Año Jubilar Sacerdotal

Francisco Javier Fernández ChentoCongregación de la MisiónLeave a Comment

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Autor: José Luis Cortázar, C.M. .
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Introducción.

Quiero ofrecer unos puntos de reflexión sobre el Año Jubilar Sacerdotal, convocado por el Papa Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario de la muerte de San Juan María Vianney, Cura de Ars. El Papa hizo la apertura el 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y jornada de santificación sacerdotal, en presencia de la reliquia del Cura de Ars, llevada por el Obispo de Belley-Ars-. La clausura tendrá lugar el 19 de junio de 2010 en la plaza de San Pedro.

Durante este Año Jubilar, Benedicto XVI proclamará al Cura de Ars patrono de los sacerdotes de todo el mundo. Se publicará, además, el Directorio para los Confesores y Directores espirituales, junto con una recopilación de textos del Sumo Pontífice sobre los temas esenciales de la misión sacerdotal en la época actual.

La Congregación para el Clero, de acuerdo con los Ordinarios diocesanos y los Superiores de los Institutos religiosos, se preocuparán de promover y coordinar las diversas iniciativas espirituales y pastorales que se presenten para hacer percibir cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea, como también la necesidad de potenciar la formación permanente ligándola a los seminaristas.

Los puntos de reflexión que expongo están inspirados en la Carta del Papa a los sacerdotes y en la carta del Cardenal Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación para el Clero, además de otros libros publicados últimamente sobre esta materia.

Conveniencia de este Año Santo.

Es oportuno reflexionar sobre la conveniencia de este año jubilar, pues algunos pueden pensar que  proponer hoy al Cura de Ars como modelo de los sacerdotes es un tanto extraño y desfasado, dado que las circunstancias en la Iglesia y en la sociedad de hoy son muy distintas de las de aquella época. El Cardenal Hummes responde a esta cuestión claramente en una entrevista que le hizo el Director de Vida Nueva, en la que afirma: «Creo que este Año Santo ha venido en un momento muy propicio y por ello debemos dar gracias a Dios. Se trata de un empeño personal del Papa, que está muy ilusionado y emocionado con esta celebración. Hoy vivimos en un mundo con una cultura urbana  posmoderna y relativista. Esta cultura es ya la imperante en Occidente y comienza a dominar en otras partes del mundo. Está en contra de la religión y considera que ésta debe estar relegada a la esfera privada. Este Año Sacerdotal, precisamente, puede ayudarlos a mejorar su condición. No debemos demonizar la cultura actual y crear guetos para resistir. Esto es algo erróneo. La sociedad actual debe y puede ser evangelizada, lo mismo que ocurre en cualquier otra cultura. Por dos veces dice el evangelio de San Juan que Jesucristo vino al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo. Por eso el sacerdote debe profundizar siempre en su condición de discípulo de Jesús. El discípulo que se ha dejado entusiasmar por Jesucristo y tiene una fuerte relación personal con él será un buen misionero. Para reforzar la conciencia misionera frente a esta sociedad cerrada a la religión hace falta una fuerte experiencia de Jesucristo. Esta es sin duda ninguna la cuestión más importante».

Objetivos del Año Santo.

En la Carta dirigida a los sacerdotes, el Papa marca algunos objetivos, de los cuales, el principal es la Santidad sacerdotal, de la que depende la eficacia de su ministerio. También expone algunos más relacionados con el objetivo principal como es la importancia del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad de hoy. Por eso, hemos de pedir mucho por las vocaciones al sacerdocio. Sin sacerdote no hay Eucaristía y sin Eucaristía no hay Iglesia. La promoción de los laicos y de los nuevos Movimientos eclesiales, que son como una nueva primavera del Espíritu, lo recomienda también. Tanto la Iglesia como la sociedad necesitan hoy puntos de referencia, como el Cura de Ars y  otros sacerdotes más cercanos que tenemos en nuestras iglesias locales y en nuestras comunidades para que nos estimulen a seguir sus pasos. Así evitaremos la tentación del desaliento que con frecuencia nos puede acechar.

Santidad sacerdotal.

El sacerdote tiene la obligación de aspirar a la Santidad, como lo exige su ministerio y su misión. Por el Sacramento del Orden, es configurado a Cristo como Sumo Sacerdote, Pastor y esposo de su Iglesia y constituido en discípulo del Señor para permanecer unido a Él, actuar en su nombre en la Iglesia y desde la Iglesia y reflejar en su vida y en su actuación la misma santidad de Dios. El Santo Cura de Ars sigue siendo una referencia válida para la santidad del sacerdote de nuestro tiempo, porque las virtudes, el celo y el estilo de vida que él encarna en su persona y refleja en su ministerio, son una imagen transparente del único buen Pastor, Jesucristo. El Papa recuerda el peligro del «activismo» y recomienda reservar tiempo para la oración, la Liturgia de las Horas, la Eucaristía diaria, la práctica del Sacramento de la penitencia…

Importancia del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad.

Hoy es urgente que el Pueblo de Dios y la Sociedad perciban la importancia del papel y de la misión del sacerdote. Las encuestas que se han hecho sobre este asunto nos revelan una escasa valoración del sacerdote. Fácilmente se hacen extensivos los fallos de determinados sacerdotes a todos los demás y eso no es justo. Aun admitiendo que entre los sacerdotes se den fallos, pues somos humanos y no ángeles, es incomparablemente mayor el número de sacerdotes que cumplen con su misión, entregados generosamente al servicio de Dios, de la Iglesia y de la sociedad.

