par\u00eds, en los que se recog\u00edan las donaciones para su posterior distribuci\u00f3n. Otro peque\u00f1o folleto con el curioso t\u00edtulo de El <em>almac\u00e9n caritativo, <\/em>tambi\u00e9n inspirado por el se\u00f1or Vicente, daba cuenta detallada del movimiento de entradas y salidas de las donaciones.<\/p>\n<p>Los hombres y mujeres del se\u00f1or Vicente contribu\u00edan tambi\u00e9n con su propia aportaci\u00f3n. Adem\u00e1s de recoger en San L\u00e1zaro a los sacerdotes huidos de sus parroquias destruidas, se daban dos comidas diarias a 800 necesitados. En cuanto a \u00ablas pobres hijas de la caridad, a\u00fan hacen m\u00e1s que nosotros en la ayuda corporal a los pobres\u00bb. En su propia casa daban cada d\u00eda de comer \u00aba 1.300 pobres ver\u00adgonzantes\u00bb; a otros 5.000 m\u00e1s y a 800 refugiados en dos barrios de Par\u00eds; se encargaban de encontrar casas particulares en las que dar asilo hasta a 800 j\u00f3venes refugiadas; \u00abtenemos un centenar en una casa del barrio de Saint-Denis\u00bb.<\/p>\n<p>Todo el esfuerzo de informaci\u00f3n, organizaci\u00f3n y distribuci\u00f3n no depend\u00eda cier\u00adtamente s\u00f3lo del se\u00f1or Vicente. En lo que se refiere a Par\u00eds y alrededores inter\u00advinieron tambi\u00e9n pr\u00e1cticamente todas las \u00f3rdenes religiosas, las parroquias y varias instituciones civiles p\u00fablicas y privadas. Por gigantesco que fuera el esfuerzo es casi seguro que no logr\u00f3 paliar m\u00e1s que una parte de la destrucci\u00f3n producida por los ej\u00e9rcitos. El mismo Vicente era muy consciente de ello: \u00abMuchas personas caritativas de Par\u00eds procuran poner alg\u00fan remedio con sus esfuerzos y sus limosnas para impedir que la gente muera de hambre\u00bb. Pero ya esta parte merec\u00eda la pena: miles de enfermos atendidos, otros varios miles de personas que salvaron la vida, muertos enterrados con cierta dignidad, refugiados acogidos, iglesias y casas re\u00adconstruidas, campesinos que perdida la cosecha de un a\u00f1o o de dos, con las semillas y herramientas recibidas pod\u00edan volver a empezar su eterno trabajo interrumpido bruscamente por la destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ante el paisaje desolador la palabra del se\u00f1or Vicente volvi\u00f3 a recobrar los tonos pat\u00e9ticos de su discurso a las damas sobre los ni\u00f1os abandonados. A\u00fan se hizo su tono m\u00e1s pat\u00e9tico y tambi\u00e9n m\u00e1s exigente. El redactor de las <em>Relaciones <\/em>pon\u00eda la pluma y la dedicaci\u00f3n; Vicente pon\u00eda la inspiraci\u00f3n. \u00abComo ning\u00fan rico recibe en estos tiempos las rentas que sol\u00eda, los pobres quedar\u00e1n abandonados si los que tienen dos vestidos no dan uno a quien no tiene, si no venden sus bienes y los dan en limosna: si las comunidades eclesi\u00e1sticas no hacen lo que han hecho todos los santos: vender los objetos preciosos y los ornamentos de iglesia guardados en sus tesoros y distribuirlos a los pobres, a quienes pertenecen seg\u00fan el consenti\u00admiento universal de los Padres, los papas y los concilios. Todo eso es patrimonio de los pobres. Los llamados ricos o acomodados, les agrade o no esta empresa de caridad, no pueden ignorar que no son m\u00e1s que administradores de sus bienes, y que no tienen derecho a apropiarse de ellos m\u00e1s que en lo que necesitan para vivir con moderaci\u00f3n. Lo dem\u00e1s es de los pobres. Cuando el pr\u00f3jimo muere delante de nuestros ojos hay obligaci\u00f3n de cortar no s\u00f3lo lo superfluo sino tambi\u00e9n lo que es necesario para vivir seg\u00fan su estado\u00bb.<\/p>\n<p>Y redondea el discurso con una frase terrible de un Padre de la iglesia, frase que sol\u00eda repetir a las damas para que no se les pudiera acusar en el juicio final de haber contribuido por omisi\u00f3n a la muerte de los ni\u00f1os: <em>si<\/em> <em>non pavisti, occidisti: <\/em>\u00abel que no alimenta al necesitado, lo mata\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>(1651)<\/strong><\/h3>\n<p>La organizaci\u00f3n del programa de ayuda a la Campa\u00f1a y Picard\u00eda absorbi\u00f3 buena parte de las energ\u00edas del se\u00f1or Vicente a lo largo de 1651. Pero no le hizo descuidar todas las otras preocupaciones que desde hac\u00eda a\u00f1os pasaban por sus manos y por su mesa de trabajo. Exceptuadas la direcci\u00f3n de los monasterios de la Visitaci\u00f3n y su participaci\u00f3n en el Consejo de Conciencia, todas ellas hab\u00edan ido surgiendo de su vocaci\u00f3n de evangelizador de los pobres descubierta en 1617. Todas ellas siguieron siendo, hasta su muerte, nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde, objeto de su solicitud y vigilancia. Este a\u00f1o de 1651 fue adem\u00e1s testigo de una extensi\u00f3n de las actividades de su congregaci\u00f3n en Escocia y Polonia, en esta \u00faltima tambi\u00e9n de las hijas de la caridad, as\u00ed como de un mayor esfuerzo personal para detener el progreso del jansenismo.<\/p>\n<p>Encima de todo ello tuvo el se\u00f1or Vicente la idea de celebrar a partir del 1 de julio durante cuarenta d\u00edas una segunda asamblea general de su congregaci\u00f3n para, entre otras cosas, \u00absolucionar los des\u00f3rdenes que haya podido causar el superior general\u00bb. No es que pensara someterse a un juicio por parte de los notables de su congregaci\u00f3n. Tampoco ten\u00eda intenci\u00f3n, y no lo hizo, de presentar su dimisi\u00f3n una segunda vez. Ya la primera no hab\u00eda tenido resultado alguno; intentarlo de nuevo no hubiera dejado de ser un gesto ret\u00f3rico y un poco vacuo. Pero s\u00ed someti\u00f3 a la muy libre discusi\u00f3n de los asistentes, que eran otros trece, algunos asuntos de inter\u00e9s fundamental para consolidar su congregaci\u00f3n antes de su muerte, que se pod\u00eda prever f\u00e1cilmente como no muy lejana. Precisamente unos d\u00edas despu\u00e9s de terminada la asamblea volvi\u00f3 a caer gravemente enfermo, aunque tampoco esta vez consigui\u00f3 la enfermedad terminar con su vida.