{"id":98952,"date":"2018-05-09T08:50:41","date_gmt":"2018-05-09T06:50:41","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=98952"},"modified":"2018-04-30T10:12:51","modified_gmt":"2018-04-30T08:12:51","slug":"pascal-y-su-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/pascal-y-su-tiempo\/","title":{"rendered":"Pascal y su tiempo"},"content":{"rendered":"<p>Con el siglo XVII se da un fen\u00f3meno curioso. La personalidad del Gran Rey, y la pleyade de hombres ilustres que lo rodean, hacen olvidar a menudo que aquel siglo no esper\u00f3 a Luis XIV para ser \u00abgrande\u00bb. Algunos cr\u00edticos ven, incluso, en la disciplina centralizada que impone el Rey Sol, una manera de represi\u00f3n, de par\u00e1lisis de las fuerzas que herv\u00edan a principios de la centuria; es olvidar que los \u00abcl\u00e1sicos\u00bb solamente lo son cuando saben superar las reglas aparentemente estre\u00adchas que ellos mismos se imponen. Es olvidar tambien, como finamente lo not\u00f3 Emile Henriot, que el Gran Siglo, incluso bajo Luis XIV, nunca agot\u00f3 la veta an\u00adticonformista que corre a lo largo de toda la historia de la cultura francesa, la vi\u00advifica y es probablemente uno de sus mayores t\u00edtulos de gloria. Hubo, bajo Luis XIV, un irredentismo activo, que produjo obras tan bellas y fuertes como las del tradicionalismo oficial, y que Paul Hazard ha puesto de relieve en su obra <em>La crisis de la conciencia europea.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, para el \u00abfrances medio\u00bb, el Gran Siglo es, ante todo, el siglo de Versalles, obra cl\u00e1sica si la hay; de Racine, estilo depurado por excelencia; de Lulli, m\u00fasica que se desarrolla como un teorema geometrico; de una religi\u00f3n mon\u00e1r\u00adquica sobre la cual retumba la voz augusta de Bossuet; en breve, el siglo del <em>honn\u00eate homme, <\/em>es decir del hombre que procura, con elegancia, conducirse seg\u00fan las normas de la raz\u00f3n o, dicho de otra manera, ser cl\u00e1sico.<\/p>\n<p>Olvida este frances medio que al reinado efectivo de Luis XIV no perte\u00adnecen ni Corneille, tan rom\u00e1ntico, es verdad, en muchos aspectos, ni Descartes, que da a la raz\u00f3n sus cartas credenciales, ni el caballero de M\u00e9re, aquel \u00abpedagogo\u00bb de los \u00abhonn\u00eates hommes\u00bb, ni, en fin, Blaise Pascal.<\/p>\n<p>Es en 1661 cuando el joven Luis Diosdado toma las riendas del poder, en regencia desde la muerte de Luis XIII, o sea desde 1643. Es en 1662, el 19 de agosto, a la una de la madrugada (hace hoy cinco d\u00edas . . . ), cuando se extingue, a los 39 a\u00edlos, Blaise Pascal, \u00aben un cuarto en el segundo piso de una casa sita en Par\u00eds, sobre el foso de entre las puertas Saint Marcel y Saint Victor, parroquia de Saint Etienne du Mont\u00bb, seg\u00fan nos dice el testamento.<\/p>\n<p>Para conmemorar este aniversario, la Asociaci\u00f3n Costarricense de Filosof\u00eda ha tenido la delicadeza de solicitar la colaboraci\u00f3n de la Embajada de Francia y de la Alianza Cultural Franco Costarricense con el fin de realizar el ciclo de con\u00adferencias que tengo el peligroso honor de iniciar esta noche.<\/p>\n<p>Pascal pertenece, pues, enteramente a esta primera mitad del siglo XVII, algo ofuscada por el reinado del Gran Rey. Otros les hablar\u00e1n, mucho mejor, de lo que podr\u00eda hacer yo, del hombre. Personalidad tan rica y compleja que ser\u00e1 necesario, aunque arbitrario, considerarla bajo distintos \u00e1ngulos: el cient\u00edfico, el pensador, el escritor . . . \u00a1como si todo esto, en el siglo de la \u00abhonn\u00eatet\u00e9 no fues una sola y misma cosa! Me cabe hoy la tarea, m\u00e1s humilde, de colocar el escenario esbozar a grandes rasgos la epoca recorrida por la breve, pero fulgurante trayectoria de Blaise Pascal. En efecto, un hombre es, ante todo, de su epoca, incluso si la trasciende; le pertenece por tantas fibras que no es posible abstraerle de ella sin que pierda vida y brillo. Y, rec\u00edprocamente, trat\u00e1ndose de un hombre como Pascal, su genio ilumina de una luz nueva su tiempo, y lo transfigura.<\/p>\n<p>El Renacimiento, dice Huizinga, \u00abno nos brinda la imagen de un gran vi\u00adraje, sino la de una larga serie de olas que avanzan sobre una playa: cada una de ellas rompe, como las olas del mar, en un sitio distinto y en momento distinto\u00bb. Despues del per\u00edodo de embriaguez juvenil, viene el de reflexi\u00f3n, de depuraci\u00f3n y tambien de crisis. Desde el punto de vista del pensamiento, como en el campo mucho m\u00e1s trivial de la econom\u00eda, el fin del siglo XVI y el XVII nos aparecen como un per\u00edodo de crisis.