{"id":101812,"date":"2015-05-18T04:07:43","date_gmt":"2015-05-18T02:07:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101812"},"modified":"2016-07-26T17:21:21","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:21","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-7","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-7\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 7"},"content":{"rendered":"<h2>7<\/h2>\n<h3><strong>(1645-1647)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>A comienzos de 1643 el se\u00f1or Vicente expresa en una carta el proyecto de dar \u00abde vez en cuando una especie de misi\u00f3n entre esos pobres esclavos de Berber\u00eda\u00bb. No pretende \u00e9l dedicarse a la redenci\u00f3n de cautivos pisando el terreno a los mercedarios y trinitarios, fundados siglos antes expresamente para ese fin. \u00abQuiz\u00e1s -dice- para hacer un ensayo se tome como pretexto el rescate de un peque\u00f1o n\u00famero de esclavos\u00bb. Pero lo que \u00e9l pretende es otra cosa: mantener la fe y aliviar los sufrimientos de los cautivos cristianos a trav\u00e9s de un medio que, con las adaptaciones necesarias, ha tenido \u00e9xito reconocido en ambientes tan dispares como el mundo campesino y los condenados a galeras. Qui\u00e9n le sugiri\u00f3 la idea de dedicarse a este nuevo trabajo, no lo sabemos, ni si la idea se le ocurri\u00f3 a \u00e9l sin que nadie se la sugiriera. Su primer bi\u00f3grafo se la atribuye nada menos que al rey Luis XIII. Es veros\u00edmil que as\u00ed fuera, y que el se\u00f1or Vicente se sintiera obligado a asumir este nuevo y extra\u00f1o terreno de acci\u00f3n fuera de Francia al venir la sugerencia de una fuente tan alta que \u00e9l considerar\u00eda sin duda como int\u00e9rprete de la voluntad de Dios. En el nuevo terreno su congregaci\u00f3n va a aplicar los trabajos en que est\u00e1 muy entrenada: la ayuda espiritual y material a cristianos que sufren muy aguda pobreza material y espiritual, \u00abuna misi\u00f3n de las m\u00e1s caritativas que podr\u00edan ejercer sobre la tierra\u00bb, dice Vicente a los hombres que env\u00eda a \u00c1frica. Los hombres del se\u00f1or Vicente, aunque no enviados a rescatar cautivos, acabaron haciendo tambi\u00e9n eso, c\u00f3mo lo iban a evitar. Y aunque no era \u00e9se su trabajo propio consiguieron la libertad de unos 1.200 esclavos. El mismo Vicente se encargaba de hacer de intermediario para enviar al norte de \u00c1frica el dinero necesario para el rescate. Por sus manos pasaron, y \u00e9l transmiti\u00f3 v\u00eda Marsella al norte de \u00c1frica, alrededor de 1.200.000 libras.<\/p>\n<p>Los misioneros deben evitar cuidadosamente entrometerse en \u00ablos asuntos de aquel pa\u00eds\u00bb, y ni siquiera el dar noticias sobre la situaci\u00f3n pol\u00edtica interna. A\u00fan mucho m\u00e1s deben evitar el intentar convertir a la poblaci\u00f3n nativa musulmana. Una tal conversi\u00f3n ser\u00eda muy de desear, pero el solo intento, prohibido sumariamente por las leyes, pondr\u00eda en peligro la misi\u00f3n para la que eran enviados.<\/p>\n<p>El sencillo proyecto inicial de dar de vez en cuando una especie de misi\u00f3n entre los esclavos se complic\u00f3 de maneras no previstas por \u00e9l. Se estableci\u00f3 en el mismo a\u00f1o de 1643 en Marsella una casa en la que cuatro misioneros se dedicar\u00edan a la atenci\u00f3n a los galeotes. Los puertos de Marsella y de la cercana Toulon eran las bases principales de la marina de guerra francesa en el Mediterr\u00e1neo. La compra de la casa y mantenimiento de los misioneros fue posible gracias a una generosa donaci\u00f3n de la duquesa de Aiguillon. Deb\u00eda servir adem\u00e1s como base para que los \u00absacerdotes de la misi\u00f3n env\u00eden, cuando lo juzguen conveniente, algunos sacerdotes de la dicha Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n a Berber\u00eda, para aliviar e instruir a los pobres cristianos cautivos y detenidos en aquellos lugares\u00bb. Esto se hizo por fin dos a\u00f1os m\u00e1s tarde con el env\u00edo de dos misioneros a T\u00fanez. Entraban en el pa\u00eds en calidad de capellanes del c\u00f3nsul franc\u00e9s, quien gozaba del derecho a tenerlos en virtud de tratados existentes entre el rey de Francia y el sult\u00e1n de Constantinopla. Todo el norte de \u00c1frica musulm\u00e1n estaba sometido a la autoridad de \u00e9ste, aunque su lejan\u00eda y el consecuente d\u00e9bil control permit\u00edan que las autoridades locales en toda la regi\u00f3n se permitieran peque\u00f1as libertades al margen y en contra de los tratados internacionales. En virtud de \u00e9stos no pod\u00edan, por ejemplo, reducir a cautividad a ciudadanos franceses. Pero lo hac\u00edan, v no faltaban numerosos cautivos de nacionalidad francesa entre los 50.000 esclavos cristianos, a tal vez m\u00e1s, que sufr\u00edan por aquel tiempo p\u00e9rdida de libertad en los diversos pa\u00edses del norte de \u00c1frica.