{"id":9727,"date":"2015-06-11T04:21:36","date_gmt":"2015-06-11T02:21:36","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/08\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-7\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:10","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:10","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-07","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-07\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 07"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo VII: La pastoral caritativa<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>Las obras caritativas y hospitalarias no son extra\u00f1as a la pastoral, se integran en ella estrechamente y como org\u00e1nicamente. La Iglesia cat\u00f3lica no separa en efecto la acci\u00f3n bienhechora del conocimiento ya que, a sus ojos, la caridad se expresa primordialmente en el servicio al pr\u00f3jimo. Esta noci\u00f3n se impon\u00eda con tanta mayor fuerza por ser contestado el valor de las obras por el protestantismo: se presentan as\u00ed no s\u00f3lo como un medio\u00a0 de auxilio pasajero sino como una afirmaci\u00f3n apolog\u00e9tica. A esta raz\u00f3n de principio se a\u00f1ad\u00eda otra, m\u00e1s pragm\u00e1tica.\u00a0 El siglo XVII ha sido, sobre todo despu\u00e9s de 1630, un tiempo de miseria: los hombres de Iglesia \u2013obispos, p\u00e1rrocos, superiores de monasterios o de congregaciones- han estimado la generalizaci\u00f3n de estos sufrimientos, f\u00edsicos y morales,\u00a0 inconciliables con la vida cristiana.<\/p>\n<p>La vida de san Vicente de Pa\u00fal ilustra de forma particularmente elocuente esta complementariedad de las obras y del conocimiento. De salida, el Sr. Vicente hab\u00eda asignado a su apostolado tres fines esenciales, los mismos de la Reforma cat\u00f3lica: la buena elecci\u00f3n de los obispos, la formaci\u00f3n de los sacerdotes, la predicaci\u00f3n del pueblo cristiano. Hab\u00eda fundado en este esp\u00edritu la congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, pero las circunstancias le llevaron poco a poco, y casi a su pesar, hacia las obras de caridad a las que sigue unido su nombre. Para venir en ayuda del pobre conven\u00eda discernir primeramente lo que era la pobreza en su naturaleza profunda: \u00bfsimple fracaso social? \u00bfestricto producto de mecanismos econ\u00f3micos? \u00bfo era espiritual privilegiado?<\/p>\n<h2>I. Un nuevo concepto de la pobreza<\/h2>\n<h3>1<em> \u2013 El pobre, imagen de Jesucristo<\/em><\/h3>\n<p>Antes del siglo XVII, la pobreza no se defin\u00eda por simples criterios econ\u00f3micos; en el sentido m\u00e1s amplio del t\u00e9rmino \u00abes el que sufre, quien se encuentra en la desgracia, el que es humilde, afligido\u00bb. No basta pues con apegarse a un cierto nivel de rentas para discernir la pobreza. En su <em>Tratado de la pobreza evang\u00e9lica, <\/em>publicado en 1634, el obispo de Belley, Jean-Pierre Camus, adelanta esta definici\u00f3n: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es pues la pobreza? Es, dicen algunos,\u00a0 la escasez o la necesidad de las cosas requeridas para vivir c\u00f3modamente es decir sin trabajar. Otros, una privaci\u00f3n de las cosas, derechos y acciones temporales necesarios para el uso de la vida humana. De donde podemos deducir que aqu\u00e9l solo es verdaderamente pobre que no tiene otro medio de vivir que su trabajo \u00a0o industria sea del esp\u00edritu sea del cuerpo\u00bb. As\u00ed son tenidos por pobres los que corren simplemente el riesgo de serlo; concepto revelador de la inestabilidad\u00a0 de toda condici\u00f3n en el mundo de la econom\u00eda. El pobre por excelencia, el m\u00e1s digno de ser socorrido, era as\u00ed \u00abel pobre vergonzante\u00bb, ca\u00eddo de una situaci\u00f3n honrada, objeto de la consideraci\u00f3n un\u00e1nime, tale como el tendero o el hombre de asuntos arruinados y que no tiene el recurso de trabajar con sus manos, ya que los principios de su modo de origen se lo proh\u00edben. Pero por debajo de esta categor\u00eda superior que constituye la nobleza de la indigencia, existe todo un degradado social de la pobreza: los enfermos, los ancianos, las viudas, los jornaleros en paro, las prostitutas\u2026 , a ello se a\u00f1ad\u00eda el \u00abnomadismo de la miseria\u00bb, es decir los vagabundos alejados de su lugar de residencia por la necesidad, por alguna fechor\u00eda, a veces por una oposici\u00f3n pol\u00edtica o religiosa, los bohemios, los soldados desmovilizados, y sobre todo las masas populares campesinas a las que las guerras inacabables , las epidemias y el hambre arrojaron a los caminos. Esta inestabilidad hac\u00eda del pobre un sospechoso: ya en la Alta Edad Media se hab\u00eda visto en la pobreza una se\u00f1al de castigo m\u00e1s que de elecci\u00f3n. En el siglo XVII, este sentimiento subsiste y se refuerza; en una sociedad jerarquizada fundada en gran parte sobre los lazos de clientela, el n\u00f3mada, el hombre sin \u00abestado\u00bb, el mendigo o el vagabundo y de un modo general el marginado aparecen como anomal\u00edas: su ausencia de condici\u00f3n jur\u00eddica hacen de ellos peligros permanentes. Estos peligros no eran por otra parte ilusorios: muchos pobres se hac\u00edan culpables de una multitud de delitos rurales o guardabosques menores; pero sobre todo eran los actores habituales de las \u00abemociones populares\u00bb suscitadas por el desempleo, por el peso de la fiscalidad y m\u00e1s habitualmente todav\u00eda por el hambre esta agitaci\u00f3n de los pordioseros se observa en todo el pa\u00eds, pero en particular en las ciudades textiles m\u00e1s sensibles a las variaciones de la conjetura econ\u00f3mica y sujetas\u00a0 por eso mismo a un paro end\u00e9mico. En Beauvais donde la f\u00e1brica de tejidos y de sargas ocupaba una mano de obra considerable, la mala venta y los ceses de trabajos golpeaban peri\u00f3dicamente a los obreros y los obligaban a la mendicidad; estos mendigos se distribu\u00edan por las calles, sitiaban las puertas de la ciudad y de las casas, perturbaban la marcha de las oficinas, interpelaban\u00a0 a los predicadores, \u00a0exhib\u00edan una inmoralidad provocativa. La situaci\u00f3n fue particularmente grave 1652,\u00a0 a\u00f1o de malas cosechas, marcado por las luchas intestinas de la Fronda: cercado Par\u00eds por las tropas reales, el comercio se paraliz\u00f3, la escasez se agrav\u00f3 y con ella la fiebre revolucionaria. Lyon conoci\u00f3 tambi\u00e9n en diferentes ocasiones \u2013en 1693, en 1709- \u00abrevueltas frumentarias\u00bb en curso de las cuales el pueblo bajo hambriento saque\u00f3 los dep\u00f3sitos y los convoyes. A los ojos de los posesores, el pobre, \u00abfundido en entre \u00abpopulacho\u00bb, era una amenaza constante para el orden social.