<\/p>\n<p>Pod\u00eda en esta segunda asamblea haber simplemente expuesto los problemas, y tal vez impuesto las soluciones adecuadas sobre el fundamento de su propio prestigio y carisma, aceptados por todos y no discutidos por ninguno de los asistentes. Pero no quiso hacerlo, sino que los someti\u00f3 a su discusi\u00f3n, en particular el dif\u00edcil y muy controvertido asunto de los votos. El car\u00e1cter netamente democr\u00e1tico de la asamblea se hizo patente desde el comienzo mismo. Los participantes ocupaban \u00absus asientos de cualquier forma, sin consideraci\u00f3n de personas ni cualidades\u00bb. el superior general, Vicente mismo, \u00absentado junto a la chimenea\u00bb. Uno de los puntos discutidos fue precisamente si ser\u00eda conveniente establecer entre los miem\u00adbros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n una especie de grados de mayor y menor dignidad. Atra\u00eda a algunos poderosamente el ejemplo de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas con sus cuatro categor\u00edas de miembros con desiguales derechos y obligaciones. Pero acab\u00f3 prevaleciendo un sentido de igualdad, y decidieron: \u00abSe rechaza. No habr\u00e1 grados entre nosotros\u00bb. Pero tampoco pod\u00edan enga\u00f1arse y pretender que hubiera de hecho entre los miembros de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n una igualdad tan radical como tal vez la hubieran deseado. Estaban los hermanos coadjutores, obviamente inferiores, excluidos por su propia naturaleza de todas las funciones de car\u00e1cter sacerdotal y de numerosas funciones de gobierno y autoridad dentro de su misma comunidad. En la discusi\u00f3n afloraron por parte de algunos ideas de car\u00e1cter m\u00e1s bien despectivo hacia ellos, con fuertes cr\u00edticas: \u00abalgunos (hermanos) quieren actuar como due\u00f1os absolutos en sus oficios, y les cuesta aceptar que se les vigile\u00bb. Hubo asamble\u00edsta que se mostr\u00f3 partidario de que se les tratara con mano dura y \u00abpuro rigor\u00bb.<\/p>\n<p>Pero no era de esa opini\u00f3n el se\u00f1or Vicente, quien quiso \u00abdejar bien sentado que el gobierno cristiano quiere y obliga a la humildad. Entre los cristianos no hay m\u00e1s esclavos que aquellos qu\u00e9 se env\u00edan a galeras por sus cr\u00edmenes. Una conducta amable y cordial es la mejor. Son hermanos nuestros\u00bb. Como hermanos los trataba \u00e9l mismo. Les confiaba sin ning\u00fan recelo la muy delicada funci\u00f3n de secretarios personales suyos; los dedicaba a trabajar en la ense\u00f1anza cuando ten\u00edan cualidades y preparaci\u00f3n para ello; les consultaba con frecuencia en las cosas que se refer\u00edan a sus trabajos propios; les ped\u00eda perd\u00f3n cuando los hab\u00eda tratado con alguna aspereza. En la reuni\u00f3n lleg\u00f3 al detalle de recordar a los asistentes que los hermanos \u00abdeben comer en los viajes a la misma mesa que nosotros\u00bb. El mismo lo hab\u00eda hecho una vez con un hermano \u00aba la mesa de la se\u00f1ora de Aiguillon\u00bb.<\/p>\n<p>Otro punto de discusi\u00f3n se refer\u00eda a algo que afectaba a la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente en lo m\u00e1s delicado de su ser. De los tres sacerdotes que hab\u00edan firmado con \u00e9l el acta de asociaci\u00f3n que dio origen a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en 1626 s\u00f3lo estaba presente en la asamblea Antonio Portail. Los otros dos, du Coudray y La Salle, hab\u00edan fallecido a\u00f1os antes. Los tres se hab\u00edan asociado libremente al se\u00f1or Vicente con el \u00fanico objetivo de dedicarse a dar misiones rurales. Pero los 25 a\u00f1os de historia, cumplidos precisamente a los pocos d\u00edas de concluida la asamblea, hab\u00edan ido a\u00f1adiendo a ese n\u00facleo original otras actividades, incompatibles en la pr\u00e1ctica en parte o en todo con la dedicaci\u00f3n a las misiones. Hab\u00eda entre ellos quienes a\u00f1oraban la simplicidad y claridad de los primeros tiempos, y sugirieron que se fundara \u00aben cada provincia una casa de misioneros, sin ejercitantes\u00bb que pudieran distraerles de la ocupaci\u00f3n principal. Otros llegaron a\u00fan m\u00e1s lejos, con la proposici\u00f3n de una \u00abmisi\u00f3n perpetua\u00bb, o sea, una dedicaci\u00f3n continua y exclusiva al trabajo misionero sin m\u00e1s interrupci\u00f3n que una semana al a\u00f1o \u00abpara hacer ejercicios espirituales y dar cuenta de su trabajo\u00bb. Nadie desech\u00f3 la idea como descabellada; sin duda todos sent\u00edan en el fondo de sus almas, el fundador mismo en primer lugar, que aquella propuesta colmaba de forma total el ideal misionero m\u00e1s exigente. Se pusieron, sin embargo, dificultades de tipo pr\u00e1ctico: peligro evidente de cansancio, falta de tiempo para preparar las predi\u00adcaciones, riesgo de disipaci\u00f3n y de p\u00e9rdida del \u00abesp\u00edritu interior\u00bb, los trabajos de los campesinos en los meses de verano. De manera que, aunque se discuti\u00f3 la propuesta en detalle, se concluy\u00f3 \u00absin determinar nada\u00bb. Tampoco se determin\u00f3 nada en relaci\u00f3n a otra proposici\u00f3n sobre la conveniencia de se\u00f1alar un tope de edad para la dedicaci\u00f3n a las misiones, por ejemplo los 60 a\u00f1os, cumplidos los cuales uno se podr\u00eda dedicar a \u00abtrabajar en la direcci\u00f3n de los seminarios y en otras ocupaciones\u00bb. Se rechaz\u00f3 la propuesta. Sin duda pensaban que para el trabajo principal, el de las misiones, no se pod\u00eda pensar en edad de jubilaci\u00f3n. El mismo Vicente dos a\u00f1os despu\u00e9s de la asamblea, a los 73 a\u00f1os de edad, se escap\u00f3 de San L\u00e1zaro y de sus muchas preocupaciones para dar una \u00faltima misi\u00f3n en una peque\u00f1a aldea. No valieron para hac\u00e9rsela interrumpir ni siquiera las vivas protestas de la duquesa de Aiguillon, que acus\u00f3 a los padres de San L\u00e1zaro de inconsciencia por permitir que pusiera en peligro su salud y aun su vida, un hombre cuya vida era tan preciosa para la sociedad v para la iglesia.<\/p>\n<p>Otros dos asuntos se llevaron la mayor parte del tiempo y de la atenci\u00f3n de los asistentes a la asamblea, los votos y las reglas, en particular el primero de ellos. Se decidi\u00f3 seguir manteniendo la pr\u00e1ctica de hacerlos y de \u00abbuscar incesantemente la aprobaci\u00f3n de su Santidad\u00bb para que fueran obligatorios. Pero no fue nada f\u00e1cil llegar a esta conclusi\u00f3n un\u00e1nime despu\u00e9s de una largu\u00edsima y complicada discusi\u00f3n que dur\u00f3 al menos seis d\u00edas.