{"id":101811,"date":"2015-05-17T06:41:43","date_gmt":"2015-05-17T04:41:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=101811"},"modified":"2016-07-26T17:21:22","modified_gmt":"2016-07-26T15:21:22","slug":"vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-6","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-del-senor-vicente-de-paul-capitulo-6\/","title":{"rendered":"Vida del Se\u00f1or Vicente de Pa\u00fal: Cap\u00edtulo 6"},"content":{"rendered":"<h2>6<\/h2>\n<h3><strong>(1641)<\/strong><\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia.png\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-101477\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/08\/sanvibiblia-300x300.png?resize=300%2C300\" alt=\"sanvibiblia\" width=\"300\" height=\"300\" \/><\/a>A finales del a\u00f1o 1641, el 13 de diciembre, mor\u00eda santa Chantal. La muerte le sorprendi\u00f3 en viaje desde Par\u00eds, donde acababa de hacer una \u00faltima visita a los monasterios de su orden de los que era director el se\u00f1or Vicente, de camino hacia Amnecy, lugar de la fundaci\u00f3n del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n. Pero no lleg\u00f3 a Annecy. Muri\u00f3 a mitad de camino, en Moulins. La noticia de la repentina gravedad de su estado, comunicada por ella misma en una \u00faltima carta al se\u00f1or Vicente, y la noticia de su muerte llegaron a \u00e9ste con unos pocos d\u00edas de intervalo. No hab\u00eda acabado a\u00fan el a\u00f1o sin que el se\u00f1or Vicente dejara escrito que la Chantal era, y esta vez lo pod\u00eda decir con toda justicia, \u00abuna de las almas m\u00e1s santas que he conocido en la tierra. No dudo que Dios manifestar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda su santidad\u00bb. As\u00ed fue. Pero mucho antes de que llegara ese d\u00eda ya se la hab\u00eda manifestado Dios a \u00e9l mismo de una manera extremadamente curiosa que \u00e9l relata en un escrito que a\u00fan conservan las visitandinas de Annecy, al final del cual dice: \u00abEn fe de lo cual firmo la presente de mi propia mano y la sello con mi sello&#8230; Vicente Depaul\u00bb. O sea, que quiere asegurar a las hijas de la Chantal que aunque lo que cuenta parece sorprendente y casi incre\u00edble, es sin embargo cierto.<\/p>\n<p>Los a\u00f1os anteriores a la muerte de la Chantal hab\u00eda habido un muy frecuente intercambio epistolar entre ambos, m\u00e1s frecuente que de costumbre, motivado por un asunto complicado que mencionamos arriba de dependencia jur\u00eddica de loa monasterios de la Visitaci\u00f3n. Hubo otro asunto a la vez que \u00e9ste que fue tambi\u00e9n motivo de la frecuente correspondencia. Se hab\u00eda fundado en Annecy una casa de misioneros, fundaci\u00f3n a la que la Chantal contribuy\u00f3 con su solicitud expresada repetidamente, con ayuda material generosa e incluso con una especie de aseso\u00adramiento o direcci\u00f3n espiritual a los misioneros del se\u00f1or Vicente, aspecto este \u00falti\u00admo motivado por una sugerencia del mismo Vicente, y que se deb\u00eda sin duda a la alt\u00ed\u00adsima opini\u00f3n que ten\u00eda de la santidad de ella. Todo ello contribuy\u00f3 a que Vicente de Pa\u00fal la calificara, incluso en la correspondencia a sus propios hombres, como \u00abnues\u00adtra digna madre\u00bb.<\/p>\n<p>Pues bien: en cuanto lleg\u00f3 a Vicente la noticia de la gravedad del estado de la Chantal \u00abse puso de rodillas para rezar a Dios por ella\u00bb, y tuvo de inmediato una visi\u00f3n que le dio la seguridad de que la Chantal hab\u00eda fallecido. Cuando, recibida la comunicaci\u00f3n de su muerte, celebraba misa por ella, se repiti\u00f3 la visi\u00f3n. Y aunque comenz\u00f3 la misa pensando \u00abque hac\u00eda bien en rezar por ella, pues tal vez estuviera en el purgatorio por unas palabras que hab\u00eda dicho en una ocasi\u00f3n, que parec\u00edan ser pecado venial\u00bb, la visi\u00f3n repetida acab\u00f3 por convencerle de que \u00abaquella alma era bienaventurada y no ten\u00eda necesidad de oraciones\u00bb. Esto es lo que vio: \u00abSe le apareci\u00f3 un peque\u00f1o globo de fuego que se elevaba de la tierra y fue a juntarse en la regi\u00f3n superior del aire con otro globo mayor y m\u00e1s luminoso; luego los dos, reducidos a uno solo, se elevaron m\u00e1s arriba, se introdujeron y empezaron a brillar en otro globo infinitamente m\u00e1s grande y m\u00e1s luminoso. Entonces se le dijo interiormente que el primer globo era el alma de nuestra venerable madre, el segundo el de nuestro bienaventurado padre (Francisco de Sales), y el otro la esencia divina, y que el alma de nuestra venerada madre se hab\u00eda reunido con la de nuestro bienaventurado padre, y ambos con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Tuvo sus sospechas el se\u00f1or Vicente de que la visi\u00f3n pudiera ser \u00abun efecto de su imaginaci\u00f3n\u00bb. Por otro lado el se\u00f1or Vicente, que s\u00ed era un gran contemplativo en sentido estricto, no fue un m\u00edstico en sentido t\u00e9cnico, excepto en este \u00fanico caso. No se fiaba mucho de la realidad de los fen\u00f3menos m\u00edsticos especiales, y a\u00fan menos de su utilidad. Dice a las hijas de la caridad: \u00abLos \u00e9xtasis y raptos son m\u00e1s da\u00f1osos que \u00fatiles\u00bb. Y a uno de sus misioneros: \u00abNi Nuestro Se\u00f1or ni la Virgen ten\u00edan esas visiones, sino que se ajustaban a la vida ordinaria\u00bb. Ambas cosas dec\u00eda un a\u00f1o antes de tener \u00e9l su propio rapto y \u00e9xtasis. Ni antes ni despu\u00e9s de \u00e9l dej\u00f3 de ajustarse \u00e9l mismo a la \u00abvida ordinaria\u00bb. Pero aunque dud\u00f3 inicial\u00admente de la realidad de la visi\u00f3n, termin\u00f3 por convencerse de que no era falsa. \u00datil o no \u00fatil, lo que ve est\u00e1 ah\u00ed. \u00abY lo que hace pensar que se trata de una visi\u00f3n verdadera es que esa persona (\u00e9l mismo, pues lo narra como sucedido a un tercero) no se muestra inclinado a ellas y nunca ha tenido m\u00e1s visi\u00f3n que \u00e9sta\u00bb. Si tuvo otras posteriormente no hay manera de saberlo, pues nunca habl\u00f3 de ello ni en p\u00fablico ni en privado. Pero la desconfianza en principio hacia los fen\u00f3menos m\u00edsticos extraordinarios y su opini\u00f3n de la poca utilidad de tales fen\u00f3menos para la vida ordinaria las mantuvo hasta la muerte.