{"id":9746,"date":"2015-06-16T04:36:58","date_gmt":"2015-06-16T02:36:58","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/13\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-12\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:09","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:09","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-12\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 12"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo XII: Las devociones colectivas<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>Se ha de entender por devociones colectivas formas de piedad que se exteriorizan aparte de las celebraciones lit\u00fargicas o de la administraci\u00f3n de los sacramentos: se manifiestan habitualmente en las peregrinaciones o en las visitas a los lugares santos, en la veneraci\u00f3n de las im\u00e1genes o de las reliquias, en los cultos particulares reservados a la Virgen o a los santos. Estas devociones revisten un car\u00e1cter m\u00e1s libre y m\u00e1s espont\u00e1neo que los oficios o los ritos sacramentales, ya que no van ligadas ni a textos ni a una progresi\u00f3n fijada por la Iglesia. \u00bfEn qu\u00e9 marco se desarrollaron estas devociones? A veces en la parroquia cuando el santo es objeto de\u00a0 una particular veneraci\u00f3n; otras tambi\u00e9n\u00a0 en alg\u00fan lugar c\u00e9lebre, tenido por inspirado desde la antig\u00fcedad pagana y donde, peri\u00f3dicamente, se re\u00fane la multitud de los fieles. Pero con m\u00e1s frecuencia, se trata de cofrad\u00edas que orientaron, caracterizaron y nutrieron la piedad de los cristianos.<\/p>\n<p>Son extremadamente antiguas y aparecen, primero en Oriente, desde los primeros tiempos del cristianismo; la Iglesia misma es considerada por algunos como una federaci\u00f3n de cofrad\u00edas, de asociaciones, fraternidades de todo g\u00e9nero. Sin embargo las cofrad\u00edas cambian de forma y de esp\u00edritu con los siglos. En la Edad Media, constituyen generalmente cuadros profesionales: el oficio es entonces el lazo entre sus miembros. En el siglo XVII, este tipo de asociaci\u00f3n declina: las rivalidades entre amos y cofrades sostienen con frecuencia un estado de crisis interna, por lo tanto de debilidad. Al contrario, aparecen cofrad\u00edas instituidas, no ya en el marco de una profesi\u00f3n sino en el de una parroquia: son verdaderas congregaciones seculares, destinadas a responder a necesidades nuevas. \u00bfQu\u00e9 necesidades? Muchas de ellas quieren ser r\u00e9plicas devotas a negaciones de la Reforma protestante: tienen entonces por finalidad difundir el culto de los santos o el de la Virgen en uno u otro de sus misterios \u2013Inmaculada Concepci\u00f3n,\u00a0 Asunci\u00f3n, Rosario&#8230;- cuyo papel en la salvaci\u00f3n es minimizado o contestado. Otras veces tambi\u00e9n es Cristo que es invocado en un aspecto particular de su vida terrestre o sacramental: en su infancia, su pasi\u00f3n o su eucarist\u00eda&#8230; Algunas cofrad\u00edas por fin est\u00e1n\u00a0 m\u00e1s cercanas al esp\u00edritu antiguo y conservan finalidades directamente sociales: muchas tienen por fin la liberaci\u00f3n de prisioneros, otras, &#8211; como la compa\u00f1\u00eda de Santa Mar\u00eda Magdalena, fundada en 1672 en Aix por el cardenal Grimaldi- ayudan a los demandantes pobres.<\/p>\n<p>Estas cofrad\u00edas est\u00e1n dirigidas a veces por el clero parroquial, pero lo m\u00e1s frecuente por regulares \u2013dominicos, capuchinos, m\u00ednimos, jesuitas&#8230;-\u00a0 que les dan la tonalidad propia de su orden. Cada una de ellas tiene su reglamento que marca el ritmo de los oficios o de los ejercicios p\u00edos, con atenci\u00f3n al alivio de las miserias individuales o sociales, a la asistencia debida a los desheredados. Es imposible en el estado actual de los estudios trazar una geograf\u00eda precisa de las cofrad\u00edas. Son muy numerosas en las regiones de cristiandad, como el Franco Condado, los Tres Obispados, la Lorena[1] donde sencillos poblados poseen siete u ocho. En otras regiones en cambio, est\u00e1n casi ausentes: en las marismas de la Charente y de la S\u00e8vre, en las llanuras de Aunis y de Poitou no aparecer\u00e1n hasta finales del siglo XVII o comienzos del XVIII. Se extienden sin embargo, por el reino, en una inmensa red de centros espirituales destinados a la expansi\u00f3n de la devoci\u00f3n individual y a la soluci\u00f3n de problemas sociales. \u00bfTend\u00edan las cofrad\u00edas por otra parte a una simple asistencia mutua o ambicionaban la constituci\u00f3n de esta sociedad cristiana que fue una de las constantes del esp\u00edritu tridentino? Es imposible una respuesta precisa pero merece hacerse la pregunta. Ellas fueron as\u00ed los marcos principales, pero no los \u00fanicos, en los que se desarrollaron las devociones colectivas. Estas devociones se expresaron bajo formas muy diversas, algunas casi materiales, otras muy sublimadas. Evocadas en un orden de espiritualidad creciente, constituyen tres grandes conjuntos: las pr\u00e1cticas agrarias, las devociones marianas, las devociones cristol\u00f3gicas.<\/p>\n<h2>I \u2013 Los cultos de intercesi\u00f3n<\/h2>\n<h3>1 \u2013 Pr\u00e1cticas agrarias<\/h3>\n<p>Las pr\u00e1cticas m\u00e1s elementales tienen relaci\u00f3n con la protecci\u00f3n de los bienes de la tierra. Surgen de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n y no, como se ha cre\u00eddo a veces, de la superstici\u00f3n: en las sociedades rurales, los animales y las cosechas constituyen bienes esenciales, lo m\u00e1s a menudo de importancia vital; verlos desaparecer significa irremediablemente la penuria, el hambre y la muerte. Se trata pues de defender la existencia de las poblaciones y salvarlas por estas pr\u00e1cticas devotas: as\u00ed las acepta la Iglesia y, si bien algunas son de origen pagano,\u00a0 se esfuerza por integrarlas en su calendario lit\u00fargico.<\/p>\n<p>Una de las m\u00e1s generalizadas y populares es la procesi\u00f3n de las Rogativas; tiene lugar durante los tres d\u00edas anteriores a la Ascensi\u00f3n. En cada parroquia el clero y los fieles recorren temprano los campos mientras se cantan las letan\u00edas de los santos, hasta llegar as\u00ed a una capilla aislada o a la iglesia de un pueblo vecino. All\u00ed son recibidos por el p\u00e1rroco o el prior quien manda que se les sirva de comer y beber. A veces estos \u00e1gapes degeneran en des\u00f3rdenes incluso en peleas, hasta tal punto que los obispos o sus arcedianos se ven obligados a intervenir para frenar los abusos[1]. Algunas costumbres tienen un car\u00e1cter m\u00e1s local: existen regiones, en las que se lleva el Sant\u00edsimo a las vi\u00f1as para protegerlas de los insectos da\u00f1inos.