<\/p>\n<p>Se recordar\u00e1 que desde un par de a\u00f1os o tres despu\u00e9s de fundada la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n se hab\u00eda ido introduciendo la costumbre de hacer votos, de una manera libre y con un car\u00e1cter privado y personal. No se exig\u00eda, en otras palabras, el que se hicieran votos para ser miembro de pleno derecho de la Congregaci\u00f3n. La bula papal de 1633 que hac\u00eda de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n una Congregaci\u00f3n de derecho pontificio no mencionaba los votos para nada. Pero ya en 1641, como se vio arriba, el se\u00f1or Vicente solicit\u00f3 y obtuvo del arzobispo de Par\u00eds una ordenanza que hac\u00eda obligatoria la pr\u00e1ctica de los votos para todos. Le llev\u00f3 a solicitar esto \u00abla experiencia, que le obliga a temer que los eclesi\u00e1sticos de dicha congregaci\u00f3n, si permanecen libres (es decir, sin votos) sucumban ante las primeras tentaciones que surjan contra su vocaci\u00f3n y quieran salirse de ella\u00bb. Parecer\u00eda que la ordenanza del arzobispo deber\u00eda haber aclarado definitivamente la cuesti\u00f3n. Pero no fue as\u00ed.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente conoc\u00eda muy bien la diversidad de opiniones entre los miembros \u00adde su congregaci\u00f3n acerca de los votos, y aun la cerrada oposici\u00f3n a hacerlos \u00adobligatorios por parte incluso de algunos de los miembros m\u00e1s sensatos y m\u00e1s antiguos presentes en la asamblea. Pero \u00e9l parec\u00eda estar firmemente determinado a conseguir lo que quer\u00eda. Lo consigui\u00f3 efectivamente, pero no quiso conseguirlo \u00adhaciendo tragar a la fuerza su propia postura a quienes se opon\u00edan a ella. Planteadas con viveza las divergentes opiniones sobre el asunto. Vicente les ofreci\u00f3 seguir \u00abtratando de este tema hasta obtener mayor conformidad en todos\u00bb. Uno de los asistentes m\u00e1s decididamente partidario de los votos hizo la observaci\u00f3n muy personal de que hab\u00eda estado tentado de abandonar la comunidad, pero \u00able retuvieron los votos, cuando tuvo un superior de 25 a\u00f1os\u00bb. Otro observ\u00f3 que \u00abson pocos los retenidos por los votos; y que si es eso lo \u00fanico que les retiene m\u00e1s valdr\u00eda que se salieran\u00bb. Otro, en la misma l\u00ednea de oposici\u00f3n, not\u00f3 que el permanecer en la congregaci\u00f3n a pesar de las dificultades era m\u00e1s meritorio y m\u00e1s libre cuando no se ten\u00edan votos que si se permanec\u00eda en ella por tenerlos. Se mencion\u00f3 a favor de los votos el caso de una compa\u00f1\u00eda, en la que no se hac\u00edan votos, que no encontr\u00f3 entre sus miembros a ninguno dispuesto para trabajar en las regiones devastadas por la guerra ante las dificultades del trabajo. Pero eso hab\u00eda sucedido, advirti\u00f3 otro, en una orden que hac\u00eda votos solemnes.<\/p>\n<p>Hab\u00eda argumentos para todos los gustos y de todos los colores. Pero la raz\u00f3n que se esgrimi\u00f3 con m\u00e1s insistencia por varios de los asistentes, incluyendo entre ellos el que iba a ser su sucesor como superior general, Renato Almeras, era que la obligaci\u00f3n de hacer cualquier tipo de votos har\u00eda de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n una orden religiosa. Eso no lo quer\u00eda ninguno de los presentes en la asamblea, m tampoco los que no estaban en ella, ni por supuesto tampoco el se\u00f1or Vicente, que hasta pocos a\u00f1os antes se hab\u00eda firmado \u00absacerdote de la di\u00f3cesis de Dax\u00bb. La asamblea insisti\u00f3 en que \u00absomos del clero (secular) y formamos parte de \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente dej\u00f3 hablar, les anim\u00f3 a hablar, a objetar, a defender. Fue extremadamente paciente; fue tambi\u00e9n tenaz, como sol\u00eda serlo en asuntos impor\u00adtantes. Este lo era sin duda para la estabilidad futura de su congregaci\u00f3n, para asegurar una dedicaci\u00f3n sostenida a la exigente evangelizaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>Cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de concluida esta segunda asamblea general consegu\u00eda Vicente de Roma lo que le hubiera tal vez gustado tener unos a\u00f1os antes: un breve pontificio que aprobaba y hac\u00eda obligatoria la pr\u00e1ctica de los votos en su congregaci\u00f3n. El breve defin\u00eda los votos como simples, a\u00f1ad\u00eda a los tres votos tradicionales un cuarto voto de dedicarse toda la vida a \u00abla salvaci\u00f3n de los pobres campesinos\u00bb. Se defin\u00eda con claridad, para evitar equ\u00edvocos jur\u00eddicos, que \u00abesta congregaci\u00f3n no ser\u00e1 contada entre el n\u00famero de las \u00f3rdenes religiosas, sino que ser\u00e1 del cuerpo del clero secular\u00bb; con todo lo cual consegu\u00eda lo que desde hac\u00eda tiempo hab\u00eda so\u00f1ado y querido el se\u00f1or Vicente: un v\u00ednculo fuerte que garantizara con seguridad ra\u00adzonable la permanencia de sus hombres en la congregaci\u00f3n, y a la vez y sobre todo la permanencia de sus trabajos por los pobres. Su car\u00e1cter secular quedaba tambi\u00e9n en principio garantizado, y este aspecto era tambi\u00e9n muy querido por el fundador, aunque de momento, hubo en las largas vacilaciones por las que pas\u00f3 el fundador, aunque momento hubo en las largas vacilaciones por las que pas\u00f3 \u00e9l mismo en este asunto de los votos en que parece se mostr\u00f3 dispuesto a renunciar a esto si hubiera sido necesario para conseguir lo otro. No le obligaron en Roma a renunciar a ello, sino que le concedieron las dos cosas a la vez, con lo que se cre\u00f3 una instituci\u00f3n algo original en la historia de la iglesia, instituci\u00f3n tambi\u00e9n un poco ambigua, como se coment\u00f3 arriba, que en cierto modo pretend\u00eda unir la perfecci\u00f3n del estado religioso con una dedicaci\u00f3n, que era primordial y hab\u00eda sido la causa de su fundaci\u00f3n, a la evangelizaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>El otro asunto de importancia que trat\u00f3 la asamblea se refer\u00eda a las Reglas, de las que se dice que \u00abest\u00e1n casi decididas para que puedan quedar como fijas\u00bb. Se hab\u00eda trabajado en ellas desde la primera asamblea de 1642, pero no estaban a\u00fan decididas del todo, ni aun aprobadas por nadie, por lo que los asamble\u00edstas se muestran muy preocupados, pues, dicen, \u00abnos damos cuenta de que tendremos que vernos con un asunto muy serio en el caso de que las reglas no sean aprobadas antes de la muerte del superior general\u00bb, o sea, antes de la muerte del se\u00f1or Vicente. El era sin duda el primer preocupado, pues la continuidad en la pureza de la idea original depend\u00eda en buena medida de la fidelidad a unas reglas que reflejaran adecuadamente su intenci\u00f3n y su esp\u00edritu. De manera que el acto \u00faltimo de la asamblea fue redactar una petici\u00f3n al arzobispo de Par\u00eds, firmada por todos ellos, para que aprobara las reglas y constituciones redactadas, petici\u00f3n