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Ya en 1631 hab\u00eda enviado a Roma el se\u00f1or Vicente a uno de sus hombres para solicitar la aprobaci\u00f3n pontificia de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, cosa que como vimos consigui\u00f3 tras algunas dificultades en 1633. Unos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1639, destac\u00f3 a Roma a otro de sus misioneros, Luis Lebreton, para que consiguiera una aprobaci\u00f3n oficial, y obligatoria para todos los miembros de su congregaci\u00f3n, de hacer los votos, que hasta entonces se hab\u00edan hecho de una manera privada y opcional. A los pocos meses de enviar a su hombre se quejaba de que su petici\u00f3n proced\u00eda con excesiva lentitud: \u00abDios m\u00edo, qu\u00e9 larga est\u00e1 resultando esta s\u00faplica. Le pido, padre, que le meta prisa\u00bb. Conoc\u00eda \u00e9l muy bien la lentitud tradicional en el proceder de la curia romana, pero no pod\u00eda ni sospechar que esta petici\u00f3n sobre los votos no iba a ver la aprobaci\u00f3n romana m\u00e1s que diecis\u00e9is a\u00f1os m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Una segunda intenci\u00f3n parec\u00eda tener el se\u00f1or Vicente al enviar a Lebreton a Roma, la de explorar la posibilidad de fundar all\u00ed una casa. No consta con seguridad el motivo que le llev\u00f3 a dar este pasa decisivo para la historia posterior de su congre\u00adgaci\u00f3n. Por lo que sabemos parecer\u00eda que desde su fundaci\u00f3n en 1625-1626 Vicente ten\u00eda para su congregaci\u00f3n misionera una visi\u00f3n limitada a los l\u00edmites de Francia. Una casa en Roma le ofrec\u00eda una buena base para tratar de cerca numerosos asuntos en la curia romana, tal por ejemplo el de los votos, pero pod\u00eda convertirse adem\u00e1s en una ventana abierta al mundo universal. Pero esta visi\u00f3n ensanchada hasta los l\u00edmites del mundo, que ser\u00eda con el tiempo su visi\u00f3n definitiva para su congregaci\u00f3n, no parece que surgiera en la conciencia del se\u00f1or Vicente hasta 1640, unos pocos meses despu\u00e9s de que enviara a su representante en Roma. El cardenal secretario de Propaganda Fide le hab\u00eda pedido por medio de Lebreton dos misioneros que acom\u00adpa\u00f1aran a un carmelita descalzo preconizado obispo de Babilonia. Vicente puso unas dificultades que supon\u00edan una negativa. E inmediatamente le remordi\u00f3 la conciencia. Despu\u00e9s de haber puesto por escrito las dificultades, dice \u00abhe ido a celebrar la santa misa&#8230; Le he ofrecido a su Divina Majestad nuestra pobre compa\u00f1\u00eda para ir adonde su Santidad ordene\u00bb. La autorizaci\u00f3n para fundar la casa de Roma se le dio en 1641 y, efectivamente, este hecho se convirti\u00f3 en el primer paso de un ritmo casi fren\u00e9tico de expansi\u00f3n para la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente por el ancho mundo. Consid\u00e9rese: en 1645 un grupo de misioneros va a T\u00fanez; en 1646, a Irlanda y Argel; en 1648, a Madagascar; en 1651, a Polonia y Escocia. Todo esto sin contar, adem\u00e1s del n\u00famero creciente de casas en Francia, otras fundaciones en Italia, y varios proyectos fallidos de fundar en Dinamarca y Suecia, varios pa\u00edses del pr\u00f3ximo Oriente, en Am\u00e9rica y tambi\u00e9n en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>En cuanto al proyecto de los votos se tuvo que contentar con conseguir una aprobaci\u00f3n del arzobispo de Par\u00eds, que s\u00ed se le dio de inmediato, pero que no alcanz\u00f3 del todo el resultado que el se\u00f1or Vicente quer\u00eda conseguir. El aspecto din\u00e1mico y m\u00f3vil de su joven congregaci\u00f3n atra\u00eda con facilidad a elementos del clero que no se cre\u00edan por un lado con vocaci\u00f3n religiosa, y no se contentaban por otro con los proyectos apost\u00f3licos de tipo preferentemente sedentario y parroquial que se les ofrec\u00edan en aquel tiempo. Pero con cierta frecuencia, perdido el primer entusiasmo, la experiencia de la dureza de la vida ambulante misionera, o los problemas de la vida com\u00fan y de la obediencia desanimaban a algunos y abandonaban la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente con la misma facilidad con que hab\u00edan entrado en ella. No hab\u00eda en realidad, fuera de su propia conciencia, v\u00ednculo alguno que les obligara a permanecer. Pero obvia\u00admente no pod\u00eda el se\u00f1or Vicente resignarse a prolongar esta situaci\u00f3n de inseguridad que hac\u00eda imposible cualquier tipo de planificaci\u00f3n seria de los trabajos de su con\u00adgregaci\u00f3n, e incluso la estabilidad de la misma. De manera que despu\u00e9s de pensar en diversas soluciones que remediaran el problema, se decidi\u00f3 por los votos para asegurar en lo posible la permanencia de sus misioneros en la congregaci\u00f3n. Esta opci\u00f3n creaba otro problema de aparentemente imposible soluci\u00f3n. Ni Vicente ni sus hombres pensaron jam\u00e1s en renunciar a su condici\u00f3n original de sacerdotes seculares. Pero el hacer unos votos parec\u00eda convertirles inevitablemente en religiosos, cosa que nadie quer\u00eda ser en su congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No vamos a narrar los complicados y dilatados avatares de la petici\u00f3n del se\u00f1or Vicente en la curia romana. Cost\u00f3 mucho tiempo y muchas explicaciones el con\u00adseguir de Roma que aprobara por fin la idea del se\u00f1or Vicente. Pero \u00e9sta ya estaba expresada con toda claridad en la petici\u00f3n que le acept\u00f3 y aprob\u00f3 el arzobispo de Par\u00eds en 1641, y que tambi\u00e9n acab\u00f3 aceptando Roma en 1655. Al acabar el segundo a\u00f1o de seminario interno se har\u00edan ante el superior, que escucha pero no los recibe, los votos \u00absimples\u00bb de pobreza, castidad y obediencia y el de estabilidad en la congregaci\u00f3n hasta la muerte. No por ello deb\u00eda ser considerada la congregaci\u00f3n como una orden religiosa, ni dejar\u00edan sus miembros clericales de formar parte del clero secular.<\/p>\n<p>Esta aprobaci\u00f3n del arzobispo no termin\u00f3 sin embargo con los problemas. Hab\u00eda por un lado entre los que hab\u00edan ingresado antes de la aprobaci\u00f3n quienes no se creyeron obligados a hacer los votos, alegando que cuando hab\u00edan dado libremente su nombre a la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente no se exig\u00eda el hacer los votos como condici\u00f3n para ser miembro de ella. Otros siguieron razonando que a pesar de la precauci\u00f3n aprobada por el arzobispo los votos acabar\u00edan por convertir a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n en una orden religiosa. Y a\u00fan hab\u00eda quienes consi\u00adderaban tales votos inv\u00e1lidos por no tener la autoridad episcopal competencia para imponer tal obligaci\u00f3n en una compa\u00f1\u00eda que era desde 1633 de derecho pontificio. Hab\u00eda tambi\u00e9n quienes siguieron creyendo que eran al menos dispensables por la autoridad episcopal, e incluso por autoridades inferiores con privilegios especiales de dispensa, aunque el documento de aprobaci\u00f3n establec\u00eda claramente que los votos aprobados por el arzobispo \u00abs\u00f3lo los podr\u00eda dispensar el sumo pont\u00edfice o el superior general\u00bb de la congregaci\u00f3n. Todo ello contribuy\u00f3 a que Vicente de Pa\u00fal llegara a convencerse de que la aprobaci\u00f3n que le dieran en Par\u00eds con facilidad, pues el arzobispo era hermano del se\u00f1or de Gondy, no le hab\u00eda valido de gran cosa, y que se impon\u00eda por tanto seguir trabajando el asunto en Roma. All\u00ed le ser\u00edan las cosas m\u00e1s dif\u00edciles que en Par\u00eds, y eso lo sab\u00eda \u00e9l muy bien. Pero aunque le cost\u00f3 diecis\u00e9is a\u00f1os, acab\u00f3 consiguiendo lo que quer\u00eda.