<\/p>\n<p>Cuando las intemperies o las sequ\u00edas amenazaban con provocar la escasez, se ordenaban rogativas en la di\u00f3cesis: se recitaban en las colectas, &#8211; es decir en el momento de las oraciones de peticiones antes de la ep\u00edstola- en todas las misas. Se invocaba entonces a los santos protectores, a veces incluso se organizaba una procesi\u00f3n solemne con sus relicarios. Los de san Marcelo o de santa Genoveva eran as\u00ed trasladados a la ciudad y a los campos parisienses, pero tales manifestaciones eran escasas: el relicario de santa Genoveva no sali\u00f3, por orden del arzobispo, m\u00e1s que seis veces durante el siglo XVII. Otros muchos santos extienden igualmente sus favores sobre los frutos de la tierra. San Vicente es el protector de la vi\u00f1a: su culto se asocia con frecuencia a viejos\u00a0 ritos paganos todav\u00eda vigentes en el siglo XVIII; las cofrad\u00edas de vi\u00f1adores se colocan por lo general bajo su patrocinio. Las de los hortelanos invocan de forma parecida a san Fiacre. Santa Oportuna ten\u00eda el poder de proteger el ganado contra las epidemias: en el priorato de Moussy-le-Neuf en Brie que pose\u00eda la cabeza de la santa, los campesinos llevaban a sus animales; los hac\u00edan entrar en la iglesia para que all\u00ed recibieran la bendici\u00f3n contra la rabia.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Los santos curanderos<\/h3>\n<p>M\u00e1s numerosos todav\u00eda son los santos curanderos de los hombres. Las epidemias, especialmente las de peste, fueron numerosas en el siglo XVII. Por eso se invoca a los santos tenidos por capaces de apartar la enfermedad o de\u00a0 librar de ella: san Roque y san Sebasti\u00e1n tienen un culto particularmente difundido por las provincias m\u00e1s afectadas \u2013la Lorena, la Borgo\u00f1a&#8230;- donde muchas iglesias les est\u00e1n dedicadas. San Ouen tiene fama de curar la sordera y san Marcial la ceguera. San Mauro alivia a los lisiados de todo g\u00e9nero: cojos, paral\u00edticos y hasta las v\u00edctimas del \u00abmal de san Juan\u00bb, es decir de la epilepsia. Su relicario, conservado en la colegiata de Saint-Maur-les-Foss\u00e9s cerca de Par\u00eds, atra\u00eda a multitudes el 23 de junio, en particular a la misa de medianoche de la que el abate Lebeuf nos ha dejado una evocaci\u00f3n de un realismo muy pintoresco:<\/p>\n<p>\u00abDurante cuatro horas que duraban los Maitines y la Misa Mayor de medianoche, se o\u00edan gritos y alaridos continuos de enfermos o supuestos enfermos de ambos sexos, a los que seis u ocho hombres paseaban tendidos en los brazos alrededor de la capilla de san Mauro. Los enfermos gritaban con todas sus fuerzas: &#8216;San Mauro, gran amigo de Dios, enviadme salud y curaci\u00f3n, por favor.&#8217; Los portadores hac\u00edan m\u00e1s ruido todav\u00eda gritando: &#8216;Aire, aire&#8217; y personas caritativas aireaban a los enfermos con sus sombreros. Otros gritaban: &#8216;Sitio para los enfermos, cuidado con el rojo&#8217;,\u00a0 porque se piensa que este color es contrario a los epil\u00e9pticos. Cuando un enfermo hab\u00eda repetido tres veces seguidas su oraci\u00f3n, se le daba por curado y se gritaba en voz alta: &#8216;Milagro, milagro&#8217;. En resumen que resultaba un griter\u00edo tan grande que no se o\u00eda al clero cantar, y que se formaban tres o cuatro diferentes cantos en las diferentes partes de la iglesia. Durante esta noche hab\u00eda en esta misma iglesia, peque\u00f1os vendedores de buj\u00edas y de estampas, mendigos de toda especie, vendedores de tilas que gritaban: &#8216;A la fresca, a la fresca!&#8217; Todo eso aumentaba el desorden\u00bb.<\/p>\n<p>A veces el culto consagrado a estos santos curanderos se celebraba cerca de una fuente famosa por creerse cargada de virtudes bienhechoras, distribuidas desde la Antig\u00fcedad por una divinidad pagana de las fuentes: as\u00ed la capilla de Gamey, en la di\u00f3cesis de Autun, dedicada a san Gervasio y san Protasio y establecida en la confluencia de dos riachuelos, en el emplazamiento de un oratorio antiguo.<\/p>\n<p>A la virtud curativa atribuida a los santos, se a\u00f1ade a veces una intenci\u00f3n edificante. Cerca de Vic-sur-Seille, en la di\u00f3cesis de Metz, se asiste, a principios del siglo XVII, al brusco renacimiento de una devoci\u00f3n ca\u00edda en olvido: la fuente de Vireval donde, en el siglo V, san Livier sufri\u00f3 el martirio por su fe, de repente se vuelve milagrosa. Son muchos los enfermos que se dan cita; el duque de Lorena Henri II llega tambi\u00e9n a buscar el remedio a sus miserias f\u00edsicas. Pero no contentos con aceptar estas curaciones, se llega a sacar consecuencias apolog\u00e9ticas: estos milagros realizados en una regi\u00f3n contaminada por el protestantismo, \u00bfno son acaso una prueba m\u00e1s del valor de la intercesi\u00f3n, no son una invitaci\u00f3n a convertirse, a trabajar por la implantaci\u00f3n de la unidad cristiana? Esta es la tesis del libro publicado en 1624 por Alfonso de Ramberviller, lugarteniente general de distrito administrativo. Los actos admirables&#8230; del bienaventurado m\u00e1rtir san Livier. Este proselitismo conquistador iba a suscitar una c\u00e9lebre controversia de alcance m\u00e1s elevado: el pastor Ferry de Metz \u2013futuro interlocutor de Bossuet- respondi\u00f3 a Ramberviller. A la tradici\u00f3n devota, Ferry opon\u00eda la historia sabia; contestaba el m\u00e9todo y la erudici\u00f3n del lugarteniente general, le sacaba errores; en resumen, contra una religi\u00f3n simple y conquistadora, presentaba las exigencias de un m\u00e9todo de ambiciones cient\u00edficas. En el curso de esta pol\u00e9mica, se ven enfrentadas dos concepciones espirituales: por un lado una fe sin inquietudes cargada de devociones afectivas, de esperanza y de confianza; por otro una creencia intelectualizada, cuidadosa de someterlo todo a las exigencias de la cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Tensiones de esta naturaleza no se manifiestan tan s\u00f3lo entre cat\u00f3licos y protestantes. Existen en el interior mismo de la Iglesia romana: te\u00f3logos y ex\u00e9getas \u2013pocos en n\u00famero es cierto- se alzan contra las devociones tenidas por exuberantes y consagradas a santos con t\u00edtulos discutibles. Esta actitud cr\u00edtica es representada, en el siglo XVII, en particular por Jean Launoi, el famoso \u00abdesalojador de santos\u00bb y, en el siglo XVIII, por el can\u00f3nigo Jean Lebeuf.<\/p>\n<h3>3 \u2013 El culto mariano<\/h3>\n<p>Mucho m\u00e1s espiritualizada es la devoci\u00f3n mariana. Por algunos de sus aspectos se acerca mucho al culto de los santos: se desarrolla en las peregrinaciones y en las parroquias, pero con mayor frecuencia en el marco de las cofrad\u00edas. \u00c9stas son muy numerosas: las m\u00e1s populares son las del Rosario[1]; vienen luego las de la Inmaculada Concepci\u00f3n y de la Natividad. La mayor parte han sido fundadas y est\u00e1n dirigidas por franciscanos, cuya teolog\u00eda, de inspiraci\u00f3n escotista, concede un lugar importante a la Virgen en el plan de la salvaci\u00f3n. Esta piedad se reviste, sobre todo a principios de siglo y en los campos, de un estilo muy exteriorizado: se pide a menudo a Mar\u00eda una intervenci\u00f3n taumat\u00fargica. Este car\u00e1cter es llevado a extremos en las regiones de cristiandad como la Lorena que ofrece la triple particularidad de ser un campesinado, una regi\u00f3n marcada por la influencia franciscana y una tierra devastada por las guerras. Las peregrinaciones dedicadas a la Virgen atraen a multitudes: una exuberancia afectiva rodea estos santuarios, se amontonan a la espera de una manifestaci\u00f3n sobrenatural; por todas partes se multiplican en ellas milagros y prodigios.