{"id":9726,"date":"2015-06-10T01:50:33","date_gmt":"2015-06-09T23:50:33","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/07\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-6\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:11","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:11","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-06","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-06\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 06"},"content":{"rendered":"<h1>Cap\u00edtulo VI: La pastoral educativa<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>El desarrollo de la cultura de los p\u00e1rrocos, el afianzamiento de su formaci\u00f3n pastoral no pod\u00edan dejar de comunicarse a la vida religiosa de los fieles mismos. Esta acci\u00f3n de los cl\u00e9rigos sobre los laicos se ejerce de diversas maneras. En primer lugar por el ritualismo, es decir la liturgia, las devociones, la distribuci\u00f3n de los sacramentos. Este fue el modo esencial de transmisi\u00f3n de la vida religiosa en la Edad Madia y hasta el siglo XVI, mientras persistieron estructuras de cristiandad. La Reforma cat\u00f3lica no excluy\u00f3 estos medios tradicionales; ella favorece incluso su desarrollo; pero la pastoral se ejercita sobre todo bajo una forma did\u00e1ctica, la de la catequesis cuyo papel se convierte luego en esencial. Este tiempo est\u00e1 marcado en efecto por\u00a0 un deseo generalizado de conocimiento religioso, cuyas causas son muy diversas. En primer lugar la multiplicaci\u00f3n del libro: raro en el siglo XVI. La edici\u00f3n se desarrolla considerablemente en el siglo XVII; el progreso se manifiesta incluso en dominios limitados, como, luego la controversia con los protestantes, implicando la las bibliotecas de p\u00e1rrocos, implicando la referencia a una doctrina segura, no permite ya contentarse con una tradici\u00f3n oral necesariamente vaga. El concilio de Trento por \u00faltimo hab\u00eda animado a un conocimiento m\u00e1s hondo y a una formulaci\u00f3n m\u00e1s precisa del contenido de la fe; \u00c9l mismo hab\u00eda\u00a0 dado ejemplo mediante sus c\u00e1nones y sus decretos, modelos perfectos de rigor en la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>Este conocimiento adquiere, no s\u00f3lo en los grades organismos intelectuales \u2013universidades, colegios o monasterios- sino tambi\u00e9n en las parroquias que son unidades pastorales al mismo tiempo que c\u00e9lulas administrativas. La transmisi\u00f3n del pensamiento religioso en el marco de la parroquia se realiza de diversas maneras, en primer lugar por el catecismo.<\/p>\n<h2>I \u2013El catecismo<\/h2>\n<h3><em>1 \u2013 Los or\u00edgenes<\/em><\/h3>\n<p>La palabra catecismo evoca a la vez una ense\u00f1anza religiosa elemental y el manual mediante preguntas y respuestas que es su instrumento. El catecismo instrucci\u00f3n no se estableci\u00f3 m\u00e1s que lentamente y se pas\u00f3 por etapas de\u00a0 del mensaje oral a la ense\u00f1anza por el libro. Desde los comienzos de la Reforma, cat\u00f3licos y protestantes rivalizaron en celo por transmitir con exactitud y precisi\u00f3n la instrucci\u00f3n religiosa a los j\u00f3venes. La forma primera de este catecismo \u00a0concebido como un resumen de la catequesis aparece desde finales del siglo XV en Espa\u00f1a, pa\u00eds pionero del Renacimiento espiritual: para lucha contra la ignorancia religiosa el cardenal Mendoza escribi\u00f3 un catecismo de la vida cristiana. Algunos decenios m\u00e1s tarde Lutero mand\u00f3 publicar por s\u00ed mismo o por medio de sus disc\u00edpulos varios manuales catequ\u00e9ticos. En 1533, Erasmo publicaba en Fribourg-en-Brisgau el <em>Symbolum sive cathechismus. <\/em>Varios obispos franceses hicieron lo mismo; en 1557, el obispo de Ch\u00e2lons-sur-Marne hac\u00eda imprimir un <em>Breve de fidei orthodoxae rudimentis compendium\u2026 <\/em>y en 1562, el obispo de Par\u00eds compon\u00eda una <em>Instructio catholica quam vulgo manuale vocat, <\/em>una y otra destinadas a nutrir la palabra de los p\u00e1rrocos. El movimiento adquiri\u00f3 alguna amplitud tras el concilio de Trento que hab\u00eda ordenado explicar la doctrina a los fieles en lengua vulgar y, para ello, hab\u00eda mandado redactar un catecismo, obra de una comisi\u00f3n dirigida por Carlos Borromeo; apareci\u00f3 en su primera edici\u00f3n en Roma en 1566; lo llaman <em>Catecismo<\/em> <em>romano<\/em> <em>o Catecismo del concilio de Trento<\/em>. Ofrec\u00eda, bajo una forma did\u00e1ctica y para uso de p\u00e1rrocos, la exposici\u00f3n de la fe cat\u00f3lica definida por el concilio.<\/p>\n<p>Toda la ense\u00f1anza catequ\u00edstica que ha seguido se deriva m\u00e1s o menos directamente de este libro; pero los comienzos fueron modestos. Algunos obispos dieron al clero parroquial la orden de hacer aprenderse de memoria<em>, en galo y lat\u00edn, <\/em>las f\u00f3rmulas que resumen la doctrina; esta iniciaci\u00f3n se hac\u00eda en la escuela por los cuidados del maestro, o en la iglesia por el p\u00e1rroco. En el siglo XVI, raramente se impon\u00eda un texto, pero, a principios del XVII, mandan ellos mismos imprimir los catecismos destinados a guiar a los p\u00e1rrocos y a los maestros de escuela. Los primeros deben explicar este catecismo y comentarlo cada semana, por lo general el domingo, limit\u00e1ndose el maestro a hacer repetir la carta. Lo que muestra bien que este manual no est\u00e1 todav\u00eda destinado a los fieles, es que est\u00e1 incluido en el <em>Ritual<\/em> o en alg\u00fan otro libro sacerdotal (as\u00ed para la di\u00f3cesis de Soissons, en el <em>Ritual<\/em> de 1622) .Los resultados obtenidos por este m\u00e9todo oral no eran de muy grande alcance. Primeramente porque los p\u00e1rrocos, en la primera mitad del siglo, pon\u00edan poco celo en ello. Muchos se contentaban con dar una ense\u00f1anza epis\u00f3dica \u2013en el tiempo de adviento y el de la cuaresma o, durante periodos limitados de Pentecost\u00e9s al mes de agosto y de todos los Santos a Pascua, en 1672 tambi\u00e9n, unas 139 parroquias rurales\u00a0 de la regi\u00f3n parisina visitadas por el arcediano, tan solo 34 se beneficiaban de una instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica dada por otro lado irregularmente.<\/p>\n<p>Los remedios prestados a esta inercia fueron de dos clases: las fundaciones destinadas a crear puestos de capellanes o de vicarios encargados del catecismo; la aparici\u00f3n de congregaciones\u00a0 o de sociedades de sacerdotes consagrados a la ense\u00f1anza. De esta manera, la congregaci\u00f3n de la doctrina cristiana \u2013o de los doctrinarios-\u00a0 creada a finales del siglo XVI en el Midi franc\u00e9s \u00a0por C\u00e9sar de Bus , la comunidad de los sacerdotes\u00a0 de Saint-Nicolas-du-Chardonnet, constituida en Par\u00eda en 1612 por Bourdoise, o tambi\u00e9n la congregaci\u00f3n de los sacerdotes de la Misi\u00f3n, fundada en 1625 por san Vicente de Pa\u00fal. Como lo hac\u00edan los p\u00e1rrocos de parroquias, estos sacerdotes de las diferentes congregaciones daban una ense\u00f1anza oral; su experiencia permiti\u00f3 elaborar progresivamente una pedagog\u00eda del catecismo. La comunidad de Saint-Nicolas-du-Chardonnet introdujo la costumbre de coronar\u00a0 la formaci\u00f3n catequ\u00e9tica\u00a0 por la primera comuni\u00f3n solemne; esta ceremonia, primeramente practicada en Par\u00eds en parroquia Saint-Nicol\u00e1s se extendi\u00f3 por toda Francia formando una tradici\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>El gran progreso en la ense\u00f1anza del catecismo fue realizado cuando fue posible prever un manual para cada ni\u00f1o: lo que se consigui\u00f3 en la segunda mitad del siglo XVII, especialmente despu\u00e9s de 1670; es el momento en que los obispos se encargan de publicar su propio catecismo. Estos manuales no son uniformes; var\u00edan de una di\u00f3cesis a otra, suscitando esta diversidad emulaci\u00f3n y progreso.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013Tipolog\u00eda de los catecismos<\/em><\/h3>\n<p>Algunos reproducen, simplificando su expresi\u00f3n,\u00a0 el esquema general del catecismo del concilio de Trento: bajo una forma anal\u00edtica, exponen los aspectos esenciales de la doctrina.