<\/p>\n<h3><strong>(1642)<\/strong><\/h3>\n<p>En 1642 pens\u00f3 el se\u00f1or Vicente que, diecis\u00e9is a\u00f1os despu\u00e9s de fundada la Con\u00adgregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, ya con un tiempo de experiencia suficiente de trabajos y modos de vida, que se hab\u00edan ido \u00abintroduciendo en ella poco a poco\u00bb, no quedaba \u00abm\u00e1s que introducir la pr\u00e1ctica de las reuniones o asambleas generales, tal como las suelen celebrar las santas comunidades de la iglesia de Dios\u00bb. Convoc\u00f3 la primera, que se reuni\u00f3 en San L\u00e1zaro el d\u00eda 13 de octubre de aquel a\u00f1o. No fue general del todo, pues no asistieron los superiores de cuatro casas \u00abbien por la distancia, o porque hace poco que est\u00e1n fundadas, o porque algunos de sus su\u00adperiores acababan de ser enviados a dichas casas y no era conveniente que las dejaran tan pronto\u00bb. En lugar de los ausentes convoc\u00f3 a dos de los firmantes de la original acta de asociaci\u00f3n de 1626, los padres Portail y du Coudray, y a otros dos m\u00e1s, uno de los cuales, Renato Almeras, iba a ser su sucesor en el cargo de superior general despu\u00e9s de su muerte. Fuera de esos cuatro y del mismo Vicente asistieron otros seis. Un total de once personas como representantes de una con\u00adgregaci\u00f3n que contar\u00eda entonces algo m\u00e1s de un centenar de miembros.<\/p>\n<p>El mismo Vicente expuso en la sesi\u00f3n de apertura el fin de la asamblea, \u00abque era proceder a la elecci\u00f3n del superior general, y para tratar asuntos de gran impor\u00adtancia\u00bb. Trataron en efecto de varios asuntos importantes, entre ellos de un proyecto de reglas definitivas que \u00e9l mismo present\u00f3 para su discusi\u00f3n. Fue tal el n\u00famero de enmiendas que le sugirieron al proyecto que se tom\u00f3 la decisi\u00f3n de nombrar una comisi\u00f3n que siguiera estudiando el asunto una vez terminada la asamblea.<\/p>\n<p>El d\u00eda sexto de la reuni\u00f3n propuso el se\u00f1or Vicente el punto delicado de saber si \u00aben algunos casos podr\u00eda la compa\u00f1\u00eda deponer al superior general\u00bb, pues en principio el cargo era de car\u00e1cter vitalicio. La respuesta de la asamblea fue un\u00e1nime y afirmativa. No sab\u00edan los reunidos que con esa respuesta hab\u00edan allanado el terreno para una sorpresa que les hab\u00eda preparado el se\u00f1or Vicente. Cuatro d\u00edas despu\u00e9s, al final de la sesi\u00f3n de la tarde, el padre Vicente se puso de rodillas, y les suplic\u00f3 \u00abcon gran insistencia que procedieran a la elecci\u00f3n de otro superior general\u00bb. Se empe\u00f1\u00f3 en hacerles ver su poca capacidad para gobernar la congregaci\u00f3n, pero no le hicieron ning\u00fan caso, y le respondieron que no pod\u00edan \u00abelegir otro superior mientras viviera el que el mismo Dios hab\u00eda elegido\u00bb. Lo cual, el haber sido elegido por Dios, nunca se lo hab\u00edan o\u00eddo decir al mismo se\u00f1or Vicente. Pero lo pod\u00edan haber deducido f\u00e1cilmente de su idea, que s\u00ed le hab\u00edan o\u00eddo decir muchas veces, de que la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no era fruto de ning\u00fan plan ni designio premeditado de su parte, sino de Dios mismo, quien paso a paso hab\u00eda ido indicando a trav\u00e9s de los acontecimientos lo que quer\u00eda que hiciera su siervo Vicente. Este no hab\u00eda hecho m\u00e1s que tratar de responder fielmente, despu\u00e9s de madura consideraci\u00f3n para estar seguro de cu\u00e1l era la voluntad de Dios, a lo que Dios quer\u00eda de \u00e9l. Recu\u00e9rdese que, por ejemplo, en 1624, en lugar de lanzarse ardorosamente a fundar, se fue a hacer en la soledad unos largos ejercicios espirituales para intentar ver con claridad si la idea ven\u00eda de Dios o bien del diablo, quien posiblemente actuaba a trav\u00e9s de sus vivos deseos de hacerse fundador y famoso.<\/p>\n<p>Insisti\u00f3 en su renuncia, pero no le vali\u00f3 de nada. Acab\u00f3 por resignarse \u00abprotestando que era el primer acto de obediencia que hac\u00eda a la compa\u00f1\u00eda\u00bb, \u00e9l, que hab\u00eda sido hasta entonces la \u00fanica autoridad en ella. Pero a \u00e9l mismo se debi\u00f3 una iniciativa que iba a moderar en adelante el ejercicio de su propia autoridad. Pidi\u00f3 que le eligieran dos consejeros, cuyo oficio ser\u00eda asesorarle en las funciones de gobierno y \u00abavisar a la compa\u00f1\u00eda del mal comportamiento del general en caso de que se vieran obligados a ello\u00bb, cosa que ambos prometieron bajo juramento. El primer elegido fue Antonio Portail, al que el se\u00f1or Vicente hab\u00eda conocido como joven cl\u00e9rigo en los lejanos a\u00f1os de Clichy, y que hab\u00eda sido desde entonces, y lo iba a ser hasta la muerte de ambos en 1660, su brazo derecho sobre todo en asuntos relativos a su propia compa\u00f1\u00eda y a la de las hijas de la caridad.<\/p>\n<p>No hab\u00eda ni asomo de ret\u00f3rica teatral en el Vicente que se pone de rodillas delante de los representantes de la compa\u00f1\u00eda que \u00e9l mismo hab\u00eda fundado y se declara incapaz de dirigir. No se descubre ni rastro de ret\u00f3rica en ning\u00fan aspecto del car\u00e1cter de aquel campesino que comenz\u00f3 su vida cuidando cerdos y ovejas, como \u00e9l mismo sol\u00eda decir, que hab\u00eda llegado a ser sacerdote por motivos no del todo rectos, pero que luego enderez\u00f3 sus ambiciones juveniles para encontrar un camino de dedicaci\u00f3n a gentes humildes, dedicaci\u00f3n que acabar\u00eda por darle una gloria en la que \u00e9l nunca pudo ni so\u00f1ar. No hab\u00eda ret\u00f3rica. Hab\u00eda humildad, y nada m\u00e1s. Una humildad que le hac\u00eda reconocer su incapacidad para llevar a cabo todas las posibilidades de empresas que Dios mismo hab\u00eda puesto en sus manos toscas. Qu\u00e9 diferente es este Vicente de 62 a\u00f1os no ya del joven sacerdote reci\u00e9n ordenado a los veinte a\u00f1os, sino incluso del que a la edad de 45 firma con los Gondy un contrato para fundar un grupo misionero y se autonombra superior del grupo a quien los que eventualmente se asocien deber\u00e1n obedecer. A los 45 a\u00f1os a\u00fan ve\u00eda \u00e9l muy claro lo que quer\u00eda y lo que pod\u00eda, y estaba seguro de poder inspirarlo e imponerlo a otros.