{"id":99710,"date":"2016-04-13T08:11:49","date_gmt":"2016-04-13T06:11:49","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=99710"},"modified":"2016-07-26T17:07:18","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:18","slug":"beato-federico-ozanam-1813-1853","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/beato-federico-ozanam-1813-1853\/","title":{"rendered":"Beato Federico Ozanam (1813-1853)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right\"><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387294 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2012\/08\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>\u00abLa tierra se enfr\u00eda y a nosotros, los cat\u00f3licos, nos toca dar el calor vital que no existe. Somos <\/em><em>nosotros los que tenemos que volver a empezar igual que los m\u00e1rtires&#8230;\u00bb<br \/>\n<\/em><em>\u00abEs necesario abrazar el mundo en una red de caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Beatificar no significa levantar una estatua.<\/p>\n<p>Muy lejos de ello, seg\u00fan la etimolog\u00eda latina beatificar significa &#8216;hacer feliz&#8217; (beatificare=beatum facere).<\/p>\n<p>Efectivamente, con la beatificaci\u00f3n de Federico Ozanam la Iglesia reconoce con solemnidad, inspirada por el Se\u00f1or y para siempre, para todos los fieles y para la juventud en particular, la santidad del principal fundador de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal. Al mismo tiempo nos \u00abhace felices\u00bb a todos porque este testimonio admirable de uno de nuestros hermanos en Cristo y en humanidad nos llena de alegr\u00eda, esperanza y valor.<\/p>\n<p>Entre los hombres y mujeres que la Iglesia ha \u00abllevado a los altares\u00bb- por usar la f\u00f3rmula consagrada &#8211; muchos son adultos y a veces ancianos, consagrados al celibato por sus compromisos sacerdotales o mon\u00e1sticos.<\/p>\n<p>Ahora bien, en la figura del beato Federico Ozanam se nos propone como modelo a un hombre joven cuya breve existencia (23 de abril de 1813 &#8211; 8 de septiembre de 1853) ha sido de una riqueza excepcional: un hombre que llev\u00f3 el amor familiar, conyugal y paterno a un verdadero pedestal, un hombre cuyos m\u00faltiples y diversos compromisos, defendidos siempre con el mismo vigor espiritual, fueron puestos al servicio de la fe, de la caridad, de la Iglesia, del pobre, de la ciencia, de la democracia; o sea, un hombre de carne y esp\u00edritu como nosotros que encarna un tipo de cristiano semejante a nosotros, un ideal nutrido del Evangelio y que responde tanto a los interrogantes contempor\u00e1neos como a las inquietudes de nuestra generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No habr\u00eda que olvidar en efecto que el siglo XIX, en el que vivi\u00f3 y actu\u00f3 Ozanam fue el pr\u00f3logo del siglo XX que ya termin\u00f3, y que, al igual que el anterior, se encontr\u00f3 conmovido por ideas nuevas y por grandes cambios tecnol\u00f3gicos, econ\u00f3micos, sociales y espirituales.<\/p>\n<p>Se puede decir verdaderamente que su vida fue \u00fanica.<\/p>\n<p>Para ojos y corazones poco atentos, esta existencia puede parecerse a muchas otras.<\/p>\n<p>En realidad ilumina nuestro mundo, y cada vez con mayor fuerza, este mundo moderno con ansias de luz. Cuando invoquemos al beato Ozanam no ser\u00e1 principalmente para obtener un favor, sino esencialmente para que nuestra vida humana sea animada por su ejemplo y su testimonio.<\/p>\n<p>Un Hombre arraigado en su tiempo Un hombre como nosotros<\/p>\n<p>Se ha imaginado a Federico Ozanam como un santo lejano, entregado tanto a Dios, a la piedad, a las obras, que se le podr\u00eda suponer extra\u00f1o a las pasiones de los hombres. Esta imagen debe ser corregida, puesto que, cuando uno se familiariza con su abundante y maravillosa correspondencia, cuando se interroga a los testigos de su vida cotidiana, se descubre un alma participativa, un coraz\u00f3n generoso, nunca satisfecho, siempre despierto, latiendo al ritmo de la vida de sus familiares, de sus amigos y de sus hermanos en la adversidad.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Un hombre de carne y hueso<\/strong><\/h2>\n<p>Federico no fue de hecho diferente a sus semejantes. Llev\u00f3 una vida con entera libertad, y si esta vida fue transformada, sublimada por una santidad adquirida progresivamente, no se entreg\u00f3 jam\u00e1s a una visi\u00f3n puritana. Como todos nosotros, Federico dio cara a lo que con raz\u00f3n se ha llamado \u00ablo terrible de la vida de cada d\u00eda\u00bb, la sucesi\u00f3n de los d\u00edas, muchos de los cuales transcurren grises y anodinos.<\/p>\n<p>Como todos nosotros, Federico se preocupa por su salud, por el destino de los suyos, por sus medios de existencia, por su porvenir, por su \u00e9xito, por su promoci\u00f3n en la universidad, por la obtenci\u00f3n de tal premio o tal condecoraci\u00f3n o, simplemente, por la vida que huye impidi\u00e9ndole culminar su obra cient\u00edfica.<\/p>\n<p>Hay que a\u00f1adir que como buen lion\u00e9s, Federico no mira con mal ojo una buena mesa o un buen vino.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Una sensibilidad religiosa<\/strong><\/h2>\n<p>Pero el hombre no s\u00f3lo vive de pan, necesita sobre todo alimento espiritual del cual Federico estuvo bien dotado, gracias a sus padres y a sus educadores. Sin embargo fue acometido durante su adolescencia por la duda en las verdades de la fe, en el sentido que los cristianos dan a la vida, en c\u00f3mo compaginar, cosa que resulta a<\/p>\n<p>veces dif\u00edcil de imaginar, entre el mundo moderno, invadido por la incredulidad y sediento de progresos t\u00e9cnicos, y la revelaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Atravesando esta \u00abnoche de la fe\u00bb, Federico permanece ligado a la fe de su infancia. Se empe\u00f1a en perseverar en sus deberes religiosos, en rezar, en recibir los sacramentos. La costumbre del examen de conciencia le permite ahuyentar lo que considera como los cuatro principales obst\u00e1culos que impiden el avance de la gracia: la soberbia, la impaciencia, la debilidad, la excesiva meticulosidad.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Un esp\u00edritu l\u00facido<\/strong><\/h2>\n<p>Respecto a s\u00ed mismo y a sus defectos Federico tiene una lucidez que le induce, por una parte, a pedir perd\u00f3n a aquellos que hubiera podido herir en sus arranques de c\u00f3lera; por otra parte, se mantiene en una actitud de humildad que no har\u00e1 m\u00e1s que reforzarse con los a\u00f1os: las deficiencias en la salud, las pruebas al final de su vida, provocan en \u00e9l una aut\u00e9ntica sobriedad espiritual, hasta el abandono en la voluntad divina.<\/p>\n<p>En 1848, escribe a su amigo Foisset: \u00abLa juventud pasa y no veo que me haga mejor. Dentro de tres meses tendr\u00e9 35 a\u00f1os. Suponiendo que haga el resto del camino hasta el final, tengo miedo de encontrarme all\u00ed con las manos vac\u00edas.\u00bb<\/p>\n<p>Y a Dufieux, en 1850: <em>\u00abMe conozco desde hace tiempo, y si Dios ha querido concederme alg\u00fan entusiasmo en el trabajo, no he tomado nunca esta gracia como el don aparatoso del genio. He querido sin duda consagrar mi vida al servicio de la fe, pero consider\u00e1ndome como un siervo in\u00fatil, como obrero de \u00faltima hora.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Si Federico defiende apasionadamente sus ideas, se muestra respetuoso con las posiciones de aquellos que no las comparten: <em>\u00abAprendemos a defender nuestras ideas sin odiar a nuestros adversarios, y amando a aquellos que piensan de manera diferente a la nuestra.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En cambio, soporta mal la intransigencia de los intolerantes, <em>\u00ablos guardianes de la ortodoxia que hacen de su opini\u00f3n pol\u00edtica un art\u00edculo 13 del S\u00edmbolo\u00bb. <\/em>Por esa raz\u00f3n se subleva contra ciertos art\u00edculos del \u00abL&#8217;Univers\u00bb, peri\u00f3dico de Louis Veuillot, lider de los cat\u00f3licos intransigentes y adversarios de los cat\u00f3licos liberales.<\/p>\n<p>A su amigo Alexandre Dufieux, quien parece abrumado por los argumentos de Veuillot, Ozanam le env\u00eda una carta: <em>\u00ab\u00bfEstar\u00eda yo, querido amigo, agotado por la fatiga a los 37 a\u00f1os, sometido por enfermedades precoces y crueles, si no hubiera estado sostenido por el deseo, por la esperanza de servir al cristianismo? &#8230; Ciertamente no soy m\u00e1s que un pobre pecador ante Dios, pero \u00c9l no ha permitido que yo haya dejado de creer, o que haya negado, disimulado, atenuado, ning\u00fan art\u00edculo de fe&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Federico Ozanam fue el hombre de las bienaventuranzas evang\u00e9licas: de esp\u00edritu humilde, bondadoso, de coraz\u00f3n puro, fue perseguido por la justicia por haber sido el jefe del \u00abpartido del amor\u00bb, el fundado por Cristo.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>El Hombre de Familia<\/strong><\/h2>\n<p>Antonio Federico Ozanam naci\u00f3 el 23 de abril de 1813 en Mil\u00e1n, Italia.<\/p>\n<p>La familia Ozanam era oriunda de Dombes, sudoeste del departamento de L&#8217;Ain, al noreste de Lyon, Francia. Fue en Chalamont, en Dombes donde en 1773 naci\u00f3 Jean\u00adAntoine FranQois, padre de Federico.<\/p>\n<p>Hijo de un notario real bajo Louis XV, y que lleg\u00f3 a ser juez real, tuvo en su jurisdicci\u00f3n el pueblo de Chatillon-sur-Chalaronne, donde San Vicente de Pa\u00fal, p\u00e1rroco en 1617, fund\u00f3 la primera \u00abcofrad\u00eda de la caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Sobrevino la Revoluci\u00f3n Francesa y lo trastorn\u00f3 todo, en particular la vida de los lioneses. Jean-Antoine Ozanam, pasante de notario, ten\u00eda 20 a\u00f1os cuando fue afectado por el \u00abenrolamiento masivo\u00bb de los j\u00f3venes: se convirti\u00f3 en uno de aquellos \u00absoldados del a\u00f1o II\u00bb que ser\u00edan exaltados por Victor Hugo.<\/p>\n<p>Con el 1\u00ba de los h\u00fasares, donde fue alf\u00e9rez desde 1796, participa en la Campa\u00f1a de Italia conducida por Bonaparte. Licenciado del ej\u00e9rcito en 1799, Jean-Antoine se instala en Lyon donde contrae matrimonio el 21 de abril de 1800 con Marie Nantas, de 19 a\u00f1os, hija de un comerciante de sedas de Lyon. Marie Nantas seria para su marido una esposa abnegada y para con sus hijos, una madre incomparable.<\/p>\n<p>Inici\u00e1ndose al lado de su suegro en el negocio de la seda, Jean-Antoine se instal\u00f3 con su esposa en Lyon. Pero, inmediatamente despu\u00e9s del nacimiento de la primog\u00e9nita, Elizabeth (Febrero de 1801), los Ozanam confrontan un problema que durar\u00e1 varios a\u00f1os: Jean se encuentra a menudo sin empleo. Establecido en Paris a finales de 1801, se lanza a los negocios, siempre desafortunados, que lo llevan a menudo al extranjero.<\/p>\n<p>En 1807, deja la capital, instala a su mujer y sus hijos en Lyon y se va a recorrer Italia como viajante de comercio. En 1809 hace venir a su familia a Mil\u00e1n, donde se establece. El 27 de diciembre, despu\u00e9s de un a\u00f1o de arduo trabajo, se grad\u00faa como doctor en medicina y se convertir\u00e1 en \u00abel buen Ozanam\u00bb.<\/p>\n<p>Los desastres de Napole\u00f3n van a obligar a la familia Ozanam a dejar Mil\u00e1n el 31 de octubre de 1816. Se embarcan para Marsella y se instalan de nuevo en Lyon, calle Pizay, cerca del Ayuntamiento, y el doctor Ozanam se convierte en m\u00e9dico del hospital Hotel &#8211; Dieu en 1817.<\/p>\n<p>Federico dedicar\u00e1 un verdadero culto a su padre. El doctor Ozanam es un hombre de ciencia cuyas investigaciones y trabajos son los m\u00e1s adelantados de una medicina todav\u00eda un poco arcaica, pero sobre todo es el tipo de m\u00e9dico de familia, infatigable, humano y compasivo, quien considera la medicina como una vocaci\u00f3n. A sus hijos les dir\u00e1 que para cumplir dignamente con esa misi\u00f3n, hay que estar dispuesto a dar su vida por los enfermos. Despu\u00e9s de las sangrientas revueltas de 1831 y del c\u00f3lera mort\u00edfero de 1832 se verificar\u00e1 la autenticidad de tal prop\u00f3sito.