<\/p>\n<p>Otros se adaptan a los ciclos lit\u00fargicos; as\u00ed <em>el Catecismo para las escuelas de la di\u00f3cesis de Lyon, <\/em>publicado en 1666,\u00a0 est\u00e1 dividido en 52 lecciones correspondientes a los misterios celebrados cada semana por la Iglesia en su liturgia; una iconograf\u00eda sugestiva acompa\u00f1a al texto. En un esp\u00edritu an\u00e1logo, ciertos manuales est\u00e1n constituidos casi exclusivamente por palabras de la Escritura, de los extractos de los Padres o de los concilios. Es el caso del <em>Catecismo, o compendio de la fe y de las verdades cristianas, <\/em>publicado en 1687 en Par\u00eds por Fran\u00e7ois de Harlay y adoptado en los a\u00f1os que siguieron\u00a0 por otras di\u00f3cesis. Su m\u00e9rito es doble: marca una voluntad de contacto con las fuentes\u00a0 de la fe, en particular con la Biblia y se inscribe as\u00ed en el regreso a\u00a0 los estudios positivos. Manifiesta por otra parte un gran rigor l\u00f3gico en el modo de exposici\u00f3n; una primera parte trata de las grandes verdades de la fe; una segunda de los sacramentos y gracias necesarias a la salvaci\u00f3n; una tercera est\u00e1 dedicada a los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Muchos cap\u00edtulos se dedican a justificar los dogmas o las pr\u00e1cticas cat\u00f3licas rechazados por los protestantes; transubstanciaci\u00f3n, indulgencias, culto de las reliquias\u2026<\/p>\n<p>Muchos de estos manuales est\u00e1n concebidos como historias santas; as\u00ed, el <em>Gran Catecismo hist\u00f3rico, <\/em>compuesto en 1683 por Caude Fleury, sigue la vida de la comunidad de los creyentes desde los or\u00edgenes hasta mediados del siglo XVII, desprendiendo la significaci\u00f3n espiritual de cada una de estas etapas cronol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Entre los catecismos diocesanos algunos adoptan el modo de exposici\u00f3n sint\u00e9tico; el modelo m\u00e1s acabado es el catecismo llamado \u00abde los tres Enrique\u00bb, as\u00ed llamado porque publicado conjuntamente\u00a0 en 1676 por tres obispos: Enrique Arnauld, de Angers, Enrique de Laval, de La Rochelle, Enrique de Barillon , de Lu\u00e7on La obra rompe deliberadamente con el m\u00e9todo anal\u00edtico y centra todo su desarrollo sobre el\u00a0 problema de la salvaci\u00f3n \u00a0que se concibe como un di\u00e1logo alternado entre Dios y el hombre. Una primera parte evoca la creaci\u00f3n, el pecado original, la Encarnaci\u00f3n y la Redenci\u00f3n. Se coloca despu\u00e9s la vida cristiana\u00a0 como alternativa del pecado y de la fe ; muestra c\u00f3mo \u00e9sta debe conducir a la esperanza, a la caridad, a la obediencia, a los mandamientos de dios y del Evangelio. La gracia obtenida por la oraci\u00f3n y los sacramentos crea los medios de acceder a esta vida cristiana y \u00e9sta se agranda en el marco de la Iglesia, en formas comunitarias. Por \u00faltimo este itinerario espiritual alcanza su acabamiento\u00a0 en los fines \u00faltimos. Una ense\u00f1anza de esta naturaleza es a la vez l\u00f3gica y pr\u00f3xima al Evangelio. \u00abEl cristianismo se presenta, no como un moralismo, sino como una vida en la escuela de Cristo.\u00bb (L. P\u00e9rouas) Se trata pues de una explicaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica destinada a recorrer toda la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n y a transmitir el mensaje cristiano.<\/p>\n<p>Los catecismos fueron instrumentos muy eficaces para la formaci\u00f3n del pueblo cristiano. En el conjunto, tendieron a una cierta unificaci\u00f3n espiritual y moral de la masa de los fieles; a veces tambi\u00e9n se\u00f1alan el comienzo de una pastoral\u00a0 especializada por grupos sociales; as\u00ed se organizaron en San Sulpicio catecismos para los lacayos, para los mendigos, para los ancianos. En el pensamiento de algunos obispos, fueron tambi\u00e9n un medio de favorecer ciertas opciones teol\u00f3gicas, en particular el jansenismo; se ven as\u00ed en el catecismo de los tres Enriques algunas tesis bastante pr\u00f3ximas a las de Port-Royal, como el sacerdocio de los fieles o la insistencia sobre el culto en esp\u00edritu, a expensas del aparato lit\u00fargico. Al contrario de otros catecismos marcan, en los cap\u00edtulos sobre la penitencia y la eucarist\u00eda, una voluntad de reacci\u00f3n contra el jansenismo; fue el caso, en Par\u00eds, del catecismo publicado en 1665 por el arzobispo Hardouin de P\u00e9r\u00e9fixe.<\/p>\n<p>En las proximidades del siglo XVIII, los catecismos se hacen m\u00e1s precisos, m\u00e1s sabios; son obra de te\u00f3logos preocupados en no transigir en nada con la exactitud de las definiciones\u00a0 o el rigor de la terminolog\u00eda; las \u00abhistorias\u00bb o los episodios de las vidas de santos, tenidos por sospechosos, ya que no legendarios, tienden a desaparecer. Estas mejoras t\u00e9cnicas tienen\u00a0 a menudo por inconveniente sacrificar la sencillez, la espontaneidad y el car\u00e1cter vivo de los primeros catecismos.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013La lecci\u00f3n de catecismo<\/em><\/h3>\n<p>El responsable de la catequesis en la di\u00f3cesis es el obispo quien da el impulso, compone o manda componer el manual. Pero el artesano pr\u00e1ctico de la ense\u00f1anza religiosa, como adem\u00e1s de la ense\u00f1anza\u00a0 profana, es el p\u00e1rroco, aprender las verdades de la fe\u00a0 para conducirse bien en la tierra y acceder as\u00ed a la salvaci\u00f3n es en efecto su funci\u00f3n esencial. En sus <em>Avisos<\/em> a sus p\u00e1rrocos de su di\u00f3cesis, el cardenal Fran\u00e7ois de la Rochefoucauld, obispo de Senlis (1610-1622), lo recuerda fund\u00e1ndose en la sesi\u00f3n 24 del concilio de Trento: \u00abEl principal cargo de los p\u00e1rrocos, escribe, no es administrar los sacramentos, sino ense\u00f1ar las cosas de la fe y los misterios de nuestra religi\u00f3n; ya que sin este conocimiento, el uso de los sacramentos no sirve de nada y no hay salvaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>El catecismo es una exposici\u00f3n breve pero precisa de la doctrina, una especie de \u00abteolog\u00eda popular\u00bb. La dificultad era adaptarlo a la capacidad intelectual y moral de los ni\u00f1os, variable seg\u00fan las regiones y de los medios sociales. Se llegaba a eso dividiendo\u00a0 al auditorio en dos \u00abedades\u00bb; los peque\u00f1os y los ni\u00f1os \u00abgrandecitos\u00bb; se a\u00f1ad\u00eda a veces un tercer grupo, el de los adultos, pero que de ordinario recib\u00eda su formaci\u00f3n en la homil\u00eda del domingo. Hab\u00eda as\u00ed un \u00abpeque\u00f1o\u00bb y un \u00abgran\u00bb catecismo; el primero difer\u00eda del segundo en su lenguaje m\u00e1s sencillo, menos abstracto, despojado de comentarios demasiado profundos; pero los dos eran id\u00e9nticos en el contenido y plan de las lecciones.<\/p>\n<p>El catecismo pod\u00eda ense\u00f1arse en todas partes, pero con preferencia en la iglesia, casa com\u00fan de todas las clases, ricos o pobres. El concilio de Trento hab\u00eda fijado como momento m\u00e1s favorable\u00a0 la primera misa matinal; muy pronto sin embargo el domingo por la tarde, entre la comida y las v\u00edsperas se impuso como los m\u00e1s adaptados a los ritmos de los alumnos j\u00f3venes. Por lo general los ni\u00f1os se reun\u00edan en peque\u00f1os grupos, de una docena todo lo m\u00e1s. El maestro expon\u00eda la lecci\u00f3n apoy\u00e1ndose en un texto articulado en preguntas y respuestas. Esta forma dialogada presenta muchas ventajas: evita largas disertaciones cuyas estructuras discierne mal el ni\u00f1o; lleva a definiciones breves, bien hechas y grabadas de forma duradera en la memoria; permite verificar si la ense\u00f1anza ha sido bien comprendida. Favorece pues una mejor inteligencia de la catequesis. Pero no es nunca una repetici\u00f3n puramente mec\u00e1nica; aparte de las explicaciones del maestro, se acompa\u00f1a con frecuencia de una \u00abdisputa\u00bb, inspirada en las concertaciones en uso en los colegios de los jesuitas: dos j\u00f3venes oradores conducen el di\u00e1logo en el cual los j\u00f3venes pueden intervenir en cualquier instante. El m\u00e9todo catequ\u00edstico, lejos de reducirse a simples procesos nemot\u00e9cnicos,, se funda pues en una pedagog\u00eda muy elaborada; por la puesta en marcha de los medios esc\u00e9nicos, est\u00e1 de acuerdo con las modas de pensamiento y de expresi\u00f3n en boga en la sociedad cl\u00e1sica. Se ha podido reprochar a estos manuales cierta \u00absequedad\u00bb, debida al abuso de razonamiento deductivo inspirado en la escol\u00e1stica. La queja es fundada a veces; sin embargo es limitada; muchos catecismos siguen, y ya lo hemos visto, un orden \u00abhist\u00f3rico o \u00ablit\u00fargico\u00bb, por lo dem\u00e1s, a medida que se avanza en el siglo, se extiende la costumbre, en los colegios primero, en\u00a0 las parroquias despu\u00e9s, de ense\u00f1ar, al menos de modo elemental,\u00a0 la historia santa, es decir de dar los primeros rudimentos de cultura b\u00edblica.