<\/p>\n<p>Pero los a\u00f1os y la gracia le han ense\u00f1ado mucho. Y \u00e9l, esp\u00edritu siempre despierto, ha ido aprendiendo que para llevar a cabo las obras de Dios, incluso obras grandes, Dios pod\u00eda muy bien, si as\u00ed le plac\u00eda, servirse de \u00e9l; pero que \u00e9l, Vicente, no le era a Dios imprescindible en manera alguna. Ni \u00e9l ni su misma congregaci\u00f3n, la obra de su vida en cuya fundaci\u00f3n, crecimiento y mantenimiento tantas energ\u00edas e ilusiones llevaba invertidas, y de la que escribe tres meses antes de celebrarse su primera asamblea general: \u00abTodos los d\u00edas pido a Dios que nos aniquile si no le servimos seg\u00fan los planes que El tiene sobre nosotros\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>(1643)<\/strong><\/h3>\n<p>Este hombre, que se considera incapaz de dirigir una de las obras que \u00e9l mismo ha fundado, se encuentra unos meses despu\u00e9s solicitado por las m\u00e1s altas autoridades para dirigir y orientar otras obras vitales no ya s\u00f3lo para la iglesia de Francia sino para Francia misma. El 14 de mayo de 1643 mor\u00eda Luis XIII. Vicente se encontraba entre el peque\u00f1o grupo de privilegiados testigos asistentes a la muerte. Estar en la muerte de un rey, y adem\u00e1s llamado por \u00e9l mismo a sugerencia de la reina, era una se\u00f1al inequ\u00edvoca de que el campesino gasc\u00f3n hab\u00eda llegado en t\u00e9rminos de consi\u00adderaci\u00f3n social mucho m\u00e1s alto de lo que pod\u00eda haber so\u00f1ado jam\u00e1s. Lleg\u00f3 m\u00e1s alto, ciertamente, de lo que pod\u00eda haber so\u00f1ado en su juventud. Pero lo que m\u00e1s importaba era que hab\u00eda llegado no por caminos de su propia elecci\u00f3n sino por los extra\u00f1os y nunca de antemano imaginables caminos de Dios. La sugerencia de Ana de Austria no se fundaba en la necesidad de la presencia del se\u00f1or Vicente como sacerdote. E1 rey cont\u00f3 hasta el \u00faltimo momento con la asistencia del capell\u00e1n, el jesuita padre Dinet, y de al menos dos obispos. De modo que por lo que se refiere a los sacramentos, que el rey recibi\u00f3 con extrema y sincera devoci\u00f3n, el se\u00f1or Vicente no era necesario en modo alguno. Lo que movi\u00f3 a la reina a llamarle junto al lecho de su esposo fue la calidad espiritual de nuestro hombre, que ella conoc\u00eda de primera mano y apreciaba desde hac\u00eda varios a\u00f1os.<\/p>\n<p>Resuelta, pues, por otros hombres la cuesti\u00f3n de los sacramentos, el rey plante\u00f3 directamente al se\u00f1or Vicente la cuesti\u00f3n a\u00fan m\u00e1s importante de cu\u00e1l hab\u00eda de ser la actitud del verdadero cristiano ante la muerte. Y \u00e9ste le contest\u00f3 con lo que era desde hac\u00eda a\u00f1os su propia actitud no ya s\u00f3lo ante la muerte, sino ante la vida tambi\u00e9n: \u00abSe\u00f1or, el total sometimiento a la voluntad de Dios. Esa fue la actitud de Jesucristo, que en el momento de la agon\u00eda exclam\u00f3: H\u00e1gase tu voluntad, y no la m\u00eda\u00bb. As\u00ed lo hizo el rey, y muri\u00f3 con una muerte que al d\u00eda siguiente describ\u00eda el se\u00f1or Vicente como la muerte \u00abm\u00e1s cristiana que he visto desde que estoy en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Pero unos pocos d\u00edas antes de morir le hab\u00eda dejado Luis XIII una especie de regalo a manera de testamento que le result\u00f3 ser una de las cruces m\u00e1s pesadas que tuvo que soportar en su vida. De los muchos trabajos que cayeron sobre sus hombros sin \u00e9l buscarlos s\u00f3lo se quej\u00f3 de dos a lo largo de su larga vida: de ser director de los monasterios de la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds y de lo que le vino encima como resultado del \u00abtestamento\u00bb de Luis XIII. Mientras el trabajo de la Visitaci\u00f3n le acompa\u00f1\u00f3 durante 38 a\u00f1os hasta su propia muerte, el del rey s\u00f3lo le dur\u00f3 diez a\u00f1os. Pero cuando se le acab\u00f3 Vicente dio profundas muestras a diversas personas del alivio que sent\u00eda al verse libre de \u00e9l, y de gratitud a Dios mismo.<\/p>\n<p>Sin embargo s\u00f3lo se pod\u00eda deber a una inspiraci\u00f3n de Dios que el rey le pidiera un mes antes de morir una lista de sacerdotes que Vicente, dado el conocimiento que ten\u00eda de lo mejor del clero a trav\u00e9s de las Conferencias de los Martes, con\u00adsiderara dignos de ser nombrados obispos. Y que ya m\u00e1s cerca de la muerte le dijera: \u00abSe\u00f1or Vicente, si recupero la salud todo el que vaya a ser obispo tendr\u00e1 que pasar antes tres a\u00f1os en San L\u00e1zaro\u00bb. No se recuper\u00f3, y no pudo por ello cumplir lo prometido. Pero Ana de Austria recogi\u00f3 el encargo de su esposo difunto. Y aunque no exactamente de la manera que hab\u00eda imaginado el rey, acab\u00f3 poniendo en manos del se\u00f1or Vicente la selecci\u00f3n de buena parte de una de las mejores generaciones de obispos que ha tenido la iglesia de Francia en su historia.<\/p>\n<p>Cualquiera podr\u00eda advertir que un tal papel deber\u00eda haber supuesto para Vicente algo as\u00ed como la coronaci\u00f3n de la obra que hab\u00eda empezado en enero de 1618 con la evangelizaci\u00f3n del mundo campesino. S\u00f3lo faltaba por a\u00f1adir a \u00e9sta, y al posterior trabajo de formaci\u00f3n de un competente clero parroquial, una pol\u00edtica adecuada de selecci\u00f3n de obispos para que la reforma de la iglesia de Francia estuviera dise\u00f1ada, y aun ejecutada, en sus l\u00edneas fundamentales. \u00bfPor qu\u00e9 le result\u00f3 tan inc\u00f3modo al se\u00f1or Vicente el ocuparse de este tercer paso, por qu\u00e9 no lo quiso para s\u00ed, por qu\u00e9 no pudo disimular las ganas de no ocuparse de \u00e9l, por qu\u00e9 se alegr\u00f3 tanto cuando dej\u00f3 de ser competencia suya? Su participaci\u00f3n en el Consejo de Conciencia, de la que hablaremos enseguida, le result\u00f3 molesta por todo lo que llovi\u00f3 sobre \u00e9l por ser miembro del Consejo: calumnias, presiones de gentes importantes, intentos de soborno, enemistades del primer ministro, Ma\u00adzarino, con el que hasta entonces se hab\u00eda entendido muy bien. Pero el se\u00f1or Vicente nunca se ech\u00f3 atr\u00e1s por nada que se pusiera en su camino si \u00e9l pensaba que era el camino que Dios le se\u00f1alaba. Cuando se ve al se\u00f1or Vicente, como se suele hacer, sobre todo y en primer lugar como una de las figuras claves de la reforma de la iglesia francesa en tiempos de la contrarreforma, cosa que sin duda fue, resulta desconcertante su actitud de no querer participar en un trabajo como la selecci\u00f3n y la reforma del episcopado, reforma imprescindible, y tal vez la fundamental, para una adecuada reforma de la iglesia toda.