<\/p>\n<p>Sin embargo la piedad mariana no nace de una psicosis excepcional, se encierra en estas sociedades campesinas castigadas por las guerras: se la encuentra en regiones de estructura social diferente o que han quedado al margen de las operaciones b\u00e9licas. Conoce entonces una emotividad y un impulso colectivo menos acusados, pero se expresa siempre bajo la forma de fiestas populares, de peregrinaciones y de procesiones. A veces se trata de una reviviscencia de cultos paganos incorporados por el cristianismo. As\u00ed en la di\u00f3cesis de Autun, cerca del monte Beuvray, la monta\u00f1a de la Certenue hab\u00eda sido, en la Antig\u00fcedad, considerada como un lugar sagrado: el culto popular de los manantiales, las ofrendas a las fuentes, la recogida de las hierbas de San Juan, toda la terap\u00e9utica druida, se celebraban all\u00ed. Este lugar fue adoptado en la Edad Media por los cristianos y consagrado a la Virgen. Los fieles se dan cita all\u00ed, pidiendo las gracias m\u00e1s diversas: el agua de la fuente es tenida por milagrosa, las fiestas que tienen lugar se celebran por la noche, del domingo al lunes de Pentecost\u00e9s. Los que tienen gracias particulares que pedir pasan la ma\u00f1ana rogando, cantando c\u00e1nticos; algunos rascan el z\u00f3calo de la estatua de la Virgen y absorben este polvillo mezclado con el agua de la fuente. Todos beben o se llevan para los ausentes una botella llena que ha tocado la efigie mariana. La fiesta se acaba con festines, cantos y danzas. Despu\u00e9s de decaer al final de la Edad Media, esta peregrinaci\u00f3n renace en el siglo XVII: espont\u00e1neamente por otra parte y a pesar de la autoridad episcopal que, preocupada por frenar los abusos y las desviaciones, proh\u00edbe en 1693 la celebraci\u00f3n de la misa en la capilla; pero las diversiones populares subsisten.<\/p>\n<p>En algunos santuarios llamados \u00abde tregua\u00bb, la Virgen ten\u00eda el poder de resucitar a los ni\u00f1os nacidos muertos, para permitirles recibir el bautismo.<\/p>\n<p>Existen otras se\u00f1ales de este fervor mariano: las bibliotecas creadas o enriquecidas en esta \u00e9poca revelan su amplitud y naturaleza. Por ejemplo la del convento de los terciarios de Nancy formada hacia mediados de siglo por el Padre Donat, confesor de Carlos IV, cuenta con unas 1200 obras de las cuales 70 tratan de la devoci\u00f3n a la Virgen y 20 m\u00e1s especialmente de la Inmaculada Concepci\u00f3n; se trata de libros de fecha reciente que provienen en su mayor parte de los grandes hogares del renacimiento tridentino y en particular del Ingolstadt.<\/p>\n<p>Una serie de factores exteriores ha favorecido esta devoci\u00f3n popular a la Madona: primero la influencia de la Reforma cat\u00f3lica de origen mediterr\u00e1neo, nutrida de la gran tradici\u00f3n italiana y espa\u00f1ola; sensible muy en particular en ciertas provincias como el Franco Condado, la Lorena o el Artois. Adem\u00e1s el voto de Luis XIII que consagr\u00f3 en 1638 el reino a la Virgen hab\u00eda atra\u00eddo una adhesi\u00f3n popular con procesiones organizadas el 15 de agosto en honor de la Asunci\u00f3n en casi todas las parroquias.<\/p>\n<p>Existe pues un fervor mariano de formas afectivas, muy enraizadas en lo temporal, contagiado a veces por desviaciones: es una corriente devota que prolonga la Edad Media y que algunos historiadores relacionan con san Bernardo: \u00e9ste cre\u00eda que una piedad verdadera, aunque obstaculizada con impurezas, era preferible a una espiritualidad abstracta susceptible de agotar y desecar el impulso religioso.<\/p>\n<p>Pero paralelamente a esta piedad muy exteriorizada, se dibuja, en el siglo XVII, otra corriente mucho m\u00e1s sublimada que tiende a relacionar el culto de la Virgen con la econom\u00eda general de la salvaci\u00f3n. Tuvo por principal iniciador a B\u00e9rulle y se desarroll\u00f3 en particular en los medios\u00a0 influidos por el Oratorio. La madre de Cristo aparece en ella como el t\u00e9rmino de la perfecci\u00f3n cristiana: ella encarna en efecto, en una existencia sin brillo, an\u00e1loga a la de los m\u00e1s humildes, los diferentes \u00abestados\u00bb de Jes\u00fas; por ello la meditaci\u00f3n de sus misterios es para el cristiano el medio de unirse a las virtudes del Salvador. De ah\u00ed la f\u00f3rmula inspirada de san Bernardo: \u00abir a Cristo por Mar\u00eda\u00bb. \u00abNo separ\u00e9is en vuestras devociones, escribe B\u00e9rulle, lo que Dios ha unido tan santamente, tan divinamente y tan altamente en el orden de la gracia\u00bb. Se trata pues de una devoci\u00f3n de car\u00e1cter m\u00e1s dogm\u00e1tico, m\u00e1s austero, m\u00e1s sobrio en la pr\u00e1ctica,\u00a0 que coexisti\u00f3 en el siglo XVII con las devociones populares y con frecuencia actu\u00f3 sobre ellas para purificarlas.<\/p>\n<p>La piedad mariana no est\u00e1 anquilosada en formas inmutables; ha evolucionado, en el\u00a0 curso de la \u00e9poca cl\u00e1sica, en cuanto a su expresi\u00f3n y en cuanto a su naturaleza profunda. En la primera mitad del siglo se manifiesta por un desbordamiento de vida, por una espontaneidad que refleja, hasta en sus excesos, un gran fervor religioso. Esta devoci\u00f3n es entonces uno de los elementos m\u00e1s activos de la Reforma cat\u00f3lica; penetra en todas las clases de la sociedad. En la segunda mitad, se manifiesta un enfriamiento por lo menos aparente: los grandes te\u00f3logos minimizan la parte de Mar\u00eda en la redenci\u00f3n de la humanidad. Los libros de devoci\u00f3n que se le dedican son mucho menos numerosos: dos veces menos, se ha calculado, que en los decenios precedentes, cuando generalmente hablando la edici\u00f3n est\u00e1 en progreso. La exuberancia de los comienzos cede el lugar a un cierto academicismo. Este esp\u00edritu nuevo alcanza incluso la creaci\u00f3n art\u00edstica: Le Brun hace desaparecer del nacimiento todos los detalles familiares; la Virgen-Madre de Poussin est\u00e1 vestida a la antigua: responde a un tipo de belleza ol\u00edmpica y fr\u00eda; una Virgen esculpida en 1676 por Coysevox tiene la majestad de una diosa griega. \u00bfC\u00f3mo explicar semejante evoluci\u00f3n? Es dif\u00edcil dar raz\u00f3n de forma plenamente satisfactoria. Despu\u00e9s de todo dos tesis se presentan. Para Charles Flachaire, se trata de una decadencia irremediable: la afectividad salida de la Edad Media, primero contenida en el Oratorio y en Port-Royal, se da libre curso en adelante; con la desaparici\u00f3n de B\u00e9rulle luego de Saint-Cyran, la piedad mariana se hunde en lo extravagante, lo minucioso y en la afectaci\u00f3n devota. El grupo de los reformadores religiosos se muestra reticente hacia ella: en 1656, en su novena Provincial, Pascal hab\u00eda estigmatizado los desaguisados de esta falsa devoci\u00f3n. Para Henri Bremond[1] en cambio, no hay decadencia, sino \u00abespiritualizaci\u00f3n\u00bb de la tradicional piedad popular bajo la acci\u00f3n del teocentrismo beruliano: desprovista de sus excrescencias parasitarias, esta devoci\u00f3n habr\u00eda conocido pues una renovaci\u00f3n\u00a0 vigorosa.