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l era la finalidad \u00faltima del catecismo? Se dirig\u00eda no a desarrollar un conocimiento\u00a0 te\u00f3rico desinteresado sino a inculcar el arte de dirigir su vida santamente para salvarse; quer\u00eda ser una ciencia de la salvaci\u00f3n. Por eso cada lecci\u00f3n lleva consigo un\u00a0 \u00abfruto\u00bb, es decir una ense\u00f1anza pr\u00e1ctica, hasta cuando se trata de un art\u00edculo puramente te\u00f3rico; as\u00ed por la se\u00f1al de la cruz, profesamos nuestro hasta tal punto que aceptamos morir por ella; la resurrecci\u00f3n de los cuerpos en el \u00faltimo juicio nos incita a contener nuestro dolor con ocasi\u00f3n del fallecimiento de nuestros allegados; la escena evang\u00e9lica en que Jes\u00fas escribe en la arena las faltas de la mujer de mala vida debe apartarnos de hablar nunca mal de nuestro pr\u00f3jimo. El catecismo orienta hacia las obras; ense\u00f1a tambi\u00e9n a orar bien. A veces incluye un \u00abejercicio de misa\u00bb, es decir el conjunto de las oraciones por las que el fiel participa\u00a0 en el sacrificio: con la diferencia del misal, este Ejercicio\u00bb no repite las palabras\u00a0 del sacerdote, las comenta con breves meditaciones, ilumina los gestos del celebrante, y explica su valor de s\u00edmbolo.<\/p>\n<p>El catecismo fue una escuela de vida cristiana: para la educaci\u00f3n y la conversi\u00f3n de las masas, fue el instrumento m\u00e1s eficaz de la Reforma cat\u00f3lica. Su acci\u00f3n \u00a0se ejerci\u00f3 primordialmente sobre las obras, pero tambi\u00e9n sobre la doctrinas y las mentalidades, al sustituir la tradici\u00f3n oral por texto impreso, dio a la creencia una consistencia m\u00e1s firme, confiriendo a la \u00abortodoxia\u00bb tridentina su dimensi\u00f3n popular. Por otra parte, haciendo del sacerdote a la vez un \u00abdirector de conciencia\u00bb, consagr\u00f3 poderosamente la dignidad\u00a0 espiritual y la autoridad social del clero. \u00c9ste se ense\u00f1aba tanto en la iglesia como en las familias; a partir del momento en que un manual catequ\u00edstico existe en cada hogar, el contenido se aprend\u00eda de memoria ty se transmit\u00eda oralmente de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Esta forma de herencia espiritual constituye una de las permanencias m\u00e1s vivas de la Francia del Antiguo r\u00e9gimen.<\/p>\n<h2>II. Las escuelitas<\/h2>\n<p>El progreso de las escuelas es paralelo al del catecismo; se debe a las mismas causas y procede del mismo esp\u00edritu. La Edad Media hab\u00eda conocido, es cierto, una ense\u00f1anza elemental constituida, con mayor frecuencia a partir del siglo XII, pero sus fundamentos se repart\u00edan muy desigualmente; se aprend\u00eda sobre todo la gram\u00e1ticas, el canto y un poco de lat\u00edn ya que la mayor\u00eda de los alumnos estaba formada por j\u00f3venes cl\u00e9rigos. Las miserias del siglo XV \u2013la guerra de los Cien a\u00f1os, la peste\u2026- trajeron consigo la decadencia de las escuelas, pero conocieron en el XVI una renovaci\u00f3n de prosperidad bajo el efecto de tres factores: el libro que permiti\u00f3 a un mayo n\u00famero de hombres\u00a0 acceder a la cultura ; la Reforma protestante cuya doctrina conced\u00eda una parte selectiva al libro por excelencia, la Biblia; por \u00faltimo la Reforma cat\u00f3lica y especialmente el concilio de Trento que, tomando conciencia de la importancia de la instrucci\u00f3n para la regeneraci\u00f3n espiritual de la cristiandad y percibiendo que la escuela se convertir\u00eda en uno de\u00a0 los campos de enfrentamiento ideol\u00f3gicos, record\u00f3 la necesidad de mantener una por parroquia. La conjunci\u00f3n de estas fuerzas da cuenta de los progresos de la cultura popular en la segunda mitad del siglo XVI.<\/p>\n<p>En el siglo XVII, la Iglesia recibi\u00f3 esta herencia y la desarroll\u00f3. Fue adem\u00e1s fuertemente ayudada por la poblaci\u00f3n. Para toda creaci\u00f3n escolar en una ciudad o pueblo, se necesitaba la autorizaci\u00f3n de los ediles, es decir el apoyo de una parte al menos de los habitantes. La iniciativa lleg\u00f3 con frecuencia \u00a0de las asociaciones piadosas de laicos, como las conferencias o la Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento; en ellas se profesaba que la escuela, con la misma raz\u00f3n que el catecismo, era la \u00abobra\u00bb por excelencia capaz de transformar la sociedad. La Compa\u00f1\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento fund\u00f3 as\u00ed peque\u00f1as escuelas populares en numerosas regiones: en Marsella, en Grenoble, en Lyon; en esta \u00faltima ciudad, uno de sus dirigentes m\u00e1s activos, Cherles D\u00e9mia, amonestaba a los magistrados de la ciudad sobre \u00abla necesidad de las escuelas para los ni\u00f1os pobres\u00bb y, por s\u00ed solo cre\u00f3 diecis\u00e9is de ellas despu\u00e9s de 1666. Una iniciativa semejante no es excepcional; las sociedades de piedad no se contentan con intervenir ante los intendentes, los obispos, las municipalidades; a menudo sus miembros compran con sus peculios la edificaci\u00f3n escolar y remuneran a los primeros maestros; solicitan la generosidad de los ricos burgueses para fundaciones testamentarias a favor de una o de varias escuelas. A estas intervenciones privadas se a\u00f1ade la acci\u00f3n de la monarqu\u00eda. Con un fin espiritual, pero tambi\u00e9n una intenci\u00f3n de orden pr\u00e1ctico,\u00a0 los reyes se interesaron por la instrucci\u00f3n. Luis XIV y sus ministros quisieron una poblaci\u00f3n m\u00e1s adaptada, en su formaci\u00f3n y en sus mentalidades, a las necesidades de un Estado centralizador y de una econom\u00eda en v\u00edas de desarrollo. Una c\u00e9lebre declaraci\u00f3n real del 13 de diciembre de 1698 \u2013repetida en mayo de 1724- invitaba a los obispos a velar por la presencia efectiva de una escuela en cada parroquia; recordaba a los padres la obligaci\u00f3n de enviar\u00a0 a sus hijos hasta la edad de catorce a\u00f1os y amenazaba con sanciones judiciales toda negligencia en este punto.<\/p>\n<p>El aporte de la era cl\u00e1sica en materia escolar fue por ello considerable, pero no se trata de un simple progreso social, t\u00e9cnico o pedag\u00f3gico, la educaci\u00f3n pretende, ante todo, una preparaci\u00f3n del ni\u00f1o a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<h3><em>1 \u2013 Ambivalencia de la noci\u00f3n de infancia<\/em><\/h3>\n<p>Siglo sacro, el XVII se ha esforzado en efecto por iluminarlo todo con una explicaci\u00f3n teol\u00f3gica. El pensamiento religioso que m\u00e1s profundamente ha marcado a esta \u00e9poca fue el de san Agust\u00edn; el siglo XVII se ha calificado con justicia \u00abel siglo de san Agust\u00edn\u00bb. Pues bien, el obispo de Hipona analiza la vida del mundo y la de cada individuo como un combate entre la concupiscencia y la gracia. esta tensi\u00f3n dram\u00e1tica existe en toda criatura, pero el ni\u00f1o es particularmente vulnerable a los ataques del mal; ser d\u00e9bil, poco armado, todav\u00eda extra\u00f1o a las leyes de la raz\u00f3n, , padece como una tara la huella del pecado original. Todos los autores cl\u00e1sicos cargan sobre \u00e9l\u00a0 juicios severos, ya que no despectivos. \u00abEl estado de la infancia, el m\u00e1s vil y el m\u00e1s abyecto de la naturaleza humana despu\u00e9s del de la muerte\u00bb, proclama B\u00e9rulle, ya que, lo explica, la infancia es \u00abdependencia, indigencia, impotencia, dependencia hasta la indigencia, indigencia hasta la impotencia. \u00a1Qu\u00e9 impotencia la de no poder ni valerse ni de ayudarse a s\u00ed mismo en sus necesidades ni pedir auxilio a los dem\u00e1s, ni pedirlo con palabras!