que se present\u00f3 de inmediato al arzobispo, aunque s\u00f3lo fue aprobada por \u00e9l dos a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>Ya en 1648 era de dominio p\u00fablico la oposici\u00f3n del se\u00f1or Vicente a las posturas y doctrinas de los jansenistas. Se lo reproch\u00f3 en carta desde Roma uno de sus propios hombres, quien sent\u00eda ciertas simpat\u00edas por las ideas de los \u00abdisc\u00edpulos de san Agust\u00edn\u00bb: \u00abque hemos hecho mal en declararnos contrarios a las opiniones del tiempo\u00bb. Con paciencia y mansedumbre, pero con su vigor acostumbrado, le explica Vicente las razones de su postura. Est\u00e1 en primer lugar la posici\u00f3n un\u00e1nime del Consejo de Conciencia del que forma parte, con la reina y Mazarino a la cabeza, \u00aben el que todos se han declarado contrarios\u00bb. En segundo, la repetida condenaci\u00f3n, por parte de varios papas y de \u00abla parte m\u00e1s santa\u00bb de la facultad de teolog\u00eda de la Sorbona, de las opiniones de Bayo, opiniones tambi\u00e9n sostenidas por Jansenio. El mismo tiene adem\u00e1s conocimiento de primera mano de \u00ablos planes del autor de esas opiniones nuevas\u00bb, es decir, de Saint Cyran, que son \u00abdestruir la situaci\u00f3n presente de la iglesia y someterla a su poder. Me dijo un d\u00eda que Dios quer\u00eda arruinar a la iglesia actual\u00bb.<\/p>\n<p>Por todas esas razones, \u00abadem\u00e1s de varias otras\u00bb, se siente obligado a oponerse a esta nueva herej\u00eda. Y aunque sabe que la obligaci\u00f3n de hacerlo recae en primer lugar sobre los obispos, recae tambi\u00e9n sobre todos \u00ablos que ven el mal\u00bb, pues Guardar silencio sobre un peligro tan grave ser\u00eda en realidad trabajar a su favor. El no pod\u00eda guardar silencio ni estarse quieto; se lo imped\u00edan su gran amor a la iglesia, por cuya reforma y mejora, no destrucci\u00f3n, llevaba tantos a\u00f1os trabajando en tantos frentes. Se lo imped\u00edan tambi\u00e9n las consecuencias destructivas f\u00e1cilmente previsibles de una doctrina elitista y en realidad arcaizante, aunque pasaba por ser moderna, como era la jansenista, contra las obras y fundaciones en favor del pobre \u00adpueblo en que estaba comprometido desde hac\u00eda casi treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>A partir de 1650 Vicente escribe y anima a numerosos obispos para que firmen una petici\u00f3n a Roma que condene en t\u00e9rminos inequ\u00edvocos lo sustancial de Ias doctrinas jansenistas. Se resum\u00eda lo principal de \u00e9stas en cinco proposiciones, de entre las cuales la que m\u00e1s le doler\u00eda al se\u00f1or Vicente ser\u00eda sin duda la quinta que dec\u00eda: \u00abEs semipelagiano decir que Jesucristo muri\u00f3 por todos los hombres\u00bb. Durante todo el a\u00f1o de 1651 y el siguiente Vicente intensific\u00f3 su correspondencia para animar a diversos obispos a que firmaran, para disipar las objeciones de lo, que las ten\u00edan contra la oportunidad de la firma y la condena, aun cuando la, tuvieran contra las doctrinas, para alentar a la comisi\u00f3n enviada a Roma con a, fin de llevar adelante la causa. La condenaci\u00f3n de las cinco proposiciones se hizo p\u00fablica el 9 de junio de 1653. Pero de ninguna manera acab\u00f3 con la controversia Los jansenistas, aun los que firmaron la aceptaci\u00f3n de la bula condenatoria, cre\u00adyeron que pod\u00edan en conciencia seguir defendiendo sus posturas y su devoci\u00f3n por Jansenio con la observaci\u00f3n de que las cinco proposiciones eran efectivamente condenables, pero que no se encontraban en sus escritos.<\/p>\n<p>Pero para Vicente la bula supon\u00eda la palabra definitiva, m\u00e1s bien definitoria, en un tema que hab\u00eda consumido tantas de sus mejores energ\u00edas. Trat\u00f3 en persona con jansenistas declarados y simpatizantes para animarles a aceptar la sentencia, e hizo esfuerzos para que los que se cre\u00edan vencedores depusieran toda arrogancia hacia los vencidos. No consigui\u00f3 ni una cosa ni otra excepto en muy peque\u00f1a medida. La controversia empeor\u00f3 en virulencia a partir de la publicaci\u00f3n de la bula, sobre todo a partir de la intervenci\u00f3n de la acerada pluma de Pascal en el asunto tres a\u00f1os despu\u00e9s. El se\u00f1or Vicente se limit\u00f3 a partir de ese momento a vigilar con cuidado para que el esp\u00edritu jansenista no se infiltrara en las dos congregaciones que hab\u00eda fundado, y en la de la Visitaci\u00f3n, de la que era director y superior. No lo consigui\u00f3 del todo, aunque lo intent\u00f3 con fuerza, en relaci\u00f3n a algunos pocos hombres de su propia congregaci\u00f3n. No le bastaba mantener con firmeza su ortodoxia personal. Le preocupaba la ortodoxia de todo el mundo, pues s\u00f3lo sobre la base de una firme ortodoxia se pod\u00eda construir una ortopraxis s\u00f3lida y radical como era la suya. El, como Jesucristo, quer\u00eda la salvaci\u00f3n de todo el mundo y trabajaba por ella, y no s\u00f3lo por la de unos pocos, aunque fueran \u00e9stos, como lo pretend\u00edan los jansenistas, elegidos de Dios.<\/p>\n<p>En cuanto a la firmeza de su propia ortodoxia, \u00e9l mismo nos confirma estar basada en una profunda humildad. Se la debe a Dios, y no a s\u00ed mismo. Porque, confiesa en su ancianidad en una charla a los hombres de su congregaci\u00f3n, \u00absiempre he tenido miedo de verme envuelto en los errores de alguna nueva doctrina sin darme cuenta de ello. S\u00ed, durante toda mi vida he tenido miedo a esto\u00bb. Inteligencias m\u00e1s profundas y m\u00e1s sutiles que la suya se hab\u00edan dejado llevar por las \u00abfalsas dulzuras de una pretendida reforma\u00bb como las que ofrec\u00eda el jansenismo. Pero Dios no permiti\u00f3 que se dejara llevar por ellas su siervo Vicente de Pa\u00fal. El reconoci\u00f3 en p\u00fablico que \u00abesto era efecto de la pura misericordia de Dios, por lo que se sent\u00eda obligado a darle gloria\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>(1652-1653)<\/strong><\/h3>\n<p>La llamada Fronda de los pr\u00edncipes vino a empalmar con la Fronda parlamentaria, y estuvo motivada en el fondo por causas sociales y pol\u00edticas similares. Pero su detonante fue muy concreto v muy aparatoso. Cond\u00e9, el gran Cond\u00e9, que diez a\u00f1os antes hab\u00eda derrotado en Rocroi a la hasta entonces invencible infanter\u00eda espa\u00f1ola, era el baluarte m\u00e1s s\u00f3lido de la corte. Pero se hab\u00eda pasado de repente al partido del duque de Orleans, t\u00edo de Luis XIV, quien ten\u00eda sus ambiciones nada secretas de desbancar a Mazarino \u00abese ladr\u00f3n, ese buf\u00f3n, ese mercachifles, ese italiano impostor\u00bb, como lo calificaba sin ning\u00fan respeto la voz com\u00fan. Bajo la instigaci\u00f3n del joven Gondy, comprado para la causa real por Ana de Austria con la promesa de solicitar para \u00e9l el cardenalato, como vimos, Mazarino dio la orden de arrestar a Cond\u00e9. Esto result\u00f3 ser un grave error t\u00e1ctico dada la popularidad del general, pero entraba de lleno en el juego del joven obispo coadjutor, pues tambi\u00e9n \u00e9l se hac\u00eda sus ilusiones de suplantar a Mazarino. Pueblo y parlamento se pusieron del lado de Conde. El parlamento declar\u00f3 a Mazarino, que se acercaba a Par\u00eds al frente de un ej\u00e9rcito, culpable de lesa majestad y puso precio a su cabeza: 150.000 libras a quien lo entregara vivo o muerto.