<\/p>\n<p>Los misioneros del se\u00f1or Vicente comenzaron como capellanes del c\u00f3nsul franc\u00e9s, pero acabaron ellos mismos como c\u00f3nsules. La idea fue de la misma duquesa de Aiguillon, \u00absin que nosotros tuvi\u00e9ramos ninguna idea sobre ello\u00bb, dice el se\u00f1or Vicente. Ella misma, ante los numerosos conflictos que se creaban por causa de diversos turbios negocios entre el c\u00f3nsul de turno y la conciencia de su capell\u00e1n, tuvo la idea de solicitar a Su Majestad y luego comprar (cargos de este tipo se vend\u00edan por un precio en aquellos tiempos) los consulados de Francia en Argel y en T\u00fanez y confiarlos a los hombres del se\u00f1or Vicente. Desde el mismo comienzo del experimento no mir\u00f3 con buenos ojos la Santa Sede el que un sacerdote cat\u00f3lico desempe\u00f1ara un cargo tan evidentemente pol\u00edtico, y aun comercial, como era el del c\u00f3nsul. Menos a\u00fan cuando los misioneros del se\u00f1or Vicente fueron nombrados vicarios en T\u00fanez y Argel del arzobispo de Cartago. Y aunque el se\u00f1or Vicente, para evitar esta dificultad, nombraba c\u00f3nsules a cl\u00e9rigos no ordenados, las com\u00adplicaciones resultantes fueron tan numerosas y tan graves que lleg\u00f3 a pensar no s\u00f3lo en desprenderse de los consulados, sino incluso en dejar del todo la misi\u00f3n en el norte de \u00c1frica. Pero se opuso a ella con firmeza la duquesa, y la misi\u00f3n, con todas sus complicaciones, sigui\u00f3 adelante. Es \u00e9ste el \u00fanico caso conocido de una empresa misionera asumida por el se\u00f1or Vicente que \u00e9ste estuvo a punto de abandonar despu\u00e9s de comenzada.<\/p>\n<p>No ser\u00eda justo reproch\u00e1rselo si lo hubiera hecho. Su proyecto inicial era modesto, pero era posible y hasta no demasiado dif\u00edcil. El primer misionero que envi\u00f3 comenz\u00f3 su misi\u00f3n entre los esclavos con cierto temor y cierta clandestinidad. Pronto se gan\u00f3 el favor no ya s\u00f3lo de los cautivos sino incluso de la poblaci\u00f3n nativa y de la autoridad. Esta, ante la petici\u00f3n del misionero de que se le permitiera solicitar de Francia otro compa\u00f1ero de trabajo, le contest\u00f3: \u00abPuedes llamar no ya a uno, sino a dos o tres si hacen falta. S\u00e9 que has venido aqu\u00ed para hacer el bien y no el mal\u00bb. Cuatro de los misioneros murieron pronto de peste; ellos, y todos los dem\u00e1s, trabajaron en lo suyo en condiciones muy duras de mala alimentaci\u00f3n, poco sue\u00f1o, p\u00e9simas condiciones higi\u00e9nicas de los \u00abba\u00f1os\u00bb en que viv\u00edan los cautivos. Pero todo esto no constitu\u00eda dificultades que los hombres del se\u00f1or Vicente no pudieran superar mientras su trabajo se limitara a lo proyectado inicialmente.<\/p>\n<p>Pero la compra de los consulados implic\u00f3 a los misioneros en una larga serie de problemas que resultaron ser un obst\u00e1culo para su misi\u00f3n. Rivalidades con los c\u00f3nsules de otros pa\u00edses; oposici\u00f3n a poco escrupulosos comerciantes europeos que traficaban en materiales de importancia estrat\u00e9gica, tal por ejemplo la lona necesaria para las velas de los barcos, cuya venta a los pa\u00edses musulmanes estaba prohibida en virtud de tratados firmados por los pa\u00edses cristianos; deudas de co\u00admerciantes no pagadas, de las que la autoridad local hac\u00eda responsable al c\u00f3nsul, quien daba por ello con sus huesos en la c\u00e1rcel; en fin, toda una inacabable serie de complicaciones que no s\u00f3lo hac\u00edan sufrir en maneras no previstas a los misio\u00adneros sino que pon\u00edan en cuesti\u00f3n la naturaleza misma de su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El c\u00f3nsul-misionero era en el fondo de su alma misionero antes que c\u00f3nsul. A\u00fan m\u00e1s: intentar\u00eda valerse de su cargo pol\u00edtico como de ayuda para su misi\u00f3n. Pero nadie, fuera de \u00e9l y del se\u00f1or Vicente y de la duquesa, ve\u00eda las cosas as\u00ed. Auto\u00adridades locales, comerciantes, autoridades pol\u00edticas cristianas, todos ve\u00edan en \u00e9l ante todo al c\u00f3nsul representante de los intereses de Francia. Esperaban y exig\u00edan de \u00e9l lo que se esperaba y exig\u00eda de un c\u00f3nsul, lo cual creaba en el alma del c\u00f3nsul-misionero contradicciones imposibles de resolver. En suma, que las pre\u00advenciones de las autoridades romanas en este asunto mostraron ser en la pr\u00e1ctica acertadas y realistas.<\/p>\n<p>No es que no las tuviera el mismo se\u00f1or Vicente, quien admite que pueda parecer \u00abextra\u00f1o que unos sacerdotes que se han entregado a Dios para instruir al pobre pueblo del campo y formar eclesi\u00e1sticos en la virtud se mezclen en un asunto temporal tan apartado de sus trabajos como es \u00e9ste\u00bb. Pero s\u00f3lo hab\u00eda una cosa, aparte de la voluntad del rey, capaz de desviar de alguna manera al se\u00f1or Vicente de lo que \u00e9l ve\u00eda como su misi\u00f3n propia: su capacidad de agradecimiento. Tanto deb\u00eda el se\u00f1or Vicente a la duquesa de Aiguillon que no pod\u00eda en buena conciencia negarse a aceptar una sugerencia de \u00e9sta. Tanto m\u00e1s cuanto que en este caso la idea, aunque presentaba sus dificultades, parec\u00eda a primera vista hasta genial para intentar mejorar la suerte de los cautivos. Consigui\u00f3 esto, efectivamente, pero a costa de tales complicaciones no previstas que el se\u00f1or Vicente estuvo a punto de abandonar enteramente la misi\u00f3n. El que no lo hiciera se debi\u00f3 a la gratitud que \u00e9l, hombre siempre extremadamente agradecido, pensaba justamente deber a la duquesa de Aiguillon.