<\/p>\n<p>Crisis econ\u00f3mica en primer lugar. La disminuci\u00f3n del volumen de metal precioso llegado de America pone fin a la euforia y al capitalismo internacional que florec\u00eda a mediados del XVI; la econom\u00eda se apoca, las naciones, en vez de abrir\u00adse cada d\u00eda m\u00e1s a la corriente comercial, se encierran en sus fronteras; un mercan\u00adtilismo minucioso controlaba los intercambios. Crisis pol\u00edtica y religiosa: la escisi\u00f3n provocada por la Reforma protestante opone, armas en mano, a los Estados y, den\u00adtro de los Estados, a los hijos de una misma patria. En Francia, el Edicto de Nan\u00adtes (1598) pone fin a treinta a\u00f1os de cruentas guerras civiles; pero las ambiciones pol\u00edticas complican m\u00e1s a\u00fan los conflictos religiosos, y la guerra de los Treinta A\u00f1os, en la cual Francia participa efectivamente a partir de 1635, trae nuevamente su cortejo de sufrimientos. Francia empieza por experimentar reveses dolorosos: de la torre del palacio ducal de Dijon se pueden divisar las aldeas en llamas, in\u00adcendiadas por las tropas imperiales y espa\u00f1olas; y \u00bfque decir de la miseria de la regi\u00f3n suroeste, que provocara la compasi\u00f3n y el apostolado caritativo de \u00abMon\u00adsieur Vincent\u00bb, San Vicente de Pa\u00fal?<\/p>\n<p>En medio de tantos sufrimientos, se va formando una nueva entidad: el Estado. Nace sobre las minas del mundo feudal, en Espa\u00f1a, en Inglaterra; en Francia, el Cardenal de Richelieu contribuye con mano ferrea a su alumbramiento.<\/p>\n<p>Ahora bien, en su tarea Richelieu se enfrenta con una sociedad que es to\u00addav\u00eda, en su inmensa mayor\u00eda, de corte a\u00fan t\u00edpicamente medieval. Es una sociedad esencialmente campesina; la agricultura sigue siendo la fuente principal de riqueza, pero es una agricultura todav\u00eda primitiva, cuyos metodos no han cambiado mucho desde los tiempos prehist\u00f3ricos; una agricultura, por lo tanto, de poco rendimiento. El hambre acecha, el hambre del cual se muere; basta una mala cosecha para que regiones enteras se vean diezmadas. Al hambre conviene a\u00f1adir epidemias, desas\u00adtrosas pues las pr\u00e1cticas de higiene son casi inexistentes; y los estragos provocados por las guerras. Todo ello nos explica que, a pesar de una natalidad considerable, la poblaci\u00f3n permanezca estacionaria. Todo este mundo campesino, apenas hace falta decirlo, queda enteramente fuera del movimiento de ideas a que haremos re\u00adferencia m\u00e1s adelante. Vive sumido en un universo de creencias primitivas, de bru\u00adjer\u00edas, del que, sea dicho de paso, no siempre est\u00e1n exentas las clases m\u00e1s altas. Es as\u00ed como Marguerite Perier, sobrina de Pascal, cuenta, en la biograf\u00eda que dej\u00f3 de Blaise, como una sirvienta hab\u00eda echado una mala suerte al ni\u00f1o recien nacido, acontecimiento aquel que si bien encontr\u00f3 la incredulidad de Etienne Pascal (el pa\u00addre de Blaise), conmovi\u00f3 hondamente al resto de la familia.<\/p>\n<p>A la otra extremidad de la escala social, la \u00absociedad\u00bb, en el sentido es\u00adtrecho que se daba, y se sigue dando, a la palabra. Esta \u00absociedad\u00bb es noble, o por lo menos, tiene pretensi\u00f3n de serlo; la regenta un ideal aristocr\u00e1tico. Se es hom\u00adbre, o mujer, \u00abde calidad\u00bb, o \u00abde condici\u00f3n\u00bb, sobreentendido: noble. Muy por arriba, est\u00e1n los \u00abgrandes\u00bb: parientes del rey, alta nobleza, cuya mentalidad es a\u00fan feudal; se niegan a aceptar la autoridad del rey y, menos aun, de aquellos funciona\u00adrios burgueses que Richelieu pretende imponerles en nombre del Estado. Orgullo\u00adsos, vanidosos, d\u00edscolos, aprovechan cada oportunidad, en particular las regencias (de Luis XIII, de Luis XIV), para rebelarse, no vacilando en tratar con el ene\u00admigo. La Grande Mademoiselle, Saint-Mars, de Thou, Conde son los ejemplos m\u00e1s significativos.<\/p>\n<p>Pero por debajo de ellos est\u00e1 la burgues\u00eda y su prodigioso empuje. He aqu\u00ed una clase que, como la nobleza, procede de lo m\u00e1s hondo de la Edad Media, pero que desde su aparici\u00f3n est\u00e1 en oposici\u00f3n con la nobleza; gente que trabaja, gente que ahorra, gente seria, sobre la cual se apoya el rey para llevar a cabo su empresa centralizadora y administrativa. Burgues\u00eda enriquecida en el comercio, burgues\u00eda de toga. En Par\u00eds, se aloj a preferentemente en la Place Royale, en el barrio del Ma\u00adrais, donde construye sus \u00abhoteles\u00bb particulares, de escaleras majestuosas y amplios salones. Gusta de hacerse retratar por Philippe de Champaigne, que nos ha dejado toda una galer\u00eda de aquellos cuadros en que se plasma una clase: cuadros m\u00e1s bien austeros, de tinte jansenista, vestidos de pa\u00f1o negro cuya severidad el cuello de lino blanco subraya m\u00e1s que ameniza.