El Cura de Ars era muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un don de Dios para su gente,  no dudaba en afirmar: «Un buen Pastor según el corazón de Dios es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la divina misericordia«. El Cura de Ars enseñaba a sus parroquianos, sobre todo, con el testimonio de su vida.

Pastoral vocacional.

El Año sacerdotal nos brinda la oportunidad de promover la pastoral vocacional y la vida religiosa, en sus diversas formas. Tenemos que reconocer que en los últimos decenios han disminuido notablemente las vocaciones en España y en el continente europeo. En otros continentes como África y Asia están creciendo de manera clara. El Papa Benedicto XVI, en el Encuentro Europeo con los responsables de la pastoral vocacional (4 de julio de 2009), ha marcado un itinerario bien concreto sobre este punto: «el testimonio sencillo y creíble, la comunión, con itinerarios concertados y compartidos en la Iglesia particular, la cotidianidad, que educa a seguir al Señor en la vida diaria, la escucha, inspirada por el Espíritu Santo, para orientar a los jóvenes en la búsqueda de Dios y de la verdadera felicidad y, en fin, la verdad, que engendra libertad interior».

Por ello, lo primero que debemos hacer es dar un testimonio «sencillo y creíble» de nuestra vocación, sin grandes alardes, pero profundamente convencidos de que el haber conocido a Cristo y haberle seguido es el mayor de los tesoros que se nos ha concedido en esta vida. El Papa recomienda que en este Año sacerdotal se multiplique en las diócesis, en las parroquias, en las comunidades religiosas (especialmente en las monásticas) en las asociaciones y movimientos de todo el mundo la adoración eucarística, por la santificación del clero y por las vocaciones sacerdotales, respondiendo a la invitación de Jesús a orar «al dueño de la mies que envíe obreros a su mies» Mt 9,38. (Benedicto XVI, 1 de julio de 2009).

Coordinar la pastoral del sacerdote diocesano y del sacerdote religioso.

El Año Sacerdotal es para todos los sacerdotes del mundo, tanto diocesanos como religiosos. Por eso el Papa ha dado a la Congregación para el Clero la responsabilidad de coordinar y promover este Año Santo en armonía con los Obispos y los Superiores Generales. Esto ayudará a una mayor comunión. Obviamente, hay diferencias y situaciones específicas, pero el trabajo, al final, es el mismo, pues todos trabajamos por una misma causa, que es la extensión del Reino de Cristo.

Modelos de referencia.

La importancia de líderes, tanto en la Iglesia como en la Sociedad, siempre se ha tenido muy presente para una buena formación. Siempre se ha dicho que «las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran». Por eso, el Papa recomienda que se recuerden aquellos sacerdotes que se han distinguido por un vigoroso testimonio evangélico. Es necesario fijarse de modelos concretos. En España está la figura de Juan de Ávila, que esperamos sea pronto declarado Doctor de la Iglesia. En todas las Iglesias locales y en las Comunidades religiosas abundan, gracias a Dios, estos modelos, cuyas vidas han sido ejemplares. Faro luminoso es la figura de San Pablo, cuyo Año Jubilar acabamos de celebrar. Pero no olvidemos que el primero y principal modelo de referencia es Jesucristo, el Buen Pastor.

La nueva primavera del Espíritu.

En la Carta a los sacerdotes dice textualmente el Papa: «Me complace invitar particularmente en este Año Santo, a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas comunidades han contribuido positivamente. El Espíritu es multiforme en sus dones… El sopla donde quiere. Lo hace de modo inesperado, en lugares inesperados y en formas nunca antes imaginadas… El quiere vuestra multiformidad y os quiere para el único Cuerpo«. A los presbíteros corresponde examinar los espíritus si son de Dios, tanto los humildes como los más altos, reconocerlos con alegría y fomentarlos con empeño. Dichos dones, que llevan a muchos a una espiritualidad más elevada, pueden hacer bien no sólo a los fieles laicos sino también a los mismos ministros.

Los sacerdotes no deberían resignarse a ver sus confesonarios vacíos.

El Cura de Ars se distinguió, sobre todo, por las muchas horas que pasó en el confesonario. Dice el Papa: «Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesonarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles a este sacramento. En Francia, en tiempo del Santo Cura de Ars, no era ni más fácil ni más frecuente que en nuestros días, pues el vendaval revolucionario había arrasado desde hacía tiempo la práctica religiosa. Pero él intentó por todos los medios, en la predicación y con consejos persuasivos, que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental mostrándola como una exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar un «círculo virtuoso». Con su prolongado estar ante el Sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos.  Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia y de Europa lo retenían en el confesonario hasta 16 horas al día. Se comentaba que Ars se había convertido en «el gran hospital de las almas». El Cura de Ars consiguió en su tiempo cambiar el corazón y la vida de muchas personas, porque fue capaz de hacerlos sentir el amor misericordioso del Señor. A un hermano sacerdote le explicaba: «Le diré cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo hago yo por ellos».

El Papa confía este Año Sacerdotal a  la Virgen.

Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Queridos sacerdotes, Cristo cuenta con vosotros. A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por El y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz.

Autor: José Luis Cortázar, C.M.
Fuente: Anales, Enero-Febrero de 2010

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