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Alrededor de una decena de misioneros envi\u00f3 Vicente a Irlanda a finales de 1646. Casi todos ellos eran irlandeses de nacimiento que, exiliados de su tierra, hab\u00edan conocido en Par\u00eds la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente e ingresado en ella. Ninguno de ellos pudo permanecer en Irlanda m\u00e1s de seis a\u00f1os. La persecuci\u00f3n por parte de las tropas invasoras de Cromwell hizo que todos ellos tuvieran que volverse, despu\u00e9s de mil peligros y al hacerse imposible su misi\u00f3n, a Francia. Uno, Tadeo Lee, el m\u00e1s joven del grupo de misioneros, no pudo volver. Las tropas inglesas de ocupaci\u00f3n le aplastaron la cabeza, despu\u00e9s de cortarle manos y pies, en presencia de su misma madre. Aunque la misi\u00f3n en el norte de \u00c1frica iba a producir a\u00f1os despu\u00e9s sus propios m\u00e1rtires a manos de \u00abb\u00e1rbaros turcos\u00bb, fue este joven irland\u00e9s el primero entre los misioneros del se\u00f1or Vicente en sufrir un martirio verdade\u00adramente b\u00e1rbaro a manos de civilizadas tropas protestantes.<\/p>\n<p>La idea de enviar misioneros a Irlanda no parti\u00f3 del mismo Vicente, seg\u00fan costumbre, sino de las autoridades romanas, quienes pensaron que sus hombres ser\u00edan muy adecuados \u00abpara ense\u00f1ar all\u00ed la pr\u00e1ctica de las ceremonias y de los ritos sagrados al clero, que est\u00e1 sumido en la ignorancia m\u00e1s profunda por las dificultades que desde hace muchos a\u00f1os los herejes (ingleses), que son los due\u00f1os de aquel pa\u00eds, han puesto al ejercicio del culto p\u00fablico\u00bb. Esto le ped\u00eda Roma en 1645. El vio la petici\u00f3n como \u00ab\u00f3rdenes del Santo Padre para enviar algunos misioneros de nuestra compa\u00f1\u00eda a Irlanda\u00bb, cosa que hizo al a\u00f1o siguiente. A su actividad entre el clero los misioneros a\u00f1adieron, por propia cuenta y a petici\u00f3n de algunos obispos, el trabajo de las misiones en alguna regi\u00f3n en la que el dominio de los ingleses era m\u00e1s d\u00e9bil. Al plan inicial que motiv\u00f3 el env\u00edo de misioneros a Irlanda acom\u00adpa\u00f1ar\u00eda sin duda la intenci\u00f3n de establecer una presencia permanente en la isla. No se lleg\u00f3 a conseguir eso entonces, aunque s\u00ed mucho despu\u00e9s de su muerte, bien entrado el siglo XIX. Caso \u00fanico entre los proyectos del se\u00f1or Vicente de fundaci\u00f3n misionera que se extingue antes de finalizar su propia vida.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n fue limitada en el n\u00famero de a\u00f1os, aunque fue un poco m\u00e1s larga, la presencia de los hombres del se\u00f1or Vicente en Escocia y en las islas H\u00e9bridas, donde trabajaron a partir de 1651 en condiciones dur\u00edsimas de clandestinidad y escasez algunos de los misioneros exiliados de Irlanda.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>El 28 de junio de 1646 el se\u00f1or Vicente, acompa\u00f1ado de su asistente, Renato Almeras, se reun\u00eda con Luisa de Marillac y otras tres hijas de la caridad para tratar de algunos asuntos que se refer\u00edan al buen gobierno y organizaci\u00f3n de \u00e9stas. Hac\u00eda ya casi trece a\u00f1os que hab\u00eda ido madurando y consolid\u00e1ndose lo que en principio no era m\u00e1s que un modesto experimento de ayuda a las cofrad\u00edas de la caridad parroquiales en el trabajo de asistencia a los enfermos por parte de un grupo de j\u00f3venes campesinas. El peque\u00f1o grupo inicial de cuatro hab\u00eda ido creciendo mo\u00addesta pero constantemente; por otro lado, la experiencia del hospital de Angers hab\u00eda hecho ver que aquellas j\u00f3venes eran muy capaces de llevar con mucha competencia obras de asistencia por su cuenta y con entera independencia de las se\u00f1oras de las cofrad\u00edas. En suma, que lo que hab\u00eda nacido como una especie de ap\u00e9ndice a las cofrad\u00edas parroquiales de caridad daba la segura impresi\u00f3n, s\u00f3lo trece a\u00f1os despu\u00e9s de sus comienzos, de poder ser un organismo capaz de existencia independiente. El se\u00f1or Vicente cree llegado el momento de empezar a dotar a ese organismo de una estructura propia.<\/p>\n<p>El gobierno de cada d\u00eda ha estado en manos de Luisa de Marillac bajo la supervisi\u00f3n del se\u00f1or Vicente, a quien Luisa consulta con frecuencia. Aunque el primer pro\u00adyecto de reglas, tambi\u00e9n de 1646, prev\u00e9 que las j\u00f3venes \u00abelegir\u00e1n a una superiora de entre ellas cada tres a\u00f1os por mayor\u00eda de votos\u00bb, y ella misma pidi\u00f3 de rodillas que le quitaran ante un grupo de hermanas y del se\u00f1or Vicente, de hecho sigui\u00f3 ejerciendo como superiora la misma Luisa hasta su muerte en 1660, porque, dijo el se\u00f1or Vicente en esa ocasi\u00f3n, lo que dec\u00edan las reglas \u00abse entend\u00eda despu\u00e9s de que Dios hubiera dispuesto\u00bb de ella. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abSus hermanas y yo tenemos que pedir a Dios que la deje largos a\u00f1os. Dios suele conservar por medios extraordi\u00adnarios a los que son necesarios para llevar adelante sus obras. Y si usted se fija bien se dar\u00e1 cuenta de que ya hace m\u00e1s de diez a\u00f1os que usted no vive; que no vive al menos de una manera ordinaria\u00bb. Luisa ten\u00eda entonces 57 a\u00f1os, iba a vivir otros trece, y hac\u00eda ya catorce que dirig\u00eda con toda competencia y coraje la cofrad\u00eda de las hijas de la caridad. Lo que el se\u00f1or Vicente le dijo en esta ocasi\u00f3n con una franqueza un poco ruda lo propon\u00eda tambi\u00e9n a algunos misioneros, aun a algunos de los fuertes, como ejemplo para animarles en tiempos de mala salud y excesivo trabajo. Escribe a uno de ellos en el mismo a\u00f1o: \u00abSi uno la ve dir\u00eda que sale de la tumba, dada la debilidad de su cuerpo y la palidez de su rostro. Pero s\u00f3lo Dios sabe la fuerza de esp\u00edritu que tiene. No tiene m\u00e1s vida que la que recibe de la gracia\u00bb.