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Ternura Filial<\/strong><\/h2>\n<p>De su madre Federico conservar\u00e1 un recuerdo imperecedero: cristiana cuya fe fue probada por los infortunios, comparte junto con su marido una vida de trabajo incesante vivificado a diario por la oraci\u00f3n y la pr\u00e1ctica de las virtudes evang\u00e9licas. La vida religiosa de la familia Ozanam se desarrolla en el marco de la parroquia lionesa de San Pedro y San Saturnino. En las rodillas de su madre Federico, igual que los otros ni\u00f1os, aprende la grandeza y dulzura de Dios, el gusto de la oraci\u00f3n y las virtudes pr\u00e1cticas. Cada tarde se re\u00fane el hogar entorno a JeanAntoine y Marie para orar, para la plegaria seguida de una lectura piadosa.<\/p>\n<p>\u00a1Y qu\u00e9 hogar tan afectuoso! En \u00e9l una cierta austeridad es atenuada por un afecto sin l\u00edmites y tambi\u00e9n por un gran humor.<\/p>\n<p>Al lado de su madre, Federico goza del calor de otras dos presencias femeninas: la de la hermana mayor, Elisa (Elisabeth) &#8211; doce a\u00f1os mayor que \u00e9l y de quien escribir\u00e1: <em>\u00abTen\u00eda una hermana, una hermana muy querida que me instru\u00eda conjuntamente con mi madre, con lecciones que eran tan agradables, tan bien presentadas, tan apropiadas a mi inteligencia infantil que en ellas encontr\u00e9 un verdadero gozo&#8230;\u00bb <\/em>Y la de la fiel servidora de la familia, Marie Cruziat, familiarmente llamada \u00abla Vieja Mar\u00eda\u00bb o \u00abGuigui\u00bb. Ten\u00eda 45 a\u00f1os cuando naci\u00f3 Federico; muri\u00f3 en 1857 a los 89 a\u00f1os, despu\u00e9s de que permaneciera 72 a\u00f1os al servicio de tres generaciones de los Ozanam.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Firmeza en la adversidad<\/strong><\/h2>\n<p>Pero esta felicidad tiene un reverso: los duelos repetidos, la muerte de 11 de los 14 hijos de Jean y de Marie Nantas; diez son ni\u00f1as, casi todas arrebatadas a la vida en edad muy temprana o ya muertas al nacer. S\u00f3lo hab\u00eda sobrevivido la mayor, Elisa, el \u00e1ngel de la guarda de los m\u00e1s peque\u00f1os, la amiga y compa\u00f1era de su madre, la felicidad de su padre, quien, siendo \u00e9l mismo buen m\u00fasico, le hab\u00eda hecho dar lecciones de m\u00fasica, de dibujo y de ingl\u00e9s. Pero he aqu\u00ed que el 29 de noviembre de 1820, Elisa, aquella joven bondadosa, alegre y jovial, tambi\u00e9n fue arrebatada por la muerte a los 19 a\u00f1os.<\/p>\n<p>El haber visto llorar tanto a sus padres las p\u00e9rdidas de sus hijos, debi\u00f3 reforzar la sensibilidad innata de Federico y volverlo atento de por vida al dolor de sus semejantes. Adem\u00e1s, en un hogar con recursos a menudo limitados, Federico aprendi\u00f3 que la pobreza no es tan s\u00f3lo el signo distintivo de aquellos a los que se les llama pobres, sino que tambi\u00e9n ronda a menudo en torno a los denominados burgueses.<\/p>\n<p><em>\u00abDoy gracias a Dios por haberme hecho nacer en una de esas situaciones en el l\u00edmite entre la estrechez y el desahogo, que habit\u00faa a las privaciones sin dejar que se ignoren en absoluto los gozos, en que uno no puede dormirse en la saciedad de todos los deseos, pero que tampoco puede estar distra\u00eddo por la preocupaci\u00f3n permanente por satisfacer las necesidades b\u00e1sicas.\u00bb <\/em>(carta a FranQois Lallier, 5 de noviembre de 1836).<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n que manifestar\u00e1 toda su vida para con los obreros y obreras se la debe tambi\u00e9n al ejemplo de su madre que, aunque agotada por las ocupaciones dom\u00e9sticas, encontraba tiempo para dedicarse a la secci\u00f3n San Pedro de la Sociedad de Veladoras, compuesta por obreras que una tras otra y gratuitamente, pasaban la noche con las mujeres enfermas o desamparadas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la muerte, a los tres meses, del peque\u00f1o Louis-Beno\u00eet, en 1822, y del nacimiento en 1824 de un \u00faltimo hijo, Charles, la familia Ozanam se encuentra reducida a tres ni\u00f1os: Alphonse (1804 -1888), quien ser\u00e1 sacerdote y alcanzar\u00e1 el t\u00edtulo de monse\u00f1or; Charles (1824-1890), que ser\u00e1 m\u00e9dico como su padre; y Federico, nacido en 1813.<\/p>\n<p>El retorno al Se\u00f1or de las hermanas m\u00e1s peque\u00f1as, y despu\u00e9s el del padre (1837) y el de la madre (1839), reforzar\u00e1n los lazos que unen a los tres hermanos Ozanam.<\/p>\n<p>Luego de su boda con Am\u00e9lie Soulacroix, en la iglesia San Nizier, en Ly\u00f3n, el 23 de junio de 1841, Federico manifestar\u00e1 para con su familia pol\u00edtica la misma piedad filial, con todo lo que esta palabra contiene para \u00e9l de respeto y de ternura.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>El Hombre de Dos Ciudades: Ly\u00f3n y Paris<\/strong><\/h2>\n<p>Federico Ozanam declar\u00f3 un d\u00eda: <em>\u00abSe ha dicho que Par\u00eds era la cabeza del reino y que Ly\u00f3n era el coraz\u00f3n.\u00bb <\/em>Lo que es verdad para Francia lo fue igualmente en la vida de Federico. Si las necesidades profesionales divid\u00edan su existencia entre la capital y la Sede Primada de las Galias, la mente de Federico estaba frecuentemente en Par\u00eds, indiscutible hogar de la cultura, mientras que su coraz\u00f3n permanec\u00eda en Ly\u00f3n.<\/p>\n<h3>Ly\u00f3n: lugar espiritual, hoguera de la Revuelta<\/h3>\n<p>Del apego de Federico a Ly\u00f3n, ciudad donde pas\u00f3 su infancia, su adolescencia y algunos de los mejores a\u00f1os de su juventud, donde se cas\u00f3 y a la que, como lo escribe en 1832, le un\u00edan <em>\u00ablas costumbres de la infancia, los afectos dom\u00e9sticos y los lazos de la amistad\u00bb<\/em>, hay muchos testimonios, abundantes en su correspondencia. As\u00ed, en una carta enviada desde Par\u00eds, en 1843, a Dominique Meynis: <em>\u00abUsted sabe que tengo apego a Ly\u00f3n por las ra\u00edces que he echado en el coraz\u00f3n&#8230; Desde que fui llamado a mis peligrosas funciones en Par\u00eds, cada a\u00f1o que he ido las he puesto bajo la protecci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora de Fourvi\u00e9re, a la que he sido consagrado desde la infancia\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Y a su hermano Charles, tambi\u00e9n desde Par\u00eds, en 1850: <em>\u00abTe escribo para que no pases por Ly\u00f3n sin que me recuerdes, para que no te sientas solo en una ciudad donde todo nos es com\u00fan, donde debes m\u00e1s que nunca pensar en todos aquellos que nos faltan\u00bb <\/em>(el padre y la madre descansan en el cementerio de Ly\u00f3n).<\/p>\n<p>Cuando la familia Ozanam se instala en Ly\u00f3n en 1816, la ciudad cuenta con s\u00f3lo 140.000 habitantes, tendr\u00e1 180.000 en 1846 y el aumento de la poblaci\u00f3n fue sensible en la Guilloti\u00e8re y sobre todo en la colina de la Croix &#8211; Rousse donde, aprovechando la venta de los viejos terrenos mon\u00e1rquicos, los obreros especializados en la seda, instalan nuevos talleres bastante altos de techo para contener las instalaciones mec\u00e1nicas de Jacquard, que aseguran la supremac\u00eda de Ly\u00f3n en materia de seda. En 1831, cuando los obreros se sublevan contra las condiciones salariales impuestas por los fabricantes, se contar\u00e1n 8.000 jefes de talleres de la seda.<\/p>\n<p>Federico amaba esta ciudad situada en la confluencia del R\u00f3dano y del Saona, con las calles altas y estrechas, sus muelles, sus colinas, sus pendientes, sus panor\u00e1micas, sus alrededores risue\u00f1os, sus ruidos, el entrechocar de los metales, los relinchos de los caballos que tiran de las numerosas y pesadas cargas con fardos de seda, su poblaci\u00f3n laboriosa y activa.<\/p>\n<p>Ly\u00f3n es sobre todo un lugar espiritual de renombre cuya vitalidad contribuir\u00e1 enormemente a hacer de Federico Ozanam uno de los pioneros de la renovaci\u00f3n cat\u00f3lica en Francia. En 1905, un periodista har\u00e1 una justa observaci\u00f3n: \u00abLa ciudad de Ly\u00f3n ha sido siempre y tiende a convertirse cada vez m\u00e1s en un radiante foco de la vida espiritual y del pensamiento cristiano. El alma lionesa profundamente religiosa se compagina con un esp\u00edritu fr\u00edo, singularmente pr\u00e1ctico y con un car\u00e1cter a la vez audaz y emprendedor\u00bb.<\/p>\n<p>Cuna de la primera comunidad cristiana y de la primera iglesia episcopal de los Galos (Siglo II), de donde viene el t\u00edtulo de \u00abPrimado de las Galias\u00bb, t\u00edtulo ostentado durante mucho tiempo por su arzobispo, y de nuevo foco religioso ardiente del siglo XI al XIV, Ly\u00f3n conoce a lo largo de los siglos XIX y XX una intensa vitalidad espiritual (\u00abEscuela de Ly\u00f3n \u00bb cr\u00f3nica social, Resistencia del Esp\u00edritu durante la Segunda Guerra Mundial).<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de una Revoluci\u00f3n que la disloc\u00f3, la Iglesia de Ly\u00f3n, gracias particularmente al Cardenal Joseph Fesch, t\u00edo de Napole\u00f3n, encuentra enseguida su equilibrio. Las obras, las instituciones se multiplican, la m\u00e1s resplandeciente, la m\u00e1s universal es la Propagaci\u00f3n de la Fe, imaginada en1820 por Pauline Jaricot, hija de un comerciante de telas, en Ly\u00f3n, quien se convierte en el s\u00edmbolo y el soporte del renacimiento franc\u00e9s de las misiones cat\u00f3licas. Federico, que ser\u00e1 uno de los que dar\u00e1n vida a la obra, la considerar\u00e1 siempre como t\u00edpicamente lionesa: en 1845 cuando se encontraba en Par\u00eds como corresponsal del Consejo de Ly\u00f3n, escribe: <em>\u00abAs\u00ed como no nos quitaron ni a Santa Irene, ni a Nuestra Se\u00f1ora de Fourvi\u00e9re, tampoco nos quitar\u00e1n la Propagaci\u00f3n de la Fe\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>En Ly\u00f3n m\u00e1s que en otro lugar existen pobres que reclaman la atenci\u00f3n y la abnegaci\u00f3n de los cat\u00f3licos. En el momento de las grandes inundaciones de 1840, Mons. Maurice de Bonal, el nuevo arzobispo, evaluar\u00e1 en 20.000 el n\u00famero de pobres en Ly\u00f3n. La mortalidad all\u00ed es superior al resto de Francia, elev\u00e1ndose hasta el 30 por 1.000 en 1834, a\u00f1o de miseria, huelgas, perturbaciones, epidemias de viruela y tifoidea. Es m\u00e1s, el invierno de 1829-30, de fr\u00edo intenso, azot\u00f3 desde el mes de octubre hasta febrero. La mortalidad se duplic\u00f3. Recordamos que las revueltas sangrientas de los \u00abobreros de la seda\u00bb, en noviembre de 1831 y abril de 1834, se saldaron con centenares de muertos.<\/p>\n<p>No debemos pues sorprendernos de ver a Federico comprometerse muy pronto en desarrollar la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal en Ly\u00f3n, donde residir\u00e1 de 1836 a 1841.<\/p>\n<p>El cuadro de un Ly\u00f3n ferviente no debe hacer olvidar que existen tambi\u00e9n, en la ciudad de la seda y de los obreros, fuertes corrientes anticlericales: en 1820 las diez logias mas\u00f3nicas de la ciudad se reconstituyeron, como siempre muy sensibles a la alianza, frecuentemente comprobada, entre la incredulidad y el ego\u00edsmo burgu\u00e9s. El 15 de enero de 1831, manifiesta a sus amigos la aversi\u00f3n que le produce la nueva clase en el poder, en Ly\u00f3n tambi\u00e9n: <em>\u00abSe vive una vida industrial y material; cada cual piensa en su comodidad personal, en su bienestar particular&#8230;, pan y dinero, eso es lo que se quiere y pretende\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Esta atm\u00f3sfera de incredulidad contribuye a sembrar en el coraz\u00f3n de este adolescente elementos de duda religiosa. Ingresa en el Colegio Real de Ly\u00f3n, en clase sexta, en octubre de 1822, cursa estudios cl\u00e1sicos s\u00f3lidos y brillantes. Es en Ret\u00f3rica donde, en 1827, su fe es puesta en prueba. Pero ser\u00e1 en este mismo colegio donde gracias a su profesor de filosof\u00eda, el padre Joseph Mathias Noirot, encontrar\u00e1 la paz del alma al mismo tiempo que la luz espiritual.