{"id":9722,"date":"2015-06-06T04:21:09","date_gmt":"2015-06-06T02:21:09","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/02\/03\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-2\/"},"modified":"2016-07-26T16:58:12","modified_gmt":"2016-07-26T14:58:12","slug":"el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-02","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/el-catolicismo-en-la-francia-clasica-capitulo-02\/","title":{"rendered":"El catolicismo en la Francia cl\u00e1sica. Cap\u00edtulo 02"},"content":{"rendered":"<h1>Capitulo II:<br \/>\n\u00d3rdenes, Congregaciones, eremitismo<\/h1>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-61580\" title=\"paris_clasico\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/01\/paris_clasico-300x243.jpg?resize=300%2C243\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"243\" \/><\/a>La Reforma cat\u00f3lica se manifest\u00f3 primeramente por una renovaci\u00f3n generalizada en la Iglesia regular. Este movimiento fue, en cierta medida, espont\u00e1neo; as\u00ed\u00a0 se observa, antes incluso de la ruptura de Lutero con Roma, una brillante floraci\u00f3n mon\u00e1stica, de la que fueron manifestaciones m\u00e1s importantes la reorganizaci\u00f3n de la congregaci\u00f3n de Cluny, a finales del siglo XV y principios del XVI, luego la aparici\u00f3n de la congregaci\u00f3n de Chezal-Beno\u00eet en la di\u00f3cesis de Bourges. Sin embargo, este primer impulso iba a ser, en gran parte, frenado por el concordato de 1516 que, al conceder al rey la nominaci\u00f3n a los beneficios mayores, le reservaba la designaci\u00f3n de los abades; de donde deb\u00eda resultar una extensi\u00f3n generalizada de la encomienda.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n volvi\u00f3 a aparecer, de un modo m\u00e1s sistem\u00e1tico, en la segunda mitad del siglo XVI: fue apoyada por las decisiones del concilio de Trento, pero m\u00e1s a\u00fan por la Santa Sede. Varias razones explican el inter\u00e9s concedido a la Iglesia regular por los papas. Observaban \u00e9stos primeramente que en Alemania la reforma luterana hab\u00eda nacido, en gran medida, en los conventos: importaba pues, a fin de evitar la vuelta a crisis semejantes, restablecer el respeto a la regla y acentuar la centralizaci\u00f3n. Los monasterios representaban por otra parte a la Iglesia sabia, por consiguiente la m\u00e1s apta para luchar con armas iguales con los protestantes quienes, con todo empe\u00f1o, se refer\u00edan a la letra o al esp\u00edritu del cristianismo primitivo: abad\u00edas y congregaciones dotar\u00e1n de hecho, en el siglo XVII, a la ex\u00e9gesis y a la controversia de sus principales artesanos. Por fin Roma ten\u00eda m\u00e1s acci\u00f3n sobre los monasterios que sobre las Iglesias diocesanas: muchas eran exentas y escapaban por ello a la autoridad de los obispos; los cl\u00e9rigos regulares constitu\u00edan de esta forma, por su movilidad y subordinaci\u00f3n a la Santa Sede, unas huestes muy se\u00f1aladas para una pol\u00edtica activa de reconquista. Este movimiento no se limit\u00f3 a Francia, pero all\u00ed adquiri\u00f3 una dimensi\u00f3n excepcional y se explica por el gran n\u00famero de las casas existentes ya y por el hecho de que el reino, terreno de encuentro de los cat\u00f3licos y de los protestantes, constitu\u00eda una base natural de intercambios y enfrentamientos.<\/p>\n<h2>I \u2013 La reforma de las \u00f3rdenes antiguas<\/h2>\n<h3>1 \u2013 Los benedictinos.<\/h3>\n<p>No existe, en sentido estricto, una orden benedictina, sino varias \u00f3rdenes, a su vez fraccionadas en congregaciones mon\u00e1sticas. El car\u00e1cter com\u00fan de todas estas familias benedictinas reside, en el siglo XVII, en su tendencia al reagrupamiento y a cierta \u00a0centralizaci\u00f3n: as\u00ed se desarrollan las congregaciones mon\u00e1sticas. Conviene recordar a este respecto la distinci\u00f3n esencial entre congregaciones mon\u00e1sticas \u2013conjunto de monasterios que forman una federaci\u00f3n regional dentro de una orden- y congregaciones religiosas \u2013sociedades de sacerdotes con votos simples como la de los sulpicianos, eudistas o lazaristas. Las congregaciones mon\u00e1sticas postridentinas aparecen en Francia a fines del siglo XVI: la congregaci\u00f3n de los exentos, llamada \u00abgalicana\u00bb, nacida en 1580, tuvo una existencia muy breve, lo mismo ocurri\u00f3 con la congregaci\u00f3n de Breta\u00f1a\u00a0 creada en\u00a0 1604.<\/p>\n<p>La primera congregaci\u00f3n mon\u00e1stica con esperanzas de una vida estable y duradera fue la congregaci\u00f3n de Saint-Vanne y de Saint- Hydulphe, instituida en Verdun en 1604, a instancias de un monje de la abad\u00eda de Saint-Vanne, dom Didier de la Cour, y gracias al apoyo del obispo de la di\u00f3cesis, Erric de Lorraine. Sin entrar en las circunstancias complejas de la instauraci\u00f3n de la reforma vanista, se advertir\u00e1 simplemente que debi\u00f3 enfrentarse con graves dificultades, venidas de la oposici\u00f3n de los religiosos instalados para siempre en sus privilegios y en su vida relajada. El principio seguido por Didier de la Cour, como tambi\u00e9n por la mayor parte de los reformadores contempor\u00e1neos, fue el de admitir dos comunidades en los monasterios: los defensores de la reforma y los otros, destinados estos \u00faltimos a desaparecer por falta de reclutamiento. Se restableci\u00f3 pues la regla benedictina en su rigor primero, comenzando por Saint-Vanne de Verdun y Saint-Hydulphe de Moyenmoutier, luego en otros monasterios despu\u00e9s de la aprobaci\u00f3n can\u00f3nica concedida por Roma. La congregaci\u00f3n de Saint-Vanne se extendi\u00f3 as\u00ed a la Lorena despu\u00e9s al Franco Condado y a la mayor parte de la Champa\u00f1a. Para finales del siglo XVII, contaba con cincuenta casas y agrupaba de 500 a 600 monjes. Las primeras constituciones se publicaron en 1610 viviendo a\u00fan Didier de la Cour; varios complementos se le a\u00f1adieron en lo sucesivo, m\u00e1s sin modificaci\u00f3n profunda. El principio capital de estas constituciones resid\u00eda en la gran autoridad devuelta al cap\u00edtulo general. Reunido anualmente, el segundo domingo despu\u00e9s de Pascua, agrupaba a todos los superiores y los conventuales, es decir a los representantes de cada comunidad elegidos por sufragio universal: en total, un poco m\u00e1s de cien personas. Su funci\u00f3n esencial era la de tratar delos asuntos, administrativos o financieros de la congregaci\u00f3n, pero sobre todo de designar a los superiores para un nuevo a\u00f1o y de distribuir a los religiosos por las diferentes casas. Semejante modo de gobernar deb\u00eda dar a la congregaci\u00f3n su estilo propio. Se detecta en primer lugar la clara voluntad de reaccionar contra el mal del siglo, la encomienda: fin que se persegu\u00eda cuando los abades regulares eran despojados de toda autoridad en beneficio de los priores designados por el cap\u00edtulo; era una transposici\u00f3n de la estabilidad benedictina, del plan de la abad\u00eda al de la congregaci\u00f3n. Por otra parte la generalizaci\u00f3n y frecuencia de las elecciones, los debates y las competiciones apasionadas que los preparaban, hac\u00edan a la congregaci\u00f3n de Saint-Vanne particularmente receptiva a las corrientes ideol\u00f3gicas: el cartesianismo, el jansenismo, el richerismo, m\u00e1s tarde la francmasoner\u00eda y el presbiterianismo galicano conocieron en ella una gran audiencia. La congregaci\u00f3n tuvo una vida intelectual fecunda y brillante; ella constituy\u00f3 la trama de la Iglesia sabia en el nordeste d Francia y se distingui\u00f3 en las actividades m\u00e1s diversas del esp\u00edritu: historia, controversia, espiritualidad;\u00a0 ella contribuy\u00f3 a renovaciones fundamentales en la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Saint-Vanne deb\u00eda dar nacimiento a otra familia benedictina que pronto lleg\u00f3 a superarla en efectivos, en extensi\u00f3n geogr\u00e1fica y en su esplendor: la congregaci\u00f3n de Saint-Maur \u2013del nombre de un compa\u00f1ero de San Benito- can\u00f3nicamente creada por un acta pontificia de 1621. Se hab\u00eda pensado primitivamente extender a toda Francia la reforma de Saint-Vanne, pero el rey, el parlamento y la opini\u00f3n se negaron a admitir que benedictinos franceses fueran puestos bajo la tutela de superiores loreneses; una independencia completa pareci\u00f3 preferible, pero se conquist\u00f3 por el buen entendimiento con Saint-Vanne. Saint-Maur gan\u00f3 muchos de los monasterios benedictinos franceses no reformados por Saint-Vanne: solos, algunos siguieron independientes y otros mantuvieron si fidelidad a la antigua congregaci\u00f3n de Cluny. En el momento de su mayor expansi\u00f3n, a finales del siglo XVII, Saint-Maur alcanz\u00f3 cerca de 200 monasterios. En un comienzo las constituciones mauristas fueron las mismas que las de Saint-Vanne, mas pronto las necesidades pr\u00e1cticas impusieron adaptaciones: \u00e9sa fue la obra de dom Gr\u00e9goire Tarisse, primer superior general (1630-1648). A la cabeza de la congregaci\u00f3n, el cap\u00edtulo general, reunido cada tres a\u00f1os, ejerce el poder legislativo y ejecutivo. Su autoridad es soberana: nombra a todas las dignidades (superiores mayores, priores, subpriores&#8230;). El