<\/p>\n<p>Hubo batallas muy sangrientas en el mismo Par\u00eds entre las tropas reales y las tropas de Cond\u00e9. La destrucci\u00f3n y la sangre movieron a las fuerzas vivas a intentar de nuevo una reconciliaci\u00f3n. Por otro lado la popularidad de Cond\u00e9 descendi\u00f3 visible y r\u00e1pidamente entre el pueblo al ver \u00e9ste en la propia capital de Francia las odiadas banderas de las tropas espa\u00f1olas, con las que Conde hab\u00eda establecido una alianza de conveniencia. Delegaciones de cl\u00e9rigos, de comerciantes y de burgueses acu\u00addieron al joven rey para ofrecerle la sumisi\u00f3n de la ciudad, en la que el rey entr\u00f3 con solemnidad militar en octubre de 1652. No entr\u00f3 Mazarino en el s\u00e9quito del rey. Se autoexili\u00f3 por varios meses hasta que, calmados los \u00e1nimos, tambi\u00e9n \u00e9l pudo volver llamado por la corte, no humillado sino triunfante. Con toda proba\u00adbilidad el se\u00f1or Vicente tuvo mucho que ver con este exilio y esta vuelta del primer ministro.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>La correspondencia del se\u00f1or Vicente todo a lo largo de 1652 est\u00e1 llena de refe\u00adrencias a los disturbios. No se habla en ella de los diversos vaivenes pol\u00edtico\u00admilitares sino s\u00f3lo de lo que m\u00e1s le interesaba a \u00e9l, el sufrimiento del pueblo y el deseo de paz. Tambi\u00e9n a \u00e9l y a sus gentes les toc\u00f3 sufrir, hasta el punto de que llega a exclamar: \u00abapenas podemos pensar en otra cosa que no sea nuestra con\u00adservaci\u00f3n\u00bb. El a\u00f1o 1653 fue particularmente duro para la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente por \u00abel gran n\u00famero de personas que Dios ha querido quitarnos\u00bb. El mismo no goz\u00f3 durante todo este a\u00f1o de muy buena salud. A finales del a\u00f1o anterior el m\u00e9dico le hab\u00eda ordenado \u00abtomar el aire del campo por siete u ocho d\u00edas, debido a una fiebrecilla que me ataca por la noche\u00bb, cosa que hizo en la finca que su congregaci\u00f3n pose\u00eda en Orsigny. La mortandad excepcional entre los hombres del se\u00f1or Vicente motiv\u00f3 una breve pero muy hermosa misiva de Luisa de Marillac \u00abal padre Vicente, general de los venerables sacerdotes de la Misi\u00f3n\u00bb. Lo de venerables no era en modo alguno un toque ret\u00f3rico. Luisa de Marsillac era a\u00fan menos ret\u00f3rica que Vicente de Pa\u00fal. Pero el cari\u00f1o que sent\u00eda por el se\u00f1or Vicente lo hab\u00eda extendido a los hombres del se\u00f1or Vicente con toda generosidad. El cari\u00f1o y la veneraci\u00f3n. La muerte de tantos de sus hombres le hab\u00eda hecho llorar literalmente. Ella sab\u00eda muy bien que el se\u00f1or Vicente, m\u00e1s emocional por naturaleza que ella misma, hab\u00eda conseguido para estas fechas un alto dominio de sus emociones que le impedir\u00eda derramar l\u00e1grimas por la muerte de sus propias gentes. Sab\u00eda que Vicente ya no sufr\u00eda sensiblemente m\u00e1s que por el dolor de los pobres. Pero ella pensaba que tambi\u00e9n sus hombres ten\u00edan derecho a una l\u00e1grima. \u00ab\u00bfNo ser\u00e9 muy atrevida, mi venerado padre, al osar mezclar mis l\u00e1grimas con su habitual sumisi\u00f3n a la voluntad de Dios, uniendo mi debilidad a la fuerza que Dios le ha dado para soportar esa prueba tan grande? Por amor de Nuestro Se\u00f1or, conceda a la naturaleza lo que necesita para desahogarse\u00bb.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n lo pasaron muy mal los que no murieron, pues las gentes de San L\u00e1zaro estuvieron varias veces, en el ir y venir de ej\u00e9rcitos reales y ej\u00e9rcitos rebeldes \u00abjunto a nuestras tapias\u00bb, al borde mismo de jugarse la supervivencia. Le aconsejaron que defendiera con gente armada el priorato contra el peligro de posibles saqueos nocturnos. Lo hizo; \u00abyo mismo he estado velando con ellos\u00bb. Un grupo de soldados saque\u00f3 uno de los edificios del complejo. Pero los males mayores los sufrieron las tierras dependientes de San L\u00e1zaro. Se perdi\u00f3 en la confusi\u00f3n y en la destrucci\u00f3n buena parte de la cosecha de trigo.<\/p>\n<p>A pesar de todo, y a pesar de lo que dice, Vicente s\u00ed pens\u00f3 en otras cosas aparte de su conservaci\u00f3n y de la de sus gentes. Como lo hab\u00eda hecho en la primera Fronda, se crey\u00f3 obligado a intervenir de nuevo como pacificador en las m\u00e1s altas esferas, esta vez parece que con m\u00e1s \u00e9xito que la primera. Al hacerlo demostr\u00f3 cualidades no ya de pol\u00edtico, sino de consumado estadista y hombre de paz. Era \u00e9sta lo que realmente le interesaba, no la carrera pol\u00edtica de Mazarino, ni tampoco la de Cond\u00e9, ni por supuesto la del joven Gondy, a pesar del cari\u00f1o que le ten\u00eda.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Los historiadores no lo saben, porque no suelen leer los escritos del se\u00f1or Vicente, aunque estos son una fuente de primera mano para conocer en directo la Francia de su tiempo, pero con toda probabilidad el primer intento serio de buscar una reconciliaci\u00f3n entre la corte y los rebeldes Orleans y Conde procedi\u00f3 de Vicente de Pa\u00fal. Si tom\u00f3 el mismo la iniciativa de hacerlo, o m\u00e1s bien lo hizo por encargo de la reina, o tal vez incluso de Mazarino, no se sabe con certeza. Pero s\u00ed se sabe que ambas partes lo aceptaron como intermediario de paz. Habl\u00f3 personalmente con la reina y con Mazarino, llev\u00f3 las propuestas de \u00e9stos a Cond\u00e9 y Orleans, y \u00e9stos a su vez respondieron a la corte por medio del se\u00f1or Vicente. Parece que se lleg\u00f3 as\u00ed a un convenio por el que Mazarino acced\u00eda a desaparecer, al menos por alg\u00fan tiempo, de la escena pol\u00edtica con tal de que el joven rey Luis XIV, una vez hecha la paz y restablecida su autoridad, diera \u00abun decreto de justificaci\u00f3n\u00bb de la conducta de su primer ministro. Un poco contradictorias parecen estas dos pro\u00adposiciones, pero es todo lo que se puede extraer de la documentaci\u00f3n que poseemos. Pero tampoco importan mucho los<sup>,<\/sup> detalles, pues todo el plan se vino abajo cuando unos d\u00edas despu\u00e9s de terminada la intervenci\u00f3n del se\u00f1or Vicente, Gast\u00f3n de Orleans se autodeclar\u00f3 lugarteniente general del reino, con lo que atentaba a\u00fan m\u00e1s gravemente contra la autoridad de Luis XIV.