<\/p>\n<p>Licenciado en Letras, en 1829, Federico decide <em>\u00abconsagrar sus d\u00edas al servicio de la Verdad\u00bb<\/em>. Incluso proyecta hacer una <em>\u00abdemostraci\u00f3n de la Religi\u00f3n Cat\u00f3lica a trav\u00e9s de la antig\u00fcedad de las creencias hist\u00f3ricas, religiosas y morales\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este proyecto se nutre de la lectura de Chateaubriand, de Lamartine y Lamennais, apologistas prestigiosos del cristianismo, quienes seducen entonces a tantos j\u00f3venes y cuya argumentaci\u00f3n y estilo rom\u00e1ntico influir\u00e1n en Ozanam. \u00c9l encuentra tambi\u00e9n el reposo del esp\u00edritu y el entusiasmo del joven cristiano al frecuentar a los grandes pensadores lioneses que encontrar\u00e1 en Par\u00eds: Andr\u00e9 Marie Amp\u00e8re (1775-1836), miembro de la Academia de Ly\u00f3n que ha escrito una tesis acerca de las \u00abPruebas hist\u00f3ricas sobre la divinidad del cristianismo\u00bb, y Pierre Simon Ballache (1776-1847) escritor que, en 1801, mand\u00f3 imprimir en la tipograf\u00eda de su padre \u00abDu Sentiment\u00bb, que anticipa \u00abEl Genio Del Cristianismo\u00bb; Ballache comunicar\u00e1 a Federico la esperanza que, como ciudadano y cristiano, pone en el esp\u00edritu de libertad y de solidaridad.<\/p>\n<p>En octubre de 1830, Federico, a quien todo inclina hacia las letras y la historia, pero que su padre destina al derecho, entra como pasante en el estudio del procurador Jean Baptiste Coulet, abogado ante el tribunal de primera instancia de Ly\u00f3n. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, 1 de noviembre de 1831, viaj\u00f3 en la diligencia de los Servicios Reales que, en cuatro d\u00edas, lo llevar\u00e1 a Par\u00eds, donde cursar\u00e1 estudios de derecho.<\/p>\n<h3>Par\u00eds: Capital intelectual, crisol de miseria<\/h3>\n<p>As\u00ed es como, el 5 de noviembre de 1831, Federico Ozanam descubre la capital. De entrada, la gran ciudad le desilusiona. La vista y la visita de sus m\u00e1s c\u00e9lebres monumentos no le satisfacen; toma conciencia enseguida de que m\u00e1s all\u00e1 de sus bellezas y sus luces <em>\u00abla vieja Lutecia\u00bb <\/em>esparce tambi\u00e9n sus <em>\u00abhorrores, sus barracas, su corrupci\u00f3n\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Un lujo ostentoso se roza con una miseria espantosa, la misma que algunos a\u00f1os m\u00e1s tarde, Victor Hugo describir\u00e1 en \u00abLos Miserables\u00bb.<\/p>\n<p>El Par\u00eds de Luis Felipe donde se instala el estudiante Ozanam no es todav\u00eda el Par\u00eds que el bar\u00f3n Haussmann (nombrado prefecto del Sena el 28 de junio de 1853) transformar\u00e1 hasta el punto punto de convertirla en la \u00abCiudad Luz\u00bb donde viven alrededor de 700.000 parisinos. Muchos conocen, sin embargo, una condici\u00f3n precaria en esta metr\u00f3polis todav\u00eda mal adaptada a las exigencias de la vida moderna.<\/p>\n<p>A excepci\u00f3n de los barrios aristocr\u00e1ticos, se ve casi en todas las partes casas altas, a veces destartaladas, que est\u00e1n como suspendidas sobre calles estrechas, amontonadas y sucias, sin alcantarillado ni aceras, ruidosas con los gritos de los comerciantes y sobre todo con los ruidos causados por el pavimento desigual, el mal estado de las ruedas y de los muelles de innumerables coches de caballos. Se comprende que el espect\u00e1culo espantoso del c\u00f3lera, que hizo una veintena de miles de victimas en la capital, en 1832, haya podido impresionar profundamente a Federico.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de los habitantes disponen de ingresos tan bajos todav\u00eda en 1846; en una poblaci\u00f3n de alrededor de 1 mill\u00f3n de habitantes, m\u00e1s de 650.000 estar\u00e1n exentos de impuestos. Dos de cada tres de ellos no tienen con qu\u00e9 pagar su mortaja, la mortalidad del 30 por 1.000 es claramente superior a la media francesa.11.000 de los 27.000 fallecimientos anuales tienen lugar en el hospital, lo que constituye una proporci\u00f3n considerable cuando uno recuerda el terror que inspiraba al pueblo este lugar siniestro.<\/p>\n<p>En las v\u00edsperas de la Revoluci\u00f3n de 1848, par\u00eds cuenta con 300.000 indigentes. La ciudad est\u00e1 ro\u00edda por llagas morales siempre abiertas: el abandono de los ni\u00f1os, la prostituci\u00f3n; la pr\u00e1ctica corriente de los obreros y de la gente del pueblo del concubinato. Hac\u00eda falta recordar estas taras y estas miserias para comprender la vocaci\u00f3n caritativa y social de Federico Ozanam.<\/p>\n<p>Naturalmente esta ciudad de tradici\u00f3n revolucionaria, cuyas calles estrechas son propicias a la formaci\u00f3n de barricadas, es el teatro de convulsiones sociales: Federico asistir\u00e1 a las insurrecciones obreras de 1832,1833,1834, as\u00ed como a la puesta en marcha de leyes policiales duras, como consecuencia del atentado perpetrado en junio de 1835 por Fieschi contra la persona del rey Luis Felipe.<\/p>\n<p>As\u00ed comprendemos que en este Par\u00eds oscuro, Federico Ozanam se haya sentido, primero desconcertado, descorazonado, incluso horrorizado. M\u00e1s a\u00fan cuando este hombre sensible soporta mal la soledad y, sobre todo el alejamiento de sus seres m\u00e1s queridos: <em>\u00abYo, tan acostumbrado a las charlas familiares&#8230;, aqu\u00ed estoy tirado sin apoyo, sin lugar de reuni\u00f3n, en esta capital del ego\u00edsmo, en este torbellino de pasiones y de errores humanos\u00bb; \u00ab\u00a1C\u00f3mo echo de menos a mis padres! Soy muy joven para poder acostumbrarme, al volver a casa, a encontrar mi hogar desierto y acostarme sin poder decir a alguien lo que siento en el coraz\u00f3n. Separado de aquellos que yo amaba, no puedo echar ra\u00edces en este suelo extra\u00f1o; siento en m\u00ed un no s\u00e9 qu\u00e9 de infantil que necesita vivir en el hogar dom\u00e9stico, a la sombra del padre y de la madre, algo que se marchita en el ambiente de la capital\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Afortunadamente, existe el Barrio Latino, donde se hospeda Federico, poblado por sus 5.000 estudiantes; muchos de ellos eran de Ly\u00f3n. En el seno de la colonia lionesa de Par\u00eds, Andr\u00e9-Marie Amp\u00e8re le abre su casa, en la que Federico reencuentra otra vez la alegr\u00eda de vivir y puede conservar su fe cristiana.<\/p>\n<p>Par\u00eds es considerado como \u00abuna de las capitales de la incredulidad\u00bb.<\/p>\n<p>La influencia de Voltaire en una parte importante de la burgues\u00eda pudiente y dirigente, as\u00ed como en la mayor\u00eda de los universitarios, mantiene all\u00ed una atm\u00f3sfera de la que Federico solo puede substraerse en compa\u00f1\u00eda de cristianos convencidos como Emmanuel Bailly y Andr\u00e9-Marie Amp\u00e8re o frecuentando a los intelectuales cat\u00f3licos liberales, en quienes admira la alianza armoniosa de la fe, la elocuencia, el valor, la libertad de esp\u00edritu y de expresi\u00f3n: F\u00e9l\u00edcit\u00e9 de Lamennais, Henri-Dominique Lacordaire, Charles de Montalembert y Alphonse de Lamartine.<\/p>\n<p>Escuchando a estos maestros es como Federico se convence de \u00abla falta que hace que en alguna parte sea dicha una palabra creyente, que una ense\u00f1anza religiosa sea dada, a un nivel de conocimiento profundo y notable que haga trizas de las doctrinas racionalistas difundidas por los maestros de las c\u00e1tedras oficiales\u00bb (Marcel Vincent).<\/p>\n<p>Pero Federico est\u00e1 en Par\u00eds para perfeccionar sus estudios. Licenciado en Derecho (1834) y Letras (1835), Doctor en Derecho (1836) y Letras (1839), ejercer\u00e1 en 1837 la profesi\u00f3n de abogado en el Colegio de Abogados de Lyon. Es en esta ciudad donde en 1839 es titular de una c\u00e1tedra de Derecho Comercial. Al a\u00f1o siguiente es admitido en el concurso de Agregaci\u00f3n para la ense\u00f1anza universitaria en Facultades de Letras, orient\u00e1ndose hacia la ense\u00f1anza literaria. Poco tiempo antes de su boda es nombrado, el 9 de octubre 1840, suplente de Claudio Fauriel en la c\u00e1tedra de literatura extranjera en la Sorbona. Los reci\u00e9n casados se instalan entonces en Par\u00eds donde Federico adquiere la titularidad de la c\u00e1tedra en 1844, y donde reciben la gracia, en 1845, de enriquecer su hogar con la encantadora Marie.<\/p>\n<p>Federico, que fue durante mucho tiempo al\u00e9rgico a la capital, admite que Par\u00eds es verdaderamente la ciudad <em>\u00abdonde todo se vuelve activo; las ideas, los trabajos del esp\u00edritu, las conversaciones, y hasta las m\u00ednimas relaciones de sociedad\u00bb<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Un Hombre todo coraz\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Federico fue todo amor. Toda su vida vibr\u00f3 al contacto con los otros: amigos, parientes, estudiantes. Manifiesta muchas veces en sus cartas la necesidad de los dem\u00e1s: <em>\u00abFormo parte de aquellos que necesitan compa\u00f1\u00eda, ser alentados, y Dios no me ha dejado vivir sin estos apoyos\u00bb. Y a\u00fan, cuando apenas tiene 18 a\u00f1os, escribe a Augusto Materne: \u00abOh amigo m\u00edo, que la ley del amor sea la nuestra y, rechazando las glorias vanas, nuestro coraz\u00f3n arder\u00e1, s\u00f3lo para Dios, para los hombres y para la aut\u00e9ntica felicidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<h3>Una red de amistades<\/h3>\n<p>En la vida de Ozanam la amistad y el amor fueron siempre indisolubles. No es muy com\u00fan en la historia cristiana encontrar una sensibilidad como la suya, constantemente en armon\u00eda con la alegr\u00eda y los dolores de aquellos a quienes ama. Sin duda podemos ver su sensibilidad franciscana, muy presente a lo largo de su existencia.<\/p>\n<p>Sus numerosos amigos parecen haber formado, alrededor de este hombre ultra\u00adsensible, un c\u00edrculo fraternal y caluroso. El alejamiento, aunque fuese corto, un nacimiento, una boda o el sufrimiento, la enfermedad, el luto&#8230;: ah\u00ed est\u00e1 Federico sobrecogido enteramente por el acontecimiento. Piensa que <em>\u00abDios ha puesto en nuestras almas dos necesidades. Se necesitan padres que nos quieran, pero tambi\u00e9n nos hacen falta amigos que se sientan ligados a nosotros: la ternura que proviene del seno familiar, y el cari\u00f1o que proviene de la simpat\u00eda son dos gozos de los cuales no podemos prescindir y por consiguiente lo uno no puede sustituir a lo otro<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Lo dice a Henri Pressonneaux: <em>\u00abTengo la costumbre de identificarme con mis amigos, de formar con ellos otra familia, de rodearme de ellos para tapar los vac\u00edos que la desgracia ha puesto ante m\u00ed&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Las m\u00e1s viejas amistades de Federico, las m\u00e1s tiernas, tal vez por sus ra\u00edces provienen de la infancia, fueron sus amistades lionesas, encabezados por sus dos primos Henri Pessonneaux y Ernest Falconnet.<\/p>\n<p>A los primeros compa\u00f1eros de infancia de las calles empinadas del barrio de la Croix\u00adRousse, como Pierre Balloffet, se a\u00f1aden en el coraz\u00f3n de Federico los amigos del colegio: Joseph Arthaud, Prosper Dugas, August Materne, Hippolyte Fortoul (futuro ministro de Napole\u00f3n III), Amand Chaurand, Louis Janmot, Antoine Bouchacout&#8230; Instalado en Par\u00eds. Encuentra all\u00ed a varios en la colonia lionesa del Quartier Latin y tambi\u00e9n nuevos amigos.