superior general, elegido para tres a\u00f1os y reelegible a perpetuidad, es ayudado por dos asistentes; cada una de las seis provincias tiene a la cabeza a un visitador. El superior, los dos asistentes y los seis visitadores componen la dieta, asamblea anual. En cuanto al cap\u00edtulo general, \u00e9ste re\u00fane a los miembros de la dieta y a cuatro delegados por provincia elegidos por las dietas provinciales que comprenden a todos los priores y a un conventual por casa. El efectivo del cap\u00edtulo general no sobrepasa pues los 33 miembros. Todas las provincias tienen su noviciado y su casa de estudio. En cada monasterio, el prior est\u00e1 asistido de un consejo compuesto de dos monjes escogidos por \u00e9l y de otros dos elegidos por la comunidad; el prior es quien nombra a los diferentes oficiales. Todos los religiosos deben obediencia al superior general. Por su organizaci\u00f3n interna, la congregaci\u00f3n de Saint-Maur se emparenta con la de Saint-Vanne. Como ella, est\u00e1 marcada por la evicci\u00f3n sistem\u00e1tica de los abades y por la voluntad de entregar la totalidad de los poderes a los priores elegidos por el cap\u00edtulo. Pero Saint-Maur se caracteriza ante todo por su gobierno estable, fundado en una armon\u00eda profunda entre el poder central y las autoridades locales. Las elecciones peri\u00f3dicas, pero sin frecuencia excesiva, el modo de escrutinio de dos categor\u00edas, la posibilidad de prorrogar al superior genera aseguran a la totalidad de la congregaci\u00f3n un equilibrio que contrasta con la gran movilidad de Saint-Vanne. Durante el siglo XVII, Saint-Maur deb\u00eda asumir un papel eminente en el desarrollo de las ciencias religiosas, particularmente en las t\u00e9cnicas de erudici\u00f3n, la numism\u00e1tica, la arqueolog\u00eda, la paleograf\u00eda y sobre todo la diplom\u00e1tica caracterizadas por el gran nombre de Mabillon_.Otros monasterios benedictinos segu\u00edan asociados a la antigua congregaci\u00f3n de Cluny que tomaba el nombre de orden de Cluny pero que, en realidad, era una congregaci\u00f3n mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Existieron en Cluny tentativas de reforma, pero llevaron\u00a0 a resultados inciertos; s\u00f3lo una parte de los monjes cluniacenses acept\u00f3 la reforma conocida como de la \u00abestrecha observancia\u00bb, las otras permanecieron en la \u00abantigua observancia\u00bb. Por qu\u00e9 este fracaso? Porque en Cluny los abades comandatarios \u2013simples pensionados de Saint-Maur o de Saint-Vanne- hab\u00edan llegado a ocupar un lugar considerable: el abad de la abad\u00eda de Cluny actuaba como superior de orden y hasta ejerc\u00eda sobre el conjunto de las casas su jurisdicci\u00f3n espiritual. Una verdadera reforma implicaba la separaci\u00f3n de estos comandatarios: ella result\u00f3 imposible.<\/p>\n<p>Richelieu abrig\u00f3, a partir de 1627, un plan ambicioso, el de unir en una sola congregaci\u00f3n, de la que \u00e9l ser\u00eda el superior general, todos los monasterios benedictinos de Francia. En esta empresa Cluny hubiera aportado sus inmensas riquezas y el prestigio de su tradici\u00f3n, Saint-Vanne y Saint-Maur su esp\u00edritu de reforma. Varias razones guiaban el proyecto del cardenal. Estimaba la autonom\u00eda de los monasterios da\u00f1osa a la disciplina religiosa, a la tranquilidad del Estado y al orden p\u00fablico. Obedec\u00eda as\u00ed a su genio simplificador, obsesionado por la unidad: pensaba que una \u00fanica congregaci\u00f3n benedictina en el reino constituir\u00eda un todo armonioso, ben\u00e9fico a la vida espiritual e intelectual. Pero se inspiraba tambi\u00e9n en un motivo de pol\u00edtica eclesi\u00e1stica: Richelieu tend\u00eda a constituir una Iglesia de Francia, muy independiente de Roma y cuyo jefe hubiera sido \u00e9l. Esta idea del \u00abpatriarcado\u00bb era por entonces uno de los aspectos esenciales de la pol\u00edtica galicana, pero se encontraba con grandes obst\u00e1culos. Si la Santa Sede hubiera admitido la supremac\u00eda del cardenal sobre todos los monasterios benedictinos \u2013supremac\u00eda que se habr\u00eda sumado a la encomienda que pose\u00eda de numerosas abad\u00edas- se llegaba a la reuni\u00f3n en unas mismas manos de un poder exorbitante: due\u00f1o de la pol\u00edtica nacional, artesano esencial de la diplomacia europea, encarnaci\u00f3n de la \u00abpreponderancia francesa\u00bb, Richelieu habr\u00eda dominado, por a\u00f1adidura, la pol\u00edtica religiosa de la cristiandad entera. Roma no pod\u00eda sino oponerse a estos proyectos: neg\u00f3 su asentimiento a todas las empresas del cardenal quien por otra parte choc\u00f3 con la oposici\u00f3n de los propios benedictinos, deseando cada congregaci\u00f3n conservar su autonom\u00eda y temiendo no ser m\u00e1s que un mecanismo\u00a0 en una pol\u00edtica eclesi\u00e1stica general. Todas esta razones explican el fracaso final de Richelieu. En 1657, Mazarino renov\u00f3 la tentativa pero limit\u00e1ndola a la uni\u00f3n de Saint-Vanne y de Cluny: fue tambi\u00e9n \u00e9l a dar en el fracaso.<\/p>\n<p>Otras \u00f3rdenes de la familia benedictina se formaron de igual modo; la m\u00e1s importante fue la de los Cistercienses. Tres ramas reformadas aparecieron en la orden del C\u00edster:<\/p>\n<p>Los feuillants constituyeron a finales del siglo XVI una congregaci\u00f3n que adopt\u00f3 el nombre de la abad\u00eda de Feuillant, en el actual departamento del Alto Garona; cont\u00f3 en Francia con 31 monasterios.<\/p>\n<p>b) La estrecha observancia, nacida a principios del siglo XVII, s\u00f3lo cuenta con algunas casas.<\/p>\n<p>Los trapenses fueron reformados a partir de 1662 por Juan le Boutheillier de Ranc\u00e9, el c\u00e9lebre \u00ababad Tempestad\u00bb, la abad\u00eda de Notre-Dame de la Trappe (en el actual departamento del Orne) se convirti\u00f3 en un foco espiritual, en un lugar de meditaci\u00f3n y retiro muy frecuentado; all\u00ed se retir\u00f3 Bossuet en varias ocasiones.<\/p>\n<h3>2 \u2013 Los agustinos<\/h3>\n<p>Los siglos XVI y XVII quedaron profundamente marcados por el pensamiento de san Agust\u00edn. En el curso de las controversias apasionadas sobre la salvaci\u00f3n, la teolog\u00eda del \u00abdoctor de la gracia\u00bb que recordaba el poder infinito de Dios aparec\u00eda como la r\u00e9plica m\u00e1s decisiva al individualismo del Renacimiento. Pero la influencia de san Agust\u00edn no se limit\u00f3 al dominio de la teolog\u00eda: se extendi\u00f3 a la organizaci\u00f3n y al estilo de vida de las familias religiosas colocadas bajo su patrocinio o que segu\u00edan su regla. Esta regla, llamada de san Agust\u00edn, no es, en los detalles de su letra, la obra personal del obispo de Hipona: las prescripciones disciplinares fueron dictadas en la Edad Media, pero el esp\u00edritu es de san Agust\u00edn quien, sin duda, redact\u00f3 la \u00abexhortaci\u00f3n\u00bb, es decir un conjunto de consejos sobre la vida mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>En Francia, los representantes de esta regla son sobre todo los can\u00f3nigos regulares. Se asiste en el siglo XVII al nacimiento o al renacimiento de diferentes congregaciones de can\u00f3nigos regulares de las que conviene recordar al menos las m\u00e1s importantes:<\/p>\n<p>a) La congregaci\u00f3n de los can\u00f3nigos regulares de Santa Genoveva o g\u00e9nov\u00e9fains fue creada en 1635 por el cardenal de la Rochefoucauld, obispo de Senlis y abad comandatario de Santa Genoveva de Par\u00eds.<\/p>\n<p>b) La uni\u00f3n lorenesa o congregaci\u00f3n de los can\u00f3nigos regulares de Nuestro Salvador\u00a0 (llamada a veces m\u00e1s simplemente El Salvador) fue instituida por san Pedro Fourier, can\u00f3nigo de la abad\u00eda de Chaumouzey (Vosgos). Sus constituciones fueron aprobadas por Roma en 1628. Por el principio y las modalidades pr\u00e1cticas de su organizaci\u00f3n, esta reforma recuerda la de Saint-Vanne: en uno y otro caso se procedi\u00f3 a la divisi\u00f3n de las comunidades en dos grupos, los partidarios y los adversarios de le Reforma, debiendo estos \u00faltimos desaparecer por ausencia de reclutamiento, pero la congregaci\u00f3n del Salvador fue m\u00e1s estable que Saint-Vanne, ya que la elecci\u00f3n de por vida del general garantizaba la continuidad de la obra emprendida. Orient\u00f3 su apostolado en diversas direcciones: misiones entre protestantes, ense\u00f1anza entre las clases pobres, direcci\u00f3n de seminarios.<\/p>\n<p>c) Como las de Saint-Vanne y las del Salvador, la reforma de los premostratenses o norbertinos parti\u00f3 de Lorena. El hecho ilustra la funci\u00f3n privilegiada del eje \u00ablotaringio\u00bb en la pastoral cat\u00f3lica: en efecto, sobre esta banda de tierra que se estira desde Italia hasta los Flandres es donde la Santa Sede articul\u00f3 un plan de defensa y de reconquista_. La reforma de los premostratenses fue obra de un can\u00f3nigo de Sainte-Marie-aux-Bois (en el actual departamento de Meurthe-et-Moselle), Servais de Lairieuls, que cre\u00f3 la congregaci\u00f3n del antiguo rigor o de Santa Mar\u00eda Mayor cuyo centro se estableci\u00f3 en Pont-\u00e0-Mousson en una abad\u00eda que lleva tambi\u00e9n el t\u00edtulo de Santa-Mar\u00eda-Mayor. Nacida en 1630, la nueva observancia contaba, desde finales del siglo XVII, 38 casas situadas en Lorena, Champa\u00f1a, Picard\u00eda, Normand\u00eda; se extendi\u00f3 hacia Europa central alcanzando Bohemia y Polonia. El apostolado esencial de los premostratenses era la ayuda prestada al clero parroquial en su ministerio.