<\/p>\n<h2>II \u2013 Las devociones cristoc\u00e9ntricas<\/h2>\n<p>La espiritualizaci\u00f3n en su grado m\u00e1s alto aparece con la devoci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica. Se expresa bajo diversas formas:<\/p>\n<h3>1 \u2013 La devoci\u00f3n al Sant\u00edsimo Sacramento<\/h3>\n<p>Est\u00e1 considerada como el culto por excelencia, dado que se basa en un pensamiento apolog\u00e9tico, al negar los protestantes la presencia de Cristo en la eucarist\u00eda. A menudo los parroquianos piden espont\u00e1neamente que las iglesias est\u00e9n abiertas para ir a adorar al Sant\u00edsimo Sacramento. Se ve de igual manera difundirse las comuniones por devoci\u00f3n: tienen lugar fuera del tiempo pascual, por ejemplo con ocasi\u00f3n de un jubileo; los fieles comulgan entonces con hostias grandes fraccionadas en varias partes[1]. Esta devoci\u00f3n se\u00f1alada por la tendencia general de la Reforma cat\u00f3lica a institucionalizarlo todo, se expresa y se desarrolla sobre todo en las cofrad\u00edas del Sant\u00edsimo Sacramento. Bastante numerosas ya en el siglo XVI, se multiplican en el XVII: en los manuales de pastoral para uso en el clero, se recomienda a cada p\u00e1rroco que cree una en su parroquia. Estas cofrad\u00edas organizan con regularidad celebraciones eucar\u00edsticas: misas de los primeros jueves o de los primeros domingos de mes, procesiones y estaciones, exposiciones del Sant\u00edsimo&#8230; La devoci\u00f3n llamada \u00abde las cuarenta horas\u00bb se propaga hasta por las parroquias rurales: esta pr\u00e1ctica de adoraci\u00f3n, durante tres d\u00edas, ante el ostensorio, hab\u00eda sido puesta en pr\u00e1ctica en Italia por los capuchinos en el siglo XVI; extendida por Francia sobre todo despu\u00e9s de 1640, conoce all\u00ed un gran \u00e9xito. Los obispos la prescriben en los momentos dif\u00edciles: por ejemplo, en agosto de 1695, durante la guerra de la Liga de Augsburgo, por el \u00e9xito de las armas del rey. Estas cofrad\u00edas conjugan su acci\u00f3n con la de la c\u00e9lebre compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento; con frecuencia sus miembros ejercen importantes responsabilidades sociales.<\/p>\n<p>Otras instituciones favorecen de igual forma esta devoci\u00f3n: son en particular las congregaciones religiosas dedicadas de modo especial al culto eucar\u00edstico. En 1632, el obispo de Langres, Sebasti\u00e1n Zamet, creaba con la Madre Ang\u00e9lica Arnauld el instituto de la Adoraci\u00f3n perpetua. Un poco m\u00e1s tarde, durante la Fronda, a petici\u00f3n de Ana de Austria, Catalina de Bar \u2013m\u00e1s conocida por el nombre de Madre Micaela del\u00a0 Sant\u00edsimo Sacramento- fundaba las benedictinas de la Adoraci\u00f3n perpetua.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo se difunde y se enriquece la literatura eucar\u00edstica: de su abundante producci\u00f3n se ha de retener al menos el tratado publicado en 1674 por el premonstratense Epiphane Louys, El reloj para la adoraci\u00f3n perpetua del Sant\u00edsimo Sacramento. En esta obra, como en otras de inspiraci\u00f3n parecida, se mezclan las influencias de san Ignacio y de B\u00e9rulle. La devoci\u00f3n a la eucarist\u00eda se expresa finalmente por la frecuencia de la comuni\u00f3n.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La devoci\u00f3n a los estados de vida de Cristo<\/h3>\n<p>La cristolog\u00eda se manifiesta tambi\u00e9n por la relaci\u00f3n con las fases sucesivas de la vida de Jes\u00fas. La acci\u00f3n de dos factores ha favorecido esta orientaci\u00f3n espiritual muy caracter\u00edstica del siglo XVII. En primer lugar el retorno a la Biblia: la cr\u00edtica hist\u00f3rica o, m\u00e1s sencillamente, la lectura de los libros sagrados han puesto el acento en la humanidad de Cristo. \u00c9ste ya no es solamente el artesano privilegiado de un misterio \u2013el de la Redenci\u00f3n- sino el testigo de una historia; resulta posible en adelante seguir la Encarnaci\u00f3n en sus diferentes etapas: Cristo ni\u00f1o, Cristo adulto, su predicaci\u00f3n, su muerte&#8230; Por otro lado, los momentos sucesivos de su vida aparecen, a la luz de la espiritualidad beruliana, como \u00abestados\u00bb en los que el cristiano debe penetrar para progresar en el camino de la perfecci\u00f3n. As\u00ed se desarrolla la devoci\u00f3n\u00a0 a la pasi\u00f3n de Cristo que conviene evocar en primer t\u00e9rmino, ya que prolonga sin ruptura la Edad Media que se termina. El siglo XV estuvo efectivamente obsesionado por el pensamiento del dolor y de la muerte: este tema se afirma en una multitud de obras pl\u00e1sticas, las figuraciones de los t\u00edmpanos de las iglesias, las piet\u00e0, las tumbas como las de los duques de Borgo\u00f1a; o tambi\u00e9n en la exaltaci\u00f3n de la cruz\u00a0 que se prosigue en el siglo XVII por capillas, peregrinaciones o cofrad\u00edas llamadas de la Cruz. Se trata no obstante de una supervivencia m\u00e1s que de una creaci\u00f3n original.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s nuevas aparecen las devociones a la infancia de Cristo y a la Sagrada Familia. Son el resultado de una doble corriente. Primero una corriente popular que prolonga el humanismo; procede de las regiones en que el Renacimiento ha sido precoz y se afianza con fuerza: Italia, los Pa\u00edses Bajos, los pa\u00edses renanos&#8230; Ya el pintor Andrea della Robbia (1435-1525) se hab\u00eda servido del tema de la adoraci\u00f3n de Jes\u00fas por su madre: a menudo constitu\u00eda el centro org\u00e1nico de sus composiciones. En el siglo XVI, se difunde la costumbre de representar la Natividad por nacimientos, sobre todo en Italia, y de all\u00ed pasa a Francia. Las tallas grabadas, representando a un Cristo ni\u00f1o que sostiene un globo y bendiciendo, se extienden por Alemania; as\u00ed sucede en Italia con los bambini. El bambino del\u00a0 Ara Coeli en Roma data de finales del siglo XVI. La ciudad de Luca, en Toscana, se convierte, desde esta \u00e9poca y en el siglo siguiente, en el gran centro de fabricaci\u00f3n de estos bambini. En la literatura popular, se afianza la aparici\u00f3n de los No\u00ebl, de los poemas, de los c\u00e1nticos y de las oraciones tambi\u00e9n en honor del Ni\u00f1o Jes\u00fas. Francia es naturalmente tributaria de este conjunto de influencias.<\/p>\n<p>Sin embargo esta corriente interfiere a su vez con otra cuyo iniciador es B\u00e9rulle. \u00c9l ve en el \u00abestado de infancia del Verbo encarnado\u00bb un momento privilegiado: estudia c\u00f3mo se afirman con claridad los caracteres propios de la infancia en la vida de Jes\u00fas (dependencia de los dem\u00e1s, obediencia, reserva, silencio, inocencia&#8230;) y propone como ideal espiritual la participaci\u00f3n en estos \u00abestados\u00bb. Estas ideas berulianas se difunden sobre todo en los carmelos \u2013dirigidos por el fundador del Oratorio -, en otras familias religiosas como San Sulpicio. Pero en la masa de los fieles, la penetraci\u00f3n fue menor y sobre todo adopt\u00f3 una forma menos institucional: cofrad\u00edas bajo el patrocinio de la Sagrada Familia, de san Jos\u00e9, de santa Ana se crean o se extienden, pero en n\u00famero relativamente reducido. Esta debilidad se explica por dos razones: se trata de una devoci\u00f3n nueva; choca adem\u00e1s con la psicolog\u00eda del siglo XVII que apenas concibe al ni\u00f1o como un ser individualizado, ni a la familia como un medio de vida.