<\/p>\n<p>Manteniendo con sus amigos de Ly\u00f3n una correspondencia regular y siempre cari\u00f1osa, Federico encuentra en casa de Amp\u00e8re o en la de Charles Montalembert,<\/p>\n<p>j\u00f3venes provincianos con quienes forja amistad; el 19 de marzo de 1883 informa a Ernest Falconnet: <em>\u00abSomos una decena, unidos m\u00e1s estrechamente por los lazos del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n, una especie de caballeros literatos, amigos abnegados que no tienen secretos, cuyas almas se abren para decirse cada cual sus alegr\u00edas, sus esperanzas, sus tristezas\u00bb. <\/em>Evoca en sus cartas las interminables veladas de discusiones e intercambio de ideas a la luz de la luna, en los alrededores del Pante\u00f3n.<\/p>\n<h3>Un amor familiar<\/h3>\n<p>Respecto a su padre y a su madre, Federico Ozanam manifest\u00f3 un cari\u00f1o extraordinario. Su desaparici\u00f3n provoc\u00f3 en \u00e9l un trastorno que \u00e9l tradujo en t\u00e9rminos muy emotivos. Al d\u00eda siguiente de la muerte de su padre, en 1837, conf\u00eda a Ernest Falconnet: <em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 soledad a partir de ahora en la tierra! \u00a1Qu\u00e9 vac\u00edo alrededor y encima de nosotros! Verse en medio de la gente sin una cabeza que sobrepase las otras, sin manos que se extiendan sobre nosotros para protegernos. \u00a1Haber vivido veinticuatro a\u00f1os bajo la sombra y al abrigo, y encontrarse de golpe desprotegido a la hora de las tempestades! \u00a1El or\u00e1culo dom\u00e9stico se ha enmudecido, la providencia de la familia se ha vuelto invisible! \u00bfEs posible encontrar aflicciones tan vivas, una tal desolaci\u00f3n? \u00ab<\/em><\/p>\n<p>El fallecimiento de su madre en 1839 ahonda su sufrimiento. Escribe a Edouard Reverdy: <em>\u00ab\u00a1Oh amigo m\u00edo, nos encontramos hu\u00e9rfanos! \u00a1Qu\u00e9 momento \u00e9ste! \u00a1Cu\u00e1ntas l\u00e1grimas! \u00a1Cu\u00e1ntos sollozos! Nuestra edad parece convertirnos, a mi hermano mayor Alphonse y a m\u00ed, en m\u00e1s duros, m\u00e1s fuertes. Pero hemos vivido tanto la vida de familia, nos encontr\u00e1bamos tan bien bajo las alas de nuestra madre que jam\u00e1s nos hubi\u00e9ramos marchado sin un esp\u00edritu de regreso al nido natal\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Federico trasladar\u00e1 su afecto filial hacia sus padres pol\u00edticos Soulacroix a quienes en sus cartas llama: <em>\u00abmi buen padre, mi madre muy amada\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El 23 de junio de 1841, despu\u00e9s de vacilar mucho tiempo ante el compromiso matrimonial, se cas\u00f3 en Ly\u00f3n con Am\u00e9lie Soulacroix, hija del rector de la Academia de Ly\u00f3n. Este acontecimiento, y luego el nacimiento de la peque\u00f1a Marie (25 de Julio de 1845) maduran y transforman al hombre: Ozanam se vuelve menos ansioso, menos reservado, y a\u00fan m\u00e1s abierto.<\/p>\n<p>De forma que Federico no se nos presenta como un santo asceta, sino m\u00e1s bien como un cristiano en quien el amor conyugal y paterno han hecho brotar nuevas fuentes de ternura y de solicitud hacia los dem\u00e1s. Cuando habla de su mujer y de su hija lo hace en t\u00e9rminos emocionales. He ah\u00ed por ejemplo, describiendo a Falconnet el nacimiento dif\u00edcil de su hija Marie: <em>\u00abQuerido amigo, t\u00fa conocer\u00e1s estas emociones cuando al cabo de varias horas de dolores horribles&#8230;se oye el ultimo grito de la madre y el primer grito del reci\u00e9n nacido; cuando se ve de repente aparecer a esta peque\u00f1a criatura, pero esta criatura inmortal de quien somos depositarios, Ocurre entonces en el fondo de las entra\u00f1as, no metaf\u00f3ricamente, un no se qu\u00e9 de terrible y de soberanamente tierno.<\/em><\/p>\n<p><em>Existe todo un trastorno de toda la organizaci\u00f3n y de toda el alma y se siente como la mano de Dios que te arregla interiormente y te modela un nuevo coraz\u00f3n.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Cuando est\u00e1 ausente Am\u00e9lie, cuyo coraz\u00f3n es tan acorde con el suyo, y que \u00e9l llama <em>\u00abmi muy amada\u00bb, \u00abmi tierna predilecta\u00bb, \u00abmi bella y querida alma\u00bb, <\/em>o cuando \u00e9l mismo se encuentra lejos de ella, cu\u00e1nta ternura con tintes de nostalgia se expresa en las cartas que Federico le env\u00eda. Por ejemplo, en julio de 1844: <em>\u00abMi muy amada, esperaba con todo el ardor de la esperanza tu querida carta de esta ma\u00f1ana. No me dices si hab\u00edas dormido bien, si tu malestar era m\u00e1s grave que de ordinario \u00bfC\u00f3mo van tus pobres ojos? Me lo dir\u00e1s en tu pr\u00f3xima respuesta&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Incluso se expresa en poemas. No es por causalidad que este escritor, tan enamorado de Italia se haya interesado mucho por los poetas franciscanos de la Italia del siglo XIII. Su correspondencia, que no es nunca banal, abunda en descripciones a la vez precisas, coloreadas, personales, calurosas, de las ciudades y pa\u00edses visitados, de los paisajes y de los monumentos admirados. Bajo su pluma, la monta\u00f1a, el mar, Florencia, Pisa, Roma, Burgos, Biarritz, parecen seres vivientes, en todo caso seres acordes con genio del hombre y la grandeza de Dios.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Un Profeta Cristiano<\/strong><\/h2>\n<h3>El carisma de Federico Ozanam<\/h3>\n<p>Seg\u00fan la Biblia un profeta es un hombre que, inspirado por Dios, en tiempos dif\u00edciles, desolados o trastornados, pronuncia, grita palabras fuertes, inc\u00f3modas, aptas para hacer reflexionar a sus ciudadanos, reprendiendo las facilidades, las perezas.<\/p>\n<h3>Una conciencia clara de su vocaci\u00f3n<\/h3>\n<p>En ese sentido, podemos verdaderamente decir que Federico Ozanam fue un profeta, pero un profeta cristiano. Como afirma en su carta a Ernest Falconnet en 1834: <em>\u00abLas ideas religiosas no tendr\u00e1n ning\u00fan valor si no tienen un valor pr\u00e1ctico y positivo. La religi\u00f3n sirve m\u00e1s para la acci\u00f3n que para el pensamiento.\u00bb <\/em>El joven Federico siempre ha pensado que ten\u00eda una misi\u00f3n propia que le mov\u00eda a la obligaci\u00f3n de salir de s\u00ed mismo, de mezclarse con el mundo y con los que viven en \u00e9l, con la finalidad de poner a su disposici\u00f3n las luces y las fuerzas que, a pesar de su indignidad, Dios le hab\u00eda dado. Tiene 18 a\u00f1os cuando confiesa a su amigo Fortoult: <em>\u00abCuando mis ojos se vuelven hacia la sociedad, la variedad prodigiosa de los acontecimientos produce en m\u00ed los sentimientos m\u00e1s diversos&#8230; Estas consideraciones me animan y hacen que penetre en m\u00ed un particular entusiasmo&#8230; Me digo que el espect\u00e1culo al cual estamos convidados es grande; que es hermoso vivir en una \u00e9poca tan prodigiosa, que la misi\u00f3n de un joven en la sociedad es hoy muy grave y muy importante&#8230; Me complace haber nacido en una \u00e9poca en que, a lo mejor, tendr\u00e9 que hacer mucho bien, y entonces siento un nuevo ardor para el trabajo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>\u00abPara comprometerse con este proyecto de regeneraci\u00f3n de la sociedad, hija bastarda de la ideolog\u00eda de las Luces, har\u00edan falta j\u00f3venes cristianos de coraz\u00f3n entusiasta y de armadura bien templada. Sin presentarse como modelo, Federico es consciente de haber sido conducido, por la gracia, hasta el punto en que ya no puede dudar ni de su fuerza, ni de su vocaci\u00f3n\u00bb (Marcel Vincent).<\/p>\n<h3><strong>Una fe robusta y radiante<\/strong><\/h3>\n<p>Al haber encontrado la fe, sue\u00f1a con una renovaci\u00f3n del catolicismo: <em>\u00abLleno de juventud y de fuerza, se elevar\u00eda de golpe ante el mundo, encabezar\u00eda el siglo renaciente para llevarlo a la civilizaci\u00f3n, a la felicidad.\u00bb <\/em>Al d\u00eda siguiente de la revoluci\u00f3n de 1830 y del advenimiento del rey burgu\u00e9s, eso puede parecer ut\u00f3pico, sin fundamento. En Federico, esta visi\u00f3n procede de una lucidez cuyo secreto y fuerza residen en una fe cristiana renovada.<\/p>\n<p>En este coraz\u00f3n nada intercepta la luz. En una carta de 1852 a su amigo Charles Hommais, declara: <em>\u00abEstoy profundamente convencido por las pruebas interiores del cristianismo. Llamo as\u00ed a esta experiencia de cada d\u00eda que me hace encontrar en la fe de mi infancia toda la fuerza y toda la luz de mi edad madura, toda la santificaci\u00f3n de mis alegr\u00edas dom\u00e9sticas, todo consuelo de mis penas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En esa carta se encuentra su famosa frase: <em>\u00abTenemos dos vidas, una para buscar la verdad, la otra para practicarla.\u00bb <\/em>En una \u00e9poca de incredulidad en la que la instituci\u00f3n eclesi\u00e1stica es ultrajada, la fe s\u00f3lidamente anclada de Federico alcanza su plenitud de manera natural en el seno de la Iglesia, <em>\u00abmi iglesia\u00bb, <\/em>como le gustaba decir. \u00c9sta no podr\u00eda ser para \u00e9l m\u00e1s que la Santa Iglesia Cat\u00f3lica Romana en suyo seno ha sido bautizado, educado, instruido y que, para \u00e9l, tiene la inmensa superioridad de poseer como jefe a un Pont\u00edfice cuya autoridad es el reflejo de la de Dios.<\/p>\n<p>Si bien es un cat\u00f3lico liberal, un cat\u00f3lico convencido de la alianza natural entre el Evangelio, la Iglesia y la Libertad, Federico Ozanam tambi\u00e9n era un cat\u00f3lico romano, ultramontano, como se dice en su \u00e9poca: como muchos otros, encuentra en Roma el hogar radiante, centro vivo de un cristianismo aut\u00e9ntico. Ahora bien, en 1846 accede al trono pontificio un papa, P\u00edo IX, que es a la vez joven, liberal y decidido en hacer del papado el recurso supremo de una humanidad en perdici\u00f3n.<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n de Federico por P\u00edo IX, quien le recibe varias veces en Roma, est\u00e1 a la altura de la esperanza que \u00e9l pone en la Iglesia Cat\u00f3lica. Cuando habla de ella es con fervor, con entusiasmos. En 1847, escribe a su amigo Jean-Jacques Amp\u00e8re: <em>\u00abVeo al papa, al igual que sus m\u00e1s grandes predecesores, lleno de una profunda fe en su t\u00edtulo de Vicario de Jesucristo y de un sentimiento de su indignidad; pone en suspenso a medias esta cualidad de pr\u00edncipe temporal que tal vez se dio demasiado desde Julio II y Le\u00f3n X, y que hab\u00eda contribuido a levantar tantas prevenciones dentro y fuera de nosotros. Y, al mismo tiempo, se encuentra con \u00e9l, m\u00e1s reconocible que nunca, el obispo de Roma, esta autoridad paternal y desinteresada que nadie tendr\u00eda el valor de odiar y ante la cual es muy dif\u00edcil no doblegarse.\u00bb<\/em><\/p>\n<h3><strong>Un compromiso valiente<\/strong><\/h3>\n<p>La lucidez de Federico, alimentada por la fe, s\u00f3lo es igualada por su valent\u00eda, una valent\u00eda que los contempor\u00e1neos no esperaban encontrar en un hombre profesionalmente instalado y de fr\u00e1gil salud. Coraje en denunciar las perezas de un clero que las ventajas del Concordato de 1801 le vuelven menos sensible a las desgracias de este mundo. No vacila, a trav\u00e9s de su hermano mayor, el padre Alphonse, en interpelarle: <em>\u00abNo cumplen verdaderamente con su misi\u00f3n&#8230; Si un n\u00famero mayor de cristianos y sobre todo de eclesi\u00e1sticos se hubiese ocupado de los obreros diez a\u00f1os antes, estar\u00edamos m\u00e1s seguros del porvenir&#8230;\u00bb <\/em>Adem\u00e1s, <em>\u00abHace falta que los curas renuncien a sus peque\u00f1as parroquias burguesas, reba\u00f1o de \u00e9lite en medio de una inmensa poblaci\u00f3n que ellos no conocen&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estas posiciones valientes, reforzadas por las opciones pol\u00edticas, la democracia cristiana y social de Federico, hacen brotar enemistades, tanto entre los cat\u00f3licos conservadores como entre aquellos que se basan en un socialismo alejado de la iglesia. No fue eso obst\u00e1culo para que a los ojos de muchos de su generaci\u00f3n pasase por un gu\u00eda, un pionero, un profeta. \u00c9l mismo lo reconoc\u00eda ya, con su humildad acostumbrada, en una carta de 1834 a Ernest Falconnet: <em>\u00abEstoy rodeado, en cierta forma, de seducciones de toda \u00edndole; se me solicita, se disputan por tenerme, me ponen en evidencia&#8230; Porque Dios y la educaci\u00f3n me han dotado de cierto tacto, de alguna capacidad de ideas, de cierta amplitud de tolerancia, quieren que yo sea una especie de jefe de la juventud cat\u00f3lica de este pa\u00eds: muchos j\u00f3venes con muchos m\u00e9ritos me conceden una estima de la cual me siento muy indigno&#8230; Sin embargo, el c\u00famulo de circunstancias exteriores \u00bfno puede ser acaso un signo de la voluntad de Dios?