<\/p>\n<h3>3 \u2013 Los mendicantes<\/h3>\n<p>Se da el nombre de \u00f3rdenes mendicantes a familias religiosas creadas en su mayor parte en el siglo XIII y cuyo estilo de vida contrasta con el de las antiguas \u00f3rdenes: \u00e9stas viv\u00edan enclaustradas, lejos del mundo, inclinadas a la oraci\u00f3n, el estudio, los trabajos sabios; los mendicantes por el contrario ejerc\u00edan entre los hombres lo esencial de su apostolado, como directores espirituales, predicadores y animadores de obras. Las principales familias de mendicantes fueron las de los carmelitas, dominicos y\u00a0 franciscanos.<\/p>\n<p>Los carmelitas conocieron una evoluci\u00f3n profunda cuya l\u00ednea general corresponde a una orientaci\u00f3n hacia una vida m\u00e1s contemplativa y m\u00e1s austera. La reforma de los carmelitas es de origen espa\u00f1ol: fue obra de santa Teresa de \u00c1vila y de san Juan de la Cruz; la congregaci\u00f3n de los carmelitas descalzos o descalzados fue creada en 1568. Despu\u00e9s de las carmelitas, los carmelitas obten\u00edan en 1611 la autorizaci\u00f3n de establecerse en Par\u00eds: sus casas se multiplicaron r\u00e1pidamente por el reino.<\/p>\n<p>Los dominicos o jacobinos (llamados as\u00ed por su iglesia de la calle Saint-Jacques) hab\u00edan constituido, ya desde 1514, una congregaci\u00f3n de Francia. No conocieron reforma institucional profunda; lo que se constata en ellos es la especializaci\u00f3n cada vez m\u00e1s sobresaliente hacia las funciones intelectuales: se consagran al estudio, a profundizar en teolog\u00eda, a la controversia antiprotestante. Los dominicos se establecen preferentemente en las ciudades universitarias; sus grandes centros intelectuales fueron los conventos parisinos del suburbio Saint-Germain y de la calle Saint-Jacques. Los nombres m\u00e1s c\u00e9lebre de la orden en el siglo XVII fueron el de Nicol\u00e1s Coeffeteau, controversista notable que fue primero prior de Saint-Jacques, sufrag\u00e1neo de Metz luego y luego obispo de Marsella, y sobre todo el de No\u00ebl Alexandre, autor de una Histoire dogmatique de l&#8217;Ancien Testament y de una Th\u00e9ologie morale muy c\u00e9lebres en la \u00e9poca; Alexandre fue un galicano tenido a veces, pero quiz\u00e1s equivocadamente, como jansenizante_El t\u00e9rmino de franciscano es una expresi\u00f3n gen\u00e9rica que designa las numerosas ramas de a familia espiritual salida de san Francisco. La multiplicidad de las reformas franciscanas se explica sobre todo por la dificultad de interpretar y de aplicar el voto de pobreza absoluta impuesto por el fundador a sus disc\u00edpulos: cada vez que ciertos conventos se encontraban a la cabeza de instituciones que implicaban la posesi\u00f3n o la manipulaci\u00f3n de dinero, aparec\u00eda una nueva reforma. As\u00ed se dieron los observantes, los conventuales, los capuchinos, los m\u00ednimos&#8230;La evoluci\u00f3n de estas diferentes ramas franciscanas fue bastante distinta de la de los dominicos. Mientras que \u00e9stos se entregaban cada vez m\u00e1s al apostolado intelectual, los hijos de san Francisco se orientaban hacia los cometidos de la pastoral popular: predicaciones en los campos, controversia pero despojada de todo aparato docto, peregrinaciones, obras de car\u00e1cter social. Al consagrarse a exaltar la devoci\u00f3n mariana y el culto de los santos, los franciscanos asumieron por lo general el aspecto m\u00e1s afectivo de la Reforma cat\u00f3lica; encarnaron asimismo un aspecto pol\u00edtico por el \u00abesp\u00edritu de Liga\u00bb, fundado en el deseo del control de lo espiritual sobre lo temporal y que se prolong\u00f3 durante todo el siglo XVII. A diferencia de los dominicos, los franciscanos se instalaban en los pueblos o aldea donde constitu\u00edan peque\u00f1as comunidades. La \u00abgeograf\u00eda franciscana\u00bb manifiesta a menudo, por la localizaci\u00f3n de los conventos, la voluntad de obstruir el desarrollo del protestantismo.<\/p>\n<h3>4 \u2013 Las antiguas \u00f3rdenes femeninas<\/h3>\n<p>Se renovaron para aplicar los decretos del concilio de Trento, no llegando a significar las reformas ni una revoluci\u00f3n, ni siquiera una novedad, sino simplemente una vuelta al respeto de las constituciones o de las reglas. Con ellas se trataba de recordar en particular: la necesidad de observar estrictamente la clausura, la imposibilidad de ser abadesa antes de los cuarenta a\u00f1os de edad y ocho a\u00f1os de profesi\u00f3n, la prohibici\u00f3n de acumular, la obligaci\u00f3n de un examen estricto de las vocaciones individuales por el obispo o su representante \u2013esto para reaccionar contra una presi\u00f3n abusiva de las familias-, el deber de transferir al interior de las ciudades los conventos que no encontraban ya en los campos condiciones de seguridad suficientes. Fuertes resistencias se vieron a veces porque las religiosas hab\u00edan adquirido la costumbre de mezclarse con la gente o de permitirles entrar en sus casas. Con todo, las principales \u00f3rdenes se reformaron, con lentitud en algunos casos debido a la fuerte oposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Las benedictinas se reformaron en un esp\u00edritu comparable al de Saint-Vanne y de Saint-Maur, pero sin agruparse en congregaciones.<\/p>\n<p>Las carmelitas adoptaron la regla de santa Teresa de \u00c1vila, introducida en Francia a partir de 1603; en 1644 dispon\u00edan ya de 44 monasterios en el reino.<\/p>\n<p>Entre las cistercienses, varios movimientos de reforma partieron de diversos puntos de Francia: as\u00ed las de Feuillant, las bernardinas de la preciosa sangre&#8230; Pero la reforma m\u00e1s c\u00e9lebre fue la de Port-Royal, introducida entre 1608 y 1625 en la casa de Port-Royal des Champs por la joven abadesa, Ang\u00e9lica Arnauld, de diecisiete a\u00f1os a la saz\u00f3n. En 1625, Port-Royal des Champs fue transferido a Port-Royal de Par\u00eds, de fundaci\u00f3n muy reciente; pero veintid\u00f3s a\u00f1os m\u00e1s tarde, la Madre Ang\u00e9lica volvi\u00f3 a los Champs con una decena de sus hermanas. Port-Royal asumi\u00f3 un papel muy importante en la vida religiosa e incluso pol\u00edtica de Francia cuando un personaje muy conocido, Jean Duvergier de Hauranne, abad de Saint-Cyran, comenz\u00f3 a predicar y a confesar all\u00ed: desde entonces se convirti\u00f3 en el centro franc\u00e9s del movimiento llamado m\u00e1s tarde \u00abjansenista\u00bb. No existe ninguna constante absoluta en cuanto a procedencia social de las monjas. Se ha de notar sin embargo que en el siglo XVII las \u00f3rdenes contemplativas proceden sobre todo de las ciudades y de los medios distinguidos; las \u00f3rdenes activas del campo, de los campesinos acomodados.<\/p>\n<h2>II \u2013 \u00d3rdenes nuevas. Congregaciones y compa\u00f1\u00edas de sacerdotes. Los tiempos modernos se caracterizan por la aparici\u00f3n de nuevas familias religiosas.<\/h2>\n<h3>1 \u2013 Origen y esp\u00edritu de las creaciones nuevas<\/h3>\n<p>Uno y otro est\u00e1n determinados, en gran parte, por la coyuntura hist\u00f3rica. En primer lugar por las transformaciones sociales: las estructuras se\u00f1oriales o feudales se difuminan, mientras que se desarrolla la burgues\u00eda y se generalizan los progresos de la urbanizaci\u00f3n. De donde la necesidad de adaptar la vida del claustro. Los grandes institutos mon\u00e1sticos estaban concebidos para sociedades estables: abad\u00edas y prioratos eran unidades religiosas y econ\u00f3micas a la vez, en las que el trabajo de la tierra alternaba con la oraci\u00f3n, el estudio y el ejercicio de coro; elevaci\u00f3n de esp\u00edritu y actividad temporal se expresaban entonces a ritmos inmutables. En adelante, por el contrario, se impone un estilo de vida religiosa m\u00e1s suave, m\u00e1s m\u00f3vil conforme a las necesidades de una sociedad m\u00e1s diversificada: as\u00ed las necesidades en materia de educaci\u00f3n se ampl\u00edan porque el burgu\u00e9s desea instruirse o instruir a su hijos para permitirles acceder a funciones de mando; de ah\u00ed la aparici\u00f3n de \u00f3rdenes o congregaciones que dedican lo esencial de su apostolado a escuelas o colegios. Estas familias religiosas exig\u00edan una regla nueva o renovada, concediendo menos a la vida contemplativa y a las celebraciones lit\u00fargicas y m\u00e1s a la pastoral exterior.