<\/p>\n<p>A lo que hasta ahora hab\u00eda sido un gobierno de tipo carism\u00e1tico, basado en el sometimiento voluntario a la indiscutible y universalmente aceptada personalidad de los dos fundadores, el se\u00f1or Vicente quiere dotarlo de un organismo de gobierno estable, \u00abun comienzo de orden y de fundamento\u00bb, como lo expresa \u00e9l mismo en el comienzo de la reuni\u00f3n del 28 de junio de 1646. El se\u00f1or Vicente quiere, y lo pide expresamente, que las hermanas asistentes al consejo manifiesten con toda libertad su opini\u00f3n sobre los asuntos discutidos, aun si esa opini\u00f3n es diferente e incluso opuesta a la de los mismos fundadores.<\/p>\n<p>En esta primera reuni\u00f3n se discutieron varios puntos referentes a la admisi\u00f3n de algunas candidatas a ser miembros de la compa\u00f1\u00eda, as\u00ed como destinos a varias de sus obras. Se termin\u00f3 con un detallado examen de un punto aparentemente banal, pero muy revelador de algo que ata\u00f1\u00eda a lo que deb\u00eda ser la verdadera naturaleza de aquella asociaci\u00f3n de j\u00f3venes campesinas. Cuando ven\u00edan de sus aldeas, y antes de ser enviadas a trabajar, pasaban por un tiempo de adaptaci\u00f3n y formaci\u00f3n bajo la supervisi\u00f3n inmediata de Luisa de Marillac, quien a veces se encontraba con \u00abm\u00e1s de treinta\u00bb. Este n\u00famero exig\u00eda ya un reglamento de vida, aunque no fuera m\u00e1s que para conseguir el orden necesario para la convivencia ordenada de tanta Gente que moraba en la misma casa.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda m\u00e1s: hab\u00eda que formarlas en la vida de oraci\u00f3n, en el dif\u00edcil arte de la convivencia cordial, en el modo de caminar por la estrecha senda del seguimiento de Cristo, en los diversos artes y saberes necesarios para su futuro trabajo de enfermeras y maestras de los pobres. A nada que se descuidara el fundador o la fundadora aquella casa pod\u00eda f\u00e1cilmente convertirse en algo muy parecido a un convento femenino, y sus moradoras en monjas. Pero sus fundadores nunca qui\u00adsieron ni una cosa ni otra. Por estas fechas. 1646, ambos ten\u00edan esto ya muy claro, aunque a\u00fan iban a pasar a\u00f1os antes de que el fundador formulase la idea en un texto totalmente revolucionario en la historia de la Iglesia Cat\u00f3lica: las hijas de la caridad ten\u00edan que tener \u00abpor monasterio, las casas de los enfermos; por celda, una vivienda alquilada; por capilla, la iglesia parroquial; por claustro, las calles de la ciudad; por clausura, la obediencia; por rejas, el temor de Dios; por velo, la santa modestia\u00bb.<\/p>\n<p>De rejas se habl\u00f3 precisamente en este primer consejo, y se discuti\u00f3 si ser\u00eda conveniente ponerlas, como en los locutorios de los conventos de clausura, para evitar que los visitantes invadieran las dependencias en que viv\u00edan, oraban y trabajaban las j\u00f3venes. A ninguno de los presentes en el consejo le gust\u00f3 la idea de las rejas, pero lo que interesa m\u00e1s es la \u00fanica raz\u00f3n que se dio para rechazarlas. Dijo para empezar el se\u00f1or Almeras que \u00abno se necesitaba en manera alguna que hubiera una reja, porque esto era propio de las religiosas\u00bb, y si no se pon\u00eda mucho cuidado en \u00abcortar todo lo que pudiera dar esa impresi\u00f3n, algunas podr\u00edan llegar alg\u00fan d\u00eda a querer ser religiosas\u00bb. As\u00ed se expres\u00f3 el se\u00f1or Almeras, y no le contradijo en manera alguna el se\u00f1or Vicente, sino que remach\u00f3 con fuerza lo dicho por \u00e9l a\u00f1adiendo por su cuenta que si eso ocurriera ser\u00eda \u00abtodo lo contrario de lo que Dios pide de vosotras\u00bb. O sea, que aunque el ser religiosa supone un estado tan alto y tan hermoso, le, dir\u00eda mil veces el se\u00f1or Vicente, que ellas, pobres campesinas, no son dignas de serlo, no es eso, ni tampoco la opini\u00f3n social del tiempo, que reservaba el estado de religi\u00f3n mayormente a las procedentes de familias distinguidas que pod\u00edan proporcionar al entrar en el convento (a elevada dote necesaria, sino la voluntad de Dios, mismo la que les ha de mantener en su humilde estado original de simple, fieles bautizadas. Pero aunque su estado en la sociedad y en la iglesia es tan humilde, deben ser tan santas como las religiosas santas, y a\u00fan m\u00e1s, pues la perseverancia en su modo de vida sacrificada y laboriosa y expuesta a mil peligros s\u00f3lo es posible sobre la base de un olvido total de s\u00ed mismas y de una entrega sin reserva, de su vida a Dios y los pobres.