\u00bb \u00bfPor qu\u00e9 una desgracia tan total? Es que el ni\u00f1o est\u00e1 cong\u00e9nitamente afectado de la incapacidad de usar del pensamiento, del verbo y de la acci\u00f3n. En una f\u00f3rmula m\u00e1s lapidaria todav\u00eda, el Padre de Condren, sucesor de B\u00e9rulle a la cabeza del Oratorio, dir\u00e1 de la infancia que es \u00abun estado en el que el esp\u00edritu est\u00e1 sepultado en la debilidad y donde los sentidos de la naturaleza corrompida reinan sobre la raz\u00f3n\u00bb. Bossuet afirmar\u00e1 as\u00ed mismo que \u00abla infancia es la vida de un animal\u00bb; y Nicole, que el\u00bbel esp\u00edritu de los ni\u00f1os est\u00e1 casi todo lleno de tinieblas\u00bb. Tales juicios no son el hecho de algunos\u00a0 moralistas rigoristas o jensenizantes; san Francisco de Sales, el m\u00e1s \u00abhumanista\u00bb de los grandes espirituales franceses no emplea otro lenguaje: \u00abnosotros razonamos en el mundo, dice, en la mayor miseria que se pueda imaginar, ya que no s\u00f3lo en nuestro nacimiento sino tambi\u00e9n durante nuestra infancia, somos como animales, privados de raz\u00f3n, de discurso y de juicio\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00eda no obstante injusto y falso atenerse a esta condena aparentemente sin apelaci\u00f3n. El ni\u00f1o, como todo ser de aqu\u00ed abajo,\u00a0 se dibuja en la realidad humana sobre un doble contraluz: encarna en su totalidad el misterio del destino cristiano, pues une en su persona la corrupci\u00f3n y la pureza. Ser ambivalente, desarmado pero inocente, encierra miseria y desprendimiento. Por eso Jesucristo ha querido ser ni\u00f1o y aparecer en el mundo en la indigencia de la infancia. Es un ejemplo entregado por Dios a la criatura: aceptar un estado de debilidad para humillar a las grandezas terrestres. La infancia es pues un desaf\u00edo al orgullo humano; puede convertirse en la v\u00eda real de la salvaci\u00f3n si se tiene el cuidado de transformar\u00a0 en gracias los instintos de la infancia.<\/p>\n<p>El siglo XVII ha manifestado por eso mismo con respecto al ni\u00f1o una actitud hecha a la vez de desconfianza y de vigilancia: ser d\u00e9bil, imperfecto, fr\u00e1gil, asaltado por las tentaciones, incapaz de perfeccionarse por s\u00ed mismo, ofrece la imagen empeque\u00f1ecida del hombre herido por la falta original. Pero este mismo ni\u00f1o es un ejemplo: \u00e9l encarna el despojo y la inocencia; posee por el bautismo un capital de gracias y de virtudes en potencia que conviene proteger. En ninguna parte esta paradoja tr\u00e1gica de la infancia se sinti\u00f3 con m\u00e1s vigor que en Port-Royal y en el movimiento jansenista. Esta imagen del ni\u00f1o es, en sus componentes teol\u00f3gicos, an\u00e1loga ala del pobre; \u00e9ste como el ni\u00f1o es un ser casi asocial, pero es al mismo tiempo la imagen de Jesucristo. Tambi\u00e9n se justifica, en una visi\u00f3n espiritual, la finalidad humana de la escuela; ella pide cuidados constantes y merece que se\u00a0 dedique a su servicio la vida entera.<\/p>\n<h3><em> 2 \u2013La renovaci\u00f3n escolar<\/em><\/h3>\n<p>Esta visi\u00f3n teol\u00f3gica, herencia lejana del concilio de Trento determina una renovaci\u00f3n de inter\u00e9s para la escuela. La ense\u00f1anza es, por cierto, en sus ritmos cotidianos,\u00a0 casi semejante a la del siglo XVI; en la mayor parte de las regiones las clases funcionan seis horas al d\u00eda \u2013cuatro por la ma\u00f1ana, dos por la tarde- seis meses al a\u00f1o, de Todos los Santos hasta san Jorge (24 de abril) de manera que los ni\u00f1os se vean libres para los trabajos agr\u00edcolas. Pero en el siglo XVII la frecuentaci\u00f3n se hace\u00a0 m\u00e1s regular: las ordenanzas reales precisan su obligaci\u00f3n; los estatutos sinodales obligan a los p\u00e1rrocos a record\u00e1rselo a los padres\u00a0 y los visitantes can\u00f3nicos act\u00faan de la misma forma. En las ciudades los administradores de los bienes de los pobres y las compa\u00f1\u00edas de caridad exigen de las familias que env\u00eden a sus hijos a la escuela, so pena de interrupci\u00f3n de auxilios. En muchas ciudades \u2013Rouen, Lille, Lyon\u2026- se organizan distribuciones de libros, de ropas o de dinero a los ni\u00f1os pobres, pero con la condici\u00f3n de una estricta asiduidad escolar. Todas estas presiones tuvieron evidentemente resultados variables, pero la media de las \u00a0presencias fue mejorando. La edad de la escolaridad era de entre seis a doce a\u00f1os. Clases de la tarde se fundaron\u00a0 igualmente, en particular en Par\u00eds, para los indigentes analfabetos;\u00a0 hubo incluso escuelas del domingo, pero tan s\u00f3lo en las localidades importantes.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1les eran las materias ense\u00f1adas?\u00a0 Su n\u00famero y su naturaleza variaban seg\u00fan las regiones, porque no exist\u00eda ning\u00fan programa oficial. Sin embargo permanencias y constantes se manifiestan a trav\u00e9s del pa\u00eds. En todo lugar el canto ocupa un lugar esencial, supervivencia de las antiguas escuelas mon\u00e1sticas donde los j\u00f3venes cl\u00e9rigos se iniciaban en la\u00a0 melod\u00eda lit\u00fargica. El civismo, -expuesto en numerosos manuales- ense\u00f1a el modo de comportarse en el mundo, pero tambi\u00e9n los deberes para con los padres y maestros; sus t\u00edtulos de ancianidad se remontan a las tradiciones de la caballer\u00eda y de la cortes\u00eda. En el siglo XVI se concede a sus conocimientos\u00a0 gran importancia, ya que es la ciencia del mundo, de ella depende toda la econom\u00eda de las relaciones sociales; es una forma de humanismo cristiano, un modo de introducir el esp\u00edritu de Cristo en sus relaciones con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando el alumno conoce el civismo, se vuelve \u00abescritor\u00bb, es decir que se inicia en la escritura. Pero m\u00e1s que en esta \u00faltima, se inclinan por la lectura, tenida por m\u00e1s necesaria. Durante mucho tiempo, lectura y escritura anduvieron disociadas\u00a0 como dos ciencias diferentes. Seg\u00fan las regiones se inicia en la lectura tanto en lat\u00edn como en franc\u00e9s, a veces se usa lat\u00edn por la ma\u00f1ana y franc\u00e9s por la tarde. El m\u00e9todo para aprender a leer es, en las escuelas parroquiales, el m\u00e9todo individual: cada alumno pasa delante del maestro quien le hace deletrear algunas letras y le muestra un poco la manera de juntarlas; el rendimiento era muy mediocre, pues el ni\u00f1o estaba la mayor parte del tiempo en una semiociosidad, amueblada mal que bien\u00a0 por alg\u00fan ejercicio de copia. Ser\u00e1 san Pedro Fourier quien, a mediados del siglo XVII, est\u00e9 en el origen de un progreso decisivo imagin\u00e1ndose el m\u00e9todo simult\u00e1neo. \u00bfCon qu\u00e9 textos se iniciaban los alumnos en la lectura? Al principio no exist\u00eda libro especializado para aprender el alfabeto; aparecer\u00e1n en la segunda mitad del siglo XVII y el principal parece haber sido el <em>Alfabeto Cruz de Jes\u00fas<\/em>, que cuenta en t\u00e9rminos bien sencillos la vida de Cristo e instruye sobre los \u00faltimos d\u00edas. Mas con frecuencia el ni\u00f1o en un libro hallado en su familia: el\u00a0 <em>Salterio<\/em>, el <em>Catecismo hist\u00f3rico<\/em> de Fleury \u2013concebido como una historia sagrada- el catecismo diocesano o alguna vida de santo; a veces tambi\u00e9n, se acude a los libro y op\u00fasculos de venta callejera. Es a partir de finales del siglo XVI cuando estas obras baratas comienzan a difundirse, pero se quedan limitadas a unas provincias como la Champa\u00f1a; hacia mediados del siglo siguiente, su difusi\u00f3n se extiende a todo el reino, y el \u00e9xito de esta \u00abliteratura de chimenea\u00bb resulta asegurada; <em>la Biblioteca azul<\/em>, la <em>Historia de los cuatro hijos Aymon<\/em>, los viejos romances de caballer\u00eda, las endechas y los m\u00faltiples almanaques penetran en \u00a0las chozas: son le\u00eddos en la escuela pero tambi\u00e9n por las noches, en las veladas. Se integran en la tradici\u00f3n oral y constituyen\u00a0 por eso mismo un aspecto importante\u00a0 de la cultura popular bajo el Antiguo r\u00e9gimen. La aritm\u00e9tica no ten\u00eda sino un papel muy secundario y se limitaba a rudimentos, de alcance sobre todo pr\u00e1ctico: las cuatro operaciones, los modos de medir o el c\u00e1lculo del inter\u00e9s de una suma prestada.<\/p>\n<p>Todas estas disciplinas conflu\u00edan en el conocimiento de la religi\u00f3n, finalidad suprema de toda la ense\u00f1anza. Las formas\u00a0 exteriores de la vida escolar eran ellas mismas sagradas: al entrar en la sala de la escuela los alumnos toman agua bendita y hacen la se\u00f1al de la cruz; recitan luego en privado la invocaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo luego ocupan sus puestos en silencio. Reunidos los ni\u00f1os, el maestro dice el <em>Veni Sancte Spiritus <\/em>con la oraci\u00f3n. El fondo de la ense\u00f1anza dada en la clase\u00a0 consagra una educaci\u00f3n religiosa y moral, siendo las dos nociones estrechamente solidarias; es tard\u00edamente y t\u00edmidamente \u2013hacia mediados del siglo XVIII- cuando\u00a0 se separar\u00e1n el dominio de una educaci\u00f3n cristiana y el de una \u00e9tica puramente humana: en el siglo XVII, natural y sobrenatural se compenetran. Concretamente todo se ordena hacia un conocimiento perfecto del catecismo; se recomienda adem\u00e1s utilizar las obras\u00a0 de historia sagrada que \u00abquitan la sequedad\u00bb del manual y aportan a la religi\u00f3n un elemento de ciencia positiva.