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, las transformaciones sociales y, especialmente el ascenso de la burgues\u00eda, hab\u00edan favorecido el individualismo en todas sus formas: intelectual, moral econ\u00f3mica&#8230;<\/p>\n<p>Ahora bien, la formaci\u00f3n religiosa tradicional, nacida de una situaci\u00f3n de cristiandad, estaba de acuerdo con las grandes visiones c\u00f3smicas expresadas por las Sumas teol\u00f3gicas de la Edad Media. Se necesitaba un esp\u00edritu nuevo conforme a las exigencias del siglo, orientado no ya s\u00f3lo al mundo creado, sino al individuo. A la soluci\u00f3n de estos problemas iban a entregarse nuevas familias religiosas: jesuitas, oratorianos, lazaristas, eudistas, sulpicianos&#8230;<\/p>\n<p>Finalmente, a estas razones ideol\u00f3gicas y sociales se a\u00f1aden los imperativos del estado de hecho: la cristiandad est\u00e1 en adelante dividida, existen en el reino comunidades cat\u00f3licas, otras protestantes, de donde el auge de la controversia, de la apolog\u00e9tica, de la predicaci\u00f3n, de las obras doctas. Las nuevas \u00f3rdenes o congregaciones responden a estas necesidades. Deben, a este fin, ser m\u00e1s m\u00f3viles, m\u00e1s disponibles, de manera que permitan una concentraci\u00f3n de los hombres all\u00e1 donde resulte necesaria. As\u00ed se constituye una geograf\u00eda din\u00e1mica de los establecimientos religiosos: peque\u00f1as casas se congregan en peque\u00f1os frentes, en contraste con las grandes abad\u00edas de anta\u00f1o, asociadas a vastos dominios, a su vez ligados a un plan de roturaci\u00f3n o de valoraci\u00f3n econ\u00f3mica. La centralizaci\u00f3n se acent\u00faa y se lleva a cabo con provecho de Roma: a menudo estas nuevas familias encarnar\u00e1n el esp\u00edritu ultramontano, por oposici\u00f3n a las antiguas, m\u00e1s acogedoras a las ideas galicanas. De ah\u00ed proceder\u00e1n ya sordas rivalidades ya enfrentamientos declarados.<\/p>\n<h3>2 \u2013 La Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas.<\/h3>\n<p>La existencia can\u00f3nica de la Compa\u00f1\u00eda data de la primera bula de aprobaci\u00f3n de Roma el 25 de setiembre de 1540. Las constituciones, establecidas en 1547, fueron en su totalidad redactadas por Ignacio de Loyola y no sufrieron en lo sucesivo m\u00e1s que algunos retoques o adiciones. Sus rasgos esenciales se refieren a la organizaci\u00f3n de los poderes y la formaci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p><em>a) La organizaci\u00f3n de los poderes<\/em>. En derecho, la Compa\u00f1\u00eda es una orden de cl\u00e9rigos regulares y una orden mendicante en el sentido de que ni los particulares ni la corporaci\u00f3n entera pueden poseer rentas fijas; hay que hacer excepci\u00f3n no obstante para los colegios. A la cabeza de la Compa\u00f1\u00eda se sit\u00faa el prep\u00f3sito general elegido de por vida por la congregaci\u00f3n general que designa al mismo tiempo a cuatro asistentes: cada uno de ellos se ocupa de una \u00abasistencia\u00bb, es decir de una agrupaci\u00f3n de provincias, pero los asistentes no disponen m\u00e1s que de una autoridad consultiva. El general nombra a todos los provinciales y a los superiores de los grandes establecimientos, sin duraci\u00f3n fija, fundamentando sus decisiones en un simple intercambio epistolar. El poder legislativo est\u00e1 en manos de la congregaci\u00f3n general constituida por los provinciales y por los delegados en n\u00famero de dos por provincia: es elegida por las congregaciones provinciales compuestas de los superiores mayores y de los profesos m\u00e1s antiguos. La congregaci\u00f3n general no es peri\u00f3dica: no se re\u00fane de hecho m\u00e1s que para designar a un nuevo general, pero puede ser convocada, bien por el papa, bien por el general.<\/p>\n<p>Los jesuitas est\u00e1n divididos en varias clases bien distintas. Los \u00abescol\u00e1sticos\u00bb son los aspirantes al sacerdocio: al cabo de dos a\u00f1os de noviciado, pronuncian tres votos sencillos y perpetuos (pobreza, castidad, obediencia). Dos a\u00f1os de estudios literarios y cient\u00edficos constituyen el juniorado; \u00e9stos van seguidos de tres a\u00f1os de filosof\u00eda y de cuatro a\u00f1os de teolog\u00eda, interrumpidos frecuentemente por una regencia cumplida en un colegio. El jesuita se ordena de sacerdote al final de su tercer a\u00f1o de teolog\u00eda, es decir hacia la edad de treinta a\u00f1os; es sometido entonces a un tercer a\u00f1o de noviciado, el \u00abtercer a\u00f1o\u00bb dedicado a una repetici\u00f3n total de los <em>Ejercicios<\/em> <em>espirituales<\/em>. En este momento se coloca la admisi\u00f3n a los votos solemnes; los jesuitas que han cumplido todo este ciclo se dividen en dos clases: los \u00abprofes\u00bb\u00a0 a quienes se reservan los altos cargos y que pronuncia un voto especial de obediencia al papa, y los \u00abcoadjutores espirituales\u00bb. Tal es la econom\u00eda de un sistema a la vez democr\u00e1tico, mon\u00e1rquico y aristocr\u00e1tico. Democr\u00e1tico por el derecho de sufragio de todos los profes a la designaci\u00f3n de los miembros de la congregaci\u00f3n general. Mon\u00e1rquico por el papel devuelto al general, elegido de por vida y todo poderoso: es quien da la unidad al conjunto. Aristocr\u00e1tico tambi\u00e9n: este car\u00e1cter se ve en la selecci\u00f3n tan estricta en los distintos niveles, en el mundo de elecci\u00f3n a muchos grados, en lo que se llama la \u00abconsulta\u00bb, es decir el peque\u00f1o consejo como el de los asistentes ante el general, pero que se repite en cada grado jer\u00e1rquico, por \u00faltimo en la distinci\u00f3n entre profes y coadjutores espirituales.<\/p>\n<p><em>b) La formaci\u00f3n de los hombres. <\/em>Las constituciones no llevan consigo solamente un aspecto institucional; tienen un fin psicol\u00f3gico, moral y espiritual; intentan plegar la voluntad individual al esp\u00edritu de la orden. De esta forme, est\u00e1 fija, en sus detalles m\u00e1s precisos cada una de las etapas espirituales o de las tareas pr\u00e1cticas impuestas a los novicios, el tiempo que consagrar a los <em>Ejercicios<\/em>, las obras pastorales que llevar a cabo, los cuidados dom\u00e9sticos que respetar\u2026; antes de los votos se dedican ocho d\u00edas al retiro;\u00a0 durante el noviciado un control estricto se ejerce sobre las lecturas y la correspondencia. Durante el noviciado tambi\u00e9n, tres maestros de conciencia dirigen al jesuita: el superior a quien conviene abrirse en todo, el confesor y el s\u00edndico cuya misi\u00f3n es se\u00f1alar las limitaciones. Por \u00faltimo cada candidato se beneficia\u00a0 de una formaci\u00f3n larga y met\u00f3dicamente llevada; es tambi\u00e9n objeto de interrogatorios previos muy precisos. La orden no preconiza ninguna de las penitencias en uso en las antiguas familias mon\u00e1sticas, pero conviene ce\u00f1irse a todas aquellas que dicten los confesores y los superiores. Se requiere sobre todo mantenerse en un estado de disponibilidad y de obediencia absolutas.<\/p>\n<p>No se prev\u00e9n ni ejercicios de coro ni de cantos, ni grandes oficios lit\u00fargicos. Cosa igualmente nueva: en una sociedad y en una \u00e9poca en que la funci\u00f3n y el \u00abrango\u00bb encuentran siempre una traducci\u00f3n vestimentaria, ning\u00fan vestido particular se requiere. \u00danicamente cuentan a los ojos de los jesuitas la actividad apost\u00f3lica y la formaci\u00f3n del individuo, estando \u00e9sta adem\u00e1s al servicio de aqu\u00e9lla; de donde el mayor espacio dedicado a la meditaci\u00f3n, a la oraci\u00f3n mental, a la introspecci\u00f3n. A modelar las almas y las voluntades deben servir los <em>Ejercicios<\/em> <em>Espirituales<\/em> de san Ignacio; pero se trata de una educaci\u00f3n, no de una ascesis practicada por s\u00ed misma; confesor y superiores deben vigilarlo. El sexto cap\u00edtulo de las <em>Constituciones<\/em> precisa que se ha de evitar dejarse apartar del esp\u00edritu de estudio por \u00abdevociones y mortificaciones excesivas\u00bb.<\/p>\n<p>Esta formaci\u00f3n muy exigente explica la eficacia apost\u00f3lica y pastoral de los jesuitas. A esta raz\u00f3n se ha de a\u00f1adir adem\u00e1s otra de orden exterior, y que tiene su origen en los privilegios numerosos y extensos aplicados a la Compa\u00f1\u00eda por diversos papas, en particular por Paulo III, Julio III, P\u00edo IV y P\u00edo V. As\u00ed: la exenci\u00f3n de la jurisdicci\u00f3n episcopal, el derecho de predicar, de distribuir los sacramentos en todo lugar sin permiso del obispo o del p\u00e1rroco, la facultad de absolver a los herejes, el poder de dar los grados universitarios \u2013concesi\u00f3n de extrema importancia pues chocaba con el monopolio de facto de la universidad. Los jesuitas pudieron de este modo desplegar una actividad m\u00faltiple e introducirse en diversos dominios en los que ocuparon pronto un lugar de predilecci\u00f3n; en la controversia donde lucharon no s\u00f3lo contra los protestantes sino contra los bayanistas y m\u00e1s tarde contra los jansenistas; en la educaci\u00f3n en la que sus colegios\u00a0 formaron a la mayor parte de los hijos de la burgues\u00eda y de la aristocracia y donde muy pronto suplantaron las viejas estructura escolares; en la direcci\u00f3n de las almas al servicio de la cual pusieron a numerosos te\u00f3logos, moralistas, casuistas y espirituales; en la pol\u00edtica finalmente donde no s\u00f3lo buscaron\u00a0 asegurarse la direcci\u00f3n de conciencia de los pr\u00edncipes, sino donde sirvieron los planes de Roma, convirti\u00e9ndose en los ap\u00f3stoles de la \u00abEuropa cat\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p><em>c) La oposici\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda<\/em>. Se las vieron tambi\u00e9n con oposiciones muy fuertes y de formas m\u00faltiples. En el clero secular en primer lugar. los obispos ve\u00edan con frecuencia con malos ojos este instituto inspirado de un ultramontanismo funcional y tendente por eso mismo a reducir la autoridad de la jurisdicci\u00f3n diocesana; esta hostilidad deb\u00eda incrementarse despu\u00e9s de 1640, con la expansi\u00f3n del jansenismo y las controversias a las que iba a dar lugar. Por otro lado los primeros \u00e9xitos de los jesuitas se fundaban a menudo en la carencia del clero parroquial, pero a medida que este clero en adelante formado por los seminarios se muestre m\u00e1s apto para asumir plenamente su ministerio, que atraviesan su existencia hasta finales del siglo XVII. Una oposici\u00f3n parecida se presenta en la universidad, envidiosa al ver a una rival arrebatarle la colaci\u00f3n de los grados. Pero las reservas m\u00e1s graves se manifestaron en la alta magistratura, guardiana de los principios de la supremac\u00eda del Estado: los legistas no consideraban sin inquietud esta fuerza internacional inmiscuy\u00e9ndose entre los pr\u00edncipes y suplantando a sus consejeros naturales. Los jesuitas representaban a sus ojos una peligrosa empresa de dominio de lo espiritual sobre lo temporal. Por \u00faltimo una hostilidad difusa pero fuertemente anclada exist\u00eda respecto de ellos: Se les reprochaba confusamente su poder, su esp\u00edritu de dominio, el lujo de sus iglesias.