<\/p>\n<p>A una asociaci\u00f3n de j\u00f3venes cristiana, de ese estilo no se le pod\u00eda aplicar el t\u00edtulo de \u00aborden\u00bb, que se reserva en la Iglesia Cat\u00f3lica a asociaciones m\u00e1s importantes y m\u00e1s solemnes. Todo lo m\u00e1s se le pod\u00eda calificar de cofrad\u00eda, o sea, de confraternidad. Eso es lo que es una fraternidad y no otra cosa, la asociaci\u00f3n de j\u00f3venes que han fundado el se\u00f1or Vicente y Luisa de Marillac sin haberlo planificado previamente y casi como sin darse cuenta. Y \u00e9se es el nombre que escogen, aunque a alguna de ellas no les hac\u00eda mucha gracia, cuando acuden al arzobispo de Par\u00eds, para que les otorgue el necesario reco\u00adnocimiento de la autoridad eclesi\u00e1stica. No acudieron propiamente al arzobispo, que era hermano del se\u00f1or de Gondy sino al hijo de \u00e9ste, Juan Francisco Pablo, obispo auxiliar de su t\u00edo. Este era el menor de los tres hijos de los se\u00f1ores de Gondy, a quien Vicente hab\u00eda visto nacer y crecer en sus ya lejanos tiempos de preceptor de sus otros dos hermanos, y por el que siempre sinti\u00f3 un cari\u00f1o que nada pudo romper. El cari\u00f1o era mutuo. El joven obispo auxiliar, futuro cardenal de Retz, tuvo todos los vicios comunes imaginables y adem\u00e1s algunos muy personales y muy suyos, pero en cuestiones de fidelidad en la amistad fue un hombre que llam\u00f3 la atenci\u00f3n de sus contempor\u00e1neos. El mismo Bossuet le alaba como \u00abhombre muy fiel a sus amigos\u00bb, y madame Sevign\u00e9, que le conoci\u00f3 durante muchos a\u00f1os, declaraba que \u00abno ha habido jam\u00e1s amigo tan c\u00e1lido, capaz de exponer por los suyos su fortuna y su vida\u00bb.<\/p>\n<p>Este amigo del se\u00f1or Vicente le llama en el documento de aprobaci\u00f3n de las hijas de la caridad \u00abnuestro querido y apreciado Vicente de Pa\u00fal\u00bb. Y aunque lo que le pide el se\u00f1or Vicente es algo extra\u00f1o, nuevo y poco definido, el joven obispo, aprovechando una ausencia temporal de su t\u00edo, quien tal vez hubiera puesto a la idea del se\u00f1or Vicente dificultades jur\u00eddicas de peso, aprueba lo que el se\u00f1or Vicente le pide, y erige \u00abla asociaci\u00f3n de dichas j\u00f3venes v viudas en esta di\u00f3cesis en forma de cofrad\u00eda particular, distinta de la cofrad\u00eda de la caridad\u00bb, de la que las j\u00f3venes de esta nueva cofrad\u00eda no eran inicialmente m\u00e1s que ayudantes. Seguir\u00e1n siendo ayudantes muchas de ellas, pero la suya es ya una asociaci\u00f3n independiente, con su reglamento propio de estructuraci\u00f3n y funcionamiento, reglamento tambi\u00e9n aprobado por el obispo auxiliar. Y aunque la autoridad sobre las j\u00f3venes reside en el arzobispo de Par\u00eds, se \u00able conf\u00eda y encarga el gobierno y direcci\u00f3n de esta asociaci\u00f3n y cofrad\u00eda mientras quiera Dios conservar su vida a nuestro querido y apreciado Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>\u00abDesde hace cien a\u00f1os la Iglesia ha perdido la mayor parte del Imperio, y los reinos de Suecia, Dinamarca q Noruega, Escocia, Inglaterra, Irlanda, Bohemia y Hungr\u00eda. S\u00f3lo le quedan Italia, Espa\u00f1a, Francia y Polonia, con muchas herej\u00edas en estas dos \u00faltimas. Estas p\u00e9rdidas de la Iglesia dan motivo para temer que dentro de cien a\u00f1os perderemos la Iglesia en Europa\u00bb. As\u00ed escrib\u00eda el se\u00f1or Vicente en agosto de 1646. Y unos meses m\u00e1s tarde: \u00abTengo mucho temor de que Dios permita la aniquilaci\u00f3n de la Iglesia en Europa por culpa de nuestras costumbres corrompidas\u00bb. El an\u00e1lisis del se\u00f1or Vicente era, aunque sombr\u00edo, muy realista. El pron\u00f3stico, m\u00e1s bien la profec\u00eda, de los cien a\u00f1os se le qued\u00f3 un poco corto, pero tampoco estaba del todo equivocado. Trescientos a\u00f1os despu\u00e9s la Iglesia que \u00e9l tanto amaba estar\u00eda viva de verdad no en la l\u00e1nguida Europa, sino en las lejanas periferias.<\/p>\n<p>De manera que bien pasados sus sesenta a\u00f1os el se\u00f1or Vicente se sinti\u00f3 vivamente espoleado a a\u00f1adir a sus muchos trabajos un esfuerzo por \u00abla propagaci\u00f3n de la Iglesia en los pa\u00edses infieles\u00bb, sin dejar por ello de tratar de inyectar una nueva vida en la moribunda Iglesia europea. Todo ello a pesar \u00abde los pocos obreros que somos\u00bb. Esto \u00faltimo lo escrib\u00eda comentando un proyecto de env\u00edo de algunos misioneros a Persia, proyecto que luego no se llev\u00f3 a cabo, sin que sepamos las causas. Se lo hab\u00edan propuesto las autoridades romanas, y esta vez lo acept\u00f3 sin poner objeciones, aunque ten\u00eda una de peso. \u00abNos llama para all\u00e1 el papa, que es el \u00fanico que puede enviar ad <em>gentes: <\/em>y estamos obligados a obedecerle\u00bb.<\/p>\n<p>La objeci\u00f3n proced\u00eda del hecho de que \u00e9l mismo hab\u00eda entrenado a sus misioneros en la renuncia a todo tipo de dignidades eclesi\u00e1sticas, y el proyecto de Persia inclu\u00eda la idea de que uno de los misioneros fuera nombrado obispo de la misi\u00f3n. Fue uno de sus propios hombres, precisamente el superior de la casa de Roma, quien se lo record\u00f3 como objeci\u00f3n para aceptar la misi\u00f3n de Persia. Vicente le contesta: \u00abHe hecho todo lo que he podido por conseguir alg\u00fan sacerdote externo para el obispado de Babilonia, pero nadie quiere aceptar o no puede hacerlo\u00bb. De modo que la urgencia de intentar la expansi\u00f3n de la iglesia le hizo pasar por encima de una de sus ideas m\u00e1s queridas para los hombres de su congregaci\u00f3n. Por otro lado no era lo mismo ser obispo en Persia que en Par\u00eds. En Persia sobraba, y hasta estorbaba, todo boato y solemnidad episcopal. El misionero podr\u00eda muy bien vivir \u00abcomo los obispos armenios que hay all\u00ed; no aparentan ser, y eso incluye al patriarca, m\u00e1s que los simples sacerdotes de aqu\u00ed\u00bb. Pero lo m\u00e1s importante es que el evitar toda ostentaci\u00f3n pondr\u00eda al misionero en las huellas de \u00abNuestro Se\u00f1or y de los ap\u00f3stoles, que renunciaron c hicieron renunciara los cristianos a la pompa\u00bb.