<\/p>\n<p>Pero Vicente de Pa\u00fal no fue propiamente ante todo un reformador. Fue un evan\u00adgelizador. No es la suya, ya se dijo arriba, una visi\u00f3n como la de Ignacio de Loyola, que busca reformar la sociedad y la iglesia desde arriba, con la formaci\u00f3n de l\u00edderes de sociedad y de iglesia. A Vicente de Pa\u00fal le ha ca\u00eddo en suerte, o providencia, el anuncio del evangelio, el \u00abhacer efectivo el evangelio\u00bb, como sol\u00eda decir, entre las gentes humildes y el bajo clero que les atiende. No se plantea la cuesti\u00f3n de si la sociedad y la iglesia se ir\u00e1n reformando evang\u00e9licamente hacia arriba a partir de los estratos inferiores a los que se dedican \u00e9l mismo y las gentes movilizadas por \u00e9l. Ciertamente parece creerlo as\u00ed. El mismo, perteneciente en su edad adulta por clasificaci\u00f3n social a la clase dominante, confiesa en su ancia\u00adnidad haber aprendido de los pobres lo que es el verdadero evangelio: \u00abLos pobres me han evangelizado\u00bb. De todas maneras, \u00e9l s\u00f3lo se sinti\u00f3 llamado a reevangelizar el mundo desde el lugar en que empez\u00f3 a evangelizarlo su modelo Jesucristo: las gentes humildes y el clero llano. No es la suya una misi\u00f3n como la de Berulle o la de san Francisco de Sales, inspiradores de alt\u00edsimas y refinadas espiritualidades y de espiritualidades para gentes refinadas. Tampoco se siente llamado a la for\u00admaci\u00f3n de l\u00edderes de la iglesia. Lo suyo es dedicarse a dar el pan y la palabra de Dios al \u00abpobre pueblo que se condena y se muere de hambre\u00bb.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;<\/p>\n<p>No hab\u00eda pasado un mes desde la muerte de Luis XIII cuando Ana de Austria, regente durante la minor\u00eda de Luis XIV, nombr\u00f3 al se\u00f1or Vicente miembro del Consejo de Conciencia. As\u00ed reaccion\u00f3 \u00e9ste ante su nombramiento: \u00abNunca he sido tan digno de compasi\u00f3n como lo soy ahora, ni he tenido nunca tanta necesidad de oraciones como al presente por el nuevo cargo que me han dado. Espero que no ha de ser para mucho tiempo\u00bb. No son los diez a\u00f1os que dur\u00f3 en el cargo mucho tiempo en el conjunto de una vida que dur\u00f3 ochenta. Pero la participaci\u00f3n en el Consejo le plante\u00f3 los problemas m\u00e1s dif\u00edciles en una vida llena de otros muchos problemas y dificultades. No nos dice \u00e9l expresamente qu\u00e9 hay en su nombramiento que le haga digno de compasi\u00f3n. De manera que ha de adivinarse, y lo acabamos de sugerir. Vicente ve\u00eda su nuevo cargo como algo que iba a hacer m\u00e1s dif\u00edcil una dedicaci\u00f3n plena a las varias obras ya en marcha, e iba a interferir en la trayectoria de su vocaci\u00f3n personal. La otra raz\u00f3n posible que se suele dar, los conflictos que le plante\u00f3 el cargo y la enemistad que acab\u00f3 mostr\u00e1ndole Mazarino por su participaci\u00f3n en \u00e9l, se pod\u00edan tal vez prever en el tiempo de su nombramiento en 1643, pero no tuvieron lugar en realidad hasta unos a\u00f1os despu\u00e9s. En el momento de su nombramiento las relaciones personales de Vicente con Mazarino eran tan buenas como para que s\u00f3lo algo m\u00e1s de un a\u00f1o antes, y antes tambi\u00e9n de que Mazarino sucediera a Richelieu como primer ministro en diciembre de 1642. Vicente le debiera a Mazarino el gesto amigo de una carta de recomendaci\u00f3n en favor de la casa de su congregaci\u00f3n en Roma ante el cardenal Antonio Barberini, sobrino del papa y personaje muy influyente en la curia romana. Bi\u00f3grafo ha habido que cree poder afirmar, sin que sepamos en qu\u00e9 basa su afirmaci\u00f3n, que Vicente le devolvi\u00f3 con creces el favor influyendo ante Ana de Austria para que Mazarino fuera nombrado primer ministro a la muerte de Richelieu.<\/p>\n<p>Desde la muerte de su esposo Ana de Austria consider\u00f3 a Vicente consejero para los problemas de su propia conciencia personal, aun sin darle oficialmente el t\u00edtulo de capell\u00e1n real o de director espiritual. Pero no era de eso de lo que se trataba en el Consejo de Conciencia, sino de todos los muchos asuntos eclesi\u00e1sticos sobre los que ten\u00eda jurisdicci\u00f3n en aquel tiempo la autoridad real. Destacaba entre ellos como principal el nombramiento de obispos, concesi\u00f3n hecha en concordato por la sede pontificia a la monarqu\u00eda francesa. Todos los asuntos eclesi\u00e1sticos, y en particular \u00e9ste, ten\u00edan un marcado aspecto pol\u00edtico debido a la fuerte asociaci\u00f3n entre las estructuras civiles y las religiosas t\u00edpica de la Europa cristiana durante muchos siglos hasta por lo menos los tiempos de la revoluci\u00f3n francesa. Fue \u00e9ste precisamente el punto de fricci\u00f3n que hizo saltar la chispa que empez\u00f3 a agriar las relaciones entre el se\u00f1or Vicente v Mazarino.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Vicente, lo sabemos por propia confesi\u00f3n posterior, se limit\u00f3 en los asuntos del Consejo a exponer opiniones y dar su voto \u00fanicamente \u00aben las cosas que miran al estado religioso y al de los pobres\u00bb, sin m\u00e1s criterios que los que eran ya muy suyos a la edad de 63 a\u00f1os: la gloria de Dios, el bien del pueblo. Pero Mazarino, aunque hombre de iglesia como cl\u00e9rigo en \u00f3rdenes menores y cardenal que era, era tambi\u00e9n el primer ministro del reino. Como tal estaba sometido a mil presiones de los poderosos, que por ejemplo esperaban obispados para sus segundones aunque fueran palmariamente indignos o menores de edad, y por otro lado se sent\u00eda tentado a usar su poder en cuestiones eclesi\u00e1sticas como palanca \u00fatil de gobierno interior y aun exterior. Como consejero h\u00e1bil de Richelieu hab\u00eda sido recomendado por este mismo antes de morir como su sucesor en su puesto de primer ministro. La dificultad que hubiera supuesto para ello su nacimiento italiano fue resuelta en parte con su nacionalizaci\u00f3n como ciudadano franc\u00e9s. Pero fue resuelta del todo con el alto aprecio, y algo m\u00e1s, que le cobr\u00f3 muy pronto Ana de Austria. Mazarino era un hombre de suaves maneras adquiridas en una carrera diplom\u00e1tica de \u00e9xito, apuesto, tan dedicado enteramente y sin reservas como su mentor Richelieu a aumentar la gloria de la monarqu\u00eda francesa. De paso tambi\u00e9n se dedic\u00f3 a aumentar hasta l\u00edmites incre\u00edbles su propia fortuna y la de sus sobrinos y familiares.<\/p>\n<p>A pesar del buen entendimiento inicial de nuestros dos hombres, hab\u00eda motivos para que Mazarino empezara a mirar con cierta suspicacia al se\u00f1or Vicente desde que comenz\u00f3 a funcionar el Consejo. Mazarino continu\u00f3 decididamente la pol\u00edtica internacional de su predecesor, mientras que alrededor de la reina merodeaban personas de alta calidad afines en sus miras a las del \u00abpartido devoto\u00bb. Coincid\u00eda que todos ellos eran amigos del se\u00f1or Vicente, v algunos de ellos, por ejemplo el antes se\u00f1or de Gondy y desde hac\u00eda a\u00f1os padre de Gondy del Oratorio, muy amigos. Con raz\u00f3n o sin ella. Mazarino se obsesion\u00f3 con la idea de que todo este c\u00edrculo devoto se val\u00eda de la persona del se\u00f1or Vicente para transmitir a la reina quejas de diversos tipos contra su primer ministro. A esto se a\u00f1adi\u00f3 la firme resistencia que Mazarino encontr\u00f3 en Vicente siempre que el primero propon\u00eda al Consejo alg\u00fan nombramiento que el se\u00f1or Vicente no pod\u00eda aceptar en conciencia.