<\/p>\n<p>Pero al mismo tiempo que recuerdo del pecado, la pobreza es promesa de redenci\u00f3n, ya que ella es, por excelencia y en el sentido beruliano del t\u00e9rmino, un \u00abestado\u00bb de Jes\u00fas que ha querido\u00a0 nacer, vivir y morir lejos de las riquezas del mundo. el pobre aparece as\u00ed como la figura de Cristo: te\u00f3logos, moralistas artistas incluso desarrollan\u00a0 este tema a porf\u00eda. Hacia 1650, el oficial de Beauvais Godofredo Hermant, traza el itinerario de b\u00fasqueda de los cristianos en busca de Dios: \u00abDescubren, dice \u00e9l, el rostro de su Salvador a trav\u00e9s de los m\u00e1s viles harapos de que est\u00e1n cubiertos los pobres. Los ojos de la fe les hacen ver en todos los instantes este gran misterio y esta maravillosa transfiguraci\u00f3n de la gloria y de la majestad del Salvador, en indigencia e ignominia de sus miembros\u2026\u00bb. Los pintores m\u00e1s representativos de la espiritualidad cat\u00f3lica expresan en las gamas pl\u00e1sticas una ense\u00f1anza parecida: Louis de Nain, se ha advertido con finura, mezcla\u00a0 \u00edntimamente en sus telas la imagen realista de una campesina pobre y la evocaci\u00f3n de Cristo bajo\u00a0 las especies eucar\u00edsticas, como para subrayar\u00a0 la igual necesidad en el hombre\u00a0 del pan terrestre y del \u00abpan de vida\u00bb. Dar a los pobres es dar a Dios mismo: tambi\u00e9n la limosna, mucho m\u00e1s que un gesto banal de solidaridad es una virtud esencial a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un ideal semejante no ha sido privilegio exclusivo de ninguna familia religiosa: se lo encuentra indiferentemente en los jesuitas, los franciscanos sulpicianos, en el clero parroquial, hasta en los laicos. Pero en ninguna parte quiz\u00e1s ha sido cultivado con m\u00e1s fuerza el amor de la pobreza que en el monasterio de Port-Royal: para los primeros dirigentes de la comunidad, fue el fundamento de toda espiritualidad verdadera, la piedra angular de todas las virtudes o, seg\u00fan\u00a0 la palabra de Saint Cyran, el \u00abprimer eslab\u00f3n\u00bb sin el cual\u00a0 \u00abesta escala divina se deshace y se pierde\u00bb. Por eso, de todas las oraciones, la mejor, estimaba \u00e9l, , era la \u00aboraci\u00f3n del pobre\u00bb: consiste en exponer sus llagas a Dios, como los verdaderos pobres que se expresan m\u00e1s desvelando su miseria a los ojos de los transe\u00fantes m\u00e1s bien que importun\u00e1ndolos con\u00a0 peticiones y discursos. Santamente vivida, la pobreza se convierte as\u00ed en la v\u00eda real de la salvaci\u00f3n. Dios dice al rico: \u00abyo te fuerzo a entrar en el Para\u00edso; y al pobre:\u00a0 yo te llamo y te invito a \u00e9l\u00bb. Estas consideraciones no se quedaban en teor\u00eda encontraban una aplicaci\u00f3n estricta en el mismo Port-Royal donde el voto de pobreza mon\u00e1stica era observado con un rigor absoluto. Estaba prohibido a las monjas recibir de sus padres o amigos un vestido, un suplemento de alimentaci\u00f3n o la menor suma de dinero. El desprendimiento \u00a0era as\u00ed la regla de oro y cada a\u00f1o, por Pascua,\u00a0 se celebraba en el monasterio la ceremonia de excomuni\u00f3n \u00a0de los propietarios. A sus dirigidos, los confesores de la comunidad impon\u00edan la restituci\u00f3n de los bienes\u00a0 supuestamente mal adquiridos. Racine refiere que durante su retiro en las puertas de la abad\u00eda de los Campos, la Sra. de Longueville, no hac\u00eda tanto hero\u00edna de la Fronda, empleaba una parte de sus jornadas a dirigir por toda suerte de lugares, en especial en Champa\u00f1a, regalos destinados, por orden de su director el Sr. Singlin,\u00a0 a indemnizar a las provincias v\u00edctimas \u00abde estragos de los que ella hab\u00eda sido, dec\u00eda \u00e9l, c\u00f3mplice y hasta inspiradora\u00bb. El obispo de Alet, Nicolas Pavillon, amigo de Port-Royal, impon\u00eda las mismas obligaciones al pr\u00edncipe de Conti; en 1662, la princesa tuvo que vender hasta 60.000 libras de alhajas para los pobres. Estas \u00abrestituciones\u00bb favorec\u00edan una redistribuci\u00f3n\u00a0 de las riquezas, pero establec\u00edan sobre todo un \u00abcircuito espiritual\u00bb entre las condiciones sociales.<\/p>\n<p>Tales iniciativas dependen no obstante en primer lugar de una ascesis personal m\u00e1s que de una voluntad de mutaci\u00f3n colectiva Nuevos horizontes se deb\u00edan descubrir con el desbordamiento de las miserias del siglo.<\/p>\n<h3>2 \u2013El tiempo de las miserias<\/h3>\n<p>Son de muchos \u00f3rdenes y consecuencias ya de\u00a0 de la guerra de los Treinta a\u00f1os ya de la Fronda. La primera fue sin duda la m\u00e1s horrible que conocieron los tiempos modernos. Los ej\u00e9rcitos estaban formados de mercenarios que viv\u00edan en el pa\u00eds, amigo o enemigo, con tanto menos escr\u00fapulo cuanto que los gobiernos eran incapaces de pagarles el sueldo. Pillajes y excesos afectan en primer lugar a los teatros de operaciones \u2013Lorena, Tres Obispados, Picard\u00eda, Champa\u00f1a, Bourgogne- pero tambi\u00e9n las regiones de paso o de estacionamiento como el Languedoc.A los desastres de la guerra propiamente dicha se a\u00f1ad\u00edan los de la Fronda1,que tuvo por efecto paralizar el gobierno y multiplicar al infinito los peque\u00f1os conflictos sociales; bandas de aventureros se abat\u00edan\u00a0 sobre la regi\u00f3n, la devastaban y empleaban la tortura para obligar a los habitantes\u00a0 a revelar el secreto de su escondite: los colgaban con la cabeza hacia abajo o les quemaban la planta de los pies. Estos saqueos eran m\u00e1s graves por afectar con frecuencia\u00a0 a regiones de mediana calidad agr\u00edcola, ignorando los fertilizantes, abandonando la tierra al barbecho un a\u00f1o de cada dos o cada tres, no disponiendo m\u00e1s que de una escasa aparcer\u00eda. La capacidad productiva del suelo tan d\u00e9bil que se viv\u00eda casi siempre en estado de infra alimentaci\u00f3n bajo la amenaza continua del hambre. Cada incursi\u00f3n de tropa se transformaba as\u00ed en desastre y la precariedad de los medios de trasporte imped\u00eda llevar un remedio eficaz. Combates, hambres, epidemias se extendieron de esta forma a la mayor parte de las provincias; los c\u00e9lebres grabados de Jacques Callot han dejado el testimonio de estas miserias que no fueron ni excepcionales ni estrechamente localizadas en algunas regiones. Por todas partes se\u00a0 notan escenas de horror; en los campos la gente se alimenta de hierba, de corteza de \u00e1rbol, de paja picada con tierra, de cad\u00e1veres de perros y de gatos. Los rasgos de canibalismo se multiplican. Madres mataron a sus hijos para devorarlos. Gilles Drouin, abate de Saint-Pierremont, a algunas leguas al sur de Lun\u00e9ville, ha consignado en sus Memorias los episodios m\u00e1s sombr\u00edos de estos a\u00f1os tr\u00e1gicos:<\/p>\n<p>\u00abHe visto, escribe, durante el invierno de 1637, a una mujer colgada, cerca de Ch\u00e2teau.Salins, que hab\u00eda matado a una peque\u00f1a para com\u00e9rsela, y hab\u00eda salado su carne en una tina, y fue descubierta\u2026he visto muchas veces, cerca de las ciudades, que hab\u00edan sacado afuera animales muertos, a los pobres alrededor, como perros y lobos, cortando en estos cuerpos muertos y llev\u00e1ndose cada uno su trozo. Otros han comido ca\u00f1am\u00f3n asado y otros pan de ca\u00f1am\u00f3n. Siendo tales estos extremos, no o\u00edamos m\u00e1s que\u00a0 a pobres a nuestra puerta pidiendo un trozo de pan y, por caridad, est\u00e1bamos obligados a dar lo poco que ten\u00edamos\u00bb.