\u00bb<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Fe y Caridad<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Los pobres, rostro de Cristo<\/strong><\/h3>\n<p>Para Federico Ozanam, la fe sin caridad no tiene ning\u00fan sentido. Por eso, cuando se dirige a sus j\u00f3venes amigos, sus consejos se tornan en reprimendas: <em>\u00abLa tierra se ha enfriado, somos nosotros los cat\u00f3licos a quienes corresponde reanimar el calor vital que se apaga, es a nosotros a quienes corresponde comenzar de nuevo la gran obra de la regeneraci\u00f3n, aunque fuera necesario comenzar de nuevo la era de los m\u00e1rtires\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00bf<em>Nos quedaremos inertes en medio de un mundo que sufre y gime? Y nosotros, mi querido amigo, \u00bfno haremos nada para parecernos a esos santos a los que queremos?<\/em><\/p>\n<p><em>Si no sabemos amar a Dios&#8230; pues parece que hace falta ver para amar y s\u00f3lo vemos a Dios con los ojos de la fe. Y nuestra fe es tan d\u00e9bil. \u00a1Pero a los hombres, pero a los pobres, los vemos con los ojos de la carne! Ellos est\u00e1n ah\u00ed y podemos poner el dedo y la mano en sus llagas; las huellas de la corona de espinas son visibles en sus frentes; y ahora la incredulidad ya no tiene espacio posible y deber\u00edamos caer a sus pies y decirles como el ap\u00f3stol: &#8216;Tu es Dominus et Deus meus&#8217;. Ustedes son nuestros amos y nosotros seremos sus servidores, Ustedes son para nosotros las im\u00e1genes sagradas de ese Dios al que no vemos, y como no sabemos amarle de otra manera, lo amaremos en sus personas&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Estas admirables palabras son el eco de las de San Vicente de Pa\u00fal, este santo cuya casa natal en Pouy, en las Landas, ser\u00e1 el objetivo de la \u00faltima peregrinaci\u00f3n de Federico, en noviembre-diciembre de 1852. Este santo se convirti\u00f3 en el modelo, el protector de la Conferencia de Caridad de la cual Federico Ozanam fue, en 1833, uno de los promotores, y que se extender\u00eda en el marco de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal<\/p>\n<h3><strong>La caridad, hija de la fe<\/strong><\/h3>\n<p>Federico insiste mucho en la defensa y en la exaltaci\u00f3n de la fe cat\u00f3lica. Por eso, junto con muchos estudiantes, quienes comparten tal fe con \u00e9l, se dirige al arzobispo de Par\u00eds, Mon. De Qu\u00e9len, para sugerirle que una predicaci\u00f3n fuerte y convincente sea organizada para la gente, en particular para la la juventud, en la Catedral de N\u00f4tre Dame, en Par\u00eds. Es as\u00ed como nacen, despu\u00e9s de dos a\u00f1os de tratos, las c\u00e9lebres \u00abConferencias de N\u00f4tre Dame\u00bb a las que Henri Lacordaire confiri\u00f3 enseguida carta de nobleza.<\/p>\n<p>Por su parte Emmanuel Bailly reuni\u00f3 en la plaza del Estrapade, un c\u00edrculo literario o Conferencias de Historia, abierta a j\u00f3venes de opiniones diversas. Ozanam participa en ella, se impone y se defiende contra las opiniones adversas. De ah\u00ed surgi\u00f3 la \u00abConferencia de la Caridad\u00bb que ense\u00f1ar\u00e1 a los incr\u00e9dulos que la fe cristiana es naturalmente activa, y que ser\u00eda, para sus miembros un manantial de santificaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal<\/strong><\/h3>\n<p>El 23 de Abril de 1833, d\u00eda del cumplea\u00f1os de Federico Ozanam, tiene lugar la primera reuni\u00f3n en la calle Petit-Bourbon Saint-Sulpice, 18, en la oficina del peri\u00f3dico \u00abLa Tribuna Cat\u00f3lica\u00bb, cuyo jefe de redacci\u00f3n es Emmanuel Bailey. Alrededor de \u00e9l, seis estudiantes de 19 a 23 a\u00f1os: Fran\u00e7ois Lallier, Frederico Ozanam, Jules Devaux, F\u00e9lix Clav\u00e9, Auguste le Taillandier, Paul Lamanche.<\/p>\n<p>Este peque\u00f1o grupo de j\u00f3venes, unidos por una s\u00f3lida amistad se pondr\u00e1, en menos de un a\u00f1o despu\u00e9s de su fundaci\u00f3n, bajo el patrocinio de San Vicente de Pa\u00fal, cuyo esp\u00edritu y ejemplo les inspirar\u00e1n. La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal acaba de nacer.<\/p>\n<p>Su primer presidente ser\u00e1 Emmanuel Bailly, pero la figura principal, emblem\u00e1tica, ser\u00e1 sin duda Federico Ozanam, gracias a su irradiaci\u00f3n y su actividad. Sin embargo, \u00e9l no aceptar\u00e1 ser considerado como \u00abel\u00bb fundador de una Sociedad que seg\u00fan \u00e9l no debe ser \u00ab<em>ni un partido, ni una escuela, ni una cofrad\u00eda&#8230; Profundamente cat\u00f3lica sin dejar de ser laica\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Es cuando se produce el encuentro providencial entre los pioneros de la Conferencia de Caridad y la c\u00e9lebre hermana Rosalie Rendu, \u00abmadre de todo un pueblo\u00bb, en el barrio desheredado de la calle Mouffetard, barriada de Saint-Etienne du Mont, pr\u00f3xima a la iglesia donde se form\u00f3 la primera Conferencia.<\/p>\n<p>Al comprender la vocaci\u00f3n de estos j\u00f3venes, entusiastas y generosos, ella los condujo hacia los pobres y les ense\u00f1\u00f3 la manera de servirles con amor y respeto, en la tradici\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica de \u00abMonsieur Vincent\u00bb.<\/p>\n<p>Siempre muy ocupado, Federico ser\u00e1 miembro del Consejo General de la Sociedad y, en 1844, con Cornudet, Vicepresidente General, pero no ser\u00e1 nunca Presidente General, salvo, interino, despu\u00e9s de los d\u00edas de la insurrecci\u00f3n de junio de 1848. en el transcurso de los cuales el Presidente Adolphe Baudon hab\u00eda sido herido.<\/p>\n<p>Aprovechar\u00e1 este mandato para recordar las exigencias de la caridad: discreci\u00f3n, delicadeza, respeto de la dignidad de la persona, exclusi\u00f3n de todo proselitismo fuera de lugar. <em>\u00abIntroduzcamos la religi\u00f3n en nuestras relaciones s\u00f3lo en los momentos en que se pueda hacer con naturalidad. Temamos que un celo impaciente por hacer cristianos no haga sino hip\u00f3critas.\u00bb <\/em>Seg\u00fan Ozanam, la visita de los pobres a domicilio, labor esencial de los Cofrades, debe ser hecha en un esp\u00edritu de humildad.<\/p>\n<p>De 1836 a finales de 1837, Federico anima la \u00fanica Conferencia Lionesa que, en ese mismo a\u00f1o, decide dividirse en dos, un Consejo Particular que fue constituido y colocado bajo su presidencia, hasta 1839, fecha en la que es sustituido por Joseph Arthaud.<\/p>\n<p>De una incansable abnegaci\u00f3n, a\u00f1adir\u00e1 a la visita de los pobres, la ayuda a los extranjeros de diversas nacionalidades que atraviesan la ciudad, la instrucci\u00f3n religiosa a los ni\u00f1os, la evangelizaci\u00f3n de los militares, lo que no le impide seguir de cerca la marcha general de la Sociedad, dirigir informes destinados a las Asambleas Generales, sugerir que un informe anual sea trascrito, en Par\u00eds, por el Secretario General, multiplicar los consejos juiciosos tal como \u00e9ste: <em>\u00abNo hacerse ver, pero dejarse ver\u00bb<\/em>, ya que si aborrece toda la ostentaci\u00f3n, se horroriza de la clandestinidad.<\/p>\n<p>De vuelta a Par\u00eds, luego de su boda en 1841, Federico sigue dedic\u00e1ndose a la Sociedad, haciendo part\u00edcipe a su joven esposa, Am\u00e9lie, de su ardiente caridad hacia los m\u00e1s desprovistos. Cuando por su salud o profesi\u00f3n viaja a las provincias o al extranjero, se empe\u00f1a en asistir a las reuniones de las Conferencias locales.<\/p>\n<p>Cada a\u00f1o, o casi, evoca los \u00abhumildes comienzos\u00bb de la Conferencia de caridad alrededor de Bailly, se admira delante de este \u00abarbolito\u00bb convertido en un \u00abgran \u00e1rbol\u00bb.<\/p>\n<p>Ozanam escribi\u00f3 en 1841: <em>\u00abHace ocho a\u00f1os que se form\u00f3 la primera Conferencia de Par\u00eds: \u00c9ramos siete, hoy nuestras filas cuentan con m\u00e1s de 2.000 j\u00f3venes&#8230;\u00bb y en 1845: \u00abEsta Sociedad, fundada hace 12 a\u00f1os por ocho j\u00f3venes desconocidos, cuenta con m\u00e1s de 10.000 miembros, en 133 ciudades; se ha establecido en Inglaterra, Escocia, Irlanda, B\u00e9lgica, Italia&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En la corta pero intensa vida de Federico, la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal ha ocupado un lugar de predilecci\u00f3n. Cuando habla de ella, es con amor. Cuando anuncia en 1847, en su calidad de Vicepresidente, la dimisi\u00f3n del Presidente Jules Gossin y propone a los presidentes de las diversas Conferencias la elecci\u00f3n de Adolphe Baudon, su pluma se llena de emoci\u00f3n en su descripci\u00f3n de la <em>\u00absociedad cat\u00f3lica pero<\/em><\/p>\n<p><em>laica, humilde pero numerosa, pobre pero sobrecargada de pobres que consolar, sobre todo en una \u00e9poca en que las asociaciones caritativas tienen una misi\u00f3n tan grande que cumplir a favor del despertar de la fe, para el sost\u00e9n de la iglesia, para la pacificaci\u00f3n de los odios que dividen a los hombres.\u00bb<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Fe y Ciencia<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Sed de cultura<\/strong><\/h3>\n<p>Federico Ozanam fue un sabio, en el amplio sentido de la palabra. Pero en \u00e9l, la avidez por el saber va a la par con la voluntad de poner a \u00e9ste al servicio de la Verdad cristiana y, a\u00fan mejor, de mostrar por sus trabajos y en sus ense\u00f1azas universitarias, la alianza natural de la fe y de la ciencia moderna.<\/p>\n<p>Si Federico, estudiante, va a seguir en el Jard\u00edn de las Plantas cursos sobre qu\u00edmica y bot\u00e1nica, si aprende el s\u00e1nscrito con la finalidad de descifrar los textos sagrados del hinduismo, si devora las obras de apologistas cristianos como Bonald, Maistre, Ballanche, G\u00f6rres o Baader, las obras de orientaci\u00f3n materialista, si desde\u00f1a las novelas o melodramas de moda, lo hace siempre con vistas a realizar el sue\u00f1o de su adolescencia: <em>\u00abdemostrar la verdad de la religi\u00f3n cat\u00f3lica por la antig\u00fcedad de sus creencias hist\u00f3ricas, religiosas y morales.