<\/p>\n<p>No renunciaba, pues, despu\u00e9s de todo a una de sus ideas m\u00e1s queridas al aceptar para uno de los hombres de su congregaci\u00f3n el obispado de Babilonia. Lo que en realidad hubiera conseguido era pulverizar las hueras ostentaciones de la figura epis\u00adcopal y reducirla a las simples l\u00edneas de lo que debe ser: pastor y misionero. Tampoco \u00e9l quer\u00eda que el episcopado de Babilonia fuera causa o motivo para variar la visi\u00f3n que ten\u00eda de su congregaci\u00f3n, a la que califica aquel mismo a\u00f1o de 1647 de \u00abnuestra ruin compa\u00f1\u00eda, que no es m\u00e1s que el aborto de las dem\u00e1s compa\u00f1\u00edas de la Iglesia\u00bb. No buscaba en modo alguno la grandeza de su congregaci\u00f3n al enviarla por el ancho mundo. Ni siquiera la urgencia de evangelizar le va a desviar jam\u00e1s de \u00abla norma y pr\u00e1ctica de no pedir ninguna fundaci\u00f3n\u00bb para ella. El est\u00e1 dispuesto a ir y a enviar a sus hombres hasta el \u00faltimo extremo del mundo, pero no quiere \u00abque la compa\u00f1\u00eda haga ruido y se vea estimada por su extensi\u00f3n. Dios no necesita del favor de los hombres ni de la fama para llamarnos a donde El quiera\u00bb.<\/p>\n<p>Al a\u00f1o siguiente Vicente envi\u00f3 a sus misioneros a un sitio mucho m\u00e1s alejado que Persia, tan alejado que la fama era imposible, a donde sin embargo no hubiera podido ir sin el favor de los hombres. Al faltar \u00e9ste finalmente, desapareci\u00f3 tambi\u00e9n la misi\u00f3n, pero ya antes estuvieron a punto de hacerla imposible las condiciones de la navegaci\u00f3n mar\u00edtima de aquel tiempo.<\/p>\n<h3><strong>(1648)<\/strong><\/h3>\n<p>El sitio alejado se llamaba Isla de San Lorenzo o tambi\u00e9n Madagascar. En una navegaci\u00f3n normal para aquel tiempo se pod\u00eda llegar a Madagascar en cinco o seis meses. Hasta veinte de sus hombres envi\u00f3 Vicente en los a\u00f1os que le quedaban de vida, pero s\u00f3lo siete consiguieron llegar all\u00ed. Los dos primeros, enviados en 1648, murieron a los dos a\u00f1os escasos de poner pie en la isla. Fallecieron de fatiga misionera y de falta de adaptaci\u00f3n al clima extra\u00f1o. Otros tres llegaron en 1654, y dos m\u00e1s en 1656. Todos ellos estaban muertos por la una o la otra causa, o por ambas, en 1657. A\u00fan envi\u00f3 otros tres grupos en los \u00faltimos cuatro a\u00f1os de su vida, pero ninguno de ellos logr\u00f3 llegar a Madagascar. Quienes peor lo pasaron, aparte de los varios que murieron en los diversos viajes, los de la \u00faltima expedici\u00f3n en 1659, despu\u00e9s de naufragar una vez y perder casi la vida cerca de las costas mismas de Francia, embarcaron una segunda vez y llegaron hasta el cabo de Buena Esperanza, donde encall\u00f3 el barco, que fue abandonado. Los recogi\u00f3 otro barco holand\u00e9s, y los devolvi\u00f3 a Europa. Cuando llegaron, un a\u00f1o despu\u00e9s de fallecido el fundador, hab\u00edan estado casi dos a\u00f1os navegando sin haber conseguido ir a ninguna parte. Se quedaron, por as\u00ed decirlo, con las ganas. Ganas no les faltaban ni a los que lo intentaron ni a otros muchos hombres del se\u00f1or Vicente que estaban dispuestos a intentarlo.<\/p>\n<p>Aunque no lo estaban todos. No faltaban entre ellos quienes objetaban que aquello ten\u00eda todas las trazas de ser una misi\u00f3n insensata, devoradora de hombres. \u00abEstoy seguro -les dice Vicente- de que la muerte de estos padres extra\u00f1ar\u00e1 a algunos\u00bb. Raz\u00f3n no les faltaba a los objetores. Pero para estas alturas de su vida la raz\u00f3n, lo razonable, lo sensato, no era ya desde hac\u00eda muchos a\u00f1os para Vicente, que jam\u00e1s fue un hombre irrazonable y menos a\u00fan insensato, el criterio decisivo para embarcarse o no en empresas complicadas y de alto riesgo. A \u00e9l s\u00f3lo le importaba la misi\u00f3n, v la compasi\u00f3n por \u00abaquellas pobres gentes nacidas en la ignorancia\u00bb. En cuanto a s\u00ed mismo, y tiene cuando lo dice 68 a\u00f1os, dice estar dispuesto \u00aba servirle de compa\u00f1ero (al primer misionero enviado a Madagascar) si ello fuera posible\u00bb.<\/p>\n<p>No se hab\u00eda buscado tampoco \u00e9l mismo esta misi\u00f3n, sino que le cay\u00f3 encima por una sugerencia de Propaganda Fide a trav\u00e9s del nuncio en Par\u00eds. De manera que el se\u00f1or Vicente tom\u00f3 la empresa de Madagascar como algo que Dios deseaba que asumiera su peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda misionera. Ante esa convicci\u00f3n no hab\u00eda lugar ni para pensar que se debiera abandonar la empresa, aunque a \u00e9l tambi\u00e9n le dol\u00eda profundamente la muerte de sus hombres. \u00abQu\u00e9 clase de compa\u00f1\u00eda ser\u00eda la de la Misi\u00f3n si abandonase la obra de Dios por haber tenido cinco o seis bajas; ser\u00eda una compa\u00f1\u00eda cobarde\u00bb. Su congregaci\u00f3n necesitaba gente bien formada intelec\u00adtualmente para llevar a cabo con competencia sus diversas actividades. \u00abLos mi\u00adsioneros sabios y humildes son el tesoro de la compa\u00f1\u00eda\u00bb, sol\u00eda decir a sus hombres. Pero tambi\u00e9n sab\u00eda muy bien