<\/p>\n<p>En este \u00faltimo aspecto Vicente de Pa\u00fal se mostr\u00f3 inflexible. Este hombre, tan obsequioso en sus maneras cuando se dirig\u00eda a los grandes, no les ten\u00eda ning\u00fan miedo cuando estaba en juego alg\u00fan bien que \u00e9l consideraba de m\u00e1s valor que la grandeza humana. En el fondo tampoco sent\u00eda excesiva estima por tal grandeza. Conoc\u00eda de primera mano su fragilidad detr\u00e1s de las imponentes apariencias, y de ella escrib\u00eda en una ocasi\u00f3n: \u00abNo hay nada seguro en las cosas que dependen de los grandes\u00bb. Y en otra: \u00abNo es en el Louvre (el palacio real) ni entre los pr\u00edncipes donde Dios pone sus delicias\u00bb. De manera que Mazarino se empez\u00f3 a cansar de las resistencias del se\u00f1or Vicente, y fue espaciando las convocatorias de reuni\u00f3n del Consejo hasta terminar por suprimirlas del todo. Cuando se le comunic\u00f3 ofi\u00adcialmente su cese como miembro del Consejo, Vicente no pudo disimular el profundo alivio que ello le produc\u00eda. Pero a nadie se le ocult\u00f3 la verdadera raz\u00f3n del cese. Madame de Motteville, cronista no oficial pero muy fidedigna de los hechos de su tiempo, nos asegura que fue cesado porque el se\u00f1or Vicente \u00abno se dobleg\u00f3, hombre de una pieza que jam\u00e1s so\u00f1\u00f3 en ganarse las buenas gracias de las gentes de la corte\u00bb. (Col]. Michaud, 2e serie, t. X, 66).<\/p>\n<p>Pero a\u00fan hubo otro enfrentamiento entre los dos mucho m\u00e1s duro y m\u00e1s personal unos a\u00f1os despu\u00e9s. En \u00e9l, lo veremos, Vicente se mostr\u00f3 una vez m\u00e1s consecuente con su car\u00e1cter y con su misi\u00f3n. Respetuoso con los grandes, como lo ped\u00edan las ideas y las maneras del tiempo, pero a\u00fan m\u00e1s respetuoso con lo que \u00e9l cre\u00eda ser la voluntad de Dios y el bien del pueblo pobre de Francia.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Al mes justo de la muerte de Luis XIII, y a los pocos d\u00edas de ser nombrado miembro del Consejo de Conciencia, hablaba el se\u00f1or Vicente a las hijas de la caridad sobre algunos aspectos de la que deb\u00eda ser su forma de vida. Les animaba a confesar y comulgar \u00ablos domingos y fiestas principales, y no con mayor fre\u00adcuencia sin permiso del director\u00bb, siguiendo al decir esto una norma y costumbre que era en aquellos tiempos com\u00fan incluso en los conventos de clausura. Supon\u00eda, y se lo dice, que habr\u00eda algunas entre ellas que desear\u00edan comulgar m\u00e1s a menudo, pero no s\u00f3lo no les anima a hacerlo sino que les sugiere que se mortifiquen y se atengan a lo que les ha dicho. Y les a\u00f1ade: \u00abLas comuniones muy frecuentemente han sido causa de grandes abusos, no ya a causa de la santa comuni\u00f3n, sino por las malas disposiciones que a veces se tienen\u00bb. No pod\u00eda ni sospechar, mientras hablaba, que unas semanas despu\u00e9s iba a llegar a sus manos un libro que parec\u00eda decir lo mismo que \u00e9l estaba diciendo a sus j\u00f3venes de la caridad, libro contra el que Vicente sin embargo se crey\u00f3 obligado a luchar con toda su fuerza. Se titulaba <em>La comuni\u00f3n frecuente y <\/em>su autor se llamaba Antonio Arnauld. La primera edici\u00f3n del libro empez\u00f3 de inmediato a correr de mano en mano y se agot\u00f3 en dos semanas. Tuvo otras tres ediciones en menos de seis meses. En suma, que se constituy\u00f3 en libro de moda. No era una novela, no era un ataque contra nadie, y por eso sorprenden m\u00e1s el ruido que hizo y su \u00e9xito inicial. No era aparentemente m\u00e1s que un estudio muy erudito que trataba de lo que dec\u00eda el t\u00edtulo seg\u00fan \u00ablas opiniones de los Padres de la Iglesia, de los Papas y de los Concilios\u00bb. O sea, un asunto muy poco atractivo para el gran p\u00fablico, incluso poco atrayente para el p\u00fablico normal devoto, de inter\u00e9s m\u00e1s bien para te\u00f3logos profesionales.<\/p>\n<p>Pero a pesar del entusiasmo con que fue recibido en amplios c\u00edrculos, al se\u00f1or Vicente no le gust\u00f3 nada el libro, no le gust\u00f3 el autor, ni le gustaba lo que el autor representaba. Del autor dice que ha escrito el libro siendo a\u00fan \u00abun joven sin experiencia ninguna en la direcci\u00f3n de las almas\u00bb. Hab\u00eda conocido Vicente personalmente a Arnauld en unos ejercicios que \u00e9ste hab\u00eda hecho en San L\u00e1zaro, ejercicios de los que Arnauld qued\u00f3 muy poco satisfecho por parecerle flojo en contenido teol\u00f3gico el alimento espiritual que en ellos se impart\u00eda. En cuanto a lo que representaba su obra, Arnauld pretend\u00eda aplicar en su libro las ideas sobre la gracia y la penitencia ya bastante conocidas por entonces por la teor\u00eda y la pr\u00e1ctica de Saint Cyran y el libro de Jansenio. Saint Cyran lo ley\u00f3 con mucho entusiasmo unos meses antes de morir, y crey\u00f3 encontrar en el libro una justificaci\u00f3n de algunos aspectos de su doctrina en los que \u00e9l consideraba que hab\u00eda sido injus\u00adtamente mal entendido y aun calumniado.<\/p>\n<p>Fue Arnauld lo suficientemente sutil, cualidad que mostr\u00f3 hasta el final de su vida, como para que no se supiera con seguridad si lo que pretend\u00eda era animar a la gente a ser tan pura como los \u00e1ngeles de manera que siempre se fuera digno de comulgar, o m\u00e1s bien exponer unas exigencias tales de pureza que desanimaran incluso al devoto sincero y le alejaran de la comuni\u00f3n. Siendo realista no se puede esperar que nunca nadie se sienta tan puro, ni a\u00fan menos que lo sea de hecho, como para que se le considere digno de recibir el \u00abpan de los \u00e1ngeles\u00bb. De manera que es mucho m\u00e1s f\u00e1cil, y m\u00e1s consecuente, dejar de recibir la comuni\u00f3n o al menos diferirla largamente o incluso hasta el mismo lecho de muerte. Esto fue de hecho lo que sucedi\u00f3, seg\u00fan el se\u00f1or Vicente, quien atribuye a la influencia del libro de Arnauld el notable descenso en el n\u00famero de comulgantes que se dio en algunas parroquias de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Tampoco al se\u00f1or Vicente le gustaba nada que la gente recibiera la comuni\u00f3n distra\u00eddamente, por costumbre y sin siquiera intentar una reforma de malas cos\u00adtumbres. A esto se refiere sin duda cuando advierte a las hijas de la caridad que las malas disposiciones eran causa de muchos abusos en relaci\u00f3n a la recepci\u00f3n de la eucarist\u00eda. Pero el libro de Arnauld era muy otra cosa; supon\u00eda una exigencia de tal pureza y esp\u00edritu de penitencia que pr\u00e1cticamente exclu\u00eda el que nadie se atreviera ni a acercarse a la comuni\u00f3n. Excepto tal vez el se\u00f1or Arnauld, de quien Vicente hace la sarc\u00e1stica observaci\u00f3n de que aunque exige para comulgar \u00abunas disposiciones tales que ni san Pablo se hubiera atrevido a comulgar, no deja de jactarse en varios lugares del libro de que celebra misa todos los d\u00edas\u00bb. Nunca fue amigo el se\u00f1or Vicente de lo que en la dial\u00e9ctica cl\u00e1sica se califica como argumento <em>ad hominem, <\/em>la descalificaci\u00f3n de las razones del adversario por la descalificaci\u00f3n de la persona del adversario. Pero en este \u00fanico caso no se pudo contener. El argumento se le escap\u00f3 de la pluma. Pero es que el gran Arnauld, como se le calificar\u00eda posteriormente, esp\u00edritu que se pasaba de listo en sus razones, se prestaba a maravilla para descalificaciones de este tipo.