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Admira el que a los 20 a\u00f1os, en el marco de la <em>\u00abConferencia de Historia\u00bb<\/em>, que ser\u00e1 el preludio de la <em>\u00abConferencia de Caridad\u00bb, <\/em>haya podido tratar temas tan dif\u00edciles como la mitolog\u00eda en general, la religi\u00f3n de Confucio y de Lao Tse, la filosof\u00eda religiosa de la India, la reforma de Buda. Pero hay que retroceder a\u00fan m\u00e1s en el tiempo, puesto que a los 17 a\u00f1os, en 1830, es cuando expone las primicias de su obra \u00abLa abeja francesa\u00bb, fundada en Ly\u00f3n por Legeay y el padre Noirot, publicando en cinco entregas un estudio sobre la <em>\u00abVerdad de la religi\u00f3n cristiana\u00bb<\/em>, probada por el testimonio de todas las creencias. El mismo a\u00f1o firma poemas sobre Juana de Arco (bajo el seud\u00f3nimo de Manazo, anagrama de Ozanam), y un poema en versos latinos sobre la toma de Jerusal\u00e9n por Tito. En 1831, publica estudios diversos sobre la lengua y el pensamiento, la filosof\u00eda del lenguaje y su acci\u00f3n en la sociedad&#8230; Adem\u00e1s, un notable art\u00edculo apareci\u00f3 en el peri\u00f3dico lion\u00e9s, \u00abEl Precursor\u00bb, bajo el t\u00edtulo <em>\u00abReflexiones sobre la doctrina de Saint Sim\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber defendido, en 1836, sus tesis de doctorado en Derecho, una en lat\u00edn <em>(De interdictis)<\/em>, la otra en franc\u00e9s <em>(Des actions possessoires), <\/em>Federico se orienta cada vez m\u00e1s hacia las Letras y la Historia. A los 24 a\u00f1os, se revela como uno de los mejores conocedores de Dante y de la \u00abDivina Comedia\u00bb. A la vez que profesa en Ly\u00f3n el curso de Derecho Comercial, firma varios art\u00edculos en \u00abL&#8217;Univers\u00bb, particularmente \u00abEl protestantismo en sus lazos con la libertad\u00bb (1838). Y ya se vislumbra en el horizonte de Federico la posibilidad de una ense\u00f1anza universitaria en Par\u00eds.<\/p>\n<p>En 1839 defiende dos tesis, una en lat\u00edn: <em>\u00abDe frequenti apud veteres poetas heroum ad \u00ednferos descensu\u00bb<\/em>, la otra en franc\u00e9s <em>\u00abEnsayo sobre la filosof\u00eda de Dante\u00bb <\/em>y sus disertaciones para la agregaci\u00f3n a la Facultad de Letras (1840), en lat\u00edn, sobre <em>\u00bb Las causas que frenan el desarrollo de la tragedia entre los Romanos\u00bb <\/em>y en franc\u00e9s sobre <em>\u00abEl valor hist\u00f3rico de las Oraciones F\u00fanebres de Bossuet\u00bb. <\/em>Se orienta decididamente hacia las literaturas extranjeras. En una carta a Amp\u00e8re, confiesa que conoce bien la lengua italiana y alemana, que lee medianamente el ingl\u00e9s y el espa\u00f1ol y que <em>\u00abtiene un barniz de las lenguas orientales\u00bb<\/em>. En realidad, puede leer la Biblia en hebreo.<\/p>\n<p>Se le ve, a los 27 a\u00f1os, como suplente de Claude Fauriel &#8211; uno de los renovadores de la historia literaria en Francia &#8211; en la C\u00e1tedra de Literatura Extranjera en la Sorbona.<\/p>\n<p>Cuando muri\u00f3 este maestro y amigo, en 1844, Federico le suceder\u00e1 como titular de esta c\u00e1tedra que se inscribe plenamente en el punto de mira de sus aspiraciones. A<\/p>\n<p>Jean-Jacques Amp\u00e8re, le escrib\u00eda as\u00ed, en 1840, que el <em>\u00absecreto deseo\u00bb <\/em>de su coraz\u00f3n es el estudio profundizado de las civilizaciones italiana y alemana con la perspectiva de un <em>\u00abnoble estudio\u00bb <\/em>comparativo: \u00abRoma y los b\u00e1rbaros\u00bb, <em>\u00abEl Sacerdocio y el Imperio\u00bb, \u00abDante y los Nibelungen\u00bb, \u00abTom\u00e1s de Aquino y Alberto el Grande\u00bb, \u00abGalileo y Leibniz\u00bb<\/em>; <em>ant\u00edtesis persistente, feliz oposici\u00f3n, cuyo resultado es la sociedad moderna con sus artes, sus ciencias y su legislaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta erudici\u00f3n rigurosa es puesta al servicio de una ense\u00f1anza exigente. Al elegir como tema en sus primeros cursos los \u00abNibelungen\u00bb, se esfuerza por ir a Alemania. De Mayence escribi\u00f3, el 14 de Octubre de 1840, que se trataba para \u00e9l de <em>\u00abun caso de conciencia literaria\u00bb<\/em>. Al final de su corta existencia, ya enfermo y con condiciones clim\u00e1ticas deplorables, viaja a Espa\u00f1a para completar su documentaci\u00f3n sobre la Cultura Hisp\u00e1nica de la Edad Media. En cuanto a su \u00faltimo viaje, a Italia, del cual no volver\u00eda m\u00e1s que para morir, estar\u00e1 motivado por una larga investigaci\u00f3n sobre los or\u00edgenes de las Rep\u00fablicas Italianas. Al igual que Fauriel, Ozanam aspiraba a lo universal. Su curiosidad se extiende desde las fuentes orientales del pensamiento de Dante hasta las fuentes del pensamiento de Avicena y Averroes.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l tiene en el esp\u00edritu esta certidumbre: la Iglesia es la que ha recogido la herencia de la antig\u00fcedad y del paganismo de los b\u00e1rbaros. Esta universalidad, junto a una gran apertura hacia los otros, le merece una audiencia y una vocaci\u00f3n internacionales. Tambi\u00e9n le permite quedarse en el coraz\u00f3n de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal: que se encuentre en Par\u00eds, en G\u00e9nova, en Londres o en Livornio, visita a las Conferencias y con su c\u00e1lida palabra suministra un aumento de \u00e1nimo.<\/p>\n<p>Como todo profesor, todo erudito digno de su vocaci\u00f3n cient\u00edfica, Federico sue\u00f1a con una gran obra en la cual pondr\u00eda lo mejor de s\u00ed mismo. Seg\u00fan sus propios t\u00e9rminos, se trata de <em>\u00abuna gran cosa\u00bb<\/em>: mostrar el cristianismo <em>\u00abcivilizando a los b\u00e1rbaros con su ense\u00f1anza, transmiti\u00e9ndoles la herencia de la antig\u00fcedad, creando, con la vida religiosa, la vida pol\u00edtica, el arte, la filosof\u00eda y la literatura de la Edad Media.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El libro se llamar\u00eda <em>\u00abHistoria de la Civilizaci\u00f3n Cristiana entre los Germanos\u00bb <\/em>(antes y bajo los Romanos) y el <em>\u00abEstablecimiento del Cristianismo en Alemania\u00bb<\/em>. Un segundo volumen seria: <em>\u00abEl Estado\u00bb <\/em>o la constituci\u00f3n del Imperio desde Carlomagno hasta Hohenstaufen y \u00bb Las Cartas\u00bb, con la formaci\u00f3n de las escuelas mon\u00e1sticas y el florecimiento de la literatura eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>El primer volumen est\u00e1 casi concluido en el verano de 1846, cuando cae enfermo y parte para Italia, en b\u00fasqueda de documentos sobre la cultura de la pen\u00ednsula entre los siglos VII y X. A su vuelta, gracias a los cuidados abnegados de Amp\u00e8re, el primero se public\u00f3 en 1847. El segundo, comenzado en 1848, es transcrito en el tumulto de los acontecimientos y con esfuerzo sobrehumano. Reunidos con el t\u00edtulo com\u00fan de \u00abEstudios Germ\u00e1nicos\u00bb (abril de 1849), a los dos vol\u00famenes se les va a conceder el Gran Premio Gobert de la Academia de las Inscripciones y de Bellas Letras.<\/p>\n<p>Federico no se conforma con eso. Sue\u00f1a con \u00abun vasto cuadro hist\u00f3rico que abarcara la Historia de la Civilizaci\u00f3n, desde los tiempos b\u00e1rbaros hasta la \u00e9poca de Dante.\u00bb Primer hito: la publicaci\u00f3n, en 1850, de \u00abDocumentos in\u00e9ditos para servir a la historia literaria de Italia desde el siglo VIII hasta el XIII\u00bb. Se reunieron sus art\u00edculos sobre \u00abLos poetas franciscanos en Italia del siglo XIII\u00bb, y su curso sobre \u00abLa Civilizaci\u00f3n en el siglo V\u00bb, ser\u00e1 publicado en dos vol\u00famenes despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>El oficio de profesor, considerado como un sacerdocio<\/strong><\/h2>\n<p>Al mismo tiempo, Ozanam conoce el humilde cometido del universitario, con una acumulaci\u00f3n de ex\u00e1menes que realizar, la larga preparaci\u00f3n de los cursos, el cansancio de hablar en p\u00fablico; todo fue recompensado por el respeto que su amplio auditorio le prodiga, sensible a su erudici\u00f3n, a su claridad, y tambi\u00e9n a su elocuencia.<\/p>\n<p>Elocuencia conocida a lo largo de sus prestaciones como abogado, pero que brota, m\u00e1s profundamente, del entusiasmo del que comunica su ciencia y su fe.<\/p>\n<p>Un episodio ilustra lo que precede: en 1852, al d\u00eda siguiente del golpe de estado de Louis Napole\u00f3n, la Sorbona est\u00e1 a punto de insurrecci\u00f3n. Corre el rumor de que los profesores no quieren dar sus clases. Gravemente enfermo, Ozanam va a la facultad y delante de los estudiantes, pronuncia estas palabras admirables: <em>\u00abSe\u00f1ores, se reprocha a nuestro siglo de ser un siglo de ego\u00edsmo, y se dice de los profesores que est\u00e1n afectados de la epidemia general. Sin embargo, aqu\u00ed es donde nuestra salud se ve alterada. Aqu\u00ed es donde gastamos nuestras fuerzas. No me quejo.\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNuestra vida, mi vida, les pertenece, se la debemos hasta el \u00faltimo suspiro y ustedes la tendr\u00e1n. En cuanto a m\u00ed, se\u00f1ores, si me muero, ser\u00e1 al servicio de ustedes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Con sus colegas de la Sorbona, Federico manifiesta una actitud parecida, llena de consideraci\u00f3n y de respeto: al manifestar su fe cristiana, acepta que algunos no sean de su opini\u00f3n, que sean no creyentes. Acerca de eso, escribe: <em>\u00abSon muchos los que dudan. Se les debe una compasi\u00f3n que no excluye el aprecio.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Fe y Democracia<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de la Revoluci\u00f3n de 1830, Federico Ozanam se reafirma como cat\u00f3lico liberal, es decir, siendo hijo fiel, amante y sometido a la Iglesia, considera que los principios de 1789 &#8211; Libertad, Igualdad, Fraternidad &#8211; son traducciones modernas del esp\u00edritu evang\u00e9lico. Su mentor es F\u00e9licit\u00e9 de Lamennais, cura bret\u00f3n de intuiciones prof\u00e9ticas, de quien Federico solo se alejar\u00e1 cuando Lamennais deje la Iglesia.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>La Alianza del Catolicismo y de la Libertad<\/strong><\/h2>\n<p>En Ly\u00f3n, ciudad donde Lamennais tiene much\u00edsimos partidarios, el joven Federico lee \u00bb L&#8217;Avennir\u00bb, simpatizando con las tesis pol\u00edticas de sus redactores: Lamennais, Montalement, Lacordaire, Gerbet.<\/p>\n<p>Gran momento de felicidad cuando en \u00abL&#8217;Avennir\u00bb del 24 de Agosto de 1831, Federico encuentra, bajo la pluma de Lamennais, un comentario muy elogioso de su ensayo <em>\u00abExposici\u00f3n de la doctrina de Saint Simon\u00bb<\/em>. El maestro saluda en el joven lion\u00e9s a alguien que \u00abdesde sus comienzos\u00bb se ha colocado en el \u00abhorizonte intelectual del siglo XIX\u00bb, y que en una discusi\u00f3n filos\u00f3fica \u00abha mezclado las entonaciones de un alma bella, llena de vida y esperanza&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Desde enero de 1832 participa en las conferencias del Padre Gerbet sobre la filosof\u00eda de la historia; le fortalecen su saber de la Iglesia, y se siente as\u00ed amparado e instruido en una visi\u00f3n de un mundo que la Iglesia debe penetrar con su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>El 10 de febrero de este mismo a\u00f1o manifestar\u00e1 a su amigo Ernest Facolnnet: <em>\u00abEl sistema lamenneisiano es la alianza inmortal de la fe y de la ciencia, de la caridad y de la industria, del poder y de la libertad. Aplicado a la historia, la pone en evidencia, descubre ah\u00ed los destinos del porvenir\u00bb.<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Esperanza de una regeneraci\u00f3n con la democracia<\/strong><\/h2>\n<p>A lo largo de la monarqu\u00eda de Julio (1830-1848) &#8211; r\u00e9gimen del que deplora el conservadurismo ego\u00edsta- Federico no abandona el camino con el que se ha comprometido desde 1830. Su correspondencia abunda en f\u00f3rmulas fuertes como \u00e9sta, del 21 de julio de 1834: <em>\u00abPienso que frente al poder hace falta tambi\u00e9n el principio sagrado de la libertad; pienso que con voz valiente y severa se debe advertir al poder que explota en lugar de sacrificarse; la palabra est\u00e1 hecha para ser el dique que nosotros oponemos a la fuerza: es el grano de arena donde viene a romperse el mar&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Ozanam sabe bien que tal actitud provoca alejamientos y descontentos. Conviene precisar que en esta \u00e9poca el arzobispo de Par\u00eds es Monse\u00f1or de Qu\u00e9len, prelado muy apegado al antiguo r\u00e9gimen; mientras que su sucesor, Monse\u00f1or Affre, estar\u00e1 en completa armon\u00eda con las ideas de Ozanam.