que, si en alg\u00fan caso era la instrucci\u00f3n algo deficiente, hab\u00eda que \u00abtener \u00e1nimos y esperar que Nuestro Se\u00f1or suplir\u00eda por otra parte, ya que se sirve de ordinario de personas poco considerables para llevar a cabo grandes obras\u00bb. Pero lo que no pod\u00eda faltar nunca eran los \u00ab\u00e1nimos\u00bb. Intentar una empresa como la de Madagascar, y antes la de Irlanda o la de Escocia, era posible cier\u00adtamente con hombres de mediana instrucci\u00f3n, tal un Maturino de Belleville, hombre \u00abde una familia distinguida de Normand\u00eda\u00bb, \u00abque ten\u00eda poca ciencia\u00bb, pero mucha valent\u00eda, v adem\u00e1s un gran \u00abdesprecio de s\u00ed mismo y celo por las almas\u00bb. Belleville \u00abmuri\u00f3 al llegar a Cabo Verde y fue arrojado al mar, que es el cementerio de los que mueren en \u00e9l\u00bb. Pero era imposible intentarla con hombres asustadizos y sin coraje. \u00ab\u00bfSeremos tan cobardes de coraz\u00f3n y tan poco hombres que abandonemos esta vi\u00f1a del Se\u00f1or solamente porque han muerto all\u00ed cuatro, cinco o seis hom\u00adbres?\u00bb.<\/p>\n<p>El sigui\u00f3 enviando a sus hombres, y lo mismo hizo su sucesor, Almeras, a pesar de las dificultades de la navegaci\u00f3n y del clima. Pero lo que acab\u00f3 definitivamente con la empresa, hasta que se volvi\u00f3 a intentar con m\u00e1s \u00e9xito en el siglo XIX, fue que fall\u00f3 \u00abel favor de los hombres\u00bb. El se\u00f1or Vicente no quer\u00eda contar con ese favor, lo hemos visto, pero sin \u00e9l no hubiera ni siquiera puesto el pie en Madagascar ni uno solo de sus misioneros. Pues a falta de medios propios, siempre escasos en la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente en vida del fundador, sus hombres necesitaban que alguien les proveyera al menos de un barco para intentar la larga y dif\u00edcil traves\u00eda. Ellos pondr\u00edan el coraje para hacerla y la dedicaci\u00f3n sacrificada a la evangelizaci\u00f3n de los habitantes nativos de la isla una vez hecho el viaje. Sin ese coraje no se pod\u00eda ni intentar traves\u00eda ni misi\u00f3n. Pero para llegar all\u00e1 hac\u00eda falta un barco, y eso no lo ten\u00edan ni ellos ni el se\u00f1or Vicente. Hubo que contar, pues, con el favor de otros hombres que s\u00ed lo tuvieran.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente los encontr\u00f3 en unos \u00abmercaderes de Par\u00eds, que son como los reyes de all\u00ed\u00bb, la Societ\u00e9 de l&#8217;Orient, formada por un grupo de socios capitalistas a quienes Richelieu hab\u00eda concedido el monopolio de comercio y colonizaci\u00f3n en la isla. Fueron los barcos de esta compa\u00f1\u00eda los que pudieron trasladar a los hombres del se\u00f1or Vicente a la lejana misi\u00f3n. A cambio se esperaba de ellos que actuaran como capellanes de los colonos franceses durante la traves\u00eda y una vez instalados en Madagascar. Vicente, siempre agradecido y respetuoso, no deja de recomendar a sus hombres que tengan \u00abun gran respeto con esos se\u00f1ores\u00bb, pero sin dejar de \u00abser fieles para con Dios v no fallar nunca a sus intereses, ni traicionar nunca a vuestra conciencia\u00bb. Era necesario recordarles esto, pues la situaci\u00f3n del misionero no pod\u00eda dejar de ser ambigua. La compa\u00f1\u00eda, mercantil y colonizadora, no pretend\u00eda otro fin que hacer patria y hacer dinero, sobre todo esto \u00faltimo. El misionero era a sus ojos poco m\u00e1s que un funcionario para las necesidades espirituales de los colonos franceses. Pero para el misionero el hacer dinero no significaba nada, y la dedicaci\u00f3n a la conversi\u00f3n de paganos malgaches era m\u00e1s importante que la atenci\u00f3n espiritual a unos colonos aventureros que sent\u00edan muy poca necesidad de ella. De la imposibilidad de compaginar todos estos aspectos surgieron conflictos que hicieron a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil una misi\u00f3n que va era dif\u00edcil por otras razones. Se mantuvo la misi\u00f3n, sin embargo, a pesar de los muchos conflictos. Pero disuelta por poco rentable la sociedad explotadora diez a\u00f1os despu\u00e9s de fallecido el se\u00f1or Vicente, a su congregaci\u00f3n se le hizo imposible no s\u00f3lo mantener la misi\u00f3n sino ni siquiera el enviar hombres a ella.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>El 31 de mayo de 1648 el se\u00f1or Vicente tuvo con las j\u00f3venes de Luisa de Marillac una charla sobre la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8230; Hermanas m\u00edas, hoy vamos a hablar de la oraci\u00f3n. Hermana, \u00bfquiere decirnos lo que piensa sobre esto? Y as\u00ed fue preguntando a varias de ellas, que dijeron con sencillez sus ideas. Como nuestro muy venerado padre (escribe Luisa de Marillac) ten\u00eda prisa, no pregunt\u00f3 a la mayor parte de las hermanas, como era su costumbre, sino s\u00f3lo a unas pocas. Luego \u00e9l a\u00f1adi\u00f3, entre otras cosas, lo que sigue&#8230; Ha parecido conveniente que hag\u00e1is oraci\u00f3n todos los d\u00edas, y as\u00ed lo indican vuestra, reglas. A\u00fan os dir\u00e9 m\u00e1s: hacedla a cualquier hora, y no salg\u00e1is nunca de ella. Una de vosotras ha dicho muy bien que Nuestro Se\u00f1or era hombre de grand\u00edsima oraci\u00f3n. El nos ha dado ejemplo, pues nunca se content\u00f3 con decir y ense\u00f1ar, sino que siempre hac\u00eda antes lo que despu\u00e9s