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n<\/h3>\n<p>Otra forma de devoci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica se desarrolla a finales del siglo: la del Sagrado Coraz\u00f3n. Se ha advertido con justicia que el coraz\u00f3n ocupa un lugar esencial en la psicolog\u00eda del tiempo[1], pero no es s\u00f3lo el asiento de una afectividad sin l\u00edmites: ubicado en la perspectiva voluntarista de la \u00e9poca, aparece como la expresi\u00f3n por excelencia del \u00abdinamismo profundo de la persona\u00bb. Los espirituales de la Escuela francesa ven en el coraz\u00f3n el lugar de encuentro del hombre con Dios: el coraz\u00f3n suscita la inspiraci\u00f3n, mientras que la raz\u00f3n regula el encadenamiento de los conceptos. Para el disc\u00edpulo de B\u00e9rulle, en el coraz\u00f3n se expresa la \u00abdivina humanidad\u00bb de Cristo. En torno a esta ideas es cuando a mediados de siglo \u2013de san Francisco de Sales a Fenel\u00f3n- se va a desarrollar, en particular bajo el impulso de san Juan Eudes, la devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n: la oraci\u00f3n del coraz\u00f3n tiende a prevalecer sobre las exigencias de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Este culto deb\u00eda conocer un esplendor considerable gracias a una\u00a0 monja de la Visitaci\u00f3n de Paray-le-Monial, Margarita Mar\u00eda Alacoque (+ 1690). Fue favorecida por tres apariciones de Cristo (1673, 1674, 1675):durante escenas de \u00e9xtasis de un realismo muy afectivo que ella misma ha contado en su autobiograf\u00eda[1] y que unas veces exaltaron y otras rompieron su sensibilidad, se le pidi\u00f3 que fuese el ap\u00f3stol del culto al Sagrado Coraz\u00f3n. \u00c9ste se extendi\u00f3 adem\u00e1s gracias a dos jesuitas: el beato Claude de la Colombi\u00e8re y el Padre Croiset \u2013autor de\u00a0 La devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas, Lyon 1691. M\u00e1s tarde la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas al completo foment\u00f3 esta devoci\u00f3n que conocer\u00e1 en el siglo XVIII el apogeo de su irradiaci\u00f3n. Pero desde el final del reinado de Luis XIV, fue combatida por aquellos que desconfiaban de las m\u00edsticas demasiado afectivas en particular por los jansenistas: el culto del Sagrado Coraz\u00f3n ser\u00e1 uno de los grandes temas de conflicto entre la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas y los disc\u00edpulos de Port-Royal. Esta devoci\u00f3n,\u00a0 en la forma muy realista, muy f\u00edsica, que adopt\u00f3 a partir de Margarita Mar\u00eda, representa una s\u00edntesis de influencias berulianas y franciscanas: est\u00e1 de acuerdo con una\u00a0 expresi\u00f3n de la sensibilidad en boga en el siglo XVIII y que es como el reverso del racionalismo de la Ilustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Otra originalidad del culto del Sagrado Coraz\u00f3n es de haberse revestido, desde los or\u00edgenes, de los aspectos pol\u00edticos.\u00a0 Se ha hecho notar con acierto la importancia, en el lenguaje de Margarita Mar\u00eda, del vocabulario tomado del derecho mon\u00e1rquico o del derecho feudal: soberan\u00eda, peque\u00f1o placer, nuevo reinado, suplencia&#8230; La fecha y las circunstancias de los mensajes son a su vez reveladoras: fue en 1689 cuando Margarita Mar\u00eda pide, con insistencia y en repetidas ocasiones, al rey que mande pintar en sus estandartes y grabar en sus armas \u00abeste coraz\u00f3n adorable\u00bb; penetrando con magnificencia \u00aben la casa de los pr\u00edncipes y de los reyes\u00bb, el Sagrado Coraz\u00f3n les dar\u00eda la victoria sobre los enemigos del Estado y de la Iglesia. Esta c\u00e9lebre revelaci\u00f3n se sit\u00faa en un momento en que la guerra de la Liga de Augsburgo y la segunda revoluci\u00f3n de Inglaterra amenazaban el orden pol\u00edtico y religioso de Francia y del Occidente: los a\u00f1os 1688-1689 estuvieron, durante el reinado de Luis XIV, cargados de zozobras y de amenazas. Las revelaciones de Margarita Mar\u00eda aparecieron como un medio de salvaci\u00f3n, cuando se cuestionaba el equilibrio de una sociedad y de un r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>La devoci\u00f3n al Sagrado Coraz\u00f3n deb\u00eda convertirse por este mismo hecho en el recurso supremo para los soberanos en exilio o en peligro: los Estuardos, Estanislao Leszczynski, Luis XVI en 1792&#8230; son los aspectos \u00abrelativos\u00bb de esta devoci\u00f3n a la persona de Cristo: se encarna bajo formas variadas seg\u00fan las \u00e9pocas o los medios.<\/p>\n<h2>III \u2013 Sobrenatural y satanismo<\/h2>\n<h3>1\u2013 Las peregrinaciones<\/h3>\n<p>La devoci\u00f3n se manifiesta de ordinario en los marcos permanentes de la vida cristiana, la parroquia o la cofrad\u00eda, en las horas festivas prescritas por los ciclos lit\u00fargicos o con ocasi\u00f3n de la distribuci\u00f3n de los sacramentos. Pero conoce tambi\u00e9n momentos de intensidad o de fervor excepcionales, en particular en las peregrinaciones.<\/p>\n<p>Las peregrinaciones, en el siglo XVII, se beneficiaron de un desarrollo unido a causas muy diversas. Las poblaciones se dirig\u00edan a santuarios privilegiados para hallar en ellos el remedio a los males acarreados por las guerras o las epidemias: es significativo que, con mucha frecuencia, los ritmos de frecuentaci\u00f3n de la peregrinaci\u00f3n siguen exactamente las variaciones en la extensi\u00f3n de la peste. A esta funci\u00f3n tutelar se a\u00f1ade a veces el deseo de afirmarse frente al protestantismo, ya que la peregrinaci\u00f3n constituye la manifestaci\u00f3n t\u00edpica del culto de intercesi\u00f3n. Participa finalmente de este ritualismo tenido en honra por el concilio de Trento: m\u00e1s que todo otro acto de piedad se desarrolla en efecto en formas sabiamente preparadas por la autoridad eclesi\u00e1stica. Existen varios tipos de peregrinaciones[1]. Algunas, las m\u00e1s numerosas, tienen una irradiaci\u00f3n puramente local: los desplazamientos que ocasionan sobrepasan rara vez el d\u00eda. Otras como el Mont-Saint-Michel, Le Puy o V\u00e9zelay tienen una funci\u00f3n nacional y hasta internacional.<\/p>\n<p>Las diferencias sociol\u00f3gicas regulan, al menos en cierto modo, la frecuencia de las peregrinaciones: los\u00a0 santuarios locales atraen sobre todo a las gentes del pueblo, incapaces de emprender viajes largos y costosos; los otros son patrimonio de las clases m\u00e1s acomodadas. Pero estas distinciones no tienen un valor absoluto. Una de las caracter\u00edsticas de las grandes peregrinaciones\u00a0 del siglo XVII es que re\u00fanen a representantes de toda la poblaci\u00f3n, sin distinci\u00f3n de clases, de una ciudad o de una regi\u00f3n. As\u00ed ciudades enteras llegan a implorar el auxilio de Notre-Dame de Liesse: Amiens en 1633, Gisors en 1634, Saint-Quentin en 1636&#8230; Uno de los ejemplos m\u00e1s significativos de semejante manifestaci\u00f3n colectiva lo ofrece la peregrinaci\u00f3n de la ciudad de Nancy, en 1642, a Notre-Dame de Beno\u00eete-Vaux. Este santuario mariano, vecino de Souilly, en un vallecito afluente del Mosa, hab\u00eda adquirido una reputaci\u00f3n tanto mayor porque la estatua de la Se\u00f1ora que all\u00ed se veneraba desde hac\u00eda siglos era tenida por protectora de las incursiones de los herejes Croatas y Suecos. All\u00ed llegaban ciudades constituidas en corporaci\u00f3n. Despu\u00e9s del terrible invierno de 1641-1642, mediante deliberaci\u00f3n municipal