<\/p>\n<p>Esos burgueses aspiran a ennoblecerse, a confundirse con la nobleza; a ve\u00adces, los vemos unidos con los nobles contra el poder real. Pero, en general, son m\u00e1s bien moderados y repugnan la indisciplina, el derroche de los nobles. Y, sobre todo, desempe\u00f1an un papel cada d\u00eda m\u00e1s preponderante en la evoluci\u00f3n del pensa\u00admiento; sus salones son el lugar de encuentro de la intelectualidad internacional contempor\u00e1nea. En el sal\u00f3n de su padre, el ni\u00f1o Blaise pudo escucharla, ora en Clermont-Ferrand, ora en Par\u00eds, ora en Ru\u00e1n. Conviene, pues, que enfoquemos con m\u00e1s precisi\u00f3n esta \u00absociedad\u00bb de la primera mitad del XVII, que es el medio en que nace y se desarrolla Pascal. Examinemos m\u00e1s de cerca cu\u00e1l es su actitud, el ideal que persigue, cual es su pensamiento profundo frente al mundo que lo rodea, a los problemas que se plantean a todo hombre digno de este nombre.<\/p>\n<p>El ideal, el arquetipo del frances de principios de siglo, es el \u00abhonn\u00eate homme\u00bb. No hay otro remedio que dejar en su idioma de origen esta cualidad, tan de su lugar y de su tiempo, que es la \u00abhonn\u00eatete\u00bb. Desde luego, tiene sus an\u00adtecedentes italianos y espa\u00f1oles: el <em>cortigiano, <\/em>inmortalizado por Castiglione; el ca\u00adballero espa\u00f1ol, el hidalgo, que Graci\u00e1n contribuye a internacionalizar en aquel entonces. Es de notar el exito asombroso que encuentra en Francia la obra de Gra\u00adci\u00e1n: <em>Or\u00e1culo manual y arte de prudencia <\/em>(1637). Pero el \u00abhonn\u00eate homme\u00bb no es exactamente ni el <em>cortigiano, <\/em>ni el caballero espa\u00f1ol. Como frances que es, se detiene al borde del extasis metaf\u00edsico; o si llega a experimentarlo, prefiere no hablar de ello. Su ideal es m\u00e1s bien la <em>sabidur\u00eda; <\/em>sus libros de cabecera son Seneca, Montaigne, San Francisco de Sales, y su lema podr\u00eda ser el de los antiguos grie\u00adgos: `nada con exceso\u00bb. Nada de ego\u00edsmo en esto: al contrario, el \u00abhonn\u00eate hom\u00adme\u00bb debe ser agradable a los dem\u00e1s: ha de cultivar la <em>biens\u00e9ance, <\/em>otra palabra di\u00adf\u00edcil de traducir, pues es algo m\u00e1s que decoro y urbanidad, como dice el diccionario; pero esta definici\u00f3n nos ayuda a comprender el sentido profundo de la <em>bien\u00ads\u00e9ance; <\/em>es, en su aspecto m\u00e1s refinado, la cualidad de convivencia. El caballero de Mere, codificador de la \u00abhonn\u00eatet\u00e9\u00bb, se llamaba a s\u00ed mismo \u00abprofesseur de bienseances\u00bb y he aqu\u00ed su definici\u00f3n de la \u00abhonn\u00eatete\u00bb: \u00abC&#8217;est l&#8217;art d&#8217;exceller en tout ce qui regarde les agrements et les bienseances de la vie\u00bb. En otras palabras, la \u00abhonn\u00eatete\u00bb es una excelencia general; la delicadeza en el sentir y en el enten\u00adder, mucho m\u00e1s que una ciencia o aptitud especializada. Nada m\u00e1s opuesto, como se ve, a la especializaci\u00f3n hipertr\u00f3fica, propia de nuestros d\u00edas, cerrada a todo aquello que no es de su campo. En fin, la \u00abhonn\u00eatete\u00bb no es privilegio de clase social de profesi\u00f3n ni de naci\u00f3n: el \u00abhonn\u00eate homme\u00bb es ciudadano del mundo. Ideal, pues, que se relaciona directamente con lo mejor de la tradici\u00f3n humanista, animada por el sentido cristiano de la caridad.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed un texto curioso del caballero de Mere sobre Pascal, que permite precisar esta actitud. El caballero viajaba de Par\u00eds a Poitiers, por diligencia, en compa\u00f1\u00eda de algunos amigos; Pascal se encontraba tambien con el. El episodio se sit\u00faa por el a\u00f1o de 1652, es decir que Pascal ten\u00eda alrededor de 29 a\u00f1os. En el juicio, por cierto algo petulante, de Mere, se nota lo que el entiende por <em>biens\u00e9ance <\/em>en la conversaci\u00f3n. \u00abEra un gran matem\u00e1tico, que s\u00f3lo sab\u00eda de eso. Estas ciencias no dan los placeres del mundo, y este hombre, que no ten\u00eda ni gusto ni sentimiento, no dejaba de mezclarse en todo lo que dec\u00edamos, pero nos sorprend\u00eda casi siempre y a menudo nos hac\u00eda re\u00edr . .. Habiendo transcurrido dos o tres d\u00edas de esta ma\u00adnera, tuvo alguna desconfianza de sus sentimientos y, no haciendo m\u00e1s que escuchar, ten\u00eda unas tablillas que sacaba de vez en cuando en las que apuntaba algunas obser\u00advaciones. Fue muy notable que, antes de haber llegado a Poitiers, no dec\u00eda ya nada que no fuese bueno y que nosotros hubiesemos querido haber dicho\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, el