<\/p>\n<p>A pesar de su vigor floreciente, las escuelas estaban mancilladas por dos puntos d\u00e9biles: la ense\u00f1anza femenina estaba cuantitativamente\u00a0 poco representada y, por otra parte, los maestros estaban\u00a0 en general formados de un modo\u00a0 puramente emp\u00edrico. Para remediar estas dos carencias se a\u00f1adieron a las escuelas parroquiales las escuelas llamadas \u00abcongregacionistas\u00bb, es decir fundadas y dirigidas por congregaciones religiosas. Conocieron un desarrollo tal\u00a0 en el tiempo de la Reforma cat\u00f3lica que ser\u00eda in\u00fatil pretender\u00a0 construir una lista exhaustiva. Entre las principales: las Ursulinas, fundadas en Italia en 1537, introducidas en Francia en 1612; la congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora instituida en Lorraine en 1616 por Pedro Fourier\u00a0 y\u00a0 Alix\u00a0 Le Clerc; las hijas de Nuestra Se\u00f1ora nacidas en Burdeos por iniciativa de la Madre de Lestonnac; las hijas de la Caridad y las hijas de la Cruz, creadas por san Vicente de Pa\u00fal; las se\u00f1oritas de la instrucci\u00f3n, aparecidas en 1668 a instigaci\u00f3n de los sacerdotes de San Sulpicio y conocidas por el nombre popular de \u00abbeatas\u00bb\u2026, muchas otras m\u00e1s hasta un total de de unas cincuenta en cuanto a la ense\u00f1anza femenina. En el dominio de la ense\u00f1anza masculina, las fundaciones congregacionistas fueron, por raz\u00f3n misma de la existencia de numerosas escuelas parroquiales, m\u00e1s raras y m\u00e1s tard\u00edas. Cada una de estas familias religiosas tuvo su originalidad y sus propias creaciones. Con todo, dos se distingu\u00edan por la novedad y la osad\u00eda de sus iniciativas pedag\u00f3gicas: la congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora y los hermanos de las Escuelas cristianas.<\/p>\n<p>La aparici\u00f3n de la primera marca una fecha en la historia de la pedagog\u00eda: la nueva congregaci\u00f3n se entrega exclusivamente a la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as y \u00e9sa es la raz\u00f3n de su existencia, hasta el punto de justificar otro voto suplementario \u2013el de instruir- a los tres votos cl\u00e1sicos de pobreza,\u00a0 de obediencia y de castidad. La educaci\u00f3n\u00a0 se contempla en una perspectiva a la vez\u00a0 natural y sobrenatural: desarrolla la cultura profana, profundiza en los conocimientos\u00a0 necesarios para la vida social \u2013civismo, lectura, escritura, trabajos manuales\u2026- pero se propone sobre todo reforzar en los esp\u00edritus j\u00f3venes los fundamentos de la fe cristiana, inculcar el recurso a los sacramentos con el fin de \u00abagradar a dios\u00bb. Fue en las escuelas de la congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora donde comenz\u00f3 a ser instaurado el m\u00e9todo llamado \u00absimult\u00e1neo\u00bb: hab\u00eda sido imaginado y expuesto por Pierre Fourier en un libro publicado despu\u00e9s de su muerte, en 1649, las \u00abVerdaderas constituciones de la congregaci\u00f3n de Notre-Dame\u00bb. Consist\u00eda en una ense\u00f1anza por grupo de alumnas al mismo nivel de adelanto; la escuela estaba dividida en \u00abclases\u00bb; cada orden dirigido por una maestra, comprend\u00eda de quince a veinte escolares: sirvi\u00e9ndose cada una del mismo libro, todas pod\u00edan aprender a leer al mismo tiempo. Este m\u00e9todo, racional y eficaz, presentaba varias ventajas: menor fatiga para la institutriz, atenci\u00f3n sostenida en el ni\u00f1o, disciplina m\u00e1s firme; llegar\u00e1 a su plena aplicaci\u00f3n con la aparici\u00f3n de libro barato, es decir a finales del siglo XVII. Procedente de Lorena, la congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora se difundi\u00f3 por todo el reino, en particular por las provincias del norte, su papel fue grande en la expansi\u00f3n de la Reforma cat\u00f3lica, pero ha se\u00f1alado tambi\u00e9n un importante progreso en la historia de la pedagog\u00eda y una etapa en la \u00abpromoci\u00f3n de la mujer\u00bb.<\/p>\n<p>Los Hermanos de las Escuelas Cristianas, fundados en 1682 por Jean-Baptiste de La Salle (1651-1719), tuvieron sobre el desarrollo de la pedagog\u00eda de los muchachos un papel\u00a0 comparable al de las religiosas de Nuestra Se\u00f1ora en la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as. La acci\u00f3n de estas dos familias religiosas se ejerci\u00f3 sin embargo en dos territorios geogr\u00e1ficos diferentes: los hermanos casi exclusivamente en las ciudades; las hermanas en su mayor parte en los campos. M\u00e1s a\u00fan que las hermanas de Nuestra Se\u00f1ora, los hermanos se dedican a uniformar las clases, para alcanzar la simultaneidad pedag\u00f3gica y con ello el orden\u00a0 y la disciplina. Todos los ni\u00f1os de una escuela eran divididos en nueve \u00ablecciones\u00bb seg\u00fan su conocimiento de la lectura; en el interior de la lecci\u00f3n, exist\u00edan, excepto para los debutantes, tres \u00f3rdenes: los principiantes, los mediocres, los avanzados. Cada orden ten\u00eda su lugar asignado y todos los escolares de la misma lecci\u00f3n hac\u00edan uso del mismo libro; el maestro ten\u00eda raramente que dejar su puesto, la disciplina resultaba as\u00ed m\u00e1s estable, la ense\u00f1anza m\u00e1s met\u00f3dica y m\u00e1s progresiva. Otra originalidad de estas escuelas de los hermanos reside en la prioridad absoluta dada a la lengua materna; los ni\u00f1os se familiarizaban con el franc\u00e9s \u2013se hac\u00edan esfuerzos por \u00abhacerles perder el mal acento de la regi\u00f3n\u00bb- y no abordaban la lectura en lat\u00edn hasta despu\u00e9s de acceder a la s\u00e9ptima lecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estos m\u00e9todos atrevidos, casi revolucionarios, de la congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora y de los hermanos de las escuelas cristianas. Ser\u00e1n adoptados en el siglo XVIII por el conjunto del pa\u00eds, pero muy especialmente en las provincias orientales (al este de una l\u00ednea Rouen-B\u00e9ziers); la multiplicaci\u00f3n de los libros de bajo precio consagrar\u00e1 su plena eficacia.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013La escuela y la piedad popular<\/em><\/h3>\n<p>\u00bfHan desarrollado las escuela la devoci\u00f3n y seg\u00fan qu\u00e9 modos? Es dif\u00edcil una respuesta global, si no imposible, por raz\u00f3n de la rareza y con frecuencia de la inexistencia\u00a0 de los trabajos en esta relaci\u00f3n escuela-piedad. Sin embargo los grandes reformadores\u00a0 escolares \u2013Pierre Fourier, Alix Le Clerc, Juan Bautista de La Salle, han tenido por objetivo primero el desarrollo y afirmaci\u00f3n de la fe y de la pr\u00e1ctica. Si nuestros conocimientos en este particular, en cuanto a la mayor parte del siglo, en particular sobre el campo, son pr\u00e1cticamente nulos, algunos trabajos importantes se han dedicado al estudio del problema en las ciudades y especialmente en la acci\u00f3n de los hermanos de las Escuelas cristianas; conciernen pues a los medios populares ciudadanos.<\/p>\n<p>Antes de Juan Bautista de La Salle, uno de los manuales m\u00e1s importantes para el desarrollo de la piedad por la escuela era la <em>Escuela<\/em> p<em>arroquia<\/em>, vademecum de los maestros en los siglos XVII y XVIII; es la obra de Jacques Batencourt, sacerdote de Saint-Nicolas-du-Chardonnet que la public\u00f3 en 1654 para consignar en ella sus dieciocho a\u00f1os de pr\u00e1ctica; difundida por todo el reino, fue reeditada en 1685. La obra se presenta como un gu\u00eda de la piedad popular; muestra c\u00f3mo se extendi\u00f3 \u00e9sta gracias a las ideas justas, comunicadas por el maestro sobre el mundo natural y la vida sobrenatural. Juan Bautista de La Salle hizo suya esta regla, pero al profundizarla y diversificarla\u00a0 en sus aplicaciones: expone su econom\u00eda general en varias obras, en particular en las <em>Meditaciones sobre el empleo de la escuela<\/em>, en los<em> Deberes de un cristiano, <\/em>en las<em> Reglas comunes<\/em>, donde recuerda con inter\u00e9s la finalidad de su empresa que no es ante todo pedag\u00f3gica sino espiritual. \u00abEl esp\u00edritu de este Instituto es primeramente un esp\u00edritu de fe\u2026 Los que no lo tienen o lo han perdido deben ser considerados y considerarse a s\u00ed mismo como miembros muertos.