<\/p>\n<p>Estas miserias afectaban sobre todo al campesinado y era pr\u00e1cticamente imposible ponerles remedio ya que, para sostener sus empresas guerreras, Richelieu y Mazarino tuvieron que pedir un enorme esfuerzo financiero; bajo el reinado de Luis XIII, la subida del impuesto, principal impuesto directo pas\u00f3 de 17 a 48 millones a los que se a\u00f1ad\u00edan los suplementos ocasionales. De ah\u00ed las frecuentes insurrecciones de este pueblo hambriento y arruinado: los Paletos en Limusin, los Descalzos en Normand\u00eda asolaron la regi\u00f3n\u00a0 y dieron muerte a los colectores del impuesto. De ah\u00ed tambi\u00e9n una despoblaci\u00f3n masiva consecuencia del hambre y de las epidemias: la mortandad infantil alcanz\u00f3 el 50%; en las clases populares, la edad media de la vida cay\u00f3 a veinticinco a\u00f1os, y en casos a veinte.<\/p>\n<p>Condiciones de existencia as\u00ed tuvieron repercusiones en la psicolog\u00eda religiosa. Explican la inestabilidad del estado afectivo y sus m\u00faltiples oscilaciones: la menor esperanza exalta las imaginaciones, una decepci\u00f3n banal abate las voluntades. Por eso un humanismo latente sostenido por la esperanza de una mejora pr\u00f3xima; profetas locales hacen pasar as\u00ed a familias y o a pueblos enteros del catolicismo al protestantismo y a la inversa. Por eso tambi\u00e9n la proliferaci\u00f3n del diabolismo y de los fen\u00f3menos de imaginaci\u00f3n m\u00f3rbida, reflejo de un quebrantamiento de la conciencia colectiva aparente en ciertas l\u00e1minas de Callot1. A la misma psicosis se debe la proliferaci\u00f3n de los milagros, signos de una transposici\u00f3n de la esperanza en una sociedad abrumada por males ineludibles. De un modo general se difunde el gusto de lo ins\u00f3lito, de lo maravilloso, de la exuberancia afectiva, rasgos caracter\u00edsticos de los tiempos de desgracia. Por las mismas v\u00edas se insin\u00faan en los esp\u00edritus los fantasmas de los que presenta el Journal de dom Casien Bigot, prior del priorato benedictino de Longeville al Norte de Lorena, el conmovedor testimonio:<\/p>\n<p>\u00abUna cuarta plaga apareci\u00f3 en el mundo, escribe en 1654, los lobos que se arrojan furiosamente sobre las personas y las devoran. Lo que se ha visto por la parte del Barrois, donde se dice que son duendes, que son los brujos o magos transformados en lobos. Y como prueba, uno de ellos habi\u00e9ndose querido arrojar sobre una joven, un hombre fuerte y forzudo corriendo detr\u00e1s con el hacha para matarlo, este lobo volvi\u00e9ndose a \u00e9l diciendo que no le pegara, de otra forma lo pasar\u00eda mal; entonces muy sorprendido le dej\u00f3. Se quejan de los mismos animales por la parte de Vitry.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abMuchos almanaques nos amenazaban con un eclipse de sol el 12 de agosto que deb\u00eda ser terrible y su duraci\u00f3n de tres horas. Es verdad que se present\u00f3 en dos lugares con una oscuridad extraordinaria. Hacia las siete y media, el sol qued\u00f3 eclipsado casi del todo. Un astr\u00f3logo de Alemania aseguraba que en Par\u00eds y alrededores deb\u00eda aparecer con horror y que deb\u00eda producir muy malos efectos y muy extraordinarios; el tiempo nos lo dir\u00e1\u00bb.<\/p>\n<h3>3 \u2013El sentido de la acci\u00f3n social<\/h3>\n<p>Tales ritmos emotivos no obran solamente sobre los estados del alma individuales, orientan los \u00edmpetus\u00a0 espirituales hacia una pastoral colectiva, ya que la caridad responde en adelante a una necesidad: ideal de santidad, la pobreza se convierte por a\u00f1adidura en un problema social urgente; m\u00e1s exactamente, se adquiere el h\u00e1bito de asociar en un conjunto complementario la profundidad individual y la caridad activa. Ayunos y austeridades contin\u00faan siendo dictadas por principios morales, pero lo son tambi\u00e9n por el deseo de realizar un ahorro en todo: la mesa, La ropa, los viajes, el decoro de la vida. La incidencia econ\u00f3mica sobre estos comportamientos estuvo lejos de ser despreciable; cantidad de pobres fueron colocados a trabajar, por un salario decente. La abad\u00eda de Port-Royal dio el ejemplo: grandes servicios sociales \u2013medicina, hospitalizaci\u00f3n, represi\u00f3n del bandidaje\u2026-fueron puestos a disposici\u00f3n de la vecindad. La iglesia se hizo lugar de refugio para los hombres, establo para los animales, granero para los granos. Todos los recursos fueron distribuidos. En su Compendio de la historia de Port-Royal, Racine ha evocado los efectos de esta obra de asistencia:<\/p>\n<p>\u00abNo es cre\u00edble, escribe, cu\u00e1ntas familias, en Par\u00eds como en el campo, subsist\u00edan por las caridades de una y otra casa les hac\u00edan. La de los Campos ha tenido durate mucho tiempo a un m\u00e9dico y a un cirujana que apenas ten\u00edan otra ocupaci\u00f3n que tratar a los pobres enfermos de los alrededores ir a todos los pueblos para llevarles los remedios y dem\u00e1s alivios necesarios; y cuando este monasterio se vio sin condiciones de sostener\u00a0 ni a m\u00e9dico ni a cirujano, las religiosas no dejaban de suministrar los mismos remedios. Existe dentro del convento una especie de enfermer\u00eda en la que\u00a0 las pobres mujeres de la vecindad son curadas y tratadas por hermanas, con atuendo propio de este empleo y que se desenvuelven con un dominio y una caridad incre\u00edbles\u00bb.<\/p>\n<p>De Par\u00eds, esta acci\u00f3n caritativa\u00a0 se extendi\u00f3 a la provincia: sus animadores fueron, en su origen,\u00a0 representantes de la alta clase de magistrados, como Jean Le Nain2, Charles Maignart de Berni\u00e8res o Guillon du Gu\u00e9 de Bagnols; las obras se convirtieron en uno de los terrenos de encuentro entre parlamentarios y jansenistas. De esta cooperaci\u00f3n deb\u00edan nacer\u00a0 en el ejercicio de la asistencia\u00a0 caracteres nuevos. Primero una ruptura de los cuadros tradicionales: la caridad se ejerc\u00eda hasta entonces en el seno de un oficio, de una cofrad\u00eda o de una parroquia o de una di\u00f3cesis. Estas barreras cayeron: todos incluidos los pecadores p\u00fablicos, fueron admitidos\u00a0 en el beneficio de la beneficencia. Esta voluntad de unanimidad se impuso primeramente por necesidades de hecho: cuando los pobres talonados por la soldadesca, e amontonaban en las puertas de las iglesias o de los conventos, no pod\u00eda tratarse de establecer\u00a0 entre ellos alguna distinci\u00f3n de origen o de calidad. Muy pronto el hecho fue erigido en principio:<\/p>\n<p>\u00abTodos los cristianos en general, escribe Arnauld, est\u00e1n obligados a alimentar a todos los pobres que est\u00e1n entre ellos. Pero cada cristiano en particular no est\u00e1 encargado de asistirlos a todos; cosa que ser\u00eda imposible; es preciso que estos pobres est\u00e9n repartidos de alguna manera entre los ricos1 con el fin de que ninguno se quede sin asistencia.