<\/p>\n<p>No vamos a describir aqu\u00ed los avatares de una larga vida de escritor extremadamente prol\u00edfico, la pluma m\u00e1s prol\u00edfica y m\u00e1s cultivada, junto con la de Pascal, al servicio del movimiento jansenista, vida que termin\u00f3 en un largo y amargado autoexilio. Pero s\u00ed diremos un detalle sobre el comienzo de su vida, muy revelador del car\u00e1cter del hombre. Era muy joven y estaba a\u00fan en sus estudios de doctorado en teolog\u00eda. Se present\u00f3 a Saint Cyran estando \u00e9ste a\u00fan en prisi\u00f3n para pedirle expresamente que le aceptara como su dirigido y disc\u00edpulo. Acept\u00f3 Saint Cyran no sin antes hacerle notar un cierto aspecto de orgullo en su personalidad que necesitaba co\u00adrrecci\u00f3n y moderaci\u00f3n. No aprendi\u00f3 el joven Arnauld gran cosa de esta primera lecci\u00f3n. Saint Cyran le dijo, con su tono habitual de franqueza vasca un poco ruda: \u00abLa dignidad doctoral te ha ofuscado como la belleza ofusc\u00f3 a los dos ancianos\u00bb.<\/p>\n<p>Pero no era ning\u00fan rasgo personal del autor lo que interesaba al se\u00f1or Vicente, sino otros dos aspectos. El primero, m\u00e1s importante desde el punto de vista objetivo, se refer\u00eda a la posible heterodoxia del libro, que aunque se presentaba como una exposici\u00f3n de la doctrina tradicional de la iglesia sobre la comuni\u00f3n, no era en realidad m\u00e1s que una aplicaci\u00f3n muy h\u00e1bil de los principios teol\u00f3gicos de Jansenio a la recepci\u00f3n de los sacramentos de la eucarist\u00eda y la penitencia. El segundo tal vez fuera m\u00e1s importante, por lo menos en cuanto afectaba profundamente al se\u00f1or Vicente en la misi\u00f3n de su vida. Si se tomaban en serio las ideas de Arnauld resultar\u00eda que comuni\u00f3n y penitencia quedar\u00edan reservadas a un grupo muy limitado de arist\u00f3cratas del esp\u00edritu. Pero, en contra de toda doctrina elitista, el se\u00f1or Vicente est\u00e1 convencido de que \u00abDios es tan bueno que todos los cristianos pueden, con la gracia de Jesucristo, realizar su salva\u00adci\u00f3n\u00bb. Esta es la convicci\u00f3n profunda que ha hecho de \u00e9l un hombre entregado en cuerpo y alma a trabajar entre campesinos olvidados, galeotes condenados, ni\u00f1os abandonados por todos. Todos estos necesitan, tanto como el pan, la eucarist\u00eda y el perd\u00f3n de los pecados. Pero el libro de Arnauld se los convierte en inaccesibles, y s\u00f3lo los deja al alcance de \u00e9l mismo, Arnauld, de algunos de sus amigos espirituales y de las m\u00e1s perfectas de entre las monjas de Port\u00adRoyal. Tambi\u00e9n \u00e9l, Vicente, los necesita tanto como los necesitan los pobres. Pero, de hacer caso al gran Arnauld, confiesa \u00abcon franqueza que no s\u00f3lo renunciar\u00eda para siempre a la santa misa y a la comuni\u00f3n, sino que hasta sentir\u00eda horror de este sacramento.\u00bb<\/p>\n<h3><strong>(1644)<\/strong><\/h3>\n<p>Las cartas de Luisa de Marillac en los comienzos de 1644 muestran, a vueltas de varios asuntos que se tratan en ellas, la acostumbrada solicitud por la salud del se\u00f1or Vicente. \u00abTenga usted cuidado de su propio cuerpo -le escribe el 14 de enero- como lo tendr\u00eda del de un pobre\u00bb. Y unos d\u00edas despu\u00e9s: \u00abSe curar\u00eda pronto del resfriado si se acostara un poco m\u00e1s temprano por la noche, pues el trabajo excesivo y el estar levantado calientan la sangre\u00bb. S\u00f3lo dos muestras de la pro\u00adlongada preocupaci\u00f3n que mostr\u00f3 Luisa por la salud de nuestro hombre, preocu\u00adpaci\u00f3n que hizo de ella una especie de enfermera que imparte con generosidad diagn\u00f3sticos y recetas por correspondencia. De manera que del conjunto de los numerosos consejos que le env\u00eda se podr\u00eda extraer una visi\u00f3n bastante completa de los conocimientos y pr\u00e1cticas de enfermer\u00eda de la \u00e9poca. S\u00f3lo que los cono\u00adcimientos de Luisa de Marillac, m\u00e1s o menos acertados si se les mira desde hoy, est\u00e1n siempre, como se dir\u00eda hoy, al d\u00eda, e incluso muy al d\u00eda. En una ocasi\u00f3n le recomienda con mucha fe y mucho entusiasmo el ingerir buenas dosis de t\u00e9, que es excelente, le escribe, para abrir el apetito. El t\u00e9 hab\u00eda sido introducido un poco antes en Francia por el canciller Seguier, amigo del se\u00f1or Vicente, cuya esposa era, como se vio arriba, dama de la caridad y muy amiga de Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Por su parte, el se\u00f1or Vicente habla con frecuencia del estado de su salud en sus cartas a varias personas, a Luisa de Marillac en particular, a la que suele informar del resultado, no siempre muy feliz, de sus diagn\u00f3sticos y consejos. No era en modo alguno un car\u00e1cter hipocondr\u00edaco obsesionado por males reales o imagi\u00adnarios. Parecer\u00eda m\u00e1s bien por el conjunto de su correspondencia que era en aquellos tiempos hasta de buen tono el a\u00f1adir a otras noticias las noticias de la propia salud. El habla sin ning\u00fan complejo ni inhibici\u00f3n de su salud personal y de la salud de los que le rodean. Pero mientras para la salud de los que le rodeaban tuvo siempre una solicitud casi maternal, consigo mismo fue m\u00e1s bien duro, aunque no des\u00adcuidado o imprudente, y a veces muy duro. Rara vez, excepto en las \u00faltimas semanas de su vida, fue la enfermedad un motivo para que redujera la presi\u00f3n diaria de sus ocupaciones y preocupaciones. La enfermedad fue para s\u00ed mismo como hombre de fe una manera privilegiada, aunque dolorosa: de seguir a Jesucristo en su camino de sufrimientos. Fue a la vez la ocasi\u00f3n de revelar sin pretenderlo algunos de los aspectos m\u00e1s profundos v delicados de la sensibilidad de aquel hombre que pod\u00eda muy bien haber sido rudo por las circunstancias de su nacimiento y educaci\u00f3n infantil. Pero no era rudo en manera alguna, sino que estaba dotado de una sensibilidad, aunque totalmente varonil, fina y hasta casi exquisita. La mostraba sin poderse contener en su solicitud en las enfermedades de los dem\u00e1s, y tambi\u00e9n en las suyas propias, aunque no consigo mismo. En una ocasi\u00f3n en que el m\u00e9dico hab\u00eda recetado para su ojo enfermo la sangre caliente de un pich\u00f3n vivo, Vicente, que siempre practic\u00f3 y ense\u00f1\u00f3 la obediencia a los m\u00e9dicos, incluso se la ense\u00f1\u00f3 a Luis XIII en los d\u00edas de su agon\u00eda, no pudo avenirse a que se practicara en favor de su propia salud un remedio que exig\u00eda el sacrificio en carne viva de un ser, aunque irracional, inocente.