\u00bb El principio esencial de su acci\u00f3n consist\u00eda en ense\u00f1ar al ni\u00f1o a sobre pasar las im\u00e1genes, los ritos o las pr\u00e1cticas para llegar a Dios. Los medios puestos por obra tend\u00edan a hacer vivir la piedad en el contexto escolar. Se esfuerzan por ejemplo en desarrollar la oraci\u00f3n del maestro por sus alumnos, en acostumbrarles a decir juntos el <em>Benedicite<\/em>, en hacer tomar el desayuno a todos los ni\u00f1os en la escuela incluso habituando a los m\u00e1s acomodados a compartir con los m\u00e1s pobres; de esa forma se desarrolla el sentido de la solidaridad cristiana. No se descuida nunca adem\u00e1s exaltar los deberes de estado: a trav\u00e9s de ellos es como la piedad recibe su verdadero valor. Las barreras tienden por este hecho a desaparecer entre natural y sobrenatural; uno y otro aparecen como complementarios. Todo el sector profano de la vida se presenta de esta manera como dependiente por necesidad de Dios, por esta sola raz\u00f3n que Dios, estando en el origen de toda existencia, ninguna criatura puede nada sin su socorro o su gracia; este principio\u00a0 es el pivote del esp\u00edritu de fe lasaliano, se lo recuerda sin cesar en el curso del d\u00eda. Las mismas reglas son aplicables a la elecci\u00f3n de los hombres: en cada maestro deben conjugarse\u00a0 el sentido religioso y la calificaci\u00f3n profesional; un institutor piadoso, pero mediocre pedagogo, ejerce sobre su entorno una influencia disolvente. Si lo esencial va ala formaci\u00f3n del esp\u00edritu, el cuerpo no por ello se descuida: se mantiene a los ni\u00f1os limpios, se lucha contra los piojos, se reducen los castigos corporales al extremo, favoreciendo todas las medidas que confieren a los ni\u00f1os una dignidad el respeto de s\u00ed mismo y la elevaci\u00f3n a Dios.<\/p>\n<p>\u00bfTuvo una educaci\u00f3n semejante continuidad social? Es evidentemente dif\u00edcil formular una respuesta global; no obstante un conjunto de\u00a0 de testimonios diverso y complementarios revela mejoras, ya que no transformaciones b\u00e1sicas\u00a0 en muchas ciudades o muchos barrios: en Reims, en Grenoble, en Calais, en Moulins, en Rouen\u2026. las calles de mala fama se purifican, el vagabundo regresa. En Par\u00eds, la parroquia de San Sulpicio conoce verdaderas mutaciones; los ni\u00f1os vagabundos, ladrones o mal educados, desaparecen de los terenos de ferias y de los mercados; se recitan las oraciones con atenci\u00f3n; se restaura la misa cotidiana muy frecuentada; la ociosidad infantil declina; los efectivos escolares se duplican. Tales cambios se adquieren no por un despliegue de devoci\u00f3n sino por el solo efecto de la buena conducta \u00a0de la clase; medios sencillos pues\u00a0 pero cuya perfecci\u00f3n rigurosa garantiza la eficacia. Tales ejemplos son ciertamente espor\u00e1dicos y estrictamente circunscritos; ser\u00eda peligroso generalizarlos o exagerar su alcance; testimonian sin embargo, a trav\u00e9s del aparato escolar, una dimensi\u00f3n social importante de la Reforma cat\u00f3lica.<\/p>\n<h2>III. La predicaci\u00f3n y las misiones<\/h2>\n<p>Existen para la formaci\u00f3n del cristiano otras v\u00edas de transmisi\u00f3n de la catequesis que el catecismo o la escuela;\u00a0 son en particular la predicaci\u00f3n y las misiones.<\/p>\n<h3><em>1 \u2013La predicaci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>En la predicaci\u00f3n conviene distinguir dos g\u00e9neros bien diferenciados: la predicaci\u00f3n extraordinaria y la predicaci\u00f3n parroquial.<\/p>\n<p>La primera se dirige a c\u00edrculos relativamente restringidos y cultivados: la corte, la alta sociedad de las ciudades parlamentarias, algunos medios intelectuales; se practica\u00a0 no de modo habitual, sino en ocasiones solemnes (aniversarios, fiestas religiosas, estaciones de adviento o de cuaresma). Se trata de un g\u00e9nero literario elevado, ilustrado en el correr del siglo por san Francisco de Sales, Bossuet, Bourdaloue, Fl\u00e8chier, F\u00e9nelon\u2026, y estrechamente integrado en el ideal cl\u00e1sico. Caracteres b\u00e1sicos y tambi\u00e9n rasgos de evoluci\u00f3n la caracterizan; un recurso cada vez m\u00e1s frecuente y sistem\u00e1tico en la Escritura, con frecuencia comentada y citada \u2013es una consecuencia indirecta de las controversias protestantes\u00a0 que contribuyeron\u00a0 a volver a los cat\u00f3licos hacia la Biblia, una tendencia al an\u00e1lisis psicol\u00f3gico y a la introspecci\u00f3n, una presentaci\u00f3n tem\u00e1tica de la religi\u00f3n (el hombre en el plan divino, la econom\u00eda\u00a0 de la salvaci\u00f3n, el orden del pecado, la miseria y la grandeza del cristiano\u2026). Pero esta forma de predicaci\u00f3n interesa al fin y al cabo menos a la pastoral que el pensamiento religioso o la espiritualidad.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n parroquial hab\u00eda sido mediocre en el siglo XVI; los p\u00e1rrocos predicaban poco y mal. Un cambio t\u00edmido de opera hacia 1580 con un principio de aplicaci\u00f3n de los decretos del concilio de Trento (sesi\u00f3n V) que prescrib\u00eda a los p\u00e1rrocos predicar todos los domingos y fiestas. Pero a comienzos del siglo, muchos sacerdotes, sobre todo en las parroquias rurales, por falta de formaci\u00f3n, se mostraban incapaces de ello. En el mejor de los casos, la homil\u00eda se deduc\u00eda a una charla familiar que daba lectura\u00a0 a ordenanzas y edictos que se refer\u00edan a los parroquianos d\u00e1ndoles cuenta de de las noticias exteriores y precis\u00e1ndoles algunos puntos de religi\u00f3n. Las visitas can\u00f3nicas lo apuntan: hay pocos p\u00e1rrocos buenos predicadores. En esta \u00e9poca no obstante, muchos obispos piden al clero parroquial que traduzcan al franc\u00e9s\u00a0 algunas p\u00e1ginas de la misa; a veces facilitan un modelo de homil\u00eda que debe ser le\u00eddo textualmente. En 1639, el obispo de Chartres L\u00e9onard de Estampes manda distribuir catecismos del cardenal de Richelieu\u00a0 \u00abdel que deben leer los p\u00e1rrocos, dice, un cap\u00edtulo cada domingo. En 1653, en la misma di\u00f3cesis, el gran arcediano pide a los deanes rurales que vigilen para que los p\u00e1rrocos ense\u00f1en en su homil\u00eda el Pater, la salutaci\u00f3n ang\u00e9lica, el s\u00ednodo de los ap\u00f3stoles, los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Tal cual sin embargo y hasta en torno a lo 1650, la predicaci\u00f3n parroquial se reduce, al menos en los pueblos, a una catequesis sumaria para adultos.<\/p>\n<p>En la segunda mitad del siglo XVII, se manifiestan cambios importantes; los seminarios desarrollan la instrucci\u00f3n de los cl\u00e9rigos y los forman en la palabra p\u00fablica; las conferencias eclesi\u00e1sticas ampl\u00edan su horizonte y sobre todo los p\u00e1rrocos disponen ya de manuales propios para \u00a0ayudar y nutrir su pastoral. Los m\u00e1s importantes fueron <em>El misionero parroquial<\/em> de Gambart, <em>Las reglas de conducta<\/em> <em>para los p\u00e1rrocos<\/em> de Jean Richard y <em>La Manera de instruir bien a los pobres<\/em> de Joseph Lambert. Ahora bien si el progreso es cierto sigue siendo insuficiente. Las ordenanzas sinodales de fin de siglo no dejan nunca de insistir sobre la necesidad de las homil\u00edas dominicales, dando a entender que una verdadera regularidad est\u00e1 todav\u00eda lejos de establecerse en este terreno.<\/p>\n<p>Por eso, ya hac\u00eda tiempo que se realizaban esfuerzos\u00a0 por suplir las insuficiencias del clero parroquial recurriendo a regulares \u2013dominicos, carmelitas, franciscanos\u2026-m\u00e1s cultivados y especialistas de la evangelizaci\u00f3n por la palabra. A veces estos religiosos daban predicaciones aisladas pero con mayor frecuencia interven\u00edan en los planes de misiones.