del l7 de abril, la ciudad de Nancy decidi\u00f3 ponerse bajo la protecci\u00f3n especial de Notre-Dame de Beno\u00eete-Vaux y organizar una peregrinaci\u00f3n solemne a su santuario. El 6 de mayo se pusieron en camino. La multitud de los peregrinos, en n\u00famero de 2000, fue repartida en nueve coros para recordar simb\u00f3licamente los coros de los \u00e1ngeles. El primero agrupaba a los habitantes m\u00e1s pobres y a los criados. El segundo a los diputados de las diferentes corporaciones: eclesi\u00e1sticos, magistrados, representantes de las corporaciones. El tercero a los burgueses m\u00e1s notables de la ciudad. El cuarto a los burgueses de inferior rango. El quinto a los escolares. \u00abLas damas y se\u00f1oritas\u00bb constitu\u00edan el sexto coro. \u00abLas mujeres y las j\u00f3venes\u00bb los tres \u00faltimos. Reunidos por la ma\u00f1ana del 6 de mayo, despu\u00e9s de comulgar, los peregrinos precedidos de la bandera de Beno\u00eete-Vaux con la inscripci\u00f3n Regina pacis, ora pro nobis, se dirigen en procesi\u00f3n hacia Toul luego, por Commercy y Saint-Mihiel, despu\u00e9s de cuatro d\u00edas de marcha, se llega al venerable santuario. El s\u00e1bado 10 de mayo, durante la misa, en el momento de la Elevaci\u00f3n, el presidente de la c\u00e1mara de cuentas de Lorena y prefecto de la congregaci\u00f3n de los burgueses de Nancy, se prosterna con un cirio en la mano y formula una petici\u00f3n de perd\u00f3n por los pecados de todos. Luego, despu\u00e9s de la comuni\u00f3n, pronuncia en nombre de la ciudad de Nancy el acto de consagraci\u00f3n a la Virgen y coloca bajo su protecci\u00f3n los ducados de Lorena y de Bar; la multitud hace suyos estos votos exclamando en voz alta: Amen! Amen!\u00a0 Los d\u00edas siguientes devuelven, por las mismas etapas, a la multitud hasta Nancy[1]. Estos desplazamientos en masa, con ritmos solemnes, sabiamente jerarquizados, no son simples cortejos: son la viva imagen de la ciudad santa rindiendo homenaje al Alt\u00edsimo. Las peregrinaciones no conocen apenas decadencia en el transcurso del siglo, se financian por los piadosos \u00abmedios de publicidad\u00bb: las medallas, las estampas, los libros o incluso con simples hojas impresas. Pero se enriquecen sobre todo con las gracias milagrosas concedidas a los peregrinos.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Milagro y teolog\u00eda del milagro<\/h3>\n<p>El milagro es muy frecuente en el siglo XVII: no es acto excepcional o aislado, sino que se integra en la trama de la civilizaci\u00f3n; los hombres viven en un verdadero \u00abclima milagroso\u00bb. Esta profusi\u00f3n de sobrenatural es, en cierta medida, la consecuencia de las miserias del tiempo: estas generaciones probadas por las guerras, las epidemias, el hambre y los suplicios conocieron sufrimientos apenas tolerables[1] sin disponer de medios humanos para remediarlos. La medicina resultaba a menudo insegura o ineficaz y el \u00fanico recurso de esta poblaci\u00f3n profundamente creyente era la esperanza cristiana. Religi\u00f3n del dolor y religi\u00f3n de la esperanza van a la par: la oraci\u00f3n es el \u00fanico refugio, el \u00fanico auxilio. De ah\u00ed el n\u00famero de los sacrificios, de las novenas, de las peregrinaciones, alimentados por otra parte con el esp\u00edritu del Evangelio y que constituyen otras tantas llamadas al milagro.<\/p>\n<p>De \u00e9ste se espera tambi\u00e9n a veces la justificaci\u00f3n de una causa: el milagro de la Santa Espina que, en 1656, cur\u00f3 s\u00fabitamente de una f\u00edstula lacrimal a la sobrina de Pascal, Margarita Perier, por contacto de una espina de la corona de Cristo, fue tenido por los jansenistas por un auxilio divino y una invitaci\u00f3n a la esperanza, en un momento particularmente sombr\u00edo de su historia. Cuando los solitarios eran dispersados, las escuelas licenciadas, Arnauld amenazado con prisi\u00f3n y obligado a esconderse, un prodigio as\u00ed apareci\u00f3 como una se\u00f1al del cielo, una respuesta de Jesucristo a sus disc\u00edpulos en peligro[1]: \u00abHe aqu\u00ed, escribir\u00e1 Pascal, una reliquia sagrada. He aqu\u00ed una espina de la corona del Salvador del mundo, en la que el pr\u00edncipe de este mundo no tiene poder, que obra milagros por el propio poder de esta sangre derramada por nosotros. Dios mismo escoge esta casa para hacer brillar en ella su poder\u00bb&#8230; El milagro se inscribe as\u00ed como reacci\u00f3n contra una amenaza, conjura un peligro. En el momento de la revuelta camisarda, el Bajo Languedoc conoci\u00f3 una verdadera epidemia \u00abmilagrera\u00bb: se trataba de un fen\u00f3meno p\u00e1nico, que evolucionaba, entre los cat\u00f3licos,\u00a0 con fiebre de cruzada. Su origen y su progresi\u00f3n eran espont\u00e1neos. Era cosa de los fieles, no del magisterio; los obispos de fin de siglo, a menudo marcados de cierto \u00abracionalismo cat\u00f3lico, se esforzaban por contener el movimiento m\u00e1s que por estimularlo.<\/p>\n<p>El milagro no implica la localizaci\u00f3n precisa: puede manifestarse en principio en todo lugar, privado o consagrado. Sin embargo va unido de forma habitual a la peregrinaci\u00f3n, ya que \u00e9sta representa una de las formas m\u00e1s perfectas de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n. Por otro lado, el santuario de peregrinaci\u00f3n posee este capital inagotable de gracias que constituyen sus reliquias: por ello las poblaciones las defend\u00edan celosamente y se opon\u00edan a su traslado.<\/p>\n<p>\u00bfSe fundan los milagros en alguna discriminaci\u00f3n social? No lo parece: las cr\u00f3nicas de los santuarios, los registros parroquiales o los documentos oficiales invocan indistintamente el caso de las gentes del pueblo y el de los notables, con esta peque\u00f1a diferencia no obstante que los primeros frecuentan sobre todo las peregrinaciones locales, accediendo los otros con mayor comodidad a los santuarios nacionales o internacionales. Algunos privilegios de orden geogr\u00e1fico pueden entrar en juego tambi\u00e9n: los valles se predisponen al beneficio del milagro, ya que las v\u00edas navegables son recorridas por \u00abcoches de agua\u00bb, capaces de transportar a unas cincuenta personas; este medio de traslado es tanto m\u00e1s apreciado cuanto que los peregrinos son a menudo enfermos o impedidos.