<\/p>\n<p>Federico est\u00e1 sorprendido por la aton\u00eda, o indiferencia, de tantos creyentes que no notan que un trastorno fundamental se prepara en la sociedad. Al acercarse el a\u00f1o de 1848, de regreso de Roma, admirado por lo que vio all\u00ed, deseaba que todos los cat\u00f3licos franceses se volviesen hacia P\u00edo IX que, seg\u00fan \u00e9l, no es solamente el liberador de Italia, sino tambi\u00e9n el papa que sella la nueva alianza entre la Religi\u00f3n y la Libertad, el Cristianismo y la Democracia, a imagen del acuerdo concluido en otros tiempos entre la Iglesia y los b\u00e1rbaros.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Vayamos hacia los b\u00e1rbaros!\u00bb<\/p>\n<p>En esta perspectiva es como Federico entra en la pol\u00edtica, y firma el 10 de febrero de 1848 en \u00abLe Correspondant\u00bb un art\u00edculo resonante en que muestra que, el paso de los b\u00e1rbaros al cristianismo entre los siglos VI y IX no deja de tener analog\u00edas con el que, en 1848, lleva a Roma a identificarse con las masas populares <em>\u00bb tan queridas por la iglesia, porque representan el n\u00famero, el n\u00famero infinito de almas que hay que conquistar y salvar; porque son la pobreza que Dios ama y el trabajo que hace la fuerza\u00bb. <\/em>Y concluye con ese grito <em>\u00abVayamos hacia los b\u00e1rbaros y sigamos a P\u00edo IX\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta frase tendr\u00e1 \u00e9xito, dar\u00e1 miedo tambi\u00e9n, puesto que las clases trabajadoras, seg\u00fan muchos cristianos, son las clases peligrosas. Por otra parte, no se privan de dec\u00edrselo a Ozanam quien, en una carta, de 22 de febrero de 1848, v\u00edsperas del desencadenamiento de la Revoluci\u00f3n, dirigida a su amigo Th\u00e9ophile Foisset, se explica <em>\u00abDiciendo: Vayamos hacia los b\u00e1rbaros, pido que hagamos como \u00e9l (el Papa P\u00edo IX), que en lugar de simpatizar con los intereses de un ministerio doctrinario, o de una dignidad horrorizada, o de una burgues\u00eda ego\u00edsta, nos ocupemos del pueblo que tiene muchas necesidades y pocos derechos, que reclama con raz\u00f3n una mayor participaci\u00f3n en los asuntos p\u00fablicos, garant\u00edas para el trabajo y contra la miseria&#8230; En el pueblo es donde veo bastantes restos de fe y de moralidad para salvar una sociedad cuyas clases altas han perdido&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Lo repetir\u00e1 un mes m\u00e1s tarde, a su hermano Charles Alphonse, cuando se establece la Segunda Rep\u00fablica: <em>\u00abEs una mala alianza la de los cat\u00f3licos con la burgues\u00eda vencida; mejor valdr\u00eda apoyarse en el pueblo que es el verdadero aliado de la Iglesia , pobre como ella, abnegada como ella, bendecida como ella con todas las bendiciones del Salvador\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La enc\u00edclica \u00abRerum Novarum\u00bb sobre la condici\u00f3n de los obreros, del papa Le\u00f3n XIII, publicada el 15 de marzo de 1891, hace eco al pensamiento social, generoso y fraternal de Federico Ozanam, sobre la injusticia, las desigualdades, la dignidad del trabajo, el salario justo, los impuestos equitativos, el derecho a la propiedad, la disminuci\u00f3n de los sufrimientos de los menos favorecidos.<\/p>\n<p>Estas ideas ser\u00e1n tomadas en las enc\u00edclicas \u00abQuadrag\u00e9simo anno\u00bb de P\u00edo XI, en 1931 y en \u00abCentesimus annus\u00bb de Juan Pablo II, en 1991.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>\u00abLa Nueva Era\u00bb<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>El compromiso pol\u00edtico<\/strong><\/h3>\n<p>Federico, sin tener ning\u00fan gusto natural, ninguna competencia particular para la pol\u00edtica, acepta, presionado por sus amigos, pero sin ilusi\u00f3n, solicitar su candidatura en el departamento del R\u00f3dano, con vistas a un esca\u00f1o como representante del pueblo en la Asamblea Nacional, elegida por vez primera por sufragio universal.<\/p>\n<p>Ozanam reclama la puesta en marcha de instituciones \u00ab<em>que podr\u00edan mejorar, renovar la condici\u00f3n de los obreros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Federico no es elegido, pero eso no afecta en nada a ese hombre, cuya actividad pol\u00edtica va a ejercitarse en adelante en el marco de la redacci\u00f3n de \u00abLa Nueva Era\u00bb donde encuentra a otros cat\u00f3licos liberales: Lacordaire y el padre Henri Maret.<\/p>\n<p>Publicado el 15 de abril de 1848, el peri\u00f3dico recuerda \u00bb L&#8217;Avennir\u00bb de Lamennais, por su modernismo y por una especie de optimismo subyacente en sus art\u00edculos, por la fidelidad, por su no-conformismo que irrita a la mayor parte de los cat\u00f3licos, m\u00e1s sensibles a las invectivas de \u00abEl Universo\u00bb de Louis Veuillot, que considera a Ozanam como jefe del \u00abpartido del amor\u00bb formado por \u00abcorderos rabiosos\u00bb. A ra\u00edz de la insurrecci\u00f3n obrera de junio de 1848 Ozanam manifiesta una compasi\u00f3n y una comprensi\u00f3n totalmente diversa de la ferocidad de muchas gentes que se dicen cristianas.<\/p>\n<p>V\u00edctima de dificultades financieras, la existencia de \u00abLa Nueva Era\u00bb se ve amenazada. El 5 de abril de 1849, el peri\u00f3dico fue vendido a un legitimista. Este fin marc\u00f3 una gran p\u00e9rdida para la Democracia Cristiana, porque apart\u00f3 de la lucha a los esp\u00edritus m\u00e1s clarividentes, a Ozanam y a Maret en particular.<\/p>\n<p>En diciembre de 1852, tiene lugar el golpe de estado de Louis Napole\u00f3n, aplaudido por la mayor\u00eda de los cat\u00f3licos. Ozanam deplora sinceramente esta derrota en el campo de la libertad, pero no desespera. Muy al contrario, en una carta a Foisset, el 24 de septiembre de 1848, reafirma: <em>\u00abCre\u00ed, creo todav\u00eda, en la posibilidad de la democracia cristiana, no creo en ninguna otra cosa en materia de pol\u00edtica<strong>\u00ab.<\/strong><\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Fe y Justicia Social<\/strong><\/h2>\n<h3><strong>Los cristianos y el pueblo<\/strong><\/h3>\n<p>Federico Ozanam fue muy sensible con la cuesti\u00f3n social, que en el siglo XIX estaba esencialmente centrada en la condici\u00f3n obrera que los disturbios sociales de Par\u00eds y Ly\u00f3n, consiguientes a la revoluci\u00f3n, pusieron en evidencia mucho m\u00e1s.<\/p>\n<p>En 1836, cuando la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal comienza a crecer, Ozanam escribi\u00f3 a Falconnet: <em>\u00abNosotros somos muy j\u00f3venes para intervenir en la lucha social; \u00bfnos quedaremos pasivos en medio de un mundo que sufre y gime? No; nos queda abierto un camino para prepararnos: antes de trabajar por el bien p\u00fablico, podemos tratar de hacer el bien a algunos; antes de regenerar a Francia, podemos consolar a algunos de sus pobres.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Se siente cada vez m\u00e1s inc\u00f3modo en el seno de un r\u00e9gimen pol\u00edtico cuya divisa, destinada \u00fanicamente a las clases dirigentes, parec\u00eda ser \u00abenriqu\u00e9zcanse\u00bb; y m\u00e1s a\u00fan cuando los gobiernos de la Monarqu\u00eda de Julio no hacen nada para crear una legislaci\u00f3n adecuada, sino que contin\u00faan con el liberalismo de la burgues\u00eda de 1791.<\/p>\n<p>La cercan\u00eda y el estallido de la Revoluci\u00f3n de Febrero de 1848 hacen de Federico un cat\u00f3lico social comprometido de primer orden.<\/p>\n<p>Si los cat\u00f3licos liberales de entonces son muy t\u00edmidos en el orden social, Ozanam se distingue de ellos por sus atrevimientos que horrorizan a algunos de sus amigos. Como ejemplo, su famoso articulo, de 10 de Febrero de 1848, en el \u00abCorrespondant\u00bb, donde invita al conjunto de los cat\u00f3licos franceses a que se ocupen de una vez por todas del pueblo.<\/p>\n<p>Justicia y Caridad<\/p>\n<p>En resumen, el pensamiento pol\u00edtico y social de Ozanam es menos el resultado de un hombre te\u00f3rico que de un cristiano que vive su fe. Es el esp\u00edritu m\u00e1s radiante de los fundadores de la <em>Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal, <\/em>que quiere dar a su Iglesia un rostro fraternal, que sea sensible a todas las miserias, con el fin de consolar temporalmente y espiritualmente. Pocos cat\u00f3licos liberales han relacionado hasta este nivel su religi\u00f3n personal y sus preocupaciones sociales.<\/p>\n<p>En muchas ocasiones Federico pide a sus interlocutores que el esp\u00edritu social prime en ellos sobre las opiniones y las teor\u00edas pol\u00edticas. \u00c9l quer\u00eda unir, para alivio de innumerables miserias, a todos los que tend\u00edan hacia un mundo m\u00e1s solidario. En su mente, los cristianos deben situarse en primera l\u00ednea, porque su religi\u00f3n misma se fundamenta en la fraternidad y en el esp\u00edritu de sacrificio.<\/p>\n<p>Cuando reclama la igualdad, es decir, justicia social, Federico no se abstiene de a\u00f1adirle la caridad cristiana. Para \u00e9l, estos dos principios se armonizan: <em>\u00abEl orden de la sociedad reposa en dos virtudes: justicia y caridad. Pero la justicia supone mucho amor, puesto que hace falta amar mucho al hombre para respetar sus derechos que lindan con los nuestros, y su libertad que molesta la nuestra. Sin embargo la justicia tiene sus limites; la caridad no los conoce.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Este pasaje de su curso de Derecho Comercial hace eco en este pensamiento: <em>\u00abLa caridad es \u00e9l samaritano que vierte aceite en las llagas del viajero atacado. A la justicia le corresponde prevenir los ataques.\u00bb<\/em><\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Adi\u00f3s a la Vida<\/strong><\/h2>\n<p>En 1845 &#8211; a los 32 a\u00f1os &#8211; Ozanam confiesa tener unas palpitaciones que le preocupan y las atribuye a un gran cansancio. Pero en vano se le recomienda reducir el ritmo de sus actividades.<\/p>\n<p>Dispone de una casa de verano en Meudon, pero el excesivo trabajo de los a\u00f1os de 1848 y 1849 merman de nuevo sus fuerzas: hemorragias, dolor de ri\u00f1ones, le inquietan nuevamente. Luego de varias semanas de reposo en Ferney logra un restablecimiento precario; y en v\u00edsperas del regreso a Paris, el 3 de Noviembre de 1849, consulta a su amigo de Ly\u00f3n, el Dr. Joseph Arthaud: <em>\u00abHeme aqu\u00ed todo desmoralizado, dame valor, dime si puedo continuar con mis trabajos, y en que medida, dime si puedo conducirme como un hombre que puede todav\u00eda confiar en el porvenir o solamente conducirme como un padre de familia, que amenazado por enfermedades precoces, debe &#8216;librarse de cargas\u00bb, y ya no pensar sino en asegurar humildemente la existencia de los suyos. Ruega por mi, si Dios no quiere que le sirva trabajando, me resigno con servirle sufriendo&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Para este joven, la experiencia fue dolorosa: la vida est\u00e1 ah\u00ed, con sus penas, pero tambi\u00e9n con sus alegr\u00edas. Poco a poco, sin embargo, este cristiano forjado en la fe entrev\u00e9 la voluntad divina y su existencia estar\u00e1 marcada por el sufrimiento. As\u00ed, a partir de 1849 se acent\u00faa la ascensi\u00f3n espiritual de Federico.<\/p>\n<p>El a\u00f1o de 1850 no le ofrece muchos problemas, pero los ataques del mal que acabar\u00e1 con \u00e9l &#8211; una nefritis cr\u00f3nica &#8211; se hacen m\u00e1s fuertes y penosos, a pesar de que una estancia en Breta\u00f1a le procura una cierta mejor\u00eda.<\/p>\n<p>Pero se acent\u00faa la enfermedad durante el a\u00f1o de1852, ya que una grave pleures\u00eda pone sus d\u00edas en peligro.