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013Origen y organizaci\u00f3n de las misiones<\/em><\/h3>\n<p>La misi\u00f3n es una forma excepcional y temporal de apostolado; fue primeramente practicada en Italia del Norte luego, por el Comtat Venaissin y la Saboya, penetr\u00f3 en Francia\u00a0 al final de la edad Media; se dirig\u00eda entonces casi exclusivamente al p\u00fablico urbano. Su principio responde\u00a0 por lo general al esquema siguiente: a la petici\u00f3n del obispo, muchos religiosos evangelizan durante un tiempo m\u00e1s o menos largo a un grupo de parroquias generalmente un deanato; predican, ense\u00f1an el catecismo, confiesan, organizan ceremonias; al final de la misi\u00f3n acude el obispo mismo al centro del deanato y, en el curso de un oficio solemne, distribuye la confirmaci\u00f3n. Las misiones de este tipo tienen lugar\u00a0 sobre todo en los campos; en las ciudades, la misi\u00f3n se asocia con frecuencia a la estaci\u00f3n de adviento o de cuaresma. A finales del siglo XVI y principios del XVII, la misi\u00f3n fue a veces un medio de lucha contra el protestantismo,\u00a0 se inscribe en un plan general de controversia. As\u00ed las c\u00e9lebres misiones del jesuita san Francisco R\u00e9gis, en los C\u00e9vennes, el Velay y el Vivarais, est\u00e1n pensadas en un esp\u00edritu de conversi\u00f3n pac\u00edfica. A partir de 1617, una experiencia de inspiraci\u00f3n semejante pero de estilo bastante diferente\u00a0 se crea en el Poitou; una zona de misi\u00f3n permanente se conf\u00eda a los capuchinos; se perpet\u00faa en ella un modo de controversia muy vivo, heredado de la \u00e9poca de las guerras de religi\u00f3n. Este vigor ofensivo deb\u00eda atenuarse a partir de 1660; se adoptaron entonces perspectivas m\u00e1s ir\u00e9nicas, por un tiempo al menos. Pero la pol\u00edtica anti-protestante de Luis XIV provoc\u00f3, despu\u00e9s de 1680, una recrudescencia de agresividad en las misiones; ocurri\u00f3 incluso que misioneros acompa\u00f1en a dragones\u00a0 en alojamiento en casa de protestantes. Mientras que otros m\u00e9todos se pusieron por obra igualmente en esta \u00e9poca; por ejemplo la que instaur\u00f3 F\u00e9nelon en la misi\u00f3n que dirigi\u00f3 personalmente, en 1685-1686, en las costas de Aunis y de Saintonge: al estilo autoritario sustituy\u00f3, con una actitud de comprensi\u00f3n y de simpat\u00eda, multiplic\u00f3 las conversaciones, los intercambios y las discusiones\u00a0 con los reformados; acept\u00f3 el abandono por parte de los protestantes de ciertas pr\u00e1cticas piadosas, admitiendo en materia lit\u00fargica confesiones tales como el uso de la lengua vulgar. F\u00e9nelon ha creado de esta forma un nuevo estilo de controversia y una pastoral para los reci\u00e9n convertidos.<\/p>\n<p>Esta ofensiva contra los protestantes no fue sin embargo m\u00e1s que un caso particular de la obra de las misiones interiores; \u00e9stas han existido por todas partes, incluso en las di\u00f3cesis que han seguido con una fidelidad sin sombra el catolicismo. Participaban en ellas religiosos de \u00f3rdenes\u00a0 o de congregaciones muy variadas: jesuitas, oratorianos, capuchinos, lazaristas, sulpicianos, eudistas, por \u00faltimo en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XVII y los primeros del XVIII, monfortianos, es decir sacerdotes de la congregaci\u00f3n fundada por luis Grignon de Monfort; cl\u00e9rigos seculares aportaban a veces su concurso a los misioneros.<\/p>\n<p>Las misiones pod\u00edan estar organizadas de diversa maneras. A veces los obispos creaban una misi\u00f3n perpetua dando a una congregaci\u00f3n a la vez un beneficio y una renta y una o varias residencias en la di\u00f3cesis. As\u00ed, en 1640, el obispo de Toulon funda una misi\u00f3n de dos sacerdotes del Oratorio para todas las parroquias de la di\u00f3cesis; en 1641, el obispo de Meaux aprueba la fundaci\u00f3n de una misi\u00f3n de ocho lazaristas a quienes se entrega el castillo de Cr\u00e9cy y cuatro mil libras de renta. Cuando los obispos se ve\u00edan en la imposibilidad de\u00a0 realizar tales fundaciones, recurr\u00edan epis\u00f3dicamente a grupos de misioneros que se desplazaban por la di\u00f3cesis y permanec\u00edan alg\u00fan tiempo en las parroquias m\u00e1s importantes; de all\u00ed part\u00edan hacia las m\u00e1s peque\u00f1as. A veces finalmente la misi\u00f3n tomaba un giro m\u00e1s sistem\u00e1tico: la di\u00f3cesis entera era puesta en estado de misi\u00f3n. Cuando Fran\u00e7ois Harlay de Champvallon tom\u00f3 posesi\u00f3n de su sede de Par\u00eds, en 1671, se decidi\u00f3 a organizar una misi\u00f3n general para reanimar la vida espiritual de toda su di\u00f3cesis y preparar a sus fieles para la confirmaci\u00f3n. El territorio fue dividido en dieciocho cantones; a cada uno de ellos fue enviado un equipo de misioneros que, entre Pascua y Pentecost\u00e9s de 1672, ejercieron su apostolado. Los religiosos, instalados en el centro de su cant\u00f3n, alcanzaban con facilidad las dem\u00e1s parroquias; ciento sesenta sacerdotes de todas las \u00f3rdenes y de todas las familias \u2013lazaristas, oratorianos, capuchinos, genovevianos\u2026- trabajaron as\u00ed en la renovaci\u00f3n de la regi\u00f3n durante varias semanas.<\/p>\n<h3><em>3 \u2013La pastoral misionera<\/em><\/h3>\n<p>\u00bfQu\u00e9 m\u00e9todos se pon\u00edan en pr\u00e1ctica en estas misiones? Variaban seg\u00fan el lugar, seg\u00fan la naturaleza de su audiencia, pero sobre todo con la familia espiritual a la que pertenec\u00edan los misioneros. En la primera mitad del siglo, de 1615 a 1640, muchas misiones se organizaron en la regi\u00f3n parisiense por Bourdaloue; supo hacer pasar a su predicaci\u00f3n el esp\u00edritu de la comunidad de San Nicol\u00e1s del Chardonnet que hab\u00eda fundado en 1613, es decir: un cristocentrismo vivificado por una devoci\u00f3n ardiente hacia la eucarist\u00eda y una \u00a0espiritualidad\u00a0 muy \u00absacerdotal\u00bb, fundad en una gran exigencia de perfecci\u00f3n con respecto al sacerdote, mediador de toda gracia. San Vicente de Pa\u00fal y los lazaristas adoptaban\u00a0 un estilo muy sencillo; la misa de la ma\u00f1ana llevaba consigo siempre una exhortaci\u00f3n a los fieles; por la tarde ten\u00eda lugar el peque\u00f1o catecismo destinado a los ni\u00f1os; por la noche el gran catecismo se dirig\u00eda a los adultos, era el principal ejercicio de la misi\u00f3n, duraba tres cuartos de hora, y los temas adoptados eran temas doctrinales esenciales\u00a0 del catolicismo con el acento puesto en la penitencia y en los nov\u00edsimos. La misi\u00f3n se terminaba con una ceremonia solemne, generalmente la primera comuni\u00f3n de los ni\u00f1os y la plantaci\u00f3n de una cruz. San Vicente de Pa\u00fal cre\u00eda mucho en la \u00a0predicaci\u00f3n reducida a sencillos comentarios del Evangelio. Pero cre\u00eda m\u00e1s todav\u00eda en la ense\u00f1anza por el ejemplo, por eso prohibi\u00f3 \u2013contrariamente a casi todo sus contempor\u00e1neos- la controversia con los pastores protestantes, cuyo \u00fanico efecto es\u00a0 cultivar la vanidad: \u00abTrabajemos humildemente y respetuosamente, escrib\u00eda en 1635 a uno de sus compa\u00f1eros, que no se desaf\u00ede a los ministros en la c\u00e1tedra; que no se diga que no podr\u00edan demostrar ning\u00fan pasaje de sus art\u00edculos de fe en la Sagrada Escritura, sino raramente y con el esp\u00edritu de humildad y de compasi\u00f3n; ya que de otro modo Dios no bendecir\u00e1 nuestro trabajo, alejar\u00e1 a la pobre gente de nosotros, ellos pensar\u00e1n que hay vanidad en nuestras obras\u00a0 y no nos creer\u00e1n.\u00bb La verdadera apolog\u00e9tica reside pues, a sus ojos,\u00a0 en el ejercicio de las virtudes y de la bondad.<\/p>\n<p>Otros misioneros pon\u00edan en pr\u00e1ctica procedimientos m\u00e1s complejos y m\u00e1s sabios. En la segunda mitad del siglo, los capuchinos adoptaron este estilo bajo el impulso de un de los suyos, el Padre Honor\u00e9 de Cannes, quien predic\u00f3 mucho en el mediod\u00eda de Francia. Este religioso puso a punto un m\u00e9todo aplicado en la mayor parte de las misiones\u00a0 de capuchinos y fundado en un arte oratoria\u00a0 progresiva en sus medios y sus efectos. El programa de un d\u00eda de misi\u00f3n de este tipo\u00a0 se divid\u00eda en cuatro partes. Al alba, el serm\u00f3n instructivo segu\u00eda la misa: era una exhortaci\u00f3n muy sencilla, destinada sobre todo a las clases populares \u2013campesinos, artesanos, criados\u2026- Al finalizar la ma\u00f1ana, la meditaci\u00f3n consist\u00eda en una reflexi\u00f3n de un estilo l\u00edrico muy libre sobre un texto lit\u00fargico o una oraci\u00f3n. La conferencia de la tarde depend\u00eda del di\u00e1logo oratorio; un misionero hac\u00eda el papel del increyente o del pecador; otro, en el p\u00falpito, le daba la r\u00e9plica y reduc\u00eda sus objeciones. El g\u00e9nero impresionaba a los esp\u00edritus y consegu\u00eda grandes \u00e9xitos; Bossuet lo hizo practicar en la catedral de Meaux en 1692. Por \u00faltimo el serm\u00f3n de la noche deb\u00eda, al decir del Padre Honor\u00e9, ser \u00abpopular, pat\u00e9tico y arrebatador\u00bb; reun\u00eda a un gran concurso de gente y daba al orador la ocasi\u00f3n\u00a0 de recordar en una s\u00edntesis vibrante los grandes temas evocados en el d\u00eda.