mismo M\u00e9r\u00e9 escrib\u00eda a Pascal lo siguiente, tambien muy significativo: \u00ab\u00bfRecuerda Ud., que me dijo una vez que ya no estaba persuadido de la excelencia de las matem\u00e1ticas? De ellas le queda todav\u00eda una costumbre que Ud. tom\u00f3 de esta ciencia, la de no juzgar cosa alguna si no es por medio de largas demostraciones, las cuales, lo m\u00e1s frecuentemente, son falsas Estos largos razonamientos le impiden primero entrar en conocimientos m\u00e1s elevados, que nunca enga\u00f1an. Le advierto tambien que pierde, de este modo, una gran ventaja &#8230; Esta ciencia puede servir, con tal de no apegarse demasiado a ella\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfSer\u00e1 il\u00edcito ver en estos consejos de Mere la prefiguraci\u00f3n de la oposici\u00f3n pascalina entre el &#8216;esprit de finesse\u00bb y el \u00abesprit de g\u00e9ometrie?\u00bb<\/p>\n<p>Hay otro terreno en que la <em>biens\u00e9ance <\/em>se ha de ejercer: el de las relacio\u00adnes con la mujer. Despues de la epoca de las guerras de religi\u00f3n, epoca de bruta\u00adlidades soldadescas, nace un af\u00e1n de caballerosidad y delicadeza. En los salones de Madame de Rambouillet, de Madame de Scudery, y otras, se cultiva el amor cortes y el arte fundamental, y caracter\u00edstico del \u00abhonn\u00eate homme\u00bb, de la <em>conver\u00adsaci\u00f3n. <\/em>Si bien es cierto que aquel esfuerzo de refinamiento caer\u00e1 pronto en las extravagancias de la \u00abpreciosidad\u00bb, fustigadas m\u00e1s tarde por Moliere, no cabe duda de que los salones femeninos contribuyen poderosamente al afinamiento de las costumbres, que culminar\u00e1 en la cortes\u00eda \u00abversallesca\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, no nos equivoquemos. Esta actitud no significa superficialidad ni desprecio a las ciencias. Es en primer lugar rechazo de la pedanter\u00eda, como ant\u00edtesis de la \u00abbienseance\u00bb y, por lo tanto, de la \u00abhonn\u00eatete\u00bb. Y es, sobre todo, conciencia clara de la incapacidad de la ciencia, de la raz\u00f3n, para llegar a ciertas verdades superiores. Que el \u00abhonn\u00eate homme\u00bb sea todo lo contrario de un hombre superficial, lo demuestra ampliamente el movimiento cient\u00edfico y el pensamien\u00adto religioso de la primera mitad del XVII, dos aspectos fundamentales del per\u00edodo en general y de la personalidad de Blaise Pascal en particular.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En el sal\u00f3n de Monsieur Etienne Pascal, el joven Blaise pod\u00eda escuchar, y m\u00e1s tarde tratar al famoso Padre Mersenne, a Roberval, Gassendi, Desargues, o sea los representantes m\u00e1s brillantes de la ciencia, y sobre todo de la matem\u00e1tica en aquel tiempo. Desde Toulouse, Fermat, considerado como el primer matem\u00e1tico de su tiempo, correspond\u00eda con ellos. Es la epoca en que el aristotelismo, todav\u00eda triun\u00adfante a principios de siglo, empieza a declinar. Las leyes de Kepler, el nacimiento del mecanicismo con Galileo, Harvey y la circulaci\u00f3n de la sangre, ense\u00f1an el mo\u00advimiento all\u00e1 donde imperaba el estatismo. De ah\u00ed una grave crisis en los esp\u00edritus, que trasciende el campo puramente cient\u00edfico: si todo se mueve, si la mutabilidad es general, \u00bfa que agarrarse?, \u00bfque es lo que permanece firme? Esta crisis, un his\u00adtoriador del siglo XVII no vacila en calificarla de verdadera \u00abmutaci\u00f3n intelectual\u00bb experimentada por el esp\u00edritu humano en aquel entonces. Descartes reestructura el mundo nuevo, y con el, queda definitivamente destru\u00eddo el aristotelismo. Tal es el ambiente cient\u00edfico en que se desenvuelve Pascal; cap\u00edtulo interesante ser\u00eda el de sus relaciones con Descartes; por lo que podemos apreciar, Pascal apreciaba a Des\u00adcartes, mas no lleg\u00f3 a simpatizar con el.<\/p>\n<p>Pero nos condenar\u00edamos a no entender nada de este per\u00edodo si prescindie\u00adramos del extraordinario fervor religioso que lo anima. Es ese el momento en que la reforma cat\u00f3lica alcanza a Francia; es decir, bastante m\u00e1s tarde que a los pa\u00edses mediterr\u00e1neos. A pesar, o a causa de este retraso, el movimiento adquiere en Fran\u00adcia una profundidad y una intensidad desconocidas en otras partes; se plantean en\u00adtonces, en todo su drama, los grandes problemas: las relaciones de la Iglesia y del Estado; las relaciones entre el hombre, Dios, la libertad. Esta es la generaci\u00f3n m\u00e1s m\u00edstica que Francia haya conocido. El catolicismo participa de la crisis general: lucha con el escepticismo, con el protestantismo; pero lucha tambien en su propio seno, en busca de una fe y de una vida m\u00e1s perfectas.