ense\u00f1aba&#8230; Tambi\u00e9n se ha dicho que la oraci\u00f3n es necesaria para conservar esta vocaci\u00f3n vuestra, porque es cierto que una hija de la caridad no puede perseverar si no hace oraci\u00f3n. Es imposible. Permanecer\u00e1 quiz\u00e1s alg\u00fan tiempo entre vosotras, pero el mundo acabar\u00e1 por arras\u00adtrarla. Encontrar\u00e1 los trabajos de una hija de la caridad demasiado duros, ir\u00e1 languideciendo poco a poco, se cansar\u00e1 y acabar\u00e1 por dejarlo todo si no toma este alimento&#8230; Pero aunque la oraci\u00f3n sea tan necesaria a una hija de la caridad, o, dir\u00e9 sin embargo que, como vuestra obligaci\u00f3n principal es el servicio del pr\u00f3jimo, cuando hay que socorrerles y se puede temer que sufran alg\u00fan da\u00f1o si os demor\u00e1is en asistirles, est\u00e1is obligadas a dejar la oraci\u00f3n. Y a\u00fan m\u00e1s: si no hubiese para asistirles m\u00e1s tiempo que el de la misa, no teng\u00e1is miedo en dejarla antes que dejar al pr\u00f3jimo en peligro. Y eso no s\u00f3lo un d\u00eda entre semana, sino incluso un d\u00eda de obligaci\u00f3n. Pues la asistencia al pr\u00f3jimo ha sido impuesta por Dios mismo, mientras que la obligaci\u00f3n de o\u00edr misa es s\u00f3lo una norma de la iglesia&#8230; Os a\u00f1adir\u00e9 que la oraci\u00f3n es como un espejo en el que el alma se mira para ver lo que le puede hacer desagradable a Dios; se mira en el espejo y se arregla para hacerse agradable a El. Las gentes del mundo nunca salen de casa sin arreglarse antes, delante del espejo. Hay algunas tan vanidosas que llevan un espejo en el bolso para mirar de vez en cuando si tienen que arreglarse otra vez. Lo que hacen las gentes del mundo para agradar al mundo, \u00bfno es razonable que lo hag\u00e1is para agradar a Dios vosotras que quer\u00e9is servir a Dios? Dios quiere que los que le sirven se arreglen tambi\u00e9n, y que varias veces al d\u00eda se miren en el espejo de la oraci\u00f3n para quitar de sus almas lo que pueda desagradar a Dios&#8230; \u00bfDe d\u00f3nde viene que una pobre joven aldeana, que no sabe de letras ni conoce los misterios de la fe, cambie al poco tiempo su tosquedad y se haga modesta, recogida, y llena del amor de Dios? \u00bfNo ha hecho esto la oraci\u00f3n? La oraci\u00f3n ha sido para ella una fuente de juventud en la que se ha rejuvenecido&#8230; Aparte de las sencillas oraciones vocales que dec\u00eds hay otra clase de oraci\u00f3n que se llama contemplaci\u00f3n, en la que el alma no hace m\u00e1s que recibir lo que Dios le da, y, sin ning\u00fan esfuerzo por su parte. Dios le inspira todo lo que podr\u00eda desear, y mucho m\u00e1s. \u00bfNo hab\u00e9is experimentado nunca esta clase de oraci\u00f3n? Estoy seguro que s\u00ed&#8230; A los corazones sencillos, aunque carezcan de instrucci\u00f3n, Dios revela a veces cosas que las escuelas no han sabido descubrir, y les descubre unos misterios de los que los mismos sabios no saben nada&#8230; En la oraci\u00f3n encontrar\u00e9is todo, porque es la fuente de la verdadera ciencia. Un doctor, con toda su doctrina adquirida por el estudio, habla de Dios de la forma que le ha ense\u00f1ado su ciencia. Pero una persona de oraci\u00f3n habla con una ciencia infundida por Dios, de manera que entre los dos no es el doctor el m\u00e1s sabio. Y tiene que callarse donde haya una persona de oraci\u00f3n, porque a \u00e9sta le ha ense\u00f1ado Dios mismo&#8230; Vosotras, mis queridas hijas, me pregunt\u00e1is c\u00f3mo hay que hacer oraci\u00f3n; os parece que no la hac\u00e9is bien. He de deciros lo primero que no la dej\u00e9is nunca, aunque cre\u00e1is que sois in\u00fatiles para hacerla bien. No os extra\u00f1\u00e9is si os parece que no hac\u00e9is nada durante un mes, dos meses, tres meses, seis meses; no, ni siquiera un a\u00f1o, ni dos, ni tres. Santa Teresa estuvo veinte a\u00f1os sin poder hacer bien la oraci\u00f3n. No comprend\u00eda nada; iba al coro y le dec\u00eda a Dios: vengo aqu\u00ed porque lo mandas, pero por m\u00ed no har\u00eda nada. Al cabo de veinte a\u00f1os Dios premi\u00f3 su constancia y le concedi\u00f3 un don de oraci\u00f3n tan alto como nadie la ha tenido desde los ap\u00f3stoles. \u00bfAcaso sab\u00e9is si Dios quiere hacer de cada una de vosotras una nueva santa Teresa?&#8230; Doy gracias a Dios porque nos ha hecho pobres que, desde nuestra bajeza, podemos esperar llegar al conocimiento de su grandeza, porque ha querido que la compa\u00f1\u00eda de las hijas de la caridad estuviese compuesta de mujeres pobres y sencillas, pero capaces de esperar par\u00adticipar en sus misterios m\u00e1s profundos. Danos, salvador nuestro, el don de la oraci\u00f3n, t\u00fa que has sido durante toda tu vida un hombre de oraci\u00f3n, que la hiciste desde tus primeros a\u00f1os, que continuaste haci\u00e9ndola siempre, y que te preparaste con la oraci\u00f3n para enfrentarte a la muerte. Da este don a estas j\u00f3venes para que puedan permanecer fieles en el servicio que esperas de ellas. Se lo suplico al Padre por el Hijo, en cuyo nombre pronunciar\u00e9 yo, pobre pecador, las palabras de la bendici\u00f3n. La bendici\u00f3n de Dios Padre&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>7 (1645-1647) A comienzos de 1643 el se\u00f1or Vicente expresa en una carta el proyecto de dar \u00abde vez en cuando una especie de misi\u00f3n entre esos pobres esclavos de Berber\u00eda\u00bb. 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