<\/p>\n<p>Por todas estas razones, la opini\u00f3n francesa estaba, en el siglo XVII, sensibilizada hasta el extremo con respecto a la Compa\u00f1\u00eda: se la necesitaba y se ten\u00eda el sentimiento de que ella constitu\u00eda una fuerza irremplazable, pero al mismo tiempo era considerada como un peligro para la independencia o las libertades de la naci\u00f3n. Estos movimientos contradictorios se dan cita en particular en la clase de toga. Una oposici\u00f3n semejante de formas m\u00faltiples se cristaliza al final del siglo XVI y comienzo del XVII. La universidad presentaba a los jesuitas procesos interminables, acus\u00e1ndoles en particular de ense\u00f1ar una moral disoluta y colocar la obediencia a un general extranjero por delante de la obediencia al rey. Tales ataques eran se\u00f1ales eran se\u00f1ales nada equ\u00edvocas del ascenso del nacionalismo: en su naturaleza profunda se emparentaban con los enfrentamientos apasionados entre \u00abpol\u00edticos\u00bb y ligueros. Hubo de esta forma, en abril de 1594, un proceso c\u00e9lebre en el que el abogado de la universidad fue Antoine Arnauld \u2013el padre del \u00abgran Arnauld\u00bb- conocido por sus sentimientos galicanos y antiligueros. Pronunci\u00f3 un discurso muy violento contra los jesuitas, culp\u00e1ndoles del intento de querer dar muerte al rey. Esta acusaci\u00f3n de ense\u00f1ar el buen fundamento del regicidio se repetir\u00e1 a lo largo del siglo XVII. Al d\u00eda siguiente, otro abogado, Louis Doll\u00e9, pleite\u00f3 a favor de los p\u00e1rrocos de Par\u00eds que reprochaban a los jesuitas ser un peligro para la religi\u00f3n. La condena s\u00f3lo pudo evitarse gracias a la intervenci\u00f3n de Enrique IV.\u00a0 Una ocasi\u00f3n nueva de conflicto iba a presentarse al final de este mismo a\u00f1o de 1594. El 27 de diciembre, Jean Chastel intent\u00f3 asesinar al rey asest\u00e1ndole una cuchillada en el rostro. Pues el tal\u00a0 Chastel hab\u00eda sido alumno de los jesuitas: investigando en el colegio de Clermont, se hall\u00f3 en casa de un Padre un curso sobre el tiranicidio; la muerte reciente de Enrique III por Jacques Cl\u00e9ment hab\u00eda sacado este problema a la luz del d\u00eda. El parlamento decidi\u00f3 expulsar a los jesuitas fuera del reino. Ellos encontraron refugio en Lorena con el duque Carlos III, pero no pudieron regresar a Francia hasta 1603, despu\u00e9s de largos manejos entre el rey y el papa. Conocieron entonces un desarrollo considerable: el final del reinado de Enrique IV fue el momento de las creaciones m\u00e1s numerosas de colegios. Nuevas dificultades surgieron con el atentado de Ravaillac en 1610. El partido cat\u00f3lico \u00abespa\u00f1ol\u00bb fue considerado como responsable del crimen ; un proceso resonante se abri\u00f3\u00a0 a los jesuitas que debieron firmar cuatro art\u00edculos reconociendo las libertades galicanas y la independencia absoluta del rey de Francia.<\/p>\n<p>En la segunda mitad del siglo, los mismos temas de acusaci\u00f3n se repetir\u00e1n en la literatura pol\u00e9mica: el ascenso del galicanismo, sus alianzas, temporales primero durables luego, con el jansenismo, hicieron con frecuencia dif\u00edcil la vida de la Cpmpa\u00f1\u00eda y llevaron finalmente a sus supresi\u00f3n en 1764. Verdaderos odios pues estuvieron a veces subyacentes en las querellas de ideas. Se han de tener presentes en el \u00e1nimo estas oposiciones de diversas naturalezas para comprender ciertas alianzas (la del parlamento y la de la universidad, la de la clase de toga y\u00a0 de los jansenistas) y para explicarse el giro pasional de conflictos cuyo origen es de orden puramente teol\u00f3gico.<\/p>\n<h3>3 \u2013Las compa\u00f1\u00edas de sacerdotes y las congregaciones religiosas<\/h3>\n<p>Se llama compa\u00f1\u00eda de sacerdotes a agrupaciones de sacerdotes aprobadas por la Iglesia en las que s\u00f3lo se pronuncia votos simples y en las que a veces no existen siquiera los votos. Estas compa\u00f1\u00edas o congregaciones ofrecen pues, en sus modalidades pr\u00e1cticas, un compromiso entre cl\u00e9rigos seculares y cl\u00e9rigos regulares: sus miembros tienen un estilo de vida muy parecido al estado mon\u00e1stico pero no conocen ni los mismos compromisos, ni la misma centralizaci\u00f3n, ni reglas tan imperativas. Numerosas compa\u00f1\u00edas de este g\u00e9nero aparecen o se desarrollan en el siglo XVII.<\/p>\n<p><em> a) Los Padres de la doctrina cristiana <\/em>o <em>doctrinario<\/em>, aparecidos en Italia en 1560, se establecen en Francia con C\u00e9sar de Bus; se constituyen en congregaci\u00f3n reconocida por Roma en 1598. Los doctrinarios se consagran esencialmente a la ense\u00f1anza de la catequesis a los ni\u00f1os y a los adultos.<\/p>\n<p><em> b) Los sacerdotes de la Misi\u00f3n o lazaristas<\/em> constituyen una congregaci\u00f3n fundada por san Vicente de Pa\u00fal en 1625. Se llaman \u00ablazaristas\u00bb porque establecidos en Par\u00eds en el priorato San L\u00e1zaro y \u00absacerdotes de la Misi\u00f3n\u00bb porque el primer fin asignado por su fundador era organizar misiones en los campos abandonados: muchos misioneros se instalaban as\u00ed durante una quincena de d\u00edas en una parroquia y se dedicaban a su renovaci\u00f3n religiosa por la predicaci\u00f3n, el catecismo, las visitas a domicilio. Los lazaristas se entregan igualmente a otras obras: en particular a la preparaci\u00f3n al sacerdocio; a petici\u00f3n de ciertos obispos fundan y dirigen seminarios. Dedican tambi\u00e9n una parte de su actividad a distribuir los socorros espirituales a los galeotes y a los cristianos esclavizados (en \u00c1frica, en Madagascar, en China\u2026). A la muerte de san Vicente de Pa\u00fal en 1660, la congregaci\u00f3n contaba con seiscientos veintid\u00f3s sacerdotes.<\/p>\n<p><em>c) Los eudistas <\/em> forman una congregaci\u00f3n instituida por san Juan Eudes que fue sacerdote del Oratorio de 1623 a 1643 y predic\u00f3 numerosas misiones populares. La indigencia espiritual de los laicos, sobre todo de la poblaci\u00f3n rural, le revel\u00f3 la urgencia imperiosa de la formaci\u00f3n sacerdotal; abandon\u00f3 entonces el Oratorio y fund\u00f3 la congregaci\u00f3n de Jes\u00fas y de Mar\u00eda cuyos miembros, \u00absacerdotes misioneros\u00bb o \u00abeudistas\u00bb, viven en comunidad, se consagran a las misiones y a la formaci\u00f3n del clero.<\/p>\n<p><em>d) Los sulpicianos <\/em>est\u00e1n agrupados en una compa\u00f1\u00eda fundada en 1641 por M. Olier, p\u00e1rroco de San Sulpicio (de ah\u00ed su nombre). Fue aprobada en 1644, sus miembros se dedican igualmente a la ense\u00f1anza de los seminarios.<\/p>\n<p><em>d) El Oratorio, <\/em>creado en Italia en el siglo XVI por Felipe de Neri, pas\u00f3 a Francia gracias a Pedro de B\u00e9rulle que m\u00e1s tarde fue cardenal. Esta personalidad excepcional no limit\u00f3 su actividad a los asuntos de su congregaci\u00f3n: B\u00e9rulle fue capell\u00e1n de Enrique IV sobre quien ejerci\u00f3 una influencia considerable, m\u00e1s tarde \u00e9l se hizo cabeza del \u00abpartido devoto\u00bb que preconizaba la Europa cat\u00f3lica contra la Europa nacional de Richelieu; fue sobre todo una de los grandes renovadores de la espiritualidad francesa donde se manifest\u00f3 su influencia por la audiencia\u00a0 incrementada sin cesar con las tesis \u00abcristoc\u00e9ntricas\u00bb.