<\/p>\n<p>No se desanim\u00f3 por ello el se\u00f1or Vicente. Sab\u00eda que el papa. Inocencio X, hab\u00eda previamente intentado reconciliar a los dos bandos a trav\u00e9s de gestiones de su nuncio en Par\u00eds. Sab\u00eda tambi\u00e9n, pues lo ve\u00eda con sus propios ojos, que esta intervenci\u00f3n hab\u00eda sido \u00abhasta ahora in\u00fatil\u00bb: se lo recuerda \u00e9l mismo al papa en carta personal. Pero cree que merece la pena que el papa insista de nuevo, pues \u00abel d\u00eda tiene doce horas, y lo que no tuvo resultado ninguno a la primera podr\u00eda tener \u00e9xito si se intenta una segunda vez\u00bb. Por lo dem\u00e1s en la carta al papa muestra a las claras qu\u00e9 le llev\u00f3 a comprometerse en una actividad de car\u00e1cter tan netamente pol\u00edtico. El no era un pol\u00edtico, y menos un partidista, aunque tampoco su postura se podr\u00eda definir como neutral. Lo que de verdad le preocupaba en las disensiones entre los miembros de la familia real y de los grandes del reino eran sus conse\u00adcuencias para el pobre pueblo: \u00ablas ciudades, los, pueblos, las aldeas destruidas e incendiadas; los campesinos no cosechan lo que sembraron, ni lo har\u00e1n los pr\u00f3ximos a\u00f1os; todo est\u00e1 permitido a los soldados: las gentes est\u00e1n expuestas a robos, saqueos, a toda clase de sufrimiento y aun a la muerte; muchos campesinos que no mueren por la espada se mueren de hambre\u00bb. No sabemos si esta carta al papa anim\u00f3 a \u00e9ste a intervenir de nuevo. Pero mientras llegaba de Roma una posible respuesta no se qued\u00f3 el se\u00f1or Vicente cruzado de brazos, a ver qu\u00e9 pasaba. Decidi\u00f3 acudir directamente a Mazarino para hacerle ver, por segunda vez, que la paz ser\u00eda imposible mientras no se alejara de la corte.<\/p>\n<p>El cardenal de Retz hab\u00eda acudido a donde estaba la corte a la cabeza de una delegaci\u00f3n del clero de la capital para animar a la reina y a su hijo Luis XIV, que aunque ya declarado mayor de edad contaba s\u00f3lo catorce a\u00f1os, a volver a Par\u00eds donde sin duda ser\u00edan aclamados por el pueblo y conseguir\u00edan as\u00ed calmar los \u00e1nimos. Vicente asegura saber \u00abpor buenos informes\u00bb que Orleans \u00abse ver\u00e1 muy contento de aprovechar esta ocasi\u00f3n para ponerse a bien con el rey\u00bb su sobrino, mientras que Cond\u00e9 \u00abse someter\u00e1 al ver que Par\u00eds ha vuelto a la obediencia del rey\u00bb. Pero el joven rey, manipulado sin duda por Mazarino, contest\u00f3 que antes de pensar en volver a Par\u00eds ten\u00eda que ver alg\u00fan signo claro por parte de la poblaci\u00f3n de que se quer\u00eda su vuelta y, lo que era m\u00e1s importante, el sometimiento de los revoltosos. No hizo ninguna menci\u00f3n de que estuviera dispuesto a desprenderse del odiado Mazarino, cuya deposici\u00f3n era el objeto visible de los rebeldes.<\/p>\n<p>Para convencerle de que se apartara voluntariamente de la corte y del gobierno escribi\u00f3 Vicente a Mazarino una larga carta, obra maestra de coraje, con sus buenos toques de refinada astucia pol\u00edtica y de conocimiento de la volubilidad de las reacciones populares. Los reyes entraron sin \u00e9l en Par\u00eds. Fueron efectivamente recibidos con gran regocijo por parte de todo el mundo, con lo que se dio por terminada la segunda Fronda. Y, a decir verdad, por fracasada, aunque pareci\u00f3 haber tenido \u00e9xito en lo que se refer\u00eda a Mazarino. Este volvi\u00f3 a la corte meses despu\u00e9s reclamado por la reina. Su vuelta no provoc\u00f3 oposici\u00f3n alguna. Personajes importantes que poco antes hab\u00edan calificado a Mazarino como \u00abla mayor basura del siglo\u00bb, entre otras cosas, vinieron a presentarle sus humildes respetos. Esta reacci\u00f3n general se la hab\u00eda anticipado Vicente en la carta, en la que se atreve a decirle, para vencer el pertinaz deseo de Mazarino de entrar en Par\u00eds con los reyes, \u00abque no tiene gran importancia el que el regreso de su eminencia sea antes o despu\u00e9s del regreso del rey. Una vez restablecido el rey en Par\u00eds, su Majestad podr\u00e1 hacer venir a su eminencia cuando le plazca. Estoy seguro de ello. Volver\u00e1 a ganarse el entusiasmo del pueblo, y dentro de poco le volver\u00e1n a aclamar, y con gran aplauso\u00bb.<\/p>\n<p>Y as\u00ed pas\u00f3. Si fue realmente la carta del se\u00f1or Vicente lo que movi\u00f3 a Mazarino a fingir un autoexilio astuto y provisional o si fue otra cosa, no se sabe con seguridad. Pero los datos hist\u00f3ricos que se tienen sugieren que fue efectivamente esa carta lo que hizo ver a Mazarino d\u00f3nde se encontraban a la vez las posibilidades de paz y el futuro de su carrera pol\u00edtica. Con lo que el se\u00f1or Vicente mostr\u00f3 ser un estadista tan agudo al menos como Mazarino, y casi tan astuto. S\u00f3lo que, ya se dijo, al se\u00f1or Vicente no le importaba gran cosa la carrera pol\u00edtica del cardenal. Lo que le interesaba de verdad era la paz. Cuando lleg\u00f3 \u00e9sta al fin despu\u00e9s de tanta destrucci\u00f3n Vicente no pudo contener su j\u00fabilo: \u00abLa alegr\u00eda por el regreso de los reyes es tan grande que no puede imaginarse. Ya no se ve ninguna huella de los trastornos pasados, lo que nos da motivos fundados para esperar que cesar\u00e1n pronto las perturbaciones interiores del reino\u00bb.