\u00bb<\/p>\n<p>Otra consecuencia de la miseria generalizada fue la puesta en servicio de los pobres del diario y de la publicidad. Carlos Maignart de B\u00e9zi\u00e8res cre\u00f3 con esta intenci\u00f3n las Relaciones, especie de peri\u00f3dico con m\u00e1s de 4.000 de tirada que daba el cuadro del estado de la miseria de cada provincia, suscitando la limosna, dando direcciones \u00fatiles. El resultado se tradujo en un prodigioso desarrollo\u00a0 del esp\u00edritu de emulaci\u00f3n con aumento de la limosna: las se\u00f1oras de la alta sociedad se deshicieron de sus pedrer\u00edas y de su vajilla de plata para satisfacer sus deberes de cristiana. La reina madre misma hizo donaci\u00f3n de sus pendientes que fueron vendidos por 16.000 libras. La publicaci\u00f3n de las Relaciones se prosigui\u00f3 de septiembre de 1650 a diciembre de 1655, es decir en los a\u00f1os m\u00e1s dram\u00e1ticos de la guerra; la exposici\u00f3n de las noticias iba acompa\u00f1ada de consejos religiosos propuestos a los fieles como recate de sus pecados por la limosna y la recomendaci\u00f3n de caridad pr\u00e1ctica. Dirigi\u00e9ndose en particular a los se\u00f1ores de las parroquias m\u00e1s probadas les animaban a entenderse con los p\u00e1rrocos para dar trabajo a los h\u00e1biles y para orientar a los dem\u00e1s hacia las cofrad\u00edas hospitalarias; entraban incluso en los detalles de las recetas culinarias m\u00e1s econ\u00f3micas para la alimentaci\u00f3n de los pobres. al mismo tiempo se publicaban por obispos, sacerdotes, a veces por simples laicos, obras que trataban de la necesidad de la limosna: uno de los m\u00e1s importantes fue, en 1652, la Exhortaci\u00f3n a los parisienses sobre los socorros de los pobres\u2026 de Antoine Godeau, obispo de Vance. Esta producci\u00f3n escrita no era simple propaganda: invitando a los fieles a superar el impulso de la espiritualidad individual para comprometerse en una participaci\u00f3n colectiva, creaba una toma de conciencia nacional \u2013t\u00edmida pero real- del problema social de la pobreza y de los remedios que aportar. Cambi\u00f3 las mentalidades, pero dio tambi\u00e9n un vigor crecido a las instituciones caritativas.<\/p>\n<h2>II. Las instituciones hospitalarias<\/h2>\n<h3>1 -Las fundaciones de hospitales<\/h3>\n<p>La expansi\u00f3n del protestantismo y las luchas religiosas que la hab\u00edan acompa\u00f1ado hab\u00edan perjudicado gravemente a los hospitales; en ciertos pa\u00edses germ\u00e1nicos y en Inglaterra, sus propiedades y sus recursos, considerados como bienes de la Iglesia, hab\u00edan sido confiscados. Tambi\u00e9n el concilio de Trento, recordando la necesidad de las obras hab\u00eda renovado la imperiosa obligaci\u00f3n para todo cristiano de cuidar de los obres y de los enfermos (sesi\u00f3n 23); los obispos en particular ten\u00edan el deber de visitar los hospitales, vigilar a sus administradores y velar por su estricta gesti\u00f3n. La aplicaci\u00f3n de estos decretos, estorbada tras el concilio por las guerras de religi\u00f3n, no comenz\u00f3 de hecha hasta principios del siglo XVII bajo el impulso de personalidades privadas, pero sobre todo de los soberanos. Por letras patentes de 1602, Enrique VIV cre\u00f3 en el barrio de Saint-Germain el hospital de la Caridad. En 1606, estableci\u00f3 una \u00abc\u00e1mara de la Caridad cristiana\u00bb, cuyo fin era proceder a la \u00abreforma general\u00bb de los hospitales y verificar su contabilidad. En la misma fecha fue instituido el primer hospital militar, despu\u00e9s al a\u00f1o siguiente, el hospital de la Piedad (1612), el hospital de los Convalecientes (1631), el hospital de los Incurables (1634) \u2013convertido en 1878 en hospital La\u00ebnnec-. Bajo Luis XIV: el hospicio del Santo Nombre de Jes\u00fas, fundado en 1653 por la iniciativa de San Vicente de Pa\u00fal; en 1656, el Hospital general que agrupaba la Salp\u00e9tri\u00e8re, Bic\u00eatre, la casa Escipi\u00f3n, es destinado a recibir no solamente a los enfermos, sino a mendigos y ni\u00f1os abandonados. Fue el edificio m\u00e1s vasta de este g\u00e9nero en Europa; recogi\u00f3 hasta diez mil pobres y, seg\u00fan una declaraci\u00f3n del parlamento de 1663, en cinco a\u00f1os \u00aba m\u00e1s de sesenta mil pobres han hallado en el Hosp\u00ectal general, alimentaci\u00f3n, ropas, medicamentos\u00bb. En 1674, el rey hab\u00eda mandado construir el hotel de los Inv\u00e1lidos para los soldados heridos<\/p>\n<p>Estas creaciones no se limitan a la capital: por orden de Luis XIV, un hospital general deb\u00eda, seg\u00fan\u00a0 el modelo parisiense, ser creado en cada ciudad de provincia1: en realidad las guerras y las dificultades interiores limitaron esta generalizaci\u00f3n.<\/p>\n<h3>2 \u2013 El \u00abencierro\u00bb<\/h3>\n<p>El rasgo m\u00e1s original en estas fundaciones de hospitales es que a los cuidados de los enfermos se asocia cada vez m\u00e1s la lucha contra una mendicidad convertida, con la Fronda, las guerras y las movilizaciones\u00a0 sucesivas, en una verdadera plaga social. Como se pensaba que las causas fundamentales eran la pereza y la ociosidad, se asign\u00f3\u00a0 como fin dar un oficio a los mendigos: los m\u00e1s frecuente participaban en la industria textil donde la necesidad de mano de obra era lo m\u00e1s urgente; en la segunda mitad del siglo ser\u00e1n asociados a los trabajos de las manufacturas desarrolladas bajo el impulso de Colbert. Se encuentra aqu\u00ed el ejemplo de un problema econ\u00f3mico \u2013la necesidad de una producci\u00f3n a buen precio- unido a la soluci\u00f3n de un problema social \u2013la mendicidad- y a la de un problema moral ya que, a los ojos del ministro, la mendicidad nac\u00eda necesariamente de la holgazaner\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>La instituci\u00f3n de los Hospitales generales marca una etapa en la historia de la caridad: con estos establecimientos teniendo algo de monasterio, de taller, a veces de prisi\u00f3n, la asistencia colectiva regida por el Estado tend\u00eda a suplantar la iniciativa individual y el gesto fraterno; el pobre perd\u00eda una parte de su significado espiritual en beneficio de la pobreza, drama social1 El principio del hospital general conduc\u00eda pues necesariamente a<\/p>\n<p>Lo que se llamaba entonces el \u00abencierro\u00bb, es decir el enclaustramiento de los desdichados. La instituci\u00f3n estaba en v\u00edas de desarrollo en Francia a mediados del siglo XVII; la monarqu\u00eda, sostenida adem\u00e1s por la opini\u00f3n la favorec\u00eda y la practicaba ella misma sistem\u00e1ticamente2 \u00bfQu\u00e9 significado profundo reviste el encierro: progreso humanitario o reacci\u00f3n defensiva de provistos? Los historiadores de la escuela positivista han puesto enseguida el acento en el miedo de dos poseedores ante la tropa err\u00e1tica\u00a0 y con frecuencia turbulenta de los mendigos, amenaza constante para el orden establecido: el miedo instintivo o consciente habr\u00eda sugerido la soluci\u00f3n radical del encierro. Es probable que una tal obsesi\u00f3n por la amenaza de los hambrientos nunca ha estado ausente del fondo de las conciencias. Godefroi Hermant denuncia con indignaci\u00f3n esta reacci\u00f3n org\u00e1nica casi visceral:<\/p>\n<p>\u00abTodo el mundo, dice, busca sus intereses y no los de Jesucristo, ni de sus m\u00e1s preciosos miembros que son los pobres. Se los considera casi como personas no solamente de otra condici\u00f3n, sino tambi\u00e9n de otra naturaleza. Se apartan los ojos de sus m\u00e1s urgentes necesidades, como de un objeto importuno; y en lugar de verlos como a los que atraen las bendiciones del cielo sobre las ciudades y las provincias enteras, se los tiene con la mayor frecuencia como espectros odiosos que perturban el reposo de los particulares, que interrumpen la alegr\u00eda de las familias opulentas y que arruinan la tranquilidad p\u00fablica\u00bb.