<\/p>\n<p>El\u00a0 Oratorio es una congregaci\u00f3n secular, una simple asociaci\u00f3n de sacerdotes sin votos y casi sin vida en com\u00fan: es un esp\u00edritu m\u00e1s que una instituci\u00f3n. La congregaci\u00f3n del Oratorio de Francia fue fundada en 1611 y aprobada can\u00f3nicamente con el nombre de Oratorio de Jes\u00fas por Paulo V en 1613. Desde sus comienzos, el Oratorio tuvo por fin esencial la santificaci\u00f3n del clero. Pedro de B\u00e9rulle y los primeros oratorianos dieron numerosos retiros a ordenandos o j\u00f3venes sacerdotes; estos retiros eran de una duraci\u00f3n variable (de una semana a tres meses); de esta costumbre nacieron los primeros seminarios y nada m\u00e1s aparecer,\u00a0 es decir despu\u00e9s de 1613, muchos obispos se los confiaron a los oratorianos. Ellos mismos fundaron en 1620 en Par\u00eds el seminario de Saint-Magloire, en la vieja abad\u00eda benedictina de este nombre situada en la calle Saint-Jacques; se convirti\u00f3 en el seminario oficial del arzobispado de Par\u00eds. Saint-Magloire fue siempre un hogar intelectual brillante, marcado a finales del siglo XVII con influencias jansenistas. La actividad del Oratorio deb\u00eda manifestarse en tres dominios: los seminarios; los colegios cuyo esp\u00edritu se diferenci\u00f3 del de los jesuitas\u00a0 por el lugar otorgado a las ciencias de observaci\u00f3n y al conocimiento de las civilizaciones extranjeras; la investigaci\u00f3n teol\u00f3gica y la espiritualidad donde se perpetu\u00f3 la tradici\u00f3n cristoc\u00e9ntrica instaurada por B\u00e9rulle.<\/p>\n<h3>4 \u2013 Las nuevas congregaciones femeninas.<\/h3>\n<p>Responden a la voluntad de mezclar m\u00e1s \u00edntimamente a las mujeres con las actividades exteriores del apostolado: esta tendencia no es absolutamente nueva ya que, desde el siglo XII, las mujeres ocupaban un lugar importante en los servicios hospitalarios y en la distribuci\u00f3n de los cuidados a los enfermos. Pero, en el siglo XVII, este papel se desarrolla por raz\u00f3n de las circunstancias y muy en particular de los estragos de la guerra de Treinta a\u00f1os, a causa tambi\u00e9n de un sentido m\u00e1s acentuado de las necesidades sociales. El deseo se generaliza de formar a una mujer m\u00e1s instruida, m\u00e1s comprometidas en las actividades del mundo y en el apostolado; tal vez el papel asumido por las mujeres en la expansi\u00f3n y en la consolidaci\u00f3n de la Reforma protestante ha tenido tambi\u00e9n una influencia indirecta sobre el catolicismo. Desde este punto de vista, las creaciones nuevas destacan una etapa importante en la \u00abpromoci\u00f3n de la mujer\u00bb. Su realizaci\u00f3n conoci\u00f3 sin embargo graves dificultades: se refieren al hecho de que, en el esp\u00edritu del concilio de Trento, se entend\u00eda reducir los abusos reforzando las reglas del claustro, cuando las formas nuevas del apostolado implicaban para las monjas una apertura m\u00e1s grande al mundo exterior. Para resolver esta contradicci\u00f3n,, el rigor de los principios fue, de hecho, templado por adaptaciones locales.<\/p>\n<p>La necesidad de remediar los sufrimientos corporales y morales dio nacimiento a\u00a0 muchas congregaciones hospitalarias. La de las <em>Hijas de la caridad<\/em>, fundada en 1634 por el Sr. Vicente y Luisa de Marillac, prolifer\u00f3 r\u00e1pidamente en Francia y al otro lado de las fronteras: en todo lugar y tiempo, pero especialmente durante la guerra de Treinta a\u00f1os y en las provincias m\u00e1s afectadas, ofreci\u00f3 admirables testimonios de caridad evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>Otras congregaciones se entregaron a la ense\u00f1anza femenina, en particular la congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora y las ursulinas.<\/p>\n<p><em>La congregaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora, <\/em>fundada en Lorena por san Pedro Fourrier y la Madre Alix Le Clerc, fue aprobada por roma en el a\u00f1o de 1628. Las religiosas de la congregaci\u00f3n son canonesas regulares que siguen la regla de san Agust\u00edn. Sus casas se implantaron primeramente en Lorena y en los Trois \u00c9v\u00each\u00e9s, luego en el este de Francia, por \u00faltimo en el extranjero.<\/p>\n<p>Las <em>ursulinas <\/em>son originarias de Italia : su fundadora, Angela de Merici o \u00c1ngela de Brescia hab\u00eda puesto su instituto bajo el patrocinio de santa \u00darsula de donde el nombre de ursulinas dado a sus miembros, fue introducido en Francia a finales del siglo XVI por Francisca de Bermond: se constituy\u00f3 en el reino, no de una, sino de una decena de congregaciones de ursulinas (en Par\u00eds, Lyon, Burdeos, Dijon\u2026) representando en total, para el siglo XVII, 350 casas en las que m\u00e1s de 9.000 religiosa se consagraban a la educaci\u00f3n. Se ha puesto con bastante justicia en paralelo su ense\u00f1anza y la de los jesuitas; la comparaci\u00f3n hace referencia no a las materias ense\u00f1adas \u2013las mujeres, en esta \u00e9poca, conoc\u00edan raramente las lenguas antiguas y no estaban iniciadas en las humanidades cl\u00e1sicas- sino por el hecho de que las ursulinas preparan a sus alumnas para su misi\u00f3n y su acci\u00f3n en el mundo; ellas desarrollan en sus casas a la vez la cultura religiosa, literatura o art\u00edstica, el sentido pedag\u00f3gico. Las ursulinas formaron a la mayor parte de las j\u00f3venes de la burgues\u00eda en la Francia del Antiguo r\u00e9gimen.<\/p>\n<p>Muchas de estas familias religiosas \u2013\u00f3rdenes o congregaciones, pero de una manera m\u00e1s particular, los franciscanos y los jesuitas- no limitaron su actividad pastoral a la renovaci\u00f3n interior: participaron activamente en las misiones exteriores. Su esfuerzo de apostolado lleg\u00f3 a tres dominios geogr\u00e1ficos\u00a0 esenciales: el Pr\u00f3ximo Oriente, Am\u00e9rica del Norte y las Indias. Gracias al apoyo de Richelieu y del Padre\u00a0 Joseph, los capuchinos organizaron, en colaboraci\u00f3n con jesuitas, dominicos y carmelitas misiones en las principales ciudades del Levante; trabajaron en un dominio amplio desde\u00a0 Grecia a Persia. En el Canad\u00e1, los comienzos de la evangelizaci\u00f3n fueron dirigidos, al precio de enormes dificultades, por los jesuitas, en el transcurso de los primeros decenios del siglo XVII. En 1658, esta tierra de colonizaci\u00f3n fue erigida en vicariato apost\u00f3lico, y \u00e9ste a su vez transformado quince a\u00f1os m\u00e1s tarde en di\u00f3cesis de Qu\u00e9bec; el primer vicario y obispo, Fran\u00e7ois de Montmorency-Laval, dio origen all\u00ed, con la ayuda de los sulpicianos, a las primeras estructuras cristianas, en particular, en 1667, el seminario, cuna de la futura universidad. En indochina y China, los primeros misioneros \u2013jesuitas y sacerdotes seculares \u2013 lograron ganar para el cristianismo a una parte de la clase m\u00e1s elevada y la m\u00e1s instruida. Pero la creaci\u00f3n esencial asociada al apostolado del Extremo Oriente, fue en 1664, la fundaci\u00f3n, aprobada por el rey, de la sociedad y del seminario parisiense de las Misiones extranjeras. Su fin primordial no era la conversi\u00f3n\u00a0 de los paganos, sino la constituci\u00f3n de Iglesias ind\u00edgenas; estas dos instituciones abren una era nueva en la historia del apostolado; est\u00e1n en el origen de la preponderancia misionera de Francia.<\/p>\n<h2>III.\u00a0 Renovaci\u00f3n del eremitismo<\/h2>\n<p>El ejemplo del retiro al desierto, propio de los anacoretas de Egipto, o de Siria, acompa\u00f1a a la Iglesia a lo largo de su historia; esta voluntad de ruptura con el mundo se afirma no obstante, seg\u00fan las \u00e9pocas, con intensidades diversas. El siglo XVII, particularmente en sus primeros decenios, constituye uno de los tiempos fuertes del eremitismo. \u00c9ste no tiene sin embargo, en sentido estricto, nacimiento institucional: ning\u00fan reformador, ninguna autoridad religiosa, le han otorgado su carta de existencia can\u00f3nica, ni siquiera fijado sus reglas espirituales. Se trata de un movimiento espont\u00e1neo, salido de un conjunto de fundaciones, de iniciativas personales y de experiencias m\u00edsticas aparecidas poco despu\u00e9s de 1590, ha crecido con un vigor fresco hasta los alrededores de 1635, es decir hasta la entrada de Francia en la guerra de Treinta a\u00f1os, ha proseguido, pero de forma m\u00e1s estacionaria a trav\u00e9s de todo el siglo XVII e incluso del XVIII. \u00bfCu\u00e1l es el origen del movimiento? Es dif\u00edcil\u00a0 fijarlo con precisi\u00f3n; su aparici\u00f3n a finales del siglo XVI es no obstante un \u00edndice rico en significaci\u00f3n; el eremitismo est\u00e1, de hecho, ligado con el t\u00e9rmino de las guerras de religi\u00f3n. Es, a su manera, una prolongaci\u00f3n y una consecuencia del fen\u00f3meno de la desmovilizaci\u00f3n cuya importancia fue siempre tan grande en las sociedades del antiguo r\u00e9gimen; es revelador que la aceleraci\u00f3n del movimiento en 1595 corresponda exactamente a la desaparici\u00f3n de la Liga. La sabia diplomacia de Enrique IV, coronada a\u00f1os m\u00e1s tarde por la publicaci\u00f3n del edicto de Nantes,\u00a0 pon\u00eda fin al gran sue\u00f1o de restauraci\u00f3n cat\u00f3lica. Con la disoluci\u00f3n del ej\u00e9rcito, la cruzada conoc\u00eda un par\u00f3n brutal: la huida al desierto, el rechazo de una sociedad fundada en el compromiso fue para estos luchadores, prendados del absoluto, la \u00fanica respuesta\u00a0 conforme a su ideal. Esta respuesta se impon\u00eda con tanta mayor fuerza cuanto m\u00e1s exaltaba la controversia a los Padres del desierto como a los testigos m\u00e1s aut\u00e9nticos de la pureza de la fe. M\u00e1s tarde, la Fronda tendr\u00e1, en igualdad de circunstancias, efectos parecidos y dar\u00e1 un impulso al eremitismo. Es en este clima de fiebre, de desconcierto y de esperanzas rotas cuando tuvo origen el movimiento y su auge. Su geograf\u00eda responde a sus or\u00edgenes y a su finalidad: los ermita\u00f1os se implantaron sobre todo en Lorena, en Alsacia, en Franco-Condado, en Saboya, en el Comtat Venaissin, en Rosell\u00f3n. Se trata de un fen\u00f3meno de \u00abm\u00e1rgenes\u00bb, asociado estrechamente y como org\u00e1nicamente a \u00abfrontera de catolicidad\u00bb. El historiador del eremitismo, Jean Sainsaulieu, advierte con raz\u00f3n, que si se divide Francia en cuatro cuartos seg\u00fan el meridiano de Par\u00eds y el paralelo de Moulins, la densidad de implantaciones aparece con todos sus contrastes: el cuarto con mucho el m\u00e1s nutrido el es el de Nordeste, el menos nutrido el de Suroeste, qued\u00e1ndose los otros dos cuartos empatados, el Macizo Central, con toda su extensi\u00f3n, la menos poblada. Estas proporciones siguen inmutables\u00a0 hasta la Revoluci\u00f3n francesa. Pero a esta permanencia geogr\u00e1fica\u00a0 se asocia una gran diversidad en el reclutamiento de los eremitas.