<\/p>\n<p>Los escepticos, en primer lugar; escepticos que van a menudo hasta el agnos\u00adticismo. Muchos eran los motivos que provocaban la perdida de la fe: el estado desastroso del clero era uno de ellos; ignorancia crasa en el bajo clero; corrup\u00adci\u00f3n y falta de vocaci\u00f3n en la jerarqu\u00eda; vida escandalosa de muchos conventos; luchas teol\u00f3gicas en que predominaba sobre todo la falta de la m\u00e1s elemental caridad cristiana. Las violencias de las guerras, civiles o internacionales; las ideas<br \/>\nnuevas: todo cambia, todo es relativo, no hay nada seguro . . . \u00bfC\u00f3mo extra\u00f1arse del aumento de los ateos o, como se les llamaba entonces, de los \u00ablibertinos\u00bb ? El propio Pascal \u00bfno experiment\u00f3 un instante la tentaci\u00f3n de unirse a ellos ?<\/p>\n<p>Pero sobreviene la poderosa ola de la reforma cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>El Concilio de Trento hab\u00eda zanjado el conflicto entre el humanismo cristiano y el pesimismo protestante a favor del primero. Los jesuitas van a ser los propagadores de la nueva doctrina; procuran adaptar la fe y el dogma al mundo nuevo; la reforma del culto y hasta de la arquitectura eclesi\u00e1stica traducen la voluntad de subrayar la pompa de la liturgia, y al mismo tiempo, de hacerla m\u00e1s inteligible para el p\u00fa\u00adblico. Desde las alturas de Montmartre, se pueden divisar las c\u00fapulas de las igle\u00adsias de la Contrareforma: iglesias de una sola nave, claras, iglesias para fieles que vienen a misa con su misal. Los jesuitas establecen una red de colegios en los cuales atraen a los j\u00f3venes de las mejores familias y dispensan una ense\u00f1anza basada fundamentalmente en las humanidades latinas destinada a forjar caracteres bien templados. El \u00abhonn\u00eate homme\u00bb es frecuentemente ex-alumno de los Padres.<\/p>\n<p>El humanismo tridentino penetra en Francia primero bajo la forma suave y algo dulzona que le dio San Francisco de Sales. El exito del piadoso obispo de Annecy y de su obra <em>Introducci\u00f3n a la vida devota <\/em>fue enorme, especialmente entre mujeres de la buena sociedad: Jeanne de Chantal, la futura Santa Chantal, fun\u00addadora de la orden de la Visitaci\u00f3n, Madame Acarie, etc . . . Encontramos en este \u00abhumanismo piadoso&#8217;, como se ha llamado esta corriente, una influencia italiana, a traves de los monjes capuchinos, cuyo prestigio era considerable. El ya citado P. Mersenne era capuchino, y tambi\u00e9n el no menos celebre P. du Tremblay, \u00abemi\u00adnencia gris\u00bb y confesor del Cardenal de Richelieu. Fuera de estos altos personajes en el pueblo, la audiencia de los monjes era grande. He aqu\u00ed un texto interesan\u00adte a este respecto, as\u00ed como desde el punto de los metodos pastorales: \u00abEl R. P. Honore, monje capuchino, acompa\u00f1ado por el P. Nicol\u00e1s y otros religiosos de la misma orden, hizo una muy bella misi\u00f3n en Marmande, la cual empez\u00f3 en el mes de noviembre de 1691 &#8230; A las 4 de la tarde, el P. Honore hac\u00eda un serm\u00f3n; en ciertas ocasiones, se pon\u00eda la cuerda en el cuello, pidiendo perd\u00f3n por los peca\u00addores, a los cuales hac\u00eda pedir a gritos perd\u00f3n y misericordia. Casi todo el mundo lloraba . . . Una muchedumbre incre\u00edble acud\u00eda de todas partes\u00bb.<\/p>\n<p>A esta influencia italiana se sobrepuso otra espa\u00f1ola, m\u00e1s fuerte, de ten\u00addencia m\u00e1s m\u00edstica: la de Santa Teresa, de San Juan de la Cruz. Y al humanismo devoto de San Francisco de Sales sucedi\u00f3 la corriente m\u00edstica francesa, a la que domina la luminosa y atrayente figura del Cardenal de Berulle. Con B\u00e9rulle apa\u00adrece un aspecto nuevo del amor a Dios. \u00abEl modo de conocimiento tomista \u2014dice el\u2014 ha llegado a ser un pretexto para alejarse de Dios. Volvamos a entrar en nosotros mismos, hagamos el silencio interior; las nociones primeras aparecer\u00e1n, y Dios. Del mismo modo que en todas las epocas de misticismo, del mismo modo que en tiempo de Parmenides, contra la dispersi\u00f3n, contra el pluralismo, el hombre se separa del mundo sensible, procura contemplar en s\u00ed mismo al Ser, al Uno y, por as\u00ed decirlo, a tocarlo en un contacto de substancia a substancia\u00bb. El \u00abteocen\u00adtrismo\u00bb berulliano realiza, se ha dicho, una \u00abrevoluci\u00f3n copernicana del sentimiento religioso\u00bb. Por otra parte, Berulle trata de reformar el clero; trae de Espa\u00f1a algu\u00adnas hijas de Santa Teresa, que forman en Notre-Dame des Champs el primer con\u00advento carmelita de Francia; implanta la orden de las Ursulinas y la del Oratorio. Su disc\u00edpulo 011ier funda el seminario de Saint-Sulpice, destinado