<\/p>\n<p>Si el encierro fue admitido por los m\u00e1s grandes espirituales del tiempo y por los gu\u00edas m\u00e1s aut\u00e9nticos de la Reforma cat\u00f3lica. Es que esta soluci\u00f3n era a sus ojos la \u00fanica v\u00eda capaz de conducir a los pobres a la salvaci\u00f3n. En una carta al Padre de Cort, oratoriano, p\u00e1rroco de Saint-Jean de Malines, escrita en abril de 1657, es decir en el momento que acababa de operarse en Par\u00eds un encierro de cinco mil pobres, Arnauld da su impresi\u00f3n sobre esta instituci\u00f3n, mientras se defiende por juzgar sus aspectos t\u00e9cnicos. Procede a sus ojos de una iniciativa caritativa y su verdadera eficacia es menos de orden material que moral; hay que colocar a los pobres en condiciones\u00a0 de virtudes propias para elevarlos, para apartarlos de la corrupci\u00f3n; pero el fin supremo del encierro es la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os:<\/p>\n<p>\u00abEl mayor fruto del encierro de los pobres, escribe es la buena educaci\u00f3n de los ni\u00f1os, el mayor secreto para eso es velarlos sin cesar y sustraerlos mediante esta atenci\u00f3n continua que se les presta a las ocasiones de hacer el mal. Es el \u00fanico medio que hemos encontrado para conservar en la inocencia a algunos ni\u00f1os de condici\u00f3n de quienes la divina Providencia ha querido que nos ocup\u00e1ramos4 por su finalidad, el encierro asimila as\u00ed al pobre con el ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Sus modalidades pr\u00e1cticas\u00a0 estaban adem\u00e1s con frecuencia templadas por acomodaciones humanitarias; en Beauvais por ejemplo, los administradores se defend\u00edan de hacer del hospital una prisi\u00f3n y les confiaban siempre las llaves a un pobre. Por otra parte las formas m\u00e1s individuales y m\u00e1s espont\u00e1neas de asistencia no desaparecieron nunca pues se integraban hondamente en el ideal espiritual del tiempo; la limosna parec\u00eda en efecto, predicadores y moralistas lo recordaban a cual mejor, como una obligaci\u00f3n, era el remedio por excelencia a este \u00abdeseo de amasar\u00bb que ha arruinado a la comunidad de bienes en honor dentro de la iglesia primitiva. El amor del pobre no podr\u00eda pues reducirse a una instituci\u00f3n, ya que su naturaleza profunda le acerca a la misericordia de Dios. Tales ideas inspiran la obra de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h3>3 \u2013La obra caritativa de san Vicente de Pa\u00fal<\/h3>\n<p>Vicente de Pa\u00fal naci\u00f3 en Pouy, cerca de Dax, en 1581, de una familia de campesinos pobres; en su juventud particip\u00f3 en los trabajos agr\u00edcolas, fue vaquero y porquero. Estudi\u00f3 un poco con los franciscanos de Dax, entr\u00f3 en un preceptorado, sigui\u00f3 algunos cursos en la facultad de Toulouse y fue ordenado sacerdote en 1600. La ausencia de beneficio le oblig\u00f3 a llevar durante varios a\u00f1os una vida errante. Hall\u00e1ndose en Marsella y deseando volver a Narbona por mar, fue capturado por piratas, vendido y obligado a permanecer en T\u00fanez al servicio de cuatro amos sucesivos. Logr\u00f3 evadirse en un peque\u00f1o esquife y, de regreso en Francia, fue p\u00e1rroco de\u00a0 de Clichy, pueblo modesto entonces\u00a0 en la regi\u00f3n parisiense. Su encuentro con varios espirituales del tiempo \u2013Francisco de Sales, Pierre de B\u00e9rulle\u2026- le permiti\u00f3 obtener un cargo de capell\u00e1n de la reina Margarita de Valois, primera esposa de Enrique IV, luego de preceptor en la familia de Gondi. No obstante, deseoso de\u00a0 evangelizar a los pobres\u00a0 dej\u00f3 voluntariamente la capital y en 1617 acept\u00f3 la parroquia de Chatillon-des-Dombes. Por poco tiempo: llamado a Par\u00eds algunos meses despu\u00e9s por sus protectores, conscientes de su valor espiritual y de su genio de organizaci\u00f3n, es introducido en los medios de la corte y, gracias al apoyo de Ana de Austria y de Luis XIII, emprende y prosigue hasta su muerte, en 1660, una acci\u00f3n met\u00f3dica para llevar remedio a los males de su tiempo.<\/p>\n<p>Sus iniciativas se manifiestan en primer lugar en una lucha sistem\u00e1tica\u00a0 contra la miseria, que \u00e9l condujo gracias a dos instituciones, las Damas de la caridad y las Hijas de la caridad. Desde la Edad Media los hospitales estaban secundados por \u00abcaridades\u00bb, es decir instituciones locales de beneficencia que, algunas veces, tomaban la forma de \u00abcofrad\u00edas de caridad\u00bb; unas y otras ten\u00edan por finalidad el alivio de todas las miserias f\u00edsicas y morales. Las cofrad\u00edas de Caridad, como por otra parte todas las cofrad\u00edas, eran adem\u00e1s sociedades de auxilio mutuo. Las guerras de religi\u00f3n hab\u00edan perjudicado muy gravemente a estas instituciones. Vicente de Pa\u00fal restaur\u00f3 estas cofrad\u00edas con el nombre de \u00abCompa\u00f1\u00edas de las damas de la Caridad\u00bb. Su acci\u00f3n en este terreno hab\u00eda comenzado en Chatillon, se prosigui\u00f3 ampli\u00e1ndose en Par\u00eds y, de all\u00ed, al conjunto del reino. En la capital, las damas de la Caridad, prodigaron sobre todo sus cuidados en el H\u00f4tel Dieu\u00a0 por donde pasaban cada a\u00f1o 25.000 enfermos. Fundada en 1634, esta compa\u00f1\u00eda agrupaba a las personalidades m\u00e1s conocidas de la alta sociedad: Madame Goussault, la primera presidenta; Marie Fouquet, madre del superintendente; la Se\u00f1ora S\u00e9guier, esposa del canciller; la princesa Luisa Mar\u00eda de Gonzaga, futura reina de Polonia; la princesa de Cond\u00e9, madre del Gran Cond\u00e9.