<\/p>\n<p>Los males vencidos por el milagro son por lo general los que Cristo cur\u00f3: mudez, ceguera, par\u00e1lisis, epilepsia&#8230; Cada uno se relaciona con mucha frecuencia con el carisma particular de un santo terapeuta[1]. Ahora bien el milagro m\u00e1s \u00abcompleto\u00bb, el m\u00e1s integrado en la teolog\u00eda de los sacramentos y por eso mismo en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, es la resurrecci\u00f3n de los ni\u00f1os nacidos muertos. El caso de estas j\u00f3venes v\u00edctimas desaparecidas privadas de los auxilios \u00faltimos de la Iglesia era dolorosamente sentido por los padres: estos ni\u00f1os no pod\u00edan en efecto acceder al cielo y la existencia de los limbos ense\u00f1ada por los te\u00f3logos parec\u00eda un flaco consuelo[1]; la inhumaci\u00f3n en tierra cristiana les era negada adem\u00e1s. En la mentalidad popular, los cad\u00e1veres de los reci\u00e9n nacidos pasaban por personificar al demonio, ya que estaban privados a la vez de vida f\u00edsica y de vida sobrenatural. De donde esta llamada angustiosa, pero llena de esperanza, dirigida a la Virgen, de quien se cre\u00eda que resucitaba, en algunos de estos santuarios llamados \u00abde tregua\u00bb, a los ni\u00f1os muertos sin bautismo, algunas veces de forma duradera pero lo m\u00e1s frecuente durante los pocos instantes necesarios para conferirles el sacramento. Estos santuarios no faltaban en ninguna regi\u00f3n del reino, pero eran particularmente numerosos en algunas provincias: Picard\u00eda, Franco Condado, Lorena, Borgo\u00f1a; se contaban diecinueve en los l\u00edmites del actual departamento de la C\u00f4te d&#8217;Or y diez en el de Yonne. El ni\u00f1o dado por muerto era colocado por lo general en el altar delante de la estatua de la Virgen. Se tocaba la campana: los fieles aflu\u00edan numerosos y observaban las reacciones del ni\u00f1o; las manifestaciones de vida se produc\u00edan durante la misa, durante la Elevaci\u00f3n o el canto del Ave Maris Stella. Una vez percibidos \u00absignos suficientes de vuelta del alma, a saber latidos del coraz\u00f3n, grandes latidos de cerebro, cambios de color vivo y bien bermejo\u00bb&#8230;, movimientos de los brazos, se cre\u00eda que estas peque\u00f1as criaturas ped\u00edan \u00abser regeneradas a Dios\u00bb. Se administraba inmediatamente el bautismo en sus formas rituales, los asistentes cantaban el Te Deum luego, como ocurr\u00eda casi siempre, el ni\u00f1o \u00abse volv\u00eda a morir\u00bb y se le inhumaba entonces en tierra sagrada.<\/p>\n<p>Estas resurrecciones fueron muy numerosas en el siglo XVII; su n\u00famero vari\u00f3 con todo seg\u00fan los santuarios: solamente durante el a\u00f1o 1691, Nuestra Se\u00f1ora del Monte Carmelo en Borgo\u00f1a habr\u00eda devuelto la vida a once ni\u00f1os; Nuestra Se\u00f1ora de Avioth, en la Lorena del norte, a ciento treinta y cuatro en el transcurso del siglo; Nuestra Se\u00f1ora de Beno\u00eete-Vaux a doce \u2013reconocidos por el clero- entre 1641 y 1658. Los registros parroquiales consignaban a veces tales milagros, pero la Iglesia se pronunciaba raras veces de forma oficial sobre su autenticidad: algunos estatutos sinodales (Besan\u00e7on 1656; Toul, 1658) se alzaron contra los abusos de los bautismos realizados en estas condiciones. Algunos p\u00e1rrocos justificaron esta pr\u00e1ctica por argumentos teol\u00f3gicos; muchos creyeron que no estando verdaderamente muertos los ni\u00f1os, no hab\u00eda milagro, en consecuencia el bautismo no era l\u00edcito. De una manera general, hubo a prop\u00f3sito de estos santuarios de tregua entusiasmo popular y reticencia oficial.<\/p>\n<p>Igual que para los sacramentos, la Iglesia tridentina se esforz\u00f3, con respecto a los milagros, en desterrar todo automatismo espiritual y sobrepasar el estricto ritualismo: para ella, la curaci\u00f3n del cuerpo no se concibe sin elevaci\u00f3n del alma; el prodigio f\u00edsico encuentra siempre \u2013pero cada vez m\u00e1s a medida que se avanza en el siglo-\u00a0 su prolongaci\u00f3n y su justificaci\u00f3n en una \u00abteolog\u00eda del milagro\u00bb. El concilio de Trento, en su vigesimoquinta sesi\u00f3n, hab\u00eda formulado los principios que observar con respecto a los milagros. Muchos concilios provinciales y asambleas sinodales recuerdan estas reglas y las completan con recomendaciones pr\u00e1cticas: sopesar siempre los testimonios, exigir las deposiciones bajo juramento, constituir comisiones competentes de m\u00e9dicos acudiendo no s\u00f3lo a cat\u00f3licos practicantes, sino dado el caso a protestantes y a jud\u00edos, de suerte que se elimine toda tentaci\u00f3n apolog\u00e9tica. Es preciso tambi\u00e9n y sobre todo preparar el alma de los fieles. En un libro publicado en 1630, notable por la amplitud de su informaci\u00f3n y su calidad espiritual, Milagros y gracias de Nuestra Se\u00f1ora del Buensuceso, el Padre Nicol\u00e1s Julet, de los m\u00ednimos, superior de este santuario mariano cercano a Nancy, enumera los numerosos milagros obtenidos por la intercesi\u00f3n de Mar\u00eda; pero recuerda que el mayor milagro reside finalmente en la conversi\u00f3n del pecador. La profusi\u00f3n de las curaciones es vana si no va seguida de la purificaci\u00f3n interior. Esta regla acompa\u00f1a a toda oraci\u00f3n de petici\u00f3n: antes de formularla, se ha de confesar y comulgar; \u00abas\u00ed han de actuar, estima el Padre Julet, aquellos y aquellas que van en peregrinaci\u00f3n, que recurren a los santos para obtener alg\u00fan favor por su intermedio: pues un solo pecado nos priva del fruto de las otras devociones y nos despide de vac\u00edo\u00bb. El milagro se carga as\u00ed de esp\u00edritu b\u00edblico: renueva, gracias al poder de intercesi\u00f3n de la Virgen, los prodigios anunciados por los profetas.<\/p>\n<p>Este esmero de profundizaci\u00f3n interior, ya sensible a principios de siglo, se ampl\u00eda a\u00fan m\u00e1s en los \u00faltimos decenios. En el momento en que la revuelta camisarda atiza entre los cat\u00f3licos del Bas-Languedoc la espera de lo maravilloso, Flechare, obispo de N\u00eemes, manifiesta sus reticencias respecto del milagro fundado en lo irracional, ya que \u00e9ste puede conducir a la \u00ablocura\u00bb o al \u00ablibertinaje\u00bb. El verdadero milagro, recuerda, nace de un \u00abculto religioso y razonable\u00bb, coexiste con la pr\u00e1ctica de los sacramentos de la Iglesia, engendra la devoci\u00f3n y la virtud. A prop\u00f3sito de los prodigios que se multiplican en la Cruz de San Gervasio, alzada en las proximidades\u00a0 de la villa episcopal, escribe en 1707: \u00abLo que hay de verdad y yo considero como verdadero milagro, es el fervor, la veneraci\u00f3n, el silencio,\u00a0 el orden que se observa en estas multitudes\u00bb.<\/p>\n<h3>3 \u2013 La brujer\u00eda<\/h3>\n<p>Esta vitalidad espiritual de formas abundantes halla su r\u00e9plica y su contrapartida en la ola de brujer\u00eda que afecta a toda Francia y tambi\u00e9n a todo el Occidente, pero en grados diversos seg\u00fan las regiones, en los siglos XVI y XVII.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil asignarle causas precisas. \u00ab\u00bfDe d\u00f3nde procede la brujer\u00eda?\u00bb se preguntaba Michelet. \u00abLo digo sin titubear, respond\u00eda \u00e9l, de los tiempos de la desesperaci\u00f3n\u00bb. Varios historiadores, despu\u00e9s de \u00e9l, creyeron poder establecer una relaci\u00f3n estrecha entre miseria y brujer\u00eda. \u00c9sta sin embargo alcanza con frecuencia su apogeo en los periodos de prosperidad, penetra en los medios cultos y acomodados; en cambio, su declive coincide generalmente con el tiempo de las guerras, de las carest\u00edas y de las epidemias. Quiz\u00e1s haya que invocar el conflicto entre una religi\u00f3n sabia, acomodada al concilio de Trento y una fe popular m\u00e1s o menos impregnada de magia. La brujer\u00eda ser\u00eda entonces una de las batallas de ese largo combate por la depuraci\u00f3n de la piedad; y su represi\u00f3n el doloroso desarraigo de las masas campesinas de su cultura ancestral. Semejante explicaci\u00f3n lleva consigo sin duda una parte de verdad, pero no da raz\u00f3n ni de todos los actos de brujer\u00eda ni de los hechos de mentalidad que se relacionan con ellos y muchos de los cuales afectan a medios cultivados, magistratura o clero por ejemplo.