<\/p>\n<p>A estos ejercicios habituales algunos misioneros a\u00f1ad\u00edan otros, de car\u00e1cter m\u00e1s extraordinario, destinados a impresionar las imaginaciones. Eran, por ejemplo, grandes fiestas o procesiones en las cuales se evocaban algunos aspectos de la historia de\u00a0 sagrada o de la vida de Cristo. Se vio de esta manera a los oratorianos celebrar en 1682, en el pa\u00eds de Avignon, el <em>Triunfo del Ni\u00f1o Jes\u00fas<\/em>. El hijo del se\u00f1or del lugar \u00abvestido de \u00e1ngel era llevado por cuatro hombres vestidos de alba en unas andas de reliquias portando la imagen del Santo Ni\u00f1o Jes\u00fas; muchos ni\u00f1os y ni\u00f1as le dec\u00edan versos en ciertas estaciones y, durante la marcha, se cantaban las letan\u00edas de la infancia\u00bb. Era la transposici\u00f3n, en un modo esc\u00e9nico y popular, de un aspecto de la espiritualidad beruliana: el \u00abestado de infancia de Jes\u00fas\u00bb del que todo cristiano debe esforzar por participar. Esta nota beruliana explica porqu\u00e9 esta pr\u00e1ctica goz\u00f3 de favor entre los oratorianos.<\/p>\n<p>En todas las misiones los cortejos ocupaban mucho lugar: la procesi\u00f3n de clausura en particular deb\u00eda conmover la sensibilidad. Las casas de la ciudad eran engalanadas con colgaduras; al frente del cortejo, los religiosos (franciscanos, capuchinos, carmelitas\u2026) llevaban un cirio, luego ni\u00f1os vestidos de \u00e1ngeles con banderitas, ven\u00edan por \u00faltimo los sacerdotes de las parroquias, el dosel del Sant\u00edsimo Sacramento, los notables de la ciudad; la poblaci\u00f3n se hab\u00eda reunido al paso. Era la imagen del pueblo santo en marcha; un espect\u00e1culo barroco en el que los cristianos encontraban por el exotismo espiritual \u00abel desconcierto por lo maravilloso\u00bb.<\/p>\n<p>Durante el siglo, la misi\u00f3n evoluciona en su organizaci\u00f3n y su finalidad. En el origen, hab\u00eda que catequizar, ense\u00f1ar las grandes verdades; en adelante hay que renovar o mantener el esp\u00edritu cristiano, hacer llegar el mensaje evang\u00e9lico a la pr\u00e1ctica corriente, emplearse en promover las obras, las reconciliaciones, las fundaciones. La misi\u00f3n no cambia solamente en sus fines sino tambi\u00e9n en sus medios: en lugar del serm\u00f3n sencillo, did\u00e1ctico, se despliega una predicaci\u00f3n de estilo barroco, teatral, con una afectividad a menudo desbordada, anunciadora del prerromanticismo. Este car\u00e1cter se afirma en particular en las plantaciones de cruces: cruces muy altas, con frecuencia llevadas por doscientos hombres descalzos, mientras que los instrumentos de la Pasi\u00f3n se hacen presentes por los miembros del clero. La cruz es izada en una altura y al d\u00eda siguiente se organiza una procesi\u00f3n de antorchas por las calles iluminadas. Es la ceremonia de la petici\u00f3n de perd\u00f3n: una multitud a veces de varios miles de personas viene a pedir perd\u00f3n por sus culpas; el Padre, de rodillas, con una antorcha o el ostensorio en la mano, se acusa en nombre de todos, despu\u00e9s la multitud entera se prosterna con la cara en tierra. En este espect\u00e1culo, los lloros, las imploraciones ocupan un gran lugar; se llega a la \u00e9poca en la que seg\u00fan la palabra de Paul Hazard, \u00abse crey\u00f3 que se pod\u00eda sin verg\u00fcenza mostrar sus l\u00e1grimas\u00bb. Las misiones que han usado\u00a0 mucho tiempo de estos medios tambi\u00e9n han contribuido a la vez a la aparici\u00f3n de la literatura lacrim\u00f3gena \u2013llamada en el siglo XVIII a porvenir tan grande \u2013 y al nacimiento de una nueva sensibilidad religiosa. Pero al mismo tiempo que se despliega esta afectividad muy exteriorizada aparecen al final del siglo XVII y principios del XVIII, formas de piedad m\u00e1s espiritualizadas: los retiros particulares. Se dirigen a grupos m\u00e1s restringidos y socialmente m\u00e1s homog\u00e9neos: muchacho y muchachas, mujeres y j\u00f3venes de \u00abcondici\u00f3n\u00bb, hombres de \u00abcalidad y condici\u00f3n\u00bb, lacayos y siervos, artesanos, escolares, eclesi\u00e1sticos. La predicaci\u00f3n se adapta a los oyentes y se orienta hacia problemas de moral profesional o social; as\u00ed, delante de \u00ablas mujeres de calidad\u00bb, el misionero se esfuerza en condenar el lujo y sobre todo \u00abel horrible abuso de las que aparentan escandalizar a la Iglesia por el nudismo de sus brazos, de su cuello y de sus hombros\u00bb. En los magistrados la predicaci\u00f3n recuerda que son \u00ablos lugartenientes de la justicia de Dios en la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>Los resultados de las misiones fueron importantes aunque dif\u00edcilmente reductibles a guarismos. Se traducen por una piedad m\u00e1s ferviente, una pr\u00e1ctica m\u00e1s regular principalmente en la frecuentaci\u00f3n eucar\u00edstica, como da fe de ello una encuesta llevada en algunas parroquias de la regi\u00f3n de Nantes. De este modo se opera un \u00abrelanzamiento\u00bb de la vida cristiana. Pero los frutos de las misiones\u00a0 se manifiestan tambi\u00e9n \u2013los archivos notariales lo dicen- en el terreno social, en particular por las \u00abreconciliaciones\u00bb, consideradas como las se\u00f1ales aut\u00e9nticas\u00a0 de una verdadera conversi\u00f3n. En la misi\u00f3n de Angers de 1684, predicada por el P. Honor\u00e9 de Cannes. Despu\u00e9s de dos o tres sermones sobre la paz y el perd\u00f3n,, se asiste a tres o cuatrocientas reconciliaciones, atestiguadas por tratados que pon\u00edan fin\u00a0 a procesos y conclu\u00edan\u00a0 compromisos para el porvenir. Las restituciones operadas en el curso de la misma misi\u00f3n\u00a0 se eval\u00faan en sesenta mil libras; 30.00 devueltas a los propietarios por los que se las hab\u00edan robado y treinta mil destinadas a los misioneros. Las conversiones se multiplican, a la vez en las costumbres y en los comportamientos de la vida corriente.\u00a0 Ciertos cuerpos de oficio se comprometen\u00a0 por acta notarial a tener la tienda cerrada el domingo y a no trabajar. Por \u00faltimo el n\u00famero de las fundaciones\u00a0 aumente, algunas de las cuales revelan una verdadera preocupaci\u00f3n altruista, como la creaci\u00f3n de un monte de piedad, la de una compa\u00f1\u00eda de damas de caridad \u00a0o tambi\u00e9n la instauraci\u00f3n de una jurisdicci\u00f3n destinada a concluir amistosamente\u00a0 los peque\u00f1os procesos. La misi\u00f3n fue as\u00ed un medio de renovaci\u00f3n espiritual, pero tuvo adem\u00e1s una influencia\u00a0 social y hasta econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>La catequesis popular se comunica pues a la masa de los fieles bajo las formas evocadas anteriormente; las del catecismo, de la escuela, de la predicaci\u00f3n y de las misiones. Pero hay otras v\u00edas menos oficiales o menos institucionales de transmisi\u00f3n del lenguaje cristiano: son los c\u00e1nticos, los noels, las obras de edificaci\u00f3n, las vidas de santos, los almanaques, la iconograf\u00eda de las iglesias y la liturgia en todas sus formas.<\/p>\n<p>Lejos de constituir un sector \u00abaparte\u00bb de la ense\u00f1anza doctrinal, esta catequesis popular se relaciona directamente y por lazos m\u00faltiples con el magisterio eclesial; sus l\u00edneas maestras se inspiran en los estatutos sinodales, en las conferencia eclesi\u00e1sticas, en las instrucciones de los obispos, en los curso profesados en los seminarios. Se distingue por varios caracteres originales, formas anteriores de catequesis que han alimentado la fe cristiana de los siglos de la Edad Media. Primero la calidad de una ense\u00f1anza escrita, superior en precisi\u00f3n a la tradici\u00f3n oral o a la expresi\u00f3n iconogr\u00e1fica. Luego el lugar importante concedido a la teolog\u00eda positiva a expensas del razonamiento escol\u00e1stico; de donde la frecuente evocaci\u00f3n de las escenas b\u00edblicas o evang\u00e9licas\u00a0 y de los episodios de la vida del \u00abJes\u00fas hist\u00f3rico\u00bb. Por \u00faltimo, cada vez m\u00e1s a medida que se avanza en el siglo se afirma la expresi\u00f3n de una moral m\u00e1s estricta y, seg\u00fan la palabra de Pierre Chaunu, de un cierto \u00abascetismo pr\u00e1ctico\u00bb, alimentado por la multiplicaci\u00f3n de los manuales de confesores o por las grandes obras de actualidad, como la <em>Frecuente<\/em> comuni\u00f3n de Antoine Arnauld o las <em>Provinciales<\/em> de Pascal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VI: La pastoral educativa El desarrollo de la cultura de los p\u00e1rrocos, el afianzamiento de su formaci\u00f3n pastoral no pod\u00edan dejar de comunicarse a la vida religiosa de los fieles mismos. 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