<\/p>\n<p>El fin de la instituci\u00f3n era llevar un socorro material, moral y espiritual a los enfermos; estaba prescrito, no s\u00f3lo cuidar y alimentar, sino \u00abconsolar y alegrar\u00bb. Los reglamentos de la compa\u00f1\u00eda del H\u00f4tel Dieu sirvieron de modelo para las compa\u00f1\u00edas parecidas que se fundaron en todas las ciudades de Francia y hasta en casi todas las parroquias\u00a0 entre 1650 y 1660. El esp\u00edritu de estas instituciones fue id\u00e9ntico en todas partes; \u00abLas damas empleadas en este santo ejercicio, dicen los estatutos de Rethel, tratar\u00e1n en \u00e9l de avanzar en\u00a0 cada vez m\u00e1s en el amor de Jesucristo el que ver\u00e1n en la persona de estos pobres enfermos y los tratar\u00e1n como lo har\u00edan con este Se\u00f1or mismo si estuviera enfermo en la parroquia\u00bb. Las Hijas de la Caridad, aparecida poco m\u00e1s o menos en el mismo tiempo, en 1633,\u00a0 formaban no una orden \u2013que habr\u00eda implicado la vida en el claustro- sino una congregaci\u00f3n secular; fue fundada por Vicente de Pa\u00fal con el concurso de Luisa de Marillac, viuda de un antiguo secretario de la reina madre. las religiosas se compromet\u00edan por votos simples anuales e interiores pronunciados el 25 de marzo, d\u00eda en que su fundadora se hab\u00eda comprometido tambi\u00e9n. No estaban obligadas a la contemplaci\u00f3n sino que deb\u00edan mezclarse con el mundo. En su lenguaje preciso, grave y pintoresco, Vicente de Pa\u00fal ha definido \u00e9l mismo a la vez su misi\u00f3n y su estilo de vida: \u00abEllas tendr\u00e1n por monasterio las casas de los enfermos y aquella donde est\u00e9 la superiora. Por celda una habitaci\u00f3n de alquiler. Por capilla la iglesia parroquial. Por claustro las calles de la ciudad. por clausura la obediencia. Por reja el temor de Dios. Por velo la santa modestia. Por profesi\u00f3n, la confianza continua en la Providencia, la ofrenda de todo lo que ellas son\u00bb.<\/p>\n<p>Por estas razones su h\u00e1bito no era el de las religiosas, sino el sayal de las campesinas del campo parisiense. Las Hijas de la Caridad prestaron\u00a0 inmensos servicios en particular durante la Fronda: en Par\u00eds distribuyeron 16.000 sopas al d\u00eda, recibieron a los refugiados de las provincias, acudieron a las regiones m\u00e1s devastadas \u2013 la Champa\u00f1a, la Lorena, la Picard\u00eda- para cuidar a los heridos, llevar alimento, ropas y semillas para los campesinos. Pronto se hicieron muy populares en todo el reino.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que venir tambi\u00e9n en ayuda de la infancia en peligro. En Par\u00eds, particularmente los ni\u00f1os abandonados eran numerosos: eran recogidos por lo general en un asilo de los que no sal\u00edan sino para ser vendidos a saltimbanquis o a traficantes de mendicidad que los mutilaban, a menudo atrozmente, rompi\u00e9ndoles los brazos y las piernas para excitar la compasi\u00f3n y los abandonaban en las calles. El Se\u00f1or Vicente resolvi\u00f3 poner remedio a estas pr\u00e1cticas: a partir de 16348, confi\u00f3 algunos ni\u00f1os abandonados a las Hijas de la caridad, despu\u00e9s, al aumentar su n\u00famero, fund\u00f3 la Obra de los ni\u00f1os abandonados; antes de la Fronda, ya hab\u00eda recogido a m\u00e1s de 4000: para albergarlos, mand\u00f3 construir trece casas y pudo disponer del castillo de Bic\u00eatre. El rey patrocin\u00f3 la instituci\u00f3n y le asign\u00f3 una renta.<\/p>\n<p>Otras plagas sociales se hab\u00edan desarrollado, entre las cuales la mendicidad y el vagabundaje: en Par\u00eds, m\u00e1s de 40 000 personas estaban sin abrigo.\u00a0 Al finalizar la Fronda, el Se\u00f1or Vicente fundaba un hospital para recibirlos y ense\u00f1arles un oficio. Varias personalidades, entre las cuales la duquesa de Aiguillon, colaboraron en esta obra a la que rey entreg\u00f3, en la periferia meridional de Par\u00eds, un terreno en el que hac\u00eda poco se fabricaba salitre, de donde le viene el nombre de Salp\u00e9tri\u00e8re dado al hospital que all\u00ed se fund\u00f3. Convertido en hospital general en 1656, tuvo por funci\u00f3n no s\u00f3lo curar a los enfermos, sino recoger a los ni\u00f1os abandonados, a los mendigos, a los inadaptados y darles un oficio.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or Vicente no limit\u00f3 a eso su actividad: fue capell\u00e1n general de las galeras, cre\u00f3 la congregaci\u00f3n de los sacerdotes de la Misi\u00f3n que, desbordando\u00a0 el cuadro de Francia, se extendi\u00f3 a otros Estados europeos \u2013Irlanda, Escocia, Italia&#8230;- o a pa\u00edses de ultramar como \u00c1frica del Norte y Madagascar. Organiz\u00f3 seminarios, se sent\u00f3 en el consejo de conciencia, particip\u00f3 en la elecci\u00f3n de los obispos, escribi\u00f3, predic\u00f3, abri\u00f3 nuevos\u00a0 caminos de espiritualidad, actu\u00f3 en la pastoral bajo todas sus formas, no estuvo ausente de ninguna querella doctrinal, ni de ning\u00fan gran compromiso pol\u00edtico. Todas estas razones hacen del Sr. Vicente m\u00e1s que un ap\u00f3stol\u00a0 en la primera mitad del siglo XVII, de la caridad cristiana, uno de los grandes art\u00edfices de la civilizaci\u00f3n occidental en la primera mitad del siglo XVII.<\/p>\n<h2>III \u2013 Una pastoral de cristiandad. La Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento.<\/h2>\n<p>El esp\u00edritu pastoral no se limita a las obras de Iglesia ni a las instituciones caritativas: se encarna en planes m\u00e1s amplios, asumiendo todos los aspectos espirituales y temporales de la Reforma cat\u00f3lica. Este tipo de pastoral de cristiandad se realiza en una sociedad devota y secreta, la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento[1]. Por la misma raz\u00f3n de su car\u00e1cter secreto, es poco conocida y no comenz\u00f3 a ser objeto de estudios extensos hasta la publicaci\u00f3n en 1900 del manuscrito franc\u00e9s 14489 de la Biblioteca nacional, que lleva el t\u00edtulo de Annales de la Compagnie du Saint-Sacrament. Este documento importante es obra de Ren\u00e9 II de Voyer d&#8217;Argenson (1623-1700), juez de apelaciones luego embajador en Venecia y miembro de la compa\u00f1\u00eda; escribi\u00f3 estos Annales, no para hacer obra de historiador, sino a fin de proponer en 1695 al arzobispo de Par\u00eds, Luis Antonio de Noailles, un plan de restauraci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda. \u00c9sta hab\u00eda sido en efecto disuelta en 1666 y, con ella, hab\u00eda desaparecido la casi totalidad de los archivos. La pobreza de la informaci\u00f3n y el car\u00e1cter secreto de la compa\u00f1\u00eda explican que \u00e9sta haya sido el objeto ya de una apolog\u00eda sistem\u00e1tica, ya de acusaciones panfletarias: se ha llegado a ver en ella unas veces el fomento m\u00edstico de toda la renovaci\u00f3n cat\u00f3lica y otras una especie de francmasoner\u00eda que acarrear el dominio totalitario de la Iglesia sobre las actividades temporales y pol\u00edticas. Todav\u00eda hoy, si se juzga lo suficiente su organizaci\u00f3n, dif\u00edcilmente se mide el alcance de su influencia.<\/p>\n<h3>1 &#8211; Or\u00edgenes y organizaci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda.<\/h3>\n<p>La idea primera de la compa\u00f1\u00eda data de mayo de 1627, proviene de un laico, Henry de\u00a0 L\u00e9vis, duque de Ventadour, par de Francia, lugarteniente del rey en el Languedoc, pero residente en Par\u00eds. Concibi\u00f3 el plan de reunir a las personalidades cat\u00f3licas m\u00e1s activas, con el fin de \u00abpromover la gloria de Dios por todos los medios\u00bb. Se abri\u00f3 a algunos religiosos: jesuitas, capuchinos y tambi\u00e9n al Padre de Condren, general del Oratorio, todos animaron su proyecto. As\u00ed se constituy\u00f3 en Par\u00eds entre 1627 y 1630 un peque\u00f1o grupo de amigos, cl\u00e9rigos o laicos, que fue el embri\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda y le dio sus estatutos. Est\u00e1 dirigida por un equipo que comprende: un superior \u2013sacerdote o laico- un director \u2013 cl\u00e9rigo secular- un secretario y seis consejeros, renovados cada trimestre, de tal suerte que todos los cohermanos asuman por turno las responsabilidades. Las reuniones ten\u00edan lugar bien en casa de uno o bien en casa de otro, nunca en un local fijo.