<\/p>\n<p>En el oto\u00f1o de 1644, a los 64 a\u00f1os de edad, el estado de salud de nuestro hombre parec\u00eda ser bastante bueno. Hab\u00eda hecho un viaje a Richelieu para visitar la casa de su congregaci\u00f3n. Escribe a Par\u00eds varias cartas en las que incluye, como de costumbre, una breve noticia sobre su salud. \u00abBastante buena\u00bb, dice el d\u00eda 14 de octubre. El mismo d\u00eda, en otra carta: \u00abLlegu\u00e9 ayer por la tarde bastante bien. No me queda m\u00e1s que un dolor de muelas, que ya va disminuyendo\u00bb. Al d\u00eda siguiente: \u00abEspero salir el lunes para Fontainebleau, si me lo permite mi ligera enfermedad\u00bb. Seis d\u00edas despu\u00e9s, el 21: \u00abMe encuentro bastante bien, gracias a Dios\u00bb. Pero entre el 11 de noviembre, fecha en que a\u00fan viv\u00eda Antonio Dufour, misionero de su congregaci\u00f3n, y el 11 de diciembre, en que tuvo Vicente una charla con las hijas de la caridad, estuvo tan grave que se temi\u00f3 que acabar\u00eda en la tumba. Pero a\u00fan iba a vivir otros 16 a\u00f1os, los m\u00e1s fruct\u00edferos de su larga vida. El que se curara en esta ocasi\u00f3n no se debi\u00f3 a ning\u00fan remedio extravagante del tiempo sino a un hecho misterioso que Abelly nos relata como vamos a ver. No hay raz\u00f3n ninguna, como no sea la de un extremado racionalismo, para dudar de que lo que nos cuenta sucedi\u00f3 exactamente como \u00e9l nos lo cuenta.<\/p>\n<p>Estaba Vicente, como dec\u00edamos, muy grave, sin que sepamos c\u00f3mo o m\u00e1s bien de qu\u00e9. Todo el mundo a su alrededor se tem\u00eda que aquello iba a ser el fin. El se\u00f1or Vicente estaba en San L\u00e1zaro, el padre Dufour en el colegio de los Buenos Hijos, donde daba clases. \u00abNo puede imaginarse -escribe Vicente el 11 de no\u00adviembre- cu\u00e1nto le bendice Dios en este trabajo, ya que les gusta mucho a los seminaristas\u00bb. Era Dufour un joven sacerdote reci\u00e9n ordenado y con s\u00f3lo cinco a\u00f1os escasos de pertenencia a la congregaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente. Cay\u00f3 enfermo de levedad d\u00edas despu\u00e9s, a la vez que Vicente, y se le ocurri\u00f3 ofrecer su vida a Dios a cambio de la del fundador. Empez\u00f3 a empeorar r\u00e1pidamente y el se\u00f1or Vicente a recuperarse. Una noche se oyeron tres golpes suaves en la puerta de la habitaci\u00f3n de Vicente. Los oyeron distintamente lo mismo Vicente que los que le velaban. Pero abierta la puerta no vieron a nadie fuera de la habitaci\u00f3n. Vicente crey\u00f3 comprender lo que aquello significaba, un anuncio discreto de la muerte de Dufour, e hizo que se rezara por \u00e9l el oficio de difuntos. Efectivamente, Dufour acababa de fallecer. Vicente se recuperar\u00eda pronto, de modo que pudo volver a su ritmo habitual de trabajo. D\u00edas despu\u00e9s, el 11 de noviembre, lo encontramos dando a las hijas de la caridad su charla de costumbre.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-<\/p>\n<p>Se pod\u00eda haber muerto en paz a los 64 a\u00f1os, y ya hubiera sido la suya en conjunto una vida plenamente meritoria. La mera enumeraci\u00f3n de los cargos, fundaciones y trabajos que ten\u00eda entre manos a esa edad hubiera sido suficiente para hacer que su nombre pasara a la posteridad. Recordemos brevemente: desde 1617 es creador y animador de numerosas cofrad\u00edas parroquiales de la caridad dentro y fuera de Par\u00eds; desde 1618 ha sido un activo misionero rural, trabajo al que comienza a asociar un n\u00famero creciente de sacerdotes y hermanos a partir de 1626 con la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n; es capell\u00e1n general de las galeras desde 1619; desde 1622 es director del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds, cargo que se extiende a los otros tres que se fundar\u00e1n posteriormente en la misma ciudad; desde 1633 dirige y anima la peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda de las hijas de la caridad; tambi\u00e9n anima las Conferencias de los Martes con el clero de Par\u00eds, obra que se ir\u00e1 extendiendo luego por otras di\u00f3cesis de Francia: al a\u00f1o siguiente, 1634, funda la cofrad\u00eda de las damas de la caridad del Hotel-Dieu; en 1636 funda en la Lorena una casa que iba a ser la base de una campa\u00f1a de gran envergadura de ayuda a los damnificados de la guerra, campa\u00f1a que se extender\u00eda luego a la Picard\u00eda, siendo \u00e9ste un tipo de actividad que, en una regi\u00f3n u otra, incluyendo el mismo Par\u00eds, no dejar\u00e1 de ocuparle pr\u00e1cticamente hasta su muerte; a partir de 1638 comienza a organizar la asistencia a los ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p>A estas actividades que ocuparon los d\u00edas de su vida hasta la misma muerte habr\u00eda que a\u00f1adir otros trabajos que vinieron a a\u00f1adirle otras preocupaciones, tal su participaci\u00f3n durante diez a\u00f1os en el Consejo de Conciencia, intervenciones oca\u00adsionales solicitadas por las diversas autoridades en casos de reforma de monasterios, reforma de costumbres, asuntos variados de pol\u00edtica civil y religiosa. Su inter\u00advenci\u00f3n era muy a menudo personal, lo que le obligaba a viajes, reuniones fre\u00adcuentes, entrevistas. Pero m\u00e1s que nada este panorama de actividad casi fren\u00e9tica le obligaba a escribir cartas. Se calcula que en los \u00faltimos treinta a\u00f1os de su vida escribi\u00f3 unas 30.000. Este era un trabajo constante que no pod\u00eda dejar ni delegar. Si se descuidaba por raz\u00f3n de viaje, o de otras actividades, r\u00e1pidamente se amon\u00adtonaba sobre la mesa y creaba problemas en la apretada agenda de trabajo. Vicente trataba de resolverlos quitando hora, al sue\u00f1o de la noche, v asociando a este trabajo primero a un hermano experto escribano, y luego a dos. Aun as\u00ed de vez en cuando sus corresponsales se quejan de la lentitud del se\u00f1or Vicente en responder a las cartas.<\/p>\n<p>Pero no se pod\u00eda razonablemente pedirle m\u00e1s o esperar m\u00e1s de \u00e9l. Si se ve el volumen de su actividad en una mirada de conjunto hasta la edad de 64 a\u00f1os asusta por su car\u00e1cter casi sobrehumano. Pod\u00eda pues haber muerto en paz en 1644, y jubilarse as\u00ed por toda la eternidad. Pero Dios no lo llev\u00f3 consigo cuando su siervo Vicente estuvo a punto de morirse. Le dej\u00f3 vivir otros 16 a\u00f1os que iban a ser a\u00fan m\u00e1s trabajosos que los a\u00f1os anteriores. Porque a partir de 1645 Vicente levanta sus ojos m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de Francia y empieza a extender su mirada por el ancho mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>6 (1641) A finales del a\u00f1o 1641, el 13 de diciembre, mor\u00eda santa Chantal. 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