a formar sacerdotes ejemplares. El Oratorio tiene tambien sus colegios, que pronto hacen competencia a los de los jesu\u00edtas; m\u00e1s abiertos que estos, los colegios del Oratorio ofrecen una formaci\u00f3n en que las humanidades griegas desempe\u00f1an un gran papel. Y ya hemos hablado de la inmensa obra de caridad llevada a cabo por los lazaristas fundados por San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu de reforma tuvo hasta sus fan\u00e1ticos, que se sumieron en la clan\u00addestinidad para mejor realizar lo que consideraban tarea necesaria de saneamiento de los esp\u00edritus y polic\u00eda de las costumbres: la \u00abCompa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo\u00bb (Com\u00adpagnie du Saint-Sacrement) era secreta y lleg\u00f3 a inquietar tanto que el Cardenal Mazarino la disolvi\u00f3 en 1660. Caso \u00fanico entre todas las asociaciones y congre\u00adgaciones que brotaron entonces.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como se produce, en la Francia del XVII un movimiento de reno\u00advaci\u00f3n cat\u00f3lica tard\u00edo, pero probablemente m\u00e1s rico y m\u00e1s vigoroso que en otras partes. Ahora bien, conviene observar que aquel afinamiento, al mismo tiempo ahondamiento, de la fe, se alejaba cada d\u00eda m\u00e1s del humanismo tridentino; llevaba a sus adeptos hacia un concepto austero de la religi\u00f3n, de Dios; hacia la severidad frente a las flaquezas de la naturaleza humana. Veamos, por ejemplo, la oraci\u00f3n que recitaban los miembros de una de aquellas cofrad\u00edas de la epoca: \u00abAcepto, o Dios m\u00edo, ser pisoteado y tumbado en tierra, para castigar mi orgullo que me ha impulsado a presumir a los ojos de las criaturas. Acepto que ellas me olviden, en castigo del placer que tuve al ser amado por ellas. Acepto la soledad y el horror de la tumba para compensar mis distracciones y diversiones . . . Oh, polvo, oh ceniza, oh gusanos, os recibo, os quiero y os miro como instrumentos de la justicia de mi Dios! \u00a1Oh polvo, oh ceniza, oh gusanos, haced triunfar el poder del\u00a0Creador!\u00bb<\/p>\n<p>Y el propio Pascal pertenece a esta honda ola de misticismo; desde aquella famosa noche de 23 &#8211; 24 de noviembre de 1654, en la que tuvo la iluminaci\u00f3n de una fe ardiente, flagela la miseria, la indignidad de la naturaleza humana; terrti que corre todo a lo largo de los <em>Pensamientos.<\/em><\/p>\n<p>Pues bien, a nadie se le escapa que distancia media entre semejante actitud y el optimismo humanista de Trento y, sobre todo, el humanismo relajado del que los Padres jesuitas se hac\u00edan los propagadores. El conflicto era inevitable, y la crisis del jansenismo lo har\u00eda estallar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya dijimos que desde el Concilio de Trento los jesuitas trabajaban afano. samente en propagar el humanismo cristiano. Frente a los protestantes, que hac\u00edan hincapie en la maldad congenita del hombre, definitivamente perdido por el pecado original y que s\u00f3lo puede esperar la salvaci\u00f3n de un acto de misericordia de Dios, los jesuitas afirmaban la bondad de esta misma naturaleza humana, la vocaci\u00f3n de todos los hombres, la salvaci\u00f3n y la necesidad, para la criatura, de participar por sus obras en la obra general de redenci\u00f3n. En esta orientaci\u00f3n, llegaron, hay que reconocerlo, a ciertos extremos que terminaron por chocar a muchas almas. Nada malo puede salir de la naturaleza humana, llegaron a afirmar Molina, Lessius y otros autores de la Compa\u00f1\u00eda. Partiendo de este principio y con el fin, dec\u00edan sus enemigos, de ganarse las almas a toda costa, incluso a costa de las ense\u00f1anzas de Cristo, estudiaban cada <em>caso <\/em>(de ah\u00ed el nombre de <em>casu\u00edstica <\/em>que se daba a la tec\u00adnica) de pecado, las circunstancias que lo rodeaban, encontrando en estas circuns\u00adtancias elementos atenuantes y, a veces, absolutorios. Llevada a sus \u00faltimas conse\u00adcuencias, la casu\u00edstica terminaba por abolir la misma noci\u00f3n de pecado. Simult\u00e1\u00adneamente, y siempre con el fin de hacer la religi\u00f3n m\u00e1s amable, m\u00e1s asequible, los jesuitas introduc\u00edan en el culto, en su literatura, elementos de la vida profana en una forma que tambien deb\u00eda provocar la reacci\u00f3n de los esp\u00edritus austeros. Se equiparaba Minerva con el Verbo, y Cupido con el amor divino, Diana con la Virgen Mar\u00eda . . .