<\/p>\n<h3>2 \u2013Caracteres de la compa\u00f1\u00eda<\/h3>\n<p>Es ante todo una confraternidad de piedad. Las reuniones que tienen lugar cada jueves se abren y se acaban con la oraci\u00f3n. Se concede un gran espacio a la meditaci\u00f3n, a la lectura piadosa \u2013Biblia, Imitaci\u00f3n de Jesucristo- a la devoci\u00f3n eucar\u00edstica. Vive de las limosnas entregadas por los cohermanos: se entrega de forma an\u00f3nima en un cofrecito que, a veces, contienen enormes sumas que pueden llegar a 50.000 escudos. Pero la compa\u00f1\u00eda no trata de encerrarse en la estricta espiritualidad: aspira en primer lugar a ser un organismo de acci\u00f3n cristiana. Trabaja por curar las miserias f\u00edsicas y morales, lucha contra la herej\u00eda y la ignorancia religiosa. Una circular de 1660 define su programa de acci\u00f3n: \u00abla compa\u00f1\u00eda trabaja no s\u00f3lo en las obras ordinarias de los pobres, de los enfermos, de los prisioneros y de todos los afligidos, sino en las misiones, en los seminarios, en la conversaci\u00f3n de los herejes y en la propagaci\u00f3n de la fe en todas las partes del mundo; en impedir todos los esc\u00e1ndalos, todas las impiedades, todas las blasfemias; en una palabra, en impedir todos los males y aplicarles remedios; en procurar todos los bienes generales y particulares; en abrazar todas las obras dif\u00edciles y fuertes, despreciadas, abandonadas; y en dedicarse a ellas por las necesidades del pr\u00f3jimo, en toda la extensi\u00f3n de la caridad.<\/p>\n<p>Trata por lo tanto menos, y ah\u00ed esta una de sus originalidades, de sobrea\u00f1adir sus estructuras propias a las instituciones existentes, que de despertar la conciencia de los individuos o de los responsables en cada escal\u00f3n profesional o social. Se lee en los Annales: \u00abNo act\u00faa por su propia autoridad, ni con autoridad, ni como cuerpo, sino solamente por sus miembros, dirigi\u00e9ndose a los prelados para los asuntos espirituales, a la corte y a los magistrados para las cosas temporales&#8230; Anima sin cesar a emprender todo el bien posible y alejar todo el mal posible, a todos los que considera id\u00f3neos para estos fines sin manifestarse ella misma\u00bb. Participa pues de una red de influencias m\u00e1s que de la comunidad institucional.<\/p>\n<p>Pero se confiesa tambi\u00e9n una sociedad secreta. \u00bfPor qu\u00e9? En primer lugar por una raz\u00f3n espiritual: quiere evitar todo compromiso oficial y actuar de forma an\u00f3nima ya que la limosna implica un modo de acci\u00f3n impersonal. El nombre de la compa\u00f1\u00eda lleva consigo bajo este punto este punto de vista un s\u00edmbolo: es preciso, dicen los Annales, \u00abconformarse a la vida oculta de Jesucristo en el Sant\u00edsimo Sacramento\u00bb o, con un estilo m\u00e1s imaginativo, es preciso \u00abrevestirse de las libreas de un Dios&#8230; oculto[1]\u00bb. Sin embargo la raz\u00f3n del secreto es ante todo pr\u00e1ctica: la eficacia de una obra se mide por su discreci\u00f3n. Por eso, si la existencia de la compa\u00f1\u00eda fue conocida por el rey, por el papa y por Richelieu, no recibi\u00f3 ninguna consagraci\u00f3n oficial: \u00e9sta habr\u00eda requerido la concesi\u00f3n de letras patentes, el control del parlamento, la sumisi\u00f3n a la autoridad jer\u00e1rquica, la de Roma y de los obispos, es decir la ruptura del secreto. La compa\u00f1\u00eda vivi\u00f3 pues sin estatuto civil ni eclesi\u00e1stico. En la pr\u00e1ctica el secreto era guardado rigurosamente: los cohermanos se manten\u00edan apartados de toda celebridad, hasta de toda notoriedad; procuraban quedar desconocidos en sus desplazamientos, alojarse pobremente. Los archivos se depositaban en casa de un cohermano, pero a nombre de otro cohermano, de forma que en caso de muerte no pudieran entrar en la sucesi\u00f3n. Todas las operaciones financieras se realizaban por persona intermedia. Nunca se cita a la compa\u00f1\u00eda en un testamento o\u00a0 una donaci\u00f3n. Para mejor guardar el secreto, se decidi\u00f3 no aceptar a religiosos, sometidos por sus votos a la regla de la obediencia. Esta atm\u00f3sfera de clandestinidad hizo pensar a veces en una conspiraci\u00f3n permanente o, seg\u00fan se ha dicho, en una \u00abc\u00e1bala de los devotos\u00bb.<\/p>\n<h3>3 &#8211; Influencia de la compa\u00f1\u00eda<\/h3>\n<p>Reuni\u00f3 a personalidades muy diversas: san Vicente de Pa\u00fal, el Sr. Olier, Bossuet, varios obispos como Francisco de Lafayette, obispo de Limoges, Sebasti\u00e1n Zamet, obispo de Langres, Alain de Solminihac, obispo de Cahors; a miembros de la aristocracia como el pr\u00edncipe de Conti o el duque de Nemours; a burgueses e incluso a artesanos. En las reuniones y las actividades diversas reinaba un esp\u00edritu estrictamente de igualdad. Una clase sin embargo estaba poco representada. La de los togados que se mostraron reticentes hacia la compa\u00f1\u00eda porque preconizaba un control de lo espiritual sobre lo temporal atacando de esta forma la noci\u00f3n de Estado.<\/p>\n<p>Salida de la capital, la compa\u00f1\u00eda se extendi\u00f3 por todo el pa\u00eds y prosper\u00f3 en las principales ciudades. Sin embargo estos equipos provinciales no gozaban de autonom\u00eda: las \u00abresoluciones\u00bb eran votadas por Par\u00eds que constitu\u00eda un comit\u00e9 central, enviaba las circulares y aseguraba la unidad de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n fue ejercida por la compa\u00f1\u00eda en m\u00faltiples dominios. Su papel fue primordial en lo espiritual: favoreci\u00f3 o increment\u00f3 ciertas devociones como el culto eucar\u00edstico: constituy\u00f3 sobre todo un \u00abmedio humano\u00bb asiduamente frecuentado por las personalidades m\u00e1s representativas de la Reforma cat\u00f3lica: el Sr. Olier, el Padre de Condren, la Madre Mar\u00eda de la Encarnaci\u00f3n, la Madre Matilde\u00a0 del Sant\u00edsimo Sacramento&#8230;, hasta el punto de poderse ver en ella el fermento y el principio unitario del gran movimiento m\u00edstico del siglo XVII. Se halla tambi\u00e9n en el origen de numerosas obras de asistencia. Cre\u00f3 hospitales generales, compa\u00f1\u00edas de caridad: se interes\u00f3 por la mejora de suerte de los forzados, remunerando por s\u00ed misma a guardianes encargados de velar por las condiciones de vida de los prisioneros. Pero sus intervenciones m\u00e1s originales se encuentran en la vigilancia de los comerciantes que vend\u00edan demasiado caros sus productos, de los patronos que pagaban demasiado poco a sus obreros; as\u00ed tendi\u00f3 a jugar el papel de regulador social haciendo funcionar la noci\u00f3n de precio justo. Luch\u00f3 contra el duelo, vigil\u00f3 a la polic\u00eda sospechosa de tratar de forma inhumana a los pobres.