<\/p>\n<h3><em>1 \u2013Or\u00edgenes sociales de los ermita\u00f1os<\/em><\/h3>\n<p>En el siglo XVII, los campesinos y los artesanos \u2013tejedores, zapateros, toneleros\u2026- iban a la cabeza num\u00e9ricamente, ya que las guerras hacen con frecuencia al noble indisponible. Hay tambi\u00e9n cl\u00e9rigos que se hacer ermita\u00f1os. Sin embargo ey tipo espiritual y social m\u00e1s acabado del ermita\u00f1o proviene de las guerras de religi\u00f3n: es el cruzado, rebelde a todo compromiso, incapaz de adaptarse a la vida tranquila de una sociedad sin ideal. Salido del clan liguero, el m\u00e1s c\u00e9lebre es Pierre S\u00e9guin, llamado el \u00abrecluso de Nancy\u00bb; su vocaci\u00f3n naci\u00f3 en el castillo de Blois en la noche de Navidad de 1588, delante de los cad\u00e1veres de sus jefes asesinados, el duque y el cardenal de Guisa; despu\u00e9s del asesinato de Enrique III, se hab\u00eda puesto al servicio de Felipe II, aprendi\u00f3 el espa\u00f1ol y \u00abse hizo, en medio de estos oficiales ultramontanos, un alma espa\u00f1ola\u00bb. Fue de los que sostuvieron valientemente la candidatura de Felipe II al trono de Francia. Despu\u00e9s de la victoria del Bearn\u00e9s, vivi\u00f3 cinco a\u00f1os en Bruselas con el duque de Feria, embajador de Espa\u00f1a, despu\u00e9s se asent\u00f3 cerca de Nancy adonde le hab\u00eda llevado sin duda alg\u00fan asunto que arreglar\u00a0 con los Guisa; deb\u00eda quedarse all\u00ed treinta y un a\u00f1os, de 1605 hasta su muerte en 1636. Otro ermita\u00f1o, Pierre Denis, conoci\u00f3 un destino parecido: instalado en la ermita de Arbois, vivi\u00f3 de 1606 a 1648 en el coraz\u00f3n de aquel Franco Condado arruinado por los combates de la guerra de Treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Sucede que el campo contrario suscita vocaciones parecidas. Hacia 1590, un compa\u00f1ero de Enrique IV, presente en las batallas de Arques y de Ivry, se convierte y se retira a la colina que domina el pueblo de H\u00e2court-en-Lorraine (Haute-Marne); funda all\u00ed una ermita cuya irradiaci\u00f3n se extiende por toda la regi\u00f3n, lleva en ella una vida austera, y recibe al rey como amigo y all\u00ed muere en 1645.<\/p>\n<p>Muchos jefes militares, an\u00f3nimos o cargados de gloria, han poblado as\u00ed las ermitas; Fran\u00e7ois Aym\u00e9 fue el primer ermita\u00f1o en Nuestra Se\u00f1ora de Loreto en el refugio de M\u00e9donville (Vosges); el marqu\u00e9s Charles de Brion (1647-1728), paje de Luis XIV, fue oficial de la guardia francesa, luego lugarteniente del ej\u00e9rcito del Rinantes de entrar en la soledad, primero en la ermita de Lormond cerca de Burdeos, y despu\u00e9s en Par\u00eds.<\/p>\n<p>De una manera general, la nobleza, particularmente la de las familias de toga, conoce una representaci\u00f3n cada vez m\u00e1s amplia en este mundo de los anacoretas, muchos de los cuales son hijos de procuradores, de tesoreros de Francia,\u00a0 de abogados o de consejeros en una corte soberana, testimonio de una categor\u00eda social tallada seg\u00fan los m\u00e9todos de la oraci\u00f3n mental y deseosa de buscar lejos del mundo, como lo har\u00e1 en otros tiempos en el jansenismo, el encuentro con el \u00abDios escondido\u00bb.El movimiento alcanz\u00f3 una expansi\u00f3n tal que parecer\u00e1, en ciertos momentos, deseable de canalizarlo agrupando a los ermita\u00f1os en compa\u00f1\u00edas. La idea de esta federaci\u00f3n les vino, al principio del siglo XVII, a obispos reformadores como Geoffroy de la Martonie en Amiens, S\u00e9bastien Zamet en Langres o Jean des Porcelets de Maillane en Toul, y a antiguos soldados eremitas como el Hermano Jean-Baptiste y el Hermano Michel Legrand, que fue lugarteniente de caballer\u00eda, herido durante la guerra de Treinta a\u00f1os, y retirado, a\u00a0 mediados de siglo a la soledad de Vitrimont, pr\u00f3ximo a Lun\u00e9ville. Uno y otro introdujeron en el mundo de los solitarios a la vez una jerarqu\u00eda y reglas de servicio: al primero se debe la congregaci\u00f3n de Saint-Jean-Baptiste, al segundo el instituto de los ermita\u00f1os de Saint-Antoine. Se crearon tambi\u00e9n, en diferentes regiones de Francia, compa\u00f1\u00edas o congregaciones de ermita\u00f1os cuyo marco fue siempre diocesano y cuya mayor parte se mantuvo hasta la Revoluci\u00f3n francesa: se trata de asociaciones laicas y no clericales en los t\u00e9rminos del derecho; no comportan vida en com\u00fan de m\u00e1s de dos o tres. A veces de una agrupaci\u00f3n\u00a0 de hecho no implicando ni fundaci\u00f3n, ni base can\u00f3nica, ni regla: es el caso de los solitarios de Port-Royal que fueron a su modo ermita\u00f1os. Estos grupos de ermita\u00f1os de contornos jur\u00eddicos inciertos fueron no obstante excepcionales y rara vez verdaderos \u00e9xitos, tan rebelde se muestra el eremitismo, en su naturaleza profunda, a toda forma de vida comunitaria. Sin embargo el ermita\u00f1o, incluso solitario, no traza en su fantas\u00eda el itinerario espiritual; en la sociedad de \u00f3rdenes del siglo XVII, la Iglesia conceb\u00eda mal y no toleraba una vida religiosa plenamente independiente, sin estatuto ni control jer\u00e1rquico; por eso, con bastante frecuencia, los obispos dieron a los eremitas una regla estricta y rigurosa en su carta misma. La de Pierre S\u00e9guin, a la que el obispo de Toul, Jean des Porcelets de Maillane concedi\u00f3 en 1618 la aprobaci\u00f3n can\u00f3nica, constituye un ejemplo. Entre levantarse a las 3h 15m y acostarse por la noche a las 9h 15m, el ermita\u00f1o no deb\u00eda conocer en ning\u00fan momento la ociosidad. Su tiempo se repart\u00eda entre el trabajo manual, la actividad intelectual y la meditaci\u00f3n. Cada d\u00eda recitaba el oficio de la Virgen, comulgaba cada domingo y observaba escrupulosamente las reglas del ayuno prescritas por la Iglesia limitando su alimento cotidiano a una ligera colaci\u00f3n de alguna fruta y cuatro onzas de pan. Cada viernes recitaba el <em>Miserere<\/em> y el <em>Pater, <\/em>infligi\u00e9ndose la disciplina. Dorm\u00eda sin desvestirse, en una estera, con una sola manta. Nunca sal\u00eda de su celda y no recib\u00eda en ella a ninguna visita; su propio confesor no ten\u00eda derecho a penetrar en ella m\u00e1s que en la proximidad de la muerte.<\/p>\n<h3><em>2 \u2013El mensaje erem\u00edtico<\/em><\/h3>\n<p>Parecida austeridad llevar\u00eda a pensar que los ermita\u00f1os consagraban cada instante de su vida a la penitencia y a la ascesis. De hecho, la gama de sus actividades se muestra muy extensa. Muchos de ellos se entregan a las obras de asistencia. Algunos se instalan en cementerios y aseguran la custodia del santuario y de las tumbas; ocasionalmente se hacen enterradores, y se convierten en servidores de la poblaci\u00f3n sepultando gratuitamente a los pobres y a los apestados. Se sienten tan perfectamente en su propia casa que algunos utilizan\u00a0 como jard\u00edn\u00a0 esta residencia de los muertos. En Aix en 1676, la oficina de polic\u00eda da \u00aborden al ermita\u00f1o de arrancar las legumbres que ha sembrado en el cementerio y de entregar al escribano la llave\u00a0 de \u00e9ste\u00bb; en el pueblo de Challerange, en la Argona, el p\u00e1rroco informa al arzobispo de Reims que \u00abel cementerio est\u00e1 en mal estado\u00bb. El ermita\u00f1o que ha hecho de \u00e9l su residencia, a\u00f1ade,\u00a0 se empe\u00f1a, a pesar de las prohibiciones reiteradas que le he hecho, en convertirlo en su huerto y en plantar sus legumbres en los mismos lugares donde yo he enterrado cuerpos. Suplico a su Excelencia que d\u00e9 \u00f3rdenes.\u00bb Pero otro se entregan m\u00e1s por completo a los vivos y se hacen curanderos: recogida de simples, cuidados prodigados en tiempo de epidemia, fabricaci\u00f3n de jarabes o de ung\u00fcentos constituyen sus especialidades esenciales. Con frecuencia este ejercicio de una\u00a0 medicina elemental se acompa\u00f1a de virtudes taumat\u00fargicas: establecidos en alg\u00fan poblado o, m\u00e1s habitualmente, junto a una fuente milagrosa, conservan creencias o pr\u00e1cticas, llegadas del fondo de los tiempos, perpetuando as\u00ed, cristianiz\u00e1ndolas costumbre paganas. Sus talentos son diversos, pero siempre reputados eficaces. Algunos curan las enfermedades mentales: en Saint-Paul-d\u2019Arnave, cerca de Tarascon-sur-Ari\u00e8ge, dos ermita\u00f1os cuidan a los epil\u00e9pticos y a los locos acost\u00e1ndolos en una piedra; llevan registro de sus curaciones. Otros acometen la esterilidad: as\u00ed, en Pont-sur-Meuse, cerca de Commercy, los ermita\u00f1os reciben a las mujeres deseosas de ser madres y les hacen invocar a santa Luc\u00eda; se trata en efecto de un reviviscencia del culto de Junon Lucine, diosa del parto. El lugar era muy conocido y frecuentado: recibi\u00f3 incluso la visita de Ana de Austria. Otros ermita\u00f1os est\u00e1n asociados a \u00absantuarios de tregua\u00bb donde la Virgen concede a los hijos\u00a0 nacidos muertos la gracia de volver algunos instantes a la vida, de manera que reciban el sacramento del bautismo.