<\/p>\n<p>La oposici\u00f3n hab\u00eda sido constante a esta corriente de facilidad: desde fines del siglo XVI, Baius, te\u00f3logo flamenco; los dominicos, Berulle, desde luego. En 1640, Cornelius Jansenius, o Jansen, obispo de Ypres, en Flandes, disc\u00edpulo de Baius, publicaba una gran obra doctrinal, el <em>Augustinus, <\/em>en que promov\u00eda el retorno al esp\u00edritu de San Agust\u00edn. El jansenismo se volvi\u00f3 r\u00e1pidamente un movimiento eu\u00adropeo; en Francia, en particular, deb\u00eda encontrar una acogida particularmente ca\u00adlurosa. Propagador suyo fue Jean Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran, amigo de Jansen, que pas\u00f3 a ser capell\u00e1n del convento de mujeres de Port-Royal. La abad\u00eda de Port-Royal, reformada por la madre Ang\u00e9lica Arnauld, pas\u00f3 a ser el foco del jansenismo frances. En el Valle de Chevreuse, al sur de Par\u00eds, surgi\u00f3 como un lugar de vida ejemplar, de meditaci\u00f3n y de fe acendrada. Cerca de las monjas vinieron a establecerse, para estancias m\u00e1s o menos prolongadas, numerosos varo\u00adnes ilustres, que la gente conoc\u00eda como los \u00abSolitarios\u00bb o los \u00abMessieurs\u00bb de Port Royal. Pascal, y m\u00e1s tarde Racine, pasaron temporadas all\u00e1.<\/p>\n<p>Es innegable que la doctrina jansenista representa una tendencia permanen\u00adte del esp\u00edritu humano, la interpretaci\u00f3n pesimista del cristianismo, la visi\u00f3n de un Dios temible e incomprensible, encima de la justicia: por lo tanto la salvaci\u00f3n es un don de su amor, y no una recompensa; pocos ser\u00e1n los elegidos. La gracia di\u00advina no es com\u00fan a todo el mundo: s\u00f3lo los predestinados beneficiar\u00e1n de ella; Dios es temible: nada de la familiaridad que los humanistas devotos y los jesuitas pretenden establecer en las relaciones de la creatura con el Creador. De ah\u00ed tam\u00adbien una moral sumamente dura, que la esperanza viene apenas a suavizar.<\/p>\n<p>Contra los protestantes, afirman los jansenistas que la Escritura no basta como fuente de fe; pero contra los escol\u00e1sticos, declaran que la \u00fanica tradici\u00f3n es la de los Padres y, en particular, de San Agust\u00edn. Es interesante notar que aquel movimiento de severidad, de austeridad que marca el catolicismo en ese per\u00edodo se da por toda Europa y en las diferentes religiones: el protestantismo holandes se ve desgarrado por la lucha entre una tendencia humanista u \u00aboptimista la de Arminius y otra \u00abpesimista\u00bb, la de Gomar, lucha que repercute en las diversas co\u00admunidades protestantes europeas. Tambien el juda\u00edsmo experimenta semejante opo\u00adsici\u00f3n; y en los confines lejanos de Europa, en la Rusia todav\u00eda medieval de los primeros Romanov, el zar junto con el Patriarca Nikon, trata de modernizar la or\u00adtodoxia: pero se levanta contra la empresa una tremenda rebeli\u00f3n, encabezada por la extraordinaria figura del Arcipreste Avakkum, que tacha de \u00abtaxistas\u00bb a los reformadores y origina el cisma (raskol) de los \u00abviejos creyentes\u00bb.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere, la inquietud cundi\u00f3 entre los te\u00f3logos y tambien entre los pol\u00edticos en vista del desarrollo que experimentaba el jansenismo. Richelieu, au\u00adtoritario, no ve\u00eda con buenos ojos una doctrina sospechosa y unos doctrinarios de los cuales se dec\u00eda que ten\u00edan relaciones con ciertos nobles exilados, opuestos a su pol\u00edtica, en particular el inquieto e inquietante Cardenal de Retz. Pero la reacci\u00f3n m\u00e1s violenta, la m\u00e1s tenaz tambien, fue la de los jesuitas. Es f\u00e1cil compren\u00adder que todo, en los jansenistas, deb\u00eda herir a los Padres: el ascetismo, el rigor de Port-Royal; d dogma de la predestinaci\u00f3n; la manera de ser, el exito de las Petites Ecoles, la escuela que los Solitarios hab\u00edan abierto en el Valle de Chevreuse . . .<\/p>\n<p>En resumen, una total incompatibilidad de <em>humor.\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>Del jansenismo, los jesuitas dec\u00edan que era &#8216;du calvinisme rebouilli\u00bb: una nueva infusi\u00f3n del calvinismo . . . Por medio de maniobras, lograron de la Sorbona, y luego de Roma, una condena\u00adci\u00f3n de la doctrina de Jansen, bajo forma de cinco &#8216;proposiciones\u00bb que, dec\u00edan, la condensaban. Los jansenistas replicaron que ellos tambien condenaban las cinco proposiciones, pero que estas no se encontraban en el <em>Augustinus. <\/em>Se lleg\u00f3 a una verdadera persecuci\u00f3n de Port-Royal y de sus simpatizantes, que eran muchos en el clero, sin hablar de los laicos.