<\/p>\n<p>Asimismo se dedic\u00f3 sobre todo a la reforma religiosa. Combati\u00f3 a los cl\u00e9rigos escandalosos, favoreci\u00f3 por el contrario ciertas reformas mon\u00e1sticas como la admisi\u00f3n \u00absin dote de j\u00f3venes de excelente vocaci\u00f3n\u00bb: gracias a ella se oper\u00f3 cierta \u00abdemocratizaci\u00f3n\u00bb en los conventos. A la vez us\u00f3 de su influencia para obligar a los eclesi\u00e1sticos, a los can\u00f3nigos en particular, a la residencia. Luch\u00f3 sin misericordia contra toda desviaci\u00f3n doctrinal: el libertinaje y sobre todo el protestantismo. Trabaj\u00f3 en particular en la aplicaci\u00f3n m\u00ednima del edicto de Nantes. \u00c9ste se basaba en una serie de privilegios: la tendencia de los protestantes era sobrepasar estos privilegios y llegar a un r\u00e9gimen com\u00fan con pluralismo religioso. La actitud de la compa\u00f1\u00eda fue por el contrario limitar al m\u00e1ximo los derechos de los reformados: denunciaba sin piedad toda interpretaci\u00f3n tenida por demasiado taxista del edicto, oponi\u00e9ndose en particular a los matrimonios mixtos, a la entrada de los protestantes en ciertas profesiones como las carreras liberales. Estas presiones la acusaron de estar en el origen de la revocaci\u00f3n del edicto de Nantes, algo que es excesivo ya que desapareci\u00f3 a partir de 1666, pero contribuy\u00f3 sin duda alguna a preparar los esp\u00edritus a esta revocaci\u00f3n, preconizando como ideal la cristiandad unitaria, otorgada por otra parte al esp\u00edritu del clasicismo.<\/p>\n<p>Luch\u00f3 al propio tiempo por la reforma de las costumbres, emprendi\u00f3 una verdadera cruzada contra la disoluci\u00f3n y la inmoralidad bajo todas sus formas. Hizo prohibir las \u00abcitas de galanter\u00eda\u00bb en las iglesias, luch\u00f3 contra \u00ablas desnudeces del cuello\u00bb y consigui\u00f3 que las mujeres no tuvieran la inconsciencia de presentarse en la Sagrada Mesa con el \u00abcuello descubierto\u00bb. En Grenoble se ve\u00eda a \u00ablas mujeres acercarse a los altares y hasta sentarse encima\u00bb: la compa\u00f1\u00eda hizo dictar entredichos y colocar balaustradas a la entrada del coro. Combati\u00f3 asimismo la prostituci\u00f3n y la pornograf\u00eda, se alz\u00f3 contra la venta de los \u00abalmanaques, l\u00e1minas, libros deshonestos y abominables\u00bb, organiz\u00f3 persecuciones contra los propagandistas de canciones obscenas y contra los \u00abproxenetas que pierden a las j\u00f3venes y las solicitan al libertinaje\u00bb.<\/p>\n<p>Esta acci\u00f3n moralizante de la compa\u00f1\u00eda ha sido sacada a luz a menudo y ha suscitado fuertes ataques contra ella. El Tartuffe ha sido considerada a veces como una s\u00e1tira de su actitud: es la tesis defendida por Raoul Allier. De hecho varios pasajes de la pieza aluden a los medios utilizados por la compa\u00f1\u00eda; pero esta tesis se ve hoy abandonada por lo que posee de sistem\u00e1tica.<\/p>\n<p>La compa\u00f1\u00eda se interes\u00f3 por las misiones extranjeras: en Levante, Am\u00e9rica del Sur, en Extremo Oriente. Fund\u00f3 en 1639 la Sociedad de Nuestra Se\u00f1ora de Montreal para la evangelizaci\u00f3n de Canad\u00e1 y, m\u00e1s tarde, el Seminario de las misiones extranjeras. Tuvo conciencia de la necesidad de una pastoral adaptada a las misiones lejanas. En Europa se constituy\u00f3 en apologista de la pol\u00edtica cat\u00f3lica. Ella sostuvo con sus est\u00edmulos y sus auxilios en dinero a los Irlandeses perseguidos por los Ingleses. La compa\u00f1\u00eda condenaba por eso mismo la pol\u00edtica de Mazarino dictada por el inter\u00e9s nacional y la raz\u00f3n de Estado: el cardenal no dudaba en efecto combatir a la Espa\u00f1a cat\u00f3lica y aliarse con Cromwell, cabeza de la cruzada protestante. Al preconizar una pol\u00edtica confesional, se acog\u00eda a las posiciones del partido devoto: el personal era\u00a0 adem\u00e1s con frecuencia el mismo en cada uno de los agrupamientos.<\/p>\n<p>Estos ataques en frentes m\u00faltiples suscitaron en la compa\u00f1\u00eda vivas hostilidades, en particular la del poder: tomando como pretexto una intervenci\u00f3n vergonzosa en Normand\u00eda, Mazarino aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para exigir del parlamento el decreto del 13 de diciembre de 1660, que prohib\u00eda toda reuni\u00f3n en Par\u00eds sin letras patentes del rey. Desde entonces la compa\u00f1\u00eda entr\u00f3 en una vida l\u00e1nguida: lleg\u00f3 a su fin\u00a0 en 1666. Pero se mantuvo en sus obras: seminario de las misiones, compa\u00f1\u00edas de caridad, hospitales&#8230; hasta el punto de que algunos han pensado en una supervivencia clandestina hasta la Revoluci\u00f3n. La hip\u00f3tesis es seductora pero poco fundada. La compa\u00f1\u00eda desapareci\u00f3 de hecho bajo los golpes del poder, pero sobre todo por inadaptaci\u00f3n a las condiciones de vida y de pensamiento de su \u00e9poca. En su naturaleza profunda, la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento eras un movimiento comparable, una cosa con otra, a la Liga: como ella, la compa\u00f1\u00eda preconiza la superioridad de lo espiritual sobre lo temporal; su idea es la Europa cat\u00f3lica, la unidad confesional, la cristiandad. Pero su \u00e9poca ve el ascenso del Estado, el refuerzo del principio nacional, la preeminencia de los legistas: la compa\u00f1\u00eda ha sido v\u00edctima de esta contradicci\u00f3n. El episodio final de su historia es por otra parte revelador de su envejecimiento: en 1696, en un momento en que Luis XIV hab\u00eda vuelto a la pol\u00edtica confesional, el marqu\u00e9s de Argenson trat\u00f3, pero sin \u00e9xito, de hacerla renacer.<\/p>\n<p>La profusi\u00f3n de las obras \u2013aspecto activo de la Reforma cat\u00f3lica- responde a un impulso espiritual: el deseo de volver a encontrar en el pr\u00f3jimo abrumado de desgracias la imagen viva de Jesucristo. Este movimiento fraterno es, en su origen, estrictamente religioso: si no est\u00e1 exento de una intenci\u00f3n apolog\u00e9tica, excluye todo pensamiento revolucionario, todo cuestionamiento de la jerarqu\u00eda y de las quiebras sociales. Pero las instituciones caritativas conocen durante el siglo una centralizaci\u00f3n y una secularizaci\u00f3n crecientes. Cada vez m\u00e1s, la realeza y las municipalidades intervienen en la creaci\u00f3n o la administraci\u00f3n de los hospitales\u00a0 y de las caridades; tratan de dirigirlos seg\u00fan las reglas de una sana gesti\u00f3n financiera. El don gratuito de la limosna se hace m\u00e1s escaso por eso mismo; la pobreza se expresa cada vez m\u00e1s en t\u00e9rminos econ\u00f3micos. en este dominio como en otros, la cristiandad se difumina ante las Luces.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VII: La pastoral caritativa Las obras caritativas y hospitalarias no son extra\u00f1as a la pastoral, se integran en ella estrechamente y como org\u00e1nicamente. 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