<\/p>\n<p>Estos privilegios milagrosos confieren naturalmente al ermita\u00f1o un papel pastoral: a veces se hace intercesor en las peregrinaciones; con mayor frecuencia todav\u00eda, en predicador y aquel solitario retirado del mundo tiene naturalmente tendencia\u00a0 a juzgar sin indulgencia a este mundo cargado de pecados. Su palabra atrevida, vehemente, libre de toda censura eclesi\u00e1stica, fustiga con vigor a las autoridades mejor establecidas. Esta forma de \u00abprofetismo popular\u00bb, no dej\u00f3 de inquietar al poder alguna vez, hasta el punto que ciertos ermita\u00f1os fueron asimilados a brujos: al principio del reinado personal de Luis XIV, en 1663, el hermano Sim\u00f3n Morin fue quemado vivo en Par\u00eds como \u00abfan\u00e1tico visionario\u00bb.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n espiritual de muchos de ellos fue no obstante profunda. Aqu\u00ed tambi\u00e9n, conviene evocar el caso de Pierre S\u00e9guin que fue un director de conciencia celoso y tradujo para sus fieles las obras de la gran m\u00edstica espa\u00f1ola, la de Teresa de \u00c1vila, de Luis de Granada, de Arias de Sevilla o de Juliana Morel; cre\u00f3 de esta forma una especie de \u00absociabilidad espiritual\u00bb adhiri\u00e9ndose y prolongando la de los franciscanos.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l fue exactamente la irradiaci\u00f3n de estos ermita\u00f1os? \u00bfEn qu\u00e9 medios sociales se ejerci\u00f3 su influencia? El estado actual de los estudios permite dif\u00edcilmente precisarlo. \u00danicamente el aspecto negativo del problema aparece con plena claridad: el ermita\u00f1o suscit\u00f3 una desconfianza luego reticencias y a veces una hostilidad declarada.<\/p>\n<h3><em> 3 \u2013 El antieremitismo<\/em><\/h3>\n<p>Existe un antieremitismo, impreciso en sus contornos, pero poderoso. Una reacci\u00f3n de este tipo tiene ra\u00edces profundas: no se trata solamente en efecto de las incompatibilidades de humor o de las inevitables fricciones entre el solitario y su vecindad. El ermita\u00f1o no ocupaba su puesto org\u00e1nico en la sociedad de su tiempo y aparec\u00eda como la negaci\u00f3n del orden cl\u00e1sico: cercano al monje por su g\u00e9nero de vida, ignoraba sin embargo los privilegios clericales; instalada un poco al azar, en el campo, en los cementerios o en la linde de los bosques, su modesta celda no se beneficiaba de ninguna fundaci\u00f3n: muchos obispos dejaron incluso de dar ninguna regla\u00a0 al ermita\u00f1o. \u00c9ste es por ello una se\u00f1al de contradicci\u00f3n: a los ojos de las autoridades diocesanas es un franco tirador sin mandato y, para os monjes, una especie de \u00abgir\u00f3vago\u00bb. Algunos espirituales, y de los m\u00e1s grandes,\u00a0 miran con preocupaci\u00f3n a este \u00abhombre solo\u00bb: cuando en 1638, Saint-Cyran impone un retiro a los dos hermanos Le Maitre, Isaac y Sim\u00f3n,\u00a0 les asigna una residencia com\u00fan, pensando \u00abque ser\u00eda mejor para el bien de estos dos hermanos que estuvieran juntos\u00bb. \u00c9se fue el origen del famoso grupo de los \u00absolitarios\u00bb a quienes se llamaba en el origen los \u00abermita\u00f1os\u00bb de Port-Royal. Otros se mostraban m\u00e1s desconfiados todav\u00eda y acusaban a los ermita\u00f1os de sostener, en un siglo de reforma, antiguas creencias sacadas del fondo pagano. Estas razones explican la hostilidad de los obispos y de los poderes p\u00fablicos-<\/p>\n<p>En el episcopado, guardi\u00e1n del \u00abaparato eclesi\u00e1stico\u00bb, la oposici\u00f3n al eremitismo, de tradici\u00f3n antigua, pues ya viva en la Edad Media, se ampl\u00eda con la consolidaci\u00f3n de la Reforma cat\u00f3lica, es decir despu\u00e9s de 1630. Muchos concilios provinciales dictan a su respecto una legislaci\u00f3n represiva. En 1631, el arzobispo de Arles publica la lista de los proscritos: \u00abLos ermita\u00f1os\u00a0 cuyos nombres se citan deben retirarse de Arles y de la di\u00f3cesis dentro de ocho d\u00edas.\u00bb Otros prelados act\u00faan de la misma manera. Un poco m\u00e1s tarde, en 1650, el cap\u00edtulo de Beaune se opone a los gastos de mantenimiento de la ermita de Pommard, en funci\u00f3n desde el siglo XV y se niega a nombrar a nuevos ocupantes. En los \u00faltimo decenios del siglo XVII, la hostilidad se vuelve m\u00e1s activa y se transforma con frecuencia en verdadera persecuci\u00f3n: muchos prelados se distinguen en esta caza del ermita\u00f1o, en particular los obispos de Metz, Georges d\u2019Aubusson de la Feuillade (1668-1697), Henri du Cambout de Coislin (1697-1732), y el arzobispo de Reims, Charles Maurice Le Tellier (1671-1710). Unas palabras del primero revelan claramente las razones de la oposici\u00f3n a los ermita\u00f1os: son \u00abfalsos devotos, no hall\u00e1ndose unidos a ninguna compa\u00f1\u00eda que se cuide de su conducta\u00bb. Un poco m\u00e1s tarde, en 1711, en los \u00faltimos a\u00f1os del reinado de Luis XIV, Coislin escribir\u00e1 a uno de sus p\u00e1rrocos: \u00abEl obispo ha sabido para su gran sorpresa que hay en el arciprestazgo varios falsos ermita\u00f1os. Sab\u00e9is, Se\u00f1or, cu\u00e1les son en este asunto mis intenciones y mis prohibiciones; no se ha de permitir a nadie y avisarme de los que se nieguen a marcharse, con el fin de yo tome las medidas necesarias para hacerles someterse a ellas.\u00bb El ermita\u00f1o aparece como aislado, un \u00abasocial\u00bb en el edificio l\u00f3gico de la civilizaci\u00f3n cl\u00e1sica.<\/p>\n<p>A las competencias de la autoridad eclesi\u00e1stica, el poder civil a\u00f1ada otras de car\u00e1cter ideol\u00f3gico o pol\u00edtico. Por su libertad de de lenguaje, el ermita\u00f1o parece a veces sospechoso, si no peligroso. Luis XIV se mostraba\u00a0 es verdad muy tolerante, en un principio, con respecto a los ermita\u00f1os, pero con la condici\u00f3n de que eviten tomar partido en el terreno teol\u00f3gico o espiritual: su estilo libre, un tanto an\u00e1rquico, se acomodaba mal a esta\u00a0 moderaci\u00f3n. El eremitismo por otra parte ha florecido en los confines del reino o en las provincias recientemente conquistadas \u2013Tres Obispados, Franco- Condado- donde el esp\u00edritu de catolicidad te\u00f1ido a veces de resurgencias ligueras hace del ermita\u00f1o a la vez un marginal y un opositor, a quien los intendentes consideran por lo general con inquietudes de reprobaci\u00f3n. Es debido a la simpat\u00eda de una opini\u00f3n p\u00fablica agradecida por los servicios prestados que el ermita\u00f1o se sostiene en el siglo XVII. Otra cosa suceder\u00e1 con la difusi\u00f3n de las \u00abLuces\u00bb y el racionalismo triunfante, cuando muchos lo ver\u00e1n como el \u00abignorante\u00bb, obsesionado por lo maravilloso, afecto a las \u00absupersticiones\u00bb, como testigo de una \u00abEdad Media\u00bb condenada.<\/p>\n<p>Un tal c\u00famulo de reformas ilustra la renovaci\u00f3n de la vida religiosa y le marca con muchos caracteres. En primer lugar una cohesi\u00f3n m\u00e1s fuerte en las familias mon\u00e1sticas, que se manifiesta de varias formas: en las \u00f3rdenes antiguas por la a parici\u00f3n de congregaciones nuevas destinadas a llevar remedios al aislamiento de los monasterios, as\u00ed en Saint-Vanne y en Saint-Maur. En las \u00f3rdenes nuevas la centralizaci\u00f3n est\u00e1 desde el principio m\u00e1s afirmada; el hecho es patente en los jesuitas. El resultado se traduce, en la mayor\u00eda de los casos, por una nota ultramontana m\u00e1s afirmada: Roma mantiene con mayor firmeza que en otros tiempos \u00f3rdenes y congregaciones. Otro car\u00e1cter afecta a las relaciones con el mundo; mientras que los monasterios antiguos buscaban el aislamiento, los religiosos multiplicaban en adelante los contactos con el exterior. Las antiguas abad\u00edas eran los santuarios de una contemplaci\u00f3n intemporal; las nuevas \u00f3rdenes se esfuerzan por el contrario en ir al siglo: la ruptura entre la Iglesia y la actualidad inmediata, lejos de ser tenida como un ideal, es considerada como un mal que proscribir. En aparente contradicci\u00f3n con este acercamiento al mundo, un movimiento de retirada se afirma en la expansi\u00f3n del eremitismo, forma del individualismo espiritual propio para abrazar directamente, m\u00e1s all\u00e1 de las instituciones y de las jerarqu\u00edas,\u00a0 la presencia del \u00abDios escondido\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Capitulo II: \u00d3rdenes, Congregaciones, eremitismo La Reforma cat\u00f3lica se manifest\u00f3 primeramente por una renovaci\u00f3n generalizada en la Iglesia regular. 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