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando intervino Pascal. Indignado por las acusaciones injustas que ca\u00edan sobre Port-Royal y, en particular, sobre Arnauld, decidi\u00f3 salir a la palestra. \u00bfEra Pascal jansenista? El problema subsiste; probablemente no dio nunca una adhesi\u00f3n total a la doctrina; hab\u00eda en ella algo fr\u00edo y seco que no con\u00adcuerda con el calor, el apasionamiento y el universalismo de Pascal. Pero, desde luego, entre la religi\u00f3n de facilidad y casu\u00edstica de la Compa\u00f1\u00eda y la fe austera, las costumbres r\u00edgidas de Port-Royal, no vacilaba; la bajeza de los ataques hizo el resto. La intervenci\u00f3n de Pascal, como todos sabemos, se materializ\u00f3 en las celeb\u00e9rrimas <em>Cartas provincianas, <\/em>o provinciales. Bajo el seud\u00f3nimo de Luis de Mon\u00adtalte, y en la forma de cartas escritas a un supuesto amigo de provincia (de ah\u00ed el nombre), plantean estas cartas el problema teol\u00f3gico de la gracia &#8216;eficiente\u00bb y de la gracia `suficiente\u00bb, problema muy discutido entonces entre ambos bandos, y que hoy ha perdido interes. Pero r\u00e1pidamente ataca Pascal problemas mucho m\u00e1s ca\u00adpaces de interesar la opini\u00f3n p\u00fablica, en particular el de la devoci\u00f3n acomodaticia, de la moral relajada; las famosas \u00abopiniones probables\u00bb, que llegaban a justificar verdaderos cr\u00edmenes. Ataca a la casu\u00edstica, no como tal, pues Pascal sabe muy bien que un acto no puede ser enjuiciado, desde el punto de vista moral, <em>in abstracto, <\/em>sino a la luz de las circunstancias e intenciones que lo rodean; ataca a una casu\u00edstica bien definida, inspirada por una pol\u00edtica de dominaci\u00f3n tambien netamente definida. En la Carta V se expresa del modo siguiente: \u00abSepa Ud. que el objeto de ellos (de los padres jesuitas) no es corromper las costumbres: no es esta su intenci\u00f3n. Pero tampoco tienen como meta \u00fanica el reformarlas: esto ser\u00eda mala pol\u00edtica. He aqu\u00ed su pensamiento. Tienen la bastante buena opini\u00f3n de s\u00ed mismos para creer que es \u00fatil y como necesario para el bien de la religi\u00f3n que su credito se extienda por todas partes y que ellos gobiernen todas las conciencias. Y puesto qua las m\u00e1ximas evangelicas y severas son propias para gobernar a cierta clase de personas, las utilizan en aquellas ocasiones en que les son favorables. Pero, como las mismas m\u00e1ximas no concuerdan con el designio de la mayor\u00eda de las gentes, las abandonan con respecto a estas personas, a fin de tener con que satisfacer a todo el mundo. Por este motivo, teniendo que tratar con personas de toda clase de con\u00addiciones y de naciones tan diferentes, es necesario que tengan casuistas acomoda\u00addos a toda esta diversidad\u00bb.<\/p>\n<p>El exito de las <em>Provinciales <\/em>fue extraordinario. A ello contribuy\u00f3 sin duda la plenitud y viveza del estilo (que hace de Pascal el primer cl\u00e1sico del idioma frances), la precisi\u00f3n de las \u00abbanderillas\u00bb, la habilidad del di\u00e1logo. Y sobre todo su coincidencia con el pensar de gran parte de la opini\u00f3n p\u00fablica. Esta opini\u00f3n p\u00fablica, especialmente la de aquellos burgueses que tratamos de esbozar hace unos instantes, estaba al lado de los jansenistas.<\/p>\n<p>Sin embargo, los jansenistas fueron vencidos. El autoritarismo de Luis XIV no pod\u00eda tolerar semejante foco de inconformismo, de perturbaci\u00f3n del orden p\u00fa\u00adblico. Despues de un per\u00edodo de tranquilidad, Port-Royal fue cerrado en 1709 y, tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, arrasado por orden del Rey. Pero, aunque vencido, el jansenis\u00admo ha ejercido una influencia profunda; se le debe una nota grave, ascetica en la catolicidad. Y al mismo tiempo es un aspecto fundamental de la gran crisis del siglo XVII.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfBarroco? \u00bfCl\u00e1sico? \u00bfQue fue el Gran Siglo? En realidad, son estas f\u00f3rmu\u00adlas c\u00f3modas que nuestra inteligencia necesita para orientarse. Pero el hombre, y menos a\u00fan una sociedad, no se dejan aprisionar tan f\u00e1cilmente en unas f\u00f3rmulas. Barroco y clasicismo son dos temas que corren a lo largo de todo el siglo XVII frances como en una fuga, en un contrapunto, afirm\u00e1ndose o esfum\u00e1ndose, ora en el teclado del \u00f3rgano, ora en los pedales, culminando en una prodigiosa sinfon\u00eda. Y probablemente, nadie ha encarnado mejor esta sinfon\u00eda que Blaise Pascal. Ba\u00adrroco por el misticismo, la exaltaci\u00f3n interior, el apasionamiento hirviente por Dios y la Verdad; cl\u00e1sico por el pudor que oculta semejante \u00edmpetu, la elegancia que encauza semejante violencia, por la pureza del estilo. Arrobamiento barroco en el coraz\u00f3n, lucidez cl\u00e1sica en la inteligencia: en una palabra, el perfecto \u00abhonn\u00eate homme\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Con el siglo XVII se da un fen\u00f3meno curioso. 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