<\/p>\n<p>Conociendo el afecto de Ozanam por Italia y deseoso de aliviar sus problemas de salud, Hippolyte Fortoul, de origen lion\u00e9s, ministro de Instrucci\u00f3n P\u00fablica, le conf\u00eda una misi\u00f3n que ten\u00eda como objeto el estudio de los or\u00edgenes de los municipios italianos a partir del siglo VIII. Eso deb\u00eda durar hasta el 1 de mayo de 1853. Al regresar de Biarritz, Bayonne y Dax, los Ozanam hacen un alto en Marsella antes de embarcarse<\/p>\n<p>en G\u00e9nova para ir a Livorno. La traves\u00eda fue muy penosa y durante la estancia de los Ozanam el tiempo fue execrable.<\/p>\n<p>Instalado, el 10 de enero de 1853, en Pisa, con Am\u00e9lie y Marie, Federico atravesar\u00e1 fases de desaliento y de resignaci\u00f3n; su estado de salud empeorar\u00e1, pero no le impidi\u00f3 continuar con sus investigaciones hist\u00f3ricas y el desarrollo de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal en la pen\u00ednsula italiana.<\/p>\n<p>Los hermanos Bevilacqua le ofrecen hospitalidad en su vivienda en Antignano, cerca de Livorno, pero la salud de Ozanam empeoraba. \u00c9l mismo tuvo el coraje de decir antes del final de su estancia: <em>\u00abDios Mio, te doy gracias por los sufrimientos y aflicciones que me has dado en esta morada&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>En agosto, los dos hermanos de Federico, el cura Alphonse y el Dr. Charles se unieron a \u00e9l. Comprobar\u00edan que por desgracia ya no hab\u00eda nada que hacer, y que ser\u00eda mejor que Federico regresara a Francia.<\/p>\n<p>El 2 de Septiembre de 1853, los Ozanam desembarcan en el puerto de Marsella. Los vicentinos de la ciudad les ayudaron a desembarcar. Ozanam se instala en un apartamento de la calle Mazade, n 9.<\/p>\n<p>Tranquilo y sereno, recibi\u00f3 sus \u00faltimos sacramentos el 5 de septiembre. Al cura que le asiste y anima a tener confianza en Dios, le dice: <em>\u00ab\u00bfPor qu\u00e9 habr\u00eda de temerle? Le quiero tanto.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El 8 de septiembre, fiesta de la natividad de la Virgen Mar\u00eda, a la que ten\u00eda una profunda devoci\u00f3n, su respiraci\u00f3n se torna dif\u00edcil. A las siete y media de la noche, entreg\u00f3 el alma al creador, diciendo: <em>\u00ab\u00a1Dios m\u00edo, ten piedad de mi\u00bb!. <\/em>Veinte minutos m\u00e1s tarde, rodeado por todos los que le eran cercanos, dio su \u00faltimo suspiro.<\/p>\n<p>En su testamento Ozanam pide a la familia y amigos que recen mucho por \u00e9l.<\/p>\n<p>As\u00ed, respondiendo a sus deseos, se tuvo una misa en Marsella, otra en Lyon, en la iglesia de San Pedro, donde hizo su primera comuni\u00f3n, y por fin, en Paris, en la iglesia de Saint Sulpice, a escasos metros del local donde hab\u00eda fundado su querida Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Ozanam hab\u00eda especificado que deseaba unos funerales muy sencillos, pero el decano de la facultad de Letras de la Sorbona invit\u00f3 a que participaran con uniforme de gala a todos los miembros de la facultad.<\/p>\n<p>Su esposa Am\u00e9lie deseaba que su cuerpo descansase en una iglesia, por lo que el f\u00e9retro fue depositado, provisionalmente, en la cripta de la iglesia de Saint Joseph des Carmes, en la calle Vaugirard, n. 70, lugar frecuentado por los estudiantes del Instituto Cat\u00f3lico de Paris.<\/p>\n<p>Con el apoyo del prior de los dominicos y del padre Henri Lacordaire, Am\u00e9lie Ozanam obtiene la autorizaci\u00f3n oficial del ministro de cultos, Fortoul, condisc\u00edpulo de Ozanam, para que se quede all\u00ed definitivamente la urna. Para ello se excav\u00f3 un s\u00f3tano en que se acondiciono tambi\u00e9n una capilla al estilo de las catacumbas funerarias.<\/p>\n<p>En 1913 se erigi\u00f3 una nueva tumba en conmemoraci\u00f3n del centenario del nacimiento de Federico, adonde se trasladaron sus restos en julio de 1929, con ocasi\u00f3n de su exhumaci\u00f3n can\u00f3nica, con vistas de su beatificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En 1853, centenario de su muerte, el pintor franc\u00e9s, Ren\u00e9 Dionnet, realiz\u00f3 un fresco del Buen Samaritano, que decora la pared detr\u00e1s de la tumba, y simboliza el amor al pr\u00f3jimo que fue lo que aliment\u00f3 la vida de este aut\u00e9ntico testigo de la caridad como lo fue Federico Ozanam.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Himno al Se\u00f1or<\/strong><\/h2>\n<p>\u00bfQu\u00e9 mejor conclusi\u00f3n a este bosquejo del recorrido humano y espiritual de Federico Ozanam que el invitar al lector a meditar su maravilloso adi\u00f3s a la vida terrestre, \u00faltimo acto de fe, amor y esperanza, que se abre a la luz de la eternidad?<\/p>\n<p><em>\u00abEs el comienzo del c\u00e1ntico de Ezequ\u00edas: No s\u00e9 si Dios permitir\u00e1 que yo pueda apropiarme del fin. Se que cumplo hoy mis 40 a\u00f1os, m\u00e1s de la mitad del camino de la vida. S\u00e9 que tengo una mujer joven y bien amada, una hija encantadora, excelentes hermanos, una segunda madre, muchos amigos, una carrera honorable, trabajos conducidos a un punto en que podr\u00edan servir de fundamento a una obra siempre so\u00f1ada. Sin embargo, estoy aqu\u00ed aquejado de un mal grave, pertinaz y cada vez m\u00e1s peligroso ya que esconde probablemente un agotamiento completo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfEs pues necesario, dejar todos estos bienes, que t\u00fa mismo Dios m\u00edo, me has dado? \u00bfNo quer\u00e9is, Se\u00f1or, contentaros con una parte del sacrificio? \u00bfCu\u00e1l de ellos deseas que te inmole entre mis afectos desordenados? \u00bfNo aceptar\u00edas el holocausto de mi amor propio literario, de mis ambiciones acad\u00e9micas, de mis proyectos de estudio en los que tal vez se mezclaba m\u00e1s orgullo que celo por la verdad?<\/em><\/p>\n<p><em>Si vendiese la mitad de mis libros para dar el importe a los pobres y, limit\u00e1ndome a cumplir los deberes de mi estado, consagrara el resto de mi vida a visitar a los indigentes, a instruir a los aprendices y a los soldados, Se\u00f1or, \u00bfestar\u00edas satisfecho, y me dejar\u00edas la dulzura de envejecer cerca de mi mujer y completar la educaci\u00f3n de mi hija? \u00bfTal vez, Se\u00f1or, no lo quieres? No aceptas estas ofrendas interesadas, desechas mis holocaustos y mis sacrificios. Soy yo mismo a quien pides.<\/em><\/p>\n<p><em>Est\u00e1 escrito en el comienzo del libro que debo hacer vuestra voluntad y he dicho: Vengo, Se\u00f1or. Vengo si t\u00fa me llamas y no tengo derecho a quejarme. Me has dado 40 a\u00f1os de vida. Se yo repaso ante ti mis a\u00f1os con amargura, es a causa de los pecados con los que los he manchado; pero cuando considero las gracias con las que me has enriquecido, evoco mis a\u00f1os ante ti, Se\u00f1or, con agradecimiento.<\/em><\/p>\n<p><em>Cuando me encadenes a una cama, los d\u00edas que me restan de vida no bastar\u00e1n para agradecerte los d\u00edas que he vivido. \u00a1Ah! Si estas p\u00e1ginas son las \u00faltimas que escribo, que sean un himno a vuestra bondad.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Pisa, 23 de Abril de 1853, el d\u00eda de sus 40 a\u00f1os. Federico Ozanam.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>Una Beatificaci\u00f3n esperada con ardor<\/strong><\/h2>\n<p>Esta breve historia sobre Federico Ozanam no podr\u00eda cubrir todos los aspectos de su asombrosa personalidad, pero es, sin duda, suficiente para explicar y justificar las c\u00e1lidas palabras del papa Juan Pablo II, durante la audiencia concedida en Roma el 27 de abril de 1983, a los vicentinos procedentes de todo el mundo, en el marco de la conmemoraci\u00f3n de los 150 a\u00f1os de actividad de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p><em>\u00abHace 150 a\u00f1os, exactamente, que la primera \u00abConferencia de Caridad\u00bb naci\u00f3 en Par\u00eds: Una iniciativa de j\u00f3venes laicos cristianos, agrupados en torno a Federico Ozanam. Se queda uno maravillado de todo lo que ha podido emprender para la Iglesia durante su vida, r\u00e1pidamente consumida, para la sociedad, para los pobres, este estudiante, profesor y padre de familia, de una fe ardiente y de caridad inventiva. Su nombre queda asociado al de San Vicente de Pa\u00fal, que dos siglos antes hab\u00eda fundado las Damas de la Caridad. \u00bfY c\u00f3mo no desear que la Iglesia le ponga tambi\u00e9n en las filas de los bienaventurados y de los santos?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El deseo del santo Padre, que se une al nuestro, ha sido por fin atendido al cabo de 72 a\u00f1os de paciencia y ferviente espera. Despu\u00e9s de proclamar a Federico Ozanam \u00abVenerable\u00bb el 6 de Julio de 1993, da cita en Par\u00eds a los Vicentinos para la beatificaci\u00f3n, el 22 de Agosto de 1997.<\/p>\n<h2 align=\"center\"><strong>El milagro de Ozanam<\/strong><\/h2>\n<p>Desde la introducci\u00f3n de la causa de beatificaci\u00f3n de Federico Ozanam, el 15 de marzo de 1925, d\u00eda de santa Luisa de Marillac, los miembros de la Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal pidieron al Se\u00f1or \u00abque manifieste con sus favores celestiales\u00bb- seg\u00fan la oraci\u00f3n compuesta para ello, la evidencia de la santidad de su principal fundador.<\/p>\n<p>Esta fue recitada por generaciones de vicentinos en todas las reuniones de las Conferencias y en todas las Asambleas, con la finalidad de obtener las gracias y sobre todo los milagros necesarios para la finalizaci\u00f3n del proceso.<\/p>\n<p>La primera se\u00f1al no tardo en manifestarse, porque el 2 de Febrero de 1926 &#8211; d\u00eda de la Purificaci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda &#8211; un ni\u00f1o brasile\u00f1o de 18 meses de edad se benefici\u00f3 de la intercesi\u00f3n de Federico. Su nombre: Fernando Luiz Benedito Ottoni &#8211; habitante de Nova Friburgo, Estado do Rio de Janeiro.<\/p>\n<p>Victima de una difteria, calificada como incurable, este ni\u00f1o se estaba muriendo ante la desesperaci\u00f3n de sus padres y la impotencia de los m\u00e9dicos.<\/p>\n<p>El abuelo de Fernando, miembro de la Conferencia del Esp\u00edrito Santo, en Rio de Janeiro, conf\u00eda a las oraciones de sus amigos la petici\u00f3n de curaci\u00f3n para su nieto, implor\u00e1ndose la intercesi\u00f3n de Federico Ozanam.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, la enfermedad hab\u00eda disminuido notoriamente y la familia pod\u00eda regocijarse de que este mal hab\u00eda sido controlado.<\/p>\n<p>Se elabor\u00f3 y se someti\u00f3 a la Congregaci\u00f3n de las Causas de los Santos, en Roma, un expediente detallado que reun\u00eda las declaraciones de los m\u00e9dicos y el testimonio del entorno de Fernando. Despu\u00e9s de un largo per\u00edodo de estancamiento, el procedimiento recibi\u00f3 un nuevo impulso a partir de 1980.<\/p>\n<p>La presentaci\u00f3n de la \u00abDisquisitio\u00bb y de la \u00abPositio\u00bb, elaboradas con el rigor m\u00e1s grande, permiti\u00f3 pasar con \u00e9xito las inevitables etapas de las comisiones romanas compuestas por historiadores, te\u00f3logos y cardenales.<\/p>\n<p>El 6 de julio de 1993, el Papa Juan Pablo II proclam\u00f3 a Federico Ozanam como Venerable. El 25 de Junio de 1996, firm\u00f3 el decreto reconociendo el milagro obtenido en favor de Fernando Ottoni, despejando de esa manera el camino hacia la beatificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Santo Padre Juan Pablo lo Beatific\u00f3 en Par\u00eds el 22 de agosto de 1997, en el marco de la en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud y en el mismo d\u00eda en que anunciaba que en octubre de ese a\u00f1o, centenario del Regreso a la Casa del Padre de Santa Teresa del Ni\u00f1o Jes\u00fas y de la Santa Faz, le nombrar\u00eda \u00abDOCTORA DE LA IGLESIA\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abLa tierra se enfr\u00eda y a nosotros, los cat\u00f3licos, nos toca dar el calor vital que no existe. 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