Vicente de Paúl, Carta 0133: A Antonio Portail

Francisco Javier Fernández ChentoEscritos de Vicente de PaúlLeave a Comment

CRÉDITOS
Autor: Vicente de Paúl · Año publicación original: 1972 · Fuente: Obras completas de san Vicente de Paúl.
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Padre:

La gracia de Nuestro Señor sea siempre con nosotros.

Recibí ayer la suya del 17 de este mes, que me ha hecho ver la bendición que quiere Nuestro Señor seguir dando a su misión, de lo que quedo tan consolado como puede imaginar. ¡Cómo me han impresionado las palabras que me dice del éxito de Courboin  y de la necesidad de Viffort! Pues bien, sea todo para la gloria de Dios, y para ustedes, padres, el reconocimiento de la obligación que para con El tienen porque ha querido servirse de ustedes para ello, y para mí la confusión de verme indigno de cooperar en ese bien.

Por lo demás, estoy retrasado por no haberle escrito con todos los coches; eche las culpas de ello a este quehacer un tanto extraordinario que tengo aquí. ¿Qué le diré de la manera de ir a Joigny, sino que lo hagan como mejor les parezca? Pero, si van a pie y no toman más que un caballo, les ruego dos cosas: que hagan jornadas pequeñas y que los que se cansen vayan subiendo por turno al caballo. Si todavía no ha enviado a nadie a Soissons, no lo envíe. Monseñor de Soissons tiene que ir pronto a esa ciudad. Yo haré lo que convenga. Si todavía queda alguna aldea por misionar, ¿qué le parece, señor, si deja a los padres Bécu y Miloir? Sin embargo si sólo se trata de 3 ó 4 días, atiéndalos, y cuando haya terminado, se puede marchar. Necesitan a usted en Joigny, donde encontrará al señor Pavillon, al señor Renar, a los padres Morel, Massé y a otro, de san Nicolás, además de los padres de Sergis y de Renel. No está el padre de la Salle, que se encuentra aquí enfermo.

La orden que hemos dado es que el señor Pavillon tenga las predicaciones, y los padres Renar, Roche, Grenu y Sergis explicarán: el primero, el símbolo; el segundo, los mandamientos de Dios; el tercero, las oraciones dominical y angélica; y el (cuarto), los sacramentos; y para el catecismo pequeño, los padres Roche y Sergis deberán quedar libres del mismo, cuando prediquen el grande; y usted, padre, tenga cuidado de la dirección del equipo. Ruego a Nuestro Señor que les dé abundante parte en su espíritu y en su conducta.

Así pues, padre, emprenda esta santa tarea con este espíritu. Honre la prudencia, la previsión, la mansedumbre y la exactitud de Nuestro Señor con esta finalidad. Obrará bien si hace observar el reglamento como es debido. En él se encuentra abundantemente la bendición de Dios. Comience pues por levantarse, acostarse, la oración, el oficio, la entrada y salida de la iglesia a su debido tiempo. El hábito adquirido en todas esas cosas, padre, es un rico tesoro, y lo contrario produce sus inconvenientes.¡Dios mío! ¿por qué no nos esforzaremos en esto por Dios, si vemos que la mayoría de la gente observa con toda exactitud el orden que se ha propuesto en el mundo? Nunca o muy pocas veces los hombres de justicia dejan de levantarse y de acostarse, de ir y volver de palacio a la misma hora; la mayor parte de los artesanos hacen lo mismo; sólo faltamos los eclesiásticos, somos tan amigos de nuestros gustos que sólo marchamos al compás de nuestras inclinaciones. Por el amor de Dios, padre, esforcémonos en superar esta mala sensualidad, que nos hace cautivos de sus caprichos.

Le he escrito largo y tendido al padre de Sergis sobre lo que tiene que hacer, en la duda de si le encontrará la presente en Montmirail. Vaya, pues, in nomine Domini; salude y abrace a los padres nomine meo, por favor. Escríbame con frecuencia. Diga a los padres que de todas las misiones que han dado, no hay ninguna tan difícil ni tan importante como la de Joigny, tanto por la manera de ser de los espíritus del lugar, como por el dominio que tiene el maligno en cierta cosa, y que hoc genus daemoniorum non ejicitur nisi in oratione, maxima modestia et prudentia et humilitate, y que las personas de que se compone la compañía requieren eso mismo; y conviene tener cuidado con dos defectos notables que se han advertido en la misión anterior, que son la sensualidad, por no decir intemperancia, y la filaftía, por no decir gran vanidad en las predicaciones y discursos que se hacen sobre este tema. Le suplico, padre, que advierta a la compañía que se guarde de caer en estos defectos; y no olvide advertir en el capítulo en general y a los particulares que vea que caen en estas faltas; pues, créame, padre, que si no ponemos cuidado, caeremos en estas faltas; y si es así, ¿a dónde iremos? ¿en qué se convertirá una compañía tan importante y compuesta, sin embargo, de personas sensuales, afeminadas y poco mortificadas? ¿Quién no ve que no podrá llegar lejos y que esos vicios son la fuente de la totalidad de los otros? Así pues, padre, por el amor de Dios, ruegue por esto y tenga la mano firme. Y puesto que, miserable de mí, tengo motivos para creer que soy la causa de todos esos defectos, porque están todos en mí como en principio y que de mí se extienden a la compañía o a parte de ella (ya que, a Dios gracias, hay algunos que no son así, y se mortifican y humillan en todo), ruegue a Dios por mí para que me perdone y me dé la gracia de enmendarme; y soy, entre tanto, en el amor de Nuestro Señor y de su santa Madre, su muy humilde y obediente servidor,

VICENTE DEPAUL

San Lázaro, 28 noviembre 1632.

Dirección: Al padre Portail, sacerdote de la Misión, en Montmirail

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