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>La v\u00edctima m\u00e1s notoria del esp\u00edritu vengativo de Mazarino, una vez instalado de nuevo en el poder, fue uno de los personajes m\u00e1s queridos por el se\u00f1or Vicente, el cardenal de Retz. A finales de 1652 fue encerrado sumariamente en el castillo del bosque de Vincennes, prisi\u00f3n que hab\u00eda conocido Saint Cyran a\u00f1os antes. Su propio padre, el se\u00f1or Gondy sacerdote del Oratorio, fue confinado a sus tierras se\u00f1oriales de Villepreux. Le falt\u00f3 tiempo al se\u00f1or Vicente para ir all\u00e1 \u00aba consolar al padre de Gondy por la desgracia de su hijo\u00bb. Vicente recib\u00eda del preso de Vincennes informaci\u00f3n de primera mano, sin que se sepa c\u00f3mo, que \u00e9l transmit\u00eda a su padre. En una carta le informa de varios detalles sobre el estado de su hijo, entre ellos de que \u00abanda molesto de las muelas, pero no es nada de cuidado, gracias a Dios\u00bb. Corr\u00edan rumores de que el joven Gondy iba a ser liberado, rumores que menciona el se\u00f1or Vicente en la misma carta. Pero los rumores eran falsos. Lejos de ser liberado el cardenal fue trasladado a Nantes, a una prisi\u00f3n m\u00e1s segura y adem\u00e1s alejada de Par\u00eds, donde abundaban los partidarios del cardenal. Pero le sali\u00f3 muy mal el plan a Mazarino, pues el joven Gondy logr\u00f3 escapar de la prisi\u00f3n de Nantes en agosto de 1654. Fue la suya una huida apresurada y peligrosa. Al pasar precipitadamente, montando a caballo, por una puerta baja del muro que rodeaba al castillo salv\u00f3 la cabeza por mil\u00edmetros, pero se dio un tremendo golpe con el dintel que le destroz\u00f3 el omoplato derecho. Las prisas de la huida le impidieron curar el destrozo, de manera que Gondy tuvo que sufrir una espalda irremediablemente deformada hasta el fin de sus d\u00edas.<\/p>\n<p>Huido en barca, recal\u00f3 en las costas de Guip\u00fazcoa y luego, siguiendo desde el sur de Navarra el curso del Ebro hasta el Mediterr\u00e1neo, tom\u00f3 un barco espa\u00f1ol que le condujo con todos los honores a Roma. Inocencio X, poco simpatizante como se sabe de Mazarino, recibi\u00f3 con alborozo al cardenal fugitivo, y le entreg\u00f3 de inmediato el capelo cardenalicio en un consistorio convocado al efecto. Le dio como residencia la casa que la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente ten\u00eda en Roma. Vicente se muestra muy satisfecho por esta medida del papa que le permit\u00eda mostrar algo de la mucha gratitud que sent\u00eda hacia todos los miembros de la familia Gondy. No disimul\u00f3 su satisfacci\u00f3n, sino que la expres\u00f3 en p\u00fablico en una charla a sus misioneros en San L\u00e1zaro: \u00abTenemos que dar gracias a Dios porque el cardenal de Retz ha sido recibido en nuestra casa de Roma. No hacemos con ello m\u00e1s que agradecer lo que ha hecho por nosotros nuestro prelado y nuestro fundador. Ade\u00adm\u00e1s, al hacer eso hemos obedecido al papa, que orden\u00f3 al superior recibir en la casa de la Misi\u00f3n al dicho se\u00f1or cardenal\u00bb. Prelado de los misioneros era efec\u00adtivamente el joven Gondy, pues estando preso en Vicennes hab\u00eda sucedido a su t\u00edo como arzobispo de Par\u00eds a la muerte de \u00e9ste, aunque Mazarino hab\u00eda intentado impedirlo. Llamarle fundador era interpretar los hechos del pasado con bastante generosidad; los fundadores de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n hab\u00edan sido en realidad sus padres. Pero a Vicente no le importaba la imprecisi\u00f3n. El joven cardenal era un Gondy, y el se\u00f1or Vicente se muestra muy contento de que est\u00e9 libre y de que pueda albergarse en una de sus casas.<\/p>\n<p>A Mazarino no le gust\u00f3, por supuesto, ni una cosa ni la otra. A punto estuvo de explotar con furia contra el mism\u00edsimo se\u00f1or Vicente. Alguien debi\u00f3 de calmarle, tal vez la reina, pero ni \u00e9sta pudo impedir, si es que lo intent\u00f3, que Mazarino ordenara a los misioneros franceses del se\u00f1or Vicente que abandonaran Roma de inmediato y se volvieran a Francia, amenazando, si no lo hac\u00edan, con tomar represalias contra la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente y contra su misma persona.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Cualquiera podr\u00eda pensar que el se\u00f1or Vicente, en medio de sus muchos trabajos, a los que se a\u00f1adi\u00f3 en estos a\u00f1os de 1652-1653 su intervenci\u00f3n en el complicado asunto del jansenismo y en el no menos complicado de la Fronda, ten\u00eda bastante en qu\u00e9 ocupar su tiempo y su alma. Tampoco se pod\u00eda esperar que a su edad se embarcara en obras nuevas. Le bastaba, cualquiera lo pod\u00eda ver, y le sobraba con lo que ten\u00eda entre manos. Pero no le bastaba. No es que Vicente de Pa\u00fal fuera un devorador hambriento de trabajo. Pero tantos a\u00f1os y tanta energ\u00eda que hab\u00eda de\u00addicado a los pobres, tantas gentes que hab\u00eda conseguido movilizar, tantos medios materiales propios y ajenos que hab\u00eda invertido desde 1617, estaban lejos de haber conseguido que el n\u00famero de necesitados fuera menor que entonces, o que fueran menores sus necesidades. Hab\u00eda, pues, que seguir trabajando. Es m\u00e1s: a\u00fan hab\u00eda algunas clases de pobres gentes a las que hasta entonces no hab\u00eda prestado apenas atenci\u00f3n. El sab\u00eda muy bien que exist\u00edan, estaban a las puertas mismas de San L\u00e1zaro, los miles de artesanos envejecidos que ca\u00edan en la miseria al perder la capacidad de trabajar. Tambi\u00e9n \u00e9stos eran hijos de Dios, tambi\u00e9n eran pobres; a decir verdad, pobres en extremo, que ni siquiera pod\u00edan apelar al robo para so\u00adbrevivir. Pod\u00edan tal vez intentar malvivir de la limosna. Pero \u00bfqu\u00e9 probabilidades realistas de supervivencia les quedaban si el n\u00famero de mendigos en Par\u00eds superaba con toda seguridad los cuarenta mil?<\/p>\n<p>Un buen d\u00eda un rico se\u00f1or puso en sus manos un capital de 100.000 libras para que las dedicara a cualquier tipo de obra en favor de los necesitados que a Vicente le pareciera bien. Le llev\u00f3 su tiempo el decidirse, como era su costumbre. Pero se decidi\u00f3 al fin; y. esta vez contra su costumbre, se decidi\u00f3 por su cuenta y riesgo, sin esperar a que nadie le sugiriera la idea. Lo que parece indicar que era una idea que le parec\u00eda buena en s\u00ed misma y del todo, y que rondaba por su cabeza hac\u00eda tiempo.<\/p>\n<p>Esto es lo que hizo: invirti\u00f3 31.000 libras en la compra y ampliaci\u00f3n de un edificio cercano a San L\u00e1zaro que ostentaba en la fachada el anagrama del nombre de Jes\u00fas; compr\u00f3 muebles por valor de 5.400 libras; tom\u00f3 en pr\u00e9stamo a favor de San L\u00e1zaro 60.000 libras a un inter\u00e9s, n\u00f3tese, del veinte por ciento, pr\u00e9stamo que devolvi\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s religiosamente; y dedic\u00f3 3.600 libras para los gastos de mantenimiento y alojamiento durante el primer a\u00f1o de cuarenta ancianos, hombres y mujeres por mitad, en lo que se llam\u00f3 desde el comienzo asilo del Nombre de Jes\u00fas. Puso para atenderles un grupo de hijas de la caridad, y comprometi\u00f3 a los hombres de su misma congregaci\u00f3n como capellanes. El mismo actuaba como tal con frecuencia. Sin duda se encontrar\u00eda, cuando lo hac\u00eda, en su propio ambiente: gente pobre y gente, como \u00e9l, anciana.