<\/p>\n<p>La \u00abgeograf\u00eda\u00bb de la brujer\u00eda es de por s\u00ed bastante reveladora. Se localiza por lo general en las fronteras de las grandes urbanizaciones pol\u00edticas o ideol\u00f3gicas: en un mapa de la brujer\u00eda, la linde lotaringio deja aparecer manchas de una densidad excepcional. \u00abLa brujer\u00eda, escribe Pierre Chaunu, florece en los m\u00e1rgenes\u00bb. Todo frente religioso que separa confesiones diferentes favorece en efecto la sospecha, el proselitismo indiscreto, el fanatismo y por fin la caza de brujas.<\/p>\n<p>Pero es a una causa m\u00e1s profunda a la que va unida la prodigiosa \u00abmarea de satanismo\u00bb que conoce la \u00e9poca moderna en sus principios[1]. Los hombres de este tiempo \u2013cat\u00f3licos y protestantes- estuvieron obsesionados por la idea del demonio personalizado, dotado de un inmenso poder: el \u00abpr\u00edncipe de este mundo\u00bb era capaz, se cre\u00eda, de contrapesar el poder del mismo Dios, explotando la debilidad del hombre y su inclinaci\u00f3n al pecado. Era el \u00abDios del mal\u00bb, servido por un ej\u00e9rcito de esp\u00edritus infernales, como lo es Dios por legiones de \u00e1ngeles. La brujer\u00eda aparece as\u00ed \u00abcomo un cristianismo del rev\u00e9s\u00bb;\u00a0 sus costumbres, sus ense\u00f1anzas y sus ritos est\u00e1n a la inversa de los de la Iglesia: el bautismo tiene por r\u00e9plica la iniciaci\u00f3n sat\u00e1nica; la misa, el sabbat; la pureza, la perversi\u00f3n sexual&#8230; De esta manera se puede afirmar sin paradoja que la creencia en el demonio responde a la fe en Dios. La opini\u00f3n com\u00fan cree entonces en la realidad objetiva del satanismo y los m\u00e1s grandes te\u00f3logos denuncian su existencia. En su Tratado de los energ\u00famenos, B\u00e9rulle expone esta contra-religi\u00f3n: en su voluntad de arruinar el plan de la Encarnaci\u00f3n \u00aben el que nuestra naturaleza est\u00e1 elevada a un grado tan alto de honor\u00bb, Sat\u00e1n, \u00abese mono de Dios se complace en unirse a esta misma naturaleza mediante una posesi\u00f3n que es la sombra y la idea de la posesi\u00f3n singular que Dios ha tomado de nuestra humanidad en Jesucristo\u00bb; por ello mientras que antes del pecado el demonio \u00abse incorpor\u00f3 en la serpiente, ahora se incorpora dentro del hombre\u00bb. \u00c9ste entra as\u00ed en contacto, incluso f\u00edsico, con el \u00abreino de las tinieblas\u00bb. De ah\u00ed resulta un conjunto de males o de pruebas que act\u00faan en el polo opuesto a las gracias y a los favores divinos. Los adeptos de la brujer\u00eda son acusados de participar en\u00a0 las org\u00edas sab\u00e1ticas, de proveerse en ellas \u2013bajo la forma de ung\u00fcentos o de f\u00f3rmulas m\u00e1gicas- de los medios de da\u00f1ar al pr\u00f3jimo, provocando accidentes o enfermedades, haciendo impotentes a los maridos, suscitando epidemias entre el ganado, dando origen a ej\u00e9rcitos de ratones que roen las ra\u00edces del trigo o tambi\u00e9n acumulando nubarrones para condensarlos en granizo y destruir las cosechas. \u00bfC\u00f3mo entraban las brujas en la posesi\u00f3n diab\u00f3lica? Los trabajos de \u00c9tienne Delcambre han permitido distinguir cuatro formas de iniciaci\u00f3n: la tentaci\u00f3n directa o el maligno se revela en persona a su futuro disc\u00edpulo; la tentaci\u00f3n indirecta, en la que interviene por mediaci\u00f3n de otro, por ejemplo de otro brujo; la evocaci\u00f3n, en la que el ne\u00f3fito implora \u00e9l mismo la gracia de Sat\u00e1n; por fin,\u00a0 el conjuro, por el que el diablo es obligado a actuar gracias a las palabras de un ritual m\u00e1gico. La primera forma \u2013la tentaci\u00f3n directa- es con mucho la m\u00e1s extendida: se ense\u00f1a en el G\u00e9nesis y en el Evangelio y responde muy a menudo a las mentalidades religiosas\u00a0 de una sociedad formada por la predicaci\u00f3n. En los estudios de brujer\u00eda, se recog\u00edan meticulosamente los indicios menores; a menudo una simple denuncia, incluso an\u00f3nima, bastaba para provocar el arresto. La sospechosa \u2013nueve de cada diez de los procesos por brujer\u00eda ata\u00f1en en efecto a mujeres- era arrestada, encarcelada, interrogada y torturada de forma tan atroz que casi siempre se produc\u00eda la confesi\u00f3n. Obtenidas estas confesiones,\u00a0 se pronunciaba la sentencia y se pon\u00eda en ejecuci\u00f3n inmediatamente.<\/p>\n<p>La brujer\u00eda caus\u00f3 en Francia estragos cuyo c\u00e1lculo sigue todav\u00eda incierto. Su apogeo se sit\u00faa a finales del siglo XVII y primeros decenios del XVIII. Despu\u00e9s de 1650, se manifiesta de forma m\u00e1s epis\u00f3dica: el edicto de Colbert de 1682 proh\u00edbe a las cortes y tribunales detener la acusaci\u00f3n de brujer\u00eda sab\u00e1tica. Comenzaba la decadencia del satanismo.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n devocionario de la edad cl\u00e1sica aparece pues en gran parte tributaria\u00a0 de la Iglesia regular: las cofrad\u00edas est\u00e1n a menudo dirigidas y las peregrinaciones animadas por \u00f3rdenes o congregaciones presbiterales que les comunican su esp\u00edritu\u00a0 o su tonalidad espiritual. Tales devociones se nutren a veces de una herencia de creencias antiguas: se ve por ejemplo en la persistencia de antiguos cultos agrarios o en la represi\u00f3n sangrienta de la brujer\u00eda. Pero reciben su originalidad b\u00e1sica del soplo beruliano que renueva los cultos de intercesi\u00f3n presentando como ideal a los creyentes la conformidad con los estados de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Las devociones conservan su vitalidad de irradiaci\u00f3n a lo largo del siglo, pero al llegar la Ilustraci\u00f3n conocen cierto descr\u00e9dito que se explica por diversas causas: el desdoro generalizado de los valores sobrenaturales, el empuje de un racionalismo de origen cartesiano, la ausencia de esp\u00edritu cr\u00edtico en la producci\u00f3n hagiogr\u00e1fica, el despliegue de una sensibilidad desbordante rayana a veces con la afectaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n devocionario de la \u00e9poca cl\u00e1sica aparece pues en gran parte como tributaria de la Iglesia regular: las cofrad\u00edas est\u00e1n dirigidas con frecuencia y las peregrinaciones animadas por \u00f3rdenes o congregaciones presbiterales que les comunican su esp\u00edritu y su tonalidad espiritual.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo XII: Las devociones colectivas Se ha de entender por devociones colectivas formas de piedad que se exteriorizan aparte de las celebraciones lit\u00fargicas o de la administraci\u00f3n de los sacramentos: se manifiestan habitualmente en las &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-12\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":61580,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[17],"tags":[224,161,160,140],"class_list":["post-9746","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-en-tiempos-de-vicente-de-paul","tag-berulle","tag-etienne","tag-nimes","tag-san-sulpicio"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\\\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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