<\/p>\n<p>Les hablaba con un cari\u00f1o extremo y con una extrema sencillez, en su estilo habitual de conversaci\u00f3n llevado a la perfecci\u00f3n a lo largo de tantos a\u00f1os de misiones a los campesinos y de charlas a sus hombres y mujeres. \u00abHablaremos sobre los principales misterios de la fe y sobre la se\u00f1al de la cruz. Pero no os asust\u00e9is si no la sab\u00e9is hacer. Voy a preguntaros; aunque no sep\u00e1is responder bien, no os preocup\u00e9is\u00bb. Empezaba con una cosa simple y al alcance de cualquiera, tal como la se\u00f1al de la cruz, y terminaba exponiendo en lenguaje transparente y concreto los misterios m\u00e1s abstrusos de la fe cristiana, tal el de la Trinidad. Eran pobres, ciertamente, pero eran tambi\u00e9n hijos de Dios y se merec\u00edan lo mejor. Aunque ellos no lo sab\u00edan, el modo simple y directo del se\u00f1or Vicente hab\u00eda influido poderosamente en las maneras de predicar del tiempo, y hasta en las maneras de declamar en el teatro franc\u00e9s de aquellos a\u00f1os. Bossuet, la lengua m\u00e1s cultivada del siglo XVII, se refer\u00eda al habla del se\u00f1or Vicente con gran admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>De manera que en instrucci\u00f3n religiosa se procuraba darles lo mejor. Pero tambi\u00e9n en la alimentaci\u00f3n. \u00abCiertamente no com\u00e9is como los presidentes, pero cu\u00e1ntos nobles empobrecidos se sentir\u00edan afortunados si tuvieran el alimento que ten\u00e9is vosotros\u00bb. No se lo dec\u00eda como quien se lo echa en cara, sino para que se animaran a \u00abtrabajar manualmente en cuanto pod\u00e1is, seg\u00fan vuestras fuerzas\u00bb. Sab\u00eda \u00e9l, lo pod\u00eda sentir ya en su carne, que la ancianidad es muy triste cuando es ociosa, cuando la falta de actividad hace pensar al anciano que es un par\u00e1sito que no hace otra cosa en el mundo que ocupar espacio. Les provey\u00f3 durante los primeros meses de artesanos en activo que les ense\u00f1aran diversos oficios al alcance de sus fuerzas. El mismo enemigo declarado de la ociosidad, la cual, dec\u00eda a sus misioneros, es la peste de buena parte del clero v la \u00abmadrastra de todas las virtudes\u00bb, quer\u00eda evitarla incluso en aquellas pobres gentes que despu\u00e9s de una vida fatigosa pod\u00edan verse tentados \u00aba pensar: no tengo que preocuparme de hacer nada, ya que estoy se<span style=\"text-decoration: underline\">g<\/span>uro de que aqu\u00ed nada me va a faltar\u00bb. Lo cual hubiera hecho de ellos seres totalmente in\u00fatiles por propia elecci\u00f3n. Vicente los quer\u00eda \u00fatiles, d\u00e1ndoles as\u00ed el motivo de un aut\u00e9ntico orgullo que justificara su existencia a sus propios ojos, \u00fatiles en cuanto lo permitieran sus fuerzas. Los quer\u00eda tambi\u00e9n cristianos: \u00abHay que trabajar por amor de Dios: \u00e9l mismo nos dio ejemplo trabajando continuamente por nosotros\u00bb. No dec\u00eda otra cosa a sus trabajadoras y cristianas hijas de la caridad.<\/p>\n<p>El asilo del Nombre de Jes\u00fas comenz\u00f3 a funcionar en marzo de 1653. La tarde misma en que comenz\u00f3. Luisa de Marillac muestra su preocupaci\u00f3n porque dos de los ancianos no hab\u00edan aparecido a\u00fan. Es de suponer que aparecer\u00edan pronto y con ganas, tal vez pidiendo algo torpemente excusas por el retraso. El Nombre de Jes\u00fas tuvo un \u00e9xito instant\u00e1neo ante la opini\u00f3n p\u00fablica. Tambi\u00e9n, y sobre todo, entre los posibles candidatos a ser sus hu\u00e9spedes. M\u00e1s de uno tuvo que esperar meses para poder ser admitido cuando quedara alg\u00fan puesto vacante por defunci\u00f3n de algunos de los asilados. A Vicente de Pa\u00fal le hubiera gustado sin duda proyectar y ejecutar una soluci\u00f3n similar para atender no ya a cuarenta ancianos necesitados sino a los miles que pululaban por la capital. S\u00f3lo hac\u00eda falta que alguien le hubiera dado los medios para llevarlo a cabo. Pero cuando cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde se quiso poner en sus manos los gigantescos medios necesarios se neg\u00f3 en redondo a hacerlo. Se ver\u00e1 por qu\u00e9.<\/p>\n<p>El asilo del Nombre de Jes\u00fas fue la \u00faltima creaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente. Nada nuevo iba a crear en los siete a\u00f1os que le quedaban de vida. Subsist\u00edan a\u00fan todas las que hab\u00eda ido creando desde la primera cofrad\u00eda de caridad parroquial de Chatillon en 1617; todas le segu\u00edan dando preocupaci\u00f3n y trabajo, y todas siguieron creciendo y aumentando hasta su muerte. De manera que aunque ya no surgi\u00f3 ninguna obra nueva que viniera a complicar a\u00fan m\u00e1s su atareada vida en sus \u00faltimos a\u00f1os, no por ello disminuy\u00f3 su ritmo ordinario de trabajo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>8 (1648) \u00abEsta lecci\u00f3n me ense\u00f1\u00f3 el cardenal Berulle, y me la ha ense\u00f1ado tambi\u00e9n mi experiencia: que hay que decir las cosas como las dicen los \u00e1ngeles de la guarda Nos proponen sus inspiraciones, &#8230; <a href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-8\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":101477,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[5],"tags":[224,173,148,124,152,175,172,127,143,135],"class_list":["post-101813","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-chatillon-les-dombes","tag-clichy","tag-du-coudray","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-folleville","tag-pobreza","tag-portail","tag-san-lazaro","tag-villepreux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 8 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-8\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 8 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"8 (1648) \u00abEsta lecci\u00f3n me ense\u00f1\u00f3 el cardenal Berulle, y me la ha ense\u00f1ado tambi\u00e9n mi experiencia: que hay que decir las cosas como las dicen los \u00e1ngeles de la guarda Nos proponen sus inspiraciones, ... 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